Fanfic Resplandor entre Tinieblas – Capítulo 62. Vamos por él

7 de mayo del 2020

Resplandor entre Tinieblas - Capítulo 62. Vamos por él

Resplandor entre Tinieblas

Por
WingzemonX

Capítulo 62.
Vamos por él

Dan acababa hace poco justo de decirle a Abra como el Resplandor (al menos el que él conocía, y que aún no estaba seguro que fuera lo mismo a lo que estos individuos se referían) a veces actuaba de formas extrañas; “uniendo a las personas con un fin”, recordaba haber dicho. Y al menos en el caso de Charlie (alias Roberta) y él, parecía haber jugado un poco en ese terreno. Esa pequeña plática frente a la máquina de café, junto con aquel rápido apretón de manos, parecía haber rompido el hielo entre ambos. Sin fijarse o tener que forzarlo demasiado, ambos comenzaron a platicar un poco más entre ellos, inspirados solamente por el inusual deseo de querer saber más del otro. Incluso Charlie se sirvió su propio café con el fin de hacer un poco más de tiempo, y Dan se tomó el que tenía en su mano antes de que se enfriara; al final siempre podía llenar otro más para su sobrina.

—El Overlook, por supuesto que conozco el caso —señaló Charlie con cierto orgullo, mientras ambos caminaban de regreso a la sala de espera, cada uno con un vaso de café aunque el de ella ya estaba casi por terminarse—. El último cuidador fue un hombre llamado…

Charlie intentó hacer un poco de memoria, pero fue evidente que ese dato en especial se le escapaba por completo. Para su suerte, a Dan no; nunca podría.

—Jack Torrance —le respondió luego de unos momentos—. Mi padre.

Charlie lo volteó a ver un tanto sorprendida ante esa declaración.

—¿Entonces tú estabas ahí cuando…? —No terminó su pregunta, pero igual Dan asintió como respuesta, sonriéndole—. Oh, vaya… —Charlie dio un sorbo más de su café, quizás el último que le quedaba—. Mi curiosidad de reportera me pide preguntarte los detalles, pero siento que sería un poco impertinente de mi parte.

—Descuida. Hasta hace unos cinco años me era muy difícil hablar de ello, pero ahora he hecho las paces con lo ocurrido y logré seguir adelante.

—¿Cómo hiciste eso?

—Conocer a Abra ayudó bastante. Ella me dio un motivo para pensar más en el futuro que en pasado. Y también recibí mucha ayuda del Programa, y de los buenos amigos que hice en él.

—¿El programa? —Charlie se detuvo unos momentos y se tomó la libertad de tomarlo de su brazo con su mano libre para que también se detuviera—. ¿Hablas de Alcohólicos Anónimos? —Dan de nuevo asintió—. Oh, ¿eres…? —De nuevo no terminó su pregunta, pero igualmente Daniel no lo necesitó, así como ella no necesitó que él asintiera para entender su respuesta.

—Diecisiete años sobrio, y contado —señaló Daniel con el mismo orgullo con el que ella había revelado que en efecto conocía el caso del Overlook.

—Felicidades —asintió Charlie con verdadero agrado, y entonces ambos reanudaron su caminata—. De hecho pensaba invitarte a tomar un trago para poder charlar más amenamente de nuestros traumas de la niñez, pero al parecer también eso sería impertinente.

Daniel soltó una pequeña risa divertida. Era hasta cierto punto encantador como se tomaba tan a la ligera aquello. La mayoría de las personas a las que les decía sobre su alcoholismo solían reaccionar con cierta aversión a la idea, o con miedo a decir o hacer algo incorrecto como si fuera de papel. El hecho de que ella reaccionara de esa forma, sin restarle importancia pero tampoco dándole el poder de definir a la persona con la que hablaba, era señal de que seguro tenía su propio camino duro recorrido, y lo entendía.

—Podría ser un café —propuso Dan a continuación, alzando el vaso que tenía en su mano—.  Mejor que éste, claro.

Ella lo miró de nuevo, y una vez más en esos labios rosados se dibujó esa llamativa y tentadora sonrisa.

—Eso suena bien…

Entre charla y charla, cuando menos lo pensaron ya estaban de regreso a la misma sala de espera de antes. Sin embargo, cuando Dan puso su atención justo en el asiento en el que minutos antes había dejado a su sobrina, se sorprendió al verlo vacío. Miró a su alrededor un tanto consternado esperando verla en algún punto del pasillo, pero no fue así.

—¿A dónde fue? —preguntó despacio, ligeramente irritado.

—Quizás fue ella misma por su café —comentó Charlie, encogiéndose de hombros.

—Le dije que no se moviera de aquí —señaló firmemente, y casi de inmediato una muy incómoda sensación le recorrió todo el cuerpo—. Algo no está bien…

Sin dar más explicación, comenzó a andar en dirección al área de cuidados intensivos, incluso tirando el café que tenía en su mano en el primer bote que encontró en el camino para así moverse con mayor rapidez. Charlie lo siguió, preocupada por su reacción, tirando su vaso ya vacío en el mismo bote y andando con rapidez detrás de él.

«Era enserio lo del tío sobreprotector», pensó la mujer rubia. Pero no tendría porque necesariamente estar pasando algo malo, ¿no?

Daniel y Charlie llegaron apresuradamente a la camilla de la Sra. Wheeler. Tal y como Dan temía, no había nadie, a excepción de Abra y Terry. Ésta última tomaba la mano de su madre, pero en esos momentos tenía los ojos muy abiertos y su boca abierta intentando tomar un poco de aire, sin ningún resultado. Marcas rojas comenzaban a formarse en su cuello y muñecas, como si algo estuviera apretando fuertemente su piel. Abra estaba detrás de ella, tomándola del hombro. Se veía bien, pero largas lágrimas le recorrían ambas mejillas.

—¡Terry! —Reaccionó Charlie, y rápidamente intentó acercarse para apartarla.

—¡Espera!, ¡no la toques! —Le advirtió Daniel, tomándola de los brazos para detenerla. Tendrían que hablar seriamente sobe esa tendencia que tenía de tomarla de esa forma tan ruda sin su consentimiento, pero aquel no era el momento—. Están dentro de la mente de la Sra. Wheeler —Explicó Dan justo después de detenerla—. Si la tocas, podría jalarte dentro con ellas y entonces el problema empeoraría. Abra, por Dios… ¿qué hiciste?

—Tenemos que hacer algo, ¡se está muriendo! —Señaló Charlie totalmente llena de miedo al ver como el rostro de Terry comenzaba a ponerse rojo.

Dan tenía que pensar rápido. Respiró profundamente, despejó su mente lo mejor posible,  y entonces alzó una mano hacia el frente.

—Quédate cerca, por favor —le pidió a Charlie abruptamente, y antes de que pudiera dar más explicaciones extendió su mano, colocándola sobre la cabeza de Abra. Y justo lo que había advertido sucedió, pero él iba preparado.

— — — —

Para Abra fue como si todo se hubiera congelado de un parpadeo de otro. Todo se volvió silencioso y muy quieto, sólo acompañado de un extraño zumbido en sus oídos. Se sintió asustada, pero sólo al inicio pues había una sensación conocida en ello que la hizo sentirse un poco más cómoda. Se sintió de pronto libre, como si todas las manos que la aprisionaban se hubieran retirado. Se levantó poco a poco apoyada en sus manos y rodillas hasta pararse por completo y estirar un poco su cuerpo.

En efecto todo se había congelado. Damien seguía detrás del sillón, sujetando el rostro de Terry, que seguía presa de las manos que la sofocaban. Pero ambos estaban quietos, como si fuera una fotografía enmarcada en la pared. Miró entonces hacia abajo, y notó que en el suelo había una versión bastante exacta de sí misma tirada en el tapete y aprisionada también por todas esas manos que la sujetaban. Al parecer, ella misma también era parte de esa fotografía.

—Abra —escuchó pronunciar detrás de ella, aunque sonó casi como un eco diluyéndose en la lejanía. La joven se viró lentamente, y no pareció sorprenderse al reconocer a su tío Dan, de pie justo delante de la puerta cerrada por la que había huido la joven Eleven y el monstruo que la perseguía. Parecía más un manchón borroso que pudiera desaparecer con tan sólo tallarse un poco los ojos. Aun así, la miraba con dureza y desaprobación.

—Tío Dan, viniste —susurró Abra con algo de debilidad—. Lo siento, lo arruine de nuevo…

—No es momento para eso —declaró el recién llegado, avanzando con cuidado hacia ella, y mirando atentamente al chico más adelante—. Damien Thorn, supongo.

—Me encontró. Sabía que lo haría, y aun así lo hice. Soy tan estúpida, y ahora Terry…

—Dije que no es momento para eso —señaló Dan tajantemente—. El tiempo se nos acaba. Tenemos que repelerlo antes de que sea tarde.

—No… es muy fuerte… no puedo hacerlo…

—No sola, pero juntos podemos. —Extendió en ese momento su mano hacia ella, mostrándole su palma—. Como lo hicimos con Rose y con el Cuervo.

—No sé si sea suficiente —negó Abra con su cabeza, notándosele insegura.

—Por favor, Abra… Ahora más que nunca necesitamos de tu fuerza.

La joven respiró lentamente por su nariz mientras se abrazaba a sí misma. Miró de reojo el rostro lleno de sufrimiento de Terry, y se dijo a sí misma que no podía simplemente dejarse derrotar. Esa chica sólo quería salvar a su madre, y sin quererlo había sido arrastrada a ese horrible desastre. Abra no le debía nada, pero… si había alguien a quién podía ayudar de verdad…

Se paró más firme y se viró por completo hacia su tío. Alzó su mano, acercándole a su palma, y presionando la suya propia contra ésta. Aquello no era un contacto físico, sino algo mucho más profundo que eso. Las mentes de ambos ya habían interactuado tanto la una con la otra que se conocían muy bien. Reconocían sus fortalezas y debilidades, y como completarse entre ellas. Quizás la unión de ambas no sería suficiente para patearle el trasero definitivamente a Damien Thorn… pero definitivamente harían que le doliera enserio.

Cuando todo se reactivó, como una película que se reproduce de nuevo tras una pausa, tanto Dan como Abra pudieron ver todo a través de los ojos de ésta última. Era su imagen la que estaba ahí tirada en el suelo, pero ahora no era ella la única ahí. Podían sentir como la fuerza del otro los alimentaba de una forma casi embriagadora.

—¡Basta! —Exclamó Abra con fuerza, resonando como la voz de ambos. Alzó sus puños, dejándolos caer con fuerza contra el suelo.

El impacto de éste golpe provocó una fuerte ráfaga en todas direcciones que agitó todo aquel cuarto, empujando los muebles contra las paredes. Los brazos que la sujetaban y también los que aprisionaban a Terry, se esfumaron como copos de nieve en el aire. El sillón también fue empujado hacia atrás con todo y Terry, empujando también a Damien y aplastándolo contra el muro.

Una vez que estuvo libre, Abra se puso de pie rápidamente y corrió hacia Terry. La joven castaña tosía y respiraba pesadamente intentando jalar de nuevo aire a su cuerpo. Antes de que ella pudiera pararse por su cuenta, o al menos entender lo que había ocurrido, Abra la tomó fuertemente de su muñeca.

—¡Sal de aquí! —Le indicó casi como una orden mientras la veía a los ojos. Terry notó en ese instante que aquellos no parecían ser sus mismos ojos de antes, pero no tuvo tiempo de contemplar aquello. Como si su cuerpo no pesara nada en lo absoluto, Abra la jaló y literalmente la arrojó con fuerza contra la puerta cerrada. El cuerpo de Terry voló por el aire como si estuviera a bordo de un juego mecánico que la agitaba a gran velocidad. Atravesó la puerta como si fuera mero humo, pasó disparada por el largo pasillo blanco hasta chocar con otra puerta al fondo de ésta. Luego todo se volvió blanco…

— — — —

Terry gritó con fuerza, entre asombrada y asustada, y rápidamente se apartó de la camilla de su madre, cayendo de sentón al suelo y alejándose un poco más por el piso, como si siguiera con el impulso de aquella arrojada.

—Terry, ¿te encuentras bien? —Murmuró Charlie, algo desconcertada al verla reaccionar tan abruptamente de esa forma. Se agachó a su lado ayudándola a pararse, pero la atención de Terry estaba fija en algo más. Abra seguía de pie, con su mano alzada al frente como si aún sujetara su hombro. Dan igualmente estaba a su lado, sujetándose de su cabeza.

—Abra… ella sigue adentro… —señaló con un hilo de voz. Intentó pararse, pero sus piernas le fallaron y casi estuvo a punto de caer de nuevo sino fuera porque Charlie la sujetó.

—Tranquila, siéntate —la guio hacia la silla a un lado de la camilla e hizo que se sentara en ella—. ¿Qué fue lo que pasó?

Terry la volteó a ver, pero no fue capaz de decir nada. Su mente estaba demasiado concentrada en el terror que acababa de sufrir, y en el que Abra aún se encontraba.

— — — —

Damien empujó con fuerza el sillón reclinable lejos de él para así liberarse de su prisión temporal. Caminó al frente con calma, acomodándose su traje lo mejor posible, como si sólo le hubiera caído un poco de polvo.

—Veo que tenemos nueva compañía —señaló con elocuencia, mirando de nuevo a la chica delante de él—. Debe ser el famoso tío Dan. Qué honor…

—Quédate en donde estás, te lo advierto —masculló Abra, con su voz resonando con la de los dos, y señalándolo con su dedo.

—¿Tú me lo adviertes? Qué presuntuosos son todos ustedes…

Dio dos pasos hacia ella, pero fue todo lo que pudo dar. Abra alzó en ese momento su dos manos al frente, y el cuerpo del chico fue lanzado por el aire, hasta chocar su espalda contra el muro, quedándose ahí suspendido como si estuviera colgado similar a la cabeza de venado. Abra y Dan presionaron más y más, ejerciendo más fuerza, empujando más a aquel intruso para mantenerlo en su lugar. Damien sentía como si una enorme aplanadora le presionara el cuerpo entero, y sus interiores fueran a salírsele por la nuca.

La cabaña entera comenzó a temblar, y las paredes, el suelo y el techo se desquebrajaron como si una enorme mano la estuviera presionando con sus enormes dedos desde afuera. Manteniendo una mano extendida hacia Damien, Abra alzó la otra hacia la puerta del cuarto y ésta salió volando hacia el interior del aquel pasillo blanco, dejando el camino libre.

—Nos vamos —pronunciaron Abra y Dan al mismo tiempo. Jalaron su brazo con el que apuntaban a Damien hacia un lado y el muchacho cruzó toda la sala, hasta estrellarse contra la puerta principal, prácticamente rebotando en ésta y cayendo de bruces al piso de madera.

Abra y Dan no esperaron más y comenzaron a correr hacia la puerta abierta, hacia donde habían lanzado a Terry. Estaban a punto de cruzarla, sólo les faltaban unos cuantos centímetros, cuando de nuevo volvieron esos horribles brazos. Se extendieron del piso y de la pared alrededor de la puerta. Abra dio un salto hacia atrás intentando esquivar las de la pared, pero las del piso la tomaron de los tobillos, y luego fueron escalando por sus piernas como arañas, empezando a cubrirla por completo. Se concentraron, dejando escapar más de la misma energía que habían usado la primera vez para deshacerlas, y lo lograban, pero unas nuevas tomaban su lugar casi de inmediato.

—Tomaste tu decisión, Abra —escucharon a un furioso Damien Thorn pronunciar a sus espaldas. Ambos se voltearon y vieron cómo se ponía de pie, tallándose la boca en donde se había golpeado, pero sin ningún rastro de herida o sangre en ella—. Te dije que te aplastaría a ti y a toda tu familia, así que empezaré con tu tío y tú; dos por el precio uno…

Las manos jalaron el cuerpo de Abra hasta el suelo, hasta forzarla a recostarse de espaldas en éste. Damien se colocó rápidamente sobre ella, con sus ojos casi enrojecidos por la rabia que lo consumía en ese momento. Mientras las otras manos la sujetaban firmemente, él mismo la tomó del cuello con las suyas, comenzando a apretárselo fuertemente con la clara intención de asfixiarla. Y ciertamente en el mundo real posiblemente tanto Abra como Dan habrían de estar con la misma apariencia de Terry de hace unos momentos, comenzando a perder poco a poco el aire de sus cuerpos.

—¡Vete de aquí, Abra! —Exclamó como pudo la voz de Dan, resonando por encima de todo lo demás.

—¿Qué?, pero… —sonó considerablemente más débil la voz de Abra.

—¡¡Ahora!! —Gritó Dan con fuerza, y extendiendo su mano hacia la puerta, y tras un enorme esfuerzo que le costaría casi la mitad de sus fuerzas, hizo que sus mentes se separaran de golpe, como una fuerte explosión.

Ahora fue Abra la que sintió como su cuerpo era lanzado por los aires como un balón, atravesando la puerta tan rápido que las manos que ahí la esperaban no pudieron agarrarla.

—¡¡Tío Dan!!, ¡¡NO!! —Gritó la voz de Abra mientras se alejaba por el pasillo, hasta desaparecer. La puerta se levantó por sí sola en ese momento, uniéndose de nuevo al marco.

Todo aquello confundió un tanto a Damien, desconcertándolo. En un momento miró hacia la salida, logrando ver apenas por un segundo el cuerpo de Abra alejándose, para luego ser cubierta por la puerta. Cuando bajó de nuevo su mirada para ver a quien aprisionaba del cuello entre sus manos, ya no vio a Abra, sino a un hombre adulto, de cabello rubio oscuro, barba a medio crecer, pero los mismos ojos azules que lo miraban hace unos instantes. Esos pequeños momentos de titubeo de su parte en los que su defensa se bajaron, fueron suficientes para que Daniel pudiera zafar al menos su mano derecha, y pegarla fuertemente contra la cabeza del muchacho.

—¿Te interesa conocer el Resplandor, hijo? —Murmuró Daniel con dureza—. ¡Pues siéntelo todo!

Hace demasiados años atrás, la primera vez que un joven Danny Torrance conoció a Dick Hallorann en el Overlook, ambos estaban sentados en el interior de su auto y el cocinero le pidió que le mandara un pensamiento, lo que fuera pero con fuerza. Su intención era de alguna forma medir que tanto Danny resplandecía en realidad en aquel entonces. Y aunque Danny se había acobardado un poco casi al final y no lo había mandado con todas sus fuerzas, sí habían sido lo suficiente para que Dick se estremeciera y por un momento casi perdiera la consciencia.

“Dios mío, muchacho, eres una pistola,” le había dicho su buen amigo Dick en aquel momento, aún conmocionado por el golpe. No había entendido con claridad a qué se refería con eso, hasta mucho después Abra hiciera algo parecido con él. Así pues, si sus pensamientos podían ser como un fuerte disparo en la cabeza de alguien, se encargaría de convertirlos en un condenado misil que le penetrara la cabeza a ese hijo de puta que tenía delante de él.

Concentró todo de él para golpearlo con todo el poder de su mente, elevando las revoluciones por minuto de su maquinaria interna al máximo. Usaría cada pulgada de lo que le quedaba de capacidad, aunque tuviera que sacrificar toda su cordura en el proceso. Si cuando lo hizo con Dick en aquel momento lo visualizó todo como lanzarle una pelota de béisbol, en ese momento era más como estarle disparando una AK-47 directo en la cara a ese mocoso, y él de seguro lo sentía así también.

Damien gimió con dolor, al inicio apenas audible, pero luego convirtiéndose poco a poco en un tremendo grito que retumbó aquel sitio. El muchacho se paró rápidamente, quitándose la mano de Daniel de encima y alejándose de él mientras se sujetaba su cabeza, pero no sirvió de nada. Los golpes seguían uno tras otro sin darle ni un instante de descanso. Daniel siguió en el suelo, enfocando cada gramo de su consciencia en ello, sin siquiera permitirse penar en la idea de pararse y huir; o incluso respirar. Notó como el cuerpo de aquel muchacho, o más bien esa proyección que había hecho de sí mismo en ese espacio, comenzaba a desgarrarse como una tela mientras seguía gritando de dolor.

Era fuerte, Daniel lo sintió casi desde el inicio. Sabía bien que si hubiera hecho esto mismo con Dick en aquel entonces, posiblemente hubiera provocado que le explotara cabeza. Pero este muchacho seguía ahí, aferrándose, rehusándose a dejarse repeler hasta el último momento. Entendió porque Abra le temía y porque, por más que él lo intentara, no lograría acabarlo, sino quizás todo lo contrario…

Mientras seguía desamorándose en pedazos, el chico alzó su cara colérica una última vez hacia él. Sus ojos estaban enrojecidos, y brotaba sangre de ellos, al igual que de su nariz y oídos como si le hubieran aplastado la cabeza y el relleno se le saliera por cada agujero. Y aún entre toda esa horripilante imagen, logró ver cómo le sonría con una muy extraña satisfacción.

—Dígale a Abra que nos volveremos a ver… muy pronto…

A aquellas palabras le siguió una estruendosa carcajada, y justo después, al menos desde la perspectiva de Daniel, fue como si su cuerpo entero estallara en un resplandor rojizo y blanco que lo envolvió todo. Aquella grotesca imagen fue lo último Daniel pudo ver, antes de que todo eso se desmoronara.

— — — —

Cuando Abra volvió abruptamente a la realidad, intentó sujetarse de la camilla para no caerse, pero de todas formas terminó desplomándose al piso, golpeándose su cadera. Se quedó ahí sentada, mirando perdidamente al piso sin lograr comprender del todo qué miraba en realidad. Sus manos estaban apoyadas contra la superficie lisa, brillante y fría, y aun así no le parecía que aquello fuera real.

—Abra, ¿estás bien? —Escuchó que la voz de Terry le preguntaba, pero ella no le entendió. Su mente divagaba, y no creía que aquella voz lejana le estuviera realmente hablando a ella—. Abra, ¿me escuchas? ¡Abra!

La joven Wheeler la tomó de los hombros y comenzó a agitarla con un poco de fuerza, haciendo que su cabeza se sacudiera hacia atrás y hacia adelante. Abra reaccionó al fin en ese momento, pero dicha reacción fue prácticamente empujar con fuerza a Terry lejos de ella con actitud agresiva, como si la sintiera una amenaza. El cuerpo de la castaña fue empujado para atrás, cayendo de sentón al piso. Abra la miró, y poco a poco la fue reconociendo, saliendo a su vez de la bruma que la rodeaba.

—Terry… lo siento —se disculpó despacio, pero de inmediato se tuvo que olvidar de ella. Alzó su mirada, notando a su lado a su tío Dan, de pie justo a un lado de donde ella lo estaba hacia un momento.

Lo siguió viendo, preocupada y asustada, esperando ver algún tipo de reacción en él. Y cuando parecía que en efecto no la habría, notó como daba una fuerte inhalación de aire y sus ojos se abrían de nuevo. Se quedó quieto, mirando fijamente al muro sin moverse ni parpadear, hasta que poco a poco agachó la mirada y vio a su sobrina a sus pies con rostro pálido.

—Tío Dan —respiró Abra con alivio, parándose rápidamente con la ayuda de Terry—. Lo logramos, tío Dan. Lo hicimos… —Daniel no pareció compartir su efusividad. Sólo se quedó ahí de pie, aun mirándola con la misma cara inexpresiva—. ¿Tío Dan?

—¿Daniel? —Masculló Charlie, aproximándosele cuidadosamente—. Daniel, ¿estás aquí?

Charlie lo tomó en ese momento del brazo y lo sacudió un poco. Y justo cuando hizo eso, los ojos de Dan se pusieron en blanco, y todo su cuerpo se desplomó hacia un lado, cayendo sobre la camilla, e incluso presionando su cara contra el cuerpo de la inconsciente Sra. Wheeler.

La respiración de todas las presentes se cortó abruptamente, e incluso Terry soltó un pequeño quejido de horror. De la nariz de Daniel comenzó a surgir una abundante hemorragia que comenzó a manchar las sábanas blancas de la camilla.

El mundo de Abra sencillamente se hizo pedazos en ese instante.

—¡No!, ¡no!, ¡Tío Dan! Tú no, ¡por favor tú no…! —Exclamó horrorizada y a punto del llanto la joven Stone, aproximándose hacia él para sacudirlo e intentar hacer que despertara—. ¡No!, ¡por favor no! ¡Esto fue mi culpa!, ¡por favor! —Siguió gritando desesperada, aun sabiendo que sería inútil.

Charlie rápidamente se obligó a reaccionar, abriendo las cortinas que las ocultaban.

—¡Ayuda!, ¡por favor! —Gritó con fuerza—. ¡Rápido!, ¡es una emergencia!

Tardaron unos segundos, en los cuáles, entre sollozos, Abra siguió agitando el cuerpo de su tío, e incluso intentando voltearlo sin éxito. Un grupo de enfermeras y un doctor entraron luego de un rato, cada uno tomando con diferentes grados de confusión la escena ante ellos, pero teniendo que recuperarse de inmediato para poder reaccionar. Mientras el doctor y una enfermera comenzaban a revisar a la Sra. Wheeler y sus signos para ver que todo estuviera bien, otras dos enfermeras fueron de inmediato por una camilla y por dos enfermeros más que les ayudaran. Cuando volvieron, una de las enfermeras intentó retirar tranquilamente a Abra de Dan, pero ésta forcejó y gritó presa del llanto y la desesperación. Tuvieron que hacerlo las dos mujeres juntas para arrastrarla fuera del sitio, aun pataleando. Algunos sintieron en ese momento como las luces parpadeaban y algunos de los instrumentos se agitaban como si hubiera ocurrido un pequeño temblor, sin darle mucha importancia.

Los dos enfermeros hombres se las arreglaron para quitar el cuerpo de Daniel de encima de Jane y colocarlo en su respectiva camilla. El doctor luego pasó a revisarle sus ojos y sus signos vitales, y fue lo último que Abra logró ver antes de que la alejaran lo suficiente.

—Salgan de aquí, por favor —les indicó una de las enfermeras a las tres, y rápidamente se incorporaron de nuevo para ayudar a sus compañeros.

Terry abrazó con fuerza a Abra, que rápidamente aceptó su abrazo y comenzó a sollozar en su hombro. Charlie tomó a ambas de los hombros y comenzó a guiarlas hacia la salida de aquella área. En el camino se cruzaron con Max que iba entrando apurada.

—¡¿Qué pasó?! —Les gritó casi molesta, mirando especialmente a Charlie.

—¡Doctora! —Le gritó una de las enfermeras desde la camilla de Eleven antes de que alguien le respondiera—. La necesitamos, venga rápido.

Max miró una vez más a las tres de forma rápida, y luego se aproximó de inmediato a dónde la llamaban. Charlie siguió andando hacia la salida con ambas chicas para aguardar en alguna sala de espera de afuera. Abra no se logró calmar ni un poco, hasta varios minutos después

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Mike estuvo más que furioso cuando se enteró de lo ocurrido, tanto lo que los doctores y enfermeros sabían, como lo que desconocían. Sin importarle que estuvieran en un hospital, le gritó a Terry totalmente exaltado, e incluso dijo algunas cosas de las que posiblemente se arrepentiría una vez que su cabeza se enfriara. Sólo la intervención de Will y sus otros dos hijos pudieron calmar un poco los ánimos antes de que aquello explotara por completo. En otras circunstancias, Terry habría intentado defenderse de alguna forma, o al menos explicado sus intenciones. Sin embargo, en ese momento se sentía tan derrotada que sólo agachó su cabeza y recibió el regaño de su padre en silencio.

Al revisar a Eleven, los doctores no detectaron ningún cambio en su condición, ni para bien ni para mal. Pero Terry no creía que aquello fuera del todo cierto. Tenía el presentimiento de que sus dos incursiones en el interior de la dañada mente de su madre, podrían incluso haber empeorado las cosas.

Sarah y Jim decidieron llevarse a su hermana menor de ahí, y ya en la casa cuando estuviera más calmada poder hablar mejor. Antes de irse, miró a Abra, que estaba sentada a lado de Charlie con su cabeza apoyada en su hombro y le susurró despacio:

—Lo siento…

Pero Abra ni siquiera la miró, o dio indicio alguno de que haberla oído. Los tres hijos de los Wheeler se retiraron en silencio.

Pasó una hora, o quizás un poco más sin ninguna noticia. Charlie se quedó ahí con Abra todo el tiempo, dejándola apoyarse en ella, e incluso abrazándola. La muchacha no dijo prácticamente nada en todo ese tiempo, pero Charlie comprendió como se sentía. Debía esperar sentir algún tipo de alivio y seguridad en su contacto. Charlie no sabía si acaso lograba obtenerlo, pero esperaba que así fuera.

A pesar de apenas haber conocido a ambos, Charlie sentía también una gran preocupación por lo sucedido. La imagen de Dan desmoronándose de esa forma, y de la sangre brotando de su nariz, trajo a su memoria horribles recuerdos de su padre, que casi provocaron que ella misma se soltara llorando. Pero quizás por su propio orgullo, o quizás porque quería parecer fuerte ante la joven que estaba reconfortando, uso toda su fuerza de voluntad para no hacerlo.

Max apareció al fin, y sólo eso hizo que Abra al fin saliera de su letargo, se secara las lágrimas y se pusiera de pie.

—¿Eres familiar del hombre que estaba con Jane? —Le cuestionó Max con cierta reserva.

—Es su sobrina —se adelantó Charlie a responder, parándose a lado de la joven—. ¿Cómo está?

Max miró a ambas de forma reflexiva. Suspiró pesadamente y se paró derecha, con la disciplina propia de una doctora de su experiencia.

—Tuvo un derrame —explicó Max con cautela, pero aun así Abra pareció realmente impresionada por lo que rápidamente prosiguió—. Pero lo atendimos a tiempo, y ya está estable y fuera de peligro. En estos momentos está en observación.

—Pero, ¿estará bien?, ¿va a despertar pronto? ¿Qué le pasará? —Cuestionó Abra con apuro, notándosele bastante nerviosa.

—Es difícil determinar en estos momentos las posibles secuelas. De momento está inconsciente, pero podría despertar en cuestión de horas, o quizás en un par de días.

—¿Puedo verlo?

—No aún. Seguirá en observación al menos hasta mañana. —Se acercó entonces un poco más a Abra, mirándola atentamente—. ¿Eres mayor de edad? —La joven negó lentamente—. Necesitamos que alguien firme por él para poder internarlo. Encontramos la tarjeta de su seguro médico en su billetera, pero si hay algo adicional que se ocupe necesitamos también a alguien que corra con los gastos. ¿Hay algún otro familiar al que le puedas hablar? ¿Esposa, hijos, padres…?

—Su único familiar es mi madre, su media hermana. Pero ella está en New Hampshire ahora…

«Además, si se entera de lo ocurrido me hará subir al primer avión a Boston, aunque tenga que hacer que la policía local me escolte a la fuerza hasta mi asiento», pensó para sí misma, prefiriendo no tener que revelar ese dato.

Max aguardó en silencio, intentando decidir qué hacer a continuación, cuando Charlie se decidió a intervenir.

—Yo firmó por él —señaló con firmeza, tomando un poco por sorpresa a la doctora.

—¿Y tú qué eres de él?

—Es… mi amigo —declaró no sonando del todo convencida—. Sólo necesitas a alguien dispuesto a firmar y pagar, así que no cuestiones, Maxie. Sólo… has que se mejore, ¿de acuerdo?

Max pareció dudar, pero al final decidió no meterse de más en ello. Aún a sabiendas de que esa podría ser la última vez que vería a Roberta Manders, o como sea que se llamara ahora, por esos lares. Pero decidió tomar el riesgo por esa jovencita que parecía tan preocupada.

—Haré el papeleo. De todas formas sería bueno que contactes a tu madre y le informes de lo ocurrido.

Abra asintió, aunque en realidad no estaba en sus planes cumplir esa encomienda; no todavía, al menos. Una vez que Max se retiró, Abra se sentó de nuevo en su silla, mirando de forma ausente al suelo. Se veía tan agotada, como si no hubiera dormido en un par de días. Charlie volvió a tomar asiento a su lado.

—Tranquila, ya oíste a Max —comentó la mujer rubia, intentando sonar optimista—. Él estará bien, no es como lo que le pasó a Jane. Tu tío es un hombre fuerte. Despertará en cualquier momento, ya lo verás.

—Espero que no sea demasiado pronto —susurró la joven, tomando un poco por sorpresa a Charlie—. Por qué de seguro él me convencería de no hacerlo.

—¿No hacer qué?

Abra no respondió inmediatamente. Siguió mirando al piso en silencio un rato más, y luego aspiró hondo por su nariz, y cerró sus ojos unos momentos, permitiéndose soltar sólo una lágrima más. Entonces habló de nuevo, con voz más clara que antes.

—Hace unos años, fui perseguida por cierta persona… si es que acaso podía llamarla así, pues en realidad era un maldito demonio.

Charlie la contempló en silencio, y sólo unos segundos después de que ella dijera aquello, de los labios de la reportera surgió abruptamente un nombre:

—Rose la Chistera.

Abra la volteó a ver, estupefacta.

—¿Cómo sabes de ella?

—No lo sé… Yo… —Charlie se frotó nerviosamente su cuello, intentando darle algún orden a sus ideas. Era una de las cosas que había logrado captar al momento de tomar la mano de Daniel por primera vez, aunque no sabía cómo tal quién o qué era esa persona exactamente. Aun así, al oír esa descripción se le había venido a la mente, como si hubiera sido algo de lo más natural—. Aún no lo entiendo. No me hagas caso, continúa.

Esa explicación, que en realidad no lo era como tal, no convenció en lo absoluto a la joven Stone. Aun así, decidió no darle muchas más vueltas de momento y sólo decir lo que quería.

—Ella quería matarme. O peor, alimentarse de mí indefinidamente. No era alguien con la que podías negociar o hablar. Era un monstruo al que había que eliminar, porque si no lo hacía nunca dejaría de buscarme. Nunca dejaría de lastimarme a mí o a los que quiero. Es por eso que hice… hicimos, lo único que podíamos hacer en aquel entonces: ir directo hacia ella, enfrentarla… y matarla junto con toda su igualmente maldita familia. Sólo así volví a sentirme segura…

La reportera la escuchó atentamente. No necesitaba hacer ninguna pregunta adicional, pues fue como si los pedazos que ya tenía en su cabeza llenaran de alguna forma los huecos, y pudiera hacerse una imagen general de aquello que le relataba. Los cómo, los cuándos y los porqués de aquel suceso no eran lo que le preocupaban, sino esa última parte, sobre cómo fue que se deshicieron de aquella amenaza, y cómo ello se relacionaba con lo que estaban viviendo en esos momentos. Y, como si le hubiera leído la mente (que bien pudo haber sido así), Abra se encargó en ese momento de confirmarle cuál era esa relación:

—Y es también lo único que puedo hacer por ahora por mi tío Dan, por mis padre, y por mí —señaló firmemente, virándose lentamente hacia Charlie—. Debo eliminar a Damien Thorn.

Charlie suspiró despacio, notándosele también algo de cansancio.

—Hablar sobre matar a alguien es sencillo, pequeña…

—Ya he matado antes —explicó Abra abruptamente—. Y prometí no hacerlo de nuevo. No porque lo considerara horrible, incorrecto o inmoral. Sino porque me daba miedo a mí misma lo mucho que lo disfruté la primera vez. Lo mucho que disfruté dejar salir mi rabia… Pero lo haré. Ese bastardo amenazó a mi familia, y debe pagar…

“Lo mucho que disfruté dejar salir mi rabia”; aquellas palabras llegaron bastante hondo en Charlie, pues era algo que podría comprender a la perfección. Pero además de eso, estaba esa mirada que tenía mientras hablaba de cómo ese sujeto debía pagar por lo que hizo. Esos ojos tan fieros, casi en llamas. Ella también los conocía muy bien: se parecían demasiado a los suyos…

—Bobbi, ¿me oyes? —Oyó abruptamente a Kali pronunciar en su comunicador, sacudiéndola ligeramente y haciéndola salir de su meditación.

—Un segundo —le indicó a la chica y entonces se paró y se alejó unos pasos para poder hablar con su compañera—. Aquí estoy, ¿qué averiguaste?

—Muchas cosas, pero la principal es la ubicación actual de Damien Thorn. Según sus redes sociales y los movimientos de su tarjeta personal, se encuentra en estos momentos en Los Ángeles. De hecho, participará en un torneo de tenis el día de mañana.

«Los Ángeles», repitió en su mente la rubia, dibujando en su mapa mental dicha ubicación. Increíble que alguien pudiera causar tal daño a tantas personas, estando casi al otro lado del país. Y ni siquiera se preocupaba por esconderse; así se arrogante era el maldito. Pero le quitarían esa arrogancia de alguna u otra forma.

—Entonces hacia allá iremos —le indicó como declaración final a su compañera antes de cortar de nuevo la comunicación.

Se viró de nuevo hacia Abra poco después pero ya no se sentó a su lado, sino que se paró firme delante de ella, con sus dedos pulgares en el interior de los bolsillos de sus jeans.

—Yo conozco un poco lo que es temerle a tus poderes y lo que pueden hacer —le dijo con voz firme, incluso un poco intimidante—. Y sobre todo, temerle al placer de usarlos en contra de aquellos que te hacen daño. Porque con el tiempo, se vuelve bastante sencillo perder el control, y perderse en lo realmente bien que se siente. Yo soy la menos indicada para decirte qué hacer con ello. Pero, si eliges ese camino que estás pensando, será mejor que estés segura de querer recorrerlo hasta el final. La menor vacilación, sería fatal para ti y para los que quieres.

Abra la contempló y escuchó en silencio. Supo de inmediato que sus palabras no eran vacías, y venían acompañada de su buena dosis de experiencia propia. Y en ese momento ella también vio un poco de sí misma en aquella mujer adulta de apariencia tan fuerte y ruda, llegando incluso a sentir algo de admiración por ella aunque en realidad no la conociera aún del todo.

Tras darle unos momentos para asimilar lo anterior, Charlie prosiguió.

—Ya sabemos en dónde se encuentra el chico Thorn. ¿Quieres venir conmigo? —Aquella petición no fue inesperada para Abra; de hecho, la deseaba—. Aunque, ten en cuenta que si tu tío no te encuentra cuando despierte, de seguro se preocupará mucho.

Abra lo sabía, así como sabía que no sólo su tío se molestaría. Si a su madre no le provocaba un ataque al enterarse de eso, entonces era capaz de buscarla debajo de cada piedra de Estados Unidos hasta dar con ella. Lo sabía muy bien, y su parte objetiva y menos iracunda le decía que era una tontería, algo que pensaría y haría una niña pequeña, no una mujer a punto de entrar a la universidad.

Pero había sido testigo ya en dos ocasiones de lo que Damien Thorn era capaz, y sabía que no importaba si se iba a esconder en el rincón más alejado de New Hampshire o de China; igualmente terminaría por encontrarla, y tomarla contra ella y todos a los que quería. Tenía que hacerlo, tenía que ponerle un fin a eso por su cuenta, aunque tuviera que hacerlo en esa ocasión sin Dan.

Miró pensativa hacia el pasillo por el cual pensaba (o sentía) que se encontraba su tío. Pensó profundamente en él, intentando captar sus pensamientos, ubicarlo entre todo ese mar de mentes y así poder transmitirle un último mensaje:

“Te quiero, tío Dan. Y lo siento…”

No supo si en verdad lo habría captado, pero en su interior tuvo el presentimiento de que sí.

Respiró hondo, miró de nuevo a Charlie y asintió.

—Vamos por él…

— — — —

Damien Thorn nunca se había enfermado o lastimado en toda su vida; ni siquiera había tenido que sufrir los estragos físicos de una resaca. Todo ello era derivado de su verdadera naturaleza no humana, o eso era lo que todos en la Hermandad decían: no había nada en ese mundo que pudiera hacerle daño alguno. Sin embargo, si lo que estaba sintiendo en esos momentos no era estar enfermo o tener resaca, definitivamente se le debía acercar bastante.

Cuando se vio forzado a volver a su cuerpo físico de esa forma tan abrupta, cayó de su cama en el Penthouse como si alguien lo hubiera pateado de ésta, y se desplomó de narices a la alfombra. Y ahí se había quedado, incapaz de levantarse por un buen rato, sufriendo de un horrible dolor de cabeza que sencillamente lo tenía paralizado. Incluso sintió por un momento que en efecto sería incapaz de mover su cuerpo otra vez, pero ese miedo fue rápidamente mitigado. Luego de un largo rato, empezó a alzarse con mucho cuidado, y al hacerlo toda la habitación le dio vueltas y cayó sentado en la cama. Sentía que su cabeza le latía con fuerza como si fuera su propio corazón, y el tan sólo pensar en algo le resultaba doloroso.

Intentó pararse una segunda vez tras quizás quince minutos de espera, y tuvo entonces que sobreponerse lo mejor que pudo y correr al baño, pues le dio de golpe una enorme necesidad de vomitar. Se quedó inclinado frente al retrete otros quince minutos, quizás veinte, expulsando todo lo que tenía en el estómago.

Al parecer este Anticristo tenía su lado bastante humano (o de chacal, dependiendo de a quién le preguntaras), y ese pensamiento le provocó bastante gracia, aunque apenas y se permitió reír un poco debido al dolor. Se sentía fatal, y todo por la culpa de aquel sujeto, el tal tío Dan. Le había sacudido sus sesos con fuerza, como no sabía que era posible. Se sentía humillado y lastimado, pero no molesto en lo absoluto. En primera porque sabía que se terminaría reponiendo rápido. ¿Por qué no lo haría?, si nada en ese mundo podía matarlo, y eso era algo que de alguna u otra forma ya había confirmado.

El segundo motivo por el que no estaba molesto, era porque, así como había ocurrido con la Sra. Wheeler, la primera vez sus trucos podían tomarlo por sorpresa y sobrepasarlo. La segunda, si es que la había, no tendrían tanta suerte.

Y el tercer motivo era…

Cuando la necesidad de vomitar se aplacó, se paró de nuevo y volvió hacia la habitación. Su cabeza seguía doliéndole, y no se calmaría hasta varias horas después. Se dejó cae en la cama y recostó su cabeza en la almohada. Era apenas la mitad de la tarde, pero se quedaría encerrado en su cuarto por el resto del día. No podía dejar que ninguno de sus hombres lo viera así, pues armarían un escándalo y se lo notificarían de inmediato a Ann y a todos los que estaban por encima de ella. Esperaba mañana estar mucho mejor; tenía un torneo de tenis, después de todo.

Volteó unos momentos al buró a un lado de su cama, en donde reposaba su tableta electrónica. La tomó y la encendió, accediendo rápidamente a su carpeta en la nube con todas sus fotografías. Accedió a un directorio especial, un poco oculto e incluso protegido con una contraseña. Dicho directorio tenía en su interior sólo una foto, misma que abrió para poder ver en grande en toda la pantalla del dispositivo.

Era una foto que él mismo había tomado, y una de sus favoritas, pese a que era algo simple en comparación con otras. Era sólo la foto de una chica, sentada en una mesa delante del lente. Miraba hacia arriba en un pequeño ángulo ascendente, como si contemplara algo lejano encima de ella, con una expresión soñadora que no tenía nada que envidiarle a ninguna pintura. La composición de luces y sombras en su hermoso rostro y en sus cabellos rubios era perfecta. Podría bien ser servir para algún anuncio publicitario, especialmente por su atractiva modelo.

Y el tercer motivo para no estar molesto, era precisamente que había podido ver a esa misma chica otra vez; su modelo favorita. Estaba agradecido por eso. Sin embargo, sentía una gran decepción al saber que posiblemente la siguiente vez que la viera, tendría que hacer añicos ese bello rostro, y todo lo que estuviera alrededor de él.

—Que pase lo que tenga que pasar —se dijo a sí mismo mientras seguía contemplando la fotografía—. Será la voluntad de Dios… —Comentó con tono irónico, y entonces se soltó riendo con más libertad, aguantándose el tremendo dolor que aquello le ocasionaba.

FIN DEL CAPÍTULO 62

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Resplandor entre Tinieblas La Dra. Matilda Honey ha dedicado toda su vida a ayudar a los niños, especialmente a aquellos con el «Resplandor», niños con habilidades especiales como ella misma lo fue. Desde hace muchos años, ha ayudado activamente en la Fundación Eleven, una organización dedicada a apoyar a este tipo de niños. Siguiendo esta misión, es llamada al Hospital Psiquiátrico de Eola, para entrevistar a una niña de doce años llamada Samara Morgan, quien presenta enormes habilidades psíquicas, que parecen salirse de los patrones normales que hubieran visto antes. Todos los que tienen algún contacto con ella, dicen que hay algo extraño detrás de sus habilidades, algo que sólo pueden describir como «maligno».

Pero Matilda no cree en el mal, y está decida a ayudar a Samara, así como alguien la ayudó a ella en su juventud. Pero se dará cuenta más temprano que tarde que el mal es de hecho bastante real, y que se ha metido en algo que está más allá de lo que puede entender…

+ «Matilda» © Jersey Films, Danny DeVito, Roald Dahl.

+ «The Ring» © DreamWorks Pictures, Gore Verbinski, Koji Suzuki.

+ «The Shining» © Warner Bros., Stanley Kubrick, Stephen King.

+ «Stranger Things» © Netflix, Matt Duffer y Ross Duffer.

+ «Before I Wake» © Intrepid Pictures, Mike Flanagan y Jeff Howard.

+ «Orphan» © Dark Castle Entertainment, Jaume Collet-Serra, David Leslie Johnson.

+ «The Omen» © 20th Century Fox, Richard Donner, David Seltzer.

+ «The Sixth Sense» © Hollywood Pictures, Buena Vista Pictures Distribution, M. Night Shyamalan.

+ «Case 39» © Paramount Vantage, Paramount Pictures, Christian Alvart.

+ «Doctor Sleep» © Stephen King.

+ «Carrie» © Stephen King.

+ «Firestarter» © Stephen King.

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