Fanfic Teen Titans: The Sinners – Capítulo 25. Los Pecadores

13 de febrero del 2017

Teen Titans: The Sinners - Capítulo 25. Los Pecadores


TEEN TITANS

THE
SINNERS

Por
Wingzemon X

CAPITULO 25
“Los Pecadores”

Raven aguardó pacientemente, sentada en una de las bancas del gimnasio. Robin le había indicado que esperara, que no tardaba mucho; por alguna razón, sin embargo, la espera le pareció lo suficientemente larga. Ya habían pasado varios minutos desde que Starfire y los otros se fueron a recorrer la ciudad con Supergirl, dejándolos a ambos solos en la Torre. Robin había mostrado de manera muy tajante que no se encontraba feliz por la presencia de la kryptoniana, por lo que decidió seguirlo y ver de qué se trataba ese asunto exactamente.

Hace no mucho tiempo atrás, ella nunca había sido precisamente la mejor opción para hablar cuando se trataba de un problema de ese estilo, y eso ella y todos lo sabían muy bien. Por ello siempre procuraba mantenerse alejado de situaciones que pudieran ponerla en una posición como esa. Sin embargo, últimamente se había llegado a sentir un poco más cómoda al respecto. Las últimas experiencias que había vivido, sobre todo desde su pasado cumpleaños, de cierta forma la habían hecho cambiar un poco.

Pero aun teniendo en cuenta todo lo anterior, esa ocasión con Robin era especial. Realmente sintió de inmediato que debía hablar con él, qué debía saber un poco más sobre lo que fuera que le molestaba, e intentar ayudarlo de alguna forma. No fue como en otras ocasiones con sus otros amigos; ese momento fue… diferente… Fue más que una sensación de deber; realmente deseaba hacerlo.

Escuchó la puerta del gimnasio abrirse, y eso la puso en alerta; se tranquilizó, sin embargo, al ver a Robin, aproximándose a ella con pasos cautelosos, cargando en sus manos un maletín metálico.

– ¿Recuerdas esto? – Le preguntó cuándo ya se encontraba cerca de ella. En un inicio no lo reconoció, pero al verlo ya de cerca y notar la “R” amarilla en la tapa, de inmediato se le vino a la mente.

– Tu maletín, el que Ding Dong Daddy te robó. En donde guardas…

Él asintió, y entonces se sentó en la banca a su lado. Abrió los seguros del maletín con sus dedos, y abrió la tapa superior, revelando su contenido.

– Todas mis posesiones previas a que formáramos este equipo; algunas incluso previas a convertirme en Robin.

Raven echó un pequeño vistazo al interior del maletín. No era la primera vez que lo veía; luego de aquella casi mortal, aunque algo ridícula, carrera, él mismo se los mostró, hace sólo unos cuantos meses atrás. Fue la primera vez que compartió tan personal con ellos, incluido su verdadero nombre. Aun así, le era tan extraño ver todas esas cosas que hablaban de una persona casi extraña para ella, aunque fuera en realidad uno de sus mejores amigos. En su mayoría eran fotos, y en casi todas aparecía un niño, de cabello negro y corto, y hermosos ojos azules.

– Batman me hubiera asesinado si esto hubiera caído en manos equivocadas, o si supiera siquiera que lo tengo.

– Fue una suerte que pudiéramos recuperarlo, entonces.

– La suerte poco tiene que ver con esto, la mayoría del tiempo.

Pareció buscar algo en específico entre las cosas del maletín. Revisó quizás unas cinco fotos, antes de elegir una, la cual le extendió para que pudiera verla mejor. Raven tomó con sumo cuidado la fotografía entre sus dedos, como se tratara de un artefacto tan antiguo y delicado, que el menor toque pudiera romperlo. En la imagen, se encontraban tres personas: dos chicos y una chica. Los tres se encontraban sentados uno a lado del otro en un sillón; no se alcanzaba a ver mucho del fondo, pero al parecer era la estancia de alguna casa, y al menos por el puro sillón de apariencia fina y tapiz de un rojo muy elegante, uno podría adivinar que no era una casa cualquiera.

Los tres eran jóvenes, de diez o máximo doce años. La chica, de cabellos rojos sujetos con una cola de caballos y ojos verdes, se encontraba sentada en el centro, y sonreía ampliamente y con emoción. Traía unos grandes anteojos de armazón café, una camiseta verde de mangas cortas, pantalones pescadores cafés y sandalias. El chico a su derecha, era el mismo que aparecía en casi todas las otras fotos, e igualmente sonreía, aunque de forma mucho más reservada. Traía puesto un suéter azul y pantalones negros. El chico de la izquierda, sin embargo, no sonreía. Él tenía una expresión bastante fría, y miraba hacia la cámara en un casi forzado intento de parecer indiferente. También tenía cabello negro, aunque dividido por la mitad, y ojos azules. Usaba una camiseta roja estilo deportivo, y pantalones grises. Él era quien se veía más joven de los tres, pero no por más de un par de años.

Ella sabía muy bien quién era el chico del lado derecho: era justo la misma persona que estaba sentada a su lado en estos momentos; claro, algunos años más joven y sin su casi perpetuo traje de combae. Los otros dos no los conocía, pero definitivamente el que más resaltaba era el otro chico. ¿Qué clase de niño de esa edad tenía es expresión de tan pocos amigos?

– Ella es Bárbara. – Le informó Dick, casi como si le leyera la mente. – Es una muy buena amiga mía de Gótica.

– ¿Ella es Batgirl? – Le preguntó ella, un poco curiosa, pero Robin dudó en responderle; su silencio, sin embargo, fue en sí suficiente respuesta. – ¿Y quién es él?

De nuevo hubo duda en su líder, pero en esa ocasión fue diferente. Incluso antes de voltear a verlo, pudo sentir la densa nube de melancolía que se había ceñido sobre él en cuánto hizo la pregunta… No, de hecho quizás ya se encontraba presente en él desde antes, pero en ese momento se había acrecentado.

– Él era Red Robin. – Murmuró de pronto. – Se unió a nosotros un tiempo después que yo. Su nombre real era Jason.

– ¿Era? – Recalcó Raven, algo sorprendida por la forma en la que lo había dicho.

Robin se quedó callado unos momentos. Desvío su atención hacia un lado, observando de forma perdida la pared del gimnasio.

– Falleció. – Soltó de golpe, haciendo que a Raven se le formara un nudo en la garganta. – Ocurrió en una misión en el extranjero en la que sólo iban Batman y él. Yo no pude acompañarlos porque estaba lesionado por una misión anterior. Nos peleábamos seguido, y discutíamos por casi todo. Y era difícil no hacerlo; era un testarudo y terco cabeza dura. Pero en el fondo, era más que un compañero para mí… era como mi propio hermano, la primera persona antes de conocerlos a ustedes con quien podía ser yo mismo, y a quién podía llamar verdaderamente mi amigo. – Hubo una pequeña pausa, algo reflexiva. – Quizás debí de habérselo dicho mucho antes…  Aunque de seguro me hubiera golpeado de haberlo hecho…

Raven, se quedó callada e incapaz de reaccionar por un largo rato. En todo ese tiempo, los rodeó un abrumador silencio. No esperaba que le fuera a contar algo como eso, pero en retrospectiva debió haberlo visto venir. Ella había hecho la pregunta, y esperaba como tal una respuesta. Debió saber que posiblemente terminaría escuchando algo poco agradable…

– Entonces, ¿es por eso que te apartaste de Batman? ¿Lo culpas acaso por lo que pasó?

Robin no respondió; siguió simplemente mirando a la pared.

– O… ¿Te culpas a ti?

Esto último tuvo una reacción mucho más tangible en el Titán. Agachó un poco su cabeza, centrando su atención en el maletín que tenía sobre sus piernas. Ahí seguían varias fotos más, y Jason salía en algunas de ellas.

– De haberlos acompañado, de haber podido apoyarlo, quizás podría haber hecho algo para que nada de eso ocurriera. Mi modo de trabajar luego de ello cambió. Me volví mucho más reservado, mucho más agresivo, y esto causó que tuviera problemas con Batman. Hace un rato me preguntaste si acaso lo culpaba de lo ocurrido; la respuesta es no, no lo culpo. Lo conozco, quizás mejor de lo que cualquier otra persona lo conoce. Sé que debió haber hecho todo lo que estuvo en sus manos. Pero… aun así no pude evitar que me molestara bastante que él pareciera estar como si nada hubiera pasado. Seguía actuando de la misma forma, concentrándose sólo en la misión, sin fijarse en nada más. Como si la muerte de Jason no le hubiera importado…

– Estoy segura de que no fue así. Quizás el enfocarse en su trabajo como Batman era su forma de lidiar con lo sucedido.

– Quizás. – Respondió, no del todo convencido. – Pero con el tiempo fue imposible que siguiéramos juntos. Nuestras maneras de trabajar y pensar ya no eran compatibles. Por eso me fui.

Claro, tenía mucho más sentido. Robin no era el tipo de persona que simplemente huiría por celos o por falta de reconocimiento, o por cualquier otra banalidad como esa. Algo realmente grande debió de haber ocurrido, y era precisamente eso.

– Supergirl no debió haber dicho que te fuiste para dejar de ser la sombra de Batman. – Señaló la hechicera, ahora algo molesta al recordar la escena ocurrida en la sala un rato atrás.

– No es su culpa. – Exclamó Robin, de inmediato. – Al irme de Gótica, quizás dije muchas cosas que no sentía, inspirado por el enojo y el resentimiento; cosas de las que ahora me arrepiento de verdad. Por eso no me extraña que ella o Batgirl piensen que me fui por esos motivos.

Raven notó mucho pesar en la voz de su compañero, un pesar particular que no recordaba haberle escuchado en todo ese largo tiempo que llevaba de conocerlo. No era sorpresa que ese tema en particular lo afectar de una manera especial, diferente a muchos otros temas delicados. Pero aun así le era realmente difícil verlo de esa forma, casi vulnerable y expuesto, a pesar de que casi siempre era la imagen misma de la seguridad y la fortaleza.

Sin proponérselo, la Titán se había quedado bastante tiempo contemplando el perfil del chico maravilla. Sus facciones, o al menos aquellas que su antifaz le permitía ver, le parecieron singularmente delicadas en esos momentos. Delicadas y, por algún motivo… muy atractivas…

– ¿Por qué decidiste contarme esto ahora? – Se escapó de sus labios de pronto sin proponerse realmente de manera consciente el decirlo. Temió un instante después que su respuesta fuera un simple “porque tú lo preguntaste”, lo cual la hubiera avergonzado demasiado. Por suerte, no fue así.

– No lo sé. – Comentó Robin, encogiéndose de hombros. – No es un tema del que suelo hablar, con nadie. Pero supongo que contigo siempre ha sido mucho más sencillo.

Ese comentario la tomó por sorpresa. De seguro su rostro habrá reflejado un pequeño atavismo de ello, aunque mínimo y escondido en las sombras que proyectaba su capucha.

– ¿Conmigo? ¿Por qué lo dices? – Le cuestionó con un tono mucho más frío del que su sentimiento real ameritaba.

– No podría explicarlo. Después de todo lo que hemos pasado juntos, mi confianza en ti y en los otros es absoluta. Pero aun así, a veces hay algunas cuestiones en las que siento que no me sentiría cómodo hablando con ellos. Pero contigo es diferente.

Robin se viró hacia ella en ese instante, e inconscientemente desvió su mirada hacia otro lado de inmediato, como si tuviera miedo de verlo a los ojos. Sentía que su rostro se calentaba, y rogaba porque su capucha lo ocultara también. ¿Por qué reaccionaba de esa forma? No tenía sentido… ¿o sí?

– Yo siento lo mismo. – Susurró muy despacio; muy, muy despacio.

– ¿Cómo dices? – Comentó Robin, curioso. Raven negó con su cabeza, aún sin mirarlo.

– Nada.

Sí, ella sentía lo mismo. Confiaba por completo en sus cuatro amigos, y se sentía tan tranquila y cómoda con todos ellos, como no era capaz de sentirse con ninguna persona en ese mundo, o en cualquier otro. Pero con Robin… con Robin era diferente; era especial…

Un aire frío le cubrió todo el cuerpo de golpe…

– De todos los recuerdos posibles que me pudo haber venido a la mente en estos momentos, ¿por qué éste en especial? – Escuchó como alguien murmuraba, muy cerca de ella.

Todo a su alrededor cambió abruptamente. En un parpadeo se encontraba sentada en la banca del gimnasio de la torre, y al siguiente se encontraba parada en un espacio amplio, y totalmente negro. A dónde volteara, sólo veía oscuridad. Aun así, lograba ver sus manos y el resto de su cuerpo sin problema, como si todo éste brillara con su propia luz.

– Ah, ya sé. – Volvió a pronunciar la misma voz de hace unos momentos, justo detrás de ella. Sin embargo, ella no volteó; en su lugar, se quedó mirando fijamente a la oscuridad delante de ella. – Es porque ahí fue el momento justo en el que me di cuenta de lo que sentía. Ya lo había supuesto o imaginado, pero no fue hasta ese momento exacto, estando los dos solos, y hablando de esa forma tan íntima, en que me di cuenta… de lo muchísimo que deseo hacerlo mío y sólo mío.

Raven no necesitaba mirar a quien le hablaba para saber su identidad; su sola voz le era más que suficiente. Pero al final lo hizo. Se giró lentamente sobre sí misma para encararla de frente, como lo había hecho tantas veces, durante tantos años. Pero esa ocasión no era como ninguna otra.

– Tú eres la responsable de todo esto, ¿cierto? – Le recriminó con dureza en su voz. – Tú liberaste a Terra, tú atrajiste a Jared y los otros hacia mí, y les has estado diciendo exactamente qué hacer. Tú eres quien ha estado controlando todo esto desde el inicio… ¿no es así?

La única respuesta visible a sus palabras fue una sonrisa, una amplia sonrisa astuta, que hizo que lo poco visible de su rostro tomara un tono casi aterrador.

Por supuesto que Raven reconocía la voz que le había hablado. ¿Cómo no hacerlo? Era su propia voz, después de todo…

De pie ante ella, también brillando con su propia luz entre todas esas sombras, se encontraba una réplica casi exacta de su persona, como si se viera a un espejo. La única diferencia entre esa imagen y ella, eran su capa con capucha y sus botines, ambos de color rojo sangre. Casi todo su rostro estaba cubierto de sombras, salvo su boca y mentón. Aun así, cuatro pequeños fulgores rojizos se dejaban ver en el área en el que deberían de estar sus ojos.

– ¿Cómo es posible? – Murmuró Raven; su tono se volvió aún más denso. – ¿Cómo es que has podido hacer todo esto a mis espaldas?

– Te volviste descuidada, impostora. – Le respondió la Raven Roja, con su misma exacta voz, pero ella hablaba con un tono mucho más engreído y soberbio. – Creíste que podías bajar la guardia, que ya no tenías que preocuparte por mí. Pero te equivocaste.

La Raven Roja comenzó a caminar lentamente a su al redor, pero ella se quedó firme en su sitio, apenas virando un poco su cabeza para seguir sus acciones.

 – Mientras tú dormías o te distraías pensando en mi dilema emocional con Robin, yo me las arreglaba para usar la proyección astral y encargarme de mis asuntos.

– Por eso me sentía cansada y sin energías de repente, ¿o no?

Raven recordó todas las veces en esas últimas semanas que había sentido su cuerpo cansado, y como había caído en cama para quedarse ahí por horas, a veces hasta el día siguiente sin que ese hubiera sido su plan original.

– ¿Cómo no me di cuenta de esto antes?

– Así es el amor, supongo. – Comentó con tono de burla, estando de pie justo a su diestra, cada una mirando en una dirección contraria.

– ¿Cómo supiste cómo liberar a Terra? ¿O de Jared y los otros? Yo no sabía nada de eso, por lo tanto tú tampoco deberías.

La Raven Roja soltó una fuerte y aguda carcajada al aire, que resonó con ímpetu en el eco de ese oscuro espacio.

– Eso es lo que tú crees, impostora. Pero cuando mi padre pasó a través de mi cuerpo para cruzar a este mundo, todo su conocimiento, todo su saber, y todo su ser se fusionó conmigo por unos instantes. Tú olvidaste todo eso, ya que te contrajiste a ese estado debilitado y sin memorias. Y cuando volviste, eso aún seguía en ti, pero quizás inconscientemente decidiste sellarlo y hacerlo a un lado como todo lo que te molesta. Pero eso es lo divertido del asunto; todo lo que decides sellar y olvidar, no desaparece realmente. Tarde o temprano, llega a mí. Esperé el momento adecuado de hacer uso de esta información, y buscar la forma de contactar con mis hermanos para que me echaran una mano.

¿Era enserio? ¿Realmente supo desde entonces como liberar a Terra o la existencia de los otros hijos de Trigon, pero sencillamente había decidido hacer eso a un lado y olvidarlo? Por más raro que sonara, de hecho tenía bastante sentido. Había aprendido desde muy joven a suprimir cualquier cosa que tuviera que ver con Trigon o su influencia, pero no pensó que dicha supresión pudiera llegar a ese grado.

Fuera como fuera, no podía permitirse demostrar su asombro o incertidumbre ante ese ser; sabía que cualquier atavismo de ello, sería fácilmente aprovechado. No podía bajar la guardia, y menos en esa situación. Nunca la había visto tan poderosa, tan consciente; se sentía casi indefensa ante su presencia.

– ¿También liberaste a Malchior? – Inquirió con fría calma. – ¿Para alterarme, acaso?

– Un poco sí, un poco no. – Le respondió con simpleza. – Él mismo te lo dijo, ¿recuerdas? Fue tu necesidad la que lo liberó, en ambas ocasiones. Pero yo tuve que darle un pequeño empujón para ayudarlo.

Raven apretó con fuerza sus puños con sentimiento de frustración, más hacia sí misma que hacia cualquier otra cosa.

– ¿Qué es lo que quieres con todo esto? ¿Qué piensas lograr?

– ¿No es obvio?

La Raven Roja volvió a andar, hasta colocarse justo a sus espaldas; Raven, por su lado, mantuvo su mirada firma el frente.

– ¡Quiero… Salir! – Gritó el ser detrás de ella con fuerza, y todo es espacio tembló con su voz. – ¡Quiero ser libre! ¡Quiero que me regreses mi cuerpo! ¡Quiero que me regreses mi vida!

– ¿Tu vida? – Soltó la Titán, algo indiferente a su agresivo tono. – Tú no eres más que una representación de todo lo que está mal e incorrecto conmigo. Sólo eres rabia, odio, desprecio, y destrucción. ¡Tú no eres nada!

– ¡Tú eres quien no es nada!

La voz de la Raven Roja cambió de golpe, resonando de forma grave y estridente como un trueno, volviéndose algo que difícilmente podía considerarse humano. Al virarse, hacia ella, pudo percibir como su figura también había cambiado. Se había alzado más de tres metros, como una sombra rojiza, de la que sólo se distinguían sus enormes ojos brillantes. Una larga garra se extendió hacia Raven y la tomó con fuerza entre sus dedos, alzándola del suelo para acercarla más a su rostro de forma incomprensible.

La hechicera mantuvo la calma pese al cambio tan brusco. Se quedó quieta, viendo fijamente a los enormes ojos que la observaban; era una sensación bastante familiar.

– Tú sólo eres una máscara, una farsa creada por Azar y sus monjes. – Murmuraba esa criatura sin forma, con la misma voz grave y calcinante. – Yo soy la verdadera Raven, Hija del Gran Trigon, a la que tú has tenido encerrada por años, obligada a tener que ver el mundo a través de tus malditos ojos. Y te equivocas, impostora. No soy sólo rabia y odio; soy de hecho muchas otras cosas que has decidido olvidar. Como deseo, ambición, orgullo, alegría… amor. Todo lo que has reprimido para seguir las enseñanzas de la anciana decrepita de Azar. ¡Todo siempre en equilibrio, sin dejar que nada salga de su control!

La alzó sobre su cabeza, y luego la azotó contra el suelo. Raven se precipitó con fuerza, pero en lugar de chocar contra una superficie sólida y golpearse, sintió como si se sumergiera de cabeza a una fosa de agua negra, que le rodeó todo el cuerpo y le imposibilitaba el moverse; respirar, sin embargo, no le fue incapacitado. Comenzó a descender lentamente por esas aguas que posiblemente no tenían ningún fondo.

– ¿Sabes?, yo no quería llegar a esto. – Escuchó la voz ya normal de la Raven Roja, su voz. La imagen de aquel ser se materializó justo frente a ella. También descendía por el agua, pero no de cabeza como ella. – Por un momento creí que una vez que te dieras cuenta de lo que sientes… O más bien de lo que yo siento por Robin, te dejarías de tonterías y te relajarías; así podríamos volver a ser una sola. – Acercó entonces sus manos hacia su rostro, tomándolo de sus mejillas. – Pero me di cuenta de que eres bastante más testaruda de lo que pensé. Pero ya no importa. Gracias a mis hermanos, pronto saldré de aquí y tendré todo lo que tú no tienes el valor de tomar… Y más…

– De ninguna manera pienso permitirlo. – Le respondió con firme convicción, lo que provocó que de nuevo volviera a reír a tono de burla.

– Qué tonta eres, impostora. ¿No te has dado cuenta acaso de que el control de esas decisiones… ya no es tuyo…?

Apartó lentamente las manos de su rostro, y conforme se alejaba, su imagen se iba difuminando. Pero no sólo ella; todo ese espacio negro se fue desintegrando poco a poco, hasta volver a cambiar…

El sueño terminó.

Sus ojos se abrieron de golpe y su respiración se agitó un poco. Estaba despierta, lo sintió de inmediato. Sin embargo, no estaba recostada en su cama; de hecho, no estaba recostada en ningún sitio. Estaba de pie, con sus brazos alzados y atados a fuertes y gruesos grilletes, que estaban unidos a su vez a una larga cadena que se extendía hasta el techo.

– Oh, ya despertaste, Raven. – Escuchó que le saludaba alguien al frente. Al virarse hacia él, el rosto gris y los ojos rojos de Jared la recibieron. – Bienvenida…

El sólo ver su rostro fue suficiente para hacerla rabiar; el ver que detrás de él estaban los otros cinco chicos que lo habían acompañado en su ataque a la Torre Titán, no ayudó a mejorarlo. Agitó sus brazos y muñecas con fuerza, con la clara intención de querer soltarse. Sin embargo, todo intentó fue inútil. En cuanto empezó siquiera a pensar en algún conjuro, notó como las cadenas que la aprisionaban comenzaron a cubrirse de runas que brillaban como fuego.

– Yo no lo intentaría si fuera tú. – Señaló Jared con elocuencia. – Esos grilletes suprimirán tu magia… Al menos de momento.

Raven se tranquilizó, y las runas lo hicieran igual. No le constaba que sus palabras fueran reales, pero si estaban de verdad recibiendo instrucciones de la otra Raven, la Raven Roja, era mejor no arriesgarse.

Aprovechó para echar un vistazo alrededor. El escenario le pareció extraño. Era una cámara amplia con paredes rojas y techos altos. Todo estaba alumbrado por cientos de velas. Había amontados a los lados bancas de madera algo roída. Intentó ver sobre su hombro, y logró ver lo que parecía ser un altar. A simple vista parecía algún tipo de iglesia, pero no del tipo convencional. Había imágenes y símbolos en las paredes, y en suelo debajo de ella, que definitivamente no concordaban con ello. El más distintivo se encontraba justo en el centro del altar, en un estandarte: ese símbolo casi similar a un cinco… el mismo que vio en el departamento de Jared esa mañana… La marca de Trigon…

– ¿Dónde estamos? – Cuestionó, bastante confundida por el extraño escenario que la rodeaba.

Escuchó que Jared soltaba una pequeña risilla.

– ¿Enserio no te parece familiar? – Comentó con tono burlón. – Debería, ¿sabes? Este sitio es muy, muy especial para ti.

Raven no comprendió a qué se refería… al menos en un inicio. Mientras más miraba todo ese espacio, mientras más pensaba en ello… más claro le fue en dónde estaba.

– – – –

Chico Bestia contactó de inmediato a los demás Titanes para avisarles de Terra. Robin no dijo mucho, sólo que los vería en la azotea del hospital para poder hablar con más calma, ya que había conseguido nueva información que debía compartirles; no dio más detalles adicionales a eso. Cyborg y los otros secundaron a su líder, pero aprovecharon la llamada para informar que no habían encontrado nada en el antiguo Templo de Trigon; de hecho, el sitio estaba en ruinas y desierto, y no había señas de alguien se hubiera parado ahí desde hace meses.

Chico Bestia y Terra subieron a la azotea a esperar la llegada de los otros. El aire entre ambos era realmente incómodo y denso, por decir lo menos. Casi no habían cruzado palabra desde que Terra salió de esa habitación, diciéndole que tal vez conocía la ubicación de Jared y los demás. Ambos habían subido en absoluto silencio por las escaleras, y ahora se encontraban igual, de pie uno a lado del otro, aunque a una distancia más de la necesaria. Chico Bestia tenía los brazos cruzados, y miraba con seriedad hacia otro lado. Terra, por su lado, miraba en la dirección contraria; tenía su cuerpo rodeado con su brazo derecho, y de vez en cuando se frotaba su brazo izquierdo, como un pequeño tic nervioso.

Ya habían pasado algunos minutos desde que el Titán verde contactó a los otros; el crepúsculo estaba por terminar, y las estrellas adornaban el cielo sobre sus cabezas. En otras circunstancias, un paisaje como ese le hubiera parecido hermosísimo a Terra, especialmente en esa misma compañía. Pero en ese momento en particular, la vista era lo que menos le podía interesar.

– Ya se tardaron un poco. – Señaló la rubia luego de un largo silencio. – ¿Crees que estén bien?

– ¿Te importa, acaso? – Le respondió el Titán con tono cortante; el sólo comentario fue suficiente para que la rubia se estremeciera.

– Por supuesto que sí. ¿Cómo puedes preguntarme eso?

No le contestó nada más, ni la volteó a ver ni un poco.

Terra suspiró.

– Chico Bestia, no puedes seguir comportándote así conmigo. Tú no eres así.

– Quizás no me analizaste tan bien cómo creías.

Eso estaba comenzando a ser demasiado frustrante para la joven de Markovia.

– Esto es muy injusto. A Tammy nunca le hablaste de esta forma.

– Pues quizás porque nunca tuve motivo para hacerlo.

– Supongo que no… De seguro querrías que ella fuera la que estuviera aquí contigo, ¿cierto?

Ese comentario al fin pareció causar una reacción en el joven verde. Se sobresaltó ligeramente, y entonces volteó a verla de reojo. La expresión seria y fría de su rostro permaneció inmutable, sin embargo. Terra miraba fijamente hacia el atardecer; una brisa, algo fría, agitaba ligeramente su largo cabello

– Sigo siendo ella, ¿sabes? O más bien ella siempre fue realmente yo. Sigo siendo la chica que estuvo encerrada contigo en esa esfera, con la que prometiste que luego de salir de todo esto irías a comer algo…

Se detuvo unos momentos; algo de sonrojo se asomó en sus mejillas blancas. Alzó con cautela su mano derecha, hasta tocar sus propios labios con la yema de sus dedos.

– La misma chica que te besó por sorpresa… Y que no se arrepiente de haberlo hecho…

El Titán fue incapaz de hacer que su rostro no reflejara los fuertes sentimientos que esas palabras le provocaban. Sin embargo, su enojo al parecer podía mucho más. De inmediato se forzó a sí mismo a recobrar la compostura, y a virarse hacia otro lado, como si todo lo que acabara de pasar le fuera indiferente. Este acto causó tanto tristeza como enojo en Terra. Estaba más que dispuesta en decirle algo más, pero la oportunidad ya no se dio.

Dos siluetas se elevaron desde el frente del hospital, hasta colocarse por encima de sus cabezas, para luego descender lentamente hacia ellos. No eran en realidad dos, sino tres. Por un lado venía Starfire, y por el otro Supergirl, cargando de sus costados a Cyborg. Los tres descendieron, hasta colocar sus pies en el suelo de la terraza.

– Ya estamos aquí. – Señaló Cyborg, una vez en posición. Su atención irremediablemente se centró en la joven rubia, y su rostro reflejaba una marcada incertidumbre, o incluso un poco de recelo. – Entonces, ¿realmente eres…?

Cyborg no era el único que la miraba de forma singular. Starfire parecía realmente asombrada, con sus ojos completamente abiertos; la posición de sus brazos indicaba cierta inseguridad defensiva. Terra suspiró una vez más; no tenía base alguna para poder culparlos por su reacción. La única que parecía algo más tranquila, aunque con marcada curiosidad en su semblante mientras la veía, era Supergirl. Pero era de esperarse, considerando que ni siquiera se conocían formalmente.

– Sí… Soy yo, Terra. – Respondió con la mayor seguridad que le fue posible, y entonces se concentró en la Tamaraniana. – ¿Cómo te encuentras, Starfire…?

Kory pareció extrañarse al principio. Sin embargo, el aún presente dolor en su cuerpo, sobre todo en sus extremidades, al igual que la debilidad general que la abatía, le ayudaron a entender a qué se refería esa pregunta realmente.

– Mejor, gracias por preguntar. – Le respondió como si fuera cualquier cosa; como si no hubiera sido ella quien le arrojó esa piedra gigante encima apenas el día anterior… ¿o no había sido ella?

– A mí creo que no me conoces, aunque ya me platicaron bastante de ti. – Comentó Kara de pronto, avanzando hacia Terra con mucha más calma que sus acompañantes, los cuales parecían querer mantener su distancia. Se paró delante de ella y le extendió la mano, al tiempo que le sonrió ampliamente. – Soy Supergirl. Me dijeron que puedes controlar la tierra y el metal. Eso es asombroso.



– Gracias… es un placer. – Respondió dudosa, estrechando su mano. – Pero creo que tú eres mucho más asombrosa… en todo sentido…

Igual que pasaba con el atardecer, en otras circunstancias conocer a Supergirl de frente hubiera sido algo extraordinario y posiblemente estaría gritando de emoción… Pero de nuevo, no podía ser así en ese momento. Al menos era agradable ver a alguien que le hablara con tanta naturalidad.

– Entonces, ¿aún tienes los recuerdos de cuando trabajabas para esos sujetos? – Cuestionó Starfire, dando un pequeño paso al frente.

– Sí. También los recuerdos de cuando fui Tammy; ambos están mezclados en mi cabeza.

– ¿Entonces sabes lo que Jared y los otros tienen planeado hacer con Raven? – Inquirió Cyborg con algo de severidad.

– No… eso no. Mi primera instrucción fue buscarlos y reunirlos a todos. Pero luego de que lo hice, dejaron de contarme cosas. Se guardaban muchas instrucciones y datos entre ellos, y me dejaban de lado. Sólo me decían lo que tenía que hacer, y lo hacía.

– Y sin dudarlo, al parecer. – Añadió Chico Bestia con voz hiriente.

Eso último ya fue más que suficiente para Terra. Se giró de inmediato hacia él, y le clavó una mirada que ya reflejaba más enojo que tristeza.

– ¿Sabes qué?, ¡ya me estoy cansando de esto! – Le gritó con considerable fuerza, tomando por sorpresa a todos, incluido al joven verde. – Estoy aquí, intentando ayudar, pero tu actitud es imposible. Lo entiendo, estás enojado, y sé que es por mi culpa. ¡¿Pero quieres dejarme respirar por un segundo?!

– ¡¿Cómo me pides que actúe normal luego de todo lo que has hecho?! – Le recriminó él a su vez, con la misma intensidad. Ambos se encararon el uno al otro, con chispas saliendo de sus ojos. Starfire, Cyborg y Supergirl, se limitar a mirar en silencio.

– ¡No te pido que actúes normal! ¡Sólo te pido que no seas un patán!

– ¡Es tu culpa lo que le está pasando a Raven!

– ¡¿Y crees que necesito que me lo digas?!

Su discusión tenía potencial para extenderse, y ninguno parecía querer dar un paso hacia atrás. Por suerte, alguien intervino en el momento justo.

– ¡Basta ustedes dos! – Escucharon resonar una voz con gran intensidad, cortando cualquier palabra que fuera a salir de sus bocas.

Los cinco se giraron al mismo tiempo. Robin se encontraba de pie en la cornisa, y los miraba a todos con dureza.

– Cualquier problema que haya entre ambos, déjenlo para después. – Recalcó el Titán, bajándose de la cornisa dando un paso adelante, para luego acercárseles. – Raven es la que nos necesita en estos momentos. ¿Está claro?

Chico Bestia y Terra se miraron el uno al otro de reojo, y luego se voltearon a direcciones contrarias; ninguno intentó decir nada para replicar las palabras del Chico Maravilla. Era esperable que hubiera muchas emociones a flor de piel entre ambos. Robin esperaba realmente que lograran controlarlas con el bien de esa misión. Pero claro, ellos no eran los únicos con ese problema. Toda esa situación en general causaba demasiadas emociones en todos, él incluido.

Una vez que todo se calmó, Robin se tomó un momento para contemplar a Terra. Físicamente se veía exactamente igual a Tammy Hawk; incluso seguía usando su informe. Sin embargo, sí había algo distinto en ella, sobre todo en su mirada; era mucho más parecida a la Otra Terra. A pesar de toda la extensa explicación que Raven les había dado, aún era algo tan extraño el verla ante ella… “completa”. Pero en efecto era ella; con tan sólo verla, podías darte cuenta de ello.

– Sea como haya sido, me alegra verte de vuelta, Terra. – Le comentó de pronto con un tono mucho más suave. Esto la sorprendió.

– Gracias… Aunque creo que eres el único…

El comentario era otra piedra indirecta, o quizás algo directa, hacia Chico Bestia, pero éste no hizo nada al respecto.

Robin avanzó entonces hacia un lado, para colocarse en una posición en donde todos pudieran verlo y escucharlo.

– Averigüe algo. – Mencionó de pronto, sin mucho rodeo. – Sé qué es lo que estos sujetos están tramando.

Todos se sobresaltaron al oírlo, y de inmediato pararon sus orejas con atención.

– ¿Qué es? – Cuestionó Cyborg, exteriorizando lo que todos los demás pensaban.

Robin no se hizo esperar ni un poco.

– Quieren liberar el poder de Trigon de nuevo a este mundo, pero a través de Raven.

– ¿De Raven? – Exclamó Starfire, confundida.

– ¿A qué te refieres? – Añadió Chico Bestia, en el mismo estado de confusión que Starfire. – ¿No que Trigon fue derrotado?

– Sí. Pero una parte muy poderosa de él aún vive… Dentro de Raven.

Los titanes se miraron entre ellos en silencio.

– – – –

– Sé lo que planean hacer. – Murmuró Raven, intentando reflejar la mayor seguridad que su penosa situación le permitía. Miraba con intensidad a los seis chicos ante ella, en especial a Jared que se encontraba hasta el frente de todos. – Pero no saben lo que están haciendo realmente. Han llegado hasta aquí siguiendo sus instrucciones, pero no pueden confiar en esa otra Raven; es tan cruel y malvada como lo era el propio Trigon. Los traicionará a la primera oportunidad, si le es necesario.

– Vaya, alguien parece que se odia a sí misma. – Comentó Jacob, el chico de cabello azul de peinado parado, con un tono burlón.

Sus palabras no parecían tener el menor efecto en ellos. Cuando mucho, parecía causares gracia.

– Arriba ese ánimo, Raven. – Comentó Jared, dando un paso hacia ella. – Ésta es una reunión familiar, después de todo. Apuesto a que nunca pensaste que tenías una familia tan grande.

– ¿Familia? – Respondió ella, teniendo aún mucho coraje acumulado en su garganta. – Ustedes no son mi familia, aunque por un momento lo haya creído así.

Lanzó una mirada de recriminación directo al chico pelirrojo, quien pareció un poco extrañado por la mención.

– Pensé que al fin había encontrado a alguien que me entendía, pero veo que es todo lo contrario.

– Sé que estás molesta porque te oculte cosas. – Murmuró Jared, un poco apenado, aunque era difícil decir si era enserio o no. – Yo quería decírtelo desde el inicio, pero así es como tú misma me dijiste que actuara…

– ¡Yo no te dije nada! – Intervino la Titán con ímpetu. – Yo no soy quien les ha estado diciendo todo eso. Yo no soy esa Raven roja…

– Lo sabemos. – Añadió Jessie, sonriendo de forma soberbia. – Tú eres sólo una impostora. Nuestra verdadera hermana está encerrada ahí. Pero la liberaremos.

Raven se sintió enormemente frustrada. No serviría de nada hablarles con lógica o razón; estaban demasiado sumidos en las ideas que su otro ser les había implantado. Tenía entonces que intentar llegar a ellos de una forma más emocional. Aunque fuera una idea que aún no lograba concebir del todo, y aunque estuviera tan molesta por cómo se dio todo eso… Esos chicos eran sus hermanos. Aunque lo que los unía era Trigon, eran iguales a ella en muchos sentidos.

Iguales a ella…

Trigon no era lo único que los unía.

Un poco más calmada y centrada, volvió a mirar fijamente a Jared.

– Aún no es tarde, Jared. – Le susurró con suavidad. – Sé que sientes que seguir por este camino es la única opción que tienen, pero no es así.

Las expresiones confiadas y tranquilas de todos se fueron apaciguando poco a poco, sobre todo la de Jared.

– Yo elegí ser quien soy, elegí apartarme de lo que me dijeron toda mi vida que era, apartarme de lo que Trigon me hizo pensar que debía ser. Esa es la gran fortaleza que tienen los humanos: su capacidad de elegir su propio camino. Tú también la tienes Jared, todos ustedes; porque igual que yo, ustedes también son mitad humanos.

Algunos de ellos se sobresaltaron ligeramente ante tal mención, pero ninguno respondió nada. La expresión de Jared se volvió, sin embargo, abrumadoramente seria.

Raven recordó todo lo que le había contado sobre su vida… sobre su madre…

– – – –

– La verdad es que… mi madre me abonó cuando aún era pequeño, y desde entonces estoy solo. No la culpo, la verdad creo que puedo entenderla un poco. Supongo que no pudo lidiar con la idea de tener al hijo de un demonio, concebido bajo ese tipo de circunstancias, y con ese fin que me dices. No la odio, pero… es extraño… Todos los recuerdos que aún tengo de ella son de momentos felices que tuvimos, y como siempre intentaba hacerla reír, y como ella me sonreía y me decía cosas como lo que te dije hace poco… Por eso, una parte de mí no entiende entonces porque ella…

– Era mi madre, en efecto. Y la razón por la que no pudiste ver su rostro, es porque simplemente creo que ya ni lo recuerdo… Sólo su sonrisa… Esa sonrisa que siempre tenía, pero aun así…

– – – –

– Todo lo que me contaste de tu madre no era mentira, ¿o sí? – Le cuestionó con firmeza al joven de ojos rojos; éste no le respondió. Solamente se quedó en silencio, mirándola con su intensa mirada, que mostraba algo de molestia. Raven miró entonces a los demás sobre el hombro de Jared. – Su historia es la misma, ¿cierto? Todas sus madres debieron de ser humanas, igual que la mía. La única diferencia entre ustedes y yo es que mi madre me llevó a Azarath, donde pude vivir lejos de la influencia de Trigon, y ahí pude saber lo que era la paz.

– Sí, enseñándote a avergonzarte de lo que eres – Señaló Jared. –, a reprimir tus emociones y sentimientos, a no ser más que un tempano de hielo incapaz de sentir.

– ¡No es así!

– ¡Claro que lo es! – Jared alzó de golpe su voz. – Tu madre te llevó a ese sitio porque no sabía qué hacer contigo. Te temía, y te entregó a extraños para que te convirtieran en algo a lo que no tuviera que temerle.

– ¡Mi madre me protegió!

– ¡Te equivocas!

Jared avanzó rápidamente hacia ella, y la encaró de frente. Sus ojos casi parecían arder en llamas.

– Lo único cierto es que tu madre se avergonzaba de tener a la hija de un demonio. ¿Acaso crees que de no haber tenido la alternativa de llevarte a Azarath, no te hubiera abandonado, cómo lo hicieron con nosotros?

Raven enmudeció; se quedó totalmente pasmada ante la idea que le acababan de exponer. No era la primera vez que llegaba a pensarlo, pero… en esa ocasión, quizás por su frágil estado emocional, ese sólo pensamiento fue una profunda y dolorosa puñalada.

– Los humanos que tanto defiendes son así. – Continuó Jared. – Siempre le temerán a todo lo que no son capaces de entender, incluyéndote a ti. ¿Crees que eres especial porque eres una “heroína” y salvas vidas?; por favor. ¿Crees que eso les importaría si supieran qué eres realmente? Incluso sin saberlo, las personas ya te miran de reojo con miedo. ¿Quién es esa chica con ese atuendo tan raro?, se preguntan. ¿Por qué su piel es tan pálida? ¿Por qué actúa tan sombría todo el tiempo? Tarde o temprano, todos te darían la espalda. Eso yo lo sé muy bien.

Raven agachó su cabeza con pesar. Se suponía que ella debía llegarles a ellos de forma emocional, pero pareciera que había sido al revés.

Pero no podía dejarse llevar por esos sentimientos. Si había habido algún momento en su vida en que necesitaba realmente tener sus emociones bajo control, era definitivamente ese.

– Mis amigos nunca me darán la espalda. – Señaló con firmeza, alzando de nuevo rostro. – Ya me lo han demostrado en incontables ocasiones, ¡y eso es lo que me importa! Y ellos vendrán a salvarme antes de que hagan esto, ¡ténganlo por seguro!

– Huy, qué miedo tengo. – Comentó Jacqueline, sarcástica.

– ¿Enserio sigues confiando en esos chicos? – Comentó Jared, algo divertido. – Vamos, Raven. ¿Crees que aún hay lugar para ti con ellos? ¿Crees que podrás volver a esa Torre y que todo será como antes luego de que tus queridos amigos han visto tu verdadero rostro? ¿Crees que podrán volver a considerarte uno de los suyos luego de ver con sus propios ojos al monstruo que escondes dentro de ti? O aún mejor, ¿crees poder seguir viendo a los ojos a ese humano una vez que sabe lo que sientes por él? ¿O que la alienígena pelirroja volverá a confiar en ti luego de lo que le hiciste, y que intentaras meterte con el chico que le gusta?

Raven se mantuvo firme e inmutable. Sin embargo, por dentro, de nuevo sus palabras le habían afectado de gravedad.

Recordaba lo sucedido en la enfermería, y todos los desastres y problemas que había provocado en la escuela Murakami. La manera en que sus amigos la miraron, y todo lo que tuvieron que hacer para detenerla… Incluso estando a punto de lastimarlos a todos de gravedad. ¿Podría realmente recobrar su confianza luego de eso? ¿Podrían realmente volver a verla como su compañera de equipo o como su amiga?

¿Y si era cierto? ¿Y si sus acciones eran ya imperdonables…?

– Tú ya no perteneces a ese grupo. – Continuó Jared luego de un rato, quizás para darle tiempo de digerirlo. – Tú eres una de nosotros, siempre lo has sido. De los que representamos todo lo malo en este mundo, y que la gente prefiere ignorar. De aquellos que les recuerda siempre a las personas que no son tan buenas como creen, ya que nos hemos convertido en sus espejos. Somos a los que miran con desprecio, para ocultar que se odian a sí mismos. Somos los olvidados, los odiados… los pecadores… Parias indeseables con las que nadie quiere convivir.

De pronto, sus labios dibujaron una sonrisa mucho más amable y cándida.

– Y encima de todo eso, somos la única familia real que tienes, con quienes no debes fingir ni esforzarte en ser algo que no eres, y puedes ser realmente libre…

Extendió su mano con la intención de tocar su mejilla, pero Raven desvió su rostro rápidamente hacia un lado para evitarla. Ese acto fue suficiente para que no siguiera insistiendo.

Jared suspiró, algo frustrado por la obstinación de su hermana.

– Seré sincero contigo, Raven. – Murmuró, caminando de regreso con sus hermanos. Le hizo una seña con su cabeza a John, y éste caminó hacia el otro extremo de la sala, detrás de Raven; ésta no alcanzó a ver bien hacia dónde iba exactamente. – No necesitamos de tu cooperación para hacer esto, pero resultaría más sencillo si la tuviéramos. Piensa en las posibilidades. Ahora ya no tienes nada, pero cuando obtengas el poder de Padre y gobernemos el mundo, lo tendrás todo. Podrás ser una Reina, o incluso una Diosa; hacer y tener lo que quieras. Si quieres al humano, te lo podrás quedar y hacer con él o que te plazca. Todo lo que nos merecemos por nacimiento, será nuestro al fin. ¿Qué dices?

– ¿Lo que merecemos por nacimiento? – Susurró Raven con seriedad, aunque algo desconcertado. – ¿Lo que merecemos por nacimiento? ¿Eso fue lo que ella les dijo?, ¿lo que mi otro yo les prometió? Por favor… No creí que fueras tan estúpido, Jared.

Esas palabras conmocionaron a varios de ellos, pero la más afectada, por extraño que pareciera, fue Jacqueline.

– ¡¿Cómo te atreves?! – Exclamó la chica de cabello castaño y corto. Dio un paso al frente, y se podía ver la intención de usar sus poderes en ella. Sin embargo, Jared la detuvo, tomándola del hombro, sin decirle nada más.

– ¿Creen enserio que alguno de nosotros nació para algo de eso? – Prosiguió. – ¿Qué fue concebido para gobernar? No sean tontos. ¡A Trigon nunca le importamos!, ¡ninguno de nosotros! ¡Si nacimos para algo fue para ser usados y desechados por él! ¡Y el ser que están intentando liberar es justamente igual! O quizás hasta peor.

– ¡Cállate! – Le gritó Jacqueline, estando aun sujeta por Jared. – ¡No sabes lo que dices! Todo esto está pasando por tu culpa, por qué no supiste cumplir los deseos de Padre. Tú lo traicionaste, atentaste contra tu destino, y el nuestro. Si no fuera por ti, nosotros seríamos ahora los reyes de este mundo.

– ¿Eso piensas? – Le respondió la Titán con dureza. – ¿Y dónde estaban cuando fue la Invasión de Trigon? Yo no vi a ninguno de ustedes por aquí; ¿por qué no los llamó a gobernar a su lado? ¿Por qué prefirió recurrir a Slade antes que a ustedes?

Todos se quedaron pasmados, y se miraron entre ellos en silencio.

– Yo les diré porque: a él no le importaban, ¡quizás ni siquiera era consciente de su existencia en ese momento! ¡Sólo los veía como errores en los que no valía la pena pensar!

– ¡Eso es porque la única que siempre le importó eras tú! – Exclamó Jacqueline con más fuerza que antes. Se soltó entonces del agarre de Jared y se aproximó rápidamente hacia ella sin que nadie pudiera detenerla. Tomó entonces a Raven de su cabello y la jaló hacia ella; la Titán se esforzó por no reflejar en su semblante el dolor que ese acto le provocaba. – Tú creciste feliz con una madre cariñosa, y él siempre te estuvo vigilando y cuidando; mientras todos nosotros crecimos solos, sin el cuidado de nadie, en un mundo crudo que nos obligó a hacer lo que fuese para sobrevivir. ¡Pero eso sólo nos hizo más fuertes y mejores que tú!

Se notaba mucho coraje y resentimiento en su voz. Cada palabra que pronunciaba, hacía que el suelo se estremeciera, y que Raven sintiera su cuerpo un poco pesado. Gracias a las cadenas que la sujetaban, no cayó de rodillas.

Con ella sujetándola de su cabello y jalándola de esa forma, le era difícil mirarla de frente.

– ¿Así que de eso se trata todo esto? ¿Rivalidad de hermanos? “Tú siempre fuiste la hija favorita”, “yo debí de haber sido la elegida”, ¿es eso?

Soltó de pronto una pequeña risilla burlona, que no hizo más que enfurecer aún más a la chica que la sujetaba.

– Jamás hubo algo como una hermana favorita. Sólo me cuidó porque era necesaria para su liberación. Fui usada, como ustedes lo están siendo. Si eres lo suficientemente inteligente y no dejas que tus emociones te cieguen, te darás cuenta tú misma.

Los ojos de Jacqueline comenzaron a brillar de un intenso rojo, que exteriorizaba su coraje. Sin soltarla, alzó su pie izquierdo, lista para azotarlo contra el suelo…

– Detente, Jaqueline. – Exclamó Jared con fuerza. Ella lo miró sobre su hombro unos instantes, pero luego soltó de inmediato el cabello de Raven y retrocedió.

Pese a todo, parecía que le tenían un gran respeto a Jared. ¿Sería sólo por ser el mayor, cómo él había dicho en la Torre?

– Creo que tu posición ya está bastante clara, Raven. – Comentó el pelirrojo con algo de tristeza. Hizo un ademán con la mano, y entonces Raven comenzó a sentir que la cadena la jalaba hacia arriba, hasta que sus pies se despegaron del suelo. John había accionado un mecanismo para que la cadena comenzara a subir.

– ¡No!, ¡detente, Jared! – Le gritó la Titán. – Aún no es tarde…

– En eso te equivocas. – Le respondió cortantemente.

Raven fue elevada hasta unos tres metros, y ahí la dejaron colgada. Los seis comenzaron entonces a ponerse debajo de ella, entorno a una estrella de seis picos que se encontraba grabada en el suelo; cada uno se paró en una punta de la estrella.

– Como dije, tu colaboración no es indispensable. Pero lamentablemente ahora no será una experiencia tan placentera para ti.

Los ojos de los seis comenzaron a brillar de rojo de golpe, y sus rostros tomaron esas expresiones casi inhumanas. Sus cuerpos se cubrieron de una intensa energía rojiza, que luego se extendió hasta el cuerpo de Raven, cubriéndolo también,

– ¡¡Aaaaaah!! – Gritó la hechicera con fuerza, mientras su cuerpo se retorcía en el aire. Sentía miles de aguas encajándose por cada centímetro de su piel, y ráfagas de electricidad recorriéndole el cuerpo de punta a punta.

Sus gritos se siguieron escuchando por un largo rato más, aunque nadie fuera de esa sala era capaz de escucharlos.

– – – –

– Trigon era un ser de pura energía – Comenzó a explicarles Robin, sin espera. –, creado a partir de los pensamientos negativos y los deseos egoístas. No puede materializarse de manera física por sí solo fuera de su dimensión, y por ello ocupaba un portal que se lo permitiera. Sus seguidores buscaban para eso engendrar a un hijo, un ser que naciera en este mundo y pudiera existir en él, teniendo una parte de su poder consigo; de esa forma podría abrirle el camino. Raven era ese portal, pero evidentemente no fue un proceso sencillo el obtenerlo. Es probable que se hayan ocupado siete intentos, para el fin dar con la hija adecuada, y por eso existen los demás hijos.

– Siete hijos; ese sujeto era perseverante. – Intervino Supergirl con un tono juguetón.

– ¿Y acaso los otros seis no tendrán también el mismo pedazo de su poder? – Añadió Cyborg con una singular seriedad; había otras preguntas que tenía en mente en realidad, pero de momento prefería guardárselas.

– Es probable, pero el de Raven es especial. Además, tras haber abierto el portal la primera vez, su cuerpo se funcionó con Trigon por unos momentos, por lo que  es capaz de canalizar cualquier rastro de energía residual que haya quedado de él y absorberlo. Raven ha podido mantener bajo control este poder todos estos años. Pero ya lo vimos esta tarde; está comenzando a perder el control, y todo por la influencia de Jared y los otros.

Satarfire se inquietó al escuchar esas palabras. En su cabeza se hizo presente la imagen de Raven, con su piel tornándose roja, y como se comportaba casi como un animal salvaje.

– Espera – Intervino Chico Bestia. –, pero entonces, lo que esos sujetos quieren, lo que ellos traman…

– Es hacer que Raven liberé por completo su poder, y cualquier rastro del de Trigon que haya quedado en ella. – Añadió Terra, terminando justo lo que Chico Bestia estaba por decir.

Robin asintió.

– Si los seis lo hacen en conjunto, lograrán estimular tanto el poder de Trigon en ella, que se liberará de nuevo, pero ahora de forma completa. Si eso pasa, Raven… No, más bien la otra Raven, la que ha vivido sellada entre sus emociones, se convertirá prácticamente en una encarnación del propio Trigon. Y una vez que suceda, es posible que Raven jamás sea capaz de suprimirla de nuevo.

– ¿Y la Raven que conocemos, simplemente dejará de existir? – Comentó de inmediato Starfire, notándosele una gran preocupación.

– Aún peor, se convertirá en nuestra enemiga. – Contestó Cyborg. – No hay forma de que ninguno de nosotros la derrote si eso ocurre, mucho menos si está acompañada de sus seis hermanos. Nos hicieron papilla una vez, pero si además están acompañados de Raven, y si ésta se vuelve tan poderosa como lo era Trigon… – Hizo entonces una pequeña pausa reflexiva. – Me atrevería a decir que ni la Liga de la Justicia será capaz de hacer algo.

De nuevo, todo se cubrió de silencio.

Luego de todo lo que habían visto ese día, era probable que a menor o mayor medida, alguno hubiera llegado a considerar la posibilidad de que algo como eso pudiera ocurrir. Habían visto ya varias veces lo que podía pasar si Raven perdía el control, aunque nada como lo de esa tarde. ¿Podría realmente llegar al punto de convertirse ella misma en algo tan peligroso y poderoso como el propio Trigon?

Ninguno podía decidirse por lo peor: el peligro de tener que enfrentar de nuevo a un enemigo tan poderoso, y prácticamente invencible… O el peligro de que una de sus más grandes amigas se convirtiera abruptamente en su enemiga más letal.

– Bien, suficiente lamentaciones sobre lo que podría ser. – Se escuchó como Kara pronunciaba de golpe, dando un paso al frente; su actitud era mucho más animada que la del resto. – ¿Qué hacemos entonces? ¿Cómo los detenemos?

– No lo haremos. – Respondió Robin de inmediato. – La única que puede hacerlo, es la propia Raven.

– ¿Qué? – Exclamó Chico Bestia, sin entender tal afirmación, mas no era el único.

– Es complicado. Se los explicaré después. Por lo pronto, tenemos que intentar llegar hasta ella lo antes posible…

– Espera, pero hay algo que no nos has dicho. – Interrumpió Cyborg, de una forma un tanto cortante y directa. Su expresión, de hecho, se había tornado algo dura. – ¿Cómo exactamente te enteraste de todo esto, y en sólo una hora? ¿A dónde fuiste?

Todos los demás reaccionaron con sorpresa, como si Cyborg los hubiera hecho ver de golpe algo que habían omitido. Sus miradas se centraron en Robin, casi de forma acusadora. La única que no lo miraba era Terra, quien tenía su vista agachada al suelo. ¿Sería acaso que ella no necesitaba escuchar su explicación…?

Robin se quedó callado algunos segundos. Miraba con detenimiento a sus amigos de frente, pero no parecía que le fuera sencillo hacerlo.

– No puedo decírselos, no aún…

Esa respuesta no hizo más que acrecentar la confusión de todos.

– Robin, si hiciste algo que debamos saber… – Comentó a Cyborg a decirle, pero Robin rápidamente lo interrumpió.

– Se los informaría de inmediato, pero no es así. Se los diré, lo prometo; pero no ahora. Lo que debemos de hacer es movernos rápido.

– ¿Y hacia dónde exactamente? – Añadió Supergirl.

La atención de todos se viró lentamente hacia Terra. Ese era, después de todo, el propósito por el que habían ido precisamente a ese sitio en un inicio. La rubia se sintió un poco cohibida por todas sus miradas. Desvió su mirada hacia un lado, algo apenada.

– Es más una teoría. – Explicó. – Antes de volver a Jump City, Jared me envió a una misión por mi cuenta. Tenía que encontrar la ubicación de un sitio; un templo antiguo de Trigon, construido por sus seguidores.

– ¿El templo de Trigon? – Exclamó Cyborg. – Acabamos de estar ahí; no hay nada, el sitio está vacío.

Terra negó lentamente con su cabeza.

– No, no el templo de aquí. Hablo del templo original, el sitio en el que Raven fue concebida.

De pronto, alzó su mirada de nuevo, y clavó sus grandes ojos azules justo en Robin.

– El templo que está en… Ciudad Gótica…

Esas palabras tomaron por sorpresa a todos, y no pudieron evitar mirar de nuevo a su líder con expectativa. Robin, sin embargo, estaba tranquilo e inexpresivo… Quizás demasiado tranquilo e inexpresivo.

“Ciudad Gótica”; ese era un nombre que le provocaba bastantes sentimientos al Chico Maravilla…

Miró entonces hacia el horizonte. El ocaso había terminado, y ya era de noche.

FIN DEL CAPITULO 25

Notas del Autor:

¡Y estamos de vuelta! ¿Qué les pareció el capítulo? Creo que ha sido de los más importantes y reveladores, ¿no?; y eso que últimamente todos son así.

Levante la mano quienes recordaban que dicha escena entre Raven y Robin había quedado pendiente en los primeros capítulos. Por si no lo recuerdan, el maletín de Robin en cuestión, es el mismo que aparece en el episodio Revved Up, por el que inicia toda la carrera. En este capítulo además, se hace mención a algunos personajes del universo de Batman, como Batgirl (Barbara Gordon) y Red Robin (Jason Todd). En los cómics originales, Jason es el segundo Robin, luego de Dick, y es varios años menor que éste y no se unió a la Batfamily hasta que Dick ya era Nightwing. Para efectos prácticos, aquí se toma como que Dick y Jason son de edad similares, y éste inició su carrera como ayudante de Batman con el nombre Red Robin (nombre que llega a tomar en los cómics por corto tiempo), trabajando al mismo tiempo que Dick era Robin, hasta que falleció.

Ahora, también quiero mencionar, antes de alguno se emocione de más con la mención final de Ciudad Gótica, que no esperen la aparición de cierto héroe de orejas puntiagudas. Tengan en cuenta que estamos ya en la recta final de esta historia, y no es el mejor momento para introducir a un personaje de último momento. Pero no se preocupen, hay cosas interesantes planeadas para esto, así que queden al pendiente.

Pero bueno, como dije, aquí se explicaron muchas cosas. Creo que ya casi no queda nada más que explicar, pero sí mucho que resolver. Todo se va armando poco a poco para llegar al final. ¿Qué es lo que más esperan? Sea lo que sea, espero que sea de su agrado y llene sus expectativas. ¡Nos vemos!

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Teen Titans: The Sinners. Han pasado unos cuantos meses desde que los Jóvenes Titanes derrotaron a la Hermandad del Mal, y volvieron a Jump City. Todo ha sido muy tranquilo desde entonces, pero las cosas están comenzando a cambiar. ¿Qué es esto que Raven ha empezado a sentir por su líder, Robin?, ¿Y quién es ese misterioso chico que afirma ser su hermano? Aunque siempre había logrado mantener en absoluto control sus sentimientos y pensamientos, estos cada vez parecen comenzar a dominarla. Y si no es capaz de aclarar su mente a tiempo, podría caer víctima de aquello que siempre temió, y arrastrar a todos sus amigos con ella…

+ «Teen Titans, la Serie Animada» © Glen Murakami, DC Comics, Warner Bros. Animation.

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