Fanfic Batman Family: Legacy – Capítulo 22. Una Buena Victoria

4 de febrero del 2019

Batman Family: Legacy - Capítulo 22. Una Buena Victoria

Batman Family: Legacy

Wingzemon X

Capítulo 22
Una Buena Victoria

Martes, 30 de julio del 2013

Luego de que Batman y su equipo se fueran, Slade ya no dijo nada más; sólo se quedó sentado en la parte trasera del vehículo de transporte, con su ojo cerrado y una casi abrumadora calma rodeándolo. No es que tampoco alguien tuviera intensiones de cuestionarle algo en esos momentos; para cualquiera había sido más que obvio su implicación en todos esos horribles incidentes, además de todos los crímenes adicionales por lo que era buscado en ese sitio, y en muchos otros. Sin embargo, ni siquiera le dirigía la palabra a su hija, que para esos momentos estaba también esposada delante de él. La joven lo miraba casi con miedo, expectante de que le dijera algo, cualquier cosa, incluso algún regaño o recriminación. Pero él no lo hacía, y eso de hecho, la estresaba y preocupaba aún más.

—Lo siento, padre —murmuró Rose despacio—. Te defraudé, lo lamento…

Él no le respondió nada, ni siquiera la miraba. ¿Tanta era su decepción? En parte eso le preocupaba, pero también le molestaba. No todo lo ocurrido había sido su culpa; él también había fallado en derrotar a Batman… o a Nightwing, al parecer. Desde su perspectiva, ambos habían fallado por igual, aunque ese pensamiento prefería guárdaselo para sí misma de momento.

Unos pasos se acercaron al vehículo, poniendo en alerta a Ravager. El Comisionado Gordon y algunos oficiales más se aproximaron, y se pararon justo frente a las puertas abiertas del camión. El hombre de bigote y anteojos vio a cada uno con expresión dura, o incluso un poco enojado. No era que no tuviera motivo para estarlo; ¿a cuántos de sus hombros habrían matado o herido esa noche? Eso era algo que definitivamente te arruinaba el buen humor. Los demás oficiales los miraban también en enojo, pero con un sentimiento de prepotencia añadido que a Rose hizo rabiar.

—Espero que disfruten su estancia en Blackgate, Familia Wilson —les indicó el Comisionado, justo antes de que él mismo cerrara con su brazo sano una de las puertas del transporte, y después otro de los policías se encargara de cerrar la segunda.

Una vez que se cerraron las puertas, ambos quedaron casi a oscuras, a excepción de un poco de luz que entraba por unas pequeñas rendijas en el muro blindado.

Rose soltó un quejido de furia, y entonces hizo su cabeza hacia atrás, chocando ésta contra la pared con algo de fuerza. Se sentía en extremo frustrada y furiosa, pero también confundida. La aparición de Raven en ese sitio era definitivamente algo que no había previsto, así como la de Nightwing; y mucho menos en esas circunstancias y de esa forma.

—¿Por qué Nightwing está usando el traje de Batman? —Murmuró de pronto, como un pensamiento en voz baja que se escapaba de ella sin proponérselo—. ¿Y dónde está el verdadero Batman?

—No lo sé —escuchó de pronto que su padre hablaba al fin, haciéndola sobresaltarse un poco—, y es probable que nadie en esta ciudad lo sepa. Así que dejaremos que se quede de esa forma, por ahora.

—¿Por qué? —Le cuestionó curiosa, aunque en el fondo algo aliviada de al fin le hablara.

Slade abrió su ojo, pero no para mirarla a ella. Desvió sutilmente su rostro hacia la puerta cerrada del camión, aunque no parecía estar mirando nada en especial realmente.

—Por tres razones —comenzó a explicarle—. En primer lugar, porque no es nuestro asunto. En segundo, tengo una pequeña deuda pendiente con Robin, o más bien Nightwing, de hace algunos años atrás que aún no he saldado, y odio tener deudas con mis enemigos. Por lo que vi no tiene muchos deseos de que la gente sepa que ahora es él quien usa el traje de Batman, así que con esto estaremos a mano.

Un razonamiento muy propio de la forma de ser y de pensar de su padre. No lo comprendía del todo, pero lo respetaba.

—¿Y cuál es la tercera razón? —le preguntó aún curiosa.

Una pequeña sonrisa se dibujó en los labios de Slade, antes de responderle.

—Nunca sabes cuándo un dato curioso, y que casi nadie sabe, podría resultarte útil. ¿Por qué compartir ese tesoro en potencia con alguien más?

Rose se sorprendió un poco al oírlo decir eso. No había dicho mucho, pero sí lo suficiente para demostrar que eso aún no había terminado. Que más pronto que tarde saldrían de ese pequeño inconveniente, y que cuando eso ocurriese vería la forma de hacer buen uso de ese pedazo de información que acababa de recibir. Eso la hizo sonreír también.

El camión arrancó en ese momento, llevando con apuro su preciada carga.

— — — —

La noche había sido larga y extenuante, pero había llegado ya el momento de tomarse un segundo para descansar, o al menos para asimilar todo lo que había ocurrido. Batman, Red Robin, Raven y Red Hood, arribaron directo a la Cueva, una vez que la policía arribó al Royal de Gótica y tuvieron asegurado el lugar, y sobre todo a los apresados. Barbara y Alfred los recibieron con alegría y alivio.

Desde la pantalla de la computadora, Barbara mostró la última actualización que se daba en las noticias sobre lo sucedido. Y a pesar de que todos sabían bien qué había pasado, pues ellos mismos habían estado ahí, les daba una cierta satisfacción ver la realización final de todo ello de boca y ojos de alguien más. De cierta forma lo hacía sentir todo más real y tangible.

En la pantalla, la misma reportera que había estado toda la noche cubriendo los incidentes, se encontraba justo frente a las escaleras del gran hotel, con una muchedumbre de policías y curiosos a sus espaldas.

Estamos en vivo desde el Hotel Royal de Gótica —informaba la mujer con micrófono en mano—, en dónde una noche que ya de por sí había sido bastante ajetreada y extenuante, termina en una conclusión increíble. Los apodados como los Últimos Grandes Señores del Crimen de Gótica, Roman Sionis, alias Máscara Negra, y Oswald Cobbleot, alias El Pingüino, han sido apresados y puestos a disposición de la policía, junto con alrededor de treinta miembros de sus respectivas pandillas. Fuentes no oficiales nos informaron que se sospecha que ambos pudieron haber sido los autores intelectuales de los ataques ocurridos esta misma noche. La policía…

Las palabras de la reportera fueron interrumpidas cuando a sus espaldas se comenzó a percibir un aumento en el ajetreo. La mujer se giró sobre su hombro, justo a tiempo para ver como desde las grandes puertas de la entrada, salía un grupo de oficiales escoltando un grupo de delincuentes esposados. Pero al frente de todos ellos, iban precisamente dos individuos muy peculiares.

Oh, esperen un segundo —indicó la reportera con algo de apuro—, parece que son ellos. ¡Sí!, son ellos, acerquémonos un poco…

La reportera y su camarógrafo se acercaron lo suficiente para que la cámara lograra enfocar a Sionis y Cobblepot, bajando las escaleras del hotel esposados, y siendo jalados y empujados por los oficiales.

¡Suéltenme!, ¡suéltenme grupo de imbéciles! —Gritaba el Pingüino totalmente colérico, forcejeando ante el agarre de los oficiales—. ¡Todo es tu culpa!, ¡todo es tu culpa! —Gritó aún más fuerte, intentando lanzarse contra Máscara Negra, aún a pesar de tener sus manos esposadas detrás de su espalda.

Ya cállate, vejestorio —le respondió Sionis de mala gana, empujándolo hacia atrás con su pie—. ¿No ves que irritas a todos con tu estridente voz?

Cobblepot graznó con fuerza, y de una sacudida se quitó a los oficiales de encima, tirándolos al suelo. Acto seguido, tacleó a Máscara Negra con todo su cuerpo, tirándolo al suelo.

¡En cuanto te ponga las manos encima te arrancaré esa máscara con todo y tu cara! —Le gritó soltando saliva de su boca, mientras lo pateaba con fuerza en el suelo con sus piernas cortas.

¡Inténtalo, gordinflón! —Le respondió Máscara Negra a su vez, intentando apartarlo de él con sus rodillas y piernas, golpeándolo en su amplia barriga mientras se arrastraba en el suelo.

Todo ello representaba una escena bastante patética, aunque algo cómica.

¡Ya, sepárenlos! —Gritó uno de los policías y rápidamente algunos oficiales comenzaron a jalarlos para alejarlo uno del otro, aunque ninguno parecía querer dejárselos fácil.

Increíbles imágenes las que estamos presenciando —señaló la reportera, sorprendida mientras veía todo eso—. Ésta fue sin lugar a duda una noche para recordar. Los mantendremos informando toda la noche sobre cualquier actualización pertinente. Mientras tanto, creo que Gótica podrá dormir un poco más tranquila ahora. Se sigue exhortando a las personas a permanecer en sus hogares…

Ya habían visto y oído suficiente, por lo que Barbara le quitó el sonido a la imagen.

—¡Eso es! —Soltó Tim de golpe en ese momento, con bastante energía, e incluso llegando a saltar un poco en su lugar—. Ya le hacía falta una buena victoria al Nuevo Equipo Batman.

Los demás presentes quizás no exteriorizaban tanto su buen humor como él, pero definitivamente todos de alguna forma se encontraban conformes con la forma que había terminado todo. Deathstroke y sus hombres habían sido detenidos, y los últimos dos grandes criminales que quedaban con significativo poder en la ciudad, ahora habían sido al fin apresados. Y aunque hubo heridas y bajas, al final habían obtenido el mejor resultado que dadas las circunstancias podrían haber tenido.

—Y qué victoria, si me permiten decir —añadió Barbara con elocuencia—. Con la información que Tracy Buxton le dará a la policía, se podrá desmantelar lo que queda de la operación del Pingüino; será muy difícil que pueda volver a planear otro escape, al menos por un tiempo. —Miró entonces a Tim y a Dick por igual—. Lo hicieron muy bien. Bruce estaría orgulloso de ustedes.

—De todos nosotros, Barbara —añadió Dick, aproximándose a ella para colocar una mano sobre su hombro—. Todos lo hicimos, juntos.

Barbara sonrió al escucharlo decir eso, y alzó una mano para poder tomar la que él había colocado en su hombro. Sí, ninguno lo había hecho mal, al parecer. Habían sido casi tan efectivos como el propio Bruce; quizás con un poco de suerte de por medio, pero aun así con un desempeño bastante aceptable.

—¿Y a qué horas nos abrazamos y cantamos?, ¿eh? —escucharon como Jason comentaba con marcado sarcasmo, rompiendo con bastante facilidad el momento.

Jason se encontraba de regreso en la camilla, sin la parte superior de su traje, mientras Alfred le volvía a colocar los puntos a su herida. Cada movimiento que el ex mayordomo hacía, provocaba una reacción de dolor en el rostro del chico, pero éste procuraba esconderlo lo mejor posible.

—Y ahí está Jason el malo, asomándose de nuevo —señaló Barbara, un tanto molesta, pero casi de inmediato suavizó de nuevo su mirada—. Pero para bien o para mal, no podríamos haber hecho esto sin ti. Gracias.

Alfred terminó de cerrarle su herida, y sin esperar ni un segundo más Jason se paró de la camilla y comenzó a vestirse de nuevo, casi con apuro.

—Es cierto, no hubieran podido hacerlo sin mí; en eso estamos de acuerdo —les respondió con tono burlón.

Se terminó por completo de colocar su atuendo, incluyendo su chaqueta de piel y su casco rojo. Ya con toda su ropa de combate encima, era difícil adivinar que se encontraba herido de gravedad, aunque sí se volvía un poco evidente al verlo caminar con menos seguridad que de costumbre.

Dick se le aproximó, parándose a su lado.

—Me agrada tu nuevo traje, con todo y él… —señaló entonces a su propio pecho, en específico al murciélago en éste, similar al que Red Hood tenía en el suyo.

—Le da estilo —le respondió Jason, aparentemente indiferente a su comentario.

—¿Esto significa que te nos unirás? ¿Volverás al fin con nosotros?

Jason soltó en ese momento una fuerte carcajada burlona, que resonó bastante en el eco de la cueva.

—Nada de eso —murmuró satírico—. Primero muerto que ser parte de este grupo de ñoños otra vez.

Barbara y Tim lo miraron con marcado enojo al escucharlo decir eso, pero a él no le importó demasiado.

—Aún trabajo solo, ¿escucharon? Aunque… —Volteó en ese momento a mirar a Alfred, que observaba todo en silencio desde el área de enfermería—. Alfred aún me debe unos hot cakes con zarzamoras.

Una media sonrisa se asomó en los labios del hombre inglés, y justo después asintió discretamente con su cabeza.

—Supuse que dirías eso —comentó Dick, con algo de dureza—, pero le prometí al Comisionado que te mantendría vigilado.

—No hagas promesas que no puedes cumplir, Dicky —le respondió con sorna, dándole un par de palmadas en el brazo. Acto seguido, comenzó a andar al área de vehículos de la cueva.

—Espera, si insistes en seguir haciéndolo por tu cuenta, no puedo permitir que sigas con tus tácticas violentas.

—Relájate, Batman —le respondió con despreocupación, agitando una mano en el aire mientras se alejaba caminando—. Me tomaré un tiempo para que esta herida sane, y luego de eso me calmaré un poco en ese aspecto si eso te tranquiliza. Sonríe, es una nueva era, ¿recuerdas?

—Y sigues con eso…

Jason se dirigió directo a una de las motocicletas estacionadas, en concreto a una roja con negro que era de Tim; de hecho, era una que había sido armada especialmente por él.

—No te importa que me lleve una de tus motos, ¿verdad Tim-boy? —cuestionó de pronto, pero antes de recibir alguna respuesta ya se estaba montando en ella.

—¡Por supuesto que me importa…! —Le gritó Tim totalmente alarmado, y comenzó entonces a correr hacia él. Sin embargo, de nuevo esto a Jason no le importó mucho.

—Gracias, mocoso —le respondió indiferente, al tiempo que el motor comenzaba a andar con fuerza—. Te la devolveré algún día. Nos vemos…

Antes de que Tim pudiera alcanzarlo, Jason arrancó, y él y la moto se alejaron a toda velocidad por el largo túnel que llevaba a la salida.

—¡Oye! —Le gritó furioso Red Robin, pero sólo pudo ver impotente como se alejaba y se perdía en las sombras—. ¡Si le haces aunque sea un raspón…!

Barbara y Dick rieron divertidos por la escena, aunque a Tim definitivamente no le causaba nada de gracia en lo absoluto.

—Nunca va a cambiar, ¿cierto? —Comentó Barbara, mirando de reojo a Dick.

—Es poco probable.

Pese a todo, sí había un cambio apreciable en Jason. Quizás no era muy grande aún, pero sí lo suficientemente significativo. Por un instante, Dick, Barbara y Alfred fueron capaces de ver al antiguo él, al chico impetuoso y a veces molesto que les daba tantos dolores de cabeza, pero que había logrado al final volverse un miembro de su extraña y definitivamente disfuncional familia. Tras todo lo que había vivido, sería bastante ingenuo esperar que pudiera volver a ser por completo aquella persona; ni siquiera ellos mismos podrían volver a ser quienes eran antes, tras todas sus respectivas experiencias. Pero aun así, lo ocurrido esa noches les daba un poco de esperanza en lo que podría ocurrir después.

—Creo que es hora de que yo también me vaya —indicó Raven de pronto, aproximándose hacia ellos. Para esos momentos ya se encontraba vestida de nuevo con su ropa de civil; ahora ya parecía de nuevo una psicóloga convencional, o una heroína retirada, dependiendo de cómo lo vieran—. Tengo un tren que abordar, si es que aún funcionarán pese a todo lo ocurrido.

—Gracias, Raven —le agradeció Dick, virándose hacia ella y ofreciéndole un gentil abrazo que ella al inicio no pareció querer corresponder, pero al final posiblemente no le quedó mucha más alternativa—. Lamentó haber hecho que dejaras también tu retiro, y tan abruptamente.

—Fue bueno recordar los viejos tiempos —le respondió algo estoica, y entonces ambos se separaron—. Pero si te es posible, no vuelvas a pedírmelo.

Dick rio un poco, mientras que ella por su cuenta sólo sonrió levemente. Sus ojos morados se posaron en su atuendo de Batman, que aún llevaba en su totalidad, incluida la capucha y la capa.

—El traje no te queda tan mal —le indicó con sinceridad—. Recuerda que puedes ser Batman, pero no por eso tienes que ser Bruce Wayne.

—Ahora lo entiendo mejor. Gracias.

Raven asintió despacio. En ese momento miró sutilmente a Barbara, la cual se sobresaltó un poco al sentir su mirada tan fija en ella. Sólo fue por un segundo, antes de que se virara de nuevo hacia Dick.

—Buena suerte —le indicó como palabra final, antes de girarse sobre sus pies y avanzar hacia el elevador.

—La acompaño a la salida, señorita Roth —Intervino Alfred en ese momento, comenzando a andar a su lado.

—Gracias, Alfred.

—Yo también voy —comentó Tim, aparentemente ya más tranquilo por el hurto de su moto—. Necesito hablar con Stephanie y ver que esté bien.

—Cuánta preocupación —le dijo Barbara con fuerza, con tono de burla.

—Oh, cállate.

Los tres se dirigieron juntos al elevador que llevaba a la mansión, y desaparición tras la puerta de éste, dejando solos a Barbara y Dick en la Cueva. Sólo hasta ese punto ambos pudieron darse un minuto para respirar.

Dick caminó con paso lento hacia el área de enfermería, mientras se retiraba muy despacio la capucha y la capa del traje. Ese acto provocó que soltara algunos gemidos de dolor, pues la herida de su cabeza ante el menor roce le provocaba un respingo que le recorría casi todo el cuerpo. Al final pudo hacerlo y la dejó caer al piso. Su rostro estaba manchado, al igual que su cabello. Sabía muy bien que también tendría algunos golpes debajo de la armadura que también ocuparían revisión, pero de momento su cabeza era lo que más le importaba.

—¿Quieres que te ayude con eso? —le cuestionó Barbara, mientras se le acercaba por detrás con su silla.

—Estaría bien, gracias.

Dick se sentó con cuidado en la camilla, sintiendo como algunos de sus músculos resentían el movimiento. Barbara fue hacia el armario de artículos de primeros auxilios, y extrajo de éste algo de alcohol, yodo, algodones, toallas húmedas, hilo quirúrgico y gazas. Colocó todo sobre sus piernas, y luego giró de regreso su silla hacia donde yacía su nuevo paciente. Dick agachó lo más posible su cuerpo al frene para colocar su cabeza a una altura apropiada para ella. Barbara pasó sus dedos con mucho cuidado por sus cabellos para intentar ver entre ellos la herida que se escondía. La capucha lo había protegido, en efecto, pero aun así tenía la piel abierta y sangrando.

—Sí, esto no se ve nada bien —comentó con un tono un tanto exagerado de preocupación, que casi lo hacía sonar como una broma—. Pero a pesar de toda la sangre, no se ve en realidad tan profunda.

—Creo que tengo suerte —murmuró Dick un poco burlón.

Barbara tomó entonces un algodón y lo humedeció en alcohol, para luego pasarlo por la herida para limpiarla y desinfectarla. Dick masculló algunos pequeños quejidos de dolor al contacto del alcohol, pero lo resistió de buena manera, como todo un guerrero.

—Tú también deberías de tomarte un tiempo para que sane —señaló Barbara, sonando casi como un regaño.

—He tenido heridas peores. Además, sin Máscara Negra y el Pingüino, ni tampoco Red Hood haciendo de las suyas, creo que nos esperan unos días más tranquilos.

—Espero que sea así.

Luego de terminar de limpiar la herida, Barbara tomó otro algodón con alcohol y lo pegó por completo contra ésta. Le indicó a Dick que lo sujetara y presionara contra ella lo más fuerte que pudiera. Tomó entonces una toalla húmeda, y comenzó a pasarla por el rostro de Dick para limpiarle todo rastro de sangre y así estuviera un poco más cómodo. Con una mano sostenía su rostro por un costado, y con la otra pasaba el paño húmedo. Mientras hacía esto, era inevitable que sus rostros estuvieran relativamente cerca el uno del otro, y que de vez en cuando sus miradas se cruzaran. Las primeras dos veces ambos reaccionaron de forma apenada, desviando sus rostros hacia otro lado casi de inmediato. Sin embargo, luego parecieron poco a poco irse acostumbrando a la situación y a sentirse cómodos con la mirada del otro.

No era la primera vez que se encontraban tan cerca el uno del otro, después de todo.

—Realmente me hubiera gustado estar ahí afuera contigo esta noche —Murmuró de pronto la pelirroja mientras terminaba de limpiarle.

—Lo estuviste.

—Lo sé… pero sabes a qué me refiero.

Lo siguiente era intentar darle algunas puntadas a la herida. Tomó algo de hilo quirúrgico, y comenzó con su labor. Quizás no era una cirujana experimentada como Alfred, pero tenía una mano bastante firme y segura. Además de que igual que todos los que hubieran alguna vez pisado esa cueva, la propia experiencia le obligaba a aprender ese tipo de cosas, le gustara o no.

Dick de nuevo tuvo que comportarse valientemente, mientras Barbara lo cocía.

—Creo que lo he decidido —comentó Oráculo de pronto, tras un largo tramo de silencio, que Dick supuso que era porque estaba muy concentrada en lo que hacía.

—¿Qué cosa?

—La operación… lo intentaré —le indicó despacio, pero firme. Dick se sorprendió un poco de oírla decir esto, aunque intentó que no lo suficiente para moverse mientras ella pasaba hilo y aguja por su cabeza—. He dejado que lo que me pasó me defina por demasiado tiempo. Quiero recuperar todo lo que perdí, dejar esto atrás y seguir adelante. Sé que será un proceso difícil pero… quiero intentarlo…

—Si es lo que deseas, debes hacerlo —afirmó Dick con seguridad. Se permitió entonces alzar una de sus manos, y tomar una de las de ella. Este acto tomó desprevenida a Barbara, pero no opuso mucha resistencia a ello. Como le fue posible, Dick volteó a verla de nuevo a los ojos, ahora con un sentimiento más cándido en los suyos—. Te dije que te apoyaría en lo que eligieras, y así lo haré. Estaré ahí contigo, ¿de acuerdo?

Barbara lo contempló fijamente mientras decía ello, pero al final no pudo evitar tener que desviar su mirada hacia otro lado. Sus mejillas se ruborizaron ligeramente, y de eso ella misma se daba cuenta sin necesidad de verse al espejo. Instintivamente, sus dedos se apretaron con un poco de fuerza entorno a la mano con la que Dick le sujetaba.

—Sí, gracias, Dick… —le respondió con una voz suave y calmada—. Debo terminar de cocer eso…

Señaló entonces a la cabeza de Dick, y a su herida a medio suturar.

—Ah, claro, lo siento…

Dick la soltó y volvió a agachar su cabeza para que ella pudiera alcanzarla. Barbara suspiró un poco, intentando tranquilizarse, y volvió de inmediato a su labor.

—No sé si lo dije antes —susurró despacio la informática tras unos segundos de silencios—, pero estoy feliz de que estés aquí otra vez.

—Bueno, creo que ya no es tan malo como antes —le respondió el nuevo Batman, con una sonrisa de satisfacción que ella en ese momento no era capaz de ver.

A pesar de que Dick tenía esa fea herida en su cabeza, o que Barbara se la estuviera cociendo, ese había sido quizás uno de los momentos más felices que habían compartido en esas dos semanas… o incluso en esos últimos nueve años. La muerte de Bruce o la amenaza latente de los villanos de Gótica, se volvió algo secundario. Así como por un momento les había parecido ver al antiguo Jason, ahora ambos se sentían como aquellos jovencitos que usaban esa cueva casi como su patio de juegos. Aquellos que con cierta inocencia se convirtieron en los ayudantes de Batman, luego en sus compañeros, y luego en mucho más. Aquellos dos jovencitos que llamaban a esa vieja cueva como la Baticueva, y a su extraño grupo como la Batifamilia

FIN DEL CAPITULO 22

Notas del Autor:

Y eso ha sido todo, chicos. Aquí termina esta historia. Agradezco a todos los que me han leído hasta este punto, me han dejado sus comentarios y…. nah, mentira. Esto aún no termina, de hecho se podría decir que “apenas comienza”. Aunque ciertamente si esto fuera una serie, lo podríamos considerar como un Final de Temporada, ¿qué les parece? Pero aun así, sí les quiero agradecer todo el apoyo que me han dado en este tiempo, a pesar de que a veces por diferentes motivos dejó mucho espacio entre actualizaciones, y algunos llegan a pensar que he abandonado la historia, algo que les aseguro nunca ha sido el caso.

Espero que les haya gustado la forma en la que he estado manejando a los personajes hasta ahora. A partir de este punto iniciaremos lo que se podría llamar un Nuevo Arco, lo que traerá también a nuevos personajes y situaciones a la mesa. Así que estén pendientes para los próximos capítulos y las sorpresas que traerán consigo.

¡Nos leemos pronto!

WingzemonX

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Batman Family: Legacy. Ciudad Gótica se encuentra de luto. Bruce Wayne, una de sus figuras más emblemáticas e influyentes, ha fallecido repentinamente, dejando detrás de él un importante y secreto legado que ahora recaerá en hombros de sus jóvenes sucesores: Barbara, Tim, Jason y, especialmente, Dick, quien acaba de descubrir que su antiguo mentor le ha dejado la más inesperada de las herencias. ¿Aceptará el joven Grayson la nueva responsabilidad que se le ha encomendado? ¿Tendrá lo que necesita para mantener a la Familia unida sin Bruce, y combatir las amenazas que vengan de aquí en adelante? ¿Y cómo reaccionará el resto de Gótica a esto?

+ «Batman» © Bob Kane, DC Comics, Warners Bros. Enternaiment.

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