Fanfic Batman Family: Legacy – Capítulo 19. Ayuda Desconocida

1 de enero del 2019

Batman Family: Legacy - Capítulo 19. Ayuda Desconocida

Batman Family: Legacy

Wingzemon X

Capítulo 19
Ayuda Desconocida

Lunes, 29 de julio del 2013

Todo en Gótica seguía siendo un caos. Aunque la parte más sórdida del combate se había congregado en el centro, eso no evitaba que en otros puntos de la ciudad las cosas se mantuvieran agitadas. Mientras Batman acudía a combatir de frente a Deathstroke, Red Robin se abría paso cómo podía entre la multitud de mercenarios liderados por Ravager, mientras llevaba consigo a Stephanie Brown entre los callejones. No estaba seguro si Batman, el original, estaría de acuerdo con su accionar, pero sin lugar a duda su prioridad en esos momentos era poner a Stephanie a salvo. El hecho de que era una amiga muy cercana de Tim Drake jugaba un factor importante en ello, y no lo podía negar. Pero fuera como fuera, era una civil a la que no podía dejar a su suerte. Y de igual forma, Rose y sus hombres estaban tan concentrados en su cacería que parecían haberse olvidado de atormentar a cualquier otra persona; eso era ganancia, si es que acaso era posible llamarlo de esa forma.

No la tenía nada fácil para cumplir su cometido. Cada vez que lograba librarse de alguno de ellos y avanzar, a la vuelta de la esquina se encontraban con más. ¿Cuántos mercenarios habían traído en ese barco exactamente? A veces le resultaba difícil de entender cómo había tanta gente en el mundo dispuesta a hacer ese tipo de idioteces, sólo porque un hombre grande con algún disfraz aterrador se los mandaba; de esos ya había demasiados en esa ciudad, como para que Slade Wilson viniera con sus amigos de reventón.

Pero no había tiempo para pensar en eso; tenía que tener toda su concentración puesta en tazar su ruta de escape.

—¡Déjame!, ¡no te preocupes por mí! —Le gritaba Stephanie, mientras era jalada por él por entre los callejones—. Sólo te estoy estorbando. Yo puedo cuidarme sola.

—Lo sé —murmuró el chico sin detenerse—. Pero no quiero que lo hagas, ¿de acuerdo? Sólo confía en mí, te pondré a salvo.

Tim, resiste un poco más —escuchó en ese momento la voz de Barbara pronunciar por su comunicador—, la ayuda ya va en camino.

—¿Ayuda? —Pronunció Red Robin, un tanto confundido—. ¿Qué ayuda? ¡Ah!

Se tuvo que detener de golpe en ese momento, pues se dio cuenta que la salida del callejón había sido obstruida por sus perseguidores armados. Miró sobre su hombro hacia atrás, y por dónde habían entrado también los vio: hombres con máscaras, apuntándolos directamente con sus armas de fuego, y sus dedos nerviosos sobre los gatillos.

Stephanie se pegó inconscientemente a su espalda, asustada. Su traje definitivamente lo protegería de unos cuantos disparos, pero no a ella.

Más le vale que se dé prisa —añadió Barbara con aprensión.

—Sí, yo también lo espero…

Los hombres se disponían a disparar. Rápidamente, Tim sacó el gancho de su cinturón, y lo disparó hacia el tejado del edificio a su derecha. Sólo tenía unos segundos antes de que esos sujetos reaccionaran. Con su otro brazo tomó a Stephanie y la rodeó, pegándola contra él. Antes de que la joven se diera cuenta, ambos se elevaron en el aire cuando el gancho comenzó a retraerse; Stephanie se aferró a él con fuerza por mero instinto. Los hombres comenzaron a disparar, pero ellos ya no estaban en el mismo sitio, por lo que algunos disparos terminaron dando contra sus compañeros.

Para cuando tuvieran la astucia de apuntar hacia ellos, ya estarían resguardados en el tejado. Red Robin esperaba que estuvieran a salvo en las alturas y de ahí poder moverse con mayor libertad. Sin embargo, cuando ya estaban cerca de la cornisa, la figura sigilosa de Rose Wilson saltó desde el otro edificio, pateando con fuerza a Red Robin en la espalda, y empujándolo con todo y Stephanie contra la pared.

Tim se golpeó de frente contra el muro, soltando un gemido de dolor; Stephanie se golpeó en su hombro, aunque el daño fue menor. Luego del golpe, ambos comenzaron a caer, pero Red Robin logró sujetarse de una escalera de emergencia firmemente con una mano. Colgado de esa forma, comenzó a hacer que se mecieran hacia un lado, para luego impulsarse y caer sobre el pequeño descanso de la escalera, frente a la ventana de un departamento. Tim impuso su cuerpo para amortiguar el impacto a Stephanie, quedando de espaldas contra las varillas metálicas y exclamando otro quejido más de dolor.

—¡¿Estás bien?! —profirió asustada la chica rubia, alzándose un poco pese aún estar prácticamente sobre él. Red Robin gimió un poco, e intentó sentarse.

—Sí, descuida. He recibido peores…

El sonido metálico de las pesadas botas de Ravager cayendo sobre el barandal de la escalera los distrajo. Se viraron al mismo tiempo en la misma dirección, y ahí la vieron de pie, mirándolos desde lo alto con su ojo visible fijo en ellos, y con sus dos brillantes espadas al aire, aguardando por el momento justo de atacar.

—¿Ya tuviste suficiente, pajarito? —exclamó la chica de cabello blanco con tono seco. Apuntó entonces con una de sus espadas hacia el callejón; había al menos unos veinte de los mercenarios enmascarados, y todos apuntaban hacia ellos—. Estás rodeado, en desventaja, y ni Nightwing ni Batman vendrán a salvarte. Ríndete de una vez y entrégame a Red Hood.

Tim miró con seriedad hacia abajo entre las separaciones de las varillas de metal del descanso sobre el que estaban sentados. Miró a cada uno de los hombres, y miró también a Ravager. Tenía razón; estaba rodeado, en desventaja numérica, y especialmente por tener que cuidar de sí y de Stephanie al mismo tiempo. Y, en efecto, ni Nightwing ni Batman vendrían a salvarlo. Aunque quedaban los refuerzos que Barbara mencionaba, fuera quien fuera.

Quizás sólo debía hacer un poco de tiempo.

—¿Sabes?, para ser una mercenaria sanguinaria como tu padre, eres bastante piadosa —señaló Red Robin con ironía, haciendo que Rose se sobresaltara un poco—. Si realmente eres como Deathstroke, ¿por qué no nos matas y ya? Eso me hace pensar que en realidad no eres tan despiadada cómo quieres hacer parecer. Creo que en el fondo sigues siendo una heroína, Rose Wilson. Una muy confundida, pero de esos hay bastantes, créeme.

Las manos de Rose de apretaron con fuerza al mango de sus armas, furiosa de escuchar esas palabras. Pero… ¿por qué le molestaba tanto realmente?

—¡Te voy a mostrar quién es despiadada, mocoso hablador! —Alzó en ese momento sus espadas al aire con la clara disposición de lanzárseles encima y ya sin ningún tipo de autocontrol apuñalarlos a ambos.

Red Robin quiso reaccionar lo más rápido posible y arrojarle uno de sus bumerangs directo a la cara en cuanto se acercara. Sin embargo, para su sorpresa, Stephanie se le adelantó. Se apoyó de pronto con su mano derecha sobre el suelo del descanso, y alzó todo el resto de su cuerpo, extendiendo su pierna derecha hacia el frente, a la altura de los tobillos de Rose, y barriéndolos con una patada certera. Al estar la mercenaria prácticamente balanceándose sobre el barandal, esa patada la desequilibró y la hizo caer hacia atrás y hacia el callejón, mientras exclamaba sorprendida, pero sobre todo confundida.

Stephanie siguió el movimiento de su patada, logrando dar un giro completo en ese pequeño espacio, hasta quedar de cuclillas a un lado del héroe. Miró hacia abajo por la separación entre las rejillas. La mercenaria había logrado amortiguar su caída, encajando una de sus espaldas en la pared para frenarse.

—Oh, rayos —exclamó Stephanie, decepcionada.

—¿Cómo hiciste eso? —Escuchó que Red Robin le preguntaba, sorprendido por el movimiento tan rápido y preciso que había hecho, además considerando el reducido espacio. La rubia lo volteó a ver, sonriendo despreocupada.

—Ah, no es nada. He sido porrista y gimnasta prácticamente toda mi vida, pero tuve que dejarlo para empezar a trabajar y ayudar en la casa, cuando Batman y tú…

—¡Cuidado! —Gritó Red Robin de pronto, cortando su explicación. Rápidamente la tomó e hizo que ambos saltaran al interior del departamento por la ventana que tenían a un lado, justo antes de que los hombres empezaran a disparar. El sonido metálico de las balas golpeando la escalera, y del cristal rompiéndose de la ventana, se hizo presente mientras ambos se quedaban pegados al suelo de la sala de estar en la que habían entrado.

No parecía haber nadie, pues las luces estaban apagadas y nadie se había aparecido después de todo ese ajetreo; eso era buena suerte, dentro de lo que cabía.

—Ven, vamos —indicó Red Robin apurado. Tomó a Stephanie de la mano una vez que los disparos cesaron, y corrió hacia la puerta junto con ella.

Derribó la puerta de la entrada de una patada, pues no tenía precisamente mucho tiempo para abrirla de otra manera. Corrieron por los pasillos y luego comenzaron a bajar las escaleras, pero escucharon las voces de los mercenarios ingresando al edificio y dirigiéndose también a las escaleras para subir. Decidió mejor que dieran media vuelta y comenzaran ahora a subir al tejado, como era su plan original antes de que Rose los interrumpiera.

Abrió la puerta del tejado golpeándola con su hombro. Una vez que salieron, volvió a cerrar la puerta, y usando un spray ácido de su cinturón logró derretir el pomo de la puerta, y luego la orilla para que se solidificara con la pared.

—Eso sólo los detendrá por unos minutos —indicó Red Robin, y rápidamente comenzó a mirar a su alrededor. El edificio no era en realidad tan alto como le había parecido desde el callejón. Podría planear lejos de ahí, pero no podría hacerlo junto con Stephanie

Tim tomó su vara y se la colocó sobre los hombros mientras pensaba. Se asomó discretamente por la cornisa; los hombres de Rose tenían rodeado el edificio. No les quedaba más opción que irse entre las azoteas, aunque entre dos personas no se moverían lo suficientemente rápido como para esquivar todos los disparos.

Escuchó entonces un golpe seco a sus espaldas, y eso lo puso en alerta. Se volteó rápidamente con su arma en mano, pero no había peligro inminente; Stephanie simplemente se había dejado caer de sentón, y miraba perdida hacia el frente.

—¿Estás bien? —le preguntó serio, acercándosele.

—Sí, claro, descuida —le respondió con tono cansado, volteándolo a ver desde abajo y sonriéndole, aunque no tan efusiva como él sabía que podía ser—. Ha sido una noche pesada… pero de seguro tú estás acostumbrado a esto; de seguro te intentan matar todas las noches. —Se giró de nuevo al frente lentamente—. No te envidió… O tal vez sí un poco. Digo, esto es aterrador y horrible, pero también es muy emocionante. Cuando mi padre comenzó a hacer sus cosas malas, siempre quise salir y detenerlo yo misma. Crearme un traje así como el tuyo, perseguirlo, y echarle a perder todos sus planes. Hasta había pensado en un nombre… pero nunca me atreví, y ustedes se encargaron de atraparlo primero. Y supongo que debo de darte las gracias por eso.

—Mejor dámelas cuando te saque viva de aquí —le respondió Tim con un tono más animado, intentando aligerar un poco el ambiente.

—Oh, de seguro lo haré… eso espero…

Comenzaron a escuchar fuertes golpes contra la puerta; los mercenarios estaban comenzando a intentar derribarla.

—Rápido, tenemos que movernos —le indicó Red Robin a su acompañante, y ésta se puso de pie rápidamente de un salto. Sacó de nuevo su gancho para intentar volver de nuevo a moverse, aunque tuvieran que hacerlo más lento.

Un cuchillo se dirigió en línea recta hacia su mano, y aunque su guante le protegió del daño grave, sí lo golpeó con la suficiente fuerza como para que le derribara su gancho de entre sus dedos. Se giró de inmediato en la dirección en la que había venido el ataque; la figura oscura de Ravager se encontraba ahora de pie en la cornisa… y no se veía nada contenta.

—Sí que eres sigilosa —Mencionó Red Robin algo burlón, y colocándose de inmediato delante de Stephanie—. ¿Segura que no eres de nuestro equipo? Apareces y desapareces como si lo fueras.

Rose no respondió nada a esa insolente pregunta. Se bajó de la cornisa y se aproximó lentamente a ellos con sus armas en ambas manos. El ajetreo y las voces del otro lado de la puerta se hicieron más notorios. Tim comenzó a sentir algo de presión: enemiga al frente, enemigos a sus espaldas, y en medio Stephanie. Su situación no era envidiable, y se notaba que Ravager lo sabía.

—Se acabó el juego —masculló con molestia la mujer tuerta—. Estás rodeado, y tu oportunidad de salir por las buenas de ésta ya pasó… —sus manos se aferraron con tanta fuerza a las empuñaduras de sus espadas, que sus puños incluso temblaban—. Le debo demostrar a mi padre lo que valgo… debo demostrarle que soy capaz de seguir sus pasos…

—¿Por qué querrías hacer eso? —Murmuró Red Robin, apremiante—. Slade Wilson no es para nada un modelo a seguir para nadie. Y aunque lo fuera, si vives tu vida queriendo cumplir las expectativas de tu padre… —guardó silencio unos instantes en los que pareció cavilar un poco en lo que decía—. Digamos que no la pasarás muy bien…

Se comenzó a escuchar cómo golpeaban la puerta con fuerza, estando bastante cerca de derribarla. Rose miró sobre los hombros de sus dos rehenes la puerta, y luego los miró de nuevo hacia ellos con seriedad.

—Es el camino que elegí recorrer, así que ya no importa…

Stephanie miró hacia la puerta, e inconscientemente se pegó contra la espada de Red Robin, en un intento inconsciente de sentirse más segura.

—Aún no es tarde para que escapes sin mí —le susurró medio en broma, medio presa del pánico.

—Nada de eso —le respondió el vigilante tajantemente, y rápidamente se interpuso entre ella y la puerta—. Mantente atrás de mí…

Siguieron escuchando los golpes y los sonidos de personas al otro lado. Red Robin tomó firmemente su báculo, listo para enfrentar a todos los que cruzaran por ese sitio y vinieran ingenuamente a encararlo de frente. ¿Cómo podría ser algún día el nuevo Batman si no era capaz de salir de una situación así? ¿Cómo podía ser todo lo que Bruce esperaba de él si no lograba salvar a una sola persona importante para él? Sí, en el fondo era como Rose Wilson, queriendo cumplir las expectativas de alguien más, queriendo demostrar de lo que era capaz. Pero eran diferentes, pues él no tenía duda en su convicción…

De pronto, algo extraño comenzó a ocurrir. Entre todos los sonidos provenientes del otro lado de la puerta, comenzaron a sonar… gritos, golpes, pero no contra la puerta directamente, detonaciones y uns serie más de sonidos fuera de lo común. Tanto Red Robin como Ravager miraron confundidos hacia la puerta, escuchando todo ese nuevo ajetreo, pero sólo Stephanie exteriorizó lo que los tres pensaban.

—¿Qué demonios sucede ahí adentro? —Murmuró confundida, unos segundos antes de que la puerta volara de las bisagras y cruzara el aire como un proyectil en su dirección.

Red Robin rápidamente tomó a Stephanie y la alejó de la trayectoria de la puerta, cubriéndola además con las alas de su traje como un escudo. Miró de reojo hacia atrás, y vio que no sólo fue la puerta, sino que al menos tres de los hombres enmascarados que acompañaban a Ravager salieron también volando, quedando tirados en el suelo, e incluso uno contra la cornisa.

Pasado ese suceso, todo pareció quedarse en calma. No había más gritos, más golpes o disparos; todos los hombres que estaban intentando salir al tejado, parecían haberse ido… o estaban inhabilitados.

Pero, quizás no todos.

Alguien cruzó la puerta en ese momento con paso lento. Red Robin se puso de inmediato en alerta, mirando confundido a aquella silueta oscura que se abría paso entre las sombras del interior del edificio para ser iluminada por la luna. Una larga capa y capucha azul oscuro le cubría desde la cabeza hacia casi los tobillos. Unas botas negras de tacón resonaban contra el material del suelo del tejado mientras caminaba con asombrosa calma. Era una mujer, o eso le parecía a Tim al menos, pero no le era para nada familiar. Pero ese no era el caso para Ravager, que la miraba fijamente desde su posición, totalmente atónita.

La recién llegada clavó sus ojos morados, fríos pero intensos, justo en la joven de cabellos blancos. El sentir esos ojos sobre ella, le provocó alzar sus espadas al frente de forma defensiva.

—Rose Wilson —murmuró con una voz apagada y calmada, que terminó por apaciguar cualquier duda que tuviera sobre su identidad.

—¿Raven? —Masculló Ravager, incrédula—. ¿Qué haces aquí?

“¿Raven?”, pensó Tim por su lado, mientras observaba todo aquello como un mero espectador. “¿Quién es Raven?”

—Te puedo preguntar lo mismo —respondió la extraña, al tiempo que se retiraba su capucha azul hacia atrás, dejando a la vista su cabello negro y corto—. ¿Acaso has regresado a lado de tu lunático padre?

—¡Claro que sí! —Respondió Rose alzando su voz con fuerza—. ¡Es donde siempre debí de haber estado!

La extraña arqueó una ceja, intrigada por tal afirmación.

—Si tú lo dices…

Stephanie también observaba expectante a la nueva persona que había aparecido casi de la nada en el escenario.

—¿Ella es la nueva Batgirl? —Le susurró despacio a Red Robin, con curiosidad.

—Ah, no… —respondió éste, bastante dudoso—. O no lo sé… —llevó de inmediato sus dedos al comunicador de su oído para abrir la comunicación—. Oráculo, ¿quién es ella?

—Los refuerzos de Dick —aclaró Bárbara, un poco de mala gana—. No preguntes…

—¿Qué no pregunte?

Stephanie no entendía bien, pero Tim tampoco así que estaban prácticamente iguales. Fuera quien fuera, tenía una presencia y un estilo bastante imponente que a la chica de cabellos rubios dejó realmente impactada en esos momentos.

—Me encanta su capucha —murmuró despacio, como un pensamiento en voz alta—. Si fuera morada definitivamente usaría una así…

—¡Éste no es asunto tuyo! —Espetó de pronto Ravager con violencia. Raven, sin embargo, no se mutó—. ¡Vete de aquí ahora mismo, o si no…!

—¿O si no? —Musitó la recién llegada, aparentemente indiferente ante sus amenazas. Había algo en esa actitud tan despreocupada que hizo hervir aún más la sangre de Rose.

Tomó entonces con firmeza sus espadas y se lanzó hacia ella ágilmente, zigzagueando de un lado a otro. Raven se quedó quieta en su sitio. Cuando Rose comenzó a lanzar sus ataques certeros de sus armas, la chica de la capucha azul comenzó a moverse grácilmente, a agacharse, o girar sobre su cuerpo para esquivar los letales filos, que muchas veces pasaban a escasos milímetros de su cuerpo. En un momento, Rose pareció ver un punto libre. Se agachó, giró sobre su cuerpo trescientos cincuenta grados, jalando sus dos armas al mismo tiempo, una paralela a la otra, directo a la altura del torso de su objetivo. No parecía posible que fuera a poder esquivarla, pero abruptamente ambas espadas se detuvieron a centímetros de su costado. De hecho, todo el cuerpo de la mercenaria se detuvo y se quedó petrificado como estatua.

Raven la miraba intensamente con sus ojos morados, y tenía sus manos alzadas, como si fuera con sus palmas mismas con las que había detenido las armas, aunque éstas no estaban siquiera lo suficientemente cerca. De pronto, alzó aún más su manos por encima de su cabeza, y el cuerpo entero de Rose comenzó a levitar solo ante los ojos incrédulos de Tim y Stephanie. Raven giró sobre sí misma como tomando impulso, y Rose giró junto con ella como si la estuviera cargando. Luego de dar el giro completo, extendió sus manos en dirección a la puerta abierta, y Rose terminó disparada en esa dirección como un proyectil. Un par de los hombres inconscientes adentro estaban levantándose, pero el cuerpo de la mujer a cargo los golpeó con fuerza, y los tres comenzaron a rodar escaleras abajo.

Una vez realizado esto, la mujer misteriosa suspiró profundamente como si estuviera agotada, y bajó sus brazos con cuidado hacia los lados. No quitaba, sin embargo, sus ojos atentos de la puerta abierta por la que sabía que en cualquier segundo su contrincante volvería a ponerse de pie.

—¡Esa chica es increíble! —Exclamó Stephanie, totalmente impresionada.

—Eso creo… —murmuró Tim, no del todo seguro.

—¿Cómo hizo eso? ¿Es algún tipo de magia?

—Eso también me pregunto…

—¡¿Qué esperas?! —Escucharon cómo Raven les gritaba, casi como si fuera un regaño—. ¡Sácala de aquí!, ¡rápido!

Red Robin reaccionó abruptamente a esa indicación, y de inmediato comenzó a moverse.

—¡Sí! —Exclamó y rápidamente jaló a Stephanie hacia la orilla del edificio, recogiendo en el camino el gancho que Rose le había derribado de las manos. Se agachó delante de la chica rubia, dándole la espalda—. Sube a mi espalda, rápido. —Sin dudarlo mucho, Stephanie le hizo caso, abrazándose como pudo de su cuello con ambos brazos—. Ahora te tocará viajar al estilo de la Familia Batman.

—¿Familia Batman? —Murmuró Stephenie confundida, pero antes de recibir respuesta, Red Robin se puso de pie y disparó su gancho hacia un edificio más alto al otro lado de la acera. Un segundo después, estaban prácticamente volando, elevándose gracias a la tracción del gancho y apoyados un poco por las alas del traje del último compañero de Batman—. ¡Aaaaaah! ¡Esto es aterrador…!

Los dos comenzaron a mecerse por los edificios, alejándose lo más pronto posible de esa área. Raven miró en silencio como se iban. Aún eran algo visibles entre las sombras de la ciudad, cuando escuchó los pasos de Ravager resonando en las escaleras.

—¡Quítate! —Le gritó furiosa a uno de los hombres que se había parado frene a la puerta, jalándolo hacia atrás y tumbándolo hacia las escaleras. Al volver a la azotea, buscó con apuro a Red Robin y a la chica, pero ya no se veían por ningún lado. Logró ver, sin embargo, sus siluetas oscuras a lo lejos, pero ya era tarde—. ¡No! —Gritó totalmente frenética—. ¡¿Por qué hiciste eso?! ¡Eran mi pista para encontrar a Red Hood!

Raven se giró de nuevo hacia ella con cautela, dispuesta a seguir con su enfrentamiento.

—Desiste de esto, Rose —le indicó con frialdad—. Sabes que no puedes derrotarme.

Ravager se mordió su labio inferior con algo de fuerza, mientras sus dedos apretaban con ansiedad las empuñaduras de sus armas.

—Que engreída… ¡pero siempre hay formas de darle una lección a petulantes como tú!

De pronto, alzó su brazo por encima de su cabeza, y luego lo dejó caer hacia el frente. Raven pensó que pensaba hacer algún tipo de ataque, por lo que se puso en posición para recibirla. Sin embargo, lo que ocurrió fue una bomba de luz que al chocar con el suelo creo un intenso destello que cubrió todo el tejado. Los ojos de Raven recibieron de golpe toda esa luz, dejándola totalmente ciega. Retrocedió con sus ojos adoloridos, hasta casi tocar la orilla del techo.

Ravager se le lanzó encima cuando aún el destello no se disipaba del todo, y le lanzó una patada directa al pecho. Raven la escuchó acercarse y la intentó esquivar, pero igual no pudo evitar recibir el golpe en su brazo. Su cuerpo fue empujado contra la orilla y estuvo a punto de caer. Se sostuvo con ambas manos, pero no pudo incorporarse por completo antes de que su contrincante le diera un codazo en su espalda y la impulsara hacia el frente. El cuerpo de Raven giró y se precipitó hacia la banqueta, pero logró sujetarse de la cornisa con los dedos de su mano derecha, quedando colgada de la fachada del edificio. Se debatía por dentro entre intentar usar la otra mano para sostenerse o tallarse sus ojos que aún le ardían.

—Ya no eres tan peligrosa, ¿o sí? —Escuchó que Rose murmuraba con severidad desde el techo, y entonces sintió la planta de su bota presionarse contra sus dedos, aún no con mucha fuerza pero la suficiente para causarle una ligera sensación de dolor—. No debiste dejar el retiro.

—No lo hice —murmuró entre dientes, intentando ajustar su mirada borrosa en ella—. Sólo le hago un favor a un amigo…

—¿A quién? —Cuestionó Ravager, incrédula—. ¿A Nightwing? ¿Él está aquí?

Raven no respondió; quizás en realidad, ya había dicho demasiado.

Su mirada se logró ajustar lo suficiente para distinguir la silueta de Rose de pie por encima de ella. Su bota se presionaba más contra sus dedos, y estos comenzaban a ceder. Raven respiró hondo, se concentró lo mejor posible, y entonces jaló su mano libre hacia el frente, pero no para sujetarse de la cornisa, sino para apuntar en dirección a Rose. El cuerpo de la mercenaria fue lanzado hacia atrás como si hubiera sido golpeado por un auto, recorrió un par de metros, antes de chocar contra la puerta de las escaleras.

Al parecer, de cierta forma, la presión de la bota de Rose contra sus dedos le ayudaba a sostenerse, pues en cuanto salió volando y su bota con ella, los dedos de Raven cedieron y su cuerpo ahora sí comenzó a desplomarse. Comenzó a caer en caída libre a la banqueta, y aunque no era un edificio muy alto si lo era lo suficiente para salir malherida, o muerta. A medio camino cerró los ojos con fuerza, e intentó enfocar su mente en sí misma, e intenta amortiguar lo más posible el efecto de la gravedad en ella. Fue reduciendo su velocidad poco a poco, más no del todo. Su espalda chocó contra la banqueta, creando un sonido duro, y haciendo que su cuerpo entero rebotara un poco. Le dolió bastante, pero estaba con vida.

La ahora psicóloga se quedó tirada bocarriba en la banqueta, adolorida y aturdida, viendo sobre sí misma el cielo, el cual daba algunas vueltas. Pensó si acaso se encontraba en tan mala forma como se sentía.

Escuchó entonces pasos apresurados, viniendo desde el recibidor del edificio y dirigiéndose hacia ella. No fue capaz de salir del todo de su aturdida cabeza, sólo hasta que notó que al menos cinco de los hombres enmascarados, quizás los únicos que quedaban aún activos, se colocaban a su alrededor, y logró ver cómo la apuntaban con los cañones oscuros de sus armas. Miró hacia el edificio, y vio la figura de Rose bajando por la pared, ayudada de sus dos espadas contra ésta para amortiguar su caída. Sus pies tocaron la banqueta de una manera más calmada que ella y entonces se paró justo delante de sus pies, con sus dos armas a los lados.

—Ese fue un movimiento muy tonto y desesperado —murmuró molesta, aunque parecía estarlo más por el hecho de que su intento no hubiera funcionado del todo bien—. Eres patética, Raven. Definitivamente no debiste haber dejado el retiro.

Ella no dijo nada. Sólo cerró unos momentos los ojos, y entonces comenzó a intentar levantarse lentamente. Los hombres se pusieron en alerta, colocando sus dedos en los gatillos y retirando sus seguros.

—No te muevas, muñeca —masculló uno de ellos de forma agresiva. Antes de que pudiera pararse del todo, colocó un pie sobre su espalda y la empujó al frente. La mujer de azul cayó de rodillas y luego se apoyó en sus manos para no caer del todo.

—¿Qué hacemos con ella? —Le cuestionó uno de los hombres a Ravager, que observó en silencio a la mujer en el suelo por unos instantes. Parecía dudar un poco sobre qué respuesta dar.

—Es amiga de Nightwing, quizás Batman entregue a Red Hood por ella.

—Es muy peligrosa —indicó otro de ellos—. Debemos de matarla ahora mismo.

Esa sugerencia no parecía causarle satisfacción a Rose.

—¡Nada de eso!, ¡no oses desobedecerme!

—¿Y por qué habría de obedecerte en un inicio? —Le respondió el mismo hombre a su vez, apuntándola con su arma—. Nosotros trabajamos para Deathstroke, no para su hija mimada.

—¡¿Cómo te atreves?! —Espetó Rose, molesta y ofendida—. Mi voz es la voz de mi padre…

—No creo —añadió uno más—. Él ya hubiera matado a Red Robin y a esta zorra desde el inicio. Quizás lo que ese chico es cierto: sigue siendo una heroína, y sólo juega a seguirle la corriente a papi.

Todo eso que se atrevían a decirle de la nada, sólo hacía que su furia se incrementara más y más. Ya había sido una noche demasiado complicada, difícil, estresante y humillante, como para que un grupo de donnadies viniera a cuestionarla de esa forma. Primero Red Hood, luego su padre, Red Robin, Raven, y ahora eso. ¿Qué debía de hacer para hacerse respetar en ese sitio? ¿Qué debía de hacer para que se la tomaran enserio? Ya fuera como heroína o como villana, pareciera ser sólo un chiste para todos…

Poco a poco su mente se fue nublando por la ira, como si toda su visión se enrojeciera por la sangre.

—¿Crees que soy una heroína? —Masculló con una voz entrecortada, ya que el enojo se aculaba en su garganta formándole un nudo—. ¡Mira esto, imbécil!

De inmediato, alzó una de sus espadas al frente, golpeando el arma del hombre más cercano a ella y apartándola para que apuntara al cielo. Luego, jaló su otra arma hacia el frente, haciéndole un corte certero en el dorso en diagonal, de abajo hacia arriba. Luego bajó de nuevo su otra espalda, rasgándole el cuello.

El otro de ellos, aquel que primero la había llamada hija mimada, miró esto con sorpresa y horror. Ravager se giró de inmediato hacia él, jalando sus armas consigo. Por mero instinto, el hombre le disparó tres veces. La joven de cabello blanco se movió ágilmente hacia los lados, y dos de sus disparos le dieron a otro de los hombres enmascarados (uno en el hombro y el otro de rozó la cabeza, rasgándole la máscara), y uno más rebotó contra la banqueta. Con una de las espaldas le hizo una larga cortada en el muslo, haciéndolo contraerse y doblarse de dolor, y la otra la encajó en su abdomen, haciendo que saliera hasta su espalda.

Con un pie, lo empujó hacia atrás para que su espada saliera de su cuerpo, y éste se desplomó de espaldas al piso. Estaba manchada de la sangre de ambos hombres, y no parecía importarle. Respiraba agitada con la adrenalina saturando sus venas. Agitó violentamente sus armas, retirándoles lo más posibles los rastros de sangre de ellas. Los otros tres que quedaban, incluido aquel que había recibido el disparo en el hombro, la miraban impresionados y aterrorizados. Eso le gustaba; que la miraran con respeto, con miedo, como miraban a su padre, o incluso más. Que supieran que meterse con ella, era tentar a la muerte.

—Has perdido la razón, Rose —Murmuró Raven lentamente, mientras se ponía ahora sí de pie por completo. La miraba fijamente con absoluta desaprobación—. Has dejado que tu padre corrompa tú espíritu… Tú no eres así…

—¿Tú qué sabes sobre cómo soy? —Le respondió con voracidad, y volvió a morderse su labio inferior tan fuerte que le sangró un poco—. ¡Ya no me hables! ¡Matéenla de una vez! —Los tres hombres restantes la miraron confundidos por la contradicción con respecto a su orden anterior—. ¡¿Qué esperan?!

Algo inseguros, alzaron de nuevo sus armas en dirección a Raven. Ésta, se mantuvo calmada. Cerró sus ojos, dejó caer sus brazos a los lados, y comenzó a respirar muy lentamente. Sus oídos se agudizaron, y comenzaron a captar vívidamente todos los sonidos y presencias que la rodeaban. Hacía mucho tiempo que no entraba en ese estado de concentración absoluta, y debió hacerlo en menos de dos segundos, pues los maleantes no esperaron mucho antes de comenzar a disparar indiscriminadamente en su contra.

Las balas salieron de los cañones en línea recta hacia ella, y sin lugar a duda debieron haber terminado atravesándole su cuerpo en todas direcciones, haberla dejado llena de agujeros, y quizás tirada en el suelo en su charco de su propia sangre. Sin embargo, nada de eso pasó, pues ante los incrédulos ojos de todos, incluida Rose, las balas se detuvieron en el aire, a su alrededor, como si hubiera chocado con alguna barrera invisible. Todas ellas sin excepción, se quedaron ahí, hasta que los tres hombres que disparaban se dieron cuenta y detuvieron sus intentos.

Antes de que pudiera reaccionar de nuevo, la mujer de azul alzó abrió sus ojos con fuerza, alzó su mano derecha, y luego la dejó caer contra el suelo hasta pegar por completo su palma contra éste, acompañada de un fuerte grito. Toda la energía que había acumulado en su cuerpo para hacer tan proeza, debía ser liberada. La onda expansiva surgió de su cuerpo en todas direcciones, golpeando a todo, y a todos, los cercanos a ella. Los tres maleantes salieron volando hacia atrás, y Rose también aunque en una dirección contraria. Uno de ellos chocó contra un vehículo, otro contra la fachada del edificio, y otro más cayó en el interior de un contenedor de basura. Si alguno seguía consciente, no mostró seña de querer levantare y seguir luchando. Rose cruzó la calle, hasta que su espalda chocó contra un poster, y luego cayó bocabajo contra el asfalto con fuerza.

Raven casi cayó de rodillas por lo exhausta que se sentía tras ese acto; realmente estaba fuera de forma. Su vista se nubló un poco y su cabeza le daba vueltas. Llevó su mano a su frente, en un intento de tranquilizarse. Al parecer tardó más de la cuenta en lograrlo, pues para cuando alzó su mirada de nuevo, notó el filo de unas de las espadas de Ravager dirigiéndose justo hacia su cara.

Retrocedió rápidamente, sintiendo el aire agitado por la hoja tocarle la cara. Rose ya no usaba su máscara, pues al parecer se le había caído mientras volaba por los aires, dejando expuesto su rostro, incluyendo el parche que cubría donde debería estar su ojo izquierdo. La comenzó a atacar repetidamente con sus armas, y Raven apenas y lograba retroceder. Recibió dos cortadas superficiales en su brazo izquierdo, y otra un poco más profunda en el costado derecho de su torso; por último, una patada directa en la cara que la hizo tambalearse hacia atrás y quedar con la espalda contra el muro; su labio se partió por ese golpe y comenzó a sangrarle.

Ravager se le lanzó encima lista para apuñalarla. Raven extendió su mano al frente, y logró con sus habilidades hacer que la espada de su mano derecha saliera volando lejos de ella. Eso no la detuvo, y siguió adelante con su arma restante. Raven uso de nuevo su telequinesis, deteniendo la peligrosa arma a unos centímetros de su cuello, y a su dueña con ella, que ejercía toda la fuerza posible para seguir avanzando.

—¿En verdad… esto es lo que quieres? —Le cuestionó entre dientes, teniendo que hacer también un gran esfuerzo para detenerla—. ¿Asesinarme aquí mismo?, ¿y todo para complacer al demente de tu padre…?

—¡Ya no importa! —Le gritó frenética—. ¡Ya no importa nada! ¡Sólo acabar con esto de una vez!

—Cómo quieras…

Raven se concentró aún más, y logró casi arrancarle la espada de la mano, y está dio girones en el aire hasta clavarse en la banqueta a unos metros de ella. Se lanzó entonces hacia su contrincante, y tomó su rostro con ambas manos, obligándola a verla a los ojos. Ravager se quedó petrificada, sintiendo como si todo su cuerpo se apagara. Todo el mundo a su alrededor se cubrió de tinieblas, hasta engullirla por completo. Desde su perspectiva, los ojos de la mujer delante de ella parecían haberse convertido en un foso oscuro y profundo, al que poco a poco comenzaba a sumergirse.

—Cómo… odio que hagas… eso… —masculló despacio arrastrando las palabras. Su único ojo se volteó hacia atrás, y todo su cuerpo comenzó a desplomarse al suelo, quedando completamente inconsciente.

Todo pasó de estar en el caos a caer en un absoluto silencio.

Raven pegó de nuevo su espalda contra el muro del edificio, y se dejó caer de sentón al suelo. Sentía el cuerpo pesado y adolorido. Su mirada perdida miraba hacia el otro lado de la calle, y se quedó así por un minuto o quizás más. No pensaba en nada en realidad, como si su cerebro se estuviera reiniciando al igual que una computadora.

Miró a la chica inconsciente delante de ella con cierto pesar. Se veía tan tranquila en esos momentos…

—Lo intenté, vieja amiga —susurró muy despacio, aun sabiendo que no le respondería. Acercó entonces, casi por mera inercia, su mano hacia el comunicador de su oído, y lo activó para así poder ser escuchada—. Aquí Raven. Rose y sus hombres han sido neutralizados. Ahora el resto depende de ti, Batman…

—Entendido —escuchó que pronunciaba la voz de Batman en su oído, aunque ella sabía de quién era realmente esa voz.

Se mantuvo un rato más ahí para recuperar sus fuerzas, antes de poder esposar a Rose y subirla a su motocicleta para llevarla con su padre.

FIN DEL CAPITULO 19

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Batman Family: Legacy. Ciudad Gótica se encuentra de luto. Bruce Wayne, una de sus figuras más emblemáticas e influyentes, ha fallecido repentinamente, dejando detrás de él un importante y secreto legado que ahora recaerá en hombros de sus jóvenes sucesores: Barbara, Tim, Jason y, especialmente, Dick, quien acaba de descubrir que su antiguo mentor le ha dejado la más inesperada de las herencias. ¿Aceptará el joven Grayson la nueva responsabilidad que se le ha encomendado? ¿Tendrá lo que necesita para mantener a la Familia unida sin Bruce, y combatir las amenazas que vengan de aquí en adelante? ¿Y cómo reaccionará el resto de Gótica a esto?

+ “Batman” © Bob Kane, DC Comics, Warners Bros. Enternaiment.

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2 pensamientos en “Batman Family: Legacy – Capítulo 19. Ayuda Desconocida

  1. Pame

    😍 que perfecta manera de empezar el año jajaja, acababa de dejar un comentario en el último capítulo en fanfci.es cuando ví tu facebook y Vi el capítulo 😍😍😍 simplemente perfecto. Me encanta como barras la historia. Mi favorita

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    1. WingzemonX Autor

      ¡Hola Pame! Gracias por tu comentario y por venir aquí a mi blog 🙂 Sí, en efecto suelo publicar los capítulos una semana antes aquí, Voy a subir este capítulo a Fanfic Es y a los demás sitios la próxima semana, por si te es más cómodo leerlo en alguno de esos sitios. Este año tengo pensado meterle algo más de gasolina a esta historia. ¡Gracias!

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