Fanfic Teen Titans: The Sinners – Capítulo 20. Confío en ti

3 de febrero del 2017

Teen Titans: The Sinners - Capítulo 20. Confío en ti


TEEN TITANS

THE
SINNERS

Por
Wingzemon X

CAPITULO 20
“Confío en ti”

Ese Día de San Valentine definitivamente no era su día de suerte; ninguno había sido capaz siquiera de comer un sólo chocolate, y eso ya era de por sí bastante triste. Encima de todo, cada vez que parecía que la situación en la Preparatoria Murakami ya estaba bajo control, ocurría algo repentino que cambiaba todo de nuevo; y en esa ocasión daba turno a que Terra, o más bien la supuesta Terra, los comenzara a atacar. En realidad no tendrían por qué extrañarse tanto, considerando que el día anterior acababan precisamente de pelear contra ella. Sin embargo, había parecido que al menos en esos momentos estaba de su lado, pero al parecer no era así.

La pared voló en pedazos en un gran estruendo, y rápidamente las siluetas de los titanes Robin y Cyborg se lanzaron hacia el exterior y se tiraron pecho a tierra para esquivar la gran daga de piedra que Terra les había lanzado. Ésta siguió su camino en línea recta, hasta chocar con unos árboles y destruirlos por completo. No tenían tiempo para quedarse en el suelo. De inmediato ambos se pusieron de pie y tomaron sus posiciones de ataque. Terra, por su parte, caminó lentamente hacia el patio, por el mismo agujero que se había hecho en la pared.

– ¿Por qué nos estás atacando ahora? – Cuestionó Robin con fuerza, pero manteniendo lo más posible la tranquilidad.

– Yo quisiera decir que me sorprende, pero estaría mintiendo. – Añadió Cyborg con marcado sarcasmo.

Terra se paró con firmeza en el suelo del patio, y los miró fijamente con seriedad. Una ligera brisa agitaba sus cabellos, y provocaba que su fleco cubriera uno de sus ojos.

– Aunque no me crean, no lo hago por gusto. – Les respondió escuetamente.

– Pues eres una gran actriz, entonces. – Señaló Cyborg, quien no tardó en apuntarla con su brazo láser dispuesto a atacarla de inmediato.

– Esto tiene que ver con el tal Jared, ¿verdad? – Soltó Robin de pronto, casi como una acusación; Terra, sin embargo, guardó silencio. No parecía dispuesta a hacer intento alguno de afirmarlo o negarlo.

– ¿Qué tiene que ver el hermano de Raven en todo esto? – Inquirió Cyborg, viendo de reojo a su líder. – ¿Crees que él es el culpable de toda esta locura?

Robin no tuvo tiempo de responder, pues en ese instante ambos vieron como Terra alzaba sus manos al aire, y pedazos del suelo comenzaban a desprenderse y a elevarse en el aire. Tuvieron que moverse con rapidez para no ser golpeados. Los mismos pedazos que se habían elevados, comenzaron a descender de nuevo, ahora como proyectiles en su contra.

No había vuelta atrás: eso iba enserio.

– – – –

Supergirl y Starfire no la estaban pasando mucho mejor. Lograron sacar a Raven de la escuela y alejarla de las bombas, pero su buena suerte había llegado hasta ahí.

La Kryptoniana no parecía poder enfrentarse mucho mejor que los demás a la magia de Raven. Nomás intentaba acércale y sentía como si chocara contra una gruesa pared de acero, para luego ser lanzada, o sacudida de un lado a otro, o golpeada con alguna fuerza invisible que se sentía casi como ser atropellada por un camión. Claro, con su súper fuerza, en realidad no sabía realmente cómo se sentía ser atropellada por un camión, pero estaba segura que era bastante similar a ello.

Starfire intentaba de alguna forma apoyarla, pero se podía notar que su cuerpo no se encontraba aún al cien por ciento tras el golpe que había recibido el día anterior. Se sentía débil, pero no dejaba que eso la hiciera flaquear. Debía mantenerse de pie sin importar qué.

Raven, por su parte, parecía aún más descontrolada que antes. Ya no emitía ninguna palabra, ni siquiera las volteaba a ver directamente. Sólo se quedaba de pie en su lugar y las atacaba sin descanso, intentando mantenerlas lejos de ella lo más posible, como si fueran moscas que la molestaban. En uno de sus ataques, juntó una gran cantidad de energía en una esfera de color negro, misma que lanzó de frente directo a Supergirl en el pecho en pleno vuelo, y ésta fue lanzada hacia atrás, cayendo al suelo y rodando por éste hasta quedar boca abajo.

– ¿Estás bien, Supergirl? – Le preguntó Starfire, colocándose a su lado e intentando ayudarla a levantarse.

– Sí, descuida. – Le respondió con un poco de debilidad, y entonces le echó un vistazo rápido sobre su hombro a la hechicera. – Es sólo que cómo podrás haber visto, mi inmunidad no aplica con la magia, y la de tu amiga es bastante fuerte.

Raven permanecía de pie en su lugar, con su cabeza agachada y sus brazos estirados hacia abajo. Su cuerpo estaba rodeado de un aura negra y rojiza, como si se tratara de humo saliendo del suelo bajo sus pies. Su vestido azul cielo nuevo, ya para esos momentos se encontraba sucio y maltrecho, lo que no hacía más que volver aún más aterradora su apariencia.

– Tienes que ayudarme. – Señaló Supergirl una vez que se incorporó de nuevo. – Sé que si me acercó lo suficiente y le doy un golpe con la fuerza adecuada, quedará fuera de combate.

– Pero un golpe tuyo podría matarla.

– Descuida, he aprendido a medir muy bien mi fuerza con los años. Además, parece que ella resiste bastante bien; atravesamos tres paredes, y no tiene ni un rasguño. Confía en mí, ¿bien?

Starfire asintió con su cabeza, aunque se sentía un poco dudosa.

– Bien, ¡al ataque!

Supergirl voló hacia un lado, y entonces Starfire se acercó a Raven por el frente para llamar a su atención. Arrojó de manera consecutiva varias esferas de energía, que Raven repelió, alzados una barrera mágica frente a ella. Luego ella misma comenzó a atacarla de la misma forma. Starfire maniobró en el aire para esquivar sus ataques pero uno irremediablemente la hirió en el brazo. No se detuvo aun así, y siguió atacando e intentando acercársele lo más posible.

Raven alzó sólo hasta ese momento su mirada hacia ella, y al hacerlo… Starfire vio algo en él que le pareció completamente extraño. Ya no eran sólo los ojos; casi toda su cara había cambiado. Se veía más tosca, más amenazante, más enojada… Y menos humana… Era casi el rostro de una bestia…

– ¡Será mejor que te calmes de una vez! – Escuchó de pronto que Supergirl gritaba con fuerza, y por el rabillo del ojo pudo ver como se le acercaba a Raven por un costado.

Raven no pudo ni reaccionar antes de que el puño derecho de Supergirl chocara con gran fuerza contra el lado izquierdo de su cabeza, haciendo que su cuerpo se desprendiera del suelo, y saliera volando dando varias vueltas como una inerte muñeca de trapos. El golpe fue tan fuerte que el cuerpo de Raven siguió en línea recta sin tocar el suelo hasta chocar contra la barda que rodeaba la escuela. Al impacto, su cuerpo dejó una marca de sí en los ladrillos y luego se desplomó a tierra, quedándose totalmente inmóvil.

Starfire miraba fijamente el cuerpo de su amiga tirado a varios metros de ella; se sentía aún muy impactada por lo que acababa de ver en su rostro. Era una sensación tan aterradora, incomoda, y, de cierta forma… familiar.

– Lo siento, en verdad no quería hacer eso, pero no me dejaste otra alternativa. – Señaló Supergirl, manteniéndose en el aire y viendo fijamente hacia donde había caído su enemiga.

Raven seguía sin reaccionar; parecía que en verdad había quedado inconsciente.

– ¿Lo ves? Te lo dije. – Comentó con entusiasmo, alzando su pulgar hacia Starfire. – Misión cumplida…

Recién había terminado de hablar, cuando ambas extraterrestres vieron como el cuerpo de Raven de nuevo comenzaba a emanar la misma aura mágica, pero ahora se veía mucho más roja que antes. Lentamente, la Titán alzó sus manos, y la plantó en tierra con tanta fuerza que sus dedos casi se enterraron. Comenzó a levantarse con mucho cuidado ante los ojos incrédulos de sus dos contrincantes.

– ¡Eso… es imposible! – Exclamó Supergirl, atónita ante lo que veían sus ojos. – Un golpe de esa fuerza ha dejado inconsciente a villanos mucho más grandes y fuertes… ¿Cómo es que…?

Starfire tampoco tenía idea. Mientras peleaban con ella dentro de la escuela, también pudo notar que su fuerza y resistencia era mayor a la que normalmente tenía. Pero eso era algo mucho más allá. Estaba segura que el golpe que había recibido hubiera sido lo suficientemente fuerte para noquearla, incluso a ella misma.

Pero había algo más, algo mucho más preocupante…

Raven estaba en el suelo, apoyada en sus manos y rodillas. Comenzó entonces a exhalar algunos gemidos penetrantes, casi como gruñidos de animal. Su cuerpo parecía retorcerse un poco y temblar, como si algo se estuviera moviendo bajo su piel. El aura a su alrededor ya era totalmente roja, y se había extendido a tres metros de radio a su alrededor. Las plantas cercanas a dicha aura, parecían marchitarse ante su sólo contacto.

– ¿Raven…? – Susurró Starfire, insegura de que realmente la persona frene a ella fuera su amiga Raven.

– ¿Qué le está pasando? – Cuestionó Supergirl, no menos desconcertada que la Tamaraneana.

Entonces, el tono siempre gris claro de la piel de Raven, que en esos momentos era mucho más visible ya que sólo usaba ese vestido corto y sus botines azules, comenzó a cambiar, a oscurecerse en diferentes partes. Eran como manchas que se iban propagando por toda su piel, hasta cubrirla por completo y teñirla… De rojo.

Raven alzó de golpe su mirada hacia ellas, y de nuevo Starfire pudo ver esa expresión aterradora que yacía en su rostro. Sin embargo, ahora que éste se había vuelto rojo como el resto de su cuerpo, pudo entender porque le parecía tan familiar la sensación que le causaba el verla.

– ¿Trigon…? – Soltó de pronto como un pensamiento en voz alta, como esperando que el decirlo le diera más sentido a lo que veía, pero no lo hacía en lo absoluto.

Para cuando logró reaccionar, Supergirl había salido disparada en dirección a Raven, posiblemente queriendo atacarla antes de que se recuperara por completo.

– ¡Espera, Kara! – Le gritó con empeño. Todo su ser le decía que era una muy mala idea atacarla en esos momentos, pero su advertencia había sido bastante tardía.

Supergil alzó su puño de nuevo, dispuesta a darle otro golpe más, incluso con más fuerza si era necesario. Sin embargo, cuando su puño se encontraba en camino directo a su cara, se encontró con una obstrucción. Pero esa vez no se trataba de magia, si no de la mano, totalmente roja, de Raven, decorada además con unas punzantes garras que sobresalían de sus dedos.

Atónita, sólo pudo ver como Raven se ponía una vez más de pie, al tiempo que sostenía con fuerza su puño entre sus dedos, apretándolo con la fuerza suficiente para que no le fuera posible zafarse. ¿Cómo había detenido su golpe? Eso no tenía sentido. Mas no tuvo mucho tiempo en pensar en ello, pues un instante después Raven jaló su puño libre hacia atrás, cubierto con un poco de su magia oscura, y luego lo jaló rápidamente al frente, propinándole un puñetazo directo en la cara, similar al que ella le había dado. Soltó su puño un instante antes del golpe, por lo que el cuerpo de Supergirl estuvo totalmente libre para volar hacia un lado, como una inerte muñeca de trapos justo como Raven lo había hecho. La diferencia fue que Supergirl se estrelló contra una hilera de árboles, derribando tres de ellos, antes de lograr detenerse, abollando el cuarto y quedando tirada a sus pies.

No sabía qué la había afectado más: el golpe, o la sorpresa. Se puso de pie lo más rápido que pudo, aunque para su asombro se encontró un poco mareada y tuvo que apoyarse en el árbol cercano para no caer. Llevó su mano a la mejilla que le había golpeado; la sentía adolorida.

– Por esto odio la magia. – Masculló entre dientes, notoriamente frustrada por cómo estaba avanzando ese combate.

Raven se quedó un rato parada en el mismo sitio, mirando fijamente al suelo. Starfire estaba inmóvil en posición de combate, indecisa sobre qué hacer. ¿Qué significa eso? ¿Por qué Raven se veía ahora así? No tenía respuesta a nada de ello, pero comenzaba a pensar que si no detenían a Raven de inmediato, lo siguiente que pasaría sería algo mucho, mucho peor…

– – – –

La esfera de roca y metal en la que Terra había encerrado a Tammy y Chico Bestia, yacía quieta en el pasillo. A pesar del enorme tamaño que había tomado, su interior en realidad no tenía mucho espacio. De hecho, ambos, Chico Bestia y Tammy Hawk, habían terminado en un espacio muy reducido, frente a frente y casi totalmente pegados el uno contra el otro. Ambos tenían sus espaldas totalmente pegadas como les era posible a sus respectivas paredes intentando mantener la mayor cantidad de espacio entre ambos, pero aun así sus cuerpos no podían evitar rozarse con cualquier respiración que daban.

Si de por sí el estar encerrados en una gran esfera de roca ya era bastante grave, encima de todo era bastante incómodo, y bastante penoso. Salvo por ocasiones en la que había dado un abrazo a alguna de sus amigas, Chico Bestia nunca había estado tan, pero tan cerca del cuerpo de una chica, y en especial por tanto tiempo; y aparte de todo, no era una chica cualquiera. Lo bueno, dentro lo que cabía, era que por el espacio no era sencillo que se vieran frente a frente, por lo que Tammy tenía su cabeza a la altura del hombro izquierdo de él, y él lo mismo a la altura del hombro izquierdo de ella.

Aunque claro, a eso habría que sumarle que estaban totalmente a oscuras, por lo que Chico Bestia no podía ver ni hacerse una idea de cómo se encontraba la estudiante, aunque sí podía escuchar su respiración, y sentir sus exhalaciones cerca de su oído. Y claro, también estaba su aroma, el aroma a flores provenientes del champú de su cabello, que enserio olía bien… Pero no era ni cerca momento de pensar en ello. La situación era apremiante, por lo que debía mantearse totalmente centrado en ello, y no dejar que su mente divagara en otra cosa.

– ¿Por qué Tara nos encerró aquí? – Escuchó que Tammy susurró de pronto, luego de un largo rato de silencio.

– ¿Eh? Ah, no… no lo sé. – Respondió con un tono tímido, aunque aplicaba toda su fuerza de voluntad para intentar parecer más firme. De cierta forma la mención de Tara, o Terra, o quien fuera esa otra chica, le ayudó a serenarse un poco, olvidarse por unos momentos de lo penoso de la situación, y centrarse un poco en su enojo. – Pero es obvio que no es una persona en la que se pueda confiar mucho. Justo cuando uno cree que te está dando la mano…

– No digas esas cosas. – Le interrumpió ella abruptamente. – Ella es… Bueno, ella… – Calló unos instantes, y luego escuchó como soltaba un profundo suspiro. – ¿A quién engaño?, en realidad no sé nada de ella… Y aparentemente sé incluso menos de lo que creía. Pero aun así yo no creo que sea una mala persona… Y creo que tú tampoco, ¿verdad?

– Yo… ya no sé ni qué creer. – Le respondió arrastrando un poco de pesar en su respuesta.

Su contestación pareció desanimar un poco a Tammy de seguir hablando de ello. De nuevo, por varios segundos más, los dos se quedaron en silencio.

– ¿No puedes cambiar de forma en un animal mucho más grande y romper esto? – Sugirió Tammy de pronto.

– No hay suficiente espacio. Si lo intento, terminaría aplastándote, rompiendo todos tus huesos, o peor.

– Bueno, entonces podrías convertirte en un ratón o algo más pequeño en su lugar, y al menos así tendríamos más espacio, ¿no?

– Ah, sí… Podría, supongo…

Por supuesto que podría; de hecho no era para nada una mala idea. ¿Por qué no se le había ocurrido antes? ¿Podría ser que en el fondo quería que estuvieran precisamente de esa forma? ¿Tan cerca el uno del otro? ¿Qué clase de héroe hace algo como eso? Chico Bestia se sintió enormemente avergonzado consigo mismo. Estaba justo a punto de hacerlo, pero entonces algo cambió…

Sintió en ese momento como Tammy pegaba su rostro contra su hombro, y comenzaba a soltar pequeños sollozos muy cerca de su oído. Esto dejó atónito al Titán.

– ¿Tammy? ¿Estás…?

La pregunta estaba de más; estaba llorando, o al menos comenzando a hacerlo, de eso no había ninguna duda.

– ¿Por qué está pasando todo esto? – Comentó la rubia, con debilidad en su voz. – Yo sólo quería terminar mis parciales con una buena nota, y salir a comer una hamburguesa con mis amigas. Y ahora, no sé cómo, pero pareciera que por mi culpa todos están en peligro y sufriendo… Yo no quería nada de esto… ¡Yo no quería!

– No, no digas eso, nada de esto es tu culpa. – Señaló Chico Bestia con firmeza. – Todo esto es culpa de Slade y de esa otra chica. Tú eres completamente inocente en esto.

– ¿Cómo estás tan seguro de eso? Ni siquiera yo entiendo qué es lo que ocurre entre Tara y yo. Quizás todo esto sí es mi culpa, y ni siquiera yo lo sé.

Chico Bestia calló. Para bien o para mal, no podía decir mucho para negar su afirmación. Él tampoco tenía ni la menor idea de qué ocurría, ni siquiera una pequeña teoría que pudiera aclarar la confusión que obviamente Tammy estaba pasando en esos momentos. Ciertamente, toda esa situación desde el día anterior, le causaba una tremenda impotencia…

– Escucha, no pienses en eso ahora, ¿está bien? – Le susurró el chico verde, intentando transmitir la mayor serenidad y confianza posible. – No debes de preocuparte por nada. Saldremos de ésta, ¿de acuerdo? Yo y mis amigos nos encargaremos, y todo estará bien. Sólo confía en mí.

Tammy se quedó callada por un rato, quedándose aún con su rostro pegado contra su hombro. Luego, Chico Bestia sintió como se separaba de él y hacia la cabeza lo más atrás que el reducido espacio le permitía. Su rostro entonces quedó justamente frente al del chico, a sólo unos centímetros de distancia, aunque ella no parecía notarlo, o quizás no pensaba en ello en esos momentos. Chico Bestia sintió como sus propias mejillas se calentaban ante ello, por lo que también hizo su cabeza lo más atrás posible, aunque la distancia no aumentó demasiado con ese acto.

Para esos momentos sus ojos parecían haberse acostumbrado un poco a la oscuridad, y lograba ver levemente la forma de la cara de Tammy. Logró ver como pasaba sus dedos por su rostro, quizás intentando limpiarse las lágrimas de sus ojos.

– ¿Por qué eres tan bueno conmigo luego de cómo te he tratado estos meses? – Cuestionó Tammy, un tanto más calmada, mas no por completo. – En especial ahora que ya sabes que no soy esa chica que creías. Tara es a quién estabas buscando, ¿no? Tu amiga, a la que llamas Terra. Ese otro hombre de máscara también me llamó así. Ahora entiendo porque ambos creyeron que era ella… Pero no lo soy. Así que no tienes ninguna responsabilidad hacia mí.

Chico Bestia guardó un profundo silencio. Aunque en realidad estaba oscuro, y ella no podía ver su rostro, aun así se volteó a otro lado, pensativo. Podría haberle respondido esa pregunta de cientos de formas. La más sencilla hubiera sido decir que era un Súper Héroe, que ese era su trabajo. Que sin importar quién fuera o de qué situación se tratara, y él siempre estaría ahí para ayudar y hacer el bien. Pero sabía que ese no era el único motivo; de hecho, el motivo principal era otro, y era uno mucho más fuerte.

Aunque lo tenía muy claro en su cabeza, traducir esas ideas a palabras era una tarea extenuante. ¿Cómo decirlo? ¿Sería incluso prudente hacerlo en ese momento y lugar?

Tammy logró escuchar en ese momento como Chico Bestia inhalaba aire con fuerza y luego lo soltaba lentamente. ¿Era acaso un intento de tranquilizarse? ¿Tomar valor?

– Escucha… – Comenzó a decir el Titán, teniendo su rostro aún hacia otro lado. – Yo tampoco tengo ni la menor idea de lo que está pasando aquí. No sé exactamente cómo es que hay dos chicas iguales a Terra, y especialmente no sé quién o qué es esa otra chica… Pero por encima de todo, yo estoy seguro de que tú eres Terra, la verdadera.

Tammy se sorprendió enormemente al escucharlo decir eso. En otras situaciones en las que le había dicho, sino lo mismo algo muy similar, de inmediato había brincado a negar por completo tan absurda afirmación. Pero había algo diferente en la forma en lo que la había dicho en esa ocasión. Sonaba tan sincero, tan convencido, tan… real.

– Lo he estado todos estos meses, desde el momento en que te vi. – Continuó. – Cuando te veo, siento todo lo que sentía cuando la veía a ella. Tus ojos, tu sonrisa… No sé qué es lo que está pasando, pero sé lo que siento por ti en este mismo momento, y es lo mismo que sentía por la Terra que conocí en aquel entonces, y nada ni nadie me convencerán de lo contrario…

– ¿Qué sentías? – Soltó Tammy de pronto, prácticamente escapándose de sus labios. – Tú… me refiero… ¿qué sentías por Terra? O… ¿qué sientes… por mí…?

Tammy se sintió realmente extraña en ese punto. Sintió que su rostro se calentaba y la sangre le subía la cabeza; los latidos de su corazón también se habían acelerado abruptamente. ¿Por qué su cuerpo reaccionaba de esa forma? Era algo totalmente involuntario, algo que su cerebro no provocaba ni ordenaba; era como si su cuerpo tuviera mente propia y reaccionara por su propia cuenta. Pero lo que sí sentía por su cuenta era una gran, gran ansiedad por escucharlo; realmente quería escuchar lo que tenía que decir, aunque en realidad no tuviera nada que ver con ella… nada… ¿o…?

– Yo… Yo… – Chico Bestia balbuceó nervioso. Sus puños y labios se apretaron con fuerza, y entonces giró su rostro de lleno hacia ella; aun en la oscuridad, sabía muy bien que la estaba mirando fijamente a los ojos, y era precisamente lo que deseaba. – ¡Estoy enamorado de ti, Terra! ¡Lo he estado desde que te conocí! Ya sea como Tara, Terra o Tammy… Mis sentimientos siguen siendo los mismos…

Tammy sintió en ese momento que su respiración se cortaba y su corazón se detenía. Fue como una fuerte descarga de electricidad recorriéndole la espalda…

– Incluso a pesar de las cosas malas que hiciste y que todos quieran darte la espalda y no confiar en ti… O incluso si no recuerdas en estos momentos todos los momentos que pasamos juntos… Yo aun así te amo… Incluso creo que más que antes… Y por eso, jamás te daré la espalda y jamás te dejaré… ¡Te lo prometo! Sin importar lo que pasé… Yo estaré ahí…

Por ese sólo instante de tiempo, Tammy sintió eso que todo el mundo describe y que ella sólo podía intentar imaginarse: las mariposas en el estómago, acompañadas de miles de cosquillas y sensaciones que le recorrían la piel, como pequeñas hormiguitas. ¿Cómo era posible? Esa declaración ni siquiera era para ella… ¿Entonces por qué?, ¿por qué sentía cómo si su corazón acabara de estallar? ¿Por qué sentía que las lágrimas querían brotarle de nuevo, pero ahora seguidas de un sentimiento totalmente distinto? ¿Por qué sentía el enorme e incontrolable impulso de…?

Ni siquiera supo en qué momento comenzó a moverse. Nada de lo que hizo en esas fracciones de segundo, parecían haber sido procesadas previamente por su cerebro. De nuevo, fue su cuerpo, como si tuviera mente propia, quien se inclinó abruptamente hacia el chico ante ella, cortando de tajo la ya de por sí muy reducida separación entre ellos, y aun entre la oscuridad y sólo distinguiendo la silueta de su rostro, unió sus labios a los suyos, en un corto, pero muy intenso beso en el que dejó escapar de golpe toda esa marejada de emociones que se le habían acumulado en el vientre, y que ahora brotaban por cada poro de su piel, impregnando todo su alrededor.

Chico Bestia, por su parte, se quedó petrificado ante esto. No veía, pero por supuesto que sentía lo que estaba pasando, y lo sentía por completo, sin ningún lugar a la duda. Era un beso, pero no cualquier beso: era un beso de los labios de Terra, ese mismo beso que tenían pendiente desde aquella noche en el parque de diversiones, justo como se había imaginado que sería. Pero real, completamente real…

El beso fue corto, cuando mucho quizás unos cinco segundos. Pero fue el tiempo suficiente para dejar una fuerte marca. Tammy se separó rápidamente, quizás logrando tomar de nuevo el control de su cuerpo. Llevó sus dedos a sus labios, en un intento de entender si lo que había ocurrido había sido real, pero la sensación y el cosquilleo que aún sentía en ellos se lo confirmaban sin problema. Lo había besado, había besado a Chico Bestia…

– ¿P… P…Por qué hiciste eso? – Se le escapó al Titán de pronto, totalmente incrédulo por lo que acababa de ocurrir.

– Yo… No lo sé… – Murmuró Tammy, insegura. – Sólo… Sentí que debía de hacerlo… O más que… quería hacer…

No tenía nada de sentido lo que decía, pero tampoco lo tenía mucho lo que acababa de hacer. Sentía su corazón estremecerse bajo sus pecho, y sus mejillas estaban tan calientes que casi quemaban. Pese a lo extraño y confuso que era todo eso, en realidad… No se arrepentía de lo que había pasado, en lo más mínimo…

Chico Bestia, por otro lado, era una madeja de ideas y emociones. Aún no era capaz de digerir por completo lo que acababa de pasar, y aun así sentía tanta felicidad por dentro que sentía ganas de gritar, bailar, saltar… Aunque claro, si no estuviera atrapado en ese lugar. Intentó calmarse y centrarse, aunque no era algo que le saliera tan natural como a Robin. La situación era aún delicada, y tenía que concentrarse en sacarlos a ambos de ahí; ya habría tiempo de hablar cuando salieran de ese sitio, y Tammy estuviera a salvo. Respiró lentamente, intentando olvidarse por unos momentos de los suaves labios que lo acababan de besar, y pensar en la gran esfera de roca que los aprisionaba; imposible compararlos.

No había suficiente espacio para cambiar a un animal más grande y fuerte que pudiera romper esa esfera… Al menos, no de cambiar todo su cuerpo. En la oscuridad, alzó su mano frente a su rostro, distinguiendo vagamente la forma y color de su guante. Abrió y cerró consecutivamente su puño, como intentando verificar que efectivamente esa fuera su mano. Había una posibilidad, pero era poco convencional, al menos en su contexto.

– Tengo una idea. – Señaló de pronto. – Casi no he intentado esto… Y no sé si pueda funcionar… Pero podría sacarnos de aquí…

De pronto, sintió como Tammy rodeaba su cuello con sus brazos y se le pega abruptamente por completo, apoyando su barbilla de nuevo en su hombro. Chico Bestia no tardó en ponerse ruborizado, y de paso bastante nervioso.

– Hazlo. – Susurró despacio. – Sé que lo lograrás; confío en ti.

– Pero… ni siquiera sabes qué voy a intentar… – Respondió Chico Bestia, aún algo sorprendido por el repentino abrazo, aunque ya en ese punto comenzaba a pensar que lo hacía sólo para darle el mayor espacio posible.

Sintió entonces como Tammy negaba con su cabeza, rozando, quizás sin querer, su mejilla con la de él en el proceso.

– Eso no importa… Igual sé que nos sacarás de aquí de alguna u otra forma…

¿Enserio era la misma chica que hasta hace no mucho le decía que se alejara de ella y la dejara sola? De ser así, su trato había cambiado abruptamente. ¿Todo eso había sido sólo derivado de lo que le había dicho? ¿O acaso quizás comenzaba a recordar un poco? ¿Sería eso posible?

Fuera lo que fuera, no importaba. Ella confiaba en él para que la sacara de ese sitio, y eso era justo lo que iba a hacer. Cerró sus ojos entonces, y apretó con fuerza su puño. Estaba justo a punto de empezar a intentar cambiar sólo su mano, cuando escuchó que Tammy volvía a susurrarle.



– Acabo de darme cuenta de que ni siquiera conozco tu verdadero nombre. – Comentó de pronto, aunque parecía casi un pensamiento en voz alta.

¿Su nombre? Chico Bestia se sintió tanto desconcertado por ese comentario. No era que realmente tuviera como tal una identidad secreta o algo parecido; era verde, después de todo, como Raven bien se lo había dicho la primera noche que todos se conocieron. Y, aunque la tuviera, si había alguien con la compartiría, sería precisamente con Terra…

– Me llamo Garfield… Garfield Logan… – Le respondió también como un pequeño susurro, casi como un secreto.

– Garfield… – Repitió Tammy con cuidado. Una ligera sonrisa se dibujó en sus labios. – Creo que prefiero Chico Bestia…

No estaba seguro si eso había sido para molestarlo o halagarlo, pero igual provocó que el Titán se sonrojara de nuevo. Se sintió muy bien de decírselo, más de lo que hubiera imaginado. ¿Podría él algún día llamarla Tara? No mientras no recordara quien era, eso era seguro. Pero quizás algún día.

Cerró de nuevo sus ojos y volvió concentrarse en su mano. Luego de unos segundos, ésta comenzó a retorcerse, a agrandarse, y volver a reducirse. Cada cambio, parecía un poco doloroso para el chico. Cambiar todo su cuerpo era sencillo, pero una sola parte dejando todo el resto igual, dedicaba más concentración y cuidado; especialmente porque un paso en falso y podría terminar transformándose sin querer, lastimando a Tammy en el proceso, y eso era justamente lo que no quería hacer. Debía hacerlo, sabía que podía hacerlo. Sólo tenía que intentarlo con más empeño…

– – – –

Justo a mitad de su enfrentamiento con Robin y Cyborg, las piernas de Terra comenzaron a flaquear, al igual que su equilibrio. Se desplomó de golpe de rodillas al suelo, y hubiera caído por completo de narices si no hubiera interpuesto sus manos antes de ello. Los dos Titanes, que estaban en puntos contrarios a cada lado de ella, aunque a una distancia relativamente lejana, miraron confundidos este repentino cambio, pero no por ello bajaron la guardia ni un poco.

– ¿Y ahora qué le pasa? – Comentó Cyborg, sin dejar de apuntarla con su arma láser.

Robin no tenía una respuesta clara a ello, pero parecía como si de pronto la hubiera llegado un golpe de debilidad. Mientras se discutían si era conveniente o no atacar, Terra se sujetaba la cabeza con una mano, y respiraba un poco agitada. Antes de que cualquiera de los dos pudiera dar un paso hacia ella, Terra colocó sus manos con fuerza contra el suelo, y de éste comenzaron a brotar repetidos picos que se dirigieron hacia los dos titanes, quienes rápidamente se pusieron en movimiento para esquivarlos.

Eso había sido más un intento de hacer más distancia que un ataque real. Terra, algo desconcertada, miró sobre su hombro en dirección al edificio de la escuela.

– Tammy… – Murmuró en voz baja sólo para ella.

Su desconcentración había sido más de la cuenta, pues para cuando volvió a poner atención en la pelea, Robin ya estaba sobre ella, y descendía en su dirección con su báculo listo para golpearla desde arriba. Terra reaccionó rodando hacia un lado y haciendo que el arma de Robin chocara contra el suelo. El Petirrojo no se quedó quieto, y tan pronto su arma tocó el piso, rápidamente giró ciento sesenta grados sobre su cuerpo, tomando impulso y lanzando un segundo ataque con su báculo, que esta vez sí alcanzó a golpearla en la cara, haciendo que retrocediera con torpeza, y muy adolorida.

Robin se le lanzó encima para seguirla atacando de la misma forma. Terra estaba aturdida por el golpe, y apenas y podía reaccionar para cubrir sus golpes, al principio con meros movimientos de cuerpo a cuerpo. Cuando ya fue más consciente, logró usar sus poderes para hacer que el báculo saliera volando de las manos de Robin. Mas eso no lo detuvo, y sin titubear ni un momento siguió atacando, ahora directamente con sus puños y patadas.

– No tienes por qué hacer esto. – Le decía el líder de los Titanes sin detenerse. – Dijiste que tu problema era contra Slade.

– Lo era. Pero ahora tengo que eliminarlos a ustedes…

– ¿Por qué? ¿Quién te está dando esa orden? ¿Acaso es Jared?

Terra se sobresaltó un poco por esa repentina mención. Rápidamente alzó un muro de piedra delante de ella para cortar los ataques de Robin, y luego alejarse de él de un largo salto.

– ¿Tú también estás con lo mismo? – Murmuró con una casi sobreactuada indiferencia. – ¿También crees que trabajo con ese tal Jared?

– Sé que Raven lo cree, y sus motivos debe de tener.

– Obviamente no te has fijado que tu querida admiradora secreta no está del todo bien de sus cabales en estos momentos.

Robin guardó silencio, al parecer un poco afectado por la mención de “tu querida admiradora secreta”. Bajó su mirada unos momentos, y luego la volvió a alzar con más seguridad hacia ella.

– ¿Cómo sabes lo que pasó con Raven? – Señaló Robin de golpe, tomando por sorpresa a Terra. – Hace poco también lo mencionaste cuando estábamos adentro. ¿Cómo sabes de eso? Al menos que tengas que ver con ello… O con quién lo provocó…

Terra pareció molestarse de golpe, aunque no estaba segura si era con el Titán, o con ella misma.

“Vaya, sí que es listillo este chico.” – Escuchó de pronto resonar en su cabeza, de nuevo la misma voz que sólo ella oía. – “Tú, por otro lado, no lo pareces tanto. Elimínalos de una buena vez…”

– Si es tan sencillo, ¿Por qué no vienes y lo haces tú mismo? – Susurró despacio sin quitarle los ojos de encima a Robin, y a su vez a Cyborg que acababa de colocarse a su lado.

“¿Es que enserio son demasiado para ti? ¿O en el fondo en verdad no quieres hacerlo? Es extraño, tú no deberías de tener ningún apego por estos individuos… ¿O sí?”

De nuevo un profundo silencio. Terra miró al suelo bajo sus pies, y movió un poco la planta de su bota derecha por éste. Apretó sus puños con fuerzas, aunque su rostro volvió a ponerse notablemente frío.

– No, no lo tengo…

Los ojos de Terra brillaron con gran intensidad y todo el suelo debajo de los tres comenzó a temblar con violencia, como un terremoto, pero sólo concentrado en ese punto. El suelo comenzó a abrirse bajo Robin y Cyborg. Estos de inmediato intentaron moverse a otro lado, pero paredes de piedra realmente altas se alzaron, rodeándolos y aprisionándolos. Cyborg estaba por destruirlas con su cañón, pero sólo vio incrédulo como la salida de éste se retorcía sobre sí mismo, como una lata aplastada.

Las paredes de roca se les vinieron encima, cubriéndolos por completo, y obligándolos a caer en la grieta que Terra había abierto. Mientras caían, Robin intentó disparar su gancho al aire, pero las paredes se cerraron sobre ellos, ocultando el sol, y aunque el gancho logró salir, las rocas terminaron por cubrirlos y sepultarlos, y la cuerda del gancho fue cortada.

En un abrir y cerrar de ojos, y luego se varios movimientos, el suelo volvió a la completa normalidad, como si nada hubiera pasado, y el único rastro que quedó de ambos Titanes, fue el gancho de Robin que había caído a los pies de Terra. El suelo dejó de temblar, y sus ojos y manos igual. Dejó caer sus brazos y hombros hacia los lados, y se permitió soltar un profundo suspiro de cansancio.

– Listo, está hecho. – Murmuró en voz baja, pero aun así con firmeza.

“No. Aún no has terminado.”

– Ni de broma. Starfire está con Supergirl, y sabes que no soy rival para ella. Además, están peleando con Raven. Con un poco de suerte se encargará de ellas, ¿no?

“Me refiero a alguien más. A tu misión original.”

Terra se sobresaltó ligeramente ante la mención. Sin embargo, entendió de inmediato de quién hablaba. Sí, definitivamente de ninguna forma podía irse sin terminar ese asunto…

– – – –

Supergirl y Starfire fueron lanzadas con violencia por los aires tras recibir un impacto de la magia de Raven, para luego caer como rocas al suelo una a lado de la otra. Algo adoloridas, sobre todo Starfire, se comenzaron a alzar lo más rápido que les fue posible. A lo lejos, veían como la hechicera de piel rojiza y vestido azul, caminaba hacia ellas lentamente, y como cada paso que daba hacia retumbar un poco el suelo, como si los pasos de un gigante se trataran. Raven avanzaba con su cabeza agachada, y sus brazos caídos. Sus dedos se retorcían entre sí, casi como si se fueran a romper. Sus cabellos eran elevados como si los agitara el viento, pero no era eso, sino la energía que la envolvía.

Realmente quien estaba ante ellas no se parecía en absolutamente nada a su amiga Raven. Era realmente como si se tratara de otra persona, o más bien de otra cosa… Un monstruo, un verdadero monstruo.

– Bien, ya hablando enserio. – Murmuró en voz baja la Kryptoniana, mientras ella y Starfire retrocedían lentamente al mismo ritmo que Raven avanzaba. – ¿Qué rayos le está ocurriendo? Enserio, se ve como si fuera un monstruo… o un demonio…

La mención de “demonio” hizo que un pequeño escalofrío recorriera la espalda de la Tamaraneana. El que haya tomado repentinamente esa apariencia, tan parecida a la de Trigon, realmente la tenía inquieta… ¿Qué significaba? ¿Esa en verdad seguía siendo su amiga Raven?

– No lo sé… Raven siempre dijo que si perdía el control de sus poderes, cosas horribles podían pasar. Pero esto es diferente a otras ocasiones… Nunca la habíamos visto así…

– Bueno, definitivamente yo tampoco había visto algo…

Antes de que pudiera terminar de hablar, Raven alzó su mirada hacia ellas, y en un abrir y cerrar de ojos se le lanzó encima como una bala, alzando su puño derecho. Ambas reaccionar con rapidez y volaron en direcciones contrarias. El puño de Raven chocó con el suelo, creando una fuerte explosión que destrozó el suelo y levantó una densa nube de polvo. Debido a esto, ambas perdieron de vista a la hechicera por unos segundos, por lo que Kara no pudo ver con claridad cuando su silueta rojiza salía de la nube, y se le lanzaba encima, hasta que ya la tuvo justo frente a su rostro.

El puño derecho de Raven, cubierto con su magia, la golpeó con fuerza en la cara y la derrumbó al suelo provocando que chocara contra éste con un gran impacto. Starfire se le acercó por detrás, para tomarla con fuerza con sus brazos mientras aún estaba suspendida en el aire. Raven comenzó a agitarse con violencia de un lado a otro mientras su compañera aún la sujetaba, ejerciendo la mayor fuerza posible para no soltarla.

– ¡Por favor, Raven! – Le decía con fuerza la pelirroja. – Por favor escúchame. Sé que aún estás ahí. Vuelve a ser tú misma, ¡por favor!

Raven se dejó caer de golpe de espaldas al suelo, haciendo que el cuerpo de Starfire chocara contra éste, y dicho golpe la obligara a soltarla. Sin embargo, justo al instante siguiente de que logró zafarse del agarre de su compañera, Supergirl le regresó con fuerza el golpe que le había dado aprovechando el momento de distracción, ahora siendo la hechicera la que salía volando, rebotando un par de veces en la tierra mientras se alejaba.

– ¿Estás bien, Starfire? – Le preguntó mientras la ayudaba a levantarse.

Starfire estaba aturdida, y algo débil tras el último golpe. Se sentó, y entonces volteó a ver sobre su hombro a Raven, que de nuevo se ponía de pie poco a poco. Era realmente imparable. Si tan sólo hubiera una forma de inmovilizarla, de…

De pronto, algo le cruzó de manera repentina por la cabeza. Se volteó rápidamente al interior del edificio, mirando fijamente el agujero en la pared por el que habían salido.

– Tengo una idea. – Señaló de pronto, justo antes de elevarse del suelo. – ¡Entretenla un minuto!

– ¡¿Qué?! – Exclamó Supergirl pasmada, pero de inmediato Starfire se dirigió de nuevo hacia adentro de la escuela. – ¡Oye!, ¡¿a dónde vas?!

Starfire no alcanzó a responderle nada, y de inmediato la perdió de vista.

No estaba segura de qué acababa de pasar, pero tampoco podía darse el lujo de pensarlo demasiado. ¿Exactamente como esperaba que la “entretuviera”? Era mejor que pensara en algo rápido, pues Raven ya estaba de nuevo de pie, y tenía sus ojos, los cuatro, puestos directamente en ella.

– Bien, Raven. – Comenzó a decir en voz baja, al parecer con más intención de exteriorizar sus pensamientos que intentar que ella la escuchara. Su cuerpo comenzó a elevarse lentamente, y sus puños se apretaron con fuerza. – No sé qué te está pasando, no sé si es tu culpa, no sé si era una víctima, y no sé cómo va a terminar esto. Pero no me dejas otra alternativa. Usaré toda mi maldita fuerza… Y espero no matarte… De antemano lo siento si es así…

Supergirl se lanzó a toda velocidad en su contra; Raven ni siquiera la vio acercarse. La golpeó una vez con fuerza en el rostro, luego una segunda vez, y a la tercera Raven cayó con fuerza a tierra, estrellando su cara contra ésta. Kara la tomó entonces de su pierna izquierda, y comenzó a girarla con rapidez en el aire para luego soltarla y dejar que su cuerpo volara como una bala por todo el impulso que le había dado. Derrumbó algunos árboles en su camino, quizás los únicos que quedaban en pie, y luego atravesó la barda de la escuela.

Del otro lado se encontraba el estacionamiento del edificio de oficinas aledaño. Raven chocó contra un auto que se había quedado estacionando, abollando su puerta. Sin embargo, a pesar de los fuertes impactos, no se veía afectada. Supergirl no le dio ni un segundo, y de inmediato pasó al estacionamiento por el mismo agujero en la barda y pasó a volver a golpearla. Los ataques rápidos y fuertes de la Súper heroína de nuevo parecieron ser muy efectivos contra ella. Fue sacudida de un lado a otro por sus constantes ataques, que fueron rematados con una fuerte patada en el estómago que la mandó a volar hacia otro lado, directo a otra hilera de carros.

Ese era el verdadero poder de Supergirl; no por nada era una de las heroínas más poderosas del mundo. Aun así para su asombro, Raven no decaía. Su rostro y cuerpo estaban marcados por los golpes que le había dado, y hasta parecía que le había roto un brazo. Sin embargo, para su sorpresa, poco a poco su piel volvía a regenerarse, y su brazo a acomodarse, y en unos cuantos segundos estaba de nuevo bien, como si nada hubiera pasado.

Antes de que terminara de curarse por completo, intentó atacarla una vez más. Sin embargo, la suerte de la Kryptoniana se había acabado…

Cuando Kara ya estaba a unos centímetros de ella, una fuera oleada de energía mágica fue despedida del cuerpo de Raven, empujándola hacia atrás, y ahora siendo ella la que se estrellaba contra un vehículo. Trató de incorporarse rápidamente, pero no lo fue lo suficiente. Raven comenzó a alzar todos los vehículos que estaban en el estacionamiento con sus poderes, y a lanzárselos encima como si fueran proyectiles. Intento moverse con rapidez para esquivarlos a todos, usando su notable velocidad. Sin embargo, la lluvia de vehículos era demasiada, y uno inevitablemente terminó por aplastarla contra el suelo. Un instante después le siguió otro, y otro, hasta que cinco vehículos se habían apilado sobre ella.

Parecería que ese sería su fin, pero no fue así. Luego de unos instantes de quietud, los carros comenzaron a alzarse, siendo levantados por la joven rubia debajo de ellos, aplicando gran fuerza en sus brazos, y luego los lanzó a un lado lejos de ella.

Apenas se había recuperado del esfuerzo que había usado, cuando un fuerte rayo de energía la golpeó directo en el pecho y la lanzó hacia atrás; sintió la energía mágica recorrerle todo el cuerpo con una agobiante sensación de quemazón. Kara rodó por el suelo unos metros, pero en cuanto pudo se volvió alzar en el aire, sólo para ser embestida por Raven a medio vuelo.

Ambas chicas comenzaron a remolinear por el aire de un lado a otro, sujetándose la una a la otra, y golpeándose mutuamente como les era posible. No era tanto los golpes de Raven los que lastimaban a Supergirl, sino la magia que los acompañaba, y en especial esa aura que rodeaba el cuerpo de Raven, que le hacía arder la piel. Como fuera, intentaba resistir y seguir atacándola; por cada golpe que Raven le daba, ella intentaba darle dos, pero parecía que el uno de ella le hacían más daño.

Luego de un rato de forcejar y atacarse en el aire, Supergirl lanzó un golpe que Raven detuvo con su mano derecha, apretando con fuerza su puño entre sus dedos. Intentó zafarse de su agarre, pero una vez más le fue imposible. Alzó su otro puño para intentar golpearla, pero el resultado fue el mismo; igualmente lo detuvo con su mano y lo apretó con fuerza con sus dedos. Rayos de energía oscura comenzaron a surgir del cuerpo de Raven, y moverse por sus brazos hasta llegar a los de Supergirl, y comenzar a cubrir todo su cuerpo como si fueran descargar eléctricas.

– ¡¡Aaaaaaaah!! – Gritó Supergirl con fuerza, mientras sentía como si agujas le atravesaran toda la piel una y otra vez.

Usando toda su fuerza de voluntad para resistir el dolor, alzó su mirada hacia ella, y sus ojos brillaron con intensidad un segundo antes de lanzar sus rayos de visión térmica contra ella. La intensidad no era tan fuerte, ya que sólo buscaba empujarla, lastimarla y que la soltara. Y en efecto la soltó en cuanto sus ojos comenzaron a brillar, pero sólo de una mano, y entonces colocó su propia mano libre frente a su rostro, cubriendo con ésta sus rayos de energía. Para su sorpresa, la energía que le lanzaba, en lugar de quemar o atravesar su mano, parecía como si comenzara a acumularse entorno a su palma, creando poco a poco una esfera rojiza y azul más y más grande. Por mero reflejo intentó lanzar sus rayos con más fuerza, pero eso sólo lo empeoró.

Raven comenzó a empujar su mano hacia el frente, y con ella la esfera de energía que había formado, hasta hacerla chocar contra la cara de la Kryptoniana, creando una fuerte explosión de luz en el aire. El cuerpo de Supergirl se precipitó como un meteorito a tierra tras el tremendo impacto, creando un cráter mediano en el asfalto del estacionamiento. La heroína permaneció inerte contra el suelo. La piel de su cara, que se suponía debía ser tan fuerte que ni una bala podría atravesarla, presentaba marcas de rasguños, y su cabello, ahora totalmente suelto, se había desalineando por completo. Aun así, su apariencia no reflejaba ni cerca el dolor que comenzaba a sentir en su cuerpo por dentro, como si sus huesos estuvieran ardiendo.

– Por esto enserio… enserio odio la magia… – Murmuró en voz baja con cierta frustración.

Abrió con debilidad sus ojos azules, y pudo ver cómo Raven descendía de nuevo, hasta mantenerse flotando a unos cuantos metros de ella. El cielo comenzaba a oscurecerse a sus espaldas, y su cabello y vestido eran agitados con fuerza por su propia magia sin control. Su rostro, con esos cuatro ojos brillantes y piel totalmente rojiza, se había tornado mucho más horrible que antes. Kara no sentía eso muy seguido al enfrentarse a un enemigo, pero realmente comenzaba a sentir algo de… miedo… Pero por nada del mundo lo iba a exteriorizar, ni un poco.

– ¡Bien! – Le gritó con ímpetu, estando aún tirada en el cráter que ella misma había creado al caer. – ¡Así que eres muy ruda!, ¿no? ¡Dame tu mejor golpe! ¡Vamos!

No estaba segura de qué quería lograr diciendo eso, pero ciertamente la hizo sentir un poco mejor. Casi como si la hubiera entendido, Raven extendió sus manos hacia ella y las juntó una a lado de la otra. Toda el aura mágica que la rodeaba, comenzó a acumular en sus palmas, como si fuera absorbida por un agujero negro. Una esfera de energía oscura comenzó a formarse y era claro que ese iba a ser su próximo ataque. Los ojos de Supergirl comenzaron a brillar de nuevo, y era obvio que ella también estaba lista para atacar, aunque tuviera que usar todas sus fuerzas…

Sin embargo, para bien o para mal, no fue necesario.

Antes de que cualquiera de las dos atacara, Supergirl vio como Starfire aparecía de la nada desde atrás de Raven, y la rodeaba con fuerza con sus brazos. La esfera de energía que estaba formando se esfumó por completo, y la hechicera comenzó a soltar fuerte y horribles gruñidos al tiempo que se estremecía de un lado a otro. Pero Starfire no la soltaba en lo más mínimo.

Supergirl estaba algo sorprendida por el cambio tan repentino. Una vez que procesó lo que ocurría, sus ojos dejaron de brillar y se disponía entonces a alzarse de nuevo a ayudarla. Pero entonces notó como, teniéndola fuertemente sujeta con un brazo, Starfire acercó algo que sujetaba con su mano libre al cuello de Raven. Era lo que Starfire había ido a buscar adentro de la escuela: la pistola de inyección de Cyborg, con el líquido azul tranquilizante. Ésta se le había caído cuando Raven los alejó a todos con su magia, por lo que ella aprovechó que Supergirl luchaba con ella, para ir y buscarla.

Starfire pegó la pistola contra la piel del cuello de Raven y la accionó, suministrándole toda la ampolleta de tranquilizante de un sólo disparo.

– ¡¡Aaaaaaaaaargh!! ¡¡Aaaaaah!! – Comenzó a gritar con mucha fuerza la hechicera, aunque era difícil decir si era por dolor o por enojo.

De nuevo expulsó una fuerte ráfaga de energía de su cuerpo, que terminó empujando a Starfire al suelo, cayendo no muy lejos del cráter en el que se encontraba Kara.

Raven se agarraba su cabeza con ambas manos, y la sacudía de un lado a otro mientras se encontraba suspendida en el aire. Siguió gritando y gruñendo con gran intensidad por quizás medio minuto, hasta que su voz se fue apagando. Sus brazos se relajaron, al igual que sus piernas, y entonces, todo su cuerpo se dejó caer por mero efecto de la gravedad a tierra, azotando contra el pavimento con fuerza.

Ambas extraterrestres la miraron fijamente, estando ambas aún tiradas en el piso. El aura mágica que rodeaba a Raven se esfumó abruptamente, y poco a poco su piel fue cambiando de tono, volviéndose más y más clara, hasta que recuperó de nuevo el habitual gris claro que siempre tenía. Starfire gateó con cuidado hacia ella, y la tomó del hombro para voltearla y que quedara boca arriba. Su rostro también había vuelto por completo a la normalidad. Los cuatro ojos rojos habían desaparecido, y en su lugar sólo estaban sus dos ojos, cerrados plácidamente.

Su cabello estaba hecho un desastre, tenía marcas de golpes y rasguños por toda la cara, brazos y piernas, además de estar cubierta de polvo y manchas de lodo; y ni que decir que su vestido estaba también ya hecho trizas para esos momentos. Pero dentro de lo que cabía, se veía bien; podía reconocerla de nuevo como su amiga Raven, como siempre había sido.

Starfire suspiró con fuerza, con una mezcla de alivio y cansancio. Casi sin proponérselo, se dejó caer de espaldas hacia atrás, quedando boca arriba en el pavimento, que en esos momentos se sentía mucho más cómodo que de costumbre.

– Funcionó. – Soltó con cierta alegría, mirando fijamente el cielo sobre ella.

Supergirl, un tanto sorprendida, y un tanto feliz, comenzó a reír un poco. Se arrastró fuera de su cráter, y dio un par de pasos hacia Starfire, antes de también tirarse al piso de espaldas a su lado, con sus manos sobre su abdomen.

– Enserio, hacía mucho tiempo que no tenía una pelea así. – Comentó con un tono mucho más casual. – Me hace extrañar a los ladrones de banco habituales. Gracias, Starfire. Me salvaste…

– Tú nos salvaste primero. – Comentó la pelirroja, volteándola a ver de reojo. – Así que gracias, Kara. Por cierto, puedes llamarme Koriand’r.

– ¿Ah? – Exclamó Kara un tanto extrañada. – ¿Ese es tu verdadero nombre?

– Así es. Koriand’r, Segunda Princesa de Tamaran.

– ¿Eres una princesa? ¿Enserio? – Comentó Kara con emoción, sentándose rápidamente. – No creo poder pronunciar ese nombre bien pronto. ¿Qué tal si te digo sólo Kory? Así seremos Kara y Kory. – Le guiño entonces un ojo de forma coqueta

– ¿Kory? – Repitió Starfire, parpadeando un par de veces. Luego, comenzó a sonreír ampliamente. – Suena bien.

Ambas chicas comenzaron a reír en unísono, intentando aprovechar ese pequeño momento de tranquilidad, que era difícil decir que tanto duraría.

FIN DEL CAPITULO 20

Notas del Autor:

Cielos, ¿ya estamos en el Capítulo 20? Cómo vuela el tiempo. ¿Qué les pareció el capítulo? ¿Demasiados golpes? ¿Creen que exageré un poco los poderes de Raven fuera de control? Quizás un poco, quizás no. Pero lo cierto es que siempre se ha dicho que los personajes como Supergirl y Superman, no tienen inmunidad a la magia y ésta los puede afectar como a cualquier otra persona, pero confieso que no conozco hasta qué grado, por lo que en efecto me tomé algunas libertades en esa parte.

En el próximo capítulo terminamos con todo este pequeño “arco” (por decirlo de alguna forma) de la pelea en la Escuela Murakami. ¿Qué vendrá luego de eso? Quédense al pendiente para saberlo. ¡Nos vemos!

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Teen Titans: The Sinners. Han pasado unos cuantos meses desde que los Jóvenes Titanes derrotaron a la Hermandad del Mal, y volvieron a Jump City. Todo ha sido muy tranquilo desde entonces, pero las cosas están comenzando a cambiar. ¿Qué es esto que Raven ha empezado a sentir por su líder, Robin?, ¿Y quién es ese misterioso chico que afirma ser su hermano? Aunque siempre había logrado mantener en absoluto control sus sentimientos y pensamientos, estos cada vez parecen comenzar a dominarla. Y si no es capaz de aclarar su mente a tiempo, podría caer víctima de aquello que siempre temió, y arrastrar a todos sus amigos con ella…

+ «Teen Titans, la Serie Animada» © Glen Murakami, DC Comics, Warner Bros. Animation.

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