Fanfic Batman Family: Legacy – Capítulo 24. Sólo una semana libre

28 de mayo del 2020

Batman Family: Legacy - Capítulo 24. Sólo una semana libre

Batman Family: Legacy

WingzemonX

Capítulo 24
Sólo una semana libre

Sábado, 10 de agosto del 2013

Habían sido dos extenuantes semanas de preparación para Bárbara, tanto física como mentalmente. A pesar de sus dudas iniciales, el hablarlo con su padre y con Dick le había ayudado a aclarar su mente y tomar una de las decisiones más importantes de su vida hasta ese momento: se haría la operación. Aún si existía la posibilidad de no tener éxito y volver a casa aún en su silla de ruedas, debía al menos intentarlo, y no torturarse más adelante con la idea de que quizás había perdido su única oportunidad por ser tan cobarde.

Tras terminar todos los trámites a distancia y los últimos chequeos médicos, su operación había sido programada para el próximo lunes muy temprano; bastante más pronto de lo que esperaba. Esa tarde de sábado le tocaría volar a Boston en compañía de su padre y Dick. Pasarían la noche en un hotel, al día siguiente la internarían en el  hospital y le realizarían todos los preparativos restantes. Los días anteriores los había dedicado de lleno a dejar todo listo en su trabajo. Su equipaje estaba preparado desde la noche anterior, el taxi ya estaba esperándola afuera de su edificio, y Stephanie y Tim habían acudido para ayudarla a bajar sus cosas y cerrar su casa. Igualmente Bárbara tenía que darle unas últimas indicaciones a su joven asistente.

Todo estaba listo, todo iba caminando conforme se esperaba y sin contratiempos. Y, aun así, mientras estaba ahí en su silla en el centro de su sala, se sentía realmente intranquila. Pensó que ya había superado sus dudas, pero al parecer aún había algunas arraigadas en ella. O… ¿acaso era algo más lo que la tenía tan inquieta?

Fuera lo que fuera, tenía menos de cuarentaiocho horas para superarlo y no entrar al quirófano con esa angustia.

—Aquí está la última maleta —musitó alegre Stephanie mientras jalaba por la manija la última de sus maletas hacia la puerta del departamento. Detrás de ella venía Tim, con una caja de plástico con algunos alimentos del refrigerador de Bárbara que no había logrado terminarse antes del viaje, y que sería mejor los aprovecharan en la mansión.

—¿Cuánto tiempo estarás en Boston? —Preguntó Tim con curiosidad, masticando un trozo de la banana que sujetaba en su mano.

—Espero que no más de lo necesario —respondió Bárbara con una sonrisa que le resultaba un tanto difícil mantener—. Creo que será una semana a lo mucho, si todo sale bien. Muchas gracias por su ayuda, chicos. ¿Pueden darles un aventón para abajo a mis maletas antes de que se vayan y subirlas al taxi?

—¡Claro que sí! —Contestó Stephanie, aún más enérgica que antes—. ¿Estás segura de que no ocupas que haga algo más que recoger tu correo y regar tus plantas mientras no estés? ¿Algo en la Fundación de lo que quieras que me encargue?

—Tranquila, Mike se encargará de cualquier asunto mientras no estoy —señaló Bárbara encogiéndose de hombros—. Si necesita algo te llamará, pero no creo que sea necesario. Tómalo como unas pequeñas vacaciones.

—Ojala pudiera darme ese lujo —susurró la joven rubia despacio, y colocó entonces su mano derecha sobre su barbilla con actitud pensativa—. Quizás aproveche para tomar un trabajo de medio tiempo…

—Oye, pero ya te dije que te pagaré todos los días que voy estar allá.

—Lo sé, pero aun así…

—Quizás debas aprovechar y mejor concentrarte en tus estudios —añadió Tim, justo después de tomar el último bocado de su banana—. Tienes dos exámenes la semana que viene, ¿lo olvidas?

—Difícilmente —suspiró Stephanie, pareciendo agotado de sólo pensar en ello—. Pero no me preocupa, porque tengo al mejor tutor de todos, ¿eh? —susurró con tono juguetón, picándole un poco su costado a Tim con su codo.

—Ya te dije que sí, deja eso.

Bárbara sonrió divertida al ver a los dos chicos hablando y jugueteando de esa forma. Aquella interacción entre ambos le resultó bastante familiar, y le traía recuerdos de otra época pasada, hace ya muchos años atrás. En aquel entonces también había una chica y un chico, aunque ella no necesitaba en realidad que él fuera su tutor, pero había sido divertido hacerle creer que sí. Quizás en el fondo ambos sabían que era sólo una excusa para pasar tiempos juntos. Y eso inevitablemente llevó a muchas otras cosas, algunas bastante agradables… pero otras un tanto más dolorosas.

Bajó su mirada un poco pensativa, intentando además que ninguno de los dos notara su cambio de humor. Respiró hondo intentando recuperar la compostura, contó mentalmente hasta cinco y entonces volvió a mirar hacia el frente de nuevo sonriendo (pero aun pareciéndole difícil).

—Bueno, has lo que mejor te parezca, Stephanie —indicó Bárbara al final con normalidad. Acercó entonces su silla hacia ellos y tomó el manojo de llaves que descansaba sobre sus piernas para extendérselo a la jovencita—. Aquí están mis llaves. ¿Puedes revisar que estén bien cerradas las ventanas y la puerta del balcón antes de irnos?

—Ventanas, balcón, claro —respondió Stephanie casi como si hubiera recibido una orden militar. Tomó las llaves y sin espera se dirigió a la habitación—. No te vayas sin mí, Tim. ¡No tardo!

Tim sólo le hizo un pequeño ademán de asentimiento con su mano y miró como se iba. De hecho, quizás se le quedó viendo más de lo necesario, lo que no pasó desapercibido por Bárbara.

—Por favor, Tim —musitó la antigua Batgirl despacio, con tono picaron—. Invítala a salir de una vez por todas.

El muchacho se sobresaltó al escucharla y un ligero rubor se asomó en sus mejillas, pero apenas era notable.

—¿Otra vez con eso? —le respondió con molestia, pero cuidando de no alzar de más la voz—. Ya te he dicho que sólo somos amigos. Y no sigas que te va a escuchar.

Bárbara sólo sonrió divertida por su reacción, y se encogió de hombros. Tim era bastante reservado y calculador con la mayoría de las cosas, pero un verdadero libro abierto cuando se trataba de esa en especial. Era evidente para todos  que Stephanie le interesaba, excepto para él mismo quizás. En el caso de Stephanie, Bárbara debía aceptar que no era tan evidente como Tim, y su manera de pensar y actuar a veces le resultaba bastante impredecible. El entrenamiento de detective y lectura de reacciones instruido por Batman, no incluía como tal adivinar si a alguien le gustaba otra persona (sorprendentemente nunca habían ocupado averiguar eso en alguna misión). Si debía hacer una deducción, diría que había un setenta por ciento de posibilidad de que realmente le interesara Tim de forma romántica, y un treinta por cierto de que sólo lo viera como un muy buen amigo. Le parecía lo suficiente para arriesgare, pero Tim era más previsor que eso. De seguro esperaría a tener seguro un porcentaje mayor a un setenta antes de hacer algún movimiento.

Pero también había otra posibilidad: que en realidad su joven amigo no quisiera tener una relación en esos momentos. Después de lo de Bruce, parecía más que nunca enfocado en su labor como Red Robin, con la meta de tomar el manto de Batman después de Dick. Puede que en la previsión que estaba haciendo de su futuro inmediato, no había lugar para una atlética y hermosa rubia. En parte eso era algo que podía comprender. Sin embargo, en su experiencia sabía que si se dejaba llevar por esas dudas, podría arrepentirse gravemente después. Si al volver de Boston no había algún avance en ese frente, se sentaría a hablar con él al respecto.

—Ventanas y puerta cerradas —informó Stephanie cuando volvió a la sala con las llaves en mano.

—Gracias, chicos —asintió Bárbara—. Bajen las maletas al taxi, por favor. Yo enseguida bajo.

Ambos jóvenes dieron un paso hacia la puerta, pero Stephanie de inmediato se viró y se acercó rápidamente a Bárbara, abrazándola fuertemente de golpe. Aquello tomó un poco por sorpresa a la pelirroja.

—Mucha suerte, Bárbara —le susurró la rubia despacio sin romper el abrazo.

—Gracias, la necesitaré —susurró Bárbara a su vez, colocando su mano en la espalda de la chica—. Estoy tan nerviosa.

—No lo estés —le contestó Stephanie, rompiendo el abrazo e incorporándose de nuevo—. Todo saldrá bien; yo lo sé.

—Lo mismo digo —añadió Tim—. Dentro de poco te tendremos de vuelta en la acción.

El chico culminó su comentario con un sutil guiño de su ojo derecho que sólo ella vio. Bárbara intuyó de inmediato lo que quería decir.

—Eso ya lo veremos. Recuérdale a Dick que nuestro avión sale a las cinco, y que debemos estar dos horas antes en el aeropuerto.

—Tranquila, no faltará —declaró Tim confiado y se dirigió ahora sí a la puerta con la caja de comida, y tomó una de las maletas del pasillo para acercarla al ascensor. Stephanie se despidió una última vez desde el umbral con un movimiento de su mano, y justo después tomó las otras dos maletas y lo siguió.

Una vez sola, Bárbara al fin pudo dejar de sonreír. Soltó un profundo suspiró y se talló sus ojos con sus dedos. Aún ni siquiera salía de su casa y ya se sentía agotada. Y ese maldito mal presentimiento no la dejaba tranquila.

— — — —

—¿Richard acompañará a Bárbara a Boston? —Preguntó Stephanie una vez que Tim y ella estuvieron frente a las puertas del elevador, esperando a que éste llegara.

—Sí —respondió Tim—, irá como apoyo moral y para estar con ella en cuanto salga de la operación.

—¿Sólo para apoyarla? —Comentó Stephanie con tono inquisitivo, mirando de reojo a su compañero de clases—. ¿Sólo eso?

Tim no tenía que ser ningún tipo de detective para darse cuenta de que Stephanie intentaba implicar algo con esa forma de hablar. El elevador llegó en ese momento y ambos ingresaron cargando las cosas de Bárbara. Una vez que las puertas se cerraron y comenzaron a bajar, Tim le respondió, aunque era de hecho otra pregunta.

—¿En qué éstas pensando exactamente?

—¿Yo? Nada, nada… —respondió Stephanie apresurada, encogiéndose de hombros. Luego guardó silencio, pero sólo por un par de segundos—. Bueno, en realidad sí. ¿Tú sabes si hay algo entre ellos dos?

—¿Entre Dick y Babs? ¿Algo como… romántico? —A Tim su propia pregunta le pareció tonta justo después de haberla hecho; era obvio que a eso se refería—. La verdad no lo sé. Ahora mismo, hasta donde tengo entendido, sólo son amigos.

—¿Ahora mismo? —musitó Stephanie con aún más interés, aproximándosele rápidamente como si esperara que le susurrara algún secreto al oído. Su cercanía tan repentina tomó un poco por sorpresa a Tim, pero intento disimularlo—. ¿Ósea que antes sí eran algo más?

—Eso no lo sé. Digo, ellos se conocen desde que tenían nuestra edad o antes. No estoy seguro que tan cercanos eran antes de que yo los conociera…

Stephanie se le quedó viendo un rato con la curiosidad desbordando de sus ojos. Quizás esperaba que le dijera alguna cosa más, pero en realidad no tenía más que pudiera compartirle. Bruce, Dick y Bárbara en general eran muy reservados con las cosas del pasado. Cuando Tim se volvió parte del equipo, Dick ya era Nightwing, Bárbara estaba en su silla de ruedas, y Jason había fallecido (y revivido). Y aunque conocía al menos la idea general de cómo cada uno había llegado a ese punto, realmente ninguno hablaba demasiado al respecto.

Él siempre había supuesto que en efecto había pasado algo entre Dick y Bárbara antes de ese horrible ataque que la había dejado en ese estado, principalmente por algunas miradas y comentarios que había entre ambos en ocasiones. Pero igualmente era bien sabido que Dick no era precisamente indiferente a las demás mujeres, incluso desde antes de que se mudara a New York, y a Bárbara aquello no parecía interesarle de manera particular. Así que todo lo que pudiera decirle a Stephanie sobre ello, encajaría más en la categoría de mero chisme, así que prefería mejor no decir nada.

Al final Stephanie pareció rendirse y de nuevo se alejó un poco y miró al techo sobre ellos en lugar de a él.

—Entonces, ¿se conocen desde que tenían nuestra edad? —Murmuró despacio, pero no sonaba como un comentario que estuviera directamente dirigido a él, sino más como un simple pensamiento al aire—. Qué romántico ha de ser eso, ¿no crees? Conocerse desde jóvenes, crecer juntos, saber todo el uno del otro; que los años pasen y aunque se separen por un tiempo, sigan juntos al reencontrarse… Me gustaría  llegar a tener algo así… ¿Y a ti?

Volteó en ese momento a verlo de nuevo abruptamente, sonriéndole ampliamente y provocando que el chico reaccionara haciéndose un poco hacia tras. De nuevo pareció que Stephanie genuinamente esperaba una respuesta de su parte, pero de nuevo Tim no tuvo mucho más que decir.

Como salvado por la campana, el elevador sonó indicando que había llegado a su destino, y un segundo después las puertas se abrieron mostrando ante ellos el vestíbulo del edificio.

—Mejor apurémonos, que todavía debemos estudiar —señaló Tim y salió apresurado del elevador, arrastrando la maleta y cargando la caja con comida.

—Sí, claro… —musitó Stephanie con tono molesto, y lo siguió en silencio hacia la salida.

— — — —

Desde temprano, Dick se puso en movimiento para atender unos últimos asuntos pendientes en el centro antes de tener que subirse a ese avión a Boston. Se había hecho la promesa a sí mismo, y por supuesto a Bárbara, de que se desconectaría por completo de todo durante esa semana y se enfocaría al cien por ciento en ella. Eso incluía por supuesto sus negocios públicos… y los no tan públicos. Los primeros los tenía controlados; había tenido un par de reuniones esa mañana con dos empresas importantes en Gótica, y del resto se encargaría su socio Eric por video llamadas.

Los negocios del segundo tipo eran los que lo tenían un tanto más inquieto. Sin Bárbara, sin él, y e incluso sin el Comisionado Gordon en la ciudad, si algo pasaba quedaría prácticamente en manos de Tim y Alfred el resolverlo… y teóricamente en las de Jason, pero ese sujeto era tan impredecible que era difícil saber si acaso se aparecería si algo pasaba. Y si lo hacía, no podían estar seguros si sería para mejorar o para empeorar las cosas.

Lo que los tenía un tanto más tranquilos era que ya sin el Pingüino y sin Máscara Negra rondando por ahí, las cosas parecían haberse calmado bastante. Al menos las últimas dos semanas habían sido prácticamente sólo patrullar y detener un par de asaltos callejeros. Fuera de eso, parecía que la mayoría de los delincuentes de turno se habían escondido tras la caída de los Últimos Grandes Señores del Crimen. Había rumores sobre algunas pandillas rusas que comenzaban a reagruparse, pero de momento no parecía ser nada lo suficientemente serio.

Confiaban en que las cosas se mantuvieran igual por lo menos una semana más. Bárbara había estado al pie de lucha sin parar, incluso después de lo que le ocurrió. Se merecía al menos unos días para pensar sólo en sí misma.

Una vez que salió de su última reunión, se subió a su vehículo y llamó a Eric para discutir lo que acababan de ver, e igualmente para afinar los últimos detalles de la agenda de la próxima semana. Colocó el teléfono en altavoz, conectado al Bluetooth del auto para poder estar hablando mientras conducía. Se dirigía lo más rápido posible a la mansión sólo para tomar su maleta y salir disparado al aeropuerto.

—¿Y cuánto tiempo vas a estar allá? —Musitó Eric al teléfono, no muy contento. La idea de que tendría que encargarse de tantas reuniones él sólo durante tantos días, ciertamente no era muy de su agrado. Siempre había sido más efectivo en el lado técnico del negocio, mientras que Dick era bastante bueno en la parte comercial. Pero eso tendría que cambiar poco a poco.

—No lo sé —respondió Dick con molesta tranquilidad—. Creo que una semana. Quizás un poco más.

—¿Más? —Exclamó Eric alarmado—. ¿Cuánto más?

—No lo sé, Eric; relájate. Sólo serán un par de reuniones, y ya te tengo todo listo para casi todas. Y si es absolutamente necesario, siempre estoy a una llamada de distancia. Pero enserio, sólo si en verdad es necesario —pronunció haciendo un principal hincapié en esa última parte—. Te lo dije, esto es muy importante para mí. No me tomaría tanto tiempo si no fuera así.

—Para ti es fácil decirlo —suspiró Eric resignado—. Y esta chica, Bárbara… ¿Es la misma Bárbara de la que me hablaste? ¿Con la que casi te…?

Como siempre, la sutileza no era precisamente el fuerte de su amigo. Su tono revelaba de inmediato las mil y una cosas que deseaba insinuar con esa sola “inocente” pregunta.

—Sí, es la misma —le respondió escuetamente.

—Eso lo explica todo. Al parecer aún no las has olvidado, ¿verdad?

—En estos momentos sólo somos amigos; muy buenos amigos. Ella pasó por mucho, y realmente quiero que todo esto salga bien.

—Claro, claro… —Musitó Eric, incrédulo—. Pero sólo digo, que si a ella le dejaron una parte de la herencia de Bruce Wayne, y a ti otra, si se casaran…

—Hasta luego, Eric —se despidió Dick y rápidamente pasó a colgar la llamada sin darle tiempo de terminar.

—¡Sólo pienso en lo mejor para la compañía! ¡Piensa en lo que podríamos…!

Las palabras de su socio se quedaron justo ahí, antes de que la llamada se cortara por completo. Era increíble la facilidad que tenía ese sujeto para relacionar todo con el dinero, y la poca delicadeza que tenía para tocar algunos temas. Pero a pesar de todo era su amigo, y un genio a su modo en lo que hacía.

De todas formas un minuto después de colgar ya se encontraba frente al portón principal de la Mansión Wayne, así que de todas formas hubiera terminado por cortarle en cualquier momento. Abrió el portón con su control remoto y luego se encaminó hacia la entrada principal, estacionándose justo frente a las escaleras. No tenía tiempo de ir hasta el garaje, pues tenía pensado entrar y salir.

Revisó rápidamente su reloj de pulsera. Eran las 2:15. Apenas el tiempo suficiente para llegar al aeropuerto antes de las 3:00. Con los boletos que les había conseguido sabía que eso de las dos horas no era tan estricto, pero prefería hacer las cosas con tiempo y no preocupar a Bárbara de más. Lo que menos ocupaba la informática era estrés adicional en ese momento.

Se bajó apresurado del vehículo y subió por las escaleras hasta la puerta principal, que abrió los seguros se manera automática en cuanto su acercó lo suficiente. Ingresó sin reducir su premura y se dirigió de largo hacia las escaleras. Sin embargo, a mitad del camino tuvo que detenerse al oír que le hablaban.

—¡Hola, Richard! Buenas tardes —escuchó una vocecilla pronunciando desde la sala. Dick regresó sobre sus pasos por el vestíbulo principal y se asomó hacia la sala. Divisó en ese momento a Tim y Stephanie, sentado sobre la alfombra delante de la mesa de centro, sobre la que reposaban libros y cuadernos de apuntes abiertos. La chica rubia lo saludó agitando una mano mientras le sonreía. Tim, por su parte, siguió enfocado en su libro de texto.

—Hola, Stephanie —saludó Dick con entusiasmo, ingresando sólo un par de pasos a la sala—. Últimamente te veo muy seguido por aquí.

—¿Ah sí? —Musitó Stephanie un poco sorprendida, y luego pareció empezar a hacer cuentas en su cabeza para comprobar la veracidad de su afirmación. Dick no supo a cuál conclusión habían llegado sus deliberaciones internas, pero casi de inmediato volvió a su estado natural, con esa encantadora sonrisa alegre—. Es que es un lugar muy agradable y silencioso para estudiar.

—Claro, estudiar —respondió Dick con tono sarcástico y juguetón, que Tim pareció captar de inmediato.

—¡Cállate! —Soltó el joven Red Robin, alzando su mirada molesta en su dirección—. ¿Y porque aún sigues aquí? ¿No deberías de estar ya en el aeropuerto?

—Ya voy, mamá —respondió Dick burlón, y se giró sobre sus pies para salir de la sala y continuar con lo que venía a hacer—. Aún tengo suficiente tiempo. Sólo vine por mi maleta y el resto de las cosas que llevaré.

—¿Ya pediste el taxi al menos?

Dick estaba por responderle que pensaba irse en su auto y dejarlo en uno de los estacionamientos circundantes al aeropuerto (pese a lo costoso que de seguro resultaría la cuota). Sin embargo, en ese momento Alfred ingresó por la segunda entrada lateral de la sala, del lado del comedor principal, cargando en sus manos una bandeja metálica con aperitivos y bebidas para los jóvenes estudiosos. Y al parecer había oído su conversación, o al menos la última parte, pues de inmediato dijo mientras se aproximaba a la mesa de centro:

—Yo lo llevaré con gusto, Joven Richard.

El nuevo Batman detuvo en seco su andar en la entrada, y se giró lentamente hacia el hombre inglés, que en ese momento colocaba lo que traía consigo sobre la mesa delante de los dos jóvenes.

—¡Gracias, Alfred! —Exclamó Stephanie entusiasmada, tomando una galleta de uno de los platitos de porcelana.

—Alfred, no tienes que llevarme a ningún lado, ¿recuerdas? —Señaló Dick con una media sonrisa—. Tú ya no eres un mayordomo.

Alfred terminó de colocar las cosas en la mesa y entonces se incorporó de nuevo, mirando estoico a Dick mientras sujetaba la bandeja metálica delante de sus piernas.

—No lo haré como un mayordomo —declaró con firmeza—, sino como un amigo, ayudando a otro amigo. Además, soy el más interesado en que llegue a tiempo a apoyar a la señorita Bárbara en este momento tan crucial para ella.

—Si lo dices de ese modo —susurró Dick un tanto inseguro, colocando una mano atrás de su cabeza—, supongo que entonces te lo agradecería, Alfred.

—Será un placer. Aguardé sólo un momento. Traeré mis guantes y mi boina de conductor.

—¿Qué? No es necesario…

Antes de que pudiera replicarle algo más, Alfred salió por la misma entrada por la que había ingresado a la sala, perdiéndose de su vista. Dick suspiró, resignado y a la vez algo divertido por la situación. Realmente era difícil para algunos olvidar sus viejos hábitos.

—Qué hombre tan especial es Alfred —señaló Stephanie con genuina emoción al decirlo.

—Sí, por decirlo de algún modo —añadió Tim, notablemente menos efusivo, tomando él también una galleta.

Dick sólo rio y se dispuso a esperar que Alfred volviera.

Su teléfono sonó en ese momento, indicando que le acababa de llegar un mensaje. Lo sacó rápidamente de su bolsillo para revisarlo. Su primer pensamiento fue que sería de Eric, continuando con sus quejas y sugerencias no solicitadas. Sin embargo, resultó ser de alguien más agradable: Bárbara.

Ya recogí a papá
Ya vamos en camino

Notó que Bárbara estaba escribiendo en ese mismo momento por lo que aguardó hasta que le enviara el siguiente mensaje.

¿Dónde vas tú?

Dick sonrió ante la forma tan sutil de querer apresurarlo. Le respondió lo más rápido que sus dedos le permitieron, y al parecer ella igualmente hacía lo mismo.

Vine por mi maleta a la mansión
Ya voy de salida
Alfred me va a llevar

Más te vale no llegar tarde
El avión no te va a esperar

Siempre me puedo ir en el siguiente

Qué gracioso

Hubo un momento de silencio en el que Dick pensó en qué decirle a continuación. Supuso que lo mejor era indicarle que sólo bromeaba, y que aún tenía suficiente tiempo. Aunque la mayoría del tiempo Alfred conducía como un anciano, el antiguo médico del ejército (y espía) sabía cómo pisar a fondo cuando era requerido. Antes de que pudiera comenzar a escribir, sin embargo, ella se le adelantó.

Gracias por acompañarme, enserio
Significa mucho para mí

Dick vaciló un poco. Aquellas palabras no eran la gran cosa, pero en verdad lo habían hecho destantear un poco. De nuevo dudo un poco sobre qué decir, pero al final casi involuntariamente dejó que sus dedos escribieran por sí solos.

Te prometí apoyarte, pase lo que pase
Cuando despiertes ahí estaré contigo

A eso último Bárbara sólo le respondió con un emoticon de carita feliz. Y no cualquiera, sino uno realmente feliz; eso era cosa seria. Dick no pudo evitar sonreír. Aquello no eran vacaciones, en especial para Bárbara. Pero estaba feliz de que pudieran hacer eso juntos, casi como en los viejos tiempos.

Alfred volvió en se momento con su boina y sus guantes, justo como había dicho, así que Dick se guardó de nuevo su teléfono.

—¿Listo, joven Richard?

—Andando —asintió Dick, y antes de retirarse se viró hacia los dos jóvenes en la mesa—. Bueno chicos, se quedarán solos por una hora. Portéense bien, ¿sí? —les dijo de forma picara, guiñándole un ojo a Tim.

—Guarda silencio —respondió el joven con su cara sonrojada.

—Buen viaje, Richard —añadió Stephanie, sin percatarse del último comentario, o quizás conscientemente ignorándolo—. Qué todo salga bien.

Dick asintió y se dirigió a la puerta junto a Alfred.

—Por favor, dígale a la señorita Bárbara que le deseo lo mejor —susurró Alfred despacio mientras caminaban lado a lado—. Y que espero que la próxima vez que nos veamos, pueda darle un abrazo de pie.

—Se lo diré —respondió Dick con seguridad.

Ya estaban prácticamente frente a la entrada, cuando Dick se detuvo de golpe.

—Oh, ¡pero qué imbécil soy! —Soltó de pronto, chocando su mano contra su frente—. Vine por mi maleta y ya me estoy yendo sin ella. Aguarda sólo un minuto más, Alfred.

Dick se giró a las escaleras y comenzó a correr hacia ellas. Alcanzó a subir cinco escalones, antes de que de nuevo se viera forzado a detenerse.

Un pitido bastante intenso y característicos sonó justo en el celular de Dick. Un instante después, el mismo sonó en el de Tim, seguido después por un tercero desde reloj de bolsillo de Alfred. Los tres se sobresaltaron sorprendidos. Dick sacó su celular y en cuanto posó sus ojos en él, en la pantalla se reflejó el símbolo del murciélago en rojo, parpadeando insistentemente mientras giraba en un fondo azul.

Advertencia —pronunció la voz robótica de la computadora, surgiendo al mismo tiempo de los tres dispositivos. Tim se tuvo que apresurar a alcanzar el suyo y alejarlo de Stephanie, que lo veía totalmente confundida—. El espacio aéreo de la mansión ha sido violado. Posible amenaza inminente.

—¡¿Qué cosa?! —Soltó Tim exaltado, parándose de golpe.

—¿Qué está pasando…? —Intentó Stephanie preguntar, pero Tim en ese momento se apresuró al vestíbulo, sujetando su teléfono delante de su rostro.

—Computadora, Petirrojo Rojo 24ZCH8D. Anula restricción 14F7. Muestra imagen de las cámaras frontales de la mansión en el techo.

Dick volvió sobre sus pasos y se reunión con Tim y Alfred en el centro del vestíbulo. Red Robin miraba en la pantalla de su celular cuatro imágenes provenientes de cuatro cámaras colocadas en el techo de la mansión que enfocaban las alturas. Eligió una de las cuatro para verla más grande, y con sus dedos hizo que la imagen se moviera para poder buscar la dichosa amenaza.

Los sensores aéreos eran en extremo precisos, y no los activaban cualquier cosa como un pájaro o algo similar. Debía ser algo por lo menos mayor al tamaño y peso de una persona, y sabían bien que el que una persona viniera volando hacia la mansión era de hecho plausible. Pero no era una persona. De hecho, Tim no tardó mucho en visualizar qué eran, pero acercó más la imagen para verlos lo más claro posible y no tener ninguna duda.

—Son tres helicópteros negros —indicó Tim con premura—, sin ningún número o escudo visible, pero con armas de fuego bastante grandes empotradas. Y vienen Justo para acá. Uno por el frente y dos por detrás.

Los tres hombres se miraron entre ellos por unos segundos, y los tres se veían igual de confundidos. ¿Alguien venía directo a la mansión con tres helicópteros de combate? Definitivamente no era el ejército, o al menos no el convencional. ¿ARGUS, quizás? No, ni siquiera Amanda Waller sería tan descarada para hacer algo tan directo y extremo como eso, aun suponiendo que ya conociera la identidad de Bruce. Y esa era su principal preocupación; quien quiera que fuera, ¿venía por Batman, por Bruce… o por ambos?

—Oigan, ¿todo está bien? —Escucharon la voz de Stephanie preguntar. Los tres se viraron hacia ella, y la vieron de pie en la entrada de la sala, mirándolos a ellos a su vez un tanto incierta, pero también un poco asustada.

Casi se habían olvidado de que ella estaba ahí. Era un inconveniente, pero la situación no estaba para detenerse por ello. Los segundos pasaban y esos helicópteros estaban cada vez más cerca.

—Llévala al cuarto seguro —le indicó Dick a Tim con seriedad. Éste sólo asintió y se dirigió rápidamente de regreso hacia su amiga.

—Ven, Stephanie —exclamó exaltado mientras la tomaba de su muñeca—. Ven conmigo.

—Pero… ¿qué pasa? —Cuestionó la joven, confundida, mientras Tim la jalaba casi corriendo.

—No hay tiempo para eso, confía en mí…

Mientras Tim se encargaba de ello, Dick y Alfred se dirigieron apresuradamente hacia la biblioteca para tomar el ascensor a la Cueva.

—Computadora —comenzó a pronunciar Dick con su celular cerca de su boca—, Ala Nocturna CX0012Y. Anula restricción 28G2. Activa Protocolo Fortress, Nivel 1.

Unos segundos después de haber dado esa instrucción, gruesas cortinas de metal comenzaron a bajar lentamente cubriendo cada ventana y cada puerta que daba al exterior, acompañadas de un sonido mecánico cuyo eco se extendía por toda la casa. Dick y Alfred continuaron su camino hacia el ascensor.

—Eso los detendrá por un rato —señaló Dick—. Pero si vienen con tres helicópteros de combate, es evidente que saben que no será fácil ingresar, por lo que deben venir preparados. ¿Quién demonios es?

Dick intentaba repasar en su cabeza todas las opciones, desde las probables hasta las inverosímiles. Sin embargo, la más evidente se le escapaba por algún motivo. Pero no por mucho.

—Advertencia —soltó de nuevo la voz de la computadora desde los dispositivos—. Múltiples posibles amenazas aproximándose por el patio frontal y trasero.

—¿Qué? Computadora, muéstrame las cámaras frontales a nivel medio.

Dick volvió a tomar su teléfono y éste se mostró cuatro imágenes, similar a cómo se habían visto en el celular de Tim. No necesitó hacer alguna más grande para ver de qué se trataba. Las múltiples posibles amenazas eran decenas de hombres, totalmente vestidos de negro con ropajes similares a Ninjas, saltando la barda frontal y corriendo rápidamente hacia la mansión.

—No puede ser… —susurró Dick atónito, bajando su teléfono unos momentos—. La Liga de las Sombras…

La identidad de sus atacantes había sido revelada. Tenía bastante sentido, de cierto modo. Sus líderes conocían la identidad de Bruce desde hace años, y tenían recursos de sobra para hacer un ataque como ese. Pero… ¿tan vistosos y en pleno día? No sonaba a su estilo. Y, lo más importante, ¿por qué lo hacían? La Liga de las Sombras se había mantenido alejada de Gótica desde hace años por el acuerdo que existía entre Bruce y Ra’s.

Pero Bruce ahora ya no estaba.

Y Ra’s se presumía muerto tras ese último encuentro con Bruce y Flecha Verde en Nanda Parbat del que le habían contado.

¿Era acaso éste un ataque perpetrado por aquella mujer? ¿Estaba Talia Al Ghul ahora a la cabeza de la Liga? No había información al respecto, pues desde lo de Nanda Parbat la Liga se había prácticamente desaparecido el mapa. Y ahora aparecían en manada como salidos de debajo de las rocas.

¿Qué asunto llevaba a Talia a hacer algo como esto? Siempre había sido un tanto extremista, pero al menos siempre le pareció razonable. Aunque, sin Bruce ahí para mantenerla en calma…

«No hay tiempo para estar intentando adivinar cosas» se dijo a sí mismo, despabilando rápidamente.

—Computadora, activa Protocolos de Defesa Nivel 2 —indicó con firmeza a su celular.

Un instante después de haber dado esa instrucción, en las imágenes de las cámaras pudo ver cómo algunos de esos ninjas de negro que corrían a la mansión se detenían de golpe, y eran cubiertos con una corriente eléctrica al tocar ciertos puntos específicos del jardín. No suficiente para matarlos, pero sí para hacerlos desvanecerse al suelo. Los demás, sin embargo, pasaban de largo por encima o a un lado de sus compañeros caídos, y seguían andando hacia su destino. Casi la mitad se detuvo gracias a las minas eléctricas, pero el resto continuó. Pero una vez que estuvieran en el perímetro inmediato del edificio, más sorpresas los esperarían.

Ya frente al librero del fondo de la biblioteca, Dick se apresuró a abrir la puerta secreta para poder ingresar al ascensor. El librero de abrió revelando el espacio cuadrado del ascensor, con esa molesta bombilla tintineante. Sin embargo, no habían dado ni un paso hacia éste cuando un lejano zumbido que se hacía cada vez más fuerte los puso en alerta. Venía del exterior de la casa, justo de su costado izquierdo. Dick comprendió que era un instante antes de que un fuerte estruendo chocara justo contra la cortina de acero que protegía las ventanas, y todo el sitio se agitara con fuerza. Alfred perdió el equilibrio y cayó de sentón al suelo. Dick igualmente casi cayó, pero se apresuró a apoyarse con sus manos para evitarlo.

—Eso fue un misil —Señaló Richard alarmado. Miró entonces en dirección al muro. El vidrio y los marcos de la ventana habían volado en pedazos y reposaban ahora en el suelo. La cortina de acero había resistido, pero se había abollado y los muros reforzados se habían desquebrajado. Era probable que no resistiera un segundo impacto igual. Y lamentablemente dicho segundo impacto vino bastante rápido, pues el mismo silbido se hizo presente una vez más.

Tuvo que pensar rápido. Reaccionó avivadamente, lanzándose hacia Alfred estando éste sentado en el suelo y lo tumbó de nuevo, cubriéndolo con su cuerpo. La segunda explosión volvió a sacudirlo todo, incluso con más fuerza. Parte del techo cayó a su alrededor, y los muros se abrieron aún más. Todo el sitio se cubrió de polvo. Dos libreros se precipitaron al suelo, dejando caer todos sus libros y regándolos por todos lados. La cortina de acero se doblo hacia adentro, separándose de sus soportes, y luego cayendo justo enfrente de la ventana provocando un sonido pesado y duro contra los tablones del suelo. Un gran agujero sin forma definida fue revelado en el muro, por el que entraba libremente la luz del sol.

Dick se intentó incorporar de nuevo. Tosía intensamente por el polvo, y escuchó que Alfred también lo hacía.

—¿Estás bien? —Le preguntó alarmado al antiguo mayordomo.

—Sí —respondió Alfred tranquilamente una vez que dejó de toser. Parecía tener un raspón en la frente, pero nada más—. Por lo que veo, la Liga se ha modernizado un poco.

Por decirlo menos. Su presentimiento resultó ser cierto: sabían que la casa no sería fácil de penetrar, por lo que habían tenido que venir preparados. Esto no estaba nada bien.

Dick ayudó a Alfred a pararse e hizo que se apoyara en él para caminar hacia el ascensor. En ese momento, distinguió por el rabillo del ojo a varias figuras negras saltando por el agujero del muro hacia el interior. Se viró hacia ellos. Eran cinco, todos vestidos de la misma forma, y desenvainaron sus espadas al mismo tiempo con perfecta sincronía. Permanecieron totalmente quietos en su sitio, hasta que un sexto se les unió.

Este último asesino dio una maroma en el aire, cayendo en el centro de los otros, justo encima de la cortina de acero caída. Se incorporó de nuevo lentamente, parándose sobre la improvisada plataforma, y miró impasible hacia ambos. Era de complexión bastante más pequeña, prácticamente un niño. Usaba una máscara que le cubría la nariz y su boca, pero dejaba visibles sus ojos verdes y sus cabellos negros cortos.

—Tendrán que hacerlo mejor que eso para defender su castillo de mí —les indicó el muchacho con tono bastante soberbio—. Ahora —colocó en ese momento su mano en la empuñadura de su espada, y la sacó de un solo movimiento, apuntando con su punta directo a Dick y Alfred—, ¿quién de ustedes es el perdedor que se cree el nuevo Batman?

FIN DEL CAPÍTULO 24

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Batman Family: Legacy. Ciudad Gótica se encuentra de luto. Bruce Wayne, una de sus figuras más emblemáticas e influyentes, ha fallecido repentinamente, dejando detrás de él un importante y secreto legado que ahora recaerá en hombros de sus jóvenes sucesores: Barbara, Tim, Jason y, especialmente, Dick, quien acaba de descubrir que su antiguo mentor le ha dejado la más inesperada de las herencias. ¿Aceptará el joven Grayson la nueva responsabilidad que se le ha encomendado? ¿Tendrá lo que necesita para mantener a la Familia unida sin Bruce, y combatir las amenazas que vengan de aquí en adelante? ¿Y cómo reaccionará el resto de Gótica a esto?

+ «Batman» © Bob Kane, DC Comics, Warners Bros. Enternaiment.

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4 pensamientos en “Batman Family: Legacy – Capítulo 24. Sólo una semana libre

  1. Agent X

    Un gran trabajo como siempre, realmente esperó que retomes la historia de La Muñeca Maldita y como se desarrollaba la relación entre Damian Wayne y Cassandra Cain realmente era espectacular incluso puedo ayudarte a recordar cómo era la historia y darte algunas ideas sería completamente espectacular volver a ver esa gran serie

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    1. BlackFire

      Si quiero que vuelva esa serie que he querido por su historia y referencias a la serie de Batman de los 90 y sobre todo a la relación de Damian y Cassandra que se pueden complementar tan bien y si podria regresar esa serie sería completamente exelente

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      1. White Spider

        *Queremos* realmente también quiero que esa serie vuelva además también por la nostalgia y como se desarrollaba la historia y de igual manera la relación de Damian Wayne y Cassandra Cain

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    2. Mr.Z

      Si queremos de vuelta la serie de La Muñeca Maldita y como se desarrollaba la historia y como Dick se comportaba como el verdadero hermano de Damian y también como se desarrollaba la relación de Damian y Cassandra

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