Fanfic Batman Family: Legacy – Capitulo 15. La Trampa

18 de febrero del 2017

Batman Family: Legacy - Capitulo 15. La Trampa


Batman Family: Legacy

Wingzemon X

Capítulo 15
La Trampa

Lunes, 29 de julio del 2013

Hacía mucho tiempo que no se disfrazaba para parecer una persona totalmente diferente y poder así obtener algo de información. Incluso durante su época como Nightwing, no era una táctica que acostumbrara hacer seguido. Bruce, por otro lado, era todo un maestro del disfraz. Él sí lo hacía seguido, y tenía una decena de personajes diferentes, para diferentes áreas del submundo de Gótica.

Esa noche, Dick se había arreglado el cabello para que se le viera canoso. Además, se colocó una mascarilla de látex sobre el rostro, que hacía ver sus facciones algo diferentes, además de dibujarle algunas arrugas, pero nada exagerado. Sus ropas eran además bastante modestas: una boina café, algo anticuada, un suéter verde, vaqueros azules, y zapatos cafés; las tres prendas, de apariencia algo gastada. Claro, no podía faltar el comunicador oculto en su oreja, pero eso nadie lo tenía que ver de preferencia.

Tomó el vehículo de apariencia más “normal” que tenía disponible, que de hecho resultó ser un viejo roll royce de ochentaiocho, así que tampoco era precisamente tan discreto, y se puso de caminó a Park Row, como lo había hecho hace unos días atrás. Pero ya no se dirigía al mismo edificio de departamentos que la vez pasada, sino unas cuadras más abajo por la avenida: un billar y bar de nombre McGee’s, iluminando el exterior con luces de neón a un estilo bastante retro. El lugar desde afuera se veía pequeño, y poco agraciado; precisamente el tipo de lugar que se imaginaba frecuentaba la persona que estaba buscando.

Quizás se había tomado demasiadas molestias con su apariencia; no se iba a infiltrar en algún cuartel enemigo ni nada así, sólo entrar a un bar y hacer preguntas. Pero la vez anterior que fue al barrio había ido prácticamente con su apariencia habitual, por lo que era mejor no permitir que se viera con tanta frecuencia la cara de Dick Grayson rondando por ahí; eso despertaría demasiadas preguntas.

Estacionó el vehículo en la acera del frente del bar, y se quedó ahí un rato, inspeccionando los alrededores desde el asiento del conductor. Estaba tranquilo, pero igual había personas entrando y saliendo cada cierto rango de minutos. Había alrededor de cinco motocicletas aparcadas al frente, y había un grupo de tres hombres en el acera, vistiendo lo que le pareció eran chaquetas de Los Mutantes; eso era mala señal.

¿Seguro que aún recuerdas cómo hacer esto, Dick? – Resonó la voz de Bárbara en su oído.

– No estoy tan oxidado, descuida. – Le respondió él, con marcada despreocupación. – Además, sólo voy a preguntar amablemente si saben algo.

¿Y eso cuántas veces ha resultado? – Escuchó ahora que intervenía Tim. – ¿Enserio crees que vas a encontrar algo útil en ese sitio?

– La vecina de Jason me dijo que frecuentaba este bar, y no es como que tengamos muchas otras pistas de en dónde buscar.

Valientes detectives resultamos ser. Bruce debe estarse riendo de nosotros… Si es que acaso se reía alguna vez.

Dick sólo sonrió, pero no respondió nada a ese comentario.

Una vez que terminó de revisar a la distancia, se bajó del vehículo, y caminó tranquilamente hacia el establecimiento. Los hombres afuera lo miraron de reojo cuando pasó a su lado, pero no le dieron importancia.

El interior era justo y cómo se lo imaginó: pequeño, con cuatro mesas de billar al fondo, y otras cinco mesas redondas para sentarse y beber, además de la barra con siete taburetes. No había mucha gente; sólo un grupo de cinco jugando en una de las mesas de billar, cuatro más sentados en una mesa, y por último dos en la barra, además del bartender, y un hombre musculoso a lado de la puerta que de seguro era el cuidador. Trece en total, sin contar a los tres de afuera, de los cuáles pensaba que al menos diez podrían ser una amenaza si las cosas se ponían violentas.

Le preocupó principalmente el grupo en la mesa de billar: todos usaban chaquetas de los Mutantes. Desde hace cinco años, cuando Bruce literalmente les partió la cara a todos sus miembros, se habían vuelto básicamente inofensivos; de hecho, poco o nada había quedado de la organización original, y ahora eran más pura imagen que otra cosa. Aun así, si los provocabas, podían ponerse bastantes violentos.

Se acercó tranquilamente a la barra, sentándose en el taburete que se encontraba más alejado de las dos personas sentadas. El bartender era un hombre alto, ligeramente fornido, de cabeza rapada, que usaba una camiseta negra sin mangas, ajustada. En cuánto lo vio sentarse, solamente lo miró con el menor interés posible y siguió secando algunos vasos con un paño blanco.

– Una cerveza, por favor. – Pidió con un tono algo sumiso, que de hecho le quedó bastante bien desde su perspectiva. El hombre fingió no escucharlo, y siguió en lo suyo por un rato más, antes de colocar de mala gana un tarro frente a él, y servirle directamente de la manguera del barril.

Definitivamente no era el empleado del mes, aunque de seguro la gente no iba ahí por su servicio.

 – Gracias. – Murmuró de la misma forma, tomando el tarro entre sus manos. Antes de que el hombre se alejara, lo llamó rápidamente. – Estoy buscando a una persona; me dijeron que frecuenta seguido este bar. Se llama Jason, Jason Haywood.

El Bartender lo miró fijamente, con sus manos apoyadas sobre la barra. Se quedó en silencio un largo rato, posiblemente meditando en cuál sería la mejor respuesta para dar.

– No lo conozco. – Murmuró de pronto; bastante más sencillo de lo que esperaba. Luego de ello, se apartó de él, con la intención de seguir en lo suyo.

– ¿Está seguro? Porqué me debe algo de dinero, y enserio necesito encontrarlo…

– Ponte en la fila. – Escuchó que alguien murmuraba a sus espaldas.

Lentamente se viró sobre su hombro; la escena que vio… en realidad no le pareció tan sorprendente. Los cinco Mutantes se habían aproximado, y estaban de pie a unos dos metros de él; dos de ellos aún tenían sus tacos de billar en las manos.

– ¿Para qué buscas a Jason exactamente? – Le preguntó el que estaba parado hasta el frente, un hombre alto y voluminoso, de piel oscura, y mirada más que amenazante.

“Grandioso”, pensó Dick. Fingió entonces algo de nervios ante de su presencia, y se les giró con cuidado sobre su taburete.

– No quiero problemas. – Balbuceó. – Sólo soy un viejo amigo de Jason.

– Sí, claro. – Murmuró el mismo hombre con ironía. – Jason Haywood no tiene ningún amigo.

Dick tuvo que contenerse para no reír; era la segunda persona que le hacía el mismo comentario. Al parecer, Jason se había encargado de hacerse una reputación por esos lares.

– Oh, pero, entonces sí lo conocen, ¿no?

– Vaya que sí. De hecho…

El pandillero extendió entonces su taco hacia él, pegando la punta con tiza contra su mentón, y empujando su cabeza un poco hacia atrás.

– Nos dio unos cuantos billetes, para que estuviéramos atentos por aquí. Y nos dijo que sí un chiquillo con cara de bonito venía a preguntar por él… lo tratáramos amablemente.

– Qué considerado de su parte. – Murmuró, actuando nervioso, aunque no tanto como la situación lo ameritaría. – Pero como ven, no soy un chiquillo, ni tengo cara de bonito.

No sé. – Escuchó que Bárbara comentó de pronto en su oído. – No te ves tan mal con ese disfraz, en realidad.

¿Qué se suponía que significaba eso? Igual no era precisamente el mejor momento para discutirlo.

– Muy bien, escuchen. – Comentó con un tono un poco alegre, parándose de su asiento y alzando sus manos. – Vamos a…

No le dio tiempo de terminar su frase, pues de inmediato lo golpeó con fuerza en la cara con el taco, justo en su mejilla derecha, haciendo que su cuerpo se girara, y quedara contra la barra.

Eso fue más que suficiente para acabar con su paciencia.

– Si así lo quieren…

En cuanto ese sujeto se le acercó por detrás con la intención de agarrarlo, Dick se giró rápidamente, lo tomó de su chaqueta, y le hizo una llave que lo mandó a volar hacia un lado, estrellándose contra los taburetes, y rompiéndolos.

Los demás se quedaron unos segundos sorprendidos por ese cambio, pero de inmediato se le lanzaron encima. Dick hizo alarde de sus habilidades, sobre todo por haber estado practicando esos días para recuperar el ritmo; ese sería en efecto un buen calentamiento.

Repelió a uno de una patada a la cara, y a otro con codazo en la nariz. Uno se le lanzó con cuchillo en mano, pero rápidamente lo desarmó, y luego lanzó hacia atrás de la barra, estrellándolo contra las botellas. Tomó luego el mismo taburete en el que estaba sentado, y lo estrelló contra la cabeza de uno, haciendo que se rompiera en pedazos, y éste cayera al suelo, bastante mareado. El primero de ellos se puso de pie e intentó tomarlo, pero Dick se escabulló de su agarre, y le clavó su rodilla en el estómago, para luego darle un cabezazo en la cara, que le retiró la boina de la cabeza.

Los tres hombres que estaban afuera, al escuchar toda la conmoción, entraron rápidamente, y se sumaron a la pelea de sus compañeros, como bien había esperado que pasara. Las personas en la mesa, y los otros dos en la barra, se apartaron hacia el área de las mesas de billar, para resguardarse. El bartender se había ido a la parte de atrás, y el guardia, por su lado, seguía sentado al lado de la puerta, y no movía ni un músculo; al parecer no les importaba tanto lo que podrían ocasionar… y por él estaba bien así.

El combate duró sólo tres minutos más, antes de que lograra dejar en el suelo, tanto a los que estaban dentro, como los tres que se les sumaron. Al último de ellos lo tomó del brazo, lo alzó y lo azotó con fuerza contra una de las mesas circulares de madera, rompiéndola en pedazos, y ahí se quedó tirado.

Una vez terminado con eso, se dirigió al que lo había atacado primero, qué parecía tener más autoridad pues era quien había hablado primero. Lo levantó casi inconsciente del suelo, lo sentó y pegó su espalda contra la pared.

– Vine aquí de buena voluntad, y no quería llegar a esto. – Le murmuró de forma algo amenazante en su tono. – Ahora, responde: ¿cuándo viste a Jason por última vez?

– Estuvo aquí anoche. – Respondió de inmediato el pandillero, ya nada interesado en ocultar algo; de seguro no habían sido tantos billetes los que les había dado. – Estuvimos jugando, y hablando sobre el rumor del barco que llegará esta noche.

– ¿Barco? ¿Qué barco?

– Uno del Pingüino. Al parecer es un nuevo cargamento de armas para reponer las que perdió la otra noche. Dicen que va a armar a todos sus hombres con armamento militar de última generación, y acabar con Máscara Negra de una vez por todas. Se va a prender el infierno en las calles dentro de poco.

Dick se quedó serio un rato, digiriendo lo que acababa de decir. Era escandaloso, pero no inesperado; era la clase de cosas que haría el Pingüino si se le provocara, especialmente si se le sumaba lo furioso que debía de estar luego de pasar esa pequeña temporada en prisión.

Sin embargo, algo no le cuadraba. No había pasado ni una semana desde el ataque a su otro barco, ¿y ya le llegaría un nuevo cargamento con “armas militares de última generación”? ¿Y cómo podría permitirse que un rumor así se esparciera tan fácil, que hasta hombres como esos lo supieran, sabiendo que Red Hood estaba a la caza de sus operaciones?

Había algo extraño ahí, algo que no le agradaba.

Soltó al hombre y lo dejó ahí en el suelo. Se dirigió hasta donde había caído su boina, y se la colocó en la cabeza. Antes de irse, sacó un fajo de billetes que había traído consigo, y dejó unos cuantos sobre la barra.

– Por las molestias. – Comentó, mirando al guardia en la puerta; éste sólo se encogió de hombros, y lo dejó pasar tranquilamente por la puerta.

– Oráculo, ¿escuchaste?

Claramente; y sé que a ti también te pareció extraño.

En efecto; era como si le hubiera leído la mente.

– Que Tim me vea en el puerto, y que traiga el Batwing.

Enseguida.

Se subió a su vehículo, y se dirigió rápidamente al refugio más cercano para cambiarse y prepararse. Tenía el presentimiento de que esa sería una larga noche.

– – – –

Por supuesto, a Jason también le pareció bastante extraño el rumor del cargamento de armas nuevo, sobre todo por lo fácil que le fue encontrar personas que había oído al respecto, incluido el lugar y hora de llegada. ¿Y ese asunto de que iba a empezar una guerra contra Máscara Negra con dichas armas?; creíble quizás, pero algo melodramático. Pareciera como si el Pingüino le estuviera extendiendo una invitación para asistir a dicho sitio, misma que él, por supuesto, estaba más que dispuesto en aceptar. Fuera una trampa o no, o estuviera transportando lo que estuviera transportando ese barco realmente, igual lo haría volar en pedazos como el anterior. Y si como regalo, el ave gordinflona estaba ahí para verlo, mucho mejor.

El verdadero problema que tenía era haber tenido que volar su escondite principal tras la intromisión de Dick y Tim, y por lo tanto sacrificando varias de sus armas y vehículos; en retrospectiva, quizás había exagerado un poco. Estuvo pasando los últimos días en su refugio secundario, y había usado gran parte de su repertorio de explosivos en el otro barco. Ahora le quedaban pocos, pero colocados en el sitio correcto, podrían hacer el suficiente daño. Lo ideal sería colocarlos justo en la cajas de carga, para volar las armas, y que las municiones de éstas hicieran el resto del trabajo; claro, si en verdad había armas en él.

Se comenzó a preparar apenas el sol se metió. Se colocó su traje completo, incluyendo la chaqueta. Se armó con dos pistolas automáticas a sus costados, dos más de menor calibre en los tobillos, y un rifle largo de asalto a su espalda. Adicional a ello, un par de cuchillos y granadas en su cinturón, además de claro, la maleta con los explosivos. Pasadas las diez, se dirigió al puerto en su motocicleta, y la ocultó entre las bodegas; tenía ya preparada en el agua, bajo el entablado, una moto acuática, totalmente negra. Bajó hacia la moto, y aguardó sentado en ella, mirando al horizonte con sus binoculares de visión nocturna.

La paciencia no era su mayor virtud; Bruce siempre se lo dijo, y él estaba más que consciente de ello. Mucho del trabajo de Batman, involucraba quedarse en un rincón oscuro y esperar; él odiaba esperar. Siempre había sido más de acción, de lanzarse al frente sin espera; golpear primero y preguntar después. Dick le dijo en una ocasión que sólo aprendería en valor de la paciencia, cuando su propia impaciencia terminara por meterlo en problemas… Y vaya que tuvo razón.

Aún le molestaba enormemente tener que quedarse sentado a esperar sin hacer nada, pero había entendido de mala manera que algunas situaciones ameritaban no hacer nada, hasta que fuera el momento justo. Si no lo hacías así… cosas malas podían pasar a veces.

Era ya casi la media noche, cuando al fin divisó algo a lo lejos: un barco. Por la hora, era casi seguro que fuera el barco que estaba esperando, pero igual debía cerciorarse antes de volarlo. Encendió la moto acuática, y se acercó con cautela, escondiéndose entre las sombras del agua. El barco avanzaba bastante lento, lo que podría indicar que también intentaba pasar desapercibido. Su apariencia era algo oxidada, casi parecía abandonado. En el casco, con letras blancas algo despintadas, se alcanzaba a leer: “Joseph Grant”, el nombre que dos de sus contactos habían mencionado.

Demasiado perfecto.

Sujetó la moto al casco con medio de unas correas con imágenes, y luego disparó un gancho hacia la barandilla de cubierta, para subir. Se quedó unos momentos colgado de la orilla, y se asomó con cuidado antes de subirse por completo. No había nadie en cubierta; todo se veía completamente solo. Sólo estaban las cajas del cargamento, de gran tamaño, y de colores rojos, blancos, y verdes.

Se subió rápidamente a cubierta, y con su rifle en mano comenzó a andar sigilosamente entre las cajas. Se dirigió hacia el puente de mando, y se asomó hacia adentro. Igualmente, no había nadie; pareciera que el barco se había puesto en piloto automático, con una ruta específica.

Todo eso le dio aún más mala espina; ¿en dónde estaba la tripulación? ¿No deberían estar más alerta ya que estaban más cerca de su destino? ¿No deberían ya estarse preparando para desembarcar? No tenía ni idea de lo que el Pingüino tenía planeado con haberlo atraído hacia ahí; quizás el barco estaba realmente solo, y tenía planeado hundirlo con él ahí. No sonaba tan descabellado.

Fuera como fuera, no se quedaría mucho tiempo para averiguarlo. Volvió a las cajas, y comenzó a inspeccionarlas, decidiendo cuales serían los puntos adecuados para colocar las cargas explosivas. Como no tenía muchas, debía de colocarlas de tal forma que las explosiones causaran el mayor daño posible. Logró colocar tres sin problema, pero justo cuando iba en camino de colocar la cuarta, escuchó algo… Rechinidos, sonidos metálicos y golpes, no muy lejos de su posición.

Tomó de inmediato su rifle con ambas manos, y pegó su espalda contra uno de los compartimientos. Se asomó discretamente hacia el pasillo entre las cajas, pero no notó nada. Todo, de hecho, estaba de nuevo bastante silencioso. Se dispuso entonces a avanzar, pero en cuanto se volteó, fue recibido de frente por un puñetazo directo en la cara, que su careta amortiguó en mayor medida, pero igual fue suficiente para ser lanzado hacia atrás, y caer al suelo. Una vez ahí, y aún antes de que pudiera levantarse o procesar lo ocurrido, pudo notar como todas las cajas de transporte, o al menos varias de ellas, comenzaban a abrirse una tras otra, y de su interior salieron decenas de hombres, todos vestidos con atuendos de combate estilo militar, armas de fuego, y como rasgo distintivo, todos usaban máscaras de dos colores: la mitad derecha negra, y la mitad izquierda amarilla.

Todos ellos se lanzaron de inmediato en su dirección, pero él reaccionó, alzándose de un salto, y comenzando a dispararles. Hizo que varios retrocedieran o cayeran, pero eran demasiados y venían de todas direcciones. Cuando ya estaban demasiado cerca, optó por el combate cuerpo a cuerpo, que igualmente le ayudó a repeler a varios con sus puños, sobre todo al usar sus guantes cargados con electricidad, y así abrirse paso. Al final, sin embargo, entre varios lograron someterlo, tomarlo de brazos, y piernas, y hacer que se arrodillara. La bolsa donde traía el resto de los explosivos, salió volando hacia un lado, lejos de él. Forcejeó con fuerza, y se veía que no les era del todo fácil sujetarlo; se ocupaba al menos cinco de ellos.

– Bienvenido a mi barco, querido amigo. – Escuchó una voz profunda y serena, pronunciando frente a él. Dejó entonces de pelear por un segundo, y se limitó a alzar su mirada en dicha dirección.

Quien lo había golpeado primero, se aproximaba hacia él, con el paso de sus pesadas botas resonando. Era un hombre alto, de complexión fornida, que usaba lo que parecía ser una armadura de cuerpo completo, con varias placas de un acero flexible, resaltando en ella los colores negro, gris, y bronce. Se veía que traía varias armas consigo, desde dos pistolas en su cintura, además de granadas, cuchillos, varios bolsillos de seguro con más de un artilugio escondido, y lo más resaltante, una espada katana colgando de su espalda. Usaba una máscara similar a la de los otros, pero de una apariencia más elaborada, y de color bronce en lugar de amarillo. Además, en el área negra de la derecha, no tenía orificio para su ojo; sólo del lado izquierdo.

Red Hood nunca lo había visto de frente antes, pero su apariencia era tan característica que no tuvo problema alguno en reconocerlo: Slade Wilson, alias Deathstroke.

Caminando a su lado, aunque un par de pasos detrás, venía alguien que resaltaba del resto de sus secuaces. Era una mujer joven, de no más de veinticinco años, que usaba una máscara de los mismos colores que la de él, pero con los lados contrarios, y sólo le cubría de la cabeza de la nariz hacia arriba; igualmente sólo tenía un agujero para los ojos, pero del lado derecho. De debajo de está, surgía una larga cabellera blanca y lacia, que le llegaba por encima de la cintura. Su piel era blanca, y sus labios eran rojizos y llamativos. Usaba una armadura de diseño similar a la del otro, pero mucho menos ostentosa y voluminosa. En su espalda portaba también espadas, dos en realidad, aunque de menor tamaño. La mueca de su boca, y la expresión de su único ojo visible, reflejaban cierta molestia perpetua, mientras lo miraba atentamente.

– Todos te esperábamos. – Añadió el hombre, una vez que ya estuvo justo frente a él, con un tono irritantemente irónico. – Pero en verdad no creí que fueras a llegar tan rápido… Y tan fácil.

– Vaya, pero si es Deathstroke. – Respondió Red Hood, transmitiendo indiferencia ante su presencia. – Me arriesgaré a decir que no eres el nuevo traficante de armas del Pingüino, ¿o sí?

– Para nada. – Comentó el hombre de la máscara, con tono divertido, y entonces acercó su mano derecha al mango de la espada que portaba detrás y la sacó de un sólo jalón. – Mi negocio actual es mucho más lucrativo: exterminar plagas indeseables a un precio razonable.

Agitó la brillante hoja del arma frente a él, y luego acercó la punta a su presa, pegando la filosa punta con la máscara roja de su rostro, y empujando su cabeza un poco hacia atrás. Red Hood, sin embargo, permanecía tranquilo.

– ¿Cobblepot te contrató sólo para matarme? Me siento halagado.

– Y deberías, por qué no sólo él te quiere muerto.

Ese último comentario lo confundió un poco. ¿A qué se refería? Definitivamente había mucha gente que lo quería muerto por diferentes motivos… Pero no tantos como para contratar a un asesino como Deathstroke para eso.

– Permíteme hacerlo, padre. – Pronunció con fuerza la joven a su lado, con una voz un poco rasposa, sacando sus dos espadas al mismo tiempo. – ¡Permíteme acabarlo por ti!

– ¿Padre? ¿Tienes una hija? – Comentó Red Hood, intrigado. – Jamás lo hubiera adivinado.

Deathstroke no le respondió. Retiró su arma de su cara, y retrocedió unos pasos, dándole espacio.

– Adelante, Ravager. Todo tuyo.

– ¿Ravager? ¿Qué clase de nombre estúpido es ese? – Recalcó Red Hood, claramente burlón, lo que a ella no le hizo nada de gracia.

– ¡Cállate! – Le gritó molesta, y avanzó rápidamente hacia él, sujetando sus espadas a los lados. – ¿Tienes algo inteligente que decir antes de que tome tu cabeza?

– No, y prefiero quedarme con mi cabeza en donde está, sino te molesta…



Con un discreto movimiento de su muñeca, un pequeño dispositivo fue lanzado desde debajo de su manga hacia la palma de su mano; era pequeño y rectangular, con un botón parpadeando rojo. Rápidamente lo presionó con su dedo pulgar, y al instante las tres bombas que ya había colocado y activado, explotaron al mismo tiempo, volando en pedazos varios de los compartimientos, y agitando ligeramente la cubierta.

Ravager se tambaleó, y se tuvo que sostener de la barandilla para no caer. Los hombres que sujetaban a Red Hood igualmente perdieron el equilibrio y la concentración ante las explosiones, y esa fue oportunidad suficiente para que se los quitara uno a uno de encima, mandando algunos a volar; uno casi golpeó a Deathstroke, pero éste se hizo a un lado tranquilamente para esquivarlo. De hecho, el mercenario se quedó de pie en su sitio, inmutable ante el cambio de escenario.

Una vez libre, debía repensar su situación, pero no lo lograría con todos esos sujetos poco agradables rodeándolo, por lo que rápidamente se abrió paso entre puños y disparos, comenzando a moverse entre las cajas para perderlos, no sin antes retomar su bolso con el resto de los explosivos, y otras armas que había traído. De inmediato, aquellos que seguían de pie fueron a su búsqueda.

– ¡Nos engañó! – Exclamó Ravager molesta, recobrando la postura, aunque algo tarde para detenerlo.

– Claro que lo hizo. – Comentó Deathstroke con notable tranquilidad, sorprendiéndola un poco. – ¿Enserio pensaste que sería así de sencillo? Debiste estar más alerta.

Lentamente viró un poco su cabeza hacia ella, mirándola de reojo por el único agujero de su máscara.

– ¿Qué ocurre? ¿Ya perdiste tus ánimos de combatir, acaso?

Ravager se sobresaltó al escuchar tales palabras, pero fue lo único que ocupo para recobrar la iniciativa.

– ¡Andando!, ¡pónganse de pie! – Le gritó a varios de los hombres en el suelo, a algunos pateándolos para reaccionaran. – ¡Atrápenlo!

De inmediato se sumaron a la persecución del intruso. Deathstroke, por su lado, se quedó en su lugar por un rato, y luego comenzó a caminar tranquilamente en su misma dirección.

– – – –

Red Hood se escabulló hacia el interior del barco, en su intento de perder a sus persecutores, que le pisaban los talones. Ravager y varios otros de ellos corrían por los pasillos, y no tardaron mucho en encontrarse con varios de sus compañeros, tirados en el suelo, inconscientes, en el mejor de los casos.

– ¡Rápido!, ¡qué no escape! – Exclamó con furia, pero apenas dieron un paso al frente, cuando recibieron de frente varios disparos, que dieron a dos de los hombres que iban detrás de ella.

– ¡¿Y quién está escapando, muñeca?! – Escuchó que le gritaba la voz de su intruso, desde atrás de unas cajas, desde las que se refugiaba.

Ravager y los otros se ocultaron también detrás de las columnas y cajas, y los hombres armados comenzaron a disparar en dirección a su atacante.

– ¡Creía que los ayudantes de Batman no usaban armas de fuego! – Le gritó Ravager, con su espalda pegada contra una columna.

– Estás muy perdida, empezando por el hecho de que creas que soy un ayudante de Batman.

Justo después de dar tal declaración, vieron como un objeto circular era lanzado desde atrás de las cajas en su dirección, formando un arco, y luego cayendo directo hacia ellos. No tuvieron que analizarlo mucho para saber qué era.

– ¡Cuidado! – Les gritó  Ravager a los otros, y rápidamente se lanzaron hacia un lado.

La granada explotó en el aire, y la onda expansiva sacó volando a dos de ellos.

– – – –

Mientras debajo la persecución y las peleas continuaban, los hombres que habían quedado en cubierta intentaban recuperarse, del ataque, y hacer el recuento de los daños y las pérdidas. Por el escándalo que se escuchaba, parecía que era mejor para ellos estar allá arriba… O eso creyeron.

Una fuerte luz los iluminó desde arriba, y el fuerte resonar de una turbina se hizo bastante tangible para ellos. Como pudieron intentaron mirar hacia el origen de dicha luz, y apuntaron en dicha dirección con sus armas. Lo que lograron ver entre las nubes oscuras sobre ellos, parecía ser una nave, como un gran avión de color totalmente negro, ancho, con alas… como de murciélago.

Sin pensarlo dos veces, comenzaron a disparar hacia la nave, pero las balas rebotaban en el armazón de acero de ésta sin dejar ni la menor marca.

En el interior del avión, había dos asientos: uno para el piloto principal, y otro para el acompañante y copiloto en la parte de atrás. Batman y Red Robin, sentados respectivamente en dichos lugar, veían por las pantallas de los paneles de control ante ellos, las imágenes que las cámaras externas de la nave las proyectaban. En dichas imágenes, podían ver con claridad a los hombres que les disparaban desde abajo, y especialmente los atuendos que portaban y sus máscaras.

– Esos son hombres de Slade Wilson. – Comentó el nuevo Batman, con seriedad.

– ¿De Deathstroke? – Secundó Red Robin. – ¿Qué hace aquí en Gótica?

– Nada bueno, estoy seguro de eso.

Su historia con Deathstroke siempre había sido complicada, incluso desde sus años como Robin, siguiendo por su etapa como Nightwing, y ahora al parecer lo sería como Batman…

– Mantente cerca, enseguida vuelvo. – Le indicó a Red Robin al tiempo que se quitaba el seguro, y hacía que la cabina se abriera.

– Claro, no puedo conducir en Batomóvil, pero si un avión de combate. – Bromeó Tim, tomando los controles.

Batman se paró de su asiento, puso un pie en la orilla de la cabina, y entonces saltó hacia el frente, dejándose caer de cabeza hacia el barco. Antes de irse, Red Robin soltó dos bombas de humo que explotaron en el aire, e impidieron que los hombres de cubierta lo miraran con claridad al descender. Lo único que divisaron ya muy tarde, fue su figura oscura sobre sus cabezas, justo antes de caerles encima.

Entre toda la neblina y la lluvia de balas, no tardó mucho tiempo en desarmarlos, noquearlos, y estrellarles sus cabezas contra las cajas de transporte o el suelo. Cuando el humo se disipó, sólo quedaba él de pie.

No tardó mucho en percibir la conmoción que ocurría abajo; sonaba al tipo de fiesta que Red Hood acostumbraba empezar. Se dirigió entonces a donde venía todo ese ruido.

– – – –

Red Hood se las arreglaba sin problema para enfrentarse a los hombres de Slade. Sin embargo, las municiones se le estaban acabando; no había llevado las suficientes armas para enfrentarse a un ejército como ese. Ya había dejado su rifle, y se encontraba recargando sus pistolas, cada una con su último cartucho. Le quedaba además tres granadas, las pistolas de tobillo, y sus cuchillos, además de algunas bombas de humo. Fuera de ello, tendría que arreglárselas al viejo estilo, lo cual no le preocuparía normalmente, sino fuera porque aún después de encargarse de todos esos sujetos y de la hijita, luego tendría que vérselas con el padre.

Cuando Dick y Bruce hablaban de Deathstroke, siempre lo describían como alguien extremadamente hábil en el combate, fuerte y rápido, además de muy inteligente. Siempre pensó que eran puras exageraciones, pero no estaba seguro si estaba en la posición correcta de intentar probar dicha teoría. Lo más inteligente sería abrirse camino de regreso a su moto de agua y huir…

Pero Red Hood nunca huía.

Ese tipo de maniobras cobardes, eran propias de Batman y Robin, y él no era ninguna de las dos cosas; él era algo superior, mejor.

Aguardó en su refugio pacientemente, hasta que dejaron de disparar y comenzaron a recargar. En ese momento salió de detrás de las cajas como fiera al ataque, comenzando a disparar de forma contundente, hiriendo a varios de ellos en tan sólo un pestañeo. Una vez que se vaciaron las pistolas, las tiró de inmediato, rodó hacia un lado del área de carga en la que se encontraban, y mientras rodaba acercó sus manos a las pistolas pequeñas de sus tobillos. Se ocultó unos momentos detrás de una columna, pero cuando tuvo oportunidad volvió a salir, y repitió la misma tarea.

Justo cuando se le acabaron las últimas balas de sus últimas armas, por el rabillo del ojo pudo ver a Ravager lanzándosele encima por un costado, con sus espadas en mano. Soltó sus últimas pistolas, y sacó sus cuchillos. Los movimientos de la chica eran realmente hábiles y rápidos; agitaba sus espadas sin el menor miedo o duda. Las hojas eran tan filosas y fuertes que cortaban el concreto y la madera a su alrededor, sin siquiera astillarse. Red Hood batallaba un poco para poder esquivarla y defenderse, pero lograba hacerlo, hasta que una de las espadas le rasgó su chaqueta a la altura de su antebrazo izquierdo.

– ¡Esta chaqueta me encanta!, ¡maldita perra! – Le gritó furioso, tomando de inmediato la ofensiva.

Quizás él tenía cuchillos y ella dos espadas, pero no le importaba. Logró detener el ataque de las dos armas con sus cuchillos y luego las empujó hacia los lados para dejarla al descubierto por el frente. Aprovechando esa apertura, le lanzó un cabezazo directo a su nariz, haciéndola doblar su cuerpo hacia atrás y retroceder. Llevó de inmediato su muñeca izquierda a su nariz; había comenzado a sangrar.

Red Hood no le dio oportunidad de recuperarse. Se le aproximó con rapidez, atacándola con sus cuchillos. Ella se defendía y esquivaba, ambos bastantes parejos. Parecía una guerrera bastante hábil, debía de admitirlo. Era muy buena en la manejo de esas armas, y no vacilaba ni un poco ni en uno sólo de sus movimientos. En combate honorable, ambos estarían a un nivel bastante igual. Para su mala suerte, Red Hood era todo menos honorable.

Teniendo las hojas de sus chuchillos empujando las hojas de sus espadas, activó los choques eléctricos de sus guantes a máxima potencia, y la carga se extendió por sus armas, y cubrió su cuerpo.

– ¡¡Aaaaah!! – Gritó de dolor al sentir la electricidad recorrerle. Su traje la aisló de gran parte del impacto, pero aun así el efecto no fue poco.

Luego de electrificarla por unos segundos, se apartó, y le lanzó una bomba de humo, directo a la cara. El humo concentrado le entró directo a la nariz y a su ojo, impidiéndole no sólo ver, sino respirar con normalidad. Todo eso fue más que suficiente para desestabilizarla, y poder entonces aproximársele entre la neblina, y darle un puñetazo directo en la cara, seguido de otro más, un tercero, una patada en el estómago, y una última en el brazo derecho.

Ravager cayó al suelo sobre su costado izquierdo. Su espada derecha se soltó, y rodó lejos de ella. Intentó rápidamente jalar su espada restante hacia su enemigo, pero de inmediato Red Hood plantó su bota derecha contra su brazo, y su rodilla izquierda contra su abdomen, sometiéndola en el suelo.

– ¿Ya fue todo? – Murmuró de manera engreída, girando el cuchillo de su mano izquierda, para que apuntara hacia abajo. – Esperaba más de la hija de papi…

Aproximó con fuerza su cuchillo hacia el ojo restante de su enemiga, pero ésta alzó su mano libre, tomándolo de la muñeca para detenerlo. Ravager ejerció fuerza para parar su avance, pero él igualmente lo hacía. Usó entonces ambas manos, y la punta de la hoja se fue acercando más y más a su ojo. Ella lo veía acercarse cada vez más a ella, mientras intentaba de alguna manera evitarlo…

Alguien de se le aproximó a Red Hood tan rápido por su costado izquierdo, que no fue capaz de verle ni la sombra. Fue tacleado con gran fuerza hacia un lado, y se estrelló contra una caja de madera, rompiéndola en pedazos.

Ravager de inmediato aprovechó su libertad, para lanzarse por el suelo hacia donde había caído su otra espada, retomándola e incorporándose. Al hacerlo, pudo ver con claridad a su salvador, que estaba de pie muy cerca de donde ella se encontraba.

– Padre… – Murmuró, ligeramente asombrada al verlo.

– Fallaste, Ravager. – Le indicó Deathstroke, sin mirarla. – Ahora, no estorbes.

Ella hizo el ademán de querer decir algo, pero no lo hizo. En su lugar, sólo agachó su mirada, apenada.

Deathstroke giró con rapidez su espada en su mano, mientras se acercaba tranquilamente a Red Hood, quien en cuanto le fue posible se incorporó de nuevo, poniéndose en posición defensiva, empuñando sus dos cuchillos.

– Me agrada tu estilo, chico. – Comentó Slade, con tono jovial. – Más directo, práctico y versátil, que los métodos de Batman y sus chicos; incluido mi viejo amigo, el buen Nigtwing. – Se detuvo a un par de metros de él, y apoyó su espada contra su hombro derecho. – No somos en realidad tan diferentes. ¿No quisieras ser uno de mis aprendices?

– Ya tuve suficientes maestros. – Le respondió rápidamente sin dudarlo mucho.

– Cómo quieras.

Se lanzó entonces hacia él con una velocidad impresionante, lanzando un fuerte sablazo, que estuvo a milímetros de tocarlo. Apenas y había terminado su primer ataque, cuando le siguió el siguiente, y el siguiente. Si las habilidades de Ravager le habían parecido buenas, no sabría de qué forma juzgar las que Deathstroke le estaba demostrando en esos momentos.

Se tenía que limitar a esquivar, ya que intentar cubrir sus feroces ataques sólo con sus cuchillos, parecía inútil. Sus movimientos eran precisos, su defensa perfecta, su velocidad y fuerza en impecable equilibrio. Era bastante bueno; incluso considerando todo lo que Batman y Nightwing le habían dicho. Pero al igual que con su hijita, Red Hood no tenía intenciones de pelear limpio.

Hizo algo de distancia entre ambos, y entonces arrojó ambos cuchillos hacia él, uno después del otro. Como esperaba, él agitó su espada delante de él, bloqueando ambos sin problema. Sin embargo, justo después del segundo cuchillo, había lanzado una de las granadas que aún le quedaban, y ésta se dirigía directo a su cara, justo por su lado derecho; su lado ciego. Deathstroke la notó cuando ya estaba bastante cerca, y de inmediato agitó su arma, empujando el explosivo hacia a un lado. Pero sólo se alejó menos de un metro de él, antes de explotar en el aire.

Deathstroke, y también Ravager, fueron lanzados por el aire tras la explosión. Fueron protegidos por sus trajes, pero aun así el estallido los aturdió un poco. Deathstroke logró levantarse primero de un salto rápido. Para entonces, sin embargo, Red Hood ya se le había aproximado por un costado. El mercenario lanzó su espada en un corte horizontal hacia su costado, pero el chico de máscara roja logró detener la hoja entre sus manos, ejerciendo toda la fuerza que podía. Sus guantes eléctricos se activaron, y similar como había ocurrido con Ravager, comenzó a transmitir toda esa electricidad por todo el cuerpo de su adversario. Sin embargo, Deathstroke no se doblegaba como Ravager.

Ya fuera porque su traje lo aislaba mejor, o porque tenía mayor resistencia, se veía que la electricidad apenas y tenía efecto en él. Rápidamente, mientras sujetaba su arma aún con su mano derecha, Slade extendió la izquierda hacia él, tomándolo del cuello, y haciendo que la misma electricidad se le pasara ahora a él.

Red Hood soltó un gemido de dolor. Por instinto sabía que tenía que retroceder, pero eso significaba soltar el arma, que ya estaba a centímetros de su cuerpo. Debía pensar rápido qué movimiento haría, pero ciertamente la situación no se prestaba mucho para pensar rápido. Soltó entonces el arma y se lanzó hacia atrás lo más rápido que pudo, más no fue suficiente; el filo del arma de Deathstroke se dirigió directo a su costado derecho. Esperó que su traje pudiera protegerlo. Sin embargo, para su sorpresa, la hoja de la espada resultó ser tan fuerte, que logró rasgar un poco su traje, dejando una marca diagonal que se extendía desde su costado derecho, cruzando todo su vientre, hasta un poco por debajo de su pecho.

¿De qué estaba hecha esa cosa?

Además de rasgar su traje, el sólo golpe de la espada contra su cuerpo, fue suficiente para desestabilizarlo y casi caer. Deathstroke no lo permitió, sin embargo. Lo tomó de la chaqueta con una mano, y con la otra, en la que aún sostenía su espada, lo golpeó repetidamente en su máscara roja, con su puño cerrado alrededor del mango de su arma. No pudo contar cuantos golpes fueron, pero los suficientes para aturdirlo. El último logró detenerlo, tomándolo de su muñeca con ambas manos, pero Deathstroke alzó entonces su rodilla izquierda, clavándola en la boca de su estómago. Red Hood se dobló al frente un poco al recibir tal golpe, y en ese momento Deathstroke alzó su espada con ambas manos, y luego la dejó caer con fuerza contra él de un solo tajo rápido.

El filo del arma chocó contra la parte superior de su máscara, y ésta, que ya estaba de por sí algo debilitada por los golpes anterior, terminó rompiéndose en dos. Debajo de la máscara rota, se asomó su cabellera negra con mechones blancos al frente, y su rostro cubierto con un antifaz rojo. Una mancha de sangre le recorría desde la frente, bajando por su ojo derecho, y hacia su mejilla y mentón.

Tenía el torso aún doblado, y miraba de manera borrosa su propia máscara, partida en el suelo bajo sus pies. Lo siguiente que lo hizo reaccionar y salir de su shock, fue la rodilla de Deathstroke, estrellándose ahora directo en su cara, haciendo que su cabeza se fuera toda para atrás. Hubiera caído de espaldas al suelo de seguro, sino fuera porque inmediatamente después su enemigo lo pateó en el pecho, y lo lanzó de espalda contra la pared. Luego se le aproximó, lo tomó con fuerza del cuello con su mano izquierdo, sujetándolo para que no cayera, mientras con la mano derecha, aproximó rápidamente su espada, directo al costado derecho de su torso.

El arma le atravesó su traje y su cuerpo, desde el frente, saliendo por su espalda, y llegando hasta la pared, atravesándola también. La impresión fue tan grande, que al inicio ni siquiera fue capaz de creer que en verdad había ocurrido. Sólo hasta que la sensación del frío metal penetrándolo, acompañando al doloroso calor emanando de esa área, se hicieron más tangibles y reales, fue que se atrevió a bajar su mirada, ver con sus propios ojos su costado izquierdo, y la hoja que pasaba por él.

– Eso fue… insatisfactorio. – Murmuró Deathstroke, tranquilo, y un segundo después retrocedió y sacó la espada de su cuerpo de un fuerte tirón, seguida un segundo después por un fuerte chorro de sangre.

Pareciera que fuera la espada lo que lo sostenía, pues en cuanto se la apartó, se tambaleó al frente, y luego cayó sobre su costado; una mancha de sangre se quedó impregnada en la pared, justo en donde había estado. Aferró sus manos a la herida de entrada, intentando detener el sangrado, pero parecía inútil.

– Todo tuyo. – Le indicó el mercenario a su hija. Agitó entonces su espada para limpiarle el exceso de sangre, y se apartó un poco de su contrincante caído. – ¿Crees poder hacerlo bien esta vez?

Ravager aún se encontraba algo impresionada, tras la increíble demostración de habilidad y fuerza que su padre acababa de dar ante ella. Tuvo que recuperarse rápido de ello, sin embargo, al escuchar cómo le hablaba de nuevo a ella directamente. Una vez más, tomó sus espadas con firmeza, y se aproximó al hombre caído, quien en esta ocasión parecía que se había quedado sin recursos para escapar.

Esa vez, sería suyo…

Sin embargo, comenzaron a escuchar un alboroto a sus espaldas de pronto, y rápidamente ambos se giraron, olvidándose por unos segundos de Red Hood. Se escuchaban varios disparos y golpes provenientes del pasillo; los hombres parecían estar enfrentando a alguien más.

– ¿Qué ocurre? – Cuestionó Ravager, extrañada.

En ese momento, antes de que alguno de ellos hiciera siquiera el intento de ir en dicha dirección, uno de los hombres fue lanzado hacia el interior de la bodega como un simple costal de papas, cayendo no muy lejos de ellos. Luego, algo fue disparado desde el pasillo en su dirección, y rápidamente tuvieron que hacerse a un lado para esquivarlo. Lo que se disparó, fue un gancho, que siguió en línea recta, hasta incrustarse en la pared. El gancho luego comenzó a jalar a quien lo había disparado, y tanto Deathstroke como Ravager sólo vieron una figura grande y oscura, que cruzaba la habitación a gran velocidad, jalando consigo a uno de sus hombres. Siguió avanzando hacia la pared, y entonces estrelló al hombre que traía consigo contra la ésta, el cual terminó cayendo de sentón al suelo, inmóvil.

La figura oscura apoyó los pies en la pared, se impulsó con ellos al frente para dar una maroma, y entonces caer justo entre ellos y Red Hood. Se alzó lentamente, con su larga y oscura capa ocultando gran parte de su cuerpo, y dando la ilusión de ser una sombra materializándose ante ellos. El recién llegado se paró derecho, y clavó su mirada dura, justo en el mercenario; éste, se la regresó prácticamente de la misma forma.

– Vaya, vaya. – Exclamó Deathstroke, divertido. – Pero si es… Batman. Vaya que sabes hacer una entrada.

– Slade… – Murmuró despacio el hombre de negro, con la voz fría y serena que el modulador de voz le hacía hacer.

Para Deathstroke, era un reencuentro entre él y Batman. Para Dick, era un reencuentro entre Deathstroke y Nightwing, luego de mucho, mucho tiempo…

FIN DEL CAPITULO 15

Notas del Autor:

Dimos un pequeño salto en este capítulo, ¡y dos nuevos villanos hacen acto de presencia! Deathstroke y su hija, Ravager. En personalidad Deathstroke/Slade está más basado en su versión animada de los Teen Titans, pero en todo lo demás se encuentra más basado en el personaje de los cómics. En la descripción de su traje me basé un poco en el del juego de Batman: Arkham Origins, aunque es bastante similar a otros que ha usado en otras adaptaciones. Sobre Rose/Ravager, tengo que confesar que, al menos en su personalidad, me estoy tomando un poco de libertades con ella para adaptarla a como mejor me parece para la historia. ¿Qué les parece? ¿La ven adecuada?

Ahora los siguientes capítulos se enfocarán en el combate contra ellos y sus secuaces. ¿Podrá el nuevo Equipo Batman hacerles frente? ¿Y qué pasará con Jason? Pues lo veremos después.

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Batman Family: Legacy. Ciudad Gótica se encuentra de luto. Bruce Wayne, una de sus figuras más emblemáticas e influyentes, ha fallecido repentinamente, dejando detrás de él un importante y secreto legado que ahora recaerá en hombros de sus jóvenes sucesores: Barbara, Tim, Jason y, especialmente, Dick, quien acaba de descubrir que su antiguo mentor le ha dejado la más inesperada de las herencias. ¿Aceptará el joven Grayson la nueva responsabilidad que se le ha encomendado? ¿Tendrá lo que necesita para mantener a la Familia unida sin Bruce, y combatir las amenazas que vengan de aquí en adelante? ¿Y cómo reaccionará el resto de Gótica a esto?

+ «Batman» © Bob Kane, DC Comics, Warners Bros. Enternaiment.

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2 pensamientos en “Batman Family: Legacy – Capitulo 15. La Trampa

    1. wingzemonx

      ¡Hola! Gracias por comentar 🙂 Y sí, está en progreso el siguiente capítulo, nomás ando pasando por algunos ajustes personales (que incluyen una mudanza), pero ya que me establezca bien me sentaré a escribir. Gracias por tu visita 🙂

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