Fanfic Resplandor entre Tinieblas – Capítulo 39. El Baile Negro

20 de marzo del 2019

Resplandor entre Tinieblas - Capítulo 39. El Baile Negro

Resplandor entre Tinieblas

Por
WingzemonX

Capítulo 39.
El Baile Negro

La limosina alquilada los llevó justo a las puertas de la escuela. Desde la mera entrada, el lugar ya se encontraba decorado casi de ensueño. Había luces en todos los árboles, y desde la banqueta hacia la puerta habían extendido una larga alfombra azul, como si fuera la entrada de alguna premiación. Habían colgado lunas y estrellas alumbradas, asemejando de seguro un cielo estrellado. Desde su ventana, Carrie pudo ver que un número significativo de invitados iban arribando, todos con hermosos trajes y vestidos de colores primaverales. Todos reían y hablaban entre ellos, notándoseles una gran alegría y entusiasmo.

Por un momento, la joven se sintió agobiada y muy asustada. Tommy hizo el ademán de querer abrir su puerta, pero ella por mero reflejo extendió su mano hacia él para detenerlo.

—¿Podemos esperar un momento? —le murmuró despacio, casi como una súplica.

Tommy la miró un poco desconcertado.

—Sí, claro. Todo el tiempo que quieras.

Carrie asintió con gratitud, y entonces se quedó contemplando un rato por su ventana al resto de las personas que pasaban cerca de su limosina, y se dirigían al interior de la escuela.

—¿Estás asustada?

—Me temo que todo esto pudiera haber sido un error —susurró la joven en voz baja.

—No son tan malos, enserio —añadió Tommy con un tono burlón—. Además, te necesito allá. Estar bailando yo solo de seguro se vería muy tonto.

Una pequeña risilla se escapó de los labios de la muchacha sin que ésta se lo propusiera realmente. Ese sólo comentario de alguna forma logró aligerarle un poco la pesada carga que traía consigo; quizás no toda, pero sí parte de ella.

—Está bien, vamos.

Tommy bajó primero y le dio la vuelta por detrás al vehículo para abrirle su puerta. Ambos caminaron uno a lado del otro por la alfombra azul hacia la entrada, y cada paso Carrie lo sintió acompañado de los intensos latidos de su corazón. Pero más importante aún que ir tomada del brazo de Tommy Ross, era la sensación de ir entrando a aquel sitio junto con todos los demás asistentes, como una más de ellos. Todo estaban ahí por el mismo motivo: disfrutar esa noche y divertirse como nunca. Y ella era ahora parte de eso, no más y no menos.

El golpe inicial de la música fuerte y las luces, fue al principio algo aturdidor para Carrie. El sitio estaba casi a oscuras, excepto por los grandes reflectores en los techos que reflejaban luces de diferentes colores y formas por todos lados, y la música del DJ resonaba con gran fuerza en el eco natural del gimnasio, retumbando un poco sus sensibles oídos más acostumbrados al silencio y la calma de su hogar.

Pasada la primera impresión, y una vez que sus oídos y ojos se acostumbraron, logró apreciar de nuevo todo aquello mejor. Durante los días normales de escuela, siempre veía a los chicos de su escuela como seres tan ajenos a ella, pero en ese momento todos lucían tan hermosos, casi etéreos. Pero Carrie no se sentía intimidada, sino más bien fascinada. Era como entrar en un mundo de fantasía, con brillos, colores y sonidos que no podían existir de dónde ella venía. Y todos los otros eran personajes de ese curioso cuento.

Mientras ingresaban, Tommy le presentó a su amigo George y a su novia Frieda, ambos bastante simpáticos. Por un momento Tommy se concentró en saludar a George, bastante efusivamente, y Frieda se encargó de platicar con ella mientras se dirigían a su mesa; a ella incluso le impresionó su vestido, y se le dificultó creer que ella lo había hecho.

Los cuatro se sentaron en la mesa; incluso la decoración de ésta, con sus manteles blancos y centros, le parecieron a Carrie hermosos. Tommy platicaba animosamente con sus dos conocidos, y Carrie en general se limitaba a sólo oír y sonreír. No había mucho que pudiera agregar a su conversación, y eso le avergonzaba. Estaba tan poco acostumbrada a convivir con la gente, que no tenía realmente temas de conversación normales, más allá de interpretaciones bíblicas, la costura, y recientemente poderes psíquicos. Pero estaba segura que ninguno de esos temas sería del interés de personas como Tommy y sus amigos.

Su mayor deleite, o quizás sufrimiento, era mirar alrededor para apreciar a los demás. Todos se veían tan felices con sus amigos, tomándose fotos y bailando. Había ya varias personas bailando una canción de lo más movida, moviéndose con bastante gracia y ritmo. Carrie se vio a sí misma de pronto casi hipnotizada por los movimientos que realizaban, y varios de ellos le parecieron que rosaban en lo obsceno. Las mujeres agitando sus traseros en sus ajustados vestidos, deleitándose con el hecho de que las vieran. Los hombres pegando sus cuerpos contra sus parejas, restregando sus entrepiernas contra éstas. Carrie se sintió horrorizada por unos momentos por todo aquello, pero intentó no dejarse dominar por ese sentimiento. Así era cómo reaccionaría su madre (o en realidad mucho peor), pero no ella. A ella todo aquello le tenía que parecer lo más normal posible… tenía qué.

George y Frieda se levantaron justo cuando otra canción empezó y se dirigieron apresurados a la pista de baile. Carrie los siguió con la mirada, acompañada de una sincera sonrisa.

—George y Frieda son simpáticos —señaló despacio.

—Sí que lo son—le respondió Tommy—. Son buenas personas; hay muchas buenas personas aquí —Carrie no lo dudaba—. ¿Quieres bailar?

La repentina propuesta creó un sobresalto en la joven, que una vez más miró en dirección a la pista de baile, observando y escudriñando todos los movimientos y pasos que los ahí presentes realizaban. Dejando de lado lo pecaminoso de sus bailes, lo cierto era que no sabía en lo más mínimo como hacer lo que ellos hacían, o al menos aproximarse a algo medianamente normal o parecido a ello.

—¿Podemos seguir platicando? —le pidió apenada.

—Sí, cómo tú quieras. Podemos esperar una canción más lenta si quieres.

—Sí, será mejor…

Había dicho eso, pero en realidad dudaba si con una canción lenta le fuera a ir diferente.

Unos minutos después, pudo ver entre la multitud que bailaba a una mujer adulta que se acercaba directo hacia ellos. Era de cabello castaño oscuro y corto, y usaba un vestido azul marino de brazos descubierto. Ella se veía especialmente maravillada y feliz al verla, y Carrie respondió a su emoción con una pequeña sonrisa.

—Carrie —Murmuró la señorita Desjardin, la maestra de educación física; casi no la había reconocido hasta que estuvo lo suficientemente cerca, y creía que de seguro había sido lo mismo en su caso.

—Maestra Desjardin —le saludó Carrie con ligera efusividad—. Se ve muy bonita.

—¿Yo? Mírate. Estás bellísima.

—Gracias… no creo que sea así, pero gracias.

Miró de reojo que Tommy se paraba de su silla en esos momentos.

—¿Las dejó un momento para que hablen? —Comentó el chico, y entonces le sacó la vuelta a la mesa—. ¿Le traigo un poco de ponche, maestra? Escuché que le pusieron Brandy.

Tommy rio un poco justo después de haber hecho aquel comentario, pero la mirada dura de Rita Desjardin le indicó que no compartía el mismo sentimiento.

—¿Enserio?

—No, claro que no —le respondió rápidamente, desvaneciendo su sonrisa—. Sólo bromeaba…

Incluso a Carrie aquello le pareció un poco gracioso. Tommy se alejó en dirección a la mesa de ponche, y la señorita Desjardin se sentó en la silla justo a un lado de ella.

—Me alegro que hayas decidido venir después de todo.

—Tenía mis dudas, pero hablé con alguien que me terminó de convencer de aceptar la invitación.

—¿Con quién? ¿Alguna amiga?

Carrie meditó unos momentos. ¿Una amiga?, ¿así podía llamarla? No estaba segura de ello en realidad, pero… le gustaba la sola posibilidad de que pudiera ser así.

—¿Te está yendo bien? —Le preguntó la señorita Desjardin de pronto, sacándola de sus pensamientos. Carrie sólo le sonrió y asintió levemente.

La presencia de la maestra no le molestaba, pero sí le causaba un poco de incomodidad. No era que hubieran hablado mucho con anterioridad. Había sido ella la que intervino para ayudarla en aquel incidente de las duchas y la había llevado a la oficina del director, aunque había tenido que abofetearla para lograrlo. No le recriminaba ello, y se sentía agradecida… pero el verla le hacía recordar de cierta forma aquel incidente, y era en lo que menos deseaba pensar en esos momentos.

Por supuesto, Carrie no tenía el conocimiento de todo lo que había hecho la señorita Desjardin, además de sacarla de las duchas y llevarla con el director Grayle. No sabía de cómo había reprendido a las involucradas, ni la presión que había puesto en el señor Grayle para imponerles sus fuertes castigos, o incluso cómo se había impuesto ante el señor Hargensen cuando deseaba revertir la suspensión de su hija. De haberlo sabido, quizás entonces hubiera entendido porque estaba tan feliz de verla ahí… o, quizás “aliviada” era la mejor palabra.

—Recuerdo mi baile de graduación —comentó la señorita Desjardin, mirando hacia el resto de los chicos en la pista. Carrie la miró con curiosidad—. Fui con el capitán del equipo de basquetbol. Medía dos metros de estatura, así que fui y me compré unos zapatos con diez centímetros de tacón; para que cuando bailáramos me viera menos rara a su lado. Pasó por mí en su camioneta, pero se descompuso de camino, ¿puedes creerlo? —Soltó una pequeña risa—. Y tuvimos que caminar el último kilómetro hasta la escuela. Y para cuando llegamos, esos malditos tacones me habían destrozado los pies. Imaginarás que no pude bailar ni una sola pieza, y nos tuvimos que quedar toda la noche sentados.

Su expresión cambio abruptamente a ser coronada con una mirada nostálgica.

—Pero, aun así, fue algo maravilloso. —Se giró entonces abruptamente hacia ella, haciendo que Carrie se intimidara un poco al sentir su mirada de golpe—. ¿Así te sientes tú?

—Bueno… —masculló Carrie, nerviosa—. Todo es lindo.

—¿Sólo lindo?

—No, no… Es como estar en otro sitio, muy lejos de mi casa. No sabría cómo explicárselo, a nadie, creo. Es una sensación tan… nueva.

—¿Crees que lo olvidarás?

De nuevo, Carrie meditó un poco antes de responder.

—No… Espero que no.

La señorita Desjardin sonrió complacida. Extendió una mano hacia ella, y la colocó con algo de firmeza sobre su hombro.

—Enfócate en guardar esos recuerdos —le murmuró solemne—. Los bonitos, los que luego de muchos años aún te hagan sonreír. No los malos…

Carrie la miró con seriedad. Sabía exactamente a qué se refería… y de nuevo trajo a su memoria aquel incidente.

—Qué te diviertas.

—Gracias —le respondió un poco más fría de lo que se proponía.

La maestra le sonrió una última vez y entonces se paró y volvió a la pista. Carrie objetivamente sabía que estaba intentando darle un consejo y ayudarla… pero no podía evitar sentir algo de resentimiento, aun así.

Tommy volvió un poco después con dos vasos de ponche. Como la señorita Desjardin ya se había ido, Carrie aceptó el vaso que era para ella, aunque el sabor no le resultó del todo agradable. Esperaba que realmente no tuviera brandy.

—Carrie, ¿enserio tienes que llegar tan temprano? —le preguntó el chico de pronto. Carrie asintió levemente.

—Lo prometí.

—Sí, claro, lo entiendo. Es sólo que varios de los chicos y yo iremos dónde Kelly después del baile, y…

—Sí, entiendo… —respondió Carrie de pronto con algo de pesar, antes de que terminara lo que iba a decir—. No te preocupes por mí, ve con tus amigos. Yo puedo volver sola a casa, no está tan lejos. Siempre me voy caminando entre semana.

—¿Qué? No, no… Yo en realidad esperaba que fueras con nosotros.

Carrie se viró por completo hacia él con sus ojos totalmente abiertos en expresión de asombro.

—¿A… dónde Kelly? Creo que no la conozco… —Tommy no pudo evitar reír un poco al oírla—. ¿Qué? ¿Qué pasa?

—No es una ella, es un él. Digo, en realidad es un lugar… algo así como una cafetería. ¿Nunca has estado ahí? —Carrie negó tímidamente con su cabeza—. Bueno, es un motivo más para que vayas y lo conozcas, ¿no?

No fue capaz de responderle nada. Permaneció con la mirada agachada y con sus manos frotándose entre sí nerviosa. No podía quitarse de la cabeza que había dejado a su madre encerrada. Pese a todo, tenía que llegar a casa a tiempo y liberarla. Además, de seguro Tommy preferiría ir solo, y así poder hablar más tranquilamente con sus amigos sin tener que cargar con ella.

El ambiente en el gimnasio cambió abruptamente. La música movida y algo estridente cesó, y cambió a una mucho más suave.

—Escucha, es una canción lenta —señaló Tommy con complicidad.

—No, no puedo… —murmuró Carrie nerviosa, negando con su cabeza.

—Sí, sí puedes. Vamos.

Tommy la tomó de la mano y se puso de pie. Carrie dudó, pero no pudo evitar que su cuerpo reaccionara y se levantara junto con él.

—No, Tommy. Yo nunca he bailado.

—Si ya llegaste hasta aquí, deberías al menos bailar una pieza, ¿no crees?

Su voz era tan dulce y tan convincente. Era como si lograra penetrar en lo hondo de su mente y hacer que actuara por mera reacción, sin pensarlo mucho en realidad. Cuando menos lo pensó, ya se encontraban ingresando a la pista, abriéndose paso entre todas las otras parejas que ahora se mecían abrazados al ritmo de aquella dulce melodía.

—Es fácil, yo te guio —le indicó Tommy, tomándola entonces de ambas manos y colocándolas en posición—. Pon esta mano aquí, y ésta en mi hombro. Pondré mi mano en tu cadera, no te asustes.

Con suma facilidad, logró hacer que ambos adoptaran la posición de baile. Sus cuerpos se encontraban tan cerca que Carrie se sintió en extremo avergonzada. La mano de Tommy sobre su cadera le provocaba un nudo en la garganta. Si eso no era pecado… estaba bastante cerca de serlo.

Tommy comenzó a mecerse levemente como lo hacían los demás, y Carrie irremediablemente lo siguió. Poco a poco, comenzó a sentirse un poco más relajada… un poco más normal.

—¿Ves?, es fácil —señaló Tommy con confianza—. Es divertido, ¿no?

Carrie no respondió, pero no podía negar que en efecto lo era, aunque fuera un poco. Sin proponérselo conscientemente, inclinó su cabeza al frente, apoyando su rostro contra el pecho del chico. La firmeza de su pecho, así como el calor que éste emanaba, terminó de dejar ir las preocupaciones que tanto le invadían.

O, quizás no todas…

—¿Por qué estoy aquí? —susurró despacio la joven de pronto, teniendo aún su rostro contra su pecho.

—¿Por qué? —Respondió Tommy con tono risueño—. Es tu graduación, y yo te invité, ¿recuerdas?

—Sí… pero, ¿por qué?

—¿Te sigues cuestionando eso? Ya estás aquí, y en verdad lo estoy disfrutando.

—¿Enserio? —masculló Carrie, sorprendida.

—Claro que sí. Y espero que tú también lo estés haciendo.

Carrie quería decirle muchas cosas. Quería decirle lo mucho que lo estaba disfrutando en realidad, todo lo agradecida que se sentía con él por haberle dado esa hermosa noche, todas las maravillosas sensaciones que le recorrían el cuerpo entero y que hasta ese momento habían sido desconocidas para ella. Quería decirle todo eso, y muchas cosas más. Pero nada surgió de sus labios. Se sentía tan ensimismada en sus pensamientos, pero estos no lograban acoplarse lo suficiente para convertirse en palabras. Así que sólo guardo silencio y se limitó a disfrutar.

—Entonces, ¿qué dices? —Murmuró la dulce voz de Tommy repentinamente, trayéndola un poco a la realidad—. ¿Me acompañarás a Kelly? Nos vamos después de que coronen a algún par de tontos como Rey y Reina, y te llevó a tu casa a las 10:30. ¿De acuerdo?

Repentinamente, esa auto imposición de hora de llegada le pareció absurda.

—Sí… O a las 11, tal vez…

Bailaron una pieza más, y entonces volvieron a la mesa, justo a tiempo para la votación de Rey y Reina. Carrie recordó que Tommy había mencionado algo de eso mientras bailaban, pero en realidad no entendía muy bien de qué se trataba. En cada mesa, frente a cada silla, habían colocado un sobre y un lápiz, ambos recuerdos del baile con el nombre de éste y su fecha. En el interior del sobre venía una papeleta con opciones de parejas para señalar.  Al verla, Carrie se quedó atónita. Una de dichas opciones decía claramente:

Thomas Ross y Carrie White

Ni siquiera decía el nombre de Sue Snell, sino directamente la nombraba a ella.

—¿Estamos en las opciones? —cuestionó extrañada, virándose hacia Tommy en busca de alguna explicación. Sin embargo, él se veía tan intrigado como ella.

—Sí, ya vi —murmuró mientras miraba la papeleta—. ¿Te molesta?

—¿A ti no?

—No es la gran cosa —le respondió encogiéndose de hombros, con bastante despreocupación. Se giró entonces en dirección al escenario principal, en donde dos hombres se encontraban colocando lo que parecían ser dos tronos brillantes—. Si ganamos, sólo subimos al escenario, nos ponemos en esos tronos, nos toman una foto, todos nos aplauden, y luego bailamos un poco para hacer el ridículo frente a todos.

Carrie miró hacia los tronos, y en su mente visualizó lo mejor que pudo todo lo que Tommy le describía. Rey y Reina del baile… sería una forma magnifica de coronar esa noche perfecta.

—Sería lindo —se le escapó de pronto sin que se lo propusiera del todo. Agitó un poco sus pensamientos, intentando concentrarse en lo que estaban haciendo justo en esos momentos—. Entonces… ¿por quién votamos? Realmente no creo conocer muy bien a alguna de estas personas.

—Entonces votemos por nosotros —señaló Tommy con normalidad—. Nos conoces, y somos grandiosos, ¿no crees?

—No, no —repitió Carrie varias veces, casi asustada por la idea—. Digo… sé que dije que sería lindo, pero no… No podría lidiar con eso.

—Vamos, tranquila. Igual, es poco probable que ganemos en realidad… —Tommy guardó silencio, como si repentinamente se arrepintiera de sus palabras—. Digo, no porque no tengas material de reina, obviamente eres la chica más linda de aquí, pero…

—No, está bien, tienes razón —señaló Carrie con una pequeña sonrisa. Miró de nuevo la papeleta, tomó su lápiz, y sin pensarlo mucho marcó con una “X” sus nombres—. ¿Qué daño puede hacer?

—Así se habla, al diablo la falsa modestia.

Los ojos de Carrie se abrieron con terror al escucharlo decir tal cosa.

—¿Al diablo? —murmuró despacio con espanto, pero poco a poco comenzó a relajarse. De nuevo, esa sería la reacción de su madre, y no podía dejarse llevar por eso—. Sí… al diablo.

Pasaron poco después a recoger las papeletas para guardarlas en la urna. Durante los minutos que siguieron mientras recogían y contaban los votos, Carrie se entretuvo intentando conversar con Tommy, George y Frieda. Un par de chicos pasaron con cámaras grabando mensajes de despedida, aunque ella en realidad no supo qué decir. Hasta hace unos días, la idea de dejar para siempre esa escuela le resultaba bastante indiferente. Por un lado se apartaría de todas esas personas que tanto daño le habían hecho durante tantos años. Pero, por otro, quedaría prácticamente todo el día a merced de su madre, para hacer y deshacer sólo lo que ella dijera.

Pero las cosas habían cambiado. Ya no tenía por qué resignarse a vivir bajo el techo de su madre, o bajo su cuidado y sumisión. Tenía otras opciones, opciones mejores. Como la propuesta de la Dra. Honey de ir con ella a Boston en cuanto se graduara. En septiembre sería mayor de edad, y podría hacer lo que quisiera entonces. Sólo tendría que soportar unos meses más, que en realidad quizás no serían tan malos ahora que su madre había aprendido que no le convenía meterse con ella por la fuerza. Y luego de eso, se iría de ese sitio, hacia una nueva y mejor vida que la estaba esperando.

Así que no había nostalgia o tristeza, más que por Tommy si acaso. Pero, en su mayoría, sólo había alegría y emoción por lo que vendría de ahí adelante. Porque ahora sí, todo sería diferente…

El programa del baile decía que la coronación sería a las 10:00. Pasados unos diez minutos de dicha hora, Vic Mooney, presidente de los graduados, apareció en el escenario con bastante entusiasmo en su rostro, sosteniendo firmemente el micrófono con una mano y un pedazo de papel en la otra. La música calló a su señal, y la atención de todos se centró en él, pues supieron que era el momento. Para la mayoría todo ese asunto del Rey y la Reina de baile era insignificante, pero para otros era lo más importante de la noche.

—Ya tenemos los resultados —comunicó Vic, y su voz resonó en las bocinas—, y fueron en verdad, en verdad cerrados. —Alzó el pedazo de papel en el que traía anotado el nombre de los ganadores. Aquello era más espectáculo que otra cosa, pues era obvio que ya lo sabía—. ¡Un redoble, por favor! —El DJ se encargó de colocar el sonido de redoble de tambores por las bocinas—. Por un voto, los ganadores son… ¡Tommy Ross y Carrie White!

Hubo una avalancha de gritos y aplausos en ese momento, que retumbaron con fuerza por todo el gimnasio. Sin embargo, para Carrie todo se volvió silencio… sentía como si su cerebro se hubiera apagado, o usaba toda su capacidad para procesar lo que acababa de escuchar, y todo lo demás lo había dejado de lado. ¿Habían dicho su nombre? ¿Habían dicho que ella ganó como Reina del Baile? Pero… no… eso no tenía sentido…

Su mente se dividía entre aceptar la alegría del momento, y el negarlo rotundamente. ¿Qué debía hacer? ¿Debía pararse ahí enfrente de todos? ¿Realmente debía? ¿Realmente podía…?

—Ven, vamos —escuchó que Tommy le decía, y entonces la tomó de la mano. Así como la había llevado a la pista, la joven reaccionó por sí sola y se alzó. Sus pies prácticamente se movieron solos para seguir a su acompañante.

Poco a poco su mente se fue aclarando de nuevo, y fue consciente de todo lo que los rodeaba. Pudo apreciar la luz de los reflectores alumbrándolos mientras avanzaban al ritmo del himno de la escuela. Miró su propia imagen reluciente, proyectándose en las grandes pantallas a los lados del escenario. Notó a las personas que se hacían a un lado para abrirles el paso, sin dejar de aplaudirles de forma armoniosa, con brillantes sonrisas iluminando sus rostros. Todos la miraban, pero dichas miradas no le causaban incomodidad, ni tampoco miedo. Porque no la miraban con burla o con repulsión, sino con una gran admiración y respeto… como si fuera una verdadera reina.

Sus pasos eran tan ligeros que casi sentía que flotaba en su andar. Todo parecía tan irreal, una imagen que ni en sus más alocados sueños pudiera haber imaginado. Las mariposas que le recorrían el cuerpo entero debían ser producto de pecaminosas e indebidas sensaciones, de seguro; sensaciones que definitivamente Dios no vería con buenos ojos en una de sus leales siervas. Pero, ya en esos momentos, no le importaba. Si a Dios no le gustaba verla así, que se volteara a otro lado. Nunca, en tantos años de rezarle y suplicarle, había sentido tanto gozo como en esos momentos. Esa noche no era para Dios, ni para su madre: esa noche era de ella y de nadie más.

—¡Les presento a los recién coronados rey y reina del baile! Tommy Ross y Carrie White —enunció Vic Mooney con intensidad, justo cuando ambos comenzaron a subir los escalones frontales hacia el escenario. Y entonces la lluvia de aplausos de hizo aún más intensa.

Una vez arriba, ambos se giraron hacia la multitud, y Carrie los encaró. De nuevo sus aplausos y sus miradas de felicidad y orgullo eran sólo por ella. Una señorita se le acercó y le entregó un hermoso ramo de rosas rosas, mismo que Carrie aceptó con gusto. Una más le colocó en la cabeza una corona de diadema con brillos que asemejaban a diamantes; bastantes falsos, pero en esos momentos para ella valían oro.

Se paró a lado de Tommy, muy cerca de él en busca de sentir su cercanía y su apoyo. Éste no la rechazó, y de hecho acercó su mano a la suya y la tomó dulcemente. Ya en ese punto era incapaz de pensar con claridad en cualquier cosa. Todo era mucho más hermoso y perfecto de lo que podría haber esperado; no se le ocurría nada que pudiera haberlo hecho mejor. Esa lluvia de aplausos era la forma ideal de despedirse de la antigua ella, de la miedosa y sumisa, de la que era invisible para todos. Y ahora era recibida con los brazos abiertos a ese nuevo mundo lleno de posibilidades.

Ahora, realmente, todo sería diferente.

Y entonces, todo se pintó de rojo…

Lo primero que Carrie sintió fue un golpe en la cabeza que la sacudió, acompañada de una sensación fría que le heló el cuerpo. Su cabeza fue empujada al frente y su corona de plástico salió volando. La sensación fría le bajó por la cabeza hasta sus hombros, le recorrió la espalda y el torso entero, y luego bajó por sus piernas hasta sus pies. Aunque al principio no lo entendió, tras unos segundos entendió que había sido una sensación similar a como si le hubieran echado agua fría encima. Pero aquello no era agua.

Por mero reflejo cerró los ojos, y mientras no veía pudo percibir que Tommy saltaba a un lado con impresión, y los aplausos y los gritos poco a poco se apagaron hasta quedar en absoluto silencio. Carrie abrió lentamente de nuevo sus ojos, y vio todo como si hubiera sido pintado de rojo. La gente la seguía mirando, pero el orgullo y la emoción se había extinguido; ahora sólo había confusión, mucha confusión en sus rostros.

La joven viró su rostro lentamente hacia Tommy; él también la miraba de la misma forma, o incluso aún más. Pero más allá de su mirada, lo que la dejó atónita fue el ver su saco blanco, empapado de rojo por un costado; su rostro también tenía varias manchas del mismo tono en él. Eso no era pintura, y no olía como tal. Era un olor metálico y a la vez asqueroso… y estaba totalmente impregnado en ella.

Se miró entonces a sí misma, y lo que vio fue tan perturbador, tan repulsivo y tan extraño, que sencillamente no pudo comprender de inmediato que fuera real. Su vestido, todo su hermoso vestido rosa salmón, se encontraba teñido de rojo de arriba abajo. Sus brazos, sus manos, todo se encontraba manchado de la misma sustancia. Algunos de sus mechones de cabello caían sobre su rostro y se encontraban también humedecidos y pegados contra su piel. Y en el suelo, justo debajo de ella, se había formado un amplio charco deforme, rojo y brillante, reflejando la luz de los reflectores.

Alzó entonces su mirada. Sobre su cabeza, atado a una cuerda, se encontraba un cubo, del que aún en esos momentos seguían goteando pequeños rastros de aquella sustancia, e incluso una de esas gotas le cayó directo en el ojo derecho.

Carrie sintió un terror intenso, pero fue incapaz de gritar. Soltó el ramo de flores por mero instinto, dejándolo caer sobre el charco a sus pies: un charco de sangre…

“Y Eva fue débil, y soltó el cuervo por el mundo. El nombre del cuervo era Pecado, y el primer pecado fue el coito. Y el Señor castigó a Eva con una maldición, y ésta fue la maldición de la sangre…”


Resplandor entre Tinieblas - Capítulo 39. El Baile Negro

—Tommy… —fue lo único que logró escapar de su garganta, como un gemido doloroso. Lo miró de nuevo, en busca de algún tipo de explicación, de que le dijera que era un error, o un sueño o su imaginación. Algo que le evitara pensar en la idea que le invadía violentamente su mente en esos momentos.

—Carrie, yo no… —Murmuró Tommy, tan desconcertado que le era difícil armar una oración completa. ¿Intentaba decirle que él no había tenido que ver con eso? La Carrie de hace unos segundo atrás le hubiera creído cualquier cosa, lo que fuera que la dijera. Pero la de ese momento… no lograba ni siquiera pensar…

Tommy se giró entonces hacia la multitud, espetando con furia.

—¡¿Qué hicieron?! ¡¿Quién hizo esto…?!

Algunos se miraron entre ellos con confusión, al parecer dudosos sobre cómo reaccionar.

“¡Qué lo tape!”, se escuchó de pronto resonar con fuerza en las bocinas del equipo de audio, y Carrie inevitablemente alzó su mirada al frente. “¡Que lo tape!, ¡que lo tape!, ¡que lo tape!”

Esos gritos en coro… Oh, Dios, Carrie los reconoció de inmediato. Viró su vista sólo un poco hacia un lado, y entonces lo vio. Proyectándose en una de aquellas grandes pantallas, se encontraba el video, el video de lo que había ocurrido en las duchas, el video de ella retorciéndose en el suelo, desnuda e indefensa, mientras todas la rodeaban, le gritaban y le arrojaban cosas. Ahí estaba, su momento de humillación, en grande para que todos lo vieran.

Y entonces llegaron, tan esperadas y predecibles: las risas, al principio pocas, pero rápidamente convirtiéndose en millones de ellas resonando al mismo tiempo. En un solo segundo, todo ese gimnasio se llenó de risas y miradas de burla, y todas dirigidas directamente hacia ella.

Y ahí estaba una vez más; de estar en lo más alto, a restregarse de nuevo en el lodo más sucio y hediondo. O, quizás nunca había salido de él realmente… quizás todo había sido sólo una mala ilusión.

Sentía la angustia, la ira, la tristeza, todo acumulándose en su pecho, dificultándole respirar. Tenía que salir de ahí, tenía que irse de inmediato. Comenzó entonces a andar al frente con algo de desesperación.

—Carrie, espera… —le murmuró Tommy Ross, pero ella no le hizo caso. No quería verlo, no quería oírlo. Si acaso lo volvía a escuchar, se temía que quizás…

Su pie derecho pisó mal sobre el charco de sangre, y se deslizó violentamente hacia un lado sobre la superficie húmeda y resbaladiza. El cuerpo entero de Carrie se desplomó al frente tras ese resbalón, cayendo sobre su muslo derecho, y sólo no cayó de narices porque tuvo el reflejo de detenerse de con las manos antes de que fuera tarde.

Al caer, pudo escuchar como las risas aumentaron exponencialmente. Aquello, acompañado de ese coro infernal de “¡Que lo tape!, ¡que lo tape!, ¡que lo tape!”, retumbó violentamente en su cabeza, revolviendo sus ideas, revolviendo cualquier lógica o sentido común. Poco a poco, ya no fue capaz de razonar, ni de escuchar, ni siquiera de ver: sólo veía rojo… todo era rojo.

“Ayuda a esta mujer pecadora que está junto a mí para que vea el pecado en su vida y sus obras. Muéstrale que, si se hubiese mantenido pura, la maldición de la sangre no habría caído sobre ella.”

—Carrie —pronunció la voz de la señorita Desjardin, abriéndose paso entre la multitud y dirigiéndose al escenario. Subió los escalones hacia ella y extendió una mano, ofreciéndosela—. Déjame ayuda…

La maestra ni siquiera fue capaz de terminar su ofrecimiento, pues abruptamente su cuerpo entero fue lanzado hacia atrás como si hubiera sido tacleada de frente por un fornido jugador de futbol. Chocó contra un grupo de alumnos en la primera fila, y tanto ella como estos cayeron al suelo, aturdidos.

Las risas cesaron paulatinamente tras esto, pero el video seguía sonando de fondo. Los ojos atónitos y confundidos de todos se posaron una vez más sobre Carrie White, quien comenzó a alzarse lentamente. Su respiración se encontraba tan agitada que parecía que sus pulmones fueran a explotar. Sus ojos se encontraban desorbitados y perdidos, y sus pupilas se habían agrandado hasta lo máximo posible. Las venas de sus cienes se marcaban y latían intensamente. Sus dedos se doblaban y contraían entre sí tan violentamente que sus huesos parecían estar a punto de romperse. Y la sangre… la sangre del charco, la sangre que aún quedaba líquida y no se había pegado por completo a la piel de sus brazos y cara, comenzó a elevarse lentamente a su alrededor, como pequeñas gotas de rocío.

Todos dieron un paso atrás, incluso Tommy.

—Carrie… —pronunció el chico con voz temblorosa, pero ella ni siquiera era consciente de que él seguía a un lado suyo.

Así era como quería que la vieran todos ellos: asustados y confundidos, ignorantes de lo que se presentaba ante ellos. Lo había intentado, enserio lo había hecho. Quiso ser una de ellos, quiso ser buena, quiso ser normal… Pero era un privilegio que todos esos cerdos impíos no estaban dispuestos a cederle. Todos eran un montón de pecadores, imbéciles, bastardos sin ningún rastro de compasión en sus frágiles y patéticos cuerpos. Todos en ese sitio habían hecho de su vida un calvario con sus burlas, nos bromas, sus maltratos, y su indiferencia. Y si Dios no bajaba del cielo a imponer su justicia, ella desataría el infierno mismo sobre ellos, ¡y sobre toda esa decadente ciudad!

—¡¡AAAAAAAAAAAAAH!! —Gritó intensamente y con todas sus fuerzas, resonando con una tremenda explosión. Y en abrir y cerrar de ojos, todos, y todo lo que estaba a su alrededor, fueron empujados en todas direcciones como si una tremenda ráfaga de viento los hubiera golpeado.

Cuerpos volaron por los aires hacia todos lados, estrellándose contra las mesas, las paredes, las puertas, o entre ellos. Las bocinas, las pantallas en las paredes, los arreglos, las propias mesas y sillas, todo fue arrancado de su lugar y desplegado por los aires como proyectiles.

Incluso Tommy Ross, que se encontraba a sus espaldas, salió volando hacia atrás tan fuerte como si un tremendo camión se le hubiera estrellado de frente. Quizás por haber sido el más cercano a la fuente de todo ese despliegue de energía, el choque fue mucho más intenso.  Su cuerpo se estrelló de cabeza contra el muro del fondo del gimnasio, y su cuello se torció como una vara. Pero aquello no importaba, pues él ni siquiera lo sintió. El primer golpe que había recibido de frente había sido tan tremendo, que le había prácticamente destrozado el corazón, muriendo casi al instante y sin dolor; sin saber siquiera qué había sido lo que había pasado. Y aun así, de cierta forma fue el más afortunado de esa noche. El único que tuvo quizás, la muerte más tranquila y piadosa posible…

FIN DEL CAPÍTULO 39

Notas del Autor:

Originalmente mi intención era que el Capítulo 38 y éste fueran uno sólo, pero la extensión final resultó ser demasiado larga así que decidí mejor dividirlo en dos.

Como les mencioné anteriormente, este capítulo también está basado mayormente en los sucesos de la película Carrie del 2013, tomando también en cuenta la película de 1976, y la novela original. Pero principalmente mi intención fue dar mi propia interpretación personal de dichos sucesos, y principalmente del personaje de Carrie, sus introspecciones y pensamientos mientras todo esto acontecía.

Como pudieron notar, no se narró todo lo acontecido, sino más bien aquello que podía se descrito desde el punto de vista de Carrie, intentando plasmar su confusión y sus cambios de pensamiento. También cómo ven me tomé algunas libertades con varios puntos, algunos por simple gusto personal y otros más para acoplarlos al tono y estilo que la historia ha tenido hasta estos momentos. Tanto éste como el capítulo anterior, son casi como un tributo personal a Carrie White, tanto a su novela como a sus dos versiones cinematográficas más importantes (y que son de hecho de mis películas de terror favoritas).

El siguiente capítulo será la conclusión de la historia de Carrie, pero ahora desde la perspectiva de Matilda, y por lo tanto se apartará más de lo visto en las versiones ya antes mencionadas, pero igual se basará bastante en ellas.

Nos leemos pronto.

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Resplandor entre Tinieblas La Dra. Matilda Honey ha dedicado toda su vida a ayudar a los niños, especialmente a aquellos con el «Resplandor», niños con habilidades especiales como ella misma lo fue. Desde hace muchos años, ha ayudado activamente en la Fundación Eleven, una organización dedicada a apoyar a este tipo de niños. Siguiendo esta misión, es llamada al Hospital Psiquiátrico de Eola, para entrevistar a una niña de doce años llamada Samara Morgan, quien presenta enormes habilidades psíquicas, que parecen salirse de los patrones normales que hubieran visto antes. Todos los que tienen algún contacto con ella, dicen que hay algo extraño detrás de sus habilidades, algo que sólo pueden describir como «maligno».

Pero Matilda no cree en el mal, y está decida a ayudar a Samara, así como alguien la ayudó a ella en su juventud. Pero se dará cuenta más temprano que tarde que el mal es de hecho bastante real, y que se ha metido en algo que está más allá de lo que puede entender…

+ «Matilda» © Jersey Films, Danny DeVito, Roald Dahl.

+ «The Ring» © DreamWorks Pictures, Gore Verbinski, Koji Suzuki.

+ «The Shining» © Warner Bros., Stanley Kubrick, Stephen King.

+ «Stranger Things» © Netflix, Matt Duffer y Ross Duffer.

+ «Before I Wake» © Intrepid Pictures, Mike Flanagan y Jeff Howard.

+ «Orphan» © Dark Castle Entertainment, Jaume Collet-Serra, David Leslie Johnson.

+ «The Omen» © 20th Century Fox, Richard Donner, David Seltzer.

+ «The Sixth Sense» © Hollywood Pictures, Buena Vista Pictures Distribution, M. Night Shyamalan.

+ «Case 39» © Paramount Vantage, Paramount Pictures, Christian Alvart.

+ «Doctor Sleep» © Stephen Kng.

+ «Carrie» © Stephen Kng.

Si te ha gustado mi trabajo y deseas ver más de él, puedes apoyarme invitándome un café. Será enormemente apreciado.

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