Fanfic Harmonía I: Solsticio de Verano – Capítulo 12. La Noche Anterior

9 de febrero del 2017

Harmonía I: Solsticio de Verano - Capítulo 12. La Noche Anterior


HARMONÍA I:
Solsticio de Verano

Por
WingzemonX

Capítulo 12
La Noche Anterior

El gran día ya estaba prácticamente al otro lado de la esquina. El día siguiente sería el último día de la primavera, y el primer día del festival. La noche de ese mismo día, nadie dormiría, esperando los primeros rayos del día siguiente, que serían los primeros rayos del sol de verano: el ya tan esperado Solsticio. Ya todo lo que había que planear se planeó, ahora sólo quedaba ponerse manos a la obra con todo lo que se pudiera adelantar antes de mañana, y una de esas cosas era la decoración.

Rarity había terminado el día anterior, prácticamente todo lo que faltaba, o al menos un 99% de ello. Ya en la noche había mandado a las niñas y a Spike a dormir, y ella misma se había quedado gran parte de la madrugada a terminar el 1% restante. Sólo durmió unas cuatro horas, pero no se arrepentía de nada; el trabajo final había quedado esplendido, perfecto, uno de sus mejores trabajos.

Esa tarde había que empezar a colocar la decoración por todo el pueblo, comenzando con la plaza principal. Por ello, justo después de una abundante comida, se puso en camino junto con sus ayudantes, su hermana Swettie Belle y sus amigas Apple Bloom y Scotaloo. Ellas no eran las únicas en la plaza; todo el pueblo parecía estar yendo de un lado a otro, realizando los últimos preparativos y limpieza. Igualmente los primeros visitantes que venían al pueblo para ver la Reina Celestia, ya se habían aparecido desde el día anterior, por lo que la multitud de gente no era ni cerca de escasa. En esos momentos, Rarity y su equipo estaban colocando los estandartes en los posters. En teoría debería de ser un trabajo bastante sencillo: tomar un estandarte, subirse a la escalera, colgarlo. Simple, ¿no? Pues no lo era, no cuando el delirio perfeccionista de Rarity Diamonds no les permitía avanzar como era debido…

Swettie Belle estaba subida en la escalera, mientras Scotaloo la sostenía desde abajo. Rarity estaba de pie a algunos metros del poster, viendo con detenimiento su trabajo, mientras Apple Bloom estaba a su lado, sujetando en sus brazos una alta pila de estandartes que aun aguardaban por ser colgados, y que no la dejaban ver absolutamente nada. Swettie Belle extendía sus bracitos como podía, para colocar el estandarte justo en donde Rarity le decía. Pero cada vez que lo hacía, su hermana mayor se le quedaba viendo un rato, para luego dar otra instrucción, normalmente contraria a la primera…

– Un poco más a la derecha, queridas. – Comentaba con voz pensativa. – No, eso fue demasiado, ahora a la izquierda, sólo un par de pulgadas.

– ¿Qué tanto es una pulgada? – Cuestionó Swettie Belle con duda.

– ¿Yo qué sé? – Le respondió Scotaloo desde el pie de la escalera.

Swettie movió el estandarte a la izquierda como le fue posible. Rarity se cruzó de brazos, y se le quedó viendo fijamente por largo rato, sin decir palabra alguna. Pasaron varios segundos, y los brazos de Swettie Belle comenzaban a ceder. Pasaron más segundos, más segundos…

– No, no me gusta. – Exclamó la diseñadora, inconforme. – Quizás debamos subirlo un poco más… No, ¿saben qué? Creo que en ese póster irá mejor otro diseño.

Y dicho eso, se giró hacia la pila que sostenía Apple Bloom y se dispuso a buscar otro. Esto no le pareció chistoso a Swettie Belle en lo más mínimo.

– ¡Rarity! – Exclamó con molestia, dejando caer el estandarte al suelo sin remordimiento alguno.

– Sin quejas. ¿Quieren que esto quede perfecto o no?

– ¿Es opcional? – Comentó sarcástica Scotaloo por su lado.

Mientras se encargaban de todo eso, Applejack las miraba de lejos, no sólo a ellas, sino a todos los demás en general. La vaquera se encontraba cruzada de brazos, y miraba todo con una amplia sonrisa. Era realmente agradable ver tanto movimiento y emoción por el pueblo, ver a todos unidos por igual con un solo propósito; algo similar a una familia, ¿no?

– Hey, parece que eso está quedando muy bien. – Escuchó a sus espaldas la voz de Rainbow Dash, comentando con entusiasmo. La joven Apple volteó sobre su hombro, y la vio acercársele

– Sí, ¿verdad? – Le respondió sonriente, al ya estar a su lado. – Al principio tenía mis dudas, pero ahora enserio parece que éste será el mejor festival que hemos tenido.

– No lo sé. – Comentó Rainbow, encogiéndose de hombros. – El Festival de la cosecha de hace dos años fue bastante inolvidable. Pero éste parece que también será bueno.

– Sí… Y creo que tengo que admitir que es gracias a Twilight Sparkle, aunque nos haya terminado convenciendo de cocinar platillos sin manzana.

Raimbow Dash bufó, incrédula por tal comentario.

– Por favor, le das mucho crédito. No hizo tanto.

Antes de que Applejack pudiera responderle, escucharon una voz chillona que gritaba y se les acercaba con apuro.

– ¡Rainbow! ¡Rainbow Dash!

Ambas voltearon en la dirección en la que venía esa voz. Quien corría hacia ellas era Derpy Hooves, una jovencita de piel gris y cabellos rubios, con ojos desorbitados. Vestía un uniforme de guardia, muy similar al de Rainbow, aunque ella sí traía sus botas y su casco. Cuando ya faltaban unos dos metros para alcanzarlas, pareció tropezarse con su propio pie, y caer de narices al suelo, justo a los pies de ambas.

Sin embargo, ni Applejack ni Rainbow Dash parecieron sorprenderse mucho por esto; de hecho, esa escena les era más que familiar…

– ¿Qué pasa, Derpy? – Cuestionó Rainbow. – Te dije que te quedaras en la jefatura.

Derpy intentó pararse lo más rápido que le fue posible; tenía su cara y uniforme llenos de tierra luego de tal caída.

– Lo siento, es que unas personas fueron a buscarte.

– ¿Personas? ¿Qué personas…?

De pronto, antes de que Rainbow terminara siquiera su frase, miró como detrás de Derpy se aproximaban, marchando por la calle, quizás alrededor de cien hombres, todos altos y fornidos, y todos vistiendo brillantes armaduras azules y doradas. En el centro de la pechara de sus armaduras, resplandecía una gema en forma de estrella morada. Marchaban en filas de cinco en cinco, y la gente se les quedaba viendo con confusión. Avanzaron hasta colocarse justo frente a Rainbow Dash. Derpy, por su parte, se apuró a colocarse detrás de su Jefa, algo intimidada por la presencia de esos sujetos.

– ¿Usted es la Jefa de Guardia Dash? – Comentó el hombre en el centro de la primera fila.

– Ah… – Rainbow balbuceó, dudosa de responder o no. – ¿Quién… pregunta…?

– ¿Ahora qué hiciste, Rainbow? – Comentó Applejack con seriedad, y mirándola con completa desaprobación.

– ¡Yo no hice nada! Que recuerde…

– Somos guardias reales de Canterlot. – Informó el mismo hombre, con un tono grave y firme. – Estamos aquí para asistirla en la seguridad del festival por petición del Capitán Shinning Armor Sparkle de la Orden de los Caballeros Divinos.

– ¿Shinning Armor… Sparkle…? – Murmuró en voz baja, y sólo entonces se le vino a la mente su conversación con Twilight del día anterior…

“Si te consigo guardia adicional, ¿crees que seas capaz de manejarlos?”

“¿Con quién crees que tratas? Tú dispara, y yo me encargo del resto. Claro, si es que puedes conseguir a alguien…”

No podía creer que enserio lo hubiera hecho.

– Ah, claro para asistirme… por supuesto. – La chica de cabellos arcoíris rio nerviosa, y entonces se giró discretamente hacia Applejack, para susurrarle muy despacio. – Rayos, olvidé que esta chica tenía contactos. No creí que realmente fuera a hacerlo.

– Eso te pasa por retar a las personas sin medir tus palabras. – Comentó Applejack, ligeramente divertida por la situación.

– Los retos son parte de mi ser, es como pedirme no respirar. ¿Qué hago ahora?

– ¿Por qué me preguntas a mí? Tú eres la Jefa de Guardia, haz tu trabajo.

– ¡¿Y cómo voy a hacer eso?!

– Jefa Dash. – Escuchó que el mismo soldado le volvía a hablar, obligándola a virarse de nuevo hacia ellos.

– ¡¿Si?!

– ¿Cuáles serán nuestras tareas y posiciones?

Rainbow parpadeó, estupefacta.

– Tareas y posiciones… Claro… Tareas y posiciones… Ah… ¡Derpy! – Rápidamente tomó a la joven de piel gris y la colocó justo delante de los soldados. – Indícales a estos buenos hombres sus tareas y posiciones.

Derpy, confundida y aturdida, miró a su jefa sobre su hombro unos instantes, y luego al grupo de hombres altos y fornidos ante ella, que la miraban fijamente en espera de escucharla. La jovencita de cabellos rubios tragó saliva con nervios, se paró lo más derecha que pudo y comenzó a balbucear un poco, antes de poder pronunciar alguna palabra coherente.

Applejack se comenzó a sentir un poco apenada por la situación en la que Rainbow había metido a su subordinada. Sin embargo, lo que siguió la dejó sorprendida…

– Necesitaremos hombres en las salidas norte, sur, y sureste, revisando a los que entran al pueblo y los que salen. – Comenzó a decir Derpy con firmeza en su voz, como nunca la habían escuchado hablar antes. – Necesitamos también gente cuidando de la plaza principal… Ósea ésta. Será el corazón del festival. La Alcaldía también necesitara supervisión, y al menos ocho deberán hacer patrullaje continuo por todo el pueblo. Distribúyanse como mejor les parezca.

– A la orden. – Respondieron todos los soldados al mismo tiempo, y en un parpadeo comenzaron a dispersarse en todas direcciones en perfecta sincronía.

Por su lado, tanto Applejack como Rainbow Dash, se quedaron con la boca abierta al ver tal escena, y sólo se quedaron en silencio viendo como los soldados se desplegaban.

– Derpy, eso fue… – Murmuró Rainbow, incapaz de terminar su frase.

– Lo siento, lo arruiné otra vez, ¿verdad? – Susurró la joven de cabellos rubios, volteándose hacia ella, cabizbaja.

– ¡No!, ¡no! De hecho estuvo muy bien. Buen trabajo.

Derpy pareció sorprenderse enormemente por sus palabras, pero de inmediato una amplia y brillante sonrisa adornó sus labios.

– ¡Gracias! – Exclamó con fuerza, alzando su mano hacia su frente para darle el saludo militar a su capitana, pero en su lugar terminó picándose su propio ojo con su dedo pulgar. – ¡Auh!

Applejack y Rainbow se aguantaron las ganas de reír, hasta que Derpy ya se había alejado lo suficiente de ellas.

– Bien, quizás Twilight Sparkle sí haya hecho bastante. – Comentó la joven de piel azul, encogiéndose de hombros.

Sip. – Añadió Applejack, justo después. – Tal vez debamos hacer algo como gratitud, ¿no crees?

– – – –

La colocación de la decoración parecía ir bien… lento, pero bien. A Spike le hubiera gustado ayudarlas más, sobre todo a Rarity. Sin embargo, como Familiar y ayudante de Twilight Sparkle, tenía muchas otras obligaciones de las cuales ocuparse, como la muy pesada y agotadora tarea… de ser el probador de postres oficial del festival. Spike había pasado gran parte de la mañana, e inicios de la tarde, en la Pastelería de los señores Cake, probando las últimas opciones para los postres especiales que harían justo para Lady Celestia, y Spike era el elegido para seleccionar los mejores. Un fuerte sacrificio, pero alguien tenía que hacerlo.

Luego de al fin seleccionar los postres para la reina, Spike se dirigió de regreso a la posada, cargando en sus manos un plato con una crepa de avellana, chocolate, banana y cereza, misma que la señora Cake había preparado especialmente para Twilight. Se veía exquisita, pero Spike, por suerte, ya había comido demasiados postres por ese día, por lo que no sentía tentación alguna de devorar ese también. Además, esperaba que un postre así le levantara el ánimo a su ama, la cual conforme se acercaba más el día del festival, parecía acercarse a su vez a un colapso nervioso. Extrañamente, no era algo tan extraño viniendo de ella…

Subió alegre por las escaleras, y luego avanzó por el pasillo hacia su habitación. No fue tarea fácil abrir la puerta con su llave, considerando su estatura y que tenía un plato en una mano, pero no fue nada que un hábil Familiar como él no pudiera hacer.

– Oye, Twilight. – Comentó con entusiasmo mientras abría la puerta. – La señora Cake te envía esta…

Spike no fue capaz de terminar su oración. Justo al abrir la puerta del cuarto, lo primero que vio fue a Twilight, sentada en la cama, amarrando la sabana de ésta a otra… y a otra… y a otra más… ¿De dónde había sacado tantas sábanas?, de su cuarto no, eso es seguro. Parecía realmente enfocada y concentrada en su tarea. Se notaba que estaba anudaba las sabanas con fuerza.

– ¿Qué estás haciendo? – Le cuestionó el dragón, confundido.

– ¿Tú qué crees? – Le respondió con un tono seco, sin dejar de amarrar.

– ¿Honestamente? No tengo idea…

Twilight se puso de pie, y entonces jaló la cama para separarla medio metro de la pared. Luego se agachó, y empezó a amarrar un extremo de su soga de sábanas a la pata de ésta.

– Hoy es el último día, Spike. Mañana empieza el festival, y Lady Celestia llegará. Tenemos que ir al Bosque Everfree hoy mismo.

– ¿Aún sigues con eso? – Suspiró Spike, resignado, colocando la crepa sobre el buró.

– ¡Claro que sí! Si no lo hacemos, ¿para qué habrá servido este viaje?

– ¿Para organizar el festival y hacer amigos?

– ¿A quién le importa eso?

Abrió la ventana del cuarto de par en par. Estaban en el segundo piso, por lo que la altura no era tanta. Podrían incluso intentar bajar con su magia, pero temía que el brillo de ésta pudiera llamar aunque fuera un poco la atención de alguien. Por ello, había armado esa soga de sabanas, para descender discretamente hacia el callejón a lado de la posada.

– ¿Enserio quieres bajar por la ventana? – Cuestionó Spike, incrédulo de que realmente fuera eso lo que proponía.

– ¿Acaso crees que esto me gusta? Pero siempre que quiero hacer algo, a la vuelta de la esquina hay alguien queriendo hablar conmigo o molestándome con algo… u organizándome alguna estúpida fiesta. Pero esta vez evitaremos todo a todos…

Lanzó entonces la soga de sabanas por la ventana y luego se apresuró a tomar una mochila. Metió en ella el libro la Historia de las Dos Reinas, además de otros dos libros de magia que trajo consigo,  algunos bocadillos, y luego se la colgó al hombro.

– ¿Tienes idea de lo loca que pareces?

– Claro que no. Ahora sube.

Twilight se agachó para que Spike pudiera subirse en la mochila. El dragón suspiró con fuerza, y caminó lentamente hacia la mochila. No era como si le quedaran muchas otras opciones, ¿o sí? Se metió entonces al bolso, y ya en ello Twilight se dirigió de inmediato a la ventana.

En efecto, bajaron por la cuerda improvisada hasta que sus pies tocaron el suelo del callejón. Le hechicera se aproximó a la salida de éste, que daba hacia la plaza, la cual obviamente estaba llena de gente. Se dirigió entonces al otro extremo, saliendo por detrás del edificio. Tendrían que rodear casi todo el pueblo para poder dirigirse al Bosque, y meterse entre las calles y edificios para evitar a las personas. Más de una vez alguien estuvo a punto de descubrirlos en su trayectoria, pero rápidamente se ocultaban detrás de una pared, detrás de cajas, o en su defecto levitaban un poco con su magia, para elevarse sobre sus cabezas y que no los vieran.

Parecían criminales a punto de cometer un robo.

Spike simplemente permanecía en silencio. Aunque pudiera haber dicho algo, posiblemente no hubiera sido nada agradable o productivo.

– – – –

Tras todo ese largo recorrido, y esquivar a tantas personas como les fue posible, al fin pudieron salir del pueblo, y tomar el camino que llevaba hacia el este, y directo al Bosque Everfree. El sol aún no se metía, pero no tardaría más de un par de horas en comenzar el atardecer. Sin embargo, en su camino a su destino, aún quedaba un punto que debían pasar con sumo cuidado: la cabaña de Fluttershy Nait, ubicada justo a la entrada del bosque.

Twilight se aproximó muy lentamente una vez que divisó la casa de Fluttershy a lo lejos. Se escondió detrás de los arbustos, y echó un vistazo para ver si veía algún rastro de su cabellera rosada. Y en efecto la vio; estaba justo afuera de su cabaña, regando algunas de sus plantas con una regadera, mientras tarareaba una dulce melodía, y los pájaros revoloteaban sobre su cabeza, y hasta se posaban en sus hombros, e incluso algunas ardillas se quedaban a sus pies, tranquilas para poder oírla.

¿No era eso bastante exagerado?

– Bien, Fluttershy es el último obstáculo. – Señaló Twilight en voz baja. – En cuanto entre a su casa, ¡correré al bosque como si nuestra vida dependiera de ello!

– Quizás sea así… Pero corriendo en la otra dirección. – Comentó Spike, sacando un poco su cabeza de la mochila.

– Ya, deja de lloriquear, Spike.

Fluttershy siguió en lo suyo por varios minutos, en compañía de sus pequeños amigos. Una vez que al parecer ya terminó de cuidar de su jardín, entró de nuevo en su cabaña, y todos los animales la siguieron. Cuando la puerta se cerró detrás de ellos, Twilight se puso en marcha de inmediato.

– ¿Listo Spike? ¡Vamos!

Antes de que el Dragón respondiera, Twlight salió corriendo directo hacia el bosque. Parecía increíble, pero parecía que al fin, luego de tantos días y tantos obstáculos, al fin iba a poder cumplir su misión. Ya nada se interponía entre ella y ese oscuro y aterrador bosque… Excepto, quizás, el pequeño conejito Angel, que estaba cruzando por el camino justo en ese momento, pasando delante de ella, sin que pudiera darse cuenta de forma directa.

– ¡Cuidado! – Exclamó Spike con fuerza, asomándose al frente por encima del hombro de su ama, y señalando al conejito al frente.

Twilight vio la pequeña figura blanca, parándose justo a mitad del camino, a sólo unos cuantos segundos de ser arrollado por ella, casi como lo si lo hiciera apropósito.

– ¡Ah! – Exclamó la hechicera con fuerza, y en un intento furtivo de esquivar al pequeño animal, su impulso la llevó hacia su derecha, directo hacia el puente que llevaba a la cabaña de Fluttershy… o más bien al río que pasaba debajo de éste.

Spike logró saltar al último momento y caer de hocico a la tierra, pero el cuerpo de Twilight se desplomó hacia el río, cayendo de cabeza a éste. Angel, por su lado, se quedó de pie en su lugar, indiferente a toda la conmoción que había causado. Cuando muchos los miró de reojo, y luego siguió derecho por el camino.

Toda esa conmoción no pasó desapercibida por Fluttershy, quien tras escuchar todo aquello, de inmediato se dirigió a su ventana, abriéndola de par en par para asomarse hacia afuera.

– ¡¿Qué pasó?! – Exclamó con fuerza, llena de preocupación. Lo primero que vio al asomarse, por supuesto, fue a la joven de Canterlot, apoyada en sus rodillas y manos al suelo del río, totalmente empapada, y tosiendo algo de agua. – Twilight, ¿estás bien? ¿Te lastimaste?

– ¿Qué? – Murmuró confundida, y entonces alzó su mirada, encontrándose con los preocupados ojos de Fluttershy, que la miraban desde su ventana. – ¡Ah! No, no, nada de… Auh…

En cuanto intentó pararse, sintió un dolor punzante en su frente. Llevó sus dedos a ese punto, pero la presión sólo provocó más dolor. Aparentemente, se había hecho un fuerte raspón.

– Oh, cielos, déjame revisarte. – Señaló Fluttershy, dirigiéndose de inmediato a su puerta.



– No, enserio, estoy bien. – Intentó recalcar la hechicera. – Además, tú eres veterinaria, no doctora…

– En realidad tampoco soy veterinaria. – Comentó con una pequeña sonrisa la joven de piel amarilla al salir de su casa. Luego se le acercó y la tomó de la mano, ayudándola a salir del agua, para luego jalarla con insistencia hacia el interior. – Ven, déjame limpiarte esa herida. Tú también ven, Spike.

– Yo estoy bien, pero igual entro. – Comentó el dragón morado, cruzando el puente.

Twilight, aturdida por su golpe, no pudo oponer mucha resistencia, más que solamente dejarse llevar por ella.

Ya en el interior de la cabaña, Fluttershy sentó a su nueva paciente en un taburete, mientras ella buscaba un trapo limpio para humedecerlo.

– ¿Cómo te caíste? – Comentó su anfitriona desde la cocina. – ¿Estaban jugando a algo?

– ¿Jugando? – Exclamó Twilight desde su asiento. – No… sólo estábamos… ¡Trotando! Para hacer… ejercicio… ya sabes… para estar sanos y todo eso…

– Oh, no sabía que te gustaba trotar.

– Ni a mí. – Murmuró Spike, estando sentado en uno de los sillones.

Fluttershy volvió con ellos, cargando el trapo húmedo en una mano, y un pequeño maletín en la otra. Se sentó en un taburete justo frente a ella, y comenzó a limpiar su raspón con el trapo, de cualquier residuo de tierra o agua sucia que pudiera haber quedado. Con cada toque, Twilight soltaba un pequeño quejido de dolor.

– Lo sé, sé que duele. Pero sé una chica valiente, ¿sí?

– No soy una niña, no tienes que hablarme así.

– No sólo a los niños se les haba así. Siempre es agradable que alguien te hable con amabilidad y te diga que todo va a estar bien, ¿no crees?

Twilight no tenía ni idea de cómo responder a eso, así que mejor no dijo nada. Luego de limpiarla con agua, pasó a ponerle algo de alcohol al paño, y a pasarlo también a la herida. El contacto fue aún más doloroso que antes, pero Twilight usó toda su fuerza de voluntad para resistirse. Luego de ello, untó con sus propios dedos una sustancia espesa de color amarillento claro. Esa no dolió tanto, pero hacía que su piel se sintiera algo caliente por momentos. Por último, puso una venda adhesiva sobre el área del golpe, y eso ya fue lo último.

– Creo que con eso estarás bien. – Señaló Fluttershy con una amplia sonrisa de satisfacción.

– ¿Enserio? Qué bien. – Comentó Twilight, parándose rápidamente. – Vamos, Spike, tenemos que seguir… trotando.

La hechicera se dirigió apresurada hacia la puerta, pero dio apenas tres pasos, cuando la voz de Fluttershy la detuvo.

– Twilight, espera. – Exclamó la amante de los animales, parándose también de su lugar. – ¿Tienes un minuto?

Por dentro, Twilight maldijo cien veces seguidas; era exactamente a eso a lo que se refería, era como si todo el pueblo entero estuviera conspirando para no dejarla ir al Bosque. Sintió como el coraje se le acumulaba en la garganta, pero respiró lentamente un par de veces, forzándose a sí misma a calmarse.

– No, en realidad no… tengo un minuto. – Le respondió de forma cortante y seca, mientras la daba la espalda.

– Ah… de acuerdo… está bien… – Murmuró Fluttershy, muy apenada, abrazándose a sí misma y mirando al suelo, casi con miedo. – Perdón por… importunarte…

Twilight la miró sobre su hombro, notando el efecto que su contestación había tenido en ella. Quizás había sido demasiado grosera; después de todo, acababa de curarle un raspón… que en parte se lo había causado su conejo, pero en parte había sido también su culpa.

Suspiró resignada, y entonces se giró lentamente hacia ella.

– ¿Qué ocurre? – Le preguntó con seriedad. – ¿Qué querías decirme?

Fluttershy alzó su mirada con algo de duda hacia ella. Se abrazó más a sí misma, y notó que su pie derecho se movía de manera inquieta contra el suelo.

– Es que… bueno… verás… – Comenzó a balbucear llena de pena, comenzando además a jugar con su largo mechón de cabello que le caía al frente, de forma nerviosa. Cada segundo que pasaba balbuceando sin decir nada, era un segundo que aumentaba el enojo en el interior de Twilight. – Pasé… hoy por la plaza… y Rarity ya está poniendo toda la decoración, y todo el pueblo está tan emocionado. Todos están haciendo su parte y yo… Bueno, sé que es muy tarde, pero me siento culpable por no haber hecho nada para ayudar para el Festival…

– Sí, tienes razón. – Murmuró Twilight con cierta frialdad. – Ya es muy tarde.

– Sí… Eso pensé…

Fluttershy bajó de nuevo su mirada al suelo, con tristeza.

– ¿Quieres acaso hacer algo, Fluttershy? – Intervino Spike de pronto, parándose a un lado de ella. – Pero dijiste que no querías cantar.

– Ah… Bueno… Sé que lo dije… – Volvió de nuevo a balbucear y a jugar con su cabello. – Pero es el único talento que tengo además de cuidar y curar animalitos… Y eso creo que no sirva en un festival… – Volteó a ver cómo le fue posible a Twilight, usando toda su fuerza de voluntad pues se veía que le era muy difícil mirar de frente a las personas. – ¿Crees que pudiera… inten…?

La puerta de la entrada de la cabaña se abrió de golpe y con fuerza, provocando un golpe muy sonoro, que casi hizo temblar los muebles. Fluttershy dio un salto, nerviosa, al igual que un respingo.

– ¡Aquí estás! – Exclamó la persona que había abierto de esa forma la puerta, la fácilmente reconocible capitana de guardia, Rainbow Dash.

Twilight se viró hacia ella, y sus ojos casi se salieron de sus cuencas al verla ahí, de pie en la puerta delante de ella.

– Oh, por Celestia. – Soltó de golpe, aunque por su tono sonaba más como si fuera una maldición. – ¿Cómo rayos me encontraste?

– No importa, un pajarito me lo dijo. – Respondió, encogiéndose de hombros. – Tienes que venir rápido conmigo. La Alcaldesa te está buscando.

– ¿A mí? ¿Ahora? ¡Debes estar bromeando!

– Sí, a ti, ahora, ¿y parezco alguien que hace bromas? Ven, tú también, Fluttershy.

– ¿Yo? – Exclamó la joven de cabello rosado, sobresaltándose un poco al ser señalada de esa forma. – ¿Yo por qué? No hice… nada malo… que yo sepa…

– ¡Qué vengas!

De inmediato tomó a ambas de sus manos y comenzó a jalarlas hacia la puerta. Fluttershy se dejó llevar sin mucho problema, pero Twilight sí que intentó resistirse. Sin embargo, Rainbow la seguía jalando sin mucho esfuerzo hacia el exterior. ¿Por qué era tan fuerte? ¿O acaso ella era la débil?

– Supongo que yo también voy. – Comentó Spike, encogiéndose de hombros al ver como las tres se iban. Se bajó del sillón y caminó detrás de ellas sin muchos ánimos; el que lo trajeran de un lado a otro ese día, no le era precisamente muy divertido, en especial con el estómago lleno de postres.

– – – –

El cielo ya empezaba apenas a volverse anaranjado cuando llegaron de nuevo al pueblo. Fue en ese punto también cuando Twilight ya dejó de forcejear y empezó a caminar por su propia cuenta, cruzada de brazos, y mirando a otro lado con fastidio. Era increíble, incluso cuando intentaba con todos los medios evitarlos a todos, hallaban la forma de encontrarla y acorralarla. ¿Cuál era su problema? ¿Por qué se habían pasado todos esos días prácticamente pegados a ella? Eran tan sofocantes, tan irritantes… Para bien o para mal, rogaba por ya irse de ese pueblo de una vez por todas, y volver a su rutinaria y confiable vida en Canterlot para jamás volver; claro, no antes de descubrir qué rayos era lo que había en ese dichoso bosque.

– Espero que sea lo que sea, sea rápido. – Masculló la hechicera con seriedad. – Tengo cosas que hacer, cosas importantes.

– ¿Qué cosas? – Comentó Rainbow con un tono burlón. – Ya está casi todo listo, mira.

Alzó entonces su mano alrededor. Los faroles y los edificios ya tenían casi toda la decoración. Mientras más oscurecía, más comenzaban todos a brillar con su luz propia. Los colores de los estandartes realmente combinaban, uno con el siguiente, creando un hermoso efecto. En realidad, todo el sitio se veía… hermoso, de cierta forma.

– La decoración, la comida, la música, incluso la seguridad. Ya todo está a un paso de estar en su lugar. Así que relájate. El festival ya es mañana, así que lo que ya no hiciste, no se hizo.

– Es fácil para ti decirlo. – Murmuró Twilight en voz baja.

Sí, de alguna forma parecía que el festival saldría bien. No sabía sí sería el mejor festival en la historia de Ponyville, pero esperaba que fuera lo suficiente para complacer a la Reina Celestia. Pero ese festival nunca fue su prioridad, ni nunca fue lo importante que la había llevado a ese sitio. Había tal vez una amenaza horrible afuera, mientras todas estas personas sólo pensaban en su festival y en divertirse…

Llegaron hasta la Alcaldía; Rainbow iba de frente.

Twilight sólo podía pensar en el Bosque, en ese libro que seguía en su mochila, en las Criaturas de las Sombras de la que Flashsentry le había hablado, en…

– ¡Sorpresa! – Escuchó que muchas voces gritaban al unísono, tomándola tan de sorpresa, que Twilight dio un fuerte sobresalto, y cayó abruptamente al suelo.

Todo era cómo un déjà vu. Lo que siguió a ese grito, fueron cientos de serpentinas volando por los aires, y cubriéndola. Cuando al fin fue capaz de alzar su mirada, y poder echar un vistazo al interior de la alcaldía, pudo ver que había mucha, mucha gente ahí, y todos miraban en su dirección. El lugar estaba iluminado, y lleno de globos, y adornos por todos lados, algunas mesas y bocadillos.

La expresión reflejada en su rostro, no fue de alegría, ni confusión, ni sorpresa. La cara de Twilight se llenó abruptamente… de enojo. Su mirada se endureció abruptamente, estando aún sentada en el suelo, y su mandíbula se tensó tanto, que casi creyó que se le rompería.

– ¿Qué… es… esto…? – Murmuró la hechicera con un tono serio y seco, que era el perfecto acompañante de su cara.

La única que pareció notar esta reacción tan extrema en ella, fue Fluttershy, quien estaba a su lado, y quien pareció sorprenderse, y a la vez preocuparse por ello. Intentó ayudarla a ponerse de pie, pero alguien se le adelantó.

– ¡Es tu Fiesta de Gratitud, querida Twilight! – Exclamó de pronto Pinkie Pie, saltando entre toda la multitud, para tomarla de las manos y alzarla de un jalón.

– ¿Mi… qué…? – Murmuró la joven de piel morada con el mismo tono y expresión; su parpado izquierdo había comenzado a temblar un poco.

– Ah, Pinkie, no creo que… – Susurró Fluttershy, algo dudosa, pero su amiga no la escuchó. Rápidamente tomó a Twilight, y la jaló hacia adentro.

– Tu Fiesta de Gratitud. – Repitió la chica rosada. – Es una fiesta donde la gente te agradece, obviamente.

Twilight no decía nada. Pinkie la llevaba, y los ojos de todos estaban sobre ella.

– Jamás podríamos haber logrado este grandioso festival que estamos por tener, si no fuera por su supervisión, y sus consejos, señorita Sparkle. – Escuchó a la Alcaldesa decirle, parándose delante de ella. – Cuando nos avisaron que Lady Celestia pasaría el Festival aquí, estábamos tan nerviosos y asustados. Pero gracias a usted, todo parece que será un gran éxito.

– ¡Sí! – Exclamaron casi todos, y empezando también a aplaudir.

Twilight seguía sin reaccionar o decir algo.

– Y sólo queríamos decirte que estamos muy agradecidos por todo. – Comentó Applejack, parándose también delante de ella.

– En verdad ha sido todo un placer contar con una persona tan sofisticada como tú en nuestro amado pueblo. – Agregó Rarity a continuación.

– ¡Y de qué te volvieras nuestra amiga! – Le siguió Pinkie Pie, dando un fuerte salto al aire.

– ¡Y de qué me vayas a ayudar a conocer a los Wonderbolts! – Le secundó Rainbow, también saltando junto con ella.

– Rainbow Dash. – Murmuraron Applejack y Rarity al mismo tiempo, mirando a la guardia con desaprobación.

– ¿Qué? Estoy agradecida por eso.

Todos rieron al unísono y con fuerza… Todos menos Twilight Sparkle, que los seguía viendo con la misma expresión, y Fluttershy y Spike, que la miraban con algo de incomodidad.

– ¡Así que gracias, Twilight Sparkle! – Murmuró Pinkie Pie con entusiasmo. – Por todo tu esfuerzo, tu ayuda, y por volverte nuestra nueva mejor amiga por siempre. Ahora… ¡Toma un ponche!

Le extendió entonces un vaso papel, con ponche rojo en su interior. Ella no lo tomó por su cuenta en un inicio, por lo que Pinkie se lo puso directamente en su mano.

– ¡Que diga unas palabras! – Comentó alguien entre el público.

– ¡Qué hable! ¡Que hable! – Le siguieron varios más con insistencia.

Todos gritaron para animarla; se escuchaba un gran ruido a su alrededor. Poco a poco todos fueron guardando silencio gradualmente, hasta que el recinto quedó en silencio, y todas las miradas se posaban expectantes en la chica del momento.

Sin embargo, Twilight no hacía o decía nada; simplemente se quedaba ahí de pie, mirando de forma perdida a las chicas delante de ella: Pinkie Pie, Applejack, Rainbow Dash, Rarity y Fluttershy…

Pasaron varios segundos sin que dijera nada, y la gente comenzaba a verse entre ellos con confusión.

– ¿Twilight? – Cuestionó Spike en voz baja a sus pies.

El temblor en el ojo izquierdo de la hechicera se hizo mucho más notable. Los dedos de la mano con la que sostenía el vaso de papel, comenzaron a temblar y a tensarse, hasta que de pronto, se cerraron con fuerza en torno al vaso, machucándolo con fuerza, y haciendo que el ponche rojo escurriera por su mano y cayera al suelo…

– Fiesta… Fiesta… – Comenzó a murmurar en voz baja, pero su tono se acrecentó de golpe, al igual que la furia que ya no tuvo el menor pudor de demostrar en su rostro. – ¡Fiesta, Fiesta, Fiesta y más fiesta! ¡¿Qué acaso no sabes hacer algo más?! ¡¿Qué acaso no tienes algo mejor que hacer que estar haciendo estas estúpidas fiestas?!

Su grito de enojo iba directamente hacia Pinkie Pie, hacia quien inclinó el cuerpo un poco, haciendo que la joven de piel rosada retrocediera, confundida, y hasta un poco asustada por el exabrupto. Ya no había vuelta atrás, ya no podía resistirlo ni un segundo. Todo ese coraje, toda esa furia, todo lo que había guardado esos cinco días, acababa de reventar en su interior…

– Disculpa, ¿cuál es tu problema? – Intervino Rarity de pronto con seriedad, colocándose delante de Pinkie de forma protectora.

– ¡¿Mi problema?! ¡¿Quieres saber cuál es mi problema?! – Le respondió Twilight con el mismo tono. – ¡Pues te lo diré!, ¡ustedes cinco son mi problema!

Alzó entonces su dedo, señalando a cada una de ellas por igual, y las cinco se sobresaltaron confundidas al ver su dedo apuntando a su respectiva cara.

– ¡Twilight!, ¡detente! – Intentó decirle Spike, pero su ama lo ignoró por completo.

– ¡Todo este pueblo es mi problema! ¡¿De qué manera tengo que decírselos?! Yo sólo vine a organizar este festival, ¿y saben algo?, ¡ni siquiera el festival me interesa! ¡Nunca me ha interesado! ¡No es más que una pérdida de tiempo y dinero! Sólo lo hacía porque Lady Celestia puso en sus panfletos que éste debía de ser “el mejor festival en la historia de Ponyville”, ¡pero eso no me interesa un bledo! ¿Y saben que otra cosa no me interesa? – Comenzó entonces a avanzar hacia las cinco chicas, y estas empezaron a su vez a retroceder al mismo tiempo de sus pasos. – No me interesa que me hagan estas fiestas, no me interesa que me den regalos, no me interesa comer sus postres, no me interesa que me hagan vestidos, no me interesa comer o cenar con sus familias, no me interesa si son fans de los Wonderbolts o de lo que sea…  y… sobre… todo… ¡¡No me interesa ser su amiga!!

Su voz resonó con gran fuerza en el silencio y en el eco de la sala, quedando algunos rastros de su grito flotando en el aire a su alrededor incluso instantes después de haber callado. Sin embargo, cuando el eco se terminó de esfumar por completo, todo se quedó calmado, silencioso… y muy incómodo. Twilight respiraba agitadamente intentando recuperar su aliento. Poco a poco, se volvió consciente de que no sólo Rainbow Dash, Applejack, Rarity, Pinkie Pie y Fluttershy la miraban con confusión, sino que todas las miradas, de todas las personas ahí reunidas, estaban centradas en ella.

Luego de unos segundos, el silencio fue remplazado por pequeños murmullos entre las personas, pero sin que todas esas decenas, o quizás centenas de ojos se apartaran de ella. A dónde quiera que miraba, ahí estaban; ojos, ojos y más ojos, todos puestos en ella, todos juzgándola…

La hechicera comenzó a sentirse mareada y desorientada, como si todo el cuarto le diera vueltas. Ya no podía seguir más tiempo en esa habitación. Salió entonces corriendo como pudo, abriéndose paso de manera casi violenta entre la multitud. Creía estar corriendo hacia la salida, pero tardó mucho en darse cuenta de que en realidad iba en la dirección contraria. Pero ya era muy tarde para retroceder. Se dirigió entonces hacia atrás del escenario, allá a donde Rarity y la alcaldesa la habían llevado en su primer día en ese pueblo. ¿Y qué haría en ese lugar?, no tenía ni la más remota idea, pero cualquier sitio era mejor a seguir ahí, de eso estaba segura.

Ninguno intentó detenerla o pronunció palabra alguna mientras se retiraba; ni siquiera Spike se atrevió a ir detrás de ella. Todos se quedaron en su lugar, como mucho sólo los que se movieron fueron aquellos que le abrieron pasos, y se le quedaron viendo en silencio hasta que se perdió tras el escenario.

– ¿Pero qué corrales acaba de pasar aquí? – Murmuró Applejack, luego de un rato. – ¿Cuál es su maldito problema?

– ¿Acaso hice algo mal? – Comentó Pinkie, notándosele anormalmente decaída. – ¿Me faltaron serpentinas? ¿O… acaso fueron demasiadas serpentinas?

– Tú no hiciste nada malo, Pinkie Pie. – Aclaró Rarity, colocando una mano sobre el hombro de su amiga. Más que confusión, se le notaba molestia en su tono. – Nadie hizo nada malo. Simplemente es obvio que alguien necesita aprender modales. Y pensar que le estaba haciendo un vestido, y gratis. Vaya desperdicio de energía y materiales.

– ¿No deberíamos de intentar hablar con ella y aclarar todo esto? – Señaló Fluttershy, algo retraída.

– ¿Aclarar qué? – Respondió Rainbow Dash, quien al parecer era la más molesta de las cinco. – Creo que ella dejó bastante claro su opinión de nosotras. Si no fuera por sus “conexiones”, les juro que le rompería la boca a puñetazos por hablarnos así.

– Yo me uno a esa propuesta. – Añadió Applejack, remangándose su camisa justo después. – Y me importa un establo sus conexiones.

– ¡No podemos hacer eso! – Exclamó Fluttershy, casi asustada por su latente agresividad. – No es como… resolvemos las cosas… aquí en Ponyville.

– Fluttershy tiene razón. – Comentó Rarity, dando un paso al frente. – No le demos más importancia a esa chiquilla. Por más que me encantaría darle una lección, no vale la pena. Cuando se termine el festival, se irá. Lo importante es llevar éste a buen término.

Rainbow y Applejack no parecían nada contentas con esa propuesta, pero tampoco dijeron nada para contradecirla. Se limitaron a cruzarse de brazos y mirar a otro lado, dejando que su silencio respondiera por ellas. Luego, las cuatro se viraron hacia, Pinkie Pie, en espera de escuchar su opinión. La pastelera se puso algo nerviosa al sentir todas sus miradas, y no estaba segura de qué responder.

– Ah… Yo sólo quiero que todas estemos bien y seamos amigas… – Comentó, moviendo sus dedos nerviosos por su cabello esponjado.

– Me temo que esa diligencia ya partió hace tiempo, Pinkie. – Susurró Applejack con algo de pesar.

– Lo siento, chicas. – Escucharon las cinco que la vocecilla de Spike pronunciaba. Se viraron entonces en dirección al Dragón, que miraba al suelo con vergüenza. – Twilight no es una mala persona, pero jamás ha sabido cómo llevarse con otras personas. No son ustedes, esto también pasaba en la Academia. Ella… siempre prefiere estar sola.

– No te preocupes, Spikey-wikey. – Comentó Rarity con un tono mucho más dulce. – Tú no tienes porqué justificar ni aclarar las acciones de Twilight. Ella ya está grande, y debe aprender a responder por su cuenta a lo que hace.

Era fácil decirlo, pero para Spike era bastante difícil. Era el Familiar de Twilight, debía de servirle, obedecerla, y ayudarla en todo lo que necesitara. ¿Pero hasta qué punto llegaba esa responsabilidad? ¿Qué tan lejos tenía que llegar un mago antes de que su Familiar tuviera el derecho de decirle “esto ya ha sido demasiado”…?

La sala volvió a llenarse de silencio, mientras todos parecían discutir entre ellos qué hacer ahora, si quedarse o irse de una buena vez. Pero de pronto, el sonido de unos nudillos tocando con algo de fuerza la puerta de madera de la entrada, hizo que todas las miradas se centraran en ésta. ¿Alguien llamaba a la puerta de la Alcaldía? ¿Por qué?, no es como si fuera la puerta de una casa…

– Ay, ¿ahora qué? – Murmuró Rainbow con fastidio, y se adelantó rápidamente, abriéndose paso entre las personas para ella misma ver de quién se trataba. – Oye, genio, ¿por qué tocas? – Murmuró con fuerza para que la persona al otro lado de la puerta la escuchara, antes de abrirle. – Es la Alcaldía, sólo… Abre la puerta…

Las palabras de Rainbow, y su tono pesado, fueron cortadas cuando abrió las puertas, y vio de frente a la persona que estaba de pie justo del otro lado… Una mujer alta, luciendo un brillante y puro vestido blanco, con adornos dorados en su cintura, cuello y muñecas. Su piel era blanca, tersa y hermosa, sus ojos grandes y penetrantes, de un tono morado muy brillante. Su cabello era ondulado, y brillaba como si cientos de estrellas lo adornaran, y se componía de diferentes colores azules, rosas y verdes. El adorno final, era una hermosa corona dorada sobre su cabeza, con una brillante gema morada en el centro.

– Lo siento, espero no importunar. – Comentó con un tono dulce la mujer, mientras Rainbow Dash la miraba fijamente, totalmente atónita, y con su quijada casi tocando el suelo.

– ¡Re… Re… Reina Celestia!

FIN DEL CAPITULO 12

NOTAS DEL AUTOR:

¿Qué les pareció? Twilight al fin explotó; era cuestión de tiempo. Ya el final de este capítulo parece que las cosas están progresando, ¿no? Pues en efecto, así es. Esperen con paciencia el próximo capítulo, porque ya se vienen las cosas que todos han estado esperando, y con algunas sorpresas que no. ¡Nos leemos muy pronto!

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Harmonía I: Solsticio de Verano. Twilight Sparkle es una Aprendiz de Hechicería, Protegida de Lady Celestia, la Diosa Guardiana y Regente de Equestria. Desde pequeña, siempre ha sabido cómo hacer todo por su cuenta, dependiendo sólo de su inteligencia y su magia, lo que ha hecho nunca necesitar de amigos. ¿Pero qué pasará cuando se encuentre con una Fuerza Oscura de hace mil años, a la que no puede hacer frente ella sola?, ¿podrá confiar en estas cinco extrañas chicas que acaba de conocer para salvar a su mentora, y quizás a toda Equestria? ¿Y qué pasará cuando descubra el secreto que Lady Celestia ha escondido durante estos mil años…?

+ «My Little Pony: Friendship is Magic» © Lauren Faust, Hasbro Inc., Hasbro Studios.

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