Fanfic Muñeca Maldita – Capítulo 01. Trabajo de Héroes

5 de febrero del 2017

Notas del Autor:

Hola a todos, ¿cómo se encuentran? Aquí WingzemonX con otro proyecto, que en esta ocasión será mucho más corto (en comparación con mis otras historias). Originalmente esto a iba a ser un pequeño arco dentro de mi otra historia “Batman Family: Legacy”, pero decidí hacerlo como una historia aparte porque la tenía demasiado presente en la cabeza y quería salir con fuerza. No es necesario, sin embargo, haber leído la otra historia, ya que la manejaré como si ésta fuera una historia independiente (aunque en efecto se ubicará en la misma Línea Alterna), así que no se preocupen.

No puedo darles muchos más detalles, ya que no quiero arruinar las sorpresas ocurrirán. Sólo puedo decirles que, como su descripción lo indica, la historia se centrará principalmente en Damian y Cassandra haciendo equipo. También cabe mencionar que hubo una película en especial (que no es ninguna película de Batman) en la cual me inspiré en parte para esta historia, pero no les diré aún cuál fue; pero le doy una galleta al primero que adivine qué película fue en qué me inspiré de ella exactamente.

Pero bueno, sin más comenzamos. Recuerden que será una historia relativamente corta, pero no por ello espero que la menosprecien. ¡Nos vemos!


Muñeca Maldita - Capítulo 01. Trabajo de Héroes


Batman Family
Muñeca Maldita

Por
WingzemonX

Capítulo 01.
Trabajo de Héroes

Miércoles, 06 de noviembre del 2013

Era cerca de la media noche. El cielo estaba totalmente nublado, privando de cualquier rastro de brillo de las estrellas o de la luna. Esto, por supuesto, hacía que el ya de por sí nebuloso y lúgubre aspecto típico de Ciudad Gótica, New Jersey, se oscureciera aún más. Por otro lado, era una noche perfecta para una reunión clandestina y secreta; de esas por las que era más que conocida la ciudad, o al menos lo era hace tiempo. Claro, siempre había que tener en cuenta una regla muy importante: en Gótica, es difícil que cualquier cosa sea clandestina y secreta, ya que pareciera que las grandes orejas puntiagudas de su famoso protector, pudieran escucharlo absolutamente todo. Por lo mismo, siempre que alguien intentaba hacer algo indebido, ilegal o incorrecto, ocultándose entre las sombras de un callejón, un rincón, o, cómo en este caso, de una vieja bodega en los muelles, siempre existía el riesgo de que la imponente figura oscura del Hombre Murciélago, terminara cayéndole encima tras atravesar el techo, y lo único que viera antes de perder la consciencia, fuera su puño dirigiéndose a su rostro.

Pero eran gajes del oficio, si querías dedicarte a la vida delictiva. Aunque ya prácticamente todos los Grandes Señores del Crimen de los últimos años, habían sufrido de mala manera dichos gajes; y ya fuera por las buenas, o mayormente por las malas, habían sido despojados de su lugar, encerrados, o se habían simplemente escondido o huido. Pero eso no sería un impedimento para que nuevos grupos surgieran, o viejos intentaran reclamar lo que antes estuviera en manos de alguien más. Porqué, todo lo que la gente hablaba del tal Batman, debían de ser sólo exageraciones, ¿no? De seguro aquellos que habían caído ante él, no eran tan inteligentes, tan hábiles, tan preparados…

Fuera como fuera, lo cierto es que dos nuevos grupos habían comenzado a disputarse desde hace un par de meses el control del Submundo de Gótica; apenas se habían quitado del trono los dos grupos anteriores, y ya habían surgido estos otros dos para causar problemas. Pero en realidad, no eran precisamente grupos nuevos. Ambos habían tenido una presencia constante en Gótica desde hace décadas. Pero, siendo un territorio controlado en un inicio mayoritariamente por la Mafia Italiana, y luego por diferentes pandillas de lo más bizarras que uno pudiera encontrar de ese lado del gran charco, su nivel de influencia siempre se había mantenido a cierto bajo nivel, y dependiente de lo que estos otros grupos más dominantes en el área lo permitieran.

Pero ya no había nadie más, nadie que los detuviera, nadie que mandara. Era el momento de entrar y tomar el toro por los cuernos, aunque tuviera que ser por la fuerza. Pero claro, Batman y sus aliados no se los dejaría fácil, ni a ellos ni a nadie. Por cada paso que daban hacia adelante, los justicieros de Gótica los obligaban retroceder uno y medio, o ya incluso dos. Y era precisamente a raíz de ello, por lo que esa dichosa reunión clandestina y secreta estaba a punto de llevarse a cabo. Y claro, habían guardado la ubicación, fecha y hora exacta con mucho recelo y cuidado, para que absolutamente nadie indebido lo supiera. Pero no lo fueron lo suficiente…

Batman y sus aliados habían logrado enterarse de la reunión una semana atrás, y de su ubicación y hora apenas el día anterior. Gracias a ello, el Encapuchado, así como tres de sus compañeros: Red Robin, Robin y Black Bat, llegaron a la bodega en cuestión el tiempo suficiente antes de la hora pactada, para encontrar el lugar completamente vacío. Aprovechando esto, ingresaron por un ventanal del techo, y se colocaron rápidamente en las vigas superiores, cada uno en cada esquina, y ocultos entre las sombras como lo habían planificado.

Batman se dirigió directo a la esquina que daba al norte; su figura se perdió en la completa oscuridad. Su apariencia era tan conocida como misteriosa en la ciudad. Su atuendo se componía de la clásica capucha con máscara, negra con dos orejas puntiagudas hacia arriba, y una larga capa unida a ésta. Su cuerpo era cubierto con lo que parecía ser una armadura de kevlar, color gris oscuro, con guantes y botas negras, además del escudo azul oscuro de un murciélago con sus alas extendidas, adornando su pecho.

Aquí Batman, repórtense. – Murmuró el héroe con un tono grave, haciendo que su voz se escuchara con claridad en los comunicadores de sus acompañantes.

Red Robin, en posición. – Informó desde la esquina oeste.

El que hasta hace poco era el ayudante más nuevo, y a la vez joven, del Hombre Murciélago, tenía alrededor de dieciséis años, el cabello negro, corto, aunque con un peinado algo alzado al frente. Usaba en el rostro un antifaz negro, y su traje era mayoritariamente negro y rojo, aunque también poseía varios detalles color dorado, sobre todo el escudo en su pecho que asemejaba a la cabeza de un ave, sobre un fondo negro. No usaba como tal una capa; parecían más dos alas negras y rojas, creadas con algún material metálico flexible.

Robin, en posición. – Informó después una segunda voz, ubicada en la esquina sur.

El joven de sólo doce años de edad que ahora portaba el nombre de Robin, usaba una capucha negra que le cubría casi toda su cabeza, y una larga capa del mismo color, con el forro del interior amarillo. De entre las sombras que la capucha proyectaba, no se lograba distinguir mucho de su rostro, pero éste era cubierto por un antifaz verde. Su traje era mayormente rojo y negro, con guantes y botas verde oscuro. Su escudo, en el lado izquierdo de su pecho, era una “R” amarilla, sobre un fondo negro.

Robin miró con atención hacia su derecha, hacia la esquina este. Entre la oscuridad, no podría ver con claridad a la persona en ese sitio, pero no necesitaba verla, ni mucho activar algunas de las visiones mejoradas de su antifaz para verificarlo; sabía y confiaba de antemano que esa persona ya estaba ahí, y quizás desde antes de que ellos tomaran sus respectivas posiciones.

Y Black Bat también. – Informó el chico por su compañera.

Y en efecto tenía razón. Oculta en la esquina este, se encontraba una joven de entre dieciocho y veinte años, cabello negro, corto hasta los hombros, de complexión que algunos pudieran llamar delgada, pero era más bien atlética y flexible. Usaba un antifaz negro en el rostro, y una capa larga del mismo color, de apariencia algo desgastada, aunque quizás era apropósito. Su traje era casi por completo de gris oscuro, casi negro, a excepción de su cinturón que era amarillo, así como el mismo escudo del murciélago con sus alas alzadas en el pecho. Algo también interesante, eran unas vendas blancas que rodeaban casi por completo sus guantes negros, a excepción de sus dedos.

Estén alerta, no tardarán mucho en llegar. – Les informó Batman desde el comunicador.

Y en efecto, sólo quedaba aguardar. Todo parecía indicar que era el lugar correcto, así que no había mucho más que hacer; sólo estar alerta, y esperar…

Minutos después, tres camionetas negras se acercaron a la bodega desde el norte. Dos hombres alzaron la cortina de metal para poder entrar. Los faroles de los vehículos alumbraron el interior, pero los cuatro intrusos en el techo se aseguraron de no ser tocados por dicha luz. Las camionetas ingresaron, y la cortina se cerró detrás de ellas. Varios hombres, quizás alrededor de veinte, se bajaron rápidamente de las camionetas. La mayoría portaba metralletas en sus manos, o como mínimo pistolas, algunos en mano y otros con el arma fajada en su pantalón. De una de las camionetas se bajó un hombre en especial: era alto, fornido, de cabeza totalmente rapada y una barba de candado, rubia. Usaba na camisa negra de mangas cortas, que dejaba al descubierto sus gruesos brazos, cubiertos de varios tatuajes.

Atentos. – Se escuchó la voz susurrante de Batman en los comunicadores de sus aliados. – El de la cabeza rapada debe de ser Yuri Dimitrov, alías el Ruso, jefe de la facción de la Bratva en Gótica.

Todos habían leído el expediente sobre ese individuo, pero sólo había fotografías lejanas, y de no muy buena calidad, que pudieran dar parte de cuál era su apariencia. A diferencia de los delincuentes habituales de la ciudad, este individuo era mucho más discreto en sus exhibiciones públicas. Casi nunca la policía, o más bien nadie ajeno al submundo de Gótica, lo había alcanzado a ver en persona y de tan cerca. Eso ya era por sí solo un avance.

Pasara lo que pasara, Red Robin aprovechó la oportunidad, y comenzó a tomar una serie de fotografías con una cámara pequeña y discreta, para poder tener un registro más exacto del jefe criminal.

¿Y ahora qué? – Cuestionó Robin por el comunicador.

Esperamos al hombre con el que ha venido a reunirse. – Le respondió el Hombre Murciélago.

Tuvieron que esperar unos minutos más, en los que los hombres de Dimitrov también parecían impacientarse. Hablaban entre ellos en ruso de manera enérgica, andaban por la bodega de un lado a otro, y soltaban algunas maldiciones de vez en cuando. Ninguno parecía sospechar siquiera de la presencia de los cuatro sobre sus cabezas.

Al fin, por las ventanas que daban al sur, se vieron las luces de algunos vehículos acercándose; los rusos se pusieron rápidamente alerta, empuñando sus armas y parándose derechos y en posición.

La cortina de acero se alzó, y otras tres camionetas, dos negras y una más color gris, ingresaron por ella, estacionándose en el lado contrario de ese espacio. Ahora no eran sólo los rusos los que se ponían alerta; Batman y sus tres acompañantes igual.

De las camionetas se bajaron otros veinte hombres, y todos también visiblemente armados, y nada discretos. Algo que llamó su atención, sin embargo, era el sonido de ladridos de perros, ladridos que sonaban realmente agresivos en el eco del lugar. La camioneta gris se abrió, y de ésta salió un hombre de estatua mediana y complexión delgada, de barba de candado y cabello castaño oscuro, un poco largo y rizado. Usaba una chaqueta de cuero café, y una vestimenta mucho más casual debajo de ésta: una camisa color azul oscuro, con algunos detalles amarillos, jeans y zapatos cafés para trabajo. Dos hombres se bajaron con él, y cada uno sujetaba con fuerza las correas de dos grandes rottweilers, que se lanzaban como podían al frente de manera violenta; sólo las correas de cuero que los sujetaban, evitaba que avanzaran más.

– Mika, te ves bien. – Saludó el líder de la Bratva en ruso, esbozando una amplia sonrisa. Apenas dio un paso al frente, y uno de esos perros amenazó con lanzársele encima. – Veo que trajiste a tus perritos.

– Confío más en mis perros, que en mis hombres. – Respondió el hombre de cabello largo, también en ruso, agachándose y acariciando las cabezas de cada rottweiler con sus dedos.

Aunque estuvieran hablando otro idioma, tres de las cuatro personas ocultas sobre ellos lograban entender con claridad lo que decían, o al menos en su mayoría. La cuarta no era tanto que entendiera lo que decían, pero no lo necesitaba; su manera de entender a las personas era notoriamente distinta a la de la gente promedio.

Él es quien faltaba. – Informó Batman. – Mika Dudayev, alías el Checheno, cabecilla de la Mafia Chechena en Gótica.

El Ruso y el Checheno, vaya originalidad. – Añadió Robin con sarcasmo.

Lo importante es que la Bratva y la Mafia Chechena han sido rivales desde hace mucho. – Comentó Red Robin. – El hecho de que ambos jefes de la ciudad estén reunidos aquí y ahora, dice demasiado.

Los cuatro guardaron silencio y comenzaron a escuchar con atención la plática.

– Al grano, Dimitrov. – Exclamó el Checheno con claridad. – ¿Exactamente desde cuando a la Bratva le interesa reunirse con los chechenos?

El Ruso soltó una pequeña risilla. Se paró derecho, cruzando sus manos al frente, y reflejando completa seguridad y calma.

– Desde que todos los italianos y fenómenos de circo ya se han hecho a un lado. – Le respondió. – Los últimos que quedaban, ya han sido aprehendidos. Ahora esta ciudad, con perfectos puertos y posición, es un territorio libre para ser controlado… Excepto por una cosa.

– Déjame adivinar. – Agregó el Checheno rápidamente, previendo a dónde iba ello. – Batman y su pandilla, ¿no?

El Ruso no necesitó responder, ni siquiera asentir; todo estaba de más, pues era más que obvio de qué se trataba.

– Bajo estas circunstancias, no estamos para viejas rivalidades. Rusia y Chechenia están muy lejos; nosotros necesitamos unirnos, aquí, y hacer a un lado al murciélago de una vez por todas, y dividirnos Gótica. Yo el norte y tú el sur. Tú te encargas de lo tuyo, y yo de lo mío. Es la mejor oferta que tendrás, Mika.

Dudayev soltó una aguda y forzada carcajada, demostrando con ella la gracia, o falta de ella, que le provocaba su propuesta, así como sus hirientes comentarios.

– Sólo por curiosidad. – Comentó entonces. – ¿Exactamente qué va a opinar Anatoli Knyazev de este “acuerdo” qué estás proponiendo?

– De Knyazev me encargo yo, ¿de acuerdo? – Respondió Dimitrov, desbordando cierta indiferencia. – ¿Qué dices? ¿O tienes que consultarlo con tus perros primero?

Ya habían pasado algunos minutos, y todo lo que habían hecho es estar ahí ocultos, escuchando toda esa larga, y algo aburrida conversación. Todo ello provocaba que Robin comenzara a sentirse notoriamente impaciente.

¿Qué esperamos?, ¿qué se den un beso? – Comentó el más joven del grupo con algo de molestia. – Ataquemos ahora.

Espera, Robin. – Indicó Batman con firmeza. – Debemos aguardar.

¿Aguardar qué?

Sólo has caso, mocoso. – Añadió Red Robin con molestia, y eso a su vez no hizo más que hacer enojar aún más al chico.

¡Tú has caso!

En ese momento, y sin dar ninguna otra advertencia previa, se lanzó al frente y luego comenzó a descender hacia el suelo rápidamente.

– ¡Robin!, ¡espera! – Intentó decirle Batman, pero sus palabras entraron en oídos sordos.

Black Bat fue la única que lo siguió de inmediato, lanzándose también de la misma forma, detrás de él.

– ¿Tienes idea de cuántos de mis amigos a lo largo de mi vida he visto morir por sujetos como tú? – Comentaba el Checheno desde su posición. – ¿Qué te hace pensar…?

Sus palabras fueron calladas de golpe, cuando ambas figuras saliendo de entre las sombras aparecieron en su rango de visión. Una ellas descendió como un demonio justo detrás del Ruso, derribando a dos de sus hombres con el mismo movimiento. El otro, por su parte, cayó justo a su lado, pateando al hombre más cercano a él en la nuca y tirándolo al suelo.

Todos tardaron varios segundos en entender que los estaban atacando, y aún más en entender quién lo estaba haciendo. En ese lapso de tiempo, Black Bat desarmó y derribó a uno más de los hombres de Dimitrov, e igual Robin a otro más de los de Dudayev.

– ¡Son ellos! – Exclamó el Checheno, y sin dudarlo ni un poco sacó su pistola y comenzó a dispararle a Robin sin miramientos. El joven, sin embargo, se movió con notoria agilidad para esquivar sus disparos, incluso provocando que le disparara a uno de sus propios hombres.

El resto de los presentes no tardaron mucho en imitarlo, y comenzaron a dispararle a los dos aparecidos. Black Bat se movió rápidamente, ocultándose detrás de una de las camionetas de los rusos, y haciendo que todos los impactos de balas se estrellaran contra ésta.

¡Maldición! – Exclamó Red Robin molesto, viendo todo el desastre que se suscitaba debajo de ellos.

No hay otra opción. – Agregó Batman, sólo un poco más calmado. – Andando.

Sin más remedio, Batman se lanzó también hacia abajo, y Red Robin lo siguió sin pronunciar palabra alguna. Mientras descendía, a medio camino, Batman soltó una bomba de humo, que se estrelló con el suelo justo en el centro, alzando una densa cortina que dejó ciegos a casi todos los criminales. Los cuatro vigilantes accionaron en esos momentos la visión térmica de sus máscaras, logrando de esa forma distinguir a sus enemigos, y se lanzaron contra ellos antes de que pudieran reaccionar y verlos venir.

Robin y Black Bat activaron de inmediato sus respectivas visiones para poder moverse entre la densa nube de humo. En ese momento, los dos rottweilers del Checheno se soltaron, y se lanzaron sin espera detrás de Robin. Éste los vio acercarse y esto pareció alarmarlo aún más que si lo atacara alguno de los matones.

– Hey, pequeños, ¡no quiero lastimarlos! – Exclamó con energía, pero los perros no se detuvieron. Rápidamente, y con gran agilidad, saltó al cofre de una de las camionetas, y luego al techo de ésta, intentando esquivar a los animales, que ahora saltaban con ferocidad a un costado del vehículo para intentar atraparlo. – ¿Por qué tenían que ser perros? Puedo partirle el cuello a quien sea, pero no a…

Uno de los hombres del Checheno comenzó a dispararle cuando el humo comenzaba a disiparse, por lo que no pudo terminar. Esto lo obligó a moverse y saltar por los techos de las otras dos camionetas para intentar escapar de las balas. Sin embargo, justo cuando terminó de pie en la segunda camioneta, ésta arrancó abruptamente.

– ¡Sácanos de aquí!, ¡ahora! – Escuchó que una voz pronunciaba desde el interior de la camioneta; era la voz del Checheno.

La camioneta se dirigió de golpe contra la cortina de acero, atravesándola con fuerza. El cambio fue tan repentino, que Robin cayó boca abajo en el techo, extendiendo sus brazos y piernas para sujetarse y no caer.

Black Bat notó por el rabillo del ojo como la camioneta salía de la bodega, con todo y Robin sobre ella. Esto hizo que se olvidara por completo del hombre que estaba golpeando, tirándolo a un lado y haciéndolo chocar con un segundo; entonces se fue corriendo con rapidez detrás del vehículo que se alejaba. Un par de hombres se le interpusieron en el camino, pero se deshizo sin problema de cada uno: el primero con un codazo directo en la cara, y el segundo con un rodillazo en la boca del estómago. Su cuerpo delgado y ágil se lanzó rápidamente hacia el frente, pero ni así sería capaz de alcanzar la camioneta con facilidad.

– ¡¿A dónde van esos dos?! – Comentó Red Robin, notando de reojo como ambos salían de la bodega. – Oh, grandioso…

– Tenemos nuestro propio asunto. – Le indicó Batman, obligándolo a poner atención al otro bando de la reunión.

Yuri Dimitrov y algunos de sus hombres que aún quedaban en pie, se subieron rápidamente a una de sus camionetas, y también arrancaron, aunque en la dirección contraria a la de los chechenos. Al ver esto, Batman y Red Robin se lanzaron de inmediato también detrás de ellos, en su propia persecución.

Mientras tanto, Mika Dudayev y tres de sus hombres avanzaban por entre las bodegas del muelle, sin saber que el nuevo Joven Maravilla se encontraba justo sobre ellos. Por un momento Robin pensó que caería, por lo que sacó uno de sus batarangs y lo clavó al techo para sostenerse. Pero al hacerlo, alertó a los hombres dentro de la camioneta.

– ¡Están en el techo! – Exclamó el Checheno. – ¡Disparen!, ¡disparen!

Uno de los hombres apuntó su metralleta hacia arriba y comenzó a disparar al techo con rapidez. Robin, previendo esto, rodó rápidamente hacia un lado, dejándose caer por un costado del vehículo, pero sujetándose con sus manos en la ventana abierta del copiloto para no caer.

– ¿Pero qué…? – Exclamó sorprendido el conductor, volteándolo a ver en la otra ventana. – Es sólo un niño…

– ¡Un niño muerto! – Exclamó el Checheno, y rápidamente lo apuntó con su arma. Sin embargo, Robin se impulsó rápidamente al interior del vehículo, golpeando con su cabeza la mano del mafioso, y desarmándolo.

Una vez adentro del vehículo, los otros hombres igualmente intentaron dispararle o golpearlo con sus armas. El joven justiciero fue mucho más veloz, y aprovechó bien el espacio reducido, que mermaba la movilidad de sus contrincantes, para desarmarlos y golpear a cada uno en la quijada. El Checheno se le acercó por detrás mientras se encargaba de sus otros dos hombres, pateándolo con fuerza en la espalda y haciéndolo chocar contra la puerta corrediza de un costado, la cual se abrió un poco, ya que en realidad no la habían cerrado del todo bien antes de escapar.

Unos centímetros de la cabeza de Robin quedaron colgando fuera de la camioneta. Antes de que pudiera recuperarse, Dudayev plantó su pie derecho en su cuello con fuerza.

– Parece que Batman volvió a reclutar mocosos. – Comentó el mafioso con elocuencia. – Mi hermano tenía más o menos tu edad cuando una bala le atravesó el cuello de lado a lado, y se ahogó con su propia sangre. – Alzó en ese momento su brazo derecho hacia él, en donde otra vez sostenía su pistola, y apuntó directo a su cara. – Yo seré más piadoso…

– ¡Pues yo no! – Soltó el chico con energía, pese a su infortunada situación.

Robin tomó en ese momento su pie con ambas manos, y alzo sus piernas para golpearlo en la cadera al tiempo que jalaba su pierna hacia el lado contrario. Con ese movimiento, logró que el Checheno cayera hacia un lado y retirará su pie de él. Sin embargo, el mismo movimiento hizo que el chico cayera de la camioneta.

Robin cayó al suelo con fuerza, y siguió rodando tras el impulso que llevaba, hasta chocar contra unas cajas ubicadas justo detrás de otra bodega, y frenarse contra éstas.

El Checheno se incorporó como pudo y se asomó hacia atrás, notando al chico tirado en el suelo tras todo el movimiento; no se veía para nada feliz.

– Bien hecho, jefe. – Murmuró el conductor, pero Dudayev simplemente lo volteó a ver con una mirada molesta.

– Aún no.

Se giró hacia uno de sus hombres, que yacía en el piso de la parte trasera de la camioneta luego de ser golpeado por Robin, y lo pateó con fuerza para hacerlo reaccionar.

– Levántate y pásame ese juguetito nuevo. – Le indicó, señalando con su cabeza hacia una caja rectangular hasta el fondo.

El conductor, sorprendido tras oír esa orden, volteó a ver a su jefe sobre su hombro, alarmado.

– ¿No es demasiado…?

– ¡Yo diré cuando sea demasiado! – Le respondió el Checheno de inmediato, apuntándolo con su arma. – ¡Ahora regresa!

Sin aparente opción a negarse, hizo que la camioneta diera vuelta y regresara.

Robin se sentía algo aturdido, luego de caer del vehículo, golpearse, rodar, y luego volver a golpearse contra las cajas. Se comenzó a levantar poco a poco, sujetándose la cabeza con una mano; sentía que todo le daba vueltas. Estaba tan confundido, que no notó que la camioneta de los chechenos había regresado, aunque se había parado a una distancia considerable de él.

El Checheno se bajó poco tiempo después, plantando sus pies en tierra, y sujetando en sus manos… un largo lanzacohetes color negro. En cuanto ubicó al chico, aun levantándose a lo lejos, colocó el lanzacohetes sobre su hombro, y apuntó directo hacia él. Sí, en efecto era demasiado, pero parecía como si nada pudiera matar a esos sujetos, así que, ¿por qué no ser exagerados de vez en cuando?

– ¡Oye, niño! – Gritó con todas sus fuerzas para que pudiera oírlo. Robin apenas y había comenzado a voltear hacia él, cuando disparó sin dudar ni un poco, y el misil comenzó a volar directo hacia él, cortando el aire.

Parecía que recibiría el impacto del proyectil directamente. Sin embargo, la ágil y oscura figura de Black Bat se aproximó lo más rápido que le era posible hacia él, moviéndose entre las sombras del muelle. Se le lanzó encima, cubriéndolo con su cuerpo y tirándolo al suelo, un instante antes de que el proyectil lo tocara. Éste siguió de largo, destruyó las cajas, y luego se estrelló contra la pared de la bodega y explotó al impacto.

La explosión voló en pedazos las cajas, y toda la pared. Pedazos de madera y ladrillos salieron volando por todas partes, y el fuego y el humo cubrieron rápidamente todo el escenario ante ellos.

– ¿Le dio? – Le cuestionó uno de sus hombres al Checheno, asomándose hacia afuera.

Dudayev bajó el arma, e intentó ver algún rastro del chico. Pero, al menos desde su posición, no parecía haber ningún rastro de él; aunque el fuego y el humo no dejaban muy claro ello.

– Creo que sí. – Comentó como conclusión, y le pasó entonces el lanzacohetes a su hombre. – Andando, muévanse antes de que los otros nos sigan.

Sin aguardar ni un segundo, todos se subieron de inmediato a la camioneta. El conductor reanudó la marcha en la dirección en la huían originalmente y se alejaron.

Lo que ni Dudayev ni sus hombres notaron, fue como Black Cat hizo que ambos se tumbaran al suelo, aferrándose con fuerza al pequeño cuerpo del chico. Cuando la explosión ocurrió, ésta la empujó con fuerza hacia un lado, lanzándola por los aires con todo y Robin, a quien no soltó en ningún momento. Cayeron unos segundos después al suelo y rodaron por éste hasta quedar quietos, ella encima del joven.

Sus trajes protectores habían amortiguado gran parte de los impactos, pero no todos. Aun así, daba igual para Black Bat, a quien sentir dolor nunca la había inmovilizado.

Una vez que todo se calmó y la camioneta se alejó, Black Bat se alzó un poco, apoyándose en sus codos, y volteó a ver como las luces traseras del vehículo se perdían en la oscuridad.

– ¿Qué haces aquí? – Escuchó que cuestionaba Robin con molestia, estando justo debajo de su cuerpo. Al virarse hacia él, notó como la miraba con molestia a través de su antifaz. – Ya te he dicho que no necesito que me protejas todo el tiempo.

Con un brazo, intentó hacerla a un lado, y ella no opuso resistencia a ello. De hecho, ella misma se quitó de encima de él, y se sentó el suelo a su lado. Robin se incorporó rápidamente, al parecer mucho más recuperado, y miró con impotencia en la dirección en la que el vehículo del mafioso se había ido.

– ¡Rayos! – Exclamó con frustración, chocando su bota derecha contra el suelo.

Black Bat se puso también de pie y se le aproximó por detrás, colocando una mano sobre su hombro izquierdo. Robin la volteó a ver de reojo. Aun con ese antifaz negro en su rostro, sabía muy bien que lo miraba fijamente con esa perpetua expresión estoica.

Al final, el chico no pudo más que simplemente suspirar con resignación.



Aquí Batman. – Escucharon de pronto en sus comunicadores. – Robin, Black Bat. ¿Cuál es su estado?

Robin no tenía siquiera una pizca de ánimos de responder. Sin embargo, pensó que sería demasiado infantil no hacerlo.

– Aquí Robin. – Comentó luego de un rato, con seriedad. – Black Bat y yo estamos bien. Pero los chechenos escaparon. Y supongo que ustedes tampoco atraparon al Ruso…

Supones bien. – Intervino la voz molesta de Red Robin en la transmisión. – ¡¿En qué rayos estabas pensando?!

Robin soltó un quejido de molestia al escuchar tal reproche.

– ¿En qué crees que tú? ¡Pues en aprehender a los criminales! ¿O crees que estaba jugando soccer?

¡¿Y te parece que eso salió muy bien?! Semanas enteras rastreando al Checheno y al Ruso, ¡y lo tiraste a la basura en cinco minutos!

– ¡¿Y crees que hubiéramos hecho un mejor trabajo “aguardando”?!

¡Aguardábamos justamente a que fuera el momento correcto para evitar un fuego cruzado y una huida como ésta!

– No me quieran echar la culpa de sus tonterías. Esto no ocurriría si usáramos mis métodos.

Si usáramos tus métodos, tendríamos ahora cuarenta cadáveres regados por todo el muelle.

– ¡Exacto!, ¡ese es el punto!

Mientras Robin y Red Robin peleaban a distancia, Black Bat simplemente permanecía de pie justo detrás del primero, viéndolo fijamente con notoria calma. Aunque oía toda discusión por su comunicador, y tenía a uno de ellos justo frente a ella, no parecía que algo de ello la intranquilizara ni un poco.

Si ya terminaron de pelear, aún tenemos trabajo que hacer. – Exclamó de pronto la imponente voz de Batman en la comunicación. – Lo hecho, hecho está. De momento ya he notificado al comisionado; refuerzos de la policía estarán aquí dentro de poco para encargarse de los hombres que quedaron atrás. Otros más heridos deben de estar cerca intentando escapar. Debemos rastrearlos en los alrededores para evitar que lo logren.

– Rastreen ustedes. – Exclamó Robin con el mismo tono molesto de hace un rato.

Tomó entonces su pistola de gancho y disparó hacia la bodega más cercana a él, que no hubiera sido alcanzada por un misil, y su cuerpo se elevó en el aire, jalado por el gancho. Black Bat reaccionó de inmediato a ello, y también pasó a usar su propia pistola de gancho para seguirlo.

Robin, ¿a dónde vas?

– ¡A dónde quiera!

No debes separarte ahora.

– Sólo mírame.

En ese mismo momento Robin apagó su comunicador para dejar de escuchar la voz de cualquiera de los dos. Robin y Black Bat comenzaron a moverse con agilidad entre los techos de las bodegas, dirigiéndose de regreso a la ciudad.

Batman y Red Robin, desde su perspectiva, sólo podían ver a lo lejos un escaso fulgor del fuego causado por el lanzacohetes, y la columna de humo alzándose hacia el aire. No se tenía que especular mucho para adivinar quién lo había provocado.

– Esos dos causan más problemas de los que solucionan. – Comentó Red Robin con notorio desagrado.

– Son parte del equipo, es lo único que importa. – Le respondió Batman con seriedad.

– ¿Lo son?, ¿lo son realmente? – Guardó silencio unos instantes, antes de proseguir. – Qué ese niño sea el hijo de Bruce, no significa que tengas que tratarlo de una forma especial… Dick…

El Hombre Murciélago bajó su mirada y se quedó totalmente callado ante tales palabras. Lentamente alzó su mano derecha, presionando un punto de su propio cuello, lo que provocó que se escuchara un pequeño chillido electrónico.

– No lo hago. – Murmuró en voz baja, pero ya no era la misma voz grave y profunda de hace unos momentos. Al apagar el dispositivo en su máscara, ahora hablaba como su voz normal: la voz de Richard Grayson, el primer Robin, antiguamente conocido como Nightwing, y ahora el nuevo Batman de Gótica…

– Pues me engañaste por un segundo. – Añadió Red Robin. – ¿Por qué los tenemos en verdad con nosotros? Sé lo que dijo su madre, pero eso no significaba que debías convertirlo en Robin…

– Es justamente lo que ese chico necesita, Tim. Trabajar con nosotros, entender nuestra manera de proteger a las personas, la manera de Bruce… Así es cómo podrá aprender a usar sus habilidades para algo más que para lo que la Liga, Ra’s Al Ghul o Talia le han enseñado hasta ahora.

– Creo que le tienes demasiada fe…

Red Robin pateó un poco el suelo con la punta de su pie, casi con frustración. A Dick no le extrañaba su renuencia. La manera en la que ese chico había llegado a sus vidas no había sido precisamente de la más pacífica, y principalmente su relación con Tim no había comenzado con el pie derecho, y ninguno de los dos parecía estar interesado en cambiar eso.

Pero ya habría tiempo para solucionar sus problemas de cooperación y trabajo en equipo. Las sirenas de la policía se lograban escuchar a lo lejos, lo que era señal suficiente para indicarles que era momento de ponerse a trabajar.

Activó rápidamente el dispositivo que emulaba su voz, antes de dar la siguiente indicación.

– Que la policía se encargue de los heridos y muertos de aquí. Nosotros separémonos y revisemos todo el muelle en busca de los otros.

– ¿Qué hay de Robin y Black Bat?

– Volverán cuando estén listos.

– Si es que vuelven.

Sin decir más, cada uno se dirigió rápidamente en direcciones contrarias, para cumplir lo encomendado.

– – – –

Damian Al Ghul, conocido públicamente en Gótica como Damian Wayne, era ni más ni menos que el hijo no reconocido del fallecido Bruce Wayne. Había crecido toda su vida en el seno de la famosa, y a la vez no tanto, Liga de las Sombras, entrenado desde muy pequeño en una gran cantidad de artes de combate, espionaje, personificación y, por supuesto, asesinato. Sin embargo, el destinado a ser la próxima cabeza de la Liga, y tomar el lugar de su abuelo, ya no se encontraba más en Nanda Parbat, refugiado entre las peligrosas montañas del Tíbet, y rodeado de los guardias y asesinos de la Liga. Ahora estaba en Gótica, la ciudad de su padre, o más bien la ciudad que éste solía proteger bajo el pseudónimo del gran Batman.

Jamás tuvo la oportunidad de conocerlo de frente, pero toda su vida había escuchado historias sobre sus grandes habilidades, sus hazañas, y de las increíbles cosas que era capaz de hacer. Siempre que alguien hablaba de él, lo hacían sonar tan irreal, tan fantástico; era difícil poder imaginárselo como un humano siquiera. Su madre le había dicho que era su destino algún día gobernar Gótica, y todo el mundo a su tiempo, y que la única forma de hacerlo era aprender de su padre…

Pero él ya no estaba ahí.

En su lugar, tenía que aprender de sus “discípulos”, si se les podía llamar así, ya que más bien parecía que en realidad fueran un grupo de niños que acostumbraban andar cerca de él, y los había tomado como sus ayudantes.

Ninguno se comportaba como un guerrero real; parecían demasiado concentrados y obsesionados con el romanticismo anticuado de ser un héroe a capa y espada, más que comprender la verdadera naturaleza del mal que reinaba en el mundo, y la forma correcta de acabar con él. Las cosas que hacían y decían se contradecían tanto con lo que le habían enseñado hasta entonces, que le era difícil entender cuál era el verdadero camino, o cuál tenía la razón final.

Pero su madre parecía bastante segura de ello, y para bien o para mal, Damian jamás desobedecía a su madre, y hasta entonces jamás había tenido motivo para considerarlo siquiera. Así que no le quedaba de otra que intentar comprender un poco la manera de pensar de esos sujetos, y apoyarlos en su insípida cruzada. ¿Llegaría eso realmente a algún punto?, ciertamente lo dudaba.

Una vez en la ciudad, Damian y Cassandra, bajo el manto de Black Bat, nombre que la ruidosa amiga de Drake le había puesto, se movían por los tejados de los edificios de la zona oeste, la más cercana a los muelles. Miraban desde las alturas con sus binoculares las calles principales debajo de ellos, intentando encontrar alguna pista de la camioneta en la que Mika Dudayev había escapado. Sin embargo, el joven Al Ghul no tardó mucho en darse cuenta de que el vehículo se había perdido por completo de su vista.

– Maldición, estoy seguro que venían en esta dirección. – Masculló Robin en voz baja, estando de cuclillas en la cornisa de un edificio, con su capucha hacia atrás, lo que dejaba al descubierto su cabello negro y corto. Pese a que era ya relativamente tarde, parecía haber embotellamiento, sin razón aparente a simple vista, justo en la calle sobre la que se encontraban. – Con este embotellamiento de seguro tomaron calles secundarias. ¡Ah!

Cómo gesto de molestia, chocó su puño contra la cornisa. Aun con la protección de su guante, el impacto contra sus nudillos en efecto terminó por lastimarle estos, pero no hizo intento alguno de demostrarlo; no de una forma que Cassandra, de cuclillas justo a su lado, pudiera notarlo, y tratándose de ella eso no era precisamente una tarea sencilla.

– Ese par de estúpidos. – Soltó de golpe luego de un rato de silencio. Black Bat lo volteó a ver de reojo. – ¿Enserio ese bobo de Grayson cree que por usar el traje de Batman puede actuar como si fuera mi jefe y yo le tengo que seguir el juego? Ja, que ni sueñe…

Cassandra lo miró por el rabillo del ojo en siempre perpetuo silencio. Una vez que pareció que terminó de hablar, desvió de nuevo su mirada hacia la calle debajo de ellos. Damian la miró unos instantes con curiosidad, y luego también bajó su mirada en la misma dirección.

– ¿También crees que fue mi culpa que esos sujetos escaparan? – Soltó de golpe como un pequeño susurro, como esperando que en realidad no lo escuchara.

Cassandra se quedó quieta en su misma posición por unos segundos, como si fuera una gárgola adornando el techo. Al principio en efecto pareció que no lo había escuchado, o quizás no había entendido sus palabras; esto último era quizás lo más probable. Pero luego de un rato, la joven de cabellos negros agitó lentamente su cabeza de un lado a otro en señal de negación.

Robin bufó, incrédulo.

– No puedes hablar, y aun así no sabes mentir bien. No fue mi culpa, ¿de acuerdo? Es que estos tipos tienen todas sus reglas y procedimientos para ser “héroes”. No sé por qué los escucho. – Guardó silencio, reflexivo. – No sé porque mi padre los tenía en tan alta estima. Yo soy quien debería de darles órdenes a ellos… ¿No lo crees?

En esta ocasión, Cassandra no le respondió nada, ni siquiera con el más mínimo movimiento de su cabeza; eso fue indicativo suficiente para Damian de que no tenía caso seguir picando ese botón.

Se escucharon con fuerza el sonido de unas sirenas. Intentando moverse entre la multitud de carros, tres coches patrulla y una ambulancia, intentaban abrirse paso, incluso subiéndose a la acera. Pero lo más sobresaliente era el coche de bomberos que venía detrás de ellos, que sonaba su campana con insistencia para que los vehículos lo dejaran pasar. Estos hacían lo posible para hacerse a un lado y dejarles al menos un carril libre, pero lo cierto era que no había tampoco mucho espacio por el cuál moverse.

– ¿Qué estará pasando? – Murmuró Damian, curioso. – ¿Crees que sea obra del Checheno y sus hombres?

Black Bat parecía principalmente concentrada en los vehículos de emergencia debajo de ellos. Usando sus propios binoculares, comenzó a seguir la calle por la que iban. Tuvo que ampliar el rango de visión para poder ver más lejos, a tal vez unas siete o diez manzanas más adelante, y una al norte,  en donde se lograba distinguir un poco de humo. Usando la visión térmica del binocular, pudo notar más; mucho calor proviniendo de un edificio, acompañado de mucho más humo del que pensaba en un inicio; lo más probable, un incendio.

Damian también había usado sus binoculares y había notado exactamente lo mismo que su acompañante.

– Vayamos a ver, ¡rápido! – Le indicó el chico, antes de que usara su gancho para sujetarse de otro edificio y balancearse en esa dirección. Cassandra no tardó en seguirlo de nuevo.

El sitio en el que se encontraba el incendio era un área residencial, de casas contiguas de ladrillo, todas de dos pisos y con un diseño similar, frente a una amplia calle. El fuego se ubicaba en el segundo piso de una casa color marrón oscuro; más específicamente en la ventana más cargada al lado izquierdo de la fachada. Los vecinos no habían tardado en salir y a reunirse frente a la casa, vestidos ya con pijamas y batas para dormir, aguardando a los bomberos que ya habían llamado hace unos minutos, pero que aún no lograban arribar. Algunos valientes habían derribado la puerta principal, e intentado entrar; pero el calor y el humor los había hecho retroceder después de haber dado apenas un par de pasos hacia el interior.

Robin y Black Bat se habían posicionado en el tejado de la casa de enfrente, ocultos de cualquier ojo mirón mientras contemplaban el edificio en llamas y a la multitud de gente afuera de éste.

– Parece un simple incendio doméstico. – Comentó Robin, con normalidad. – No creo que los chechenos tengan algo que ver con esto. Vamos, los bomberos ya vienen en camino.

Robin hizo el ademán de querer irse, y Black Bat, aunque pareció dudar en un inicio, al final se disponía a seguirlo.

– ¿Ha salido alguno? – Comentó un hombre entre la multitud.

– No, nadie ha salido. – Le respondió la voz de una mujer.

– Oh Dios, ¿todos siguen adentro? – Agregó con aflicción otra mujer.

Damian se detuvo unos instantes tras oír todo ello. Volteó a ver de nuevo sobre su hombro hacia la casa y luego hacia más abajo en la calle; no se veía aún señal alguna de los policías, la ambulancia o del camión de bomberos.

Apretó sus puños con fuerza, como si sintiera frustración. Agachó su mirada, respiró lentamente, y entonces…

– ¡Maldición!

Sin decir más, se colocó de nuevo su capucha cubriéndose la cabeza, se dio la media vuelta, se paró en la cornisa y se lanzó rápidamente al frente, tomando su capa y accionando una pequeña descarga en la tela especial que provocaba que se pusiera rígida y así poder planear con ella. Black Bat pareció sorprendida al inicio, pero de inmediato lo siguió, haciendo exactamente lo mismo que él.

Las personas en la calle no tardaron mucho en distinguir las dos figuras oscuras que cruzaron sobre sus cabezas a gran velocidad.

– ¡Es Batman! – Señaló uno de ellos señalando al cielo, y fue seguido por lagunas ovaciones.

No eran Batman, pero casi.

Ambos se dirigieron uno detrás del otro, directo a la ventana de donde parecía surgir todo el fuego. Atravesaron el vidrio y el cristal sin problema, y terminaron en el interior de una habitación totalmente cubierta de fuego y humo. Sus trajes por suerte los protegían de calor extremo, y rápidamente cada uno se colocó un respirador en sus respectivas bocas para poder respirar sin problema.

No se podía ver casi nada, por lo que ambos activaron la que quizás era la visión más singular de su equipo: la visión de sonar, o la que coloquialmente llamaban algunos de ellos como “Modo Detective”. Por medio de señales sónicas hacia todas direcciones, se creaba una imagen prácticamente completa de todo lo sólido que les rodeaba, y dicha imagen era proyectada en sus antifaces de una forma visual. Damian tenía que aceptar que, pese a toda su forma extraña de actuar y de trabajar, estos sujetos tenían juguetes muy interesantes.

Gracias a la visión de sonar, pudieron distinguir que estaban en un dormitorio, con una cama queen size en el que podían distinguir lo que parecía ser la forma de dos cuerpos humanos totalmente inmóviles, y cubiertos con las llamas…

Hay dos aquí, pero ninguno sigue con vida. – Señaló Robin, cuya voz se escuchaba algo electrónica al tener que hablar a través del respirador.

No había nada más que hacer ahí. Ambos se dirigieron a la puerta del cuarto, y la derribaron con facilidad, ya que se había debilitado notablemente por el fuego.

Salieron al pasillo del segundo piso, justo al lado del barandal de las escaleras. Las llamas ahí eran menores, pero no por ello ausentes, al igual que el humo. Había cuatro puertas más en ese piso. El Modo Detective tenía problemas para ver a través de las paredes, por lo que era difícil determinar en cuál podría haber alguien.

Tendrá que ser a la antigua. – Comentó Damian, apagando la visión en su antifaz. – Separémonos y revisemos cada puerta, rápido.

Damian señaló a dos de las puertas para que su acompañante pudiera comprender mejor su instrucción. Pareció bastar, ya que de inmediato Cassandra se dirigió a ellas, y él hizo lo mismo hacia las otras dos

Cassandra pateó la puerta contigua a la puerta del dormitorio por el que entraron, y fue recibida de frente por una gran llamarada, que la hizo retroceder rápidamente. El interior de ese cuarto también estaba cubierto de fuego. Se cubrió por completo con su capa y penetró hacia el interior de un salto.

Activó de nuevo el Modo Detective para revisar el interior. Era también un dormitorio, pero mucho más pequeño. Había una cama individual en una esquina, pegada a la pared que compartía con el otro cuarto. Y similar al escenario anterior, encontró también la figura de una persona sobre ella, pero… De nuevo parecía ya haber sido consumida por las llamas…

Damian pateó otra de las puertas, y para su sorpresa terminó siendo un simple baño, y sin señal de alguien. Pero antes de que saliera, comenzó a escuchar algo.

– ¡Auxilio!, ¡ayúdenme! – Gritaba una aguda vocecilla no muy lejos de él.

De inmediato reaccionó y se dirigió a la otra puerta, derribándola de una fuerte patada.

Al parecer era otro dormitorio, a donde las llamas aún no habían llegado, pero aun así el interior estaba repleto del denso humo negro. Era pequeño, pero suficiente para una persona. Tenía una cama individual, un librero, un escritorio, y una cómoda con muchos, muchos muñecos de peluche sobre ella, como leones, perros, gatos, tortugas, y por supuesto, osos y muñecas. El tapiz era rosa, con flores moradas. Sólo había una ventana, que al parecer daba al patio trasero de la casa.

Aún antes de que pensara en activar la visión de sonar, Robin distinguió la figura que la había llamado, contraída sobre sí misma en una esquina del cuarto. Apenas y lograba distinguirla a detalle por la luz de las llamas que lograba entrar, pero parecía ser una niña, no mucho menor que él, quizás de diez años. Tenía el cabello rubio claro, lacio y totalmente suelto hasta la mitad de su espalda; ojos muy grandes azul cielo, que en esos momentos estaban cubiertos de lágrimas y de miedo. Usaba una camisa para dormir, larga, y un pijama blanco; no usaba zapatos. Se encontraba arrinconada y asustada, aferrada con fuerza a una muñeca de cabeza grande, con cabellos dorados y un vestido azul. Miraba fijamente al recién llegado, con más miedo que tranquilidad, quizás inspirada por su inusual apariencia.

¿Estás bien?, ¿estás herida? – Le cuestionó mientras se le acercaba con cautela.

– No, estoy bien. – Respondió la jovencita en voz baja, con un marcado acento eslavo. – ¿Quién eres tú?

Soy Robin, te sacaré de aquí. – Le indicó con seguridad, al tiempo que la ayudaba a ponerse de pie.

La niña comenzó a toser debido al humo que se acumulaba en la habitación, por lo que rápidamente la pasó su propio respirador. La comenzó a guiar hacia la puerta, pero a medio camino ambos vieron como una gran viga en llamas caía en el pasillo justo frente a la puerta, obstruyéndola.

¡Ah! – Exclamó asustada la pequeña, y casi caía de sentón al suelo, pero Damian se encargó de evitarlo de inmediato.

El fuego que acompañaba a la viga comenzaba a penetrar el cuarto.

Al otro lado de las llamas, vio la figura de Black Bar, que parecía buscar la forma de ingresar a dónde estaban.

– ¡No!, ¡Black Bat! – Le gritó con fuerza, al tiempo que agitaba sus manos hacia un lado. – ¡Tú sal de aquí! ¡Yo estaré bien! ¡Sal! ¡Sal!

Lo repitió varias veces, intentando asegurarse de que ella lo comprendiera. La joven de cabellos negros se quedó de pie entre las llamas del pasillo, aparentemente dudosa. Pero no era por no entender lo que le indicaba, sino más bien duda de si debía obedecer o no.

Otra viga más se desmoronó justo sobre su cabeza, y tuvo que lanzarse hacia un lado para esquivarla. Al parecer no tenía más remedio que en efecto irse, por lo que saltó sobre el barandal de la escalera y se dejó caer al primer piso, para entonces salir apresurada por la puerta principal.

Por su parte, Robin intentaba encontrar qué hacer a continuación, pero no tenía mucho tiempo; el cuarto poco a poco comenzaba a llenarse más de fuego. Sentía como la niña se aferraba a su espalda, temblando de miedo, aunque ni así soltaba su curiosa muñeca.

– No te preocupes, te sacaré de aquí en un segundo. – Comentó el chico, y se retiró entonces su capa con capucha y se la pasó, atándola a su cuello y cubriendo su cabeza con la capucha. Esperaba con ello que la tela protectora de la capa la protegiera del fuego.

 Inspeccionó rápidamente alrededor, y no tardó tanto en visualizar la ventana que daba al patio. Sin espera, tomó la silla del escritorio y la lanzó con fuerza contra la ventana. La silla la atravesó de lado a lado, dejando un espacio libre en la pared. Sin embargo, también por dicho espacio había entrado algo de oxígeno al cuarto cerrado, que provocó que las llamas se avivaran.

– Quédate cerca de mí. – Le indicó al tiempo que avanzaban con cuidado hacia la ventana, atravesando las llamas.

Al llegar ante el marco de la ventana, sin dar ninguna advertencia previa, tomó a la niña en sus brazos, cargándola por sorpresa.  Quería disimularlo y aparentar, pero lo cierto era que le resultó un poco más pesada de lo que pensó. Pero de todas formas no dimitió, y rápidamente subió al marco y se lanzó hacia afuera.

– ¡Sujétate! – Le gritó un instante antes de saltar.

¡Aaaah! – Fue lo único que pudo gritar la niña en esos momentos.

Damian se giró en el aire justo después del salto y apuntó su pistola de gancho al techo de la casa. Justo cuando disparó, su cuerpo comenzó a descender a tierra. No estaban muy alto, pero si tenía un poco de suerte, el gancho se anclaría al techo antes de que su cuerpo tocara el piso. Y en parte tuvo media suerte. El gancho sí se agarró de la construcción antes de que tocara el suelo, pero no alcanzó a detener por completo su caída; sólo desacelerarla un poco, y el impacto de su espalda contra el pasto del patio no fuera tan grave, más no por ello indoloro.

– ¡Ah! – Exclamó con un poco de dolor tras el golpe, pero de inmediato intentó recuperar la serenidad. La jovencita había caído sobre él, por lo que había amortiguado su caída por completo, y con suerte no había recibido ningún daño.

Y en efecto, un segundo después de la caída, la niña se apartó rápidamente de encima de él y se sentó a su lado. Se retiró con una mano el respirador de la boca, mientras con el otro brazo sostenía su muñeca contra su cuerpo.

– ¿Te encuentras bien? – Le cuestionó llena de preocupación al verlo tendido de esa forma; Damian de nuevo fue capaz de captar con claridad su acento.

– Descuida, he tenido caídas peores. – Comentó el muchacho con tranquilidad, sentándose poco a poco. – ¿Tú estás bien?

– Sí, lo estoy. – Respondió apresurada, aunque de inmediato se giró hacia su casa; el fuego y las llamas salían por casi todas las ventanas visibles. – Pero mis padres… mi hermana…

Esas palabras, que se encontraban al borde del llanto, parecieron incomodar enormemente al joven Damian. Antes de que pudiera pensar siquiera en algo que decir, escuchó las sirenas y las campanas tintineantes del camión de bomberos acercándose, hasta colocarse frente a la casa; más vale tarde que nunca, dirían algunos.

Por el rabillo del ojo vio entonces a Black Bat, que se acercaba corriendo desde el frente, sacándole la vuelta a la casa.

– Black Bat. – Exclamó en voz baja, y entonces se puso de pie de un salto. – ¿Hay algún otro sobreviviente?

La joven de cabellos negros se detuvo delante de él, y su respuesta fue simplemente negar con su cabeza de un lado a otro.

– Oh, no… – Escucharon como la pequeña de cabellos rubio exclamaba, y entonces se dejó caer de rodillas al suelo. Comenzó abruptamente a llorar con fuerza, aferrada a su muñeca con ambos brazos, manteniéndola pegada a su pecho.

De nuevo, Damian no pudo evitar sentirse incómodo. Por eso le gustaban más las misiones que involucraban tener que simplemente ir y golpear a uno, dos, o diez delincuentes, dejarles algunos huesos rotos y tan confundidos que ni siquiera recordaran qué los golpeó. Estas otras con reacciones más… emocionales, en verdad no parecía ser lo suyo.

– Oye, tranquila. – Comenzó a murmurar algo dudoso, agachándose frente a ella; la niña tenía la cabeza agachada y soltaba varios sollozos lastimeros. – No tienes por qué llorar por eso ahora. Lo importante es que tú estás viva, ¿de acuerdo? Y es tu responsabilidad continuar con el legado que tu sangre te demanda…

Bien, intentar usar unas palabras de consuelo del libro de autoayuda de Ra’s Al Ghul, posiblemente no eran tan buena idea; incluso Cassandra de pie detrás de él, y entendiendo apenas algunas palabras, se pudo dar cuenta de ello.

Pero fura como fuera, la niña dejó de llorar en ese mismo momento. Con los dedos de una mano se limpió sus ojos, y alzó de nuevo su mirada hacia él. Asintió lentamente con su cabeza, aunque no parecía para nada segura de ello.

Cassandra entonces pareció posar principal atención en esa niña, ya sea consciente o inconsciente, inspeccionando cada movimiento o gesto que hacía, y sobre todo esa muñeca que cargaba consigo en sus brazos…

Los bomberos se encargaban ya de apagar el fuego desde afuera y de comenzar a inspeccionar el interior. Robin y Black Bat dirigieron a la pequeña hacia el frente a la casa, donde la policía, los bomberos, y sus vecinos, aguardaban. Ella caminaba con su mirada fija en el suelo, totalmente inexpresiva. Al llegar al frente, las centellantes luces rojas y azules de las sirenas la hicieron levantar su rostro con curiosidad.

– Descuida, estarás bien. – Le indicó Robin, colocando una mano en su hombro, y sonriéndole levemente. – Las autoridades cuidarán de ti.

– Gracias… Salvaste mi vida. – Exclamó la pequeña apenas con un hilo de voz.

– Es… mi trabajo. – Respondió el chico, un poco apenado; Casandra a sus espaldas arqueó una ceja al ver tal reacción.

– Te regreso tu capa. – Comentó la pequeña, y se disponía a retirarse la capa de Robin, que le había presado para protegerse del fuego.

– No, descuida. – Respondió el chico, extendiendo una mano hacia ella indicándole que se detuviera. – Puedes conservarla.

Esto último también causó cierta sorpresa en la joven de cabellos negros.

– Gracias. – Comentó la niña rubia, regalándole a cambio de su generosidad, simplemente una pequeña sonrisa.

Sin más qué decir o hacer, comenzó a andar ella misma en dirección a las personas. En cuanto la vislumbraron, los paramédicos de la ambulancia se dirigieron hacia ella para asistirla.

Damian no se había sentido precisamente muy seguido de esa forma, desde que comenzó a realizar todos esos trabajos con la identidad de Robin. ¿Qué era exactamente? ¿Cómo lo describiría? Quizás simplemente se podía resumir como… Satisfacción. No había atrapado a los líderes de dos peligrosas facciones de dos poderosas y temidas mafias, pero al menos no había sido del todo una noche perdida…

Al virarse a su compañera, se encontró de golpe con la expresión dura y severa, casi recriminatoria, de Cassandra. Claro, su antifaz lo disfrazaba mucho, pero Damian era más que capaz para percibirlo.

– ¿Qué?, ¿qué miras? – Cuestionó algo molesto. – ¿Qué hice? Éste es el trabajo de los héroes, ¿o no? Es lo que se supone que estoy aprendiendo aquí… O es creo… ¡Pero no importa! Vámonos.

La recriminación silenciosa de Cassandra, si acaso era real, lo obligó a rápidamente tomar su pistola de gancho y apuntar a un edificio cercano e impulsarse hacia arriba. Sólo hasta que estuvo en el aire, se volvió consciente de que ya no tenía su capa, lo que haría un poco más complicado el regreso a casa. Tendrían que parar en algún refugio secundario y tomar un medio de transporte… Si acaso recordaba en dónde estaba uno, y si tenía autorización para abrirlo. Siempre estaba la opción de llamar a alguien para que los recogiera… Pero prefería mejor arriesgarse primero con el refugio, y en segundo lugar barajear la opción e caminar…

Black Ba tardó un poco en seguirlo. Antes de hacerlo, miró por última vez a la pequeña que acababan de salvar. Los paramédicos le habían puesto una frazada sobre los hombros, y ahora estaba sentada en la parte trasera de la ambulancia. La miró fijamente sin razón aparente por unos segundos más, antes de dejarlo por la paz y seguir al joven Wayne por los tejados.

En ningún momento soltó su muñeca, ni siquiera mientras la estaban revisando.

FIN DEL CAPITULO 01

Notas del Autor:

Y ese fue el primer capítulo, ¿qué les pareció? Espero que no les haya parecido algo confusa la situación, en especial a aquellos que no hayan leído Batman Family: Legacy (o incluso a los que la están leyendo actualmente). Básicamente en este punto, Bruce ya no se encuentra, y es Dick quien ha tomado el papel de Batman, y el resto de la familia lo apoya con su misión. Damian y Cassandra llevan poco tiempo en Gótica, y en especial trabajando como Robin y Black Bat, pero intentan adaptarse a ello. Ambos llegaron juntos a la ciudad y ambos se conocen desde hace años. Los porqués y los cómo de ello se explicaran en Batman Family: Legacy, o quizás más adelante en esta misma historia.

Algo que quiero comentar sobre Cassandra, es que siempre he tenido un poco de problema para entender exactamente qué tanto del lenguaje hablado es capaz de entender en esta faceta cuando es muda. Teóricamente hablando, refiriéndonos a cómo describen su habilidad, no debería de entender absolutamente nada. Pero en ocasiones se ve que sí entiende cuando alguien le dice algo, o al menos se da una idea. Así que más o menos así lo estaré manejando.

Como notas adicionales, sólo puedo decir que el Checheno está basado en el respectivo personaje de la película Batman: Dark Knight (aunque el nombre de Mika Dudayev es creado por mí, ya que en la película hasta donde pude investigar, nunca se especificó su nombre real), mientras que el Ruso está basado en el respectivo personaje que aparece en dos de los cortos animados de la antología de Batman: Gotham Knight.

Pero bueno, de momento sería todo. Espero les haya gustado y sigan leyendo el resto de los capítulos, ya que esto apenas va comenzando.

Capítulo Siguiente  

Batman Family: Muñeca Maldita. Damian y Cassandra, ahora con las identidades de Robin y Black Bat, intentan acoplarse con problemas a su nueva vida como héroes de Gótica. Una noche de noviembre, salvan a una niña de un terrible incendio, en el que fallecen sus padres y su hermana mayor. La niña es enviada a un hogar temporal, y la investigación de la policía concluye en que todo fue un accidente. Sin embargo, Damian no está convencido de ello, y desea investigar un poco más el incidente con la ayuda de Cassandra. ¿Qué es lo que descubrirán al final?

+ «Batman» © Bob Kane, DC Comics, Warners Bros. Enternaiment.

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