Fanfic Resplandor entre Tinieblas – Capítulo 59. Ayudar a alguien que me necesita

17 de abril del 2020

Resplandor entre Tinieblas - Capítulo 59. Ayudar a alguien que me necesita

Resplandor entre Tinieblas

Por
WingzemonX

Capítulo 59.
Ayudar a alguien que me necesita

Era más de medio día cuando el autobús de Daniel y Abra llegó a Hawkins. Abra era una chica de ciudad pequeña, que rara vez había incluso salido (físicamente) de New Hampshire, por lo que su idea de cómo era un pueblo pequeño entre las montañas estaba principalmente basada en películas y series. Siempre eran retratador como sitios apartados de las grandes ciudades o carreteras principales, donde la alegría y hospitalidad de los lugareños siempre escondían oscuros y escandalosos secretos. Pero claro, todo aquello era ficción, ¿no? Bien, al bajar del camión y comenzar a caminar por sus calles, Abra se sorprendió al darse cuenta de que, al menos en apariencia, era bastante similar a cómo se lo había imaginado. Edificios pequeños adornaban la calle principal, con amplias banquetas por las que mucha gente iba caminando y colocando decoraciones de Acción de Gracias en las fachadas y estanterías. Ambos, al ser rostros desconocidos, recibían unas cuantas miradas inquisitivas, pero otros les sonreían y les deseaban buena tarde con bastante gentileza. La mayoría, sin embargo, sólo pasaba de largo a lado de ellos.

—Éste lugar parece sacado de alguna película, ¿no? —Comentó con ironía la muchacha rubia, mientras miraba alrededor todas las personas y tiendas—. Debe de ser muy hermoso en Navidad.

Dan sólo esperaba que no tuvieran que quedarse ahí justamente para averiguar la veracidad de ese último comentario.

El clima era frío, por lo que Abra se cerró su chaqueta de mezclilla y se abrazó a sí misma mientras seguían las indicaciones de Google Maps en el teléfono de su tío para encontrar el hospital. De vez en cuando le llegaba algún pensamiento suelto de la multitud, pero en general había aprendido a blindar su mente, por decirlo de alguna forma, para evitar que aquello la atormentara. Eso le fue de mucha ayuda en la escuela.

Luego de caminar por al menos unas diez cuadras, llegaron ante el edificio de color marrón de cinco pisos del Hawkins Memorial Hospital. Abra lo contempló desde afuera con ciertas reservas.

—¿Seguro que es aquí?

Google me marca que hay otros tres hospitales o clínicas en el área, pero éste el más grande —indicó Danny, revisando su teléfono—. Es el único que podría tener el equipo necesario para cuidar de pacientes comatoso. Si no la han transferido a Indianápolis mientras veníamos hacia acá, lo más seguro es que esté aquí.

Abra suspiró con cansancio. Si ya no estaba ahí, el viaje de tres horas y media en autobús (sin contar el avión y la noche de hotel), habrían sido por nada. Entrar y al menos preguntar sería su mejor opción de momento.

Ingresaron por la puerta principal de recepción, y en cuanto pusieron un pie adentro el cuerpo de la joven se detuvo abruptamente en su lugar, como si la hubiera oprimido un intenso dolor. Pero no era como tal dolor sino… en realidad no sabría cómo describirlo.

—¿Qué pasa? —Le cuestionó Daniel al darse cuenta que se había detenido—. ¿Sentiste algo?

—No estoy segura… —susurró dudosa, volviéndose a abrazar—. Definitivamente fue una sensación, pero no sé si fue exactamente mala.

Reanudó su marcha un poco después como si nada hubiera ocurrido, aunque definitivamente su andar ya no era tan decidido como antes.

Ambos se aproximaron hacia el puesto de la recepcionista Violet, la misma que unas horas antes había tenido aquel incómodo altercado con Charlie McGee, alias Roberta Manders. Cuando ellos llegaron delante de ella, Violet sujetaba entre sus dedos la mitad de una rosquilla rosada, y al parecer masticaba parte de la otra mitad mientras revisaba su teléfono colocado sobre su mesa de trabajo. Cuando se pararon delante de su lugar, la mujer alzó su mirada hacia ellos, apresurándose a limpiar con algo de vergüenza cualquier rastro de dona que hubiera quedado en sus labios

—Buenos días —saludó Daniel con una cándida sonrisa—. ¿La habitación de la señora… —dudó unos instantes al no recordar el nombre, pero éste le brotó casi de inmediato, quizás por un pequeño empujoncito sutil de su acompañante—, Jane Wheeler?

La actitud de vergüenza de la recepcionista cambió abruptamente a una de sorpresa, seguida después por una seriedad casi agresiva.

—¿También son reporteros? —inquirió con voz seca.

—¿Qué?, no —se apresuró a responder Daniel—. Somos… amigos. Venimos de muy lejos para verla, a ella y a su familia.

Violet entrecerró sus ojos, mirando atentamente a aquel hombre alto y apuesto, con rastros de barba a medio crecer, que en realidad no se veía nada mal. Luego de unos instantes, la mujer se cruzó de brazos y se inclinó por completo contra el respaldo de su silla sin quitarle la mirada de encima.

—No lo creo —musitó de pronto con voz de regaño, dejando un tanto perplejos a los dos visitantes.

—¿Disculpe? —Soltó Abra casi ofendida.

—Ya hay demasiada gente arriba. Tendrán que esperar a que alguien de la familia y el médico encargado lo autoricen.

—Oiga, ¿sí escuchó que venimos de muy lejos? —Espetó Abra, dejando salir sin querer su tono más agresivo, que Dan reconoció muy bien.

—Abra, por favor —intervino el cuidador, tomando a su sobrina de los hombros e intentando apartarla un poco del puesto. La chica dio unos pasos hacia atrás, pero mirando aún moleta a aquella mujer. Dan se portó más tranquilo, y volvió a sonreírle como antes—. Escuche, viajamos desde New Hampshire en cuanto nos enteramos de lo sucedido. Estamos cansados, y enserio nos gustaría poder ver a la señora Wheeler lo antes posible. ¿Habrá alguna forma de arreglarlo?

—¿Usted también me quiere sobornar acaso? —soltó de golpe Violet, destanteando por completo al hombre delante de ella.

—Yo no dije tal cosa… —balbuceó un tanto perdido—. ¿Y cómo que también…?

—Estoy cansada de que piensen que las reglas están aquí de adorno —declaró Violet, interrumpiendo su alegato—.  Esto no es un patio de recreos, es un hospital. Así que siéntese, y espere a que un miembro de la familia, de preferencia el señor Wheeler, y el médico encargado autoricen que pueden pasar. Mientras tanto, no me moleste.

Y sin más, volvió a su dona y a su teléfono, su versión un tanto más ligera de cerrarle la puerta en la cara, supuso Daniel. ¿Desde cuándo estaba permitido que un miembro del personal de un hospital tratara así a los visitantes? Por sus palabras, Daniel supuso que acababa de tener una mala experiencia con alguien (¿un reportero que intentó sobornarla?), así que quiso ponerse en su lugar; algo que la impaciencia de Abra no parecía querer hacer.

—Un momento, por favor —le indicó a la recepcionista y entonces se volvió de nuevo a su sobrina, inclinándose hacia ella—. Al menos eso significa que sí sigue aquí. Déjame ver si puedo convencerla.

—Usa el encanto Torrance, tío —musitó la joven, y Danny no supo si acaso eso era sarcasmo. Como fuera sólo le sonrió y se volvió de nuevo a la recepcionista, que parecía empecinada en ignorarlos—. Escuche, yo trabajo en una casa de cuidados paliativos. No soy como tal un enfermero y mucho menos un doctor, pero sé cómo es esto…

Mientras Daniel hablaba con la mujer. Abra, impaciente y un tanto molesta, se cruzó de brazos y se giró a ver alrededor. Las palabras de su tío se fueron perdiendo, hasta ser sólo un lejano sonido de fondo. Su atención se viró entonces hacia la puerta, por la cual un segundo después ingresaron un hombre y una joven. Abra no les puso mucha atención, y estuvo a punto de virarse hacia otro lado, hasta que estuvieron lo suficientemente cerca para que pudiera verlos mejor, o más específicamente a la joven. Era de su misma edad, cabello castaño rizado, piel blanca y ojos cafés con mirada soñolienta puesta en el piso.

La respiración de Abra casi de cortó de pronto, y se olvidó por un momento del cansancio, del enojo o el apuro. Sólo se centró de aquella chica… que estaba más que segura ya había visto antes, en aquella visión que tuvo de la señora Wheeler. Era aquella chica… Pudo verla y escucharla gritar claramente: ¡No!, ¡déjala! ¡¡Deja a mi mamá!!, justo como lo había hecho en aquel momento, y de alguna forma había logrado repeler a lo que estaba atacando a su… ¿madre? Por supuesto, era su hija; era prácticamente idénticas.

Al pasar justo delante de ellos, no pasaron a la recepción y parecían querer irse directo a los elevadores. Sin embargo, la chica quizás se dio cuenta de la forma tan poco disimulada en la que la estaba viendo pues se detuvo de golpe y entonces la miró también, un tanto intrigada. Abra dio un respingo al sentirse observada, pero no asustada o nerviosa.

—¿Terry? —le preguntó el hombre alto y fornido que la acompañaba al ver que se había quedado atrás, pero la joven siguió mirando hacia la extraña.

De pronto, Abra no supo exactamente porque lo hizo, pero de su cabeza simplemente se había escapado un pensamiento hacia enfrente, como unas palabras surgiendo de su boca floja sin querer hacerlo.

“Eres tú.”

En ese momento la chica delante de ella se estremeció con sorpresa, y Abra supo que la había captado.

“¿Puedes oírme?”, pensó de nuevo Abra justo después, y no le sorprendió recibir una respuesta.

“¿Quién eres?”, escuchó en su cabeza que sonaba la voz de aquella muchacha.

“Soy Abra… ¿quién eres tú?”

“¿Abra?”

La chica castaña pareció un tanto perpleja unos momentos, pero luego su rostro se iluminó como si hubiera tenido una increíble revelación.

—Abra… —musitó sorprendida, como si no fuera capaz de creerlo. Se le aproximó rápidamente, parándose justo delante de ella, tan cerca que Abra por instinto retrocedió, casi chocando con su tío. Daniel en ese momento se percató de lo que estaba ocurriendo, e interrumpió entonces su charla con la recepcionista para girarse hacia atrás—. Mi mamá te buscaba a ti, ¿no es cierto? —añadió Terry con rapidez.

—Eso creo —susurró la joven de Anniston, no muy convencida—, si tu madre es Jane Wheeler…

—¿Viniste a ayudarla? Puedo sentirlo…

Abra no comprendió. Estaba por preguntarle qué sentía exactamente, pero su respuesta vino por el otro medio.

“Eres increíblemente fuerte, mucho más de lo que yo soy…”

Aquello sorprendió a la chica rubia. ¿Podría darse cuenta de eso con tan sólo verla? Recordó de nuevo a Rose al Chistera, que en efecto parecía bastante capaz de sentir cual de fuerte era su resplandor (o simplemente “vapor” lo llamaría ella), aún a una larga distancia. ¿Era esta chica una rastreadora como ella? No una muy buena, debía decir, sino que se había dado cuenta de su presencia hasta que prácticamente la tuvo enfrente. Aunque claro, ella tampoco lo hizo precisamente.

“¿Puedes ayudar a mi mamá a despertar?”, preguntó Terry un tanto desesperada. Hasta ese momento, tanto Will como Daniel simplemente se habían quedado en silencio, sólo contemplando la escena desde sus respectivas esquinas.

Abra dudó sobre cómo responder a esa pregunta. Ciertamente ese era el plan, pero aún no sabían si acaso aquello estaba dentro de sus capacidades. Así que dio la mejor respuesta que se le vino a la mente:

“Vengo a intentarlo.”

El rostro de Terry se iluminó con emoción. Sin pensárselo mucho, rápidamente la tomó de su mano derecha con la disposición de jalarla hacia el ascensor.

—Ven con nosotros —le pidió la castaña comenzando a avanzar antes de recibir alguna respuesta.

—Hey, espera —intervino Daniel de manera protectora, adelantándose a tomar a Abra de los hombros y jalarla lejos de la extraña, rompiendo su agarre. Abra se dejó llevar, en cualquiera de las dos direcciones.

—No pueden subir —señaló molesta la recepcionista Violet, poniéndose otra vez de pie.

Will se aproximó a la joven Wheeler, un tanto consternado.

—Terry, ¿quiénes son estas personas? —Le preguntó despacio. Sin embargo, la muchacha, entre todo su apuro, no lo escuchó y en su lugar se aproximó apresurada a la recepción, encarando a Violet.

—Ellos son amigos, pueden subir con nosotros —indicó Terry con firmeza.

—Lo siento, Terry —se disculpó Violet un poco apenada—, pero necesito que tu papá y la doctora Mayfield lo autoricen….

—Está bien, son amigos —pronunció de nuevo con gran énfasis en sus palabras. Sus ojos se fijaron firmemente en la mujer—.  Pueden subir con nosotros.

La expresión de la recepcionista cambió de pronto a una de profunda confusión, como si de pronto hubiera olvidado incluso en dónde se encontraba. Terry no le quitó la mirada de encima ni un segundo, sin siquiera pestañear. Abra notó esto desde su posición, y supo de inmediato que algo había ocurrido. Su presentimiento se confirmó cuando la recepcionista murmuró a continuación, con voz mecánica como si su boca se moviera sola pero la voz que se escuchara fuera de alguna grabación escondida:

—Sí… son sus amigos… pueden subir con ustedes…

Se sentó entonces de nuevo en su silla, bajando su mirada hacia su celular y sus papeles, sin decir ni hacer nada más, como si todos ese grupo de personas simplemente se hubiera esfumado o nunca hubieran estado ahí.

Terry soltó un profundo alarido como si hubiera estado aguantando la respiración.

—Muchas gracias —susurró con un hilo de voz que revelaba cansancio, y se giró de nuevo hacia los demás.

—¿Estás bien? —le preguntó Abra, ligeramente preocupada.

—Sí… vamos, rápido.

La tomó una vez más de la mano y comenzó a guiarla al elevador con la misma rapidez que antes. Dan esa vez no tuvo oportunidad de detenerlas, y en realidad no estaba seguro si debía hacerlo. En su lugar, se limitó a seguir a su sobrina y a su aparente nueva amiga hacia el elevador. Will igualmente los siguió, un tanto reticente.

“¿La convenciste de dejarnos pasar con tus poderes?” Le preguntó Abra a la castaña, cuando ambas estaban esperando a que llegara el elevador. “¿Eres de las que puede dar empujes?”

“¿Así se le dice?” Pensó Terry un poco curiosa. Aún parecía cansada. “No me gusta mucho hacerlo. Mi mamá me lo prohíbe. Pero era necesario.”

Will y Dan se pararon detrás de las chicas. El primero seguía sin entender nada de lo que había ocurrido, mientras que Daniel se daba una idea, aunque tampoco estaba precisamente muy cómodo con todo eso.

—¿Quiénes son ustedes? —Le preguntó Will de pronto al hombre a su lado, esperando recibir algún tipo de clarificación.

—Dan Torrance —se presentó el cuidador, extendiendo su mano hacia Will, el cual la aceptó con reservas—. Y ella es mi sobrina Abra Stone… —Al mirar de nuevo a las chicas, notó que ambas se miraban y hacían gestos con su caras, aunque sus bocas ni siquiera se abrían. Incluso algunos de esos pensamientos que saltaban de una a la otra, le llegaban fugazmente.

—¿Acaso ellas…? —Susurró Will, mirando también a las dos chicas. Daniel comprendió, incluso sin tener que leer su mente, que él ya sabía o al menos se daba una idea de lo que estaba ocurriendo.

—Están teniendo una conversación privada sin nosotros —bromeó Daniel un poco, aunque Will no rio ni sonrió.

—¿Son de la Fundación?

—¿Fundación? No, somos… —Dan vaciló unos momentos—. Supongo que sí somos amigos, de cierta forma.

El elevador llegó en ese momento y los cuatro ingresaron rápidamente.

Aquello había salido mejor de lo que esperaban. Sin embargo, aún quedaba la parte más difícil de esa visita inesperada.

— — — —

—Tuviste suerte —escuchó Charlie de pronto que Kali le comentaba en el comunicador de su oreja, haciéndola saltar un poco en su silla. Sin darse cuenta, la reportera casi se había quedado dormida. Habían tenido que conducir toda la noche, con sólo algunas horas de sueño entre un turno y otro, así que no se sentía culpable al respecto. Además, no era raro que la gente se durmiera en las salas de estar de los hospitales.

La mujer rubia soltó uno largo bostezo y se estiró un poco intentando hacer desaparecer el letargo. Kali, por su lado, prosiguió con la explicación de porqué tenía suerte exactamente.

—Tuve que buscar en todas las aerolíneas principales a pasajeros que hubieran volado a Portland en las últimas semanas, y compararla con mi base de datos de colaboradores habituales de la Fundación. ¿Tienes idea de cuánto trabajo implicó eso?

—Me lo imagino —musitó Charlie, no con mucho interés en realidad—. ¿Y dio algún fruto, al menos?

—Por eso dije que tienes suerte. Encontré dos nombres: Matilda Honey y Cole Sear.

Charlie terminó de estirarse, soltando un último quejido de dolor que de hecho fue bastante liberador. Los dos nombres que Kali acababa de mencionar resonaron entonces en su mente, principalmente el primero de ellos.

—Matilda… —repitió despacio—. Sí, he oído de ella. Dicen que es la protegida de Eleven; su favorita.

—¿Dónde oíste eso? —cuestionó Kali, incrédula, a lo que Charlie simplemente respondió:

—Por ahí…

Aunque no había tenido contacto directo con Eleven o su fundación en esos años, no por ello había permanecido totalmente ignorante de sus movimientos. Y en los últimos cuatro años, el nombre de Matilda Honey había salido a colación en dos o tres de sus investigaciones al respecto. No tenía en su cabeza los datos precisos, pero le pareció recordar que era una psicóloga o algo parecido, que trataba a los niños psíquicos, y que Eleven parecía tenerle un aprecio muy especial.

—Ellos deben estarse encargando del caso que mencionó Mike —concluyó Charlie con obviedad—. ¿Ambos siguen en Portland?

—Eso no lo sé. Agradece primero que logré dar con sus nombres tan rápido.

—Gracias. Pero ahora, ¿me puedes decir si siguen o no en Portland?

Kali susurró una maldición despacio, que aun así Charlie logró identificar bien. «En el fondo me quieres», pensó la reportera con ironía.

La mujer al otro lado de la línea suspiró con cansancio, y entonces añadió:

—Déjame ver si puedo rastrear sus tarjetas o algo. Sólo por curiosidad, ¿qué piensas hacer si los encuentras? ¿Interrogarlos “tranquilamente”?

Charlie sonrió divertida ante esa agradable forma de preguntarle si acaso tenía pensado torturarlos a cambio de información. Aquello le producía gracia, aunque también le ofendía un poco. No era como si hubiera hecho mucho tal cosa; ese no era su estilo… habitual. No había pensado en hacerlo de esa forma, y ciertamente no tenía mucho interés en hacerlo con dos protegidos de Eleven. Esperaba que si les compartía su interés en encontrar a quién había dañado a su mentora y hacerlo pagar, serían más cooperativos. Pero, ¿y si no?

Su respuesta se quedó a medio camino de salir de su boca, pues en ese momento justo delante de ella pasó apresuradamente justo la persona que estaba esperando: Terry Wheeler, jalando de su mano a otra chica, un poco más alta que ella de cabellos rubios y rizados, y seguidas detrás por dos hombres. Uno de ellos era Will Byers; lo reconoció de inmediato pues lo había visto en algunas revistas de diseño y arquitectura, y sabía que vivía en Soho, aunque se las había arreglado para evitar encontrarse con él de improviso. No porque tuviera un sentimiento negativo hacia Will; de hecho, de la pandilla de Scooby-Doo que eran Mike Wheeler y sus amiguitos, Will era de los que más le agradaban.

El otro hombre que iba con ellos no le pareció familiar, al menos a simple vista pues habían pasado muy rápido. Y fue precisamente eso lo que puso a Charlie en alerta: lo apresurados que habían pasado caminando, casi corriendo.

¿Le habría pasado algo a Jane? La idea la puso bastante tensa.

—Eso ya lo veremos en su momento… —le respondió a Kali luego de un rato, sin pensar mucho, sólo dejando salir la última idea que había tenido anteriormente—. Discúlpame un segundo.

Rápidamente se puso de pie y comenzó a seguirlos a una distancia segura.

— — — —

No hubo ceremonia ni espera alguna en cuanto llegaron delante de la camilla de Eleven. Terry extendió las cortinas hacia los lados y se dirigió apresurada hacia su padre.

—¡Papá! —exclamó con fuerza, casi asustando un poco al señor Wheeler.

—Terry, baja la voz —le indicó Mike con algo de molestia. Notó en ese momento que su hija menor no venía sola. Y no la acompañaba sólo Will, sino dos personas más que no reconoció en lo absoluto, y que mantenían un poco su distancia con cierto pudor—. ¿Quiénes son estás personas? —Les preguntó con irritación, parándose de su silla, pues la reciente visita de Charlie McGee, alias Roberta, lo había puesto un poco paranoico.

—Papá, ella es Abra —le indicó Terry con emoción. Aquel nombre en un inicio no le sonó a Mike, pero eso cambió casi de inmediato.

—¿Abra? —Susurró confundido, mirando fijamente a la jovencita rubia de chaqueta de mezclilla—. ¿La Abra que Jane estaba buscando?

—Eso creo —respondió la extraña, encogiéndose de hombros y sonriendo. Se sintió entonces un tanto más segura para dar un paso adelante y acercarse—. Mucho gusto, señor. Soy Abra Stone. Él es mi tío Dan… —Su mirada se fijó entonces en la mujer en la camilla. Aunque sólo la había visto pocas veces, y nunca frente a frente, la logró reconocer fácilmente—. ¿Ella es la señora Wheeler?

Nadie le respondió, pero en realidad no lo necesitaba; era más una pregunta de cortesía.

Todos pasaron al reducido espacio alrededor de la camilla lo mejor que pudieron, y Will se encargó de cerrar la cortina, esperando que ninguna enfermera notara la cantidad tan poco recomendable de personas que había ahí en esos momentos y los obligaran a salir.

Mike parecía escéptico, y miraba a aquella muchacha con reservas. Recordaba ese nombre, “Abra.” El se lo había mencionado aquella noche, antes de todo lo sucedido…

“Y está relacionado además con otra chica que también podría ser bastante poderosa… demasiado, diría yo… Sólo sé que su nombre es Abra. Logré encontrarla por un momento, pero logró darse cuenta de mi presencia y repelerme.”

Una chica muy poderosa y que necesitaba encontrar; eso era lo que ella había dicho. ¿Realmente era ella esa persona?

—¿Cómo llegaste aquí? —Inquirió Mike, cruzándose de brazos.

—Ella me contactó hace unos días, o algo así —respondió Abra, manteniéndose firme—. Pero me sorprendió y la empujé lejos de mí. Y hace dos noches, pude sentir a la distancia el ataque que le estaban haciendo, y casi me deja en coma como a ella.

—Ella también tiene el Resplandor —añadió Terry, parándose a lado de su nueva amiga—. Por eso mamá la buscaba.

Aquellas palabras (o lo más correcto sería decir “palabra”) hicieron que un marcado asombro se dibujará tanto en el rostro de Abra como en el de Daniel. Ambos voltearon a ver a la joven de rizos castaños al mismo tiempo, y luego se miraron el uno al otro.

—¿Acaso dijiste… Resplandor? —cuestionó Daniel, curioso. Terry asintió.

—Es como mi mamá y sus colaboradores lo llaman. A esto que podemos hacer; estos poderes… o magia.

Abra miró de nuevo a su tío, aunque en esos momentos parecía más de forma acusadora, como si lo acabara de atrapar en alguna mentira.

—Siempre creí que tú lo habías inventado —señaló la joven, entrecerrando un poco los ojos.

—Nunca dije tal cosa —respondió Dan a la defensiva—. A mí me lo dijo por primera vez un hombre hace mucho tiempo, y a él su abuela según recuerdo. Pero nunca había oído a alguien más utilizar ese término. ¿De dónde lo sacaron?, si se puede saber.

Terry pareció querer responder, pero en realidad no tenía ninguna respuesta válida en su cabeza a esa pregunta. Desde que tenía memoria, siempre lo habían nombrado de esa forma: resplandor. Se viró entonces hacia su padre y su tío Will, en busca de algo más de información, pero ambos parecían igualmente en blanco.

—Yo… francamente no lo sé —respondió Will, encogiéndose de hombros—. El comenzó a usarlo hace mucho, mucho tiempo, y todos supongo nos acostumbramos a él. Sólo ella sabe de dónde se le ocurrió.

«Conveniente, sólo la mujer en coma sabe de dónde proviene», se dijo Dan a sí mismo, aunque se arrepintió casi de inmediato de haber pensado tan cosa. No había nada conveniente en un estado así, ni para la persona ni para su familia.

En realidad no tendría por qué molestarle o preocuparle de manera particular que alguien más llamara a lo que tenían con el mismo nombre. Sin embargo, siempre había pensado que aquello era algo proveniente directamente de su antiguo amigo Dick Hallorann y su Abuela Blanca (como él la llamaba). Luego se convirtió en algo de Danny y Abra, de cierta forma heredado de una generación a otra, aunque no estuvieran necesariamente relacionados por sangre, sino por algo más profundo. Por ello, se sentía un poco raro escuchar de pronto a un grupo de extraños llamarlo de esa forma tan repentinamente. Jamás habría pensado el pequeño recelo que algo como eso le causaría.

—¿Qué hacen aquí? —Cuestionó Mike luego de un rato, exteriorizando su preocupación—. ¿Qué desean exactamente?

—Yo… aún no lo sé —respondió Abra cautelosa y comenzó entonces a caminar hacia un lado de la camilla, parándose a la zurda de la Sra. Wheeler para contemplarla de cerca—. Yo creo que ella me estaba pidiendo ayuda aquella noche, y sentí que era mi responsabilidad venir e intentar dársela.

—¿Puedes ayudarla a despertar? —Cuestionó Mike con cierta emoción, provocando que su actitud diera un giro de ciento ochenta grados.

—Puedes hacerlo, ¿cierto? —Comentó Terry con la misma agitación de su padre—. Puedo sentirlo; eres muy poderosa.

Abra se ruborizó un poco al oírla, aunque igualmente sus labios se curvearon en una pequeña sonrisa. Varias personas le daban cumplidos por su buena apariencia o por su inteligencia, pero pocas veces le había tocado que alguien reconociera lo fuerte que era en ese otro ámbito, y lo reconociera como algo positivo. Realmente le agradaba, aunque su tío Dan sintió en ese momento que aquello podría subírsele a la cabeza bastante rápido. Y lo que menos quería que pasara era que comenzara a comportarse de forma inapropiada estando en terreno desconocido.

—Abra, espera —musitó Daniel y entonces se le aproximó a su sobrina—. No te precipites…

La apartó un poco de la camilla y de los demás, aunque en ese reducido espacio no había mucho hacia dónde hacerse. Si querían hablar en privado, tendrían que hacerlo por ese otro medio. Quizás la muchacha que no dejaba de alabar a Abra podría llegar a oír un poco de lo que pensaran, pero confiaba en que no fuera demasiado.

“Esto es algo muy delicado y no lo puedes hacer a la ligera.” Le trasmitió a su sobrina mientras la veía atentamente. Abra pareció un poco confundida por esa repentina advertencia.

“¿Te refieres a intentar despertarla? Tú lo hiciste conmigo y funcionó.”

“Te conozco, y tú a mí. Sabía cómo moverme en tu cabeza, y que tú no me verías como una amenaza.”

Mientras ambos conversaban en el interior de sus cabezas, los otros tres los observaban desde sus posiciones. Y aunque Terry tenía claro lo que ocurría, y Will tenía una idea tras lo ocurrido antes, Mike pareció un tanto más perdido.

—¿Qué están haciendo? —preguntó el señor Wheeler.

—Están hablando entre ellos —le explicó Terry, susurrando despacio para no interrumpirlos

—¿Los dos resplandecen?

—Eso parece. Qué increíble —musitó Terry con fascinación—. Lo están haciendo con tanta naturalidad; nunca había visto a dos telépatas hacerlo así. Los dos son muy poderosos… mi madre estaría muy impresionada si los conociera.

A Mike aquello le pareció interesante, pero no compartía como tal la emoción de su hija. Recordó la otra noche, y cómo El parecía inquieta ante la cantidad de resplandecientes muy poderosos que estaban de repente surgiendo. Y si esos dos lo eran tanto como para sorprender de esa forma a su hija, cuyos poderes iban en camino a ser casi como los de la propia Eleven… ciertamente comenzó a sentirse intranquilo, y supuso que su esposa se sentiría de la misma forma. Pero, si en verdad eran capaces de despertarla…

Por su lado, Abra y Dan siguieron con su conversación, sin percatarse directamente de las impresiones que estaban causando en sus espectadores.

“Pero el interior de la mente de esta mujer es territorio desconocido,” añadió Dan. “No sabemos qué clase de defensas o amenazas puedan existir. Mejor deja que yo lo intenté.”

“Claro que no. Ella me buscaba, me contactó, y cuando la atacaron fue a mí a la que buscó. Creo que ya tenemos un tipo de conexión, y quizás eso me ayude a entrar más fácil, ya que de seguro ella me quiere aquí.”

“Esas son muchas suposiciones. Es muy peligroso, déjamelo a mí.”

“Es igual de peligroso para cualquiera de los dos.”

“Sí, pero yo soy mayor y más experimentado.”

“Querrás decir más viejo y delicado.”

—Oye —soltó de pronto Daniel con su propia voz casi sin darse cuenta, un tanto ofendido por el comentario.

—Sólo bromeo —le respondió Abra, casi riéndose—. Bueno, ¿y qué tal si lo hacemos los dos?

—¿Qué van a hacer? —intervino Mike con desconfianza cuando al fin pudo escucharlos.

—Papá, confía —intervino Terry, colocándose entre su padre y sus invitados.

—¿Confiar?, ni siquiera los conozco, y tú tampoco.

—Mamá la buscaba por una razón.

—Sí, pero ella ni siquiera sabía quién era en realidad. No sabía si podía ser una aliada o una enemiga más.

—¡Yo confío en Abra! —Soltó Terry con algo de fuerza, parándose firme delante de su padre—. Puedo sentirlo… ella puede ayudarnos, papá… por favor…

Los ojos cafés de la joven se tornaron suplicantes mientras miraban fijamente a su padre. Esos ojos, los mismos ojos de Eleven. Mike no podía resistirlos en su esposa, mucho menos en su pequeña hija. Podía ver que realmente sentía lo que decía, pero… ¿cómo podría él compartir el mismo sentimiento?

—Mike —intervino Will, tomando a su viejo amigo del hombro para llamar su atención—. Terry sabe bien leer a las personas, y eso tú lo sabes bien. Ella confía por completo en estas personas, así que confía en sus instintos. Sabes bien de quién los heredó.

Mike se viró hacia su hija, encontrándose de nuevo con aquellos ojos que tanto efecto tenían en él. Estaba desarmado, pero también desesperado. Si había una posibilidad, aunque fuera pequeña de que El despertara y pusiera orden todo ese desastre… Pero, ¿y si se equivocaba?

Se retiró sus lentes y se talló un poco sus ojos con sus dedos.

—Por favor… no le hagan daño —susurró despacio, dejándose caer de sentón de regreso en su silla.

Abra asintió levemente como respuesta a su petición, aunque en realidad no estaba del todo segura de poder cumplirla. Lo que menos deseaba era lastimarla, pero ciertamente lo que ocurriría en esos momentos era totalmente impredecible.

—¿Listo, tío Dan? —le preguntó con firmeza a su acompañante, que igualmente tampoco tenía muchas otras alternativas.

—No lo diría así, pero hagámoslo…

Era de hora de empezar.

Terry, Will y Mike se colocaron de un lado de la cama como meros espectadores, mientras Abra y Dan se quedaban en el otro. Abra tomó firmemente la mano de la mujer de la cama entre las suyas. Su mano se sentía algo fría, pero fuera de ello no sintió en un inicio nada en especial, a diferencia de otras veces que había tocado a otras personas; eso era un mal comienzo. Daniel colocó una mano sobre el hombro de su sobrina y se paró firme a su lado.

—¿Ya sabes qué hacer? —Susurró Daniel despacio.

—Entrar a su palacio mental —respondió Abra—, como lo hice con Rose. Sólo debo… concentrarme…

Abra comenzó a volcar todos sus pensamientos, toda su atención y todo su ser en la mujer delante de él. Intentó usar como base las dos veces anteriores en que habían hecho contacto, aquella primera vez en la sala con Brownie, y luego la otra noche durante el ataque. Intentó concentrarse en su rostro y en su voz, como se veían y oían respectivamente en ambas ocasiones. Repitió también su nombre en su cabeza varias veces: «Jane… Jane… Jane…» Sin embargo, aquel nombre le resultaba un tanto ajeno y distante, como si no fuera el correcto. ¿Cuál era entonces…?

La joven cerró lentamente los ojos, y en su cabeza un pensamiento se iluminó, como una marquesina que de lejos se veía algo borrosa. Sin embargo, al acercarse, pudo distinguir el nombre que aquellas letras de luz deletreaban.

«¿Eleven…?», pensó un tanto confundida, pero lo supo casi de inmediato, como si alguien le hubiera susurrado la respuesta al oído. Su nombre real era Jane, pero no era con el que se sentía identificada. El nombre que ella misma más relacionaba consigo, era ese otro. «Eleven… ¡Eleven!»

— — — —

Los ojos de Abra se abrieron abruptamente de nuevo y observaron con asombro el escenario totalmente negro que la rodeaba. Aquello le resultó bastante familiar, incluido el poco de agua que cubría unos centímetros por encima del suelo debajo de ella. Efectivamente ya había estado ahí antes… sin embargo, algo se sentía un poco diferente. Le pareció sentir un poco de frío, una sensación bastante real para estar sólo en su cabeza.

—De vuelta a este sitio —escuchó musitar a su tío Dan a su lado, y rápidamente se giró para cerciorarse de que en efecto él estaba ahí, visible a pesar de toda la negrura que los rodeaba.

—Tío Dan, sí viniste —señaló la joven con orgullo.

—No iba a dejarte toda la diversión —señaló Dan con ironía, comenzando a andar lentamente por aquel suelo cubierto de agua—. No creo que sea buena señal que el palacio mental de esta mujer sea un área totalmente negra sin nada más.

—No creo que éste sea el sitio que buscamos —respondió Abra, siguiéndolo un poco por detrás. Sin darse cuenta, se había abrazado a sí misma, ocultando sus manos en sus axilas en un intento de mitigar el frío. Su tío se veía bastante normal; ¿era que acaso aquello sólo le afectaba a ella?—. Me parece que esto es más como un lienzo en blanco… o en negro, que ella puede llenar con lo que requiere. Como una mesa de trabajo.

—Puede ser —asintió Dan—. Aunque, ahora que lo mencionas, creo que podría ser más como un área segura en dónde puede eliminar cualquier otra distracción o pensamiento, y así te puedes enfocar en una sola cosa concreta. Mentalmente tengo que poner mi mente en un estado así cuando ocupo detectar algo o alguien, como cuando intenté contactar a Dick cuando era niño, o cuando te busqué a ti luego de que el Cuervo te raptó. Aunque nunca lo había visualizado precisamente como un escenario así.

—Supongo que cada cabeza es diferente —susurró Abra a sus espaldas, pero Dan sintió una punzada de preocupación pues percibió cierta debilidad en aquella voz, como si se susurrara desde un sitio muy lejano.

Dan se detuvo y se viró de regreso hacia su sobrina. Abra siguió avanzando pasando a su lado, encorvada un poco  por el frío y con su vista puesta al frente de forma tensa, como si se forzara a sí misma a no bajar la cabeza ni un poco.

—¿Estás bien? —preguntó Dan con inquietud.

—Sí —fue la respuesta corta y directa de la joven, y de inmediato cambió el tema—. ¿Para qué será el agua? ¿Crees que sea provocado por su estado actual o ya desde antes había sido así?

—Quizás tiene algún significado para ella —respondió Dan un tanto inseguro, y entonces prosiguió detrás de Abra, observándola con atención ante cualquier cambio.

Siguieron avanzando por unos minutos, o lo que desde sus perspectivas fueron unos minutos, sin encontrar nada más que oscuridad, similar a cómo había ocurrido la otra noche. Sin embargo, en esa ocasión no parecía que estuvieran realmente acercándose a algo; todo se sentía más a como si estuvieran andando en círculos. El único cambio palpable, sin embargo, fue que Abra comenzó a temblar, y parecía como si cada vez le resultara más difícil seguir avanzando.

—Abra, ¿qué tienes? —cuestionó Dan con apuro y rápidamente se le aproximó, rodeándola con sus brazos. La sensación fría que le provocó en cuanto la tocó fue tan intensa que sintió el impulso de soltarla de inmediato, pero no lo hizo—. Estás helada…

—Algo no está bien —susurró la joven despacio, titubeando—. Mi mente no quiere estar aquí… No sé por qué… pero me dice que me vaya…

—Entonces hazle caso y salgamos.

—¡No! —Espetó con la mayor firmeza que le era posible dado su estado, y entonces se soltó de las manos de su tío para seguir adelante—. Necesitamos seguir…

—Sin saber a dónde vamos, podríamos estar aquí un buen rato —señaló Dan, un tanto como queja—. Quizás hay que afrontar la posibilidad de que realmente aquellos pensamientos que te llegaron fueron lo último, y aquí ya no queda nada más…

—¡Me rehúso a creer eso! —Respondió Abra con frustración sin detenerse—. Si es así, ¿cuál fue el propósito de ser llamada para acá? ¿Por qué estoy aquí?

—¿Empezando porque te fugaste de tu casa y a mí me tocó recibir todos los gritos y reproches de tu madre? No siempre hay un motivo oculto o alguna explicación, Abra. Lo que le ocurrió a esta mujer fue un hecho lamentable, pero quizás realmente no tiene nada que ver contigo, y no hay nada que tú o yo podamos hacer para remediarlo.

—¡¿Entonces por qué me estaba buscando?! —Espetó Abra con cierta molestia, girándose abruptamente hacia él y haciendo que el agua chapoteara a sus pies—. ¿Por qué a mí en específico? Tiene que haber algún motivo, alguna conexión, ¿o no?

—Por lo que escuché, ella buscaba a una Abra. Ni siquiera sabía quién eras tú en realidad. Quizás todo fue sólo una equivocación…

—¿Y buscaba a otra Abra con el Resplandor? Ni tú te crees eso. —La joven se viró en ese momento de regreso al camino y volvió a andar, aún sin rumbo pero con firmeza en cada uno de sus pasos. Volvió también a abrazarse con firmeza y a temblar—. Debe haber algo que pueda hacer… Estas habilidades que tengo no tienen por qué ser sólo para matar y lastimar, ¿cierto? Debería poder hacer algo como esto… debería de poder ayudar a alguien que me necesita…

Aquellas palabras dejaron azorado a Daniel. Era la primera vez que la escuchaba decir eso sobre sus poderes, pero él sabía perfectamente de dónde provenían esos pensamientos.

—Abra, espera —musitó apresurado y se adelantó para rebasarla y clocarse delante de ella y cortarle el paso. Abra bajo la cabeza para no mirarlo, como si se sintiera de cierta forma avergonzada—. ¿Esto es por Rose? Abra, tú no fuiste la única que la mató, o al Cuervo, o a ninguno de esos sujetos. Eso lo hicimos lo dos juntos, yo también estaba ahí. Y se lo merecían por todo el daño que les habían hecho a tantas personas durante siglos.

—¡Ya lo sé! —Espetó la joven con fiereza, y Dan sintió de pronto como todo aquel sitio temblaba un poco y el agua se agitaba—. ¡Me digo a mí misma todo el tiempo que lo que hice estaba justificado!, que lo hice por un bien mayor. Pero eso no es lo que me asusta, eso no es lo que me preocupa… —alzó en ese momento su rostro hacia él, mirándolo con dureza, pero con ligeros rastros de lágrimas que amenazaban con aparecer—. Tú me lo dijiste, que si no aprendía a controlar esta rabia que tengo dentro sería muy fácil que perdiera el control, justo como con Rose. Y lo he intentado, enserio lo he intentado…

—Abra, cálmate por favor —susurró Daniel en voz baja, la cual incluso le llegó a temblar un poco… con miedo.

La joven se agarró su cabeza con fuerza con sus manos y apretó sus ojos fuertemente con frustración. Volvió a temblar, ahora con más fuerza que antes.

—Intenté ir al vertedero como me dijiste, intenté contenerme, calmarme. Pero constantemente tengo estos pensamientos, constantemente estoy tan enojada con tantas personas… y sólo quiero… ¡sólo quiero dejarlo salir!, ¡y aplastar con esta fuerza que tengo a todos los que me molestan! ¡Quiero aplastarlos como lo hice con Rose! Pero, ¡no debo! ¡No quiero…! ¡Ah!

Un temblor más que sacudió todo aquello y Daniel sintió como el mundo daba vueltas, el suelo a sus pies le era retirado como si alguien hubiera jalado abruptamente una alfombra, y su mente entera dio piruetas en el aire…

— — — —

En el mundo físico, Dan se hizo sólo un poco hacia atrás como si alguien lo hubiera empujado a modo de provocación en un bar. Se tambaleó un par de pasos hacia atrás, pero se mantuvo de pie. Sus manos se habían apartado de Abra, y su mente había abandonado por completo el espacio en el que se encontraban hace unos momentos, y regresado a aquel espacio pequeño alrededor de la camilla. No tuvo oportunidad de pensar en lo que había ocurrido, o de intentar volver, o siquiera en reparar en las miradas confundidas de Terry y los otros dos hombres. En ese momento notó que la espalda de la señora Wheeler se arqueaba, alzándose y separándose de la camilla. Sus ojos se abrieron, y su boca igual como queriendo soltar algún grito que en realidad no salió.

—¡Mamá! —Exclamó Terry entre emocionada y asustada. Sin embargo, Mike y Will parecían más lo segundo,

—¡¿Qué está pasando?! —Soltó Mike con aprehensión, mirando a Dan—. ¡¿Eso es normal?!

Daniel no respondió. Podría parecer incluso que estaba reaccionando o despertando, pero él supo que no era así. Aquello era el mismo temblor que lo había sacado de un empujón. Eso era Abra, que seguía de pie a su lado, tomándola de la mano con fuerza y con sus ojos cerrados. Su rostro se veía apacible y tranquilo, pese a la tormenta que se estaba formando en su interior en realidad.

Tenía que pensar rápido y hacer algo. No sabía si podría volver por su cuenta, y simplemente apartar a Abra de la paciente podría causar más daño que bien. Pero, si no lo hacía… ¿qué terminaría haciendo Abra? No entendía siquiera porqué había reaccionado de esa forma. ¿Qué influyó de esa forma en su humor? ¿Qué sintió o vio ahí adentro que él no? ¿Qué la afectó tanto…?

—¿Qué le están haciendo? —Escucharon de pronto como espetaba con fuerza una quinta voz. La mujer rubia totalmente desconocida para Dan (aunque todos ahí lo eran realidad) estaba de pie justo delante de las cortinas abiertas, y miraba horrorizada a la mujer en la camilla.

—¿Roberta? —exclamó Will, un tanto confundido al reconocerla.

—Sal de aquí —le ordenó Mike, pero a la mujer le importó muy poco.

—¿Quiénes son estas personas? —Cuestionó Charlie molesta, y se apresuró rápidamente hacia Abra—. Quítenle las manos de encima…

—Hey, no la toque —exclamó Daniel, y por mero reflejo la tomó de su muñeca y la apartó de Abra antes de que pudiera tomarla. Aquello le hizo ganarse una mirada casi asesina de parte de aquella mujer.

—¡Usted no me toque o no respondo! —le respondió Charlie, jalando su brazo para soltarse de su agarre. Daniel alzó sus manos y retrocedió un poco, indicándole que no tenía intención de tomarla de nuevo.

—Lo lamento, pero le advierto que no debe tocarla ahora. Es por su seguridad y de la Sra. Wheeler.

—¡¿Eso es por su seguridad?! —Señaló al cuerpo de Eleven que seguía erguido en esa posición de arco que parecía casi imposible.

—Ellos vienen a ayudar a mi mamá —intervino Terry ferviente, parándose delante de Abra, cubriéndola con su cuerpo para que no se le acercara—. ¿Quién es usted?

La actitud beligerante de Charlie menguó en cuanto aquella muchacha la miró fijamente y encima le habló; incluso su voz era muy similar a la de la joven Eleven. La mujer de chaqueta de cuero vaciló, incluso retrocediendo un poco como si se sintiera intimidada.

—Yo… soy… —balbuceó un poco queriendo responder, pero en realidad no tenía nada concreto para decir. ¿Qué le podría decir a esa chica sobre quién era en realidad? Aquello era una historia muy larga, y definitivamente ese no era ni el sitio ni el momento. Por suerte, no tuvo realmente que decir nada.

Los ojos de Abra se abrieron de golpe, seguido por un fuerte quejido de dolor, similar a como si le hubieran apuñalado el estómago. Aquello llamó rápidamente la atención de todos, que la voltearon a ver expectantes. La joven se dobló un poco hacia adelante, como si realmente le doliera, pero luego se apartó de Eleven dos pasos, soltando sus manos con apuro como si éstas le quemaran. Justo cuando la soltó, el cuerpo de Jane volvió de inmediato a la normalidad, dejándose caer a la camilla y quedándose tan tranquila como un momento antes; como si no hubiera pasado nada.

Mientras Mike y Will se acercaban a su amiga para revisarla lo mejor que podían, Charlie, Terry, y sobre todo Dan, tenían su atención puesta en Abra. Ésta estaba de pie, fija y tiesa en su sitio, mirando fijamente la camilla y a la mujer sobre ésta. Dan se acercó cauteloso y logró entonces mirarla mejor. Y lo que vio en su rostro simplemente lo congeló, y un sentimiento similar se reflejó igualmente en Charlie y en Terry.

Los ojos de Abra Stone estaban lo más abiertos que podrían haber estado, y temblaban, al igual que sus labios. Toda ella, desde su expresión hasta su postura, estaba inundada de un profundo y tangible… terror, uno de esos tan intensos que sólo te provoca hacer dos cosas: quedarte totalmente paralizado, o correr despavorido; ella parecía estar fluctuando entre ambas opciones.

—No… No… —murmuró de pronto con un hilo de voz apenas audible. Comenzó entonces a retroceder torpemente, casi tropezándose con sus propios pies—. Oh, Dios… No… No… —Se encontró entonces con la cortina que los rodeaba, y su primera reacción fue dar un salto de espanto al sentirla. Se giró y comenzó a manotear, intentando apartar la tela azul de ella—. ¡No!, ¡no! ¡¡NO!!

Como pudo, se abrió paso entre la cortina, teniendo incluso que alzarla para pasar por debajo de ella, llegando a la camilla continúa. En cuánto sintió aunque fuera un poco de libertad, comenzó ahora sí a correr, alejándose hacia la salida de esa área, sin importarle que tuviera que empujar a alguna enfermera o doctor en el proceso.

Todos se quedaron atónitos al ver esto, incluso el propio Dan que tardó unos segundos en lograr reaccionar.

—¡Abra!, ¡¿qué pasa?! —Espetó casi asustado, y rápidamente salió por la abertura correcta de la cortina y corrió detrás de ella, aunque con un paso más moderado debido al sitio en el que se encontraba.

—¿Qué pasó? —musitó Will, exteriorizando lo que todos los demás pensaban, y por lo mismo ninguno tenía como tal una respuesta.

Charlie fue la única que tomó la iniciativa, y rápidamente siguió a Daniel con paso firme y apresurado. Terry fue la siguiente en tomar también esa decisión, pero su padre la detuvo.

—Terry, no vayas —le ordenó Mike Wheeler con autoridad, haciendo que se parara en seco antes de salir.

—Pero…

—Quédate aquí con tu mamá y no te muevas —dijo su padre con el mismo tono que antes y él mismo salió del área de la camilla pasando a un lado de su hija—. Buscaré a Max para que la revise. No dejen que ninguno de esos tres se vuelva a acercar.

—Lo que tú digas, Mike —asintió Will, y entonces Mike se retiró notoriamente furioso a hacer justo lo que había dicho.

Terry, por su lado, dudó sobre qué hacer.

—Será mejor que le hagas caso a tu papá —le advirtió Will—. Tiene muchas preocupaciones en estos momentos, será mejor que no le des más.

La muchacha suspiró con resignación y se aproximó de nuevo a la camilla, tomando la misma mano que Abra había estado tomando hace unos momentos, y de nuevo no sintiendo nada en lo absoluto al hacerlo.

—¿Quién era esa mujer? —le preguntó de pronto a su tío Will, mirándolo curiosa—. La llamaste por su nombre, ¿verdad?

—Algo así —respondió Will un tanto inseguro, pues aquel no había sido precisamente su nombre real, sino como todos se habían acostumbrado a llamarla pues así la habían conocido en un inicio. Se permitió entonces sentarse en la silla de Mike, y lo que se le ocurrió decir fue lo mismo que la propia Charlie había pensado hace unos momentos—: es una larga historia…

— — — —

Conforme Abra se alejaba de aquel sitio, su andar se iba reduciéndose también. Era como si mientras más distancia tuviera con aquella camilla y la mujer en ella, más tranquila se sintiera, aunque “tranquila” no era la palabra que ella usaría. Sin embargo, sí logró detenerse, justo a la mitad de una sala de espera en esos momentos relativamente sola, a excepción de dos personas que no repararon en lo absoluto en ella.

Abra se apoyó en sus rodillas e inclinó su cuerpo al frente, respirando tan agitada como si acabara de terminar de correr un maratón. El pecho le brincaba, y todo el cuerpo le volvió a temblar aunque no tuviera frío. Sin darse cuenta, su mano derecha comenzó a tallarse nerviosamente contra sus labios con algo de fuerza, hasta incluso lastimárselos un poco.

Se aproximó casi arrastrando los pies a la silla más alejada de las otras dos personas ahí presentes, y se dejó caer en ésta. Se cubrió su rostro con ambas manos e inclinó un poco el cuerpo al frente como si estuviera llorando, aunque en realidad no lo estaba haciendo; al menos, no con lágrimas. En su mente sólo seguía repitiendo lo mismo que había dicho en aquel momento cuando logró reaccionar: «No, no, no… Dios mío, ¿por qué? Por favor… No…»

—Abra —escuchó la voz de su tío Dan a su lado, pero en lugar de tranquilizarla lo que hizo fue alterarla aún más. Dio un respingo de miedo, en su silla, y se viró hacia él respirando agitadamente. Dan pareció también asustarse al verla—. ¿Qué te pasa?, estás pálida. Nunca te había visto así.

—¡¿Por qué me dejaste sola?! —Le recriminó con algo de fuerza, inevitablemente llamando la atención de las demás personas—. ¡Tú debías estar ahí a mi lado! ¡¿A dónde fuiste?!

Dan se puso un poco nervioso. Se viró hacia los otros dos, alzando en ese momento su mano hacia ellos para indicarles que todo estaba bien. Pasó entonces a sentarse a un lado de su sobrina para que pudiera hablar con más calma.

En ese momento ninguno de los dos se dio cuenta, pero Charlie ya se había aproximado también a ese punto, aunque al distinguirlos y escuchar aquellos pequeños gritos por parte de la muchacha, optó por ocultarse rápidamente detrás de una esquina, bastante cerca de donde ellos se encontraban sentados. Con su espalda pegada a la pared, agudizó su oído de reportera y escuchó atentamente.

—Lo siento, no sé qué pasó —le respondió Dan despacio, aunque en realidad eso no era del todo cierto. Tenía la sospecha de que ella lo había empujado afuera, aunque de seguro no se había dado cuenta—. Pero, ¿qué viste? ¿Qué fue lo que te asustó tanto?

—A mí nada me asusta —respondió Abra a la defensiva, bastante más que de costumbre. En ese momento, comenzó a tallarse nerviosamente sus labios de nuevo con una mano, un gesto que a Daniel le resultó dolorosamente familiar.

—Parece que esto sí. ¿Qué ocurrió? ¿Qué me estás ocultando?

Abra lo siguió mirando intensamente, casi con enojo o incluso odio, mientras su mano seguía moviéndose sobre su boca. Daniel realmente temió que por un momento fuera hacer algo indebido, pero al parecer se logró contener al último momento antes de hacer tal cosa. En su lugar, de sus labios surgió un pesado y casi agotador suspiro, y volvió a inclinarse al frente cubriéndose su rostro con sus manos.

—No es una coincidencia que estemos aquí, tío Dan —susurró despacio de pronto, como si le doliera el tener que decirlo—. Esto fue una trampa… Fui una tonta, debí haberte escuchado, y a mi mamá. —Lo miró una vez más, pero ahora se notaba bastante apuro adicionado a su miedo—. Debemos de irnos, rápido…

Se puso de pie abruptamente con la clara disposición de dirigirse al ascensor.

—Espera —le detuvo Daniel, tomándola de su muñeca—. Tranquilízate sólo un segundo y respira, ¿sí? —Con delicadeza la guio de regreso a su silla, y Abra se sentó de nuevo aunque a regañadientes—. ¿Qué es lo que ocurre realmente?

La joven comenzó a respirar lentamente por la nariz y a intentar calmarse lo más que pudiera, que no era mucho en realidad. Una vez que lo logró, lo miró de nuevo con un poco más de firmeza en su semblante, y sin más rodeos lo dijo:

—Sé quién atacó a la señora Wheeler —soltó de pronto, y tanto Daniel como Charlie, que los escuchaba a escondidas, se sobresaltaron sorprendidos al oír tal declaración—. Yo lo conozco. Y si él está involucrado… Esto es mucho más peligroso de lo que tú o mis padres creían… Estamos en un grave problema, tío Dan…

FIN DEL CAPÍTULO 59

Notas del Autor:

Aquellos que sólo hayan visto la película de Doctor Sleep o Doctor Sueño, quizás algunas de las cosas mostradas en este capítulo con respecto a Abra les resulte un tanto confusas, así que déjenme explicarles un poco. En la novela original, sobre todo en su parte final, se toca el tema de los problemas de ira que tiene Abra, que Daniel insinúa podrían haber sido heredados de la parte de su parte de la familia. Dan hace alusión al padre de Jack Torrance, Jack, y él mismo como ejemplos de esto. Por su parte, Abra, tras el enfrentamiento final con Rose en el que ella tuvo una participación mucho mayor en su desenlace, comienza a sentirse algo culpable con respecto a lo sucedido. No por haber matado a Rose en sí, sino por haberlo disfrutado tanto. Dejan entrever de esta forma que Abra tiene miedo de perder el control de su ira, y por lo tanto de sus poderes, un miedo con el que ha intentado lidiar desde aquel entonces. Éste será un tema que se tocará seguido en los capítulos que involucren a este personaje.

  Capítulo Anterior Capítulo Siguiente  

Resplandor entre Tinieblas La Dra. Matilda Honey ha dedicado toda su vida a ayudar a los niños, especialmente a aquellos con el «Resplandor», niños con habilidades especiales como ella misma lo fue. Desde hace muchos años, ha ayudado activamente en la Fundación Eleven, una organización dedicada a apoyar a este tipo de niños. Siguiendo esta misión, es llamada al Hospital Psiquiátrico de Eola, para entrevistar a una niña de doce años llamada Samara Morgan, quien presenta enormes habilidades psíquicas, que parecen salirse de los patrones normales que hubieran visto antes. Todos los que tienen algún contacto con ella, dicen que hay algo extraño detrás de sus habilidades, algo que sólo pueden describir como «maligno».

Pero Matilda no cree en el mal, y está decida a ayudar a Samara, así como alguien la ayudó a ella en su juventud. Pero se dará cuenta más temprano que tarde que el mal es de hecho bastante real, y que se ha metido en algo que está más allá de lo que puede entender…

+ «Matilda» © Jersey Films, Danny DeVito, Roald Dahl.

+ «The Ring» © DreamWorks Pictures, Gore Verbinski, Koji Suzuki.

+ «The Shining» © Warner Bros., Stanley Kubrick, Stephen King.

+ «Stranger Things» © Netflix, Matt Duffer y Ross Duffer.

+ «Before I Wake» © Intrepid Pictures, Mike Flanagan y Jeff Howard.

+ «Orphan» © Dark Castle Entertainment, Jaume Collet-Serra, David Leslie Johnson.

+ «The Omen» © 20th Century Fox, Richard Donner, David Seltzer.

+ «The Sixth Sense» © Hollywood Pictures, Buena Vista Pictures Distribution, M. Night Shyamalan.

+ «Case 39» © Paramount Vantage, Paramount Pictures, Christian Alvart.

+ «Doctor Sleep» © Stephen King.

+ «Carrie» © Stephen King.

+ «Firestarter» © Stephen King.

Si te ha gustado mi trabajo y deseas ver más de él, puedes apoyarme invitándome un café. Será enormemente apreciado.

Deja un comentario