Fanfic Harmonía I: Solsticio de Verano – Capítulo 11. La Víspera, de la Víspera, de la Víspera del Festival

6 de febrero del 2017

Harmonía I: Solsticio de Verano - Capítulo 11. La Víspera, de la Víspera, de la Víspera del Festival


HARMONÍA I:
Solsticio de Verano

Por
WingzemonX

Capítulo 11
La Víspera, de la Víspera, de la Víspera del Festival

La escuela primaria de Ponyville, era muy parecida al resto del pueblo: era pequeña, rustica, y muy sencilla. Se componía básicamente de un sólo salón, en dónde todos los niños del pueblo tomaban clases juntos, de una sola maestra: la Señorita Cheerilee Blossom, una mujer joven, de piel color cereza y cabello largo y rosado claro hasta la mitad de su espalda, y ojos serenos verde grisáceo. Era una persona bastante amable, demasiado desde la perspectiva de la señorita Sparkle, como prácticamente todos en ese sitio.

Entre las tantas actividades planeadas para el próximo Festival a celebrarse, la escuela tenía planeado que los niños interpretaran una canción el primer día, en honor a Lady Celestia, por mucho el más importante invitado de honor que hubieran recibido en su historia. Y, por supuesto, como todo en ese asunto, era también responsabilidad de la señorita Sparkle, asegurarse de que dicha canción estuviera a la altura de la persona a la que iba dirigida. Por qué, cómo bien le había dicho, ese tenía que ser “el mejor Festival del Solsticio de Verano en la historia de Ponyville.” Aunque, con el tiempo que llevaba de conocer ese pueblo, quizás no sería tan complicado de lograr un festival mejor a los anteriores que hubieran tenido…

Todos los niños de la escuela, un poco menos de treinta, se encontraban de pie en tres filas, y sostenían en sus manos los panfletos con la letra de la canción. Toda la mañana del tercer día de Twilight en Ponyville, habían estado ensayando, y ya en esos momentos era más del medio día. Habían hecho los pupitres a un lado, para dejar el salón despejado. Twilight Sparkle se encontraba de pie frente a ellos, y los guiaba en el ritmo con los movimientos de su mano mientras cantaban. Habían ensayado una y otra, y otra vez, y sencillamente la joven de Canterlot no quedaba conforme con ningún intento; apenas y los había dejado interrumpir el ensayo para ir al baño de vez en cuando.

– No, no, ¡no! – Exclamó de pronto con molestia la enviada de Lady Cestia, haciendo que los niños dejaran de cantar abruptamente. – Otra vez, desde el principio. Y concéntrense.

Los pequeños, con edades entre los ocho y los doce años, suspiraron con cansancio, molestia, y también resignación. Volvieron a comenzar de nuevo la canción, poniendo todo su empeño en que esa vez saliera perfecta… Pero de nuevo, sin haber llegado siquiera la mitad de la interpretación, Twilight los volvió a interrumpir.

– ¡Alto!, ¡Alto! – Pronunció con ímpetu. – Están demasiado desentonados. Y tú, – Señalo entonces a un pequeño de cabello castaño y piel blanca entre el grupo. – te estás adelantando. Y tú, – Señaló ahora a una niña de piel rosada, y cabellos morados con mechones blancos, que usaba un vestido amarillos, y un llamativo broche en forma de corona en el cabello. – Baja el tono, tú voz acapara mucho.

La niña pareció sorprendida, y hasta profundamente ofendida, por lo que acababa de escuchar.

– ¿Disculpe? – Cuestionó con molestia, colocando sus manos en su cintura. – Mi voz no acapara nada. Mi tono es perfecto, sin más. – Se cruzó de brazos, y volteó a ver de reojo a la jovencita a su lado, una niña de piel anaranjada, y cabello rosa oscuro, corto. – Qué otras personas como ya saben quién, no puedan igualarlo, es un asunto muy diferente.

Ahora fue la chica de piel anaranjada la que parecía molesta y ofendida.

– Quisiera igualar mi pie con tu cara.

Por un momento parecía que en efecto se disponía a no dejar su amenaza sólo en ello. Sin embargo, Twilight, de peor humor del que había estado en todo ese rato, intervino antes de eso.

– ¡Ese es un comentario que no ayuda en nada a la causa! – Les gritó con algo de fuerza. – ¡Pónganse serios de una vez! No van a cantar frente a cualquier persona, será frente a Lady Celestia, la Diosa y Regente protectora de este reino, ¡¿qué a ninguno de ustedes eso le interesa ni un poco?!

– Tranquila, señorita Sparkle. – Intervino de pronto la Señorita Cheerilee, tomándola de los hombros y alejándola gentilmente de los pequeños antes de que eso fuera a mayores. – No debe de tomar nada personal, recuerde que son sólo niños.

– Esa no es excusa.

– De hecho creo que sí. – Agregó Spike, quien todo ese rato había estado simplemente recostado sobre el escritorio del profesor, notoriamente aburrido.

– Escuche, ¿qué le parece si tomamos un pequeño descanso y yo hablo con ellos para tranquilizarlos?

– ¡No tenemos tiempos para descansos…!

– Insisto en que sí. – Aplicando fuerza considerable, Cheerilee la obligó a sentarse en una silla justo al lado del escritorio. – Muy bien, usted aguardé aquí unos segundos, y yo me encargo, ¿sí?

Antes de que Twilight pudiera responderle algo, la profesora se giró a los niños y se les acercó, llamando su atención para poder hablar con ellos.

Resignada, Twilight se apoyó contra el respaldo de su silla, y suspiró con cansancio. Tomó una jarra de agua que había sobre el escritorio, y sirvió un poco de agua en un vaso para aclararse su garganta.

– Este número musical por sí solo no creo que se sostenga, Spike. – Le murmuró a su Familiar con marcada frustración. – Estos niños no pueden ser el primer acto que Lady Celestia vea al llegar…

– Yo creo que se están esforzando, Twilight. De seguro lo harán bien al final.

– No lo sé. – Murmuró insegura, y entonces dio un pequeño sorbo de su vaso, mientras miraba fijamente al suelo, pensativa. – Tal vez sí deba de intentar convencer a Fluttershy Nait de que cante…

– Ja, suerte con eso. – Escucharon de pronto ambos que una voz sonora pronunciaba justo en la puerta. – Sería más sencillo convencerla de tirarse del barranco.

En la puerta del salón se encontraron de frente con una cara más que conocida: Rainbow Dash, la jefa de guardia, parada de manera despreocupada, apoyada contra el marco, mientras comía tranquilamente una manzana.

– ¿Cómo te va, Princesita? – Comentó mientras masticaba un pedazo de manzana. – Me dijeron que me buscabas.

– Por supuesto que sí. – Le respondió la hechicera de Canterlot con algo de dureza. Colocó el vaso de agua sobre el escritorio, y entonces se puso de pie rápidamente. – Dime por favor que ya tienes tu organización para la Seguridad del Festival. Era para ayer.

Rainbow soltó una pequeña risilla. Dio una última mordida a su manzana, y entonces dio un par de pasos al interior del salón.

– Como ya te dije muchas veces antes, Princesita, sólo somos dos guardias en este pueblo: yo y Derpy Hooves, así que no hay mucho que organizar. Y de hecho, pensaba darle libres los dos días del festival a Derpy; será mucho más seguro y menos probable que algo se rompa de esa forma.

– ¿Tienes idea de la cantidad de gente que habrá aquí esos días? – Exclamó Twilight con cierta intensidad. – ¡Necesitarás mucha más seguridad que sólo dos elementos!

– Bueno, señorita organizadora estrella. – Rainbow tomó lo que quedaba de su manzana, y la arrojó con gran precisión hacia el bote de basura al otro lado del cuarto, cayendo en éste sin el menor problema. – Si tanto crees que los necesitaremos, ¿por qué no me consigues tú algunos guardias adicionales?

Twilight se sobresaltó sorprendida ante tal comentario. ¿Lo estaba diciendo enserio o acaso era algún tipo de broma?

– ¿Qué yo te consiga más guardias? ¡Ese no es mi…!

– Señorita Sparkle. – Interrumpió en ese momento la Señorita Cheerilee, notándosele algo alarmada. – Diamond Tiara se rehúsa a seguir cantando. Dice que se siente ofendida por sus palabras.

– ¡¿Ofendida?!

– Tal vez si se disculpa con ella…

– ¡¿Disculparme?!

Antes de que Cheerilee pudiera decirle algo más, le sacó la vuelta y se aproximó a los niños… Pero se veía a leguas que su intención no era ni cerca disculparse.

– ¡¿Creen que esto es un juego?! – Les gritó molesta. – ¡¿Lo creen?! Pues les diré algo, ¡no es un juego! Estarán cantando frente a la Reina Celestia Ultimecia de Equestria en persona, ¿creen que tenemos tiempo para sentirnos ofendidos por pequeñeces? Yo les responderé, ¡no lo tenemos! Estamos contra reloj aquí…

Cheerilee no podía hacer mucho, más que quedarse atrás y suspirar resignada. Para bien o para mal, ella era la encargada del festival, y ella sólo una maestra… Aunque fuera quizás unos ocho años mayor que ella.

– Es una chica un poco difícil, ¿verdad? – Comentó en voz baja.

Nah, de seguro sólo es la presión. – Les respondió Rainbow, notoriamente tranquila. – Ya se le pasará cuando todo este asunto se calme.

– ¿Enserio lo crees…?

– Y en cuanto a ti, Rainbow Dash. – Escucharon ambas como Twilight intervenía de nuevo. Al parecer ya había terminado con los niños, y ahora seguía de nuevo con su visitante. – No es mi trabajo conseguirte guardias adicionales para el festival, sino tuyo. Tú eres la Jefa de Guardia, ¿o no?

– Creo recordar que se supone que tú estás a cargo de tooodooo lo que tiene que ver con el Festival del Solsticio de Verano de Ponyville, ¿o no? – Comentó la chica de cabello arcoíris con algo de sarcasmo en su tono. – Y corrígeme si entiendo mal, ¿pero me estás diciendo que conseguir guardias adicionales para el Festival del Solsticio de Verano de Ponyville no tiene nada que ver con el Festival del Solsticio de Verano de Ponyville?

Twilight abrió su boca con la clara disposición de responderle algo. Sin embargo, no dijo nada… En su lugar, volvió a cerrar la boca, y respiró lentamente como intentando tranquilizarse. No tenía tiempo para discutir eso más tiempo; tenía que terminar rápido ese ensayo, y encargarse de algunas cosas más ese día. Lo más sensato era concluir ese tema de la mejor manera…

– Si te consigo guardia adicional, ¿crees que seas capaz de manejarlos? – Le respondió con un tono sereno y lento.

– ¿Con quién crees que tratas? – Comentó Rainbow, muy segura de sí misma. – Tú dispara, y yo me encargo del resto. Claro, si es que puedes conseguir a alguien… Ahora, si me disculpas, tengo trabajo que hacer…

Y sin esperar más, se giró hacia la puerta, y caminó tranquilamente hacia ella con sus manos atrás de su cabeza. Twilight simplemente la miró fijamente de mala gana mientras se alejaba, hasta que al fin desapareció. Suspiró algo cansada, se talló su rostro con ambas manos, y entonces se giró de nuevo hacia Cheerilee y los niños.

– Bien, ensayemos de nuevo, y nada de ofenderse o pelearse…

– – – –

Sólo siguieron ensayando por una media hora más, antes de que se acercaran peligrosamente a mantener a los niños de manera ilegal en la escuela. Twilight no terminó nada conforme con el resultado final. Enserio esperaba poder terminar al menos con ese tema ese día; uno menos en la larga lista que debía revisar; pero al parecer todavía tendrían que seguir revisándolo por un rato más. Pero ya no podía seguir lamentándose por ello; debía enfocarse en intentar terminar con todo el resto de sus pendientes del día, y poder ir al fin al que se suponía era su cometido verdadero, y que hasta entonces le había resultado imposible…

Mientras se estaba preparando para salir, al igual que los propios niños que estaban acomodando de nuevo los pupitres en su lugar, alguien se presentó de nuevo en la puerta.

– Buenas tardes, tengan todos. – Exclamó una voz armoniosa que fácilmente llamó la atención. – ¿Cómo estuvo el ensayo?

La recién llegada era ni más ni menos que la diseñadora de modas de la Boutique Carrusel, Rarity Diamonds, con su cabello morado perfectamente peinado y brillando. Usaba un vestido blanco hasta las rodillas con algunas joyas incrustadas en él, botas cafés, y una estola blanca, algo afelpada alrededor de sus hombros.

– ¡Es Rarity! – Exclamó Spike con entusiasmo, y entonces se levantó rápidamente del escritorio, parándose derecho.

– Señorita Diamonds. – Comentó Twilight, un tanto sorprendida al verla ahí.

– Por favor, llámame Rarity.

– Sí, claro… Rarity…

Twilight supuso que estaba ahí porque había ido a buscarla, y esperaba con ansias que no fuera porque hubiera habido algún tipo de problema; eso sería ya el colmo para esos momentos.

– ¡Hola, Rarity! – Intervino el pequeño Dragón Morado, parándose rápidamente entre Twilight y la recién llegada. – Te ves realmente radiante este día.

La joven de piel morada arqueó una ceja, confundida al ver la extraña conducta de su Familiar. Spike siempre era amable con prácticamente todas las personas… Pero su reacción al ver a Rarity, parecía un tanto… Exagerada…

– Oh, muchas gracias, Spikey-wikey. – Agradeció la diseñadora, acariciándole levemente su cabecita con sus dedos. – Tú también te ves radiante hoy.

– ¿Spikey… Wikey…? – Murmuró la hechicera, aún más confundida que antes. Tenía muchas preguntas al respecto, pero el tiempo era primordial en esos momentos, por lo que debía enfocarse en sus prioridades primero. – ¿Venía a buscarme, Señorita Diamonds? Por favor, dígame que le va bien con los cambios pedidos por la Alcaldesa. Enserio necesito una buena noticia para variar.

– Tranquila, querida Twilight. – Respondió la mujer de cabellos morados y brillantes, con una amplia sonrisa de tranquilidad en sus labios. – Todo va viento en popa. Y de hecho, no venía a buscarte a ti, sino a recoger a mi equipo de trabajo, si me lo permites.

Twilight parpadeó confundida un par de veces.

– ¿Equipo de trabajo?

Antes de poder preguntar algo más, tres niñas se les acercaron rápidamente, parándose justo a su lado.

– Ya estamos listas, Rarity. – Pronunció con entusiasmo una de ellas con una dulce voz.

La niña que había hablado, era una chiquilla pequeña de estatura, de piel totalmente blanca y ojos grandes verde limón. Su cabello era algo ondulado, de colores morados y rosas; muy hermoso, tenía que admitirlo. Usaba un vestido amarillo hasta las rodillas y un chaleco rosa oscuro. A su derecha, se encontraba justamente la misma niña de piel anaranjado oscuro, y cabello rosa oscuro, corto con un fleco alzado al frente, que casi había golpeado a la otra chica durante el ensayo. Usaba unos pantalones verdes, botas negras, y una camiseta azul y gris oscuro. Y a la izquierda había otra cara conocida para Twilight; la niña de piel amarillo claro y cabellos rojo manzana que había conocido hace dos días en Sweet Apple Acres; le parecía que era de hecho la hermana de Applejack, la encargada del banquete. Usaba un overol de mezclilla azul, y una camiseta verde de mangas cortas.

– Justo a tiempo, pequeñas. – Pronunció Rarity con elocuencia. Caminó sacándoles la vuelta, hasta pararse justo detrás de la jovencita de cabellos morados y rosas, y colocar sus manos en sus hombros delicadamente. – Ella es Sweetie Belle, mi linda hermanita menor. Y éstas son sus dos amigas, Scootaloo y Apple Bloom.

– ¡Hola! – Exclamaron las tres niñas al mismo tiempo, alzando una de sus manos.

– Esperen, esperen. – Respondió Twilight, notándosele un poco alarmada. – ¿Su equipo de trabajo son estas tres niñas?

– Tienen manos pequeñas y me cobran barato. – Contestó Rarity, encogiéndose de hombros. – No hay mucho más que pueda hacer. La Alcaldesa aumenta el presupuesto para los dulces y la comida, pero me pide ahorrar en la mano de obra de los arreglos; tengo que trabajar con lo que puedo.

– Oye, nosotras somos más que capaces. – Señaló la pequeña Sweetie Belle, volteando a ver a su hermana sobre su hombro con ligera molestia.

– Lo sé, Sweetie, lo sé. Pero bueno, ya no vale la pena molestarse por eso, ¿o sí? Lo importante es sacar el Festival adelante.

Twilight tuvo que sostenerse del escritorio para evitar caer al suelo, víctima de la impresión que estaba sufriendo en esos momentos. ¿Los arreglos para el Festival del Solsticio de Verano estaban siendo hechos por niñas? Debía ser una broma, y una de muy mal gusto.

– Sé justo lo que estás pensando. – Comentó Rarity, apuntándola un dedo. – Y desde ahora te digo que tanta preocupación está haciendo estragos en tu piel.

– ¿Qué tiene mi piel?

– Debes relajarte un poco. Descuida, todo quedará justo a tiempo; tienes mi palabra. – Soltó entonces un pequeño suspiro al aire. – Aunque me vendrían tan bien un par de manos extras.

– ¡Yo me ofrezco a echarte una mano, Rarity! – Soltó Spike con fuerza, alzando sus brazos. – ¡Te puedo echar las dos! ¡Un perfecto par de manos de dragón!

– ¡¿Qué?! – Exclamó Twilight a su vez, sorprendida. – Espera, Spike…

– Oh, que amable de tu parte, querido Spike. – Agradeció con entusiasmo la Diseñadora. – Te tomaré la palabra; nos serás de mucha ayuda. Bueno, todos. – Aplaudió en ese momento un par de veces, para asegurarse de tener su atención. – Andando entonces, que tenemos mucho que hacer.

– ¡Sí!

De inmediato Rarity se giró hacia la puerta, seguida por sus tres ayudantes, que ahora eran cuatro.

 – ¡Espera, Spike! – Masculló Twilight con insistencia. – ¿Acaso olvidas que hoy tenemos algo muy importante que hacer?

– Lo hacemos después.

– ¡¿Cómo que después?!

Se suponía que iban a desocuparse lo más rápido posible de todos sus pendientes y al fin ir al Bosque Everfree; ese era el plan, hasta lo había escrito en su calendario en clave. Los cinco abandonaron el salón, pero Twilight intentó seguirlos.

En el pasillo, el grupo de Rarity se cruzó con otra persona que venía caminando en dirección contraria; la joven rubia y de mejillas pecosas de Sweet Apple Acres, vistiendo sus botas vaqueras y sombrero, caminaba apresurada desde la entrada de la escuela, por el pasillo… Y no parecía de buen humor.

– Buenas tardes, Applejack. – Le saludó Rarity cordialmente al pasar a su lado.

– Hola, Rarity.

– Adiós, Applejack. – Se despidió a su vez la pequeña de cabellos rojos, también al pasar a su lado.

– Adiós, Apple Bloom.

Twilight quería alcanzarlos, e intentar recordarle al embobado de Spike su verdadera misión. Sin embargo, Applejack avanzó en su dirección y se paró con firmeza justo frente a ella con sus manos en su cintura.

– Al fin te encuentro, citadina. – Exclamó con tono grave, podría decirse que casi molesto. – Necesito hablar contigo, ahora.

– Ahora no, señorita Apple. – Intentó disculparse la hechicera, y luego trató de sacarle la vuelta, mas Applejack no se lo permitió.

– Mi abuela y yo tenemos algunas dudas sobre estos platillos que nos pediste agregar al menú.

La joven de piel naranja extendió entonces hacia ella un pedazo de papel color azul, con una lista de platillos que ella misma les había hecho llegar esa mañana. Sin embargo, Twilight estaba más concentrada en intentar mirar sobre su hombro hacia la entrada, o más específico hacia donde se dirigía su dragón. Sin embargo, no tardaron mucho en desaparecer de su rango de visión.



Twilight suspiró resignada; debía ocuparse primero de ese asunto, al parecer.

– ¿Qué dudas? – Le preguntó con un tono neutro.

– Pues para empezar, ¡que ninguno tiene manzanas! – Exclamó la rubia, casi alarmada. – Ni una rodaja, ni siquiera un producto derivado de manzana.

– Esa es precisamente la idea, agregar platillos al menú del festival que no tengan manzana.

– ¡¿Que no tengan manzanas?! – Volvió a exclamar la campesina, de nuevo con marcada alarma. – Escucha, sé que eres nueva por aquí, por eso permíteme explicarte algo: las manzanas de Sweet Apple Acres son el producto número uno de Ponyville. Siempre servimos platillos con manzana en cada festival que tenemos, y eso lo que esperan nuestros turistas de nosotros.

– Quizás eso era cierto cuando sólo venían aquí personas interesadas en conocer el pueblo y sus… Manzanas. – Murmuró Twilight, algo insegura. – Pero este año la Reina Celestia estará aquí, y vendrán cientos, miles de personas nuevas; y puede que no a todos les gusten las manzanas…

– ¡¿Qué no les gusten nuestras manzanas?! – Applejack encaró entonces a Twilight de frente, con una marcada expresión de pocos amigos que obligó a la joven de Canterlot a retroceder un par de pasos. – Me agradas, Twilight Sparkle, pero tú y yo tendremos un problema si le faltas el respeto al que ha sido el trabajo de toda la vida de mi familia.

– ¡Yo no le estoy faltando el respeto a nadie! ¡¿Qué es tan difícil de entender que no puedes servir sólo platillos con manzanas?!

– ¡¿Y qué es tan difícil de entender que si no hay manzanas, no hay Ponyville?!

A Twilight le hubiera gustado decir que resolvió esa discusión rápido… Pero no fue así. De hecho tuvo que seguir debatiendo ese tema con Applejack por un muy largo rato más… Al final, tuvo que decir que iría al día siguiente temprano a hablar con ella y su abuela del tema a más detalle, con tal de que la dejara retirarse.

Para entonces ya era tarde para alcanzar a Spike, por lo que mejor se concentró en hacer lo demás que tenía pendiente para ese día, y así poder desocuparse a tiempo…

– – – –

Luego de su discusión, y casi acuerdo, con Applejack, Twilight pudo dedicarse las siguientes horas a revisar algunos otros detalles. Pero por más que se esforzaba por terminarlo todo rápido para desocuparse, al final siempre surgía algo que se lo impedía. Y si al menos lo que la hubiera estado detenido fuera algo con respecto al Festival, no le hubiera molestado… Bien, quizás sí le hubiera molestado, pero no tanto. El verdadero problema, era que se trataba de la agobiante amabilidad de la gente de ese pueblo. Todos intentaban sacarle algo de plática, preguntarle sobre sí misma o sobre Canterlot, o contarle algo sobre ellos o sobre Ponyville, o invitarle algo de comer, o de beber…

¿Por qué hacían todo eso? ¿Era tan difícil simplemente concentrarse en el asunto principal y ya? ¿Era tan complicado sólo responderle lo que les preguntaba de manera concisa y entonces permitirle continuar hacia el siguiente sitio? Aparentemente sí, lo era…

Pero al final, un poco después de las cinco, al fin pudo desocuparse lo suficiente, e irse directo a la Boutique Carrusel, para recoger a su Dragón Familiar y poder proseguir con su plan original: ir al Bosque Everfree, en busca de cualquier rastro de la ciudad de Sunfallpolis, que pudiera probar que dicho sitio existía.

– Tonto Spike, tonto, tonto. – Refunfuñaba Twilight con molestia, mientras avanzaba por la plaza principal, mirando al suelo. – Lo bueno es que es casi el Solsticio, y hay más sol. Si nos apresuramos, aún podríamos hacer la expedición. Sólo espero que no haya ninguna otra distracción…

– Hola, Twilight, ¿cómo te encuentras? – Escuchó que una vocecilla murmuraba en voz baja frente a ella.

La hechicera se detuvo de golpe, y alzó su mirada, encontrándose de frente con Fluttershy Nait, la joven de cabellos rosados y amante de los animales que vivía a lado del estanque a las afueras. Se encontraba cargando entre sus brazos a un gato blanco, robusto y peludo, de ojos verdes adormilados. Tenía un moño morado como adorno en su cabeza, y un collar con gemas redondas color azul en su cuello. El animal tenía una expresión de molestia, o quizás de aburrimiento.

– Ah, buenas tardes, Señorita Nait.

– Puedes decirme Fluttershy.

– Sí, todos me dicen lo mismo.

– ¿Que… los llames Fluttershy?

– No, que… No importa.

Twilight seguía viendo extrañada al gato que cargaba en sus brazos. Antes de ese momento, no creía que los gatos pudieran hacer una expresión tan agobiante, ni siquiera los gatos mágicos que servían de familiares de algunos de sus compañeros.

– ¿Ese gato también es suyo?

– Oh, no. Ella es Opalescence, es la gatita mascota de Rarity. – Explicó la joven de piel amarilla, pasando su mano delicadamente por la cabeza del animal. – Se estaba sintiendo un poco malita de su estómago, y la estaba revisando.

– Ah, entiendo, está enferma…

– Lo estaba. Ahora está completamente bien.

– ¿Ah… Sí?

Twilight pensó por un momento que una enfermedad pudiera explicarlo, pero al parecer esa era de hecho su expresión cuando estaba “completamente bien”.

– Iba a entregársela a Rarity ahora mismo.

– Ah, sí… Yo también iba hacia allá, de hecho. Así que, si me disculpa…

Se disponía en ese momento a seguir con su camino, a paso apresurado si le era posible. Pero apenas dio un primer paso cuando Fluttershy se paró justo a su lado y comenzó a andar junto con ella.

– Estupendo, podemos ir juntas. – Comentó la amante de los animales con entusiasmo.

– Sí, supongo…

Le sorprendió lo diferente que se había vuelto la conducta de esa chica hacia ella en tan poco tiempo. Cuando la conoció, apenas y lograba murmurar algo casi inaudible, y ahora estaba ahí, hablando y caminando con ella como si nada. ¿Qué podría haber causado ese cambio? Ciertamente Twilight no sentía que hubiera sido algo de su parte; en todo caso, quizás había intentado que fuera todo lo contrario.

– ¿Y cómo está tu Dragón Mascota? – Le preguntó Fluttershy, justo cuando ya se encontraban a unos pasos de la Boutique.

– No es mi mascota, es mi Familiar.

Fluttershy la volteó a ver un poco extrañada. Ambas se detuvieron juntas frente a la puerta de madera de la Boutique.

– ¿Tu… Familiar?

– Sí, es algo así como…

Twilight comenzó a abrir la puerta de la Boutique y pudo escuchar como la campanita colgada frente a ésta tintineaba con fuerza. Y un instante después, escuchó una ligera explosión, y cuando menos lo pensó, miles de serpentinas de colores se dirigieron como proyectil contra ella, cubriéndola por completo.

– ¡¡Sorpresa!! – Escuchó que varias voces gritaban, al tiempo que todo lo que podía ver era sólo las serpentinas de colores.

– ¡¡Aaaaaaaaaaaaaah!! – Exclamó la hechicera asustada, cayendo de sentón tras el impacto de las serpentinas, combinado con la impresión inicial.

Lo siguiente que se escuchó fue el agudo maullido de Opalescence. Asustada por toda la conmoción y por el grito de Twilight, saltó de los brazos de Fluttershy y entró corriendo como bólido a la Boutique.

– ¿Estás bien, Twilight? – Le preguntó Fluttershy, preocupada. Twilight, por su parte, seguía sentada en el suelo, e intentaba quitarse todas las serpentinas de encima con algo de desesperación.

– ¡Sí que te sorprendí esta vez! – Exclamó con entusiasmo una reconocible voz aguda…

Unas manos rosadas se aproximaron hacia Twilight y comenzaron a retirarle con rapidez las serpentinas de la cabeza, hasta que al fin pudo ver con claridad. La persona parada frente a ella, era justo quien creyó una vez que reconoció su voz: Pinkie Pie, la ayudante de repostería de Sugar Cube Corner; como siempre, con su cabello rosa esponjado, y una amplia sonrisa de oreja a oreja.

– ¿Qué es esto? – Cuestionó la chica de Canterlot, entre molesta y aún algo aturdida.

– ¿Qué crees tú? – Le respondió la repostera, retrocediendo un par de pasos. – Obvio que es una… ¡Fiesta!

Pinkie Pie retrocedió hasta colocarse en el sitio en el que estaba originalmente cuando la atacó con las serpentinas. Alzó sus brazos, y cuatro personas a sus espaldas dispararon más serpentinas al aire. Esas cuatro personas, que de seguro fueron quienes la secundaron en su “¡Sorpresa!”, eran las tres niñas ayudantes de Rarity: Apple Bloom, Scotaloo y Swettie Belle; y el cuarto era precisamente…

– ¿Spike? – Murmuró Twilight, incrédula al reconocer a su Dragón, de pie detrás de Pinkie con el disparador de serpentinas en sus manos.

– Hola Twilight. – Le saludó el pequeño dragón morado, agitando su garra derecha. – Bienvenida a la fiesta.

Twilight pudo al fin echar un vistazo al interior de la Boutique, además de todos los diferentes estantes, llenos de vestidos en su mayoría, había globos por todas partes, decoración en las paredes, algunas mesas con bocadillos, y hasta un pequeño escenario improvisado al fondo. Al parecer no había mucho lugar a duda.

– ¿Qué? ¿Otra fiesta? – Exclamó incrédula, poniéndose de pie lo más rápido que las serpentinas aún alrededor de su cuerpo le permitían. – Pero ya me hiciste una fiesta de Bienvenida, Pinkie Pie.

La joven rosada rio divertida ante su comentario.

– Ésta no es una fiesta de bienvenida, tontita. ¡Es una fiesta de la víspera, de la víspera, de la víspera del Festival del Solsticio de Verano!

Al decir esas palabras, una larga pancarta se desplegó sobre sus cabezas. Y en efecto, escrito en ella, en letras rosadas y con adornos de flores y pastelillos alrededor, se podía leer:

FIESTA DE LA VÍSPERA, DE LA VÍSPERA, DE LA VÍSPERA DEL FESTIVAL DEL SOLSTICIO DE VERANO

Twilight miró todo esto con incredulidad.

– Es broma, ¿verdad?

Antes de que alguien más dijera algo, o pudiera recuperarse por completo de su confusión, divisó por el rabillo del ojo a Rarity, bajando por las escaleras del fondo, con la misma gata de pelaje blanco con la que Fluttershy había llegado. Al parecer había corrido hacia el piso de arriba del susto, hasta los brazos de su dueña.

– Oh, Fluttershy, te lo agradezco tanto. – Exclamó con gran entusiasmo, mientras se les acercaba. – Opalescence se ve tan recuperada. Oh, Twilight, veo que llegaste. Cómo ves, te estaban esperando; bienvenida a la Boutique Carrusel. Pero pasen, pasen.

– No sabía que tenías una fiesta, Rarity. – Comentó Fluttershy un tanto insegura, entrando a la Boutique por su propia cuenta. Twilight, por su lado, tuvo que ser prácticamente empujada por la diseñadora.

– En realidad no es mía. Sólo le estoy prestando el lugar a Pinkie porque quería sorprender a Twilight.

– ¡Y lo logré! – Exclamó la chica de cabello esponjado con orgullo.

– Oigan, deténganse un momento. – Comentó Twilight con fuerza. – ¿Qué es todo esto de la fiesta de la víspera, de la víspera…? ¡Cómo sea! ¡¿Para qué es esto?!

– ¡Yo te lo puedo explicar!

Pinkie se aproximó rápidamente a Twilight, la rodeó de los hombros con un brazo, y con su mano libre le entregó un vaso de ponche rosado, mismo que la hechicera tomó entre sus dedos por mero reflejo. Comenzó entonces a hacer que avanzaran por la tienda, al tiempo que hablaban

– Rainbow Dash, Cheerilee, las niñas y Spike me dijeron que estuviste un poco irascible y estresada esta mañana en la escuela.

– ¿Qué? ¿Eso te dijeron?

Twilight volteó a ver en ese momento con marcado enojo a las tres niñas y a Spike, mismas que rápidamente se viraron hacia otro lado, al tiempo que se empinaban sus respectivos vasos de ponche.

– Así es. Y me dije a mí misma: “mí misma, ¿qué puedes hacer para ayudar a tu nueva amiga a sentirse mejor?” Y la respuesta fue tan obvia: ¡una fiesta! – De nuevo, más serpentinas volaron por los aires sin razón aparente. – Una más pequeña y casual que la de bienvenida.

– ¿Esto es pequeño y casual?

– Es muy considerado de tu parte, Pinkie. – Añadió Fluttershy con alegría.

“Considerado” no era precisamente lo que le cruzaba a Twilight por la cabeza en esos momentos. No podía creer que le fuera a ocurrir exactamente lo mismo que el primer día que llegó a ese pueblo. Sintió por unos momentos las ganas de explotar, pero usó todo lo que le quedaba de autocontrol para respirar lentamente y tranquilizarse.

– Escuchen, se los agradezco, pero no tenemos tiempo para esto. La señorita Diamonds necesita terminar los arreglos a más tardar pasado mañana, y de seguro le estamos estorbando.

– Tonterías. – Intervino Rarity de inmediato con despreocupación. – Con la ayuda extra de Spike, adelantamos bastante el trabajo del día de hoy. Es en verdad bueno para seguir instrucciones.

– Me consideró un Familiar bastante útil. – Comentó el pequeño Dragón con orgullo.

– Ojalá lo demostrara más seguido. – Murmuró Twilight entre dientes, pero con la clara intención de que él la escuchara.

– Eres en verdad un encanto. – Comentó la Diseñadora de Modas, inclinándose hacia Spike para acariciarle su cabeza con sus dedos. – Muchas gracias por todo Spikey-wikey.

– No hay de qué, Rarity. – Le respondió él a su vez, con su mirada algo embobada y mejillas sonrosadas.

– Sí, gracias Spikey-wikey. – Añadió Twilight con tono marcadamente sarcástico

– Oye, cuando lo dices tú suena extraño…

Fue obvio de inmediato que no contaba en lo más mínimo con el apoyo de su Familiar para salir de esa. Twilight intentaba pensar rápidamente en alguna excusa por su cuenta, lo que fuera para poder salir de ese sitio de inmediato.

– Alza tus brazos. – Escuchó de pronto que Rarity comentaba justo a su lado, sacándola de sus pensamientos.

– ¿Qué?

– Tus brazos, álzalos.

Rarity la tomó de los brazos e hizo que los levantara al aire. Luego tomó entonces una cinta métrica que traía sobre sus hombros y rodeo el área de su busto con ella.

– ¿Qué está haciendo?

– Dije que te buscaría un vestido apropiado para el Festival, ¿recuerdas? Y eso pienso hacer. Aprovechando que estás aquí, te tomaré tus medidas.

– Pero yo no necesito un vestido…

Rarity no escuchó para nada sus comentarios, y de un segundo a otro comenzó a pasar la cinta de medir por todas las partes de su cuerpo.

– ¡Ahora todos!, ¡a cantar! – Escuchó a sus espaldas que Pinkie Pie gritaba, justo antes de subirse al pequeño escenario que había improvisado.

Twilight, al igual que la primera vez, no pudo hacer mucho más que resignarse. Esperaba que al menos pudiera desocuparte de eso  temprano…

– – – –

Pero no fue así…

La dichosa fiesta de la víspera, de la víspera, de la víspera del Festival del Solsticio de Verano, terminó un par de horas después del anochecer. Aunque terminó en parte más temprano que la Fiesta de Bienvenida, duró más tiempo, y fue considerablemente más agotadora. Para cuando Twilight y Spike pudieron salir de ahí, no sólo ya era de noche: las energías de la hechicera, que ya de por sí eran pocas por todo el ir y venir del día, para esos momentos se habían extinguido. Por ambos factores, era imposible hacer su deseada expedición… Otra vez…

En su lugar, se dirigieron directo a su habitación en la posada del pueblo, en donde Twilight se dejó caer con todo su peso contra su cama en cuanto entraron.

– ¡Esto es increíble! – Exclamó furiosa, girándose en la cama para quedar boca arriba, aunque sus pies colgaban de la orilla. – Llevamos tres días en este pueblo y no hemos podido poner ni un sólo pie en el Bosque. Cuando no estoy organizando este festival, estas chicas me arrastran a alguna extraña fiesta, o comida, o caminata, y me dejan exhausta. ¿Cuál es su problema?

– Sólo intentan ser amables contigo y ser tus amigas. – Comentó Spike, estando de pie a lado de la cama.

Sí, eso era justo lo que necesitaba, que las personas quisieran ser amables y ser sus amigas, cuando quizás el destino de todo Equestria estaba en que fueran a ese bosque de una vez por todas.

Twilight se sentía realmente frustrada, por no decir que molesta con todo ello. Cerró los ojos unos momentos y colocó su brazo derecho contra su frente. Intentaba tranquilizarse; no iba a poder hacer nada útil en ese estado.

– El tiempo se nos está acabando, Spike. Necesitamos ir a ese sitio antes del día del Festival, o ya no tendremos otra oportunidad.

– Tal vez debamos de desistir y sólo concentrarnos en nuestro trabajo y pasarlo bien. ¿No crees?

– ¿Es que acaso olvidas cuál fue el motivo real por el que vinimos a este sitio? – Exclamó la hechicera con algo de fuerza, sentándose rápidamente para poder ver mejor a su Familiar.

– ¿Es que acaso olvidas cuál fue la verdadera misión que te encomendó Lady Celestia aquí? Te has obsesionado tanto con ese libro y supuesta leyenda, que no has puesto la debida atención en organizar este Festival.

– ¿Cómo dices eso? He estado dedicándome todos estos días sólo a eso…

– No es verdad. Lo único que has hecho estos días es buscar la forma más rápida de terminar con todo, y ser lo más grosera posible con estas personas que sólo quieren ser tus amigas. – Twilight se volteó a hacia otro lado ante ese comentario, aunque era difícil decir si era por vergüenza, o quizás coraje. – Y lo peor es que ni siquiera estás segura de que algo de lo que dice en ese libro es verdad. Quizás realmente estés equivocada, y todo esto no sea más que patrañas.

Twilight siguió con su rostro volteado hacia otro lado, como queriendo evitar la mirada de Spike sobre ella. Se quedó en esa posición y en silencio por largos segundos. ¿En qué tanto estaba pensando? Luego, se giró lentamente en la cama para poder ver por la ventana que estaba justo al lado de ésta. Por sus cristales, entraban los rayos de la luna. Se veía casi completa; en dos noches más, de seguro habría luna llena.

– Lo creas o no, Spike… – Comenzó a susurrar muy despacio, con una muy presente seriedad en su tono. – Una parte de mí enserio desea que esté equivocada…

FIN DEL CAPITULO 11

NOTAS DEL AUTOR:

Y otro capítulo más de preparaciones para el Festival. De nuevo mi prioridad ha sido seguir presentando a los personajes a cómo se encuentran en este nuevo mundo, y de paso fastidiar un poco más a Twilight, que siempre es divertido. Pero ya a partir del siguiente capítulo, las cosas darán un pequeño salto y cambiaremos de tema. Así que estén pendientes, porque el Solsticio de Verano está cada vez más cerca…

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Harmonía I: Solsticio de Verano. Twilight Sparkle es una Aprendiz de Hechicería, Protegida de Lady Celestia, la Diosa Guardiana y Regente de Equestria. Desde pequeña, siempre ha sabido cómo hacer todo por su cuenta, dependiendo sólo de su inteligencia y su magia, lo que ha hecho nunca necesitar de amigos. ¿Pero qué pasará cuando se encuentre con una Fuerza Oscura de hace mil años, a la que no puede hacer frente ella sola?, ¿podrá confiar en estas cinco extrañas chicas que acaba de conocer para salvar a su mentora, y quizás a toda Equestria? ¿Y qué pasará cuando descubra el secreto que Lady Celestia ha escondido durante estos mil años…?

+ «My Little Pony: Friendship is Magic» © Lauren Faust, Hasbro Inc., Hasbro Studios.

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Un pensamiento en “Harmonía I: Solsticio de Verano – Capítulo 11. La Víspera, de la Víspera, de la Víspera del Festival

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