Fanfic Teen Titans: The Sinners – Capítulo 18. Cómo en los Viejos Tiempos

27 de enero del 2017

Teen Titans: The Sinners - Capítulo 18. Cómo en los Viejos Tiempos


TEEN TITANS

THE
SINNERS

Por
Wingzemon X

CAPITULO 18
“Cómo en los Viejos Tiempos”

El pequeño ratón verde logró pasar el gran mar de piernas sin ser detectado por nadie. Luego, se escabulló dentro del perímetro de la escuela, más allá del cerco policíaco, y comenzó a avanzar al ras del muro exterior, moviéndose entre los arbustos. Los robots de Slade patrullaban todo el patio, pero siempre habría algún instante de tiempo en el que se presentaría un punto ciego, en especial si se trataba de algo tan pequeño como él. Cuando el momento fue el adecuado, se abrió camino hacia la pared lateral del edificio principal, y se escabulló por un agujero al interior de la pared. Una vez dentro, comenzó a moverse por el cableado interno, dirigiéndose en dirección a donde estaba la cafetería, justo donde Tammy le había dicho que Slade los tenía prisioneros.

El lugar estaba lleno de robots asesinos, por no mencionar las toneladas de explosivos que habían colocado. Además, pese a no tener poderes especiales más allá de sus mejoradas habilidades físicas, Slade era quizás uno de los enemigos más temibles que habían enfrentado; uno de los más inteligentes, astutos, inmorales y sádicos. Por donde lo viera, entrar de esa forma él solo a terreno peligroso, era una irresponsabilidad, por no decir una locura. Lo peor era que si tenía problemas, sus amigos no podrían apoyarlo sin arriesgarse a que los explosivos detonaran.

Todos esos pensamientos le recorrían la cabeza mientras seguía avanzando por la pared, pero nada de eso le importaba realmente. Cuando se trataba de Terra, Chico Bestia no podía ser parcial, ni objetivo, ni mucho menos racional. Muchos dirían que era una verdadera estupidez. ¿Cómo era posible que aún después de todo lo que había pasado, aún seguía comportándose así con ella? Terra los había traicionado y engañado, ya ni siquiera lo recordaba, o incluso no tenía como probar sin lugar a duda que Tammy Hawk era Terra. Pero ahí estaba, preocupándose por ella, arriesgándose por ella, queriendo protegerla y defenderla de cualquier mal, incluso del desgraciado de Slade.

¿Qué era lo que realmente lo llevaba a hacerlo? Era algo que estaba más allá de su deber de superhéroe, más allá de su deber de amigo… Era algo que él pensaba que tenía ya muy claro desde hace mucho, pero no era así. No fue hasta ese momento, mientras se acercaba más y más a su destino, en el que al fin no tuvo la menor duda, ni en su mente ni en su corazón…

Estaba enamorado de Terra, esa era la única e irrefutable verdad. A pesar de todos los altibajos, a pesar de lo complicada de su situación, a pesar de que no sabía lo que realmente ella sentía, o solía sentir por él, simplemente era así. Eso era lo que lo movía y lo empujaba a hacer lo que estaba haciendo, eso era lo que lo hacía hacer esa irresponsabilidad, esa estupidez. No sabía en qué terminaría todo eso, no sabía si algún día volvería a recordarlo, o si podría volver a haber entre ellos la misma confianza que en aquel entonces. Pero fuera lo que fuera a pasar, no tenía ningún tipo de remordimiento o duda. Sólo sabía que debía ir a ese sitio, y patearle el trasero al maldito que se atrevió a ponerle un dedo encima…

Slade había bloqueado todas las entradas convencionales, pero no las tomas de corriente. Al llegar a la cafetería, desde su perspectiva reducida sólo podía ver un tumulto de personas reunidas en el centro. Se metió de nuevo en la pared y comenzó a moverse por dentro hasta el techo, para poder pararse en una de las lámparas superiores y ver mejor. Pudo ver a los rehenes amordazados en el suelo, y a Slade, parado en un extremo, sujetando con fuerza el brazo a…

«¡Terra!»

Tammy intentaba oponer resistencia, pero no podía aplicar la suficiente ante la considerable fuerza del villano.

– Tu pequeña travesura me molesta de sobremanera, Tammy. – Escuchó que Slade decía con serenidad. – Era más que obvio que los Titanes vendrían al enterarse de lo que ocurría. Esperaba que los explosivos los mantuvieran alejados lo más posible, para darle tiempo a nuestra invitada de llegar a la fiesta. Sin embargo, tú mensaje podría haber despertado una reacción emocional en ellos que podría arruinar ese plan, y hacerlos actuar antes de lo previsto.

– Ya deja esto, por favor. – Le decía Tammy, con marcada preocupación en su voz. – Si es a mí a quién quieres, deja a los demás.

– Oh, ese es precisamente lo que voy a hacer. – Entonces, comenzó a jalarla hacia una de las puertas trucadas. – Tú  y yo nos iremos antes de que los Titanes entren. Y tus amigos se quedaran aquí para ser nuestra pantalla de humo… En más de una forma.

Slade sacó en ese momento de su cinturón un objeto alargado con un botón rojo en un extremo; Tammy supo de inmediato lo que era.

– ¡No!, ¡Espera! ¡No lo hagas!

Comenzó a intentar zafarse de su agarre, a jalonear, e incluso intentó sujetarse de una de las columnas con su mano libre, patearlo y morderlo… Pero ese hombre seguía jalándola con él.

– Esperemos que nuestra amiga sepa donde alcanza…

El ratón verde saltó en ese mismo instante de la lámpara del techo, pero justo después su forma cambió drásticamente a la de un gran hipopótamo. Al ver el gran cuerpo aproximarse hacia él, Slade se lanzó rápidamente hacia un lado junto con Tammy para esquivarlo. El hipopótamo resquebrajó el suelo tras su caída, y después tomó de nuevo su forma original.

– ¡Chico Bestia! – Exclamó Tammy con emoción, pero de inmediato Slade la rodeó con su brazo izquierdo por el cuello, y la pegó con fuerza contra él.

– Fuiste más rápido de lo que había predicho, Chico Bestia.

– Déjala en paz, Slade. O si no…

– Yo cuidaría mejor tus amenazas, viejo amigo.

Alzó entonces su mano derecha, para que el Titán pudiera ver claramente el detonador que sujetaba. Este acto tensó de inmediato a todos.

– ¿A quién intentas engañar? No volarás la escuela contigo dentro; morirías también.

Slade comenzó a reír de esa forma tan prepotente que siempre le desesperaba.

– No tientes tu suerte. ¿Quieres saber qué aprendí de mi último encuentro con la muerte? Que en realidad, no es tan mala…

Acercó su dedo pulgar peligrosamente al botón rojo. Chico Bestia se paralizó, ya que por un momento creyó que en efecto lo presionaría, pero sólo lo mantuvo pegado a él; con sólo ejercer un poco más de presión…

¿Qué tan posible sería que se atreviera realmente a hacerlo? Slade estaba un poco loco, ¿pero tanto así? Cómo fuera, no podía arriesgarse, no con tantas personas ahí, no con Tammy ahí… Bajó sus brazos y retiró de su semblante cualquier intención de atacarlo de frente; Slade pareció complacido con ello.

– Así me gusta.

Sin soltar a Tammy, acercó su otra mano a su cinturón, accionando un botón que pareció hacer reaccionar a los robots que se encontraban ahí. Cinco de ellos se elevaron del suelo con sus propulsores, y se lanzaron contra Chico Bestia en formación. El Titán de inmediato tomó la forma de un mono, y comenzó a saltar con agilidad, esquivando los rayos que los robots comenzaban a dispararle de sus ojos.

Aprovechando esa pequeña distracción, Slade continuó su camino hacia la salida junto con su rehén, y los otros cinco robots que lo seguían desde atrás.

– Tú y yo nos vamos ahora, Tammy.

– ¡No! ¡Suéltame!

Chico Bestia vio como Slade se llevaba a Tammy e intento acércaselas, pero los robots no le dejaban dar ni un sólo paso hacia ellos. La puerta seguía bloqueada con las mesas y sillas, pero Slade no tenía tiempo para quedarse a retirarlas. En su lugar, sacó una pequeña bomba de forma esférica de su cinturón y la arrojó con fuerza al tumulto. Las sillas y mesas volaron en pedazos, al igual que la puerta, y de esa forma se abrió camino para su huida.

– – – –

El distante estruendo de la explosión resonó hasta llegar a la gente que estaba afuera de la escuela, incluidos los demás Titanes. La gente comenzó a conmocionarse y agitarse, y la policía intentó por todos los medios calmarla.

– ¿Detonó las bombas? – Comentó Starfire, quien desde su perspectiva podía ver un poco de humo surgir a lo lejos.

– La explosión fue muy pequeña, debió haber sido otra cosa. – Señaló Cyborg.

Alzó entonces su brazo derecho, y levantó un panel colocado en su antebrazo, en el que se encontraba una pequeña computadora, que servía de terminal para aquella que tenían en la torre. Accionó rápidamente algunas opciones, y luego de unos segundos un holograma azul fue proyectado desde su antebrazo justo frente a él; parecía ser planos en tres dimensiones.

– Tammy dijo que estaban en la cafetería. Descargué los planos de la escuela. Según esto, la cafetería se encuentra aquí. – Un pequeño punto rojo fue señalado justo en el sitio en el que se suponía estaba la cafetería de la escuela. – Si logramos entrar al terreno por el gimnasio sin ser vistos, podríamos tomarlo por sorpresa, en especial si Chico Bestia lo distrae.

– Es muy arriesgado. – Comentó Robin con seriedad, sin estar muy convencido de la idea.

– El que Chico Bestia esté ahí ya lo hace arriesgado. Debemos…

De pronto, el suelo bajo sus pies comenzó a temblar con algo de fuerza; no mucha, pero sí la suficiente como para que ellos, y el resto de las personas lo sintieran. Las alarmas de algunos autos cercanos se accionaron, y las ventanas temblaron ligeramente. Pero así como el temblor vino, luego se fue… Literalmente. No fue un movimiento que se mantuvo bajo de ellos, sino que pareció moverse. En un parpadeo estaba en su posición, y al siguiente parecía haber avanzado hacia el tumulto de gente, y luego continuar su camino… Hasta la escuela.

– ¿Qué demonios fue eso…? – Comentó Cyborg confundido, una vez que el temblor pasó.

Robin, por su parte, más que confundido, parecía sorprendido…

– Oh, no.

– – – –

Luego de un rato, Chico Bestia se las había arreglado para destruir los cinco robots que Slade había dejado para entretenerlo; claro, no sin recibir algunos golpes y rayos, pero todo era gajes del oficio. Embistió al último que quedaba de pie, tomando forma de rinoceronte, y estampándolo contra la pared.

Se tomó sólo un segundo para descansar y recobrar el aliento, y luego miró alrededor, detectando el sitio exacto por el que Slade se había ido. Sin embargo, antes de salir tras él, se apresuró hacia el resto de los rehenes, específicamente hacia Sarah y Mary, y comenzó a desatarlas. Slade había dicho que detonaría el lugar como una distracción en cuanto pudiera, así que no podía dejarlos ahí.

– ¿Se encuentran bien?

– Ese loco se llevó a Tammy. – Comentó Mary de ímpetu.

– ¡Tienes que salvarla! – Le secundó Sarah de inmediato.

– ¡Lo haré!, descuiden.

Una vez que las liberó, se incorporó de nuevo y comenzó a dirigirse a la salida.

– Desaten a los otros y salga aquí. Tengan cuidado, aún hay más robots por los pasillos.

Dicho eso, tomó la forma de un cheeta, y salió a toda velocidad. Las chicas por su lado, empezaron a hacer justamente lo que les había indicado.

Una vez en el patio, Chico Bestia se viró en todas direcciones, intentando detectar hacia donde se habían ido Slade y Tammy.

– ¡Suéltame! – Escuchó que la reconocible voz de Tammy gritaba a lo lejos, por lo que de inmediato comenzó a correr en dicha dirección.

Gracias a la gran velocidad del animal que había tomado, logró alcanzarlos lo más rápido posible. Slade avanzaba por el patio, seguido detrás por sus cinco robots, y jalando a Tammy con él. Aumentó aún más la velocidad cuando fue capaz de verlos, y tenía pensado lanzársele encima, literalmente como un animal salvaje. Sin embargo, cuando ya estaba a unos cuantos metros de él, el suelo bajo sus patas comenzó a temblar con fuerza, haciéndolo frenar. Slade a su vez también tuvo que detenerse y hacer lo posible para no caer por lo abrupto del movimiento.

Antes de que cualquier pudiera aunque fuera pensar en una teoría sobre lo que estaba ocurriendo, la tierra se abrió más adelante, y de dicha grieta salió casi volando una silueta delgada, que se elevó en el aire unos metros, para luego caer de pie justo frente a Slade y Tammy. La extraña silueta alzó su cabeza, haciendo que sus largos cabellos rubios se agitaran con el movimiento. Volteó a verlos fijamente a través de los agujeros de su máscara, y sonrió ampliamente con marcada malicia.

– Hola, Slade. – Murmuró con un tono algo provocador. – Al fin te encontré…

– Tú… – Murmuró Chico Bestia, justo antes de tomar de nuevo su apariencia original.

Era ella, la chica del día anterior, la otra Terra. Robin había mencionado justamente que todo ese asunto podría haber sido justamente para llamar su atención. ¿Eso significaba que Slade había obtenido justamente lo que deseaba? Con su máscara era difícil decirlo con seguridad, pero al menos su postura mostraba bastante tranquilidad.

– Mira a quién tenemos aquí, Tammy. – Murmuró con un tono juguetón, sujetando de nuevo a la chica rubia contra él con un brazo; Tammy miraba fijamente a la recién llegada, aparentemente con sorpresa… Pero no mucha. – El interesante giro inesperado en el clímax de esta novela de misterio. Tammy Hawk y la supuesta Terra, juntas en el mismo lugar y al mismo tiempo.

Tammy no respondió nada. Miró de reojo a Slade unos instantes, y luego volteó de nuevo a ver a la chica delante de ella.

– ¿Hiciste tanto escándalo sólo para verme? – Comentó Terra burlona, colocando sus manos en su cintura. – ¿Debería de sentirme halagada?

– Me gusta pensar que sé hacer que una dama se sienta especial. Bueno, ya que estamos los tres aquí reunidos, dime… – Apretó en ese momento su brazo contra el cuello de Tammy, haciéndola soltar un pequeño gemidito de dolor. – ¿Quién eres tú en realidad? Y más importante aún, ¿quién es esta chica?

Terra miró de reojo a la chica que Slade aprisionaba con su grueso brazo, y ella la miró a su vez.

– No tengo idea de quién es esa chica, aunque es bastante guapa. – Señaló rápidamente con cierto desinterés.

– La Terra que yo conocí, solía decir mejores mentiras.

En ese momento, dirigió su mano libre hacia su espalda, sacando de una pistola totalmente negra de su funda, y presionando el cañón contra la cabeza de Tammy. Ese acto dejó helados, tanto a Chico Bestia, como a la propia Tammy… Pero también pareció tener una fuerte reacción en la cuarta persona en el patio.

– ¡No!, ¡espera! – Exclamó apresurada, dando un paso hacia el frente y alzando una mano. Ese sólo acto fue bastante revelador.

– Mucha preocupación para alguien que no tienes idea de quién es, ¿no? – Comentó Slade con ironía en su voz.

La supuesta Terra guardó silencio. Su sonrisa maliciosa había desaparecido, y ahora su atención estaba totalmente puesta en la pistola contra la cabeza de Tammy.

– Deja de jugar, Slade. – Mencionó de pronto, aparentemente con algo más de confianza. – Es a Terra a quien quieres, ¿o no? Pues…

En ese momento, dirigió su mano derecha hacia la máscara que traía consigo, y de un sólo jalón lento, la retiró completo de su cabeza. Su rostro, sus ojos, su nariz, todo lo que ésta ocultaba quedó totalmente expuesto por primera vez. Aunque algunos dirían que lo que estaba debajo de esa máscara no tenía por qué ser una sorpresa, lo cierto es que lo fue… Ese rostro redondo, esos ojos grandes y azules, esa nariz pequeña y sonrisa confiada… No había la menor duda…

– Yo soy Terra, la única e irrepetible…

– Terra… – Murmuró Chico Bestia en voz baja, totalmente atónito. Sin embargo, su asombro no se acercaba siquiera al de Tammy.

En cuanto logró ver su rostro, su respiración se cortó de golpe. Era… Idéntica, idéntica a ella. El mismo rostro, los mismos ojos…

– ¿Por qué? – Susurró tan despacio, que difícilmente Chico Bestia y Terra pudieron escucharla. – ¿Por qué tienes mí rostro? ¡¿Por qué?!

Terra pareció sentirse un poco incomoda por la mirada de Tammy, y tuvo que virarse hacia otro lado.

– Interesante, esa reacción de sorpresa sí parece genuina. – Señaló Slade, al parecer no tan impresionado como los otros dos. – ¿Significa eso que nunca había visto tu rostro? ¿Sería acaso que esa nueva máscara que comenzaste a usar era precisamente para ocultar tu rostro de ella?

– Sólo quise cambiar un poco mi look. Tú usas máscara, Robin usa máscara. ¿Es un crimen?

– Cómo sea, si creías que me iba a sorprender el que tuvieras el mismo rostro que Terra, lamento decepcionarte, querida. De hecho, más bien me hubiera sorprendido que no fuera así. Pero como ves, no eres la única con esa característica. – Acercó entonces el costado de la pistola, y presionó el frío material contra su mejilla. De nuevo, esto pareció sobresaltar al Terra.

– ¡Déjala en paz!

Sus ojos y manos comenzaron a brilla con un fuerte resplandor dorado, y la tierra comenzó abrirse justo debajo de él. Slade se movió con agilidad hacia un lado, justo antes de que picos de piedra brotaran de la tierra en dónde estaba parado.

– Veo que quieres empezar a jugar rudo desde un inicio.

Apartó su arma de Tammy, y en su lugar la usó para presionar el mismo botón en su cinturón que había usado en la cafetería. La reacción fue muy similar, e igualmente los cinco robots que lo acompañaban parecieron reaccionar, pero no eran los únicos. Todos los demás robots que estaban en el resto de la escuela, comenzaron a aproximarse con rapidez. Los que estaban en los tejados empezaron a descender al patio; los que estaban en el interior del edificio, empezaron a travesar las ventanas; y los que estaban por los patios, comenzaron a acercarse con rapidez a ese punto. En tan sólo unos segundos, todos ellos se aproximaron y colocaron justo alrededor de Terra.

La chica de cabellos rubios, sin embargo, no parecía siquiera mutarse ante el gran ejército que la tenía rodeada. De hecho, sonrió con tranquilidad, e incluso se retiró tranquilamente un mechón de cabello de su rostro.

– Creo que la edad ya te pegó, Slade. ¿Olvidaste acaso el nuevo truco que te enseñé?

Sus ojos y manos comenzaron de nuevo a brillar, y entonces alzó éstas hacia los robots. Sin embargo, no pasó nada. Ningún robot fue movido de su lugar, ni un sólo centímetro. Esto la extrañó de sobremanera.

– ¿Ves lo gracioso que es el paso del tiempo? – Escuchó a Slade comentar desde su posición. – Antes todo se construía con madera, luego todo era de metal. Ahora puedes hacer lo que sea con plástico, y polímeros sintéticos…

Terra miró de reojo una vez más a los robots. No tenía que ser una genio para entender a lo que quería llegar con eso.

– Veo que viniste preparado. Muy probablemente tampoco tu armadura o esa pistola son de metal, ¿no? Muy listo, pero no tanto. Tus juguetes podrán ser de plástico. ¡Pero olvidas que tengo armas ilimitadas justo bajo mis pies!

La tierra comenzó a temblar y pedazos de roca comenzaron a elevarse, y a volar por los aires como proyectiles. Los robots comenzaron a moverse al tiempo con agilidad para esquivar sus ataques, y también arreglándoselas para atacarla a ella con sus rayos, o algunos directamente y de frente. Terra reaccionaba con rapidez a cada una de sus aproximaciones. Alzaba paredes de piedra para repelerlos, los atacaba con sus propios proyectiles, alzaba grandes trozos de tierra para atacar varios al mismo tiempo. En su mayoría parecía no tener mucho problema. Sin embargo, eran muchos, y la atacaban en todas direcciones. No tardó mucho en ser evidente que tenía problemas para poder tener su atención puesta en cada uno.

Mientras estaba concentrada en lo que tenía al frente, uno de ellos se colocó justo detrás de ella sin que se diera cuenta. Sus ojos comenzaron a brillar de rojo, listos para dispararle. Sin embargo, antes de que pudiera hacerlo, un enorme gorila de pelaje verde oscuro dio un largo salto hacia él, aplastándolo con sus grandes manos contra el suelo. Terra escuchó el estruendo, y rápidamente se giró sobre sí misma, sólo para ver unos instantes al gorila, y luego a Chico Bestia recobrando su forma.

– Chico Bestia. – Comentó algo sorprendida, aunque no era posible decir si era por verlo ahí, o por verlo ayudarla.

La verdad era que Chico Bestia también parecía un poco sorprendido; era como si su cuerpo hubiera reaccionado casi por sí solo. En un momento estaba parado ahí, y al siguiente estaba aplastando el robot en cuanto vio que estaba por atacarla. ¿Por qué lo había hecho? Volteó a ver a la chica rubia, quien también lo miraba a él. Ese cruce de miradas, fue un momento bastante extraño, y hasta cierto punto incómodo. Pero no era como cuando veía y estaba con Tammy; ese momento se sentía más…

No tuvieron mucho tiempo de intercambiar palabras, si es que alguno tenía pensado decir algo. Los robots comenzaron a reagruparse y a volver a rodearlos, ahora a los dos. Ambos comenzaron a retroceder, y cuando menos lo pensaron, sus espaldas terminaron por toparse la una contra la otra. Ambos se miraron sobre sus hombros por unos instantes y luego voltearon a ver de nuevo a sus enemigos.

– Cómo en los viejos tiempos, Chico Bestia; ¿o no? – Escuchó que ella le comentaba con naturalidad.

– Supongo que sí.

Todos los robots se le lanzaron encima en manada al mismo tiempo. Chico Bestia volvió a tomar la forma de un Gorila, y comenzó a aplastar a cuanto se acercara lo suficiente a él. Terra comenzó a elevar pilares de piedra alrededor de ellos, golpeando y alejando a los atacantes. Los dos comenzaron a girar al mismo ritmo, a atacar, y defenderse a sí mismo y al otro. Se notaba una gran coordinación entre ellos, casi como si supieran lo que el otro estaba por hacer. Chico Bestia lanzaba su enorme brazo con fuerza para golpear a un robot, y casi al mismo tiempo Terra se agachaba para esquivarlo sin que él tuviera que decir que lo hiciera. Un robot se acercaba a Chico Bestia, y Terra alzaba un muro de piedra para impedirle el paso. Terra alzaba a Chico Bestia en una plataforma de piedra, y luego éste se dejaba caer contra los robots en forma de elefante, aplastando a gran número de ellos. Todo surgía tan natural, como si no hubiera pasado ya muchísimo tiempo desde la última vez que pelaron juntos. Sí, ese momento se sentía más… Familiar…

Slade se había mantenido al margen de toda esa acción, limitándose a sólo observar el combate.

– ¿No te parece tierno? – Comentó con un tono sarcástico. – Siempre me conmueven estas reconciliaciones de enamorados.

Tammy no pareció entender a qué se refería. Seguía aún intentando encontrarle alguna lógica a todo eso, pero debía aceptar que lo que menos había en todo eso era lógica. Estaba tan distraída en ello, que apenas y fue consciente de que Slade comenzó a jalarla de nuevo con él en la misma dirección en la que dirigían en un inicio.

– Ya tienes a Tara, ella era a quien querías, ¿o no? – Le cuestionó, nerviosa. – ¿Por qué no me dejas ir? ¿Qué más quieres?

– En lo que a mí respecta, las dos son Terra. Y me pienso deshacer de las dos… De una primero, por supuesto.

Un bumerang voló por el aire directo hacia él desde un costado, golpeándolo con fuerza en su cabeza. Su máscara lo protegió, pero igualmente pareció sentir bastante el golpe. Al mirar al suelo para identificar el objeto que lo había golpeado, lo pudo reconocer de inmediato, así como a la persona que lo había lanzado.

– ¡Alto ahí, Slade!

En un instante, tres de los Titanes restantes se colocaron justo en su camino. Robin y Cyborg se aproximaron corriendo, mientras Starfire volaba sobre ellos.

– Vaya, qué agradable reunión. – Murmuró con algo de frustración.

– Suelta a la chica. – Le indicó Robin, al tiempo que sacaba su vara bo.

– ¿Por qué no me obligas?

Extendió en ese momento su pistola al frente y comenzó a dispararle a cada uno consecutivamente. Los tres Titanes se disiparon y comenzaron a moverse a su alrededor, buscando la forma de atacarlo. Sería imposible pelear con los tres y aprehender a Tammy al mismo tiempo, por lo que no tuvo más remedio que tirarla de forma violenta al suelo, aparándola de él. Una vez que su otra mano estuvo libre, sacó una segunda pistola, y comenzó a dispararles al tiempo que se movía para mantenerse fuera de su alcance.

Una parte de los robots de Slade no tardaron en ir en su auxilio, empezando a atacar a los demás Titanes. Mientras Starfire y Cyborg se encargaban de ellos, Robin se abrió pasó directo y sin espera hacia Slade. Éste dio tres disparos, mismos que Robin esquivó con su destacable agilidad. Una vez que estuvo cerca, logró desarmar a Slade con movimiento rápido de su Bo, y sus armas salieron volando hacia un lado. El villano sin embargo no se dejaría vencer tan fácil. Retrocedió varios metros de él, y sacó una sorpresa más de su armamento oculto: dos empuñadoras, de las que con un sólo movimiento de sus muñecas, surgieron dos hojas plegables, convirtiéndose en dos afiladas katanas. Atacó con fuerza al Chico Maravilla con sus dos armas, y Robin se defendió con su vara de metal.



Tammy se quedó sentada en el piso, con su espalda contra la pared del edificio, y a la sombra de un árbol. Miraba hacia Chico Bestia y Terra peleando de un lado, luego a Robin y Slade, y por último a Starfire y Cyborg. No sabía qué hacer. ¿Debía correr y huir?, ¿o sería más seguro quedarse ahí? ¿Cómo se había metido en todo eso? Súper Héroes, Villanos, robots, bombas, gente que hacía temblar el suelo… Nada de eso tenía algo que ver con ella. Se agarró su cabeza con ambas manos, como si hacerlo le ayudara de alguna forma a aclarar su mente. Nada tenía que ver con ella, nada de eso tenía lugar en su vida perfecta y tranquila de estudiante de preparatoria… No, ella no tendría por qué estar ahí… Ella no quería estar ahí…

Rápidamente se puso de pie y comenzó a correr con todas sus fuerzas; ni siquiera supo en qué dirección iba, sólo empezó a correr sin fijarse.

– ¡Espera! – Le gritó Starfire al ver por el rabillo del ojo que comenzaba a correr. Quiso alcanzarla, pero los robots se lo impidieron.

Tammy apenas y pudo avanzar unos diez metros, cuando dos de los robots de Slade le cortaron el paso. Tuvo que detenerse abruptamente, y terminó cayendo de sentón al suelo de nuevo. Los dos robots parecieron examinarla y escanearla, poniendo principal atención en los rasgos de su rostro. Parecieron reconocerla como su objetivo y entonces sus ojos comenzaron a brillar de rojo. Tammy se cubrió como pudo con sus brazos y cerró los ojos con fuerza. Creyó que en cualquier momento sentiría el calor de los rayos láser quemándole la piel, pero no fue así.

Un gran muro de roca se alzó justo frente a ella y la protegió de los rayos de los robots, aunque terminó en pedazos justo después de ello. Cuando Tammy logró voltear a ver de nuevo, pudo notar la silueta de Terra saltando sobre ella en contra de los robots. Sus puños se habían cubierto de roca, creando la apariencia de dos enormes puños, y golpeó con cada uno de los robots con ellos, destruyéndoles las cabezas. Luego, alzó dos grandes pedazos de tierra del suelo y los hizo chocar uno contra el otro con los robots en medio, y así haciendo añicos sus cuerpos.

– ¡¿Estás bien?! – Le preguntó notoriamente alarmada, volteándola a ver sobre su hombro.

– Tú… Tú… – Susurró Tammy con apenas un hilo de voz, empezando a hacerse hacia atrás en el suelo. – ¿Quién eres tú en realidad? ¿Qué eres tú?

– Te lo dije la primera vez que nos vimos, ¿recuerdas? – Se giró por completo a ella, y se le acercó con mucha cautela. – Soy Tara, soy tu amiga. Estoy aquí para cuidarte.

– ¿Por qué eres igual a mí? ¿De dónde me conoces? ¡¿Por qué ese hombre dijo que tenemos el mismo ADN?!

Terra se quedó paralizada al escuchar esa última pregunta.

– Escucha… Te lo explicaré… ¿De acuerdo? Sólo…

Más robots se dirigieron en ese momento justo a donde ellas dos estaban, comenzando a disparar sus rayos. Terra no esperó y de inmediato tomó a Tammy y la hizo a un lado, para poder repeler a ambos robots con sus poderes. Sin embargo, Chico Bestia se le adelantó, aplastando a ambos contra el suelo, en forma de gorila.

– Gracias. – Murmuró Terra con cierta duda.

Chico Bestia recobró su forma y entonces volteó a verla con seriedad. Centró entonces su atención en Tammy tirada en el suelo, y se dirigió de inmediato a ayudarla.

– ¿Te encuentras bien? – Le preguntó mientras la ayudaba a sentarse.

– Sí, eso creo…

Terra desvió su mirada hacia otro lado al ver a Chico Bestia ayudando a Tammy. Se le notaba una gran preocupación en su acto, algo que por alguna razón pareció hacerla sentir incómoda.

– ¡Esos eran los últimos! – Escucharon que la voz de Cyborg exclamaba, y entonces los tres vieron como él y Starfire se aproximaban hacia donde ellos estaban. Sin embargo, ambos se detuvieron el seco al ver con claridad el rostro de Terra, quien los volteaba a ver con una expresión fría en su ojo izquierdo, mientras el otro era cubierto con su largo cabello rubio. – Wow… Terra… – Comentó en voz baja, y luego se volteó hacia Tammy. – Y Terra…

La opinión fue la misma: las dos eran idénticas, y las dos eran idénticas a Terra.

– ¿Tú eres contra quien peleamos el día de ayer? – La preguntó Starfire confusa, a la que chica que usaba la camiseta negra y pantalones cafés.

– Qué perspicaz, te felicito. – Le respondió con un tono seco y sarcástico. – Veo que ya estás mejor. Tal vez debí haberte golpeando con una bola de basura más grande…

Ese comentario pareció hacer enojar tanto a Starfire, como a Cyborg y Chico Bestia. Éste último, se paró frente a Tammy de forma protectora, casi como si temiera que la Terra frente a ellos fuera a intentar algo.

– Habla ahora. – Le exigió Chico Bestia de inmediato. – ¿Qué es lo que está pasando aquí? Nos debes una explicación.

Terra guardó silencio, y siguió mirándolos con la misma expresión fría. Le echó un vistazo uno a uno, primero a Chico Bestia, luego a Tammy detrás de él, luego a Starfire, y por último a Cyborg. Todos parecían igual de deseosos de escuchar la respuesta a esa pregunta.

– Yo… No les debo nada…

En ese momento, dio un par de pasos hacia atrás, y ante sus ojos su cuerpo fue tragado por la tierra, literalmente, justo frente a sus ojos.

– ¡Espera! – Exclamó el chico de piel verde con fuerza, pero fue tarde; había desaparecido por completo de su vista.

Al mismo tiempo, Robin seguía combatiendo con Slade. Justo como lo recordaba, las habilidades de combate de Slade eran increíbles. Su agilidad, su fuerza, el cómo saber qué movimiento hacer y cuando hacerlo. Sin embargo, a diferencia de otras veces, Robin parecía poder mantener el ritmo en esa ocasión. Lograba cubrir y esquivar sus ataques con mayor libertad, e incluso lograba atacarlo. Se notaba que el villano aún tenía cierta ventaja sobre él, pero el combate se sentía mucho más parejo.

– Veo que has mejorado. – Comentó Slade, teniendo sus dos espadas totalmente pegadas contra su vara, ejerciendo presión. – Batman estaría orgulloso.

– ¡No necesito que tú me lo digas!

Robin movió con fuerza su vara de izquierda a derecha, haciendo que Slade se alejara de él unos cuantos pasos. En ese preciso momento, la tierra volvió a temblar, concentrándose al parecer justo debajo de Slade.

Picos de roca comenzaron a surgir del suelo, obligándolo a moverse con rapidez hacia un lado. Junto con uno de esos picos, Terra salió disparada del suelo, y luego se dejó caer hacia Slade, extendiendo su pierna para darle una patada directa. Slade apenas estaba recuperando la compostura luego de un salto, y recibió la patada directo en la cabeza, aturdiéndolo un poco.

– Vaya, ¿qué tenemos aquí? – Murmuró mientras intentaba recuperar el balance tras la patada. Terra había quedado de pie, solo a un metro delante de Robin. – Mis dos discípulos, juntos en mi contra. Esto no podría ser más conmovedor.

– Nada de juntos. Yo me encargaré de ti de una vez por todas, sola.

– Espera, no te dejaré hacerlo. – Señaló Robin, y de inmediato intentó acercársele y colocar una mano en su hombro. Sin embargo, sin que ella tuviera que mover ni un musculo, una piedra se alzó del suelo y se dirigió con fuerza contra el abdomen de Robin, empujándolo varios metros hacia atrás y sacándole todo el aire.

– Cómo estaba diciendo…

Sin más espera, Terra se lanzó rápidamente en contra de Slade. Éste sin dudarlo empezó a atacarla con sus espadas cuando se le acercó, pero Terra no tuvo problema en detener las hojas con sus manos, y al parecer desintegrar las hojas de acero con sus poderes. Luego, hizo que los pedazos levitaran, y luego salieran volando en su contra como pequeños proyectiles. Slade corrió velozmente para esquivar los fragmentos, y después se protegió detrás de un árbol.

– Así que descubriste como controlar tus poderes sin mí, y además aprendiste a manejar también el metal. Me impresionas.

– Gracias, maestro.

El pedazo de tierra en el que se encontraba el árbol, comenzó a elevarse rápidamente junto con Slade, y después se fue directo contra el edificio. Slade logró saltar en el último momento, y el árbol se estrelló con fuerza, rompiendo algunas ventanas y agrietando el cemento. Slade cayó al suelo de cabeza, y luego comenzó a rodar un poco. Tras el impacto, su máscara se desprendió y salió volando en la dirección contraria. Su cabello, totalmente blanco y corto, quedó expuesto. Se quedó en el suelo unos instantes, aturdido tras esa dolorosa caída. Intentó levantarse, pero entonces grilletes de piedra comenzaron a formarse en sus muñecas y tobillos, y lo sujetaron con fuerza al suelo. Quedó boca arriba, totalmente sujeto e inmovilizado.

El rostro de Slade era el de un hombre adulto, de complexiones fuertes, pero refinadas. Tenía cabello corto, totalmente blanco, y una barba de candado, también totalmente blanca. Su ojo derecho estaba cubierto con un parche negro, debajo del cual se podía notar algunas cicatrices que marcaban la piel. Su ojo izquierdo era azul claro, y tenía una expresión serena y penetrante. Estaba herido de la frente, y un camino de sangre el recorría el rostro.

– Slade Wilson, al fin no conocemos cara a cara, por decirlo de alguna forma. – Escuchó a Terra murmurar con confianza. Pudo ver por el rabillo del ojo que se le aproximaba por un costado. – Debo admitir que eres más apuesto de lo que pensaba, para ser un viejo amargado.

– Debo reconocer que una vez más te subestimé. – Comentó Slade, aparentando completa tranquilidad. – Supongo que ahora me mataras, ¿no? No sería la primera vez…

– ¿Cómo adivinaste?

Terra se paró en ese momento justo a su lado. Sus ojos brillaron de dorado, y alzó su mano derecha al cielo. Una gran acumulación de roca y tierra comenzó a alzarse sobre ella, y se fue moldeando hasta formar un gran pico de roca que apuntaba hacia abajo. Lo elevó más y más, hasta colocarlo a una gran altura, y lo hizo ubicarse justo sobre Slade. El Villano miró con tranquilidad el objeto flotando sobre él.

– ¡Espera! – Escuchó que gritaban detrás de ella.

Al mirar sobre su hombro, vio a los cuatro Titanes, Robin, Cyborg, Starfire y Chico Bestia, dirigiéndose hacia ella.

– ¡No lo hagas! – Gritó Robin, casi como una orden. – ¡Se terminó!, ¡no tienes que matarlo!

– No me digas qué tengo y no tengo que hacer.

Alzó su pie derecho unos centímetros y luego lo hizo chocar con fuerza con el suelo. La tierra se abrió bajo sus pies, y los cuatro cayeron en una zanja que los cubrió hasta el cuello. Luego la tierra volvió a cerrarse, y los cuatro quedaron atrapados. Sin embargo, Chico Bestia logró escapar, tomando de inmediato la forma de una pequeña mosca.

– ¡No tienes que hacer esto!, ¡no eres una asesina como él! – Le dijo el Chico de Piel verde, tomándola de pronto de su brazo con fuerza.

– ¡Si lo soy! – Le gritó con enojo sin voltear a verlo. – Siempre lo he sido… Siempre he sido justo igual a él…

– ¡Eso no es cierto! Si en verdad eres Terra, sé que no es así. Terra es una buena persona, es una heroína, es nuestra amiga… ¡Y es la persona que yo…!

– ¡Cállate!, ¡no quiero oírlo!

Terra lo golpeó con fuerza con su codo, apartándolo de ella. Antes de que intentara detenerla de nuevo, dejó caer su brazo, y el gran pico de piedra comenzó a desplomarse con fuerza hacia Slade.

– ¡No!

Slade, sin embargo, no parecía alterado. Miraba ese gran pico acercarse a él, y parecía aceptarlo con naturalidad. Tal vez lo que le había dicho a Chico Bestia en la cafetería, era en efecto cierto: no le temía a la muerte.

– Así se hace, Terra. Aprendiste bien…

Cerró su ojo, y simplemente aguardó.

– ¡Detente! – Escuchó que alguien decía. Pero, esa voz no era de ninguno de los Titanes, era… ¿La voz de la misma Terra?

Sintió entonces que alguien se colocaba justo sobre su torso. Al mirar de nuevo, pudo ver la cabellera rubia de Tammy Hawk, quien se había colocado sobre él, como si intentar protegerlo con su cuerpo.

Terra palideció al ver esto, y de inmediato alzó sus manos para detener su proyectil con sus poderes, y éste se detuvo apenas a unos cuantos centímetros de la cabeza de la estudiante.

– ¡¿Pero qué crees que haces?! – Le gritó molesta, mientras seguía sujetando el pico en el aire. – ¡Hazte a un lado!

– ¡No! – Gritó Tammy, volteándola a ver con sus ojos cubiertos de lágrimas. – ¡Chico Bestia tiene razón! ¡No tienes porqué matarlo!

– ¡Tú no entiendes nada de esto! ¡Ahora quítate!

– ¡No!, ¡no entiendo nada de lo que está pasando! Pero sé muy bien que todo esto tiene que ver conmigo, y lo que menos quiero es que alguien muera en este sitio por mi culpa. – Tammy comenzó a ponerse de pie lentamente. Terra se vio obligada a alzar un poco más su pico para que no se golpeara con él. Seguía llorando, y sus piernas le temblaban ligeramente. – No sé quién eres en realidad, pero sé que no eres una mala persona. Las pocas veces que te he visto, siempre has actuado como si te importara, y Chico Bestia me ha hablado mucho de ti. La persona de la que él habla es una persona valiente, divertida y alegre, una súper heroína que ayudaba a  las personas, y una querida amiga para él. No sé lo que te pasó, no sé porque este hombre y tú se quieren matar mutuamente. ¡Pero ya basta!, ¡basta de todo esto!

Terra estaba atónita, escuchando todo lo que esa chica le decía. Chico Bestia, parado no muy lejos de Terra, también estaba asombrado de escucharla decir todo eso.

– Yo… Yo… – Empezó a balbucear con duda. – Yo… ¡Yo lo único que estoy haciendo, es asegurarme de que no te vuelva a molestar! ¿Qué acaso olvidas que estaba por matarte, a ti y a tus amigas, y de volar toda tu escuela? Y esa no es ni la punta del iceberg de lo que este hombre es capaz de hacer. Si lo dejamos convida, las cosas no se quedarán así. Volverá a intentarlo una y otra vez, hasta que tenga éxito.

– Eso es verdad. – Comentó Slade con cinismo. – Una buena aprendiz mía sabría que en efecto, ésta es la única forma de deshacerse de mí. Aunque, ya he muerto una vez, así que creo que tampoco es una gran garantía.

– ¡Cállate! – Le gritó Terra, presa de sus emociones, y luego se volvió de nuevo hacia Tammy. – ¡Estarás mucho mejor sin él aquí!, y podrás tener la vida perfecta, tranquila, y pacífica, sin preocupaciones y miedos que siempre hemos querido.

– ¿Hemos? – Murmuró Chico Bestia, confundido al escucharla decirlo de esa forma.

– Pero no así. – Siguió Tammy con insistencia. – No de esta forma. No puedes simplemente matarlo.

– ¡Sólo mírame!

Volvió a golpear el suelo con su pie, y la sección de tierra en la que Tammy estaba parada se alzó y la arrojó con fuerza hacia un lado, lejos de Slade. Una vez con ella lejos, y antes de pudiera volver a interferir, volvió a hacer que el pico de piedra se dirigiera directo al torso de Slade.

– ¡No! – Exclamó Tammy, al tiempo que intentaba pararse de nuevo.

Chico Bestia tuvo que tomar una decisión rápida, por lo que corrió hacia Tammy, y la tomó con fuerza para evitar que se acercara. Luego hizo que se lanzaran al suelo para cubrirse del inminente impacto. Parecía que en esa ocasión, sí sería el fin para Slade. Pero…

El pico de piedra se hizo pedazos a unos cuantos centímetros de tocar a Slade, como si hubiera explotado. Pedazos e roca salieron volando por todos lados, algunos atravesando las ventanas de la escuela. Chico Bestia se convirtió en Gorila, y cubrió a Tammy con su cuerpo para protegerla de cualquier impacto. Terra, por su parte, igualmente se cubrió con sus brazos y repelió con sus poderes cualquier pedazo de gran tamaño que se dirigiera hacia ella.

– ¡¿Qué pasó?! – Exclamó confundida y molesta. – ¡¿Cómo hiciste eso?!

Slade seguía totalmente sujeto en el suelo, y salvo por algo de polvo encima, parecía ileso.

– Me temo que el crédito no es mío, querida.

Slade tenía su atención puesta en el cielo sobre él. Como pudo, señaló en esa dirección con el dedo índice de su mano derecha. Terra alzó su mirada hacia donde él señalaba, y entonces vio una silueta descendiendo lentamente en su dirección. Chico Bestia, y el resto de los Titanes que aún seguían atrapados en la zanja, voltearon a ver cómo pudieron también. Conforme se iba acercando, más claro se volvió de quién se trataba.

Siguió bajando y bajado, hasta que sus pies, cubiertos con botines azules, quedando suspendidos a unos centímetros del suelo. Su largo vestido azul cielo ondeaba con el aire, al igual que sus cabellos azules y cortos. Chico Bestia y Tammy estaban a sus espaldas, pero el Titán supo quién era al reconocer la piel gris de su espalda y brazos, que su vestido dejaba al descubierto, y su cabello azul corto.

– ¿Raven…? – Murmuró Chico Bestia, algo sorprendido. – ¿Raven… Estás…?

De pronto, volteó a verlo sobre su hombro por unos instantes, y a pesar de que por todo lo demás era claramente su amiga Raven… Su rostro, era uno complemente distinto. Tenía cuatro ojos, dos de cada lado del rostro, y los cuatro brillaban con un intenso fulgor rojo. La expresión de su rostro en general estaba cubierta por completo de enojo, de furia… Chico Bestia había visto a Raven enojada muchas veces, pero nada como eso. Era algo totalmente diferente, algo que incluso le causó un tremendo espasmo de terror. Era como ver de frente y directamente, a un verdadero monstruo.

Una extraña aura rojiza comenzó a cubrirle el cuerpo, como pequeñas llamas que brotaban de su piel. Viró su cabeza abruptamente de nuevo hacia Terra, y en cuanto lo hizo, el cuerpo completo de ella se cubrió de energía negra, levitó en el aire y fue lanzada, todo en el mismo segundo. Terra se estrelló de golpe contra la pared del edificio, dejando su silueta marcada en el concreto. La energía oscura siguió apresándola, evitando que pudiera mover aunque fuera un musculo.

Raven se elevó un poco más en el aire, y comenzó a acercarse a ella.

– ¡Raven!, ¡¿qué haces?! – Le gritó Robin justo cuando pasó levitando sobre el sitio en el que estaban apresados.

– ¿Qué es lo que le pasa a nuestra amiga Raven? – Comentó Starfire, alarmada.

Se veía aún peor de cómo estaba cuando se fue de la enfermería. Parecía totalmente ida, e ignoraba por completo su presencia en ese sitio. Siguió aproximándose hacia Terra, quien parecía luchar para liberarse del agarre de su magia, pero le era imposible; era como si la hubiera sujetado con cadenas. Se colocó flotando sobre ella, y la tomó entonces del cuello con su mano derecha, jalándola hacia atrás, y luego empujándola fuertemente hacia adelante, chocando su cabeza contra la pared. Tras hacer eso, ambas quedaron frente a frente, mirándose fijamente a los ojos.

– ¡¿Dónde… Está… Jared…?! – Cuestionó de golpe la hechicera, con una voz que resonó con fuerza por todo el sitio, casi como si hubiera usado un megáfono.

– ¿Jared? – Cuestionó Cyborg confundido. – ¿Su hermano? ¿Por qué le pregunta de él?

Terra sonrió de lado, aparentemente nada intimidada por la forma tan amenazante en la que le había planteado su pregunta.

– No tengo ni la más remota idea de lo que estás hablando…

Esa respuesta pareció hacerla enojar incluso más de lo que ya estaba. Usando su magia, la separó de la pared, la hizo volar de nuevo por el aire, y luego la estrelló con ímpetu contra la ventana de un salón. Terra atravesó el cristal, y su cuerpo siguió avanzando impulsada por la fuerza, estrellándose contra todos los pupitres, destruyendo algunos, y otros simplemente empujándolos contra la pared.

– ¡¿Qué es lo que le pasa a Raven?! – Exclamó Chico Bestia, viendo toda esa escena pasmado.

– ¿Qué no es ella otra de los Jóvenes Titanes? – Le preguntó Tammy a sus espaldas. – ¿Por qué está atacándola así? ¡Podría matarla!

– ¡Chico Bestia! – Le gritó Robin para llamar su atención. – ¡Rápido!, ayúdanos a salir. Debemos de detener a Raven, está fuera de control.

– ¡Sí!

Antes de ir con sus amigos, se tomó un momento para girarse hacia Tammy.

– Escucha, ve con tus amigas y ponte a salvo.

– Pero, ¿qué pasará con ella y con…? – Volteó a ver de reojo en ese momento a Slade, que seguía sujeto al suelo.

– No te preocupes, nosotros nos encargaremos. ¡Ahora ve!, ¡rápido!

Tammy asintió con su cabeza y empezó a alejarse hacia al salida con rapidez.

Dentro del salón al que había sido arrojada, Terra comenzó a intentar levantarse, algo adolorida tras el golpe, cuando escuchó como la pared, justo por donde había entrado, volaba en pedazos. Un gran agujero se abrió en ella, y Raven apareció flotando del otro lado.

– Te lo repetiré una vez más. – Exclamó con el mismo tono extraño de voz; era casi como si tres voces hablaran al mismo tiempo. – ¡¿Dónde está Jared?!

– ¿Se supone que tengo que saber de quién me hablas? – Comentó Terra, con marcado sarcasmo.

– ¡No finjas! ¡Ya sé exactamente lo que eres! Y sé además que tuvo que ser él quien te creó, ¡¿verdad?!

Terra endureció su mirada al escucharla decir eso, sobre todo la parte de “te creó”.

– Ahora todo es bastante claro. ¡Todo esto fue una trampa y fui demasiado ciega para verlo!

– ¿Te lo dije hace mucho, recuerdas? – Respondió, usando el mismo tono de antes. – No sabes lidiar con tus emociones, y por eso éstas te llegan a dominar con suma facilidad. Como justo ahora, por ejemplo.

– ¡Cállate!

Raven voló abruptamente al interior del salón, directo hacia ella. Terra, utilizando el metal de los pupitres, comenzó levantar todos ellos con sus poderes y a arrojárselos en su contra uno detrás del otro. Casi como si una barrera invisible protegiera su cuerpo, en cuanto un pupitre se acercaba a unos cuantos centímetros de ella, su energía lo repelía y lo arrojaba en otra dirección. No fue capaz de detenerla, y Raven terminó por embestirla, haciendo que ambas atravesaran la otra pared, y terminaran en el pasillo contra los casilleros.

FIN DEL CAPITULO 18

Notas del Autor:

Muchas cosas en un sólo capítulo, ¿verdad? Las dos Terras reunidas, ¿pero cuál es la conexión que existe realmente entre ellas? Algunos posiblemente ya lo habrán adivinado, pero aun así quédense al pendiente que dentro de poco se aclarará. ¿Slade usando armas de fuego?, ¡¿Pero cómo?! Bueno, ya enserio, Deathstroke en los cómics siempre usa armas de fuegos y demás artilugios letales, sólo quise darle un poco de eso. Obviamente esto no se vio en la serie animada, y quizás se sienta un poco fuera del lugar, ¿o no? Igualmente en este capítulo se mostró la cara de Slade, cuya descripción es básicamente basada en la apariencia que tiene en los cómics, series, películas animadas y juegos en los que ha salido, aunque propiamente en la serie de Teen Titans nunca se le vio. Y Raven vuelve a aparecer, más furiosa que nunca y sin darse cuenta de lo que está haciendo.

Cada vez más cerca del final. Yo estoy emocionado, ¿y ustedes?

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Teen Titans: The Sinners. Han pasado unos cuantos meses desde que los Jóvenes Titanes derrotaron a la Hermandad del Mal, y volvieron a Jump City. Todo ha sido muy tranquilo desde entonces, pero las cosas están comenzando a cambiar. ¿Qué es esto que Raven ha empezado a sentir por su líder, Robin?, ¿Y quién es ese misterioso chico que afirma ser su hermano? Aunque siempre había logrado mantener en absoluto control sus sentimientos y pensamientos, estos cada vez parecen comenzar a dominarla. Y si no es capaz de aclarar su mente a tiempo, podría caer víctima de aquello que siempre temió, y arrastrar a todos sus amigos con ella…

+ «Teen Titans, la Serie Animada» © Glen Murakami, DC Comics, Warner Bros. Animation.

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2 pensamientos en “Teen Titans: The Sinners – Capítulo 18. Cómo en los Viejos Tiempos

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