Fanfic Batman Family: Legacy – Capitulo 12. Que volvieras a nosotros

4 de febrero del 2017

Batman Family: Legacy - Capitulo 12. Que volvieras a nosotros


Batman Family: Legacy

Wingzemon X

Capítulo 12
Que volvieras a nosotros

Miércoles, 24 de julio del 2013

Dick condujo lo más rápido que la ley le permitía, desde Park Row hasta el refugio más cercano que tenían al área industrial del este. No le tomó en realidad tanto tiempo, pues ya era de madrugada, y además era miércoles, por lo que las calles estaban relativamente solas. Ya en el sitio, se cambió de nuevo al atuendo de Batman, y tomó una de las motocicletas ahí guardadas para recorrer la distancia que faltaba hacia su punto de encuentro con Tim; éste lo aguardaba justo en el edificio al otro lado de la calle de la bodega que Bárbara les había enviado a investigar.

El edificio era pequeño, de seguro entre mil y mil doscientos metros cuadrados, de paredes de ladrillo rojo y techo de lámina. Desde su posición, se veía bastante normal, descuidado, y nada llamativo; en verdad parecía estar abandonado, cualquiera supondría que para esos momentos era algún tipo de resguardo para personas sin hogar. Sin embargo, la mayoría de sus refugios esparcidos por toda la ciudad, tenían precisamente esa misma apariencia por afuera, ocultando por completo lo que guardaban en su interior; y estaban lidiando precisamente con alguien que conocía a detalle sus métodos, después de todo. Fue hasta que Tim hizo el intento de explorar el edificio con los diferentes visores integrados de su careta, que pudo darse cuenta de que el edificio no era tan normal como parecía.

– Ni la visión térmica, ni la nocturna, ni siquiera el Modo Detective logran detectar nada del interior. – Señaló Red Robin luego de sus fallidos intentos. – Parece que fue perfectamente aislado contra nuestros visores.

Eso pareciera indicar que es el lugar correcto. – Escucharon a Bárbara en sus comunicadores, que se encontraba en esos momentos en canal abierto con ellos.

En efecto, que se encontraran con un edificio que pareciera haber sido preparado para no poder ser inspeccionado con sus escáneres, mostraba preparación, preparación que sólo podía ir de la mano con el conocimiento adecuado.

– Red Hood podría estar dentro, o conociéndolo podría tener alguna trampa contra intrusos esperando. – Comentó Batman a continuación. – Necesitamos saber qué hay adentro antes de proseguir.

– Podría ser un buen momento para probar este nuevo juguete.

Tim sacó entonces de uno de los bolsillos de su cinturón un pequeño estuche cuadrado de apariencia metálica. Abrió el estuche y lo ladeó para dejar caer su contenido en la palma de su mano izquierda. Dick no identificó muy bien qué era en un inicio. Parecía ser algún tipo de dispositivo redondo, un poco más grande que una moneda de un dólar. Introdujo entones el misterioso dispositivo en un cartucho redondo de goma, y éste en su pistola para ganchos.

– ¿Qué es eso?

– Ya verás.

Tim apuntó hacia la bodega y entonces disparó. El cartucho de goma chocó contra la pared lateral de ésta, rebotando un poco, y luego cayendo al suelo. Dick sacó un par de binoculares electrónicos para poder ver exactamente qué ocurría. El cartucho de plástico se abrió, y entonces pudo ver como del dispositivo dentro surgían algunas patas similares a una araña. Si disponía a preguntarle a Tim qué era eso, cuando vio que en la pantalla holográfica de la computadora de su muñeca, se proyectaba una imagen del sitio exacto en donde en esos momentos estaba el misterioso dispositivo, que comenzó a moverse, controlado por Tim desde la misma computadora. No tenía que ser un genio para darse cuenta de que el pequeño robot araña tenía una cámara, y Tim veía en su pantalla todo lo que ésta alcanzaba.

– ¿Es un nanobot?

– Demasiado grande para ese nombre. – Señaló Tim, mientras movía el pequeño robot por la lateral de la bodega. – Es un pequeño dispositivo espía en el que he estado trabajando. Increíble, ¿no?

Tim hizo avanzar a la pequeña araña robótica, intentando encontrar algún punto de acceso a la bodega; cualquier fisura o ranura en la pared les serviría, y no tenía que ser muy grande. Al final logró introducirse por una separación entre dos ladrillos y abrirse camino. En cuanto ingresó, toda la pantalla se puso totalmente negra, por lo que tuvo que encender la visión nocturna. Claramente del otro lado del muro de ladrillo, había paredes de otro material, quizás algún tipo de láminas de policarbonato. Pero no había problema; sólo ocupaba alguna fisura o agujero para cables o tomas corrientes, y entonces podría ingresar.

Fue complicado, ya que con la visión nocturna no lograba ver muy lejos, y especialmente porque el dispositivo era muy pequeño. De hecho, a Dick le sorprendió que siendo tan pequeño, Tim hubiera logrado colocarle tantas funcionalidades.

– Se ve que realmente esto es lo tuyo, Red Robin. – Comentó sin poder esconder su impresión.

No dejes que se le suba a la cabeza. – Añadió Bárbara con elocuencia.

Cuando al fin su pequeño espía logró ingresar por completo en la bodega, siguió estando totalmente a oscuras. Red Robin hizo que girara un poco sobre sí, sin encontrar ninguna fuente de luz. Quitó la visión nocturna, y pasó a la visión térmica para detectar la presencia de cualquier persona, pero el resultado fue igual; no se veía nada que pudiera indicar la presencia de un ser humano ahí.

– Está totalmente oscuro y no hay fuentes de calor.

– ¿Tiene el Modo Detective?

– No, es demasiado pequeño. Pero es casi seguro afirmar que si hubiera alguien adentro no estaría a oscuras y usando un traje aislante. Probemos por último la visión infrarroja.

Al activar dicha visión, en la pantalla se dibujó lo que ya ambos esperaban con anticipación: decenas de láseres rojos, invisibles al ojo ordinario, cruzando el espacio de la bodega de un lado a otro.

– Sensores de movimiento.

– Por suerte nuestro amigo es pequeño. Busquemos el panel y desactivémoslos de una vez.

Tim comenzó a recorrer el espacio de la bodega, intentando identificar en dónde estaba el panel de control, en base a la posición de los sensores. Eso hubiera sido más sencillo con el Modo Detective, pero no valía mucho la pena pensar en ello. Luego de un par de minutos, la imagen la pantalla comenzó a fallar, a distorsionarse, y al final se puso oscura, y sólo mostraba las letras blanca “Sin Señal”.

– ¿Qué pasó? – Cuestionó Dick, algo alarmado.

– ¡Rayos! – Exclamó Tim por su lado con frustración. – Debió salir del alcance. Aún le faltan algunas mejoras.

Fuera como fuera, Igual a Dick le parecía un invento bastante impresionante.

– Bajemos para investigar antes de que alguien venga. – Le sugirió, y de inmediato ambos se lanzaron al frente, planeando con sus respectivas capas hasta descender lentamente hacia la acera de enfrente.

Se movieron rápidamente por el callejón lateral, buscando alguna entrada. Por lo que pudieron ver sólo había dos: una puerta de garaje para entrada y salida de vehículos de carga medianos, y una puerta trasera. Ambas entradas tenían un panel de lector de huellas digitales para poder abrirse, lo que obviamente era seguridad de más para una bodega supuestamente abandonada.

– Lector de huellas. – Señaló Dick, revisando el panel en la puerta trasera. – Estos no se pueden simplemente hackear tan fácil.

– Permíteme. – Intervino Tim, colocándose frente al panel. – Oráculo, tenemos las huellas de Jason Todd en nuestro sistema, ¿no?

Supongo que es una pregunta retórica, ¿no? – Respondió la voz de Bárbara en el comunicador, y escucharon como tacleaba con velocidad. – Ya te las envíe.

Tim accionó en la computadora de su guante una funcionalidad especial que hizo que las huellas que Bárbara le había enviado, las huellas de Jason, se reflejaran en las puntas de los dedos de su guante.

– Esto nos probará si ésta es realmente la bodega de Red Hood, ¿no?

Red Robin acercó sus dedos al lector, y éste los escaneó. El panel tardó unos segundos en reaccionar, pero luego de ello se iluminó de verde, marcando en la pantalla “Acceso Concedido”. Eso no dejaba lugar a la duda; en efecto, ese sitio debía de ser de Jason.

Abrieron con cuidado la puerta, asomándose hacia el interior; seguía totalmente oscuro como su araña lo había visto. Accionaron ambos su visión infrarroja, notando los rayos de los sensores de movimiento. Entraron rápidamente, cerrando la puerta detrás de ellos. No tardaron mucho en encontrar el panel de seguridad, que estaba en la pared justo a un lado de la puerta.

– Déjamelo a mí. – Mencionó Tim con suma confianza; quizás, más de la que debía.

Inspeccionó el panel con el Modo Detective, revisando sus componentes y mecanismos. Encontró un puerto en la parte inferior del panel, en el que pudo conectar su computadora de manera alámbrica a dicho dispositivo. Comenzó entonces a intentar descifrar la contraseña. Pero justo cuando parecía estar cerca de descifrarlo, el proceso no lograba concluir.

– ¿Qué? – Exclamó sorprendido, y entonces siguió intentándolo, obteniendo el mismo resultado; no lograba burlar la seguridad. – Oh, vamos… ¿Qué clase de…?

Lo intentó una tercera vez, y en esa ocasión parecía que sí lo lograría… Pero ocurrió exactamente lo mismo, lo que pareció causarle gran frustración al muchacho. Al parecer Jason había tomado ciertas medidas especiales contra ataques como ese. Sin embargo, tenían aun una carta bajo la manga.

– Tranquilo, Tim. – Comentó Batman, ligeramente divertido por su reacción de su acompañante. – Oráculo, ¿nos haces el honor?

Será un placer. – Escucharon a Bárbara mencionar, y usando la conexión de Tim pasó a intentar conectarse por su propia cuenta. Tardó un poco más de cinco minutos, pero al final la contraseña apareció en la pantalla de Red Robin: 345712#. – Todo suyo, caballeros…

– Bien, yo lo afloje. – Añadió Tim casi como un berrinche, antes de ingresar el número en el teclado.

– Sí, porque así funciona. – Comentó Dick acompañado de una pequeña risilla.

– Oírte reír con la voz de Bruce es aún más aterrador que si intentaras imitarlo.

Dick se sintió algo incómodo por ese comentario. Ya casi se había tan acostumbrado a ello, que a veces se le olvidaba que tenía el dispositivo de voz de Tim en su máscara, que lo hacía sonar muy similar a la voz de Bruce cuando usaba el traje de Batman.

Una vez que ingresó el número arrojado, los sensores de movimiento se apagaron. Tim buscó a continuación los interruptores de luz, pero Dick lo detuvo rápidamente.

– No, será mejor quedarnos a oscuras, por si Jason viene no vea nada sospechoso desde afuera.

– Está bien, tú eres el jefe.

– No soy… Ah, olvídalo.

Ambos sacaron sus respectivas linternas para comenzar a explorar la bodega a más detalle. Fue una sorpresa para ambos el poder ver con claridad qué era lo que había guardado en ese sitio, aunque quizás no del todo…

Lo primero con lo que se encontraron fue con una serie de motocicletas enfiladas una a lado de la otra, de diferentes colores y tamaños. Había también unos cinco autos deportivos, y… ¿Un tanque? No, era mucho más pequeño, como un vehículo todo terreno blindado, totalmente negro, con detalles en rojo, de enormes ruedas. Había también estantes y vitrinas llenas de rifles de asalto de diferentes modelos, pistolas, bazucas, granadas, cuchillos… De todo un poco, y suficientes para un pequeño ejército privado.

Tim no pudo evitar soltar un pequeño silbido de admiración por todo lo que veían.

– ¿De dónde rayos crees que sacó el dinero para todo esto? – Murmuró Red Robin mientras alumbraba con su linterna uno de los vehículos.

– Creo que me puedo dar una idea. – Comentó Dick, al tiempo que él inspeccionaba las armas. – ¿Alguna vez te conté de Red X?

– ¿Qué? – Cuestionó confundido el joven de cabellos negros, mirándolo sobre su hombro.

– Nada, olvídalo. Creo que será una historia para otro momento.

Luego de un rato de estar revisando, las luces de sus linternas se encontraron con un largo escritorio con tres pantallas planas; una computadora.

– Bien, de ésta sí me encargo yo. – Comentó Tim con entusiasmo, acercándose rápidamente al escritorio.

– No es una competencia, Red Robin. – Dijo Dick, divertido por su reacción.

Pero si lo fuera, sabemos quién ganaría. – Se escuchó como Bárbara comentaba justo de inmediato.

– Ja, ja.

Tim colocó la linterna sobre el escritorio y se sentó en la silla frente a éste. Mientras él estaba en ello, Batman seguía inspeccionando el lugar, para ver si encontraban algo más que les pudiera ser de utilidad.

– Veamos que podemos sacar de aquí.

Tim encendió la computadora y esperó que inicializara. Esperaba lo común: un formulario de ingreso que pidiera un usuario y contraseña, algunas medidas de seguridad y protecciones que habría que saltarse, que quizás viniendo de quien venían resultarían ser tediosas, más no invencibles. Fuera lo que fuera, al final lograría entrar. No era Oráculo, y quizás su conocimiento del manejo de hardware era mucho mayor que la de software, pero se consideraba a sí mismo bastante decente para lograrlo. Sin embargo, cuando el computador inició y los monitores se encendieron, lo que vio lo dejó atónito.

Se quedó unos segundos viendo fijamente las imágenes ante él, preguntándose a sí mismo si lo que veía era cierto, mas no parecía haber ningún motivo por el cuál dudarlo.

– Ah, Night… Digo, Batman. – Exclamó Red Robin con la fuerza suficiente para que su compañero lo escuchara. – Tienes que ver esto.

Dick se viró hacia él sobre su hombro al ver como lo llamaba. Confundido por el extraño tono que había usado, se le acercó por detrás, parándose atrás de la silla en la que se encontraba sentado, para así poder ver los monitores. Su reacción al verlos, no fue muy diferente a la de Tim.

Los tres monitores reflejaban lo mismo: un fondo azul destellante, con el nada sutil logo del murciélago de Batman en tercera dimensión, girando lentamente sobre sí mismo de manera horizontal. Esa pantalla de inicio le era más que conocida a ambos…

– Es la interfaz de la Baticomputadora. – Señaló Dick, exteriorizando lo que el chico pensaba. – ¿Acaso está emulando nuestro sistema?

– No, no creo que sea eso… creo que…

Tim no terminó sus palabras. Comenzó apresurado a teclear, y el monitor principal se puso negro, con una delgada línea azul brillante cruzándolo de extremo a extremo.

– Computadora, Iniciar Sesión. – Comentó el chico en voz baja pero clara. – Petirrojo Rojo 24ZCH8D.

La línea azul en el monitor se movía y agitaba conforme Tim hablaba. Una vez que terminó, una barra de progreso tomó su lugar, y en menos de un segundo terminó de llenarse.

Usuario reconocido. – Se escuchó que pronunciaba una voz electrónica desde los parlantes. – Timothy Drake – Red Robin A06. Nivel de Acceso Alto.

En el monitor del lado izquierdo, apareció el escudo del ave dorada sobre el fondo negro, el mismo que usaba en su pecho, así como los últimos archivos y notificaciones que había visto; incluso estaba la información que Bárbara le había enviado hace unos minutos para abrir la puerta.

– No puede ser. – Exclamó estupefacto al ver que su pequeña prueba había resultado justo como esperaba. – No está emulando nada, esta computadora está conectada a nuestra red, es una terminal de la Baticomputadora.

¿Qué? – Soltó Bárbara de golpe, incrédula por tal afirmación, e incluso algo ofendida. – Eso es imposible. Ejecuto análisis de vulnerabilidades y accesos a nuestra red de manera periódica, y nuestro Firewall es más seguro que el de la NASA. Si hubiera algún acceso intrusivo, incluso un intento de ello, ya lo hubiera detectado.

Dick no sabía qué pensar. No sólo Bárbara, el propio Bruce había dedicado gran tiempo, esfuerzo y cuidado a construir esa red secreta y privada de información, que pudiera estar a nuestro alcance de manera segura, y sólo accesible para ellos por todos los medios. Más de uno había intentado penetrar su seguridad, y nadie lo había logrado jamás. Era poco probable que alguien lo lograra, pero si alguien podía estar al menos cerca de lograrlo, sería alguien con conocimiento de su manera de trabajar, de sus dispositivos y de su conexión, y ese alguien sólo podía ser Jason.

Pero Bárbara tenía razón en que, aun suponiendo que hubiera logrado ingresar, sería difícil que igualmente hubiera logrado pasar inadvertido a los agudos ojos de Oráculo, o incluso de Batman. Al menos qué…

Una posibilidad, sencilla y plausible de hecho, le cruzó por la cabeza al nuevo Batman.

– ¿Qué tal si no es intrusivo? – Comentó de pronto en voz baja. – Oráculo, revisa el historial de conexiones del usuario de Robin A05.

¿El usuario de Jason? ¿Enserio crees que se esté conectando usando su viejo usuario? Bien, si quieres lo reviso. – Totalmente escéptica de la posibilidad, comenzó a revisar lo más rápido posible la lista de usuarios. – Pero estoy segura de que quedó deshabilitado luego de… – Sus palabras fueron cortadas de tajo, y le siguió un largo momento de silencio. – ¿Qué? Esto no tiene sentido…

– ¿Qué ocurre?

No puedo ver la información del usuario. Parece que está restringido sólo para… Acceso Máximo. – Esas palabras tomaron por sorpresa a Tim y a Dick, incluso a éste último que parecía que de cierta forma se esperaba algo. – Pero se supone que soy la Administradora de la Red, debería de poder ver toda esa información sin problema… Es el único usuario con esta característica.

Si algo en sus datos estaba restringido sólo para Acceso Máximo, no tenían que pensarlo demasiado para dar con el responsable de ello: Bruce. Es el único que podría haber restringido la información del usuario a espaldas de todos, incluso de Bárbara. ¿Por qué había hecho todo esto? ¿Qué más deseaba ocultarles?

Esto comenzaba a cansar.

– Ya es suficiente. – Exclamó con ligera molestia y entonces accionó la propia computadora de su guante. La pantalla holográfica se reflejó en el aire frente a él y Tim vio como rápidamente comenzaba a hacer algunos cambios de configuración.

– ¿Qué estás haciendo? – Le cuestionó Red Robin, curioso.

– Les daré Acceso Máximo a sus dos usuarios.

¿Qué? ¿Estás seguro? – Exclamó la pelirroja al escucharlo.

– Bruce podrá haber tenido sus motivos para aplicar estas restricciones. Pero si vamos a continuar este trabajo tenemos que hacerlo todos juntos. No más archivos restringidos entre nosotros.

– ¿También me lo darás a mí? – Cuestionó Tim, incrédulo.

– Oye, me fui hace tres años, ¿lo olvidas? Tú sabes más de lo que pasa actualmente en esta ciudad que yo.

– Está bien. Tú eres el jefe.

– No soy… – No terminó lo que quería decir, y en su lugar se apresuró a terminar los cambios. – Listo, ya quedó.

Déjame pruebo.

Bárbara tuvo que cerrar su sesión y luego volver a entrar. Al ingresar, la notificación de cambió de configuración de su usuario fue lo primero que le saltó en la pantalla; parecía el cambio en efecto era un hecho. Se dirigió de inmediato de nuevo a la lista de usuarios, para poder ver la información de Robin A05, y en esta ocasión ya fue capaz de verlo todo. Y de nuevo, la sorpresa la volvió a invadir, ahora debido a sus descubrimientos.

– No puede ser. – Susurró en voz baja con asombro. – Al parecer el usuario de Jason no sólo está habilitado, se ha estado conectando regularmente…. Por lo últimos cinco años. Jamás me di cuenta ya que todo su registro de actividades está restringido… Pero eso querría decir que….

– Bruce debió de saberlo y restringió su información apropósito. – Se apresuró Dick a completar lo que de seguro le cruzaba por la cabeza.

Pero… ¿Cómo? Hay algo extraño aquí. Denme un minuto.

Los veloces dedos de Bárbara contra las teclas de su computadora se volvieron claramente presentes en su canal abierto. En esos momentos no sólo se oían veloces, sino que podían percibir como presionaba cada una con fuerza, casi con enojo. Y de hecho, no estaba del todo errada en sentirse así. Luego de todo el tiempo y esfuerzo que le había dedicado todos esos años al mantenimiento y actualización de su red de información, le ofendía un poco la sola idea de que Bruce la hubiera hecho a un lado de esa forma, y aun peor, sin que lo supiera siquiera.

Pero Bárbara no tenía tiempo para pensar en todo ello. Debía descubrir el fondo de esa historia, empezando por cómo el usuario de Jason volvió a estar habilitado, si Bruce en verdad se había dado cuenta, y por qué no hizo nada al respecto de ser así. Tardó unos minutos en recobrar toda la información, incluso más de la que había supuesto en un inicio.

– Cielos. – Exclamó, aunque esta vez ya no tan sorprendida o impactada, sino quizás ya algo más “resignada” a las sorpresas.

– ¿Qué ocurre, Oráculo?

Si te soy sincera, no estoy segura. Es una verdadera maraña lo que estoy viendo con respecto a este usuario. Pero, por lo que logro entender, me parece que hace cinco años Jason descubrió como conectarse a nuestra red e intentó hackearnos para habilitar su usuario. Fue sigiloso, pero sí quedó registro de sus intentos, aquí están en las bitácoras; pero de nuevo, estaban restringidos… Lo que significa que alguien, y todos sabemos quién, debió de haberlo detectado. Luego de un tiempo, el usuario de Jason fue habilitado, pero no fue él mismo quien lo hizo, sino que fue Bruce, fue su usuario el que lo habilitó. Pero… Creo que lo hizo para ponerle una trampa.



– ¿Qué clase de trampa? – Cuestionó Tim, al parecer muy curioso por lo que les relataba.

Instaló un programa ligado al usuario de Jason, qué guardaba cada acción, cada archivo abierto, cada conexión, pantalla y búsqueda mientras tenía su sesión abierta. En otras palabras, cada vez que se conectaba, monitoreaba todas sus acciones, y las estuvo guardando por los últimos cinco años.

Lo que Bárbara acababa de contarles podría considerarse extraño, incluso sorprendente. Pero, ¿difícil de creer o de entender?, en lo absoluto. De hecho, toda esa información que les acababa de compartir, no hacía más que esclarecer en gran medida para Dick, varias de las preguntas que se había estado haciendo en esas últimas horas.

– Ahora todo tiene sentido. – Señaló con firmeza. – Bruce le dio acceso a Jason a nuestra red para vigilarlo y tener registro de sus actividades, sin que Jason lo supiera ya que creyó que él lo había logrado por su cuenta. De esa forma Jason obtenía información de los villanos que Bruce investigaba, y éste mantenía a Jason vigilado, y quizás de esta forma fue como pudo descubrir gran parte de la nueva información que tenía de Jason.

¿Tenía sentido? ¿Lo explicaba todo? Quizás. Pero eso no lo hacía más fácil de digerir.

¿Por qué nunca nos dijo nada de esto? – Soltó Bárbara con enojo. – ¿Por qué ocultárnoslo? No puedo creerlo.

– La verdad, yo sí. – Respondió Dick con seriedad. Comprendía el enojo de Bárbara, pero ciertamente esas acciones por parte de su antiguo mentor, no le sorprendían tanto. – Pero dejemos eso para después. Es ese programa que dijiste que Bruce colocó, ¿puedes ver qué fue lo último Jason estuvo revisando en la computadora?

Debería. Les pasaré la información a la cuenta de Tim para que puedan verlo allá.

Dick se inclinó un poco hacia la computadora del escritorio para poder ver mejor. Teniendo abierta la sesión de Tim, podían ver lo que Bárbara les enviaba.

– Al parecer estos días estuvo revisando varios datos y archivos de las operaciones de Máscara Negra y el Pingüino. – Comentó la pelirroja, explicando al mismo tiempo que ellos mismos veían los documentos. – Es básicamente la misma información que les mostré hace rato.

– ¿Qué fue lo más reciente? – Cuestionó Tim.

Déjame ver.

Luego de un par de segundos, el expediente de una persona en especial apareció en la pantalla del computador, con toda su información personal. Se trataba de una mujer; en la foto del expediente, se veía que era rubia y de cabello corto, de piel bronceada.

– Lo último que estuvo haciendo fue revisar este archivo. Es el expediente de una mujer de nombre Tracey Buxton, Subdirectora de Enchanted Inc. una empresa de inversiones y exportaciones comerciales. De acuerdo a esto, Bruce estuvo investigando por largo tiempo los posibles nexos entre Enchanted Inc. y las operaciones ilegales del Pingüino.

– Recuerdo un poco de eso. – Comentó Tim, chasqueando los dedos. – Me parece que de hecho, encontró suficiente evidencia para suponer que Enchanted Inc. Se encargaba de todos los lavados de dinero y tráfico de armas del extranjero del Pingüino.

– Suena suficiente para llamar la atención de Jason. – Añadió Dick. – ¿Pero qué tendrá pensado hacer con ella?

Estuvieron un rato analizando la información del expediente de esa mujer, y también de Encanted Inc. en general. Al parecer lo que Tim había dicho era cierto; Bruce había encontrado bastante evidencia que relacionaba a dicha empresa con las operaciones del Pingüino, sobre todo en los últimos meses, que concordaban con la aprehensión de Cobblepot. ¿Coincidencia?, era poco probable.

Tengo una actualización. – Comentó Oráculo luego de un largo rato. – Investigué un poco sobre Tracey Buxton en internet, y al parecer no es más Subdirectora; acaba de tomar las riendas de Enchanted Inc. como Directora interina este mismo lunes, luego de que el sábado pasado el antiguo director, Roland August, muriera en un extraño accidente de auto.

– ¿Qué tan extraño?

Tan extraño como que su auto cayó del barranco Hillweight en picada hacia el agua y explotó… El expediente policíaco lo marca como un caso abierto, y aún siguen investigando; pero al parecer no quedó mucho para investigar.

– El sábado, justo el día después del escape del Pingüino. – Señaló Red Robin. – Supongo que está de más mencionar que no fue casualidad.

– En efecto. – Añadió Batman, sumamente pensativo. – Si tuviera que adivinar, diría que Enchanted Inc. es una tapadera para administrar los negocios sucios de Cobblepot. Al salir de prisión y ver el estado actual de su imperio, de seguro culpó al señor August de todo ­­­ello, lo eliminó y lo hizo pasar como un accidente. Y ahora es responsabilidad de la señorita Buxton arreglar lo sucedido.

¿Crees que Jason intente hacerle algo…?

– No lo sé. No sabría decir de qué sería capaz en estos momentos…

Esa pequeña expedición al departamento y al refugio secreto de Red Hood, había sido realmente ilustrativa. Por un lado, confirmaba aún más el hecho de que Bruce ya sabía de antemano gran cantidad de todo lo que ahora sabían, y eso les provocaba cierta mezcla de opiniones y sentimientos. Pero dejando eso de lado y siendo más objetivos, era evidente que Jason estaba planeando su próximo movimiento, y éste de seguro iba a ser contra el Pingüino, e involucraba a esta mujer. ¿Pero qué sería?, ¿dónde estaría en esos momentos?

Un sonido distante, pero cada vez más cerca, llamó la atención de ambos de golpe. Era el sonido del motor de un vehículo, entrando por el callejón, y parándose justo frente a la puerta de acero de entrada para camiones.

– Alguien viene. – Susurró Tim muy despacio. – ¡Rayos!, de seguro es él. Computadora, Cerrar Sesión.

La sesión tardó unos cuantos segundos en cerrarse, y rápidamente Tim pasó a apagar la computadora e incluso acomodar la silla; todo justo y como estaba antes de que llegaran.

– Rápido, ocultémonos. – Sugirió Dick, alzando su pistola de gancho hacia el techo. Tim le siguió y ambos se engancharon a una de las vigas de acero sobre ellos y se elevaron con rapidez hasta quedar de cuclillas sobre ésta.

Apagaron sus linternas y aguardaron; el sonido del motor en la puerta de cochera seguía andando. Sólo un segundo después, Batman se dio cuenta del horrible descuido que acababan de tener.

– ¡Tim!, los sensores de movimiento. – Le murmuró casi entre dientes.

– ¡Oh!, ¡rayos! – Exclamó Red Robin alarmado, y entonces se lanzó rápidamente de vuelta a tierra.

– ¡Espera!, ¡No!

Tim corrió a toda velocidad hacia el teclado de la alarma, que se encontraba justo al lado de la puerta. Tecleó velozmente la clave y entonces el panel de seguridad comenzó a soltar varios pitidos consecutivos. Sólo tenía unos cuantos segundos para volver a la viga antes de que los sensores se activaran. Un cálculo rápido le indicó que si lo hacía, posiblemente los sensores lo atraparían en pleno vuelo. Por ello, en su lugar se lanzó hacia el área de las motocicletas y se ocultó entre las sombras.

Los sensores volvieron a activarse apenas dos segundos antes de que la gran puerta mecánica comenzara a alzarse. Las luces delanteras del convertible rojo vino alumbraron el interior de la bodega, ya en esos momentos totalmente a oscuras. Antes de introducir el vehículo, la persona en él se bajó y caminó hacia un teclado numérico para la alarma, idéntico al de la puerta, pero que se encontraba a lado de la entrada de vehículos. Estaba oscuro, y ninguno de los dos desde su posición logró verle con claridad el rostro.

Al ingresar la contraseña, los sensores se apagaron por segunda vez en la noche. La persona volvió a salir, se subió al vehículo y lo condujo hacia adentro. El motor del vehículo se apagó, y su conductor se bajó azotando un poco la puerta. El sonido de sus zapatos contra el suelo del cemento resonaba en el eco del espacio cerrado. Accionó un interruptor en la pared, y la puerta mecánica comenzó a bajar. Antes de que terminara de cerrarse por completo, el recién llegado activó las luces fluorescentes que colgaban del techo, alumbrando todo lo que ellos sólo habían visto con la luz de sus linternas; Dick y Tim se ocultaron aún más de la vista cuando las luces prendieron.

Era obvio de quién se trataba, pero una vez que las luces se encendieron fue confirmado

Jason vestía una camisa rojo oscuro y un traje negro, totalmente diferente a lo que usaba cuando lo vieron apenas unas horas atrás; ¿a dónde había ido? Además, Dick notó que tenía su fleco teñido, como en las fotos de sus identificaciones falsas. El chico pasó su mano por su nuca, como seña de cansancio, y comenzó a caminar por la bodega, posiblemente en dirección a la computadora. Introdujo su otra mano en el bolsillo de su pantalón, y sacó su teléfono celular. Le echó un vistazo rápido, pero lo dejó sobre el escritorio al final. Soltó un pequeño bostezo al aire y entonces se dejó caer de sentón en su silla.

Batman y Red Robin se debatían cada uno por separado qué hacer. Lo peor era que desde sus respectivas posiciones, ni siquiera podían verse el uno al otro como para ponerse de acuerdo aunque fuera a miradas. ¿Debían de emboscarlo? ¿O quedarse a observar más rato qué era lo que haría? ¿Quizás simplemente bajar e intentar hablarle?

Jason, sentado en su silla, se frotó un poco los ojos con sus dedos. Parecía pensativo, quizás intentando acomodar sus ideas de alguna forma. Abrió los ojos, y estos por sí solos se centraron en el piso, más específicamente en el piso bajo el escritorio. Algo redondo y brillante llamó su atención; era pequeño, aparentemente metálica, y tenía… ¿patas? Se quedó unos segundos, admirando ese extraño objeto, intentando asimilar por completo de qué se trataba. Pero por más que lo miraba, sólo podía llegar a una conclusión: era una araña robot…

El cansancio se esfumó de golpe del cuerpo de Jason y sus instintos se pusieron al límite. Miró de reojo a un lado y luego al otro, sin girar su cabeza ni un milímetro para no revelar su intención. Acercó su silla a su computadora, y la encendió. Pareció esperar a qué ésta iniciara, pero en realidad, llevó su mano derecha a la parte debajo del escritorio… En donde tenía oculta un arma.

Tim fue el primero en detectar su intención. Rápidamente salió de su escondite, saltando en el aire y lanzando un Batarang hacia él. Jason se lanzó hacia un lado para esquivarlo, y su proyectil terminó por encajarse justo en el monitor del centro. Jason rodó por el suelo, y apenas pudo incorporarse un poco, comenzó a disparar hacia Tim, quien corrió rápidamente esquivando las balas y cubriéndose tras una columna.

Parecía que el simplemente intentar conversar había quedado descartado.

Aprovechando su posición elevada, Dick se lanzó rápidamente hacia Jason por detrás para tomarlo por sorpresa. Sin embargo, él pareció verlo venir y rápidamente se giró sobre sí mismo, lanzando una patada, golpeando a Dick en el aire y lanzándolo hacia un lado contra uno de los automóviles.

– Vaya sorpresa. – Exclamó Jason con fuerza, sujetando su arma con ambas manos mientras retrocedía al área en la que tenía más armas; abrió una vitrina, sacando otra pistola similar a la que ya tenía. – No esperaba verlos tan pronto, amigos míos. De un Robin a otro, ¿puedo preguntar cómo me encontraron?

– Seguimos el rastro de migajas de pan. – Comentó Tim, sin mucha intención de parecer gracioso. Se asomó apenas un poco por la orilla de la columna para ver, pero un instante después un disparó chocó justo contra el concreto, obligándolo a ocultarse de nuevo.

Dick se incorporó, viendo rápidamente la posición de Jason y la de Tim. Jason apuntaba con un arma hacia Red Robin, y con la otra a él.

– Jason, tranquilízate sólo un momento, ¿quieres? – Le dijo Batman con firmeza, alzando un poco sus manos. – No queremos pelear contigo.

– Díselo al mocoso que me debe un nuevo monitor.

En ese momento, Tim salió de detrás de la columna, barriéndose en el suelo para lanzarse hacia detrás del convertible rojo. Jason dio cuatro disparos, de los cuales tres dieron en el suelo, y el cuarto en el cofre del auto.

Aprovechando ese momento en el que su atención se centró en Tim, Dick se lanzó rápidamente hacia él. Jason lo miró por el rabillo del ojo, y apenas y logró girarse y dar un disparo, mismo que Dick esquivó, y entonces el nuevo Batman ya estaba frente a él. Lo golpeó en su muñeca haciendo que soltara una de sus armas. Luego dirigió su otro puño directo a su cara, pero Jason lo repelió rápidamente hacia un lado. Intentó volverle a disparar, pero Dick logró desarmarlo también.

Su enfrentamiento se convirtió de nuevo a un combate cuerpo a cuerpo. Ambos se lanzaron golpes el uno al otro, hasta que Dick logró tomarlo del brazo y hacerle una ligera llave, haciendo que doblara el cuerpo hacia abajo.

– ¿A qué hueles? – Comentó Batman, al percibir un extraño aroma en ese pequeño momento. – ¿Colonia? ¿Perfume? ¿Acaso vienes de una cita? Hace sólo unas horas acabas de volar una fábrica entera en pedazos.

– Oye, yo sí tengo una vida.

Rápidamente Jason subió unos de sus pies y lo apoyó contra la vitrina de armas, empujándose con ello y empujando a su tiempo a Dick al suelo, y haciendo que lo soltara. Jason rodó lejos de él hacia donde había quedado una de sus armas, pero Red Robin apareció antes, pateando su arma lejos de él.

– ¿No eres lo suficientemente hombre para pelear sin tus armas? – Clamó Tim con fuerza, a lo que Jason bufó, divertido.

– No hables de ser hombre hasta que tengas el pelo suficiente en el cuerpo, mocoso.

Jason se le lanzó encima a atacarlo a puño limpio, justo como había pedido. Tim también contraatacó, y por un rato cada golpe era esquivado o bloqueado, y ninguno lograba tocar al otro, hasta que luego de que Tim lanzara un golpe, Jason logrará tomarle el brazo con fuerza, y hacerle una llave, y literalmente mandarlo a volar contra sus motocicletas, derribando varias de ellas.

– Tengo curiosidad. – Comenzó a declarar el chico de traje negro, al tiempo que levantaba sus armas y sus dos atacantes volvían a incorporarse. – ¿Qué tenían pensado hacer viniendo aquí? ¿Cuál es su plan conmigo exactamente? ¿Me van entregar a la policía? Saben que no pueden arriesgarse a ello, considerando todo lo que sé de todos ustedes. ¿A cuántos criminales en prisión les interesará saber la verdadera identidad del nuevo Batman? O incluso saber que de hecho hay un nuevo Batman. Pero, ¿qué alternativa les queda? Son demasiado mojigatos e hipócritas para matarme. Al menos de que la Baticueva ahora tenga una Batiprisión en la que me quieran meter, no tengo idea de cuál será su siguiente paso, y creo que ustedes están en igual condición, ¿o no?

– La idea de meterte en un agujero para que no veas nunca más la luz del sol no me parece tan mala. – Respondió Red Robin lleno de enojo, al lograr ponerse de nuevo de pie. Estaba por lanzarse una vez más, pero Dick intervino primero.

– Tim, aguarda. – Exclamó con fuerza, alzando una mano hacia él, indicándole que se detuviera.

Un rato de silencio después, dirigió su mano derecha hacia su capucha, haciéndola hacia atrás y dejando su rostro totalmente expuesto. Jason arqueó una ceja, confundido; ¿qué se supone que se debía significar eso?

– Escucha, lo creas o no, no venimos a hacerte ningún mal, queremos ayudarte. – Comentó a decirle con suma calma, intentando no alterar a nadie. Lo llamativo de ello, y que Jason detectó casi de inmediato, es que al quitarse la capucha, volvió a hablar con su propia voz, ya no más con la de Bruce. ¿Era eso lo que quería lograr? – Has hecho demasiados destrozos desde que te volviste Red Hood. Has matado, has robado, has agredido, has causado violencia desenfrenada por toda la ciudad, justo lo que Bruce jamás quiso que hiciéramos.

– ¿Y cómo está él ahora? – Contestó de golpe de manera tajante. – Tal vez un poco de violencia desenfrenada fue justo lo que le hizo falta.

– ¿Cómo te atreves a hablar de él de esa forma? – Soltó Tim de golpe, aún más enojado que antes. – No tienes ni idea de todo lo que Bruce se preocupaba por ti, y ni siquiera te lo mereces.

– ¡Tú eres el que no tiene ni una idea, así que cállate! – Le gritó Jason con fuerza, apuntándolo directamente con una de sus armas. – ¿Qué me vas a decir tú de si le preocupaba o no a ese sujeto…?

– Lo que dice es verdad, Jason. – Intervino Dick, intentando llamar de nuevo su atención. – A pesar de todo lo que has hecho, del camino totalmente equivocado que has tomado… Bruce jamás perdió las esperanzas en ti. Siempre te siguió viendo como parte de nuestra familia. Aun hasta su último momento, siempre esperó que volvieras a nosotros…

– ¿Y tú cómo sabes eso, Neoyorquino? Tú te fuiste de aquí precisamente para alejarte de él, ¿o no? ¿Te lo dijo en un sueño o qué?

– Lo dijo en un video…

Esa respuesta sencilla y poco informativa, de nuevo dejó confundido al segundo Robin.

– Te lo dije esa mañana en la mansión, pero no me quisiste escuchar. Nos dejó un video con un mensaje para cada uno, incluido tú. En ese mensaje no sólo te hablaba directamente a ti, te pedía disculpas… Bruce disculpándose, como nunca lo había visto.

El rostro de Jason se puso sumamente serio y frío de golpe. Miraba fijamente a Dick, como intentando ver a través de su rostro, de sus palabras y de sus intenciones. Era difícil para el joven Grayson determinar si lo que decía tenía algún efecto positivo o negativo en él. También era difícil predecir qué pasaría si seguía presionando más en ese punto… Pero debía intentarlo.

– ¿Cómo crees que obtuviste acceso a la computadora? – Soltó de golpe, tomando por sorpresa incluso a Tim. – Sabemos que esa computadora se está conectando a nuestra red. ¿Por qué crees que es eso?, ¿por qué lograste hackear nuestro sistema? Pues no, fue Bruce quién te concedió el acceso, y estuvo monitoreando todo lo que hacías durante todos estos años.

Los ojos de Jason se abrieron de par en par ante el asombro de lo que acababa de escuchar. Se quedó totalmente inmóvil, quizás intentando asimilar todo ello. A Tim le cruzó por la cabeza que ese sería un buen momento para tomarlo por sorpresa y dejarlo fuera de combate. Sin embargo, estaba seguro de que a Dick eso no le agradaría ni un poco. Parecía convencido de que esa plática tendría algún tipo de efecto en ese sujeto… Pero él lo dudaba por completo.

– Eso no es verdad… – Murmuró en voz baja el chico con las pistolas; ese tono sarcástico y confiado de hace unos momentos, había desaparecido en su totalidad.

– ¿Enserio piensas eso? Es de Bruce de quien hablamos, ¿lo olvidas? – Jason no pronunció palabra alguna como respuesta. – ¿Cómo crees que dimos con este lugar? ¿Cómo crees que dimos con tu departamento en Park Row en el que usaste el apellido de tu madre biológica para alquilarlo? – Eso último sí logró crear una marcada reacción de sorpresa de Jason. – Bruce siempre supo en dónde estabas, siempre supo lo que hacías. De haber querido aprehenderte o de haber querido encargarse de ti, lo hubiera hecho hace mucho tiempo, cuando quisiera. Pero no lo hizo, porque jamás perdió las esperanzas en ti.

Dick dio un par de pasos hacia él, y Jason alzó su arma, apuntando directo a su cara. Dick no creía que le fuera a disparar; no pensaba que ninguno de los disparos que les había hecho esa noche, hubiera sido con la intención de matarlos. Simplemente intentaba intimidarlos, demostrar un punto, demostrar su posición y su supuesta superioridad. En el fondo, parecía más asustado que otra cosa…

A su mente volvió por unos momentos la imagen de aquel niño que llegó inesperadamente a sus vidas, así como él mismo en algún momento lo había hecho. La emoción, la amargura, la confusión, todo eso se congregaba en ese pequeño, y aun podía ver mucho de ello justo en el hombre ya adulto delante de él. En el fondo, ese hombre malhumorado, sarcástico, agresivo y violento, seguía siendo ese niño que aquel caluroso día de verano hace doce años, se divertía con ellos en la piscina. Dick lo creía; tenía que creerlo.

– Yo no soy Bruce, y jamás lo seré. – Prosiguió. – Pero tampoco he perdido del todo la esperanza en ti. Ven con nosotros, Jason. Deja todo esto. Vuelve a ser nuestro aliado, nuestro hermano… No tienes que seguir esta cruzada de odio contra el mundo. No tienes que seguir estando solo…

De nuevo, Jason permaneció en absoluto silencio, con sus manos firmes en las empuñaduras de sus armas, y sus dedos en los gatillos. Respiraba lentamente, y miraba a Dick con expresión fría y serena, que si se observaba con cuidado podría detectarse sumamente forzada. ¿En qué pensaba? ¿Qué era lo que le cruzaba por la cabeza en esos momentos? ¿Qué era lo siguiente que haría?

Luego de un largo rato de silencio, Jason cerró unos momentos sus ojos y aspiró con fuerza una bocanada de aire. Abrió de nuevo los ojos, proporcionándole una mirada más dura y severa al primer Robin…

– Ya es muy tarde para eso…

Antes de que alguno de ellos pudiera reaccionar, Jason giró rápidamente, y apuntó sus armas a los tanques de oxígeno en una esquina. Disparó dos veces hacia ellos y lo siguiente que pudieron ver fue una fuerte explosión que hizo retumbar todo el lugar.

Mientras Batman y Red Robin se protegían por mero reflejo, Jason se dirigió rápidamente al escritorio, tomando de regreso su celular. Corrió apresurado hacia la entrada de cochera, disparando repetidamente hacia atrás para alejarlos lo más posible, mientras abría a compuerta y se subía al vehículo. Encendió el carro y entonces revisó rápidamente su celular, activando una señal especial.

Dick se colocó de nuevo la capucha y se dirigió junto con su compañero hacia Jason y su vehículo para detener su huida. Sin embargo, a medio camino, algo llamó su atención. Desde su celular, Jason había activado cuatro dispositivos, uno en cada esquina de la bodega, de gran tamaño y los cuatro con una luz roja que comenzaba a brillar con más rapidez a cada segundo.

– ¡Tienes que estar bromeando! – Exclamó Tim, incrédulo al reconocerlos: artefactos explosivos.

Jason metió reversa a toda velocidad, y el convertible rojo salió disparado por la puerta, para luego incorporarse al callejón y después a la calle y alejarse lo más rápido posible. Por su lado, Batman y Red Robin sólo podían preocuparse en esos momentos por una cosa: salir lo más rápido posible de un edificio a punto de explotar… Por segunda vez en una misma noche.

Ambos corrieron con todas sus fuerza, saliendo por la misma puerta que Jason y su vehículo. Una vez que pusieron un pie afuera, dispararon sus ganchos hacia la cornisa del edificio más cercano, y se elevaron a toda velocidad por los aires. A medio camino en pleno vuelo, pudieron ver sobre sus hombros como todo el interior de la bodega se iluminaba y cubría de una gran bola de fuego. Las paredes colapsaron hacia adentro un segundo después, y el techo cayó estrepitosamente. Una densa nube de polvo y humo se expandió en todas direcciones, e incluso a ellos en la cima del edificio les llegó un poco de ello.

En un abrir y cerrar de ojos, el sitio pasó de ser una bodega abandonada, a un terreno baldío lleno de escombros, fuego, y humo. Ambos miraron a la calle, y no pudieron percibir ni rastro alguno del vehículo de Jason; se había esfumado.

– ¡Se acabó! – Exclamó Tim, molesto. – ¡Ya he tenido suficientes explosiones por una noche! ¿Por qué rayos hizo eso? Todas las armas y vehículos que tenía ahí… No le importó ni un comino.

De seguro había algo que no quería que encontráramos. – Mencionó Bárbara por el canal aun abierto de comunicación.

– ¡O quizás simplemente se volvió loco! Escuchen, sé que él era su amigo y todo eso, pero es obvio que es imposible razonar con él en estos momentos.

Tim miró a Dick fijamente en busca de alguna réplica, pero no fue así. Parecía anonadado; no en sí por la explosión, sino por el hecho de que Jason haya reaccionado de esa forma a sus palabras.

No te sientas mal, Dick. – Escuchó que Bárbara le decía. – Lo intentaste, es más de lo que Bruce podría haberte pedido.

– Lo sé. – Suspiró el joven Grayson algo resignado; Bárbara aun a la distancia, parecía haber acabado de leerle su mente a la perfección. – Tim tiene razón, ha sido suficiente por hoy. Volvamos a casa…

Ambos se engancharon de un edificio más alto, para elevarse lo suficiente y planear hacia donde habían dejado sus respectivas motocicletas, y poder irse a casa a descansar aunque fuera un poco.

FIN DEL CAPITULO 12

Notas del Autor:

Y terminamos otro capítulo de las aventuras del Nuevo Equipo Batman intentando hacer que el malhumorado de Jason dejé de ser tan malhumorado; eso lo resume bien, ¿no? Cómo sea, los próximos… Dos capítulos más o menos, estarán un poco más tranquilos, me parece, y quizás salgan un poco más cortos. Pero luego de eso empezará ya la recta final de este primer Arco de Red Hood. Quizás no lo parezca, pero estoy intentando ir un poco más rápido y concentrarme en lo más importante… O en lo que yo creo que es lo más importante. Pero bueno, ¿qué creen que va a pasar a continuación? ¡Nos vemos!

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Batman Family: Legacy. Ciudad Gótica se encuentra de luto. Bruce Wayne, una de sus figuras más emblemáticas e influyentes, ha fallecido repentinamente, dejando detrás de él un importante y secreto legado que ahora recaerá en hombros de sus jóvenes sucesores: Barbara, Tim, Jason y, especialmente, Dick, quien acaba de descubrir que su antiguo mentor le ha dejado la más inesperada de las herencias. ¿Aceptará el joven Grayson la nueva responsabilidad que se le ha encomendado? ¿Tendrá lo que necesita para mantener a la Familia unida sin Bruce, y combatir las amenazas que vengan de aquí en adelante? ¿Y cómo reaccionará el resto de Gótica a esto?

+ «Batman» © Bob Kane, DC Comics, Warners Bros. Enternaiment.

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