Fanfic Batman Family: Legacy – Capítulo 21. Nueva Era

28 de enero del 2019

Batman Family: Legacy - Capítulo 21. Nueva Era

Batman Family: Legacy

Wingzemon X

Capítulo 21
Nueva Era

Lunes, 29 de julio del 2013

Todo poco a poco comenzó a volver a la normalidad en el centro de la ciudad, y en el resto de ésta. Deathstroke se encontraba ya fuera de combate gracias a Batman, y sus hombres igual gracias a Red Robin, Red Hood y la muy bienvenida ayuda de Raven. Pero las cosas difícilmente se podrían considerar calmadas, ya que la policía estaba realizando una movilización masiva en cada calle y callejón, buscando a cualquiera de los mercenarios que podría haberse escapado, y eso era una labor que de seguro les tomaría toda la noche. Los federales y la guardia nacional no tardarían mucho en aparecer, así que lo mejor era que cuando eso ocurriera, pudieran ver que ese pequeño cuerpo de policía de ciudad pudo encargarse de todo de la mejor manera posible.

Mientras la policía se encargaba de todo ello, y la calle frente a la comisaria se llenaba de más patrullas y hombres esposados de rodillas en las banquetas, Red Robin y Red Hood vigilaban a Slade, que se encontraba en la parte trasera de un vehículo de transporte policial, esposado de muñecas y pies. No traía su máscara ni ninguna de sus armas encima, pero se le veía bastante calmado. Estaba sentado, con su espalda recta y su único ojo cerrado. Ni Tim ni Jason le quitaban la mirada de encima; era capaz de cualquier cosa hasta el último momento. Pero al menos de momento parecía bastante resignado por su aparentemente derrota; quizás demasiado resignado.

El sonido de una motocicleta acercándose los puso en alerta, al igual que al resto de los policías cercanos que de inmediato aproximaron sus manos a sus armas. Tim miró en la dirección del sonido, que de hecho le sonó conocido. Y cuando logró ver la motocicleta acercándose, confirmó de inmediato que era justo lo que pensaba.

—¡Está bien! —Gritó rápidamente para que los policías lo escucharan—. ¡Viene con nosotros!

Los oficiales de a poco se fueron relajando, aunque no del todo. La motocicleta se dirigió directo a los dos vigilantes de rojo, y se estacionó justo delante de ellos. Tim la reconoció: era la chica que los había ayudado a Stephanie y a él más temprano, montando una de las antiguas motocicletas de Batgirl, que él mismo se había dado a la tarea de estarla actualizando y manteniendo en línea. Pero además, no venía sola: una semiconsciente, y fuertemente amarrada, Rose Wilson se encontraba recostada en la parte trasera de la moto. Raven se retiró el casco, y se bajó de la motocicleta, viendo a los dos chicos con seriedad.

—Creo que esto les pertenece —les indicó con simpleza, y entonces extendió una mano hacia Rose, y ésta comenzó a levitar en el aire, dirigiéndose lentamente hacia el interior del camión de transporte.

Tim reaccionó sorprendido al ver esto; Jason, no tanto. Colocó a Rose en el suelo del camión, a los pies de Slade. La joven gimió adolorida y confundida; Slade apenas y la miró, con algo de indiferencia. En su lugar, miró en dirección a Raven, que se había parado justo al lado de los otros dos.

—Vaya, ésta sí que ha sido una noche de sorpresas —señaló con cierto humor, sonriéndole de forma cínica; Raven se mantuvo apacible ante su comentario.

—Raven —murmuró Red Hood como un escueto saludo, mirándola de reojo cruzado de brazos. Raven lo miró de la misma forma.

—Red X —respondió con frialdad, causando una pequeña reacción de sorpresa en el vigilante.

—Es Red Hood.

—Sí, claro…

Slade rio de una forma poco discreta, y volvió a cerrar su ojo con tranquilidad.

—¿Ustedes dos se conocen? —Cuestionó Tim, extrañado al ver su interacción.

—No tienes que saberlo todo, mocoso; no seas entrometido —fue la respuesta tajante de Red Hood. A Red Robin no le agradó para nada su tono, pero prefirió dejarlo así.

Mientras sus compañeros vigilaban a Slade y Rose, Dick conversaba con el Comisionado, un poco alejados de ellos entre algunas patrullas y oficiales. Como era de esperare, aún después de haber recibido un disparo el Comisionado seguía ahí de pie, listo para dirigir toda esa operación hasta el final.

—Una vez más la libramos, mi viejo amigo —comentó Gordon con relativo entusiasmo; el brazo en el que le habían disparado se encontraba sujeto con un cabestrillo, pero fuera de eso sólo tenía algunos golpes y rasguños menores. Sin embargo, Batman se veía de peor estado, sobre todo por el rastro de sangre que le recorría su rostro—. ¿Estarás bien?

—Sobreviviré —le respondió con seriedad, y el comisionado simplemente asintió; si él lo decía tener que ser así.

—Algunos de los mercenarios parecen haber huido, pero la mayoría ya están bajo custodia. Esperamos poder encontrar a los otros pronto, o al menos que con sus líderes apresados opten por irse muy lejos.

—Esto aún no termina —declaró Batman tajantemente—. Slade no planeó hacer todo esto por su cuenta; Sionis y Cobblepot son los verdaderos responsables de todo este desastre. —Se giró en ese momento hacia donde se encontraban los otros, pero miró especialmente a Slade y a Rose en la parte trasera del camión—. Danos unos minutos con ellos para obtener en dónde se encuentran, y podremos acabar con todo esta misma noche.

Gordon miró un tanto inseguro en la misma dirección que él. Esa sensación no era sólo por los dos villanos que estaban ahí apresados, sino adicionalmente por uno de sus actuales vigilantes.

—¿Qué hay del chico de la máscara roja? —Inquirió Godon, algo acusador.

Dick vaciló un poco sobre cómo responder a ello. Después de todo lo que Jason había hecho, era bastante complicado intentar hablar en su defensa. Pero debía mantener la calma y la firmeza, como Bruce lo haría.

—Te lo dije, Jim, yo me encargaré de él. Sólo te pido un poco de… comprensión.

Gordon suspiró con cansancio y pasó su mano sana por su cabello anaranjado, con algunas canas asomándose en él.

—Sería bastante hipócrita de mi parte negarme luego de todo lo que has hecho por mí. Pero no le quites los ojos de encima, ¿quieres?

—Te lo prometo.

Gordon asintió.

—Tienes cinco minutos.

Dicho eso, se giró hacia la jefatura con la disposición de ir al interior y darles un poco de tiempo para que hicieran lo que tuvieran que hacer, sin hacerlo a los ojos del Comisionado de Policía.

Batman se tomó sólo un segundo para tocarse ligeramente la cabeza, en un intento se aliviar una jaqueca que le había comenzado, mucho debido a ese golpe de la espada de Slade que lo había hecho sangrar. Ocuparía algunos puntos de seguro, pero mientras tanto tenía que superarlo y enfocarse en el último tramo de esa misión.

Avanzó hacia sus demás compañeros frente al camión y se reunió con ellos. Al sentir su presencia, Slade abrió su ojo y alzó su mirada hacia él directamente. Le sonrió con cierta prepotencia, a pesar de su condición actual.

—Debes sentirte muy feliz contigo mismo en estos momentos —comentó con elocuencia—. ¿O no, Batman? ¿O debería ya llamarte… Nightwing? Ya que estamos en más confianza.

Red Robin y Raven se sobresaltaron ligeramente sin querer, al oír esas palabras. Red Hood lo disimuló más, quizás apoyado también en su máscara que le cubría toda su cara. Pero quizás la más sorprendida fue Rose, que al escuchar aquello logró alzar su cabeza con debilidad, para poder mirar la figura de Batman parada tan cerca de ella.

—¿Qué? —murmuró algo aturdida aún—. ¿Eres Nightwing?

Dick guardó silencio, sin intención alguna de responder a ello. A esas alturas ya era totalmente absurdo intentar negarlo, pero tampoco tenía motivo para confirmarlo. Se subió de un salto al camión, se paró justo delante de Deathstroke y lo tomó con fuerza de su armadura, atrayéndolo hacia él para encararlo; Slade, sin embargo, se mantuvo calmado.

—Habla, Slade —espetó Batman con fuerza—. ¿Dónde están Cobblepot y Sionis? ¿Dónde iban a darte tu dinero?

—¿Qué te hace pensar que te lo diría? —Susurró el mercenario sin perder ni un poco la serenidad.

—Podemos obligarte a hacerlo —añadió Red Robin, dando un paso al frente y chocando su puño contra su palma.

Slade, sin embargo, sólo rio.

—Amenazas vacías. Hagan lo que quieran, batkids. No tienen con qué amenazarme.

—Piénsalo dos veces —comentó Red Hood de pronto, y rápidamente avanzó hacia el camión, haciendo incluso a Red Robin a un lado. Tomó a Rose, aún tirada en el suelo, del cuello y pegó contra su cabeza el cañón de una de sus pistolas. La mujer se sobresaltó, recobrando casi de golpe toda su consciencia por la impresión del frío cañón contra ella.

—Red Hood… —intentó Batman indicarle que se detuviera, pero no sirvió de nada.

—Tú cállate —le soltó de forma agresiva, mientras se enfocaba directamente en el padre de su reciente rehén; éste lo miraba de reojo con frialdad—.  No me tienes, Slade, que ésta ya no tiene sólo balas de caucho. Y tú bien sabes que soy capaz de hacerlo, antes de que cualquiera de estos dos santurrones intente detenerme.

No había nada en su voz que pudiera indicar que fanfarroneaba; y en efecto, si alguno en ese grupo era capaz de hacerlo, definitivamente ese era él.

—Ahora, ¿vas a hablar? —cuestionó con intensidad, presionando más el cañón contra Rose.

Slade no respondió nada de inmediato; sólo lo miraba en silencio. Rose intentaba mirar a su padre con su único ojo sano, intentando descifrar qué era lo que haría, preguntándose si acaso sería capaz de dejarla morir ahí mismo. Sin embargo, luego de un rato Slade volvió a sonreír, bastante sereno.

—Como dije antes, me agradas, chico —declaró el mercenario, y de inmediato se giró de nuevo hacia el nuevo Batman, mirándolo a los ojos—. Bien, ésta es tu noche después de todo, Nightwing. Dejaré que la disfrutes mientras puedas…

— — — —

La sensación de paz y tranquilidad que estaba volviendo a la ciudad, no era compartida por las personas reunidas en el Pent-house de Roman Sionis. En la enorme pantalla de la sala se transmitía una única noticia, y de seguro la más importante de la noche. Máscara Negra, el Pingüino y el resto de sus hombres, admiraban todo aquello con incredulidad y en silencio.

Todo parece comenzar a volver a la normalidad en el Centro de Gótica —comentaba la reportera en la televisión, estando de pie justo afuera de la jefatura—. La policía ya ha puesto bajo custodia a casi todos los terroristas responsables del ataque. Sin embargo, se pide a la ciudadanía que de ser posible, no dejen sus hogares en lo que resta de la noche, ya que los disturbios…

Las palabras de la reportera fueron cortadas abruptamente cuando un disparo surgido de la sombrilla del Pingüino, dio directo en el centro de la pantalla, haciendo que ésta soltara chispas y su cristal se desquebrajara, y luego que su imagen desapareciera por completo. Tracy Buxton, sentada justo a un lado del perpetrador de ese último arrebato, soltó un agudo chillido de miedo, cubriéndose instintivamente con sus brazos al creer por un segundo que le había disparado a ella; para su suerte, no había sido así… aún.

—¡Ah! —Exclamó furioso el mafioso robusto, poniéndose de pie del sillón y pateando con fuerza la mesa de centro de la sala, volcándola de lado—. ¡¿Cómo es esto posible?! ¡El sujeto tenía literalmente un ejército de mercenarios consigo! ¡¿Y ni así pudo encargarse de Batman y su grupo de escuincles?!

Al gritar eso último, se giró directo hacia Sionis de manera acusadora, como si ese cuestionamiento fuera justo para él. Éste, por su parte, lo interpretó justo así, y no lo tomó de buena manera.

—¡¿Y por qué me lo preguntas a mí?! —Le respondió Máscara Negra furioso, parándose también.

—¿Cómo que por qué?, ¡todo esto fue tu idea, cara de carbón! —Se le aproximó de forma amenazante apuntándolo con su sombrilla.

Los hombres de Sionis se pusieron en alerta para saltar en defensa de su jefe, pero también lo hicieron los hombres del Pingüino; las Hermanas Kabuki sacaron sus afiladas cuchillas, y el hombre alto y fornido que los acompañaba tomó su arma en mano, listo para cuando se ofreciera. Máscara Negra y el Pingüino, sin embargo, no fueron del todo consciente de esta reacción en sus respectivos elementos, pues estaban más concentrados en su respectiva rabia.

 —¡No vengas ahora a echarme culpas, qué tú estuviste más que de acuerdo en todo esto, Ave gordinflona! —Le respondió Sionis, empujándolo un poco hacia atrás para alejarlo de él.

—¡No me pongas tus asquerosas manos encima! —Espetó Cobblepot, tomándolo con fuerza de su traje y jalándolo hacia él.

—¡Mira quién habla!, ¡fenómeno de circo! —Le respondió con aún más agresividad. Ambos se tomaron mutuamente, comenzando a forcejear hasta que se separaron abruptamente, empujándose y quedándose cada uno en su posición—. Maldición…

Roman se dirigió en ese momento apresurado hacia su bar, comenzando a revolver las botellas para encontrar lo más fuerte que tuviera a la mano para servirse un vaso. Optó por una pequeña botella de whisky bastante costoso, pero aun así se sirvió hasta el tope, sin importarle si derramaba un poco.

Sus invitados no tenían pensado esperar a ver si acaso les invitaba una copa.

—¡Vámonos ahora! —Ordenó Cobblepot, y de inmediato tomó a Tracy de su muñeca, jalándola con fuerza, casi tumbándola del sillón. Sus dos guardaespaldas de kimono verde, y el hombre alto de cabeza calva lo siguieron.

—Por favor, señor Cobblepot —Murmuraba asustada la mujer rubia, mientras el mafioso prácticamente la arrastraba por la alfombra.

—¡Tú cállate! ¡Ya arreglaré asuntos contigo, inepta!

—¿A dónde demonios vas? —Le cuestionó Sionis furioso desde su bar, agitando su vaso, y derramando algo más del costoso líquido.

—¿A dónde crees tú, idiota? —Le respondió el Pingüino secamente, mientras él y sus acompañantes seguían avanzando hacia el ascensor—. Fue un error relacionarme con un aficionado como tú. Me largo de aquí antes de que sea tarde.

—¿Tarde para qué, ave cobarde? ¡Bien!, vete —añadió furioso, arrojando su vaso con licor al suelo y creando un fuerte estruendo al romperse—. ¡Pero la próxima vez que te vea, te juro que…!

Sus palabras fueron cortadas por el fuerte sonido de una turbina, y luego por las luces del imponente Batwing alumbrando al interior tras posicionarse justo frente al gran ventanal. Todos fueron cegados unos momentos por las luces de la nave, y antes de que alguno pudiera reaccionar la ventana voló en pedazos, y el cristal brotó y cayó en la alfombra. Cuatro figuras penetraron en el interior de la suite por la ventana rota, y se posaron una a lado de la otra con firmeza frente al grupo ahí reunido: Red Robin con su báculo en mano; Raven con su mirada fría fija al frente con sus manos alzadas hacia ellos; Red Hood, con sus dos armas levantadas y apuntando una directo a la cabeza de Cobblepot y otra a la de Sionis; y por último Batman, parado con firmeza, y con sus brazos alzados en posición defensiva.

Ambos mafiosos, y sus respectivos hombres, se quedaron unos momentos impactados por la repentina intrusión.

—Es hora de que vuelvas prisión, Pingüino —sentenció Batman con voz profunda, y esto logró que el villano reaccionara al fin.

—¡No esta noche! —Les gritó con furia—. ¡Chicas!

Respondiendo a su orden, las dos mujeres de kimono verde y máscara dieron un largo salto desde detrás de él, y se lanzaron hacia los intrusos. Al mismo tiempo, el hombre grande y calvo que los acompañaba sacó su arma y comenzó a disparar sin pudor. Algunos de los hombres de Máscara Negra también comenzaron a disparar.

Los cuatro recién llegados rápidamente saltaron hacia los lados para ponerse en mejor posición. Raven y Red Robin comenzaron a encargarse de las dos Hermanas Kabuki y las afiladas cuchillas que surgían de debajo de sus mangas, mientras Red Hood se encargaba de repeler a los que les disparaban; Batman se fue directo hacia Cobblepot. Éste empujó a Tracy a un lado con violencia para que no le estorbara, cayendo al suelo a un metro de él. Luego, le disparó a Batman dos veces con su sombrilla, pero Dick logró esquivar ambos disparos y progresar en su avance hacia él. Cuando ya estaba demasiado cerca, la sombrilla del Pingüino cambió de ser un arma de fuego a un arma blanca, haciendo que una larga y afilada cuchilla surgiera de su punta. Extendió el arma al frente, y Dick tuvo que hacerse a un lado para esquivarlo, aunque igual el filo logró rasgar el traje a la altura de su hombro y e incluso hacerlo sangrar; debía ser de un material especial para poder lograr eso.

—Te sugiero que evites esa cuchilla —le indicó Barbara, con ligero humor en su voz.

—Gracias, lo tendré en mente —le respondió con algo de sarcasmo, mientras seguía esquivando las estocadas.

Tracy se arrastró apresuradamente por la alfombra, hasta ocultarse detrás del sillón más cercano. Se cubrió su cabeza con sus manos, teniendo su frente casi pegada al suelo, y temblando con cada golpe o disparo que escuchaba.

—¡Tantos años y sigo sin poder quitárteme de encima, Murciélago! —Espetó Cobblepot mientras lanzaba estocadas rápidas al frente con su sombrilla como espada—. ¡Te lance un ejército encima y sigues aquí! ¡¿Qué necesito para desarme de ti de una vez por todas?!, ¡¿volar esta ciudad en pedazos?!

El pensamiento fugaz que había tenido hace días sobre que esa ciudad ocupaba una bomba atómica, vino momentáneamente a la mente de Dick, y debía admitir que ello le causaba un poco de gracia.

—Puedes intentarlo —le respondió con seriedad, y justo después logró tomar el paraguas entre sus manos y arrebatárselo de un tirón, justo para después romperla en dos contra su pierna. Cobblepot no tuvo mucho tiempo para digerir esto, pues de inmediato Batman le lanzó un puñetazo directo a la cara que lo hizo girar todo su cuerpo sobre sí mismo y caer de narices a la alfombra.

El guardaespaldas grande del Pingüino vio esto y de inmediato se dispuso a ir contra Batman para salvar a su jefe, pero el disparo de una bala de caucho le dio justo en la cabeza, tambaleándolo, y le siguieron tres más en su pecho que lo derribaron contra el sillón, provocando que éste se volcara. Dick miró sobre su hombro, notando como Jason apuntaba en dirección del mantón; aparentemente le había cubierto la espalda.

Mientras ocurría toda esa confusión y caos, Máscara Negra y dos de sus hombres aprovecharon para dirigirse al ascensor, siendo cubiertos por otros de sus compañeros, además del Pingüino y sus secuaces sin querer.

—¡Nosotros nos largamos! —Espetó Sionis, y de inmediato ingresaron en su ascensor privado en cuanto las puertas se abrieron.

—¡Máscara Negra se escapa! —Gritó Red Robin en cuanto se dio cuenta de su inminente huida, para que todos los que lo acompañaban lo escucharan.

Batman reaccionó rápidamente, lanzando uno de sus batarangs directo hacia Sionis. Éste logró hacerse a un lado para esquivarlo y el batarangs ingresó por las puertas recién abiertas del ascensor, clavándose en su pared del fondo. Los dos hombres de Máscara Negra dispararon para cubrirlo, y luego los tres ingresaron al elevador. Batman corrió rápidamente hacia ellos, pero no logró llegar a tiempo antes de que las puertas se cerraran justo delante de él.

—Oráculo —Murmuró con seriedad en su comunicador.

Lo sé, pero tardaría más de la cuenta en hackear el sistema del elevador. Estoy usando el batarang que lanzaste para rastrearlo. Parece que se dirigen al Estacionamiento 4.

—¡Yo me encargo! —Escucharon como Jason gritaba abruptamente, y antes de que alguno pudiera reaccionar, éste corrió hacia la ventana rota por la que habían entrado, lanzándose al vacío.

—¡Oye!, ¡espera! —Le gritó Dick alarmado, pero ya cuando era demasiado tarde.

Jason se encontraba ahora en caída libre a un costado de la larga torre. El batwing, controlado remotamente por Alfred, comenzó a descender junto con él a su costado.

Joven Jason, eso fue bastante arriesgado —comentó Alfred con una tranquilidad que apenas lograba disfrazar su preocupación—. Recuerde que aún sigue herido.

—Luego me regaña, Doc. Ahora ocupo que me ayudes a llegar al Estacionamiento 4. Barbara, tú nos guías, bebé.

No me digas bebé —le respondió Barbara, algo molesta—. Si no provocas tu propia muerte con este tipo de cosas, de seguro provocaras la nuestra.

—¡Cuando eso pase te daré la razón! Mientras tanto indícanos cuando ya estemos en el Estacionamiento 4, ¡ni un segundo después!

Cómo diga, jefe —comentó con marcado sarcasmo.

— — — —

Paralelamente a todo eso, Máscara Negra y sus hombres arribaron en el ascensor al Estacionamiento 4. Salieron apresurados, y se disponían a dirigirse a una de las camionetas blindadas en las que habían llegado. Había perdido esa noche, pero no iba a permitirse caer junto con el Pingüino. Él tenía razón en una cosa: había sido un error aliarse con ese sujeto. Había dejado que sus rencores propios contra Red Hood se interpusieran a su razón. Una vez que esa ave vieja volviera a prisión, dedicaría día y noche a aplastar todo lo que quedara de su operación, y quedarse con todo su territorio; hasta la última esquina. Pero aún seguiría el problema con Red Hood, y claro Batman. Pero ya vería como arreglar eso después; una vez que toda Gótica estuviera bajo su puño, no habría agujero en el que ninguno de los dos pudiera esconderse. Y así tuviera que quemar toda la ciudad, los acabaría a ambos.

Sólo había sitio ahí para un rey, y ese sería Roman Sionis.

En ese momento, abruptamente ocurrió una fuerte explosión en un costado del estacionamiento, ésta hizo volar por los aires tanto a Máscara Negra como a sus dos acompañantes. Una parte de la pared exterior del edifico había volado en pedazos, creando un agujero mediano. Entre todo el polvo y fuego, un gancho fue disparado, encajándose justo en la puerta del elevador por el que habían salido. La figura de Red Hood cruzó el espacio entre el agujero y ellos, siendo jalado por el cable del gancho retráctil, y yendo en línea recta hacia donde se encontraban. Los hombres de Máscara Negra intentaron sacar sus armas en el momento, pero Jason pudo patear a uno en medio del aire, derribándolo. Para cuando llegó frente al elevador, se giró rápidamente disparándole al segundo hombre en su mano y haciendo que soltara su arma.

Red Hood colocó sus dos pies firmemente en el suelo, justo a tiempo para golpear con fuerza al primero que había derribado, y así dejarlo tirado en el suelo. El segundo se le lanzó dispuesto a atacarlo a mano limpia, pero Jason lo esquivó, para justo después clavar su rodilla contra su abdomen. Mientras el maleante se doblaba de dolor, lo tomó de sus ropas y lo estrelló de cabeza contra la pared a un lado del elevador, haciendo que también quedara inconsciente en el suelo.

Mientras el chico de máscara roja se encargaba de sus dos matones, Sionis salió corriendo con rapidez en dirección a su camioneta. Ya iba a medio camino cuando Red Hood lanzó una cuerda con ganchos directo a sus piernas, amarrándose entorno a ellas y lo derribándolo al piso.

—¿Te ibas tan pronto de tu propia fiesta? —Le cuestionó Red Hood algo burlesco, mientras comenzaba a acercársele tranquilamente.

Máscara Negra rápidamente sacó un cuchillo del interior de su traje y cortó las sogas que lo aprisionaba. Se puso de pie rápidamente, a tiempo para lanzar una cuchillada directo hacia su enemigo, pero éste se hizo para atrás para esquivarlo, y luego se las arregló para torcer su muñeca y desarmarlo. El criminal gimió de dolor y retrocedió un poco, mientras Red Hood lo apuntaba directamente con una de sus armas. El rostro de Sionis no era visible, pero la frustración era bastante tangible en todo su alrededor.

—¡¿Por qué cada vez que apareces te empeñas en hacerme la vida imposible?! —Le gritó furioso—. ¡¿Qué rayos te hice para que me odies tanto?!

—¿Tú a mí? —Murmuró Jason, inclinando su cabeza hacia un lado. Soltó entonces una pequeña risilla, y se dispuso a guardar su arma en su funda—. Nada, en realidad; ni siquiera te odio. Sólo cae la casualidad de que siempre eres el lunático de turno al que tengo que patearle el trasero…

Jason alzó entonces sus puños al frente, dejando el mensaje claro: arreglarían eso con los puños, y Máscara Negra estaba más que encantado en hacerlo así. El villano se le lanzó encima con actitud agresiva, comenzando a lanzarle varios golpes consecutivos. Red Hood lo esquivaba sin mucho esfuerzo, como si estuviera jugando con él. Luego de un rato, el vigilante le dio un fuerte gancho al estómago, haciendo que se doblara un poco sobre sí mismo, aferrado a su abdomen. No dejó que eso lo detuviera mucho, pues casi de inmediato se le volvió a lanzar, logrando ahora darle un golpe directo en su costado al joven de máscara roja, justo en dónde la espada de Deathstroke le había atravesado.

Jason gimió de dolor al sentir el impacto en esa área, un fuerte dolor que le recorrió casi todo el cuerpo. Sionios lo rodeó entonces con sus brazos aprovechando ese momento de debilidad, lo alzó y luego lo tiró al suelo de espaldas. Se colocó sobre él y comenzó golpearlo con violencia en su torso y en su careta, haciendo que sus propios nudillos se rasparan.

—¡¿Por qué no me dejan en paz de una buena vez?! —Le gritaba furioso mientras golpeaba—. ¡Ésta es mi ciudad!, ¡no la de ustedes mocosos disfrazados de Noche de Brujas! ¡Yo soy el rey aquí…!

Jason lo tomó abruptamente con fuerza de sus muñecas y lo detuvo. Lanzó rápidamente su cabeza al frente, chocando su careta roja contra la máscara negra y haciendo que el mafioso sintiera un fuerte aturdimiento. Jason lo tomó de su traje y con sus pies lo alzó para que diera una voltereta en el aire y cayera de espaldas al piso con gran fuerza.

—A la mierda Gótica y sus reyes —murmuró Jason despacio, con cierto dolor acompañándolo mientras se ponía de pie—. A la mierda Batman, ¡y a la mierda tú, mafioso de cuarta! —Lo tomó con de su traje, lo alzó un poco y luego le plantó un último y contundente golpe contra su máscara, haciendo que su cabeza se sacudiera al chocar de nuevo contra el cemento, y entonces ahí se quedó sin moverse.

Red Hodd se apartó de él, tambaleándose aturdido por los golpes que él mismo había recibido, y con su herida anterior doliéndole intensamente; y quizás sangrándole de nuevo. Retrocedió hasta apoyarse contra la pared y entonces intentar recuperar algo de equilibrio.

—Máscara Negra está fuera de combate —murmuró con seriedad por su comunicador—. Y creo que me volví a abrir mi herida…

Se lo advertí, joven Jason —le reprendió Alfred desde el comunicador—. Tendrá que reposar por un tiempo si quiere que eso termine de sanar.

—Me tomaré unas vacaciones luego de esto, lo prometo…

Resbaló su espalda por la pared hasta quedar sentado en el suelo y así poder reposar un poco; pero no podía tomarse mucho tiempo, pues debía esposar a Máscara Negra y a sus hombres antes de que a alguno se le ocurriese levantarse.

El Pingüino y sus guardaespaldas también están fuera de combate —informó Red Robin, unos segundos después—. Creo que hemos terminado por hoy.

—Felicidades, Batman —ironizó Red Hood con debilidad—. Has atrapado a los Últimos Dos Grandes Señores del Crimen de Gótica; es el inicio de una nueva era.

No te pases de simpático —le respondió la voz de Dick, aunque simulando ser la de Bruce.

Jason rio un poco, y ese acto hizo que le doliera un poco más su herida. Había dicho lo de las vacaciones como una broma, pero todo parecía indicar que tendría que ser muy enserio.

— — — —

El ajetreo ya se había calmado, pero Tracy Buxton seguía aún tirada detrás del sillón, abrazada de sí misma y temblando un poco. Todo eso había sido demasiado para ella. Hasta hace unas semanas atrás, sólo era una administradora normal; involucrada en un sinnúmero de negocios sucios, en efecto, pero no lo suficiente para ser parte de tiroteos, asesinatos y amenazas de muerte. Sólo quería que todo eso terminara…

De pronto, sintió unos pesados pasos aproximándose hacia ella. Tracy se estremeció, e hizo un intento de alejarse, pero sólo pudo pegarse más contra el respaldo del sillón. La mujer se sentó y alzó sus brazos al frente, cubriéndose con ellos en un intento de protegerse de lo que fuera a suceder.

—¿Señorita Buxton? —Cuestionó la voz serena y profunda de Batman. La mujer bajó sus manos ligeramente, alzando su vista al frente; la imponente figura oscura de Batman se hallaba de pie delante de ella, envuelto en su larga capa negra.

—¿Cómo sabe mi nombre? —Le preguntó nerviosa.

El vigilante se agachó con cuidado delante de ella, para poder verla a los ojos a través de su máscara; la sangre que le brotaba de debajo de ésta, lo hacía ver aún más aterrador.

—Tendrá que tomar una decisión importante ahora mismo —le indicó de pronto, tomándola por sorpresa—. La policía necesitará hablar con usted, y querrá que le diga todo lo que sepa de los negocios del Pingüino. —Dicho eso, miró discretamente hacia dónde yacía Cobblepot, inconsciente y esposado—. ¿Qué hará cuando eso ocurra?

Tracy instintivamente miró en la misma dirección que él. Comprendió de inmediato que todo lo que le decía era cierto; tenía sólo una alternativa para salvarse, y debía decidir si tomarla o no. Miró de nuevo al Caballero Oscuro, y asintió lentamente con su cabeza.

FIN DEL CAPITULO 21

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Batman Family: Legacy. Ciudad Gótica se encuentra de luto. Bruce Wayne, una de sus figuras más emblemáticas e influyentes, ha fallecido repentinamente, dejando detrás de él un importante y secreto legado que ahora recaerá en hombros de sus jóvenes sucesores: Barbara, Tim, Jason y, especialmente, Dick, quien acaba de descubrir que su antiguo mentor le ha dejado la más inesperada de las herencias. ¿Aceptará el joven Grayson la nueva responsabilidad que se le ha encomendado? ¿Tendrá lo que necesita para mantener a la Familia unida sin Bruce, y combatir las amenazas que vengan de aquí en adelante? ¿Y cómo reaccionará el resto de Gótica a esto?

+ “Batman” © Bob Kane, DC Comics, Warners Bros. Enternaiment.

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