Fanfic Batman Family: Legacy – Capítulo 16. Reencuentro Letal

31 de agosto del 2017

Batman Family: Legacy - Capítulo 16. Reencuentro Letal


Batman Family: Legacy

Wingzemon X

Capítulo 16
Reencuentro Letal

Lunes, 29 de julio del 2013

De todos los individuos despreciables con los que sabía que se volvería a cruzar si regresaba a Gótica, y a sus salidas nocturnas, el que Dick menos deseaba volver a ver se encontraba ahora justo delante de él: Slade Wilson, su mercenario favorito.

¿Cuándo se vieron por última vez? ¿Hace cuatro o cinco años? Fuera el tiempo que fuera, no había sido el suficiente, eso era seguro. Se preguntó, sin embargo, cuál había sido la última vez que Bruce lo había visto. Porque claro, no era Nightwing quien se presentaba ante él a encararlo, sino Batman; el antiguo Batman, el de siempre, y no su hijo adoptivo disfrazado de él.

Un reencuentro letal como ese hubiera representado un dolor de cabeza para Dick en cualquier forma y tiempo, pero ese en especial le resultaba aún peor.

– Seré ingenuo, pero en verdad no creí que te vería aquí – Comentó el mercenario, con ligera ironía en su voz. – Luego de tanto tiempo, ¿aún vienes a proteger a este chico? Y dicen que yo suelo creer en las causas perdidas.

Al hacer ese último comentario, desvió de una forma nada disimulada su rostro en dirección a la joven de cabellos blancos parada a unos pocos pasos a su derecha. Ésta, no tardó en darse cuenta de que la miraba, e igual tampoco lo hizo el héroe enmascarado ante ellos. Sin embargo, la reacción de Dick al ver quién era dicha persona, fue notoriamente de sorpresa.

– ¿Rose? – Exclamó con fuerza sin darse cuenta. Ella, por su lado, igualmente se sorprendió al escuchar como pronunciaba directamente su nombre de pila.

– ¿Cómo sabes mi nombre? – Le cuestionó a tono de exigencia. – ¿Acaso Nightwing te lo dijo?

“Algo así…”, fue lo único que pensó para sí mismo. Aun previendo la presencia de Deathstroke en ese barco tras ver a sus secuaces en cubierta, no pensó que se encontraría también con Rose. Sin embargo, en retrospectiva, tenía bastante sentido, considerando las condiciones de la última vez que la había visto.

Pero no era tiempo para pensar en ello.

Miró ligeramente sobre su hombro. Jason se encontraba en el suelo, con una mano aferrada a su costado, presionando la herida que Slade le acababa de propinar con su espada. Pero era inútil; seguía sangrando, empapando el suelo y su propio traje.

– Red Hood, ¿estás bien? – Le cuestiono con el tono más frío marca “Batman” que le fue posible. Intentó agacharse para ayudarlo a levantarse, pero de inmediato él lo hizo a un lado con su otro brazo.

– ¿Qué crees que haces aquí, idiota? – Exclamó, bastante furioso al parecer.

– Vine a sacarte de aquí, ¿qué más?

– ¿Quién te lo pidió? ¡Lárgate! ¡No quiero tu ayuda!

Orgulloso y obstinado como siempre. Pero no podía echárselo mucho en carga; el orgullo y la obstinación parecían venir con el paquete de vigilante enmascarado, especialmente en esa ciudad.

– Conmovedor. – Murmuró Slade de forma burlona. Batman de inmediato se volvió a él, colocándose delante de Red Hood. El mercenario giraba su espada con su mano derecha con absoluta tranquilidad. – Mi idea era terminar esto rápido, cobrar, y largarme sin meterme en más líos de los necesarios. No me contrataron para deshacerme de ti, después de todo. Pero si insistes en meterte como siempre, lo haré gratis con mucho gusto.

– ¿Quién te pagó por deshacerte de Red Hood? – Espetó Batman con dureza.

– Tú eres el Detective. ¿Tú quién crees?

Considerando el rumor que los había traído hasta ahí y lo sucedido hace unas noches, la respuesta lógica era Cobblepot. Aunque contratar mercenarios para deshacerse de lo que le estorbaba, sonaba también al estilo de Máscara Negra.

Como fuera, de momento no importaba. La prioridad debía ser sacar a Jason de ahí lo antes posible. Pero claro, eso se decía fácil, pero para hacerlo tenía que pasar sobre Slade y Rose Wilson.

Al notar que Batman no daba señas de retroceder, o incluso más bien parecía más decidido a pelear, Deathstroke de inmediato entendió que las negociaciones no tenían cabida en ese lugar.

– Cómo quieras…

Sin más espera, se le lanzó encima con rapidez, jalando su arma hacia atrás. Batman igualmente reaccionó, pero en lugar de ir hacia él, se abalanzó hacia un lado, intentando obviamente alejarlo lo más posible de Red Hood. Slade se dio cuenta, pero no le importó; estaba dispuesto a seguirle el juego.

No tardó mucho en alcanzarlo, y a atacarlo repetidas veces con su arma. Dick se las arreglaba para esquivarlo, aunque no era tarea fácil. Los movimientos de su antiguo enemigo eran aún más rápidos de lo que recordaba, o quizás los suyos simplemente eran más lentos.

De vez en cuando intentaba tomar su espada entre sus palmas, usando la técnica para desarmar que Bruce le había enseñado para combatir enemigos con espadas. Cuando era joven, se había cuestionado repetidas veces cuantos criminales podrían haber afuera que lucharan con espada; los años terminarían por sorprenderlo. La técnica, sin embargo, no era del todo efectiva en esos momentos, ya que Slade se las arreglaba para patearlo y alejarlo antes de poder terminarla.

Era humillante, pero la situación lo empujaba a simplemente esquivar y huir, así tuviera que saltar sobre su enemigo como cobarde para lograrlo, en lo que se decidía por un plan en concreto.

Rose los miraba desde lejos, analizando sus movimientos y manera de pelear; principalmente se concentraba en Batman, a quién era la primera vez que veía pelear de cerca, y… en realidad no le sorprendía mucho lo que veía. Aun así, debía darle crédito al hecho de que pudiera esquivar de esa forma todos los ataques de su padre, haciendo alarde de una sobresaliente agilidad. La única persona que había visto hacer eso antes era…

Era obvio que no podría esquivarlo por siempre. Luego de un rato, Deathstroke logró patearlo con fuerza directo en la boca del estómago, y empujarlo contra uno de los pilares. La espalda de Dick chocó contra éste, y apenas y había logrado empezar a recuperarse, cuando vio que la espada de Slade se aproximaba directo a su cuello. Logró reaccionar y detener el avance de la hoja con las cuchillas de sus guantes. Slade oprimió con fuerza su arma contra él, teniéndolo acorralado contra el pilar.

– Esta temerosa forma de huir no es digna de ti, Caballero Oscuro. – Comentó el villano, sin dejar de presionar su arma contra él. – Aunque es extraño. No es que hayamos peleado mucho últimamente, pero aun así la forma en la que te mueves esta noche se siente algo diferente. – Este comentario tomó por sorpresa a Dick, pero no lo suficiente para cederle terreno a su espada. – Pero, al mismo tiempo, también la siento algo… familiar.

Batman aplicó toda la fuerza que pudo para empujarlo hacia atrás, y luego lanzarse hacia un lado para salir de su alcance, y también de su acorralamiento.

Tal y como se lo temía. Nightwing y Deathstroke habían cruzado sus caminos en demasiadas ocasiones; las suficientes como para que ambos conocieran a fondo la manera de pelear del otro. El mercenario no tardaría mucho en darse cuenta de que no era Batman, o al menos no el Batman que él conoció.

Ahora más que nunca tenían que salir de ahí, y pronto. La ofensiva parecía ser la única alternativa.

Dick empezó a correr alrededor del espacio, pasando entre las columnas. Parecía que de nuevo estaba huyendo, y esto comenzó a irritar a Deathstroke. Lo siguió, dispuesto a terminar con eso de una vez. Sin embargo, mientras lo seguía, el nuevo Batman pasó corriendo por detrás de una columna, entrando por un lado, pero no saliendo por el otro.

Al perderlo tan repentinamente de vista, frenó de golpe, aparentemente desconcertado. La silueta oscura del Hombre Murciélago, no tardó mucho en descender desde arriba de él, para propinarle una patada directa en la cabeza, que lo empujó hacia atrás, pero no lo derribó. Igual eso fue suficiente para que, justo cuando sus pies volvieron a tocar tierra, empezara a atacarlo repetidas veces con sus puños, intentando golpear los puntos más expuestos de su armadura.

Su ataque repentino hizo retroceder a Slade unos instantes, pero éste no tardó mucho en volver a contraatacar. Pero Batman ahora si fue capaz de tomar el arma entre sus manos, bajarla, y golpearla con tal fuerza con su pie derecho, que la hoja se terminó rompiendo en dos, todo en el mismo movimiento.

Una pequeña victoria, pero no duró por mucho. Previendo cualquier movimiento siguiente, Deathstroke se apresuró a empujarlo con su hombro hacia atrás, haciendo distancia entre ellos, pero no la suficiente para no alcanzar patearlo con fuerza en su costado derecho antes de que recuperase el equilibrio tras el primer empujón. El cuerpo del nuevo Batman se estrelló contra unos tambos, de los cuáles tuvo que sostenerse para evitar caer.

Su falta de práctica una vez más le jugaba chueco. En el pasado, apenas y lograba seguirle el ritmo cuando se encontraba en mejor forma. Ahora, con tres años de falta de entrenamiento encima, ¿qué podía hacer?

– El desempeño tuyo y de tu joven aprendiz, ha sido decepcionante. – Masculló Slade, al tiempo que avanzaba hacia él, con sus pesadas botas sonando contra los tablones del suelo. – Escuché rumores de que Gótica se había vuelto algo aburrida desde que sólo le quedan dos villanos de peso. ¿Acaso eso los ha vuelto más perezosos? Como la liebre, al parecer se están quedando dormidos. Quizás sea hora de considerar el retiro, Batman.

Si acaso supiera el horrible significado que esas palabras guardaban. Pero era cierto; no estaba listo para enfrentarlo… no solo, al menos.

Se escucharon pasos aproximándose; más de sus secuaces venían en camino.

Miró sutilmente de reojo hacia donde Jason se encontraba. Aunque a simple vista parecía inconsciente, en parte era sólo apariencia. Se encontraba recostado sobre su costado, y en su mano derecha sostenía con fuerza lo que a Dick le pareció que era… una granada.

Las miradas de ambos se cruzaron fugazmente, y eso fue suficiente para entender.

Jaló con fuerza uno de los baldes contra los que había quedado, y lo lanzó hacia su contrincante; éste se hizo a un lado para esquivarlo sin problema. Batman volvió a moverse con rapidez hacia un extremo del espacio por el que luchaban. Slade para esos momentos ya se había cansado del jueguito del gato y el ratón. Sacó su pistola, y comenzó a disparar sin el menor pudor en contra del encapuchado, sin importarle siquiera si su hija se ponía en el camino, ya que Rose tuvo que rápidamente tirarse al suelo para evitar ser abatida por su propio padre.

Batman logró evitar por completo las balas, las cuales dieron contra los pilares o contra las paredes. Cuando estuvo en la posición adecuada, arrojó desde las sombras un batarang, que desarmó a Slade de su arma de fuego. Luego de ese movimiento, el héroe se quedó de pie, en el extremo contrario de la bodega, con sus batarangs en mano, listos para ser arrojados.

– ¿Ésta es tu última alternativa?, ¿atacar desde lejos con tus juguetes? – Exclamó Slade, con enojo. – No había visto nunca un despliegue tan patético de ineptitud. – Sacó entonces dos cuchillos que guardaba a los costados de su cinturón. – El gran Batman parece haberse deteriorado lamentablemente. Acabar contigo ni siquiera será satisfactorio.

Dick permanecía tranquilo y concentrado, pero sus palabras en efecto lograban pegarle. Bruce nunca hubiera terminado en una situación así. Para esos momentos, de seguro ya hubiera logrado salir de ahí junto con Red Hood, y sin ningún problema. Pero él no era Bruce…

Slade se lanzó hacia él con sus cuchillos en mano. En ese momento, cuando ya iba casi a mitad del camino, Red Hood lanzó una granada hacia ellos, y justo al tiempo que Batman lanzó uno de sus batarangs en la misma dirección. El batarang golpeó la granada en el espacio entre ambos, explotando con fuerza y lanzando a Deathstroke y a Rose en direcciones contrarias antes de que alguno pudiera reaccionar. Batman se protegió rápidamente con su capa, pero igual no pudo evitar ser expulsado por la explosión; esas cosas eran más potentes de lo que parecían.

Había funcionado, pero no era tiempo de regodearse. Dick activó de inmediato su visión mejorada, para abrirse paso entre el humo, directo hacia Red Hood. Éste se había desplomado en el suelo tras lanzar la granada. De inmediato lo tomó, y lo alzó colocando su brazo alrededor de sus hombros. Parecía estar demasiado débil para sostenerse, pero no lo suficiente para no poder caminar. Ambos comenzaron a andar lo más rápido que pudieron hacia las escaleras que llevaban a cubierta.



Tras la explosión, la máscara de Slade había salido volando de su cara, dejando a la vista su rostro duro, y su cabello corto y barba de candado, ambos en tono totalmente blanco, además del parche que le cubría su ojo derecho. Algo de sangre le bajaba por la cara desde un corte en su frente del lado derecho, pera nada grave a simple vista. Una vez que pudo recuperar la compostura, miró alrededor con insistencia, pero ya no había rastro alguno los dos vigilantes.

“Vaya treta de cobardes”, pensó furioso.

– ¡Qué no escapen! – Escuchó a su hija gritar acalorada, mientras corría hacia las escaleras a trote veloz.

Si algo podía reconocerle a su Rose, es que su furia y su tenacidad superaban siempre cualquier dolor físico o emocional que pudiera tener. Pero ya a esas alturas era inútil. Desde que vio a Batman entrar de esa forma, supo que ese asunto no podría terminar en ese barco. Y de eso estuvo más seguro luego de pelear con él… y darse cuenta de algunas cosas adicionales.

Se puso de pie y caminó con tranquilidad detrás de su hija. No se tomó la molestia de recuperar su máscara, al menos no por ahora.

– – – –

– Red Robin, ven a recogernos, ¡rápido! – Gritó Batman por el comunicador, mientras avanzaban como les era posible entre las cajas de transporte. Algunos de los hombres de Slade, los que seguían de pie o habían logrado pararse de nuevo al menos, les pisaban los talones, moviéndose entre los laberinticos pasillos que formaban los contenedores.

Jason no había pronunciado ni pio desde que llegaron a cubierta. Se limitaba sólo a avanzar, con su mirada fija en sus propios pies. Con un brazo se sostenía de él, y con su otra mano se sujetaba su costado. Cada paso que daba, parecía más difícil que el anterior.

– Red Hood, ¿me oyes? Resiste un poco más, vamos.

Lograron al fin llegar a una parte descubierta, pero el gusto no les duró mucho. En un parpadeo, decenas de hombres armados y enmascarados salieron de todas direcciones, comenzando a rodearlos, con Ravager encabezándolos. Dick miró alrededor, contándolos a todos rápidamente, y sobre todo poniendo atención en su armamento. Salir de esa le tomaría bastante problema, aunque no tuviera que cargar el cuerpo casi inerte de Jason; y Slade no tardaría mucho en sumarse de seguro.

“Grandioso”

Pero parecía que algo de suerte lo acompañaba esa noche, ya que en ese mismo momento el Batwing se posicionó justo sobre ellos, alumbrando hacia abajo con dos grandes y brillantes reflectores. La luz, adicional al aire que salía de sus turbinas de estabilización, hizo que los hombres perdieran su posición y su concentración por unos momentos, los suficientes para que el vehículo aéreo pudiera soltar dos granadas de humo que chocaron contra el suelo de cubierta, y llenaron todo de una espesa neblina.

Como era la reacción habitual de este tipo de criminales, de inmediato comenzaron a disparar al azar entre el humo, sin dar en el blanco. Batman aprovechó esto para alzar su brazo y disparar su gancho magnético hacia el Batwing, y hacer que tanto él como Red Hood se elevaran.

No tardaron mucho en quedar ambos sentados en el asiento posterior de la cabina. Red Hood se desplomó hacia un lado totalmente inmóvil, y aparentemente inconsciente.

– ¿Qué pasó? – Cuestionó Red Robin, sorprendido.

– Slade lo apuñaló, y está perdiendo mucha sangre. – Le informó Batman, al tiempo que intentaba revisar la herida y hacerle los primeros auxilios que pudiera en ese momento. – ¡Rápido!, ¡sácanos de aquí!

– A la orden, jefe.

El Batwing comenzó a girar sobre sí mismo en la dirección contraria, justo de regreso hacia Gótica. Los hombres en cubierta les dispararon una vez que pudieron ver con claridad, pero no lograron hacer nada para detenerlo. La turbina de la nave se encendió con fuerza, creando un fuerte y sonoro estruendo, para luego alejarse a máxima velocidad.

Ravager, y el resto de los secuaces, corrieron por cubierta, siguiendo su camino, hasta que su velocidad fue tal que se alejó por completo de sus vistas, perdiéndose entre la noche; y sólo pudieron quedarse de pie, viendo tal escena.

– ¡Maldita sea! – Exclamó Ravager, furiosa. – ¡Escaparon! ¡Argh!

Inspirada por su enojo, comenzó a patear el barandal con su pierna derecha; tenía enormes ganas de golpear y cortar a alguien en esos momentos.

– Mantén tu compostura, Ravager. – Escuchó que le decía su padre con severidad, al tiempo que se acercaba a paso lento a la proa. – No te preocupes, que la noche aún no termina.

– Pero… ¡¿cómo los encontraremos ahora, padre?!

Deathstroke colocó sus manos atrás de su espalda, y se acercó hacia el barandal, parándose firme y viendo hacia las luces de la ciudad que se alzaban a lo lejos.

– No tendremos que hacerlo. Ellos vendrán a nosotros; no les quedará de otra. – Se giró entonces rápidamente hacia Ravager y el resto de sus hombres. – ¡Dirijan el barco a la orilla! ¡Iremos a Gótica, y reduciremos toda la ciudad a cenizas si es necesario!

Esa orden sorprendió uno poco a los hombres al inicio, pero luego todos reaccionaron con entusiasmo.

– ¡Sí! – Gritaron con fuerza, alzaron sus puños al aire, y luego se dirigieron de inmediato a cumplir el mandato, y acercar el barco al muelle.

– Recuerden, nuestra presa es el Rojo. – Les indicó mientras se dispersaban. – Pero pueden hacer lo que les plazca con Batman y su otro amiguito.

Ravager se quedó en su lugar, aún algo sorprendida, y también confundida.

– ¿Vamos a atacar la ciudad entera sólo para hacer salir a un individuo? – Cuestionó, dudosa. – ¿No es demasiado? No somos tantos, y muchos están muy heridos tras este primer encuentro. Y toda la policía, y Batman…

– Si tienes miedo, quédate en el barco, Rose. – Le interrumpió Slade, dándole la espalda pues ya se había girado de regreso a la ciudad. – Tu vacilación hace que me cuestione si tu lealtad está realmente conmigo… O aún se encuentra con tus antiguos camaradas.

– ¡Nada de eso! – Exclamó con furia dando un paso hacia él. – Te prometo que yo misma acabaré con Red Hood, ¡y con Batman y Red Robin si se ponen en mi camino!

– Eso quiero verlo…

Ravager apretó con fuerza los mangos de sus armas entre sus dedos. Giró sus sables con sus muñecas un par de veces, y luego los introdujo de nuevo en sus fundas. Se dirigió entonces a revisar que todos hicieran justo lo que su padre les había indicado.

El Joseph Grant comenzó a avanzar mucho más veloz.

– – – –

El Batwing atravesó la cascada de la cueva y se acercó con cuidado a la pista de aterrizaje, en la cual Alfred aguardaba con una camilla, y también Bárbara a su lado. El avión de combate se posicionó en su lugar, y un instante después la cabina se abrió, y sus ocupantes salieron sin espera. Dick cargaba en sus brazos al malherido Red Hood.

– Por aquí, rápido. – Le indicó Alfred, acercando la camilla más a él. Dick obedeció, y colocó de inmediato al chico sobre ésta. – ¿Hace cuánto perdió el conocimiento?

– Hace como diez minutos. – Le respondió, justo después de hacerse la capucha de Batman hacia atrás.

Alfred realizó una revisión rápida a sus signos vitales, para conocer qué tan grave era la situación. Él siempre se veía tan calmado, así que la expresión de su rostro no era un gran indicativo para averiguar qué tan malo era en realidad.

– Descuide, amo Richard. – Le informó luego de unos momentos, comenzando a guiar la camilla hacia el área médica de la cueva. – Nuestra mesa médica puso de pie al amo Bruce en situaciones mucho peores. Déjelo en mis manos.

– Te lo encargo, Alfred.

Algo más confiados de saber que Jason estaba en buenas manos, Dick, Tim y Bárbara podían encargarse del otro problema en potencia.

Slade no dejaría las cosas así; en lo absoluto era del tipo que en una situación como esa, daba media vuelta y se retiraba para intentarlo otro día. Estaba seguro de que haría algo más, y algo grande. Por ello, mientras se dirigían hacia allá, Oráculo se había quedado monitoreando para cualquier cosa; no tardó mucho en ocurrir algo.

– Bárbara, ¿cuál es la situación? – Le cuestionó Dick, mientras los tres se dirigían de nuevo hacia la computadora.

– Mírala tú mismo. – Le informó la pelirroja. Una vez que estuvo ante el teclado, se apresuró en mostrar en la pantalla un mapa de Gótica, en el que comenzaban a iluminarse varios puntos rojos, que se conjuntaban en el puerto, y poco a poco empezaban a desplegarse en todas direcciones. – En cuanto el barco tocó tierra, comenzaron a moverse. Hay reportes por toda la zona este. La policía comenzó a desplegarse, pero les tomará demasiado apaciguarlos a todos.

– Muy listo. – Señaló Dick, admirando el mapa. Los puntos de disturbio se desplegaban, algunos hacia el norte, y otros hacia el sur. – Sabe que sin Red Hood, sólo están Batman y Red Robin para defender la ciudad. Si despliega a sus hombres por puntos apartados, las distancias nos jugarán chueco para intentar prevenir la mayor cantidad de daño.

– ¿Causará disturbios por toda la ciudad sólo para encontrar a Red Hood? – Cuestionó Tim algo incrédulo.

– La paga debe de ser así de buena. – Comentó Bárbara con tono cómico. – La policía ya está preparada para afrontar este tipo de situaciones; años de experiencia, supongo. Pero no les vendrá mal algo de ayuda, para procurar que esto afecte a la menor cantidad de civiles posible.

– La situación es peor. – Expresó Dick de pronto; se le oía preocupado. – Deathstroke no está solo; Rose está con él.

– ¿Rose? – Soltó Bárbara, confundida. – ¿Rose Wilson? ¿Su hija? ¿Por qué? Creí que ella era parte de…

– Sí, lo era… Pero siempre fue una situación complicada con ella. Era cuestión de tiempo para que volviera a su lado.

Dick se apartó unos momentos de la computadora, y recorrió su cabello con toda su palma derecha. Su preocupación se volvió aún más evidente para sus compañeros.

– ¿Qué pasa? Pareces nervioso. – Mencionó Bárbara, acercando su silla con cautela. – La situación es difícil, pero hemos pasado por peores.

– Es por Deathstroke. – Intentó explicarse. – Él… También es complicado.

– ¿Por qué le temes? – Preguntó Tim. – Según lo que leí en los archivos de casos pasados, ya lo has derrotado antes.

– No luego de tres años sin entrenar como es debido. Además, hay algo más que me preocupa. Slade y yo hemos peleado el uno contra el otro, prácticamente desde que empecé a ser Robin. Conoce muy bien mis movimientos y mi manera de pelear. Si lo vuelvo a enfrentar de frente… No tardará mucho en descubrir que bajo este traje se encuentra Nightwing.

– ¿No exageras un poco? – Comentó Bárbara, suspicaz.

– No, para nada. De hecho, estoy seguro de que ya lo sospecha tras este primer encuentro.

Los tres se quedaron en silencio, cavilando un poco sobre esa nueva situación. Luego de que Dick decidiera tomar el manto de Batman, en cuanto pudieron se sentaron a determinar quiénes podrían ser los individuos en Gótica que podrían más fácilmente descubrir que había un nuevo Batman. Gordon era uno, pero si se manejaban con cuidado podrían sobrellevarlo. Nygma tenía la capacidad de observación y análisis suficiente para al menos sospecharlo, pero según su último reporte, llevaba meses en aislamiento en una celda de Arkham, y no parecía haber planes de que saliera de ahí pronto. Hugo Strange hacía años que no decía nada coherente desde su celda, así que de momento tampoco era una amenaza en ese sentido. Y el Joker… bueno, él era un tema difícil de manejar.



Pero ninguno había considerado a Slade Wilson, principalmente porque llevaba años sin pararse en Gótica, o incluso en dar muestras de vida en el país. Y el destino ahora lo traía de regreso a sus vidas justo en este momento específico.

Bárbara fue la primera en romper ese silencio de meditación.

– Si la gente sabe que hay un nuevo Batman tan cerca de la muerte Bruce y de tu regreso a Gótica… Bueno, hasta el villano más tonto sabrá como sumar uno más uno.

– Estoy de acuerdo que eso puede ser problemático – Agregó Tim –, pero creo que debemos de enfocarnos primero en lo urgente.

Señaló entonces con su mano al mapa que aún se desplegaba en el monitor principal.

– Tim tiene razón. – Secundó Dick. – No podemos permitir que Slade y sus hombres estén sembrando destrucción en Gótica con completa impunidad, especialmente si es a causa nuestra.

– Pues entonces necesitamos un plan.

Bárbara se aproximó de regreso a la computadora, e hizo que el mapa se actualizara con los últimos reportes de la policía; más puntos rojos se veían dispersos por toda el área este, noreste y sureste.

– Son demasiados puntos que cubrir para sólo ustedes dos.

– ¿Podríamos pedirle ayuda a Flecha Verde y Canario Negro? – Propuso Red Robin.

– No creo que sea viable. En el mejor escenario, tardarían tres horas en llegar desde Star City.

Dick se mantuvo alejado, pensando detenidamente en la situación por su cuenta, mientras Tim y Bárbara discutían entre ellos. Necesitaban algo de ayuda extra, especialmente contra Deathstroke y Ravager…

Y de pronto, se le vino una idea, tan clara y obvia que le sorprendía no haberlo pensado antes. Había alguien que tenía igualmente bastante experiencia enfrentando a esos dos; sólo esperaba que no fuera demasiado tarde.

– Conozco a alguien que podría ayudarnos. – Informó luego de un rato, haciendo que sus dos compañeros se giraran hacia él a la vez.

– ¿Quién? – Cuestionó Oráculo, curiosa.

Dick abrió los labios para decir algo, pero los cerró casi de inmediato. Pensándolo bien, era mejor no decirlo… no en ese momento, al menos.

– Tim, ve al Noreste y apoya a la policía. – Indicó de inmediato, mientras se colocaba de nuevo su capucha, y se dirigía apresurado al batimóvil. – Mantengan la comunicación abierta. Los mantendré informados.

– Oye, espera. – Exclamó Bárbara, pero él parecía estarla ignorando. – ¿De quién estás hablando? ¿A quién le vas a pedir ayuda?

– Tengo que irme. – Pronunció al entrar al vehículo oscuro de un salto. – ¡Te encargo a Jason!

– ¡Espera!, ¡Dick!

Bárbara intentó acercar su silla a toda velocidad hacia él, pero no fue lo suficientemente rápida. La cubierta del batimóvil se cerró, y un instante después éste salió disparado por el túnel de salida.

– ¡Dick Grayson! ¡Vuelve acá!

El automóvil se alejó a toda velocidad y se perdió en las sombras del túnel. Bárbara se quedó viendo confundida en dicha dirección por un rato, intentando entender qué rayos había ocurrido. ¿Qué mosca le había picado ahora? Por suerte, no se quedaría con la duda mucho rato; en cuanto estuvo a una distancia segura, Dick se encargó de informarles a todos quién era esa persona de la que hablaba.

– – – –

En el Pent-house de la Torre del Norte del Hotel Royal, la pantalla de cincuenta pulgadas postrada en la pared de la sala, mostraba las noticias locales, cuyo tema central eran los disturbios que habían comenzado a ocurrir por la ciudad. En la imagen, una atemorizada reportera, al parecer bastante novata, sentada tras un escritorio leía la información al respecto, mientras en un recuadro en la esquina superior derecha se veían imágenes inéditas de las calles; de la gente gritando, y de los extraños individuos andando por ellas.

“Se reportan disturbios en diferentes puntos de la ciudad. La policía exhorta a la gente a quedarse en sus casas hasta que la situación esté controlada. Hasta ahora se desconoce el motivo o la procedencia de tales actos. Sin embargo, fuentes no confirmadas, informan que puedes estar relacionados con…”

Eran varias las personas que miraban con detenimiento la noticia; casi todos estaban de pie, a excepción de dos hombres y una mujer rubia de pelo corto, que estaban sentados en los lujosos sillones de piel. La mujer se notaba bastante incómoda, y hasta asustada. Miraba fijamente la alfombra, y sólo de vez en cuando alzaba su cabeza sólo un poco hacia el televisor. A su lado, su jefe miraba con atención, con sus largas y grandes manos aferradas al mango de su sombrilla; su expresión era dura, casi molesta.

– Soltar a Deathstroke por Gótica creando desastres, no era precisamente la forma por la que yo hubiera optado para lidiar con este problema. – Masculló el Pingüino con su caracteriza voz nasal.

– ¿Creías que bromeaba cuando dije que lo haría aunque tuviera que volar toda esta ciudad en pedazos? – Añadió Máscara Negra, sentado en un sillón individual. Entre sus dedos, traía un cigarrillo, de esos especiales para poder fumarlo a través de su máscara. – Déjalo hacer lo que quiera. Si además de acabar con la Capucha Roja, acaba con el Murciélago, entonces aún mejor. – Acercó su cigarrillo hacia él, dio una fuerte inhalación, y luego exhaló todo el humo, mismo que salió por todas las aberturas de la aterradora máscara. – Y si la policía lo puede capturar o abatir por nosotros y así no pagarle, entonces saldremos victoriosos, y sin haber tenido que pagar ni un quinto. Cómo sea, salimos ganando.

– Excepto en el escenario en que Batman y ese otro mocoso lo derrotan y lo capturan, y seguimos igual que como comenzamos. Por ello lamento no compartir tu entusiasmo, muchacho. – Soltó un agudo suspiro de frustración, y seguido extendió su mano al frente para tomar su trago de la mesita del centro de la sala. – Espero que tengas razón con esto.

– Siempre la tengo, anciano.

– No es lo que he escuchado.

Dio entonces un largo trago de su vaso, tanto que algo de licor escurrió por sus labios, pero una de las mujeres de kimono verde que lo acompañaba se apresuró a limpiarlo con una servilleta. Sionis se limitó a sólo ver tal escena con desagrado.

– Cómo sea. – Añadió el hombre de máscara, cruzando sus piernas. – Aguardemos aquí tranquilamente a ver cómo se desarrolla todo esto.

Luego de soltar otra bocanada de humo, la atención del mafioso se centró en la mujer sentada a lado de Cobblepot. Era realmente atractiva, por decirlo menos. Sus piernas largas, su busto prominente, y esas curvas… Todo eso agraciado por el vestido corto y entallado que traía. Lo único malo era esa mirada llena de preocupación y nerviosismo, que la hacían ver como una niñita asustada. Eso siempre lo había desesperado. No toleraba ver a una mujer llorar; lo hacía enojar tanto, que se le antojaba estrellarle esa carita llorona contra el suelo hasta le cambiara lo suficiente como para que no se le reconociera emoción alguna.

– ¿Qué le ocurre a tu encantadora acompañante? – Cuestionó, curioso. – Se ve nerviosa. ¿No quiere acaso beber algo, señorita?

La mujer se sobresaltó al sentirse aludida, y lo volteó a ver, incluso más nerviosa que antes.

– No… gracias… – Respondió con voz temblorosa, y negó rápidamente con su cabeza.

– No le hagas caso. – Aclaró el Pingüino con indiferencia, mirando fijamente al televisor. – Tracy sólo está asustada porque sabe que si de alguna manera éste plan no funciona como yo quiero, ella será el primer cuello que cortaré para desquitarme.

Cuando terminó de decir eso, Tracy sintió como la otra mujer de kimono verde, se colocaba justo detrás de ella, y colocaba sobre su hombro su mano derecha; mano, de la que cada dedo sobresalía una larga y brillante cuchilla, como si de cinco pequeñas espadas, o grandes cuchillos, se tratase. Esto la dejó helada, y una gota de sudor le recorrió le frente.

– Sin presiones; ¿cierto, muñeca? – Comentó Cobblepot a continuación, seguido por un par de palmadas nada sutiles sobre el muslo desnudo de la mujer, usando toda su mano. Ésta no respondió nada.

– Siempre he dicho que es bueno mantener motivados a tus empleados. – Comentó Sionis, divertido ante la situación. Ignoraba que había hecho la señorita Tracy para acabar en esa situación, pero al parecer tenía motivos más fuertes que él para desear que todo eso saliera bien. Ojala y así fuera.

– – – –

El tren de la Dra. Rachel Roth había retrasado su salida hasta nuevo aviso, pese a que todos los pasajeros ya se encontraban sentados, e impacientes, en sus lugares. Ya llevaban al menos quince o quizás veinte minutos así, sin que se moviera ni un centímetro de su posición en las vías. No les habían informado el porqué; solamente que no podían dejar la estación todavía.

Mientras bebía tranquilamente sorbos de café del vaso de plástico en su mano, veía por su ventanilla con sus suspicaces ojos morados. No tardó mucho en darse cuenta de que su tren no era el único retenido, sino que parecían ser todos. Algo grave debía de haber ocurrido.

Escuchó de pronto su teléfono sonar en el interior de su bolsa mano, que tenía apoyada sobre sus piernas. Al principio la tomó por sorpresa, haciéndola sobresaltarse un poco, pero luego abrió tranquilamente la bolsa y sacó el dispositivo. En la pantalla, se mostraba una llamada entrante de un “TELÉFONO PRIVADO”.

Su ceja derecha se arqueó levemente, intrigada por tan inusual acontecimiento. Pero igual no lo pensó mucho, y respondió.

– Doctora Roth.

Raven, soy Dick. – Escuchó sonar del otro lado la inconfundible voz de su amigo Nightwing.

– ¿Dick? – Exclamó algo confundida. Miró con detenimiento alrededor, cerciorándose de qué nadie la escuchaba, y entonces empezó a hablar despacio al teléfono. – ¿De dónde me estás llamando? ¿Acaso…?

No tengo mucho tiempo. – Le interrumpió abruptamente. – Dime que aún estás en la ciudad.

– Estoy arriba de mi tren, pero éste aún no parte. ¿Qué ocurre?

Necesito tu ayuda… Se trata de Slade.

– ¿Qué?

Antes de que Dick pudiera hacer siquiera el intento de explicarse, una conmoción en el asiento justo delante de ella llamó su atención. Un chico y una chica miraban alarmados un video en el teléfono de uno de ellos, y comentaban casi asustados al respecto. Por lo que decían, parecía que era de algo que estaba ocurriendo justo en esos momentos… justo en ese lugar. De manera discreta, se asomó hacia el frente, echando un vistazo a la pantalla, que el chico sostenía al frente para que ambos pudieran ver. En ésta, se mostraba imágenes tomadas de alguien en la calle, de un grupo de hombres atacando tiendas y vehículos estacionados. La gente corría y gritaba, mientras aquellos individuos avanzaban. En el video se alcanzaba a ver alrededor de dos o tres; todos usaban máscaras, mitad negra, mitad café.

Miró con cautela a su alrededor. Esos dos no parecían ser los únicos que miraban ese video, o revisaban las noticias al respecto en Twitter.

No necesitó más para entender el retraso de su tren, y la repentina llamada de su antiguo compañero.

– Voy en camino. – Informó con voz seria, justo antes de colgar.

Guardó de nuevo su celular en su bolsa, y se puso de pie. Sacó su maleta de ruedas del compartimiento superior, y se dirigió por el pasillo hacia la puerta del vagón.

Esperaba no haber olvidado cómo hacerlo; cómo ser una heroína.

FIN DEL CAPITULO 16

Notas del Autor:

¿Cuánto tiempo pasó? Varios meses, creo. Pero aquí está un nuevo capítulo. Muchas cosas, muchos personajes, mucho por ocurrir. O quizás no tanto. Pero cómo pueden imaginarse, los siguientes capítulos serán mucha pelea y mucha acción. Por lo mismo, la pelea de Dick y Slade en este capítulo fue algo corta, pero no se preocupen; no se quedará ahí. De lo que sigue, ¿qué es lo que más les gustaría ver? Quédense al pendiente, que esto se está poniendo emocionante.

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Batman Family: Legacy. Ciudad Gótica se encuentra de luto. Bruce Wayne, una de sus figuras más emblemáticas e influyentes, ha fallecido repentinamente, dejando detrás de él un importante y secreto legado que ahora recaerá en hombros de sus jóvenes sucesores: Barbara, Tim, Jason y, especialmente, Dick, quien acaba de descubrir que su antiguo mentor le ha dejado la más inesperada de las herencias. ¿Aceptará el joven Grayson la nueva responsabilidad que se le ha encomendado? ¿Tendrá lo que necesita para mantener a la Familia unida sin Bruce, y combatir las amenazas que vengan de aquí en adelante? ¿Y cómo reaccionará el resto de Gótica a esto?

+ «Batman» © Bob Kane, DC Comics, Warners Bros. Enternaiment.

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2 pensamientos en “Batman Family: Legacy – Capítulo 16. Reencuentro Letal

  1. Katsa

    Dios míos increíble!!! Me encanta mucho que pensara en raven para que lo ayude por fa no te tardes tanto el próximo capítulo

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    1. WingzemonX Autor

      Disculpa la tardanza 🙂 Gracias por comentar, e intentaré no tardarme 7 meses para el siguiente capítulo >.>u… ¡Nos leemos! 🙂

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