Fanfic Teen Titans: The Sinners – Capítulo 24. Momento de tomar decisiones

12 de febrero del 2017

Teen Titans: The Sinners - Capítulo 24. Momento de tomar decisiones


TEEN TITANS

THE
SINNERS

Por
Wingzemon X

CAPITULO 24
“Momento de tomar decisiones”

Tantas misiones ejecutadas a la perfección, tantos peligros superados, y tantos enemigos vencidos. Visto desde un lado objetivo, Robin  había enfrentado amenazas mucho peores, y no era la primera vez ni de cerca que uno de sus compañeros estaba en inminente peligro. Había visto y pasado por cosas que la mayoría de las personas sólo podían imaginar, o quizás incluso ni eso; y normalmente siempre era el ejemplo claro de la calma y la serenidad. Sin embargo, ese San Valentine parecía estar haciendo profundos estragos en él.

Se sentía tan confundido y agotado, como muy pocas veces recordaba haberse sentido.

Muchos sentimientos, muchas emociones, muchas sorpresas y confusión, todo sucediendo uno tras otro, sin que pudiera darse el tiempo suficiente de digerir alguno por completo. Su cuerpo ya lo estaba resintiendo. Tenía ganas de echarse de lado en ese mismo sillón en el que se encontraba sentado, cerrar los ojos y no despertar hasta el día siguiente. Pero no se lo podía permitir en lo absoluto; la situación se había vuelto muchísimo peor de lo que era esa misma mañana.

Robin. – Escuchó que le hablaban, pero él no reaccionó. Siguió mirando al suelo, con su cabeza apoyada contra sus manos. – Robin. – Repitió una segunda vez, pero él siguió igual. No deseaba responder, no deseaba alzar su cabeza. Sólo quería… – ¡Hey!, ¡Robin!

La gran mano de Cyborg se colocó sobre su hombro y lo sacudió ligeramente. El chico de antifaz alzó su mirada, confundido, encontrándose de frente con el rostro sereno y firme de su compañero.

– Amigo, sé que han sido demasiadas cosas en un sólo día, pero tenemos que decidir qué vamos a hacer. – Señaló Cyborg con seriedad.

– Sí, lo sé. – Respondió con un tono débil, y lentamente volvió a bajar su mirada. – Lo siento… Sólo… dame un minuto.

Cyborg suspiró resignado, y se giró hacia sus otros dos compañeros, encogiéndose de hombros. Los cuatro se encontraban en su sala de estar. Acababa de pasar apenas unos cuantos minutos desde que Jared y los otros cinco se llevaron a Raven, dejándolos atrás. Todos estaban notoriamente afectados, además de adoloridos y cansados, pero Robin parecía estarlo aún más que todos.

– Estoy segura de que Raven estará bien. – Señaló Starfire, intentando ser lo más positiva posible, pero no era algo sencillo de lograr.

Robin no respondió nada a su comentario. Siguió sentado, inmóvil, y metido en sus propios pensamientos. No parecía que hubiera algo que pudieran decirle para hacerlo reaccionar.

– ¿A dónde pudieron haberla llevado? – Cuestionó Chico Bestia.

– No lo sé. – Respondió Cyborg, notándose frustración en su voz. – Raven no trae su comunicador, por lo que no es posible rastrearla. Y hasta donde sabemos pueden estar en cualquier parte de la ciudad, del mundo, o fuera de éste. No sabemos qué habilidades secretas tengan aún escondidas estos sujetos…

A media conversación, vieron por el rabillo del ojo una silueta moviéndose afuera de los ventanales rotos. Por mero instinto, se pusieron de inmediato a la defensiva a la posible aparición de un nuevo enemigo, pero se calmaron con la misma rapidez al reconocer la silueta azul y roja de su amiga, Supergirl. La joven rubia volaba de forma lenta, casi tambaleándose en el aire, con su cabeza agachada y brazos colgando. Ingresó a la torre, y tras poner sus pies en el suelo, avanzó hacia ellos con debilidad, mientras se sujetaba su cabeza con una mano.

– ¡Kara! – Exclamó Starfire, alarmada, y de inmediato se lanzó volando hacia ella, para sujetarla y evitar que se cayera; la heroína agradeció su gesto en silencio.

La presencia de Supergirl hizo que al fin Robin se volviera consciente de su alrededor. Se puso de pie y se acercó a sus amigos. Starfire, por su lado, guiaba a su nueva amiga hacia el sillón.

– ¿Estás bien? – Le cuestionó Robin, con más frialdad de la que realmente ameritaba la sorpresa que sentía al verla en ese estado.

– Sí… Sí… algo así. – Respondió la Kryptoneana de forma casi cortante. – Sólo déjenme… Recostarme un rato.

Una vez cerca del sillón, se permitió dejarse caer sobre éste boca arriba.

– ¿Qué fue lo que pasó con esos sujetos?

– Huyeron. – Respondió Starfire con pesadez. – Y se llevaron a Raven.

– Grandioso. – Masculló Supergirl, molesta.

Robin se le aproximó y se paró a su lado. Visiblemente no tenía ninguna herida, pero siendo ella, eso no era tan extraño. Más que nada parecía aturdida, o mareada, y algo debilitada. Pero conociendo como conocía las habilidades Kryptoneanas, era probable que terminara recuperándose dentro de poco. Pero eso no hacía que lo ocurrido tuviera más sentido, o fuera menos preocupante.

– ¿Cómo es que esa chica pudo derrotarte tan fácil? – Le cuestionó de pronto, mostrando muy poco tacto en sus palabras. – No creí que hubiera alguien que pudiera superar en tal medida tu fuerza.

Supergirl permaneció callada un rato. Dudaba de qué forma responder esa pregunta, ya que en realidad ella misma se lo seguía preguntando también.

– No lo hizo. No fue ella, fue… No lo sé, fue raro. Cuando la vi, no la vi a ella. La vi como si fuera… Superman.

Los cuatro se sorprendieron de golpe al escucharla decir eso, aunque ciertamente no comprendían muy bien a qué se refería.

– No lo sé, ¿de acuerdo? Se veía como él, hablaba como él… Y golpeaba como él… O como creo que golpearía.

– Algún tipo de hipnosis, ¿quizás? – Teorizó Robin.

– No lo creo. Parecía algo más complicado que eso.

– Los poderes de estos sujetos son bastante extraños. – Señaló Cyborg, más como una queja que como un dato. – No son los más grandes o destructivos que hemos visto, pero son bastante…

– Difíciles de combatir. – Añadió Chico Bestia, con frustración. – Sobre todo el tipo que te deja congelado, o la otra que te estampa contra el suelo con tanta facilidad.

– Sea como sea, no podemos simplemente quedarnos aquí y lamentarnos, ¿no? – Exclamó Supergirl, sentándose poco a poco en el sillón. Se veía más recuperada, pero aún no tenía ese vibrante ánimo que casi siempre la acompañaba. – ¿Cuál es el plan de acción?

Las miradas de todos se posaron una vez más en Robin, pero éste aún no estaba listo para dar una respuesta. Pero listo o no, tenía que hacerlo, y rápido.

Se dio lentamente la media vuelta, y se alejó de ellos unos cuantos pasos. Se quedó viendo con atención las ventanas rotas, y los vidrios en el suelo. Qué fácil habían simplemente entrado a su base, justo frente a sus narices. El tal Jared ya había estado al menos dos veces en ese sitio, y de seguro ya había planeado con anticipación esa invasión.

Robin seguía preguntándose qué hubiera sido lo mejor por hacer en ese caso. ¿Hizo realmente mal en permitir a Raven convivir con ese chico? ¿Hubiera sido mejor imponerse más para prohibírselo? ¿Por qué le dijo en un inicio que lo hiciera? ¿Dejo acaso que sus propios sentimientos personales le nublaran y no pudiera ver el peligro inminente?

“Creí que después de lo que me contaste, tú serías el primero en entenderme.”, fue lo que le había dicho Raven aquella mañana, cuando intentaba entender porque le había abierto de tal forma la puerta a Jared sin motivo aparente. Quizás era cierto, quizás ese asunto que le había contado, el primer día en el que Supergirl había ido de visita, no lo dejaba ser del todo parcial.

Pero no era solo eso. Con todos sus demás compañeros, siempre había sido sencillo imponer autoridad, y exigir respuestas, incluso con Starfire. Pero con Raven no era así, mayormente porque casi nunca lo necesitaba…

Lo peor de todo ese asunto, era la grandiosa falta de información. No sabían con exactitud qué clase de poderes tenían esos sujetos, qué era lo que querían hacer con Raven, qué planeaban a largo plazo, en dónde se encontraban en esos momentos… No sabían nada.

Pero, podía haber alguien que sí pudiera saber algo, o al menos más que ellos.

De hecho, pensándolo bien, a Robin se le vino a la mente que quizás pudiera haber alguien más…

Dudó unos instantes, pero no tenía mucho tiempo para profundizar más en la idea. En esa ocasión, era mejor quizás actuar lo antes posible, y revisar los detalles después.

Se giró entonces de nuevo a sus compañeros, que esperaban expectantes por sus instrucciones.

– Chico Bestia, quiero que vayas a hablar con Terra. – Soltó de pronto, tomando por sorpresa al chico verde.

– ¿Con… Terra…?

– Si lo que nos dijo Raven es cierto, Tammy Hawk y Terra en estos momentos podrían haber vuelto a formar a una sola persona. Y si la otra Terra trabajaba para Jared, es probable que sepa cuál es su plan, o hacia donde pudieron haber llevado a Raven.

– Eso si acaso la… nueva Terra, mantiene aún los recuerdos de la vieja Terra… Esto se está volviendo confuso. – Comentó Cyborg, algo revuelto con quién era quién.

– ¿Crees que sea prudente que Chico Bestia vaya solo? – Señaló Starfire, dudosa. – No sabemos si la nueva Terra sea amigable.

– Creo que será lo mejor. – Contestó Robin, con firmeza. – Incluso en ese estado, la otra Terra parecía tener cierto apego hacia Chico Bestia.

– ¿Enserio lo crees? – Exclamó Garfield, casi emocionado, pero de inmediato intentó disimularlo. – Digo… ¿eso crees?

– Será más sencillo no alterarla de ese modo. Averigua cualquier cosa que pudiera saber, lo que sea. Mientras tanto, Starfire, Cyborg y Supergirl. Necesito que vayan al centro, en donde se encontraba el Templo de Trigon.

– ¿El qué? – Soltó Supergirl, igual o quizás más perdida que durante la larga y extenuante conversación que habían estado teniendo antes de que esos seis sujetos llegaran a atacarlos.

– No te preocupes, nosotros te guiamos, y te explicamos todo de paso. – Le comentó Cyborg, y Kara soltó un silencioso pero aliviador “al fin”. – ¿Pero enserio crees que puedan estar ahí? ¿No será demasiado obvio?

– Es poco probable, pero no tenemos otro sitio en el cuál comenzar a buscar. Si los encuentran, procuren no enfrentarlos de frente, y comuníquense con nosotros.

Aún no terminaba de hablar, cuando se giró hacia la puerta de la sala, que era ya más un gran agujero por el que había atravesado el cuerpo de Supergirl luego de ser golpeada, y comenzó a andar hacia ella sin decir nada.

– Oye, espera. – Musitó Cyborg, antes de que pusiera siquiera un pie fuera de la sala. – ¿Y tú a dónde irás?

Robin se detuvo a unos metros de la entrada. Guardó silencio unos instantes, y luego, sin voltear a verlos siquiera, les respondió…

– Es mejor que no lo sepan.

Y con esa sencilla, y a la vez enigmática contestación, salió de la sala con paso firme.

– – – –

Chico Bestia se fue con apuro a cumplir con su encargo. Gran parte de ello era por supuesto por su preocupación hacia Raven, y lo que esos sujetos pudieran hacerle. Pero, una parte de él, por egoísta que pudiera sonar, realmente deseaba ver de nuevo a Tammy, o a Terra, o ambas… Cyborg tenía razón, eso era confuso. Pero fuera quien fuera, quería verla, saber que estaba bien, saber que aún lo recordaba, y que lo ocurrido en el interior de esa asfixiante esfera de piedra y acero, había sido enserio.

Sí, en efecto no era el momento ni el lugar adecuado para estar pensando en esas cosas. ¿Pero cómo evitarlo?, ¿cómo evitar pensar en ello luego de todo el tiempo que espero con volver a ver a Terra?, a la verdadera, no a Tammy Hawk, no a la parte malvada que los había atacado, o siquiera aquella chica que había sido controlada y manipulada por Slade; sino la real, la que conoció en un inicio, la que se volvió parte de su equipo, de la que él se había enamorado…

Pero su prioridad debía de ser averiguar lo que pudiera sobre el tal Jared y sus hermanos. Ya habría oportunidad de lo demás, estaba seguro. Debía enfocarse en su misión, y dejar lo otro para después.

Esperaba realmente poder lograrlo.

Quería ser lo más discreto posible, por lo que entró al hospital al que habían llevado a Tammy, en forma de un pequeño ratón, y se abrió paso sin ser visto por los corredores. Qué problemático hubiera sido para el hospital si alguien viera a un ratón caminar por ahí, pero por suerte nadie lo notó. Revisó el historial de ingresos en emergencias, una vez que el libro estuviera solo, así como la copia del expediente. Al parecer la habían revisado, sin detectar ningún daño físico en ella, pero seguía en observación. Por petición de su abuela, la habían pasado a un cuarto, cuarto 204, en el segundo piso.

No había tiempo que perder.

Con la misma discreción que antes, se movió por adentro de las paredes hacia el segundo piso, y luego buscó el cuarto 204. Se hizo aún más pequeño, en forma de una mosca, penetrando al cuarto por debajo de la puerta, para luego pegarse a la pared. En efecto, recostada sobre la camilla, estaba Tammy, plácidamente dormida sobre su costado izquierdo, como si se encontrara en su propia cama. Pero no estaba sola; su abuela, o la mujer que había dicho que era su abuela, estaba sentada a su lado, leyendo una revista.

Un aire denso de preocupación rodeaba a la mujer, aunque el expediente decía que Tammy se encontraba totalmente bien.

Pensó rápido en qué hacer. No podía quedarse a esperar a que ella se fuera, si es que pensaba irse en algún momento. Tendría que dejar a un lado su discreción.

Se despegó de la pared, descendió hasta el piso, y tomó abruptamente su forma original, justo delante de la camilla. Como era de esperarse, la señora Hawk dio un brinco de la impresión, al ver en un pestañeo como se materializaba ante ella la figura de una persona, que antes no estaba ahí.

– ¡¿Quién…?! – Exclamó asustado, parándose de su silla, aunque el inconfundible rostro del repentino visitante no tardó en volverse familiar para ella. – Oh, eres tú… El chico de los Jóvenes Titanes.

– Lo siento, no quise asustarla. – Se disculpó Gar, apenado.

– Descuida. Sólo me sorprendiste.

Era una manera bonita de decirlo. Debió ser más considerado, ante de que casi causarle un infarto a esa pobre mujer.

Chico Bestia se acercó con cuidado, parándose a un lado de la camilla para poder ver a su ocupante mejor. Dentro de lo que cabía, se veía bastante tranquila, como si lo de hace un par de horas no hubiera ocurrido.

De seguro sería algo difícil de entender para la mayoría, pero aunque a simple vista su rostro se veía igual que siempre, igual al de Tammy Hawk, igual al de Terra, si lo miraba con más detenimiento podía notar algo distinto. Algo había cambiado en ella, se podía percibir a simple vista, aunque estuviera dormida. ¿Sería posible que realmente haya vuelto a ser la Tera de antes?

– ¿Cómo está? – Preguntó sin apartar su mirada.

– Mejor. Los doctores dicen que no hay nada malo con ella, al menos físicamente.

– ¿No se ha despertado?

– No aún, pero de seguro lo hará pronto. ¿Buscabas algo?

Chico Bestia vaciló. No era buena idea compartir con cualquiera los detalles pertenecientes a los escabrosos sucesos que lo habían llevado a ese sitio, especialmente cuándo ni siquiera él mismo los conocía en su plenitud.

– Necesitaba hablar con ella de algo importante.

Esa sencilla respuesta pareció bastarle a la mujer, al menos en apariencia.

– No creo que despierte pronto. – Comentó la señora Hawk, al tiempo que volvía su atención hacia la jovencita inmóvil ante ellos. – Y aunque despierte, no… creo que tenga nada que decirte…

Chico Bestia detectó algo en su tono, sobre todo para el final de sus palabras. La miró de reojo, y notó un atavismo de preocupación. ¿Era por la salud de Tammy?, pero acababa de decir que estaba bien, los registros también lo decían.

¿Qué era entonces?

– ¿Le sucede algo? – Le cuestionó con un tono discreto, procurando no alterarla. La mujer, al parecer, se sobresaltó un poco por la repentina pregunta.

– Sí, claro. – Respondió algo insegura, mientras se arreglaba sus cabellos con sus dedos delgados y temblorosos. – ¿Podrías quedarte con ella un minuto?

El Titán vaciló un poco. No creía que pudiera quedarse ahí mucho tiempo, y tampoco sabía cuánto tardaría en despertarse. Pero lo cierto era que, aunque debía irse, no tenía deseos de hacerlo. Quería quedarse aunque fuera un rato más, y tomaría cualquier excusa que se le ofreciera con tal de poder hacerlo.

– Por supuesto, yo la cuido. – Le indicó con una larga sonrisa.

– Gracias. Vuelvo enseguida.

La mujer caminó hacia la puerta, con un semblante sombrío en ella; algo realmente parecía estarla perturbando.

Cuando se fue, Chico Bestia se permitió sentarse en la silla que anteriormente ocupaba, y se quedó ahí, vigilando el sueño de la joven.

No estaba seguro de cuánto tiempo pasó ahí, en absoluto silencio, solamente percibiendo su respiración lenta y pausada, y contemplado su hermoso rostro, con un par de mechones rubios cayendo sobre él. Lo que Tammy había dicho, y sobre todo hecho, cuando estaban atrapados, seguía recorriéndole la cabeza. ¿Lo recordará?, ¿seguirá pensando ello? Lo que le dijo, ¿era lo que Tammy Hawk sentía?, ¿o estaba en ello involucrados también los sentimientos de Terra?

Había tantas, tantas preguntas que quería hacer, y la persona que podía responderlas no podía hacerlo, aunque estuviera justo ahí, delante de él…

O, ¿acaso sí podía…?

El rostro de Tammy, que había permanecido prácticamente inmóvil todo se rato, comenzó a mostrar ligeros rastros de vida. Unos cuantos quejidos se escaparon de su garganta, y sus ojos se apretaron con fuerza, como si estuviera sufriendo de un dolor ligero. Chico Bestia se paró de un salto y se aproximó a la camilla, agachándose para que su rostro quedara a la misma altura que el suyo. Los parpados de la joven comenzaron a abrirse poco a poco, como si le pesaran. Sus ojos azul intenso se asomaron del otro lado, brillando con intensidad por el solo reflejo de la luz. Su mirada se quedó fija en él, aunque algo perdida y ausente.

– ¡Tammy! – Exclamó el Titán, sin poder esconder su entusiasmo. – ¡Despertaste!

La rubia no reaccionó, no en un inicio. Se quedó un rato en la misma posición, mirándolo aunque no parecía que lo mirara realmente a él. Pero luego de unos largos segundos de espera, sus labios se separaron levemente, y de ellos brotó el sonido de su voz, que tanto deseaba escuchar.

– ¿Chico… Bestia…?

– ¿Me recuerdas? ¿Te acuerdas de mí? ¿Recuerdas lo que pasó?

De nuevo siguieron unos ratos de silencio. Tammy comenzó a alzarse, apoyada en sus manos, hasta sentarse por completo en la camilla. Miró desconcertada alrededor, y el escenario no le pareció ni remotamente conocido.

– ¿Dónde estoy?

– En el Hospital. – Se apresuró a responderle el joven de piel verde. – Te desmayaste, pero ya estás bien, Tammy. O… ¿Terra?

La joven se estremeció un poco al escuchar cómo le llamaba de esa forma, y lentamente se giró hacia él; su mirada parecía confusa.

– ¿Puedo volver a llamarte Terra? Digo, ¿has vuelto a ser ella? ¿Recuperaste tus recuerdos?

Tammy no dijo nada. Sólo bajó un poco su mirada, y contempló un rato sus propias manos, como si fuera la primera vez que las veía.

– Descuida, todo está bien. Raven nos explicó lo que pasó.

– ¿Raven? – Cuestionó con un pequeño hilo de voz. Chico Bestia, por su parte, era todo lo contrario; él hablaba con mucha seguridad y entusiasmo.

– Todo esto fue obra de Jared, ¿verdad? Él te hizo esto, él te dividió en dos e hizo que tu parte malvada hiciera todas esas cosas, y tú no recordabas nada. Pero lo importante es que has vuelto a ser tú, y ahora todo está bien, ¿cierto?

De nuevo, no dijo nada. Seguía simplemente mirando sus manos en silencio.

– ¿Terra…? Oye, Terra…

– Deja de llamarme así. – Soltó de pronto con un tono duro, casi agresivo. – No soy ella… O… sí lo soy… Pero no lo soy… – Llevó de golpe sus manos a su cabeza, sujetándosela con fuerza. – ¿Por qué?, ¿por qué tuviste que hacerlo? ¡¿Por qué tuve que hacerlo?! Esto no era lo que yo deseaba… No era… No era…

Rastros de lágrimas comenzaron a surgir de los extremos de sus ojos, y a resbalarse por sus mejillas.

– Pero… Terra… ¿Qué está pasando? – Susurró el Titán, con duda. – ¿Has recobrado tus recuerdos?

– ¡No es tan simple, Chico Bestia! – Le gritó de golpe, sin poder contenerse, tomándolo de nuevo por sorpresa. Sin embargo, pareció volverse de inmediato consciente de lo que había hecho, y se giró hacia él, con sus ojos húmedos, y mirada arrepentida. – Yo… Lo siento, no quise gritarte… pero… todo es tan… Tan confuso…

Con una mano comenzó a tallarse sus ojos, con más desesperación de la que quizás debería.

– Lo siento, Chico Bestia. Pero la persona que estás viendo ahora… Yo… Yo no soy Tammy Hawk… Yo soy la otra Terra, a la que acabas de llamar la parte malvada…

El Titan casi saltó de la impresión tras escuchar tal afirmación.

– ¿Qué? No, pero es imposible. Ella… desapareció.

– No, no desaparecí. – Le respondió con un tono frío y estoico. – Sólo volví a mi verdadero cuerpo. Pero yo soy quien los atacó, quien casi mata a Starfire, quien enterró a Robin y Cyborg… La única diferencia es que ahora tengo revueltas en mi cabeza mis memorias, y las de Tammy. Lo que ambas vivimos por separado, está mezclado, y se confunden una con la otra… ¡no sé qué fue real y qué no!

De nuevo volvió a sujetarse su cabeza, y a soltar un par más de lágrimas. Chico Bestia no lo entendía del todo, pero fuera lo que fuera, se veía que todo ello era bastante confuso y doloroso para ella. Pero era natural, si es que algo en ello pudiera llamarse así. Era como si dos personas acabaran de hacerse una, por lo que había captado, y eso no sonaba para nada a algo simple.

– Bueno, no importa cómo haya sido. – Comentó el Gar, intentando sonar mucho más seguro. – Lo importante es que han vuelto a ser una sola, ¿no? Has vuelto a ser Terra, la completa, con lo bueno y lo malo, como cualquier persona. Y no es tu culpa lo que… esa otra mitad haya hecho mientras estaba separada de ti.

– ¡No es así! – Exclamó con fuerza de nuevo. – No es… así…

– ¿Qué cosa no es así? ¿Qué es lo que ocurre realmente?

Terra se volteó a otro lado, como si se sintiera avergonzada.

– Tú no lo entenderías.

– Pruébame, haré el intento.

– No, no quiero que lo hagas. No quiero que lo sepas, no quiero… decirlo…

Terra se abrazó a sí misma, soltando pequeños sollozos, mientras su cuerpo temblaba. Chico Bestia estaba desconcertado, y no estaba seguro de qué hacer, de cómo reaccionar o qué decir. ¿Qué era lo que la perturbaba tanto? ¿Qué secreto estaba guardando que la ponía en ese estado?

¿Quería saberlo? ¿Quería saber lo que ocultaba? Gran parte de su ser le gritaba un rotundo “¡Sí!”… Pero, había una pequeña parte, muy en el fondo, que intentaba sobresalir y decirle que no, que no insistiera, que no preguntara…

Pero, ¿a cuál hacerle caso? ¿Cuál sería la mejor opción? ¿Qué era lo que deseaba realmente…?

– Dime una cosa. – Murmuró de pronto con suavidad, llamando de nuevo su atención hacia él. – ¿Es contigo con quien estuve atrapado en la esfera de roca? ¿Recuerdas lo que pasó ahí? ¿Recuerdas lo que dijimos?

Terra dio un pequeño respingo, y un profundo sonrojo se asomó por sus mejillas. Se volteó instintivamente, frotando su brazo como señal de nerviosismo.

– Sí… lo recuerdo… – Susurró despacio, y algo dudosa. – Yo… eso… lo hizo Tammy. Pero…

Casi sin proponérselo, alzó sus dedos hacia sus labios, tocándolos un poco con la yema de sus dedos.

– Fueron estos mismos labios los que lo hicieron…

Chico Bestia también se ruborizó y apenó. Sintió que su corazón empezaba a latir de nuevo con fuerza. Se moría de ansías de decir algo, y no dejaría que la pena le impidiera decirlo. Jamás volvería a dejar que algo tan banal como ello le impidiera expresar lo que sentía, porque ya había aprendido de mala forma que si lo hacía, podía ya no tener otra oportunidad.

– Las cosas que dije en ese sitio, eran hacia ti, Terra; era a ti a quien le estaba hablando. Te dije que sin importar qué, aunque el mundo entero te diera la espalda, yo no lo haría. ¡Y lo dije enserio! No importa qué sea, sólo confía en mí una vez más. Yo sé que aún eres en gran parte esa chica que estuvo conmigo ahí, y sé que nos volvimos a conectar de la misma forma que lo hicimos cuando nos conocimos, o incluso más. Necesito saberlo… Necesito saber qué es lo que te pasó, y qué es lo que te está pasando ahora…

Extendió entonces su mano hacia la suya, tomándose el atrevimiento de estrecharla entre sus dedos. Éste acto obligó a que Terra lo mirara de nuevo, aunque tuviera que encontrarse frente a frente con esos grandes y hermosos ojos verdes, tan profundos y cautivadores que siempre le habían fascinado. Había anhelo en ellos, pero más que anhelo por saber, era anhelo por estar cerca de ella, por sentirle de nuevo real, por saber que lo que veía no era un espejismo o una ilusión más.

Terra se sentía casi hipnotizada por esos ojos. No había contemplado lo sencillo que era el mundo sin un corazón, hasta ese momento, en el que todo lo que sentía por ese chico le volvió de golpe, y con más fuerza que antes. Todo lo que la Terra anterior y Tammy vivieron, todo lo que ambas pensaban o sentían por él, se sumaba una a la otra, y no la dejaba siquiera respirar. Deseaba darle todo lo que le pedía, y más. Le daría todo, todo lo que tuviera, si supiera que con eso lo podría hacer feliz, cumplirle esa hermosa fantasía que le cruzaba por su mente… Pero sabía que si lo hacía, lo que haría más bien sería hacerla añicos.

Se soltó delicadamente de su mano, y de nuevo se volteó a otro lado, apenada.

– Las cosas no son como tú crees, Chico Bestia. – Murmuró de nuevo con frialdad en su voz. –Sé lo que piensas, que alguien me manipuló y obligó a hacer todo lo que viste, y que no era consciente de lo que hacía. Que era como una marioneta… Pero no es cierto. Nadie me obligó a que esto pasara, nadie hizo esto en contra de mi voluntad… Yo era quien lo deseaba, desde el inicio…

– ¿Qué? – Exclamó Gar, confundido. – ¿A qué te refieres?

Terra suspiró, resignada.

– No estoy muy segura de qué era ese estado en el que entré luego de la pelea final con Slade. Es como si mis poderes me hubieran querido proteger, como si hubiera permanecido en hibernación, o en algún tipo de fase de curación. No lo sé. Sólo recuerdo que en todo ese tiempo yo… Soñaba. – Una pequeña sonrisita se asomó en sus delgados labios. – Soñaba con una vida perfecta y tranquila, dónde todo era justo como lo deseaba; tenía una familia, y no era presa de mis poderes. Nadie me perseguía, y nadie me odiaba. Y todo era tan vivido. Y un día, alguien pareció entrar a mi sueño de la nada… No tenía cuerpo, ni forma; sólo recuerdo ver fuego, sombras y cuatro ojos rojos y brillantes.

– ¿Era Jared? – Cuestionó el Titán rápidamente, pero Terra negó con cautela.

– No, a Jared lo conocí tiempo después. Era alguien más, no sé quién. Pero me ofreció ayudarme a liberarme, y hacer que ese mundo que soñaba se hiciera realidad. Me ofreció una vida perfecta, una vida tranquila y en paz. Me dio lo que siempre quise, Chico Bestia. Me dio una familia, una vida normal, y lo más importante: me quito mis poderes y mis malos recuerdos.

Y así fue cómo nació Tammy Hawk, o al menos eso entendía Chico Bestia; hasta se punto, todo concordaba con lo que Raven les había contado.

– Tammy era todo lo que siempre deseé ser. Ya no hacía temblar la tierra al enojarme, ya no lastimaba a nadie, ya no perdía el control, y ya no tenía que ocultarme; podía ir a la escuela, tener amigos. Esa persona me hizo olvidar todo lo malo que me había pasado, todo lo malo que había hecho, todo lo que repudiaba de Terra y Tara Markov. Era una persona nueva, con una vida nueva. Todo fue tan hermoso. Era realmente feliz…

Su sonrisa se hizo añicos por sí sola. Lentamente sus labios se destensaron, hasta formar junto con su mirada, una expresión pesada, triste… oscura.

– Y ahora todo eso se ha esfumado… Todos los malos recuerdos de lo que hice, han vuelto, junto con mis poderes. La gran ilusión en la que he estado viviendo estos meses, se ha roto y me ha regresado toda mi horrible realidad. Esa persona me lo había advertido, y fue muy clara al respecto. Si en alguna ocasión consciente, Tammy Hawk deseaba de nuevo ser yo o tener mis poderes de regreso como pasó esta tarde… Volveríamos irremediablemente a ser una de nuevo, y Tammy Hawk dejaría de existir… Por eso quise protegerla, encargarme de que Slade no le hiciera daño, para que así ella pudiera vivir una vida feliz y tranquila por las dos… Pero fallé.



¿Eso fue lo que pasó? ¿Volvieron a unirse porque Tammy deseó ser Terra otra vez? Pero entonces, si fue así, lo había hecho para… protegerlo a él de la explosión. Claro, ¡ahora todo tenía sentido! Claro, sentido mágico, o como se pudiera llamar eso. Ella deseó tener el poder de protegerlos, y así es como despertó de nuevo sus habilidades. De esa forma los cubrió para que la explosión no los tocara, y por ello el hechizo se había roto.

– Pero lo hiciste para salvarme. – Comentó de golpe el Titán, inclinándose hacia ella. – Lo hiciste para protegerme. Si no lo hubieras hecho, yo hubiera muerto, y de seguro tú también.

– Lo sé… Pero a cambio tuve que pagar un gran precio…

Se hizo un incómodo silencio entre ambos, mismo que Chico Bestia aprovechaba para poder digerir mejor toda la información. Si toda la extensa explicación de Raven no había sido ya suficiente, más la otra que había soltado el tal Jared al invadir su casa, ahora esa nueva tenía que abrirse paso a empujones por su cabeza para poder caber.

Pero todo eso le traía a él no sólo respuestas, sino también nuevas preguntas…

– Yo… Hay algo que aun no entiendo. Bueno, en realidad muchas cosas, pero en estos momentos una en especial. ¿Por qué Jared, o quien fuera, hizo todo eso por ti? ¿Qué ganó él con eso? ¿Qué quería de ti?

Chico Bestia notó como las manos de la rubia se apretaban con fuerza a la sabana de la camilla, tan fuerte que sus dedos se pusieron blancos.

– ¿Terra…?

La joven respiró hondo un par de veces. Esa era precisamente la parte que no deseaba decir… La que no quería que él supiera.

– A cambio de eso, esa persona me pidió varias cosas. La primera, era que debía de encontrar a Jared, decirle toda la verdad sobre su origen, y ayudarlo a encontrar a sus demás hermanos, y luego a cumplir con su misión.

– ¿Cuál misión?

– Reunirse con Raven, y… Hacer que expulsara el poder demoníaco que guardaba en su interior.

– ¡¿Qué?! – Exclamó el Titán, atónito. – Espera, espera… Eso… ¿Eso te lo dijo antes… o después de concederte tu deseo?

Terra no respondió, ni siquiera lo volteó a ver, pero ese silencio fue suficiente…

– No era lo único. – Susurró, despacio. – Además, también quería que compartiera con Jared y los otros… Todo lo que sabía… de ustedes. De Robin, Starfire, Cyborg, de ti, y especialmente de Raven, todo lo que supe en el tiempo en el que estuve en su equipo como una espía, sus fortalezas y debilidades, y también sus secretos. Y también todo lo que sabía de Slade.

Hubo una pequeña pausa, un ligero rastro de duda, pero inmediatamente después prosiguió.

– Y yo acepté… Acepté sus condiciones, cada una, a cambio de que me cumpliera mi deseo…

El Titán se apartó rápidamente de la camilla, y retrocedió un par de pasos, mirándola con completa incredulidad. Su semblante se había transformado por completo. Ya no era ni cerca el rostro comprensivo y amable de hace unos momentos. Ahora estaba lleno de asombro, o incluso se podría decir que era más horror que asombro…

– No, no, no. – Comenzó murmurar para sí mismo, comenzando a caminar de un lado a otro. – No puede ser. Tú… ¡Tú nos vendiste!, ¡de nuevo!

Se giró abruptamente hacia ella, mirándola ahora ni con asombro, ni con horror: sino más bien con absoluta rabia y coraje. Terra se estremeció al sentir que él la miraba de esa forma, y como le alzaba su voz; ni siquiera en el tiempo en el que estaba con Slade, le había tocado verlo dirigirse a ella de esa forma… Era como alguien totalmente diferente, como si se hubiera transformado en alguna nueva bestia desconocida para ella.

– No, no Chico Bestia. – Se apresuró a decir, aunque su voz se sentía insegura y quebradiza. – Te juro que yo pensé que sólo se trataba de algo contra Slade, y que sólo intentaban acercarse a Raven como sus hermanos. Jamás pensé que fuera a hacer todo esto…  ¡debes de creerme!

– ¡No puedo hacer eso! – Le respondió rotundamente. – Dices que recuerdas todo lo que hiciste siendo esa otra Terra. En ese momento debiste de haber sabido exactamente lo que querían, pero no me te importó, ¿verdad?

– No… No es así. – Ni siquiera se dio cuenta cuando se paró de la camilla. Pero incluso cuando sus pies descalzos tocaron el piso frío, no le importó. – No era yo misma, tú lo dijiste. Era como si fuera mi parte malvada. No tenía consciencia, ni sentimientos…

– ¡Esas son puras excusas! – Su grito interrumpió cualquier iniciativa que tuviera la rubia de acercársele más. – Lo único cierto es que no te importó lo que ocurriría, o lo que harían. No te importó lo que nos pasaría a nosotros, no te importó lo que le pasaría a Raven. De nuevo no te importó nada ni nadie, ¡porque la única persona que siempre te ha importado eres tú misma! No puedo creer que te he estado defendiendo ante los otros todo este tiempo… Enserio creí que habías cambiado, ¡qué estúpido he sido!

– ¡No es así! – Repitió Terra, con sus ojos llenándose abruptamente de lágrimas. – Chico Bestia… Gar… Por favor. ¿Recuerdas lo que me dijiste? ¿Lo que me acabas de decir? ¿Que sin importar qué, tú me apoyarías, que no me darías la espalda?

Eso pareció ser un detonante para que el Titán intentara al menos tranquilizarse. Se había dejado llevar tan abruptamente por el coraje, que se le había escapado por completo de la cabeza lo que acababa de decirle justo unos minutos atrás; desde afuera, eso de seguro lo hacía ver como un mentiroso, especialmente luego de haberle insistido tanto que le dijera la verdad.

Respiró lentamente, intentando tranquilizarse un poco, pero le era realmente difícil hacerlo; era como si en el fondo no lo deseara, ni siquiera un poco.

– Sí, lo dije, y lo dije enserio. – Susurró muy despacio. – Pero a veces me pregunto si realmente vales la pena el esfuerzo…

Terra sintió esas palabras como un filoso cuchillo contra su pecho, algo tan doloroso que la hizo doblarse sobre sí misma y luego caer de rodillas al piso, como si sus piernas le hubieran dejado de funcionar.

– No me digas eso, Chico Bestia, por favor. – Masculló entre sollozos, mientras miraba al suelo debajo de ella. – Lo soportaría de cualquiera, pero no de ti. Por favor… ¡tienes que entenderme! Yo sólo quería olvidar todo lo malo que había hecho… Yo sólo quería vivir en paz, tranquila, quería ya no lidiar con esta maldición. Yo sólo quería empezar de nuevo, ¡quería ser feliz por primera vez en mi vida! ¡Eso no es algo malo!

– Eso se llama huir. – Fue la respuesta directa y sin rodeos del Titán. Terra alzó su mirada débilmente hacia él, notando como la miraba desde arriba, con una expresión más suave, pero no por ello ausente de enojo. – Y es lo único que has estado haciendo todo este tiempo. Huiste de tu reino, huiste de tu familia, huiste de cada ciudad donde causabas un problema, huiste de nosotros cuando nos enteramos de que no podías controlar tus poderes, y huiste al final para no enfrentar de frente las consecuencias lo que habías hecho, primero escondiéndote debajo de una piel de piedra y luego como Tammy Hawk. Huir es todo lo que has hecho en tu vida. Huir es sencillo para ti, quedarse es difícil porque debes afrontar culpas y dar la cara por tus actos. Y una vez más tus actos egoístas han afectado a los que intentan ser tus amigos.

– Chico… Bestia…

No tenía nada para defenderse, nada más que pudiera decirle. Sus palabras eran intensas, dolorosas e incluso algo crueles… Pero eran ciertas, todas y cada una de ellas.

El Titán se le aproximó, hasta colocarse justo frente a ella y agacharse hasta estar a su altura. Terra apenas y lograba mirarlo, pero no más allá de su barbilla o su nariz; sabía que mirar de nuevo sus ojos sinceros, pero llenos de odio, sería demasiado para ella, algo completamente insoportable.

– Si realmente estás arrepentida, deja de huir, y ayúdanos; ayúdame a salvar a Raven. – Murmuró el Joven Titán con firmeza. Esto tomó por sorpresa a Terra, aunque no demasiado. – Esos sujetos se la llevaron y no sé qué piensan hacer con ella, y es en parte por tu culpa, y lo sabes. Raven jamás huyó de nada, ni siquiera de su destino. Siempre lo enfrentó de frente y con fuerza. Así que si sabes algo de ellos, en dónde están, en dónde podemos encontrarlos, dímelo, por favor. – Extendió de nuevo su mano hacia ella, estrechando la suya con suavidad. – Dame un motivo para intentar siquiera volver a confiar en ti.

Terra parecía aturdida, incapaz de entender por completo lo que le decía. Volvió a agachar su rostro; parecía avergonzada. ¿Sabía realmente algo? ¿Le ayudaría? Chico Bestia no sabía qué pensar.

¿Qué pasaba exactamente por su mente en esos momentos?

La puerta se abrió de pronto, y ambos reaccionaron abruptamente virándose hacia ella. La Señora Hawk se encontraba de vuelta, sujetando un vaso de café en una mano, y una bolsa de la tienda con bocadillos en la otra. El verlos a los dos en el suelo, hubiera sido una escena bastante extraña, pero estaba más interesada en el hecho de ver a la joven ojiazul fuera de la camilla.

– ¡Tammy! – Exclamó con fuerza, con más asombro que alegría. – Despertaste…

Terra igualmente pareció realmente sorprendida de verla.

– ¿A… buela…?

Se hizo entonces un profundo y casi incómodo silencio, por unos escasos instantes en los que la rubia y la mujer mayor, simplemente se miraban la una a la otra sin pestañear siquiera. La señora Hawk fue la primera en reaccionar. Sonrió casi forzada, y entonces terminó de ingresar al cuarto, cerrando la puerta detrás de ella.

Chico Bestia miraba todo esto, extrañado. No era precisamente la reacción que esperaría.

– Qué alegría que estés bien. – Comentó con un sobrio entusiasmo, al tiempo que se le aproximaba con cautela. Sin embargo, cuando estaba ya a menos de un metro de ella, Terra retrocedió instintivamente un paso. No parecía que tuviera miedo o algo parecido, sino simplemente… Parecía muy, muy confundida.

– Abuela… ¿Acaso tú…? – Susurró en voz baja, pero no fue capaz de completar su pregunta.

La Señora Hawk notó en ese momento que los ojos de Terra se veían rojizos, y aún tenían rastros de lágrimas en ellos.

– ¿Qué te pasó? – Cuestionó  preocupada, y de inmediato se viró hacia Chico Bestia. – ¿Qué le hiciste?

El joven verde se estremeció, incomodo al sentir la mirada acusadora de la mujer en él. Aunque bueno, en parte tenía razón en voltearlo a ver; él había sido en efecto quien la había hecho llorar.

– Yo… Yo sólo…

– Nada, nada, él no me hizo nada. – Se apresuró Terra a intervenir, interponiéndose entre la mujer y el Titán. – Chico Bestia, ¿puedes darme un minuto?

Volteó sobre su hombro a verlo, y podía deducir por su propia mirada que no era del todo una petición.

Gar miró con detenimiento a Terra, y luego a esa otra mujer. ¿Qué era lo que les ocurría a ambas?, ninguna actuaba de manera normal. Fuera lo que fuera, al parecer Terra no quería que lo escuchara. Dudoso, acató la solicitud, y avanzó hacia la puerta, para salir y esperar en el pasillo. Ya en ese momento, sería inútil seguir intentando ser discreto.

Terra permaneció con su atención fija en la puerta, incluso un rato después de que Chico Bestia salió. Quizás tenía sus reservas de voltear a ver de nuevo a su abuela… de lo que podría pasar si lo hacía. Por el rabillo del ojo notó que ella se aproximaba a la mesa estacionada a un lado de la camilla, y dejaba la bolsa con bocadillos sobre ésta.

– Me preocupé tanto por ti, querida. – Comenzó a decir, dándole la espalda; Terra la miraba de reojo, en silencio. – Esta ciudad se está volviendo enserio demasiado peligrosa cada día. Nunca falta algún loco haciendo desastres a diestra y siniestra. ¿Tienes hambre? Traje algunas cosas. Pero nada de esto parece muy sano.

Terra echó un vistazo rápido a los bocadillos. Sí tenía un poco de hambre, pero eso era lo último que le cruzaba por la cabeza en esos momentos.

Volteó a ver al fin por completo a la mujer de cabello blanco. Ella seguía dándole la espalda, concentrándose en cualquier cosa que pudiera, que no ameritara mirarla. Se volvió claro en ese momento para la antigua Titán, que ella también lo quería evitar… Tampoco quería mirarla fijamente o por mucho tiempo.

El rostro de la joven se endureció.

– Abuela. – Comentó con firmeza, intentando llamar su atención, pero ella siguió sin mirarle. – ¿Tú… aún me recuerdas? ¿Aún sabes… quién soy?

No hubo reacción inmediata ante su pregunta.

La Señora Hawk avanzó con pasos cuidadosos hacia la ventana, y corrió la cortina hacia un lado para asomarse al exterior. El sol ya estaba a punto de meterse por completo.

– En verdad, esta ciudad se ha vuelto un infierno. – Susurró despacio, como una pequeña maldición. – En cuanto llegue tu abuelo, le diré que tenemos que irnos de aquí; a otro sitio, a cualquiera que sea más seguro. ¿A dónde te gustaría ir, Tammy? Sería… Agradable viajar… Cómo cuando tenías ocho años, ¿lo recuerdas? ¿Cuándo viajamos por el país, nosotros, tus padres y tú…?

Su tono aparentaba ser tranquilo e incluso algo frío. Sin embargo, no era muy difícil detectar la melancolía que se ocultaba tras él. Terra se le quedó viendo con detenimiento: su cabello canoso que le llegaba hasta sus hombros, su espalda delgada, al igual que el resto de su cuerpo, de apariencia tan frágil. Le pareció notar que temblaba; un poco, pero aun así apreciable.

Todo se volvió bastante claro en ese momento.

La joven rubia sonrió, y desvió su mirada hacia otro lado, dejando que las palabras que la mujer acababa de pronunciar trajeran cientos de imágenes a su cabeza y fluyeran una tras otra, como el adelanto de una película.

– Sí, lo recuerdo. – Respondió con sutileza. – Fue el viaje en que me compraste aquel caballo de felpa el Arizona, y cuando te subiste conmigo a aquel juego mecánico en San Antonio, aunque le tenías tanto miedo. Y cuando probé esa salchicha en New York que era más larga que me cabeza. Fue… Divertido.

Calló unos momentos, y la sonrisa que se había dibujado en su rostro, se esfumó tan rápido como había aparecido.

– Pero no son más que mentiras. – Exclamó con rotunda pesadez. – Lo cierto es que a los ocho años, yo ni siquiera había llegado a este país todavía. Me recuerdas, eso lo puedo ver. Pero… al mismo tiempo, recuerdas que tu hijo y su esposa nunca tuvieron una hija llamada Tammy. ¿O no?

La miró, en busca de alguna reacción. Pero ella no dijo ni hizo nada; permaneció de pie frente a la ventana, contemplando el horizonte.

– Ambas memorias están revueltas en tu mente, al igual que las mías. – Continuó. – El abuelo de seguro también se encuentra en la misma situación, ¿verdad? Sarah y Mary comenzarán a vivirlo también, pero ellas quizás tarden un poco de tiempo en darse cuenta de los huecos, de las cosas que no concuerdan, de los recuerdos que parecen confusos. Pero no hay confusión en esto. Tú sabes que no soy tu nieta…

La Señora Hawk se giró abruptamente hacia ella, y Terra notó una expresión que jamás le había visto, ni es sus recuerdos reales, ni en los creados. Se veía tensa, dura, sebera, como si estuviera realmente, pero realmente, furiosa. Sus labios se apretaban, y sus ojos se encontraban cristalinos, como si desearan soltarse a llorar, pero ella usara al mismo tiempo toda su fuerza de voluntad para evitarlo.

– No sé cómo pasó esto, y no me importa saberlo. – Pronunció de pronto, sonando casi como si fuera un regaño. – Para mí todo esto fue y es bastante real. Tú eres mi nieta, y nada, ni nadie, ¡me hará pensar lo contrario!

Terra se sintió aturdida; no esperaba esa reacción de parte de la mujer, ni que le fuera a decir eso. ¿Era enserio lo que decía? ¿Realmente se sentía de esa forma?, ¿o se encontraba quizás en algún tipo de negación? ¿No deseaba aceptar la realidad que se cernía ante ella, por encima de la mentira que era mucho más digerible?

No podía culparla de sentirse así. Después de todo, ella misma compartía ese mismo sentimiento exacto…

De nuevo volvió a sonreír, aunque su abuela la seguía mirando con la misma severidad.

– Quisiera tanto poder decir lo mismo. Quisiera también simplemente cerrar los ojos, ignorar todo esto, y seguir adelante como si nada hubiera pasado. Seguir siendo sólo Tammy Hawk, y tu nieta… Pero no puedo hacerlo. Chico Bestia tiene razón, no puedo continuar huyendo cada vez que se me presenta algo que no deseo.

Avanzó entonces hacia la camilla, o más bien hacia un costado de ella, en donde estaban colocados sus zapatos y sus medias. Ante la mirada incrédula de la señora Hawk, se sentó en la silla más cercana, y comenzó a arreglarse.

– ¿Qué haces? ¡¿A dónde vas?! – Exclamó la mujer, casi alarmada al ver lo que hacía. – No vas a ir a ninguna parte. ¡Detente en este momento! ¡Te lo ordeno, Tammy!

Terra escuchaba los gritos casi desesperados de su supuesta abuela. Le pareció tan extraño escucharla hablarle de esa forma; eso era algo más que no se encontraba en ninguna de sus memorias, algo que no encajaba del todo en su personalidad.

Le dolía escucharla, y saber que la estaba lastimando. Toda esa situación debía de ser demasiado difícil de procesar, demasiado confusa para ser digerida. Y lo peor era que no era más que una simple víctima de todo ello. Todo era su culpa. Ella había pedido el deseo, ella había aceptado el trato, y arrastrado a personas inocentes en su locura. Y ahora sus decisiones, los haría arrastrarse por este torbellino confuso y sin sentido.

Pero no dejaría que sus actos siguieran hiriendo a los otros, nunca más.

Una vez que ya tuvo sus zapatos puestos, se paró de la silla, y comenzó a avanzar en silencio a la puerta. La Señora Hawk hizo el ligero ademán de querer detenerla, pero no lo hizo, como si tuviera miedo de tocarla. Terra se detuvo a un par de metros de la puerta, y volteó a verla por última vez, sonriéndole de nuevo de forma cándida, como muchas veces lo había hecho antes… Aunque no tantas como ambas creían recordar.

– Quiero que sepas, que este tiempo que pase a su lado, ha sido el más feliz que he vivido en toda mi vida. Si hay algo de lo que nunca me arrepentiré, será de haber sido su nieta, aunque haya sido sólo una ilusión momentánea. Díselo al abuelo por mí cuando lo veas, por favor.

Esas lágrimas que había intentado reprimir todo ese rato, ya no pudieron ocultarse por más tiempo, y terminaron por desbordarse por las mejillas de la mujer. No dijo nada, sin embargo. ¿Qué podía decir ante algo como eso?

Terra recorrió la distancia que le faltaba hacia la puerta, y salió por ella.

Temía que al salir del cuarto, ya no viera a Chico Bestia. Sin embargo, ahí se encontraba aún, de pie contra la pared, justo frente a la puerta, aguardando. Terra miró a un lado, respiró hondo, como si quisiera tomar fuerzas, y entonces lo volteó a ver, procurando mantener lo más posible la mirada del Titán.

– Sé en dónde pueden estar Jared y los otros. – Le indicó con firmeza, sorprendiendo un poco al joven de piel verde.

– – – –

No había absolutamente nada que le pudiera indicar que lo que estaba por hacer era buena idea; el sólo hecho de no querer, por ningún motivo, decirle a sus amigos al respecto, debía haberle sido suficiente indicador de ello. ¿En verdad estaba tan desesperado?, ¿en verdad no había ninguna otra alternativa? Por más que en todo el camino intentó detenerse y pensar en si había alguna otra opción más viable, algo más que no había visto, simplemente no se le ocurría nada. Su mente estaba tan revuelta en tantas cosas, y su objetividad tan comprometida, que si acaso había un mejor camino, en ese momento le era totalmente nubloso notarlo.

Cuando trabajaba con Batman, muy seguido hacían ese tipo de cosas. Podrían ser héroes, combatientes del crimen, pero en ocasiones hasta Batman aceptaba que había que doblar un poco las leyes para cumplir algunas misiones; claro, si éstas realmente lo ameritaban. ¿Ese era el caso en esos momentos? ¿Eso ameritaba realmente hackear un sistema de seguridad, entrar a escondidas a los amparos de la Policía de Jump City, burlar a los guardias, y modificar los videos de vigilancia para poder pasar desapercibido? ¿Y todo para llegar hasta la celda de… él?

¿Entendía realmente en lo que se estaba metiendo? ¿Estaba consciente de lo que podría ocurrir?

El último tramo fue quizás el más difícil. Avanzar entre las sombras, por ese solitario corredor, diciéndose a sí mismo que si acaso deseaba dar la vuelta, esa era su última oportunidad. Pero no se detuvo. Siguió adelante, paso a paso, hasta llegar justo frente a la celda pequeña y cuadrada, de barrotes gruesos, y ni una sola ventana.

A pesar de la oscuridad, logró verlo sin problema, recostado sobre la camilla de su nuevo aposento, transmitiendo notoria tranquilidad pese a su situación. Aún llevaba lo que le quedaba de su armadura, lo cual no le extraño, pues no llevaba mucho más de una hora encerrado, por lo que era posible que aún ni siquiera se hubieran decido por cuáles cargos imputarle. Al principio se mostró indiferente, como si no se hubiera percatado de su presencia. Pero él lo conocía muy bien, y sabía que quizás había percibido sus pasos acercándose desde varios metros atrás.

Luego de dejarlo algunos segundos en suspenso, el criminal se sentó en la camilla, se puso de pie, y se acercó con cautela a los barrotes, para que la luz de la lámpara colgante del pasillo le alumbrara su rostro.

– Te estaba esperando, Robin. – Murmuró el hombre de cabello blanco y barba de candado, sonriendo con satisfacción al tiempo que lo miraba por su único ojo bueno. – ¿Por qué tardaste tanto?

Robin lo analizó atentamente. Con todo el ajetreo de Raven, Terra y la explosión, lo último que tenía en su mente entonces era preocuparse por él. Pero ahora estaban ahí, solos los dos y nadie más. Al fin estaba cara a cara de nuevo con Slade Wilson, el verdadero.

Se sentía tan raro al fin ver su rostro directamente. Durante su investigación, tras su aparentemente muerte de la que él no estaba tan convencido, había seguido su rastro hasta llegar a la pista más prometedora de su identidad. Dicha pista, venía acompañada de una fotografía, que a pesar de haber sido de años atrás, era totalmente idéntica a la persona que tenía delante de él.

Llegó a pensar que sin su máscara, ese individuó terminaría siendo mucho menos  intimidante, y que su presencia no sería tan penetrante. Pero no había acertado del todo. Aún con su rostro expuesto, o con su brazo enyesado y colgando de su cuello para evitar que se moviera, Slade seguía transmitiendo un aire denso, asfixiante, prepotente, y que fácilmente podría subyugar la voluntad de alguien de carácter frágil. Pero él no era uno de ellos.

– ¿Me esperabas? – Respondió el Titán, sereno.

La sonrisa de Slade se hizo aún más amplia.

– Sabía que todo eso no sería el final de esta historia. Cuando descubrí que Tammy y Terra eran la misma persona, mis suposiciones sobre cómo era posible estaban más que inclinadas hacia la magia. Pero luego de ver a Raven esta tarde, puedo deducir que no es cualquier magia.

Slade inclinó su cuerpo al frente, hasta pegar su frente contra los barrotes.

– Estamos hablando del a magia de Trigon, ¿verdad?

Robin aguardó en silencio. No le sorprendía escuchar que su eterno enemigo, hubiera obtenido tales conclusiones con tan poca información. Estaba convencido que de hecho, sabía más de lo que aparentaba, y eso jugaría en parte a su favor, ya que serían menos cosas que explicar, y ciertamente tenía prisa.

– Al parecer la otra Terra fue creada por hermanos de Raven, hijos de Trigon al igual que ella. ¿Sabías tú de ellos?

Robin detectó un ligero rastro de sorpresa, apenas apreciable en su rostro al mencionar a los supuestos hermanos de Raven, pero no era tanto como el que se esperaría.

– ¿Otros hijos de Trigon, dices? ¿Por qué habría yo de saber de eso?

– No tengo tiempo para jugar contigo. – Murmuró con seriedad, tomando uno de los barrotes con su mano derecha. – Ellos mandaron a Terra para matarte, y parecían tener mucho interés en ello, y no creo que haya sido sólo para que ella se vengara de ti, o porque hubieras traicionado a Trigon. Querían silenciarte por algo, ¿no es cierto? En el tiempo que estuviste trabajando para él, Trigon te dijo o averiguaste algo que ellos no querían que compartieras con nosotros. ¿Estoy equivocado?

Slade permaneció tranquilo, pero ya no sonreía. Parecía estar más pensativo. No tenía que decirlo; Robin se daba cuenta de que sus palabras habían hecho trabajar a su memoria a toda su capacidad. Cada segundo que el villano se quedaba en silencio, Robin se convencía más a sí mismo de que su afirmación era más que acertada.

– Es probable. – Respondió el hombre de parche, retrocediendo un poco. – Trigon me subestimó demasiado. Pensó que por ser humano y un mortal, no tenía por qué tener cuidado conmigo. Los seres como él siempre se vuelven… descuidados con los pequeños detalles, y esos son los que más me gustan.

Slade se sentó entonces de nuevo en la camilla, y recargó su espalda contra la pared.

– Cuéntame más, todos los detalles de lo que está pasando exactamente. – Pronunció con un tono casi burlón. Robin lo miraba, desconfiado. – Oye, necesito saber qué exactamente ocurre, para saber qué exactamente de lo que sé te puede ser útil.

Precisamente explicar cosas era en lo que menos quería perder el tiempo. Además, en manos de Slade, la información siempre había sido un arma peligrosa, y en esos momento no estaba seguro qué estaría bien decirle, y qué no.

Al final no tenía muchas otras alternativas.

Le explicó todo de manera resumida, o al menos todo lo que sabía. Sobre Jared, y como Raven se había comportado extraña desde que lo conoció, o incluso desde un poco antes. De cómo había perdido el control, aunque omitiendo las partes que lo involucraban a él o a Starfire. Lo que Raven les había explicado con respecto a Terra y Tammy Hawk, y sobre los otros cinco hermanos que habían llegado a la Torre y sus extraños poderes.

Intentó hacerlo lo más rápido posible, por lo que esperaba que esa capacidad de sacar conclusiones con poca información, le sirviera también en esa ocasión. Y por lo visto así era; Slade en ningún momento le cuestionó, o le pidió que fuera más despacio, o que le diera más información, Todo lo que le decía, parecía ser suficiente para él.

Una vez que Robin terminó, el villano sólo meditó en ello unos cuantos segundos.

– Entiendo. – Murmuró casi indiferente. – Sí, todo tiene sentido.

De nuevo volvió a sonreír, y al Titán eso no le causó nada cercano a tranquilidad.

– Respondiendo a tu primera pregunta: no, no sabía que Trigon tenía más hijos además de Raven, aunque tampoco me sorprende. Lo que sí sé, o puedo suponer, es lo que podrían estar tramando.

A pesar de que lo esperaba, igualmente escucharlo decir todo eso lo tomó por sorpresa.

– No lo creí importante en aquel entonces, ya con Trigon derrotado, y ningún otro aliado, pero todo encaja. Y si lo que creo es cierto, no sólo sé lo que traman; también sé la forma de detenerlos.

Eso definitivamente fue mucho más de lo que Robin esperaba. ¿Hablaba enserio? Slade no era el tipo de personas que hacía afirmaciones como esa, al menos que estuviera seguro de lo que decía. Pero, ¿podría realmente ser cierto?

El villano pareció notar su escepticismo, y se volteó hacia él, sonriendo divertido por la expresión de su cara.

– ¿Y quieres oír lo mejor? Es una forma bastante simple, en realidad.

– ¿Cómo? – Cuestionó, incapaz de esconder su apuro.

– No comas ansías, querido Robin. El saber esta información, no es igual de simple.

Slade volvió a levantarse de la camilla, y avanzar a los barrotes, con un porte mucho más prepotente y soberbio que antes. Se paró a unos centímetros de las estructuras de metal que los separaban, y miró a Robin desde arriba, destilando una realmente molesta superioridad.

– Sácame de aquí y te digo lo que sé. – Comentó de pronto, a lo que Robin le respondió de inmediato, prácticamente sin pensarlo.

– De ninguna manera.

Slade soltó una ligera carcajada.

– ¿Arriesgarías a todo este mundo, sólo para tener la satisfacción de tenerme encerrado, Robin? Por qué sí, te estoy hablando del Fin del Mundo… Otra vez.

– ¿Y acaso tú dejarías que eso pasara con tal de salir?

– Tú me conoces muy bien, Robin. ¿Crees acaso que no lo haría? Además, dejémonos de actuaciones. Si viniste hasta aquí a pedir mi ayuda, es que estás desesperado. Eres listo, sabías muy bien qué te pediría a cambio, y no hubieras venido si no lo estuvieras listo para hacerlo.

Robin calló.

Era más que obvio que Slade sentía que tenía todas las cartas a su favor, y tal vez era así. Su sola presencia en ese sitio dejaba en evidencia la desesperación que sentía en esos momentos, y él estaba más que dispuesto a aprovecharla a su favor.

Le hacía sentir tan molesto. Slade era el apresado, pero era él quien parecía tener las manos atadas.

– Quizás tengas razón. – Comentó el Joven Maravilla, con algo de hastío en su tono. – Pero aun así no lo haré. Si sales de aquí, seguirás siendo un peligro para nosotros, y sobre todo para Terra.

– ¿Eso es lo que te preocupa? – Comentó Slade, seguido de otra risilla. – Siempre preocupándote por los desamparados, incluso los que te apuñalan por la espalda. Bien. Lo creas o no, soy un hombre que sabe admitir cuando fue derrotado, y me siento benévolo este día. Sácame, y daré mi asunto con Terra y Jump City por concluido. Después de todo, lo único que buscaba en este sitio era un aprendiz, y creo que ya se volvió obvio de que no lo encontraré. Me iré de aquí, y es probable que incluso nunca nos volvamos a ver.

Robin parecía dudoso. ¿Era enserio esa propuesta?

– ¿Por qué habría de creer en tu palabra?

– No deberías. – Respondió con normalidad, encogiéndose de hombros. – Soy un villano, después de todo. Pero como dije antes, los dos sabemos que no estarías aquí si no estuvieras dispuesto ya a hacerlo. Así que… ¿Por qué estamos perdiendo el tiempo, discutiendo por algo que ambos sabemos qué harás de todos modos? Debo advertirte que el tiempo apremia.

¿Cómo podría creerle una afirmación como esa? Pero daba igual. Aunque tuviera pensado irse o no de Jump City, ninguna de las dos alternativas hacía que liberar a un villano de su celda fuera correcto. ¿Qué pensaría cualquiera de sus amigos si se enteraran? ¿Qué pensaría Batman si se enterara?

¿Estaba dispuesto a hacerlo con tal de salvar a Raven? Era una situación difícil, sin duda. Pero no era momento de dudar; era momento de tomar decisiones.

FIN DEL CAPITULO 24

Notas del Autor:

No hay mucho qué decir. Lo sé, los últimos capítulos han sido de mucho bla, bla bla, pero es porque ya se tienen que ir cerrando todos los cabos sueltos y dar las explicaciones que faltaban. Pero ñas cosas se empiezan a mover, y hay personas que tienen que tomar decisiones. ¿Qué pasará con Raven y los Titanes? ¿Qué es lo tienen planeado los hermanos de Raven?, ¿y quién está realmente detrás de todo esto? En el siguiente capítulo se resolverán muchas de estas dudas. Así que quédense pendientes.

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Teen Titans: The Sinners. Han pasado unos cuantos meses desde que los Jóvenes Titanes derrotaron a la Hermandad del Mal, y volvieron a Jump City. Todo ha sido muy tranquilo desde entonces, pero las cosas están comenzando a cambiar. ¿Qué es esto que Raven ha empezado a sentir por su líder, Robin?, ¿Y quién es ese misterioso chico que afirma ser su hermano? Aunque siempre había logrado mantener en absoluto control sus sentimientos y pensamientos, estos cada vez parecen comenzar a dominarla. Y si no es capaz de aclarar su mente a tiempo, podría caer víctima de aquello que siempre temió, y arrastrar a todos sus amigos con ella…

+ «Teen Titans, la Serie Animada» © Glen Murakami, DC Comics, Warner Bros. Animation.

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2 pensamientos en “Teen Titans: The Sinners – Capítulo 24. Momento de tomar decisiones

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