Fanfic Batman Family: Legacy – Capítulo 20. Ascenso

19 de enero del 2019

Batman Family: Legacy - Capítulo 20. Ascenso

Batman Family: Legacy

Wingzemon X

Capítulo 20
Ascenso

Lunes, 29 de julio del 2013

A lo largo de su carrera como ayudante y héroe, Richard Grayson había encarado a una gran cantidad de psicópatas, asesinos, mafiosos, y otros tantos tipos más con denominativos poco agradables. Slade Wilson no era quizás el más loco, el más desquiciado, el más peligroso, o el que más daño le había hecho a él o a su familia. Aun así, existía algo entre ambos, una conexión innegable y tan fuerte como la que quizás Bruce tuvo en vida con el Joker; una rivalidad alimentada por el odio y el resentimiento, pero a la vez por el respeto mutuo, y una extraña fraternidad que podría casi rozar en la amistad.

Había tenido que enfrentar esa molesta máscara negra y bronce desde que era un adolescente, hasta casi volverse tan recurrente en su vida como lo era la propia máscara de Batman. Algunos de los peores momentos de su vida habían venido acompañados de esa máscara de sólo un ojo, y no era una coincidencia que justo en ese momento se hiciera presente una vez más. Quizás ni el propio Slade era consciente de la fuerza superior que movió los hilos para que su reencuentro ocurriera justo en ese momento y lugar, pero ciertamente estaba disfrutando de ello.

Todo era un desconcierto a su alrededor. La policía y los mercenarios de Deathstroke se batían a tiros de lado a lado de la calle principal como si de una trinchera en un campo de guerra se tratara, o de un duelo al amanecer en pleno viejo oeste. Para bien o para mal, los civiles ya habían desalojado todo alrededor, dejando el terreno libre para su guerrilla. Y aun así, Slade se enfocaba sólo en su contrincante actual, en aquel con el traje de Batman que él había reconocido con tanta facilidad como Nightwing. ¿Qué quería lograr con ello? ¿Intentaba demostrarle algún punto o darle alguna retorcida lección que sólo tenía sentido en su cabeza? O, quizás, ¿quería matarlo de una vez por todas?, ¿o sólo estaba jugando con él?; cuando se trataba de Deathstroke, siempre era difícil adivinar qué era lo que deseaba en realidad.

Ambos se enfrentaban el uno al otro en plena avenida; Slade con sus múltiples armas, y Dick básicamente con sus puños, pues ni siquiera tenía mucha oportunidad de usar alguna de las tantas armas y herramientas que traía encima en ese rebuscado atuendo. Lo tenía acorralado, eso era más que obvio. A pesar de sus continuas peleas anteriores, en las cuales muchas veces el primer Robin se las había arreglado para sobresalir y vencer, en esa ocasión se veía superado en fuerza y técnica. Pero, ¿por qué?, ¿sólo por los tres años que se había apartado de esa vida? ¿Se había quedado tan cómodo ese tiempo que realmente ya no podía enfrentar a alguien como él? Si acaso ese fuera el caso y sólo unos cuantos años lo habían dejado en tal mal estado, ¿merecía realmente portar el traje y el nombre de Batman? No se lo había llegado a cuestionar tanto esos días, cómo justo en ese momento.

Tras recibir un puñetazo directo en la cara, Dick retrocedió aturdido, haciendo todo lo posible para no caer. Saltó hacia atrás para marcar la mayor distancia entre ambos, y rápidamente alzó sus manos en posición defensiva. Slade se quedó en su lugar, girando su espada de un lado a otro, como si le divirtiera.

—¿La capa te estorba, Nightwing? —Cuestionó con un tono casi burlón, comenzando a caminar lentamente a su alrededor, pero sin acercarse—. ¿O quizás la capucha te aprieta demasiado? ¿Qué excusa puedes tener para justificar tal desempeño? —Se aproximó de pronto sin aviso, lanzando un sablazo directo a la altura de su cara, mismo que Dick cubrió alzando sus brazos y cubriéndose gracias a las cuchillas de sus guantes. Slade siguió ejerciendo presión empujándolo, pero él hacía fuerza para mantenerse en su sitio—. Estás avergonzando el legado que yace sobre ti, chico. No sólo el de Batman, sino el de Nightwing, uno de los pocos guerreros en este mundo a los que llegué a respetar en verdad; hasta considerarlo como el más apto para ser mi aprendiz, aún por encima de mis propios hijos…

Retiró su espada de su jalón y luego alzó su pierna derecha, dándole una fuerte patada directa en los mismos brazos con los que se cubría. Esto sí terminó por empujar a Dick hacia atrás, pero de nuevo se contuvo de caer. Sin embargo, Slade de inmediato se lanzó contra él antes de que pudiera recuperar el equilibrio, pateando ahora con fuerza sus piernas, y haciendo que se desplomara de espaldas al suelo. Su espalda por suerte ni siquiera tocó el piso, pues de inmediato logró girar sus cuerpo, apoyar sus manos e impulsarse con éstas lejos del villano.

Dick respiró con agitación, pero no se detuvo ni un segundo a descansar. Se alzó de nuevo listo para recibir el siguiente ataque, pero éste no llegó; al menos no en ese momento, pues Slade de nuevo se mantuvo alejado, sólo inspeccionándolo con diligencia.

Debía pensar rápido en su siguiente movimiento…

Aquí Raven —Escuchó de pronto que su ex compañera pronunciaba en su comunicado, sacándolo un poco de sus estresantes pensamientos—. Rose y sus hombres han sido neutralizados. Ahora el resto depende de ti, Batman.

Eso tomó por sorpresa a Dick, aunque para bien.

—Entendido —pronunció despacio, aunque luego espetó con fuerza—: Se acabó, Slade. Tu hija ya ha sido anulada. Sólo quedas tú.

Una risa burlona se escapó a través de la máscara de Deathstroke como respuesta inmediata a su advertencia.

—Dada la circunstancia, me parece que es más que suficiente. ¿Y tú? —murmuró irónico. No se le notaba preocupado en lo más mínimo, y en parte Dick tampoco lo esperaba como tal.

Slade se lanzó de nuevo al ataque, pero Batman estaba listo para recibirlo. La espada del mercenario se movía peligrosamente contra él, pero Dick se las arreglaba para moverse con rapidez y esquivarla; a veces, por apenas unos milímetros. Intentó él mismo lanzar golpes rápidos al frente al notar alguna abertura, pero su contrincante igualmente se las arreglaba para no sólo repelerlo, sino también atacar justo después.

Las cosas parecían que continuarían sin cambio. De pronto, por el rabillo del ojo Dick notó que el Comisionado Gordon, que en ese momento se refugiaba tras una patrulla junto con otros oficiales, fue herido en un hombro por una bala. El hombre gruñó con dolor y cayó hasta el suelo, agarrándose el hombro herido. Dos oficiales intentaban cubrirlo, mientras otros lo auxiliaban.

¡Dick! —Escuchó la voz de Barbara pronunciar en su comunicador; posiblemente lo había visto a través de las cámaras de seguridad de la jefatura.

—Lo sé —pronunció despacio. De pronto, empujó con todas sus fuerzas a Slade hacia atrás, y siguiendo el mismo movimiento hizo un giro completo de su cuerpo, dándole una patada en el pecho para alejarlo aún más.

Aprovechó ese momento en el que no lo tenía encima para dirigirse hacia donde Gordon yacía. Se apoyó de su gancho, disparándolo hacia la fachada de la jefatura, elevándose sólo un poco en el aire y luego dejándose caer justo sobre la patrulla en la que él y los otros se refugiaban. El instante en el que los mercenarios se detuvieron para asimilar su presencia tan repentina, fue justo lo que él aprovechó para lanzar cinco de sus batarangs al frente, haciendo que cada uno se encajara en las partes desprotegidas de cinco de ellos. Inmediatamente después lanzó una bomba de humo justo en el espacio entre la patrulla y los atacantes, haciendo que esa densa neblina se extendiera rápidamente y los cubriera.

Dick aprovechó ese momento para bajarse del auto y colocarse justo a un lado de Gordon.

—Comi… Jim, ¿estás bien? —Le cuestionó, al principio bastante preocupado, pero luego intentando sonar lo más calmado posible.

—¿Qué dices? —Murmuró el comisionado sentándose lentamente, aunque aún tenía su mano aferrada a su hombro—. Sólo fue un rasguño…

Eso decía, pero podía ver que era más que eso. La bala había entrado, pero no había salido; quizás se había quedado en el hueso.

—Tienen que entrar en la comisaria, refugiarse ahí y no salir —les indicó Batman a Gordon y a los demás oficiales con dureza, casi como una orden; justo como Bruce lo hubiera hecho.

—Por supuesto que no —sentenció Jim con firmeza—. Nada de eso, casi los hemos detenido a todos…

—Exacto, ya hicieron suficiente; ahora déjenme el resto a mí. —Miró entonces en dirección a Slade, que se acercaba tranquilamente hacia ellos, acompañado de quizás unos ocho de sus hombres—. Deathstroke es el cabo suelto aquí… me quiere a mí, y también a Red Hood; esto es personal para él. Si lo detengo, terminaremos con esta locura…

—¿Podrás hacerlo…? —Murmuró el comisionado, aunque casi de inmediato se le escapó una pequeña risa sarcástica—. Pregunta necia, ¿no? A estas alturas es bastante absurdo preguntarte si acaso eres capaz de hacer algo que afirmas harás…

Dick no le respondió, ni lo miró siquiera. Esas palabras tendrían total sentido si estuviera hablando con Batman, en efecto… pero en su lugar hablaba con un mocoso disfrazado, aunque el comisionado no lo supiera. No sabía si realmente podría encargarse de Slade y de todos sus achichincles él solo. Pero lo más importante era que él y los otros se pusieran a salvo, y quizás resistir lo más posible hasta que Raven y Tim pudieran ir y darle una mano.

Era su única alternativa.

—Cuiden de él —les indicó con seriedad a los oficiales, justo antes de arrojar otra bomba de humo, ésta vez en la dirección en la que venía Slade, y entonces lanzarse él mismo hacia dicha nube blanca.

Los oficiales no perdieron el tiempo y rápidamente ayudaron a Jim a ponerse de pie, y lo escoltaron en dirección a la comisaria. A medio camino, éste tomó su radio y habló por él con intensidad.

—¡Todos los oficiales!, ¡reúnanse en la comisaria de inmediato! Refuercen las puertas y las ventanas. Batman los cubrirá, ¡andando todos!

Algunos no le respondieron en la misma señal de radio, pero esperaba que todos lo hubieran escuchado y lo obedecieran.

Batman en efecto se las arreglaba para intentar mantenerles el camino despejado. Desde la cortina de humo, y usando el Modo Detective integrado a su máscara, comenzó a atacar a los hombres de Slade, intentando llamar su atención y alejarlos de la comisaria. El propio Slade se le lanzó encima entre toda la neblina, posiblemente con algún equipamiento de visor térmico en su máscara, pero no podía perder mucho tiempo con él. Lo repelió y luego se alejó de él, siguiendo con su accionar contra los otros. Poco a poco el humo se iba disipando, pero también los oficiales estaban terminando de ingresar al edificio. Cuando Dick pudo ver de reojo que cerraban las pesadas puertas detrás de los últimos, pudo al fin respirar tranquilo… si a eso se le podía llamar tranquilidad.

Golpeó con fuerza a uno de los mercenarios en la cara para derribarlo, y justo después disparó de nuevo su gancho hacia la fachada de la comisaria, para elevarse y alejarse de todos sus enemigos. Descendió en la parte superior de las escaleras, justo delante de las puertas cerradas, y ahí se tomó un segundo para recobrar el aliento.

—El comisionado está a salvo, Oráculo —Murmuró despacio por su comunicador, aunque lo que realmente quería decir era: “tu padre está a salvo, Barbara”.

Gracias, Dick —Escuchó a Babrara suspirar aliviada—. La ayuda ya va en camino; sólo resiste un poco más.

—Dile a Red Robin que si quiere hacer una entrada triunfal, ahora es el momento adecuado —Murmuró con un ligero tono de humor, que en la voz de Bruce sonó un tanto extraño.

Dick miró al frente, y no le sorprendió lo que vio: Slade, y todos sus hombres que quedaban de pie ahí, comenzaban a congregarse justo al pie de las escaleras. No logró contarlos a todos, pero realmente parecían ser casi treinta hombres. Y eso eran los que quedaban; ¿cuántos habían tenido que dejar fuera de combate para llegar a ese número? En verdad Deathstroke no se andaba con juegos esa vez…

Los hombres alzaron sus armas y las apuntaron en su dirección. Tantas armas apuntándolo al mismo tiempo; con la suficiente suerte, era bastante probable que alguna diera en el sitio adecuado. Y aun así, quien le causaba más ansiedad a Dick era su líder.

—Parece que te quedaste solo, Batman —comentó Slade con remarcado sarcasmo en “Batman”. Avanzó, colocándose al frente de todos los demás, con su espada apoyada en su hombro.

La respiración de Dick se fue regulando poco a poco, hasta que pudo al fin pararse derecho, seguro y más decidido.

—Me parece que es más que suficiente. ¿Y tú?

Debajo de su máscara, Slade sonrió.

—Te haces el chistoso, muy digno del Hombre Murciélago —murmuró el mercenario sarcástico, y entonces comenzó a agitar la espada en el aire—. Bajen sus armas… Es hora de terminar con esto…

—Estoy de acuerdo…

Dick arrojó rápidamente tres esferas hacia Slade, mismas que éste golpeó en el aire con su espada, liberando un denso gas a su alrededor. Batman saltó en el aire, y luego se dejó caer directo hacia Slade, pero éste lo esquivó y Dick cayó de pie en el suelo. Ambos comenzaron a pelear de nuevo, ahora envueltos en la neblina. Sin embargo, Slade rápidamente comenzó a ganarle ventaja al vigilante. Todos los demás mercenarios, por su lado, miraban en silencio el combate una vez que el humo se disipó por completo. Murmuraban elocuentes y seguros entre ellos, viendo como su jefe parecía tener todas las de ganar.

En un momento, Slade logó clavarle un golpe directo a su enemigo en la boca del estómago.  La armadura lo amortiguó, pero el impacto fue lo suficientemente fuerte para que el cuerpo de Dick se doblara un poco hacia el frente. El mercenario jaló con rapidez su arma al frente, y Dick tuvo que obligarse a recuperar rápidamente la compostura y esquivarlo. Esquivó el primer sablazo, y el segundo, y el tercer. Sin embargo, el que le siguió a ese logró dar de forma contundente y directa en su cabeza. El filo de la peligrosa hoja logró fracturarle el material de la máscara de Batman, logrando además que gran parte de la fuerza el impacto le provocara un daño real y visible. Un rastro se sangre descendió en ese momento desde su cabeza, entrándole en el ojo derecho, y bajando por su barbilla hasta sobresalir de su máscara. Slade no se detuvo con eso, y lo golpeó justo después en el mismo sitio con su puño, provocándole un fuerte dolor que casi lo hizo caer de rodillas al suelo. Y quizás sí hubiera caído, sino fuera porque antes de hacerlo por completo, Deathstroke alzó su rodilla, clavándola en la cara del nuevo Batman, haciéndole ahora sangrar por su nariz.

Dick retrocedió aturdido y golpeado, girándose sobre sus pies y cayendo con el pecho contra las escaleras de la jefatura; y ahí se quedó, por más de lo debido.

¡Dick!, ¡¿me escuchas?! —Exclamó la voz de Barbara en su oído con intensidad, pero él no le respondió nada.

—¡Patético! —Gritó Slade, aparentemente molesto. Lo siguiente que Dick sintió fue el pie del mercenario golpeándolo con gran fuerza en la espalda. El cuerpo entero de Dick se dobló, y un agudo grito de dolor se escapó de sus labios.

Luego de eso, Deathstroke lo tomó con fuerza, lo alzó y lo tiró como a un simple muñeco hacia un lado. Su cuerpo dio vueltas en el aire hasta chocar con un contenedor de basura, casi abollándolo. Luego su cuerpo se desplomó sobre unas bolas de basura en el suelo, y ahí se quedó, sin aparente intención de volver a ponerse de pie.

Le comenzó a doler el cuerpo entero, y todo le daba vueltas. Por un instante, ni siquiera estaba seguro de en dónde se encontraba realmente… Su mente comenzó a divagar de forma aleatoria en diferentes puntos del tiempo. Vio aquella horrible noche en el circo, la imagen de sus padres cayendo, y poco después le pareció escuchar a Bruce hablándole en la jefatura y ofreciéndole algo de cenar. Luego saltó a aquella noche en el barco de Zucco y la primera vez que vio a Batman de frente. El cementerio frente a la tumba de los padres de Bruce, su primera noche como Robin, y muchos otros momentos más que pasaron por su cabeza en una fracción de segundo.

¿Acaso estaba muriendo?, ¿así de cliché terminaría todo, viendo su vida pasar frente sus ojos? Valiente Batman había resultado ser. No pudo siquiera salvar a Jason, mucho menos la ciudad. Y ahora estaba ahí, sin nada que se interpusiera entre él y la espada de Slade Wilson. ¿Hubiera sido mejor haberse ido a New York como era su plan? Quizás de haberlo hecho, Jason no se hubiera sentido motivado a hacer tal cantidad de destrozos en su intento de demostrar que merecía más esta ciudad que él. De esa forma. Máscara Negra y el Pingüino no hubieran sentido la necesidad de traer a este individuo y a su ejército privado a causar tan cantidad de caos.

En alguna ocasión alguien, que en ese momento no recordaba claramente quién, le había dicho a Bruce que la sola figura de Batman sólo traía desgracias; no sólo a él, no sólo a sus seres queridos, sino a todos los que estuvieran siquiera en contacto con su sombra. Y ahora le tocaba a él estar ahí, demostrándolo precisamente ese punto.

Recordó entonces quién le había dicho eso a Bruce: había sido él…

¡Dick!, ¡levántate, por favor! —Le gritó Barbara totalmente preocupada y asustada—. Sólo resiste un poco más, por favor…

La voz de Barbara, aunque llena de miedo y angustia, en ese momento le pareció tan dulce y reconfortante. Su mente volvió a divagar, llevándolo flotando a cuando la conoció por primera vez; tan hermosa, tan perfecta e inalcanzable. Claro, en aquel momento él no la miraba de esa forma; era sólo una niña que prácticamente se estaba entrometiendo en la buena vida de aventuras y emociones que tenía con Bruce. Sólo en retrospectiva podía darse cuenta de lo bobo e inmaduro que había sido en aquel entonces. Ahora, sólo deseaba poder estar en esos momentos con ella,  y no ahí tirado literalmente entre la basura.

Fuera como fuera, el que Barbara le hablara logró traerlo de nuevo a la realidad, o al menos lo suficiente para ver como Slade se le aproximaba dispuesto a continuar con su escarmiento.

—No puedo hacerlo, Barbara —Murmuró debilitado mientras intentaba levantarse a duras penas—. No puedo derrotarlo…

Por supuesto que puedes, yo sé que puedes.

—¡No!, ¡no puedo! Yo no soy Bruce… no soy Batman…

¡No tienes que serlo! —Le gritó Oráculo, casi como si fuera un regaño—. Bruce era Bruce, pero nadie ha enfrentado o derrotado a Slade tanto como tú. No tienes que ser como Bruce, ¡tú puedes ser mejor que él! Yo lo sé…

¿Mejor que Bruce…? Eso por algún motivo revoloteó en la cabeza de Dick de forma abrupta. Mientras intentaba alzarse, cayó de nuevo por unos momentos en las bolsas de basura, pero se detuvo apoyándose en sus manos. De pronto, escuchó un sonido metálico rozando el suelo. Al mirar por mero instinto hacia un lado, logró ver un largo tubo de acero que estaba entre la basura, y que por su movimiento se había caído y ahora rodaba hasta colocarse justo delante de él.

Un tubo de acero, que le recordó bastante a su báculo de Robin… su báculo…

Esto también trajo a su mente otro recuerdo más. Un día cerca de la primavera, Bruce y él entrenando en el gimnasio de la mansión, con varas parecidas a ese tubo, pero de madera. Alfred los observaba con limonada lista para ellos en cuanto lo requirieran. En aquel entonces Dick sólo pensaba en impresionar de alguna forma a Bruce, demostrarle todo de lo que era capaz…

“Es por eso que me entrenas, ¿no?”, le había dicho a Bruce con absoluta confianza. “Es por eso que quieres que aprenda a luchar con tus técnicas, que aprenda tu ideología y manera de pensar. Quieres que sea como tú, ¿no? Que sea como Batman…”

Sin embargo, la respuesta de Bruce había sido bastante firme, pero a la vez confusa… o, al menos lo fue en aquel entonces: “No, es todo lo contrario, Dick. No te entreno para que seas como Batman… Te entreno para que no lo seas…”

—¿Esto es todo lo que tienes que ofrecer? —Le cuestionó Slade con marcado enojo en su voz; ya en esos momentos se encontraba de pie justo delante de él—. ¿Así es como nos despediremos viejo amigo?

Dick ni siquiera lo volteó a ver; seguía con su cabeza agachada, mirando el tubo delante de él.

La mano de Slade de aferró con fuerza al mango de su arma.

—Cómo quieras…

El mercenario jaló un pie hacia atrás, al igual que su espada con el fin de tomar impulso. Luego, jaló el arma al frente para dirigirla de nuevo a la cabeza del nuevo Batman. Sin embargo, en ese momento, en un abrir y cerrar de ojos, Dick extendió su mano al frente, tomó el tubo, giró rápidamente con su cuerpo agachado, y alzó el tubo golpeando el arma de Slade de un costado, y empujándola hacia un lado. Siguiendo el mismo movimiento y aprovechando su impulso, volvió a girar, pero esta vez haciéndose hacia adelante, y así barrer ambos pies del mercenario con el tubo, desequilibrándolo.

Ambos pies de Slade se alzaron del suelo, y estuvo a punto de caer de espaldas. Sin embargo, interpuso su mano izquierda antes, y apoyado en ella se giró hacia atrás para caer con la punta de sus pies, en posición perfecta para ver como Dick se alzaba de nuevo, girando el tubo con agilidad y luego colocándose en posición de combate: pies separados, el derecho atrás y el izquierdo al frente, con el tubo como báculo sujeto hacia atrás y su mano izquierda alzada delate de forma defensiva. Una posición que a Slade le resultó… bastante familiar.

De nuevo, debajo de su máscara, el villano sonrió aunque por motivos diferentes.

—Eso sí que me trae recuerdos… —murmuró despacio, pero extrañamente satisfecho.

Slade de inmediato se levantó de nuevo y se lanzó hacia él con más decisión. Dick esquivó sus ataques, y otros más los desvió con el tubo, logrando incluso darle un golpe en un costado, y luego uno más en la cabeza, fracturándole su máscara. Slade se tambaleó un poco, pero se mantuvo firme y siguió contraatacando.

Dick comenzó a ganar terreno, pero en ese momento Slade lanzó un sablazo con tanta fuerza que cortó el tubo en dos. Eso parecía el fin de la estrategia del nuevo Batman, pero no fue así. Cuando Slade quiso lanzar el segundo ataque, Dick lo cubrió tomando ambas mitades del tubo y cruzándolos sobre su cabeza. Luego los separó, haciendo que la espada se apartara de él, lo suficiente para poder inmediatamente después golpear el costado derecho de Slade con una de las mitades, y su muslo izquierdo con la otra.

El mercenario retrocedió, algo adolorido a pesar de que su armadura lo había protegido. Pero entonces vio cómo su enemigo daba un largo salto hacia él, giraba en el aire con gran agilidad, digna sólo del gran Nightwing, para luego dejar caer su pie derecho justo contra su cabeza tan fuerte que le arrancó su máscara de la cara. Ésta se desprendió de él, cayó al suelo rebotando en éste y salió volando hacia un lado. Por mero reflejo, y quizás por lo aturdido que lo había dejado ese golpe, Slade siguió con su único ojo la ruta de su máscara caída. Para cuando logró virarse de nuevo hacia Dick, éste ya tenía uno de los tubos de acero a unos centímetros del costado de su cara, y no pudo evitar recibir un golpe directo de éste que lo hizo voltear su cara por completo hacia el lado contrario, y soltar algo de sangre de su boca.

Slade giró ciento ochenta grados sobre sus pies, se tambaleó y luego cayó de rodillas al suelo. Se apoyó en su espada y en su mano libre para no caer del todo, pero aún se notaba que esos últimos ataques lo habían afectado; quizás más mental que físicamente.

Sus hombres, al ver tal escena, rápidamente alzaron sus armas y apuntaron a Batman con ellas. Unos cuantos lograron disparar, obligando a Dick a retroceder y refugiarse detrás de la pared de un callejón.

—¡Rápido!, ¡traigan al jefe! —Ordenó uno de los hombres que disparaba.

Dos de ellos intentaron acercarse hasta donde yacía Slade para alzarlo y sacarlo de ahí. Sin embargo, de la nada ambos hombres cayeron al suelo; alguien les había disparado abruptamente desde lo alto, y sus cuerpos fueron empujados hacia un costado, acompañados de un gemido de dolor. Los otros dejaron de disparar, viendo aquello con extrañeza. Tres más recibieron disparos repentinos, dos soltando sus armas, y uno más cayendo al suelo.

—¡¿Quién rayos…?! —Exclamaron varios de ellos, totalmente confundidos.

Fue entonces que todos, incluido Dick, pudieron ver  una figura que descendía desde el tejado de la jefatura, colgando de un gancho. Bajó hasta plantar sus pies entre Batman y los mercenarios, o más bien entre estos y su jefe. Batman se asomó a ver. Por un momento creyó que se trataba de Red Robin, pero… no era él. Esa persona portaba un casco rojo, una chaqueta de piel color café, y apuntaba a los maleantes con dos brillantes pistolas de largo cañón.

Dick se quedó estupefacto; aunque lo miraba de espaldas, supo de inmediato quién era…

—¿Red Hood? —Pronunció sorprendido, y lo hizo aún más cuando el recién llegado se giró hacia él, y pudo ver que en el pecho de su traje (que tampoco era el que llevaba más temprano), portaba el símbolo del murciélago en rojo… como el de ellos.

—Yo me encargo de estos imbéciles —Le indicó con firmeza, girándose de nuevo hacia los hombres y disparándoles sin el menor miramiento con sus armas—. ¡Anda!

Antes de que Dick pudiera objetarle algo, Red Hood comenzó a moverse hacia un lado, para esquivar los propios disparos de los mercenarios, pues se había convertido en su nuevo punto de interés. Pero él les contratacaba con gran maestría y puntería, sintiéndose realmente en confianza en sus nuevas armas; ligeras y rápidas, lo mejor que el dinero de Wayne Enterprise podía producir, de eso estaba seguro.

Algunos de los maleantes se le aproximaron, pero no se intimidó. A uno le dio un codazo directo en la cara, a otro lo logró patear en el pecho, y luego en la cara, y a dos más les disparó directo en la cara, derribándolos en el acto. Estaba por seguir con los otros, cuando se detuvo unos momentos al notar algo inusual. Esos últimos dos hombres que estaban tirados, se retorcían y gruñían de dolor… pero ni siquiera sangraban. Miró rápidamente a los otros que había atacado, y notó lo mismo; algunos estaban inconscientes, pero tampoco parecían siquiera sangrar. No tenían heridas de balas en ellos.

—¿Qué rayos? —Murmuró extrañado, y entonces retiró el cartucho de una de las armas para revisar su contenido. A simple vista podían parecer balas normales, pero su punta negra las delataba—. ¿Balas de caucho? ¿Enserio, Alfred? —Murmuró claramente molesto.

Son especiales —escuchó que comentaba el ex mayordomo en el comunicador que le habían dado integrado a su careta—. Duelen tanto como un buen golpe.

Jason suspiró resignado y volvió a colocar el cartucho en su lugar.

—Funcionarán por ahora —pensó en voz alta, y de inmediato se giró y le disparó a uno de los mercenarios que se le aproximaba por un costado. En efecto, reaccionó como si hubiera recibido un buen golpe directo en la cara.

Dick estaba confundido, pero no tuvo suficiente tiempo para concentrase en ello, pues en ese momento Slade se estaba poniendo de nuevo de pie. Giró un poco su cabeza, como intentando aliviar un dolor en su cuello, y luego la inclinó al frente, escupiendo algo de sangre al suelo. Luego se giró lentamente de nuevo hacia Dick; algo de sangre había manchado su barba blanca de candado, pero eso sólo lo hacía ver aún más aterrador.

—Bien —murmuró el villano con cierta frialdad—. Al fin esto se ha puesto interesante…

Dick lo miró en silencio, y entonces se puso en posición, sujetando ambos tubos en sus manos como varas de eskrima. No había nada más que decir, y ambos lo sabían: sólo quedaba actuar.

Slade y Dick se lanzaron el uno al otro al mismo tiempo. Chocaron metal con metal, se repartieron golpe tras golpe. Las armaduras de ambos los protegían, pero al mismo tiempo podían sentir como sus cuerpos lo resentía. En un determinado momento Dick lanzó uno de los tubos al suelo, y éste rebotó en él pavimento en el ángulo correcto para golpear a Deathstroke en su muñeca y hacer que soltara su espada. De inmediato Dick le lanzó el otro en línea recta a la altura de la cara, pero Slade lo esquivó haciéndose a un lado. Ahora sólo quedaban sus puños, y Dick lo aprovechó, atacándolo sin descanso, con completa obstinación.

“Atacar con fuerza explosiva e intimidante tal vez te sirva con la media de los enemigos.”, le había dicho Bruce aquella misma tarde. Bien, en ese momento quizás ya no le quedaban muchas otras opciones.

Mientras tanto, los mercenarios de Slade comenzaban a rodear a Red Hood, quien lograba repelerlos a duras penas. Su costado, en dónde tenía su herida, le dolía de forma punzante, pero intentaba ignorarlo.

De pronto, el sonido de una motocicleta se hizo presente, acercándose por la avenida. Lo siguiente que todos los presentes notaron, fue la figura de Red Robin alzándose en el aire, para luego descender sobre ellos, armado con su báculo y derribando a dos hombres al tiempo.

El recién llegado, se paró firme justo a mitad del terreo de batalla, a espaldas a Red Hood.

—Llegas tarde, mocoso —Le indicó Jason, mirándolo sobre su hombro.

—Tú ni siquiera deberías estar aquí —Le respondió Tim, mirándolo también—. ¿No te estabas desangrando hace una hora? ¿De dónde sacaste ese traje además?

—¿Qué te importa?

Sin decir más, y sin tener que ponerse de acuerdo, ambos comenzaron a encargarse cada uno de la mitad de los mercenarios que quedaban, casi en perfecto sincronía.

Dick y Slade no fueron conscientes de esta llegada, pues ambos estaban bastante enfrascados en su combate propio. Ambos se atacaron mutuamente, recibiendo tremendos golpes en sus caras, torsos, brazos, y especialmente en todo lo que pudieran alcanzar, pero ninguno se dejaba derribar. A los ojos de todos, era Batman teniendo una brutal lucha con Deathstroke. Pero, en el fondo, ambos sabían que eran Nightwing  y Slade, dos viejos rivales, librando una batalla en la que Batman poco o nada tenía que ver. Porque Dick no había sido entrenado para ser como Batman: había sido entrenado para ser mejor que él, y sólo hasta entonces lo comprendió…

Un golpe de gancho directo que logró conectar a la quijada de Slade, lo hizo tambalearse y ceder su defensa. Dick no se contuvo y siguió golpeándolo sin descanso: una, dos, tres veces más. Su cuerpo se movía solo, inspirado únicamente por la misma adrenalina. Remató todo ello con un movimiento final: saltó dando una maroma hacia atrás, haciendo que durante el giro su pie derecho golpeara a Slade directo en su barbilla de abajo hacia arriba, provocando que su cabeza se fuera por completo hacia atrás y el resto de su cuerpo le siguiera; una acrobacia propia de un Grayson Volador.

Slade se precipitó al suelo, azotándose contra éste de espaldas. Y para cuando Dick volvió a colocar sus pies en el suelo, se dio cuenta de que Slade ya no se levantaría; en su lugar, permaneció ahí bocarriba; no inconsciente, pero sin aparentes fuerzas para volver a levantare.

Las fuerzas abandonaron el cuerpo de Dick en ese momento, y se dejó caer de rodillas al suelo. El dolor, el cansancio y el aturdimiento; todo le cayó de golpe. Pero ya no importaba… pues había ganado.

Lo lograste, Dick —escuchó a Barbara pronunciar con alivio—. ¿Estás bien?

—Mejor que nunca… —Le respondió con algo de dolor en su voz.

Miró al frente, y se dio cuenta de que Red Hood y Red Robin estaban terminando con los demás maleantes que quedaban. Pudo entonces respirar aliviado y tomarse sólo un minuto para reposar. Su mente seguía viajando entre lugares, muchos de ellos ya olvidados. No se opuso a ello; dejó que lo llevara a viajar por todo ello, sólo por esa vez. Luego tendría que volver a la realidad, pues esa noche aún no terminaba…

FIN DEL CAPITULO 20

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 Batman Family: Legacy. Ciudad Gótica se encuentra de luto. Bruce Wayne, una de sus figuras más emblemáticas e influyentes, ha fallecido repentinamente, dejando detrás de él un importante y secreto legado que ahora recaerá en hombros de sus jóvenes sucesores: Barbara, Tim, Jason y, especialmente, Dick, quien acaba de descubrir que su antiguo mentor le ha dejado la más inesperada de las herencias. ¿Aceptará el joven Grayson la nueva responsabilidad que se le ha encomendado? ¿Tendrá lo que necesita para mantener a la Familia unida sin Bruce, y combatir las amenazas que vengan de aquí en adelante? ¿Y cómo reaccionará el resto de Gótica a esto?

+ «Batman» © Bob Kane, DC Comics, Warners Bros. Enternaiment.

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