Fanfic Resplandor entre Tinieblas – Capítulo 75. El castigo que merecemos

10 de agosto del 2020

Resplandor entre Tinieblas - Capítulo 75. El castigo que merecemos

Resplandor entre Tinieblas

Por
WingzemonX

Capítulo 75.
El castigo que merecemos

Hugo el Cirujano y Marty el Viajero entraron a la casa de James la Sombra y Mabel la Doncella, arrastrando detrás de ellos un aire pesado que impregnó todo el interior. No hubo un ofrecimiento de té o de cerveza por parte de los dueños de la casa como en otras ocasiones, pero igual los visitantes no lo esperaban. La situación actual del campamento no se prestaba para ello, y lo sería aún menos una vez que revelaran el tema tan delicado que habían ido a tratar.

Los cuatro Verdaderos se sentaron en la mesa para comer; James y Mabel de un lado, Hugo y Marty del otro enfrente de ellos. El cuaderno con el dibujo a medio empezar de Rose aún reposaba a un lado de la mesa, y su presencia pareció incomodar un poco a los recién llegados, en especial a Hugo.

—¿Cómo sigues, Mabel? —Le preguntó Marty con auténtica preocupación en su voz—. Eso que dijo Rose hace rato… ¿Realmente estás así de mal?

Mabel se sobresaltó un poco, aunque no precisamente por el cuestionamiento de su salud; lo que realmente la descolocaba un poco era la mención hacia las palabras de Rose. De todas formas se esforzó por mantener la calma y esbozar una pequeña sonrisita despreocupada.

—Me siento bien en estos momentos, gracias —fue su respuesta corta, claramente sin intención de revelar más de la cuenta al respecto.

Pasada esa pequeña cortesía, Hugo no dio muchas vueltas al asunto que lo había llevado hasta ahí, y comenzó entonces a hablarle directamente a sus dos hermanos delante de él.

—Nos enteramos de que Deez y los otros no volverán —les informó con la seriedad propia de una advertencia que debía ser tomada en cuenta a como diera lugar.

James y Mabel casi saltaron de sus asientos al oír aquello, y la incredulidad se adueñó por completo de sus expresiones.

—¿Qué? —Pronunció Mabel con fuerza—. ¿De qué hablas?, ¿qué pasó?

—¿Acaso la niña…? —Intentó James preguntar, pero Hugo rápidamente negó con su cabeza para indicarle que no se trataba de lo que estaba pensando.

—El Lamebotas los contactó. Al parecer cuando escucharon lo que pasó con Papá Cuervo, además de todo lo que Rose hizo y dijo esta noche, decidieron que ya no se puede confiar en ella como nuestra líder.

El rostro de Mabel se cubrió ya no se incredulidad, sino de espanto.

—¿Cómo se atreven…? —Exclamó la Doncella, claramente molesta.

James aproximó su mano a la de su compañera, tomándola firmemente intentando pedirle con ese pequeño acto que se calmara. Mabel lo miró de reojo unos momentos y pareció comprenderle, pues justo después respiró hondo y se quedó callada.

—No tiene sentido —añadió James—. ¿Qué piensas hacer sin Rose y sin el Nudo?

—Al parecer se irán al sur —aclaró Marty—, a Texas o incluso a México. Y… —Marty guardó silencio, y viró entonces su rostro hacia su compañero, buscando quizás de alguna forma su permiso o aprobación. Hugo simplemente asintió—. Y nosotros tenemos pensado seguirlos…

—¿Qué cosa? —Exclamó Mabel atónita, incluso soltándose de la mano de James pues lo que menos quería en esos momentos era calmarse—. ¿Abandonarán al Nudo? ¿Se han vuelto locos?

—No hay nada que abandonar, Mabel —le respondió Hugo, un poco a la defensiva—. El Nudo Verdadero está condenado. Rose ha perdido la cabeza, y en lo único que piensa es en su venganza, aunque para ello tenga que malgastar nuestro vapor y nuestras vidas. Esta maldita enfermedad nos está consumiendo de a poco, y ella no hace nada, a pesar de que en primer lugar todo esto fue su culpa. Ella nos llevó hasta ese maldito paleto enfermo sin investigar antes, y mira lo que pasó.

—¿Cómo osas decir eso, maldito bastardo? —Espetó Mabel más furiosa que nunca, parándose rápidamente de su asiento—. Tú tenías tanta hambre como cualquiera de nosotros, ¡y te regocijaste con el vapor nuevo sin hacer preguntas!

—Mabel, tranquilízate por favor… —murmuró James, parándose también y colocando sus manos en sus hombros. Pero Mabel no se tranquilizó ni un poco; sus ojos fervientes de ira se quedaron fijos en Hugo y Marty, y estos se sintieron claramente intimidados por esto.

En esos momentos Mabel no parecía tan enferma como todos decían; hasta James se sentía impresionado por esto. Quizás alimentada por su propio fuego interno, se estaba sobreponiendo a su debilidad. Pero a la Sombra le preocupaba qué tan fuerte sería el golpe cuando dicho fuego se apaciguara.

 —De acuerdo —musitó Hugo, parándose también, pese a que Marty intentó detenerlo—, no voy a decir que todos nosotros somos inocentes de esto. Pero todos sabemos que si ahora hacemos justo lo que Rose dice, todos terminaremos muertos; ya sea por la enfermedad, o por esa niña. Papá Cuervo le advirtió de lo peligrosa que podía ser, y ella no hizo caso. Prefirió arriesgarse con esa absurda idea de capturarla, exponiéndole nuestra identidad en el proceso. Ahora somos un blanco fácil y vulnerable.

—¿Y la solución es irnos? —Inquirió Mabel, agresiva.

—Algunos otros ya están considerando hacerlo —intervino Marty intentando mantener una postura más recatada—, esta misma noche. Nosotros estábamos pensando en reunirnos con Deez y los otros y formar un nuevo grupo más pequeño. Así podremos cazar y movernos más fácil, el vapor nos rendirá más y tendremos más fuerzas para combatir esta enfermedad. —Guardó silencio unos instantes, antes de tomar el suficiente valor para pronunciar lo siguiente—. Pero para eso necesitamos a un buen rastreador. Y tú eres casi tan buena como Rose, Mabel…

—Por supuesto que no —respondió la Doncella tajantemente, aún antes de que siquiera le formulara la evidente propuesta que se venía—. Nosotros nunca abandonaremos el Nudo; ¡no abandonaremos a Rose!

—¡Si te quedas, morirás! —le respondió Hugo casi gritando—. Nosotros te estamos ofreciendo una alternativa, estúpida.

—No te atrevas a hablarle así —intervino furioso James en ese momento, dando un paso al frente y empujó a Hugo hacia atrás con una de sus pesadas manos. Hugo retrocedió por el impulso del empujón, casi cayendo de regreso en su asiento. Marty se le aproximó, abrazándolo por detrás para intentar tranquilizarlo.

—Lo sentimos, lo sentimos enserio —pronunció el Viajero con preocupación, extendiendo su mano hacia James—. Por favor, lo que menos queremos es causar una pelea entre nosotros…

Al momento en que extendió su mano de esa forma, parte de su brazo quedó expuesto por debajo de su manga, dejando en evidencia unas cuantas manchas rojas que habían surgido en su piel. Era difíciles de no ver, y en efecto tanto James como Mabel las notaron. Marty se dio cuenta de esto y de inmediato jaló su brazo de regresó hacia él, y se cubrió avergonzado con su manga.

—Yo sé lo que tú estás pensando, James —dijo Hugo de pronto, al parecer más tranquilo—. Lo sé porque yo estoy exactamente en la misma situación. Tú quieres salvar a Mabel, quieres que viva, y en el fondo sabes que Rose no lo logrará por el camino que ha escogido. Les estamos dando una opción, a ambos. Vengan con nosotros y formemos un nuevo Nudo.

James enmudeció. Realmente en gran parte de esa discusión había permanecido un poco al margen, y quizás lo hubiera seguido sino hubiera sido por ese atrevimiento de Hugo para insultar a su Mabel. Pero su silencio no se debía a que no tuviera nada que opinar al respecto, sino por todo lo contrario. Pues Hugo tenía razón; él entendía los motivos que lo habían llevado a tomar esa decisión… y, de hecho, los compartía.

Pero ese claramente no era el caso de Mabel. La sola idea que esos dos le estaban insinuado, para ella era como mínimo traición, y de la peor clase. Y lo que menos le molestaba era que la hubieran llamado estúpida.

—Salgan de mi casa, ¡ahora! —soltó furiosa, señalando hacia la puerta.

Hugo suspiró con frustración; era evidente que aquello no había salido como lo esperaba. El Cirujano se incorporó de nuevo, y su acompañante lo siguió.

—Está bien —indicó Hugo mientras caminaba a la puerta justo como le habían pedido—. Pero si eligen quedarse, espero que sean lo suficientemente decentes para no decirle nada de lo que hablamos a Rose. Al menos no hasta que nos vayamos.

—No tengo intención de perturbar a Rose con su cobardía y traición —le respondió Mabel, mientras caminaba detrás de ellos, como si quisiera apresurar su partida—. Lárguense de mi vista.

En cuanto los dos visitantes salieron por la puerta, Mabel azotó la puerta detrás de ellos, a unos pocos centímetros de golpear a Marty con ella. James se asomó por la ventana, viendo como ambos se alejaban caminando uno a lado del otro. Hugo se veía molesto, e incluso pateó el suelo mientras avanzaban. Marty lo rodeó con su brazo y al parecer intentaba calmarlo.

—No puedo creerlo… —escuchó que Mabel soltaba al aire, colérica—. No puedo creerlo… ¿cómo pueden…?

Su respiración se volvió agitada de golpe y se le dificultó hablar. Se tambaleó un poco y plantó sus dos manos contra la mesa para así no caer. Aquello alteró a James que de inmediato se le aproximó, pero ella extendió una mano hacia él, indicándole que se detuviera y así lo hizo.

—Estoy bien —declaró Mabel intentando sonar más firme de lo que realmente se encontraba—. Sólo me exalte de más. Voy a recostarme…

Apoyándose en las paredes para no caer, la Doncella avanzó hacia la cama ubicada al fondo del remolque y se recostó lentamente en ella sobre su costado izquierdo.

James se aproximó cauteloso a la cama y la contempló en silencio. La escuchó respirando aún con fuerza; de seguro su fiebre había vuelto. Se retiró su chaqueta y zapatos con cuidado y se subió también a la cama, recostándose a un lado de su compañera y pegándose contra su espalda. La rodeó con sus fuertes brazos y la atrajo hacia él; el efecto, su cuerpo se sentía caliente.

—Debemos hacerlo —susurró James de pronto, teniendo su rostro casi hundido en los suaves cabellos de Mabel.

—¿Qué cosa? —Respondió ella con debilidad.

—Irnos con Hugo y Marty. Dejar el Nudo.

—¿Qué? —Espetó Mabel, atónita, y como pudo se giró a verlo sobre su hombro. Aquello parecía haberle quitado lo suficiente de su malestar—. No estás hablando enserio.

—Te lo dije —pronunció James con firmeza—, lo que más me importa es salvarte a ti, y Rose lo único que hará será que todos muramos. Si estamos por nuestra cuenta, podremos hacer rendir mejor el vapor, y darte el necesario para que estés fuerte.

Mabel se sentó rápidamente, deshaciendo el abrazo. Miró al hombre a su lado con una extraña mezcla de emociones aflorando en su rostro, que parecían no decidirse entre la confusión, el enojo y la sorpresa.

—Sin el apoyo de Rose y el Nudo no sobreviviéremos —declaró Mabel al final, como si hubiera sido el único argumento que su mente hecha una maraña confusa le había permitido formular.

James se sentó también, encarándola de frente, casi desafiante aunque no se lo propusiera como tal.

—No estaremos solos. Y con una rastreadora como tú, y con mis habilidades, estaremos bien.

—Pero Rose…

—Rose tomó sus decisiones, y nosotros debemos tomar las nuestras —señaló James puntalmente y tomó a Mabel de sus hombros. Ésta agachó su mirada, incapaz de verlo a los ojos—. Sé que eres muy leal a ella y esto es difícil para ti, pero esta situación igualmente lo es. Entiéndeme.

La abrazó en ese momento y el rostro de la mujer quedó contra su ancho pecho. Apoyó sus labios contra su cabellera castaña, dándole pequeños besos en ésta.

—Déjame cuidarte, por favor —susurró con su voz repleta de intranquilidad—. No puedo perderte…

Mabel no dijo absolutamente nada en aquel momento. No opuso resistencia a aquel abrazo, pero tampoco se lo devolvió. Sólo permaneció ahí quieta, cansada y sin voz. Pero James supo que ella era consciente de que sus palabras eran verdad. O, al menos así lo quiso creer, pues Mabel nunca expresó abiertamente su apoyo, pero aun así lo siguió en su decisión.

— — — —

Hugo, Marty, James y Mabel dejaron el campamento del Nudo Verdadero esa misma noche en sus respectivas casas, y nunca volvieron. Para bien o para mal, no fueron los únicos. Al menos unas diez personas más habían decidido también irse en pequeños grupos y abandonar a Rose. De seguro no todos lo harían, y la mayoría decidiría quedarse con Rose, teniendo fe en que lograría resolverlo todo, o quizás simplemente queriendo estar a su lado hasta el final. James sabía que si no la hubiera puesto en la difícil situación de elegir entre Rose y él, Mabel hubiera sido una de los que se quedaran. De seguro tarde o temprano se lo reprocharía, pero James estaba dispuesto a aceptarlo en cuanto viniera.

Tras un día y medio de camino, se reunieron con Doug el Diésel, Annie la Mandiles y Phil el Sucio en un lugar solitario a la mitad del desierto de Nuevo México. De ahí comenzaron a viajar discretamente hacia el este, pero sin alejarse demasiado de la frontera con México.

Sólo unos cuantos días después, lograron enterarse por su aún existente red de información que aquello que temían había sucedido: Rose, y todos los que se habían quedado con ella en el campamento, habían perecido. Los detalles les eran desconocidos, pero en el fondo todos lo sabían: había sido la niña vaporera. Rose en efecto no la había dejado en paz, o ella misma había ido hacia ellos. Fuera como fuera, lo que importaba era que ahora todos estaban muertos… y el Nudo Verdadero ya no existía.

Mabel se puso extremadamente mal al oír la noticia, y cayó en cama por varios días. Fue en ese momento en el que el nuevo grupo tuvo su primer conflicto, pues se volvió bastante claro para Deez, Annie y Phil que Mabel tenían los síntomas de la enfermedad, y deliberadamente se los habían ocultado, al igual que Marty. Los tres comenzaron a temer en su paranoia que pudieran contagiar a los que todavía no la habían desarrollado. Habían propuesto incluso la posibilidad de abandonarlos a ambos por seguridad, lo que despertó la rabia de James y Hugo. Fueron las habilidades únicas de Mabel como rastreadora las que terminaron por convencerlos de no hacerlo, pues sabían muy bien que la necesitarían sí querían sobrevivir de ahí en adelante. Decidido eso, fue la propia Mabel, aun en su estado de debilidad, la que alegó por Marty. A pesar del roce que habían tenido la noche de su partida, lo que la Doncella menos quería era perder a más miembros de su familia.

Y así siguieron viviendo de la única manera que conocían: viajando discretamente por las carreteras, cazando el poco alimento que tenían disponible, e intentando permanecer por debajo del radar.

Para los Verdaderos y sus longevas vidas, el paso del tiempo se volvía bastante irrelevante. Sin embargo, el haber sido expuestos de esa forma tan abrupta a su aún existente mortalidad, hizo que los cinco años que siguieron a aquel momento tomaran otra connotación en sus mentes, pues prácticamente cada día se convirtió en una lucha por sobrevivir.

Las dosis regulares de vapor parecían en efecto prevenir la aparición de los síntomas, y en el caso de Mabel mejorarlos o hasta incluso desaparecerlos del todo por algunos periodos de tiempo. Para Marty, sin embargo, lo más que podían hacer por él era retrasar su gravedad. Había logrado resistir esos cinco años, pero aun así poco a poco parecía estar sucumbiendo, hasta recientemente resultarle imposible levantarse de la cama. Esta situación comenzó a causar desesperación en Hugo, y por lo tanto múltiples roces y peleas con los demás miembros del grupo.

Su presa más reciente fue una niña de once años de nombre… en realidad, no lo sabían. La habían recogido a lado de la carretera una hora y media atrás. Ahora Mabel, James y Hugo se encontraban de rodillas alrededor de ella, en el centro de aquel solitario campo de maíz, rodeados por los altos muros amarillos y cafés creados por los tallos secos. La niña recostada en la tierra había ya dejado de gritar y llorar cerca de un minuto atrás. Sus ojos azulados, aun con un poco de brillo en ellos, miraban de forma ausente hacia el cielo despejado e iluminado del mediodía. Su rostro estaba cubierto de tierra y sangre, pero a Mabel aún le parecía que se veía bonita; como una clase de pintura o escultura.

Su muerte había sido muy lenta y dolorosa, como sólo Hugo el Cirujano sabía hacer. Un par de veces se había desmayado al ya no soportar más el dolor, pero de inmediato la volvieron a despertar a la fuerza. La necesitaban consciente hasta el último momento, pues mientras más dolorosa era la muerte, más delicioso y potente era el vapor.

Durante todo el tiempo que Hugo hizo lo suyo, Mabel estuvo a un lado con uno de sus únicos termos disponibles. Todo el vapor que la pequeña iba soltando, Mabel lo absorbía con su boca, lo mantenía ahí y lo dejaba salir en el interior del termo para almacenarlo, justo como había visto a Rose hacerlo muchas veces. Al inicio el vapor que brotó del pequeño cuerpo era abundante, pero rápidamente se redujo hasta casi volverse nada un poco antes de que la niña exhalara por última vez.

Hugo se quitó de encima de ella una vez que esto pasó, cubierto de la cara a la cintura de rojo. Se alejó unos pasos, tallándose los ojos y retirándose su camiseta para intentar limpiarse un poco. Sin decir nada, tomó sus instrumentos de trabajo y se alejó entre el maíz en dirección a la casa rodante en la que habían llegado hasta ahí, y en la cual Marty se encontraba reposando.

Mabel tomó el lugar de Hugo y le pasó el termo a James para se lo sujetara. Ella misma siguió presionando, apretando y golpeando el cuerpo para que sugiera de éste hasta el último rastro de vapor que tuviera. Eran tiempo desesperados, y debían exprimir todo lo que tuvieran a la mano. Desafortunadamente, aunque logró sacarle un poco más, realmente no fue mucho. Cuando fue evidente que ya no obtendría nada más, cerraron el termo. Mabel lo sujetó en sus manos y por su peso pudo sentir que no estaba ni cerca de estar lleno.

La decepción fue evidente en su rostro.

—Vamos —le indicó James, ayudándola a ponerse de pie—. Tenemos que irnos antes de que alguien nos vea.

—¿La dejaremos así? —Cuestionó Mabel mientras observaba el cuerpo a sus pies. No estaba precisamente preocupada, sino más bien curiosa.

—Estamos bastante lejos de su pueblo; tardarán en encontrarla. Y aunque lo hagan, ya no importará pues estaremos muy lejos. Vamos.

Ambos comenzaron a caminar por el mismo camino que Hugo hacia la casa. James se encargaba de hacer los tallos a un lado para facilitarle su andar a Mabel. En esos momentos ella se encontraba bastante bien. No había tenido fiebre ni tos en semanas, y al parecer se sentía más fuerte. Pero no podían confiarse. En ese tiempo habían aprendido que los episodios podían llegarle abruptamente y sin aviso.

Estaban en ese momento al sur de Vermont, no muy lejos de la frontera con New Hampshire. El resto de su grupo debían estarlos esperando con los demás remolques en un paraje despejado al norte de ahí. Ellos igualmente habían ido tras su respectiva caza, que Mabel les había conseguido. Con un poco de suerte ellos quizás habrían obtenido un poco más.

Al volver a la casa rodante, no les extrañó ver a Hugo sentado a un lado de la cama de Marty. El Viajero se encontraba cubierto en sudor, con su torso desnudo cubierto de manchas rojizas. Hugo se encontraba cambiándole un paño húmedo de su frente, y tenía a la mano algo de medicina que posiblemente acababa de hacer que se tomara. Las medicinas paletas no podían hacer mucho por ellos, salvo amortiguar los síntomas.

Cuando los escuchó entrar, el Cirujano se viró a verlos, aprensivo. Su cara seguía manchada de sangre, pero se había retirado todas sus ropas manchadas, que yacían ahora en el suelo, y se encontraba sólo en su ropa interior.

—¿Terminaron? —Les cuestionó apresurado, y entonces se les aproximó rápidamente, extendiendo su mano hacia ellos—. Dénmelo.

El reflejo inmediato de Mabel fue abrazar el termo contra ella de forma protectora, pues sintió que Hugo iba con toda la intención de arrebatárselo si era necesario. James se interpuso rápidamente en medio, con postura protectora pero intentando no parecer amenazante.

—Tranquilízate, Hugo —le indicó James con voz calmada.

—Por favor, Marty lo necesita —expresó el Cirujano, extendiendo sus manos hacia su pareja en la cama—. Míralo, cada día está peor.

—Lo sé —asintió James—, pero tú sabes muy bien que debemos tener cuidado con la forma que utilizamos el vapor. Esta vaporera, además, no tenía gran cosa; tú mismo lo viste. Cuando llevemos esto de regreso, hablaremos con los otros para que abramos otro de los termos y le daremos mayor porción a Marty. Estará bien, te lo prometo.

Aunque James hablaba con calma y cuidado, dichas intenciones no parecían llegarle a su oyente, pues por el contrario el rostro de Hugo se cubrió de una palpable rabia; tanto que James y Mabel por igual pensaron que intentaría arrebatárselos de todas formas, aunque físicamente era poco probable que él solo pudiera contra James, mucho menos contra los dos.

—A Mabel la veo muy bien, para haber estado en cama hace poco —señaló Hugo de forma agresiva, señalando directamente a la Doncella, de pie unos cuantos pasos detrás de James—. No será que le han estado dando de más últimamente, ¿o sí?

—Mabel es nuestra única rastreadora —respondió James, defensivo—. Dependemos de ella, ¿lo olvidas?

—¡¿A expensas de la vida de Marty?!

Como lo temían, Hugo avanzó hacia ellos de forma asertiva. La Sombra rápidamente lo sujeto para intentar retenerlo, y especialmente para evitar que se acercara a Mabel y al termo. El camper se agitó un poco por los movimientos de los dos hombres en aquel reducido espacio.

—Hugo, por favor —escucharon de pronto como Marty exclamaba desde la cama lo más fuerte que podía. Eso fue lo único que logró tranquilizar al Cirujano.

Marty comenzó a toser con algo de fuerza. Hugo se apartó de inmediato de James y fue a su lado.

—Aquí estoy, amor —musitó el Cirujano, estrechando fuertemente una de sus manos, y mirándolo ahora presa del miedo más que de la rabia.

—Por favor… no te pelees —musitó Marty en cuanto dejó de toser y fue capaz de hablar—. Debes de estar bien con el grupo… cuando yo me vaya, tienes que quedarte con ellos… sólo así podrás sobrevivir…

—No digas tonterías —susurró Hugo, acompañado de una risa nerviosa—. Vas a estar bien, te lo prometo.

La voz de Hugo indicaba que estaba al borde de ceder al llanto, pero posiblemente toda su fuerza de voluntad se encontraba enfocada en evitarlo. Mabel y James contemplaron todo aquello en silencio, no sintiendo más que absoluta comprensión por ambos. James se aproximó a Hugo, colocándole una mano sobre su hombro de forma de reconfortante. Él no lo volteó a ver, pero Marty sí.

—En cuanto volvamos con los otros, te daremos vapor, ¿de acuerdo? —musitó James, a lo que Marty respondió con una escueta sonrisa, y asintió—. Ahora descansa.

James los dejó solos y se dirigió al asiento del conductor para comenzar el viaje. Debían de irse de ahí lo más pronto posible y dirigirse al punto de reunión. En cuanto se dio la media vuelta y les dio la espalda, soltó un profundo suspiro de cansancio. Se le notaba calmado, pero en realidad no lo estaba ni un poco.

Cuando pasó a lado de Mabel en su camino al frente del vehículo, ésta lo siguió aún sujetando el termo contra su cuerpo, tomando el asiento del copiloto a su lado.

—Estas peleas por el vapor se están haciendo más frecuentes —susurró Mabel despacio, como si temiera que la escucharan—. Esto no ocurría con el Nudo. Todos recibíamos siempre lo justo.

James guardó silencio unos instantes.

—Cuando uno se expone a la muerte, muestra sus verdaderos colores —dijo al fin, mientras se acomodaba en el asiento y se colocaba el cinturón de seguridad—. Será mejor que te limpies y también descanses.

Señaló entonces a las manos de Mabel, que en efecto estaban manchadas de sangre por haber tocado el cuerpo en la última parte. De hecho, una huella rojiza de toda su palma había quedado marcada en la superficie lisa del termo. La Doncella asintió, un tanto avergonzada, y se puso pie con la intención de hacer justo lo que él le había dicho.

En ese mismo momento, James sacó las llaves para encender el vehículo. Su mano tembló un poco y las llaves se resbalaron entre sus dedos, cayendo en el suelo cerca de los pies de Mabel. James estiró su brazo para alcanzarlas, al tiempo que Mabel se agachó para hacer lo mismo. Y fue entonces, cuando la manga de la chaqueta de James se corrió un poco hacia arriba, que Mabel las vio: marcas que sobresalían de su piel oscura, como un horrible salpullido. No era mucho, pero sí lo suficiente para no ignorarlo.

Mabel se sorprendió al ver esto, y se detuvo a medio camino de las llaves. James notó esto, y rápidamente tomó lo que buscaba, se enderezó de nuevo y colocó la llave en el encendido.

—James… —susurró Mabel, atónita, incorporándose de nuevo y mirando a su pareja con los ojos pelones.

—No es nada —respondió la Sombra rápidamente de forma cortante, y sin más encendió el motor que rugió estruendosamente—. Ve a la lavarte…

La Doncella vaciló entre quedarse o irse, pero al final optó por hacer justo lo último. James miraba fijamente al frente mientras ella se retiraba, quizás conscientemente evitando el mirar directamente la expresión de aquello había causado en ella.

El vapor había retrasado la aparición de los síntomas en él por mucho tiempo, pero parecía que eso ya no sería más así. Las marcas habían comenzado a salir en su cuerpo desde hace dos semanas, y lo había mantenido en secreto de todos, hasta ese momento.

James entendía muy bien la preocupación que invadía a Hugo por querer salvar a la persona que amaba, pero también había comenzado a temer por su propia sobrevivencia. Ingenuamente había llegado a pensar que él no sería afectado en lo absoluto. Pero ahora era evidente que estaba en el mismo barco que todos los otros.

— — — —

El grupo condujo por una hora y media al norte al punto de reunión con los otros, procurando no tomar los caminos principales. La búsqueda de la niña perdida comenzaría en cualquier momento. Sus años en el Nudo Verdadero les había dado mucha experiencia para moverse de manera disimulada entre las carreteras de Estados Unidos, y estaban más que dispuestos a usar dicha experiencia a su favor en esos momentos.

El viaje fue muy silencio. Mabel se lavó lo mejor posible, guardó el termo en el compartimiento secreto del piso, y entonces se sentó en la mesa a dibujar, al tiempo que contemplaba la carretera pasar por la ventana; eso siempre parecía relajarla. Marty durmió la mayoría del tiempo, y Hugo sólo se separó de su lado unos minutos para lavarse, vestirse con ropa limpia y volver de nuevo con él para velar su sueño y cambiarle el paño húmedo de su frente. Hugo solía ser una persona bastante fría e indiferente con todos, pero con Marty cambiaba totalmente. Eso era algo con lo que James también podía relacionarse.

Por su parte, la Sombra estuvo concentrado sólo en conducir. Mabel había ido en una ocasión a sentarse a su lado, pero fue claro para él que lo que quería era tocar el tema de lo que había visto en su brazo. Al recibir cierta reticencia de su parte, la Doncella decidió mejor dejarlo solo y volver a su dibujo. Lo que James menos deseaba en esos momento era que ella comenzara a preocuparse por lo que podría ocurrirle. Se suponía que él debía cuidarla a ella, no al revés. Esa era su responsabilidad, y lo haría hasta que no pudiera hacerlo más.

Por lo pronto Marty era el que estaba en peor estado de todos ellos. La manera en la que la enfermedad afectaba a cada uno era diferente, pero era probable que no sobreviviera de ese día, o quizás sólo un par más. Por suerte tenían algunas reservas de vapor aún guardadas el remolque e Doug el Diésel. Lo que habían obtenido ese día no era mucho, pero si los otros habían tenido también éxito en su cacería, podrían convencerlos de abrir alguna de las reservas y darle una buena dosis a Marty. En otros tiempos aquello nunca se hubiera puesto en duda, pero Mabel tenía razón; las peleas y conflictos por el vapor eran cada vez más frecuentes, y James temía que Doug y los otros se rehusaran a querer usar sus reservas en Marty si ni siquiera estaban seguros de que le ayudaría en ese estado. Y si eso ocurría… no quería ni imaginarse lo que eso podría desencadenar en Hugo.

Pero aquella preocupación terminaría siendo insignificante…

El primer mal indicio para James fue cuando ya estaban cerca del punto de encuentro, y vio a lo lejos en la camino una columna de humo oscuro alzándose en el aire. James se dijo a sí mismo al inicio que quizás habían encendido una fogata para pasar la noche, a pesar de que él sabía que ese no era el plan. Además de que era pleno día, y ese humo llamaría de más la atención. Fue claro para él de que en efecto algo malo había ocurrido conforme más se acercaba.

Por mero reflejo frenó de golpe, al distinguir al fin el campamento, haciendo que todo en el interior del camper se agitara, e incluso Mabel casi cayó de su asiento. Al voltear a ver confundida a su compañero en el volante, éste miraba atónito hacia el frente.

—¿Qué rayos…? —Fue lo único que pudo surgir de los labios de James.

Mabel se incorporó de nuevo y se apresuró al frente del vehículo para ver qué ocurría. Su reacción no fue muy diferente a la de James.

Lo primero que Mabel notó fue uno de los campers, al parecer el de Marty y Hugo, cubierto por completo en llamas; de ahí venía el humo. La camioneta blanca de Phil estaba no muy lejos del camper, y desde su perspectiva sólo pudieron notar que el parabrisas estaba roto, y la puerta del conductor abierta. El otro camper, el de Doug y Annie, se encontraba más adelante. No estaba en llamas y a simple vista no parecía tener daño, pero la puerta estaba abierta y en el suelo estaban regadas varias cosas, incluyendo prendas de ropa de ambos Verdaderos, platos y cajas.

Y, quizás lo más preocupante de todo, era que no había señal alguna de ninguno de sus tres compañeros.

Hugo no tardó mucho en reunirse con Mabel y James al frente, e igualmente miró todo aquello, sin poder comprender qué estaba viendo en realidad.

Ninguno dijo nada por un lapso de tiempo. James dudaba sobre qué hacer, pues una parte de él, quizás su mera intuición, le decía que debía meter reversa y largase de ahí de inmediato. Pero no podía hacer eso si no sabían siquiera qué había ocurrido.

Sin decir nada, apagó el motor, se quitó el cinturón y se bajó apresurado del camper.

—¡Espera! —Le indicó Mabel preocupada, y rápidamente lo siguió. Hugo hizo lo mismo, con más aprensión.

Caminaron los tres juntos hacia aquella aterradora escena. El camper de Hugo ardía con tanta fuerza que el calor les pegó fuerte en la cara, y el humo impregnaba el aire.

—Santo cielo… —Susurró Mabel, incapaz de articular ninguna otra palabra.

Hugo no reaccionó de manera particular a su casa quemándose. Su preocupación parecía estar en otro lado.

—¡Deez!, ¡Phil! —comenzó a gritar el Cirujano, comenzando a correr hacia los demás vehículos en busca de alguna señal de sus compañero. Fue directo a la camioneta de Phil, y se asomó al interior por la puerta abierta. Lo que vio dentro, lo dejó helado.

Los Verdaderos ya no eran seres vivos, y como tal no morían de la misma forma. Cuando la muerte llegaba, sus cuerpos desaparecían por completo de ese mundo, dejando detrás de sí sólo el vapor que aún quedaba en ellos, y sus ropas. Sobre el asiento del conductor de la camioneta, reconoció rápidamente la camisa a cuadros verde, camiseta blanca y pantalones de mezclilla azul que Phil el Sucio usaba cuando se separaron esa mañana. Incluso sus zapatos estaba en el tapete, cerca de los pedales.

Hugo retrocedió, cubriéndose su boca con una mano, pero sin quitar sus ojos de aquellas prendas. James y Mabel se unieron a él no mucho después, y comprendieron así como él lo que aquella imagen significaba. James notó de nuevo el parabrisas roto, pero no precisamente de un golpe. El vidrio se había astillado justo a la altura del conductor, en un agujero pequeño y circular.

James revisó el resto de la camioneta. En la carrocería distinguió más agujeros similares.

—Estos son agujeros de bala —señaló preocupado, mientras pasaba su mano por los puntos de entrada.

En su mente logró imaginarse claramente la escena. Phil corriendo desesperado a la camioneta, subiéndose al asiento del conductor, escuchando los disparos a su espalda; quizás incluso ya iba herido. Se sentó, y sin siquiera tomarse el tiempo de cerrar la puerta intentó encender el vehículo; las llaves estaban puestas. Y entonces alguien se paró justo delante, disparó penetrando el parabrisas y, por la altura del agujero, dándole justo en la frente con excelente puntería. Lo hizo entrar en ciclo y unos segundos después se esfumó.

—¿Quién pudo haber hecho esto? —Cuestionó Mabel, aún en shock—. ¿La policía?

James no respondió de inmediato. La policía era una opción, pero él no pensaba que hubiera sido el caso. La policía no hubiera dejado una escena como esa y se hubieran ido sin más. De haber sido ellos, habría forenses y oficiales, y la escena hubiera sido acordonada. No, eso lo había hecho alguien que llegó, disparó, y luego se fue sin interés alguno en que alguien supiera que estuvo ahí.

—Los termos —pronunció Hugo de pronto, y abruptamente comenzó a correr hacia el camper de Doug y Annie—. ¡Los putos termos!

Mabel fue detrás de él, pero James se quedó investigando un poco más la escena.

¿Había sido un asalto, quizás? Eso también le resultaba difícil de creer. Doug y los demás tenían armas, podrían haberse defendido de ladronzuelos comunes.

Miró el suelo, y notó varias huellas de vehículos diferentes; vehículos grandes. Los disparos en la camioneta también parecían de alto calibre, y de diferentes ángulos. Esto lo había hecho alguien más, y juzgando por lo que veía habían sido varios; un grupo de asalto profesional…

¿Mercenarios?

¿Militares?

¿Por qué un grupo así habría ido hacia ellos con la aparente motivación de eliminarlos? ¿Sería acaso que los habían descubierto?, ¿sabían quiénes eran… o qué eran?

James comenzó a sentir un intenso mareo, y tuvo que sostenerse de la camioneta para no caer. Sintió que su cuerpo se calentaba un poco, y su respiración se le dificultó. Mantuvo la calma, intentó recobrar sus fuerzas y volver lo más posible a la normalidad. No era ni cerca el momento para que esa maldita enfermedad lo mermara.

—No, no, no —escuchó la voz de Hugo pronunciar a lo lejos, seguido después por un fuerte grito—: ¡No! ¡Puta madre!

Escuchó entonces un fuerte golpe de lámina con lámina.

James se forzó a recobrar la compostura y avanzó hacia donde Hugo y Mabel se habían ido. Hugo se encontraba a lado del camper de Doug, y golpeaba con ira y frustración la pared externa de éste, incluso llegando a patear la puerta hasta casi arrancarla de las bisagras. Tirados en el piso, logró distinguir las formas cilíndricas de los dos termos que el Diésel guardaba en su camper. Se acercó a uno de ellos y lo tomó en sus manos, alzándolo para verlo con más cuidado. Entendió entonces el origen de la reacción de coraje de Hugo: el termo tenía dos grandes agujeros redondos, uno de entrada y uno de salida por donde había pasado la bala. Todo el vapor que guardaba en su interior se había escapado desde mucho antes de que llegaran ahí.

No necesitó revisar el otro termo para predecir que de seguro se encontraba en el mismo estado.

Mabel salió en ese momento del interior del camper. Su rosto se veía pálido, y en sus manos cargaba unas prendas de ropa: unos pantalones azules y una camisa beige grande de hombre. La camisa tenía al menos tres agujeros de bala visibles en ella.

—Es la ropa de Doug —susurró Mabel, atónita mientras se aproximaba a James—. Está muerto… igual que Phil…

—¿Y Annie? —Cuestionó James con apuro.

Mabel dudó. Miró las prendas de ropa tiradas afuera del camper; prendas de Doug y de Annie, pero ninguna era la que Annie usaba esa mañana, y no estaban además puestas semejando a que su cuerpo hubiera entrada en ciclo y desaparecido.

—No lo sé —respondió Mabel, vacilante—. Quizás huyó.

James no estaba seguro de creer ello. Quizás ella se encontraba en el camper en llamas, o quizás había huido entre los árboles y la habían alcanzado y acabado por allá. O, quizás, quienes habían hecho eso se la habían llevado con ellos…

James sintió de nuevo un mareo, pero se sostuvo firme en sus pies. Debía mantenerse fuerte, al menos un poco más.

—Tenemos que irnos de aquí —pronunció con fuerza para que Hugo y Mabel lo escucharan—. Los que hicieron pueden estar cerca.

Mabel se quedó quieta unos segundos, pero cuando le fue posible reaccionar asintió lentamente, soltó las ropas que cargaba y comenzó a correr apresurada hacia su casa rodante. Hugo, por su lado, estaba de rodillas en suelo y se había soltado a llorar amargamente.

—Hugo, vámonos —le dijo casi con tono de orden sin proponérselo.

—¿Para qué? —Le respondió Hugo entre sollozos, abatido—. Ya no tenemos vapor, ni más amigos… no tenemos nada… ¿Qué caso tiene?

—Vamos —insistió James, tomándolo de su brazo y lo jaloneó de regreso al camper con apuro. Hugo no opuso resistencia, pues posiblemente no quedaba fuerza alguna en él para hacerlo.

— — — —

Los tres subieron al vehículo, y James tomó de inmediato el lugar del conductor. Salió en reversa del camino y luego se enfiló a toda velocidad para alejarse de aquella horrible escena. Mabel se sentó a su lado como su copiloto. Todo el tiempo la Sombra estuvo mirando por los espejos retrovisores, esperando ver algún vehículo negro, o incluso un helicóptero, persiguiéndolos de cerca, y escuchar el sonido de disparos zumbando en sus oídos. Nada de eso pasó.

Hugo fue de regreso a lado de Marty en cuanto subieron, recostándose a su lado. James y Mabel no escucharon si hablaban, pero lo seguro era que Hugo le contaría todo lo ocurrido. Si Marty reaccionó de laguna forma a la noticia, fue bastante discreto al respecto.

Yendo contra las reglas del Nudo, James decidió encaminarse por una carretera principal y transitada, pensando que en un sitio así estarían menos vulnerables a cualquier ataque sorpresa de quienes fueran esta fuerza desconocida. Condujo al este sin desviación ni parada, cruzaron la frontera hacia New Hampshire, y siguieron de largo en la misma dirección sin ningún destino en especial, sólo deseando alejarse lo más rápido posible de sus perseguidos invisibles.

Doug, Phil, y muy posiblemente Annie estaban muertos. Sus reservas de vapor ya no existían, y lo único que les quedaba era lo poco que habían recolectado esa tarde de aquella niña. Y ahora había un enemigo nuevo que desconocían por completo, y la enfermedad los seguía consumiendo uno a uno.

¿Qué se suponía que debían hacer?, ¿dónde podrían estar seguros y tranquilos?

¿Sería ese el final del viaje después de todo?

Todos estuvieron muy callados y hasta que cruzaron la frontera, y un poco más. Pasaron por Claremont sin detenerse, aunque de seguro tendrían que detenerse en la siguiente gasolinera que encontraran. Mabel tenía su cabeza pegada contra al cristal de la ventanilla a su lado. Fue cuando pasaron la ciudad que James se atrevió a hablar al fin.

—Debemos intentar contactar a Steve y a Baba —dijo—. Ellos también dejaron el campamento ese día, quizás estén por algún lado…

—He intentado buscarlos todo este tiempo —respondió Mabel secamente—, pero no logré sentirlos ni un poco. No creo que exista alguien más del Nudo allá afuera… Somos los últimos que quedan.

James no respondió nada. Le parecía difícil creer que en verdad sólo ellos hubieran sobrevivido hasta ese momento, pero considerando las dificultades, y ahora este grupo desconocido cazándolos, no era del todo imposible.

Siguieron andando en la misma dirección por un buen rato. Se detuvieron en Bradford a llenar el tanque, y en todo momento James sintió la paranoia de que alguien los vigilaba. El Nudo siempre se las había arreglado para ser invisible, oculto de la gente a simple vista. Pero ahora se sentían vulnerables y expuestos como nunca lo habían estado.

Unos minutos después de salir de Bradford, escucharon como Marty comenzaba a toser con fuerza y a gemir de dolor. Mabel se viró a verlo desde su asiento, y notó como el Viajero se retorcía un poco en la cama, temblando con pequeños escalofríos.

—Marty, aquí estoy —Le susurraba Hugo a su lado, rodeándolo con sus brazos. Marty apenas y parecía estar consciente.

Cuando pareció al fin calmarse, Hugo se apartó de él con cuidado y se aproximó hacia ellos. Su cabello estaba todo enmarañado, y rostro se veía demacrado, como si no hubiera dormido en semanas.

—Está empeorando —murmuró Hugo con un débil hilo de voz—. Debemos darle vapor, ahora… Por favor…

James lo volteó a ver unos momentos sobre su hombro. No había agresividad ni exigencia en su voz, sino sólo suplica y miedo. Ese termo guardado debajo de sus pies era lo único que les quedaba, pero el estado de Marty en verdad se veía horrible. Si no hacían algo, quizás no sobreviviría esa noche.

—Mabel —le indicó a su compañera, mirándola de reojo. Ella entendió de inmediato y respondió asintiendo con su cabeza.

La Doncella se paró rápidamente de su asiento y se dirigió al comportamiento secreto en el suelo cerca de tablero. Ahí reposaba el termo de metal, aún con rastros de su huella se sangre en él aunque ella hubiera jurado que lo había limpiado bien. Lo tomó y lo sacó de ahí, sintiéndolo incluso menos pesado que la última vez.

—No, no lo hagan —escucharon de pronto como la débil voz de Marty pronunciaba desde la cama, llamando su atención. Los tres vieron entonces como el viajero intentaba sentarse, y Hugo corrió hacia él, preocupado—. Lo poco que esa niña tenía es todo lo que queda —dijo de la misma forma—, y no sería suficiente para hacer algo por mí. Igual moriré…

—No, no digas eso —susurró Hugo a su lado, sujetándolo para que no cayera. Su voz estaba a punto de quebrarse.

—Será mejor que lo guarden para ustedes. Para que permanezcan fuertes un poco más…

—Te conseguiremos un vaporero, todo sólo para ti —propuso Hugo, fingiendo optimismo, pero él sabía bien que no había tiempo suficiente para eso, y aunque lo hicieran quizás igual no funcionaría.

Marty volteó hacia él, esbozando una de esas sonrisas amistosas que tanto lo caracterizaban, y que a pesar de la situación quizás nunca se había sentido tan sincera.

—Ya es muy tarde, mi amor —le murmuró despacio, pegando su frente a la de él, y en ese momento Hugo no fue capaz de contener más su llanto y lo dejó salir todo—. Ya siento que me voy… Por favor, llévame afuera. Quiero irme estando entre los árboles…

Hugo sólo pudo abrazarlo y siguió llorando contra su hombro.

Mabel contempló todo aquello en silencio mientras James conducía, pero igual éste escuchó claramente toda la conversación. No necesitó ninguna indicación, y a la primera salida dejó la carretera principal y se internó en un camino secundario, alejándose lo más posible de cualquier posible ojo curioso.

— — — —

James condujo hasta adentrarse en el bosque lo que consideró suficiente. En un punto la senda de terracería ya no permitía que el vehículo siguiera andando, por lo que ahí se detuvieron. Hugo y él ayudaron a Marty a levantarse de la cama y salir del vehículo. Se sentía tan débil que en verdad no podía dar ni un paso sin su ayuda; prácticamente sus pies se arrastraban mientras ellos lo llevaban cargando.

Los cuatro salieron y anduvieron un poco más adentro, hasta encontrar un lugar bonito y tranquilo, rodeado de árboles, altos que dejaban pasar la luz de sol en marcados haces de luz. Había también algunas flores creciendo en el suelo cubierto de hierba, y notaron además algunas mariposas amarillas sobrevolando sobre sus cabezas. En otra situación, aquel les habría parecido un sitio muy hermoso, incluso romántico.

Recostaron a Marty de espaldas en la hierba. No traía más que el pantalón de su pijama, pero la sensación fresca de la tierra y la hierba contra su espalda le resultó de hecho agradable en lugar de molesta. James se retiró con Mabel a unos metros, dejándoles a Marty y Hugo un poco de privacidad, o al menos la más que era posible darles. Hugo se colocó de rodillas a lado de su amado, y sujetó firmemente su mano entre las suyas. Los ojos cristalinos de Marty mirando fijamente hacia arriba, hacia las ramas de los árboles extendiéndose, y a lo poco que era capaz de ver el cielo azul y de los rayos del sol. Sus inhalaciones de aire se volvían dolorosas. Aquello les recordaba vívidamente a la partida del Abuelo Flick, y de aquellos otros que habían visto partir de la misma forma.

—Hey, todo está bien, todo está bien —susurraba Hugo lentamente, pasando ahora una de sus manos por los hermosos cabellos de oscuros de Marty—. Yo estaré contigo hasta el último momento, ¿está bien?

Intentaba sonar firme y seguro, pero su voz lo delataba totalmente.

—No tengo miedo, Hugo —susurró Marty entre jadeos, volteándolo a ver lentamente—. Ha sido demasiado dolor… ya quiero descansar. Discúlpame por no haber sido más fuerte…

—Nada de esto es tu culpa —respondió Hugo, sollozando—. Yo debí haberte protegido mejor. Lo siento… lo siento…

—No te lamentes… Fue un lindo viaje hasta el final, mi amor… Atesora…

Sus palabras se quedaron a la mitad. El cuerpo de Marty se estremeció de golpe y soltó un fuerte quejido doloroso. Sus dedos se aferraron a la mano de Hugo con una fuerza que pensaba ya no tenía. Su cuerpo comenzó a cambiar, su piel se volvió traslucida y por unos instantes sus músculos, e incluso algunos de sus órganos, fueron visibles.

Había comenzado; entraba en ciclo.

Hugo se inclinó hacia él y lo rodeó con sus brazos, intentando sentirlo una última vez. Acercó su rostro al suyo y lo beso intensamente en sus labios, que aparecían y desaparecían pero que él igual lograba sentir. Y así se quedó sujetándolo mientras Marty se estremecía y retorcía, con su cuerpo apareciendo y despareciendo, cada vez esfumándose un poco más. Las lágrimas recorrían las mejillas de Maty, y en momento atravesaban su cuerpo traslucido y mojaban la hierba como gotas de rocío.

No fue un proceso corto; nunca lo es. Su cuerpo estuvo yendo y viniendo, apareciendo y desapareciendo por quizás quince extenuantes minutos en donde los gritos de dolor no cesaron. Hugo no se separó de su lado ni un momento, y James y Mabel lo contemplaron todo a la distancia.

Lodsman hanti —escuchó James de pronto que Mabel pronunciaba a su lado con fuerza, tomándolo por sorpresa. Ella estaba parada con su espalda recta, mirando hacia Marty fijamente con estoicidad—. Lodsman hanti —repitió—, somos los elegidos. Cahanna risone hanti, somos los afortunados. Sabbatha hanti, Sabbatha hanti Sabbatha hanti… Somos el Nudo Verdadero… nosotros perduramos…

Mabel lo repitió al menos unas tres veces más a tono de cántico. Aquellas palabras que servían como cruz del Nudo Verdadero habían perdido sentido para James, pero al parecer Mabel seguía aferrada a ellas con fe religiosa. Y de hecho, en algún momento le pareció escuchar cómo entre sus quejidos y gritos, Marty tuvo un último momento de lucidez para acompañarla en sus palabras.

Y un momento después, hubo silencio. El cuerpo de Marty se desvaneció de golpe abruptamente, y ya no volvió, dejando en su lugar una densa nube de vapor blanco que comenzó esparcirse y elevarse. El poco vapor que aún quedaba en su cuerpo… Hugo podría haberlo consumido, y James y Mabel no lo hubieran criticado por ello. Pero no lo hizo. En su lugar sólo lo dejó irse, elevándose y esparciéndose por el mundo, como deseaba que el alma de Marty (si aún les quedaba alguna) hiciera igual.

Hugo permaneció en el mismo sitio, con sus manos colocadas como si aún sujetaran la ya inexistente mano de su amado, y su cabeza agachada. Ya no lloraba ni pronunciaba ni un sonido, como si él mismo estuviera muerto.

Mabel, sin decir nada, se giró sobre sus pies y se dirigió rápidamente de regreso al camper. James meditó un momento si acaso debía de decirle a Hugo que debían irse (después de todo, aún tenían encima una amenaza que desconocían), pero al final decidió darle unos minutos más. Se viró también hacia el camper y fue detrás de su compañera.

Dentro del vehículo encontró a Mabel, de regreso en el asiento del copiloto, y de nuevo con su frente colocada contra el vidrio de la ventanilla, aunque ahora de seguro no veía nada en lo absoluto. Se abrazaba a sí misma como si tuviera frío, y tenía sus pies descalzos arriba del asiento, dejando sus largas piernas expuestas. James se le aproximó con cautela, pero antes a medio camino ella pareció percibir su presencia y pronunció de golpe con voz fría y ausente:

—Nunca debimos de haber abandonado a Rose…

James se detuvo en seco ante ese comentario, que estaba a casi a nada de ser un reclamo directo.

—Si nos hubiéramos quedado, habríamos muerto igual que todos los otros, Igual que la propia Rose —se defendió la Sombra.

Mabel se viró lentamente a verlo, y en sus ojos James percibió una insensibilidad punzante y dolorosa que nunca había visto en ella antes, y que de alguna forma lo paralizó.

—¿Y el destino que nos depara ahora es mucho mejor? —Le cuestionó con la misma frialdad de antes, virándose poco después de nuevo a su ventanilla sin darle oportunidad de responderle algo—. Quizás éste sea el castigo que merecemos… Por haber traicionado a nuestros hermanos…

James la Sombra no tenía nada que responder a aquellas palabras. Quizás era cierto; quizás hubiera sido mejor morir hace cinco años, en lugar de vivir esa penosa y difícil situación.

Salió entonces del vehículo para también dejarla sola un tiempo. Estuvieron en ese sitio casi una hora antes de que tanto Hugo como Mabel decidieran que era tiempo de partir, y volvieran entonces a la carretera.

El destino, entendería James más que nunca, a veces se comporta de formas curiosas. Quizás si no hubieran parado ahí, o si no se hubieran quedado esa hora de más, hubieran podido seguir su camino al este, haber seguido de largo hasta Maine, o quizás cruzar a Canadá. O quizás si hubieran llegado antes al punto de encuentro, habrían muerto ahí mismo junto con Doug, Phil y Annie, y no se hubieran siquiera acercado a Concord. Sin embargo, en lugar de que cualquiera de esas cosas pasara, su vida, ya de por sí terrible y extenuante… estaba a punto de ponerse mucho peor.

FIN DEL CAPÍTULO 75

Notas del Autor:

—Como bien ya les mencioné en el capítulo anterior, estos capítulos estarán muy enfocados en el Nudo Verdadero, pertenecientes a la novela y película de Doctor Sleep o Doctor Sueño escrita por Stephen King, pero enfocados más en la novela con detalles de la película. Como les comenté también anteriormente, los personajes de James la Sombra, Mabel la Doncella, Hugo el Cirujano, y Marty el Viajero, son personajes originales de mi creación que no se basan directamente en algún personaje ya existente, pero que son introducidos como parte del Nudo Verdadero en la línea de esta historia.

—Me resultó un poco raro escribir este capítulo, intentando que se sienta algo de empatía por este grupo de asesinos de niños. Pero siempre sentí que la intención de Stephen King fue precisamente que el lector sintiera algo así con el Nudo Verdadero, y cómo desde su perspectiva lo que hacían no los hacía malos, y podían llegar a ser personas con buenos “sentimientos,” dejando de lado como se alimentaban para sobrevivir. Más o menos intenté mantener dicha idea, y espero haberlo logrado.

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Resplandor entre Tinieblas La Dra. Matilda Honey ha dedicado toda su vida a ayudar a los niños, especialmente a aquellos con el «Resplandor», niños con habilidades especiales como ella misma lo fue. Desde hace muchos años, ha ayudado activamente en la Fundación Eleven, una organización dedicada a apoyar a este tipo de niños. Siguiendo esta misión, es llamada al Hospital Psiquiátrico de Eola, para entrevistar a una niña de doce años llamada Samara Morgan, quien presenta enormes habilidades psíquicas, que parecen salirse de los patrones normales que hubieran visto antes. Todos los que tienen algún contacto con ella, dicen que hay algo extraño detrás de sus habilidades, algo que sólo pueden describir como «maligno».

Pero Matilda no cree en el mal, y está decida a ayudar a Samara, así como alguien la ayudó a ella en su juventud. Pero se dará cuenta más temprano que tarde que el mal es de hecho bastante real, y que se ha metido en algo que está más allá de lo que puede entender…

+ «Matilda» © Jersey Films, Danny DeVito, Roald Dahl.

+ «The Ring» © DreamWorks Pictures, Gore Verbinski, Koji Suzuki.

+ «The Shining» © Warner Bros., Stanley Kubrick, Stephen King.

+ «Stranger Things» © Netflix, Matt Duffer y Ross Duffer.

+ «Before I Wake» © Intrepid Pictures, Mike Flanagan y Jeff Howard.

+ «Orphan» © Dark Castle Entertainment, Jaume Collet-Serra, David Leslie Johnson.

+ «The Omen» © 20th Century Fox, Richard Donner, David Seltzer.

+ «The Sixth Sense» © Hollywood Pictures, Buena Vista Pictures Distribution, M. Night Shyamalan.

+ «Case 39» © Paramount Vantage, Paramount Pictures, Christian Alvart.

+ «Doctor Sleep» © Stephen King.

+ «Carrie» © Stephen King.

+ «Firestarter» © Stephen King.

+ «Rosemary’s Baby» © Ira Levin, Roman Polański, William Castle.

Si te ha gustado mi trabajo y deseas ver más de él, puedes apoyarme invitándome un café. Será enormemente apreciado.

2 pensamientos en “Resplandor entre Tinieblas – Capítulo 75. El castigo que merecemos

    1. WingzemonX Autor

      Muchas gracias Nacho 🙂 Es un poco complicado pues son personajes nuevos y además no muchos conocen al Nudo Verdadero, pero espero poder expresar de forma correcta lo que deseo.

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