Fanfic Resplandor entre Tinieblas – Capítulo 33. Has despertado mi curiosidad

24 de enero del 2019

Resplandor entre Tinieblas - Capítulo 33. Has despertado mi curiosidad

Resplandor entre Tinieblas

Por
WingzemonX

Capítulo 33.
Has despertado mi curiosidad

Tras dos días de reposo encerrada en esa pequeña y extraña habitación, Lily Sullivan fue capaz de levantarse de la cama y salir de ahí. Sin embargo, requirió de muletas para poder andar, pues aún le dolía demasiado al apoyar su pierna derecha; por suerte su secuestradora se las consiguió sospechosamente rápido. Le consiguió también ropa nueva, además de una peluca castaña corta y unos feos anteojos de armazón negro y grueso. Ella también se había comprado una peluca rubia, lentes algo más discretos, y un sombrero más grande que su cabeza. Se veían ridículas, al menos desde su punto de vista. Y encima de eso, Lily necesitó además de algo de maquillaje para ocultar el feo moretón de su cara, que para ese momento ya se había bajado pero seguía siendo lo suficientemente visible. Por suerte, Esther tenía bastante maquillaje para su uso personal.

Resultó que no estaban a mitad del bosque o frente a una jefatura de policía, ni en ningún otro sitio extraño. De hecho, se encontraban en un modesto y viejo hotel, en un pueblo igual de modesto y viejo algunos kilómetros al norte de Portland. Lily nunca supo el nombre de aquel sitio, y tampoco le importó. Esther les compró dos boletos para un autobús hacia Olympia, el cual abordaron bastante temprano en la mañana. El viaje duró cerca de tres horas, en las cuales al menos dos personas les preguntaron preocupados lo mismo: “¿Qué hacen dos niñas tan lindas viajando solas?” y “¿Qué te pasó en tu pierna, pequeña?”, eso en cuanto notaban las muletas de Lily, y el vendaje grueso entorno a su muslo que se notaba discretamente debajo de la falda amarilla de su atuendo. Para ambas preguntas, Esther siempre se adelantaba a responder primero, y con asombrosa tranquilidad y desenvoltura.

—Vamos a visitar a nuestra tía en Port Townsend, nuestro papá ya nos espera en Olympia —respondía a lo primero, con una amplia sonrisa amistosa e inocente, que junto con su rostro totalmente falso y maquillado la hacían ver como la criatura más adorable e inofensiva del mundo. Y sobre su pierna, sólo contestaba—: La atacó un perro, muy grande… Pero fue su culpa, ella lo molestó y se portó mal. Pero estoy segura de que aprendió su lección, ¿cierto, sis?

En esos momentos Lily prefería sólo guardar silencio, sonreír discretamente y asentir. Curiosamente nadie les cuestionó mucho más después de ello. Debía darle crédito a su captora. Podría estar loca y ser totalmente falsa de los pies a la cabeza, pero sabía cómo manipular y controlar a las personas; y lo hacía incluso sin poderes.

Se bajaron en Olympia y desaparecieron antes de que alguien les hiciera más preguntas, incluyendo el paradero de su supuesto padre que las debería estar esperando ahí. No habían mentido al decir que se dirigían a Port Townsend, aunque ese no era en realidad su destino final. Debían esperar a la salida del siguiente autobús dentro de dos horas, así que optaron por ir a comer algo. Del otro lado de la avenida frente a la estación, se encontraba una plaza comercial. A Lily le pareció que era un poco absurdo ir a un lugar tan concurrido y arriesgarse a que alguien les reconociera. Esther, por su parte, afirmó que era mejor estar precisamente en un sitio lleno de gente en el que pudieran confundirse con la multitud; había dicho algo sobre cómo mientras más personas había a su alrededor, la gente miraba menos. No le pareció coherente, pero ella era la psicópata profesional, así que algo debía de saber al respecto.

Entraron a la dichosa plaza sin mucho problema; en efecto, había bastante personas, pero todas demasiado ocupadas en sus propios asuntos como para preocuparse por las dos niñas que andaban solas por ahí. Con respecto a la comida, no se complicaron mucho: fueron directo a un McDonalds que se encontraba ahí dentro de la plaza. Habría muchos niños con sus padres, por lo que esperaban que dos niñas más no llamaran mucho la atención.

Lily se sentó en una mesa, dejando sus muletas sobra ésta, mientras Esther ordenaba. La mayor parte del día se la había pasado sentada en el autobús, y aún así lo poco que había usado las muletas había bastado para que la cansara. Y a pesar de en teoría casi no estar apoyando la pierna, igualmente le seguía doliendo. Y aún así, estaba segura que no era ni remotamente cercano a cómo le dolería si se le hubiera infectado, gangrenado y muerto. Se había estado tomando los antibióticos y antiinflamatorios como su desquiciada enfermera le había indicado, y eso sumado al reposo al parecer había ayudado. Pero temía que todo el ajetreo de ese viaje le volviera a abrir la herida, o le complicara su recuperación.

Colocó su mano sobre el vendaje, apretándose un poco y sintiendo vívidamente el ardor que este contacto le generaba. No entendía ese gusto de la gente por hacer ese tipo de cosas, pero al parecer ella también lo hacía inconscientemente. Luego de estar un rato metida en eso, sintió un curioso consquilleó en la parte izquierda de su cabeza… una sensación conocida. Alzó su mirada cautelosa y alcanzó a ver como una mujer en otra mesa desviaba su mirada hacia otro lado, apresurada y fingiendo que no la veía. Pero, ¿sí lo había hecho?, ¿o había sido sólo su imaginación? La mujer estaba acompañada de dos niños pequeños, tan rubios y pálidos como ella, pero estaban sentados de tal forma que le daban la espalda a Lily. La contempló en silencio, viendo si lograba detectar algo proveniente de su cabeza. Lo único que percibió fue una ansiedad molesta, pero no identificó la causa. Sin darse cuenta, se quedó bastante más tiempo mirándola fijamente, el tiempo suficiente para notar como ella intentaba sutilmente virarse de nuevo en su dirección, pero al darse cuenta de la estaba viendo, bajó rápidamente su mirada de regreso a su charola y a su grasosa hamburguesa. La ansiedad que sentía provenir de ella, aumentó relativamente.

La abrupta aparición de Esther a su lado, cargando en sus manos una charola con sus comidas, sacó a la niña abruptamente de su concentración, sobresaltándola un poco.

—Aquí tienes, una Bic Mac —murmuró la mujer de peluca rubia con voz astuta, al tiempo que colocaba la charola en la mesa delante de ella—. ¿Segura que no preferirías una Cajita Feliz?

—No —respondió la niña de peluca castaña, mientras tomaba la pequeña caja que contenía su hamburguesa—. ¿Y tú?

Esther sólo sonrió, y tomó ella misma su respectiva comida, incluyendo las papas y la soda.

Lily miró de reojo a aquella mujer en la otra mesa, que para ese momento parecía estar preocupada por limpiarle la cara sucia a unos de sus hijos, mientras les decía algo despacio. ¿Debería contarle a Esther al respecto? Lo consideró, pero decidió mejor ver hacia dónde llegaba todo primero.

—¿Cómo sigue tu pierna? —Le cuestionó su captora.

—¿Enserio te importa? —Le respondió ella justo después con tono cortante.

Esther se encogió de hombros.

—Como tengo que entregarte con vida, pues sí.

Lily la observó un rato en silencio, notando como comenzaba a retirarle el pan a la pequeña hamburguesa, y extrañamente comenzaba a separar sus partes. Usando las dos partes de la cajita en la que venía, puso de un lado la carne y el queso, y del otro las pocas verduras que tenía. Además, usando un cuchillo de plástico, intentó retirarle lo más posible el aderezo al pan y a la carne. Lily sólo preguntarse a sí misma quién demonios comía así una hamburguesa.

—Está mejor —le respondió tras un rato a su pregunta—. O al menos lo mejor que puede estar tras recibir un maldito disparo.

—¿Por qué no lo dices más alto? —Murmuró Esther con aparente tranquilidad, mientras seguía en su labor de retirarle el aderezo a su comida—. No creo que te hayan escuchado en las cajas.

Lily resopló despacio, y entonces tomó su hamburguesa y le dio una mordida grande, como una persona “normal”. Al hacerlo, sin embargo, terminó manchándose los lentes grandes que traía consigo, por lo que tuvo que retirárselos rápidamente y colocarlos sobre la mesa.

—Ya es suficientemente incómodo tener que ir cargando estas muletas. ¿En verdad son necesarios estos estúpidos disfraces?

Esther ya había empezado a comer, o algo así. Usando un tenedor y un cuchillo de plástico, comenzó a cortar la carne de la hamburguesa en pedazos pequeños, y a meter uno a uno a su boca, masticándolos además con sumo cuidado.

Luego de tragar su bocado, comentó:

—¿Crees que la policía se olvidaría tan rápido de una extraña asesina con apariencia infantil, que mató a uno de los suyos y escapó con una inocente e inofensiva niña de diez años? —Culminó su comentario con una pequeña risilla irónica—. Si supieran lo que eres en verdad, se preocuparían más por mí.

—No seas habladora. Ni siquiera tú sabes lo que soy en verdad.

Esther siguió comiendo, aunque mientras lo hacía la contempló con una expresión divertida, que incluso a Lily le pareció engreída.

—Lo sé mejor de lo que crees. De hecho, tú y yo somos bastante parecidas, ¿qué no te has dado cuenta?

—Para nada.

—¿Enserio? Bueno, es cierto que la manera en la que ambas llegamos a este mundo es distinta, pero a pesar de todo terminamos recorriendo caminos bastante parecidos, hasta incluso cruzarnos justo aquí y ahora. Ambas al parecer asesinamos a nuestros padres, y a unos cuantos más en el camino, por ejemplo.

—Yo nunca he matado a nadie —declaró Lily tajantemente. En efecto, ella nunca había directamente disparado o acuchillado a alguien, sólo había jugado con sus mentes y miedos, haciendo que ellos mismos lo hicieran. Incluso su padre, e incluso Emily.

Como fuera, su respuesta provocó que Esther soltara una carcajada, discreta pero aun así bastante notoria.

—Sí, claro. Eres el tipo de persona que empujaría a alguien de la cornisa de un edificio, y alegaría que lo mató el pavimento y no tú, ¿no?

—No sería mentira. Las personas son tan… frágiles.

—¿Es por eso que lo haces? —Inquirió la mujer, mirándola con ferviente curiosidad—. ¿Por eso… empujaste por la cornisa del edificio a todas esas personas? ¿Por qué te molesta su debilidad? ¿Por qué te pareció divertido? ¿O por qué lo disfrutas?

Lily se quedó callada, en un pequeño silencio reflexivo. ¿Si lo disfrutaba? Sí… era probable que hubiera un poco de ello. Desde pequeña había tenido esa fascinación, casi morbosa dirían algunos, por la tragedia, por el dolor y el sufrimiento, como si éste le provocara cierta satisfacción. Su padre, en su imagen que tenía de ella como un demonio salido del mismísimo infierno, decía que se alimentaba de ello. ¿Era así? En realidad no lo sabía, y… en realidad tampoco le importaba.

—¿Tú lo disfrutas, acaso? —Murmuró un poco a la defensiva, mientras disfrutaba de algunas de sus papas—. ¿Disfrutaste matar a todos esos hombres fantaseando que eran tu padre? ¿Qué te gustó más? ¿Acostarte con ellos o matarlos?

La sonrisa se esfumó de los labios de Esther rápidamente, y eso sí que le causó gozo a la pequeña de diez años. Su captora se giró de nuevo a su comida, y siguió probando los pedazos de carne de uno por uno.

—Mejor come tu hamburguesa —le respondió con voz seca.

—Tú empezaste.

Luego de eso, comieron en silencio por un rato. Lily, por mera curiosidad, intentó captar un poco de lo que su acompañante pensaba en esos momentos, pero no percibió gran cosa más allá de una sensación fría y oscura. Durante esos días que había pasado con ella luego de despertar, le había parecido complicado indagar en su cabeza. Se preguntaba si acaso las medicinas que tenía que tomar tendrían algo que ver con ello, o quizás una parte de ella se resistía a entrar de más en sus pensamientos tras haber escuchado la extensa historia de su deplorable, pero aun así interesante vida.

De pronto, notó que Esther miraba al frente disimuladamente, mientras seguía comiendo su carne. Lily se viró en la misma dirección. La mujer que había sorprendido mirándola, ya no se encontraba en la mesa ni tampoco sus hijos; de hecho, estaba ahora justo afuera del McDonalds, conversando con… un policía. O al menos eso parecía ser, por su uniforme azul oscuro. Era un hombre alto y algo delgado, de cabellera rojiza. Ambos conversaban en silencio, mientras la señora sostenía a los dos niños contra sus piernas. Y en un determinado momento, ella volteó en su dirección y el supuesto oficial hizo lo mismo. En ese mismo momento, Lily logró captar un pensamiento claro viniendo de la mujer; los pensamientos que eran alimentados por el miedo, siempre eran mucho más sencillos de captar para ella: “creo que es la niña de las noticias, la que secuestraron en Portland”.

Lily miró de reojo a Esther; ésta quizás no leía mentes, pero fue bastante obvio que no lo necesitó para darse cuenta de lo que ocurría.

—Toma tus muletas y vámonos —Le indicó tajantemente, dejando rápidamente los cubiertos de plástico en la mesa.

—Aún no termino —le indicó la pequeña con tranquilidad, aunque en realidad sólo la estaba provocando. Incluso le dio una pequeña mordida más a su hamburguesa en ese momento.

—Que nos vamos, dije —soltó la asesina con más brusquedad, poniéndose de pie y colocándose de nuevo su amplia maleta al hombro.

Lily dio otra mordida más, de nuevo más que nada para molestarla, y luego se tomó su tiempo para tomar sus muletas y seguirla a como éstas le permitían.

El local tenía dos entradas, por lo que rápidamente salieron por una, mientras el oficial ingresaba por la otra. Éste al parecer se movía cauteloso mientras las seguía; lo más probable era que no estuviera del todo seguro en su accionar. Por un lado, si no eran quienes él creía, estaría persiguiendo a dos inocentes niñas sin razón. Por el otro, si en efecto lo eran, le habrían advertido que esta loca asesina era peligrosa, y que ya había matado a un oficial en Portland, y herido a otro. Además estaban en un lugar público, no podía sencillamente asustar a la gente si no tenía aún un motivo claro para hacerlo. Esther esperaba poder usar eso como ventaja y perderlo entre la multitud.

Ambas empezaron a moverse entre la gente que andaba por los pasillos, o entraba y salía de la tiendas. Esther frecuentemente miraba sobre su hombro para asegurarse de que aún las seguían, y en efecto ahí estaba; cada vez un paso más atrás, pero aun esforzándose por no perderlas de vista.

Lily percibió en ese momento una palabra en ruso, o algo parecido, resonando en la mente de su captora. Eso sí lo había percibido claramente, así que sus poderes no se estaban atrofiando tanto. No era precisamente miedo lo que estaba percibiendo de ella, pero sí era muy parecido. Pero no al ser atrapada en sí, sino más bien a ser… ¿encerrada?

La jaló entonces en dirección a un pasillo, que según la señalización llevaba a los baños. Dicho pasillo se veía solo en esos momentos, y al entrar al baño de mujeres éste igualmente lo estaba; no había nadie en los lavabos, y todos los cubículos se veían vacíos. De hecho, en cuanto la puerta con regreso automático se cerró, se sintió un silencio bastante profundo, y hasta cierto punto agradable pues contrastaba mucho con el ajetreo de afuera.

—Parece que tus disfraces no funcionaron del todo bien —comentó Lily con ironía.

—Silencio —le respondió Esther con marcado estrés en su voz. Abrió entonces esa enorme maleta que traía consigo, donde además de ropa y varios billetes en efectivo, llevaba algunas armas de fuego. Sacó en efecto una pistola, revisó el cartucho para ver cuantas balas tenía, y luego lo volvió a colocar, todo en sólo un par de segundos—. Entra al cubículo.

Señaló con el arma al primero de los cubículos. Si su idea era esconderse ahí, sonaba bastante desesperado, pero igualmente Lily hizo lo que dijo y entró en él. Esther le siguió, y cerró la puerta detrás de ella; sin embargo, Lily notó que no le puso seguro, y eso le pareció curioso.

La niña se sentó sobre la taza cerrada del baño y dejó sus muletas apoyadas a un lado. Esther, por su lado, se paró justo enfrente de ella, volteada hacia la puerta con su arma sostenida con ambas manos y apuntando hacia arriba con firmeza.

—¿Piensas dispararle aquí mismo? —Murmuró Lily, escéptica—. Vaya asesina profesional que eres. ¿Por qué no mejor gritas a todo pulmón para que todos sepan que estás aquí? ¿Cuánto tiempo crees que pase antes de que bloqueen todas las salidas y rodeen el sitio de patrullas? Y después de que eso suceda, ¿qué? ¿Piensas tomar a toda la gente de allá afuera como rehén? Sí, eso de seguro terminará muy bien…

—¡Cállate! —Espetó la extranjera, volteándola a ver molesta sobre su hombro—. ¿Tienes una mejor idea?

—A decir verdad, sí —le respondió con seriedad, y entonces extendió una mano al frente y la colocó justo sobre el hombro derecho de Esther—. No hagas nada… déjamelo a mí.

Esther la miró de reojo con cara de total confusión. Escuchó entonces como la puerta del baño se abría abruptamente. Eso la puso totalmente el alerta, y apretó con más fuerza su arma entre sus dedos.

—Que no hagas nada, te dije —le murmuró la niña despacio, y entonces miró fijamente a la puerta.

Se escucharon pasos cautelosos de aquel que ingresaba al baño, y se acercaba hacia el cubículo. Era él, de eso Esther estaba segura. Sin importar lo que esa mocosa le dijera, ella estaba tensa, con sus dedo listo para accionarse en cuanto lo tuviera en la mira. Sin embargo, mientras más cerca oía sus pasos, más los dedos de Lily se apretaba en torno a su hombro.

La puerta del cubículo se abrió rápidamente hacia afuera, y ahí lo vio de pie: el oficial alto y de cabello rojizo, sujetando su arma al frente con una mano, mientras con la otra jalaba la puerta. En cuanto vio al arma, Esther estuvo a punto de disparar sin el menor pudor, pero Lily la jaló hacia atrás con un poco de fuerza, de tal forma que su oído estuviera a la altura de su labios.

—No lo hagas —le susurró muy despacio.

Esther la miró sobre su hombro sólo un instante, y luego se viró de nuevo al frente. Fue en ese momento en el que lo notó: el policía miraba al interior del cubículo… pero no precisamente las miraba a ellas. Miraba de un lado a otro, arriba abajo, pero no decía nada, ni hacía algún ademán de que fuera consciente siquiera de sus presencia; no las miraba…

Esther miró a Lily de nuevo, algo confundida; ésta miraba con seriedad al hombre. ¿Ella lo estaba haciendo? ¿Ella estaba haciendo que no las viera? ¿Podía hacer tal cosa?

Luego de un rato, el oficial se retiró y pasó al siguiente cubículo, abriéndolo al parecer de forma similar e inspeccionándolo. Esther sólo se quedó quieta en su sitio, algo tensa mientras escuchaba como el policía se movía por el baño. Al llegar al último cubículo, el hombre se apartó confundido, rascándose la cabeza. Guardó de nuevo su arma en su funda, y en ese momento la radio que traía consigo pegada a su hombro sonó.

Owlman, ¿estás ahí? —Cuestionó la voz de una mujer, con un tono un tanto molesto—. ¿Dónde te metiste?

El oficial tomó la pequeña radio y la accionó para poder hablar.

—Aquí Owlman. Estaba siguiendo a dos niñas sospechosas, pero las perdí de vista. Seguiré andando un rato por aquí para ver si las veo.

Enterado. ¿Necesitas apoyo?

El oficial Owlman pareció dudar sobre cómo responder esa pregunta. Realmente no le constaba del todo que a quienes seguía eran en efecto quienes él pensaba. Y aunque lo fueran, esas historias que decía la prensa sobre una asesina y secuestradora con apariencia de niña… parecía algo sacado de alguna película, ¿cómo podía ser eso cierto? Pero igual había una alerta al respecto. ¿Qué era lo correcto?, ¿alertar a sus compañeros o esperar a estar seguro? Al final se inclinó más por la segunda opción.

—No, descuiden. Quizás no es nada…

—Muy bien. Te esperamos afuera.

Owlman se dirigió a los lavabos y se mojó un poco las manos para luego humedecerse la cara. Se le había pasado por alto por un momento que se encontraba en el baño de mujeres, pero esperaba que no hubiera problema; era un oficial, después de todo. Luego de lavarse la cara, se apoyó en el lavabo  y se miró con cuidado el rostro, aún con gotas de agua, en el espejo.

Escuchó entonces un siseo, un sonido peculiar del que no identificó su origen en un inicio, pero cada vez se hizo más notable. Bajó su mirada; parecía provenir de la coladera del lavabo en el que estaba apoyado. Se quedó mirando fijamente ese agujero redondo y oscuro por quizás varios minutos; el siseo se hacía más notable, como si algo estuviera subiendo por él. Luego de un rato, la cabeza de una larga serpiente, completamente negra y de ojos grandes y amarillos, se asomó del agujero y se arrastró por la porcelana blanca hacia la orilla del lavabo. Owlman reaccionó con espanto, dando un salto hacia atrás y luego retrocediendo más, hasta casi tocar los cubículos con su espalda. Desde su perspectiva ya no podía ver la coladera, pero sí pudo ver como la serpiente negra se asomaba por la orilla y luego se dejaba caer al suelo. Pero no fue la única; a ésta le siguiendo después dos, cinco, diez más parecidas, todas dejándose caer al suelo desde el lavabo como una cascada.

Las serpientes se arrastraron velozmente por el suelo, justo en su dirección. Owlman estuvo petrificado ante la horrible escena, y para cuando logró reaccionar e intentó dirigirse a la puerta, ya era tarde. Las serpientes comenzaron a subir por sus piernas, tanto fuera de su pantalón como por dentro. El policía empezó a gritar con desesperación agitando sus piernas y manos, intentando quitárselas de encima, pero simplemente parecía ser imposible de lograr. Los animales subieron por su torso, hasta incluso llegar a su cuello. Los gritos del hombre se volviendo más intensos, y sus movimientos más erráticos.

Pero las serpientes no existían en realidad. No había ningún reptil, de ningún tipo, subiendo por su cuerpo. Todo estaba en su mente, causado por la misma niña que él pensaba que estaba ayudando… Pero ésta, así como su captora, eran bastantes reales.

Esther se le aproximó cautelosa por su espalda mientras el hombre gritaba desesperado. Con rapidez, le pateó con gran fuerza la parte trasera de su rodilla izquierda, causando que ésta se doblara y le provocara un gran dolor. El oficial cayó de rodillas al suelo, y justo un segundo después la asesina a sus espaldas le rodeó el cuello con las agujetas de sus propios zapatos, ambas amarradas fuertemente a sus manos. Las apretó entorno al cuello del oficial, mientras hacía todo su pequeño cuerpo hacía atrás, aplicando todo su peso y así  comenzar a asfixiarlo.

El oficial fue incapaz de seguir gritando. La sensación de las agujetas en su cuello no hizo más que empeorar su desesperación. Llevó sus dedos instintivamente a su cuello, intentando quitárselas de encima, pero le fue imposible. Esther había colocado sus pies contra su espalda, y dejado caer su cuerpo por completo hacia atrás. Eso, sumado a su posición de rodillas, le hacía difícil poder levantarse. Y además estaban las serpientes, cientos de ellas arrastrándose por todo su cuerpo. En su mente, en realidad estaba pensando que eso que le oprimía el cuello era de hecho una de ellas, aprisionándolo y apretándolo.

El rostro de Esther se había puesto totalmente rojo por todo el esfuerzo que estaba haciendo. Sus manos además le ardían, e incluso al parecer le estaban comenzando a sangrar.

Owlman hizo el intentó de levantarse, pero cuando aún no lograba mantener por completo el equilibrio, Esther saltó, jalando aún más fuerte su cuerpo hacia abajo, y provocando que el policía terminara cayendo de espaldas al piso. El cuerpo pesado del oficial cayó sobre Esther, lastimándola, pero no le importó. Su peluca además salió volando y cayó lejos de ella, pero a eso tampoco le dio importancia. Cruzó sus brazos para rodear por completo el cuello del oficial con los cordones, y apretarlo con todas sus fuerzas. El hombre gemía débilmente carente de aire y su cuerpo se retorcía sin control.

Lily en ese momento salió tranquilamente del cubículo, parándose un segundo justo a un lado de tan impactante escena. Sin embargo, ella se mantuvo apacible.

—Siempre tan ruidosa —suspiró con seriedad, y entonces se encaminó tranquilamente hacia la puerta del baño apoyada en sus muletas, y le puso seguro. Luego volvió con la misma calma, pero en esta ocasión hacia los lavabos. Se miró en el espejo e intentó acomodarse su peluca. Se quitó además sus anteojos y se revisó si acaso su horrible moretón aún permanecía oculto; aún se veía bien, pero quizás ocuparía un retoque de maquillaje. Todo eso, mientras un hombre estaba siendo asesinado en el suelo a unos centímetros de ella.

Esther siguió apretando sin ceder ni un poco, hasta que el cuerpo del oficial Owlman comenzó a dejar moverse y sacudirse. Los gruñidos dejaron de salir de su boca, sus manos dejaron de intentar apartarse la enorme serpiente imaginaria que lo aprisionaba, y entonces todo se quedó callado… El oficial pelirrojo se quedó totalmente quieto, con sus ojos abiertos y casi desorbitados, con algo de sangre inyectada, y su boca abierta en una horrenda mueca. Todo el sufrimiento, todo el miedo y confusión, esculpidos en su cara como una grotesca obra de arte.

Aún después de que se quedara quieto, Esther mantuvo la presión de sus manos por casi un minuto más, antes de ceder, soltar los cordones y quedar totalmente rendida en el suelo. Respiraba agitadamente, mirando al techo. Su cuerpo le temblaba un poco, similar a como si acabara de tener un intenso orgasmo, y realmente la sensación no era tan diferente.

—¿Ya acabaste? —Le cuestionó Lily con tranquilidad desde el lavabo, y sólo entonces se obligó a reaccionar.

A duras penas logró alzar el cuerpo del oficial lo suficiente para salirse de debajo de él. El cuello de Owlman había quedado amoratado, con la marca de los cordones en torno a él. Sentada en el piso a su lado, contempló en silencio unos momentos sus propias manos. La carne de sus palmas se había abierto por la fuerza con la que tomó los cordones. Sin embargo, poco a poco dichas heridas comenzaban a cerrarse de nuevo, y mientras lo hacían Esther sintió como la energía regresaba a su cuerpo; de hecho, comenzaba a sentirse mejor, incluso más fuerte que antes.

Cuando sus manos estuvieron por completo cerradas, se puso de pie rápidamente, tomó el cuerpo de Owlman de las axilas y empezó a jalarlo hacia el cubículo en el que se habían escondido al entrar. El cuerpo estaba pesado y ocupaba de mucho esfuerzo para lograr jalarlo, pero lo hacía aun así.

—¿Por qué hiciste eso? —Le cuestionó a Lily en voz baja mientras seguía con su labor.

—Para que no entrara alguien y te sorprendiera, obviamente —Le respondió la niña desde el lavabo, refiriéndose al hecho de que había cerrado la puerta con seguro.

Esther logró llevar a Owlman hasta el cubículo, y ejercer aún más fuerza para poder sentarlo sobre la taza con su cabeza cayendo hacia atrás. Lo acomodó como pudo para que, desde la perspectiva de alguien que viera de afuera, lo interpretara sólo como una persona usando el inodoro. Cerró la puerta con seguro desde adentro, y luego de arrastró por la parte de debajo de ésta para salir.

—Me refiero a por qué me ayudaste —se explicó Esther, mientras se ponía de pie y se arreglaba sus ropas—. Pudiste haber fingido que te tenía secuestrada, hacer que me mataran y volver como una víctima inocente de todo esto.

Desde el reflejo del espejo, Lily la miró y le sonrió divertida por su pregunta.

—¿Enserio crees que si quisiera irme, no lo hubiera hecho en cuanto pude levantarme de la cama? —Le respondió con tono astuto, y luego se giró hacia ella, ya con su disfraz completo—. Para bien o para mal, has despertado mi curiosidad. Quiero conocer a quién te envió por mí, y saber qué quiere conmigo. Hasta entonces, te soportaré. Luego de eso ya veremos…

Esther la miró atentamente en silencio, quizás algo desconfiada. Quizás le mentía, quizás no. Pero como fuera, todo era mejor si acaso había ya decidido cooperar con ella. Lo que habían logrado juntas en ese momento, usando sus extraños poderes como asistencia, era algo digno de tener en cuenta, y que podría serle muy provechoso de ahí en adelante. Pero igualmente no le quitaría los ojos de encima.

—Me parece bien —murmuró con voz neutra, y se dedicó justo después a recoger su peluca y arreglar su propio disfraz. Por último tomó la maleta con dinero y se dirigió a la puerta—. Tendremos sólo unos minutos antes de que a sus compañeros les extrañe su ausencia. Démonos prisa y volvamos a la estación de autobús.

—Voy detrás de ti —Le respondió Lily con simpleza, siguiéndola mientras se apoyaba en sus muletas.

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Sorprendentemente, el siguiente tramo de su viaje resultó mucho más calmado. Para cuando tomaron el autobús, el cuerpo del oficial Owlman aún no había sido descubierto; o al menos, no parecía haberse hecho nada de movimiento aún en la plaza.

El viaje hasta Port Townsend les tomó unas cuatro horas y media más. Tuvieron que hacer alrededor de tres paradas, pero todo les salió bien. Mientras viajaban en los autobuses, Lily pasó la mayor parte del tiempo durmiendo; Esther no pudo hacerlo ni un poco. Quizás era la adrenalina que todavía no se le calmaba, pero se sentía bastante acelerada y alerta.

Ya en Port Townsend, lo siguiente en su itinerario era tomar el ferry hacia la Isla Moesko. Tuvieron que esperar media hora antes de poder subirse, y lidiar con cuestionamientos similares a los de más temprano; sobre si estaban viajando solas, sobre qué le había pasado a Lily en su pierna, etc., etc… Esther mantuvo íntegramente su pantalla y su actitud, como si lo ocurrido horas antes jamás hubiera pasado. Como fuera, eso les ayudó a pasar bien libradas de todo aquello.

Para cuando desembarcaron en Moesko, el día se había puesto realmente nublado y húmedo, pero no cayó ni una gota de agua. Pidiendo algunas indicaciones a las buenas personas del lugar, dieron con la Granja de Caballos de los Morgan. Desde la colina en la que ambas se posicionaron para revisar el lugar, éste se veía amplio; incluso alcanzaron a ver un corral en el que precisamente se encontraban algunos caballos andando de un lado a otro. Detrás de la granja, podía verse un risco y luego de éste el inmenso mar; Esther pensó que por ahí debieron de haber saltado los caballos de la noticia.

—Al parecer es ahí —señaló Esther con seguridad—. Una granja de caballos; de niña me hubiera gustado vivir en un sitio así.

—¿Existían hace cien años? —Comentó Lily con tono sarcástico, provocando que la mujer a su lado la mirara de reojo con molestia; sin embargo, esto no le importó mucho—. ¿Y cuál es tu plan? ¿Tocar la puerta y convencerlos de dejarte entrar sólo por tu linda carita, y luego amordazarlos y torturarlos a todos?

—Te sorprendería las veces que ha bastado con eso —respondió Esther con normalidad—. Pero no; pensaba más bien en que usaras de nuevo esa magia tuya.

Lily la miró un tanto confundida, aunque Esther no tardó mucho en explicarle a qué se refería.

— — — —

Esa tarde, Richard Morgan y dos de sus empleados se encontraba arreglando una cerca, en la parte este de la casa, mientras el resto se encargaba de los caballos y de algunas reparaciones en el establo. Estaba a mitad de una negociación para comprar cinco potrillos de raza, criarlos y de alguna forma remplazar a aquellos que se habían perdido en aquel trágico… “accidente”. Esperaba que cuando su esposa volviera, eso la pudiera tener distraída. Pero para ello, había que hacer algunas adecuaciones, pero principalmente reparar los destrozos que aquellos caballos habían hecho al huir y ver la forma de que no pasara de nuevo.

El señor Morgan y sus empleados se encontraban clavado los tablones de la barda, cada quien en su propio lado, cuando el dueño de la granja pudo ver de reojo que alguien se le acercaba por su diestra. Al inicio pensó que era uno de sus peones, al que había encargado traerles más clavos. En su lugar, sin embargo, vio a dos pequeñas acercándose desde el portón principal de la propiedad con amplias sonrisas juguetonas en sus caras; una traía una paleta color rojo cereza en su mano, que al parecer le había pintado casi por completos sus labios de rojo, y la otra se le acercaba desde atrás apoyada en unas muletas, que le dificultaban un tanto avanzar en la tierra y la maleza.

—Hola —saludó la niña de la paleta una vez que estuvo lo suficientemente cerca, sonriéndole ampliamente. Su rostro era realmente adorable y delicado, adornado con unas lindas pecas, un par de hermosos ojos oscuros. La otra también tenía un rostro encantador, aunque no sonreía tanto como la otra.

—Hey, hola pequeñas —saludó Richard, un tanto sorprendido—. ¿De dónde salieron?

—Vinimos a visitar a mi tía, y salimos a pasear —señaló la niña de la paleta, acompañada de un par de risillas.

El señor Morgan por mero reflejo rio también, aunque no supo bien el por qué. Su atención se enfocó entonces en la niña de las muletas, y en el vendaje de su pierna.

—¿Y a ti qué te pasó, dulzura? —le cuestionó con curiosidad. La pequeña vaciló un poco, pero luego le respondió con un tono un poco tímido:

—Me atacó un perro… muy grande.

—Entiendo…

—El letrero de afuera dice que aquí hay caballos —intervino en ese momento la niña de la paleta, teniendo de hecho ésta en el interior de su boca—. ¿Podemos verlos?

—Lo siento, en estos momentos estamos todos muy ocupados. Vuelvan mañana temprano, si quieren.

Dicho eso, Richard pensó que ya se había dado por terminada la plática y tomó de nuevo su martillo con la intención de seguir martillando. Sin embargo, la misma niña le hizo una pregunta más, que volvió imposible para él volver a su labor tan fácilmente:

—¿Hay algún otro niño aquí con el que podamos jugar? —Murmuró de pronto, algo incauta. Richard bajó lentamente su martillo, y se viro de nuevo hacia ellas—. Mi tía mencionó que aquí vivía una niña.

El hombre miró a ambas con expresión seria, casi severa, como si estuviera ante dos inesperados cobradores.

—¿Quién dijiste que era tu tía? —Inquirió, intentando no sonar a la defensiva.

Ambas niñas se quedaron calladas unos momentos, pero repentinamente la de las muletas soltó la respuesta.

—Se llama Marie —masculló rápidamente—. Vive cruzando la colina.

—Ah, sí… Bueno, tu tía se equivocó, aquí no hay ninguna niña.

—¿Dónde está? —Murmuró la niña de la paleta, con algo de decepción en su tono.

—Está con su madre, ambas se fueron de viaje.

—¿Volverán para mañana?

Richard respiró profundamente. Esa conversación lo estaba poniendo incómodo, y aunque fueran dos niñas la verdad era que no tenía deseo alguno de continuar mucho más hablando de ellas; especialmente no quería hablar de Samara, o de dónde se encontraba en esos momentos.

—No, no lo creo —respondió secamente—. Necesito volver al trabajo. Vuelvan mañana y les ensillaré un par de caballos para que paseen, ¿sí? Mientras tanto, no anden rondando por aquí solas; puede ser muy peligroso.

—Está bien, muchas gracias señor —Se despidió la pequeña, haciendo una curiosa reverencia tomando los pliegues de la falta de su anticuado vestido e inclinando un poco su cuerpo hacia abajo. Ese acto le resultó un tanto extraño, aunque simpático.

Por un momento le cruzó por la cabeza el pensamiento de que le hubiera gustado que su hija fuera igual de linda y educada que esa niña… y no el monstruo que terminó siendo Samara. Pensó que debía sentirse culpable por pensar tal cosa, pero en realidad no se sentía como tal.

Las dos niña se alejaron caminando una a lado de la otra hacia la salida; la de la paleta aparentemente caminaba al ritmo de la otra, para no dejarla atrás con sus muletas. Una vez que las vio cerca de la puerta, volvió a su labor como si nada hubiera pasado.

— — — —

—¿Y entonces? —cuestionó Esther con severidad, pero despacio, mientras se alejaban—. ¿Captaste algo?

Lily se tomó su tiempo para responder, como si temiera que alguien la fuera a escuchar. Cuando ya estuvieron lo suficientemente lejos habló al fin, aunque con su mirada puesta fijamente al frente.

—Me es mucho más fácil percibir lo que a las personas le tienen miedo —susurró despacio—. Y ese hombre le tenía mucho miedo a esa tal Samara, por no decir que además la odia.

—¿Un padre que odia a su hija?, ¿dónde he oído eso antes? —Ironizó Esther, aunque también cargada de cierta irritación.

Cruzaron el portón abierto de la barda que rodeaba la granja, y llegaron a la calle principal que pasaba justo al frente. Cruzaron dicha calle, y avanzaron bajando a un costado de ella mientras conversaban.

Lily prosiguió con lo que había captado de la mente de aquel hombre mientras hablaba con Esther.

—Al parecer no está en la casa, ni en la isla.

—¿Y en dónde está? ¿Realmente se fue de viaje con su madre?

—No sé si sea eso, pero capté un lugar: un hospital llamado Eola. Fue el primer nombre que se le vino a la mente cuando le preguntaste en dónde estaba, y al parecer ella está ahí en estos momentos. Es todo lo que logré percibir al respecto.

—¿Eola? —Masculló Esther, algo perdida.

Ambas siguieron avanzando por unos minutos más, hasta llegar a un árbol hueco en el que habían ocultado su maleta. Lily aprovechó que estaban ahí para descansar. Se sentó con mucho cuidado en la hierba y extendió su pierna herida lo más que el dolor le permitía. Era hora de tomar sus medicamentos, así que también aprovechó ese pequeño descanso para hacerlo.

Mientras tanto, Esther extrajo la maleta del árbol, y de adentro de ésta sacó un Smartphone. Rápidamente buscó en internet algún hospital llamado Eola que estuviera cerca de ahí. El más cercano, y que se ajustaba a la descripción, era el Hospital Psiquiátrico de Eola, que se ubicaba en una comunidad del mismo nombre… en Oregón. Aparentemente, se encontraba a unos kilómetros de Salem; es decir, se ubicaba totalmente en la dirección contraria a la que habían estado yendo todo ese día. Y aún peor, se encontraba justamente en la dirección que ella esperaba evitar a toda costa, luego de ese ruidoso incidente en Portland del que tuvieron suerte de salir sin ser descubiertas.

Esther se giró entonces hacia el árbol, y pegó con algo de fuerza su frente contra la corteza de éste como señal de frustración.

—Debes estar bromeando… —murmuró despacio como un pensamiento en voz alta.

Lily la miró confundida por esa reacción. Su brazo con el teléfono le colgaba de un lado, por lo que extendió su mano y lo tomó para ver de qué se trataba; no tardó mucho en darse cuenta.

—Vaya, así que hay que volver a Oregón —murmuró con un tono burlón; bastante burlón—. Y la mitad de la policía del estado de seguro debe estarte buscando. Es bueno saber que yo aún tengo la opción de fingir que soy la víctima como dijiste antes. Pero tú… —soltó una pequeña risa irónica—. ¿Cuánto te darán por cada cadáver? ¿Crees que te extraditen a Rusia?

—Ya cállate, ¿quieres? —Espetó con molestia, volteándola a ver de reojo. Luego se giró y se dejó caer de sentón en la hierba también.

Fuera como fuera, ya había llegado bastante lejos para retroceder en ese momento. Tendrían que viajar hasta allá sin ser descubiertas, ingresar a ese sitio y sacar a la tal Samara de ahí, y tenía el presentimiento de que ello sería mucho más complicado que lo de Portland. Y todo tenía que hacerse lo más rápido posible…

Esther cerró los ojos y se talló un poco la frente con sus dedos; quizás, con más fuerza de la requerida.

—Odio los hospitales psiquiátricos… —musitó despacio para sí misma.

— — — —

Ni Esther ni Lily eran consciente de que en ese momento, un hombre estacionado en una camioneta algo vieja más adelante por el camino, se encontraba viéndolas a la distancia con un par de binoculares. De hecho, había llegado en el ferry con ellas; él y su camioneta. Las estuvo igualmente observando todo ese tiempo que estuvieron esperando a que el ferry llegara. Se las había arreglado para mantener su distancia, no llamar la atención y mezclarse con la gente; era algo en lo que realmente era bueno, pues era necesario en muchas ocasiones para el tipo de vida que había estado llevando por mucho, mucho tiempo; incluso cuando se trataba de ocultarse de personas como esas dos.

El hombre afroamericano con peinado sujeto en varias trenzas hacia atrás, tuvo que bajar unos momentos los binoculares para toser dos veces con fuerza moderada. Respiró profundamente para poder calmarse, antes de recuperar por completo la compostura.

Le habían dicho que sólo las vigilara y no interviniera al menos que lo considerara necesario; que sólo se percatara de que una de ellas cumpliera con su labor. Odiaba tener que cumplir ese tipo de encargos, especialmente para… ese sujeto. Pero ahí estaba, siguiendo a dos mocosas paletas a la distancia, esperando que ninguna de ellas pudiera notar su presencia. No sabía a dónde más lo llevaría el viaje de esas dos, pero inevitablemente tendría que ir también.

FIN DEL CAPÍTULO 33

Notas del Autor:

—El Oficial Owlman fue un personaje origina, sin ninguna relación con algún otro de los personajes o de las películas o series involucradas en esta historia.

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Resplandor entre Tinieblas La Dra. Matilda Honey ha dedicado toda su vida a ayudar a los niños, especialmente a aquellos con el “Resplandor”, niños con habilidades especiales como ella misma lo fue. Desde hace muchos años, ha ayudado activamente en la Fundación Eleven, una organización dedicada a apoyar a este tipo de niños. Siguiendo esta misión, es llamada al Hospital Psiquiátrico de Eola, para entrevistar a una niña de doce años llamada Samara Morgan, quien presenta enormes habilidades psíquicas, que parecen salirse de los patrones normales que hubieran visto antes. Todos los que tienen algún contacto con ella, dicen que hay algo extraño detrás de sus habilidades, algo que sólo pueden describir como “maligno”.

Pero Matilda no cree en el mal, y está decida a ayudar a Samara, así como alguien la ayudó a ella en su juventud. Pero se dará cuenta más temprano que tarde que el mal es de hecho bastante real, y que se ha metido en algo que está más allá de lo que puede entender…

+ “Matilda” © Jersey Films, Danny DeVito, Roald Dahl.

+ “The Ring” © DreamWorks Pictures, Gore Verbinski, Koji Suzuki.

+ “The Shining” © Warner Bros., Stanley Kubrick, Stephen King.

+ “Stranger Things” © Netflix, Matt Duffer y Ross Duffer.

+ “Before I Wake” © Intrepid Pictures, Mike Flanagan y Jeff Howard.

+ “Orphan” © Dark Castle Entertainment, Jaume Collet-Serra, David Leslie Johnson.

+ “The Omen” © 20th Century Fox, Richard Donner, David Seltzer.

+ “The Sixth Sense” © Hollywood Pictures, Buena Vista Pictures Distribution, M. Night Shyamalan.

+ “Case 39” © Paramount Vantage, Paramount Pictures, Christian Alvart.

+ “Doctor Sleep” © Stephen Kng.

Si te ha gustado mi trabajo y deseas ver más de él, puedes apoyarme invitándome un café. Será enormemente apreciado.

3 pensamientos en “Resplandor entre Tinieblas – Capítulo 33. Has despertado mi curiosidad

  1. Nacho Rodriguez Piceda

    Alguna referencia con la peli de Flamentados?
    Cuando habrá mención el nemesis de Damian, Nazareno, puede ser que él realidad fue el primero Resplandeciente????
    Saludos de
    Nacho

    Responder
  2. Nacho Rodriguez Piceda

    Muy bueno estuvo el capitulo especial y el dibujo sobre Esther y la pequeña Lily. Las cosas se envuelven más interesante y todo indica que el reencuentro con Matilda es inevitable. Me gusta la idea de que Lily lleve muletas como Vázques.
    Sobre spin off estoy escribiendo una pequeña sorpresa en el capítulo dos que creo que te va gustar. También estuve pensando lo de dijiste sobre la personalidad de Robert, él está pasando en un estado muy estresado y enojado, que puede notar cierto desprecio a ciertas personas.
    Preguntas:
    Existe alguna relación entre Lily y Esther que vincule el apellido Sullivan?
    Lily tiene algún plan siniestro?
    Vuelve Cole y Matilda en el próximo capítulo?
    Esther le trae malos recuerdos los psiquiátricos?

    Responder
    1. WingzemonX Autor

      Hola Nacho, como siempre un placer ver tus comentarios 🙂 Me agrada que te haya gustado el capítulo, como te dije me gustó mucho escribir a Esther y Lily en este contexto, y creo que de aquí en adelante su interacción será importante, y de cierta forma amena. Espero que todo te dé ideas para tu spinoff, y ver qué es lo que tienes planeado para más adelante :O

      Sobre lo que preguntas, sí consideré hacer algo con lo del apellido similar, pero pensé que quizás sería demasiada coincidencia si lo hacía; así por ejemplo el Morgan de Cody y Samara.

      Lily de momento sólo quiere ver hacia dónde la lleva todo esto, pero definitivamente nunca se considerará a sí misma como una victima o como alguien débil. Veremos qué pasa cuando conozca a Samara y a Damien.

      Veremos a Cole y Matilda un poco en el Capítulo 34, aunque los veremos más en el 35.

      Y en cuanto Esther, sí definitivamente le pone mal la idea de los psiquiátricos, tras haberse escapado de aquel hace tiempo. No le agrada para nada la idea de volver a ser encerrada, especialmente en un sitio así.

      Del Fragmentado, lo pensé tras haber visto Glass de hecho, pero me parece que el estilo de los poderes son algo distintos, además que al final de Glass el giro que ocurre pone las coas algo complicadas. De momento no sé si sea buena idea tomarlo en cuenta, pero igual no lo descarto.

      Y sobre el Nazareno, eso que mencionas es de hecho una muy buena teoría xD y tiene bastante sentido… lo tendré en cuenta. Pero sí, ese tema se tocará cuando la historia se enfoque más en Damien.

      Muchas gracias 🙂

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