Fanfic Resplandor entre Tinieblas – Capítulo 56. Se viene una batalla

26 de marzo del 2020


Resplandor entre Tinieblas

Por
WingzemonX

Capítulo 56.
Se viene una batalla

El amplio patio de la residencia Sinclair se encontraba casi lleno de personas alegres, bebiendo y comiendo entre risas y platicas. Ya estaba atardeciendo, y en aquel pequeño y hermoso suburbio de Washington D. C. se podía apreciar un bello cielo de matices anaranjados y azules, como las pinceladas de una obra de arte. Las personas reunidas eran todas adultas, hombres y mujeres, la mayoría de mínimo treinta; vecinos, amigos, y personajes importantes a los que se tenía sí o sí que invitar a esa pequeña reunión improvisada. Habían dejado a sus hijos con las niñeras, las abuelas o los hermanos mayores, para poder desprenderse unas cuantas horas de sus labores y poder asistir a una de las famosas parrilladas de Lucas Sinclair. Ésta en particular no tenía ningún tema o motivo en especial detrás. Simplemente se había dado por sí sola, entre conversaciones y sugerencias surgidas por mera casualidad.

El anfitrión de la fiesta se encontraba en esos momentos justo enfrente de la parrilla, volteando las jugosas hamburguesas preparadas por él mismo. Lucas Sinclair era un hombre afroamericano a la mitad de sus cuarentas, alto y delgado, de cabello negro muy corto y rizado. Usaba un delantal negro con unas letras blancas en el centro que narraban la clásica frase “Kiss the cook” o “Besa al cocinero.”

—Sale una más, muy jugosa y grande —pronunció con fuerza el señor Sinclair, mientras  retiraba una de las hamburguesas redonda de la parrilla y la colocaba sobre dos bollos colocados sobre un plato a su lado—. ¿Quién la quiere?

—Yo te la acepto —pronunció de inmediato un hombre robusto de cabello canoso, alzando su mano y acercándose apresurado con su plato vacío.

—Hey, Teo, ya llevas tres; no creas que no te vi —pronunció con tono jocoso un hombre más atrás, señalándolo con su cerveza a la mitad. Los que estaban cerca de él rieron divertidos, y el hombre robusto se ruborizó un tanto apenado.

—Claro que no, apenas es la segunda —le susurró a su anfitrión como si intentara realmente convencerlo de ello. Lucas sólo se encogió de hombros y le pasó el plato con la hamburguesa y los bollos. Una mitad ya tenía mayonesa y la otra mostaza, y sólo quedaba que el comensal la preparara a su gusto. Éste pasó por los diferentes ingredientes colocados sobre una larga barra, colocándole lechuga, tomate, pepinillos, mucha cátsup, y queso; pasó de largo la cebolla.

Una vez que tuvo la hamburguesa preparada justo como le gustaba, Teo, o mejor dicho Teodoro Carman, senador actual por Texas, tomó la hamburguesa con una mano y le dio una profunda mordida. La degustó felizmente por un rato, incluso cerrando los ojos y soltando unos pequeños gemidos de placer. Lucas, de regreso frente a la parrilla, sólo lo miró sobre su hombro, sonriendo más que nada por lo sobre exagerado que sonaba su reacción.

—Es la tercera mejor hamburguesa que he comido, Lucas —declaró el senador Carman, una vez que terminó de tragar su primer bocado.

—La tercera mejor, vaya honor —pronunció Lucas un tanto irónico.

—Créeme que lo es. Estás hablando con alguien que posiblemente ha comido un tipo diferente de hamburguesa en cada condado de este país, de costa a costa.

—Un buen eslogan para cuando quieras postularte a la silla grande —bromeó Lucas, y alzó entonces una mano, simulando como si viera una marquesina en el cielo—. Teodoro Carman, conoce tus hamburguesas mejor que tú.

Ambos hombres rieron divertidos por la jocosa broma.

—Hablo en serio —señaló el senador por Texas—. ¿Cuál es el secreto? ¿Así preparan todas las hamburguesas en Indiana?

—Oh, nada de eso —respondió Lucas acompañado de una risa ligera—. Mi compatriota, la senadora Steel, podrá confirmarlo.

—Lo confirmo —pronunció desde la mesa central del patio la senadora por Indiana Sally Steel, una mujer de anteojos, con cabellos rojizos y lacios, alzando su vaso de refresco para hacerse notar—. Nunca había probado algo así antes.

Varios de los presentes parecieron concordar con tal afirmación, y alzaron sus bebidas en salud de su anfitrión. Todo ello no hizo más que despertar aún más la curiosidad del senador Carman.

—¿Qué les haces de diferente?, dime —le insistió casi como una súplica. Lucas, sin embargo, se prestó un poco indiferente a la petición, y en su lugar continuó con su labor volteando las carnes y retirándolas cuando consideraba que estaban ya en su punto adecuado.

—Lo siento, es secreto familiar —se adelantó a responder Norma Sinclair, una mujer de color alta y de cabello oscuro corto, con un peinado bastante a lo Michelle Obama. Acababa de salir de la casa por la puerta del patio, cargando entre sus manos un recipiente con más verdura, pasando justo a un lado de la parrilla y de los dos hombres que conversaban—. Ni a mí me lo dice —añadió con un tono juguetón, inclinándose para darle un sutil beso en su mejilla a su marido, antes de seguir su camino hacia la barra.

—Eso no es verdad —respondió Lucas con algo de molestia fingida—; de hecho me sacó el secreto desde la primera cita —añadió terminando su comentario con un rápido guiño de su ojo izquierdo.

Norma respondió a esto con un chistido, y poco después le sacó la lengua de forma juguetona. Lucas sólo se encogió de hombros y continuó con lo suyo. Sin embargo, el senador seguía de pie a su lado y era claro que no lo iba a dejar pasar. Un tanto resignado, decidió complacerlo, aunque fuera un poco.

—Lo que te puedo compartir es que son tres elementos —comenzó a explicarle—. El primero es la carne; debes comprarla en un sitio especial, el más orgánico y natural que encuentres, y que no tenga más de un día en la estantería. El segundo es la salsa con la que la marino, que esa si es totalmente secreto de estado.

—Oh, vamos —se quejó el senador con molestia al escuchar eso.

—Lo siento. Pero el tercer elemento igual te resultará útil, y sobre todo interesante. Veras…

Mientras ambos hombres conversaban, un joven en traje oscuro y camisa blanca se acercó cauteloso por detrás al hombre en la parrilla, parándose detrás de él a una distancia prudente. Había permanecido de pie a un lado de la puerta, al pendiente al igual que varios otros elementos de seguridad que rondaban la casa; nada raro considerando el tipo de invitados que tenía esa fiesta.

—Director Sinclair —pronunció el joven, sólo con la suficiente fuerza para que Lucas lo escuchara, interrumpiendo de esa forma la explicación de su tercer punto. Lucas lo miró sobre su hombro, y con un ademán de su cabeza le indicó que se acercara. El chico se aproximó a su oído derecho y le susurró algo despacio que ni siquiera el senador Carman escuchó pese a su cercanía.

Lucas se veía tranquilo mientras le hablaban; incluso se tomó el tiempo para tomar una de las hamburguesas aún crudas y colocarla en la parrilla. Cuando el chico terminó, sólo asintió y con otro ademán señaló hacia la casa, indicándole que lo aguardara adentro. El joven obedeció, apresurándose al interior. Por su lado, Lucas dejó la espátula a un lado y comenzó a desatarse su delantal; debajo de éste se asomó una camiseta polo casual, color menta.

—Querida, cuida la parrilla por mí un momento, ¿quieres? —le pidió a Norma con tono un tanto serio.

—¿Me cedes tu puesto?, vaya privilegio —indicó la mujer un tanto sorprendida, pero de inmediato se aproximó a tomar la espátula; no sin antes darle un pequeño beso en los labios a su marido, que éste respondió con gusto.

—Si me disculpan, debo tomar una llamada urgente —les indicó el anfitrión a todos los demás asistentes, al tiempo que terminaba de retirarse el delantal.

—¿Justo ahora? —pronunció Carman, casi ofendido porque lo estaba dejando con la duda, justo cuando la plática se estaba poniendo interesante.

—Así son las llamadas urgentes, llegan cuando menos te lo esperas —pronunció Lucas con tono bromista, y entonces comenzó andar hacia la casa—. Están en su casa, no tardo. Norma, vigila que el senador McNeil no se termine el vodka, ¿quieres?

Su comentario fue secundado por una serie de risas, que sirvieron de fondo mientras se retiraba.

— — — —

El joven de traje negro caminaba delante de él, como si lo guiara a pesar de que él sabía muy bien a dónde iban. El chico se tomó la libertad de abrir las puertas del estudio, dos hojas gruesas de madera que se deslizaban a los lados. El estudio de Lucas Sinclair no era nada fuera de lo ordinario; un cuarto cuadrado, con un escritorio y una computadora de pantalla plana sobe éste, un par de sillas al frente, unos estantes con libreros y trofeos de béisbol, y una larga vitrina a un lado que exponía varias figuras de colección, que inmortalizaban en poses épicas a caballeros, ogros, demonios, dragones, y otras varias criaturas similares. Tenía también algunos modelos de soldados con uniformes de diferentes guerras, y algunos modelos de cohetes.

Quien lo había escoltado hasta ahí tomó una de las sillas delante del escritorio y la colocó en el centro del cuarto; Luca se sentó en ella sin decir nada, y cruzó las piernas. Después, el mismo chico se dirigió a la pared delante de la silla, en donde se encontraba postrado un panel numérico y un lector de tarjeta. El chico sacó una tarjeta negra de su bolsillo y la pasó por el lector, el cual soltó un distintivo pitido y un led se iluminó de verde en el panel. Luego pasó a presionar seis números específicos en el panel, y un pitido más se hico presente. Dos puertecillas, aparentemente de madera pero quizás no lo eran, se abrieron justo encima de aquel panel, revelando del otro lado la presencia de un monitor amplio, así como una serie de equipos electrónicos distribuidos en dos repisas debajo de éste. Una vez que estuvo abierto, el chico sacó del interior de su saco un teléfono alargado y oscuro, más grande que un celular común, y tras presionar algunos puntos sobre la pantalla, el televisor se encendió.

La pantalla se encontraba dividida en cuatro secciones, y las cuatro eran ocupadas por una persona diferente, que miraba fijamente a la pantalla. Una cámara de alta definición colocada debajo de la pantalla se giró sola, apuntando directo a Lucas, por lo que ahora ellos también lo miraban. El chico se aproximó a él, dejó el celular sobre unos de los descansabrazos de la silla, y entonces se retiró a la salida del estudio, deslizando de nuevo las dos hojas. Una vez que las puertas se cerraban, el interior de aquel espacio se volvía a prueba de cualquier sonido, creando así una perfecta privacidad; algo más que necesario debido a la naturaleza de dicha llamada.

Lucas se acomodó en su silla, tomó el teléfono (que más bien era un tipo especial de control remoto táctil), y miró con severidad hacia la pantalla, como si pudiera ver fijamente a los cuatro que ahí se mostraban.

—Muy bien, señores —pronunció con voz firme y segura—. Que sea rápido, por favor. ¿Qué me tienen?

Quien tomó la palabra fue el hombre de color de cabello blanco y anteojos, en la esquina superior izquierda de la pantalla.

—Tenemos confirmación de que el ataque ocurrido en la madrugada de ayer en nuestra base en New Jersey, fue en efecto perpetrado por la fugitiva Charlene McGee —explicó el hombre con voz serena—. Aunque debido a la naturaleza del ataque y a los daños ocasionados era lo más probable, las imágenes de las pocas cámaras de seguridad que quedaron funcionando lo confirman.

La pantalla de aquel hombre cambió en un parpadeo a mostrar una escena grabada desde un ángulo superior, donde se veía a una mujer de cabellos rubios oscuros, corriendo por un corredor, teniendo detrás de sí un fulgor anaranjado de fuego. Por una fracción de segundo la cámara logró enfocar su cara, misma que se agrandó para que pudieran verla mejor. Lucas se inclinó hacia adelante, viendo con más detenimiento la imagen. Esa era, sin lugar a duda, Charlie McGee. Algunos años mayor que la última vez que la vio, pero era ella.

—El motivo de su infiltración, sin embargo, aún no está clara —concluyó el hombre de cabellos blancos.

—Sigue buscando el Nido —señaló Lucas con algo de enojo contenido, sentándose de nuevo derecho en su silla—. Lo ha hecho durante más de cinco años, y no se detendrá hasta lograrlo. ¿Pudieron rastrearla? ¿Alguna idea de en dónde se encuentra en estos momentos?

—Negativo —respondió el hombre de cabellos blancos—. Al parecer recibió ayuda de un UP del tipo Ilusionista que confundió a nuestros hombres y le facilitó su huida.

—Apostaría que se trata de Kali Prasad —señaló Lucas, como un pensamiento fugaz que se le hubiera escapado.

—No existe confirmación alguna de que esa persona siga con vida…

—Tampoco la tenemos de que haya muerto —le interrumpió Lucas con dureza. Su atención se enfocó entonces a la esquina inferior derecha, en donde se mostraba a un hombre de cabello rojo y barba del mismo color—. Capitán McCarthy, refuerce la seguridad del Nido lo mejor que pueda.

—Estamos preparados para cualquier tipo de ataque, señor —le respondió el hombre pelirrojo con seriedad—. Incluso si se tratase de Charlene McGee. Además, basándonos en este último ataque, podríamos concluir que la fugitiva se encuentra aún muy lejos de encontrar nuestra ubicación.

—No se confíe, capitán. El otro asunto que nos atañe puede hacer que McGee se vuelva bastante impredecible. Y todos aquí sabemos que esto de anoche no es nada; claramente se estaba conteniendo.

Los cuatro guardaron silencio, sin intención aparente de contradecirle. Los cinco reunidos en esa video llamada conocían lo realmente peligrosas y mortales que podían ser las habilidades de la susodicha Charlene McGee; algunos incluso las habían presenciado en persona. Desde los 80’s, se las había arreglado para mantenerse la mayor parte del tiempo fuera del radar de cualquier autoridad, sólo reapareciendo para hacer ataques como el de la noche anterior, o incluso peores. Habían sido ya varias décadas de estar huyendo, y no parecía haberse cansado ni un poco (o al menos eso era lo que los cinco pensaban).

Lucas se recargó por completo contra su asiento, intentando adoptar la postura más cómoda posible, pero posiblemente logrando el efecto contrario. Necesitaba aparentar serenidad, cuando la realidad era que lo que seguía le afectaba mucho más de lo que estaba dispuesto a demostrar enfrente de sus subordinados.

—Pasando a ese otro tema, ¿qué información me tienes, Cullen? —cuestionó calmado, mirando a la mujer rubia, cerca de sus cuarenta, que se encontraba en la esquina superior derecha, mirando a su cámara con la expresión dura y fría digna de un militar de larga carrera.

—La limpieza e investigación en Oregón sigue adelante —respondió la mujer de apellido Cullen—. Hasta ahora todo se ha manejado como un acto independiente, perpetrado únicamente por la asesina psicópata Leena Klammer, por motivos desconocidos hasta ahora. Hemos trabajado efectivamente con las autoridades y medios locales para mantener la información lo más controlada posible. Ningún AFP o UP ha sido involucrado o mencionado en ninguna noticia o reporte, hasta ahora.

—¿Ni siquiera el hecho de que decenas de locos y doctores en Eola alucinaron al mismo tiempo que eran atacados por muertos vivientes? —Cuestionó Lucas, un tanto hiriente en su tono, pero Cullen no se mutó ante ello.

—Se ha catalogado como un caso de histeria colectiva. El hecho de que se puede tener duda razonable sobre la salud mental de más de la mitad de los involucrados, ayuda bastante a dicha declaración.

Lucas asintió lentamente. Los dedos de su mano derecha tamborileaban inquietos sobre el descansabrazos de su silla.

—¿Algún cambio en el estado de salud de Jane Wheeler? —Cuestionó de pronto, un tanto vacilante.

—No hemos tenido información al respecto —se adelantó responder la cuarta de las personas en la pantalla, un hombre mayor de marcadas arrugas, cabello negro claramente recién teñido, y traje gris—. Lo más seguro es que siga sin cambio.

—¿Y alguna novedad sobre la identidad de su atacante?

—Negativo —respondió el mismo hombre de gris—. No tenemos identificado en nuestra base de datos a ningún UP que concuerde con las características del ataque, especialmente considerando que fue contra alguien con un NCP tan alto como el de la señora Wheeler.

—¿Cómo alguien así puede habérsenos ocultado por tanto tiempo? —cuestionó Lucas, marcadamente molesto. El hombre de traje gris vaciló un poco, pero al final sólo respondió:

—No estamos seguros…

Lucas lo miró con marcada desaprobación, y entonces se paró abruptamente de su silla, comenzando a andar por el cuarto como león enjaulado.

—No están seguros, no lo saben, no tienen información. En resumen, podemos decir que no sabemos absolutamente nada de nada. —Se giró hacia la pantalla, mirándolos con severidad—. Esta situación se no está saliendo de las manos, caballeros. Ya era suficientemente malo el tener a la bomba andante de Charlie McGee libre y haciendo de las suyas. Pero ahora tenemos a un nuevo UP, con una capacidad inaudita, causando todo este desastre bajo nuestras narices. Y lo peor de todo es que con el ataque a El, ha provocado, quizás sin querer, quizás con intención, a toda la fragante Fundación Eleven; un ejército de UP’s que no se quedará de brazos cruzados tras este agravio contra su líder. Y sin la guía de El, me temo que podrían hacer alguna locura. Y lo aún peor todavía, es que podría haber provocado también la ira de McGee. Y lo que menos podemos permitirnos es que se desate una guerra entre estos tres bandos.

Las cuatro personas en la pantalla parecían tensas ante la afirmación. De nuevo, ninguno parecía dispuesto a contradecirle. Ciertamente lo ocurrido los tenía preocupados a diferentes niveles. Desde el incidente de Chamberlain, Maine cuatro años atrás, no habían tenido que lidiar con algo de tan alta magnitud. E incluso en aquel entonces sólo tuvieron que llegar, hacer sus tareas de limpieza, controlar la información lo mejor posible, e irse. Pero ahora los puntos rojos se distribuían en diferentes zonas del país, y ni siquiera conocían aún el origen real de todo.

Todo eso, efectivamente, tenía el potencial de explotarles en la cara en cualquier momento.

—Director —intervino el hombre de color y cabello gris—. Si me permite decirlo, en el caso de la Fundación, sería recomendable que usted usara su buena relación con la familia de la señora Wheeler, para intentar interceder y cuidar que no intenten nada impertinente, y nos permitan hacer nuestro trabajo.

La expresión de Lucas se puso aún más seria ante la sugerencia. Inconscientemente se volteó hacia uno de sus libreros, como si intentara evitar sus miradas, mientras volvía a tomar asiento en su silla, aunque menos cómodo que antes.

—Mi relación con los Wheeler ya no es tan buena como cree, Albertsen. Pero veré qué puedo hacer.

—Además —intervino la mujer de apellido Cullen—, como bien ha dicho, es probable que este hecho haga que McGee haga algún movimiento, y podríamos intentar aprovecharlo.

Lucas la miró un tanto perplejo.

—¿De qué forma exactamente? —le preguntó con cautela.

—Nuestros analistas creen que la fugitiva podría presentarse en el hospital en el que se encuentra la señora Wheeler —explicó Cullen—. Sería sensato colocar elementos encubiertos para interceptarla si esto ocurriese.

Lucas de nuevo se sintió incómodo, pero siguió intentando mantener control.

—Si fuera tan tonta como para arriesgarse de esa forma, no nos hubiera eludido todos estos años, ¿o sí?

—No podemos pasar por alto la posibilidad… —Intentó exponer Cullen, pero Lucas no se lo permitió.

—No voy a exponer a Mike Wheeler, a su familia, y a todo mi pueblo natal a un tiroteo, y mucho menos a una explosión de furia de Charlie McGee. El antiguo DIC de seguro lo hubiera hecho, pero nosotros debemos ser mejores que eso. Además, El y Mike no me lo perdonarían.

Cullen suspiró pesadamente. Fue evidente que ella también luchaba por mantenerse en control, pero posiblemente lo que ella contenía era ira.

—Con todo respeto, director, pero no puede permitir que sus sentimientos personales hacia la señora Wheeler y su… Fundación, le impidan tomar decisiones. Ahora es cuando más necesitamos tener mano firme.

—Concuerdo con la capitana Cullen —añadió el hombre de traje gris—. No podemos tener más consideraciones cuando se trata de Charlene McGee. Si no la detenemos ahora, seguirá atacando nuestras bases y a nuestros operativos hasta que se harte. O ella misma comenzará esa guerra de la que acaba de hablar, con todos los muertos que ésta conlleve. Charlene McGee debe ser neutralizada de inmediato, y por todos los medios.

Lucas guardó silencio, mirando a la mujer rubia con cierta dureza.

—¿Eso es lo que piensan todos?, ¿qué me estoy dejando llevar por mis sentimientos personales? —Lanzó al aire a los cuatro, esperando que alguno dijera algo. Por unos segundos pareció que los cuatro guardarían silencio de nuevo, pero a último momento McCarthy, el hombre pelirrojo de barba, carraspeó un poco, y justo después tomó la palabra.

—Si me permiten opinar, me parece sensato y objetivo el cuidar la relación que hemos cultivado hasta ahora con la Fundación Eleven.

—Jane Wheeler podría nunca despertar de ese coma —soltó Cullen, beligerante—. Y no sabemos si quien la sustituya esté tan dispuesto a negociar con nosotros como ella.

—Cullen —masculló Lucas, ahora sí con una molestia casi nada disimulada. La mujer se sobresaltó un poco, se aclaró la garganta y se hizo hacia atrás en su silla.

—Me disculpo —susurró despacio—. Mi comentario fue inapropiado.

A pesar de todo, esa mujer era una antigua amiga cercana de Lucas Sinclair. Fuera o no su superior, era un tanto grosero hacer ese tipo comentarios en su presencia, al menos con esa connotación. Aun así, no se arrepentía como tal de la idea que quiso transmitir, pero eso lo dejaría para otro momento.

—De la Fundación Eleven me encargo yo, ¿está claro? —Declaró Lucas fervientemente, sin dejar lugar a más discusiones—. Sobre McGee, todos estamos de acuerdo en que es una amenaza y debe ser neutralizada. Y ya estamos tomando cartas en ese asunto. McCarthy, ¿algún avance con Gorrión Blanco?

—El Dr. Shepherd ya contactó con la química externa seleccionada para las siguientes pruebas del Lote 10 —respondió McCarthy rápidamente—. Es algo joven, pero tiene muy buenas referencias. Y ya ha trabajado anteriormente en proyectos de alta seguridad, lo que además ayuda a acelerar el papeleo. Russel considera que hay buenas posibilidades de tener algún resultado en unos días más.

—Recuérdele al Dr. Shepherd que ésta es su última oportunidad. Necesitamos tener a ese elemento funcionando lo más pronto posible. Recuérdele además que si no logra resultados en el plazo fijado, tendremos que aprovechar el recurso de otras formas.

—Sí, señor —respondió McCarthy, asintiendo.

—Se viene una batalla, caballeros —marcó Lucas con firmeza en su voz—. Ahora McGee no es nuestra única enemiga. Este otro UP, quien quiera que sea, es una amenaza latente sobre nuestras cabezas, y las de todos los ciudadanos de este país. No descansaremos hasta que ambos dejen de ser un peligro; ya sea neutralizándolos, o encerrándolos en una celda del Nido. ¿Alguna duda?

—¿Qué pasará con el asunto de Lily Sullivan, Leena Klammer y Samara Morgan? —Inquirió Cullen.

—Desempeñe las actividades de limpieza como mejor le plazca, capitana. E intenten dar con su paradero; si las encontramos a ellas, daremos con el autor de todo esto. Manténganme informado.

Terminadas las formalidades finales, Lucas tomó su control táctil y con dos toques de su dedo las cuatro pantallas desaparecieron, dejando en su lugar sólo un fondo azul con relieve similar a fondo marino, y en el centro las letras DIC. Y, debajo de éstas, se mostraba las palabras: Departamento de Inteligencia Científica; un nombre que acarreaba consigo una muy mala fama en las últimas décadas. Aunque, al final no importaba mucho, pues algunos preferían llamarlos jocosamente División de Fenómenos Psíquicos. O, más despectivamente, la “Nueva Tienda”, por cómo se le conocía a su organización predecesora en los 80’s, y la cual cultivó toda esa indeseada notoriedad con la que habían tenido que lidiar. Había tenido por eso que ir tomando un papel casi en las sombras, hasta ser considerada por muchos como una pequeña división de la CIA que sólo servía para chupar dinero de los contribuyentes, y que muchos pensaban que incluso ya ni siquiera existía. Pero ese nuevo DIC  reformado, era mucho más grande lo que la mayoría creía, y sus tareas estaban tomando una importancia mayor. Y lo serían aún más si explotaba todo ello como bien habían predicho.

Lucas se quedó sentado en su silla, un tanto pensativo. Pensaba en Eleven y en sus viejos amigos. Se preguntó cómo estarían Mike y sus hijos. Tuvo curiosidad de saber si Will iría camino a Hawkins en esos momentos, o si Dustin y Suzie harían igualmente su respectivo viaje desde Massachusetts. Pensó también en Max… sobre todo en Max, aunque sabía que no debería estarlo haciendo.

Ya se había enterado de lo sucedido por sus agentes antes de que Mike le mandara aquel mensaje avisándole del estado de El. Antes de ello, no había tenido comunicación directa con ninguno de sus antiguos camaradas de partida en años, aunque siempre estaba bien enterado de todo lo importante que ocurría en sus vidas; las ventajas de su puesto. La única con la que seguía comunicándose más o menos seguido era Eleven, y quien resultaba ser su único punto de contacto con ellos, aunque casi todas sus conversaciones radicaban más en el ámbito de lo laboral. En algún punto sus caminos se habían dividido, y cada vez separado más y más. Mientras que algunos al menos hicieron el intento de entender su decisión, incluida la propia Eleven, otros no parecieron perdonárselo tan fácil.

Y ahora El había sido atacada. Su amiga estaba en coma y, como tan poco delicadamente había expresado la capitana Cullen, podría nunca despertar.

Lucas estaba más afectado por esto de lo que sus cuatro subordinados pudieron haber notado en su llamada. Este hecho no sólo había hecho que McGee reaccionara: había provocado lo mismo en él. Sentía la necesidad imperiosa de llamar a Mike, preguntarle cómo estaba, decirle que no se preocupara; que él se encargaría de encontrar al maldito que le había hecho eso a su esposa y de hacerlo pagar. Pero no estaba seguro de cómo lo tomaría; no estaba seguro de si aún era bienvenido en su grupo. No sabía si aquel mensaje que le había mandado había sido sólo una cortesía, o era en efecto una invitación para diera el siguiente paso a una verdadera reconciliación.

Por otro lado, sin embargo, no podía dejar en efecto que sus sentimientos personales nublaran su juicio. Necesitaba tener la mente despajada si quería tener alguna ventaja en esa “batalla” que había profetizado hace un rato, y en la que parecían llevar algo de desventaja.

Escuchó de pronto como las puertas del estudio se deslizaban.

—Aquí estás —escuchó la voz de su esposa murmurar con un tono juguetón. Al virarse sobre el respaldo de su asiento, contempló la esbelta y hermosa figura de Norma parada en la entrada, y su brillante sonrisa de dientes blancos—.  El senador Carman sigue preguntando por ti; quiere saber el tercer elemento de tu receta secreta.

—Tú pudiste habérselo contado.

—No soy tan buena contándolo como tú.

Norma se acercó pavoneándose hacia él, sentándose en el descansabrazos derecho de la silla y rodeando el cuello de su esposo con ambos brazos. Lucas miraba hacia otro lado, aún pensativo.

—¿Qué tienes? —Le cuestionó un poco más seria—. Conozco esa cara; ¿el mundo se comenzó a acabar otra vez en cuanto le quitaste los ojos de encima? ¿Alguna guerra eminente se estaba fraguando mientras cocinabas tus hamburguesas especiales?

Lucas soltó una pequeña risilla.

—Ríete, pero siempre hay una guerra fraguándose en alguna parte del mundo —señaló el señor Sinclair, casi como una advertencia.

—Bueno, pero al menos de que vaya a ocurrir en las próximas cinco horas, te recomiendo que regreses tu trasero a esa parrilla. —Norma se inclinó entonces hacia él, dándole un pequeño y delicado beso, que en cierta medida ayudó a calmar su estado de ánimo. Luego, la mujer se puso de pie y le dio un par de palmadas sobre su hombro mientras se dirigía a la puerta—. No tardes mucho, ¿sí?

Lucas la siguió con la mirada mientras salía. Norma era una mujer estupenda, mucho más de lo que él merecía. Darse de cuenta de ello sólo hizo que se sintiera aún más culpable por el hecho de haber estado pensando en Max Mayfield hace unos momentos. Tontos amores de juventud; ¿por qué eran difíciles de olvidar algunas veces?

Una vez que estuvo solo, se volvió a sentar derecho en su silla, y estuvo a punto de volver a caer en los mismos pensamientos y preocupaciones de antes. Sin embargo, se forzó a sí mismo a no hacerlo, y en su lugar se empujó para ponerse de pie.

Cerró las puertecillas que ocultaban la pantalla, emitiendo otro beep cuando el seguro electrónico se activó. Acto seguido, se dirigió a la puerta, aunque un momento antes de salir se detuvo enfrente de una de sus vitrinas y contempló unos momentos su contenido. Lo que llamó su atención no fueron las figuras o vehículos de colección, sino una foto, colocada entre todos esos artículos. Una foto un tanto vieja y gastada, pero aun así legible. La miró por casi un minuto entero, pero luego siguió su camino a la salida, cerrando las puertas del estudio al salir.

La foto tenía escrita “Verano de 1988” encima. En ella un grupo de jóvenes, ya casi adultos, posaban alegres delante de una cabaña rodeada de árboles. En ella se encontraba una versión mucho más joven del propio Lucas, rodeando con su brazo a Maxine Mayfield, con sus pecas y sus cabellos rojizos un tanto alborotados. Se encontraban también Dustin Henderson y su novia, y en el presente esposa, Suzie; la pareja Dusty-bun y Suzie-Poo, que se veían realmente felices en esa foto. Will Byers estaba en el centro, sin ese peinado de hongo que tanto llevo por años cuando eran niños, en una postura mucho más segura, e incluso en esos momentos ya era un poco más alto que cualquiera de ellos. Claro, también se encontraban Mike y El, igual de melosos que siempre habían sido en esos años. Y, en el extremo derecho de la foto, retraída y un tanto incómoda, casi pegada contra Eleven en un intento de buscar seguridad en ella, estaba una chica rubia, de rostro redondo, un tanto robusta en aquel entonces. Ella era Roberta, aunque un poco de tiempo después de que se tomara esa foto, se enterarían que su nombre real era Charlie; Charlie McGee…

— — — —

En su ausencia, los ánimos de la fiesta no habían disminuido, sino que quizás todo lo contrario. A pesar de todo lo que tenía en su cabeza en esos momentos, Lucas intentó desconectarse por completo de aquella llamada y volver a su estado jovial y alegre de antes de retirarse. Cuando regresó, lo primero que notó fue a su esposa, sentada en la mesa con otras tres mujeres, riendo al tiempo que una de ellas parecía muy concentrada en contarles una anécdota divertida. Su esposa lo miró, le sonrió un instante, y casi se inmediato se enfocó de nuevo en la plática. Lucas pensó en volver a tomar su lugar en la parrilla, pero se sorprendió al darse cuenta de que ya no había hamburguesas sin hacer. Quizás Norma había hecho todas las que faltaban; ¿tanto tiempo se había ido?

Como fuera, su segunda opción fue ir por una cerveza. Estaba justo destapando la botella oscura, cuando escuchó a sus espaldas la voz del senador Carman.

—Hey, Lucas —lo escuchó pronunciar con entusiasmo. Lucas soltó una pequeña maldición en su cabeza, pero intentó mantenerse sereno. Se giró, ya con su cerveza destapada y buscó a lo lejos a quien le llamaba. El senador se encontraba en el jardín, sosteniendo un plato con media hamburguesa (que Lucas supo no era la misma que él le había dado antes de irse), y parecía estar acompañado de alguien que Lucas no reconoció en un inicio—. Ven, quiero presentarte a un viejo amigo mío —pronunció agitando efusivamente su mano en el aire para llamar su atención.

Lucas suspiró un poco, intentando recobrar fuerzas, acompañado poco después de un trago de su cerveza. Avanzó entonces hacia donde se encontraban, bajando los dos escalones que llevaban al área del asador y plantando sus pies en el césped. Teo Carman lo veía con una amplia sonrisa de entusiasmo. Su acompañante igualmente sonreía, aunque bastante más modesto. De cerca tampoco le resultó conocido. Era un hombre, de complexión un tanto gruesa, con cabello y barba blanca, bien cortados y arreglados. Usaba un saco casual color azul, una camiseta blanca y pantalones blancos, las tres piezas de apariencia fina. Lucas calculó que debía tener quizás unos sesenta años.

—Estás ante una eminencia del mundo de la política y los negocios —presentó Carman con cierto orgullo a su acompañante—. El Sr. John Lyons.

Lucas casi se paró en seco en su sitio, pues aunque su cara no le sonaba, ese nombre sí que hizo tintinear cientos de campanas en el interior de su cabeza. El hombre sonrió, halagado por las palabras de Carman, o quizás un poco apenado, y saludó al dueño de la casa con un modesto ademán de su cabeza.

—Sr. Lyons, es un placer —pronunció Lucas, intentando sonar seguro, y le extendió su mano.

—Encantado, señor Sinclair —pronunció Lyons con voz grave y firme, tanto como el apretón que le dio. Al parecer era más fuerte de lo que su apariencia hacía parecer—. Espero no le moleste que me haya colado en su reunión.

—Para nada, sea bienvenido. He oído mucho de usted.

—Espero que cosas buenas —pronunció el hombre de barba de manera jocosa, y Carman lo acompañó con un par de risas, y una mordida de su tercera (o cuarta) hamburguesa.

—Claro que sí —señaló Lucas—. Empresario y político de la vieja guardia. Consejero y hombre de confianza de al menos tres presidentes.

—Dos y medio, diría yo —comentó Carman, aún con algo de comida en su boca, y tanto él como Lyons rieron un poco, como si aquello se tratara de algún tipo de broma interna entre ellos. Lugo, el senador se giró hacia Lucas, mirándolo intensamente como si lo fuera a regañar por algo—. Dicen que tiene el teléfono directo de todo hombre de poder en Washington en su celular. ¿Cierto, John?

—Casi —respondió Lyons algo irónico, y se centró en Lucas, apuntándolo con su dedo como si simulara una pistola—. Sólo me falta el suyo, señor Sinclair.

Los tres hombres rieron al unísono, ya como si fueran tres viejos amigos.

—Lucas, por favor —indicó el anfitrión—. ¿Qué le ofrezco de tomar?

Lucas lo dirigió entonces hacia la barra de los licores, dispuesto a servir lo que su importante invitado inesperado le pidiera.

FIN DEL CAPÍTULO 56

Notas del Autor:

Lucas Sinclair está basado en el respectivo personaje de la serie de Netflix, Stranger Things del 2016. En la serie original, en su tercera temporada que ocurre en 1985, él tiene sólo 14 años. Para este tiempo tendrá alrededor de 46 años al igual que Jane, Mike, Max, Will, etc. Para el momento en el que se escribe este capítulo, sólo se ha sacado hasta la Tercera Temporada de la serie, por lo que de momento sólo se tomará en cuenta lo ocurrido en estas primeras tres temporadas como referencia para esta historia de aquí en adelante, aún si en las próximas temporadas ocurriese algo que contradijera lo mostrado.

—Salvo por John Lyons, todos los demás personajes en la fiesta de Lucas, así como aquellos con los que habla en su llamada, son personajes originales que no se encuentran basados en ningún otro personaje perteneciente a otra película o serie, incluyendo a Norma Sinclair, quien sería la esposa de Lucas en este futuro alterno.

¿Cómo están todos? ¿Qué les ha parecido este punto de la historia? Comprendo si alguno ha sentido estos últimos capítulos un poco lentos, pues ha sido mucha presentación de nuevos personajes, y el punto de partida de para el viaje de otros. Se podría decir que esto es casi como un Inicio de Temporada, pues tras lo ocurrido en Eola y la fuga de Esther, Lily y Samara, se podría decir que se cierra el primer arco de esta historia y comienza este segundo. Para ello se han tenido que hacer algunas adecuaciones y preparaciones previas. Pero no se preocupen, que Matilda, Esther, Samara, Damien y todos los demás personajes, volverán muy pronto.

Por lo pronto, los siguientes dos o tres capítulos se enfocarán principalmente en un lugar en específico, así que dejaremos por un rato de estar saltando de un sitio a otro como lo hemos estado haciendo hasta ahora (bueno, quizás sólo un poco). Espero les agrade el rumbo que tomará la historia, pues he estado planeado y trazando la línea que seguiremos, y les aseguro que se vienen cosas muy interesantes. Sólo ténganme un poco de paciencia.

Agradezco de nuevo todo el apoyo que me han dado en estos ya casi tres años escribiendo esta historia. Y cómo han de sentir, aún falta mucho por ver. Estén al tanto, y cualquier comentario, o duda que tengan para poder comprender mejor lo que pasa, no duden en hacérmela. ¡Nos leemos!

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Resplandor entre Tinieblas La Dra. Matilda Honey ha dedicado toda su vida a ayudar a los niños, especialmente a aquellos con el «Resplandor», niños con habilidades especiales como ella misma lo fue. Desde hace muchos años, ha ayudado activamente en la Fundación Eleven, una organización dedicada a apoyar a este tipo de niños. Siguiendo esta misión, es llamada al Hospital Psiquiátrico de Eola, para entrevistar a una niña de doce años llamada Samara Morgan, quien presenta enormes habilidades psíquicas, que parecen salirse de los patrones normales que hubieran visto antes. Todos los que tienen algún contacto con ella, dicen que hay algo extraño detrás de sus habilidades, algo que sólo pueden describir como «maligno».

Pero Matilda no cree en el mal, y está decida a ayudar a Samara, así como alguien la ayudó a ella en su juventud. Pero se dará cuenta más temprano que tarde que el mal es de hecho bastante real, y que se ha metido en algo que está más allá de lo que puede entender…

+ «Matilda» © Jersey Films, Danny DeVito, Roald Dahl.

+ «The Ring» © DreamWorks Pictures, Gore Verbinski, Koji Suzuki.

+ «The Shining» © Warner Bros., Stanley Kubrick, Stephen King.

+ «Stranger Things» © Netflix, Matt Duffer y Ross Duffer.

+ «Before I Wake» © Intrepid Pictures, Mike Flanagan y Jeff Howard.

+ «Orphan» © Dark Castle Entertainment, Jaume Collet-Serra, David Leslie Johnson.

+ «The Omen» © 20th Century Fox, Richard Donner, David Seltzer.

+ «The Sixth Sense» © Hollywood Pictures, Buena Vista Pictures Distribution, M. Night Shyamalan.

+ «Case 39» © Paramount Vantage, Paramount Pictures, Christian Alvart.

+ «Doctor Sleep» © Stephen King.

+ «Carrie» © Stephen King.

+ «Firestarter» © Stephen King.

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