Fanfic Resplandor entre Tinieblas – Capítulo 60. No enloquezcas

24 de abril del 2020

Resplandor entre Tinieblas - Capítulo 60. No enloquezcas

Resplandor entre Tinieblas

Por
WingzemonX

Capítulo 60.
No enloquezcas

Abra no se dio cuenta de en qué momento se quedó sola en aquel espacio oscuro y vacío. Aquello que le había dado no sabía si lo podía llamar un ataque de pánico, pero suponía que debía acercársele lo suficiente. Cuando logró reaccionar y alzar su mirada de nuevo, la imagen de Daniel se había esfumado por completo. No sentía su presencia ni siquiera cerca de ella, en contraposición al frío que se había vuelto tan intenso que comenzó a lastimarle su piel (aunque no fuera la real) como varios piquetes consecutivos.

—¿Tío Dan…? —Inquirió con debilidad en su voz, mirando temblorosa a su alrededor. Lo único con lo que se encontró fue negrura absoluta en cualquier dirección que miraba—. Maldición… ¿a dónde fuiste? Tío Dan… no me dejes sola…

Sin proponérselo conscientemente, comenzó a recostar su cuerpo lentamente en el suelo, abrazándose y encogiéndose en sí misma como un ovillo, en un intento de mitigar el frío. No le importó si el piso estaba cubierto de agua y sus ropas quedaban empapadas; no eran sus ropas reales, después de todo.

Aquello le produjo una extraña sensación deja vu, como si hubiera vivido algo muy similar a eso no hace mucho. Recordó que cuando su tío Dan la descubrió en aquel coma hace unos días, la había descubierto también en el piso, muy parecido a cómo estaba en esos momentos. ¿Había pasado lo mismo?, ¿también había sucumbido al frío y se había dejado recostar hasta perderse a sí misma? Si ese era el caso, era probable que si se quedaba dormida terminara también en coma como en aquella ocasión. Se decía a sí misma que debía evitarlo, pero conforme cerraba sus ojos, una parte pequeña pero fuerte de su mente le decía: «¿Qué más da? Si Daniel pudo sacarte una vez de ese sueño, lo hará de nuevo, ¿no? Es su responsabilidad como el adulto a cargo. Así que cierra los ojos, sólo unos momentos, y el frío desaparecerá…»

Estuvo muy cerca de dejar que ese pensamiento se materializara por completo y dejarse llevar hacia el reconfortante y cálido sueño.

Pero en ese momento, un instante antes de que sus parpados se cerraran por completo, una fracción de consciencia destelló como las luces altas de un automóvil y la hicieron agitarse violentamente. Aquello era un recuerdo, mucho más claro y conciso que el de los borrosos acontecimientos previos a su último desmayo. Y lo supo, con absoluta claridad: esa no era la primera vez que sentía ese frío, ni tampoco lo fue hace unos días… sino más atrás, meses atrás.

—Oh, no —susurró casi por mero reflejo, sentándose rápidamente mirando a la nada—. No, no… no puede ser…

Su respiración se agitó con violencia, y sintió como pequeñas gotas de sudor comenzaban a recorrerle la frente. Ambas cosas eran sólo su mente jugándole una mala broma, pero se sentían bastante reales. Por eso mismo no quería dejar que esos pensamientos se completaran, no quería que tomaran una forma clara en su cabeza, porque eso también los haría reales. Pero al final no podía escapar de lo que ahora era tan obvio.

“¿Quién eres tú?” escuchó pronunciar justo delante de ella a la voz que ahora sabía que pertenecía a una chica de nombre Terry. Sin embargo, supo que aquello no iba para ella.

—¡No! —Exclamó con fuerza, tapándose su rostro para no ver.

“Terry, ¿a quién le hablas?” añadió justo después quien ahora sabía era el Sr. Wheeler.

Y entonces lo que siguió la dejó totalmente desarmada…

“Ah, ella puede verme. ¿Acaso es como usted?” pronunció una tercera voz… que ahora también sabía exactamente de quién era. Ya no sonaba más distorsionada y distante, sino completamente clara; tal y como ella la recordaba.  “Quizás también deba hacerle una visita después de que acabe con usted, pero esta vez en persona. O aún mejor, tengo un par de amigos a los que les encantaría que se las diera como regalo; le darían un buen uso…”

Abra no quería ver, pero a la vez sí. Sentía repulsión, pero al mismo tiempo una gran curiosidad, quizás incluso semejante al anhelo, por ver si aquello que creía era cierto. Si acaso aquella voz encajaría con el rostro que tenía en su memoria, aquel con el que incluso se negaba a veces a pensar por miedo a invocarlo. Sus manos parecieron ceder ante este último deseo, y bajaron lentamente, exponiéndose a aquel aterrador cuadro delante de ella.

Todo era casi como la vez que lo vio junto con Daniel. La Sra. Wheeler sentada en aquel sillón, Terry delante de ella, y su atacante detrás rodeándole el cuello. Sólo que ahora no era una sombra sin forma ni rostro; ahora lo que veía claramente de pie detrás del sillón y de la Sra. Wheeler. De apariencia refinada, cabello negro lacio y brillante, y ojos profundos azulados que miraban con malicia hacia la imagen de Terry, mientras aprisionaba a su propia madre delante de ella. Y, en efecto, su rostro concordaba con la voz… Era él.

“Ni se te ocurra ponerle un dedo encima, bastardo”, soltó a continuación Eleven con mucho esfuerzo. “Te juro que te voy a…”

—No, por favor no —musitó Abra despacio. Ella sabía qué era lo que seguía.

“¿Qué me va a qué?, ¿eh? Por si no se ha dado cuenta, no está en posición de amenazar a nadie; y nunca más lo estará…”

El chico de pie atrás del sillón comenzó a presionar sus dedos contra la cabeza de la Sra. Wheeler, y como en la visión anterior, aquella aura negra empezó a impregnarle todo su cuerpo como un virus, mientras la mujer gritaba y se retorcía de dolor ante los ojos impotentes de su hija.

—¡No!, ¡detente! —Gritó Abra con fuerza, alzando su mano hacia adelante—. ¡Detente, Damien…!

Y en ese momento, por una fracción de segundo, Abra notó como esos ojos azules se movían y se posicionaban directamente sobre ella. Y aunque aquello se suponía era sólo un recuerdo guardado en su mente o en la de la Sra. Wheeler, a Abra no le cupo duda de que en efecto la estaba mirando…

— — — —

Ya habían pasado unos minutos desde que logró volver al mundo real, pero aún seguía bastante agitada. Apenas y había sido capaz de acomodar sus ideas de la manera más adecuada para poder decirle aquellas palabras a Daniel: “Sé quién atacó a la señora Wheeler. Yo lo conozco. Y si él está involucrado… Esto es mucho más peligroso de lo que tú o mis padres creían… Estamos en un grave problema, tío Dan.” Y era cierto, de las cosas más ciertas que había dicho en su vida. Pero sabía muy bien que eso no sería suficiente para su tío, y querría una explicación mucho más extensa. El problema era que no se sentía por completo capaz de dársela.

—¿Cómo que lo conoces? —Le cuestionó Daniel sentado a su lado con un tono casi de recriminación que a la jovencita no le sorprendió—. Abra, ¿qué me estás ocultando?

—¡Nada! —Espetó abruptamente a la defensiva—. Yo no sabía que aquello podría estar involucrado hasta ahora. De haberlo sabido, nunca hubiera puesto un pie en este sitio… creo.

Fue consciente en ese momento de que estaba haciendo eso de nuevo: tallándose su boca con su mano, como un molesto tic nervioso. Retiró su mano lentamente y la mantuvo lo más posible lejos de su boca. Hacía mucho que no lo hacía, al menos hasta dónde podía recordar. Aquello era una señal bastante clara de lo mucho que le estaba afectando esa situación, como un niño que de repente comienza a chuparse el dedo otra vez en busca de algún tipo de alivio.

—Dime la verdad, por favor —le susurró su tío mucho más calmado, inclinándose un poco hacia ella—. ¿Quién es esta persona de la que hablas? ¿Y a qué te refieres con “aquello”?

Abra desvió su mirada con temor hacia un lado.

—Me avergüenza un poco hablar de eso… —musitó despacio, cruzándose de brazos de forma aprensiva. Vaciló unos momentos, concluyendo al final que quizás sería más fácil hablar al respecto sino debía como tal hablarlo en voz alta.

“Te lo diré, pero por favor no enloquezcas ni le digas nada a mi padres, ¿de acuerdo?” Le transmitió a su tío por su mente, sin mirarlo directamente.

Dan no parecía muy convencido. Aun así, se sentó derecho como si sólo estuviera ahí a su lado aguardando en silencio, y entonces le respondió:

“Te prometo lo primero, pero lo segundo dependerá mucho de qué sea.”

Abra suspiró resignada. Tendría que bastarle.

Mientras tanto, Charlie McGee, aún oculta tras la esquina cercana, notó casi de inmediato que se habían quedado callados, pero presintió rápidamente que de seguro eso no era del todo así. Chisteó con frustración, golpeando un poco la pared con su puño, pero no demasiado fuerte como para hacer ruido.

«Maldita sea, odio a los telépatas», pensó con enojo. Consideró el encararlos y cuestionarlos sobre lo que había alcanzado a escuchar, y que le dijeran si realmente sabían quién era el atacante de Eleven. Sin embargo, al final prefirió aguardar un poco más. Quizás podría llegar a escuchar algo más antes de tener que hacer ese movimiento.

Ignorantes de que alguien intentaba espiaros, Abra y Daniel continuaron con su conversación recién empezada. Le tocaba a la joven dar muchas explicaciones, muchas más de las que quería.

“No sé si lo recuerdes, pero hace unos meses fui a un congreso de economía en Manchester para un deber de la escuela. Fueron muchas empresas, hubo varias conferencias, y teníamos que hacer un reporte y todo eso.”

Se detuvo un momento un suspiró profundamente, y luego se presionó un poco el pecho con una mano, como si le doliera.

“El caso es que ahí conocí… a este chico. Era apuesto, muy apuesto; agradable, inteligente, y evidentemente muy rico; como salido de alguna mala novela para adolescentes. Y también resplandecía, así como yo.” Esto último hizo que un rastro de preocupación se asomará en los ojos de Dan, aunque intentaba actuar como si sólo estuvieran ahí sentados. “Me di cuenta porque lo sentí intentando leer mi mente, y luego sentí como me transmitía él su propio pensamiento. Fue muy extraño. Luego de lo ocurrido con el Nudo Verdadero, normalmente me hubiera alejado de alguien así. Pero, por alguna razón, sentí mucha fascinación e interés por él, así que me acerque sólo a saludarlo. Parecía muy confundido e incluso un poco asustado. Creía que él era el único que podía hacer eso al parecer, y eso se me hizo algo tierno… Nos sentamos a conversar y hablamos un poco sobre el Resplandor, sobre lo que podíamos hacer e hicimos algunas demostraciones. Fue muy agradable, en verdad me sentí muy segura con él…”

Abra alzó un poco su mirada hacia su tío, y se percató de que la miraba con algo de confusión. En un inicio pensó que era derivado directamente de lo que había dicho, pero luego un fugaz pensamiento surgió de la mente de Dan hacia ella, quizás no intencionalmente: “estás sonriendo.”

La joven fue consciente ella misma de ello. Sintió como sus labios se curveaban en esa ligera sonrisa de… ¿de qué?, ¿felicidad? ¿Se sentía feliz al recordar aquello? Fuera lo que fuera, rápidamente hizo desaparecer esa sonrisa y se volvió de nuevo a otro lado, apenada.

“Quizás demasiado.” Prosiguió como si anda hubiera pasado. “No sé qué me pasó, enserio. No sé si acaso él se metió en mi cabeza sin que me diera cuenta, o quizás sólo fueron las estúpidas hormonas. Pero el caso es que le dejé que me convenciera de irme con él de ese sitio y…”

Hubo silencio, por ambas vías de comunicación. Dan sintió que las mente de Abra se había prácticamente blindado y no era capaz de sentir absolutamente nada de ella.

“¿Y…?”, preguntó curioso, pero el silencio continuó y el rostro de su sobrina igual siguió mirando hacia la otra esquina. “¿Qué ocurre?, ¿qué pasó?”

De nuevo otro suspiro, aunque esta vez no tan doloroso como el anterior.

“Bueno…. ¿Se podría decir que quizás… llegué a segunda base con él en su auto?”

El rostro de Daniel se cubrió de colores en un parpadeo.

—¡Abra! —Exclamó con fuerza con su propia voz, casi perdiendo por completo la compostura. Aquello alertó un poco a los otros presentes, incluso a su espía escondida tras la esquina, que paró su oído atento para oír.

—¡Te dije que no enloquecieras! —Le respondió la joven rubia a la defensiva—. Tranquilo, no me acosté con él ni nada parecido, y tampoco tenía pensado hacerlo. Pero era tan… atractivo e interesante que… no sé, sólo me dejé llevar un poco. Tenía confianza de si quería detenerlo en cualquier momento podría hacerlo sin problema.

Charlie no comprendió en lo absoluto el rumbo que había tomado esa conversación. ¿Acostarse con quién? ¿Hablaban del atacante?

Por su parte, Daniel miró a Abra con cierta desconfianza, preguntándose si acaso aquello era realmente todo lo que había ocurrido. Daniel sabía que no le tocaba a él tomar la postura de padre sobreprotector (que para eso ya tenía dos padres que podían hacerlo muy bien). Ella era además bastante mayor como para ser tratada como una niña en ese ámbito; él mismo era incluso un año menor que Abra cuando tuvo su primera vez, e igualmente la chica en cuestión. Como fuera, realmente esperaba que no hubiera pasado nada más de lo que decía, pues tenía el presentimiento de que era en este punto en el que el relato se volvía turbio…

Una vez que los ánimos se calmaron, Abra procedió.

“Pero, cuando estábamos a mitad de… eso… No sé qué pasó.” De nuevo tembló, aunque no sentía frío; no en el cuerpo, al menos. “Durante todo el día, intentar ver más a fondo en su mente había sido como estrellarme con una pared de ladrillos, algo que ni siquiera me pasó con Rose. Pero en ese momento eso cambió. Quizás fue la cercanía, o porqué él bajó sus defensas un poco en ese momento porque estaba muy concentrado en ello; no lo sé. Pero logré ver del otro lado del muro, logré ver lo que me había estado ocultando.”

“¿Y qué viste?”

Abra se esforzó por mirarlo de frente, aunque una combinación de vergüenza y miedo se lo hacía difícil.

“Oscuridad… una densa, fría y horrible oscuridad. Vi decenas de personas muriendo, todas relacionadas con él. Vi fuego, vi ira, vi sangre… Fue aterrador, tío Dan; la cosa más horrible que he visto en toda mi vida, como cuando vi la muerte de Bradley Trevor, pero ahora varias veces seguidas en tan sólo unos segundos. Ese chico… no sé qué era en realidad, pero lo que sentí y vi al entrar a la mente de Rose la Chistera no se le compara en lo más mínimo. Me paralicé del miedo, pero logré reaccionar, alejarlo de mí y huir. Corrí y corrí hasta que ya no pude más y nunca miré atrás. Volví a mi hotel y no salí de ahí hasta que volvimos a casa, e intenté nunca más volver a pensar en eso. Pasé las primeras semanas con miedo, temerosa de que se apareciera en mi puerta o en mi ventana de alguna forma. Pero conforme pasaba el tiempo, lo dejé pasar y lo olvidé… hasta ahora.”

Dan pasó su mano por su rostro, como si quisiera limpiarle algo de sudor, aunque en realidad no había nada de éste. Se tomó unos instantes para digerirlo, y entonces hizo la pregunta esperada, aunque de cierta forma obvia.

“¿Y es ese mismo chico el que atacó la señora Wheeler?”

Abra asintió.

“Cuando te fuiste y estuve sola, me di cuenta de porque todo me parecía tan conocido. Me acerque más a la sombra que la aprisionaba. Y pude ver su rostro, y sentí exactamente la misma sensación oscura y fría de aquella vez. Y creo que él me vio a mí. Creo que sabe que estoy aquí. Fui tan estúpida…”

Volvió a cubrir su rostro con sus manos y se inclinó al frente como si fuera a comenzar a llorar, pero no lo hizo.

Daniel intentó repasar todo rápidamente en su cabeza, pero todo se resumía en que había conocido hace poco a un carismático resplandeciente que parecía el chico perfecto, pero que terminó siendo un monstruo disfrazado de oveja una vez que logró entrar más profundo en su mente. Y ese mismo chico parecía ser quién atacó a esta mujer que ahora estaba en coma.

«Cosa de todos los días», se dijo a sí mismo.

Tanto hablar por ese medio había comenzado a cansarlo un poco y a provocarle algo de dolor de cabeza. Se talló sus ojos con sus dedos y respiró lentamente. Prefirió entonces hablar con normalidad a partir de ese punto, pero con precaución.

—¿Por qué no me contaste nada de esto? —le preguntó de pronto, intentando que no sonora como una recriminación.

—Porque me sentía como una estúpida —le respondió Abra con tono beligerante—. Me comporté como una… puberta  boba. Me confíe y me puse a mí misma en peligro… como siempre, al parecer. Y además tenía miedo. Sí, tuve miedo, y odié sentirlo. Sólo quería olvidarlo…

Se le notó cada vez más afectada y desesperada, como si fuera a salir corriendo de nuevo en cualquier momento.

—Oye, tranquila —musitó despacio, inclinándose hacia ella—. No está mal tener miedo; Lo importante es tener la fuerza para enfrentarlo. Y si alguien la tiene, esa eres tú. Y no creo que esto haya sido una trampa para ti. Hasta hace unos días, tú ni siquiera conocías a esta mujer. No había forma de que él supiera que vendrías aquí si la atacaba.

—¿Entonces sólo es una coincidencia? —Respondió Abra, notablemente escéptica.

—Quizás no. —Dan se encogió de hombro—. Queríamos saber qué tipo de conexión tenías tú con esta mujer, y parece que en efecto sí tenías una: este chico. Ella de seguro te buscaba porque tú lo conocías, y eso llevo a todo esto. El resplandor siempre obra de formas extrañas, uniendo a las personas con un fin. Eso lo aprendí contigo.

Dan le sonrió, pero Abra no regresó la sonrisa. Todo aquello realmente le afectaba de un modo que Dan no había visto desde lo ocurrido con el Nudo Verdadero; eso incluía igualmente el tic de frotarse los labios, algo que indudablemente lo heredó de su abuelo Jack Torrance.

Abra suspiró profundamente e hizo por completo su cabeza hacia atrás, pegándola contra la pared detrás de su silla.

—Sea lo que sea —comenzó a susurrar despacio como un pensamiento al aire—, yo no quiero volver a enfrentar a ese sujeto. No quiero…

—¿Quién es ese sujeto? —Cuestionó abruptamente una voz intrusa que hizo que Abra saltara en su silla.

Charlie McGee ya no tenía tiempo para andarse con sutilezas y adivinanzas. Cuando la paciencia se le acabó, decidió plantarse justo delante de ambos, y no dejar que ninguno se fuera hasta que le respondieran sus preguntas. Las otras dos personas que estaban en la sala se habían ido, así que todo quedó más que perfecto.

—¿Nos estaba espiando acaso? —Soltó Daniel con molestia, parándose rápidamente de su silla.

—Ustedes saben quién le hizo esto a Eleven, ¿cierto? —Dijo Charlie, señalando a ambos con su dedo acusado.

Dan arqueó una ceja, confundido.

—¿Eleven?

—¡A Jane! —Espetó Charlie de malas, pero dejó de inmediato de prestarle atención a Daniel, y mejor se centró en Abra—. ¿Quién es? Si lo conoces, dímelo.

Abra la miró con los ojos muy abiertos, pero no dijo nada.

—Oiga, déjela tranquila —intervino Daniel, colocando medio cuerpo entre ambas—. ¿Y usted quién es?

—¿Usted quién es? —Le regresó Charlie de forma asertiva—. ¿Sabe qué?, no me importa. Pero si están relacionados con el atacante de Jane…

—No lo estamos —se apresuró Abra a responder, parándose también a lado de su tío—. Sólo… lo conocí hace mucho…

—¿Sabes su nombre? —Le cuestionó Charlie rápidamente, tomándola de los hombros y mirándola fijamente de una forma un tanto intimidante—. ¿Sabes dónde está ahora o algo?

—Le dije que la dejara —intervino Dan de nuevo, tomándola de la muñeca para apartarla de su sobrina.

—¡No me toque! —Exclamó Charlie con violencia, soltándose rápidamente de su agarre—. Se lo advierto.

—¿Cuál es su problema? —Añadió Dan de una forma similar al a suya.

—Mi problema es que mi amiga está tirada en una cama de hospital por culpa de este bastardo, y nadie aquí mueve un sólo dedo para hacerlo pagar. Pero yo lo haré. Me encargaré de encontrarlo y hacer que se arrepienta de lo que hizo. Y si alguno de ustedes dos se atreve a oponerse…

—No lo haga —escucharon como Abra pronunciaba rápidamente, y ambos la miraron, notando como su mirada se había tornado temerosa y preocupada—. No lo provoque; no sabe lo peligroso que es.

—Pequeña, él no sabes lo peligrosa que soy yo —le respondió Charlie con orgullo nada disimulado.

—Escuche —susurró Dan, algo más tranquilo—, será mejor que crea en la palabra de mi sobrina. Si ella dice que dejen las cosas así, será mejor que le haga caso…

—Yo no lo dije tal cosa —aclaró Abra de golpe, casi como si la insinuación le ofendiera—. Yo no dije que había que dejar todo así… O no lo sé. Estoy muy confundida.

Se dejó caer de nuevo en su silla como si se sintiera agotada. Dan estaba en realidad preocupado. No estaba acostumbrado en lo absoluto a ver a su joven sobrina así. Lo mejor para ella definitivamente era alejarse de todo ese asunto lo más pronto posible. Pero, ¿sería correcto sólo irse sin más?

Charlie contempló también el estado de ánimo de la muchacha, y de cierta forma eso la motivó a tranquilizarse un poco con su ímpetu. Respiró lentamente por su nariz e intentó aclarar sus ideas. Luego se aproximó hacia Abra, y aunque Dan tuvo el reflejo de detenerla otra vez, la reportera se volteó hacia él alzando una mano en son de paz, y mirándolo fijamente con mucha más calma. Dan no supo si acaso le había leído la mente o sólo fue un presentimiento (que tratándose del Resplandor, no había en realidad mucha diferencia), pero sintió que su mirada y expresión entera intentaban decirle: «Está bien, tranquilo. No le haré nada» Y, pese a que en realidad no la conocía en lo absoluto, decidió creerle y dar un paso hacia atrás. Sin embargo, no le quitó los ojos de encima ni un omento.

La mujer de chaqueta de piel se sentó en la silla a un lado de Abra, inclinando un poco su cuerpo para que sus cabezas quedaran a alturas similares. La joven parecía querer evitar su mirada.

—Escucha, tienes miedo, lo entiendo —comenzó a decirle con un tono mucho más suave, incluso se podría decir maternal—. Lo que tu… ¿tío? —volteó a ver a Dan y éste simple asintió—, dijo hace un momento es cierto: no está mal tener miedo, lo importante es tener la fuerza para enfrentarlo. Y te aseguro que yo tengo mucha fuerza. Si le temes a este individuo, dime su nombre y yo me encargaré de él.

—¿Lo matará? —cuestionó Abra sin rodeos, volteándola a ver un tanto insegura. Charlie le sonrió.

—De eso tú no tienes que preocuparte.

—No sabe en lo que se está metiendo —le advirtió Abra con dureza—. Éste chico, él… no es como nosotros. Es otra cosa…

—Abra —intervino Daniel de pronto llamando su atención, y entonces se sentó en la silla al otro lado de ella. Colocó una mano sobre el hombro de su sobrina, y entonces miró un segundo a Charlie—. ¿Nos da un momento?

Antes de que al mujer le respondiera, se volvió de nuevo a su sobrina, y olvidó por un momento su dolor de cabeza y cansancio para tener un poco de privacidad. Charlie lo notó, y aunque le parecía algo grosero de su parte, lo dejó pasar.

“Quizás debas decírselo.” Señaló Daniel, tomando a Abra un poco por sorpresa.

“¿Estás seguro? No parece muy estable…” Miró disimuladamente de reojo hacia Charlie, pero ésta no lo notó.

“Tal vez para esto tenías que venir. Quizás tenías que compartir la identidad de esta persona, y dejar que ellos se encarguen del resto. Si la Fundación que tienen es real, debe haber muchos otros resplandecientes que pueden encargarse de este asunto. Y nosotros podremos volver en paz a casa.”

“¿Y si sólo hago que lo provoquen y lo atraigo hacia nosotros?”

“Es una posibilidad, en efecto. Por eso lo dejo a tu criterio. Yo sé qué tomarás la decisión correcta.”

“¿Enserio lo crees?” Se notaba duda en sus propios pensamientos, así como en su mirada. “¿Aún después de lo que te conté y de cómo me comporté en aquella ocasión?”

Dan le volvió a sonreír, esta vez con algo de complicidad.

“Estás hablando con el rey de las malas decisiones y de hacer cosas de lo que uno luego se arrepiente. Pero tú eres mucho mejor que yo, Abra. Y sé que un desliz como ese no te hará decaer, sino hacerte más fuerte.”

Y en esa ocasión Abra sí le regresó la sonrisa, radiando mucha más seguridad y luz.

De nuevo suspiró, intentó recobrar fuerzas, y entonces se viró de regreso hacia Charlie.

—¿Ya terminaron? —Musitó la mujer rubia, un tanto molesta al parecer. Abra pasó de largo su comentario y fue directo al grano.

—Sólo lo vi una ocasión hace meses. Su nombre es Damien Thorn.

Charlie se estremeció un poco al escucharla, en especial esas dos palabras que formaban ese nombre. Se volteó por completo hacia ella, mirándola con ferviente interés.

—¿Damien Thorn…? —Repitió en voz baja, comenzando a navegar en su cabeza llena de noticias, artículos y escándalos de prensa, entre los que sabía que se encontraba ese nombre. Thorn fue bastante fácil de identificar; era difícil que cualquier reportero que se respete no reconociera el nombre de una de las empresas más grande e influyentes de los Estados Unidos, y quizás del mundo. Pero Damien Thorn… ella sabía que ese nombre en específico no era al azar. Tardó unos segundos, pero entonces la información básica le vino rápidamente—. ¿El hijo del antiguo embajador en el Reino Unido y heredero de Thorn Industries? ¿Ese Damien Thorn?

Miró de nuevo a Abra notablemente escéptica de que realmente esa información fuera autentica. La muchacha asintió lentamente.

—Sí… o al menos él me dijo que era esa persona. Me dijo que Ann Thorn era su tía; ella iba a dar una conferencia en ese evento en el que estaba, así que eso le daba veracidad a su historia. Y cuando nos encontramos con unos hombres de su seguridad, ellos lo llamaron “joven Thorn”. —Se encogió entonces de hombros un poco—. En verdad no creo que me estuviera mintiendo.

Parecía bastante segura, pero Charlie aún tenía sus dudas. No sentía que esa muchacha le estuviera mintiendo, pero debía estar segura que la persona a la que señalaba era en efecto la correcta. Pero había una forma muy fácil de saberlo en esa ocasión.

Sacó rápidamente su celular y abrió su navegador. Damien Thorn era como una joven celebridad de los eventos sociales de la élite de ese país, además del mundo de los negocios y la política solamente por el increíble peso que su apellido tenía consigo. No sería difícil encontrar una foto de él para que esa jovencita confirmara que en efecto eran la misma persona.

—¿Es él? —le cuestionó con un poco de apuro, extendiéndole el teléfono con una foto abierta.

Abra echó miró sólo unos instantes la pantalla del teléfono, y no ocupó más. En ésta se mostraba una foto en primer plano de ese rostro tan apuesto y de esos ojos azules tan profundos, y ese cabello tan bien peinado que había sentido la urgencia de despeinar con sus dedos aquella vez. Se viró rápidamente hacia otro lado en cuanto lo reconoció, pegándosele más a su tío en un intento de sentir un poco más de seguridad.

—Sí, es él —le respondió a secas sin mirarla.

Más que sus palabras, fue su reacción tan orgánica de verdadera aversión lo que terminó convenciendo a Charlie. Ella misma le echó un vistazo a la foto, y ciertamente no sintió nada en especial a mirarlo en un inicio. Parecía como cualquier chico rico y guapo de los que tanto les gustaba hablar a las revistas de escándalos o moda. No le veía nada fuera de lo común, más allá de su pulcra y elegante apariencia. Sin embargo, mirándolo con más detenimiento, ciertamente esa sonrisa y mirada soberbia no le agradaban en lo más mínimo.

—Gracias —respondió la reportera guardando de nuevo su teléfono y parándose rápidamente—. Déjamelo todo a mí.

Sin más, se alejó caminando con bastante apuro, mientras ambos la miraban desde sus asientos. Sólo unos segundos después de eso, Dan comenzó a pensar que quizás se habían precipitado un poco. En su apuro por sacar de Abra de todo eso lo más pronto posible, había tomado la primera salida que le ofrecían. Pero… ¿había sido buena idea darle toda esa información a una completa extraña?

«Bien, quizás no fue tu mejor momento, Danny» Se dijo a sí mismo, teniendo ganas de golpearse a sí mismo, pero debía mantener la calma por Abra.

Al mirar de nuevo a su sobrina, notó que está tenía la mirada perdida en el suelo debajo de ella, como si hubiera caído en algún transe.

—¿Estás bien? —le peguntó con delicadeza.

—¿Crees que hicimos lo correcto? —Susurró la joven despacio, algo ausente—. Ni siquiera sabemos quién es esa mujer.

Y de nuevo le había leído la mente, aunque presentía que no literalmente. Igual no ayudaría de nada mostrar vacilación, así que en lugar se encogió de hombros como indolencia.

—En realidad no sabemos quién es nadie en este sitio —comentó con un tono irónico, pero Abra no pareció compartir su sentimiento. Siguió mirando al suelo como si estuviera por quedarse dormida en cualquier momento—. Te sigues viendo pálida. Te traeré un café. —Se paró entonces y comenzó a avanzar hacia el pasillo—. Por favor, no te muevas de aquí.

—No creo poder hacerlo —le respondió la joven siendo apenas audible.

Una vez que su tío se fue a buscarle ese café, Abra cerró unos momentos sus ojos y pegó de nuevo su cabeza contra la pared. Tuvo el impulso de recostarse en las sillas, a sabiendas de que era bastante usual que la gente durmiera en las salas de espera de los hospitales, aunque no precisamente a esa hora. Pero eso no fue lo que la detuvo, sino más bien la sensación de que si se permitía dormirse, no podría levantarse en un buen rato. Y ella no quería eso; lo que deseaba era irse de ahí en cuanto fuera posible.

—Ahí estás —oyó justo en ese momento que alguien le hablaba, obligándole de mala gana a abrir sus ojos de nuevo. Quien le importunaba en esa ocasión era la jovencita de cabellos rizados que acababa de conocer hace sólo unos momentos, que se aproximó apresurada hacia ella en cuanto la vio—. ¿Estás bien?

—No del todo —le respondió esbozando una sonrisa agotada—. Ya sé quién atacó a tu madre. Se lo dije a la señora de chaqueta de cuero.

—Parece que es una vieja amiga de mis padres o eso me dijo mi tío Will. Pero eso no importa. —En ese momento se tomó la libertad de sentarse a su lado y pegársele lo suficiente para poder hablar en voz baja—. Tienes que intentar de nuevo despertar a mi mamá. Creo que estabas cerca.

—No, no lo estaba —negó Abra con quizás demasiada franqueza—. Lo siento, pero la verdad es que no logré conectarme lo suficiente. Creo que sólo rasqué la superficie y poco más. No creo poder ayudarla como quería.

Una gran decepción e incredulidad floreció en el rostro de Terry. Su cabeza se movió lentamente hacia los lados en una ferviente negación.

—No es cierto, si alguien puede hacerlo debes ser tú —señaló la menor de los Wheeler con bastante convicción—. ¿Y si yo te ayudo? Soy su hija, quizás yo pueda abrirme paso. Lo intenté la noche en la que la trajeron, pero no sabía bien qué hacer. Quizás si tú me guías ambas podamos hacerlo…

—Escucha —le interrumpió la joven Stone, sentándose más derecha en su silla y volteándola a ver con algo de dureza—. Te llamas Terry, ¿cierto? —Ella asintió. Lo que dijo después prefirió decirlo por otro medio.

“Es muy peligroso. La fuerza que le hizo esto está más allá de tu nivel, quizás incluso más allá del mío. Si nos acercamos demasiado, esa misma fuerza podría hacernos daño a nosotras.”

“Necesito intentarlo.” Añadió Terry de la misma forma. “Necesito a mi mamá conmigo. Ella podría solucionar todo esto, pero sin ella…” Hubo silencio, y entonces antes de que Abra pudiera reaccionar, ella la tomó de su mano y la miró suplicante. “Por favor…”

Y entonces Abra notó esos ojos, los mismos que habían hace poco convencido a su padre de darles una oportunidad con tan sólo usarlos. Eran un arma poderosa, definitivamente. Incluso Abra, que acababa de conocerla hace menos de una hora, se sintió doblegada por ellos. Tuvo en ese momento una remembranza de sí misma, cinco años más joven, pidiéndole ayuda a su tío Dan, cuando todavía no sabía que era su tío de verdad, y quizás mirándolo en algún momento de esa forma sin darse cuenta. La idea le provocó un poco de malestar, tanto por la idea de que ella misma podría haber recurrido a algo así, y por qué en efecto parecía estar teniendo efecto en ella en esa ocasión.

La idea de salir corriendo de aquel lugar lo antes posible se mitigó un poco en ese momento. Su parte consciente sabía que era una locura siquiera pensar en volverlo a intentar, pero… también había otra parte de ella que decía totalmente lo contrario.

Suspiró con resignación, e incluso con un poco de enojo hacia sí misma.

“Está bien… haremos un sólo intento…” Respondió al fin de cuentas, y el rostro de Terry se iluminó de inmediato con emoción.

—¡Gracias!

Abra sólo le sonrió levemente, sabiendo que terminaría arrepintiéndose de esa decisión.

— — — —

Cuando ya estuvo a una distancia suficiente, Charlie comenzó a hablar por su comunicador con una excitación bastante repentina e inusual. No era alegría o algo parecido, sino más bien la emoción del descubrimiento, propio de su lado de reportera, y de la próxima confrontación, más propio de su otro lado.

—Espero que hayas estado prestando atención a todo, Eight.

—Algo así —respondió Kali con reservas—. ¿Con quién estabas hablando exactamente? No tenía imagen tuya o de quién te acompañaba en las cámaras.

—Eran… —Charlie vaciló un poco sobre qué responder, pues en realidad no tenía ninguna respuesta concisa que ofrecer—. Eran… Eso no importa. Lo transcendental es que nuestro objetivo se llama Damien Thorn. Necesito que me averigües todo de su vida pública, y sobre todo de la vida privada. Especialmente quiero saber en dónde está en estos momentos. ¿Bien?

Kali no le respondió nada por un largo rato.

—¿Me escuchaste? —Vociferó Charlie de nuevo, deteniendo su marcha. De nuevo hubo silencio, hasta que escuchó la respiración pesada de su compañera.

—A ver si te entendí bien. ¿Quieres ir tras este chico porque una niña desconocida, de la que no conoces ni su nombre ni qué relación tiene con todo esto, te lo dijo? ¿Y basándote sólo en su palabra? —Calló de nuevo unos segundos para que su oyente digiriera lo que le acababa de decir, y luego añadió un último comentario—: ¿Enserio necesitas que te señale lo impulsivo e ilógico que es eso?

Ahora le tocaba a Charlie ser la que guardara silencio. Caminó un poco hacia un lado y hacia el otro mientras en su cabeza daba vueltas a todo; y realmente a todo, no sólo a lo que su amiga le acababa de decir, sino toda la situación que acababa de ocurrir sólo unos minutos atrás. En efecto, no tenía ni idea de quienes eran esas dos personas, o qué hacían ahí, o qué le estaban haciendo a Eleven hace un rato cuando estaban en su camilla. Debería haber empezado por ahí, o quizás preguntándoles sus nombres. Al parecer sí se había dejado llevar demasiado pronto, principalmente por aquellas palabras: “Sé quién atacó a la señora Wheeler.” Luego de eso, prácticamente no había pensado en nada más.

¿Acaso había metido la pata? ¿Por qué había confiado tan rápido en esos dos y en su palabra? Hace un segundo no tenía ni la menor duda de que era una pista sólida, pero una vez que Kali se la ponía en duda, se dio cuenta de que quizás no lo era tanto. ¿Y si era algo para distraerla? Igual aunque fuera cierto que sabían quién era el atacante de Eleven, desconocía qué estuvieron hablando mientras no usaban sus bocas. Quizás se habían puesto de acuerdo para engañarla.

—Maldita sea —soltó de pronto en voz baja, pero intentó recuperar la compostura rápidamente—. Bien, da igual; es la única pista que tenemos, así que no nos queda de otra. Además, no nos cuesta al menos investigarla un poco, y luego podemos confirmarlo con estos dos… ¿Matilda y Cole se llamaban?, cuando los encontremos en donde quiera que estén. Pero de momento sigamos ese camino.

—Bien, si estás tan convencida —musitó Kali, siendo ella la que en efecto sonaba insegura—. Pero escucha, Bobbi. Supongamos que es quién estamos buscando. Aun quitando del panorama de que podría ser un psíquico, o UP como los llama la Tienda, muy poderoso, estaríamos hablando de un chico de sólo diecisiete año. Además de uno muy rico, con una familia con muchas conexiones, influencias, y quizás su propio ejército privado de guardaespaldas, por decir lo menos. ¿En verdad quieres meterte con alguien así?

—¿Te estás acobardando, Kali? —Espetó Charlie un tanto molesta—. ¿No fuiste tú la que dijo que ésta sería nuestra última misión? ¿Es demasiado difícil?, ¿te gustaría mejor una más fácil?

—Sólo quiero que estés segura de en qué estamos por meternos. Y si realmente quieres hacer esto por Eleven.

Charlie no respondió de inmediato, aunque no precisamente porque dudara de qué responder. La decisión estaba tomada prácticamente desde el momento en que se subieron a la camioneta y manejaron hasta ahí, aunque ella intentara convencerse de lo contrario.

En ese momento percibió por el rabillo del ojo que alguien se aproximaba por el pasillo, y reaccionó por mero reflejo a ver en dicha dirección. Daniel Torrance se detuvo a unos metros de ella, viéndola un poco sorprendido, pero no más de lo que ella estaba. En el rostro de ambos se reflejó que no esperaban volver a verse, al menos no tan pronto luego de aquella despedida, por lo que Charlie supuso que no la había ido a buscar. El hombre sólo asintió un poco, quizás como un vago intento de saludo respetuoso, y entonces siguió de largo pasando a su lado, y dirigiéndose a la máquina de café que se encontraba unos pasos detrás de ella. Charlie, sin darse cuenta, lo siguió de reojo hasta que se puso delante de la máquina y buscó algunas monedas en su bolsillo. Parecía además hacer el intento de no mirarla y quizás no hacer más incómodo el momento… logrando precisamente lo contrario.

—Sí, estoy segura —le respondió abruptamente a Eight, virándose hacia un lado—. ¿Y tú?

—Por supuesto —respondió Kali con neutralidad—. Te tendré toda la información de Damien Thorn en un rato más. La parte pública será fácil; es prácticamente una celebridad de Instagram y de las revistas. Te mantengo informada.

—Gracias.

Y de nuevo ambas cortaron la comunicación.

—¿Hablaba con alguien? —Escuchó como la voz de aquel hombre le cuestionaba, haciendo que lo volteara a ver sobre su hombro de forma un tanto aprehensiva. Él se encontraba viendo el menú táctil en el frente de la máquina, eligiendo su opción de café.

—No es de su incumbencia, ¿o sí? —Le respondió de forma cortante. Debería haberse retirado en ese momento, quizás volver a la camioneta con Kali (aunque aún no hubiera podido hablar con Terry). En su lugar, sin embargo, se aproximó a aquel individuo, parándose a su lado manteniendo una prudente distancia—. ¿Quiénes son ustedes? ¿Son de la Fundación?

Daniel sonrió en sus adentros por esa pregunta; no era la primera persona que le preguntaba eso ese día.

—No —le respondió con normalidad, al tiempo que presionaba la opción de café americano y algún mecanismo interno de la máquina de café comenzaba a zumbar—. ¿Y usted?

—No… ahora no. Sólo soy una amiga que viene a pagar una vieja deuda.

—Eso es algo con lo que me puedo identificar —murmuró Daniel casi sin darse cuenta, mirando atentamente como el vaso de cartón mediano se llenaba poco a poco del líquido caliente.

Ambos se quedaron quietos y en silencio, mirando al mismo punto como si estuvieran en alguna clase de transe. Quizás más bien ninguno sabía qué más decir, o incluso quizás no deseaba decir nada más.

—Sí, bueno… gracias de nuevo… —comentó Charlie rápidamente, alzando una mano a modo de despedida, y caminó veloz detrás de él para dirigirse al elevador.

—Igualmente —le respondió Daniel bastante tranquilo sin mirarla, y se permitió tomar el vaso de la máquina. Le sopló un par de veces, casi por mero reflejo pues no lo iba a tomar él en realidad, y entonces giró sobre sus pies hacia la dirección de la que había venido, siendo la contraria a la que Charlie se había dirigido.

Ambos ya habían recorrido cierta distancia, casi siendo separados por un cuarto de aquel pasillo, cuando la mujer rubia se detuvo abruptamente en su sitio, miró al techo con cierta molestia, y luego resopló un poco. Giró sus pies enfundados en sus botas ciento ochenta grados, y caminó apresurada para alcanzar al misterioso hombre y a su vaso de café.

—Oiga, espere un momento —le dijo con fuerza para llamar su atención. Daniel por un instante creyó que no le hablaba a él, pro igual se detuvo y se volteó hacia ella. Charlie se le aproximó, reduciendo su ritmo cuando ya estaba más cerca. Se paró delante de él, lo miró unos instantes, de manera aparentemente penosa, y se talló un poco el costado de su cuello como una señal de nervios mientras miraba disimuladamente hacia un lado. Ese pequeño gesto a Dan le pareció un poco adorable, incluso viniendo de una mujer mayormente con la actitud de que podría patearle el trasero si así lo quería—. Escuche… lamento cómo me puse hace un momento. No debí haberme portado tan grosera; yo no suelo ser así.

—Me parece que eso no es cierto —señaló Danny con ironía. Por un momento pensó que aquello le enojaría, pero para su sorpresa lo que obtuvo a cambio fue una pequeña sonrisa divertida que se dibujó en sus labios naturalmente rosados. Sólo hasta este momento el cuidador reparó en lo realmente atractiva que era aquella mujer, incluso hasta un punto en el que comenzó a ponerlo un poco nervioso cuando se viró de nuevo a verlo con sus intensos ojos verde azulado.

—Me atrapó —respondió ella con un tono juguetón, señalándolo con su mano derecha como si se tratara un revólver—. Sí, la verdad sí lo soy. Creo que a veces olvido como… portarme de manera civilizada con las personas.

—Es algo que también entiendo —asintió Daniel, regresándole su sonrisa, que de hecho también era bastante bonita y eso Charlie no lo pasó por alto—. Yo también me disculpo por haberla agarrado de esa forma. A veces soy un poco sobreprotector con mi sobrina.

—No hay porque disculparse por eso. A mí me hubiera gustado tener un tío así cuando tenía su edad. Y gracias por su ayuda, esta vez enserio.

—¿Las veces anteriores no fue enserio?

—No… digo, sí —volvió de nuevo a tallarse su cuello, y a Dan le pareció notar un ligero sonrojo asomándose en sus mejillas—. Sé que no fue la forma correcta de pedirlo, pero en verdad me servirá mucho.

—Espero que no se arrepienta de esas palabras.

—Yo igual. Por cierto, me llamo… —Vaciló un momento, pues estuvo a punto de descuidarse y decir su nombre verdadero, un desliz que no le había ocurrido en años, pero por suerte logró evitarlo antes de que fuera tarde—. Roberta Manders.

Le extendió entonces su mano a modo de saludo. Dan pasó rápidamente el café a su mano izquierda para así tener la derecha libre.

—Dan Torrance —se presentó con gentileza, y entonces estrecho sin dudarlo la mano que le ofrecía.

Aquello resultó ser más que un apretón, algo que Dan quizás podría haber previsto, e incluso quizás evitado, de no haber estado tan distraído en esos ojos casi hipnóticos. Fue como una fuerte chispa que se encendió en cuanto sus manos se tocaron, y ambos la notaron. Charlie no había tenido un presentimiento (si así podía llamarlo) tan intenso desde que era una niña, pero una larga serie de ideas le recorrieron de golpe su cabeza. Lo mismo le pasó a Dan, pero gracias a la naturaleza de su Resplandor fue incluso más intenso.

Para ambos fue bastante rápido y confuso. No fue exactamente como ver una película en sus cabezas o algo así, sino como si de repente supieran cosas del otro que no debían de saber. Pero eran recuerdos y momentos no conectados, como fragmentos dispersos del tiempo.

Charlie miró nieve y sintió el frío que ésta provocaba. Escuchó gritos y golpes, y vio una serie de imágenes confusas de personas que supo de inmediato no estaban vivas. Algunos con sangre en sus cuerpos, otros con sus cuellos rotos, pero otros eran incluso cuerpos putrefactos andando. Vio a una mujer muy hermosa que usaba un sombrero, y sus ojos brillaban como plata. Vio un pequeño gato rondando en los pasillos, y una versión más joven de la chica que acompañaba a aquel hombre.

Por su parte, Danny no vio como tal muchas cosas, más que fuego, explosiones, y escuchó el sonido de muchos disparos. Además, a diferencia de Charlie que vio nieve y sintió frío, Dan de hecho sintió un calor casi sofocante. Pero lo que más le llegaron fueron emociones, de miedo y tristeza, pero sobre todo de mucha ira. Sintió que todas esas explosiones, que todo ese calor sofocante, de alguna manera venía energizado por esas emociones. Aquello no le provocó como tal miedo, sino más bien excitación… una intensa excitación.

El apretón de manos duró sólo un segundo, aunque para ellos fue mucho más. Al mismo tiempo los dos reaccionaron, apartando sus manos y alejándose un paso de cada uno. Sin embargo, ninguno retrocedió más que eso. Se quedaron quietos en sus sitios, conteniendo la respiración, y mirándose mutuamente con intensidad, pero también con cierta confusión.

Dan fue el primero en romper el silencio.

—Tu nombre no es Roberta, ¿cierto? —Pronuncio despacio y con prudencia. En otro momento y circunstancia, aquello hubiera sido digno de provocarle un ataque de pánico a su oyente. Sin embargo, pareció bastante calmada… de hecho, quizás demasiado.

—Supongo que no —le respondió con simpleza, como si fuera algo bastante evidente.

Y sin motivo alguno, ambos se volvieron a sonreír el uno al otro, e incluso rieron un poco como viejos amigos.

FIN DEL CAPÍTULO 60

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Resplandor entre Tinieblas La Dra. Matilda Honey ha dedicado toda su vida a ayudar a los niños, especialmente a aquellos con el «Resplandor», niños con habilidades especiales como ella misma lo fue. Desde hace muchos años, ha ayudado activamente en la Fundación Eleven, una organización dedicada a apoyar a este tipo de niños. Siguiendo esta misión, es llamada al Hospital Psiquiátrico de Eola, para entrevistar a una niña de doce años llamada Samara Morgan, quien presenta enormes habilidades psíquicas, que parecen salirse de los patrones normales que hubieran visto antes. Todos los que tienen algún contacto con ella, dicen que hay algo extraño detrás de sus habilidades, algo que sólo pueden describir como «maligno».

Pero Matilda no cree en el mal, y está decida a ayudar a Samara, así como alguien la ayudó a ella en su juventud. Pero se dará cuenta más temprano que tarde que el mal es de hecho bastante real, y que se ha metido en algo que está más allá de lo que puede entender…

+ «Matilda» © Jersey Films, Danny DeVito, Roald Dahl.

+ «The Ring» © DreamWorks Pictures, Gore Verbinski, Koji Suzuki.

+ «The Shining» © Warner Bros., Stanley Kubrick, Stephen King.

+ «Stranger Things» © Netflix, Matt Duffer y Ross Duffer.

+ «Before I Wake» © Intrepid Pictures, Mike Flanagan y Jeff Howard.

+ «Orphan» © Dark Castle Entertainment, Jaume Collet-Serra, David Leslie Johnson.

+ «The Omen» © 20th Century Fox, Richard Donner, David Seltzer.

+ «The Sixth Sense» © Hollywood Pictures, Buena Vista Pictures Distribution, M. Night Shyamalan.

+ «Case 39» © Paramount Vantage, Paramount Pictures, Christian Alvart.

+ «Doctor Sleep» © Stephen King.

+ «Carrie» © Stephen King.

+ «Firestarter» © Stephen King.

Si te ha gustado mi trabajo y deseas ver más de él, puedes apoyarme invitándome un café. Será enormemente apreciado.

2 pensamientos en “Resplandor entre Tinieblas – Capítulo 60. No enloquezcas

  1. ignacio rodriguez piceda

    Esos dos deberían salir a menos tomar un cafe. existirá una posibilidad para ellos???

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    1. WingzemonX Autor

      Jejeje, de hecho hay un comentario al respecto el siguiente capítulo. Pero bueno, la situación es complicada en estos momentos…

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