Original Crónicas del Fénix del Mar – Capítulo 05. Ataque Sorpresa

9 de junio del 2019

Crónicas del Fénix del Mar - Capítulo 05. Ataque Sorpresa

WingzemonX & Denisse-chan

CRÓNICAS del FÉNIX del MAR

CAPÍTULO 05
ATAQUE SORPRESA

Caída la noche, todo en la mansión se quedó muy tranquilo. Los señores y su invitado de honor ya se encontraban en sus camas, así como la mayoría de la servidumbre. Sólo unos cuantos sirvientes seguían despiertos, para cualquier cosa que se ocupara y para cuidar que todo estuviera bien. Justo esa noche le tocaba a Day Barlton dichas tareas, pero nadie pudo encontrarla. Anita se preocupó, pero los demás no parecieron del todo sorprendidos, y muchos murmuraban que de seguro al fin había cumplido su amenaza y había huido; otros suponían que sólo se había escapado al pueblo para evitar sus obligaciones unas horas, y ya volvería. Como fuera, la señora McClay estaba furiosa y en cuanto la viera pensaba ponerla en su lugar, aunque dicho lugar fuera directo en la calle. La jefa de servidumbre no tenía forma de adivinar que dicho regaño nunca sería dado, ya que era probable que nunca más volviera a ver a Day Barlton.

Para bien o para mal, Elena tuvo que remplazarla y eso no le producía ninguna satisfacción.

Una parte considerable de los guardias del gobernador seguían también despiertos, más los guardias del regente. Se habían arreglado para recorrer la propiedad y vigilar en espera de cualquier percance. Y aunque en realidad todo parecía indicar que sería una noche tranquila, pronto se enterarían de que no sería así.

Desde la colina, el pequeño grupo de piratas observaba hacia la casa, oculto entre las sombras. Las luces de las linternas de aceite que llevaban los guardias se movían por los jardines, como si fueran luciérnagas danzando al ritmo de alguna sinfonía. Parecían ser alrededor de quince luces individuales, por lo que podían suponer que había al menos esa cantidad de guardias patrullando el exterior. A esos habría que sumarles los que de seguro se encontraban haciendo lo mismo en el interior.

—¿Alguien me quiere repetir qué parte de esto es una buena idea? —Murmuró Roman con marcada desconfianza—. Hasta yo puedo ver que esto es bastante estúpido.

—¡Silencio, Joe! —Exclamó con fuerza el Capitán Carmesí, mientras miraba con su catalejo hacia la mansión y sobre todo la forma en la que los guardias se movían—. Nada de esto es estúpido; es brillante. La vida nos dio limones, ¡y nosotros se los arrojaremos directo en la cara a la aristocracia de Kalisma!

—Ah… hasta yo sé que esa frase no iba así…

Luego de llevar el plan del capitán al barco, Henry se había encontrado con algunas renuencias de parte de varios de los tripulantes, algo que le resultaba más que esperable. Sin embargo, usando su don de habla, y sobre todo su carisma, se las había arreglado para convencer al menos a la mayoría.

De entre todas las múltiples tareas que el primer oficial tenía que desempeñar en el Fénix del Mar, la más importante sin lugar a duda era la de traducir las “brillantes” ideas del capitán, en ideas remotamente coherentes que la tripulación pudiera digerir y aceptar mejor. Con el pasar de los años había curtido dicha habilidad con bastante eficacia.

No toda la tripulación era requerida para ese golpe, pero sí algunos elementos claves. En esa colina se encontraban, además de Jude y Henry, la contramaestre Shui, Luchior, Roman, Lloyd, Connor y tres hombres más; diez en total. ¿Serían acaso suficientes? Ciertamente no bastaban para hacer un ataque directo contra la cantidad de guardias que estaban estimando, incluso aunque fuera un ataque sorpresa.

—Bueno, Jude —intervino Henry con tono calmado—. Estuviste todo el día vigilando la casa. Supongo que has de haber tenido oportunidad de refinar un poco más tu plan, ¿no?

—Claro que sí, Nathan —respondió el pelirrojo con absoluta confianza—. Nuestro objetivo se simplificó realmente. Iremos sólo por una cosa: un baúl propiedad del gobernador, que vi con mis propios ojos que descargaban con sumo cuidado de su carruaje.

—¿Y qué contiene ese baúl? —Cuestionó Luchior sin realmente mucho interés.

—No lo sé, pero eso no es lo importante. Lo importante es que tiene en él el símbolo del león y la corona; en otras palabras, lo que sea que contenga es de los Vons Kalisma, o lo será cuando se los entreguen en Korina.

—¿Otra vez nos llevas a una misión tras una caja con ese estúpido símbolo? —Espetó Shui, claramente inconforme—. ¡¿Y de nuevo no tienes ni idea de lo que contiene?!

—¡No le pondrían ese símbolo a algo si no fuera importante! Así de vanidosos son.

—Quizás el baúl antes contenía un regalo de los reyes al gobernador —señaló Roman con tono sensato—, y ahora él lo usa para guardar sus calcetines.

—¡No importa lo que guarde! —Exclamó Jude, con tanta fuerza que puso nerviosos a todos de golpe ante la posibilidad de que lo hubieran escuchado hasta la casa—. ¡Lo que importa es que lo robemos bajo sus narices!, que les demostremos que sin importar qué, nunca estarán a salvo del Fénix del Mar; ni siquiera en sus cómodas camas de sábanas suaves. ¡Nadie está libre del alcance del Gran Jude…!

—Detente ahí un segundo, por favor —solicitó Henry abruptamente, alzando una mano hacia él. Luego, se le acercó silenciosamente, colocó una mano en su espalda y lo guió con calma un poco lejos del resto—. Escucha, Jude. La única razón por la que pudimos convencer a casi todos de apoyarte con esta idea, es porque les prometimos que sería un ataque rápido y silencioso; ¿entiendes? Es decir, nada de confortaciones directas, espectáculos, y especialmente nada de risas, gritos o proclamar tu nombre al viento. Entramos sin que nos vean, tomamos el botín y nos vamos. ¿Estamos de acuerdo con eso?

Jude lo miró un poco vacilante, como si no estuviera seguro de si debía responderle algo en realidad o no.

—Pues…

—Perfecto —exclamó el primer oficial sin permitirle terminar, y justo después le dio varias palmadas en su espalda. Se alejó de él justo después, regresando con el resto del grupo—. Entonces, capitán, ¿cuál es su plan?

Jude abrió los labios y alzó un dedo con el acto reflejo de proclamar su respuesta con fuerza. Sin embargo, logró contenerse a último momento y tomar una postura relativamente más calmada y tranquila.

—Como pueden ver, la mansión está totalmente vigilada. No hay muchas entradas en realidad; sólo la principal, la que sale al jardín trasero, y la de los sirvientes que creo da a la cocina y la lavandería; ésta última me parece es la de más fácil acceso.

—No servirá de nada tener una entrada si no podemos llegar a ella por los guardias —señaló Luchior tajantemente.

—Por eso nos dividiremos. Mientras unos se encargan de llamar la atención de los guardias al frente de la casa, ¡mis dos armas secretas y yo ingresaremos a la casa! —Alzó entonces su mano al frente, señalando justo a Shui y Luchior con ella—. ¡Julieta y Romeo!, ¡los dos mejores malhechores del Fénix del Mar!, expertos en infiltrarse en este tipo de situaciones y vivir al peligro con la ley respirando sobre sus nucas. Pero que ahora han corregido sus vidas para un bien mayor: ¡servir a grandiosa Nación de Florexian, como corsarios de nuestra amada…!

—Jude —murmuró Henry despacio, mirando al capitán con una expresión similar a la que acompañaría a un regaño. Jude carraspeó un poco, calmando un poco su ímpetu.

—De nuestra amada Reina Estelyse IV —terminó su frase con un tono mucho más bajo y calmado.

—¿Julieta y Romeo? —Murmuró Luchior, colocando después una mano sobre su barbilla, reflexivo—. Eso suena bien, por alguna razón.

—Oye, ¡yo no era una malhechora! —Reprendió Shui, quizás ofendida—. ¡Yo nací en una familia decente y con educación! Mi único crimen fue huir de su opresión y querer hacer las cosas a mi manera. Que eso haya tenido que venir de la mano con hacer algunas cosas indebidas luego de eso, no fue porque yo quisiera.

—Bien, creo que todos estamos de acuerdo en que de una u otra forma, ustedes dos son los más adecuados para acompañar al capitán al interior de la casa —intervino Henry para calmar los humores—. Pero el resto de nosotros, ¿cómo vamos a distraer a los guardias?

Jude sonrió de lado a lado y se cruzó de brazos con una postura relajada.

—Ni idea —respondió con simplicidad—. ¡Eso piénselo ustedes!

Lloyd por mero instinto llevó su mano a su frente, chocando su palma contra ésta.

—Lo bueno es que yo sí vine preparado —comentó el hombre mayor, y entonces le indicó a Connor a su lado que colocara en el piso una gran bolsa que éste cargaba. Lloyd comenzó a sacar de ésta algunos objetos—. Traje unos explosivos de bajo impacto; más ruido que otra cosa. Si los ponemos afuera de la barda perimetral, eso llamará la atención de los guardias e irán a investigar. Adicional a ello traje el cañón portátil para disparar una de las bombas de luz, pero sólo traigo una; será mejor guardarla para el escape.

—¡Grandioso! —Espetó Jude con orgullo—. ¡Justo como lo planeé!

Algunos de los presentes parecían estar tentados a decirle algo con respecto ese comentario, pero al final desistieron de la idea.

—Los explosivos tendrán la atención de los guardias, pero sólo por unos minutos —agregó Henry—. Luego de ello se reagruparán, y de seguro se pondrán nerviosos y comenzarán a inspeccionar toda la casa. Tendrán que salir de ahí antes de que eso pase; diez minutos máximo.

—Sencillo —respondió Jude, despreocupado—. Estuve viendo por las ventanas a dónde llevaban el baúl los guardias del gobernador, así que sé aproximadamente hacia qué dirección ir. Entramos, nos llevamos el baúl, lanzan la bomba de luz, ¡y listo! Un segundo golpe efectivo, cortesía de Jude el Carmesí. Y claro… —metió en ese momento su mano a su abrigo, sacando de su bolsillo interior un pergamino doblado dos veces—. No podía faltar mi manuscrito personalizado para que no haya duda de que fuimos nosotros. ¡Será perfecto! ¿Alguna duda?

—¿Te caíste de tu cuna de niño o algo así? —Susurró Shui despacio, como si fuera más un simple pensamiento esporádico.

—¡Del plan, Julieta!

Shui se encogió de hombros, indiferente.

—Sólo espero que esta vez ese baúl sí traiga joyas u oro consigo.

—Deja de quejarte con eso. Lo que sea que traiga, ¡valdrá la pena!

—No es bueno generalizar —suspiró el primer oficial—. ¿Recuerdas la vez que nos llevamos una no tan grata sorpresa al darnos cuenta que habíamos robado un cargamento lleno de aves del paraíso? Todos, y me refiero a TODOS, tuvimos que ayudar a Kristy a limpiar sus desechos.

—Tranquilo, Nathan; te puedo asegurar que no hay aves en ese baúl. ¡Basta de charla!, ¡andando!

Sin más, comenzó a correr colina abajo hacia los árboles a la lateral de la mansión, del lado en el que se encontraba la puerta de servicio. Shui lo siguió, aunque con considerable menos brío, y con sus manos detrás de su cabeza.

—Descuide, oficial —comentó Luchior mientras iba detrás de los otros dos—. Si algo se sale de control, lo noquearé y lo sacaremos de ahí arrastrando si es necesario.

—Eso sería muy útil, gracias —asintió Henry, mientras veía como se alejaban—. Lloyd, explícanos qué tenemos que hacer.

— — — —

Jude, Luchior y Shui treparon a un árbol, el más cercano posible de la barda y con la altura suficiente para ver a algunos de los guardias moverse por el jardín. Los tres se ocultaron entre las ramas y hojas, esperando no ser detectados por ninguno de ellos mientras aguardaban la distracción de Lloyd. Una vez que esas explosiones detonaran, no tendrían mucho tiempo; tendrían que moverse lo más veloz posible por esos pasillos, y sin que nadie los viera. Y su único guía era Jude el Carmesí, quien solamente creía saber en qué dirección habían llevado el botín, y encima dicho botín era un baúl que sólo Dios sabía qué contenía en realidad.

Pero ya estaban ahí, así que no había ningún tipo de vuelta atrás.

Los tres aguardaron sentados en ramas diferentes, envueltos en un silencio que se había vuelto casi incómodo, al menos para su capitán.

—Las aves del paraíso no eran tan malas, ¿no? —soltó de pronto, confundiendo a sus compañeros. Se volteó entonces directo hacia Shui—. Tu pollo se hizo muy amigo de una.

Shui entrecerró un poco sus ojos, mientras lo miraba sólo lo necesario.

—Si con “pollo” te refieres a Shunray, y con “amigo” te refieres a que él casi la mató con sus garras por atreverse a meterse con él, sí. Y te recuerdo que él puede sacarte los ojos en cualquier momento, así que te aconsejo que no le digas “pollo” otra vez.

—Bien, bien —contestó Jude, alzando sus manos en rendición.

—Ya que estamos en esto —intervino Luchior desde su rama, pero sin quitarle la vista de encima al jardín—. ¿Por qué no secuestramos al gobernador de una vez? De seguro pesará menos que el baúl, y darían buen dinero por un noble de su posición.

—Los secuestros y rescates son más problemático —Respondió Jude escuetamente—. Aunque también hay que considerar el mensaje que eso daría. Quizás ese cerdo bastardo del rey…

Las palabras del pirata fueron cortadas abruptamente, pues en ese momento una serie de explosiones comenzaron a escucharse. Sonaban de hecho con bastante intensidad, hasta lograr sacudirlos en sus ramas; Jude, de hecho, estuvo a punto de caer de la suya, pero se sostuvo para impedirlo.

Lejos de ahí, en el frente de la casa, una serie de cortinas de humo se alzaban desde diferentes puntos. Los guardias del jardín se sobresaltaron al escucharlo, y de inmediato comenzaron a congregarse en la parte delantera de la casa sin pensarlo mucho.

—El viejo no exageraba cuando dijo que eran más ruido que otra cosa —comentó Luchior, un poco sorprendido—. Como sea, es nuestra señal. ¡Vamos!

Shui y Luchior saltaron de las ramas rápidamente; Jude tardó un poco más. Shui de inmediato se movió sigilosa hacia la barda, y se puso de rodillas a un lado de ella. Colocó sus manos entrelazadas en la posición para dar impulso. Luchior colocó su pie en sus manos, y la contramaestre lo impulsó hacia arriba, ayudándolo a cruzar el muro y caer del otro lado.

—¡Andando, tonto Carmesí! —Espetó Shui, y el capitán de inmediato imitó a Luchior. Igualmente fue impulsado, aunque terminó con el abdomen sobre la barda, y tuvo que dejarse caer de sentón al otro lado. Shui, por su parte, se puso de pie, flexionó las rodillas, y luego se impulsó a sí misma con sus piernas, saltando realmente alto, y dando una maroma para caer grácilmente en el césped.

Para cuando Jude y Shui lograron pasar, Luchior ya había comenzado a trabajar con la cerradura de la puerta de servicio. Unos cuantos segundos después, la puerta se abrió por completo con suma facilidad.

—Pan comido —masculló Luchior orgulloso y de inmediato guardó sus herramientas en una pequeña bolsita de piel que portaba consigo en la parte trasera de su cintura.

Los tres ingresaron rápidamente, cerrando la puerta con cuidado detrás de ellos.

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Las estridentes explosiones se escucharon incluso en el interior de la casa. La señora Lilia se despertó asustada, sacada súbitamente de un profundo sueño. Soltó un agudo grito de miedo por mero reflejo, mismo que terminó despertando al regente, más que las propias explosiones. El hombre se estremeció en su lado de la cama, hasta casi caerse de ésta.

—¡¿Qué es lo que pasa, mujer?! —Le gritó el regente entre confundido y asustado.

—¿No escuchaste eso? —Le recriminó su esposa—. Fueron explosiones, Joe. Ve a revisar.

—¿Yo? Que revisen los guardias, para eso están aquí —respondió de mala gana, y se volvió a recostar de nuevo como si nada.

—¡Tonto! ¡¿Y qué pasa si nos están atacando?!

—¿Atacando…? ¡¿Atacando?! —El hombre rápidamente intentó levantarse, pero se enredó entre las sabanas y terminó con la cara contra el piso—. ¡Guardias!, ¡defiéndanme!

—¡Sé un hombre y defiende tu casa tú mismo! —Espetó molesta la señora, y rápidamente ella misma se paró, corrió al armario del cuarto sujetando la parte larga de su camisón de noche con ambas manos, y se encerró en él.

—¡Soy el regente!, ¡yo no hago esas cosas! —Se defendió el señor, e intentó seguirla hasta el armario, pero ella cerró la puerta justo en sus narices—. ¡Déjame entrar, mujer!

—¡No!, ¡no cabemos los dos aquí adentro!

—¡Lilia!, ¡abre esta puerta! ¡Te lo ordeno!

—¡Dale órdenes a tu abuela! ¡No puedes comportarte como un cobarde frente al gobernador! ¡Así nunca te darán su puesto!

Los señores de la casa siguieron debatiendo entre sí en su cuarto, mientras del otro lado de su puerta todo lo demás ocurría.

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Afuera, los guardias se encontraban inspeccionando la parte frontal de la casa, revisando todos los rincones en busca de cualquier intruso. Los explosivos que habían usado eran efectivos; ni siquiera habían dejado rastro de chamuscado, sólo humo que se había comenzado a disipar. Eran de una mecha larga, por lo que Henry y su grupo pudieron colocarlos en puntos específicos de la barda, y luego regresar a su escondite en las colinas, antes de que los guardias llegaran. De momento vigilaban todo desde su posición y parecían a salvo. Sin embargo, si alguno de los guardias tenía la iniciativa de investigar más lejos, terminarían quizás acercándoseles. Henry no había determinado aún qué harían si eso pasaba. Igualmente, si veía que Jude y su equipo tardaban demasiado, ¿se irían sin ellos? ¿Lanzarían la bomba de luz? ¿O se quedarían a pelear para distraerlos un poco más? Si todo salía bien, no habría necesidad de tomar alguna de esas medidas; pero, considerando que el otro grupo era guiado por Jude, el que todo saliera mal siempre era una posibilidad sobre la mesa.

El primer oficial se cruzó de brazos y miró pensativo hacia la casa. Los guardias comenzaban a moverse de nuevo; era posible que tuvieran menos de los diez minutos que habían calculado. Esperaba que ya estuvieran al menos adentro.

—Deja de preocuparte —murmuró Lloyd a su lado, estando éste sentado en el césped, bebiendo de una cantimplora que muy seguramente tenía un poco del licor costoso que habían adquirido esa mañana—. Ésta no es ni lejos la situación más peligrosa en la que nos ha metido. Ese chico es un bobo impulsivo, pero de alguna forma siempre todo le sale bien. Algunos sujetos como él simplemente nacen con buena estrella.

Henry miró de reojo al hombre mayor, pero casi de inmediato se volvió de regreso a la mansión.

—¿Buena estrella? —Susurró—. Me es difícil creer que alguno de nosotros tenga tal cosa; especialmente él.

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Por su parte, el equipo de avanzada de Jude se movía por los pasillos, los tres con suma cautela y sigilo. Se había movido desde la cocina hacia el comedor, luego al recibidor, y después subieron por las escaleras principales hacia el piso superior. Hasta ese momento los corredores se habían encontrado oscuros, solitarios y muy silenciosos. Eso, más allá de tranquilizarlos, los ponía más en alerta, pues los guardias podrían aparecer repentinamente desde atrás de cualquier esquina; era más reconfortante saber el sitio justo en el que se encontraba tu enemigo.

Avanzaron por un pasillo que formaba una cruz con otro más. Se pegaron contra la pared estando Shui al frente, seguida por Jude y luego Luchior. La primera se asomó ligeramente por la esquina para ver el otro corredor. Por lo que llegaba a percibir, no parecía haber nadie cerca; ningún brillo proveniente de una lámpara de gas, ningún paso resonando en el eco o murmullo lejano. Un segundo antes de que se animaran a seguir avanzando, esta situación cambió abruptamente. El sonido de pisadas y armaduras chocando entre sí se hizo presente, obligándolos a retroceder y ocultarse entre las sombras. Tres guardias pasaron corriendo por el pasillo perpendicular al que estaban, a menos de un metro de ellos, y luego siguieron de largo por ese mismo sin notar su presencia o entonar palabra alguna.

—No van hacia afuera —señaló Luchior, animándose a acercarse a la esquina y asomarse hacia donde se habían ido—. Quizás vayan directo a proteger la habitación del gobernador.

—No, estoy seguro que no es por ahí —comentó Jude, asomándose también, aunque señalando con su dedo en la dirección contraria a la que iban los guardias—. Estoy seguro que la habitación a la que llevaron el baúl está en esta otra ala.

—También estabas seguro de que esas cajas que obtuvimos eran algún tipo de tesoro para el Rey —murmuró Shui con molestia desde atrás de ellos—. Tus intuiciones no son las más confiables.

—Oye, eran un tipo de tesoro, ¿o no? —Respondió el capitán, volteándola a ver sobre su hombro—. Yo te vi disfrutando bastante de los vestidos nuevos. Si tanto te molestan, te los quito todos.

—Y no hay ninguna implicación sexual en ese comentario —rio sarcástico Luchior, mirándolos de reojo.

—¡Tú cállate! —Le gritaron los dos al mismo tiempo, y su siguiente impulso al unísono fue taparse a sí mismos las bocas.

—Al demonio con esto, ¿dónde está la estúpida habitación? —Inquirió con molestia la contramaestre, colocando sus dos manos sobre sus cabezas, y presionándolas fuertemente entre sus dedos—. Decidan de una buena vez.

—¡Te digo que es la izquierda! —Respondió Jude, señalándose en dicha dirección—. ¡Yo vi que subían su equipaje para esta dirección!

—Y yo digo que es la derecha —añadió Luchior, también señalando—. Estoy seguro que esos guardias van para proteger la habitación del gobernador.

—¡Los dos son unos imbéciles y no confío en ninguno! ¡Vamos a ir por el centro!

Shui tomó a ambos del cuello de sus trajes y comenzó a jalarlos en la dirección que ella había indicado, sin que pudieran oponer mucha resistencia.

Avanzaron por un rato por ese pasillo con apuro, hasta que tuvieron que detenerse al ver como una puerta justo delante de ellos se abría. Los tres se pusieron en alerta de inmediato y se prepararon para la pelea inminente, si como sospechaban serían algunos guardias los que saldrían por esa puerta. Pero no fue así.

—Espero que lo hayas disfrutado tanto como yo, muñeca —murmuró una voz jocosa que salía del cuarto. Poco después, vieron a un muchacho rubio y de piel clara, con unos pantalones negros y una camisa blanca que se estaba abotonando de abajo hacia arriba mientras caminaba hacia afuera con una sonrisa de bastante satisfacción en su rostro—. Sigue trabajando así; nos vemos mañana…

Al virarse al pasillo para alejarse caminando, el muchacho se encontró de frente con los tres piratas, los tres en posición de ataque, con sables y cuchillos en sus manos listos para atacar, aunque con caras de sorprendidos.

—¡¿Pero qué….?! —Exclamó alarmado—. ¡Guard…!

Shui se le lanzó encima rápidamente, tapándole la boca fuertemente con una mano. Lo jaló de inmediato al interior del cuarto, seguida por sus compañeros que cerraron la puerta inmediatamente después.

 En cuanto cerraron la puerta, escucharon un chillido de susto, proveniente de la cama del cuarto. Al virarse en dicha dirección, vieron a una mujer de cabello claro y corto, aparentemente desnuda ya que se cubría con las sabanas lo mejor que podía, pero aun así dejando parte de sus hombros y brazos a la vista de los intrusos. Ninguno de ellos la conocía, pero se trataba de una de las sirvientas de esa casa, una con el nombre de Elena.

—¿Quiénes son ustedes? —Les cuestionó con voz nerviosa, pero igualmente algo seria.

—Me alegra que lo preguntes —respondió Jude, poniendo sus manos en su cintura—. ¡Estás en presencia ni más ni menos que del gran…!

—Capitán, ahora no —le regañó Luchior con brusquedad. Se acercó entonces al chico que Shui sostenía y lo tomó de su camisa, aún algo abierta, y lo alzó hacia él—. ¿Cuál es la habitación del gobernador? ¡Dinos ahora o te arrojo por la ventana!

El chico tembló muerto de pánico ante la cercanía de aquel hombre de mirada agresiva, y rostro de pocos amigos. Antes de que pudiera responder algo, sus pantalones se deslizaron de su cadera, quedando justo en sus tobillos.

—Oh, santo cielos —exclamó Shui, girándose hacia otro lado para no ver esa escena tan deplorable.

—¡No!, ¡no me arrojes!, ¡quiero vivir! —Gritó el chico con fuerza, casi llorando—. ¡Está en el tercer piso! Vuelven por el pasillo, giran a la izquierda, suben las escales, y es la habitación del final a la derecha. ¡Lo juro!, ¡no me mates! —las lágrimas se hicieron presentes en ese mismo momento.

—¡Ja!, ¡izquierda!, ¡se los dije! —Añadió Jude con ferviente orgullo.

—¿Qué? No —exclamó Luchior, soltando al chico; éste se desplomó de sentón al piso—. Si vamos en esta dirección y tomamos a la izquierda, sería a la derecha que yo decía antes…

—¡No importa! —Les gritó Shui molesta. Tiró de la sabana de la cama con fuerza, dejando en descubierto a la chica que ahí se encontraba, que de inmediato se cubrió como pudo con sus brazos. Usó entonces la sabana para atar al chico de pies y manos—. Lo importante es que ya sabemos dónde es, y que de seguro hay guardias ahí esperando. ¡Tenemos que movernos ya!

—¡Oye! —Se quejó el joven mientras Shui lo ataba, pero no era capaz de oponer resistencia a su fuerza—. ¡No puedes tratarme así!, ¡yo soy…!

Antes de que pudiera terminar de hablar, Shui le metió su propio calcetín a la boca para que guardara silencio.

—¡¿Te tengo que atar a ti también?! —Cuestionó la mujer con ímpetu, señalando a la chica desnuda en la cama—. ¿O te vestirás y te irás tranquilamente de aquí sin hacer ruido?

Elena se sobresaltó un poco al sentirse prácticamente amenazada por esas palabras.

—Me vestiré y me iré tranquilamente —respondió casi en automático.

—Perfecto. Y la siguiente vez búscate a un hombre con más pantalones… tú me entiendes —Dejó entonces caer al chico al suelo, y éste quedó con el abdomen al piso, sin poder moverse o hablar—. ¡Vámonos, soquetes!

—¿Algún día aprenderás a respetarme como tu capitán? —Reprendió Jude, molesto por su forma de hablarles.

—No esta noche, te lo seguro —le respondió Shui secamente. Se dirigió rápidamente a la puerta, y los otros dos la siguieron.

Una vez que se fueron, Elena tuvo el valor de al fin moverse. Miró un rato la puerta esperando si acaso volvían, pero no fue así. Se levantó, y comenzó a vestirse poco a poco con su atuendo de sirvienta, prenda por prenda. Esa noche a ella no le tocaba la guardia, pero le había tocado remplazar a la desparecida Day. Sin embargo, en su recorrido nocturno se había cruzado con el joven amo, y aprovechó el momento de hacer su propio movimiento. Day obviamente despreciaba las insinuaciones del joven amo, pero Elena no tenía problemas con ello. Quizás era unos años mayor que la propia Day, y quizás no era tan linda como ella, pero tenía menos escrúpulos a la hora de hacer lo que tenía que hacer para mejorar su situación. Si podía ganarse el interés del joven amo, podría aspirar a algunos beneficios; el sacrificio valía la pena. O, al menos eso había creído antes de hacerlo. Tristemente, la llegada de esos tres extraños no había sido lo más chocante o insatisfactorio de esa noche.

Una vez vestida, miró al joven amo en el suelo, retorciéndose. Notó como la miraba de reojo, suplicándole que lo liberara. Ella lo miró en silencio unos segundos, pero después pasó de largo hacia la puerta y salió, dejándolo atrás en ese estado. Antes de cerrar la puerta, escuchó sus quejidos, que seguramente eran gritos ahogados por su calcetín. Como fuera, no le importó.

— — — —

Jude y los otros siguieron la ruta que aquel muchacho les había marcado. Volvieron por el pasillo, giraron a la izquierda, y llegaron a unas segundas escaleras que llevaban al tercer piso. Al subirlas y avanzar por el pasillo, no tardaron mucho en ver tres guardias al final del corredor; uno para cada uno. Ellos también los vieron y de inmediato uno de ellos quiso sonar un silbato para mandar una alerta. Luchior se apresuró y le lazó un cuchillo directo a su mano, haciéndole una cortada y obligándolo a soltar el silbato. Shui justo después se le lanzó con un salto, clavándole su rodilla en la cara y haciendo que cayera hacia atrás de espaldas.

Los otros dos sacaron sus espadas, y se pusieron listos. Jude y Luchior los interceptaron con su sable y cuchillos respectivamente. Shui por su parte no tardó en encargarse del suyo, pues en cuanto lo tuvo en el piso con un par de golpes ya lo tenía inconsciente. Cuando se incorporó, Luchior y Jude se encontraban batallando con los otros dos.

—¿Quieren ayuda con eso? —Les cuestionó sarcástica, cruzándose de brazos.

—No molestes —le respondió Luchior entre forcejeos—. Ya casi lo tengo.

Luchior logró empujar al guardia atrás, luego giró hacia un lado esquivando un ataque de su espada. Se colocó detrás de él y lo empujó con una patada en la espalda contra la pared. El guardia chocó de narices contra ésta, y luego el pirata lo tomó con fuerza para estrellar su cara de nuevo, aunque ahora con más fuerza. El hombre cayó al piso de rodillas, con su cara contra el muro, y también fuera de acción.

—Esto sería más sencillo si fuera más permisivo sobre cuando podemos matar y cuando no, capitán —se quejó Luchior, girando un poco su hombro adolorido.

—¡Estos hombres sólo cumplen con un deber impuesto a la fuerza por las fuerzas corruptas que controlan este reino! —Masculló Jude con esfuerzo, mientras forcejeaba con su sable con el otro guardia—. ¡No merecen morir por la causa de un rey egoísta y vil, si está en nuestras posibilidades… el evitarlo! ¡No debemos manchar en vano nuestras manos de sangre, y por lo tanto las de nuestra amada reina!

—Cielos, gracias… supongo —Murmuró el guardia con el que peleaba, un tanto confundido, pero intrigado de oírlo decir eso.

—No hay de qué, buen hombre —le respondió el pirata, justo antes de darle un fuerte cabezazo, tan fuerte que el hombre se tambaleó hacia atrás, totalmente mareado y confundido, para terminar cayendo de sentón al suelo, inconsciente como el resto.

—Vaya que tienes la cabeza dura —masculló Shui, mirando de reojo al último guardia en el piso.

—Y tampoco hay ninguna implicación sexual en eso —volvió a comentar Luchior con tono burlón, ganándose un par de miradas de inconformidad de sus dos compañeros.

Tenían ya el camino libre, y frente a ellos se encontraba la puerta de la habitación que tanto buscaban.

— — — —

Desde su escondite forzado, Day Barlton había escuchado las explosiones del exterior. Se había quedado ya dormida sobre los ositos, ya más resignada sobre su situación; incluso entre sueños se había olvidado que se encontraba atrapada en un baúl. Las detonaciones, sin embargo, la habían asustado, y de haber estado en su cama quizás se hubiera caído; en su lugar, sólo se agitó dentro del baúl, y éste con ella.

—¿Qué fue eso? —Se cuestionó a sí misma, y puso entonces atención para ver si oía algo más. Lo único que percibió, sin embargo, fueron los insistentes ronquidos del gobernador, que no habían cesado en toda la noche; ese había sido un impedimento para dormir, más significativo que estar dentro de un baúl.

Después de eso todo estuvo muy calmado, salvo por los ronquidos, por algunos minutos, hasta que le pareció escuchar pasos y voces, posiblemente de detrás de la puerta.

—¡Auxilio!, ¡¿me escuchan?! —Comenzó a gritar, golpeando la tapa del baúl—. ¡Estoy aquí adentro!, ¡ayúdenme!

Sus gritos no tuvieron respuesta; entre la tapa del baúl, las puertas del armario, la propia puerta del cuarto y los sonidos que producía el gobernador, parecía que su voz era acallada lo suficiente para no ser percibida en el pasillo.

—Voy a morir aquí —suspiró con tristeza, y poco después volvió a acurrucarse sobre los ositos.

Estuvo cerca de volver a conciliar el sueño, cuando percibió de nuevo un gran ajetreo que también parecía venir del pasillo. Eran gritos de varias voces, y también golpes. Fuera lo que fuera, no sonaba para nada bien. Se encogió en sí misma nerviosa, esperando que todo pasara. No tardó mucho en quedarse todo de nuevo en silencio, hasta que…

—¡Ha llegado la hora de la verdad, señor Gobernador! —Gritó una voz tan estridente y enérgica que casi sintió que provenía de ahí adentro del baúl. Luego le siguió el sonido pesado de una patada contra la puerta, y el ruido de ésta cayendo al suelo—. ¡Sus fuerzas han caído ante mi poder y ya no hay nadie que lo proteja de mi puño vengador! ¡Prepárese a ser asaltado por Jude el Carmesí!, ¡el Gran Corsario de Florexian y el Último Gran Señor Pirata!

Luego de esa increíble declaración, le siguió una estridente y sonora risa que parecía provenir de un completo demente. Day se quedó paralizada, incrédula de lo que estaba escuchando, y totalmente muerta del miedo.

“Oh, Dios, no…”, pensaba a como su mente le permitía. “¿Jude el Carmesí?, ¿ese horrible pirata del que estaban hablando en la cena? ¡¿Está aquí?!” Se tapó de inmediato su boca con ambas manos, evitando por todos los medios gritar o entonar cualquier sonido. “Que no me encuentre, que no me encuentre…”

— — — —

La manera en la que Jude había ingreso a aquel cuarto había sido perfecta, totalmente digna de su leyenda; al menos, desde su perspectiva así había sido. Sin embargo, el resultado no había sido del todo esperado. La única persona en ese cuarto, y el receptor principal de sus palabras, se encontraba en su cama bocarriba, roncando sonoramente. No se había siquiera movido ni un poco desde que tiró la puerta abajo.

Jude miró incrédulo tal escena desde la puerta, incapaz de reaccionar.

—¡Óyeme, imbécil! —Le reprendió Shui, y de inmediato lo tomó de su oreja, jalándosela con fuerza—. ¡¿No te dijo Henry que nada de escándalos innecesarios?! ¡¿Quieres que todos los demás guardias sepan que…?!

Al escuchar los ronquidos provenientes del interior, Shui se distrajo y miró también en dirección a la cama.

—¿Es enserio? —Inquirió aprensiva—. ¿Está dormido todavía? Creí que tu molesta voz podía despertar hasta a los muertos, pero al parecer te sobrestimé.

—¡Oiga! —Exclamó Jude al fin, ofendido. Se soltó del agarre de Shui, se aproximó a la cama, tomó al pequeño hombre de sus pijamas y lo alzó para sacudirlo un poco—. ¡¿Cómo se atreve a quedarse dormido mientras el Gran Jude le habla?! ¡Despierte enano calvo!

No hubo reacción. El hombre siguió dormido y roncando sonoramente.

—¡Argh!, esto es increíble —masculló Jude molesto, y entonces soltó al hombre para que cayera de nuevo en la cama—. No será tan divertido como lo esperaba, pero al menos asustamos a ese chico sin pantalones y a su amiga; ellos serán mis testigos.

Mientras el capitán se enfocaba en lo suyo, Luchior comenzó a buscar el dichoso baúl. No se encontraba al pie de la cama ni a la vista, así que de inmediato se dirigió al armario. En cuanto abrió las puertas, ahí lo vio.

—Aquí está nuestro botín —murmuró con tono festivo. Day Barlton, desde el interior del dichoso botín, se estremeció.

“No me digan que vienen justo por este baúl, ¡pero si sólo contiene ositos!”, pensaba nerviosa la sirvienta. “Tranquila, Day, no pierdas la calma. Está con candado, no podrán abrirlo. Los guardias del gobernador vendrán dentro de poco y todo estará bien… ¡¿verdad?!”

Luchior se puso de cuclillas frente al baúl e inspeccionó el candado. Shui por su lado, se acercó también al armario y miró el baúl desde detrás de su compañero. Miró sobre todo el escudo de la familia real en la tapa, justo como Jude lo había descrito.

—¿Ese es el dichoso baúl? Acepto que se ve bastante grande… —Le sacó la vuelta a Luchior y se paró detrás del baúl para alzarlo sólo un poco con sus manos; Day soltó un pequeño quejido desde el interior, pero de inmediato se tapó la boca—. Y está pesado, casi como una persona…

Lo colocó con cuidado de nuevo en el suelo.

—Y además lo cerraron con un candado resistente —añadió Luchior, inspeccionando de nuevo el candado.

—¡Se los dije! —Intervino Jude, acercándose también a ellos—. Debe ser algo sumamente importante, ¿o no?

—Eso no lo sé todavía —respondió Shui, volteándose a otro lado—. Pero ya me dio curiosidad saber qué contiene. Tómalo y vámonos, Luchior.

—Es más grande y pesado de lo que pensábamos como para movernos con rapidez por los pasillos con él. Sería mejor abrirlo y tomar cada uno una parte de lo que esté dentro. Pero este candado es complicado; tardaría demasiado en abrirlo. Quizás el señor Lloyd tenga algo para corroerlo, pero…

—Despreocúpate, Romeo —Añadió Jude con bastante tranquilidad—. Sacar ese baúl de aquí no será ningún problema.

Shui y Luchior se miraron entre sí, escépticos.

—Pero antes de eso…

Jude sacó entonces de su abrigo el pergamino con su manuscrito, en el que relataba entre muchas cosas quién era y por qué había realizado tal ataque. Acto seguido, lo clavó en la puerta del armario con un cuchillo, donde sería fácilmente encontrado.

—¿Para qué quería testigos si iba a dejar su declaración clavada en la pared? —cuestionó Luchior, curioso.

—¿Qué importa? —intervino Shui, ya bastante desesperada—. ¿Cuál es el plan para sacar el baúl? Sólo tenemos unos minutos antes de que detonen la bomba de luz.

—¡Sencillo! —Le respondió el pelirrojo, y de inmediato alzó el baúl con sus manos, con todo y la chica oculta en su interior. Acto seguido, comenzó a correr hacia los ventanales de la habitación—. ¡Lo sacaremos por la ventana!

—¡¿Qué?! —Se le escapó a Day desde el interior del baúl, aunque entre los gritos de Jude, y las propias exclamaciones de sorpresa de Shui y Luchior, ésta no fue percibida por nadie.

Jude tomó impulso, y literalmente arrojó el baúl contra la ventana. La enorme y pesada caja de madera atravesó los cristales y salió volando por los aires, dibujando una parábola, para luego desplomarse a tierra.

—¡¡Oh, Dios!!, ¡¡Oh, Dios!! —Gritaba Day con fuerza, mientras daba vueltas en el interior del baúl, junto con todos los demás ositos y las toallas. Su cofia se salió de su lugar, y sus cabellos se soltaron, zarandeándose también. Inconscientemente se aferró a uno de los ositos, como si esto de alguna forma la fuera a salvar—. ¡¡Voy a morir!! ¡¡Mamá, perdóname…!!

Para su suerte, si algo en todo ello se podía llamar como tal, el baúl tocó primero la copa de uno de los árboles del jardín, comenzó a caer entre las ramas de éste, zarandeándose de un lado de otro, hasta quedar luego justo entre dos de ellas. Day respiraba con agitación y su corazón latía con tanta intensidad que pensó que se desmayaría. Desde su posición no sabía qué había pasado, pero evidentemente estaba viva. Lo siguiente que escuchó, sin embargo, fue el sonido de una de las ramas rompiéndose, y el baúl terminó cayendo la corta distancia que le separaba del suelo.

—¡¡Oh, por favor…!! —Logró exclamar como último, antes de que el baúl golpeara el suelo, y su cara se estrellara contra la tapa del baúl. Quedó aturdida, confundida, y mareada, pero aún consciente y viva.

Como era de esperarse, el sonido de la ventana rompiéndose, y del baúl cayendo, terminó por alertar y llamar la atención del resto de los guardias en el jardín… justo lo que no querían que pasara. Jude, ignorando todo esto, se paró como si nada en el marco de la ventana, con sus manos en su cintura y su pecho en alto. Sus cabellos y su abrigo rojo se mecían con el aire, y toda su figura era alumbrada por la luz de la luna, de tal forma que los guardias en la parte de abajo lo pudieron ver sorprendidos y alarmados. Y si no habían notado aún su presencia, su estridente risa les indicó fácilmente hacia dónde mirar.

—¿Acaso es…? —Murmuró uno de ellos.

—¡¿Es el Pirata Carmesí?! —Añadió otro más.

—¡Que tiemblen esta noche todos los miserables sirvientes de Kalisma! —Gritó con fuerza, alzando su mano hacia el frente—. ¡Porque han sido atacados una vez más por el Gran Jude el Carmesí!

Y de nuevo, volvió a reír igual que antes…

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Incluso desde su colina, Henry y los otros pudieron oír el eco de la risa y los gritos de Jude. El primer oficial no pudo evitar llevar su mano derecha a su rostro, como si quisiera cubrirla deliberadamente.

—Esa es su idea de un ataque rápido y silencioso —murmuró Lloyd, ya más resignado que molesto—. Entonces, ¿oficial…?

Todos miraron a Henry en espera de sus instrucciones. Éste no apartó su mano de su rostro, pero si alzó la otra como indicación.

—Disparen la bomba de luz —les ordenó con voz seria—. Y que Dios nos ayude…

Sin más, todos se pusieron rápidamente sus gafas oscuras. Roman y otros dos de los que venían con ellos, apuntaron el cañón hacia el cielo y lo detonaron. El mismo tipo de bomba que habían usado esa mañana salió disparada por los aires, hasta colocarse aproximadamente por encima de la casa, y entonces explotó en una gran ráfaga de brillante luz.

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Esta luz dejó totalmente ciegos a todos los guardias que se encontraban en la parte de afuera, e incluso al propio Jude pues entre toda su declaración se le había olvidado colocarse sus gafas. Antes de que se cayera por la ventana, Shui y Luchior lo tomaron y lo jalaron hacia el interior del cuarto.

—¡¿Ese era tu plan, idiota?! —Le gritó Shui molesta, y con claros deseos de golpearlo.

—Golpéalo después —le indicó Luchior—. Tú ve por el baúl, yo lo sacaré de aquí y nos vemos en la colina.

—¡Sácalo de aquí con vida para que pueda matarlo yo misma! —Le gritó, sonando como una verdadera exigencia.

Shui se paró entonces en la orilla de la ventana y saltó al frente como si nada. Dio varias vueltas en el aire hasta lograr caer sobre una de las ramas del árbol, y luego dio una maroma más hacia atrás, cayendo de pie justo sobre uno de los guardias, aún ciego por la luz, y derribándolo. A su alrededor había otros tres más, pero eran incapaces de verla.

—¡Fue un gusto robarles, señores! —Les gritó con energía, y los tres se voltearon en todas direcciones, intentando descubrir de cuál venía su voz—. La próxima vez intenten hacerlo un reto mayor.

Mientras ellos se daban de topes entre sí buscándola, Shui recogió el baúl de entre los arbustos, lo colocó sobre sus hombros para sostenerlo mejor, y comenzó a correr por el jardín para salir de ahí lo antes posible. En su interior, Day era totalmente ignorante de lo que pasaba, pues se encontraba más aturdida que otra cosa.

— — — —

En cuanto los efectos de la bomba de luz se disiparon, los guardias comenzaron a movilizarse por toda la propiedad, y también hacia el pueblo. La alarma se corrió por todas partes. Las campanas resonaron y la gente de Torell comenzó a despertarse, a asomarse por las ventanas o incluso a salir a las calles, alarmados sin saber lo que ocurría. Para cuando el amanecer comenzó, los rumores ya se habían esparcido, cada uno más extravagante que el anterior. El nombre de Jude el Carmesí estaba en boca de todos, y sobre cómo había asaltado la casa del regente, había encerrado a éste y a su esposa en su propio armario, había casi matado a golpes a su hijo, y había noqueado al gobernador con tanta fuerza que aún no reaccionaba.

Al hablar del incidente, la gente del pueblo hablaba con miedo y alarma por la idea de que un pirata hubiera hecho tales fechorías, y tan cerca de ellos. Pero, igualmente había cierta fascinación en el incidente, en la idea de que existiera una persona con la osadía suficiente para hacer algo como eso, y además salirse con la suya.

Los guardias intentaron cubrir todo el pueblo lo antes posible y atrapar a los asaltantes antes de que pudieran irse muy lejos, pero ya era demasiado tarde. Los piratas habían planeado una ruta de escape con anterioridad, y su respuesta tardía por la bomba de luz les había dado la ventaja suficiente. Para cuando lograron crear un perímetro entorno al puerto, los diez piratas y su baúl ya se encontraban en las balsas camino a donde se había escondido el Fénix del Mar.

En el barco, fueron recibidos por los primeros rayos del sol, y por los demás tripulantes entre gritos y aplausos, especialmente cuando Jude, aún desde su balsa, alzó el baúl sobre su cabeza para que todos pudieran verlo.

—No puedo creerlo, en verdad lo lograron —murmuró el navegante Katori totalmente atónito desde la orilla de la cubierta del barco.

—Qué alivio, todos están bien —suspiró Kristy a su lado, más calmada.

—Y sin heridas graves visibles —añadió Melina con entusiasmo—. Me alegra tanto cuando un asalto sale así de bien.

Subieron el baúl primero con ayuda de algunas cuerdas, que los hombres de arriba tiraban. Luego uno a uno fueron subiendo por las escaleras. Una vez en la cubierta, los aplausos y los gritos se volvieron todavía más estridentes. Se veían algo cansados pero, justo como Melina había señalado, aparentemente bien físicamente.

—¡Contramaestre! —Exclamó Katori, aproximándose a ella con alarma, aunque de inmediato se detuvo antes de acercarse de más—. Digo… ¿se encuentra bien? ¿No le pasó nada?

Shui se encontraba estirando sus brazos hacia un lado y hacia el otro. Al oírlo lo miró de reojo, como si apenas notara su presencia.

—Todo fue relativamente fácil —le respondió con normalidad—. No creerías la pobre seguridad que había en ese sitio. Imagina solamente qué hubiera pasado si unos asesinos se hubieran infiltrado en vez de nosotros; el buen gobernador ahora tendría su garganta rebanada de oreja a oreja. Y en realidad, pudimos haberlo hecho de haber querido, ¿sabes? El sujeto ni siquiera se defendió… porque ni siquiera se despertó.

—Ah… no diga… eso… —murmuró el joven navegante, un poco nervioso—. Realmente no lo hubieran matado de haber podido… ¿o sí…?

—No seas bobo, yo no mato si no voy a ganar algo de oro con ello —le respondió con tono burlón, acompañada de un coqueto guiño de su ojo. Aunque sus palabras eran preocupantes, por alguna razón ese acto lo hizo sonrojarse intensamente.

—Tengo que admitir que fue divertido dejar en ridículo a esos sujetos —añadió de pronto Luchior, acercándose a ellos con sus manos en su cinturón—. No hacemos tan mal equipo después de todo, ¿no lo cree, contramaestre?

Miró entonces de reojo a Shui. Ésta sin embargo, bufó sarcástica.

—Como si hubiera necesitado de ti y del bobo del capitán para esto. Hubiera podido salir más fácil de ese sitio si no me hubieran estorbado tanto.

—Ni siquiera aceptas un cumplido, que mujer tan complicada eres —agregó Luchior con sorna, pero sin dejar de sonreír.

—¡Arriba ese ánimo, señores! —Espetó el capitán con fuerza tras subir al barco, y comenzó entonces a caminar triunfante entre sus hombres—. ¡¿Cómo pudieron algunos dudar de que tendríamos éxito?! ¡¿Es que acaso no saben que desde Florexian, nuestra amada reina rezaba por nuestra victoria?! ¡Era inevitable que sus oraciones nos guiaran hacia ella! ¡Miren! —Señaló en dirección al cielo sobre sus cabezas—. ¿Ven esa nube? ¡Es la eterna sonrisa de nuestra reina, que nos la ofrece sólo a nosotros! ¡¿La ven?!

Todos voltearon al mismo en tiempo en la dirección que señalaba.

—Yo a esa nube le veo forma de zorrillo —comentó Arturo con simpleza.

—Sea lo que haya sido, estoy feliz de que todos volviéramos con bien —intervino Henry, parándose a lado del capitán con sus manos en la espalda—. No salió perfecto, pero salió bien al final de cuentas. Me sorprende decirlo, pero… tenemos que celebrar esta victoria.

Todos los hombres apoyaron la moción alzando sus puños al aire y gritando con emoción.

—¿No deberíamos ver primero qué fue lo que robamos? —Murmuró Roman, señalando hacia el baúl inmóvil entre todos.

—¡Sí! —Exclamó la mayoría con júbilo.

—¡Que lo abra!, ¡que lo abra!

—¡Veamos el tesoro!, ¡veamos el tesoro!

—Qué desesperados son todos —respondió el capitán, aunque con voz de entusiasmo—. Lloyd, haznos los honores, ¿quieres?

Lloyd se aproximó al baúl y se agachó para ver el candado. Lo talló con sus dedos e incluso lo olió. Luego, sacó una bolsa de su pantalón un pequeño frasco con un líquido verde claro.

—Esto deberá bastar…

Vertió entonces un poco del líquido sobre el candado, y éste poco a poco comenzó a corroerlo como si fuera simple mantequilla. Toda la tripulación comenzó a congregarse en torno al baúl, expectantes de que el candado cediera para poder ver su contenido. Pasado dos minutos, lo que quedaba del candado cayó al suelo por sí solo.

—Muy bien, damas y caballeros —anunció Jude, abriéndose paso para colocarse justo frente a su nuevo botín—, todos hicieron un gran trabajo, y merecen ver el fruto de nuestro esfuerzo. —Colocó entonces su pie derecho sobre la tapa del baúl, adquiriendo una pose casi heroica, un poco exagerada—. ¡Vean aquí nuestro nuevo tesoro robado de las garras mismas de la burguesía de Kalisma!

Pateó entonces la tapa, haciendo que ésta se fuera hacia atrás y el contenido del baúl quedara totalmente expuesto. Todos se inclinaron al frente para ver mejor, pero realmente no ocupaban mucho para poder distinguir lo más llamativo y sorprendente que ahí se encontraba; y que, sin embargo, no era ni remotamente parecido a lo que alguno de ellos hubiera supuesto.

Desde dentro del baúl, la joven pelinegra sonrió nerviosa, mirando a todas esas caras extrañas que la observaban sólo a ella. Alzó entonces tímidamente el osito que traía entre sus manos hacia ellos.

—¿Quieren un osito…? —les preguntó con un tono que intentaba sonar bromista, entre todos los nervios que la invadían.

Un silencio incómodo se presentó entre todos los tripulantes, que miraron a la chica con caras de asombro y confusión. Se miraron luego entre ellos indecisos, y luego casi al mismo tiempo todos se giraron a ver a su capitán. Éste tenía su vista totalmente puesta en esa chica, y seguía sonriendo triunfante como antes. Sin embargo, más bien parecía haberse quedado paralizado en esa expresión, tras ver lo que realmente había robado de esa casa, sin saberlo.

—¿Qué… rayos…?

FIN DEL CAPÍTULO 05

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Crónicas del Fénix del Mar. Veinte años atrás, Kalisma, el reino más poderoso y temido del mundo, ejecutó una ferviente cacería contra las tripulaciones piratas que surcaban sus aguas, acabando con todas ellas. Pero años después, surgió una nueva nave que ha sabido escabullirse de sus garras, y navega proclamando una campaña de venganza. La nave es el Fénix del Mar, y su capitán es el excéntrico y misterioso Jude el Carmesí, el autoproclamado último Gran Señor Pirata.

Day Barlton es una joven sencilla que ha trabajado toda su vida como sirvienta, pero se distingue por sus constantes sueños y deseos de emprender viajes, tener aventuras y ser libre. Su vida estaba llena de monotonía, hasta que un día el grupo de piratas liderado por Jude arriba a su puerto y asalta la mansión en la que trabaja. Ella no quería que eso pasara, pero de alguna forma terminó a bordo del Fénix del Mar, convertida en Loreili y en la sirvienta del Capitán Carmesí. Para su sorpresa, el pirata resultó ser mucho más excéntrico de lo que la gente dice… por no decir que quizás está completamente loco.

+ «Crónicas del Fénix del Mar» © WingzemonX & Denisse-chan.

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