Fanfic Teen Titans: The Sinners – Capítulo 13. Ninguna Duda

16 de enero del 2017

Teen Titans: The Sinners - Capítulo 13. Ninguna Duda


TEEN TITANS

THE
SINNERS

Por
Wingzemon X

CAPITULO 13
“Ninguna Duda”

De la nada, el chocolate salió disparado de la cacerola hacia todas direcciones, como si fuera producto de una fuerte explosión, manchando las caras de Raven y Jared, al igual que la estufa y la pared de la cocina. Ambos chicos parpadearon confundidos sin entender cómo es que algo así había pasado; lo acababan de poner apenas en la estufa a baño maría, y de pronto tenían chocolate por toda la cara.

– No sabía que el chocolate pudiera estallar. – Comentó Jared un poco divertido, aunque Raven no parecía compartir su sentido del humor ni en lo más mínimo. – Arriba ese ánimo, apenas es el primer intento.

Jared le sonrió ampliamente, intentando animarla, pero resultaba muy difícil lograr algo como eso. Raven sentía una nube de mala suerte sobre la cabeza que no la dejaba lograr lo que quería.

A regañadientes, Jared la arrastró a la dulcería e hizo que compraran un molde en forma de cuervo y chocolate para derretir, y ninguna de los dos fue del todo barato. Pero para esos momentos Raven ya había entendido que su nuevo hermano era demasiado terco; cuando le entraba una idea, no la soltaba por nada, por más que ella intentara convencerlo. Se suponía que hacer los chocolates tenía que animarla, pero no estaba dando resultado del todo, porque cada vez se hacía más evidente que no era capaz de hacer nada que tuviera que ver con una cocina. Y lo peor era que Jared sólo le decía que hacer y miraba cómo lo hacía, pero él no se involucraba directamente en el proceso; según él, si eran chocolates de San Valentine, tenía que hacerlos ella misma. Igual la ayuda y consejos de otra persona eran mejores que los de un recetario, pero igualmente inútiles para combatir su inexperiencia en ese campo.

Aún así siguieron intentándolo. Tuvieron mayor cuidado la segunda vez, y en esta ocasión el chocolate no les explotó en la cara, y a simple vista parecía haberse derretido en la cacerola como debía.

– Se ve bien. – Murmuró Jared con optimismo, mientras tomaba una chuchara para introducirla en el chocolate, pero se encontró con la sorpresa de que no era capaz de hacerlo. – Pero no se siente bien.

El chico picó varias veces el chocolate con la cuchara, para darse cuenta de que se había puesto duro como roca. ¿Cómo había ocurrido eso? Raven sabía cómo… De nuevo su mala suerte actuando.

La tercera vez fue mejor, lograron derretir bien el chocolate hasta que quedara líquido, aunque no mucho. Raven le dio vueltas varias veces con una cuchara para evitar que se pegara, y entonces parecía que habían logrado pasar el primer paso satisfactoriamente; esto le daba algo de optimismo a la hechicera. Ahora, lo siguiente era ponerlo en el molde. Sujetando la cacerola con sus manos, previamente protegías con guantes de cocina, Raven pasó a intentar vaciar el chocolate en su lugar.

– Bien, ahora viértelo con cuidado, con mucho cuidado que aún está caliente. – Le decía Jared, mirando desde atrás por encima del hombro de su hermana, pero más que ayudarla esas palabras y esa mirada sólo hacían que se pusiera nerviosa, tanto que sus manos temblaron ligeramente, lo suficiente para que el chocolate cayera fuera el molde, lo que hizo que ella se asustara un poco y que algo de chocolate caliente le cayera en la piel gris de sus piernas, haciéndola soltar la hoya al suelo y quemándose tanto ella como Jared.

Ambos hermanos reaccionaron dando un salto hacia atrás, pero no pudieron evitar ser manchados por el líquido oscuro y caliente, sobre todo en sus zapatos, y de paso todo el suelo de la cocina corrió con la misma suerte.

– Lo siento. – Murmuró un poco apenada la chica de azul, mirando todo el desastre.

– Descuida, si no ensuciamos un poco, es como si no hubieras cocinado nada. – Le respondió él con una amplia sonrisa amistosa.

Luego de limpiar el piso, y a sí mismos, lo intentaron de nuevo. Una vez que vivió en carne propia las consecuencias de no tener cuidado, Raven estaba más decidida a hacer las cosas bien, y así lo hizo. Con mucho cuidado vertió el chocolate líquido en el molde, sin derramar ni una gota, hasta que éste se llenó.

– ¡Lo logré! – Exclamó con fuerza al ver su logro. Una ligera sonrisa de felicidad se asomó en sus labios.

– Bien hecho. – Escuchó como Jared le decía, y colocaba una mano sobre su hombro. – Ahora ponlo en el refrigerador.

Raven tomó con cuidado el molde y lo metió a la nevera; sólo faltaba esperar a que se enfriara.

Raven veía la puerta del refrigerador con cierta emoción, aunque era más impaciencia por saber cómo había quedado. Su botín derecho golpeaba con insistencia al suelo. Jared le sacó un poco de plática mientras esperaban, de nada importante o especial. Sólo le preguntó sobre villanos que había combatido, o más específicamente cuál había sido su última gran aventura.

Le contó de manera rápida sobre Cerebro y su Hermandad del Mal, y de cómo habían viajado por el mundo reclutando a otros Titanes. No daba muchos detalles, ni le ponía mucha emoción a su relato; no era precisamente buena contando historias. Pero aún así, Jared parecía emocionarse con cualquier cosa que le decía; parecía impresionado de todo lo que su hermana había hecho y logrado. Le emoción de Jared se incrementó de golpe cuando le dijo que hace unas semanas habían recibido la visita rápida de Súper Chica. Parecía que también era fan de ella como Chico Bestia, y hasta le pidió que le consiguiera una fotografía autografiada de ella, y si podía ser una foto “sexy”, mucho mejor; Raven de inmediato dijo que no era tan su amiga cómo para pedirle algo como eso, y se apenó ante la sola idea.

Luego de unos minutos abrió la nevera y revisó el cuervo de chocolate; ya se había puesto duro y parecía que estaba listo para comerse.

– No puedo creerlo, éste salió bien. – Exclamó con alegría al ver que lo había logrado. Sin embargo, cuando intentó sacarlo, se encontró con la sorpresa de que no podía. – ¿Qué?

Lo siguió intentando con insistencia, pero el chocolate simplemente no cedía; parecía que estaba pegado por completo al molde. Cuando ya no pudo más, comenzó a usar su magia, jalando el chocolate hacia el lado y el molde hacia el otro.

– ¿Recordaste ponerle aceite al molde para que no se pegara? – Le preguntó el chico de cabellos rojizos, mientras veía lo que hacía.

– ¡¿Ponerle qué…?! – Intentó decir ella justo antes de que el chocolate y el molde se separaran, pero era porque el chocolate se había hecho pedazos y gran parte de él se había quedado pegado al molde de todas formas. Raven miró la imagen con horror; la impresión fue tanta que su magia se esfumó y tanto el chocolate como el molde cayeron al piso inevitablemente.

– Sí, creo que olvide decirte eso. – Murmuró Jared, rascándose su mejilla. – Creo que fue suficiente por hoy, ¿no crees?

De pronto, ante los ojos sorprendidos de Jared, Raven cayó de rodillas al suelo, mirando fijamente el molde y los pedazos de chocolate frente a ella. En su mirada se reflejaba una fuerte, muy fuerte frustración, que fue evolucionando poco a poco, hasta convertirse en… Ira, enojo, enfado. Sus puños se apretaron con fuerza, y de la nada alzó el derecho, golpeando con fuerza uno de los trozos de chocolate, casi haciéndolo polvo con el impacto, y ensuciándose la mano.

– San Valentine es la semana que viene… – Murmuró en voz baja, aunque luego su tono se acrecentó de golpe. – ¡Y no puedo siquiera hacer un cuervo de chocolate!, ¡ni siquiera uno! ¿Cuál es mi maldito problema?, ¡¿Por qué no puedo hacer nada bien?!

Sus ojos se cubrieron de energía oscura, y de golpe las cacerolas que estaban sobre la cocina salieron volando por el cuarto, estrellándose contra la pared contraria; ella ni siquiera pareció darse cuenta de lo que había hecho.

Aunque en ese momento lo decía por el chocolate, sabía muy bien que esas palabras iban dirigidas a algo más grande. Ese arranque de ira y frustración era originado por muchas cosas, la mayoría ocurridas esos últimos días, con respecto a ella, a Robin, y esta situación. Aunque, Jared sabía muy bien que también era por otros motivos…

Una sonrisa maliciosa se asomó ligeramente en sus labios, mientras veía a Raven en el suelo, estando él parado detrás de ella en silencio.

“Ira, bonita emoción, Raven; pero está mal encaminada.” – Pensaba el chico de cabellos rojos, sin quitarle los ojos de encima. – “Esa ira no debes de proyectarla en ti, sino hacia los demás. Pero ya aprenderás, hermanita…”

El chico recuperó la normalidad y se le acercó con cuidado, agachándose y colocando una mano sobre su hombro de manera reconfortante. Raven volteó a verlo de reojo sobre su hombro, y éste le sonrió.

– Oye, ya progresamos, no te preocupes. – Le dijo. – Verás que en un par de días esto nos saldrá bien. No pierdas esos ánimos.

– Sí, lo siento. – Se disculpó la hechicera, intentando tranquilizarse.

Jared la ayudó a ponerse de pie, y entonces ella volvió a ver el chocolate roto bajo sus pies. Su reacción había sido un poco exagerada… ¿o no? Pero realmente se sentía mal de que nada le saliera bien últimamente, a ella que siempre tenía todo bajo control y en perfecto orden.

– Gracias por todo, Jared. – Agradeció con un tono serio sin voltear a verlo. – Y lamento las molestias que te causo… Simplemente no soy yo misma últimamente.

Al decir eso, desvió su mirada hacia otro lado, como si le diera vergüenza lo que acababa de decir, y más o menos así era.

– Para eso son los hermanos, ¿o no? – Le contestó Jared divertido, dándole un golpecito sin fuerza en el hombro.

– Hermanos…

La palabra pesó mucho saliendo de sus labios, como si le fuera difícil de pronunciar o entender. A Raven le sorprendía un poco que, pese a todas las molestias que le había ocasionado ese día, Jared siguiera tan dispuesto a ayudarla. Era cierto que se suponía eran hermanos, pero aún seguía siendo una persona nueva en su vida. ¿Eso era lo que llamaban el llamado de la sangre? La hechicera lo volteó a ver de reojo de forma disimulada. Lo ocurrido esa mañana en la Torre se había esfumado de su mente, pero en esos momentos regresaba a su memoria. De nuevo recordó la discusión con Robin, las cosas que le dijo, y en especial lo que ella le dijo a él.

Jared notó de inmediato que algo raro pasaba.

– ¿Qué ocurre? – Le preguntó confundido, inclinando su cabeza hacia un lado.

Raven dudó de nuevo. Se volteó al frente una vez más, y guardó silencio por largo rato, intentando analizar de manera rápida si era conveniente hablarle de eso, pero en realidad no era capaz de analizar nada a profundidad; hasta lo más sencillo le parecía confuso en esos momentos. La verdad es que no podía seguir con la duda que Robin y Malchior le habían implantado. Quería confiar en Jared, y confiaba en él… Pero necesitaba estar segura.

Lentamente se dio la media vuelta, parándose frente a él para mirarlo fijamente a los ojos con firmeza y sinceridad.

– ¿Recuerdas que te dije que discutí con Robin por una ventana rota? – Le preguntó con un tono aparentemente calmado, y antes de que él pudiera responderle, ella se adelantó a lo que quería llegar. – Mentí. La verdad es que la discusión… Fue por ti…

Por dentro, Jared se sobresaltó sorprendido al oírla decir eso, pero intentó disimularlo.

– ¿Por mí? – Murmuró luego de un rato, fingiendo cierta tranquilidad.

Raven asintió con su cabeza y de nuevo tuvo que desviar su mirada hacia otro lado con cierta pena.

– Robin y… – Se detuvo de golpe al estar cerca de mencionar a Malchior, pero le pareció innecesario tener que explicar quién era Malchior, y más porque lo que él le dijera le sería significativo como para hacerla dudar así. – Otros más, piensan que no debo de confiar en ti. Que me estoy apresurando a juzgarte, que te creí demasiado pronto, y que tal vez me estoy dejando lleva por la emoción, y se supone que yo jamás hago eso. Y que tal vez… – Lentamente lo volteó a ver de reojo. – Tú me estás mintiendo, o me estás ocultando algo, y todo este encuentro tiene algo de trasfondo que no me has dicho…

Jared seguía tranquilo, con una expresión seria que no reflejaba asombro, o preocupación, ni ningún otro tipo de emoción. Sin embargo, por dentro, era todo lo contrario. La mente de Jared parecía llena de un creciente enojo al escucharla.

“Ese maldito farsante…” – Pensó el pelirrojo, refiriéndose directamente a Robin.

Había recordado el día anterior, como lo había recibido tan amablemente, a diferencia del resto de los Titanes, y pensó que no tendría que preocupares porque le diera problemas, incluso afirmó ser su fan y todo. Pero ahora se daba cuenta de que debía de haberle puesto más atención a la información que poseía de él, la cual indicaba que era demasiado cuidadoso y precavido con los extraños, y eso lo incluía a él. Robin desconfiaba de él, y eso era malo para sus planes, pues Raven creía ciegamente en ese chico; las dudas que él tuviera podrían convertirse irremediablemente en las dudas de ella, lo que sería contraproducente…

Debía de solucionar ese asunto de inmediato antes de que se hiciera más grande.

– ¿Y tú qué piensas de eso? – Le preguntó luego de un rato, exteriorizando calma.

Raven guardó silencio por un rato, y luego negó un poco con su cabeza.

– No lo sé. La verdad es que creo que al menos él tiene razón en algo. Yo me conozco muy bien, y no entiendo porque confíe tan rápido en ti… Si se supone que yo no confío en nadie…

El pronunciar esas palabras en voz alta pareció tener un extraño efecto en Raven, como si acabara de acordarse de algo importante, o de notar algún detalle que no había visto.

– Pero yo no soy nadie, soy tu hermano. Eso lo hace diferente.

– ¿Lo hace? – La expresión fría de Raven se clavó de nuevo él, como si sus ojos fueran agujas.

Ambos se quedaron callados, mirándose el uno al otro en rotundo silencio, como si esperaran a que el otro hiciera el más leve movimiento para reaccionar. Por un momento parecía que Raven la reclamaría o le diría algo, pero en su lugar la Titan simplemente suspiró levemente y se alejó de él algunos pasos, saliendo de la cocina y parándose en media sala, dándole la espalda.

– Lo siento, yo… Yo en verdad quiero confiar en ti, Jared. Normalmente espero a tener motivos por los cuales confiar en alguien antes de hacerlo, pero tienes razón… Contigo es diferente, y en verdad siento que puedo confiar en ti… Pero no puedo ver nada claro en estos días, y no sé porqué.

– Simplemente han sido muchas cosas en pocos días. Estabas con todo este asunto de Robin y el día de San Valentine, y de la nada aparezco y te enteras que tienes un hermano… Simplemente debes de calmarte y digerir todo mejor, ¿no crees?

Jared volvió a sonreír con despreocupación, esperando a ver qué reacción tenía su invitada. Raven se quedó quieta en su lugar largo rato, antes de volverse hacia él de nuevo.

– Tal vez… Pero… – Calló, miró hacia el suelo unos segundos y luego lo volvió a mirar. – ¿Podrías hacer algo por mí?

– Lo que sea.

Raven se le acercó de nuevo con pasos cautelosos, hasta pararse frente a frente ante él a menos de un metro. Luego, alzó su mano derecha levemente, manteniéndola entre ambos, a una corta distancia del rostro del chico.

– Déjame tocarte y entrar en tu mente. – Dijo de pronto. – Quiero poder estar segura de que todo lo que has dicho es cierto, y de que puedo confiar en ti. Pero no puedo hacerlo si no me lo permites.

Jared se quedó helado. Sus ojos se abrieron por completo y su rostro pareció palidecer aún más de lo que ya estaba. Su atención se fijaba en los dedos blancos de Raven, que permanecían muy cerca de su cara, casi de forma amenazante. Raven esperaba una respuesta, pero él no parecía muy dispuesto a darla.

La situación permaneció igual por casi un minuto, hasta que de pronto, una sonrisa tranquila surgió en los labios del chico. Tomó la mano de su hermana con cuidado de la muñeca, y entonces empezó a hablar.

– ¿Enserio quieres hacer eso? – Murmuró con gran amabilidad en su tono sin soltarla. – Creí que lo tenías ya todo muy claro ayer, creí que habíamos llegado a tener una conexión de hermanos, que tú también habías sentido lo mismo que yo…

Un extraño fulgor rojizo se había formado en las pupilas de Jared. Raven pareció sorprenderse al notarlo, pero más que reaccionar, parecía haberse quedado sumida o embelesada por ese brillo. Los ojos y las palabras de Jared parecían adormilarla un poco, atraerla… ponerla casi en transe…

De un segundo a otro, todo a su alrededor pareció esfumarse. Ese departamento, sus muebles, sus paredes, incluso el suelo bajo sus pies, todo eso dejó de existir para Raven. Todo ese espacio desapareció, dejando sólo un gran vacío, en el que sólo existía el contacto de la mano de Jared contras su muñeca, ese brillo rojizo que surgía de sus ojos, y el sonido relajante y casi “dulce” de su voz entrando por sus oídos.

– Dime, ¿no te demostré ayer que mis intenciones eran correctas…? ¿Qué ocurrió? ¿Sólo porque Robin lo dice, ya tienes esas dudas? ¿Quién es él para decirte cómo te sientes o qué es correcto o incorrecto? ¿Puede él saber más que tú sobre esto?, ¿sobre lo que sabes o sientes?

– Yo… – A Raven se le dificultaba articular las palabras con claridad, incluso en su propia cabeza le era complicado formar las frases.

Las ideas que había tenido hace apenas unos segundos antes, parecían carentes de significado. Recordando lo que había pensado o dicho, ahora le parecían ideas bobas y sin sentido. De un parpadeó a otro, todas las dudas que había tenido parecían desaparecer, esfumarse, pero habían sido remplazadas… ¿Por qué?, ¿qué era lo que pensaba en esos momentos exactamente?, ¿qué era lo que su mente intentaba decirle? Por más que lo intentaba, era totalmente incapaz de razonar. Todo en su cabeza no era más que estática como la televisión. Se sentía mareada, todo le daba vueltas, y sentía que si no se sujetaba de algo, terminaría por caerse. ¿Qué le estaba pasando…?

De pronto, cómo si le hubieran lanzado un cubo de agua fría encima, Raven pareció salir por competo de ese extraño estado. Ahora podía ver, sentir y pensar con claridad. Ya sentía sus pies contra el suelo firme, y la nada había sido remplazada con un espacio y tiempo. Sin embargo, algo era diferente; algo había cambiado.

No estaba más en el departamento de Jared… De hecho, ni siquiera tenía a Jared ante él. La sensación era extraña, era como estar sentada en la oscura sala de un cine, con la enorme pantalla rectangular ante ella como única fuente de luz. En ella pasaban las diferentes imágenes y escenas de una película a gran velocidad, pero aún así, ella era capaz de captar todo y de entenderlas sin problema.

Vio claramente escenas que su madre o su maestra en Azarath le habían contado, pero que ella no había visto jamás. Personas con túnicas y capuchas negras, velas encendidas, cuartos oscuros, símbolos pintados en las paredes y piso, símbolos que ella reconoció de inmediato. Una mujer hincada en el piso en el centro de uno de esos símbolos, de cabello rojizo largo, mientras los demás la rodeaban y pronunciaban palabras en un lenguaje desconocido para la mayoría, pero no para ella; ella lo conocía muy bien, y sabia lo que estaban diciendo y para qué…

Ella sabía lo que venía, todo su ser se lo decía al ver esa escena y al escuchar las palabras. Era inevitable, y así ocurrió: él apareció… Miró claramente esos cuatro ojos rojos brillando como carbón encendido, pudo incluso percibir ese aroma de fuego y muerte que siempre lo acompañaba. Escuchó su voz, sintió toda su gran presencia, tanto que sintió que el aliento se le iba, que su piel ardía, y todo su cuerpo se llenaba de un gran terror… Tenía la tentación de gritar, pero entonces la escena cambió…

Era un parque, o un bosque, era difícil saberlo. Pero el sol brillaba con fuerza, árboles de gran tamaño se alzaban a los lados. Raven sentía que estaba ahí. Podía sentir el sol sobre su cara, la hierba contra sus pies, la agradable y fresca brisas moviendo sus cabellos… Pero ella no estaba ahí, ella no era la que estaba caminando por ese lugar. Ella podía verlo y sentirlo como si lo fuera, pero no era así… Era alguien más, estaba viendo y sintiendo todo eso por medio de otra persona. Fuera quien fuera, caminaba por ese sendero rodeado de árboles, tomado de la mano de una persona. Ésta otra persona debía de ser considerablemente más alta, pues tenía su brazo alzado para poder tomarla como se debía de la mano… ¿Quién era?

Raven movió su cabeza hacia un lado, y pudo ver una pequeña manita de piel gris pálida, tomando una mano más grande pero delicada que la guiaba. Alzó entonces poco a poco su mirada para poder ver quién era. El sol se encontró contra sus ojos, privándola de poder ver con claridad su rostro. Pero lo que alcanzó a ver fue más que suficiente. Era una mujer, vistiendo un largo vestido morado, fresco y ligero, de cabellos rojizos y largos, con una amplia sonrisa de felicidad en sus labios pintados de rojo. Raven supo de inmediato quién era, supo por los ojos de quien estaba viendo eso, y qué significaba esa visión.

Las siguientes fueron varias escenas similares que fueron pasando una tras otra a gran velocidad, y en todas ellas aparecía esa mujer. Podía verla cocinando, caminando, cantando, cociendo, incluso durmiendo a su lado… Pero nunca era capaz de verle su rostro con claridad… Y todo siguió igual, hasta que la mujer dejó de aparecer. Entonces ya no había el mismo sol soleado o árboles verdes, ya ni había comida o casa bonita. Todo eso fue remplazado abruptamente por soledad, por lluvia, por frío, hambre, y miedo… Un tremendo miedo que heló por completo los huesos de Raven. Sentía dolor, un dolor pulsante en el pecho, que la aprisionaba y debilitaba. Todas esas sensaciones y sentimientos, no eran de ella, no era ella quien las sentía realmente… sino él, su hermano, Jared…

Raven cerró los ojos con fuerza, apretándolos para intentar salir de ese mal sueño, deseando que al abrirlos de nuevo todo eso desapareciera, y así fue.

La Titán había vuelto al departamento de Jared, a estar rodeada por sus cuatro paredes, a estar parada frente a él en su cocina como recordaba… Pero algo había cambiado, algo no era como antes: la posición de su mano. Jared había dirigido la mano derecha de Raven hacia su rostro, y la sostenía de tal forma que la hechicera tenía toda su palma contra la mejilla del chico, sintiendo por completo la calidez de ésta.

La hechicera retrocedió abruptamente, apartando su mano de su mejilla, y mirándolo fijamente con gran asombro. Era muy claro para ella lo que había pasado, pero aún así le era difícil de procesar…

– Es cierto. – Murmuró de pronto en voz baja, casi incapaz de hablar. – Eres hijo de Trigon… como yo…

– ¿Acaso lo dudabas? – Contestó el chico, aunque en esa ocasión no lo decía con un tono sarcástico o bromista.

– Pero… Esa mujer, ¿era…?

– Era mi madre, en efecto. – Un cierto rastro de tristeza se asomó en la mirada de Jared, y lentamente retrocedió hasta apoyarse un poco en la cocina. – Y la razón por la que no pudiste ver su rostro, es porque simplemente creo que ya ni lo recuerdo… Sólo su sonrisa… Esa sonrisa que siempre tenía, pero aún así…

El chico calló de golpe, siendo incapaz de terminar la frase. Pero Raven no necesitaba que terminara; ella sabía muy bien lo que iba a decir, pues de hecho ella, no sólo lo había visto con sus propios ojos, lo había sentido, había sentido en carne propia todo lo que él había sentido en esos momentos. Había sentido ese miedo, esa confusión, esa tristeza, esa tremenda soledad. Todo eso fue real…

De pronto, y sin siquiera pensarlo, la Titán se le acercó rápidamente de manera apresurada, y sin aviso alguno, abrazó al chico con fuerza. Jared aparentemente se sorprendió por este acto tan repentino, tanto que ni siquiera sabía si corresponderle el abrazo o preguntarle por qué lo hacía. En lugar de eso, simplemente se quedaron callados y en silencio, permaneciendo juntos por largo rato hasta que la propia Raven se apartó de él con lentitud.

Una pequeña sonrisita se dibujó en sus labios, y una expresión de más seguridad y alegría que antes le adornaba el rostro. No sabía cómo decirlo con palabras, pero simplemente sentía un gran bienestar en su pecho en esos momentos, una gran felicidad que pocas veces había sentido en el pasado. La visión que había tenido a tocar a Jared le revelaba que lo que le había contado era cierto, que en verdad tenían un origen en común, un origen que los unía más de lo que antes hubiera previsto.

Ese chico ante ella era su hermano, y de eso ya no tenía ninguna duda.

– Lo siento. – Se disculpó, alejándose un par de pasos de él. – Yo… Lamento haber tenido que hacer esto. En verdad… Gracias Jared…

– No te preocupes. – Le contestó él, respondiéndole su sonrisa de la misma forma. – Si así te sientes más segura y tranquila, por mí está bien.

Raven, que no estaba tan acostumbrada a sonreír tanto, en esos momentos parecía incapaz de dejar de hacerlo. No sabía qué decir o como actuar. El día anterior había aceptado la idea de tener un hermano, pero fue sólo hasta ese instante que realmente entendió la naturaleza de ello, y se dio cuenta de que era verdad. ¿Debía decirle que lo quería o algo así? ¿Debía volver a abrazarlo?, no sabía, no sabía nada, a excepción de que estaba muy emocionada, tanto que si no se tranquilizaba rápidamente podría provocar que sus poderes causaran un accidente.

– Creo que en verdad fueron muchas emociones para un sólo día, hermanita. – Bromeó Jared, colocando una mano sobre su hombro. – Creo que deberías volver y descansar un poco, ¿no? Mañana podemos seguir intentando hacer los chocolates, ¿qué te parece?

– Sí… ¡Por supuesto! – Exclamó rápidamente, asintiendo con su cabeza. – Yo… Gracias Jared… Enserio…

Raven volvió a sonreír; no estaba muy segura de en qué momento dejaría de hacerlo, pero esperaba que fuera pronto.

Jared guió a Raven a la puerta, y ambos se despidieron con un último abrazo y con la promesa de verse al día siguiente sin falta. Raven se alejó caminando por el pasillo, y él la miraba hasta que se perdió en las escaleras. Una vez que esto pasó, el chico entró de nuevo, y cerró la puerta detrás de sí. Suspiró con algo de cansancio y recargó su espalda contra la puerta, cerrando sus ojos por unos momentos.

– Eso fue realmente espeluznante. – Pronunció de pronto una segunda voz en el departamento.

Jared no se mutó al oírla, como si su presencia en ese lugar no le fuera desconocida. Lentamente abrió sus ojos, y se giró con cuidado hacia la sala, en la cual se encontraba la persona que le hablaba, sentada en uno de sus sillones, con sus piernas cruzadas y sus brazos extendidos sobre el respaldo, mirándolo desde su asiento con una picara sonrisa.

– ¿Y tú cuanto tiempo llevabas espiándonos… Terra?

La chica de cabellos rubios rió divertida ante la pregunta.

Terra, o al menos quién parecía serlo, se encontraba vestida del mismo modo que aquel día en la ya destruida base de Slade, con unos pantalones cafés anchos, una camiseta negra de mangas largas, guantes, y una máscara negra sobre su cabeza, que le cubría el área de los ojos, su frente, y la parte superior de su cabellera.



– Un rato nada más. Eres un muy lindo hermano mayor, ojala el mío hubiera sido así conmigo. – Rió divertida, y entonces se puso de pie de un salto. – Pero hablando enserio, ¿cómo es que tienes esa influencia tan grande en ella? No puedo creer que Raven, la chica perfecta e inteligente, haya caído tan fácil.

Jared sonrió ampliamente, reflejando una gran malicia en su expresión. Con sus dedos se acomodo los mechones que cabello que caían sobre su rostro y luego se dirigió con pasos despreocupados hacia la ventana. Corrió la cortina hacia un lado y se asomó por ella, a tiempo para ver como Raven salía del edificio por la puerta frontal, y luego alejaba caminando por la acera. Su sonrisa, al igual que su emoción, no se había disipado aún.

– Tengo ayuda para lograrlo, recuérdalo. – Señaló mientras seguía a la Titán con la vista. – Y además, no es tan difícil. Raven ha tenido tanto tiempo reprimidas sus emociones, que en estos momentos es como una gelatina. Sólo tienes que darle un pequeño toque y todas estas se vuelven locas. Y la situación que vive con el tal Robin ayuda mucho también.

– Ya veo. Siempre supe que sus emociones eran su mayor debilidad. Al parecer no es tan lista como todos creen.

– Hey, cuidado con lo que dices. – Jared volteó a verla sobre su hombro, y al parecer no estaba contento con su comentario. – Es incluso mucho más lista de lo que tú o todos creen. Es mi hermana, después de todo. Y sus emociones no son una debilidad, sino todo lo contrario. Esas emociones que posee son las que la hacen más poderosa; sólo se lo tengo que hacer saber. – De nuevo se giró hacia la ventana, pero Raven ya había desaparecido. – Pero ese Robin me sorprendió. Me convenció de que me recibía amablemente en su torre, pero en el fondo fue el primero en desconfiar de mí. Y lo peor es que Raven confía ciegamente en él y en sus decisiones, mucho más que en mí, por lo que si le sigue metiendo ideas, puede que ni yo con los poderes que poseo ahora sea capaz de hacerla cambiar de opinión la próxima vez.

– Robin no es tan peligroso como piensas. Es como Raven. Por fuera se hacen los rudos y desconfiados, pero por dentro ambos son unos crédulos y sentimentales.

Jared sonrió divertido al oírla y entonces se apartó de la ventana, dejándose caer en otro de los sillones de la sala.

– Veo que tú sabes muy bien eso, ¿no?

– Tú sabes muy bien que sí. Slade me usó exactamente para eso, para conocerlos de cerca y darles dónde más doliera. Y por lo que veo, no han cambiado en nada.

Jared se recargó por completo contra el respaldo del sillón, y con sus dedos se frotó un poco sus ojos. Había sido realmente agotador, no sólo manipular las emociones de Raven para que sus dudas desaparecieran, sino además arreglárselas para que al tocarlo viera justamente lo que ella quería ver; un paso en falso y todo se hubiera arruinado. Pero había salido bien, mejor de lo que esperaba. Se había ido contenta, y totalmente convencida de que podía confiar en él, y eso era una gran victoria que bien valía las energías aplicadas. Pero no sería una victoria duradera si Robin o el resto de los Titanes seguían metiendo su cuchara en el asunto.

Tendría que moverse más rápido de lo que tenía planeado.

– Ya que mencionaste a Slade, ¿hay alguna novedad sobre ese tema?

– No por ahora. Me temo que Slade desapareció sin dejar rastro, como acostumbra hacer. Quién sabe dónde esté ahora.

– ¿Estás segura de que sobrevivió a la explosión?

– Conozco a esa rata, y podría apostar con seguridad de que sigue vivo. Escondido, pero vivo.

– Bien. A como está la situación, creo que tendremos que hacerlo salir, y matar dos pájaros de un tiro.

Terra parpadeó confundida al escucharlo decir eso, y se sentó en el sillón en el que se encontraba hace unos momentos para poder escuchar con más detalle.

– ¿A qué te refieres?

– Me refiero a que acabo de hacer otro pequeño cambio de planes. Tendremos que adelantar las cosas más de lo que quería, pero será lo mejor.

Jared cruzó una pierna sobre la otra, apoyó su codo derecho sobre el antebrazo del sillón y su rostro contra su mano, mirando Terra fijamente con una amplia sonrisa de oreja a oreja.

– ¿Estás lista para un reencuentro amistoso?

Robin había estado la última parte de la mañana, y toda la tarde encerrado en el cuarto de computadoras de Cyborg, utilizando su máquina más potente para poder realizar una investigación especial, algo que no era tan extraño. En ese cuarto no sólo tenían la computadora más rápida, con mayor capacidad, y la que tenía mayor facilidad la hackear y penetrar en redes ajenas, sino que además tenía la ventaja de ser un sitio privado, sin otro ruido que no fuera el de las máquinas, ni otro distractor, lo que facilitaba al máximo su trabajo de detective. De hecho, también el ambiente oscuro y silencioso le traía algunos recuerdos nostálgicos, de otra súper computadora que también se ubicaba en un sitio similar, sólo que mucho más lúgubre…

Sin embargo, en esa ocasión había algo más que su ferviente deseo de saber la verdad detrás de sus acciones. La pelea, o más bien “conversación asertiva”, que había tenido Raven, seguía picándole en la cabeza constantemente por lo que deseaba concentrarse en otra cosa para distraerse, lo cual había funcionado en parte. Intentar entrar en la red de un par de instituciones, obtener la información que quería, borrar sus huellas para que nadie se diera cuenta de que había estado ahí, y luego intentar analizar toda la información varias veces para ligarla con la que ya tenía, siempre había sido una tarea que lo entretenía bastante y lo ayudaba a olvidarse de cosas que lo molestaban. Pero esa vez era algo distinto.

¿Qué era lo que hacía diferente esa situación? ¿Qué de hecho no estaba seguro de cuál era su opinión concreta al respecto?, ¿qué la discusión hubiera terminado prácticamente con él como el malo?, ¿qué de alguna forma todo había caído a recordarle “ese” suceso de su pasado?, ¿o tal vez porque involucraba tan específicamente… a Raven?

El chico de antifaz se encontró así mismo pensando en esa última idea, pero en cuanto cayó en cuenta rápidamente agitó su cabeza para disipar esos pensamientos. ¿Por qué sería tan significante el hecho de que fuera Raven la involucrada? ¿Estaba preocupado por ella? Sí, claro que lo estaba, era su compañera de equipo y una gran amiga, era normal que estuviera tan preocupado por ella… ¿o no? ¿No estaría metiéndose demasiado en su vida personal, él que jamás deja que nadie se meta en la suya? ¿Qué era lo que realmente le perturbaba de todo eso?, ¿qué era lo que no lo dejaba tranquilo….?

– ¿Robin? – Escuchó que la inconfundible voz de su compañera Tamaraniana pronunciaba detrás de él, obligándolo a retirar sus ojos de la gran consola y fijarlos en ella.

La chica de largos cabellos rojos se acercaba flotando desde la puerta, para luego pegar sus pies en el suelo a menos de un metro de su silla.

– Ah, hola Starfire. – Comentó Robin no muy animado.

Echó un rápido vistazo al reloj de la pantalla y se dio cuenta de que ya era cerca de las cinco de la tarde. Eso significaba que llevaba ya más de cuatro horas en ese sitio sin que se diera cuenta del pasar del tiempo. Pero no era muy raro que eso pasara; era algo común en su personalidad concentrarse tanto en el trabajo que hasta se desconectaba de todo lo demás. De seguro su amiga se había preocupado por él y había ido a verlo.

– ¿Todo está bien? – Preguntó la joven extraterrestre.

– Sí, lo siento. Creo que me sumí demasiado en esta investigación y se me fue el tiempo.

El chico se recargó contra su silla y se frotó un poco sus ojos sobre su antifaz; se veía cansado.

– Entiendo…

Starfire miró hacia otro lado, al tiempo que frotaba su brazo derecho con su mano izquierda. Para Robin fue obvio que algo la inquietaba, lo que podría significar que su repentina visita era por algo más que sólo preocupación por su salud.

– ¿Ocurre algo, Starfire?

Parecía que esperaba justo a que le hiciera esa pregunta para poder hablar, como si le estuviera abriendo una puerta para que pasara con toda libertad. Aún así, le era algo complicado expresar lo que quería comentar, y se le notaba un marcado nerviosismo en la forma en que movía sus dedos y evitaba mirarlo a los ojos.

– Yo… Lo siento… Es que sin querer escuché tu discusión… con Raven esta mañana.

Robin se sobresaltó sorprendido al escucharla decir eso. Al principio se asombró, pero luego entendió que no debería de extrañarle tanto. La discusión se volvió tan acalorada en algún momento, que era difícil creer que nadie los hubiera escuchado.

– Todo está en orden, no te preocupes. Raven sólo necesita tiempo para asimilar todo esto.

– Eso no fue lo que le dijiste. – Señaló ella, recordando claramente las palabras que el muchacho había pronunciado en aquellos momentos. – La verdad es que yo pienso lo mismo que tú. Algo muy extraño le está pasando, y tal vez ese chico tiene algo que ver.

Robin no estaba muy seguro si le animaba o no el que su compañera compartiera su punto de vista al respecto. Después de todo, ni él mismo estaba muy seguro de tomar esa postura ante el tema.

– Tal vez, pero no podemos culparlo de nada sin pruebas. Esto es importante para Raven… Y tú de seguro la comprendes mejor que el resto.

Starfire guardó silencio, y simplemente asintió levemente con su cabeza. En efecto, para la Tamaraniana era difícil no identificarse con su compañera, y recordar inevitablemente a su hermano Wildfire. Pero a su vez, no podía evitar recordar la gran decepción que había vivido por el engaño de Madame Rouge, perpetrado por su propia hermana. Por lo mismo, Starfire sentía una mezcla de emociones, que no la dejaban decidir a quién apoyar en ello.

Alzó su mirada hacia la pantalla, en donde Robin tenía abiertos varios archivos, que parecían diferentes documentos, algunos digitales, otros escaneados, y en casi todos figuraban nombres como “Markovia”, “Hawk” o “Preparatoria Murakami”.

Sin ninguna pista solida que seguir con respecto a Slade, Robin había decidido investigar sobre Terra. Había leído toda la información que tenía recolectada hasta el momento de Markovia, la tierra natal de Terra, pero no había nada que pudiera indicar que luego de salir de la cueva hubiera vuelto a su país, y no tenía forma de contactar a Geo-Force para comprobarlo. Hasta ahora, la única seña de Terra concreta que conocían, era esa chica que Chico Bestia afirmaba era ella, por lo que sus esfuerzos se habían volcado en esa dirección durante las últimas horas.

– ¿Descubriste algo? – Preguntó la joven de ojos verdes, mientras seguía revisando con la vista todos esos archivos.

Robin, aparentemente ansioso de cambiar el tema anterior, de inmediato le respondió.

– Sí, y de hecho es algo muy extraño. – Le infirmó el chico de antifaz, girándose hacia la consola. Rápidamente trajo al frente de la pantalla tres documentos; uno de ellos parecía ser un kardex de calificaciones. – Encontré el registro de Tammy Hawk, la chica que Chico Bestia dice que es Terra, en la escuela Murakami y en otros sitios. Lo que he encontrado es que al parecer es huérfana de padres, y ahora vive con sus abuelos, aquí mismo en Jump City… Desde hace cinco años. – Pareció recalcar mucho esta última parte. – Encontré documentación de su inscripción en los últimos cinco años, e incluso sus calificaciones desde entonces y algunas fotos escolares,  credenciales, acta de nacimiento, todo está aquí y en orden.

– Entonces no puede tratarse de Terra. Chico Bestia se equivocó.

– Lo sé, eso parece, pero… – El chico guardó silencio unos momentos, intentando reacomodar sus ideas. – Hay algo que no me cuadra en todo esto… Algo no está bien… Mira.

Robin abrió en ese momento una foto y la amplio para que ésta ocupara toda la pantalla.

Starfire se quedó totalmente atónita al ver la imagen ante ella. La foto era justamente de Tammy Hawk, vestida con ropa deportiva compuesta de una camiseta blanca de manga corta, y unos pants azules. Parecía estarse estirando y calentando para correr. Al parecer se encontraba era algún tipo de festival deportivo en la escuela, ya que se veía mucha gente de fondo.

– ¿Es ella? – Preguntó sin poder salir aún de su asombro.

– Sí, ella es Tammy Hawk. Esta foto fue tomada hace apenas dos meses atrás. Fue hasta que vi fotos de ella que me di cuenta porqué tanto Chico Bestia como Raven estaban tan seguros de que era ella. Es difícil de creer que dos personas con el mismo rostro hayan coincidido en la misma ciudad por mera casualidad, y que no hayamos sabido de ella hasta ahora, y justamente al mismo tiempo que desapareció la estatua de Terra. No sé quién sea realmente esta chica, pero estoy seguro de que tiene algo que ver con ella de alguna u otra forma.

– Es Terra. – Pronunció la extraterrestre de pronto.

Robin apartó su atención de la pantalla y se giró de regreso a su amiga. Starfire estaba de pie, totalmente quieta, inmóvil, con sus grandes y abiertos ojos verdes fijos en esa imagen, tanto que ni siquiera pestañaba. La reacción de Starfire eran similares a las que él había tenido la primera vez que vio la foto, lo que le hacía recalcar sus dudas.

– Sí, lo sé, el parecido es asombroso…

– No, no es el parecido. – Le interrumpió la extraterrestre de pronto, tomándolo por sorpresa. – Tiene el mismo rostro, pero no es sólo eso… Esa chica es Terra, estoy segura de eso.

Robin pareció confundido al oír tal afirmación. ¿Veía ella algo en esa imagen que él no?, ¿cómo podía decir eso con tanta seguridad en su voz?

– ¿Cómo lo sabes?

– No… No sé bien cómo explicarlo, simplemente lo siento así. No tengo ningún tipo de duda al verla, sé que es Terra, así de sencillo. Pero… – Guardó silencio como dudando de qué decir. – No está completa…

El chico maravilla parpadeó confundido. ¿No estaba completa?, eso era algo que entendía incluso menos que la afirmación anterior.

– ¿A qué te refieres con que no está completa?

– En algo en su mirada, en su expresión… Incluso en su postura… No lo sé. Simplemente sé que es Terra…. Pero… algo le falta…

Robin se giró de nuevo hacia la foto en el monitor, intentando poder percibir lo mismo que ella. Desde su perspectiva, sólo podía ver a una chica con un parecido prácticamente idéntico al de su antigua compañera, igual que lo habían hecho Chico Bestia y Raven… Pero los tres eres seres humanos, y  Starfire era extraterrestre, criada de una forma diferente a ellos. ¿Sería posible que por esto ella fuera capaz de ver algo más en esa imagen que ellos no?  ¿Podría ese algo ser la clave para resolver ese misterio…?

FIN DEL CAPITULO 13

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Teen Titans: The Sinners. Han pasado unos cuantos meses desde que los Jóvenes Titanes derrotaron a la Hermandad del Mal, y volvieron a Jump City. Todo ha sido muy tranquilo desde entonces, pero las cosas están comenzando a cambiar. ¿Qué es esto que Raven ha empezado a sentir por su líder, Robin?, ¿Y quién es ese misterioso chico que afirma ser su hermano? Aunque siempre había logrado mantener en absoluto control sus sentimientos y pensamientos, estos cada vez parecen comenzar a dominarla. Y si no es capaz de aclarar su mente a tiempo, podría caer víctima de aquello que siempre temió, y arrastrar a todos sus amigos con ella…

+ «Teen Titans, la Serie Animada» © Glen Murakami, DC Comics, Warner Bros. Animation.

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