Fanfic Teen Titans: The Sinners – Capítulo 12. No me Conoces

12 de enero del 2017

Teen Titans: The Sinners - Capítulo 12. No me Conoces


TEEN TITANS

THE
SINNERS

Por
Wingzemon X

CAPITULO 12
“No me Conoces”

Había muchas personas en ese mundo que le resultaban desagradables con tan sólo recordarlas, y una de las principales se estaba presentando abruptamente ante ella Malchior, el milenario dragón que había sido sellado en ese libro hacia cientos de años por un antiguo hechicero de nombre Rorek. Raven lo había conocido muy bien, y él a ella, pues la había logrado engañar hasta el punto de lograr que se abriera con él, le contara cosas que jamás le había contado a nadie, e incuso la convenció de liberarlo de su prisión, haciéndola creer que quien le hablaba era el antiguo mago, y no el malvado dragón de la leyenda. Ese había sido uno de los peores errores que Raven había cometido, un error que aún la perseguía y por mucho tiempo afianzaba lo que siempre había pensado: no se puede confiar en nadie…

Luego de un rato, la Titán pareció superar su primera impresión al verlo salir del baúl y hablarle como si nada, y rápidamente recuperó la poca compostura que le quedaba para esos momentos. Su mirada se endureció al ver fijamente al libro flotando frente a ella, y al ver esos falsos ojos en la página abierta.

– ¿Cómo es que puedes volver a hablar? – Preguntó con molestia, dando un paso hacia él. – ¡Yo te sellé de nuevo!

– Me liberó lo mismo que lo hizo la primera vez. – Murmuró divertido el ser en el libro. – Tú necesidad de tener a alguien que te entienda, te escuche y te ayude.

Raven se sobresaltó al escucharlo decir eso. ¿Hablaba enserio?, ¿eso era lo que lo había liberado la primera vez? En efecto en aquel entonces se había sentido muy mal y sola. Había pensado mucho en lo que sería su cumpleaños próximo, en el que parecía que inevitablemente la profecía de su destino se haría realidad, y eso la había sumido en una ligera depresión. Había comenzado a pensar que ninguno de sus amigos la entendía, y que incluso para ellos, no era más que la chica “rara” del grupo, como el propio Chico Bestia le había dicho. En ese momento realmente deseaba a tener a alguien que la entendiera y la escuchar, y ahí fue cuando apareció Malchior, que más que nada aprovechó su vulnerabilidad del momento para usarla.

Ahora en los últimos días había estado en un estado muy similar, más que nada debido a los pensamientos que le habían surgido con respecto a Robin, y qué era lo que sería de su vida ahora que ya tenía un futuro verdadero por delante. ¿Eso había hecho que de nuevo Malchior despertara? Era la única explicación a la vista, pero eso había sido hace ya algunos días. ¿Desde cuándo estaba consciente de nuevo? ¿Desde cuándo estaría ahí escondido en el baúl, simplemente esperando a ver que escuchaba? La sola idea hizo que la hechicera se llenara de rabia. Sus ojos se cubrieron de energía oscura como señal de respuesta y el libro de Malchior se cubrió de la misma energía, siendo entonces arrojado con fuerza por el cuarto hasta azotar contra la pared y caer el suelo; el ser atrapado sólo soltó un gemido de dolor ante el golpe.

Raven no sabía si conscientemente lo había hecho, o si sus poderes reaccionaron solos, en parte debido al estado tan confuso que se encontraba desde antes de entrar a su cuarto. Pero la verdad le daba igual, se sintió mucho mejor al hacerlo.

– Llegaste varios días tarde, ya encontré a alguien que lo haga por ti. – Dijo con un tono de enojo

– Oh, claro, tu amistoso hermano mayor. – Murmuró el ser mientas el libro se abría en el suelo, de nuevo en la misma página. – Los escuché hablando hace un momento. Muy simpático el chico, me agrada. Creo que tenemos mucho en común.

– ¿De qué estás hablando? – Cuestionó confundida, acercándosele rápidamente.

La verdad no le importaba la respuesta, no tenía ningún deseo de oírlo hablar. Su plan era encerrarlo en el baúl hasta encontrar la forma de que se callara de nuevo. Sin embargo, éste comenzó a reír divertido en cuanto ella tomó el libro en sus manos.

– Humanos, las únicas criaturas que cometen infinitamente el mismo error sin aprender de ello. Al parecer ni siquiera tu lado paterno te salva.

– ¿Qué?

– Despierta y huele la realidad, Raven. El tal Jared es una farsa, más falso que el Treceavo Pergamino Dorado de Merlín. Te está usando, no sé para qué aún, pero es tan claro como el agua, incluso para mí estando en este libro.

¿Una farsa? ¿Por qué decía eso? ¿Y cómo que la estaba usando? ¿Para qué? Eso era absurdo, simplemente absurdo… Pero algo evitaba que Raven lo catalogara por completo como ello. De nuevo sintió que su mente era un revoltijo. Intentaba recordar que apenas el día anterior ella también había pensado algo así… Pero cada vez que lo hacía sentía como si eso no hubiera sido el día anterior, sino hace años, que toda su vida siempre había confiado en Jared, que siempre había sabido que era su hermano y que podía confiar en él. Pero no fue así. ¿O sí? ¿Por qué había cambiado de parecer con respecto a Jared? ¿Qué había sido exactamente…?

No lo escuches, ¿cómo puedes confiar en alguien te usó y traicionó sin el menor remordimiento? Es un monstruo sin conciencia. El único falso aquí es él… Recuerda lo que te hizo…

De nuevo esa voz, y de nuevo no estaba segura si había sonada en su cabeza o de dónde había venido. Pero en cuanto escuchó esas palabras pareció tranquilizarse más. Era cierto, ¿cómo confiar en Malchior? Confiar en él, eso sí sería cometer dos veces el mismo error, y no lo iba a hacer.

– ¿Tú que sabes? – Le respondió con fuerza. – No tengo porque escucharte, ni creer en nada de lo que me digas.

Entonces, cerró el libro con fuerza y luego lo arrojó hacía el interior del baúl, como si arrojara una envoltura de papel a la basura.

– Con cuidado.  – Exclamó la voz de Malchior al caer en el fondo del baúl.

– Quédate ahí hasta que sepa como callarte de nuevo.

Dicho eso, la hechicera cerró de golpe la tapa, azotándola con fuerza.

– Puedes pensar lo que quieras, Raven. – Escuchaba que decía desde adentro, aún con la tapa cerrada. –  ¿Pero por qué te mentiría? Yo no ganó nada con ello, ¿o sí?

– Sólo fastidiarme y hacerme enojar. Es lo que único que te queda, pues sabes bien que nunca te liberaré de nuevo.

– Bien, cree lo que quieras. Pero piensa esto por un momento: ¿Quién fue la última persona con la que te sentiste así de comprendida y feliz como lo estás ahora con ese chico?

Silencio, rotundo silencio. Raven no fue capaz de pronunciar respuesta alguna, pero no porque no supiera cuál era sino todo lo contrario: sabía exactamente a quién se refería, y no podía decirlo, pues esa última persona con quién se había sentido tan en confianza como se sentía en esos momentos con Jared, era él… Malchior.

Su silencio le indicó sin duda al dragón que su comentario había dado en clavo.

– Y todos sabemos cómo terminó eso, ¿cierto? – Comentó con un tono de burla y entonces comenzó a reír con fuerza, carcajada tras carcajada.

Su risa la desesperó. Oírla en su cabeza, con el eco del baúl haciéndola resonar una y otra vez. Podía imaginárselo riendo, riéndose de ella, riéndose de la tonta Raven. Cada segundo que pasaba, parecía aumentar más y más su… Ira, y ésta fue acumulando más y más hasta que ya no pudo aguantarlo.

– ¡Cállate!, ¡¡Cállate!! – Gritó con todas sus fuerzas y sus manos y ojos se cubrieron de su magia.

El baúl fue cubierto también con ésta, y pareció compactarse, rajarse, como si una enorme mano lo apretara entre sus dedos. Luego, casi por sí solo, se alzó en el aire y salió volando con gran rapidez, directo hacia la ventana, atravesándola como un proyectil y siguiendo su ruta por varios metros más, hasta comenzar a descender en picada a las oscuras aguas del mar.

Raven se quedó de pie, mirando hacia la ventana rota, con su respiración agitada. Sus hombros bajaban y subían con rapidez, sus ojos se encontraban llenos de furia, tanto que casi parecían inyectados de sangre. Su frente estaba tensa, y un par de gotas de sudor le recorrían el rostro. Poco a poco pareció tranquilizarse, hasta que su cuerpo se rindió y cayó de rodillas al piso, y hubiera terminado por completo tirada si no fuera porque se apoyó con sus manos al frente para evitarlo. ¿Por qué había hecho eso? Acababa de sumirse por completo a su ira, lo que suponía que nunca debía pasar. ¿Esas solas palabras por parte de Malchior habían causado eso? No, era obvio que su falta de meditación había tenido gran parte de la culpa. Ahora estaba convencida de que su mente era un desastre, y le era imposible aclararla aunque fuera un poco. Encima de todo se sentía muy agotada, y no estaba segura de por qué.

Tenía que ir a buscar el baúl, a buscar ese libro; no podía dejarlo en el agua sí como así. De alguna u otra forma, Malchior se había vuelto en su responsabilidad, en su deber… Pero su cuerpo no le respondía. Casi como si fuera un zombi, se puso de pie y caminó tambaleándose hacia su cama, tirándose a ella boca abajo sin quitarse su capa siquiera. ¿Por qué no salía volando de inmediato a buscar el baúl? ¿No debería de hacer algo con esa ventana rota? Intentó pensar en eso mientras estaba recostada en su cama, que antes de ese momento nunca le había parecido tan cómoda, y hacer que su cuerpo se levantara, pero no funcionó. Lo que su mente y cuerpo querían en esos momentos, era sólo cerrar los ojos y no abrirlos hasta el día siguiente… Y así lo hizo.

Como en un parpadeo, la noche se acabó y volvió el día a Jump City. Esa mañana en particular se desarrolló con notoria normalidad en la Torre Titán, a excepción de algo, un algo que durante todas esas horas desconcertó en silencio a algunos de sus habitantes, pero sobre todo a uno en especial. Cuando éste ya no podía esperar más, de inmediato se dirigió con pasos apresurados hacía el cuarto de su compañera de equipo. Pese a que se había acostado relativamente temprano, apenas un poco después del atardecer, Raven seguía dormida cerca del mediodía; fácil ya había dormido más de doce horas. Robin había preferido esperar a que ella se despertara por su cuenta, antes de irla a buscar y terminar, o más bien empezar, la conversación de la noche anterior. Pero con cada hora que pasaba se preocupaba un poco más por su amiga. Antes de ese momento no se había dado cuenta que frecuentemente eran ellos dos los primeros en levantarse, pero en esa ocasión Raven sería la última.

Como de costumbre, la puerta de su cuarto estaba cerrada, y no se escuchaba ni un sólo sonido del interior. Robin consideró por un momento la posibilidad de que no estuviera ahí, que tal vez hubiera salido temprano, antes de que cualquiera de ellos despertara, ¿Pero a dónde podría haber ido? La posibilidad le parecía tan extraña como la de que aún siguiera dormida tan tarde. Sin esperar ni un segundo más, llamó con un poco de fuerza, tocando la puerta con sus nudillos.

– ¿Raven? ¿Estás ahí? – Exclamó justo al dejar de tocar.

Pese a no haber recibido ningún tipo de respuesta a su acto, éste sí tuvo un efecto. Raven seguía dormida como Robin pensó originalmente, y muy dormida; había estado sumida en el sueño de manera ininterrumpida desde la noche. ¿Por qué se sentía tan agotada? ¿Por qué de repente su cama se había vuelto tan cómoda y agradable? Si no fuera por el ruido de Robin llamando a su puerta, quién sabe a qué horas se abría despertado por sí misma; tal vez no hubiera vuelto a la vida hasta el día siguiente. El rostro de la hechicera comenzó a reaccionar, y su cuerpo se movió hacia un lado, cambiando de posición hasta quedar boca arriba. Al abrir sus ojos con sumo cuidado, lo primero que vio fue su propio techo oscuro. Parpadeó un poco, y parecieron pasar unos cuantos segundos antes de poder despertar por completo y estar consciente de dónde estaba, o de quién era.

Algo de luz entraba por su ventana. ¿Ya era de día? ¿Qué había pasado? Intentó por un rato recordar qué había hecho antes de quedarse dormida. Recordó a Jared, había salido con él, vinieron a su cuarto, él vio el recetario y la hizo confesarle lo de Robin…. ¿Robin? Escuchó que de nuevo llamaban a la puerta, e identificó que ese sonido fue justo el que la había despertado.

– ¿Raven?, ¿estás bien? – Se escuchó la voz del chico de antifaz del otro lado, y eso pareció hacerla reaccionar por completo.

– ¿Robin? – Susurró en voz baja, e inmediatamente después se sentó.

Lo que había ocurrido justo después de que Jared se fue, se hizo claramente visible ante ella, pues al sentarse pudo ver de frente su ventana rota. Sus ojos morados se llenaron de sorpresa y rápidamente se lanzó hacia ella, asomándose hacia afuera. Ahora lo recordaba, ahora recordaba a Malchior. En un arranque de ira había arrojado su baúl por la ventana, con el Libro de Malchior en su interior. ¿Por qué había hecho eso? Recordando lo sucedido en esos momentos, le parecía incomprensible, en especial el cómo pudo haberse acostado a dormir sin siquiera ir a recuperarlo o buscarlo. ¿Tan cansada se sentía?

Ahora no veía ningún rastro del baúl, ni en el agua ni en la orilla. De seguro estaría en esos momentos en el fondo del mar, y de seguro no sería una experiencia muy agradable para él. ¿Debería ir a buscarlo?

– Raven. ¿Podemos hablar? – Escuchó de nuevo que Robin le llamaba.

La Hechicera se sobresaltó, se volteó a la puerta y luego a la ventana rota. Las ventanas rotas no eran extrañas cuando se trataba de ella, ¿pero cómo le explicaría qué había ocurrido con su baúl?

– Ah, sí, ¡espera! ¡Ya voy! – Le contestó con rapidez, y usando su magia corrió las cortinas, ocultando el vidrio roto detrás de ellas; se ocuparía de eso después. Luego, se dirigió prácticamente corriendo hacia la puerta, abriéndola de golpe, saliendo, y cerrándola detrás de ella sin darle al chico parado del otro lado ninguna oportunidad de ver al interior del cuarto.

Robin parpadeó confundido, viendo a su amiga respirando con agitación, con su espalda pegada a la puerta. Luego de unos segundos, pareció tranquilizarse, pararse derecha y recuperar su semblante tranquilo y frío de siempre, aunque en el fondo le era particularmente difícil mantener esa expresión en esos momentos.

– Buenos días. – Saludó intentando disimular su estado.

– Tardes. – Contestó él, sin salir de su confusión. – Ya es más del mediodía.

– ¡¿Mediodía?! – Exclamó sorprendida, rompiendo en un segundo toda la concentración que había logrado.

Raven se quedó atónita mirando al suelo. ¿Por qué había dormido tanto? Eso no era normal. ¿Había soñado algo en todas esas horas? Normalmente cuando su sueño se volvía tan profundo, era porque estaba teniendo alguno de sus extraños sueños, que la mayoría resultaban ser visiones del futuro. Pero en esa ocasión no recordaba nada, solamente haberse acostado, cerrados los ojos, y entonces despertar más de doce horas después. ¿Todo eso era por su falta de meditación? No recordaba haber pasado por algo similar antes, pero tampoco había estado tanto tiempo sin meditar, creído estar enamorada o intentado hacer cuervos de chocolate, y menos todo al mismo tiempo, así que era obvio que toda esa experiencia fuera nueva para ella.

– ¿Todo está bien, Raven? – Escuchó como Robin le preguntaba, luego de haberse quedado callado por algunos segundos. – Te he notado un poco extraña desde ayer, ¿qué pasó?

¿Extraña? Odiaba que usaran esa palabra para referirse a su persona. ¿Era su manera de decirle que se preocupaba por ella? Eso lo entendía, y tal vez tenía razón para estarlo, en esos momentos ella misma se sentía preocupada también. De seguro Robin quería ayudarla, pero su presencia no le era del nada relajante o cómoda esa mañana. De hecho, el estar así de cerca, a sólo unos pasos de separación, frente a frente, la hacía querer salir corriendo, y de hecho no era tan mala idea.

– ¿Podemos hablar de esto después? Voy de salida. – Dijo sacándole la vuelta a su compañero de pronto. –  Iré a ver a Jared a su departamento.

– ¿Ahora? – Contestó el petirrojo, siguiéndola con la vista. – Aún no sabemos nada sobre Terra o Slade.

– Dijiste que les dejara este asunto a ustedes y que me encargará de esto, ¿recuerdas?

Robin pareció sorprenderse mucho de oírla decir eso. En efecto, sí lo había dicho, o algo parecido, pero no esperaba que Raven tomara esas palabras como excusa para zafarse de su deber así como así. Ella no hacía esas cosas, y por ello lo que Robin pensaba desde el día anterior parecía reafirmarse.

En ese momento, sin que ninguno de los dos pareciera darse cuenta de inmediato, otro de sus compañeros se encontraba cerca del pasillo, caminando no muy lejos de ellos. De hecho, Starfire estaba también recién levantada; igualmente había dormido hasta tarde, aunque no tanto como su amiga, y  no se había acostado tan temprano tampoco. Mientras caminaba en dirección a la sala de estar, alzó sus brazos, estirándolos hacia arriba, y luego lanzó un fuerte bostezo al aire; justo al mismo tiempo le pareció escuchar las familiares voces de sus compañeros de equipo. Mirando hacia su derecha, pudo ver con claridad a Robin y Raven, ambos parados en el pasillo frente a la puerta de ésta última. Ella estaba prácticamente al otro lado del corredor, pero incluso desde su perspectiva, le pareció sentir un aire serio y denso en torno a ellos.

– Sé que lo dije. – Se explicó el Titán, quien al igual que Raven no pareció notar la presencia lejana de Starfire. – Pero es de Jared justamente de quién quiero hablarte.

Raven detuvo su marcha y se quedó parada dándole la espalda con ligera confusión en su rostro. Lentamente se dio media vuelta, virándose hacia su líder directamente.

– ¿Qué ocurre con Jared? – Le preguntó.

– Eso mismo quiero saber yo. ¿Qué pasó ayer?

– ¿A qué te refieres?

– ¿A qué me refiero?



El Titán realmente parecía no comprender la actitud de su amiga. Lo que decía, como lo decía, sus expresiones, todo era como si la persona frente a ella fuera alguien totalmente diferente a la Raven que él conocía. Sin espera, comenzó a explicarse.

– La última vez que hablamos estabas totalmente renuente a aceptar que ese desconocido te estuviera diciendo la verdad. Y justo después de eso lo traes a la torre, lo presentas a todos como tu hermano, lo defiendes y le enseñas tu cuarto. No lo entiendo, ¿qué ocurrió para hacerte cambiar tan drásticamente de opinión?

¿Cambiar tan drásticamente de opinión? No había sido así… ¿o sí? Raven guardó silencio por largo rato, como si las palabras de Robin le hubieran revelando una verdad que había pasado por alto, o le hubiera recordado algo que olvidó. Era cierto, al principio la idea no le había parecido en lo más mínimo, y su actitud en el centro comercial hablaba por sí sola. Pero ahora… La hechicera sacudió su cabeza rápidamente, como intentando despejar todos esos pensamientos de su mente.

– No hay nada de malo en eso. – Le contestó con cierta seriedad, volteando hacia otro lado. – Solamente… Llegué a la conclusión de que no sería tan malo tener un hermano.

– No, no lo sería. Pero creo que te estás dejando llevar muy rápido por esto. No lo entiendo Raven, ¿qué fue lo que pasó?, ¿qué te dijo o hizo para convencerte de que era tu hermano y tenía buenas intenciones al buscarte?

– ¿Qué hizo…?

Nada… Nada en especial, sólo le contó su historia, le contó de su madre, de cómo creció, de todo lo que sentía, y simplemente… Se había sentido demasiado identificada con él. Pero, ¿sólo por eso había de pronto aceptado que ese chico era su hermano? ¿Había sentido lastima por él o realmente creía lo que le decía?

De pronto, un gran coraje pareció nacerle en el pecho. Los momentos en los que estuvo con Jared el día anterior, incluso cuando se suponía que no estaba disfrutando el paseo, se había estado sintiendo bien, feliz, tranquila; su mente no estaba tan llena de dudas y preguntas, y prácticamente se había olvidado de todo el tema confuso de Robin, Starfire y demás hasta que volvió a la Torre, y aún entonces había sentido que con la ayuda de Jared podría aclarar todos esos problemas, y que podría sentir lo que era tener un hermano, una familia de verdad; y ahora Robin, al igual que Malchior, se paraba ante ella  como si lo supieran todo, arruinándolo con sus palabras. La estaban confundiendo, la estaban molestando, haciendo que lo único que tenía claro en esos momentos ya no lo estuviera, y eso le enojaba, se estaba enojando realmente con él. Rápidamente alzó su mirada fulminante hacia el chico de antifaz. Éste, al igual que su oyente al otro extremo del pasillo, pareció sobresaltarse un poco ante esto.

– ¿Por qué me interrogas ahora? Yo no he hecho nada malo, ¡Y tú fuiste quien me convenció de ir y hablar con él!, que aceptara que tal vez de todo el asunto de Trigon algo bueno me había quedado, ¿recuerdas?

– Sé lo que dije. – Contestó él rápidamente, intentando calmarla. –  Sólo intento explicarte que estás tomando decisiones muy apresuradas…

– Creí que después de lo que me contaste, tú serías el primero en entenderme.

Robin calló de golpe al oírla decir eso, y al mismo tiempo Starfire también pareció sorprenderse. Inconscientemente, la pelirroja se escondió detrás del muro, y apenas asomó un poco la cabeza para ver; no quería que su presencia hiciera que dejaran de hablar. No era propio de ella ponerse a escuchar conversaciones ajenas, pero había algo raro en esa, en especial en lo que Raven acababa de decir. ¿A qué se refería con que Robin le había contado algo y por eso habría de entenderla? ¿Qué le había dicho Robin a Raven?

El Chico Maravilla se quedó en silencio por casi un minuto, y en todo ese tiempo ninguno apartó la mirada del otro hasta que Robin cedió, y desvió su rostro hacia otro lado, casi como si se sintiera avergonzado.

– Es verdad, tú ya conoces mi historia, y por lo mismo sabes que entiendo muy bien lo que puedes estar sintiendo; tal vez es por eso que insistí tanto en que fueras a conocerlo.

Le comenzó a decir, y entonces se volvió hacia ella de nuevo, colocando de pronto ambas manos sobre los hombros de su compañera, tomándola por sorpresa. El líder de los Titanes la miró tan fijamente a los ojos, que Raven por un momento le pareció poder ver los de él atreves de su antifaz; sintió como si eso la desarmara.

– Pero debes de pensar las cosas con calma. Tal vez sea tu hermano, o tal vez no, pero sea como sea sólo llevas un día de conocerlo. No es normal que hayas aceptado tan rápido lo que ese chico te dijo. Debes de pensar bien todo esto antes de actuar. No debes de dejarte llevar por la primera impresión; te conozco, y tú no eres así.

¿Ella no era así? ¿Ella no era  cómo exactamente? ¿Impulsiva?, ¿de decisiones rápidas?, ¿de confiar rápido en las personas? ¿De saber lo que hacía sin tener que meditarlo o dudarlo una y otra vez? Sí, tal vez eso era cierto, tal vez así era ella, o esa era la imagen que ella siempre le quiso dar a Robin y los otros, la imagen que todo tenían de Raven Roth. ¿Pero realmente era así? ¿Robin la conocía de verdad? ¿La conocía tan bien como para afirmar que ella no era así? ¿Qué sabía él de ella? ¿Qué sabía de cómo era ella, lo que pensaba o lo que sentía? ¿Qué sabía de lo que sentía por él…?

Nada, no sabía nada. Nadie sabía nada de ella, nadie la entendía, nadie sabía cómo era realmente, nadie podría ponerse en sus zapatos, nadie podría comprenderla o conocerla… Sólo Jared. En el fondo de su corazón estaba segura que él sí era capaz de entenderla y conocerla. Él era su hermano, sangre de su sangre, había vivido rezagado, marcado desde temprana edad como un monstruo por cosas que él nunca hizo. Jared sí sabía que esa fachada de chica oscura y fría era sólo eso: una fachada. Estaba totalmente segura de eso; en su mente no había duda… Ninguna duda.

– Pues… – Murmuró en voz baja y entonces se apartó rápidamente las manos de Robin de encima y lo volteó a ver con un marcado enojo en su mirada que sorprendió mucho al chico. – ¡Tal vez sí soy así! Tal vez sí puedo tomar decisiones apresuradas y sí puedo confiar en lo que me dice mi instinto o mi corazón y no equivocarme… ¡Tal vez tú no me conoces tan bien como crees! ¡Tal vez ninguno de ustedes me conoce! Yo fui quien entró en tu cabeza, ¡no tú en la mía!

Lo último lo exclamó con tanta fuerza que todo el edificio pareció resonar un poco. ¿Habrá sido a causa de sus poderes?

Robin de nuevo guardó silencio, incapaz de responderle, pues en verdad lo había tomado por sorpresa con esas palabras; no tenía idea de que reaccionaría así. Ambos se quedaron viendo el uno al otro con absoluto silencio, como esperando que alguien dijera algo, pero no pasó; ambos estaban en blanco. Luego de un rato, Raven tomó su capucha y se ocultó el rostro con ella.

– Debo irme… – Exclamó en voz baja y pausada, y sin decir más su cuerpo se cubrió de energía oscura, y pareció hundirse en el piso hasta desaparecer.

– Espera… Raven… – Intentó decir el chico de antifaz para detenerla, pero fue muy tarde; la energía de Raven se esfumó junto con todo rastro de ella.

“¿Qué fue eso?” – Se preguntó Starfire algo confundida.

Había sido algo muy extraño lo que había visto. ¿Por qué Raven reaccionó así? Nunca la había visto en ese estado. El verla molesta era común, pero eso era algo diferente. Estaba… ¿Indignada?, ¿dolida? Incluso… ¿triste? Había más detrás de eso de lo que se veía, pero en parte incluso ella fue capaz de darse cuenta de que las palabras de Robin no estaban del todo equivocadas: algo extraño le estaba pasando a su amiga…

Se arrepintió de lo que había hecho y dicho al minuto siguiente de haber salido de la Torre. ¿Por qué hizo eso?, ¿por qué había dicho todas esas cosas?, ¿por qué había tratado así a la única persona que desde siempre se había esforzado por tratarla bien y hacerla sentir tranquila y segura? ¿Por qué se había puesto tan a la defensiva con una persona que lo único que deseaba era ayudarla como siempre lo había hecho? Y además, se trataba de Robin, el chico que se suponía ella…

Él tenía razón, algo no estaba bien; definitivamente no era ella misma esos días.

Le había dicho que iría al departamento de Jared, como habían quedado la noche anterior, pero la verdad era que lo había dicho más como una excusa para escaparse que otra cosa. Sin embargo, justo cuando salió, le entró una necesidad inmediata de en efecto ir a ver su nuevo hermano. ¿Él la estaría esperando? Lo más seguro era que sí, después de todo la estuvo esperando en el muelle el día anterior sin tener la seguridad de si iría o no a hablar con él.

Cuando regresaban del Centro Comercial hacia la Torre, Jared hizo que se desviaran un poco para pasar por el barrio en el que se encontraba su departamento. El barrio no era precisamente muy lujoso, de hecho todo lo contrario. Tampoco era precisamente un barrio pobre, pero podría catalogarlo como de clase media baja. Pero cómo fuera, tenía un ambiente agradable, de niños jugando beisbol en la calle y señoras sentadas afueras de su casa, simplemente meciéndose y viendo hacia la calle o charlando con alguna vecina. No entraron al departamento en esa ocasión, de hecho sólo vieron el edificio desde afuera, que era de apariencia humilde, de sólo tres pisos. Le dijo que siempre que necesitara verlo podía ir a buscarlo al departamento número 12, y en esos momentos se dirigía justo a ese sitio.

El edificio era más humilde por dentro de lo que se veía por fuera. Parecía algo viejo y descuidado, aunque tampoco como para desmoronarse bajo sus pies al caminar. No tardó mucho en encontrar el departamento número 12 que se encontraba en el tercer piso. Permaneció de pie inmóvil por casi un minuto frente a la puerta, viéndola fijamente, repasando con la vista una y otra vez el uno y el dos en ella, dudando en si entrar o no. Lo que Robin le acababa de decir seguía resonando en su cabeza. ¿Y si tenía razón?, ¿o si Malchior tenía razón? ¿Cómo podía estar totalmente segura de confiar en él? ¿Cómo podía saber si su decisión no era la equivocada? Raven no podía evitar preguntarse si esa incertidumbre era normal en cualquier persona, o sólo a ella le ocurría por su estado. Chico Bestia bien le había dicho en su conversación que lo que ella llamaba una falta de control de sus emociones, era simplemente una confusión normal que a todos les pasaba; hasta ese momento no se había dado cuenta de lo poco que sabía ciertamente de cómo pensaban o sentían las personas normales. ¿Eso la convertía en una persona anormal?

La puerta del departamento se abrió de golpe, asustándola un poco. Ni siquiera había tocado todavía, pero igual Jared ya le había abierto la puerta. El chico de cabello y ojos rojos la miró divertido, recargándose en el marco de la puerta.

– ¿Cuánto tiempo llevas ahí parada? – Le preguntó con un tono burlón, aunque ni siquiera le dio tiempo de responder algo, pues de inmediato la tomó del brazo y la jaló hacia el interior del departamento. – Te estaba esperando, pasa.

Raven no opuso mucha resistencia a ser introducida de esa forma al cuarto, y de hecho luego de entrar tampoco siguió pensando mucho en lo de hace un momento, pues ahora se concentraba en mirar el espacio en el que se encontraba en esos momentos. El departamento era chico, pero realmente chico. La sala y la cocina prácticamente ocupaban el mismo espacio, no había nada que se pareciera a un comedor, y sólo una puerta del lado derecho que posiblemente llevaba la habitación. ¿Y el baño?, esa era una muy buena pregunta. La sala sólo tenía dos sillones algo viejos y empolvados, y una única ventana estaba cubierta por cortinas algo viejas y gastadas. La cocina se componía de un refrigerador, una estufa, y un horno de microondas chico. Todo era muy básico.

– Qué departamento tan… pequeño. – Se le escapó de pronto de los labios sin querer.

No era que le molestara ese tipo de espacio, o que estuviera acostumbrada a grandes lujos, pero simplemente le parecía un poco difícil de creer que su propio hermano viviera en un sitio así, en especial cuando el día anterior le acababa de comprar tanta ropa y regalos como si nada; ¿se había gastado sus ahorros sólo en ella? Eso la hacía sentir algo culpable… Sólo un poco, ya que de hecho ella jamás quiso que le comprara ninguna de esas cosas, y fue él quien insistió.

– Bueno, no es un palacio como la Torre Titán, – Explicó Jared con despreocupación. – pero el alquiler es barato y hay una cocina en la que podremos cocinar sin que nadie nos sorprenda.

Dicho eso, se dirigió a la cocina y abrió algunas puertas, buscando hoyas para derretir el chocolate.

– Disculpa el desorden, apenas me acabo de mudar.

Eso se notaba. El departamento era chico, pero la ausencia de muebles, cuadros, y cosas era demasiado evidente y lo hacían sentir vacío.

– ¿Piensas quedarte mucho en Jump City? – Le preguntó mientras caminaba a uno de los sillones y se sentaba en él, levantando una ligera nube de polvo a su alrededor al hacerlo.

– No tengo a dónde ir. Cómo te lo dije, estoy solo en este mundo, así que creo que no me molestaría instalarme aquí dónde vive mi hermana. – Colocó en ese momento algunas hoyas de diferente tamaño sobre la cocina y se giró hacia ella con una sonrisa. – ¿Tú qué dices?

– Eso… estaría bien. – Murmuró en voz baja, intentando regresarle la sonrisa, pero no le fue del todo posible.

Si su intención era disimular y que él no se diera cuenta de su condición, estaba haciendo un muy mal trabajo. Raven notó cierto desconcierto en el rostro de su hermano, y no era para menos. Aunque, tal vez el fondo Raven quería que lo notara; después de todo, ¿no había ido a ese sitio porque necesitaba hablar con él?

– ¿Ocurre algo? – Le pregunto el pelirrojo, acercándosele con pasos cuidadosos.

– Nada, en especial. – Respondió virando su mirada hacia otro lado. – Sólo… tuve una discusión antes de salir de casa.

– ¿Con uno de tus amigos?

– Sí.

Jared guardó silencio unos momentos, se cruzó de brazos y la miró con una expresión severa.

– ¿Con el tal Robin quizás?

Raven se sorprendió al principio por esa afirmación, pero no tardó mucho en entender que, luego de lo que hablaron la noche anterior, sería natural para él pensar que la única persona que podía ponerla en ese estado era Robin, y ciertamente había acertado. La hechicera sólo asintió levemente con su cabeza sin voltear a verlo.

– Supongo que las peleas no se pueden evitar, ni siquiera en las mejores familias. – Suspiró el chico, caminando hacia el sillón y sentándose a su lado. – ¿Y por qué pelearon?

– Fue por…

La hechicera enmudeció de golpe, y volteó a ver al joven de reojo. Estaba por decirle exactamente por qué había sido su pelea, pero de inmediato cayó en cuenta de que no podía decírselo, ya que el motivo de dicha discusión había sido justamente él. ¿Cómo lo tomaría si se lo dijera? Robin había actuado como el único que le daba la bienvenida de manera amistosa a la Torre, y ahora resultaba que pensaba que no debería de confiar en él; de seguro eso lo molestaría mucho, pues pareció ponerse muy feliz de conocerlo. Pensó rápidamente en alguna excusa rápida para contestarle.

– Rompí una ventana por accidente. – Dijo rápidamente en cuanto recordó la ventana rota por la que había arrojado a Malchior; Jared parpadeó confundido al escucharla decir eso. – A veces me pasa, es… Cosa de mis poderes.

¿Le creyó?, para Raven no le era del todo claro, pero fuera como fuera al parecer el chico no tenía deseos de interrogarla más sobre ese tema.

– Ah, entiendo. – Murmuró en voz baja. – Pero bueno, será mejor que nos pongamos a hacer los chocolates; eso te distraerá un poco, ¿no te parece?

Dicho eso se puso de pie de un salto y se dirigió rápidamente a la cocina, listo para comenzar, pero su invitada no lo estaba aún del todo.

– No sé si debería de hacer esto ahora. – Comentó. – Debería de estar ayudando a mis amigos…

– Sólo haremos algunas pruebas, y luego podrás ir a defender la ciudad.

– Pero…

Raven guardó silencio, y entonces se puso de pie lentamente. Jared se giró hacia ella, y ambos se miraron fijamente el uno al otro. Jared esperaba escuchar alguna otra excusa, pero en su lugar la hechicera dio un muy buen motivo por el cual no podían hacerlo…

– No traje los moldes, el chocolate o el recetario conmigo…

De nuevo se quedaron callados, y un aire frío recorrió el departamento, rodeándolos.

– ¿Es un chiste? – Preguntó Jared con una sonrisa forzada, volteando a verla; no había notado hasta ese momento que no traía las cosas consigo.

– Salí un poco apresurada… – Se disculpó ella a su vez apenada. – Lo siento.

– Ese sí es un problema…

Caminó con cuidado hacia un lado, cruzándose de brazos y mirando hacia el techo, pensando sobre cómo solucionar esa situación. Raven estaba por decirle que no se preocupara por eso, que podían hacerlo otro día, pero él se le adelantó, volteándose hacia ella con rapidez.

– ¿Crees que tardaríamos mucho en ir por ellos y venir?

– Yo… – Raven no tenía muchos deseos de volver a la Torre en esos momentos, por obvias razones, y su indecisión se lo hizo claro a Jared.

– Bien, entonces lo mejor será ir a comprarlo todo de nuevo, ¿no? – Mencionó el pelirrojo con una amplia sonrisa astuta.

– ¡¿Qué?! – Exclamó sorprendida la Titán, abriendo sus ojos por completo. – No puedes hacer eso, ya gastaste mucho en mí ayer…

– Tengo mucho dinero que ahorré para venir a Jump City, no te preocupes. –  Interrumpió. – Claro que luego de esto tendré que buscar un empleo, pero no importa. El recetario no es necesario, yo sé justo como hacerlo, sólo necesitamos el chocolate y un molde con forma de cuervo como el que tienes. No debe de ser muy caro.

¿Ahorros? ¿Entonces sí había gastado sus ahorros el día anterior? Bien, esa pequeña culpa que sentía hace unos momentos se volvió más significativa de golpe. ¿Qué tantos ahorros podría tener? De seguro no muchos, y los gastaba en ella sin pestañar. ¿Todos los hermanos mayores eran así o sólo aquellos que habían buscado desesperadamente a sus hermanas?

– Jared…

Raven intentó agradecerle su gesto, a insistirle en que no era necesario que hiciera esas cosas por ella… Pero justo cómo lo había hecho todo el día anterior en el centro comercial, ni siquiera la dejó empezar a explicarse, pues de inmediato la tomó del brazo y la jaló a la puerta; era evidente que ese era uno de sus malos hábitos.

– Anda, ¿qué esperas? Tenemos que apresurarnos. – Exclamó con fuerza mientras ambos salían del departamento.

FIN DEL CAPITULO 12

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Teen Titans: The Sinners. Han pasado unos cuantos meses desde que los Jóvenes Titanes derrotaron a la Hermandad del Mal, y volvieron a Jump City. Todo ha sido muy tranquilo desde entonces, pero las cosas están comenzando a cambiar. ¿Qué es esto que Raven ha empezado a sentir por su líder, Robin?, ¿Y quién es ese misterioso chico que afirma ser su hermano? Aunque siempre había logrado mantener en absoluto control sus sentimientos y pensamientos, estos cada vez parecen comenzar a dominarla. Y si no es capaz de aclarar su mente a tiempo, podría caer víctima de aquello que siempre temió, y arrastrar a todos sus amigos con ella…

+ «Teen Titans, la Serie Animada» © Glen Murakami, DC Comics, Warner Bros. Animation.

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