Fanfic Mi Final Feliz… – Capítulo 12. Por los Siete Reinos

13 de febrero del 2021

Mi Final Feliz... - Capítulo 12. Por los Siete Reinos

Once Upon a Time / Descendants
Mi Final Feliz…

Por
WingzemonX

Capítulo 12
Por los Siete Reinos

El paseo de los príncipes por Auradon terminó bastante más tarde de lo que a algunos de ellos les hubiera gustado. Los cuatro volvieron al palacio antes del anochecer, justo a la hora pactada de la cena. Aquello era ideal, pues ya comenzaban a tener hambre, a pesar de que más temprano en la tarde habían ido a comer algo en el pueblo y les habían servido prácticamente un banquete entero sólo por ser ellos.

Pero la cena de esa noche sería muy especial, pues ahora que todos los reyes y reinas estaban reunidos, sería prácticamente la primera reunión de los Siete Reinos en al menos un par de años.

Mientras se encaminaban por los pasillos hacia el comedor principal, el grupo fue interceptado por dos personas, que al verlos pasar se les aproximaron con cierto ahínco. Igual su presencia no pasó desapercibida para los príncipes, especialmente por los soldados de brillantes armaduras plateadas que los acompañaban por detrás como su escolta.

—Emma, Ben —los llamó la dulce y reconocible voz de Aurora, reina de Hendrieth, que se aproximaba a ellos tomada del brazo del Rey Phlip.

—Tía Aurora, tío Phlip —los saludó Ben con una amplia sonrisa.

Cuando la reina, vestida con un elegante y hermoso vestido rosado, estuvo lo suficientemente cerca, se inclinó hacia el joven príncipe para darle un cariñoso abrazo. Luego pasó a ser lo mismo con Emma.

—No había tenido oportunidad de felicitarlos por su compromiso —señaló Aurora mientras sujetaba a la princesa de Florian—. Estoy muy contenta por ambos. Sin profecía o sin ella, siempre sentí que ambos eran el uno para el otro.

—¿Enserio? —Preguntó Emma con vacilación, aunque igual le respondió su abrazo de la mejor forma.

—Ya los han felicitado demasiado este día, mamá —masculló Audrey con desdén, observando la escena desde la distancia—. De seguro deben estar cansados de hablar de su… dichoso compromiso.

—No —respondió Ben, intentando guardar las apariencias, pero Emma no le secundó pues al mismo tiempo respondió:

—Un poco.

Ambos príncipes se miraron el uno al otro, un tanto incómodos por lo que acababa de ocurrir. Y no eran los únicos, pues tanto Aurora como Philip compartieron una mirada silenciosa que por sí sola decía lo suficiente.

—Bueno, no se estresen o se preocupen —señaló Philip con optimismo—. Si hay amor verdadero entre ustedes, todo saldrá como debe salir.

De seguro el rey de Hendrieth pensó que sus palabras ayudarían a aligerar la situación. Pero aunque ambos príncipes sonrieron y asintieron, lo cierto era que la mención del “amor verdadero” no les causaba precisamente mucho bienestar.

—Chad, tan guapo como siempre —comentó Aurora al pasar a su lado, inclinándose hacia él para darle un tierno abrazo también.

—Hola, tía Aurora —saludó el príncipe Austrix con mayor elocuencia que sus amigos—. Tío Philip, tuvimos el honor de ver tu espada en el museo esta tarde. Fue un placer ver un pedazo de historia como ese…

Y mientras Chad alababa al rey, comenzó a caminar a su lado en dirección al comedor, yendo también Audrey en compañía de sus padres. Emma y Ben, sin embargo, decidieron quedarse unos momentos atrás, sólo para estar solos un instante y poder recobrar la compostura.

—Y serán un par de semanas más de esto —indicó Emma con marcado fastidio.

—Luego del baile de mañana las cosas se calmarán un poco —comentó Ben con mayor confianza.

—¿Enserio crees que cuando nos vean bailar a mitad de la plaza, se calmarán sus emociones por el compromiso? —Respondió Emma, cruzándose de brazos de manera aprensiva—. Quizás ésta sea nuestra vida de ahora en adelante: estar rodeados de gente que nos dice lo maravilloso que es el amor y el que nos vayamos a casar.

—Lo dices como si eso fuera realmente algo muy terrible —comentó Ben con tono de broma, pero su prometida no compartió su humor en lo absoluto—. Oye, Emma… quizás me esté metiendo en lo que no me importa, pero… todo este enojo que has tenido estos días, ¿se debe sólo por el compromiso?

El entrecejo de la princesa de Florian se arrugó con confusión, y se viró a verlo lentamente.

—¿A qué te refieres?

—Me refiero a que si hay algo más que te esté molestando, y quisieras hablar de ello, sabes que puedes contar conmigo, ¿verdad? Como amigos.

Ben le sonrió entonces de esa forma tan amable y cálida que sólo él era capaz de lograr, y Emma lo odio por eso, pues la hizo sentir de inmediato culpable por la horrible compañía que muy seguramente había sido todo ese día, por no decir toda la semana.

Un largo y pesado suspiró se escapó de los labios de la princesa, y pasó sutilmente una mano por su frente, acomodando algunos cabellos fuera de su lugar.

—Ben… —susurró Emma despacio, con una profunda inseguridad impregnando su voz—. La verdad es que yo…

La voz de Lumiere se hizo notar desde el fondo del pasillo en ese momento, justo de pie frente a las puertas del gran comedor.

—Altezas —pronunció el sirviente con la potencia suficiente para que ambos lo escucharan—. La mesa está servida. Pasen al comedor, si me hacen el favor.

Emma volvió a suspirar, aunque era difícil decir si acaso era por alivio o por frustración. Alzó entonces lo debido la falda de su vestido y comenzó a avanzar hacia el comedor con apuro.

—Hablemos después —le murmuró despacio a su acompañante, y éste sólo asintió.

Debían concentrarse en una batalla a la vez, y la de esa noche era justamente la cena de los siete reyes.

— — — —

En el comedor, justo cuando Chad, Audrey y los padres de ésta cruzaron las puertas, el grupo escuchó la sonora voz de una alegre niña retumbar en el eco, acompañada además de sus apresurados pasos sobre el reluciente suelo del comedor.

—¡Audrey! —pronunció con fuerza la princesa Alexandra de Austrix, de ocho años, mientras corría con sus brazos abiertos en dirección a la princesa de Hendrieth. Ésta apenas y pudo reaccionar antes de que la pequeña de rizos rubios y vestido azul se aferrara a sus piernas, recostando su carita contra la abultada falda de su vestido.

—Alexandra, qué bonita estás —musitó Audrey, rodeando a la niña con sus brazos—. Y qué alta te has puesto.

La pequeña princesa alzó su rostro hacia ella, mostrándole su sonrisa chimuela pero aun así adorable.

—¿Por qué no saludas a tu hermano mayor así? —masculló Chad, en apariencia molesto. Alexandra endureció su mirada al verlo, y le respondió:

—No me hables. Tú te fuiste y me dejaste aquí sola y aburrida.

—Esa no fue decisión mía —balbuceó Chad, un tanto nervioso—. Y yo tampoco me divertí tanto como crees…

Alexandra no le puso mucha más atención a las explicaciones de su hermano, y en su lugar se  centró de nuevo en Audrey, revertiendo su humor a su estado anterior.

—Audrey, ¿te gusta mi peinado? —preguntó la niña con entusiasmo.

—Por supuesto que sí —respondió la princesa mayor, recorriendo sutilmente sus dedos por sus rizos rubios—. Pero a ver, vamos a hacerle unos arreglos, ¿sí?

Audrey tomó de la mano de la mano a la pequeña, y ambas se dirigieron juntas hacia la larga mesa. Aurora y Philip las siguieron unos pasos detrás, dejando a Chad casi de lado, lo cual no le agradó ni un poco.

—Siempre un éxito con las damas, ¿cierto, Chad? —escuchó que alguien mascullaba con burla a su lado.

El príncipe de Austrix se viró rápidamente con actitud defensiva, pero se calmó al ver y reconocer al chico de piel morena y cabello oscuro, que se le aproximaba desde un costado de la habitación con una sonrisa de complicidad en los labios.

—Aziz, viejo amigo —exclamó Chad con emoción, y se saltó todas las formalidades dándole directamente un afectuoso abrazo al joven príncipe de Agrabah—. ¿Dónde estabas que no te había visto? Te perdiste la emocionante presentación de la varita en el divertido museo…

El marcado sarcasmo cargado en esas últimas palabras no pasó desapercibido para Ben y Emma, que iban entrando al comedor justo cuando su amigo las pronunciaba.

—Chad, por favor —le regañó Emma con molestia.

—La verdad si me hubiera gustado verla —respondió Aziz con honestidad—, pero papá y yo estuvimos ocupados toda la tarde.

—Pero no nos dejarás plantados en la reunión de mañana, ¿cierto? —le preguntó Ben con interés.

—Ahí estaré, Benjamín, te lo prometo —respondió el príncipe de Agrabah, estrechando fuertemente su mano con la suya—. Emma, un placer verte también después de tanto tiempo —indicó a continuación, dándose en ese momento la libertad de tomar su mano y darle un pequeño beso en ella como señal de respeto—. Y felicidades a ambos por su…

—Por favor, ahora no —respondió Emma rápidamente alzando una mano delante de ella. Y antes de que dijera cualquier otra cosa, se dirigió por su propia cuenta hacia su asiento en la mesa.

Aziz, por su parte, lo siguió extrañado con la mirada mientras se alejaba.

—¿Ocurre algo?

—Mejor no preguntes —se apresuró Chad a responder—. Ven, tenemos que ponernos de acuerdo con todo lo que haremos estos días. Sería buen momento para hacerle su despedida de soltero a este sujeto, ¿no crees? —señaló entonces con su pulgar hacia Ben, que pareció alarmado por tal propuesta.

—Oigan, ni siquiera lo piensen —murmuró aprensivo, pero los otros dos no lo escucharon y en su lugar siguieron hablando mientras se aproximaban a la mesa.

Poco a poco los reyes, reinas, príncipes y princesas fueron tomando sus lugares.

La mesa había sido colocada para diecinueve personas exactamente. La silla de la cabecera estaba destinada para su anfitrión el Rey Adam de Auradon, que en esos momentos se encontraba aún ausente. Del lado derecho de la cabecera se encontraba la silla destinada a la Reina Belle (también vacía de momento), seguida por los asientos de Blanca Nieves, David, Aurora y Philip, los cuatro ya sentados. Del otro lado de la mesa se encontraban los asientos del Hada Azul (ausente igualmente), la emperatriz Ting—Ting de Chin, los gobernantes de Agrabah Aladdin y Jazmín, y los reyes de Austrix la Reina Cinderalle y el Rey Thomas.

Por su parte, los príncipes y princesas se sentarían en el otro extremo de la mesa, llenando los otros siete lugares restantes.

—Neal, estate quieto —le indicó Emma a su pequeño hermano, intentando que se acomodara en la silla a su lado. El niño, sin embargo, estaba bastante inquieto.

Ben se sentó a lado de Emmal; Aziz se sentó a lado de él, mientras que Audrey, Alexandra y Chad se sentaban del otro lado enfrente de ellos.

En cuanto tomó asiento, la mirada del príncipe de Agrabah se enfocó en el otro extremo de la mesa, aunque más específico en el segundo asiento de la derecha, en donde se encontraba sentada la emperatriz Ting—Ting. La joven monarca se veía algo nerviosa y cohibida; era quizás la primera vez que se reunía con tantos mandatarios al mismo tiempo. Sin embargo, el verdadero foco de atención de Aziz era la persona de pie detrás de su asiento, que aguardaba ahí con posición firme y espalda recta, y una mano bien puesta sobre el pomo de su espada.

Aziz sonrió, y entonces se inclinó al frente para que todos lo demás pudieran oírlo.

—Oigan —susurró despacio, y les hizo un ademán con su mano para que los demás se le aproximaran. Todos se inclinaron un poco hacia él, curiosos—. ¿Ven a la guardia joven que acompaña a la Emperatriz de Chin?

Todos los príncipes giraron sus miradas al mismo tiempo hacia el otro extremo de la mesa. No tardaron mucho en reconocer a la mujer con armadura de cabello negro y corto, apostada justo a las espaldas de la emperatriz tan firme que parecía incluso no parpadear.

—Sí —respondió Chad con algo de duda, sin identificar a simple vista porque les preguntaba tal cosa.

Aziz sonrió con astucia, y entonces les murmuró:

—A que no adivinan de quién me enteré que es hija.

—Definitivamente no lo adivinaría —masculló Audrey, notándosele bastante poco interés en realidad. Sin embargo, eso cambió cuando Aziz les reveló lo que con tanto interés deseaba compartirles:

—Es ni más ni menos que la hija de la guerrera Fa Li Mulan.

—¡¿Qué?! —Exclamaron todos al mismo tiempo, excepto Alexandra y Neal que en realidad no comprendieron de momento el peso de aquella información.

Todos le echaron un segundo vistazo a la mujer de armadura, como esperando percibir algo que se les hubiera escapado la primera vez. Todos habían escuchado alguna vez sobre Fa Li Mulan y su leyenda. Contaban que se había disfrazado de hombre para unirse al ejército, en una época en la que no era permitido que las mujeres hicieran tal cosa. Y que además salvó a toda su nación de una invasión. Y luego estaban las grandes proezas que se relataban de ella durante la guerra de hace veinte años, sobre cómo había derrotado a ejércitos de monstruos ella sola, y salvado la vida de la Reina Aurora casi muriendo al hacerlo.

Claro, muchas de las cosas que se decían sonaban de hecho muy exageradas, y algunas personas habían llegado a pensar que ni siquiera era real. De hecho, ninguno de los príncipes había tenido nunca la oportunidad de verla en persona. Pero, si lo que Aziz decía era cierto, esa chica de quizás su misma edad, sería la hija de esa guerrera legendaria. Eso era algo que despertaba el interés de cualquiera.

—¿Quién te dijo? —Le cuestionó Emma, escéptica.

—Un pajarito —respondió Aziz con normalidad, encogiéndose de hombros.

—No sabía que tuviera una hija —señaló Audrey—. Es increíble… aunque ese peinado que trae está…

La guardia desvió en ese momento el rostro en su dirección, y todos reaccionaron al mismo tiempo desviándose al lado contrario, nerviosos ante la de idea de que se hubiera dado cuenta de que la estaban observando tan fijamente (algo que de hecho era muy probable pues no habían sido muy sutiles).

—Deberías invitarla a la reunión de mañana, Benjamín —le susurró Aziz despacio al príncipe de Auradon.

—Se supone que esa reunión era sólo para realeza y alta nobleza —musitó Audrey, sonando un poco autoritaria—. Y aunque sea hija de una persona famosa, no es ninguna de las dos cosas.

—Creo que podemos hacer una pequeña excepción —intervino Ben—. Es la hija de Mulan, Audrey. ¿Cuántas oportunidades podríamos tener de saber más de ella?

Audrey lo miró con molestia al notar que no la apoyaría, y ya no dijo nada más. De todas formas ya habían invitado a los nietos de aquella Duquesa, que Audrey ni siquiera había oído hablar. Así que, ¿qué más daba? Mejor que la reunión fuera de entrada libre a ese paso.

Las puertas principales del salón se abrieron de pronto, y del otro lado hizo acto de presencia la Reina Belle de Auradon, envuelta en un elegante y brillante vestido amarillo que de inmediato llamó la atención de los presentes.

—Buenas noches a todos —saludó Belle sonriente, mientras caminaba hacia la mesa. De inmediato todos se pusieron de pie para recibirla, incluidos los reyes y reinas—. No, por favor. Siéntense —les indicó con un movimiento de sus manos, sintiéndose un poco apenada por el acto.

Uno de los sirvientes jaló para atrás la silla a la diestra de la cabecera, y Belle tomó asiento en ella, agradeciéndole al sirviente con un ademán de su cabeza. Cuando ella se sentó, todos los demás hicieron lo mismo.

—Es tan agradable tenerlos a todos ya aquí reunidos —declaró Belle, mirando la mesa (casi) llena—. Espero todos estén disfrutando su estancia.

—Yo en lo personal agradezco mucho su hospitalidad, majestad —asintió Ting-Ting delante de ella, incapaz aún de ocultar de todo los nervios que la invadían.

Con la llegada de Belle sola al comedor, la atención y curiosidad de casi todos se centró y la aún vacía silla de la cabecera. Y cuando los sirvientes comenzaron a colocar los platos y copas en cada lugar, saltando justamente ese, dicho sentimiento se hizo aún más grande.

—Belle —musitó David para llamar la atención de la reina de Auradon—, ¿Adam tampoco nos acompañará esta noche?

Belle tuvo un pequeño respingo, pero se esforzó para mantener la compostura. Sabía muy bien que esa pregunta vendría, así que no tenía por qué sentirse sorprendida.

—No, lo siento —negó lentamente—. Me temo que sigue sintiéndose mal.

—¿Todo está bien, mamá? —Cuestionó Ben desde el otro extremo de la mesa, inquieto.

—Sí, claro que sí, cariño —respondió Belle rápidamente con aparentemente tranquilidad—. Nada de qué preocuparse. Lo están atendiendo justo ahora.

Ben no dijo nada más, pero Emma y sus demás amigos pudieron notar el desconcierto en su mirada. Él tampoco había tenido permitido ver a su padre todos esos días, y su madre sólo le decía que era un malestar pasajero del que no debía preocuparse. Y aunque al inicio le creyó (no tenía por qué no hacerlo), conforme pasaban los días y daba las mismas excusa, no podía dejar de pensar que por algún motivo les estaba ocultando algo.

—¿El Hada Azul tampoco nos acompañará? —Preguntó entonces Jazmín, asomando un poco su mirada por delante de la Emperatriz Ting-Ting para ver el asiento que también estaba vacío a su lado—. Su comitiva llegó hoy, ¿no?

Belle centró su atención también en la silla vacía delante de ella. Los sirvientes sí habían colocado los cubiertos en dicho puesto, pero era bastante improbable que la Reina de las Hadas se presentara para esas horas.

—La verdad no lo sé —musitó Belle, siendo la única respuesta sincera que podía dar—. Por supuesto se le extendió la invitación para que nos acompañara, pero…

—Las hadas son complicadas —añadió Philip, casi como queja, lo que le hizo ganarse un pequeño codazo de parte de su esposa a su lado.

—No todas —indicó Aurora, sonando casi como un regaño—. Apropósito —se viró en ese momento hacia su hija—, ¿estaban mis tías en la presentación de la varita?

—No las vi —negó Audrey—. Pero por ahí han de estar. No creo que hayan dejado venir al Hada Azul sin sus niñeras.

—Ay, Audrey —musitó Aurora, mirando a su hija con desaprobación por su comentario—. Como sea, sé que estarán muy contentas de verte luego de tanto tiempo.

—Sí, yo igual —respondió Audrey, no sonando de hecho muy convencida.

Así que la esperada reunión de los Siete Reinos quedaba sin su rey anfitrión, y sin la Reina de las Hadas. No era precisamente lo que todos esperaban, pero aún seguía siendo bastante importante que tantos regentes estuvieran reunidos y juntos.

Los sirvientes comenzaron a traer uno a uno los platillos que confirmarían el banquete de esa noche, así como las bebidas que comenzaron a servir en las copas de cada comensal. Todos se movían por la mesa con perfecta sincronización, como sólo Lumiere sería capaz de organizarlos.

Una vez que todos tenían sus bebidas y platillos a la mano, sólo quedaba comenzar a comer (y de hecho Neal, Alexandra y Chad ni siquiera esperaron a que les dieran permiso para dar el primer bocado). Sin embargo, Blanca Nieves se paró en ese momento de su silla, y carraspeó un poco para llamar la atención de todos.

—Antes de comenzar a comer, los que no lo han hecho —pronunció Blanca Nieves con fuerza—, en ausencia de Adam, y si Belle me lo permite, quisiera proponer un brindis aprovechando que estamos todos reunidos.

La Reina de Florian se viró entonces hacia su vieja amiga a su lado, que sólo asintió dándole el permiso que solicitaba. Blanca Nieves tomó entonces su copa y se dirigió a todos en la mesa, con esa voz potente y firme que a tantos ejércitos había movido hace dos décadas.

—Un brindis para agradecer todo los regalos que hemos recibido en estos años. Y es que a nuestros reinos los une mucho más que la historia o las guerras que libramos juntos; los une la paz que construimos en base a éstas, la amistad que forjamos entre todos, y el amor inquebrantable que siempre nos ha dado las fuerzas necesarias —al dar ese último comentario se viró hacia su esposo, que sólo sonrió un poco cohibido—. Y claro, nos unes la nueva generación, y la unión de ésta que sólo reforzará todo lo antes dicho.

Alzó en ese momento su copa, señalando en específico a Ben y a Emma en el extremo de la mesa.

—Tenía que mencionar la unión… —musitó Emma entre dientes, agachando un poco la cabeza. Ben sólo sonrió, intentando parecer más calmado.

Blanca Nieves prosiguió para concluir su brindis, alzando su copa por encima de su cabeza. Todos se pararon también, incluidos los más pequeños, y alzaron también sus copas al aire.

—Qué estos veinte años que hemos pasado juntos sean sólo los primeros de muchas más décadas de paz y unión. Por los Siete Reinos.

—Por los Siete Reinos —musitaron todos los demás al unísono, alzando sus copas y chocándolas de manera simbólica.

Luego de eso, la cena continuó sin mayor contratiempo. Y, de hecho, fue una velada bastante agradable para todos.

— — — —

Era ya muy entrada la noche cuando los ojos de Evie se abrieron perezosamente, y la joven Princesa Malvada poco a poco fue saliendo de su profundo sueño. Se sorprendió un poco al darse cuenta de que aún estaba oscuro. Ella no solía despertarse durante la noche; era malo para su cutis interrumpir su sueño de belleza. Mientras se estiraba en la cama intentando identificar qué podría haberla despertado, se dio cuenta de que el cuarto no estaba precisamente del todo oscuro. Un ligero, aunque hermoso, fulgor azulado característico de las lunas de esa época entraba libremente por el gran ventanal de la habitación. Las cortinas habían sido corridas hacia los lados. Y sentada en el diván delante de la ventana, divisó la silueta de una persona.

Evie se sentó alarmada, pero permaneció quieta y en silencio. Desvió su mirada lentamente hacia la otra cama del cuarto, notando casi de inmediato, gracias a la misma luz de la luna, que estaba vacía. Aquello le ayudó a tranquilizarse un poco, pues le revelaba la identidad de la persona en la ventana.

—¿Mal? —musitó despacio, pero con la suficiente fuerza como para que ella la escuchara. La silueta en el diván se giró hacia ella, dejando ver sus ojos verdes que brillaron con intensidad por unos instantes mientras se posaban en ella, pero casi de inmediato se apagaron.

—¿Te desperté? —Preguntó la voz de Mal de forma cortante, que a Evie le pareció se esforzaba de más por no sonar en lo absoluto interesada o preocupado por la respuesta.

La joven de cabellos azules se retiró su cobertor de encima y se colocó sus pantuflas en los pies. Traía puesto un camión para noche ligero que ella misma la había dado forma. Le había ofrecido a Mal compartirle uno similar durante todo su viaje, pero ella insistía en no querer usar nada de lo suyo. Evie procuraba no verlo como un insulto.

Se aproximó cautelosa al diván, como se aproximaría a algún animal, tanteando el terreno para ver si no le morderá. Mal se quedó quieta en su sitio, y de hecho su atención se había fijado de nuevo en la ventana. El cielo al otro lado de ésta estaba despejado y estrellado, y había una hermosa y enorme luna llena alumbrando el cielo de Auradon.

—¿Qué ocurre?, ¿no puedes dormir? —Se atrevió Evie a preguntarle—. ¿La cama está demasiado cómoda para ti?

—La cama está perfecta —respondió Mal, defensiva—. Sólo… medito un poco supongo; en todo lo que pasó hoy.

Evie la miró sorprendida.

—No pensé que fueras del tipo de sentarte a meditar en la ventana.

—No es como que hubiera tenido muchas ventanas en mi vida —añadió Mal, encogiéndose de hombros.

Había algo extraño, o al menos “diferente,” en la cría de Maléfica. Evie no la notaba tan enojada, cortante y agresiva como siempre. De hecho, al dar un paso al frente e intentar echarle un vistazo a su rostro alumbrado por la luna, le pareció que éste se veía un poco… triste.

Evie se armó de valor y se sentó lentamente en diván, aunque en el extremo contrario de Mal para mantener una distancia segura entre amabas. Ella no opuso objeción.

—¿Estás pensando en tu madre? —Cuestionó Evie con suavidad en su tono. Mal la miró de reojo un instante, pero sin decir nada se volvió de nuevo al cielo—. La espada y conocer a esa princesa debieron despertarte ciertas emociones —prosiguió Evie—. No te diré que sé cómo te sientes, pero lo entiendo.

Mal no le respondió nada, y ni siquiera pareció querer mirarla de nuevo en esa ocasión. Aquello le confirmó a Evie que debía tener razón en su suposición, y que de seguro lo que menos deseaba era hablar de eso con ella. Pero a Evie aquello no le enojaba u ofendía; cada quien era libre de lidiar como mejor le pareciera con sus… asuntos. Así que no insistió más, y decidió pararse e irse de nuevo a su cama. Sin embargo, apenas había dado un paso cuando escuchó a Mal pronunciar:

—Toda mi vida me pregunté quién era ella… mi madre. Por qué nunca fue a buscarme, o si me había abandonado por voluntad propia.

Evie se detuvo en su marcha, y lentamente retrocedió de regreso a su asiento, escuchando atenta.

—Digo, tampoco era como esos niños que pensaban: «¿qué hice mal para que mi madre no me quisiera con ella?» o algo así —prosiguió Mal, volteándose ahora sí por completo hacia su compañera—. Pero siempre tuve esa duda, por así decirlo. Y el saber que de hecho no me abandonó, sino que estos supuestos héroes la apartaron de mí, y me dejaron a mi suerte sola… El saber que ella sí me quería, y que no sólo eso, sino que podría verla al fin cara a cara…

Hizo una pequeña pausa, en la que agachó su mirada, claramente avergonzada.

—Sé que suena cursi, pero eso me hace… muy feliz. Cómo nunca lo he sido en estos veinte años.

Era la primera vez que Evie la había visto así de abierta, además de cohibida. Debía ser algo que realmente deseaba sacarse del pecho para que hubiera decidido decírselo justo a ella. Y de nuevo, Evie no se quejaba. De hecho, le alegraba bastante que lo hubiera hecho.

Una sonrisa amable se dibujó en los labios de la joven de cabellos azules, y estiró entonces su mano hacia su compañera, colocándola sobre su hombro.

—Eso no suena nada cursi para mí —declaró Evie con delicadeza—. Te mereces aunque sea un poco de la felicidad que te han arrebatado. Debió ser tan duro para ti crecer tú sola. No sé qué habría sido de mí de no haber tenido a mi madre conmigo.

Una pequeña risilla sarcástica brotó de los labios de Mal, sonando en ese momento más parecida a la chica que había estado acompañando todas esas semanas.

—¿La Reina Malvada? —Inquirió Mal con ironía.

—Sí, cuando se enteran de que soy su hija, pareciera que todos creyeran que me tenía encadenada en el sótano o algo así —bromeó Evie, pero de hecho aquello no estaba muy apartado de lo que Mal se había imaginado—. Nadie lo dice pero lo notó en sus miradas. Pero la verdad es que yo nunca conocí a esa mujer a la que todos llaman la Reina Malvada. La mujer que conozco es la mejor madre que podría haber tenido. Me enseñó tanto, y no sólo de magia. Siempre me ha tratado y me ha hecho sentir como si fuera una verdadera princesa.

—Suena como una gran madre —señaló Mal, notablemente incrédula aún—. Sé que me dijiste que era complicado, pero… ¿exactamente por qué estás haciendo todo esto con tu abuela? ¿En dónde está tu madre?

La sonrisa en el rostro de Evie se esfumó, y su mano se retiró lentamente del hombro de su compañera. Se inclinó un poco hacia atrás, abrazándose a sí misma, y su mirada se enfocó en la ventana, y la enorme luna sobre ellas.

—No sé en dónde esté en estos momentos exactamente —respondió Evie como un pequeño susurro—. Quizás buscándome. La verdad es que… mi madre no estuvo de acuerdo con que hiciera esto.

—¿No estuvo de acuerdo? —Repitió Mal, confundida—. ¿Por qué no?

—No lo sé. Dijo algo sobre tener una vida normal y sin odio… no le entendí muy bien, la verdad. De hecho, me fui con mi abuela sin su consentimiento. —Hizo una pequeña pausa reflexiva, y entonces añadió—: Debe estar furiosa conmigo en estos momentos. Quizás la próxima vez que la vea, ahora sí me toque conocer a la verdadera Reina Malvada.

Lo había pronunciado con humor, pero Mal detectó una preocupación bastante palpable oculta detrás de aquellas palabras.

—Bueno, no te preocupes —musitó la hija de Maléfica—. Si es que está enojada, de seguro se le pasará cuando vea todo lo que has hecho por ella. ¿O no?

—Sí, seguro que sí —respondió Evie rápidamente, volviendo a sonreír, aunque sintiéndose bastante menos sincera que de costumbre—. Pero primero tenemos que hacer que tú te reúnas con tu madre, ¿sí?

Mal sólo asintió en silencio como respuesta.

Un largo bostezo se escapó de los labios de Evie en ese momento, al tiempo que estiraba sus brazos por encima de su cabeza.

—Intentaré volver a dormir —indicó la Princesa Malvada, parándose en ese momento de diván y avanzando de regreso a su cama.

—Sí, está bien. Sólo estaré aquí un poco más.

—Muy bien. Sólo no comiences a cantar o algo así, ¿quieres?

Mal arrugó su entrecejo, confundida por tal indicación.

—¿Y por qué haría eso…?

Una vez que Evie volvió a la cama, Mal miró de nuevo hacia el cielo, pegando su frente contra el frío vidrio de la ventana. Y de esa forma terminó su primer día en Auradon, y comenzó el segundo.

FIN DEL CAPÍTULO 12

Notas del Autor:

En este capítulo se presentaron a varios personajes, así que hay que aclarar las referencias e inspiraciones de varios de ellos. Así que empecemos:

—Los personajes de Aladdin y Jazmín se encuentran principalmente basados en sus versiones de la película animada de Aladdin de 1992, y de la serie animada de 1994 basada en la misma película. Adicionalmente puede que se tomen en cuenta algunas pequeñas inspiraciones del live action del 2019. Sin embargo, principalmente las considero una interpretación personal de ambos personajes, juntando aspectos de sus diferentes versiones.

—El personaje de Aziz, presentado en este capítulo como el hijo de Aladdin y Jazmín, se encuentra basado en un personaje planeado para la película de Descendientes que al final terminó no apareciendo. Al no tener mucha información al respecto, principalmente se tomará en cuenta su nombre y papel, pero su personalidad e historia serán principalmente mi propia interpretación de él.

—En el caso de Thomas y Cinderella (Cenicienta) sus referencias y mayores inspiraciones serán sus versiones del live action Cinderella del 2015, incluyendo sus personalidades y apariencias, así como el sobrenombre de Kit. Como mencioné en capítulos anteriores, el nombre de Thomas se tomó del respectivo personaje de Once Upon a Time.

—El personaje de Alexandra, presentada en este capítulo como hija de Thomas y Cinderella, así como hermana menor de Chad, está basada en el personaje del mismo nombre y papel de la serie de Once Upon a Time, aunque en dicha serie sólo se logró a ver como una bebé pequeña.

—Los personajes de Aurora y Philip tendrán un poco de inspiración proveniente de sus respectivas versiones de las películas Maleficent del 2014 y Maleficent: Mistress of Evil del 2019, pero únicamente en lo que respecta a sus personalidades y apariencias pues sus historias estarán más basadas en la película animada de Sleeping Beauty de 1959.

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Mi Final Feliz… Han pasado 20 años desde el Fin de la Guerra, la Unión de los Siete Reinos, y el destierro de los enemigos más temibles y poderosos que hubieran existido. Emma, hija de Blanca Nieves, y Ben, hijo de Belle, se encuentran comprometidos y destinados según una antigua profecía a convertirse en los próximos reyes de Auradon, y traer décadas de Paz y Armonía a los Siete Reinos. Sin embargo, ninguno parece estar muy seguro de querer dicho destino, y tienen grandes dudas sobre qué sienten el uno por el otro, o si serán capaces de la responsabilidad que está por caer sobre ellos. Al mismo tiempo, Cora, la madre de la aún prófuga Reina Malvada, Regina, ha regresado luego de muchos años, y se encuentra reuniendo a un grupo de jóvenes, descendientes de los antiguos enemigos del reino, con la ayuda de su nieta Evie, la hija de Regina, para llevar a cabo un plan para vengarse por la derrota sufrida, y retomar los Siete Reinos como suyos. El encuentro entre ambas nuevas generaciones cambiará la vida de todos, y revelará varios secretos sepultados desde hace 20 años que jamás debieron haber salido a la luz.

+ «Once Upon a Time» © Adam Horowitz y Edward Kitsis, ABC.

+ «Descendants» © Disney Channel, The Walt Disney Company.

Si te ha gustado mi trabajo y deseas ver más de él, puedes apoyarme invitándome un café. Será enormemente apreciado.

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