Fanfic Teen Titans: The Sinners – Capítulo 23. Siete Hermanos

12 de febrero del 2017

Teen Titans: The Sinners - Capítulo 23. Siete Hermanos


TEEN TITANS

THE
SINNERS

Por
Wingzemon X

CAPITULO 23
“Siete Hermanos”

El aire se volvió inmensamente denso. Por los ventanales rotos, entraba un aire frío que golpeaba sus caras. De un lado, se encontraban los Jóvenes Titanes: Raven, Robin, Starfire, Chico Bestia y Cyborg, además de su invitada, Supergirl. Del otro, se encontraban esos seis intrusos, que habían penetrado en su base como si se tratara de cualquier cosa, presentándose ante ellos con gran prepotencia. Aunque de inmediato casi todos se pusieron en posición defensiva, mirando fijamente a esos seis sujetos, Raven se encontraba sencillamente en shock. Su estado mental ya era de por sí lo bastante cuestionable en esos momentos, como ahora sumarle esa repentina aparición, acompañada además de una increíble revelación.

Seis personas, seis chicos y chicas, todos se pie frente a ella, todos con una apariencia tan similar a la suya, todos afirmando sin el menor pudor que eran… su hermanos. Jared, aquel que había conocido aquella fatídica noche en el puerto, con quien había salido a pasear el centro comercial, ido a ver una película, e incluso le había permitido comprarle ropa… La persona que además le había ayudado todos esos días en su departamento a preparar los Cuervos de Chocolate como regalo de Robin, y con quien había tomado una enorme confianza en tan corto tiempo… Él estaba de pie justo delante del resto, con los cuatro ojos rojos, distintivos de la apariencia de Trigon y que incluso ella misma podía poseer, fijos en ella y en ninguno más.

La Titán fijó su mirada en cada uno de ellos, uno por uno, distinguiendo sus facciones, sus ojos, su nariz, sus labios, sus orejas… Todos eran tan parecidos. De complexiones diferentes, pero los rasgos seguían presentes. Era como estar en una casa de los espejos, y ver su reflejo seis veces,  cada uno distorsionado y extraño, pero seguía siendo el suyo… seguía siendo ella.

– ¿Hijos… de Trigon…? – Murmuró en voz baja, apenas capaz de pensar de manera correcta para hablar. – No… No es cierto…

Jared soltó una pequeña risilla al escuchar tan inocentes palabras. Sacó sus manos de los bolsos de su chamarra, y entonces hizo su gorro hacia atrás, dejando al descubierto su cabello rojo, sujeto con una cola.

– Sí, no te lo dije antes, Raven, lo siento. – Comenzó a decir con un tono astuto. – No fue mi intención ocultártelo para siempre, solamente no creí que lo fueras a tomar bien en un inicio; con problema y comenzabas a aceptar que tenías un solo hermano. Estaba esperando el momento adecuado para decírtelo, y bueno… – Extendió sus brazos hacia los lados, en dirección a sus hermanos. – Al parecer es éste. Lo cierto es que no fuiste la segunda hija de nuestro padre, Raven… De hecho, fuiste la séptima.

– ¿La… Séptima…? – Balbuceó la hechicera de los Titanes, aun notablemente afectada.

– Así es, somos siete hermanos. Yo fui el primero, Jared.

– Yo fui la segunda, Jessie. – Comentó a continuación la chica a su diestra, de cabellos rubios y rizados, largos hasta la mitad de la espalda. Tenía complexión algo atlética y fuerte. Usaba una blusa roja, que dejaba sus hombros al descubierto, y una gargantilla también roja. En la parte inferior, una minifalda de mezclilla, azul, y unas botas negras, altas hasta por debajo de sus rodillas. Como marca distintiva, tenía un lunar justo debajo del ojo izquierdo.

– Yo fui el tercero, Jacob. – Le siguió el chico al lado izquierdo de Jared. Era un chico de complexión mediana, cabello azul con algunos rayos blancos, con su fleco levantado. Usaba un chaleco azul y blanco, muñequeras blancas, un par de pantalones azules, algo ajustados, y zapatos tenis.

– Yo fui el cuarto, Jack. – Prosiguió el que se encontraba en el extremo izquierdo, con un tono muy suave, tanto que apenas fue audible. Era muy delgado, y se paraba algo encorvado, con sus brazos colgado a los lados. Tenía cabello negro y largo, muy desacomodado, y grandes y marcadas ojeras. Usaba una chaqueta negra, debajo de ésta una camiseta blanca, y pantalones azul cielo.

– Yo fui el quinto, John. – Pronunció ahora, con una voz un poco chillona, el chico robusto y alto que estaba al lado de Jack. Tenía una línea de cabello rubio en el centro de la cabeza, y el resto de ella se encontraba rapada. Era un chico grande, de cuerpo grueso y ancho. Su ropa parecía quedarle algo ajustada. Usaba un chaleco verde, una camiseta blanca, y pantalones rojos.

– Y yo fui la sexta, Jacqueline. – Agregó por último la joven parada en el extremo derecho. Su cabello era castaño, lacio hasta la mitad de su cuello, brillante y cuidado, en un peinado muy similar al de Raven, lo que la hacía ver como la más parecida a ella de entre los seis. De hecho, era también la que vestía mejor, o al menos más elegante. Usaba un hermoso vestido negro largo de noche, de tirantes, que resaltaba su figura, delgada, pero no demasiado. Usaba zapatillas de tacón alto, también negras, una estola de piel alrededor de sus brazos, color café, quizás de zorro u oso, y un brillante collar de perlas le rodeaba el cuello. Ciertamente resaltaba un poco entre los otros.

– Y tú fuiste la séptima, Raven. – Comentó Jared, una vez que sus demás hermanos terminaron sus presentaciones. – No me preguntes porque todos nuestros nombres empiezan con “J” y el tuyo no. Supongo que son, cosas que pasan.

– Lo importante es que al fin podemos conocerte de frente, hermanita. – Comentó John, muy sonriente.

– Ah, pero nosotros de hecho ya te conocíamos. – Agregó Jacqueline, colocando un dedo en su mejilla.

– Siempre estuvimos ahí, Raven; sólo que no te dabas cuenta. – Les secundó Jacob, encogiéndose de hombros.

– ¿Qué dicen…? ¿Cómo…?

– Es verdad, Raven. – Dijo Jared. – Ellos estuvieron ahí, a nuestro lado todo este tiempo. Cuando salimos, cuando preparamos tus chocolates, o incluso cuando peleabas con Terra. Estaban mirándote, apoyándote, cuidándote… susurrando a tu oído…

Esas últimas palabras fueron como un balde de agua fría sobre la cabeza de Raven. “Susurrando a tu oído”… Eso trajo a su mente de inmediato, varios momentos en las últimas semanas, varios instantes en lo que sentía precisamente eso: voces susurrando en su oído.

“¿No te dijo Robin que no te preocuparas? ¿Qué te encargaras de ese asunto y que le dejarás el otro asunto a ellos? ¿Por qué te preocupa tanto eso? Tal vez sólo fue un incendio accidental.”

“No lo escuches, ¿cómo puedes confiar en alguien te usó y traicionó sin el menor remordimiento? Es un monstruo sin conciencia. El único falso aquí es él… Recuerda lo que te hizo…”

“Te has imaginado como sería caminar tomada de su mano, hombro con hombro. Te has imaginado el calor de su pecho contra tu rostro, mientras se funden en un abrazo que deseas que jamás acabe. Cómo se sentiría su mano sin guante, acariciando tu mejilla mientras te mira fijamente a los ojos con amor. Has intentado adivinar cuál sería el sabor de sus labios, cuál sería la sensación que te provocarían al unirse con los tuyos en un apasionado pero dulce beso… Has soñado con lo que sería tener su cuerpo desnudo y cálido… contra el tuyo… Has imaginado eso, y muchas otras cosas más.”

“Tú podrías vencer a esa chica, y ganar el corazón de Robin. La vida es una competencia, quien se descuida pierde… ¿Cuánto tiempo ha pasado y ninguno define sus sentimientos? Eso no es justo, ella ha tenido muchas oportunidades, ahora es tu turno de tomar las riendas. ¿Ella es más linda que tú? Eso no es cierto. Tú eres una chica hermosa, incluso más bonita que esa Starfire… Además, tú le puedes dar a Robin cosas que ella no… Tú puedes hacerla a un lado sin problema. Imagínate lo fácil que sería si no estuviera. Robin sería todo para ti… Todo… ¿Quién es ella para recibir toda la atención del chico que tú amas? No se lo merece… No se lo merece… Toda esa atención debería de ser hacia ti… Tú te la mereces…”

“No lo escuches. Sí lo eres, sí eres así. Siempre lo has sido. Ésta es la verdadera tú. Siempre ha sido éste tu verdadero ser. ¿Quiénes son estos tipos para decirte qué eres y qué no? Sólo tú puedes decidir eso… Sólo tú… Sólo tú… Sólo tú…”

El recordarlo fue como vivirlo de nuevo, como sentir de nuevo esas voces, susurrándole, hostigándola, empujándola hacia adelante con su sólo sonido. Inconscientemente cerró sus ojos con fuerza y dirigió sus manos a sus oídos, cubriéndolos con desesperación. Sus piernas flaquearon, y terminó cayendo de rodillas sobre la alfombra roja.

– Raven. – Escuchó pronunciar a Robin, y rápidamente se puso a su lado para ayudarla a pararse, pero ella no lo dejó.

– Esas voces… – Murmuró en voz baja, alzando lentamente su mirada de nuevo hacia los seis. – Eran ustedes, ¡fueron ustedes todo este tiempo! ¡Ustedes me manipularon y engañaron!

– ¿Manipular? – Comentó Jacob, pareciendo algo sorprendido.

– ¿Engañar? – Le secundó Jacqueline, reflejando un sentimiento similar.

– No te obligamos a hacer nada que no quisieras, Raven. – Comentó Jared, sin desdibujar su sonrisa. – Así no es cómo funciona, tú misma lo dijiste.

– Lo único que hicimos fue que sacaras lo que tenías guardado. – Señaló Jack con un tono sombrío.

– Qué lucharas por lo que querías. – Le siguió John con voz chillona.

– Qué mostraras tus verdaderos deseos. – Concluyó entonces Jessie.

Cada frase que pronunciaban se sentía como una apuñalada en el pecho de Raven. Bajó su mirada, algo apenada e impotente. Sí, ella misma lo acababa de decir… No funcionaba así.

– No metimos ninguna idea en tu cabeza que no hubiera estado ahí antes. – Murmuró Jared, dando un paso hacia su hermana. – No te obligamos a hacer nada, ni te empujamos a ello. No hicimos que te enamoraras de Robin, o que sintieras celos de tu amiga Starfire.

Esas últimas dos afirmaciones causaron reacciones diferente en todos, pero quizás la más sorprendida e impactada fue Supergirl.

– ¿Qué cosa? – Cuestionó confundida, mirando a Robin, luego a Raven, y luego a Starfire. Si no le iban a responder antes, menos ahora, pero definitivamente era algo de lo que quería saber más.

– Todo eso ya existía en ti. Todo lo que hiciste, Lo hiciste porque lo deseabas.

– ¡No…! ¡No es cierto! – Exclamó con furia la hechicera, poniéndose de pie rápidamente. – No lo quería… No de esa forma, ¡no así!

Su voz sonó en el último momento tan fuerte como un trueno, y de nuevo sintieron que el edificio entero se sacudía. Todos sus compañeros voltearon a verla de reojo, algunos esperando verla de nuevo con sus ojos enrojecidos, e incluso su piel igual. Sin embargo, al menos visiblemente seguía normal. Lo que sí era que por debajo de las sombras de su capucha, se notaba que los miraba a todos con gran odio y furia, principalmente a Jared.

– ¿Por qué? ¡¿Por qué me hicieron todo esto?!

– ¿Por qué? – Murmuró Jacqueline, seguida de algunas risillas con tono prepotente. – Para libértate, hermana.

– ¿Liberarla? – Exclamó Chico Bestia, confundido, pero el sentimiento era unánime entre sus amigos.

– ¿Liberarme de qué? – Le siguió Raven, incrédula.

– De la prisión que te impusieron Azar y los demás monjes de Azarath, obvio. – Le respondió Jared de forma despreocupada. – Liberarte de quienes te convencieron que debías avergonzarte de lo que eres en realidad, de que debías ocultar tu verdadero ser y tu verdadero potencial.

– No tuvimos malas intenciones, Raven. – Comentó Jessie, suavizando considerablemente su mirada y su voz. – Hicimos todo eso para que mostraras tu verdadera cara, y funcionó muy bien.

– ¿Crees acaso que eras libre, Raven? – Añadió Jacob, con algo de ironía en sus palabras. – ¿Qué eso era libertad? Eras una prisionera, de ti misma, de todo lo que te inculcaron y enseñaron de niña. Te convencieron de que eras algo malo y maldito, algo a lo que había que temer, y por ello tenías que esconderlo.

– Pero no tienes que hacerlo, no con nosotros. – Siguió de nuevo Jared. – Todos somos como tú, todos te aceptamos tal y como eres. No tienes que fingir ni ocultarnos nada; somos tu familia.

– No es verdad, ¡nosotros somos su familia! – Gritó Cyborg con fuerza de golpe, apuntando a Jared con su cañón sónico directo a la cara.

– ¡Tampoco tiene que fingir ni ocultar nada ante nosotros! – Le apoyó Starfire con energía, cubriendo sus manos de energía verde.

– ¿Enserio? – Rio Jared, divertido por sus palabras. – No sean mentirosos. ¿Me están diciendo que querrán a la verdadera Raven? ¿Qué aceptarán y amarán a la Raven que vieron esta tarde? Yo vi como la vieron ustedes: como si fuera un monstruo.

Raven se sobresaltó, casi atónita a esas últimas palabras. ¿Su verdadero ser?, ¿la verdadera Raven?

Claro, ¿no tenía eso mucho más sentido?

Si para ser quien era en esos momentos, tenía que pasársela meditando y suprimir cualquier emoción, y no permitirse nada, ni siquiera el amor… ¿Podía realmente afirmar que esa era ella realmente? ¿Podía afirmar que esa Raven que sus amigos habían conocido todo ese tiempo, era quien era en verdad? ¿No sería entonces esa otra Raven, la de esa tarde, más similar a su verdadero ser? La que no se contenía, la que no suprimía lo que deseaba o lo que quería, la que dejaba salir todo sin el menor miedo… ¿No debía de ser esa más similar a la verdadera Raven?

¿Y si tenían razón? ¿Y si todo eso de la Raven heroína era sólo una máscara?, ¿una mentira que Azar y su madre le habían obligado a usar, para ocultar detrás de ella el horrible monstruo que era en realidad? Quizás todo eso que siempre luchó por hacer a un lado, es lo que siempre debió de haber sido… Quizás… Esta otra Raven… Era un error, una farsa, una impostora…

– Esa no era la verdadera Raven. – Escuchó que la voz de Robin pronunciaba con firmeza, obligándola a alzar la mirada. Su líder se encontraba a su diestra, un par de pasos más adelante, y miraba a Jared fijamente, mientras sostenía su báculo en mano. – Yo conozco a la verdadera Raven, y ella es mucho más que eso, más de lo que ustedes dicen. Ella es más que su magia, su pasado, su lugar de origen o cómo nació. Es más que la hija de Trigon, o incluso más que una Joven Titán. Ella no tiene por qué sentirse avergonzada de quién es, porque quien es, es una persona maravillosa e increíble, que haría lo que fuera por proteger a los débiles y a sus amigos. Ella no se convirtió en quien es ahora porque la hayan obligado o porque no haya tenido otra opción. Ella así lo decidió, decidió ser la extraordinaria persona que es ahora, y yo la aceptaré sin importar qué. Si ustedes no son capaces de ver eso, ¡no merecen llamarse su familia!

Raven se quedó anonadada al escuchar a Robin decir eso, e incluso, sin que pudiera controlarlo, un ligero rubor se asomó en sus mejillas pálidas, que intentó disimular volteando a otro lado. Starfire, quien estaba más adelante y del lado contrario a Robin, volteó a verlo a él, y también a Raven, de reojo sobre su hombro, mientras él pronunciaba todas esas palabras. Su rostro se tornó gravemente serio, y lentamente se giró de nuevo al frente. Cyborg y Chico Bestia secundaron las palabras de Robin, pero Starfire guardó absoluto silencio.

Jared, por su parte, miraba al chico de antifaz con algo de hastío por toda su palabrería

Tssk, los humanos hablan demasiado. – Masculló molesto, metiendo de nuevo sus manos en los bolsillos de su chamarra.

– Oye amigo, por lo que entiendo, tú también eres mitad humano, ¿o no? – Señaló Cyborg con un tono burlón.

– No por decisión propia. Al diferencia de ti.

El último comentario fue acompañado de una mirada y sonrisa astuta, que hicieron que Cyborg casi perdiera el control y le disparara justo en la cara en ese mismo momento.

– Cyborg, aguarda. – Le indicó Robin, evitando que hiciera cualquier movimiento. – Ya fue suficiente de esto. Díganos de una vez, ¿qué es lo que quieren?

– Vaya, creí que ya había sido lo suficientemente obvio. Se ve que no eres tan buen detective como lo es Batman.

Ahora era Robin el que casi había perdido la compostura por su hiriente comentario, pero él sí fue capaz de serenarse de inmediato. A Jared parecía divertirle todas sus reacciones.

– Lo que queremos es a nuestra hermana. Queremos que venga con nosotros para obtener lo que es nuestro… – Una amplia sonrisa maliciosa se dibujó en sus labios, al igual que en el resto de sus hermanos. – Obtener este mundo entero, con el poder de nuestro padre, el Gran Trigon.

Eso dejó aún más atónitos a todos de lo que ya estaban, pero de todos, la más afectada sin lugar a duda, era Raven.

– ¿Qué? – Susurró en voz baja, casi inaudible.

Una extraña sensación le recorrió el cuerpo, poniéndola muy, muy nerviosa. ¿Pero por qué? ¿Por qué esa simple mención le provocaba todo eso?

– Nuevas buenas, idiotas. – Le respondió Cyborg. – Trigon ya no existe.

– Sí, Raven le pateó el trasero hace mucho. – Añadió Chico Bestia con un tono seguro.

Para su sorpresa, sin embargo, la respuesta de los seis ante ellos, fue soltarse riendo de forma aguda y sonora, una risa casi aterradora que resonó en el salón.

– Humanos estúpidos. – Exclamó Jacqueline entre risas, con superioridad.

– No entienden nada. – Añadió John con tono chillón.

– ¿Qué quieren decir…? – Cuestionó Raven, aun sumamente dudosa y nerviosa.

– Tú lo sabes bien, Raven. – Respondió Jared con dureza. – Pero quizás has querido ignorarlo todo este tiempo, ¿no? Nuestro padre, nuestro verdadero padre, no es carne y hueso. Por medio de rituales e invocaciones, él lograba tomar una forma física en este plano, pero en realidad él siempre ha sido energía, poder, sentimientos, deseos y anhelos…

El cuerpo de Raven comenzaba a temblar ligeramente sin poder controlarse. Se abrazó a sí misma, y agachó de nuevo su mirada. ¿Por qué su cuerpo reaccionaba así? ¿Qué estaba tratando de advertirle?

– Y ese poder tan grande, aún está vivo… – Alzó en ese momento su mano derecha, colocando su dedo índice justo en el centro de su pecho. – Aquí… Dentro nosotros siete. Un pedazo de su esencia, que quedó en nuestros cuerpos luego de nuestra concepción.

Los ojos de Raven se abrieron de par en par, y todo su cuerpo se tensó de golpe, aunque su mirada seguía clavada en el suelo, como si le fuera imposible ver a cualquiera de ellos directamente.

– Desde que éramos niños, ha estado ahí, hablándonos, cuidándonos, pero sólo fui capaz de sentirlo en su totalidad hasta recientemente. Fue ese poder el que me guio para encontrar a mis demás hermanos, y para encontrarte a ti, Raven. Fue el que me contó todo esto, sobre quien era en realidad, y sobre lo que tenía que hacer. Tú también lo tienes… Quizás incluso ya lo has visto…

¿Visto? ¿Qué lo había visto? ¿A qué se refería?

Llevó ambas manos a su cabeza, apretando sus dedos con fuerza contra su cráneo. Varias imágenes cruzaron por su cabeza, una detrás de otra, como una película yendo al doble de su velocidad. Veía fuego, veía oscuridad, sangre y muerte. Oía gritos, y destrucción. Y en medio de todo eso, se encontraba… ella, con su capucha y capa roja, con su leotardo negro, sus botas también rojas, y su piel gris. Se volteó a verla, por encima de su hombro, y por debajo de su capucha, pudo ver el resplandor de sus ojos rojos, y la amplia sonrisa de oreja a oreja, que no transmitía nada más que maldad en ella. Movió sus labios y le susurró algo, pero ella no escuchó nada…

– Quizás lo has querido dormirlo o suprimirlo todo este tiempo. – Escuchaba que la voz de Jared seguía pronunciando. – Pero ahora, con la ayuda que te dimos para liberarte, de seguro lo has empezado a escuchar, ¿cierto? – Conforme Jared hablaba, la voz de la sombría figura ante ella se volvía poco a poco más entendible. – ¿Te está hablando ahora mismo?, ¿ahora qué has aceptado tu verdadero ser? Tal vez ya te dijo qué es lo que queremos, ¿no? Dijiste que si te concentrabas lo suficiente podrías descubrirlo. Dime, Raven… ¿Ya lo descubriste?

Los labios de ese ser seguían moviéndose, y su voz poco a poco comenzaba a penetrar sus oídos como el más chirriante y horrendo de los sonidos… Pero aun así sus palabras le fueron totalmente claras…

La hechicera se sobresaltó violenta, inhalando con fuerza una bocanada de aire. Sus ojos se abrieron aún más, y miraron de forma perdida al frente. Esa extraña reacción repentina llamó la atención de sus amigos.

– ¿Raven? – Le cuestionó Robin, al ver su rostro, el cual parecía… lleno de miedo.

– No… – Murmuró en voz muy baja. – Lo que desean hacer… No… No puede ser…

Llevó inconscientemente su mano a su pecho, aferrando sus dedos con fuerza a su capa. A Robin le pareció notar que incluso había comenzado a temblar un poco. Jared, por su lado, sonrió complacido.

– Creo que ya lo has entendido. – Murmuró el pelirrojo con orgullo. – Todo lo que hemos hecho, ha sido únicamente cumplir con tus deseos, hermana. Tú eres quien nos ha guiado hasta aquí…

– ¿Qué se supone que significa eso? – Cuestionó Cyborg, confundido, mas Jared lo ignoró por completo. En su lugar, dio un paso al frente, y entonces le extendió su mano derecha a Raven, ofreciéndosela.

– Ahora, ven con nosotros, hermana. No podemos concluir esto sin ti.

Raven, de manera casi inconsciente, dio un par de pasos hacia atrás, queriendo hacer más distancia entre ella y esos seis individuos. ¿Qué había causado esa reacción tan repentina en ella? ¿Qué era lo que Raven sabía que ellos no?

– ¡No te la llevarás a ningún lado! – Escucharon rápidamente que Supergirl, quien había permanecido callada todo ese rato, pronunciaba con energía, elevándose en el aire y colocándose frente al resto de los Titanes, con sus puños apretados y listos.

– No… Esperen… – Masculló Raven despacio, pero apenas y un pequeño hilo de voz fue lo que logró salir de su boca.

Kara miró con seriedad a Jared y a sus supuestos hermanos; ninguno se veía particularmente muy fuerte, excepto quizás el grandote. Debía admitir que tampoco estaba precisamente en su mejor condición física tras ese fatídico enfrentamiento de hace un par de horas, pero no era nada que sus amigos rayos de sol no le ayudarían a arreglar.

La atención de la heroína se centró entonces en el pelirrojo, quien de alguna forma parecía ser el líder de todos ellos, y por lo que había alcanzado a escuchar, era precisamente el tal “Jared” del que estaban hablando un momento antes de que entraran rompiendo las ventanas.

– Yo aun no entiendo al 100% qué está pasando aquí, pero si algo entiendo es que tú eres el imbécil de turno al que tengo que golpear, ¡así que prepárate!

Sin más ceremonia, Kara se elevó del piso y se lanzó directo a Jared, antes de que cualquier otro intentara golpearlo. Sin embargo, el chico de cabello rojo permaneció completamente tranquilo e inmutable, sin mostrar la menor intención de mover ni un dedo. Normalmente, eso siempre era una mala señal… Pero Kara no estaba pensando en ello en esos momentos.

Antes de que pudiera acercarse lo suficiente a Jared, una figura pareció prácticamente materializarse de la nada justo delante de ella, interponiéndose entre Jared y ella. Era esa mujer de cabello rubio y rizado, que se había presentado como Jessie. Sonreía ampliamente, y la miraba fijamente con su mirada intensa y penetrante. También se encontraba suspendida en el aire y jaló su brazo derecho hacia atrás con la clara intención de tomar impulso para golpear.

– No te quieras pasar de lista… – Pronunció con un tono astuto, y entonces, algo extraño pasó…

Kara jaló su puño lo más que pudo hacia atrás, para golpearla a ella o al tal Jared, daba lo mismo, pero no logró tirar el golpe. En un segundo, veía con claridad a esa chica delante de ella. Pero al siguiente parpadeo, al siguiente instante en que sus ojos se posaron en ella, ya no la vio, ni sus ojos rojizos, ni su piel gris, ni su cabello rubio, ni su ropa de mal gusto. Lo que vio, fue a una persona totalmente diferente, en la misma posición exacta en la que ella se encontraba. Era un hombre, fornido y de cabello negro y corto, ojos azules, calmados, y una amplia sonrisa. Usaba un traje azul, una capa roja, y el escudo de la Familia El… Todo bastante similar al suyo… O más bien al de Superman.

Supergirl se quedó casi pasmada en cuando vio esta extraña imagen, aparecer ante de ella de un instante a otro, y todo su cuerpo se quedó petrificado; incluso su puño se quedó justo en el mismo lugar, sin hacer el intento siquiera de lanzarse al frente.

– ¿Kal-El…? – Susurró en voz baja, algo desconcertada.

La extraña imagen ante ella le sonrió, e inmediatamente después lanzó su puño directo hacia ella con una velocidad y fuerza increíble. La heroína fue golpeada directo en su rostro, con una fuerza tan impresionante e increíble, que para sorpresa de todos, principalmente considerando de quien se trataba, fue lanzada como una bala de cañón hacia atrás, casi como si hubiera sido golpeada de frente por un camión, o quizás ni eso la hubiera hecho volar de esa forma. Los Titanes se hicieron a un lado rápidamente para esquivarla, y el cuerpo de Supergirl atravesó la puerta de la sala, volándola en pedazos, y siguiendo de largo por el pasillo, hasta atravesar otra, y luego otra pared.

Entre toda la conmoción, los Titanes miraron incrédulos al agujero por el que Supergirl había pasado.

– ¡Kara! – Exclamó Starfire, llena de preocupación.

– ¡¿Cómo rayos hizo eso?! – Cuestionó Cyborg, totalmente impactado.

– ¡¿Esa chica es tan fuerte como Supergirl?! – Señaló Chico Bestia, igualmente afectado por lo que acababa de ver.

Ellos no habían visto lo mismo que Kara. Ellos sólo vieron a esa chica rubia, golpearla en la cara y mandarla a volar como cualquier cosa. Eso fue lo que vieron, pero no habían visto todo lo sucedido realmente.

– Supongo que eso significa que no me conseguirás esa foto sexy que te pedí, ¿verdad? – Comentó Jared, divertido por todas sus caras de sorpresa.

No había tiempo para quedarse ahí parados como bobos. Tenían seis enemigos ante ellos, y al parecer, bastante fuertes. Debían moverse de inmediato.

– ¡Jóvenes Titanes!, ¡al Ataque! – Exclamó Robin, antes de lanzarse al frente, empuñando su bastón, y el resto de sus compañeros lo siguieron sin duda, a excepción de Raven que permaneció de pie en su lugar, totalmente inmóvil.

– ¡No lo hagan! – Les gritó la joven de capa azul, pero ellos no la escucharon.

– No tenemos tiempo para esto. – Suspiró Jared con cansancio, al ver a los cuatro titanes restantes correr hacia ellos. – Jack, por favor…

Ante la petición de su hermano, Jack dio un paso al frente. Con sus dedos, se acomodó su fleco hacia atrás, dejando su rostro descubierto. Centró su atención en los cuatro Titanes, y sus ojos brillaron de pronto con un fuerte fulgor verdoso. Un instante después, un brillo verde muy similar al de sus ojos, cubrió los cuerpos de Robin, Starfire, Cyborg, y Chico Bestia, y se detuvieron de golpe en su avance. Aunque, de hecho, no se detuvieron. Si se ponía la suficiente atención, se podía apreciar que aún avanzaban hacia el frente, pero muy, muy, muy lento, tan lento que su movimiento apenas y podría llamarse como tal.

– ¡¿Q… u… é…?! – Murmuró Cyborg entrecortado; su capacidad para hablar parecía haberse visto afectada también.

– ¿P… o… r… q… u… é… n… o… s… m… o… v… e… m… o… s… t… a… n… l… e… n… t… o…? – Cuestionó Chico Bestia, de la misma exacta forma que su compañero.

Los cuatro parecían estatuas, incluso Starfire permanecía suspendida en el aire, e igualmente apenas y lograba avanzar milímetro a milímetro. Eso, claramente era un efecto de la magia de ese tal Jack.

– Bien, mucho mejor. – Comentó Jared con cierta ironía. Caminó hacia el frente, pasando entre Robin y los otros con completa tranquilidad. Aunque algunos quisieron virarse hacia él y detenerlo al pasar a su lado, su intención sería apenas apreciable un par de minutos después.

Jared avanzó con completa impunidad entre los héroes, dirigiéndose directo hacia Raven. Ella seguía de pie en el mismo sitio, y miraba incrédula a sus amigos, siendo víctimas de dicha magia. Al notar la figura de su hermano ante él, desvió de inmediato su mirada, y alzó sus brazos de forma defensiva.

– Bien, Raven… ¿Vienes con nosotros?

Le volvió entonces a extender su mano, misma que Raven miró de reojo, con duda y confusión de su rostro. Se quedó callada unos instantes; por su mirada, parecía que su mente estuviera divagando un poco… Cerró sus ojos unos momentos, respiró lentamente, y al abrirlos de nuevo, estos brillaban con fuerte energía blanca.

– ¡De ninguna manera! – Gritó con fuerza, extendiendo sus manos al frente, y en un parpadeó el cuerpo de Jared se elevó y salió disparado por el aire, hasta atravesar uno de los ventanales hacia el exterior.

– ¡Jared! – Exclamó Jacqueline, sorprendida al ver a su hermano mayor cruzando sobre sus cabezas; su sorpresa fue acompañada por la de todos los demás.

Raven se elevó rápidamente y se dirigió hacia ellos. Su intención era atacarlos primero, específicamente al que estaba deteniendo a sus amigos con su magia. Debía hacerlo rápido, antes de que cualquiera pudiera reaccionar y atacarla antes, con cualquiera que fuera sus poderes. Sin embargo, su movimiento fue quizás una milésima de segundo antes, pues no pudo evitar que Jacqueline posara sus ojos sobre ella, notablemente molesta, de seguro por lo que acababa de hacerle a Jared.

El cuerpo de Raven reaccionó de forma extraña en cuando Jacqueline la vio. Su cuerpo se elevó abruptamente y con violencia hacia arriba, pero, ella más bien sentía como si estuviera cayendo… Su cuerpo quedó presionado contra el techo con fuerza, muy presionado; sentía más bien como si estuviera contra el suelo, y algo muy pesado la estuviera aplastando, con tanto peso, con tanta fuerza, que sus huesos y piel empezaban a doler.

– ¿Qué… es… esto…? – Exclamó como le fue posible, lo cual no era fácil ya que sentía gran presión contra el pecho. ¿Qué clase de magia esa? No parecía ser telequinesis. De entre todos los muchos conocimientos mágicos que poseía, no recordaba algo parecido.

Jessie se elevó lentamente en el aire, hasta dirigirse a Raven en el techo. Al verla acercarse, rápidamente intentó concentrarse para poder hacer un hechizo.

– Tienes que comportarte… – Murmuró la mujer de cabellos rubios de pronto, con una amplia sonrisa, y entonces su apariencia volvió a cambiar, pero ahora sólo a los ojos de Raven. A quien veía en ese momento ya no era ella: su rostro, su apariencia, sus ropas, eran las de… Satarfire, sonriéndole ampliamente con malicia. – Amiga Raven…

– ¿Qué…? ¿Cómo…? – Balbuceó la hechicera, perdiendo cualquier rastro de concentración que hubiera logrado obtener.

Antes de poder entender por completo lo que veía, la Starfire ante ella la tomó del cuello, apretándolo con fuerza. Giró sobre sí misma, haciendo que Raven girara junto con ella, y con el impulso la lanzó con fuerza por la misma ventana por la que había lazando a Jared.

De nuevo, los demás no vieron nada más allá de esa chica rubia, atacando. La imagen de Starfire solamente había sido vista por Raven.

– ¿Eso no fue exagerado? – Comentó John, asomándose hacia afuera para ver a sus dos hermanos.

– Ella se lo buscó. – Señaló Jacqueline, cruzándose de brazos con indiferencia. – Mantenlos sujetos, Jack. Nos encargaremos de hablar con nuestra hermanita.

Jack simplemente asintió con su cabeza, y entonces se dejó caer de sentón al suelo con expresión adormilada, pero sin quedar los ojos de encima de sus presas. Los titanes seguían intentando acercárseles, pero a paso extremadamente lento.

Jacqueline se acercó a la orilla de la ventana, junto con John, y Jessie se les unió. Pero faltaba alguien. Miró sobre su hombro, y vio a Jacob, de pie varios pasos detrás de ellos, con sus manos en los bolsillos de su pantalón, y con pose tranquila.

– ¿Vienes o qué? – Le cuestionó la mujer de vestido negro.

– Sabes que soy más un amante que un peleador. – Le respondió encogiéndose de hombros, y entonces avanzó hacia el sillón de la sala, pasando entre los casi congelados Titanes y se sentó cómodamente en él, con sus brazos sobre el respaldo. Tomó el control remoto del televisor, y lo encendió, para comenzar a navegar entre los canales.  – Adelántense, yo… apoyaré a Jack.

Jacqueline sólo giró los ojos con señal de resignación. Ella, junto con Jessie y John, dieron un paso al frente, y sus cuerpos comenzaron a descender tranquilamente a tierra, como se fueran plumas en el viento, mientras los Titanes, totalmente impotentes, los miraban marcharse.

Raven, luego de ser lanzada de esa forma, terminó tirada en el suelo, muy cerca de la orilla, Logró al último momento usar algo de su magia para amortiguar su caída, pero igual había terminado impactándose contra el suelo. Se alzó a duras penas apoyada en sus manos, y dirigió su mano derecha a su labio, limpiándose algo de sangre que había brotado por el golpe.

¿Qué había sido eso? ¿Por qué había visto a esa mujer como si fuera Starfire? Era ridículo, en especial porque la verdadera Starfire estaba ahí, a unos metros de ella. Además, la fuerza con la que la había tomado y arrojado… Sí, era mucha fuerza, pero ni remotamente cercana a la suficiente para dar un golpe de la magnitud como el que le había dado a Supergirl. Era más similar de hecho… a la fuerza de Starfire.



¿Qué significaba todo eso?

– Entiendo que estés molesta, Raven. – Escuchó la voz de Jared detrás de ella. Rápidamente lo volteó a ver sobre su hombro; el chico estaba a un par de metros, y se tocaba su cabeza adolorida; quizás se había golpeado al caer. – Quizás no fue la mejor forma de actuar, pero tienes que entender que todo fue por tu bien.

– ¡¿Por mi bien?! – Exclamó molesta, poniéndose de pie rápidamente. Jacqueline, John y Jessie, descendieron justo a las espaldas de Jared en ese mismo momento. – ¡No saben lo que están haciendo!

– Lo sabemos. – Comentó Jared, confiado. – Lo hemos sabido toda nuestra vida. ¡Esto es para lo que nacimos!

– ¡No es así! Trigon no es lo que creen… ¡Nosotros no somos lo que creen! ¡No somos sus hijos!, ¡nunca lo fuimos!

Jared suspiró con algo de cansancio. Pasó sus dedos por su cabello, con cierta frustración, y rascó un poco su cabeza, pensativo.

– Veo que no nos acompañaras por las buenas, Raven. Es una pena… Creía que luego de libertar tu poder interno, nos entenderías. Pero creo que subestimamos la influencia que estos humanos y la gente de Azarath tienen en ti.

– Ya perdimos mucho tiempo intentando hacerlo a tu manera, Jared. – Masculló Jacqueline, molesta. – Ahora tenemos que hacerlo a la mía.

– Sí, supongo que no hay de otra. Lo siento, Raven….

Jared alzó en ese momento su mano lentamente, señalándola con todos sus dedos.

– Pero tendremos que llevarte con nosotros a la mala…

Intensas llamaradas surgieron de sus dedos de golpe, dirigiéndose directo contra ella. Raven rápidamente se cubrió, haciendo un escudo con su magia. Mientras se protegía del fuego, notó como algo de gran tamaño cubría el sol sobre su cabeza. Al alzar su mirada, notó que John descendía directo hacia ella… Pero su tamaño había incrementado, al menos al doble o triple. Se lazó con agilidad a un lado para evadirlo, y el enorme cuerpo chocó contra la tierra, desquebrajándola.

Jared se le lanzó encima antes de pudiera recuperarse, con sus puños cubiertos de llamas, intentando golpearla. Raven se movía como le era posible para esquivarlo. Todos los Titanes habían pasado por un entrenamiento para combate cuerpo a cuerpo, por consejo y recomendación de Robin, y ese también había sido su caso. Sin embargo, no estaba del todo acostumbrada a aplicarlo. Protegiendo sus manos con su magia, tomó con fuerza sus puños entre sus dedos, para detenerlos. Luego, sin soltarlo, alzó su pierna derecha, pateándolo en la barbilla, seguida por la izquierda para repetir el mismo golpe. Jared retrocedió un par de pasos, adolorido de su quijada.

– No me obligues a lastimarte, Jared. – Exclamó la Hechicera con seriedad.

– ¿Por qué no? ¿Quiere decir que aún te preocupas por mí?

Raven no respondió. Permaneció quieta, con su magia lista para atacar en cualquier parpadeo. A pesar de la pelea que acababa de tener no hace mucho con Supergirl y Starfire, en realidad no se sentía agotada; de hecho, no se había sentido tan reavivada en mucho tiempo.

– A pesar de tu actitud fría e indiferente, siempre has sido la más amable de todas, amiga Raven. – Escuchó de pronto una voz pronunciado a sus espaldas… la reconocible voz de Starfire.

Raven se viró lentamente sobre su hombro, y la vio justo ahí, suspendida, con sus pies a unos centímetros del suelo, con sus manos atrás de su espalda, y una amplia sonrisa adornando su rostro.

– No, tú no eres ella. – Cuestionó Raven, nerviosa, poniéndose rápidamente a la defensiva. – ¡¿Qué truco estás intentando?!

– Dímelo tú, amiga Raven. – Comentó esa supuesta Starfire con su distintivo tono dulce y amable, aunque justamente después su sonrisa se acrecentó, formando una mueca casi aterradora. – Tú eres la que está viendo esto… Dime más bien, ¿qué estás tramando tú…?

Sus ojos brillaron de un verde intenso, y le siguieron sus manos. Se elevó algo más en el aire, y comenzó a lanzarle esferas de energía repetidamente. Raven se elevó también, esquivando sus ataques, pero Jared y John se lanzaron también contra ella al mismo tiempo. La hechicera usaba su agilidad de vuelo y su magia para repelerlos, pero entre los tres le era muy difícil hacer cualquier contraataque. Además, Jacqueline permanecía en tierra, con sus brazos cruzados, mirando con detenimiento, posiblemente esperando el momento de intervenir, si se ofrecía.

Mientras tanto, en la sala de la Torre, los Titanes seguían avanzando, pero apenas y se lograba detectar algún cambio en su posición. Jack seguía sentado en el suelo, mirándolos fijamente, mientras Jacob miraba tranquilamente la televisión desde el sillón principal de la sala. Los sonidos de la pelea que afuera se sucedía, se escuchaban con claridad.

– Suena a que se están divirtiendo allá abajo. – Comentó Jacob, divertido, sin quitar sus ojos de la pantalla ante él. – ¿No tienen el paquete Playboy? Qué aburridos.

Supergirl comenzó a reaccionar en ese momento, al final de aquel túnel que había formado en el edificio, hasta terminar contra lo que parecía ser un baño de visitas, luego de tan tremendo golpe. Se tocó su cara con sus dedos, revisando que no se hubiera roto nada; no creyó que fuera capaz de sentir tal dolor de nuevo en ese mundo, pero era lógico pensar que si lo sentiría, sería por un golpe de…

No, no había sido él, ese no era el caso. ¿Qué rayos había pasado ahí? ¿Por qué había visto aquello? ¿Una ilusión? Si fue una ilusión, ¿cómo es que ese golpe se había sentido tan endemoniadamente real?

No había tanto tiempo como para desperdiciar valiosos minutos en pensar en ello. Con su visión de Rayos X, revisó rápidamente la situación. En la sala pudo ver a dos de esos sujetos, pero Robin, Chico Bestia, Starfire y Cyborg estaban ahí, de seguro encargándose de ello. Llevaba tanta prisa, que no se dio cuenta en ese momento de que los cuatro se encontrabas casi congelados. Buscó con su visión a Raven y los demás extraños atacantes, y los divisó en la parte de abajo, en la playa justo frente a la torre.

Una contra cuatro. Había visto su poder hace unas horas en aquella preparatoria, pero ahora no se encontraba toda roja y rabiosa, así que quizás sería la que más ayuda necesitaría. Eso es lo que haría alguien que trabaja en equipo, ¿no? Se elevó rápidamente, y salió volando con rapidez por el agujero por el que fue lanzada, hacia la sala y luego hacia las ventanas rotas para salir por una. En cuanto ese borrón rojo y azul pasó tan cerca de ellos, prácticamente sobre sus cabezas, tanto Jack como Jacob se sobresaltaron y no pudieron evitar desviar su mirada hacia ella.

– ¡Oye!, ¡Espera! – Exclamó Jacob, sorprendido, parándose del sillón de un salto.

Sin embargo, en cuando Jack también por mero reflejo vio en dirección a la heroína y ya no vio por esos instantes a los Titanes, la magia que tenía sobre ellos simplemente pareció desvanecerse, y entonces los cuatro volvieron a su velocidad normal, lanzándose contra Jack. Antes de que Jack pudiera voltearse nuevo por completo hacia ellos, fue recibido de golpe por una fuerte patada en la cara por parte de Robin, que empujó hacia atrás su cuerpo flacucho y ligero, saliendo por la misma ventana que Supergirl, para luego precipitarse a tierra.

Jacob, al ver, hizo el pequeño ademán de querer acercárseles, pero Starfire fue más rápida, y se giró hacia él y disparo sus rayos de energía de sus ojos, golpeando al chico de piel gris con ellos. Fue lanzado contra el sillón, y con la fuerza del golpe dicho sillón se hizo hacia atrás, y Jacob quedó con los pies hacia arriba, y totalmente inmóvil. Se quedaron un rato a la espera, pero parecía que no se levantaría… al menos no de momento.

– Ese no es tan fuerte después de todo. – Comentó Chico Bestia, algo sorprendido, aunque también decepcionado.

– No se confíen, no sabemos con exactitud el alcance de sus poderes. – Les indicó Robin. – ¡Andando! Raven nos necesita.

Los otros tres asintieron, y de inmediato corrieron a las ventanas para descender a la orilla, cada uno de su propia forma.

Supergirl descendió a toda velocidad hacia el lugar de la pelea, esperando poder tomarlos por sorpresa; sin embargo, eso no pareció funcionar muy bien. Supergirl se disponía a lanzar un golpe contra John, el cual estaba suspendido, peleando con Raven con la ayuda de sus hermanos. Sin embargo, en cuanto la sintió cerca, el cuerpo del chico comenzó, literalmente, a inflarse, a tomar una forma casi redonda y enorme. El puño de Kara golpeó contra ese cuerpo de extraña consciencia, casi gelatinosa pero muy flexible. Su puño se hundió en la piel, pero no la rompió o atravesó; esta simplemente se dobló como si fuera de goma.

– ¿Pero qué…? – Exclamó atónita, un segundo antes de que toda la fuerza que había usado para estirar dicha piel, se le regresara y la empujara hacia atrás como un trampolín. – ¡¡Aaaaaaah!!

El cuerpo de la rubia salió volando, y atravesó una pared de la Torre, aproximadamente por la mitad, cayendo en el interior de lo que parecía ser un gimnasio. Golpeó el saco de boxeo colgado en el centro del cuarto, derribándolo con el impacto de su cuerpo.

– Jessie. – Indicó Jacqueline, mirando toda esa escena por encima de su hombro con algo de indiferencia.

– Yo me encargo. – Indicó rápidamente la chica de cabellos rubios y rizados, elevándose con rapidez hacia el agujero por el que Supergirl había entrado de nuevo a la Torre.

La heroína, por su parte, intentaba recuperarse luego de tan sorpresivo revés. Apenas y se había levantado, cuando una figura de gran tamaño apareció en el agujero en la pared, cubriendo gran parte del escaso sol que entraba por él.

– Siempre tan descuidada, Kara. – Escuchó que una voz masculina y grave pronunciaba desde dicho agujero. El oírla, la hizo sobresaltarse casi asustada, y retroceder. Otra vez lo mismo: la imagen de ese hombre grande y de complexión fornida, con el traje azul y rojo. Estaba flotando frente al agujero, con sus brazos cruzados mientras le sonreía, malicioso.

– Esto no es real. – Comentó la heroína, algo nerviosa. – Tú no eres Superman.

– No importa si lo soy o no. – Pronunció esa extraña imagen, entrando flotando tranquilamente por el agujero. – Lo que importa es si tú lo crees.

No entendía que rayos se suponía que significaba eso, y no le importaba tampoco averiguarlo. Se lanzó con toda su velocidad y fuerza contra él, o ella, o lo que fuera. Podría verse como Superman, pero no podía ser tan fuerte como él; ese golpe que le dio debió de haber sido un truco, algún tipo de suerte, quién sabe… Sin embargo, su hipótesis no estuvo muy bien fundamentada. Lanzó varios golpes consecutivos contra él, y rápidamente éste los desvió hacia otro lado con notoria facilidad, mientras seguía sonriéndole de forma sínica.

– Parece que crees que Superman es mucho más fuerte que tú, ¿verdad? – Comentó divertido mientras cubría sus golpes.

– ¿Qué? No, ¡no es cierto!

– Si no es así… ¡¿entonces cómo es que puedo hacer esto?!

Aprisiono con fuerza uno de sus puños entre sus dedos, luego de cubrir uno de sus golpes, y comenzó a apretarlo. De nuevo, Kara volvió a sentir dolor, cómo se suponía que no podía sentir en ese planeta. El supuesto Superman comenzó a girar con rapidez sobre sí mismo sin soltarla, poco a poco con más y más velocidad, hasta casi provocar un pequeño tornado. Soltó a Supergirl al último momento y su cuerpo salió volando con mucha más fuerza que las veces anteriores, atravesando pared tras pared, hasta salir del otro lado de la Torre y todavía seguir de largo.

Kara estaba atónita, sin poder creer que lo estaba pasando. ¿Cómo era posible? ¿Qué tipo de magia podría estar haciendo eso? Por cosas como esas odiaba la magia. Intentó recuperar la serenidad lo más rápido que pudo, recuperándose en pleno vuelo, antes de que terminara a cientos de kilómetros de distancia. Influenciado principalmente por la frustración y el enojo, se dirigió de nuevo como una bala hacia la torre.

Supergirl voló y voló a gran velocidad directo por el mismo agujero que había provocado, casi rompiendo la barrera del sonido. Impactaría a ese supuesto Superman de frente, y lo haría pedazos, o al menos bastante daño. Él, o ella, se encontraban de pie en el mismo sitio, con sus brazos cruzados, como si la esperara. Kara aceleró incluso más. Al último momento, cuando parecía que alcanzaría embestirlo, el supuesto Superman se elevó, alzó su puño y lo jaló con fuerza hacia el frente, impactándose de frente directo contra la cara de Supergirl, deteniéndola en seco. El choque de su puño contra su cara provocó un fuerte estruendo, así como una onda expansiva de aire que voló en pedazos todas las ventanas de ese piso, y de los tres superiores e inferiores.

Luego de recibir tan tremendo golpe, Supergirl quedó aturdida, y sentía que había perdido el conocimiento, o al menos estaba bastante cerca de ello. Pero su cuerpo ni siquiera había tocado el suelo, cuando su enemigo la tomó del cuello, y la elevó como si fuera una simple muñeca, y luego la azotó con fuerza contra el piso, provocando que lo atravesará y descendiera dos o tres pisos más, antes de que ser sepultada por los escombros, y quedarse ahí, inmóvil, y ahora sí en verdad inconsciente.

Jessie se quedó de pie a la orilla del agujero en el suelo. Sonrió complacida por el resultado, y al parecer la heroína de Metrópolis no sería más un obstáculo, al menos no por un rato. Se viró hacia donde había entrado y salió flotando tranquilamente.

Mientras Supergirl pasaba todo ello, afuera, Jacqueline, mientras John y Jared seguían atacando a Raven, escuchó a sus espaldas como Jack caía a tierra precipitadamente. Se giró extrañada hacia él, y luego volteó hacia arriba, notando que tenían más compañía. Los Titanes habían aprovechado su distracción para salir a la ayuda de su amiga Raven: Starfire descendiendo mientras volaba, Chico Bestia siguiéndola en la forma de un águila, Robin ayudado con uno de sus ganchos, y Cyborg amortiguando su caída con su rayo sónico.

Jacqueline suspiró con fastidio al ver esto.

– Qué molestos. – Exclamó con sumo desagrado.

Alzó entonces su pie derecho unos centímetros, y luego lo dejó caer con rapidez, chocando su zapatilla contra la tierra. Justo cuando esto pasó, los cuatro Titanes sintieron al mismo tiempo como si algo los jalará con gran fuerza hacia abajo, descendiendo a gran velocidad, hasta chocar los cuatro contra el suelo, y quedarse ahí tirados, inmóviles, como si algo muy, muy pesado los estuviera aplastando.

– ¡¿Ahora qué…?! – Exclamó Cyborg, con frustración. Intentaba volver a levantarse con todas sus fuerzas, pero no era capaz de alzarse no unos centímetros.

Chico Bestia cambio a la forma de un gorila, un hipopótamo, un elefante, y hasta un T-Rex, pero ninguno de esos animales tenía la fuerza suficiente para repeler la extraña fuerza que los oprimía.

Raven notó de reojo a sus cuatro amigos, oprimidos contra el suelo, a los pies de Jacqueline. Esto la hizo reaccionar.

– ¡Dejen a mis amigos! – Exclamó con cierta desesperación. Creó entonces una fuerte explosión de magia, que alejó a Jared y John con fuerza de ella. Una vez libre, se lanzó directo hacia Jacqueline, con la intención de atacarla directamente. Sin embargo, a medio camino, su cuerpo se cubrió abruptamente de un resplandor verdoso, y quedó casi frenada por completo a la mitad del aire.

Intentó mirar a su alrededor, pero el movimiento de sus ojos también era lento al igual que el del resto de su cuerpo. Aun así, logró ver por el rabillo, a Jack, de pie, y mirándola fijamente con expresión intensa.

– No quites la mirada esta vez. – Le dijo Jacqueline, casi como un regaño.

– Lo siento, hermana. – Respondió Jack, algo melancólico, pero en efecto no les quito los ojos de encima ni un instante.

Raven luchaba por poder moverse, pero cada movimiento, hasta el más pequeño, tardaba una eternidad en poder concretarse. Incluso recitar algún conjuro o mover sus manos le resultaba arduo.

En ese momento, John se elevó hasta colocarse varios metros encima de ella. Su cuerpo se volvió a expandir a un gran volumen, hasta proyectar una gran sombra sobre todos. Luego se contrajo un poco sobre sí, haciendo que todo ese volumen se condensara, y pasará de tener la forma de un gran globo, a la de una gran pesada piedra. Se dejó caer entonces abruptamente contra Raven como un meteorito. Ésta conjuró lo más rápido que su estado actual le permitía, alcanzando al último instante aparecer un escudo sobre ella. Aunque éste fue lo suficientemente fuerte para amortiguar el golpe, no lo fue para no ser empujada contra el suelo, y aplastada contra éste en un pequeño cráter.

Raven se quedó tirada en el cráter, recostada boca abajo, pero no completamente inmóvil, pues se veía como alcanzaba a moverse un poco, como si quiera arrastrarse, pero notándosele muy adolorida.

– Espero no habernos excedido. – Comentó Jared, poniéndose de cuclillas en la orilla del cráter, y admirando a su pobre hermana en él. – ¿Ya fue suficiente, Raven? ¿Ya nos acompañaras? ¿O tendremos que lastimar un poco más a tus amigos?

Jacqueline, como respuesta a las palabras de Jared, sonrió con malicia, y volvió a chocar su pie contra el suelo, y la presión que oprimía a Robin y los otros se hizo incluso más grande, y los cuatro soltaron un fuerte alarido de dolor.

Raven, desde su precaria posición, logró escuchar a sus amigos sufriendo, y eso la hizo reaccionar. Alzó su mirada como pudo, con su rostro con raspones y manchada de tierra. Debería sentirse preocupada o angustiada por escuchar a sus amigos sufriendo, debería sentirse aturdida y triste por todo eso que ocurría. Pero en esos momentos, sólo hubo un sentimiento que se volvió claro y tangible en su mente, y que dominaba y por mucho a todos los demás: rabia, una enorme rabia…

Sus puños se apretaron con fuerza, al igual que su mandíbula. Sus ojos se tornaron de nuevo rojos debajo de su capucha, y un aura rojiza y brillante le cubrió el cuerpo entero. De la nada, y de un parpadeo a otro, el cuerpo de Raven se elevó con rapidez en el aire, creando un fuerte estruendo, y haciendo que todos sus supuestos hermanos se voltearan hacia ella.

– ¡¿Qué?! – Exclamó Jacqueline, casi atónita.

Raven quedó suspendida por encima de todos ellos brillando con intensidad de rojo, con el inminente atardecer a sus espaldas.

– ¡¡No toquen a mis amigos!! – Gritó con fuerza, sonando como un tremendo relámpago que surcaba el cielo. Su voz sonaba como si fueran varias otras, rebotando en el eco.

Comenzó a mover sus manos con rapidez en círculos, de derecha a izquierda, y de inmediato un fuerte ventarrón comenzó a soplar a su alrededor, respondiendo a los simples movimientos de sus manos. Jack intentó inmovilizarla, pero antes de que pudiera centrar su mirada fija sobre ella, el viento lo jaló con violencia hacia arriba, elevándolo en el aire. Pero no fue el único. Inmediatamente después le siguió Jacqueline, quien se elevó gritando con histeria, mientras intentaba sujetarse su vestido. Le siguieron John, y luego incluso Jessie, que salía de la Torre luego de encargarse de Supergirl, y Jacob que se había asomado hacia afuera tras recuperarse del ataque de Starfire. Jared se quedó más tiempo en el suelo, intentando resistir, pero al final fue también arrastrado como sus demás hermanos.

Una vez que Jacqueline fue jalada, el efecto que tenía sobre Robin y los otros pareció desvanecerse, y al fin pudieron moverse… Más no era precisamente que tuvieran muchas opciones de a dónde moverse. El viento a ellos no los alzaba, como si esa fuera su intención directa, pero igual remoloneaba sus cabellos y ropas, y les impedía moverse con libertad. Sólo podían quedarse en su lugar, viendo desde abajo tan increíble espectáculo.

– ¡No, otra vez! – Exclamó Cybrgorg, mientras se cubría su rostro con un brazo.

– ¡De nuevo perdió el control! – Señaló Starfire, preocupada.

– ¡Al menos ahora está atacando a los malos! – Comentó Chico Bestia, en forma de elefanta, para mantenerse firme en el suelo.

¿Realmente eso lo hacía correcto? Robin miraba tal escena desde su posición, y lo que menos le provocaba era seguridad o bienestar…

Los seis hermanos comenzaron a girar repetidamente en el remolino que se había formado entorno a Raven. El viento de pronto pareció combinarse con el agua del mar, la cual empezaba a elevarse también y a girar a su alrededor. Le acompañaron también pedazos de roca que se desprendían de la orilla, o del fondo marino, o incluso escombros de la propia torre que habían caído; era realmente algo increíble de ver.

Raven alzó entonces su mano derecha hacia arriba, y todo, el viento, el agua, las rocas, y sus supuestos hermanos, se alzaron violentamente hacia arriba de golpe, creando la ilusión de una muy, muy alta torre. Luego, las bajó de nuevo con el mismo apuro, y todo ello se precipitó hacia abajó con una tremenda fuerza. Los Titanes tuvieron que lanzarse rápidamente hacia un lado para esquivar tan inminente ataque. Todo chocó contra la orilla, creando un fuerte impacto, que lanzó roca, agua y viento por todos lados, y casi mandó a volar a los Titanes también.

Un instante después del estruendoso golpe, el agua volvió a su sitio, y todo se volvió silencio. Los Titanes tardaron unos segundos en poder reaccionar, y animarse a alzar las cabezas al frente. Aún había nubes de polvo cubriendo su visión. Poco a poco el polvo se fue despejando, y pudieron entonces ver un pequeño cráter que se había formado en el lugar del impacto final, y a los seis chicos de piel gris, ahí tirados, algunos bocabajo, otros bocarriba, pero todos visiblemente aturdidos, y no era para menos.

 – Cielos… Eso fue… – Exclamó Chico Bestia, aunque fue incapaz de terminar.

– ¿Aterrador? – Completó Cyborg, a lo que el chico verde respondió asintiendo con su cabeza.

Robin fue el primero en alzar su mirada hacia arriba; más que ver a las víctimas de ese brutal ataque, su interés se inclinaba más hacia ver a la autora del mismo. La Titán flotaba a varios metros sobre sus cabezas; una brisa agitaba un poco su larga capa azul con un muy notorio fulgor rojizo que se desprendía lentamente de su cuerpo.

– Raven… – Murmuró Robin, sin poder evitar sentirse impresionado por tal escena.

Jared poco a poco intentó volver a incorporarse, apoyándose débilmente en la tierra con ambas manos. Logró sentarse, y llevó su mano hacia su frente, limpiando algo de sangre que le había brotado de lado izquierdo tras el impacto. Pero en esos momentos, su frente era el menor de sus malestares; casi todo su cuerpo le dolía, aunque era peor el mareo que aún sentía tras tantas vueltas y sacudidas.

Al notar que el chico de cabellos rojos se había alzado, Raven comenzó a descender hasta colocar sus pies en el suelo, del lado del cráter, contrario al que estaban sus demás amigos. En cuanto estuvo cerca de la tierra, pequeños pedazos de roca comenzaron a literalmente brincar hacia los lados como si tuvieran mente propia y estuvieran huyendo de algo.

– Desiste de esto, Jared. – Murmuró la hechicera con su voz resonando con intensidad. – Sabes que no puedes derrotarme. Soy mucho más poderosa que tú, que cualquiera de ustedes.

Jared contemplaba con curiosidad su propia sangre que manchaba sus dedos. Se suponía que debía de sentirse preocupado, intimidado, o incluso asustado por lo que acababa de ocurrir. Sin embargo, en lugar de eso… Sus labios dibujaron abruptamente una amplia sonrisa, en una mueca casia aterradora. Detrás de él, sus demás hermanos comenzaban igualmente a comenzar a levantarse.

– Sí, sí que lo eres. – Murmuró con un tono burlón, soltando una pequeña carcajada. – Ésta es precisamente la Raven que estábamos buscando. Nuestra verdadera hermana…

Los seis alzaron sus rostro al mismo tiempo en dirección a Raven, y ésta pudo ver de inmediato que sus rostro prácticamente habían cambiado, de esos rostros hasta cierto punto normales, de cualquier chico o chica, a tomar una apariencia mucho más horrible, con cuatro ojos cada uno, bocas anchas con colmillos, y una expresión llena de malicia y de ni otro sentimiento reflejándose en ellos.

Raven se sobresaltó, e instintivamente retrocedió un paso, como si la imagen ante ella la hubiera causado miedo. Era difícil decir si era miedo, pero ciertamente no le causaba nada de comodidad. El ver sus rostros, su seis rostros… Una vez más fue como mirarse a sí misma… en un horripilante espejo.

– Sí, quizás ninguno pueda derrotarte por sí solo… ¡Pero todos juntos somos muy superiores!

Sus cuerpos comenzaron a brillar de rojo de golpe, y todo el aire a su alrededor se volvió denso, pesado, e incluso desagradable… La esencia que rodeaba a Jessie, Jacob, Jack, John y Jacqueline, comenzó a desprenderse de sus cuerpos, y a moverse en dirección a Jared. Ésta comenzó a acumularse más y más en él, y su cuerpo poco a poco comenzó a mutar. Su piel se tornó de gris a roja, sus colmillos se afilaron, su cabello se tornó blanco, y de su cabeza surgieron dos grandes cuernos que se extendieron hacia atrás.

Raven se quedó atónita al ver esto, al ver como la apariencia de Jared cambiaba drásticamente a verse casi idéntica… a la de Trigon.

No era él, sabía que no era él. Pero el sólo hecho de ver esa apariencia, de ver aunque fuera una imagen tan similar a él… Raven se sintió paralizada, pesa de un profundo pánico. Toda esa ira y concentración que había acumulado, se desvaneció. Su rostro volvió a la normalidad, y su magia pareció apaciguarse… Pero no era precisamente algo bueno en esa ocasión.

Jared se relamió los labios, complacido de ver su reacción. Extendió sus brazos a los lados, y dos enormes llamaradas se formaron sobre sus palmas, alzándose hacia arriba. Miró fijamente a su séptima hermana, quien seguía tan aturdida, que era difícil decir qué reacción tendría si era atacada en ese mismo momento.

Sin embargo, Jared tenía otros planes con toda esa energía que había acumulado.

Miró de reojo sobre su hombro; los otros Titanes se encontraban de pie detrás de ellos, mirando todo desde cierta distancia. Esto lo hizo reír complacido por dentro. En lugar de atacar directo a Raven, Jared se elevó unos metros de un salto, se volteó por completo hacia Robin y los otros, y extendiendo sus manos hacia ellos, soltó dos gigantescas llamaradas, como dos enormes dragones que abrían sus fauces para devorarlos a todos de un solo bocado.

Este movimiento tan repentino era justo lo que Raven necesitaba para reaccionar.

– ¡¡No!! – Exclamó la hechicera con todas sus fuerzas, y entonces voló lo más rápido que le era posible hasta colocarse justo entre sus amigos y las llamas, y levantar un amplio escudo de fuerza ante ella para protegerlos.

Las llamas chocaron contra el escudo, y lo cubrieron por completo de extremo a extremo. El calor era increíble; incluso el suelo a sus pies comenzó a calentarse y casi derretirse.

– ¡Raven! – Exclamó Robin desde tierra, viendo entre todas las llamas a su amiga, suspendida sobre ellos, con sus brazos extendidos al frente, intentando mantener arriba ese escudo, aunque tuviera que usar toda su fuerza y concentración en ello.

Jared reía como desquiciado, mirando con orgullo lo que su hermana hacía, justo lo que él esperaba que hiciera. Estuvo presionándola del mismo modo unos cuantos segundos, pero luego jaló un poco sus brazos hacia atrás, y luego de golpe hacia adelante, acumulando toda la energía que le quedaba un último ataque que provocó una intensa explosión justo contra el escudo de Raven, volviéndolo añicos. La onda expansiva hizo que la Titán saliera volando con violencia hacia el suelo, y también los demás Titanes fueran empujados hasta el mar, cada uno cayendo al agua sin poder evitarlo.

Todo el alrededor de la torre se cubrió de humo y polvo luego de la explosión. Jared se quedó suspendido en el aire, respirando agitadamente, y con algo de sudor recorriéndole el costado del rostro. Su piel y cabello comenzaron a volver paulatinamente la normalidad, y sus cuernos a encogerse hasta desaparecer. En unos segundos, había vuelto a su apariencia normal, y sus hermanos también.

– Lo hiciste, hermano mayor. – Exclamó Jacqueline con entusiasmo, desde el suelo.

– No. Lo hicimos, hermana. – Corrigió Jared, al tiempo que descendía de nuevo con ellos.

Los Titanes se encontraban aturdidos y golpeados, flotando el mar. Robin nadó con apuró para tomar a Starfire, la cual parecía inconsciente, y poder llevarla a la orilla. Chico Bestia se convirtió en ave y salió del agua revoloteando sus alas mojadas. Cyborg era el que no se veía por ningún lado en un inicio, aunque un rato después logró ponerse a flote, y sacar su cabeza, justo a su lado.

– ¡Eso fue aún más aterrador! – Exclamó el hombre mitad máquina. – ¡¿Qué pasó con Raven?!

Robin no tenía respuesta a esa pregunta. Aun sujetando a Starfire con un brazo, comenzó a nadar rápidamente hacia la orilla.

Por su parte, los seis hermanos avanzaron hacia el lugar exacto en el que se había suscitado el estallido. No tardaron mucho en encontrar lo que buscaban: Raven se encontraba tirada, bocabajo en el suelo, inconsciente, y con sus ropas sucias. Jared se acercó con cautela a ella, y en cuando pudo verificar que había perdido el conocimiento, la cargó y alzó en sus brazos.

– Ya tenemos a nuestra a hermana, vayámonos. – Indicó, virándose hacia los demás.

– ¡No lo harán! – Escucharon la voz de Chico Bestia detrás de ellos.

Luego de salir del agua, descendió hacia ellos y tomó la forma de un gran rinoceronte y comenzó a correr hacia ellos con la fuerza de una estampida.

– Enserio, qué molestos. – Bufó Jacqueline con hastío. Plantó entonces un pie al frente y en el suelo con fuerza, y de la nada el cuerpo del Rinoceronte comenzó a elevarte son fuerza como si algo invisible lo hubiera golpeado desde abajo.

– ¡¿Pero qué…?!

Antes de que Chico Bestia pudiera entender lo que pasaba y cambiar de forma, Jacqueline volvió a chocar su zapatilla contra la tierra, y su cuerpo ahora comenzó a caer con incluso más velocidad con la que se había elevado, estrellándose contra la tierra. El Titán al parecer quedó tan aturdido luego de ese golpe, que no pudo seguir manteniendo su forma animal, y se quedó tirado, semiconsciente.

– Eso será suficiente.

Los demás Titanes no tardaron en hacer acto de presencia en la orilla, pero ya para ese momento era demasiado tarde. Los seis hermanos se elevaron en perfecta sincronía, con Jared cargando en sus brazos a Raven.

– Hasta luego, Titanes. – Comentó el pelirrojo con un tono burlón, mientras seguían elevándose. – La próxima vez que vean a Raven, estará sentada en el trono de este miserable planeta.

– ¿Qué? – Exclamó Robin, confundido. – ¡Esperen!, ¡no! ¡Raven!

Los seis se elevaron unos metros más, y ante sus ojos incrédulos, se esfumaron de su vista, perdiéndose entre la misma neblina invisible por la que habían arribado, pero llevándose a su amiga Raven con ellos, sin que ninguno pudiera hacer algo para impedirlo.

Los seis se fueron, dejándolo a los Jóvenes Titanes ahí, derrotados y heridos…

FIN DEL CAPITULO 23

Notas del Autor:

El capítulo más largo de esta historia hasta el momento, pero supongo que lo ameritaba.

Este capítulo vimos un poco de quienes son estos seis hermanos de Raven, y se dieron algunas pistas de cuál es su cometido, y cuáles son sus poderes, al menos de algunos. Cabe mencionar que como comenté anteriormente, se hicieron algunos cambios en dichos hermanos con respecto a los personajes de los cómics en los que están basados. Además de sus descripciones físicas, que sin embargo aún mantienen algo de las originales (sobre todo John y Jack) y sus personalidades que también son interpretaciones propias, Jessie y Jacqueline, están basados en Jesse y James, que en el cómic original son hombres, pero sentí que faltaban algunas chicas en este grupo. John en el cómic original por lo que he investigado, no tiene un nombre, por lo que éste es agregado por mí. Los poderes de prácticamente todos ellos, son agregados por mí también, cuando mucho Jessie mantiene la esencia del poder original de Jesse, que si aún no ha quedado claro cuál es, se explicará mejor más adelante.

De momento sería todo. Estamos un paso más delante de la batalla final, pero hay algunas cosas que deben resolverse antes de ello. Quédense al pendiente, ¡Nos vemos!

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Teen Titans: The Sinners. Han pasado unos cuantos meses desde que los Jóvenes Titanes derrotaron a la Hermandad del Mal, y volvieron a Jump City. Todo ha sido muy tranquilo desde entonces, pero las cosas están comenzando a cambiar. ¿Qué es esto que Raven ha empezado a sentir por su líder, Robin?, ¿Y quién es ese misterioso chico que afirma ser su hermano? Aunque siempre había logrado mantener en absoluto control sus sentimientos y pensamientos, estos cada vez parecen comenzar a dominarla. Y si no es capaz de aclarar su mente a tiempo, podría caer víctima de aquello que siempre temió, y arrastrar a todos sus amigos con ella…

+ «Teen Titans, la Serie Animada» © Glen Murakami, DC Comics, Warner Bros. Animation.

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