Fanfic Teen Titans: The Sinners – Capítulo 22. Últimas Horas

9 de febrero del 2017

Teen Titans: The Sinners - Capítulo 22. Últimas Horas


TEEN TITANS

THE
SINNERS

Por
Wingzemon X

CAPITULO 22
“Últimas Horas”

Sus ojos comenzaron a abrirse a duras penas. Aun antes de poder divisar algo con claridad, lo primero qué sintió fue que su cabeza le daba vueltas; de no haber estado recostada, posiblemente hubiera terminado de nuevo en el suelo. De manera borrosa, distinguió un techo blanco suspendido sobre ella, pero nada más. Escuchaba algunas voces, pero eran muy lejanas; algunas sirenas sonando estridentemente, y mucho movimiento. ¿En dónde estaba? ¿Qué había ocurrido?

– ¿Se encuentra bien? – Escuchó que una vez pronunciaba con más fuerza que cualquiera de los otros sonidos. Quien quiera que le estuviera hablando, debía estar de hecho justo a su lado, pero aunque el sonido entrara por su oído de manera clara, era como si su cerebro no alcanzara a comprender del todo lo que escuchaba. – ¿Me escucha? ¿Puede hablarme?

Una molesta luz brillante comenzó a pasar frente a sus ojos, haciendo que sólo viera incluso menos que antes. Aun así, pareció suficiente para hacerla reaccionar un poco más, lo suficiente para sentarse lentamente. El mareo seguía presente, por lo que inconscientemente cerró sus ojos y llevó su delgada mano hacia su rostro, sujetándolo.

– ¡Señora Hawk! – Escuchó una voz chillona pronunciar con fuerza. – Señora Hawk, ¿se siente bien?

¿De quién era esa voz? Ella la conocía… O al menos le sonaba familiar.

Volvió a abrir los ojos y a echar un vistazo a su alrededor. El sitio le pareció realmente extraño los primeros segundos, pero poco a poco comenzó a darse cuenta de en dónde estaba realmente: era el interior de una ambulancia, y ella se encontraba sentada sobre una camilla. El hombre a su lado que le hablaba era un paramédico, y en esos momentos parecía estar revisando su presión. La otra voz que le había hablado era la de una jovencita, de pie frente las puertas abiertas de la ambulancia. Quizás aún seguía bastante confundida, pues tardó un rato en poder distinguir su rostro, y aún más en que se le viniera a la mente su nombre.

– ¿Sarah? – Murmuró la mujer mayor con debilidad.

– No se levante. – Escuchó que le indicaba el paramédico; ni siquiera notó en que momento había intentado hacerlo. – Sufrió un desmayo, debe reposar un poco, por favor.

¿Un desmayo? ¿Se había desmayado? ¿Cuándo? ¿Dónde?

Volvió a mirar a la chica, la cual la miraba a ella con preocupación. Notó entonces que unos pasos detrás de ella, había otra, de su misma edad, pero con piel morena. ¿De dónde conocía a esas jovencitas? Las conocía, de eso estaba segura… Pero de momento no le era del todo claro. ¿Y qué hacía ahí en esa ambulancia? ¿Qué había ocurrido? ¿Había habido un accidente? ¿A dónde había ido…?

Toda la conmoción afuera se acrecentó de golpe. Se escucharon gritos de emoción, e incluso algunos aplausos. Todo ese escándalo, pareció jalarla de regreso a la realidad. Las personas afuera, al menos aquellas que lograba ver, miraban en la misma dirección, incluidas las dos jóvenes frente a la ambulancia.

– ¿Qué pasa? – Cuestionó cofundida.

– ¡Son los Jóvenes Titanes! – Exclamó Mary, con entusiasmo.

– ¡Y traen esposado al sujeto que nos atrapó! – Secundó Sarah de inmediato.

– ¿Los Jóvenes… Titanes…?

La mujer comenzó a levantarse lentamente de la camilla. El paramédico intentó detenerla, pero ella no le hizo ningún caso. Se bajó de la camilla, y luego se bajó de la ambulancia, intentando ver hacia donde todos veían. En efecto eran ellos, cinco jóvenes en total, que caminaban desde el cráter cubierto de escombros, hasta la multitud de personas. Entre ellos, venía incluida una jovencita rubia que usaba un traje con los colores y el escudo del famoso Superman, y que cargaba en sus brazos a otra joven, al parecer inconsciente, de cabellos oscuros, con un vestido azul casi hecho trizas. El más alto de todos ellos, un chico fornido y de apariencia agresiva, empujaba a un hombre esposado, también alto, de cabello blanco y barba de candado, también blanca, con un parche en uno de sus ojos, y vistiendo una extraña armadura.

Otro de ellos que llamó su atención a continuación, era el chico de piel y cabello verde, quien cargaba en sus brazos a otra persona desmayada: una chica de largos cabellos rubios…

– ¡Es Tammy! – Exclamó Sarah con asombro, pero también con horror al distinguir su estado. – Oh, no…

– ¿Tammy? – Murmuró en voz baja la señora Hawk.

Sólo hasta que pronunció ese nombre con sus propios labios, se volvió comprensible para ella. Aun así, su reacción fue algo tardía; era como si su cerebro estuviera dudando de qué debería de ser lo correcto para esa situación, y se debatía entre varias opciones diferentes. Pero al final, la más obvia fue la que ganó.

– ¡Tammy! – Exclamó con fuerza, y olvidándose de todos sus mareos y de su debilidad, comenzó a correr hacia ellos, incluso pasando la línea policíaca. Intentaron detenerla, pero ella siguió avanzando, hasta interceptar a los jóvenes héroes, en específico al chico de piel verde. – ¿Está bien? ¿Qué fue lo que le pasó?

Chico Bestia se sorprendió un poco al sentirse invadido de pronto de esa forma. Miró algo confundido a la mujer, sin serle familiar en lo más mínimo. Volteó entonces a ver el plácido rostro de Tammy… ¿o Terra?, en sus brazos, sin dar ninguna señal de consciencia, pero aun respirando, que era lo que importaba.

– Sólo está inconsciente. – Se explicó el Titán, y entonces echó otro vistazo rápido a la mujer. – ¿Usted es…?

– Soy su abuela. – Respondió la mujer rápidamente, adelantándose a la pregunta.

– ¿Su abuela? – Exclamó Chico Bestia, incapaz de ocultar su sorpresa. ¿Cómo que su abuela?

Antes de poder averiguar más, un par de paramédicos se acercaron a ellos, uno de ellos jalando detrás de sí una camilla. Chico Bestia colocó a la joven rubia en la ésta, y ellos empezaron de inmediato a revisar sus signos vitales.

– Necesita una revisión completa. – Indicó uno de los paramédicos. – Llevémosla a la ambulancia, para transportarla al hospital.

Se disponían a llevar la camilla directo hacia la ambulancia, pero Chico Bestia rápidamente tomó la tomó, evitando que avanzaran.

– Esperen, no pueden llevársela. – Exclamó el chico verde con firmeza, confundiéndolos un poco.

– Estará bien, Chico Bestia. – Escuchó que Robin le decía, justo a su lado. – Slade ya está bajo custodia. No podrá hacerle daño.

El Titán viró su atención un poco hacia su derecha. Cyborg había entregado a Slade a la policía, sin máscara, esposado, herido, con un brazo roto, y sin ningún arma o robot para apoyarlo. Tres oficiales lo guiaban hacia la parte trasera de un camión para prisioneros, aunque no ejercía de hecho ningún tipo de resistencia. La jefatura ya tenía a su disposición, celdas especiales para mantener bajo control a villanos peligrosos, incluso peores que Slade, cortesía de Wayne Enterprises. Todo indicaba sin lugar a duda, que Slade estaría fuera de combate, al menos por un largo tiempo.

Sin embargo, no era sólo la amenaza de Slade lo que preocupaba a Chico Bestia, y lo hacía desear que no se la llevaran. Había pasado tanto tiempo, había prácticamente creído que había perdido a Terra por completo. Y entonces ocurre… todo eso que acababa de ocurrir, y que aún no lograba comprender del todo. Lo que sí creía comprender era que Terra había regresado, y no quería apartarse de ella ni un momento. Aún tenía tantas preguntas, tantas cosas de las que necesitaba hablar con ella.

Pero, del otro lado, ella quizás en verdad necesitaba atención médica, y si esa mujer realmente era su abuela… o algo así, también necesitaba estar con ella. Sin olvidar claro, el hecho de que no podía ser egoísta en esos momentos, en los que claramente algo más grande estaba ocurrido con su compañera Raven. Debía ser maduro y tomar la decisión correcta.

– Está bien. – Murmuró en voz baja, soltando la camilla y dejando que se fueran, y los paramédicos se apresuraron. Sin embargo, uno de ellos se detuvo al ver a Raven inconsciente en los brazos de Supergirl.

– ¿Qué hay de ella? – Cuestionó rápidamente. – ¿También requiere atención?

– Descuiden. – Explicó Robin rápidamente. – Ella está bien, nosotros nos encargaremos.

El paramédico asintió con su cabeza, y ambos se alejaron junto con la camilla que llevaba a Tammy. La señora Hawk se disponía a seguirlos, pero se detuvo unos momentos para virarse de nuevo hacia los jóvenes héroes, especialmente al chico de piel verde.

– Gracias por salvarla. – Murmuró la mujer, haciendo una pequeña reverencia con su cabeza, y si esperar respuesta se apresuró a alcanzar a los paramédicos.

Chico Bestia estaba tan confundido, que ni siquiera se podía dar el tiempo de disfrutar de ese agradecimiento. ¿Terra tenía una abuela? No, Tammy Hawk la tenía… Pero si esa chica era realmente Terra, ¿quién era entonces Tammy Hawk? ¿Y quién o qué era la otra Terra que conocieron y que ahora había desaparecido?

Por el rabillo del ojo, vio cómo se le acercaban ahora dos chicas, con el mismo uniforme que Tammy. Las reconoció de inmediato: eran las dos amigas de Tammy, a las que casi siempre veía con ella. Normalmente siempre le tocó conocerlas con una actitud un tanto agresiva hacia él cuando estaba cerca, pero ese día era diferente; ese día lo miraban con una amplia sonrisa que al Joven Titán confundía mucho.

– Chico Bestia, gracias por salvarnos, a nosotras y también a Tammy. – Comentó Mary con felicidad.

– Perdón por cómo te tratamos siempre. – Se disculpó Sarah a continuación. – Eres en verdad un chico genial.

– Sí, Tammy es afortunada de que… bueno…

– De que estés ahí para ella.

Ambas le sonrieron al mismo tiempo, y con esa sonrisa le transmitieron al Titán mucha más gratitud de lo que sus palabras podrían. Chico Bestia se sintió un poco apenado por sus palabas, y no pudo evitar virarse hacia otro lado, él mismo sonriendo levemente.

– No deben de decirlo. Cuiden de ella, por favor.

Mary y Sarah asintieron con sus cabezas, y un instante después se alejaron, para dirigirse con sus respectivas familias.

Había sido una tarde bastante larga, y todos poco a poco se iban retirando a sus casas. El escenario detrás de ellos era devastador, pero no se había perdido ninguna vida humana, y eso era lo importante. Aun así, esa victoria, si es que era correcto llamarlo de esa forma, les resultaba algo agridulce a los héroes de Jump City. Quizás habían detenido a Slade, quizás habían salvado a todos… Pero aún había demasiado abierto en todo ello.

– Muy bien. – Pronunció Supergirl, una vez que Cyborg volvió hacia donde estaban, y estuvieron de nuevo sólo ellos. – ¿Y ahora qué?

Sí, esa era una muy buena pregunta, pero en ese momento había una sola respuesta posible.

– Volvamos a la Torre. – Señaló Robin con seriedad, justo antes de mirar el rostro dormido de su compañera Raven. – Tenemos otros asuntos de los cuáles ocuparnos.

Nadie dijo nada a su sugerencia, ni a favor ni en contra. Simplemente se pusieron en marcha, cada uno quizás en diferente medio de transporte, pero todos con un mismo destino.

– – – –

Para cuando todos llegaron a la Torre, faltaba quizás una hora para que comenzara el atardecer de ese largo día, que aún parecía resistirse a terminar. Los Titanes, en compañía de Supergirl, se dirigieron en grupo hacia la habitación de Raven. En una situación normal, estaba completamente prohibido que cualquier persona pusiera un pie en ese sitio, incluidos ellos, sus propios amigos. Sin embargo, esa no era en lo más mínimo una situación “normal”.

Supergirl colocó a Raven delicadamente sobre su cama. La hechicera seguía plácidamente dormida; no había dado aún ni una sola seña de vida. Todos estaban de pie a lado de su cama, a excepción de Starfire, quien había ido a otro lado sin explicarles bien a qué.

– ¿Será seguro simplemente dejarla aquí en su cuarto? – Cuestionó Chico Bestia. – ¿Qué pasará si despierta y sigue un poco loca?

– ¿Tienen alguna otra opción en mente? – Añadió Supergirl, cruzándose de brazos.

Cyborg fue el único que saltó en ese momento con alguna sugerencia.

– Quizás pueda ajustar la prisión mágica que hicimos para protegerla de las criaturas de Trigon para que no deje salir nada en lugar de no dejar entrar…

– Nada de prisiones. – Señaló Robin de inmediato, mirándolos sobre su hombro. – Debemos confiar en que estará bien.

– ¿Y si no?

Robin volteó a ver de nuevo a su compañera, descansando sobre su cama, tan tranquila, como si nada hubiera ocurrido. Entendía sus miedos y preocupaciones; sería un mentiroso si decía que él no las tenía. Sería muy fácil meterla a una celda, o mantenerla sedada, todo con tal de no enfrentar lo que se ocultaba detrás de esa placida imagen. Pero ellos no eran así, no podían ser así. Eran los Jóvenes Titanes, eran héroes. No se ocultaban de los peligros, existían para enfrentarlos de frente y solucionar los problemas, por más horribles o incómodos que estos fueran. Y eso incluía principalmente cuando se trataba de ayudar a sus amigos.

Pero esa era una situación delicada y que tenía que ser tratada con la misma delicadeza. Sabía lo que tenía que hacer; lo estuvo meditando durante todo el camino de regreso a la Torre, y era lo única opción que había visto viable.

Con paso cauteloso, avanzó hacia el escritorio de Raven, y tomó la silla de éste. La levantó y llevó hacia un lado de la cama, para luego sentarse en ella tranquilamente.

– Yo me quedaré aquí para hablar con ella en cuanto despierte. – Comenzó a decirles con firmeza. – Ustedes aguarden en la sala. Los llamaré si ocupo cualquier cosa.

Sus tres amigos presentes, parecieron alarmarse ante tal petición.

– Dick, no creo que eso sea buena idea. – Señaló Supergirl, sacándole la vuelta a la cama para caminar hacia él. – Tú no la viste cuando estábamos peleando con ella, pero en verdad estaba muy, muy, muy fuera de control allá.

– Lo sé. Por ello necesito hablar con ella, a solas, antes de que sienta que tiene que enfrentar a alguno de ustedes.

– Amigo… – Dijo Cyborg ahora, dando un paso al frente. – Sé que no hemos tenido tiempo de hablar de ello, pero creo que todos notamos que en parte eres tú la causa de esa… pérdida de control. El verte, podría empeorarlo.

Supergirl pareció confundirse un poco ante ese comentario. Volteó a ver a Cyborg y a Chico Bestia, y una vez a Robin, en busca de alguna explicación más extensa, pero no la recibió. Era normal que ella no entendiera; ella había llegado un poco tarde al conflicto, no había llegado a notar lo que había ocurrido en la enfermería, o haber visto como Raven había reaccionado a Robin o a lo que la otra Terra había insinuado sobre él. Pero los demás sí, en especial Chico Bestia, y aunque tampoco él supiera aún toda la historia, él al igual Cyborg, tenían claro que involucraba al Joven Maravilla.

Bajo esa premisa, ¿sería realmente sensato dejar a Robin solo con Raven?

– Robin tiene razón. – Se escuchó de pronto la voz de Starfire, exclamando desde la puerta del cuarto. Todos se viraron en dicha dirección y vieron de inmediato a su amiga pelirroja, cargando en sus manos los restos de lo que originalmente fue una caja de madera… y pedazos de cuervos de chocolate. – Él es quien debe de hablar con Raven. Nosotros debemos de confiar en él.

Cyborg y Chico Bestia miraron con cierta confusión lo que estaba cargando en sus manos, y reconocieron de inmediato lo que era. Se veía que querían preguntarle, pero ella no esperó a que lo hicieran. Se dirigió por su cuenta hacia el buró a lado de la cama de Raven, y colocó los pedazos de madera y chocolate sobre éste.

– Esto es de Raven. Quizás quiera verlo al despertar.

Alzó en esos momentos su mirada hacia Robin. Con su antifaz, era difícil descifrar cuál era expresión exacta, pero parecía calmado… más de lo que uno esperaría. Asintió con su cabeza ante sus palabras, y Satarfire le respondió de la misma manera.

– Dejémoslos solos. – Comentó la Tamaraniana, siendo la primera en salir de nuevo por la puerta. Los demás dudaron en un inicio, pero al final la siguieron.

Los cuatro avanzaron juntos por el pasillo hacia la sala, cada uno bastante pensativo.

– Con toda la conmoción, ni siquiera te hemos podido agradecer por tu ayuda, Supergirl. – Comentó Cyborg, rompiendo lo que estaba a punto de convertirse en un incómodo silencio. – La verdad es que quizás no lo hubiéramos logrado sin ti.

Supergirl sonrió complacida por su comentario.

– Descuiden, la verdad no creo haber sido lo suficientemente útil.

– Claro que lo fuiste, Kara. – Comentó Satarfire, con cierto desasosiego en su tono, no muy común en ella. – No podría haber detenido yo sola a Raven, y nos protegiste de la explosión.

– Sí, pero tengo una duda. – Añadió Chico Bestia. –  ¿Cómo supiste en un inicio que ocupábamos ayuda?

– Oh, eso fue gracias a este juguete que Robin me dio. – Comentó Supergirl, tomando de su cinturón el comunicador amarillo y redondo de los Titanes, el mismo que Robin le había entregado la primera vez que había ido a Jump City de visita. – Recibí la llamada de esa chica rubia pidiéndote ayuda, Chico Bestia. Escuché a ambos a hablar y a ese sujeto de máscara tomándola al final. No estaba segura de qué se trataba pero tenía el presentimiento de que podrían ocupar ayuda, por lo que me viene disparada para acá.

– ¡Claro! – Exclamó el joven verde con fuerza. – Tammy… O… Terra… activó por accidente un alerta general.

– Esa llega a todos nuestros comunicadores. – Añadió Cyborg. – Y el tuyo de seguro seguía conectado a nuestra frecuencia, ya que era el de Robin. Fue en verdad un golpe de suerte.

– No creo que algo en esto pueda ser llamado “de suerte”. – Escucharon como Starfire comentaba, aún más pesar que antes.

Starfire se encontraba considerablemente afectada por todo ello, y ninguno de sus compañeros podía culparla. Y en efecto tenía razón: ese asunto tenía de todo, menos “suerte”.

– – – –

Una vez que se quedaron solos en la habitación, Robin fue capaz de quitarse esa fachada de despreocupación y seguridad. No podía fingir mucho más que todo eso no le molestaba o afectaba de algún modo. Por supuesto que lo hacía, y mucho. Todo eso lo confundía, y lo confundía demasiado. Se suponía que debía ser frío, objetivo, concentrarse enfocarse en lo importante, no dejarse llevar por sus sentimientos. ¿Pero cómo no hacerlo? Lo que había ocurrido en la enfermería, las cosas que Raven le había dicho, las que luego le dijo Starfire… incluso esos cuervos de chocolate que ahora se posaban ahí sobre el buró.

No sabía siquiera como definir su estado de ánimo. ¿Confundido?, se quedaría corto el usar esa palabra. ¿Incómodo? Sí, había bastante de ello. ¿Molesto? Definitivamente, pero no tenía ni idea de con quién. ¿Con Raven?, ¿con Starfire?, ¿consigo mismo?, ¿o con quién fuera que estuviera detrás de esto?

Suspiró con algo de cansancio. Ese era otro estado de ánimo posible: cansado.

Hizo entonces algo que no acostumbraba mucho hacer, pero que en esos momentos sentía que lo necesitaba: Tomó su antifaz, con sus dedos, y se lo retiró, dejando al descubierto su rostro entero, incluyendo sus brillantes ojos azules, los ojos azules de Richard Grayson, hijo de los Grayson Voladores, e hijo adoptivo de Bruce Wayne. Muy pocas veces en su vida, había sentido esos deseos de ser simplemente eso, simplemente un acróbata en un circo, o incluso un chico ordinario que iba a la escuela y presentaba exámenes, como todos esos chicos que acababan de salvar esa tarde, como Tammy Hawk. ¿Ese era uno de esos momentos? ¿Así era como se sentía?, ¿desearía por esa ocasión sólo ser Dick y no ser más Robin?, ¿no tener que cargar con todo eso?

Quizás sí… quizás no…

Pasó sus dedos, aún cubiertos por su guante, por sus cabellos negros, como si ese sencillo acto pudiera calmarlo aunque fuera un poco. Sacó entonces de su cinturón una pistola para inyectar, con una ampolleta que contenía un líquido anaranjado. Esa inyección contrarrestaría el efecto del somnífero que Starfire le había inyectado a Raven, y la despertaría de inmediato. Sin embargo, no la usó; en su lugar, la colocó sobre el buró a su lado, junto con su máscara.

Necesitaba aclarar su cabeza primero, y decidir qué le diría exactamente una vez que despertara. Si se dejaba llevar por sus confusas emociones en ese momento, podría hacer o decir algo que no debía, y era lo último que necesitaban. Sentía, de hecho, un poco en su interior el deseo de recriminarle lo sucedido, de que se lo explicara, pero a la vez no estaba seguro de que tan consciente sería de lo ocurrido; qué tanto lo había hecho por su propia voluntad, y que tanto era cierto de lo que dijo.

Se quedó un rato más, sentado, mirándola fijamente con detenimiento. Había pasado tanto tiempo como su compañero, pasado tantas aventuras juntos, pero quizás nunca se había detenido a reparar en lo realmente atractiva que era. Claro que se había dado cuenta que era atractiva; héroe o no, seguía siendo un chico, y era difícil no notar esas cosas. Aunque lo ocultara tras su capucha y sus ropas oscuras, aunque se parara en la oscuridad, como si intentara que la menor cantidad de ojos posibles se posaran en ella… él se había dado cuenta.

Pero nunca pensó demasiado en ello, nunca consideró que fuera algo que valía la pena darle tanto peso o tanta importancia. Raven era una amiga valiosa para él por muchos otros motivos. Era una persona en la que podía confiar, una persona que realmente apreciaba, y realmente quería. Y, a pesar de siempre comportarse con apatía con todo, ella había demostrado más de una vez lo realmente leal que era hacia sus amigos, y lo importantes que eran estos para ella. Era realmente una persona especial, como ninguna otra que hubiera conocido en todos su años, ahí en Jump City, o en Gótica. Era fascinante, una persona con la que siempre era agradable conversar, o incluso simplemente pasar el rato a su lado en silencio, era algo cómodo. No podía decir que lograba sentirse así como muchas otras personas.

Pero… Lo que sentía por Raven, lo que opinaba de ella… ¿Era algo más que eso? ¿Era algo más como Starfire le había dicho? ¿Era realmente algo diferente a lo que creía que sentía por ella?, ¿o lo que había sentido por Bárbara…? ¿Cuál era la verdad de todo eso? ¿Qué era lo que sentía en realidad?

Batman le había enseñado mucho de muchas cosas, pero nada sobre sentimientos; ni siquiera le constaba que él mismo los entendiera muy bien tampoco.

¿Debía hablar con Raven de frente sobre eso? ¿Debían aclarar por completo todo ese tema? Quizás era lo mejor, quizás es lo que las personas normales y sensatas hacen, hablar de sus sentimientos, aclarar lo que sienten, discutirlo… Pero ellos no eran personas normales; eran héroes, y eso debía estar primero. Y en esos momentos, había un peligro allá afuera que aún desconocían.

Respiró lentamente, intentando calmar cualquier rastro de ansiedad en su cuerpo. Extendió su mano hacia la pistola de inyección en el buró, y la tomó. Acercó la aguja a su brazo, y entonces inyectó todo el líquido anaranjado de la ampolleta en él. Retiró la aguja, y colocó de nuevo la pistola en el buró.

Aguardó, sentado a su lado. Pasaron varios segundos, quizás minutos, antes de que el antídoto comenzara a mostrar alguna seña visible en ella. Primero fueron unos pequeños quejidos. Su respiración, que hasta ese momento había sido tan leve que casi parecería ausente, comenzó a normalizarse, y hacerse cada vez más presente. Luego, comenzó a mover su cabeza hacia un lado y luego hacia el otro, lentamente. Teniendo su rostro recostado a un lado, justo en dirección a él, lo siguiente fueron sus párpados, temblando ligeramente en un inicio, y luego abriéndose con suma lentitud, como si le pesaran.

La hechicera miró todo borroso y difuminado. Aun así, logró distinguir a sus lados los colores verdes, rojos y amarillos del uniforme de Robin, aunque no era capaz de procesar que se trataba de ello.

– ¿Qué? – Susurró con mucha debilidad en su voz. – ¿Dónde…?

– Raven, tranquila. – Escuchó la voz de su líder resonar, pero era como un eco muy lejano. – Estás en la torre, en tu habitación.

– ¿Mi… habitación…?

Cerró sus ojos de nuevo unos momentos, como si quisiera volver a caer dormida, pero su cuerpo no se lo permitió. En su lugar, parecía estar poco a poco recuperando más lucidez. Abrió los ojos una vez más, y esta vez su vista estaba más clara que antes. Al reconocer que el que estaba a su lado, en efecto era Robin, alzó su mirada como pudo para poder ver su rostro. Y lo vio… más de lo que se pudo imaginar.

Raven se sobresaltó un poco al ver que Robin no traía su antifaz, y tenía su rostro totalmente al descubierto, y lograba ver con claridad sus ojos. Era tan extraño verlo así, en especial justo después de haber despertado. Sólo le había tocado en unas muy pocas ocasiones verlo sin su máscara, o incluso sin su uniforme. La mayor parte del tiempo, siempre iba vestido y presentado como Robin, casi nunca como…



– ¿Richard…? – Murmuró despacio, algo más tranquila.

– ¿Estás bien? – Le preguntó el Joven Maravilla, con mucha cautela en sus palabras. – ¿Recuerdas lo que pasó?

– ¿Lo que pasó?

Raven se recostó por completo sobre su espalda, y centró su vista en el techo. Posó sus manos sobre sus sabanas, sintiéndolas con sus dedos, como si deseara cerciorarse de que eran reales, y de qué realmente estaba ahí, en su cuarto, en su cama.

¿Recordar qué había pasado? ¿Qué había pasado de qué…?

Su mente seguía bastante confundida y nublosa. ¿Qué día era ese, acaso? Se giró lentamente hacia un lado, buscando su calendario, pero no fue necesario; en cuanto vio sobre su buró los restos de aquella caja de madera, y los pedazos de los cuervos de chocolate, recordó por completo qué día era: San Valentine… y qué era lo que había pasado.

Recordó todo con suma claridad, desde su encuentro con Robin en la enfermería, haberse ido al departamento de Jared, lo que ahí descubrió, y todo lo ocurrido en la Preparatoria Murakami. Lo recordaba por completo…

Se sentó abruptamente en su cama, mirando de forma perdida hacia el muro. Se quedó totalmente estática, incluso su respiración se había cortado.

– ¿Raven? – Escuchó que le decía Robin a su izquierda.

Permaneció en esa posición y en silencio por largo rato; Robin no la presionó, dejó que ella misma terminara de reaccionar.

– Sí… Lo recuerdo… – Soltó de golpe, casi como un leve susurro. – Starfire y Supergirl…

– Ambas están bien. – Se adelantó a responder el chico de cabellos negros. – Todos lo estamos, también Tammy Hawk y todos los chicos de la escuela. Slade está en custodia.

Robin guardó silencio. Quiso ver si veía algún tipo de reacción en su amiga, pero de hecho no fue así. Permaneció viendo al frente, ausente, como si no hubiera escuchado nada de lo que dijo.

– ¿Qué fue lo que ocurrió, Raven? – Le preguntó sin rodeos, inclinando un poco su cuerpo hacia ella. – Dímelo, puedes hablar conmigo.

– No… creo querer hacerlo… – Soltó la hechicera con algo de debilidad en su tono.

Apretó sus ojos con fuerza, y sus manos comenzaron a temblar ligeramente. De su garganta surgieron algunos quejidos, como si algo le doliera.

– Necesito… Irme…

Se intentó parar de la cama, como su cuerpo tembloroso y algo adormilado le permitió. Cuando sus pies tocaron el suelo, sus piernas flaquearon, y casi cayó, pero se sostuvo al último momento con firmeza.

– ¿Te irás de nuevo? – Escuchó que Robin le cuestionaba con seriedad, a sus espaldas. – ¿Acaso estás huyendo?

– ¡Yo no estoy huyendo de nada! – Le respondió con fuerza, y entonces comenzó a abrazarse a sí misma, al tiempo que jadeaba ligeramente. – No lo entiendes… Robin… No lo entiendes…

Quizás era un pensamiento ya bastante redundante, considerando todo lo que había ocurrido ese día; mas nuevamente nunca había visto a su compañera en ese estado. Raven se veía diferente a cómo se encontraba antes de que la pusieran a dormir, pero eso no significaba que estuviera mejor. Se veía incluso más afectada que antes, temblorosa, confundida, nerviosa… Se atrevería a decir que incluso, lucía asustada…

Robin se paró de su asiento y caminó con cuidado hacia ella.

– Está bien, Raven… Todo estará bien… – Le susurró con suavidad, acercando su mano derecha a su hombro, pero Raven la apartó con algo de fuerza, aun antes de que pudiera acercársele por completo.

– ¡No! ¡Nada está bien! – Le gritó casi con enojo, volteándolo a ver con sus ojos cristalinos. –No lo estará mientras yo esté aquí… Necesito estar sola… Soy un peligro para todos en esta condición… Debo irme.

Dio dos pasos hacia un lado con la intención de hacer distancia entre ella y su compañero. Alzó entonces su mano izquierda, con la clara disposición de usar su magia para teletransportarse a otro lugar, fuera cual fuera. Sin embargo, Robin se adelantó antes de que lo hiciera, tomándola de su brazo con algo de fuerza para detenerla. Ese acto pareció extrañar a la hechicera.

– No voy a permitir que te vayas. – Exclamó el joven con dureza, tanto en su voz como en su mirada. – Aunque quieras estar sola, no te voy a dejar, ¿entiendes? Escucha, quizás pienses que no entiendo lo que te está pasando, pero si entiendo que algo malo te está sucediendo, y así como te lo dije aquel día cuando me revelaste el secreto de tu padre, te lo digo de nuevo. – Soltó lentamente su brazo, dejándola en libertad. – Sea lo que sea, no tienes por qué afrontar esto sola. Tú nunca estás sola, Raven. Nos tienes a nosotros… A mí, a Starfire y a los demás. No importa lo que esté pasando, lo afrontaremos como un equipo, cómo siempre lo hemos hecho.

Raven agachó su cabeza, y sus cabellos desalineados cubrieron gran parte de su rostro. Parecía ligeramente más tranquila que hace unos momentos, pero aún se le notaban efectos negativos en sus facciones y en su respiración.

– ¿Sigues dispuesto a querer ayudarme? – Balbuceó despacio, como un pequeño susurro. – ¿A pesar de todo lo que hice? ¿A pesar de que podría volver a atacarlos? Sabes muy bien que Batman ya me hubiera encerrado… Y eso sería de hecho lo más sensato por hacer…

– Pues yo no soy Batman, y yo no encierro a mis amigos. En su lugar, me paró a lado de ellos, para mantenernos de pie, todos juntos. Y lo más importante, es que confío en ti, Raven. Creo en ti. Tú también debes de confiar en nosotros, es lo menos que nos debes.

Raven permaneció callada, con su mirada aún agachada y su cabello sobre el rostro. Sus hombros dejaron poco a poco de temblar, y su respiración igualmente se calmó al mismo ritmo.

– Está bien. – Surgió de pronto de sus labios con un sentimiento neutro. Notó entonces como tomaba con sus dedos la orilla de su vestido, ya hecho tirones para ese entonces. – Sólo permite que me cambie de ropa… Te prometo no escaparme…

Robin apenas y había notado el estado de su vestido. El sólo hecho de que se hubiera puesto esa prenda, ya era bastante extraño, pero no lo más extraño de ese día. Dudó al principio, pero acababa de decirle que confiaba en ella, y era verdad. Sus acciones debían de acompañar a sus palabras, para demostrarle que hablaba enserio.

– Sí, de acuerdo.

Antes de salir, se dirigió de nuevo al buró, tomando su antifaz para colocárselo en el rostro, y guardar la pistola para inyectar en su cinturón. Raven se quedó de pie en su mismo lugar durante todo ese proceso. Caminó entonces hacia la puerta, pero para hacerlo tenía que pasar justo a su lado. Sentía que si acaso daba un paso en falso al estar cerca de ella, podría perturbarle de nuevo, tal y como los demás habían dicho.

Justo cuando pasaba a su lado, con apenas unos centímetros entre sus hombros, escuchó la voz de Raven murmurarle despacio.

– Sobre lo que pasó en la enfermería…

Robin se detuvo en seco, sin voltear a verla. Las palabras de Raven, sin embargo, se cortaron justo en ese punto, y nada más surgió de sus labios. Para él era mejor así, al menos de momento.

– Hablaremos de eso después. No te preocupes por ahora.

Raven siguió en silencio, y simplemente asintió con su cabeza. Robin siguió su camino, y salió de la habitación, dejándola al fin sola.

Sólo hasta ese momento, la Titan fue capaz de respirar. Su estado era muchísimo peor que el de Robin. Igualmente era incapaz de describir con alguna palabra todo lo que sentía; era más fácil decir que era lo que no sentía. No se sentía feliz ni se sentía tranquila; era sencillamente un manojo de todo lo contrario a eso. Enojo, cansancio, tristeza, confusión, vergüenza, odio, desorientación… Seguidos todos de un gran etcétera.

Y lo peor era que tenía que enfrentar de frente, no sólo a Robin, sino a todos los demás, todos los que la habían visto en ese estado tan deplorable, del que aún no salía por completo. Aunque se viera y sintiera mejor, sentía que la más ligera brisa podría alterarla de nuevo.

Nunca había sentido tanto desconcierto; no creyó que fuera posible perderse tanto. Nada de eso era normal, todo eso era provocado, y ella sabía muy bien por qué…

Caminó hacia su armario, y sacó de éste uno de sus tantos trajes iguales: leotardo negro, capa y capucha azul, botines azules; incluso tomó también ropa interior limpia. Miró por última vez el vestido azul cielo que traía puesto, o lo que quedaba de él. Era tan hermoso, y se había visto tan bien en él… Pero todo había sido una mentira, todo lo que había visto y sentido, no fueron más que mentiras, incluido ese vestido.

Sus ojos brillaron de pronto, y su cuerpo se cubrió abruptamente de un intensas flamas negras, que fueron consumiendo todo lo que traía puesto por igual, incluido lo que quedaba del vestido, hasta volver absolutamente todo cenizas, sin dañar su piel. Era lo que quería, destruirlo todo, todos los recuerdos de ese horrible día…

Su cuerpo entero quedó al descubierto, con su piel gris y tersa sin un sólo rasguño o marca de la brutal pelea que acababa de tener. Su magia curativa nunca había sido tan rápida, especialmente sin que ella la invocara conscientemente. Pero hubiera preferido haber terminado llena de cicatrices, si con ellos pudiera haber evitado lo ocurrido. Se abrazó a sí misma de nuevo, y ligeros sollozos se escaparon de ella. Cayó al suelo de rodillas, gimiendo y llorando un poco, estando ahí, desnuda, en el único sitio en el que hasta hace poco se sentía segura. ¿Pero en qué momento dejó de sentirse así? ¿En qué momento ese sitio que era su santuario se convirtió en el centro de tantos malos recuerdos?

No podía dejarse atormentar de esa forma por todas esas emociones. Tenía que recuperarse, tenía que centrarse en lo importante. Ella era Raven, la chica sin sentimientos… O eso era lo que todos allá afuera creían. Pero si supieran la verdad, si supieran que no sólo tenía tantos sentimientos como cualquiera de ellos, sino incluso muchos, muchos más. Pero esa Raven, la que lloraba desoladamente, era la representación de todo lo que no debía de ser, de todo por lo que luchó años por evitar.

Azar estaría tan, tan decepcionada y molesta con ella.

Esa máscara de chica fría, estoica e indiferente, se había hecho añicos. Sus amigos ya habían visto a través de ella, y lo que habían visto del otro lado era algo horrible. No lo dirían, pero ella sabía que era así… Ya que a ella misma así le parecía.

Cuando pudo al fin serenarse, volvió a usar su magia, para que las prendas de vestir que había sacado se colocaran rápidamente por su cuerpo. Esa era la ropa que debía usar, ¿no? No ropas bonitas… Esas no eran para ella, no las merecía, ni quería merecerlas. Tomó su capucha azul, y se cubrió su cabeza; ese acto siempre le causó bastante tranquilidad, pero en esos momentos no era suficiente. Se aproximó hacia la puerta, y cuando ésta se abrió, vio a Robin, de pie, apoyado contra la pared delante de ella, aguardando.

El chico de antifaz alzó su mirada hacia ella. El verla vestida con esas ropas, la hacían lucir mucho más familiar, mucho más “normal” para él. Pero aún era claro que había algo diferente, que no era la misma Raven de siempre.

– ¿Estás lista?

– No, pero terminemos con esto de una vez.

Comenzó a caminar entonces apresurada hacia la sala de estar, seguida por detrás por su líder.

– – – –

Cuando la puerta de la sala se abrió, los ojos de todos se viraron al mismo tiempo en su dirección. Ahí estaban todos, justo como Raven lo previó. Starfire y Supergirl estaban de pie cerca de los ventanales, y Chico Bestia y Cyborg sentados en la barra para comer. Las reacciones y sentimientos que expresaban sus rostros eran variantes, pero todos tenían en ellos un rastro de sorpresa; quizás no esperaban verla de pie tan pronto.

– ¡Raven! – Exclamó Starfire con impulso, y rápidamente se elevó en el aire y cruzó toda la habitación hasta poder colocarse justo delante de ella; la hechicera dio un paso hacia atrás por mero reflejo, al sentir a la pelirroja tan próxima, y ésta lo notó sin problema. – ¿Estás… bien…?

Starfire era quizás la persona a la que menos deseos tenía de encarar. Aún recordaba cómo había permitido conscientemente que la lastimaran, y como había actuado de esa forma con Robin, prácticamente delante de ella. Era incapaz de verla a los ojos, especialmente porque eran ojos que la miraban con sincera preocupación. ¿Por qué no estaba enojada? ¿Por qué no deseaba golpearla o algo así? Eso haría todo tan sencillo.

Rápidamente los demás se aproximaron también, y todos tenían la misma pregunta de Starfire, grabada en sus frentes.

– Más o menos. – Respondió de forma moderada, y casi cortante. – Mis pensamientos aún siguen siendo un caos… Pero… Ya estoy mejor…

Su mirada se volvió a agachar; en efecto, le era difícil mirar a cualquiera de ellos a la cara.

– Yo… No sé ni cómo expresarles mi vergüenza por todo lo que ocurrió… Yo…

– Está bien, Raven. – Escuchó como intervenía Chico Bestia, dando un paso al frente. Raven volteó a verlo de reojo, y éste le sonreía levemente. – Las disculpas no son necesarias… ¿Cierto?

– A mí no me vendría mal una. – Respondió Supergirl, encogiéndose de hombros, lo que la hizo ganarse una mirada casi asesina por parte de Dick. – Es decir, no, para nada.

– Una disculpa no, pero quizás sí una explicación. – Comentó Cyborg a continuación. – ¿Qué fue lo que ocurrió allá?

La hechicera respiró lentamente, intentando llenar su cuerpo no sólo de oxígeno, sino de fuerzas. No iba a ser una plática sencilla, pero eso ya lo sabía de antemano. Podría haber escapado cuando Robin la dejó sola, o incluso sin necesidad de ello, con tan sólo hacerlo a un lado. Pero decidió no hacerlo, decidió quedarse, y enfrentar a sus amigos. Ahora tenía que honrar dicha decisión.

– Ocurrió lo que temí toda mi vida que pasara. – Comenzó a explicarse, con notoria más seriedad de la que solía verse en ella. – Justo lo que Azar me advirtió que sucedería si me descuidaba aunque fuera un poco. Ella siempre me dijo que los poderes de Trigon están ligados a los sentimientos y pensamientos negativos. Es por ello que la gente de Azarath dedica toda su vida a suprimirlos, o al menos mantenerlos bajo control. Un descuido, y es una ventana a su influencia.

– ¿Quién es Trigon? – Murmuró Kara en voz baja, pero no pareció que alguien le escuchara, o tuviera la disposición de responderle en esos momentos.

– Tú apariencia cambió durante la pelea, Raven. – Señaló Starfire. – Por un momento, te viste como él… ¿Es acaso eso lo que te ocurrió?

Raven se quedó callada un rato, y luego simplemente asintió lentamente con su cabeza.

– Muchos de ustedes de seguro siempre pensaron que no tenía sentimientos, pero no es así. Los tengo… cómo cualquier otra persona… cómo cualquier otro adolescente… Pero necesitaba tenerlos bajo control todo el tiempo, suprimirlos los más posible, porque si no lo hacía… Pasaría justo lo que vieron esta tarde. Por eso tanta meditación, por eso tanta abstinencia a emociones fuertes, por eso me privaba de tantas cosas que pudieran perturbarme, y por eso esa actitud fría con la que siempre me veían.

Los Titanes se quedaron sorprendidos al escuchar esas palabras, e inconscientemente se miraron entre ellos, esperando ver en los rostros de sus compañeros una reacción diferente a la suya, mas no fue así.

– Pensé que una vez que mi padre había sido derrotado, podría… aunque fuera un poco… bajar la guardia… permitirme… Ciertas concesiones… – Sus ojos se apretaron con fuerza, y alzó su mano derecha, presionándola contra su frente, como si sintiera un intenso dolor. – Pero fui descuidada, fui irresponsable… fui una tonta… y él usó eso en mi contra…

– ¿Quién? – Cuestionó Cyborg, confundido. Para su sorpresa, Raven respondió de inmediato a su pregunta, proporcionándole una mirada intensa y dura, casi molesta.

– ¡¿Qué no es obvio?! – Les gritó con ahínco en su voz. – ¡Fue Jared! Jared es el culpable de todo esto. De mi estado actual, y de lo que le pasó a Terra.

– ¿Terra? – Exclamó Chico Bestia. – ¿Qué hay de Terra?

– Cuando fuiste a la escuela, buscabas a la otra Terra. – Indicó Robin, cruzándose de brazos. – Dijiste que ella debía de saber dónde estaba Jared. ¿Qué tiene que ver él con ella?

– ¡Tiene que ver todo! ¿Aún no lo han comprendido, verdad? No había otra Terra, jamás la hubo.

– ¿Qué dices? – Añadió Chico Bestia, aún si salir de su asombro o de su confusión.

Raven cerró de nuevo sus ojos, y comenzó a respirar agitadamente. Sentía que estaba perdiendo el control de nuevo, pero no podía permitírselo. Debía ser fuerte, debía resistir un poco más.

– No estrictamente hablando, al menos. Tammy Hawk, la estudiante, ella siempre fue la verdadera Terra. Lo otro que vimos, fue una División de la Persona… Es un principio básico de la magia, tanto Blanca como Negra, que una persona no es un ente unitario e indivisible. Teóricamente hablando, una persona puede ser dividida a tantos pensamientos, deseos y emociones diferentes haya tenido en su vida. Cada una de estas partes en conjunto, viven en el interior de cada individuo, y la suma de todas ellas da como resultado la persona como un total.

– Claro. – Señaló Cyborg, alzando su dedo; era quizás el único que parecía haber entendido por completo la curiosa explicación. – Cómo tus diferentes Ravens de colores, ¿no? Las que vimos del otro lado de tu espejo.

– ¿Ravens de colores? – Cuestionó Starfire, mirando con duda tanto a Cyborg como Chico Bestia.

– Es una larga historia. – Fue lo único que se le ocurrió responder a Garfield, encogiéndose de hombros.

Raven prosiguió.

– La división de la Persona a un nivel aún más profundo que mis personalidades, es posible con magia más avanzada, incluso más que la mía. Como dije, teóricamente puedes dividir a una persona incluso en cada pensamiento diferente que haya tenido en su vida. Chico Bestia siempre tuvo razón… Como dije, Tammy Hawk siempre fue la verdadera Terra, físicamente hablando. Su cuerpo era el de Terra, pero en su interior sólo poseía una pequeña porción de su ser, una pequeña porción de su persona. Posiblemente la pequeña porción que deseaba mantener. Tammy Hawk puede haber sido cualquier cosa. Una identidad falsa que una vez utilizó, alguna fantasía o sueño que haya tenido, incluso alguien que vio en una película. Cualquier cosa que la haya hecho pensar aunque sea un instante que le gustaría ser esa persona. Al hacerlo, aunque haya sido un pequeño e insignificante pensamiento, automáticamente pasó a ser parte de su ser, aunque ella no se diera cuenta.

– Pero había papeles y evidencia que probaban la existencia de Tammy Hawk desde hace años. – Señaló Robin.

– Son falsos, meras ilusiones creadas con Magia. Se le conoce sencillamente como  Manipulación de la Realidad. Si ves un objeto en este momento, lo sientes y lo hueles, puedes afirmar que es real en este momento con sólo percibirlo de esta manera. Crear un objeto que puedas percibir no es nada complicado para el nivel de magia del que estamos hablando. ¿Pero qué hace que puedas afirmar que dicho objeto era real un minuto antes de que lo vieras?, ¿o una hora?, ¿o un día? No puedes ver, sentir u oler el pasado con tus sentidos convencionales. Pero si tienes un recuerdo de dicho objeto, y otro objeto físico diferente que te comprueba su existencia en el pasado, como una fotografía, entonces no te queda más que aceptarlo. Se sorprenderían la facilidad que tienen las personas comunes de aceptar lo que parece evidente y lógico, por encima de querer enfocarse en explicar lo que no lo es, o lo que no tiene sentido.

>>Si tienes el recuerdo de que tienes una hija, una nieta, o una amiga llamada Tammy Hawk, y además tienes actas de nacimiento, certificados y fotos que lo comprueban, ¿por qué lo dudarías? Tiene que ser real, y prefieres enfocarte en ello. Pero no lo son. Los recuerdos, los papeles, todo puede ser creado si manipulas la realidad, para tapar los huecos de la mentira creada. Tammy Hawk puede haber sido una farsa para cualquier otro, para nosotros incluso. Pero para aquellos que estuvieron expuestos a este cambio, Tammy Hawk era, y siempre fue real.

– Entonces, ¿la otra Terra…? – Comentó Starfire. Las ideas iban encajando una a una en su cabeza, y casi se armaban por completo, al igual que al resto.

– Ella era todo lo demás, todo lo que sobraba, todo lo que no encajaba con Tammy Hawk, y Terra necesitaba hacer a un lado. En otras palabras, separarse de ella. Sus recuerdos de su vida anterior, su ambición, sus deseos de venganza, sus poderes, su traición…

– ¡Su lado malvado! – Exclamó Chico Bestia con marcado entusiasmo. – Por supuesto, es como lo que Trigon hizo con nosotros, ¿recuerdan?

– ¿Trigon? – Susurró Robin, algo perdido en ese comentario, pero Cyborg se adelantó rápidamente a explicarle.

– Ocurrió mientras estábamos peleando con él, ¿recuerdas? Mientras tú y Slade fueron a buscar a Raven, Starfire, Chico Bestia y yo intentamos distraerlo. Pero nos hizo algo extraño. Sacó de nuestros cuerpos unas copias malvadas de nosotros. Se veían como nosotros, tenían nuestras habilidades, incluso hablaban como nosotros…

– Pero eran mucho más perversas. – Añadió Starfire a la explicación. – Así como la otra Terra.

– Oigan, enserio me estoy perdiendo en su conversación. – Intervino Supergirl en ese momento, luego de haber estado un largo rato en silencio. – En verdad no entiendo muy bien de qué es todo esto que están hablando. ¿Alguien me puede explicar qué…?

– El principio es casi lo mismo. – Interrumpió Raven, haciendo caso omiso a la petición de la rubia.

– Bien, no dije nada… – Comentó la Kryptoneana, cruzándose de brazos.

– Pelearon con una parte de su persona que siempre ha existido dentro de ustedes. Pero en el caso de Terra fue algo mucho más complicado. No hubo copias, hubo una división completa. De tal forma que Terra se quedó sólo con aquello que le servía a Tammy Hawk. Su bondad, su perseverancia, su amabilidad… Y todo lo demás, dio vida a esta otra con la que peleamos.

– Entonces en realidad nunca hubo dos Terras. – Señaló Cyborg, dando de esa forma la conclusión. – Siempre fue una sola Terra dividida en dos.

– Una Terra incompleta. – Comentó Robin enseguida, y entonces se viró hacia Starfire. – A eso te referías…

Starfire no afirmó o negó sus palabras. Sí, ella misma le había dicho, cuando vio por primera vez la foto de Tammy Hawk, que le parecía totalmente claro que era Terra, pero que estaba “Incompleta”; esa fue la palabra que usó. Sin embargo, era más una sensación que una seguridad completa. Jamás hubiera podido adivinar que se tratara de todo lo que Raven acababa de contarles.

Así que Terra se había dividido en dos, pero la verdadera siempre había sido Tammy Hawk, que de cierta forma había sido como la parte buena de Terra, mientras que la otra era todo lo demás, todo lo que deseaba hacer a un lado. Tenía sentido, al menos hasta dónde todos esos asuntos mágicos podían tener sentido para ellos. Pero aún pese a toda la extensa explicación que Raven les había proporcionado, aun así dejaba dos grandes asuntos en el aire. ¿Qué fue lo que pasó con la otra Terra? ¿Por qué se esfumó de esa forma? ¿Tammy acaso había recuperado sus recuerdos y sus poderes al ocurrir eso? Y la otra duda, la más importante, y muy encima de la primera, era quizás…

– ¿Cómo es que pasó eso? – Comentó Robin, pensativo. – Si dices que esto sólo se puede hacer con magia realmente avanzada, es imposible que Terra se haya dividido sola. Alguien debió de hacerlo.

Alzó entonces su mirada una vez más hacia compañera hechicera, al igual que todos los otros. El mismo pensamiento les cruzaba por igual.

– Jared, ¿no es cierto? Piensas que él fue quien separó a Terra. Y no sólo eso, piensas que ella trabajaba para él… ¿es así?

– No lo creo, estoy segura. – Señaló Raven con mucha firmeza. – No es una coincidencia que Trigon haya usado este mismo truco contra ustedes. División de la Persona y Manipulación de la Realidad, a este nivel y usadas con estos fines; sólo puede tratarse de Magia Negra muy poderosa que concede deseos a cambio de un precio… El tipo de Magia que Trigon poseía. Y sólo hay una persona que podría haberla usado, y ese es Jared.

– ¿Y ahora quien es Jared? – Refunfuñó Supergirl, más como una queja al aire, pues ya se había resignado a no ser respondida.

– Era tan obvio, todo siempre lo fue. – Murmuró Raven, como pequeñas maldiciones. –  No sólo fue la división de Terra. Me ha estado manipulando desde la primera vez que lo vi, o incluso desde antes, para que no lo descubriera, para que no pudiera adivinar lo que tramaba. Varias veces lo sospeché, pero de inmediato lo olvidaba.

Sus ojos, al igual que sus puños se apretaron con fuerza; algunos percibieron entonces como algunos objetos en la sala se agitaban, sólo ligeramente.

– No sé cómo lo hacía, pero controlaba mis emociones, hacía que sintiera lo que él quería que sintiera, e hiciera lo que él quería. Ahora todo tiene sentido. Mis cambios de humor, mis sentimientos confusos, toda esta maraña de ideas que me ha estado atormentando por semanas. – Volteó en ese momento a mirar directamente a Robin sobre si hombro. – Las cosas que dije… Las cosas que hice… El dejarme llevar irracionalmente por esta ira. ¡Todo ha sido siempre por culpa de Jared! Me ha estado usando desde el inicio… ¡Y no me di cuenta! ¡Caí en su trampa por completo!

Al alzar la voz, el cuarto se agitó aún más que antes, incluso los ventanales temblaron un poco. Esto pareció ponerlos un poco nerviosos.

– Raven, tranquila; no pierdas el control de nuevo. – Le comentó Dick, colocando una mano sobre su hombro. – Si lo que dices es cierto, él posiblemente te estuvo lanzando algún tipo de hipnosis, y por eso estabas actuando así. No es tu culpa…

– No, ¡no funciona así! – Soltó Raven con algo de fuerza, e incluso pequeñas lágrimas comenzaron a asomarse por entre sus parpados cerrados. – Si fue capaz de manipularme, si fue capaz de controlar mis emociones de esa forma… ¡Es porque yo quería que lo hiciera! Yo quería creer que era mi hermano, que era como yo, que teníamos una conexión. Le abrí una puerta, y él la utilizó a su beneficio sin que pudiera darme cuenta. De otra forma, no habría sido capaz… Me lo advertiste Robin. Me engañó, confíe en él y me traicionó… Igual que Terra, igual que Malchior… Le doy a la gente una oportunidad, y terminan clavándome un puñal en la espalda. Me ponen en peligro a mí y a las personas que quiero.

Abrió entonces una vez más sus ojos, y volteó a ver con firmeza al frente. Sus ojos morados habían cambiado; ahora lucían mucho más seguros, mucho más estables… pero también mucho más fríos.

– Pero ya no más… No dejaré que nadie más me vuelva a engañar así. Terminaré con esto de una vez por todas.

La sala volvió a sumirse en el silencio. Las últimas palabras de Raven retumbaban con fuerza en sus oídos. La habían visto molesta antes, la habían visto amenazar con enojo… Pero eso era diferente. Su voz, su mirada… Todo era totalmente distinto a la Raven que ellos estaban acostumbrados a ver.

¿Quién era esa chica ante ellos? ¿Realmente era su compañera Raven? ¿O acaso era algo más…?

– Enserio, ¿dónde consigo la versión con los comentarios del director de esto? – Murmuró Supergirl, de nuevo más como un pensamiento en voz alta que un comentario real.

– Raven, pensemos bien las cosas. – Propuso Robin. – Supongamos que es cierto, y Jared fue quien regresó a Terra a la vida, y la dividió en dos entidades. Y supongamos que también te ha estado manipulando, usando tus emociones a su favor para que creyeras en él. ¿Cuál sería entonces el propósito de todo eso? ¿Qué es lo que quiere lograr?

– No lo sé… ¡No lo sé! – Le respondió con algo de molestia en su tono, y una vez más llevó su mano contra su frente, presionándola con fuerza. – De seguro me quería distraída, con mi mente en otro lado… Debe de tener algo en mente, algo grande, que de seguro yo hubiera visto desde antes de haber puesto la debida atención… Algo importante… ¡Ah! – Soltó un fuerte alarido de dolor, y entonces se sujetó su cabeza con ambas manos, presionando sus palmas contra sus sienes. – ¡Si tan sólo lograra concentrarme y pensar! ¡Estoy segura de que podría descubrirlo!

– Yo podría ayudarte con eso… Hermanita…

Todos los sentidos de Raven se pusieron en alerta de golpe. Alzó su mirada, creyendo en un inicio que sólo ella había escuchado esa voz, que sólo había sonado con fuerza en su cabeza. Sin embargo, al ver las miradas de desconcierto de sus amigos, que miraban a todos lados en busca de quien había hablado, supo que no había sido así; él estaba ahí…

Todos los cristales de los ventanales de la sala se desquebrajaron de golpe, para luego volar en miles pedazos con un fuerte y ensordecedor crujido. Ninguna de las alarmas o sensores se activó, solamente se destruyeron, y pedazos de vidrio volaron en todas direcciones. Supergirl reaccionó antes que todos, protegiéndolos con sus puños de cuanto pedazo se dirigiera hacia ellos.

– ¡¿Pero qué pasó?! – Exclamó Cyborg, exteriorizando lo que todos pensaban en esos momentos.

– Disculpen que llegue de improviso. – Escucharon de nuevo que la misma voz pronunciaba.

La mirada de todos se centró al frente, a uno de los tantos ventanales que habían sido rotos. Esa figura humanoide, surgió de pronto suspendida en el aire, justo frente a la ya inexistente ventana, dando paso al frente como si surgiera de una cortina de humo invisible. Su pie se colocó en el piso, y entonces todos pudieron verlo con claridad: la capucha de su chamarra negra, cubría su cabeza, y su sombra ocultaba un poco sus ojos, pero se distinguía su mentón y boca, de piel gris, del mismo tono que el de Raven. Tenía sus manos ocultas en los bolsillos de su chamarra, y se encontraba de pie con notoria tranquilidad; sus labios dibujaban una desagradable mueca de malicia.

– ¡Jared! – Exclamó Raven con fuerza, influenciada por el tremendo enojo que sentía, y que se acrecentó aún más al ver ante ella la reconocible figura del causante de su estado.

– No vengo solo esta vez, querida Raven. – Comentó sonriente el recién llegado. – Aún quedan unas últimas horas de San Valentine, y todos hemos venido aquí por ti, y para compartir con ustedes nuestra amistad…

Antes de que pudieran digerir por completo sus palabras, detrás de él surgieron más figuras de la misma forma similar de la que él había aparecido, saliendo de la nada, como si caminaran entre la niebla, y de pronto ya estuvieran de pie frente a ellos, uno a lado del otro, sin que ninguno de ellos en lo absoluto los hubiera oído o sentido llegar. Vieron aparecer uno, dos, tres, cuatro… cinco individuos más, y los cinco se pararon a cada lado de Jared.

Uno era una chica de cabellos rubios y rizados, con una blusa roja y una minifalda azul. Otro era un chico de cabello azul oscuro, peinado de pico, hacía arriba, y usaba un chaleco azul y blanco, y unos pantalones azules. Luego le seguía otra chica, de cabello castaño, corto y lacio hasta la mitad de su cuello, luciendo un vestido elegante color negro, y una estola de piel alrededor de los brazos. Uno más era el más alto de todos, un chico muy robusto, de cara y cuerpo redondo, con escaso cabello rubio en su cabeza. Usaba una camiseta blanca, y un chaleco verde, y unos pantalones rojos. Y el último, era muy delgado, de grandes ojeras, cabello negro y largo, algo desalineado, usando una chaqueta gastada color negro, con una camiseta blanca debajo, y unos pantalones azul claro, algo rotos.

Todos lucían y vestían muy distintos entre ellos, pero todos tenían algo en común: su piel, la piel de los cinco era del mismo tono de gris que Jared, y todos tenía su misma exacta sonrisa.

– ¿Pero… qué…? – Exclamó Chico Bestia, ahora tocándole a él decir lo que todos pensaban, pues todos habían quedado casi atónitos a ver a todos esos chicos aparecieron de la nada justo frente a sus narices. Incluso Raven se veía totalmente perdida.

– ¿Quiénes son ellos…? – Murmuró la joven de Azarath, mirando el rostro de cada uno. Una idea le cruzó por la cabeza casi de inmediato pero… no… no podía ser…

– Ellos son cómo tú, Raven. – Respondió Jared, con elocuencia, cerrando unos momentos sus ojos. – Son cómo tú y cómo yo… Todos somos tus hermanos… Todos somos Hijos de Trigon…

Al abrir de nuevo sus ojos, debajo de la sombra que proyectaba su gorro, pudo ver cómo brillaban ahora cuatro ojos rojos, dos de cada lado.

FIN DEL CAPITULO 22

Notas del Autor:

No sé ni qué decir sobre este capítulo, salvo que ya más o menos creo que se ha explicado y ha quedado claro en un solo tiro el porqué de las Dos Terras, y de paso el porqué a lo largo de esta historia algunos habían ido notando poco a poco a Raven actuando muy diferente a como normalmente la han visto actuar. Adicional a eso, al final nuestros verdaderos antagonistas aparecen. ¡Ya era hora!, ¿no? ¿Qué viene después de eso? Pues ya lo sabrán.

Con respecto a los recién llegados, los seis (contando a Jared) están basados ligeramente los seis hermanos que Raven tiene en los cómics, pero básicamente de estos sólo se ha tomado su nombre, parte de su historia (incluyendo el parentesco con Raven), y sólo ligeros detalles de su apariencia, y de paso dos de ellos los convertí en chicas. Bueno, no quiero profundizar mucho en ello ahorita, ni en cada uno en específico. En los próximos capítulos veremos un poco más de ellos, así que estén pendientes. Quizás haga un dibujo de cómo me imagino a los seis, ¿qué opinan?

Pero bueno, nos vemos a la próxima, cuídense. ¡Nos vemos!

  Capítulo Anterior Capítulo Siguiente  

Teen Titans: The Sinners. Han pasado unos cuantos meses desde que los Jóvenes Titanes derrotaron a la Hermandad del Mal, y volvieron a Jump City. Todo ha sido muy tranquilo desde entonces, pero las cosas están comenzando a cambiar. ¿Qué es esto que Raven ha empezado a sentir por su líder, Robin?, ¿Y quién es ese misterioso chico que afirma ser su hermano? Aunque siempre había logrado mantener en absoluto control sus sentimientos y pensamientos, estos cada vez parecen comenzar a dominarla. Y si no es capaz de aclarar su mente a tiempo, podría caer víctima de aquello que siempre temió, y arrastrar a todos sus amigos con ella…

+ «Teen Titans, la Serie Animada» © Glen Murakami, DC Comics, Warner Bros. Animation.

Si te ha gustado mi trabajo y deseas ver más de él, puedes apoyarme invitándome un café. Será enormemente apreciado.

Un pensamiento en “Teen Titans: The Sinners – Capítulo 22. Últimas Horas

  1. Pingback: Teen Titans: The Sinners – Capítulo 23. Siete Hermanos – WingzemonX.net

Deja un comentario