Fanfic La Rosa Blanca: Revolución – Capítulo 02. La persona que más quería

19 de enero del 2020

La Rosa Blanca: Revolución - Capítulo 02. La persona que más quería

LA ROSA BLANCA
Revolución

Por
WingzemonX

Capítulo 02.
La persona que más quería

Un año atrás

Las cartas, resplandeciendo con una hermosa luz rosada, se fueron colocando delante de ella una a lado de la otra, hasta formar entre todas un largo camino recto que levitaba en el aire y se extendía hasta la esfera oscura que rodeaba al ser mágico delante de ella. Los llantos de aquella criatura con forma de niña resonaban como un eco en todo aquel sitio, tanto que Sakura sentía casi como si su voz retumbara directamente en su cabeza. Miró por unos instantes el camino iluminado y comenzó sin miedo a caminar sobre él. Éste se mantuvo firme bajo sus pies y le permitió acercarse hacia ella.

Aquel ser, la última Carta Clow, reposaba sobre sus rodillas cubriéndose el rostro con sus manos mientras sollozaba. Todas las cartas habían causado problemas a su alrededor durante los últimos años, algunas más que otras, pero ninguna como ella. Después de todo lo que hizo, quizás debería odiarla, o al menos tenerle aunque fuera un poco de resentimiento, pero no era así. Lo único que Sakura sentía por ella era una gran tristeza, al pensar en lo sola que debió haberse sentido encerrada en un lugar oscuro y apartado, sin nadie que le tendiera la mano. No era mala; sólo deseaba tener amigos, aunque en su ignorancia casi infantil fuera incapaz de comprender por completo qué era lo que eso significaba.

La Maestra de las Cartas se paró al final del camino de luz, justo ante ella, y sonrió.

—Todo estará bien —le susurró con suavidad y la carta alzó al fin sus ojos grises hacia ella—. Ven conmigo y con las otras. Estemos todos juntos de ahora en adelante, ¿sí?

La carta la contempló unos instantes, dubitativa.

—¿Estaré siempre a su lado? —Cuestionó vacilante el ser mágico, y su voz de nuevo resonó como un eco—. ¿No me volverán a abandonar?

—Te lo prometo —asintió la castaña—. Yo jamás te dejaré.

La carta agachó unos momentos su mirada. Se puso entonces de pie y cerró sus ojos, demostrando con ese acto que aceptaba lo que viniera. Sakura sostuvo firmemente su báculo delante suyo, con la estrella dorada de su punta inclinada en dirección del ser mágico. Las alas del báculo se alargaron hasta casi tocar al ser frente a ella, y a los pies de la cardcaptor se dibujó la marca de luz de la estrella, el sol y la aluna, y alumbró toda su figura con un hermoso brillo dorado.

—Regresa a la forma humilde que mereces… ¡Carta Clow! —Pronunció la ojos verdes con energía. La esfera oscura que rodeaba al ser mágico se desvaneció, y su cuerpo comenzó a cambiar. Un brillo blanquizco la cubrió, y como si fuera parte del viento su cuerpo comenzó a alargarse hacia los lados y acercarse al bastón.

La joven cerró unos momentos sus ojos, guardando silencio. «Después de todo no pude decirle lo que sentía por él», pensó para sí misma con cierta lamentación, y por ese instante parecía que vacilaría en su decisión, pero no lo hizo. Sabía muy bien lo que pasaría una vez que sellara esa carta; sabía muy bien cuál era el sacrificio que debía hacerse para restaurar todo a la normalidad. Le dolía demasiado la sola idea de lo que tenía que hacer, pero era algo inevitable. Por la ciudad, por sus amigos, por su familia… y también por él… Ella daría lo más preciado que tenía.

Rápidamente abrió sus ojos de nuevo, mirando fijamente su objetivo.

—Carta que fuiste creada por Clow, abandona esa vieja forma y transfórmate para servir a tu nuevo dueño… ¡hazlo por el nombre de Sakura!

El brillo proveniente de la marca a sus pies creció en gran medida hasta cubrirlas a ambas. La forma del ser comenzó a cambiar drásticamente, desintegrándose y comprimiéndose delante del bastón. Comenzó entonces a tomar la forma que necesitaba tener: la forma de la última Carta Sakura.

La castaña aguardó paciente a que el proceso terminara, y con ello lo siguiente que debía hacer. Pero algo cambió; algo no salió como Sakura esperaba.

Aquella energía blanquizca que se suponía era la carta que estaba sellando, se movió drásticamente hacía su izquierda, directo a la escalera que se había destruido sólo unos minutos atrás, y se congregó por completo en un punto específico. Al principio la joven no entendió qué ocurría, hasta que dicha energía se desvaneció, dejando en su lugar otra esfera opaca que rodeaba la figura de una persona. Ésta tenía otra marca de luz bajo sus pies, aunque diferente a la suya, y presionaba firmemente su espada dañada contra ésta. La marca se desvaneció un instante después, y aquel muchacho quedó sólo rodeado con aquella oscuridad.

Sakura identificó de inmediato quién era, y aquella revelación la llenó de horror.

—¡Shaoran! —Gritó la joven mientras volvía por el camino de luz hacia las escaleras. Quería ir justo a donde él estaba, pero entre ellos había un gran abismo. Intentó pensar rápido, sacar alguna carta, o tomar impulso y saltar por su cuenta, pero su mente estaba tan enredada que fue incapaz de hacer cualquiera de las dos cosas.

¿Qué había hecho? ¿Acaso había atraído a la carta hacia él apropósito? ¿Acaso planeaba…? Sakura se rehusaba a siquiera dejar que ese pensamiento se materializara claramente su cabeza.

Vio entonces como el chico alzaba su mirada hacia ella, viéndola desde su posición con una gran sonrisa en sus labios.

—Qué bueno que llegué a tiempo —Susurró, y desde adentro de aquella esfera su voz resonó—. Parece que aún me quedaba algo de magia. Tú debes estar cansada, pues usaste muchas cartas en un sólo día.

—Pero… Shaoran… —musitó la castaña con la desesperación brotando sin remedio de su garganta. El chico la miró tranquilo, talvez demasiado tranquilo.

—No sufras, por favor —le dijo con el tono más dulce y suave que le fue posible. Sus grandes ojos ámbar mostraban una gran paz—. Aunque este sentimiento se pierda… no importa qué cosa suceda… te prometo que aun así… te seguiré…

Antes de que pudiera terminar sus palabras, la esfera se cubrió por completo de negrura, ocultándolo de la vista de Sakura. Impotente, sólo se pudo quedar de pie, viendo como pasaba lo que ella más temía…

—¡Shaoran! ¡No! —Gritó alzando su mano al frente, intentando alcanzarlo en la distancia.

* * * *

Tiempo Actual

Sakura no reparó en que sus zapatos negros se habían manchado de soda hasta que estuvo a una distancia segura de Hirameshi. Lamentó por un instante el hecho de que aquello ocurriera justo cuando el fin de semana acababa de limpiarlos y bolearlos, pero realmente no dejó que su mente se distrajera demasiado en ello. Eran sólo zapatos, después de todo.

Cabizbaja, la castaña se acercó a las llaves de agua para el jardín y remojó en éste un pequeño paño blanco. El sonido del agua fluyendo y tocando el azulejo la distrajo por un rato, pero no dejó que eso le hiciera desperdiciar agua de más. Cerró la llave cuando sintió que el paño ya estaba listo, y se encaminó hacia una banca cercana. Apoyó su pie derecho sobre ésta y empezó a pasar el paño por los zapatos, intentando limpiarlos lo mejor posible. No había mucho más que pudiera hacer. Ya en casa los limpiaría con más calma. Eran sólo zapatos, después de todo. Aquello que rondaba su cabeza en esos momentos era algo mucho más importante que eso… ¿o no?

La ojos verdes suspiró; un poco por cansancio, un poco por resignación, y un poco, ¿por qué no?, por tristeza.

«Shaoran…», pensó mientras seguía de manera automática con su proceso de limpieza.

—Eso debió ser un golpe duró para el ego del buen Hirameshi —oyó de pronto pronunciar a su diestra, tomándola tan desprevenida que casi se cayó de la banca por la impresión—. Estoy segura que no esperaba que le dijeras que no, por ningún motivo. No sé si felicitarte o preguntarte si acaso estás bien de la cabeza.

Cuando Sakura logró calmarse, divisó la figura de su compañera Tsubaki, parada a un par de metros, con sus brazos cruzados y una mirada seria fija en ella. ¿Cuándo se había acercado?, ni siquiera la escuchó.

—¿Qué haces aquí, Tsubaki? —Preguntó Sakura algo nerviosa, por no decir avergonzada—. ¿Hirameshi? ¿Acaso… estabas viendo…?

La joven de pelos rojos se encogió de hombros con indiferencia y caminó hacia la banca para sentarse en ella.

—No creas que soy del tipo de persona que se mete en asuntos que no le conciernen. Pero debo admitir que me dio curiosidad ver qué pasaría, pues eso parecía a todas luces que sería una confesión. Así que me escondí en los arbustos a observar. Espero no te moleste.

Tsubaki extendió sus brazos hacia arriba, estirándolos hasta que sus articulaciones tronaron un poco. Sakura no podía decir directamente que lo que describía le molestara, aunque tampoco era que le pareciera correcto o agradable que estuviera espiándolos.

—Pero lo cierto es que no cualquiera rechazaría de esa forma al chico más guapo del salón —señaló Tsubaki a continuación, virándose de nuevo hacia Sakura.

—No había forma de que le dijera que sí… —le contestó la castaña con tono apagado. Tsubaki pareció extrañarse al escuchar eso, sobre todo por la forma en la que lo decía.

—Lo hiciste porque ya te gusta alguien, ¿verdad? —Cuestionó Tsubaki sin muchos rodeos, tomando por sorpresa a Sakura, que se sobresaltó, casi asustada por la pregunta—. No reacciones así. Chiharu me contó de un chico extranjero y su prima, que estuvieron largo tiempo en su salón, y que tú y él se hicieron muy amigos.

—¿Chiharu te contó de eso? —Inquirió Sakura algo ruborizada. Quizás Chiharu y ella eran más cercanas de lo que creía.

—Lo siento, ¿era un secreto? —Respondió Tsubaki, impasible a la reacción de su compañera—. ¿Él es el chico que te gusta? —Sakura desvió ligeramente su mirada hacia otro lado, notándosele bastante apenada por el cuestionamiento, pero… también incómoda, y triste—. Oh, vaya… ¿acaso no fuiste correspondida?

Los ojos de Sakura se abrieron por completo al oírla preguntar eso, y por dentro sintió una desagradable presión en el pecho.

—Lo lamento, supongo que me estoy metiendo en dónde no me corresponde de nuevo —señaló la joven pelirroja. Subió entonces sus pies a la banca y apoyó sus brazos sobre sus rodillas—. Escucha, sé que no somos amigas ni nada parecido, y quizás preferirías hablar de esto con Chiharu o alguien más. Pero yo sé lo que se siente que te rechacen. Si quieres hablar de eso o desahogarte… yo no se lo diré a nadie.

Sakura en un inicio no le respondió, ni siquiera la volteó a ver. Pero la incomodidad de su rostro, e incluso de su postura, se hicieron más que evidentes.

—Está bien, entiendo —suspiró Tsubaki resignada, y se paró rápidamente de la banca—. Nos vemos en el salón, lamento haberte molestado.

—Alto, espera —pronunció la ojos verdes rápidamente antes de que se fuera. Tsubaki se detuvo y la miró sobre su hombro.

Era verdad, Tsubaki y ella no era precisamente amigas. Pero de en su nuevo salón era quizás con la que más frecuentemente cruzaba palabra, aunque no fuera mucho más que un buenos días o algunos comentarios espontáneos. No era el tipo de persona con quien hablaría de ese tipo de cosas… pero todas con las que sí podría haberlo hablado, no estaban ahí, y algunas ya estaban muy lejos.

Caminó hacia la banca sin alzar la mirada del suelo y se sentó en ésta. Se sentía agotada y derrotada desde que se despertó esa mañana, y esa amarga experiencia de hace un momento no hizo más que empeorarlo todo. Quizás hablar un poco le ayudaría, aunque fuera con alguien que apenas y conocía.

—Su nombre es Li, Shaoran Li —comenzó a susurrar despacio—, y fue una persona muy importante para mí… Quizás la que más he querido. Fue el primero en confesarme abiertamente lo que sentía por mí, y aunque no fue la primera persona a la que le dije que me gustaba, si es alguien con quien tuve una conexión muy especial que no era como la que tengo con mi familia o con ningún otro de mis amigos. Shaoran es chico único, y por un momento pensé que ambos podríamos… tener algo… —guardó silencio unos instantes, antes de continuar—. Pero eso no pasó, y ya hará cerca de un año que no tengo ninguna noticia de él.

Tsubaki pareció sorprendida de escuchar aquello. Casi sin proponérselo, se fue acercando de regreso a la banca para sentarse a un lado de Sakura.

—¿Él no sentía lo mismo por ti? —Cuestionó Tsubaki con mucho cuidado en sus palabras. Sakura no sabía cómo responder a esa pregunta de forma sincera.

—Supongo que… sus sentimientos por mí cambiaron. Su familia vive en Hong Kong, y él regresó allá para seguir estudiando. Creo que sigue ahí.

—¿Crees? ¿En verdad ya no has sabido nada de él desde entonces?

Sakura negó con su cabeza.

—Le he escrito muchas cartas, pero no he recibido ni una sola respuesta. Mi mejor amiga se comunicaba seguido con su prima por correo electrónico, pero cuando ella seguía por aquí aun así no pudo obtener alguna noción de él. Es como si quisiera que yo pensara que ha desaparecido… He pensado también en ir a visitarlo, pero me paraliza la idea de cómo me recibiría…

«O de que me vea de nuevo de esa forma», pensó la cardcaptor, viniéndole a su mente la horrible imagen de esa noche, y de cómo la miró una vez que todo terminó… Fue esa mirada lo que más le había herido, e incluso en esos momentos el recordarlo aún le afectaba.

—Los chicos son unos tontos —soltó de pronto Tsubaki con bastante despreocupación, tomando por sorpresa a la castaña—. Y más a esta edad. Vaya, entiendo que no se les puede forzar a que gusten de uno, pero, ¿comportarse de esa forma en lugar de dar la cara? Siempre dicen que pueden seguir siendo amigos, pero son los primeros en asustarse y esconderse como niños cobardes.

—Las cosas no son así —intentó explicar Sakura.

—Desde mi perspectiva se ven así. Y él muy tranquilo allá en Hong Kong, y tú aquí llorando por él después de un año sin noticias, y rechazando a chicos guapos que se te confiesan, y sólo por lealtad a él. Es un poco indignante, y de seguro ese tan Cheoran no lo merece.

—¡Se llama Shaoran! —Pronunció la ojos verdes de golpe con fuerza, casi sin proponérselo, parándose de la banca casi de un salto—. ¡Y él no es así!, ¡tú no sabes nada de Shaoran! ¡Él hizo esto porque…!

La cardcaptor calló abruptamente al darse cuenta de que, no sólo estaba por hablar de más, sino que además había perdido la compostura de una forma que no era natural en ella. Miró a Tsubaki, que desde su asiento la contemplaba aparentemente confundida. Aún a pesar de lo poco que la conocía, hasta ella sabía que no solía explotar así, enojándose y alzando la voz sin motivo alguno. Retrocedió un paso, cubriendo sus labios con sus dedos como si temiera que más palabras se le fueran a escapar, y agachó su mirada, apenada.

—Lo siento, no quise gritarte —se disculpó la castaña con pesar.

—Tranquila —murmuró Tsubaki, alzando sus manos delante de ella—. Perdón si hablé de más. Parece que todavía lo quieres bastante, ¿verdad? Lo entiendo, es difícil olvidarse de un amor tan rápido. Pero, ¿acaso aún esperas que cambie de parecer y te corresponde de alguna forma?

Sakura siguió mirando al suelo sin responderle. Sí, de alguna forma aún lo esperaba, aunque gran parte de ella estaba segura de no ocurriría.

—¿Eso te parece justo? —Añadió Tsubaki—. ¿Que tú te quedes siempre esperando a que él te responda sin ningún resultado y soportando que te ignore de esta forma? —La pelirroja se paró de la banca y se paró delante de su compañera, quien alzó tímidamente su mirada de regreso hacia ella—. Escucha, ¿por qué crees que Hirameshi se fijó en ti de entre todas las chicas de esta escuela que están detrás de él? Eres una chica linda, simpática, lista, enérgica y alegre; cualquiera sería afortunado de tan sólo ser tu amigo, no se diga tu persona especial. Pero tú sigues sufriendo por ese chico y esperando algo que quizás nunca pase. ¿Un año no ha sido suficiente tiempo para llorarlo? ¿No es momento de seguir adelante?

De nuevo, Sakura no respondió. No estaba acostumbrada a que alguien le hablara con tanta dureza, casi como un regaño, y realmente no sabía cómo reaccionar a ello. Sin embargo, al menos de manera fría y pragmática, sabía que lo que decía era cierto. Tomoyo en algún momento se lo dijo, aunque con otras palabras más sutiles, y Kero igualmente lo había intentado; quizás incluso esa invitación a practicar magia era en parte para eso. Quizás era lo que ocupaba: seguir adelante… aunque eso significara olvidarse de él…

No siguieron hablando de ello mucho más. Tsubaki se despidió para poder comer algo rápido antes de que acabara el receso. Y aunque Sakura quizás debió hacer lo mismo, en su lugar se quedó un rato sola en ese paramo apartado del patio, aprovechando la soledad para pensar un poco más.

— — — —

A pesar de lo soleado que se encontraba el día esa mañana, durante el medio día el cielo se fue oscureciendo poco a poco, hasta cubrir por completo la ciudad y soltar un repentino aguacero que tomó a todos por sorpresa. Parecía que esa ida al parque a practicar magia tendría que ser pospuesta. Para Sakura fue mejor así; en verdad no se sentía con ánimos de hacer absolutamente nada.

En cuanto terminaron las clases, se dirigió derecho a su casa resguardada bajo su paraguas. Antes, en días lluviosos como ese, Tomoyo o su hermano la hubieran acompañado, pero desde que comenzó ese año escolar, había tenido que ir y venir de la escuela sin compañía alguna. Incluso esa tarde las calles se sentían casi vacías; sólo unos cuantos carros pasaban de vez en cuando.

La conversación con Tsubaki no le había ayudado del todo a sentirse mejor como esperaba, pero sí le había dado mucho en qué pensar. Se había negado durante todo ese año justamente a hacer eso: pensar al respecto. Quizás ya estaba siendo tiempo de dejar de ignorar la verdad. Shaoran, el Shaoran que ella conoció, el chico que fue su amigo, y la persona que más quería… él nunca volvería.

“Para lograrlo, tendrás que sacrificar el sentimiento más especial que posees en este momento.”

Eriol se lo había advertido claramente en aquella llamada. Si quería salvar a la ciudad, a las cartas y a sus amigos, un gran sacrificio del mismo peso debía hacerse. Y para Sakura, lo más valioso en aquel entonces era lo que sentía por Shaoran. En aquel momento estaba dispuesta a hacerlo, aunque terminara por arrancarse a sí misma el corazón. Pero no lo hizo, porque Shaoran intervino primero. Él hizo el sacrificio, dio sus sentimientos por ella que eran igual o más grandes que los suyos, sólo para evitarle ese dolor. Lo que quizás no sabía era que estaba causándole otro tipo, uno que podría ser incluso peor. Pues ahora le tocaba a ella vivir sintiendo todo eso, sin más remedio que… seguir adelante…

«¿Podrá ser que en verdad todo lo que sentías por mí se esfumó esa noche, Shaoran?» Se preguntaba a sí misma, estando ya frente a la puerta de su casa. «¿En verdad no habrá forma de recuperar aquello que fue perdido? ¿Debería sencillamente olvidarme de todo esto? ¿Sólo… aceptarlo?»

Antes de entrar, se tomó unos momentos para respirar profundamente e intentar calmarse. No quería que su padre la viera en ese estado y se preocupara por nada. Se dio unas cuantas palmadas en sus mejillas y se forzó a sonreír, aunque fuera un poco. Hacer eso no le resultaba natural. Sus sonrisas siempre eran sinceras, casi nunca había tenido que fingir sentir algo que en realidad no sentía.

—¡Ya llegué! —Exclamó alto desde el recibidor para que su voz fuera escuchada, pero no recibió ninguna respuesta—. ¿Papá? ¿Estás aquí?

Dejó la sombrilla mojada y sus zapatos en la entrada y se aproximó por el pasillo hacia el comedor, el cual tenía la luz apagada. Extendió su mano hacia el interruptor de la pared y lo accionó. El comedor y la cocina estaban vacíos, al igual que la sala. Su siguiente opción fue el estudio, pero éste igual se encontraba a oscuras, y no había rastro de su padre. Miró la pizarra que colgaba en el comedor para revisar si su le había dejado algún mensaje. No había ninguno, pero tampoco lo esperaba en realidad, pues desde que Touya se fue poco a poco habían comenzado a perder la costumbre.

Muchas cosas habían cambiado en esa casa demasiado rápido. Muchos cambios…

Todo estaba muy, muy callado; apenas y se escuchaba el sonido de la lluvia de afuera. Y al parecer, estaba sola… bueno, a excepción de Kero, que sin lugar a duda estaría arriba en su cuarto, pero si no bajaba a recibirla quizás era porque seguía dormido. Últimamente dormía bastante.

Decidió no perturbar a su guardián por ahora, y en su lugar pensó en prepararse algo de comer… pero tampoco tenía ánimos para eso. En su lugar, eligió las sobras de alguna comida de días anteriores; ya sin Touya ahí, solía sobrar prácticamente su ración, aunque Kero terminaba comiéndose la mayoría. Calentó el plato en el horno, y unos minutos después se sentó sola en la mesa del comedor, como se había sentado esa misma mañana.

Comenzó a comer lento, sintiéndose agobiada por el silencio. Y, por algún motivo que no comprendía, por la foto de su madre sobre la mesa. Esa foto siempre había estado ahí, y desde que tenía memoria siempre le había causado cierta tranquilidad el verla, saludarla y comer a su lado. Pero esa tarde, esa sonrisa alegre y esos ojos verdes brillantes… le incomodaban, como si fuera realmente el rostro de una persona mirándola fijamente; como Hirameshi… o Shaoran.

Sin que lo pensara mucho, casi como un acto reflejo, tomó abruptamente su plato y cubiertos y se dirigió a la sala. Tampoco acostumbraba mucho comer frente al televisor, pero intentó justificarse diciéndose a sí misma que el sonido de éste aplacaría la incomodidad del silencio. Y en parte lo hizo. Colocó primero un programa de cocina y lo dejó por unos minutos, antes de cambiarlo por un noticiero local que hablaba de clima lluvioso por el que estaban pasando. Lo siguiente fue un programa de concursos bastante ruidoso, del que pasó casi de inmediato. Terminó dejándolo en un programa que hablaba al parecer de espectáculos, pero ella en realidad no le puso bastante atención; sólo lo dejó para que el sonido opacara el silencio como era su deseo original.

La lluvia afuera no cesaba; de hecho, parecía haber comenzado a caer con más fuerza. Iba ya a la mitad de su plato, y el programa en la televisión estaba próximo a terminar, cuando ya no pudo contenerse más: las lágrimas comenzaron a brotar en borbotones de sus ojos. Los gemidos y pequeños alaridos le siguieron, e inconscientemente se cubrió el rostro con ambas manos, aunque no hubiera nadie ahí para verla.

Tenía tantas cosas en la cabeza que sentía que ésta le iba a estallar.

No era primera vez que lloraba de esa forma; lo había hecho bastante durante ese último año, siempre a solas, a escondidas de su padre, de Kero, y de Tomoyo cuando aún ella seguía ahí. No quería que nadie la viera de esa forma, que se asustaran o preocuparan. Repetía una y otra vez que pasara lo que pasara, todo estaría bien, pero sencillamente ya no veía cómo. De hecho, conforme más tiempo pasaba, todo parecía volverse peor. Cada vez estaba más triste, y más sola…

«¿Por qué estoy llorando?» Se decía a sí misma sin dejar de llorar. «Quiero estar bien, quiero estar feliz, quiero sonreír, ir a la escuela y divertirme como siempre lo he hecho… ¡Pero no puedo!, ¡No puedo hacerlo! ¿Por qué me está pasando esto?»

Sakura agachó su torso al frente, hasta casi ocultar su rostro entre sus piernas, tratando de olvidarse de todo lo que la rodeaba. Se sentía tan fuera del lugar, como si no perteneciera a ese sitio. Por primera vez en mucho tiempo, sentía las ganas de simplemente… no existir…

«Mi mamá, Yukito, Touya, Tomoyo… Shaoran… Todos se han ido, ¡Todos me han abandonado! Incluso mi papá ya casi ni me voltea a ver… ¿Por qué? ¿Por qué? Sé que no debería de pensar estas cosas, pero no puedo evitarlo… Estoy tan cansada, tan cansada… ¿Por qué las cosas no puedes ser como siempre? Desearía… desearía que todo fuera como antes… ¡Quiero que todo vuelva a ser como era antes…!»

De pronto, algo cambió. El agobiante silencio, la lluvia, el sonido de la tele, el olor de su comida aún sin terminar, e incluso sus propios sollozos… todo desapreció. Y lo único que quedó, lo único que sus sentidos pudieron captar, fue ese olor otra vez: el aroma a perfume de rosas.

Sakura apartó su rostro empapado de sus manos y levantó la vista al frente. En la mesita al centro de la sala, reposaba la correspondencia de esa mañana; de seguro su padre la había colocado ahí, aunque no era el lugar habitual para ella. Ahí estaban todas las cartas, incluida la del sobre azul que le había enviado Tomoyo. Pero sobre todas ellas, estaba aquella extraña carta de sobre blanco y sello en forma de rosa; el aroma seguía proviniendo de él.

Se había olvidado por completo de esa carta. Era increíble que a pesar de haber pasado tantas horas, el perfume que tenía encima aún siguiera tan fuerte como para que lo pudiera captar desde esa distancia.

Con sus dedos comenzó a secarse sus ojos y respiró con más tranquilidad. Se levantó del sillón y se colocó en el suelo delante de la mesita. Extendió su mano para tomar la carta blanca y la analizó con más detenimiento. No había mucho que analizar, en realidad, pues justo como recordaba el frente no tenía ninguna información de remitente, ni destinatario, ni estampillas, ni nada más que su nombre de pila, escrito en letras grandes y negras. Lo único adicional que tenía era ese sello de rosa en el reverso. El dibujo en éste era sencillo, pero de cierta forma hermoso a su manera.

Se quedó inmóvil y silenciosa unos momentos, antes de decidirse a abrir la carta al fin. Con un dedo de su mano derecha rompió el sello de cera y abrió el sobre. Metió entonces su mano para sacar el contenido. Al jalar los papeles que estaban adentro, algo más salió: un pequeño objeto que se desplazó, cayó sobre la mesa, rebotó un poco y terminó cayendo en sus piernas. Aquello la asustó un poco, pero se tranquilizó cuando bajó su vista y la centró en el misterioso objeto. Era pequeño y blanco, y al principio no pudo identificar de qué se trataba. Acercó su mano a él y lo alzó para verlo de cerca. Ya frente a su rostro, pudo notar sin lugar a duda que se trataba de una sortija… una sortija de color blanco, con un sello de color rosa en ella. El sello era similar al que estaba en el sobre: la forma de una rosa con sus pétalos abiertos.

—¿Qué es esto? —Se preguntó mientras miraba la sortija con cierta extrañes. El sello parecía brillar con intensidad cuando la luz lo tocaba. Sakura no sabía mucho de ese tipo de accesorios, pero le pareció ciertamente hermoso. Aunque le pareció extraño que mientras había estado sosteniendo el sobre, no había sentido que contuviera algo como eso. Era como si se hubiera materializado de pronto.

Dejó la sortija unos momentos sobre la mesa y se enfocó en el resto del contenido del sobre. Eran sólo dos cosas, en realidad. La primera era una tarjeta blanca, de un papel grueso o cartón delgado, del doble del tamaño del sobre, pero doblado por la mitad y rodeado con un listón rosado que lo mantenía cerrado. Le resultó bonito, como la invitación a una boda, y por un momento consideró si acaso podría ser en efecto eso. Explicaría mucho su inusual diseño, aunque no creía conocer a alguien que se fuera a casar próximamente: además, ¿por qué vendría a su nombre y no al de su padre? Lo segundo era un papel más convencional tamaño carta, doblado con dos dobleces para que cupiera mejor, y a simple vista parecía ser una carta de pocas palabras.

Sakura se centró primero en la tarjeta. Le quitó el listón lentamente y la abrió para ver que escondía. Se dio cuenta en cuanto la abrió que el perfume que impregnaba la carta no venía del sobre, sino de esa tarjeta, y éste terminó por infiltrarse por completo en su nariz, pero no fue desagradable. El papel era blanco, aunque en las orillas lo decoraba un marco de color rosa que al parecer intentaba simular una enredadera y flores. No era la invitación a ninguna boda, o al menos a Sakura no le pareció. Sólo contenía una oración en letras negras, colocada en el centro del papel con un tipo de letra muy llamativo:

“Ven y conoce tu destino.”

—¿Ven y conoce tu destino? —murmuró Sakura despacio, leyendo aquella corta frase. Permaneció unos segundo pensativa, intentando hallarle algún sentido, pero de momento no se le vino ninguno en mente.

Quizás la otra carta lo explicaba.

Dejó la tarjeta sobre la mesita, a lado de la sortija, y pasó a leer la carta. Ésta era diferente; parecía más que nada una especie de documento. La castaña centró primeramente su atención en el encabezado, escrito con letras grandes y negras: “Academia Othori.”

—¿Othori? —Repitió Sakura, confundida.

«Esa es la escuela en la que ahora estudia Tomoyo, ¿o no?», pensó la cardcaptor intentando hacer memoria. Le parecía que en efecto así era.

Pasó entonces a leer en voz baja el contenido de la carta, que no hizo más que oscurecer todo ese misterio aún más.

—Estimada Señorita Kinomoto Sakura —susurró—. Nos complace informarle que ha sido aceptada en la Academia Othori, en su campus madre ubicado en la  ciudad de Hooshi, como alumna del Primer Grado de Secundaria en el presente ciclo escolar. —Se detuvo unos momentos, creyendo que quizás había entendido mal. Sin embargo, tras una segunda leída de esa primera frase se dio cuenta que decía justo lo que creía, así que prosiguió con lo siguiente—. Será un placer para nosotros contar con su presencia dentro de nuestra Institución. Por favor, repórtese lo antes posible en nuestras instalaciones para que pueda comenzar sus clases sin más tardanza. Espero disfrute de su nueva vida como miembro de la familia Othori, y juntos podamos alcanzar la excelencia. ¿Atentamente… la Directiva de la Academia Othori, Nivel Secundaria…?

Sakura se quedó un largo rato contemplando aquel extraño papel. No lo releyó, sólo lo miró, como esperando que algo mágicamente brotara de él y le clarificara qué significaba. Pero nada similar apareció.

«¿Qué significa esto?», pensó. «Pero si yo no pedí solicitud para entrar a esa escuela. ¿Habrá sido Tomoyo? ¿O su mamá? Pero, me lo habrían dicho, ¿o no? ¿O quizás papá lo hizo?»

Aún enmarañada por todo eso, bajó la carta y la colocó sobre la mesa. Nada en todo eso tenía sentido. ¿Era acaso algún tipo de broma?; si lo era, no la comprendía. Además, ¿quién le haría una broma así? Y, ¿para qué?

Su atención volvió a la tarjeta y la tomó de nuevo, releyendo su única frase en voz alta:

—Ven y conoce tu destino… Mi destino…

De pronto, aquella expresión le pareció extrañamente familiar. ¿Alguien le había dicho esa frase antes? No era muy complicada, y pensó que no sería raro que alguien la dijera en diferentes contextos. Pero no lo sentía así. Tenía la sensación de que alguien se lo había dicho en un momento concreto, e importante. Pero, ¿quién? ¿Quién había sido…?

«Mi destino…»

«Mi destino…»

La lluvia seguía sonando de fondo, ahora con mucha más fuerza. Podía escuchar claramente las gotas golpeando contra la ventana y el techo, incluso como agitaba los árboles.

«Ven y conoce tu destino…»

«Mi destino…»

Y de pronto, algo se le vino abruptamente a la cabeza, sacudiéndola como si la hubieran golpeado fuertemente. Su cuerpo se inclinó al frente, y apoyó ambas manos contra la mesita para intentar darse un poco de estabilidad.

«¡No puede ser!», pensó totalmente atónita. «No, no es posible… ¿qué es esto?»

Un recuerdo cruzó su mente rápidamente como una película en cámara rápida. Pero ella no era una simple espectadora de aquella película, sino que veía todo desde sus propios ojos. Aquella horrible noche se había desvanecido por completo de su memoria; ya fuera porque conscientemente quisiera olvidarlo, por lo joven que era, o porque algo o alguien así lo hicieron pasar. Pero ahora todo volvió; todo, incluso aquello…

* * * *

Diez años atrás

La lluvia sonaba muy parecido en aquel momento. Nunca antes había huido de su padre o de su hermano, mucho menos salido a la calle sin alguno de ellos. Pero en aquellos momentos, la pequeña Sakura de tres años sólo quería estar sola. Ella no comprendía lo que ocurría, ni las palabras de su padre, o qué significaba en realidad que su madre se fuera y nunca volviera. Era sólo una niña que amaba a su mamá, y ella también la amaba. Y el hecho de que le digieran que ya no iba a estar con ellos simplemente le rompía el corazón, a un nivel que su joven mente no era capaz de comprender. Y la única reacción que le fue posible realizar fue la de correr, correr con todas sus fuerzas hasta perderse de la vista de su familia. Ella no miraba por dónde iba, y en realidad no sabía cómo había llegado tan lejos. Pero cuando menos lo pensó, ya estaba afuera del hospital, en la banqueta, y debajo de la lluvia. Era como si simplemente se hubiera tele transportado; al dar un paso estaba en un sitio, y al siguiente ya estaba ahí. ¿Era aquello una respuesta a sus deseos de soledad?

En poco tiempo, su cabello, su ropa y su oso de peluche se empaparon con el agua que caía del cielo. Miró hacia atrás y se dio cuenta de que estaba ya lejos del hospital, aunque el edificio aún era visible a lo lejos. A un lado se ella se encontraba una larga reja de metal, y del otro lado un largo y profundo canal por el que el agua comenzaba a correr con fuerza, alimentado por la abundante lluvia.

Sakura respiró lentamente, y se fue calmando, aunque las lágrimas no dejaron de brotar, mezclándose con las gotas de lluvia. Tenía frío, tristeza, y sobre todo mucho miedo. Pensó en volver al hospital, pero se sentía paralizada. Lo único que pudo hacer fue sentarse en la acera a sollozar, abrazada de su osito. A sus espaldas se encontraba la barda que separaba a la baqueta con el canal por el que pasaba el río.  Pensó, ingenuamente, que si esperaba lo suficiente, su padre o su hermano aparecerían y se la llevarían con ellos. Sólo debía esperar…

El rechinido de unas llantas la sacó de su letargo y la hizo levantar la cabeza. A lo lejos, pudo ver como las luces de un vehículo zigzagueaban entre la lluvia. Sus ruedas estaban patinando en el asfalto mojado, y el conductor estaba perdiendo el control. Sakura se quedó paralizada en su sitio, mirando como aquellas luces se hacían más y más grandes conforme el vehículo se dirigía directo hacia dónde ella estaba. El conductor intentaría frenar, pero sería inútil. Hasta el último segundo, era más que evidente que el frente del auto terminaría por golpear a la pequeña directo en la cara… Pero no pasó.

Sin que Sakura ni el conductor entendieran lo sucedido, una figura salida de entre las sombras de la noche cruzó la calle a toda velocidad, tomó a la niña en sus brazos y saltó junto con ella la barda del río, segundos antes de que el auto se estrellara contra ésta y la derribara.

Cuando la niña fue capaz de reaccionar, se encontraba suspendida en el aire. Aquel extraño la aferraba con fuerza a su cuerpo, con su cara recargada contra su pecho cálido y fuerte. A pesar de la confusión, a pesar del miedo, Sakura se sintió segura. Sintió que todo estaría bien…

La pequeña cerró sus ojos, un instante antes de que ambos, su salvador y ella, comenzaran a caer directo hacia las aguas salvajes del río.

* * * *

Tiempo Actual

Sakura estuvo a punto de desplomarse hacia un lado, pero logró colocar sus manos para evitarlo. Su cabeza le daba vueltas, y sentía un dolor en el estómago. Miraba totalmente desorientada sus propias manos contra la alfombra del suelo, y notaba como su mirada se nublaba, aunque ella intentara que no fuera así. Sentía como si hubiera corrido un maratón de varios kilómetros, y quizás ni en ese escenario se sentiría tan agotado.

Eso que vio… la acera, la reja, la lluvia, el vehículo… esa persona. «¿Qué son…?» Pensaba con cierta ansiedad. «¡¿Qué son esos recuerdos?!… ¡Eso no pasó en realidad!… ¿o sí?… ¡¿O sí?!»

FIN DEL CAPÍTULO 02

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Sakura: ¿Qué significan las palabras de esa carta? ¿Y qué son estos recuerdos que brotaron de pronto? ¿Aquello realmente pasó? ¿Quién fue esa persona? ¿Acaso…? Necesito respuestas, necesito saber la verdad; necesito saber cuál es mi destino. No se pierdan el próximo capítulo de “La Rosa Blanca: Revolución.” ¡El Mundo yo voy a Cambiar!

Capítulo 03: Mi Príncipe

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La Rosa Blanca: Revolución. Han pasado algunos años desde que Sakura Kinomoto selló la última Carta Clow. Desde entonces, su vida ha pasado por una serie de cambios y situaciones con los que ella no es del todo capaz de lidiar. Un día, una misteriosa carta llega a sus manos, invitándola a asistir a una escuela que ella no conocía, pero acompañada además de una extraña sortija con el emblema de una rosa, y un mensaje: «Ven y conoce tu destino…» Intentando descubrir el secreto detrás de esto, Sakura se verá envuelta en una serie de extraños combates entre magos, que buscan apoderarse de un increíble Poder capaz de cumplir cualquier deseo, y que revelarán profundos secretos de sí misma y de sus seres más queridos.

+ «Cardcaptor Sakura» © CLAMP, Kōdansha, Madhouse.

+ «Shoujo Kakumei Utena» © Chiho Saito & Be-Papas, Shogakukan, J.C.Staff.

+ «X/1999» © CLAMP, Kadokawa Shoten, Madhouse.

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