Fanfic Teen Titans: The Sinners – Capítulo 26. El Templo de Trigon

12 de abril del 2017

Teen Titans: The Sinners - Capítulo 26. El Templo de Trigon


TEEN TITANS

THE
SINNERS

Por
Wingzemon X

CAPITULO 26
“El Templo de Trigon”

¿Cuánto tiempo había pasado desde la última vez que Robin estuvo en Gótica? ¿Tres años, quizás? Y hasta esa tarde, no había tenido plan alguno de volver a corto plazo a ese sitio, y menos bajo esas circunstancias. Pero ahí estaba, sobrevolando esa ciudad oscura y deprimente una vez más.

Muchos estarían contentos de volver a su hogar luego de tanto tiempo… Pero no él.

Era ya totalmente de noche, cuando llegaron a las intermediaciones de la ciudad a bordo del T-Ship, con Terra ocupando el puesto de Raven en la nave, y Supergirl volando a su lado y a su misma velocidad. El cielo se encontraba nublado, y una neblina rodeaba los edificios más altos, y les ayudaba también a moverse de forma sigilosa y discreta por los aires.

La apariencia general de la ciudad era algo lúgubre. Había edificios altos y de apariencia cuidada, sobre todo en el centro y en las zonas comerciales. Pero también podían ver desde su posición sitios muy diferentes; barrios descuidados, en dónde ni siquiera había luz. El sólo aire se sentía incluso más pesado, y les causaba a los Titanes una sensación un tanto incomoda por el sólo hecho de estar ahí, y no precisamente relacionada con la misión que habían ido a cumplir.

– Vaya, Ciudad Gótica realmente le hace honor a su nombre. – Comentó Chico Bestia, mientras miraba hacia abajo por la ventanilla de su puesto.

– Y no has visto nada. – Le respondió Robin con seriedad… más que de costumbre; sus manos se encontraban firmes en el volante, y su mirada fija en el frente, como si no deseara ver nada de lo que lo rodeaba.

El líder de los Titanes no había dicho ni expresado nada en particular sobre la situación, pero no lo necesitaba; era obvio para todos que no le era nada agradable estar ahí, pero de seguro era mucho más importante para él encontrar a Raven lo antes posible.

– Robin, ¿no crees que deberíamos decirle a ya sabes quién que estamos aquí? – Escucharon de pronto que Supergirl comentaba por su comunicador, y su voz se escuchó en el interior de la nave.

Robin volteó a ver a Kara, que volaba justo a su lado en el exterior. Ella miraba hacia lo lejos, y señalaba con su dedo a la izquierda de la nave. Robin volteó en dicha dirección, y pudo ver con claridad lo que ella miraba: una luz proyectándose en las nubes, que formaba la sombra de un murciélago, con las alas extendidas… Una figura bastante familiar para él. Todos los demás igualmente la miraron, y parecieron maravillados por la imagen.

– No tenemos tiempo. – Comentó el chico de antifaz de manera cortante. – Además, parece que estará ocupado.

– ¿Estás seguro? – Escuchó que Cyborg cuestionaba por su lado. – No estaría mal un poco de ayuda adicional.

Robin no respondió nada; se quedó mirando al frente, con expresión dura, pero calmada.

– De acuerdo. – Suspiró resignado el chico mitad máquina. – Después de todo, sólo es otro fin del mundo de lo que estamos hablando… Típico de cualquier semana.

El sitio al cual Terra los había guiado, era una antigua catedral, de gran tamaño, pero que se veía abandonada desde hace años. Tenía grafitis en la parte de atrás, y la fachada estaba algo erosionada por la lluvia y la falta de mantenimiento. Los vitrales estaban rotos, y tenía maleza creciendo al frente y a los lados. Se encontraba sobre una calle sin alumbrado, lo que la hacía ver aún más aterradora. Estacionaron la nave justo en el terreno a un costado, y rápidamente entraron al sitio; no fue muy difícil, ya que la puerta no tenía ningún tipo de seguro.

En el interior igualmente había algo de hierba creciendo de las hendiduras del suelo. Las bancas de madera se encontraban en dos montones, uno a cada lado. Había más grafitis en el interior, incluidos algunos pentagramas, y el altar se encontraba totalmente destruido. Había además rastros de cera de velas en el suelo, y varias partes del altar, y no eran muy antiguos. Se podía ver a simple vista que aún después de ser abandonado, ese sitio había sido punto de reunión para algún tipo de personas, que lo usaron con ningún fin agradable.

Avanzaron con cautela, mirando a su alrededor en espera de cualquier sorpresa. Terra los guio hasta el altar, donde justo en el centro de éste, en el piso, se encontraba abierto un agujero cuadrado, de tres metros por tres metros, que conducían a unas escaleras, que bajaban hasta internarse en las sombras.

– Es aquí. – Señaló la joven rubia, parándose justo frente al agujero. – Ni siquiera se preocuparon por ocultar la entrada.

– Quizás no crean que lo necesiten. – Añadió Cyborg.

Supergirl dio entonces un paso al frente, y usando su visión de Rayos X, inspeccionó de manera general qué había debajo. La oscuridad no le permitió verlo todo, pero había sectores alumbrados con velas, lo que le ayudó a tener una idea de lo que se trataba.

– Hay toda una red de túneles allá abajo. – Comentó. – Parece que abarcan al menos toda esta manzana.

– No se preocupen, yo conozco el camino. – Mencionó Terra rápidamente con optimismo.

– Sí, eso nos debe de dar mucha seguridad. – Escucharon como Chico Bestia comentaba de pronto, sarcástico, mientras miraba a otro lado. El comentario realmente pareció sorprender, y afectar a la joven rubia.

– Chico Bestia. – Le reprendió Robin, mirándolo con molestia. Él sencillamente bajó si mirada, pero no dio seña de querer dar alguna disculpa.

Robin se giró de nuevo hacia la entrada, y hacia las sombras que cernían en la profundidad de ésta, y activó una linterna integrada a su cinturón.

– Andando.

Entró primero, seguido por Terra, y luego por todos los demás.

– – – –

Raven se retorcía en el aire, con sus manos aún sujetas a la gruesa cadena. Gritaba de dolor y angustia, mientras esa luz rojiza y brillante la cubría de los pies a la cabeza. Jared y los otros continuaban en la misma posición, con sus brazos extendidos hacia ella, haciendo que su energía y la de su hermana menor entraran en completa sincronía. Llevaban ya al menos una hora en ello, y aunque desde afuera pudiera parece que no hacían ningún progreso, en realidad poco a poco iban logrando su cometido. La voluntad de su hermana era admirable, pero todo tenía un límite. El poder de Trigon que yacía en sus cuerpos, llamaba al que yacía en el de ella, y éste les estaba respondiendo. Raven no podría ocultarlo por mucho tiempo; ya estaba prácticamente con un pie fuera de su prisión…

Los gritos de Raven se fueron calmando poco a poco, hasta quedar completamente callada. Sus ojos se cerraron, su cuerpo dejó de estremecerse, y se dejó caer sin ninguna resistencia, sujeta sólo por los grilletes que la mantenían suspendida. La energía que cubría a Jared y los otros se esfumó al mismo tiempo, y uno a uno, fueron bajando los brazos. Se veían agotados, e incluso Jack cayó se sentón al suelo, con sus brazos caídos. Y John, por su parte, se apoyó en sus rodillas, intentando recobrar el aliento.

– ¿Funcionó? – Cuestionó Jacob entre jadeos, mientras observaba con detenimiento a Raven, colgada aún sobre sus cabezas, y completamente apaciguada. La energía roja seguía cubriéndola, y brillaba como una fuerte lámpara.

– Quizás. – Respondió Jared con seriedad, igualmente observando a Raven. – Habrá que esperar un poco más; creo que ahora todo depende de nuestra hermana… de la verdadera.

Los seis tomaron un segundo para descansar y recobrarse. Sin embargo, ese segundo al final resultó ser mucho más corto de lo que se esperaban.

Sonidos de pasos resonaron en los oídos de Jacqueline, como gotas de agua en el eco. Aunque no eran en sí sonidos; era más como sensaciones, que le causaban cosquillas en su nuca y espalda. Miró lentamente sobre su hombro, hacia la entrada abierta de la sala, tras la cual sólo se veían sombras. Siguió mirando en esa dirección por casi un minuto, antes de poder percibir con algo más de claridad qué era lo que le ocasionaba dicha incomodidad.

– Hermano, hay intrusos en los túneles. – Informó de pronto, llamando la atención de Jared y los demás. – Creo que son los Jóvenes Titanes.

– Oh, grandioso. – Comentó Jacob, con ironía. – ¿Cómo nos encontraron tan rápido? ¿Qué haremos ahora? Usamos demasiada energía para esto, como para gastar la que nos queda en pelear con esos sujetos.

– Dilo por ti. – Añadió Jessie, con seguridad en su tono. – Los acabamos muy fácil la primera vez, y ahora no tienen a Raven para ayudarles.

– No se confíen. – Les indicó Jared con solemnidad. – Ustedes vayan a entretenerlos un poco. Yo cuidaré de nuestra hermana, hasta que termine el proceso.

– ¿Y cuánto crees que tarde? – Cuestionó John, con curiosidad.

Jared, sin embargo, no estaba seguro de cómo responder a esa pregunta. En esos momentos ya no era capaz de escuchar en lo absoluto la voz de la verdadera Raven, como para que ella se lo indicara.

Sin mucha más espera, Jacqueline, Jacob, Jessie, John y Jack, se dirigieron de inmediato hacia los túneles. Jared, como indicó, se quedó ahí, vigilando a Raven, y aguardando; sólo quedaba eso, al parecer.

– – – –

Los Titanes avanzaban con cuidado, pero a paso constante. El tiempo apremiaba y debían darse prisa, pero no estaban en posición de ser descuidados. Se estaban metiendo a la cueva del lobo por cuenta propia, y su último encuentro no dejaba mucho lugar a pensar que era buena idea subestimar a sus nuevos adversarios. Terra los guiaba por los túneles oscuros, alumbrados por las lámparas del cinturón de Robin, y una más integrada al cuerpo de Cyborg. Ellos dos iban al frente, y éste último además tenía su cañón sónico apuntando al frente para cualquier situación que se pudiera presentar, o más bien saltarles a la cara entre las sombras.

Los demás iban en fila, uno detrás del otro. Terra iba un paso detrás de Robin y Cyborg para guiarles el camino, aunque el tramo en el que iban seguiría derecho por un rato más. Chico Bestia iba detrás de ella, y Supergirl y Starfire cuidaban la retaguardia.

Habían permanecido en silencio por unos minutos, excepto quizás por unas cuantas indicaciones ocasionales de Terra, que casi se sentían que los hacían dar vueltas sobre sí mismos. La tensión era bastante latente entre ellos en esos momentos, y en efecto no todo era directamente relacionado a la situación actual.

Terra frecuentemente miraba sobre su hombro a Chico Bestia, que avanzaba con algo de desgano en su andar, y con su mirada más puesta en sus propios pies que en el camino. De pronto, la joven rubia poco a poco fue desacelerando el paso, hasta colocarse justo a un lado de él.

– Garfield, necesitamos hablar. – Le murmuró despacio.

– No me llames por ese nombre. – Le respondió cortante, mirando al lado contrario.

– Pero cuando estábamos encerrados, tú me dijiste…

– ¡Yo no te dije nada! ¡Se lo dije a Tammy!

Ese último comentario fue tan fuerte y poco discreto, que todos los demás lo oyeron, sin necesidad de tener súper oído. Terra se sentía ya bastante frustrada con toda esa situación.

– Yo también soy Tammy. – Suspiró despacio. – Escucha, sé que estás molesto, y que éste no es el mejor momento para solucionarlo. Pero necesitamos saber que podremos confiar lo suficiente el uno en el otro, si vamos a tener que pelear juntos.

– No necesito que me lo digas. Mi prioridad es rescatar a Raven, y no haré nada que estropee eso. ¿Y tú?

– No, claro que no. – Susurró con algo de pesar. – Yo ayudé a meter a Raven en todo este embrolló, y haré lo que sea necesario para salvarla. Y de la misma forma, te prometo que… sin importar qué tenga que hacer… hallaré la forma recuperar tu confianza… otra vez…

Chico Bestia se extrañó un poco por esas palabras, pero principalmente por el tono casi melancólico con el que las habías dicho. Más que una promesa, sonaba casi como… una despedida. Antes de que pudiera responderle, e igual no estaba muy seguro qué diría, o si quería siquiera decir algo, Terra se adelantó de nuevo a su posición original, y el chico de piel verde sólo fue capaz de ver su espalda, y su larga cabellera rubia cayendo sobre ésta.

La conversación en verdad no había sido nada discreta. Aun así, Robin, Cyborg y Starfire, no parecían del todo interesados en ella, o al menos fingían no estarlo. Pero Supergirl era otra historia; ella sí había escuchado con mucho detenimiento toda la plática, palabra por palabra, y visto expresión por expresión, lo que las luces de Cyborg y Robin le permitían. Luego de que Terra volvió a su posición y de nuevo todo fue silencio, la Kryptoniana flotó un poco, separando apenas unos centímetros sus pies del suelo, y entonces dejó que Starfire avanzara lo suficiente para ponerse a su lado, y comenzar a flotar a su lado mientras caminaba.

– Oye, aquí entre nosotras – Comenzó a susurrarle muy despacio a la pelirroja, con la clara intención de que sus palabras fueran más discretas que las de sus acompañantes. –, ¿qué pasa entre Chico Bestia y Terra? Sé que me explicaron que ella era parte de su equipo y los traicionó… pero es más que eso, ¿verdad?

Starfire miró sutilmente al frente, más específicamente a los aludidos con el comentario de Supergirl.

– Chico Bestia y Terra fueron… muy cercanos el uno con el otro. – Comenzó a explicar, con cautela en su voz. – Creo que él se siente más lastimado que nosotros por todo lo que pasó.

– Muy cercanos, entiendo. – Comentó la rubia, con un tono astuto; le fue bastante claro qué era lo que trataba de decir con dichas palabras. – En este sitio nunca pasa algo aburrido, ¿verdad?

Starfire no le respondió nada. Ella, aparentemente, seguía muy concentrada en otra cosa. Desde que llegó a la ciudad esa tarde, la había notado un tanto diferente a como de costumbre. Durante la pelea con Raven no fue tanto, pero una vez que las cosas se calmaron, y especialmente al llegar a la Torre, se volvió más que evidente. No radiaba la misma contagiosa alegría del día en que la conoció por primera vez, sino más bien todo lo contrario. Y no era directamente por el asunto con el que estaban lidiando, de eso estaba segura; de hecho, tenía una pequeña teoría de qué era en realidad. No había mencionado nada ya que no lo consideraba buen momento… e igual ese tampoco lo era, pero ya qué.

– ¿Y qué pasa entre Robin, Raven y tú? – Comentó de pronto sin muchos rodeos, tomando por sorpresa a la Tamaraneana, quien la volteó a ver, sin poder decir nada. – No fingirás que no sabes de lo que estoy hablando, ¿o sí? De lo que pude llegar a captar con seguridad de toda esa larga y extensa explicación que nos dio Raven, y la llegada inesperada de sus supuestos hermanos… algo está pasando o pasó entre ella y Dick, ¿cierto?

Starfire agachó su mirada, pensativa.

– Algo así.

– Oh, así de serio. – Exclamó, algo preocupada por esa reacción tan melancólica. – ¿Y cómo te sientes con eso? Desde la primera vez que vine, pensé que Robin y tú eran algo.

– Somos algo. – Se apresuró la pelirroja a responder. – Somos… amigos… sólo amigos.

– ¿Enserio? Porque tú cara parece reflejar que apenas te vas enterando de eso.

No recibió respuesta alguna; Starfire siguió viendo al suelo, de la misa forma que antes. Supergirl sólo pudo suspirar, resignada.

– De acuerdo, no me meteré en donde no me llaman. Pero quiero que sepas que si ocupas hablar o algo, aquí estoy. ¿De acuerdo?

Terminó sus palabras con un pequeño guiño de su ojo derecho. Starfire al fin alzó de nuevo su mirada hacia ella, y le sonrió levemente.

– Gracias, Kara.

– Para eso estoy.

Supergirl se adelantó de nuevo para colocarse entre Starfire y Chico Bestia, y así no perder la formación.

Starfire intentaba despejar su mente y concentrarse en la misión, como bien le había dicho a Robin que debían… pero no podía hacerlo. Esperaba que ya en el momento de la verdad, al estar frente a frente con el enemigo, pudiera enfocarse y luchar con todas sus fuerzas, como bien Chico Bestia había afirmado que haría. Si no podía hacerlo, pondría en riesgo a sus amigos, incluida la propia Raven.

– Debemos tener cuidado, ya estamos cerca. – Indicó Terra de pronto, haciendo que todos se pusieron en alerta en su andar.

Aunque dijera que estaban cerca, el túnel se veía casi sin fin. Al frente sólo veían oscuridad, salvo pequeños fulgores de velas.

– Terra, quiero preguntarte algo. – Escucharon que Robin comentaba, mirando a la joven rubia sobre su hombro. – ¿Conoces bien los poderes de Jared y los otros? ¿Sabes cómo funcionan? Combativos con ellos cuando se llevaron a Raven, pero nuestro desconocimiento de sus habilidades nos terminó jugando chueco. Eran bastante extraños para nosotros, y no pudimos hacerles frente como es debido.

Terra lo miró, algo extrañada por su pregunta, aunque luego volteó hacia techo, pensativa.

– Sólo sé algunas cosas. – Respondió. – Jared no sólo controla el fuego. Su fuego de hecho se alimenta de su propia ira y de sus enemigos, o incluso la de sus propios hermanos. Mientras más ira tenga disponible, su poder se vuelve mayor.

Eso explicaba un poco cómo había logrado dejar fuera de combate a Raven en el último momento de su pelea. ¿Así que funcionaba en base a ira?, lo curioso era que las pocas veces que lo habían visto, se le veía muy tranquilo.

– Jacqueline puede manipular la gravedad en un área determinada, ya sea disminuirla, aumentarla o anularla por completo. John, el chico de gran tamaño, puede manipular su masa a voluntad, y su piel es bastante resistente. Jack puede hacer que los movimientos de aquellos en los que pone su mirada se lentifiquen tanto, que prácticamente los deja inmóviles; pero tiene que tener su mirada fija en su objetivo para que funcione.

Concordaba con lo que habían visto esa tarde, pero ahora tenían mejor claridad de lo que habían estado enfrentando. Cyborg había llegado a suponer que el poder de esa chica de vestido negro, podía tener algo que ver con la gravedad, pero no pensó que realmente fuera posible que alguien pudiera hacer algo como eso por cuenta propia. Y era bueno confirmar que el chico que los paralizó, sólo puede hacerlo si los está mirando fijamente; ese conocimiento podía darles una ventaja.

– ¿Qué hay de la chica rubia y rizada? – Escucharon desde atrás que Supergirl cuestionaba con interés. – ¿Ella exactamente qué es lo que hace?

De los seis, ella era quizás la que más confusión les causaba a todos, especialmente a la propia Supergirl. No todos los días se encontraba con alguien que fuera capaz de derrotarla con un sólo par de golpes, especialmente sin poder entender cómo es que lo había logrado.

– ¿Jessie? – Contestó Terra. – Su poder es un poco confuso; yo misma no lo entiendo muy bien… Pero creo que puede de alguna forma leer o percibir todas tus inseguridades y usarlas a su favor.

– ¿Qué? – Soltó Supergirl, confundida, aunque no era la única con dicho pensamiento.

– Sí, por lo que he visto, toma aquello a lo que le tienes miedo, a lo que te sientas inferior, que tú sientas en el fondo que puede derrotarte, o a lo que le tienes celos o envidia… Y usa ese sentimiento en tu contra. Ella me dijo una vez que no vence a sus enemigos, sino que “ellos se vencen a sí mismos”.

– Espera, eso no tiene sentido. – Exclamó Kara, algo exaltada. Se elevó y flotó hasta ella, para ponerse a su lado; su expresión era casi acusadora. – Yo no me vencí a mí misma, ¡yo la vi como si fuera Superman, y como si tuviera sus mismos poderes! ¡Y me golpeó como si fuera así!

– Bueno… Quizás fue así, porque tú sientes que no eres tan fuerte como Superman, y por lo tanto él podría derrotarte con facilidad. Y de esa forma te derrotó: usando ese sentimiento.

Supergirl se quedó muda ante esas palabras. Se le veía molesta, pero también sorprendida.

– Entonces no es tanto que pueda imitar los poderes y la apariencia de otra persona. – Concluyó Robin. – Sólo hace que su oponente lo crea así.

– Más o menos.

El túnel parecía irse ensanchando en un punto, hasta volverse el doble, o incluso más, de espacioso; igualmente el techo se fue haciendo cada vez más alto. Ese cambió podría quizás significar que en efecto estaban cerca del final.

– ¿Y qué hay del otro? – Añadió Cyborg poco después. – El de pelo azul puntiagudo. Él no hizo nada durante la pelea, ¿qué poderes tiene?

– Supongo que hablas de Jacob. Lo siento, yo tampoco lo sé. Nunca lo he visto usar alguna habilidad diferente a la que todos los demás tienen. No sé si la tenga realmente, aunque yo no bajaría la guardia igual…

Sus palabras se interrumpieron de golpe, por un fuerte estruendo que provenía de más adelante en el túnel. Todos se detuvieron en seco, y centraron su atención al frente, justo cuando las luces de Robin y Cyborg proyectaron una enorme roca dirigiéndose directo hacia ellos.

– ¡Cuidado! – Exclamó Robin, y de inmediato todos se lanzaron hacia los lados para esquivar el ataque, a excepción de Supergirl, que en lugar de ello salió disparada al frente, destruyendo la roca con su puño para volverla cientos de pedazos.

– Pero si son los Titanes. – Escucharon que una voz femenina pronunciaba más adelante en el eco del lugar.

Todos intentaron recuperarse lo antes posible, ante la inminente llegada del enemigo. Al principio no fueron capaces de verlos, pero luego se volvieron muy claros. Suspendidos en el aire cerca del techo, se hallaban tres figuras; tres de los hermanos de Raven: Jessie, la chica de cabellos rubios y rizados; John, el chico robusto y cabeza casi rapada; y Jack, el de complexión delgada y chaqueta de cuero. Jessie se encontraba al frente de los otros, y los miraba desde arriba con una sonrisa cargada de superioridad.

– Y nuestra vieja amiga, Terra. – Comentó, al centrar su atención en ella. – ¿Significa esto que nos has cambiado?

Terra permaneció seria ante la mención. Apretó sus puños con fuerza, y se colocó en posición al igual que el resto.

– Esa chica otra vez. – Comentó Supergirl, intentando reflejar seguridad en su tono, aunque lo cierto era que su presencia le causaba una gran incomodidad.

Los tres descendieron lentamente, hasta que sus pies tocaron el suelo, colocándose justo entre ellos y el resto del túnel.

– No tenemos tiempo que perder. – Susurró Robin a sus compañeros. – Debemos avanzar rápido.

– Tú sigue adelante, Robin. – Escucharon de pronto que Starfire pronunciaba, avanzando hasta colocarse delante del chico de antifaz, pero sin dirigirle la mirada ni un instante. – Tú debes llegar hasta Raven y salvarla. Sólo tú puedes…

Robin se sorprendió al escuchar tales palabras, pero principalmente por la seriedad tan solemne y poco característica en ella que había usado. La Tamaraneana miraba fijamente a sus oponentes al frente, apretando sus puños con fuerza y… ¿rabia?

– Ella tiene razón. – Secundó Cyborg, un rato después. – Nosotros nos encargaremos de estos tres. Que Terra te guíe hasta donde tienen a Raven.

Al ser mencionada, Terra simplemente asintió con su cabeza, mostrando de esa forma su aprobación al plan.

– Yo los acompaño. – Intervino Chico Bestia de pronto, dando un paso al frente y tomando por sorpresa a Terra.

– ¿Estás seguro? – Le cuestionó Robin, virándose hacia él sobre su hombro.

El chico verde miró de reojo a Terra a su lado, y luego miró de nuevo al frente, decidido.

– Alguien tiene que cuidarte las espaldas por si acaso. – Murmuró de pronto en un tono acusador, que Terra no hizo más que enfadarle incluso más de lo que ya estaba.

– Eres tan… – Intentó decir algo, pero prefirió mejor guardárselo. – No importa…

Robin sabía que esa situación entre Terra y Chico Bestia, tenía el potencial de causarles graves problemas. Pero no era ni el momento ni el lugar para intentar remediarla. Tendría que confiar en que cómo habían dicho sólo unos minutos atrás, serían capaces de sobreponerse a ello cuando fuera el momento de la verdad… ya que dicho momento había llegado.

– De acuerdo. – Exclamó Robin con firmeza, sacando su vara y sosteniéndola con una mano hacia atrás. – Cyborg, Starfire, Supergirl; cúbranos. Chico Bestia, Terra, ¡síganme!

Sin tener que decir más, el joven maravilla se lanzó al frente con rapidez, seguido por detrás por sus otros dos compañeros. Corrían directo hacia donde continuaba el túnel, pese a que Jessie y los otros dos lo obstruían.

– Cómo si se lo fuéramos a permitir tan fácil. – Susurró Jessie con soberbia.

Jack dio entonces un paso al frente, y se dispuso a clavar su mirada en los tres. Robin, sin embargo, logró darse cuenta de ellos.

– ¡Sepárense! – Indicó con fuerza, y aprovechando la anchura de esa parte del túnel, él siguió de largo, Chico Bestia se dirigió a la derecha, y Terra a la izquierda.

Jack tuvo que centrar su mirada en uno, y eligió a Robin, que era el que se dirigía directo a ellos. Cundo sus ojos, brillando de verde y miraron al chico, éste se detuvo como estatua a mitad de su camino. Sin embargo, como bien había dicho Terra, sólo fue capaz de detenerlo a él, y no a los otros dos, que intentaban sacarles la vuelta para seguir por el túnel.

Al mismo tiempo, Cyborg y Starfire comenzaron a disparar contra Jack desde su posición, forzándolo a desconcentrarse. Giró de inmediato su mirada a Cyborg unos segundos, paralizándolo, pero Starfire se elevó, casi pegada al techo, y lo atacó desde arriba. Se volvió a mirar hacia ella, ahora deteniéndola en el aire, y Cyborg fue quien le siguió disparando, y de esta forma Robin fue capaz de pasarlo y seguir a sus dos compañeros.

John rápidamente saltó hacia atrás varios metros, y su cuerpo se fue ensanchando, hasta cubrir todo el túnel con él y taparles el paso. No se detuvieron aun así. Chico Bestia tomó la forma de un gran elefante, que apenas y cabía en el lugar, y tacleó el gran cuerpo que los detenía. Éste sin embargo, pareció estirarse, pero no doblegarse. Terra intervino entones, chocando sus manos contra el suelo y haciendo que éste se abriera en dos y la mitad del cuerpo de John cayera en la abertura. Chico Bestia cambió de inmediato a la forma más pequeña de un mono, y pasó por encima de la cabeza de John; Terra y Robin le siguieron un instante después.

Jessie en todo ese momento se quedó de pie en su sitio con los brazos cruzados, mirando todo en silencio; ni siquiera pareció interesada en hacer el intento de detenerlos. Sólo miró sobre su hombro como pasaban sobre John y se perdían en el túnel.

– Supongo que Terra les habló un poco de nuestros poderes. – Concluyó con tranquilidad, girándose lentamente al resto de los Titanes. – Pero sí creen que eso les da una ventaja sobre nosotros… están equivocados…



Los labios de Jessie formaron una mueca torcida que quizás intentaba simular una sonrisa, pero no era ni cerca una que alguno de los tres pudiera identificar como feliz o amistosa. Starfire descendió de nuevo con sus compañeros, y John y Jack igualmente intentaron recuperarse y colocarse a lado de la rubia.

– Lo siento, hermana. – Se disculpó el chico robusto, bajando su mirada con pena.

– No te preocupes. – Comentó Jessie, sin mutarse. – Ellos tres solos no podrán pasar a Jacqueline, y menos a Jacob. Por lo pronto, entretengamos a estos tres…

Jessie dio sólo dos pasos al frente, y eso fue suficiente para poner a los tres Titanes aún más en alerta. Intentaban disimularlo, pero lo cierto es que se sentían un tanto nerviosos, sobre todo Supergirl, quien miraba a la chica de cabello rizado con molestia en sus ojos, pero su mano derecha le temblaba ligeramente; la tomó con fuerza con la izquierda, para intentar calmarla.

– No puedo enfrentarme de nuevo a esa chica…  – Murmuró la Kriptoniana en voz baja, sólo para sus dos compañeros.

No era ella directamente la que provocaba esa abrumadora incomodidad, sino lo que le hizo ver, y aún podría hacerle.

– Si lo que dijo Terra es cierto, creo que ninguno puede. – Señaló Cyborg, algo pensativo. – Yo no creo tenerle envidia alguien o sentirme menos que alguna persona en específico… Pero tampoco estoy seguro si quiero averiguar si es así o no.

– Así que también ya saben lo que puedo hacer. – Comentó Jessie, divertida al ver su incertidumbre. – ¿Están seguros de que ninguno quiere dar un paso al frente para enfrentarme? No tengan miedo. – Alzó su mano derecha en ese momento, haciéndoles con su dedo índice el ademán de que se le acercaran. – Muchas veces puede ser una experiencia muy… esclarecedora…

Los Titanes siguieron inmóviles por unos segundos más, sin responder a tales provocaciones. En ausencia de Robin, recaía en Cyborg la responsabilidad de fraguar un plan de acción. Con el chico que paraliza parecía sencillo actuar, si lo atacaba más de uno; el problema recaía en que eran tres contra tres, por lo que no contaban con la ventaja numérica suficiente para ello; si tan sólo Chico Bestia no hubiera decidido irse de esa forma…

El otro chico podría ser difícil, pero estaba seguro de que Supergirl con sus poderes, podría arreglárselas contra él. Pero esta chica rubia era otra historia totalmente diferente…

De pronto, para sorpresa del chico mitad máquina, Starfire volvió a dar un paso al frente por su cuenta.

 – Yo lo haré. – Murmuró en voz baja, mirando a los otros dos por el rabillo de su ojo izquierdo.

– Starfire, ¿estás segura? – Cuestionó Supergirl, perpleja. – Ya oíste lo que dijo Terra; ella usa tus inseguridades y miedos a su favor.  Y tú en estos momentos…

Starfire era más que consciente de lo que Supergirl quería decirle. Si esa chica alimentaba sus poderes de las envidias, los miedos y la confusión… Entonces ella sería en ese momento un banquete entero, gracias a todo lo que le cruzaba por la cabeza.

Sin embargo, había algo que quizás podría ser cierto en lo que esa chica acababa de decir: enfrentarla podría ser “esclarecedor”.

– Estaré bien. – Recalcó Starfire, intentando demostrar la mayor seguridad posible.

Cyborg no tenía ninguna otra alternativa para debatir su decisión; debía confiar en su compañera y esperar que fuera lo que fuera que planeara, funcionara a su favor.

– Entonces nosotros encarguémonos de los otros dos, Supergirl. – Comentó el Víctor en voz baja. – Si cualquiera enfrenta por sí sólo al chico de la chaqueta, no podrá hacer mucho. Pero Terra dijo que no te detenía por completo, sino más bien ralentizaba. Quizás con tu velocidad puedas moverte con mayor libertad que cualquiera de nosotros.

– Puedo intentarlo… ¿Pero crees poder encargarte del otro sujeto tú solo?

– Hey, no seré Supergirl o Superman, pero puede arreglármelas bien por mi cuenta. – Le respondió con una sonrisa confiada. – ¿Listas?

– ¡Listas! – Respondieron tanto Kara como Kory al mismo tiempo.

– ¡Titanes…!

– ¡Al ataque! – Secundó Starfire de golpe, sacando de contexto a Supergirl.

– Ah, ¿debía gritar eso…? – Antes de responderle algo, tanto Cyborg como Starfire se lanzaron al frente, por lo que ella se apresuró para alcanzarlos.

Sus tres contrincantes los aguardaban.

– – – –

Robin, Terra y Chico Bestia siguieron derecho, a la mayor velocidad que la luz del cinturón de Robin y las escasas antorchas en las paredes les permitían. En el eco de aquel largo pasadizo, lograron escuchar los sonidos lejanos de la pelea que se había empezado a suscitar detrás de ellos.

– ¿Estarán bien los demás? – Cuestionó Chico Bestia, algo dudoso, mirando sobre su hombro por dónde venían.

– Debemos confiar en que sí. – Respondió Robin, con su atención puesta en el camino. – Nuestra prioridad es llegar hasta Raven.

Por indicación de Terra, dieron una vuelta rápida en una esquina, y siguieron por un tramo más oscuro.

– ¡Por aquí! Es un poco más adelante. Sólo hay que seguir derecho y…

De pronto, sus palabras, al igual que sus pasos, tuvieron que ser abruptamente detenidas, cuando de la nada sus cuerpos enteros se abalanzaron con rapidez y fuerza contra el suelo, como tres pesadas rocas, quedándose prácticamente estrellados contra éste, incapaces de moverse con libertad.

– No… otra vez… – Masculló Chico Bestia, reconociendo de inmediato esa horrible sensación de aplastamiento.

Los tres intentaban alzarse con sus piernas y brazos, pero era inútil; justo como lo había sido hace unas horas en la Torre.

– Terra, Terra, Terra. – Escucharon que una voz pronunciaba entre las sombras al frente, seguida después por el sonido de tacones contra el empedrado.

Como les fue posible, alzaron sus miradas en dirección a quien les hablaba: la joven de cabello castaño y corto, vestido negro entallado, y estola. Se paró justo delante de ellos, con sus manos enguantadas en su cintura, y toda su soberbia dibujada en sus labios. Los miraba hacia abajo, como si mirara algo de lo más insignificante y patético.

– Así que ahora nos traicionaste a nosotros. – Prosiguió, usando el mismo tono irónico. – No debería de sorprenderme. Traicionar al parecer está en tu ADN, ¿no es así?

– Jacqueline. – Comentó la rubia entre dientes.

Terra les había dicho que esta chica controlaba de alguna forma la gravedad; la aumentaba o disminuía. Era una habilidad bastante aterradora, y el hecho de que los tuviera de esa forma contra el suelo y a su entera merced, era la prueba tangible de ello.

– Ustedes quédense ahí acostaditos, mientras mi hermano mayor se encarga de todo. ¿De acuerdo?

Remató su comentario con un coqueto, aunque igualmente amenazante, guiño de su ojo derecho.

– ¿Qué tal si no? – Fue la respuesta tranquila de Robin, antes de abrir su puño izquierdo, y dejar rodar hacia el frente tres pequeñas esferas metálicas, que se aproximaron hacia los pies de la joven, estallando en una fuerte luz blanca.

Jacqueline gimió, y retrocedió rápidamente, cubriéndose los ojos tras haber sido enceguecida por el resplandor. Esto al parecer la distrajo, y los tres pudieron liberarse de su opresión. De inmediato, y antes de que se recuperara. Chico Bestia se le aproximó en forma de gorila verde, y la golpeó con sus grandes puños, haciendo que azotara contra la pared. Se le volvió a dirigir con la intención de seguirla atacando, pero a medio camino el cuerpo del Titán se elevó en el aire, chocando contra el techo. Luego volvió a bajar abruptamente, chocando ahora contra el piso y haciendo que recobrara de nuevo su forma verdadera.

La chica de piel gris, intentó mirarlo, pero sus ojos le seguían molestando. Se los tallaba e intentaba enfocar su mirada en él, pero sólo lograba ver figuras borrosas entre las sombras. En cuanto dio un pequeño paso al frente, se dio cuenta de que su vestido se había rasgado un poco del área de la falda, y ensuciado tras ese golpe de paso.

– ¡¿Tienes idea de cuánto vale este vestido, insecto?! – Le gritó totalmente fúrica, acercándosele para pegar su zapatilla derecha contra su cabeza, y aplastarla aún más contra el piso.

– ¡Déjalo en paz! – Se escuchó a Terra exclamar, justo antes de hacer que decenas de pedazos del suelo se desprendieran y fueran lanzadas contra ella de golpe.

Sin soltar a Chico Bestia, y con sólo virar su rostro en dicha dirección, los proyectiles, o al menos la mayoría de ellos, salieron volando en diferentes direcciones, casi todos hacia arriba y hacia abajo, pero al menos cuatro o cinco siguieron su camino. Y al no poder ver aún con claridad, estos terminaron golpeándola, y obligándola a retroceder.

Mientras se intentaba recuperar de ese último ataque, por el rabillo del ojo pudo ver como una silueta oscura se movía hacia Chico Bestia, lo tomaba, y luego desaparecía de su rango visión. Miró alrededor, y también Terra había desaparecido. Se quedó quieta unos momentos, rodeada al parecer sólo de sombras.

Se tallaba sus ojos con insistencia; aún le molestaban tras esos destellos.

– Tu poder no afectó a las bombas de luz cuando las solté. – Escuchó la voz de Robin decir a su alrededor, resonando en el eco. – Eso quiere decir que no afectas áreas, sino cuerpos físicos específicos, ¿no es así? Tienes que saber exactamente contra qué o quién vas a usar tus poderes.

– Muy listo. – Murmuró Jacqueline, irritada. – ¿Por eso usaste esas bombas? De seguro las traías ya en tu mano para usarla contra Jack, ¿no? Ya veo que por algo eres el ayudante de Batman.

– ¡Ya no soy ayudante de nadie!

Desde las sombras justo a sus espaldas, la figura ágil de Robin se le lanzó encima, empuñando su báculo con ambas manos, con la obvia intención de golpearla directo con él. Sin embargo, su intento se vio frustrado, ya que como hace unos momentos, su cuerpo se volvió a desplomar al suelo estando a sólo unos cuantos centímetros de lograr asestar el golpe, y su báculo salió volando de sus manos; todo esto, sin que Jacqueline se volteara siquiera a mirarlo.

– Pero te equivocaste en algo. – Comentó confiada, girándose lentamente hacia él, al parecer con sus ojos ya recuperados. – A diferencia Jack, yo no necesito ver a mis enemigos… – Chico Bestia y Terra se le aproximaron en ese momento, cada uno por un costado, pero el resultado fue el mismo; igualmente terminaron contra el suelo, y a sus pies. – Sólo saber exactamente en dónde están. Y cada movimiento brusco y agresivo que hacen, agitan el espacio a mi alrededor. Así que no se pueden esconder de mí tan fácil.

Había sido un movimiento arriesgado, pero situaciones arriesgadas y de poca información como esa, ameritaban hacer movimientos como ese. Al parecer el alcance de su poder era aún mayor de lo que Terra les había dicho, o incluso de lo que ellos mismos habían presenciado en su enfrentamiento en la torre. Al menos ahora lo sabían, aunque hubieran tenido que llegar hasta ese punto para averiguarlo.

Jacqueline resopló con hastío, y luego intentó acomodarse su fleco con sus dedos.

– Pensaba simplemente dejarlos ahí en el suelo, en espera de que Jared decidiera qué hacer con ustedes.

Echó una mirada rápida a Robin.

– Supongo que a ti no te puedo hacer nada, ya que él no querrá hacer enojar a Raven… – La manera en que había pronunciado su nombre, reflejaba un nada disimulado sentimiento de fastidio, como si algo le hubiera dado asco. – Pero tus amigos son otra historia.

Olvidándose de Robin, cortó la distancia que la separaba de Terra y Chico Bestia, parándose justo delante de ambos.

– ¡Dé… jalos…! – Pronunció como le fue posible el joven de antifaz.

– ¿Por qué no me obligas, Chico Maravilla? ¿Ya no te quedan más trucos en ese cinturón?

Sí que los tenía, pero la opresión sobre él le impedía poder acercar su mano hacia él; literalmente no podía moverse, y era una sensación aún peor y más dolorosa de lo que Jack provocaba.

Jacqueline miró con interés a Terra y a Chico Bestia consecutivamente por un rato, hasta que su interés se centró por completo en éste último.

– Creo que empezaré contigo, por arruinar mi vestido.

Alzó su pie derecho unos centímetros, y luego lo dejó caer con fuerza contra el suelo. Como si dicho pie, o uno mucho más grande, lo hubiera aplastado, el joven de piel verde soltó un gruñido de dolor, y su cuerpo se retorció.

– ¡Agh!

– ¡Chico Bestia! – Exclamó Terra, casi horrorizada.

Gar cambió rápidamente de forma a un rinoceronte, pero su gran tamaño y fuerza no le ayudó para poder oponerse a la gran presión que se ejercía sobre él. El suelo debajo de sus patas, incluso parecía comenzar a agrietarse.

– Me preguntó qué tanta presión podrás resistir, antes de que tus huesos se hagan polvo. – Murmuró divertida la joven castaña, presionando más su pie contra el suelo, y por lo tanto presionando más al Titán.

Jacqueline se relamía los labios, encantada por la escena ante ella y por los gruñidos adoloridos que surgían de los labios de su víctima. Robin miraba todo desde su posición, totalmente lleno de frustración. Apretaba sus puños con fuerza, y maldecía en silencio. Si tan sólo hubiera sido más cuidadoso. Si tan sólo no hubiera estado con su cabeza pensando tanto en Raven y en lo ocurrido, quizás…

Y fue entonces que se dio cuenta: su cuerpo se sentía más ligero. Conforme ella ejercía más fuerza en Chico Bestia, parecía que reducía gradualmente la que ejercía en él. Pero si pasaba así con él, entonces también…

Terra apretó sus ojos y puños, llena de enojo. Sin embargo, los primeros se abrieron de golpe, más pronto que tarde, y ahora brillaban intensamente de un color dorado, que poco después le recorrió el cuerpo entero, e iluminó gran parte de la oscura cueva.

– ¡¡Nooo!! – Gritó con fuerza, y todo el sitio comenzó a temblar, tato que Jacqueline perdió el balance y se tambaleó hacia atrás.

Terra alzó como pudo su mano derecha, y luego la dejó caer contra el piso. Una larga columna de piedra se alzó justo debajo de los pies de Jacqueline, estrellándola contra el techo, y luego haciendo que lo atravesara sin que ella pudiera verlo venir siquiera, y desapareciera de sus vistas por unos instantes, junto con el efecto de sus poderes.

Una vez libre, Chico Bestia recuperó su forma y se dejó caer como trapo al suelo.

– Chico… Bestia… – Murmuró la joven rubia con debilidad. El brillo que le cubría se esfumó, y su cuerpo se desplomó sin ninguna resistencia.

Se le acercó a Garfield como pudo, sin poder levantarse mucho del suelo. Robin, por su parte, se recuperó mucho más rápido, y logró aproximarse a sus dos compañeros en cuanto le fue posible.

– ¿Estás bien, Chico Bestia? – Le cuestionó su líder, agachándose delante de él. Gar se alzó a duras penas, sosteniéndose su cabeza con una mano. Aun así, parecía estar entero, que era bastante ventaja.

– Totalmente adolorido, pero bien. – Respondió con simpleza, aunque no del todo jovial como siempre.

Se viró levemente hacia Terra, sentada a su lado, pero parecía no estar del todo dispuesto a mirarla fijamente.

– Gracias… – Murmuró despacio, sólo lo suficiente para que ella lo escuchara.

Terra agachó la mirada en otra dirección, posiblemente avergonzada. No era que esperara realmente una reacción mucho más expresiva de su parte… Pero no le hubiera molestado.

La columna de roca que había alzado comenzó a temblar, y a desintegrarse pieza por pieza… de seguro por la presión que estaba comenzando a acumularse en la cima de ella.

– ¡No puede ser! – Exclamó Chico Bestia, parándose de nuevo, aunque tuviera que ignorar todo el dolor que le recorría. – ¡¿Aún sigue con vida?!

– Al igual que Raven, sus cuerpos son más resistentes de lo que parecen. – Comentó Terra, parándose también. – Y ellos en especial, no tienen problema en dejar salir por completo sus lados no humanos…

– ¡Apresurémonos y sigamos adelante antes de que regrese! – Sugirió Robin, y sin esperar ni un instante comenzó a correr en la dirección a la que se dirigían antes de ser atacados.

Terra y Chico Bestia se disponían a seguirlo, pero la columna de roca se desplomó de pronto en ese mismo instante, creando una onda de roca y polvo que los empujó en direcciones contrarias: Terra y Chico Bestia por un lado, y Robin por el otro.

Entre tosidos, Terra logró divisar a Robin a lo lejos. Tuvo que pensar rápido, pero sobre todo actuar; se escuchaban ya los gruñidos de enojo brotar del gran agujero en el techo que se había formado. Extendió rápidamente su mano hacia el frente, y todos los escombros de roca y tierra se alzaron y juntaron, empujando a Robin más lejos por el túnel.

– ¡¿Pero qué…?! – Exclamó Robin extrañado, sintiendo como era empujado, y después lanzado varios metros adelante. Cuando se incorporó y miró atrás, todos los escombros que lo habían empujado, se conglomeraron por todo el alto y ancho del túnel, creando una pared que lo dividía a él de ellos.

– ¡¿Qué hiciste?! – Exclamó Chico Bestia, entre confundido y molesto.

El movimiento sin lugar a duda había alertado al joven verde. No iba a sentarse a esperar explicación alguna. Iba a tomar de nuevo su forma de rinoceronte, e intentar derribar dicha pared, pero Terra se le adelantó.

– ¡Tú sigue adelante, Robin! – Le gritó con todas sus fuerzas intentando que de esa forma lo escuchara del otro lado. – Sólo sigue derecho por ese túnel, y deberás llegar a la cámara principal de inmediato. ¡Rápido!

Chico Bestia se sorprendió mucho al escucharla decir eso, y Robin igual.

– ¡Vamos! – Prosiguió la rubia con insistencia. – ¡Tú lo dijiste! Raven es la prioridad. Ya viste de lo que esta chica es capaz. Aunque corramos, nos perseguirá y someterá de nuevo. Si nos quedamos aquí, al menos podremos entretenerla lo suficiente.

Robin dudó unos momentos. Aunque fuera una estrategia aceptable para él en la mayoría de las ocasiones, separarse no se sentía del todo correcto en esa ocasión, no con los enemigos que estaban enfrentando. Pero no había muchas otras opciones. Haciendo un cálculo frío de la situación, si se quedaban los tres a pelear, quizás podrían derrotar a esa chica al final, pero de seguro les tomaría bastante tiempo que no tenían; además de que había al menos dos enemigos más adelante esperándolos.

El tiempo apremiaba, y pararse ahí a cuestionarse qué era lo mejor, no ayudaba a aliviar dicha situación.

Él también debía pensar rápido, pero sobre todo actuar.

– ¡Tengan cuidado! ¡Confío en ustedes!

Dicho eso, comenzó a correr con todas sus fuerzas en la dirección que Terra le había indicado. Nada ni nada lo detendría de cumplir su misión.

Una vez que escucharon los pasos de Robin alejándose, los dos Titanes, o más bien el Titán y la ex Titán, que quedaron atrás, centraron su atención en el agujero del techo.

– Lo siento, me precipité. – Susurró despacio la ojiazul. – Debí haberte puesto también del otro lado.

– Igual no me hubiera ido. – Le respondió con normalidad, tomándola por sorpresa.

– ¿Por qué no?

Gar no respondió nada; ni siquiera la volteó a ver. Seguía en posición, mirando el agujero sobre ellos, y como fragmentos de roca iban cayendo de éste, a la vez que escuchaban como su enemiga se aproximaba.

– ¿Tienes alguna sugerencia para enfrentarnos a esta chica de frente? – Cuestionó con seriedad, luego de unos instantes de silencio.

– Ninguna… – Contestó Terra con pesar. – Parece que no conocía tan bien sus poderes como creía. Pero cuando estaba concentrándose en ti, dejo de aplicar algo de fuerza en nosotros dos. Parece que tiene un límite en la que puede ejercer al mismo tiempo.

– Lo cual no nos es muy útil, ya que no ocupa mucho para dejarnos a su merced.

– Supongo que no…

Un fuerte estruendo surgió del agujero, y la figura de Jacqueline descendió con fuerza, chocando sus zapatillas contra el suelo. Respiraba agitadamente, su cabello estaba desarreglado, y su vestido aún más sucio y maltrecho de lo que ya estaba antes. Sus ojos se habían tornado rojizos, y todo su cuerpo brillaba en la misma tonalidad.

No necesitaron más allá de un rápido vistazo, para darse cuenta de que se encontraba furiosa… muy, furiosa.

– ¡Miren lo que han hecho! – Exclamó exasperada, mirando sus propias ropas. – ¡Los odio! ¡Los odio!

Comenzó a chocar su pie con insistencia contra el suelo, haciendo que todo a su alrededor se agitara un poco. Las cosas se habían puesto al parecer aún más graves.

– ¿Crees poder pelear a mi lado, Chico Bestia? – Cuestionó Terra, alzando sus manos hacia los lados; éstas se cubrieron de inmediato de energía dorada.

– Debo intentarlo. – Fue la respuesta simple y directa del joven verde, tornándose de inmediato en un toro grande y oscuro.

Terra sonrió levemente al escucharlo.

Ambos se lanzaron contra Jacqueline al mismo tiempo, pero intentando rodearla por lados contrarios.

– – – –

Si había algo que Robin había aprendido en ese par de años como Titán, es que todos ellos eran mucho mejores y más fuertes cuando peleaban juntos. Esa era una lección que Batman jamás podría ser capaz de enseñarle. Aunque poco a poco se había rodeado de gente que lo ayudara y apoyara en sus misiones, el famoso héroe de Gótica al final era una persona bastante independiente y autosuficiente, además de desconfiada. Se había llegado a preguntar si acaso alguna vez había llegado a confiar en verdad en alguno de ellos; ¿o quizás realmente siempre pensó que podría hacer todo él solo?

Cuando Supergirl fue por primera vez de visita a Jump City, él le había dicho que era incapaz de saber cómo trabajar en equipo a causa de sus poderes. Pero los poderes no tenían nada que ver, ¿o sí? Batman no los tenía, y aun así no estaba seguro de que él tuviera más capacidad de cooperar con otros. Ni con ellos, su llamada “familia”, ni con la Liga de la Justicia.

Sabía que si seguía a su lado, tarde o temprano se podría convertir en alguien como él, alguien que ponía la misión por encima de cualquier cosa o persona. La muerte de Red Robin se lo reveló, y fue un factor importante para dejar esa ciudad, esa ciudad que sólo le había traído desgracias a su vida desde el momento mismo en que puso un pie en ella la primera vez. Y no sólo a él, no sólo a Red Robin, sino a cuanta persona querida llegaba a sus vidas, como si estuvieran malditos.

Dejar Gótica había sido lo mejor, pero no fue hasta formar su equipo, hasta que los Jóvenes Titanes se volvieron en una verdadera fuerza unida del bien, que pudo realmente sentir que había progresado y dejar todo aquello atrás. Y a lado de su equipo, era un héroe y una persona mucho más completa de lo que era cuando estaba solo, o cuando estaba en compañía de Batman o los otros.

Pero ahora ahí estaba, de vuelta en Gótica, y de vuelta corriendo solo por un oscuro y húmedo rincón. Tuvo que dejar atrás a sus amigos, con tal de cumplir su misión. Pero su misión era salvar a una de sus amigas más especiales; eso lo hacía diferente, ¿no? No era la primera vez que tenía que ponerse en una situación así, pero ese día, ese lugar, y las circunstancias que lo esperaban al final de ese largo túnel, lo hacían sentir que todo lo rebasaba.

Quizás habría sido buena idea ir directo a la Mansión, pedirle ayuda a Batman, y que él se encargara de esto. Desde su perspectiva fría y calculadora, quizás habría sido capaz de resolver todo ese embrollo en unos minutos, y de manera objetiva e imparcial. Pero para bien o para mal, Batman no estaba ahí. Quien estaba era él, y tenía que seguir adelante sin detenerse. Sólo él podía terminar con eso.

Pero, ¿y luego? ¿Qué pasaría si lograba salvar a Raven? ¿Qué pasaría si lograba una vez más prevenir que Trigon destruyera su mundo? ¿Qué era lo que pasaría después de eso? ¿Qué pasaría con Raven? ¿Qué pasaría con Starfire? ¿Con Terra? ¿Con él? Una parte muy profunda de su lado humano y temeroso, aquella que se suponía su lado héroe debía de cubrir y ocultar, tenía más miedo de que la misión terminara y tener que cargar con las consecuencias de todo ello.

Se sentía patético por estar pensando en todas esas estupideces en un momento así. Jared y sus hermanos quizás no habían sido los enemigos que más daño le habían hecho a su cuerpo, pero con tan sólo tocar unas pequeñas fibras sensibles en su equipo, que ni siquiera se había percatado de que estaban ahí o de que eran tan profundas, había logrado hacer dudar su convicción y estabilidad. Y eso, a la larga, los hacía aún peores.

Tan concentrado estaba en lo suyo, que su cuerpo prácticamente siguió corriendo por su cuenta, sin que él tuviera que indicárselo directamente. Sólo pudo reaccionar y ser consciente de su alrededor, cuando se percató de que ya llevaba largo rato corriendo, y aún no parecía verse siquiera de lejos el final del túnel, pese a que Terra le había dicho que ya estaban muy cerca.

¿Qué tanto faltaba realmente?

Sonidos de pasos no mucho más delante de su posición, lo pusieron en alerta, y lo hicieron frenar de golpe. Apagó la lámpara de su cinturón, y se ocultó entre las sombras, detrás de una roca. Las llamas danzantes de las antorchas, alumbraban un pasaje que venía perpendicular al túnel por el que él iba; parecía que los pasos venían de dicha dirección.

Terra le había dicho que sólo siguiera derecho. ¿Pero quién venía de ese otro túnel?

Jared y el otro chico, el de cabellos azules, seguían sin aparecer aún, y de momento representaban un grave peligro. El primero, porque había demostrado hace unas horas atrás que si se lo proponía, podía arreglárselas para rivalizar con el poder de la propia Raven. Y el segundo porque ni siquiera Terra conocía cuál era su poder.

Cualquiera de los dos que fuera, no podía bajar la guardia.

Había tirado su báculo tras el ataque de Jacqueline, pero aún tenía más armas. Tomó un bumerang en cada mano, pegó su espalda a la roca, y aguardó. Los pasos se fueron aproximando lentamente. Un halo de luz surgió de dicho túnel, y se fue acercando hacia el suyo. No logró ver con claridad quién era debido a lo oscuro; sólo veía la luz que brotaba de su mano, posiblemente de una linterna, y que su estatura y complexión correspondía a alguien similar a él o Raven, por lo que podría ser cualquiera de los otros hermanos.

No parecía percatarse de su presencia, pues inspeccionaba alrededor, pero no hacia dónde él se encontraba. Pensó rápidamente en cuál era el movimiento más inteligente: quedarse ahí y aguardar, esperando a que quizás regresara por donde vino y le dejara el camino libre. O, quizás, lanzarse al ataque sin perder el tiempo. La primera opción era más segura, especialmente si no conocía contra quién se iba a lanzar exactamente. Pero era a su vez la que menos aplicaba para el apuro que traía en esos momentos.

No lo pensó mucho más. Saltó sobre la roca, arrojando las dos armas en sus manos directo a la silueta del individuo. Éste al parecer lo notó, y rápidamente se lanzó a un lado para esquivarlos. En el mismo movimiento, apagó su linterna, quedando ahora ambos casi a oscuras, a excepción de las pocas antorchas.

Robin se le aproximó con sagacidad; moverse en cuevas oscuras, no era algo nuevo para él. Atacó de frente al extraño con sus puños, y éste a su vez lo repelió, a su misma velocidad y exactitud. Fuera quien fuera, parecía tan bien entrenado en el cuerpo a cuerpo como lo estaba él.

Luego de intentar golpearse o sostenerse el uno al otro, Robin logró al final tomarlo del brazo, y alzarlo sobre su cabeza, para azotarlo con fuerza contra el suelo. Tomando el mismo impulso del movimiento, saltó hasta colocarse sobre él, y lo sujeto del hombro con una mano, y con la otra tomó otro de sus bumerangs, listo para apuñarlo con él si era necesario.

Pero no lo fue.

Al estar en ese momento sobre su adversario sujetándolo, la luz de una antorcha cercana los iluminó a ambos, y pudo verlo con más claridad… y eso prácticamente lo paralizó.

La persona debajo de él era aproximadamente de su misma edad y estatura, tal y como lo pensó en un inicio. Llevaba una capucha con máscara, negra, que le cubría casi toda la cara, a excepción del área de la nariz y los labios, estando estos últimos pintados de un suave tono rosado. De detrás de su cabeza, sobresalía una cabellera rojiza que le llegaba hasta los hombros, un poco ondulada de las puntas. La capucha seguía hacia una larga capa, que ahora se esparcía por el suelo. Usaba además un traje color morado oscuro, con el símbolo un murciélago amarillo en el pecho; guantes negros, y botas altas del mismo color que estos.

– ¿Así tratas a una vieja amiga? – Comentó con un tono juguetón y despreocupado.

Si su apariencia no le había sido suficiente, su voz sí que lo fue.

– ¿Batgirl? – Exclamó totalmente estupefacto.

Su apariencia, su traje, su voz… todo concordaba. Pero algo no estaba bien; lo que veía, no podía ser cierto. No podía ser ella, ya que la persona que él conocía como Batgirl, ella…

– No… tú… no eres real… – Señaló, aunque incapaz de poder transmitir completa seguridad en su afirmación.

– ¿Y cuál es la alternativa, Dick? – Murmuró la chica debajo de él, esbozando a una coqueta sonrisa en sus labios rosados. – ¿Qué estás loco…?

FIN DEL CAPITULO 26

Notas del Autor:

¿Sintieron el capítulo algo apresurado? Perdón si fue así; creo que ya tengo algo de prisa inconscientemente, ya que ha comenzado al fin la batalla final. Se describe un poco los poderes de casi todos los hermanos de Raven, aunque creo que la mayoría ya habían más o menos quedado claros en los capítulos anteriores. Sobre la descripción que se da de Batgirl al final del capítulo, se basa principalmente en su apariencia que tiene en la serie The Batman, sin ningún motivo en especial más que el hecho de que creí que quedaría bien para el estilo de Teen Titans. No quiero decir con esto que sea la misma de dicha serie.

En fin, ¿cómo les irá a nuestros héroes como esto? Los próximos capítulos serán principalmente acción, peleas, golpes, y toda la cosa, por lo que posiblemente terminen siendo algo más largos de lo esperado (y por lo tanto tarden más en salir). Pero bueno, veamos dentro de poco cómo continua todo esto.

¡Nos vemos!

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Teen Titans: The Sinners. Han pasado unos cuantos meses desde que los Jóvenes Titanes derrotaron a la Hermandad del Mal, y volvieron a Jump City. Todo ha sido muy tranquilo desde entonces, pero las cosas están comenzando a cambiar. ¿Qué es esto que Raven ha empezado a sentir por su líder, Robin?, ¿Y quién es ese misterioso chico que afirma ser su hermano? Aunque siempre había logrado mantener en absoluto control sus sentimientos y pensamientos, estos cada vez parecen comenzar a dominarla. Y si no es capaz de aclarar su mente a tiempo, podría caer víctima de aquello que siempre temió, y arrastrar a todos sus amigos con ella…

+ «Teen Titans, la Serie Animada» © Glen Murakami, DC Comics, Warner Bros. Animation.

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