Fanfic Harmonia: Creí que no te Volvería a Ver – PARTE 11 (Final)

10 de enero del 2017

Harmonia: Creí que no te Volvería a Ver - PARTE 11 (Final)


WingzemonX

HARMONÍA

Creí que no te volvería a ver

PARTE 11

Siguiendo las instrucciones que habían recibido, los miembros de la familia Apple se dirigieron de inmediato a Sweet Apple Acres para preparar todo antes de la llegada de la tormenta. Su propiedad era la que se encontraba más al sur del pueblo, por lo que ésta de seguro los golpearía primero, y tenían que darse prisa. La temporada de manzanas ya había pasado, así que al menos no tenían que preocuparse por que el viento y la lluvia las arrancaran de los árboles. Aun así, tenían que asegurar a sus animales, las bodegas de almacenamiento, y por supuesto su casa, para que no hubiera ningún contratiempo.

Big Macintosh se encargó de salir a resguardar a todos los animales en el establo, mientras que Applejack revisaba las bodegas de manzanas para asegurarse de que no hubiera ninguna filtración. El viento había arreciado, y ya comenzaba a caer algo de agua, por lo que se cubrieron cada uno con una capa impermeable y se dirigieron a realizar sus tareas. Acababa de llegar a su casa después de tres meses de ausencia, y aun así lo primero que debía hacer era trabajar. Por suerte, todo parecía estar en orden en la bodega, por lo que Applejack pudo volver antes a la casa principal, para ayudar a Apple Bloom y a la Abuela Smith a reforzar las ventanas.

Una media hora después, las tres mujeres Apple ya habían terminado su labor, y estaban reunidas en la sala de estar, junto con Winona. Applejack se disponía a salir a ayudar a Big Macintosh, cuando éste entro por la puerta principal justo en ese momento, dejando entrar un rastro de la brisa húmeda y helada del exterior. Cerró la puerta detrás de él con llave, y luego la truncó con un tablón.

– Los animales ya están seguros en el granero. – Informó el hermano mayor, retirándose la capucha de su impermeable.

– Las bodegas también están seguras, al igual que todas las ventanas de la casa. – Agregó Applejack.

Los cuatro miraron hacia afuera, y pudieron ver con claridad como el cielo se había puesto totalmente gris oscuro, el viento soplaba con suma fuerza, y las ramas de los árboles se agitaban con violencia. Gotas grandes y pesadas de lluvia golpeaban el techo y el cristal de las ventanas; todo parecía indicar que habían terminado justo a tiempo.

– Bien, creo que sólo queda esperar a que todo pase. – Señaló la abuela Smith. – Apple Bloom, ¿por qué no Big Mac y tú van a la cocina y preparan un poco de chocolate caliente?

– Está bien. – Respondió Apple Bloom de inmediato. – ¿Vienes, hermano?

Sip.

Luego de que Big Mac se retirara su impermeable mojado, ambos se dirigieron a la cocina para cumplir la petición de su abuela. Applejack, por su lado, al fin pudo tomarse un momento para relajarse. Caminó hacia la ventana con Winona a sus pies, y se sentó justo en el descanso frente a ella para ver la lluvia. Winona se subió de un salto a sus piernas, y se recostó cómodamente, mientras su dueña comenzó a pasar sus dedos por su cabeza y sus orejas.

Demasiadas cosas para un primer día de regreso a Ponyville. Muchas cosas que hacer, muchas cosas que pensar. Pero por supuesto, la que más le interesaba era justamente la misma que había cautivado su interés durante todo ese tiempo afuera. El ver la lluvia comenzar a hacerse más y más fuerte cada segundo, le iba provocando un gran nudo en la garganta que no era capaz de aclarar por más que carraspeara. ¿Por qué no había insistido un poco más en acompañarla? Claro, en el fondo deseaba lo más posible seguir manteniendo cierta distancia, darse más tiempo antes de tener que afrontar lo inevitable, aunque fuera al precio de esa enorme preocupación que la inundaba en esos momentos.

Suspiró con cansancio, y pegó su frente contra el cristal. Se repitió a sí misma que no había nada de qué preocuparse; era Rainbow Dash, después de todo. Siempre todo le salía bien sin necesitar ayuda de nadie, y esa no sería la excepción.

– Pareces preocupada, querida. – Escuchó que su abuela le decía de pronto; tan concentrada estaba en sus cosas, que no había notado que se había parado justo a su lado.

– Ah, no es eso, abuela. – Le respondió con una pequeña sonrisa en los labios, que parecía esforzarse más de la cuenta en formar. – Sólo supongo que han sido demasiadas emociones por un día. Esta mañana estaba Dodge Junction, vuelvo al fin a Ponyville, tengo una fiesta de bienvenida con todos mis amigos, y ahora estoy refugiándome de una fuerte y sorpresiva tormenta. Supongo que era más de lo que quería morder hoy.

– Y no olvides encontrarte de nuevo con tu amiga Rainbow Dash.

Applejack casi se cayó de su asiento al escuchar esa repentina y extraña mención.

– ¿Eh? ¿Rainbow Dash? – Murmuró en voz baja, notándosele nerviosa. – ¿De… de qué hablas, Abuela Smith? Digo, claro que estoy feliz de reunirme con todas mis amigas… ¿Por qué mencionas a Rainbow Dash en especial…?

La mirada de la Abuela Smith se tornó algo inquisitiva de pronto, y eso puso aún más incómoda y nerviosa a la vaquera.

– Oh, vamos Applejack. ¿Creíste que no me daría cuenta de qué ocurre entre ustedes dos? Podré ser vieja, olvidadiza, a veces un poco torpe, y divagante, y… – Guardó silencio de pronto, y alzó su mirada al techo, como intentando recordar algo. – ¿A dónde quería llegar con esto?

– Rainbow y yo.

– Ah sí. Cómo decía, podré ser vieja, pero no soy una idiota, jovencita.

– Jamás lo he pensado.

– Pues haces bien, porque yo sé que hay algo pendiente entre ustedes dos, algo importante que no te has dado el tiempo de resolver. ¿O me equivoco?

Applejack parecía algo sorprendida por lo que escuchaba. No lo hubiera dicho con las mismas palabras que su abuela acababa de usar, pero ciertamente no se hubiera imaginado que ella pudiera darse cuenta tan fácil de que ocurría algo. ¿Qué la había delatado?, a esas alturas posiblemente cualquier cosa.

– No, no te equivocas. – Suspiró resignada. – Si hay algo pendiente entre Rainbow Dash y yo que me tiene intranquila, pero es algo complicado de explicar. Verás, Rainbow… Ella…

Vaciló por un rato, evidentemente dudosa de qué decir. ¿Sería prudente revelar lo que ocultaba? Bueno, por un lado, ¿valía la pena ocultarlo? Ya muchos lo sabían, tal vez incluso más de los que ella había contado, y posiblemente sería cuestión de tiempo para que ella, y quizás el resto de su familia, se enterara. Y por el otro, ya había intentado hablar de ello con Miss Cherry, Twilight, incluso con Apple Storm y Winona, y ninguno le había podido dar un verdadero consejo directo. Su abuela era la persona más sabia que conocía, quizás podría darle un poco de claridad a sus preocupaciones.

Decidida, se acomodó en su asiento para quedar volteada por completo hacia ella, y bajó su mirada como señal de pena.

– Será mejor que te lo diga sin rodeos, abuela. – Murmuró en voz baja. –  Rainbow me confesó que siente algo por mí… Algo más que sólo amistad.

– ¿Algo más que sólo amistad? – Murmuró la mayor de los Apple, arqueando una ceja. – ¿Pero que podría ser…?

Casi inmediatamente después de haber terminado su pregunta, pareció entender de lo que hablaba, pues en ese momento sus ojos se abrieron como dos lunas y su labios se tensaron entre sí.

– Oh, vaya… Creo que necesito sentarme…

Avanzó el par de pasos que le faltaba, y se sentó a lado de Applejack en el mismo descanso.

– Por favor, no te escandalices.

– Yo nunca me escandalizo. – Respondió apresurada, y luego soltó un pequeño suspiro. – Pero supongo que tampoco es tan extraño. Ustedes dos han sido inseparables desde pequeñas.

– No sé qué tan poco extraño sea. – Murmuró Applejack insegura. Subió en ese momento sus pies en el descanso, y abrazó sus piernas contra ella. – Pero el caso es que yo no le he dado una respuesta aún, y estuve dudando por estos tres meses en cuál darle. Pero al final me he decidido a decirle que sólo quiero que sigamos siendo amigas. En estos momentos no estoy disponible para ningún otro tipo de relación, ya que mi prioridad es y siempre será Sweet Apple Acres. Aprendí mucho en Cherry Hill Ranch, y ahorré algo de dinero. Tengo muchas ideas para mejorar este sitio, y quiero ponerlas en marcha lo antes posible. Ya verás, abuela. Esta granja será mucho, mucho mejor.

– Me agrada verte tan decidida en mejorar este sitio, querida. Pero no quiero que uses Sweet Apple Acres como una excusa para evitar este tema.

Applejack se sobresaltó al escucharla, sobre todo por ese tono casi acusador que había usado.

– ¿Excusa?, esto no es una excusa.

– No lo sé. Yo sólo creo que si ya tuvieras tan claro que eso es lo que le quieres decirle, no estarías tan pensativa y dudosa sobre ese tema justo ahora, ¿o me equivoco?

Applejack calló; fue incapaz de responderle de inmediato algo ante tal pregunta.

– Escucha, abuela… – Susurró en voz baja sin mirarla. – Yo quiero mucho a Rainbow Dash. Pero no sé si sienta lo mismo que ella siente por mí… Y sí, sé que suena tonto, pero esa es la verdad. Literalmente no lo sé.

– Bueno, definir sentimientos nunca es sencillo; incluso para alguien con mis años. – Se notó un poco de nostalgia en su tono. Viró su cabeza entonces sobre su hombro hacia la ventana, viendo las gotas de agua chocar contra el cristal. – Si quieres oír un consejo de esta anciana, ese sería que no dejes que cosas como las dudas o los miedos te impidan estar con esa persona especial. El tiempo pasa rápido, y podrías arrepentirte de no haber dado el paso cuando podías.

– ¿Qué? – Murmuró la chica rubia, confundida. – ¿Pero por qué me dices eso, abuela?

– Supongo que es la clase de cosas que los viejos como yo decimos. – Le respondió con un tono juguetón, e inmediatamente después cambió un poco el tema, como temiendo que la conversación tomara un rumbo no deseado. – Entiendo que te sientes confundida y dudosa, y te gustaría que alguien más te dijera qué es lo que debes de hacer, pero no hay nadie que te pueda ayudar con eso, más que tú misma.

– Sí, Miss Cherry me dijo algo parecido. ¿Entonces no hay nada que pueda hacer?

– Bueno, si te interesa aunque sea un poco entender algo de todo esto que pasa por tu mente, intenta poner a alguna otra de tus otras amigas en el lugar de tu amiga Rainbow Dash.

– ¿Poner a alguna de las otras en su lugar? – Repitió Applejack, sin entender la sugerencia. – ¿A qué te refieres?

– ¿Quién es la despistada ahora? Es bastante sencillo en realidad. Sólo piensa si estarías en el mismo estado de duda, si quien se te hubiera confesado hubiera sido cualquiera de tus otras amigas. Y así podrás darte cuenta de si lo que sientes por ella es lo mismo que sientes por las demás personas importantes de tu vida, o si es algo más.

– ¿Imaginarme si hubiera sido cualquiera de las otras…?

La idea aún no terminaba de ser completamente analizada y digerida en su cabeza, cuando notó que su abuela se ponía de pie, y daba un par de pasos pequeños en dirección a la cocina.

– Iré a ayudar a los chicos con el chocolate. Tú piensa en lo que te dije.

Applejack la vio alejarse en silencio unos segundos, pero de pronto la detuvo con su voz.

– Abuela, espera. – Le murmuró con algo de fuerza. La mujer mayor se detuvo y la volteó a ver sobre su hombro. Applejack pareció apenarse un poco, y tuvo que voltearse hacia otro lado. – Si acaso Rainbow Dash… Si hipotéticamente hablando ella… y yo… Bueno, ¿tú acaso…?

La Abuela Smith sonrió levemente ante su incomprensible frase, aunque para ella no era necesario que dijera nada más. Se le volvió a acercar y se inclinó sobre ella para darle un pequeño beso en su frente con sus labios arrugados. Luego le dio un par de palmadas en su mejilla con su mano derecha, y sin decir nada siguió caminando hacia la cocina. Applejack no pudo evitar sonreír; igualmente, tampoco necesitaba que ella dijera nada para entender lo que le quiso decir con esos pequeños actos.

Cuando al fin se quedó sola, Applejack se giró de nuevo hacia la ventana. La lluvia ya era tan fuerte que no era claro si iba en aumento, o ya había llegado a su punto más alto y se había quedado estable en ese estado. Intentó repasar un poco la conversación que acababa de tener. ¿Estaba usando a Sweet Apple Acres y su trabajo como una excusa? Realmente estaba muy entusiasmada con ese proyecto, y quería empezarlo de inmediato; eso no era mentira. Sin embargo, ¿realmente era algo que requería tanto de su atención que no podría darse el tiempo para… algo más? ¿Y por qué requería decirse a sí misma ello para decidir qué decirle a Rainbow Dash? Si sólo quería ser su amiga y nada más, sólo bastaba con decirlo así y ya; no necesitaba justificarse de alguna otra forma. ¿Por qué se complicaba tanto entonces?

Pegó su frente contra el frío cristal. Winona, recostada a su lado, frotó un poco su cabeza contra su costado, casi como si intentara reconfortarla. Pensó en lo último que su abuela le había sugerido. ¿Tendría la misma reacción y dudas si quien se le hubiera confesado hubiera sido cualquiera de sus otras amigas? Sintió algo de incomodidad ante la idea al principio, pero decidió que era la única alternativa que le habían dado en esos días, y que podría ayudarla en su actual predicamento. Cerró los ojos, e intentó imaginarlo.

No le gustaba pensar en sus demás amigas de esa forma, y muchas veces quiso detenerse, pero se armó de valor para terminar. Imaginó a cada una de ellas, a Twilight, Fluttershy, Pinkie Pie y Rarity. En realidad no esperaba obtener nada de utilidad en un inicio. Sin embargo, por extraño que pareciera, en cada caso que imaginaba, de inmediato era capaz de entender cómo se sentiría y qué respondería. En cada caso sentiría una gran sorpresa, algo de confusión, pero de inmediato habría sido honesta y les hubiera dicho que se sentía halagada, pero que no sentía lo mismo, y que deseaba que siguieran siendo tan buenas amigas como siempre, justo como Rainbow Dash le había dicho que le dijera. No había duda de si eso era lo que quería decirles o no, ni necesidad de justificarse con algún motivo para ello.

Pero con Rainbow Dash era totalmente diferente.

Claro, imaginárselo era muy diferente a vivirlo en directo, y en realidad no podría asegurar con toda seguridad que esa hubiera sido su reacción real. Pero aun así había un margen inmenso entre ambos casos, demasiado amplio para cualquier margen de error entre la imaginación y la realidad. Si había aunque fuera una sola cosa clara en todo ese embrollo, tenía que ser la verdad irrefutable de que lo que sentía por Rainbow Dash, y la forma en la que la veía, no era igual que con el resto de sus amigas. Con ella era diferente, pero, ¿podría significar eso que sentía algo más por ella…?

Un fuerte relámpago resonó con fuerza, y las ventanas temblaron un poco por el estruendo. Winona pareció alarmarse y comenzó a ladrar con fuerza hacia la ventana.

– Tranquila, fue sólo un relámpago. – Le susurró con un tono dulce, mientras le acariciaba su cabeza con una mano.

Si, sólo un relámpago, sólo lluvia y sólo viento…

El nudo en su garganta se acrecentó y se extendió hasta su pecho; se le dificultaba un poco respirar. Comenzó a sentir de golpe un inmenso mal presentimiento, a sentir que no debía de estar ahí, sino en otro lugar… Intentó resistirlo, despejar su mente de la idea, pero un segundo y aún más fuerte relámpago, seguido de los ladridos de Winona, la hicieron perder cualquier indicio de serenidad.

– Ese último parece que cayó muy cerca. – Comentó la Abuela Smith, quien venía saliendo de la cocina; detrás de ella, Bic Mac cargaba una bandeja con cuatro tazas de chocolate caliente, y Apple Bloom andaba a su lado.

– Es bueno que estemos adentro y no afuera. – Señaló Apple Bloom. – ¿Verdad, herma…?

Para cuando los tres viraron su atención hacia Applejack, ésta tenía su impermeable puesto, y retiraba el tablón de la puerta para abrirla, provocando que de nuevo una fuerte ráfaga fría entrara a la casa, empujando y azotando la puerta en el proceso.

– ¡Lo siento!, ¡tengo salir! – Les gritó con fuerza, justo antes de correr hacia afuera, internándose de la lluvia.

– ¡Applejack!, ¡espera! – Comentó Apple Bloom apresurada, intentando correr detrás de ella, pero Big Mac la tomó de inmediato, rodeándola con su brazo para detenerla.

– ¡Tú no puedes salir!

Con Apple Bloom debajo de su brazo, se acercó como pudo a la puerta, y aplicó toda su fuerza para poder cerrarla y truncarla de nuevo.

– ¡Pero Applejack…! – Masculló la pequeña niña pelirroja, agitando sus piernas. – ¿Por qué salió así?

La Abuela Smith suspiró con una combinación entre cansancio y enojo. Se acercó a la misma ventana en la que minutos antes había estado sentada con Applejack, y entre todo el diluvio de afuera pudo ver su figura correr hacia el establo.

– Yo y mi gran bocota. – Comentó, más como un pensamiento en voz alta. – Esa chica y sus arranques impulsivos, algún día me van a matar de la preocupación.

– ¿Tú sabes a dónde va, abuela? – Escuchó que Big Mac le preguntaba a sus espaldas, y muy seguramente Apple Bloom lo secundaba.

Sí que lo sabía, pero prefería no decírselos a ninguno de los dos. ¿Significaba ese cambio tan repentino que ya había tomado una decisión?, ¿o sólo iba a ayudar a una muy buena amiga probablemente en problemas…? Fuera la que fuera, acababa de salir a una tormenta peligrosa y horrible, y eso era lo único en lo que podía pensar.

– – – –

Applejack se abrió camino como pudo entre la lluvia hacia el establo. El viento la empujaba con fuerza como queriendo repelerla, pero ella no retrocedía ni un centímetro. Al abrir las puertas, los animales parecieron alarmarse y agitarse, excepto Apple Storm, que estaba plácidamente dormido de pie en su cajón.

– Despierta, amigo. – Le susurró despacio, aunque con apuro en su tono. Apple Storm abrió lentamente sus ojos, al parecer algo confundido por su recién despertar. – Lamento molestarte. Sé que debes querer descansar tanto o más que yo, pero necesito de tu ayuda.

El caballo soltó un ligero relincho, que bien podría haber sido un «está bien» o un «ya qué». Applejack comenzó a ensillarlo a toda velocidad, casi como si su vida dependiera de ello. Luego lo sacó de su cajón y lo jaló hacia la puerta. Ambos salieron hacia la tormentosa lluvia, y una vez que volvió a cerrar y asegurar la puerta, se subió sin demora a su leal caballo, tomando las riendas con fuerza.

– ¡Andando Apple Storm! ¡Hyah!

El caballo comenzó a cabalgar a toda velocidad por el sendero que llevaba a la entrada de Sweet Apple Acres, y luego siguió por el camino principal en dirección al sur.

Rainbow Dash no era en esos momentos sólo el centro de sus pensamientos, sino también la raíz de toda esa preocupación que le invadía. No podía dejar de pensar en que la había dejado ir sola a ayudar a esa caravana de mercantes que la Alcaldesa Mare le había indicado. La tormenta ya estaba sobre ellos, y aún no los había visto pasar por el camino. ¿Y si había pasado algo malo? ¿Y si la situación era peor de lo que la Alcaldesa o Rainbow habían pensado? No sabía si algo de lo que pensaba tenía sentido, o incluso si lograría encontrarlos; quizás estaba yendo directo a su propio suicidio. Pero no le importaba, no le importaba nada más que saber que Rainbow estaba bien.

Anduvo varios minutos a toda velocidad por el camino, y aún no veía rastros de Rainbow o de la caravana. Encontró un árbol derribado a mitad del camino, y pensó en detenerse, pero en su lugar hizo que Apple Storm lo saltara ágilmente. Su sombrero salió volando de su cabeza a medio salto, y vio por el rabillo del ojo como era arrastrado por la ráfaga de aire hasta perderse de vista. Pensó en volver por él, pero no tenía tanto tiempo como para perderlo en eso.

Siguieron avanzando más y más, y cada segundo que pasaba le parecía casi una eternidad. El agua y el viento golpeaban su cara con fuerza, y le dificultaban ver el camino. Había llegado a la zona en la que el camino corría paralelo al río, el cual claramente se había embravecido.

– «¿Dónde estás, Rainbow Dash? ¿Dónde establos te metiste? Si no apareces pronto, juro que te golpearé tan fuerte cuando te vea…»

Por unos instantes, ese pensamiento le causó un atavismo  de gracia, al recordar que Rainbow la había golpeado justo en cuanto la vio en Dodge Junction. ¿Qué persona golpea a quien le gusta justo cuando le ve?, le había preguntado. Sólo Rainbow Dash podría ser tan agresiva, poco pudiente, y honesta como para hacer algo como eso. ¿Quién más en ese mundo era como Rainbow Dash? Nadie, no había nadie ni remotamente igual a ella, y tenía que agradecerlo. Apenas y podía lidiar con una, ¿qué haría con dos? No, era mejor así. Una sola Rainbow Dash; una sola, especial, única, grandiosa, e increíble Rainbow Dash…

Comenzó a escuchar a lo lejos algunos gritos y relinchos de caballos. Jaló fuertemente las riendas para obligar a Apple Storm a detenerse y poder identificar con claridad de donde prevenían esos sonidos, aunque todo el ruido de la lluvia no lo hacía sencillo, por no mencionar su consternación.

«Tranquila, Applejack, tranquila… Enfócate… Intenta enfocarte.»

Cerró sus ojos y respiró lentamente, comenzando a dejar que su oído la guiara por sí sólo. Poco a poco, los sonidos se fueron haciendo más y más claros en su cabeza.

– ¡Auxilio! ¡Ayuda por favor! – Escuchó que alguien gritaba. El sonido venía de más adelante, hacia la derecha, por encima de la colina.

– ¡Por acá, Apple Storm!

Hizo que su caballo girara en esa dirección, y comenzara a avanzar con apuro. Entre los árboles a la orilla del río, pudo ver varias figuras moviéndose. Conforme se acercó, logró notar que había tres carretas estacionadas a la orilla del río; debía de ser la caravana. Dos caballos andaban libres y un grupo de hombres intentaban tranquilizarlos. Cuando estuvo más cerca, pudo ver además que había una cuarta carreta, pero estaba metida en el río, y había cinco personas subidas en su techo para mantenerse alejados del agua. Las personas en la orilla intentaron arrojarles una cuerda, pero el agua la arrastró y se la llevó consigo.

– ¡¿Qué fue lo que pasó?! – Exclamó Applejack con ímpetu al acercarse.

Las personas, hombres, mujeres, y algunos niños, la voltearon a ver confundidos, pero también esperanzados de poder recibir aunque fuera un poco más de ayuda. La vaquera miró a todos lados, revisando rápidamente los rostros de cada una de las personas en ese sitio; ninguno era Rainbow Dash, no había rastro de ella por ningún lado.

– Los caballos que llevaban la carreta se asustaron con un relámpago, y salieron corriendo. – Le informó un hombre robusto y alto, de brazos gruesos. – Se zafaron del agarre, y la carreta siguió sola y cayó al río.

Rainbow no estaba ahí, pero esas personas igual necesitaban su ayuda. Se bajó de Apple Storm y lo amarró a un árbol, antes de dirigirse a la orilla del río. Intentó pensar en una forma de ayudarlos a volver a tierra, y tenía que ser rápido; la carreta parecía comenzar desmantelarse con la fuerza del agua. Vio entonces un grupo de rocas de gran tamaño no muy lejos de donde estaban; una idea le cruzó de inmediato por la cabeza.

– Apártense y denme espacio. – Les indicó mientras se acercaba a las rocas. Todos se miraron confusos entre ellos.

– ¿Pero qué va a hacer?

Applejack de paró justo frente a una de esas rocas, la más grande ellas. Apretó sus puños con fuerza y luego chocó uno contra el otro, provocando un extraño sonido de choque metálico. Una intensa luz anaranjada cubrió sus puños por completo, y comenzó a tomar forma. Cuando la luz de disipó, alrededor de sus manos se habían formado lo que aparentaban ser otras dos grandes manos, naranjas y transparentes como si fueran de cristal, y liberaban pequeños destellos de luz. Los dedos de las manos más grandes, se movían de la misma forma cuando movía sus manos reales. De pronto, antes de que algunos o de los mercantes pudiera entender lo que veía, la vaquera tomó la roca más grande con sus manos y la arrancó como si nada del suelo, alzándola sobre su cabeza.

– ¡Eso es increíble! – Exclamó una de las mujeres, atónita ante tal imagen.

La Vaquera caminó de regreso a la orilla con todo y la piedra, y entonces la arrojó al agua, haciendo que quedara justo al lado de la carreta y formara un puente improvisado a tierra.

– Crucen, ¡rápido!

Las personas en la carreta parecieron dudar un poco, pero no era que tuvieran otras alternativas; la carreta no resistiría mucho más. Uno a uno, comenzaron a saltar a la piedra, y luego hacia la orilla. El último de ellos saltó de la carreta un instante antes de que ésta fuera brutalmente golpeada por el agua y hecha pedazos. Cuando sus pies tocaron la piedra, estos resbalaron, y parecía que caería al agua. Sin embargo, con notoria agilidad, Applejack saltó hacia la piedra, y logró tomar al hombre de su brazo con sus manos mágicas, y literalmente lo arrojó hacia tierra. El hombre voló por los aires, y cayó de espaldas al suelo, pero al menos estaba a salvo.

– Gracias, gracias. – Comenzaron a pronunciar varios, aún afectados por la conmoción.

– ¿Dónde está la Jefa Dash? – Les preguntó Applejack de inmediato, una vez que saltó de la piedra de regreso a la orilla.

– ¡Mi pequeña! – Escuchó que una mujer exclamaba llena de consternación, y entonces se agarraba con fuerza de la manga de su blusa. – Mi hija fue arrastrada por el agua cuando caímos, y la Jefa Dash fue tras ella para alcanzarla.

– ¿Cómo?

– Eso fue hace ya varios minutos, pero aún no ha vuelto. – Agregó uno de los hombres, notándosele también preocupación en su tono.

Applejack ni siquiera lo pensó. De inmediato se dirigió hacia Apple Storm, lo desató del árbol, y se volvió a subir a él

– Quédense aquí. ¡Hyah!

Una vez más comenzó a cabalgar a toda velocidad, aunque ahora lo hacía al ras del río, yendo en la dirección en la que iba la corriente. No podía tener jamás un momento de tranquilidad cuando se trataba de Rainbow Dash. Siempre metiéndose en situaciones como esa, siempre queriendo ser la heroína o demostrar que lo puede hacer todo ella sola. E igual que siempre, ahí estaba ella, preocupándose, imaginándose las peores cosas por su culpa.

“Más te vale estar bien, Rainbow Dash. Más te vale que no te haya pasado nada malo, ¿te queda claro? No te lo perdonaré jamás si no es así…”

Siguió avanzando y avanzando, y seguía sin divisar nada por un largo rato. Sin embargo, de pronto, algo se volvió más que visible para ella a unos metros delante: algo rojo, amarillo, morado, verde, naranja y azul, que apenas sobresalía del agua. Applejack hizo que Apple Storm acelerará lo más posible su trote.

Era Rainbow Dash. Se encontraba metida en el agua, sujetada como podía con los dedos de su mano derecha de la rama de un árbol de pie a lado del río. Con su brazo izquierdo, rodeaba con fuerza a una pequeña niña de caballos morados y piel rosados, que tenía sus dedos aferrados al saco de su uniforme.

– ¡Rainbow Dash! – Exclamó Applejack con fuerza cuando ya la pudo divisar por completo. La chica de piel azul volteó a verla como pudo, sorprendiéndose de lo que veía.

– ¡¿Applejack?! ¡¿Qué haces aquí?!

– ¡¿Qué clase de pregunta estúpida es esa?!

Applejack saltó de inmediato del lomo de Apple Storm y se aproximó lo más que pudo al agua. Rainbow respiraba con agitación, y parecía cansada.

– Las sacaré, ¡resiste!

Se puso entonces de rodillas y estiró como pudo su brazo, pero incluso con sus puños mágicos no era capaz de alcanzarlas. La rama de la que Rainbow se sostenía crujió, se partió un poco, y quedó unida al árbol apenas por un pequeño hilo de madera. El cuerpo de Rainbow y la niña fueron arrastrados un poco más adelante.

– ¡Rainbow Dash!

– ¡No hay tiempo! – Le gritó la chica de cabello arcoíris con energía. – ¡La arrojaré hacia ti! ¡Tienes que atraparla!, ¿me oíste?

Applejack se sobresaltó horrorizada al escuchar tal cosa.

– Espera, no. ¡Puedo sacarla a ambas! ¡Sólo espera un poco!

– ¡Que no hay tiempo, te digo! – Recalcó Rainbow con la misma convicción. – ¡Sólo hazlo, Applejack! ¡Atrápala! ¡Confío en ti!

– ¡No!

A pesar de las negativas de Applejack, Rainbow alzó como pudo a la niña con su brazo izquierdo, y la arrojó con toda la fuerza que pudo aplicar hacia Applejack.

– ¡Aaaaaah! – Gritó la niña asustada mientras estaba suspendida en el aire. Por un instante parecía que volvería a caer al agua, pero Applejack logró atraparla con sus manos mágicas justo a tiempo.

Por su lado, el movimiento que Rainbow Dash había hecho para arrojar a la niña, terminó por romper lo último que unía la rama al árbol, por lo que su cuerpo comenzó a ser llevado por la corriente de nuevo.

Applejack dejó a la niña en el suelo y comenzó de inmediato a correr con todas sus fuerzas. Ni siquiera pensó en subirse de nuevo a Apple Storm, sólo podía concentrarse en Rainbow Dash, en su cabellera de colores sobresaliendo y hundiéndose consecutivamente en el agua, de cómo agitaba sus brazos y su cabeza para intentar mantenerse a flote.

El agua la arrastraba como si fuera un simple muñeco de trapo. En un momento fue empujada hacia adentro con violencia, y su cabeza chocó en la parte trasera contra una roca. Todo se volvió  negro de golpe para la Jefa de la Guardia, y su cuerpo comenzó a dejar de luchar contra la corriente y comenzó a simplemente ser llevada, prácticamente igual que la rama que la había mantenido viva hasta entonces.

– ¡Rainbow Dash! – Gritó Applejack con toda la potencia de sus pulmones, exteriorizando todo el desasosiego que le inundaba.

Se lanzó entonces con fuerza de un clavado al agua. No podía pensar con claridad para fraguar un mejor plan, ni tampoco tenía el tiempo, ni la intención de tomárselo. Comenzó a ser arrastrada también por el agua, pero era justo lo quería; usaba el impulso de la corriente para poder alcanzar el punto en el que se encontraba su amiga, incluso impulsándose con sus piernas y brazos. Cuando al fin logró alcanzarla, se aferró a ella por completo con ambos brazos, y la pegó contra ella.

– ¡Rainbow Dash!, ¿me escuchas? ¿Me oyes?

 Rainbow no reaccionaba. Tenía que pensar en algo; ambas estaban siendo arrastradas, y terminarían las dos ahogadas si no las sacaba de ahí. Aspiró una fuerte bocanada de aire, e hizo que ambas se sumergieran al agua. Como pudo hizo que ambas fueron yendo más profundo en dirección al fondo del río, aunque la corriente no les ayudaba de mucho. Sujetó a Rainbow Dash con fuerza contra ella con su brazo izquierdo, y entonces jaló su brazo derecho hacia atrás. El puño mágico de su mano derecha comenzó a brillar intensamente, y un segundo después lo abalanzó contra el fondo del río, golpeándolo fuertemente. El impacto de su puño contra el suelo, pareció crear una gran liberación de energía, que provocó que los cuerpos de ambas salieran literalmente volando por los aires, junto con roca, tierra y agua.

Estando elevadas algunos metros sobre el río, Applejack giró su cuerpo como pudo para acercarse a tierra. Cuando comenzaron a desplomarse a tierra, aferró a Rainbow a su cuerpo, y la protegió con éste del impacto. La Vaquera cayó de costado a tierra, lastimándose el hombro. No pudo evitar soltar a Rainbow en ese instante, y ambas quedaron tiradas en el piso.



No podía darse el lujo de siquiera tomarse un segundo de tranquilidad. Como pudo se alzó y gateó hacia donde su amiga había caído. La tomó del hombro y la tiró para que quedará boca arriba. Acercó su oreja derecha a su rostro para intentar escuchar… Pero no escuchó absolutamente nada; Rainbow no estaba respirando.

– No, no, no…

Tomó el rostro de su amiga y comenzó a darle un par de palmadas en sus mejillas, intentando hacerla reaccionar, pero no había respuesta. Su cabeza se meneaba hacia un lado, sin oponer la menor resistencia. Sus brazos estaban extendidos hacia los lados, y no parecía haber la menor fuerza o movimiento en ellos. Todo su cuerpo estaba en una posición extraña, como una marioneta que caía luego de que sus hilos fueron cortados.

– Rainbow Dash, despierta, ¡despierta! – Repetía con fuerza mientras la sacudía. – Háblame, Rainbow Dash, ¡reacciona, idiota!

No importaba lo que hacía; el resultado era el mismo.

– ¿Acaso ella está…? – Escuchó de pronto que alguien pronunciaba detrás de ella.

Al voltearse, Applejack vio a la pequeña niña que Rainbow había salvado; estaba mojada, sucia, y muy asustada. Detrás de ella, venía Apple Storm, que miraba fijamente a su dueña.

Todo le daba vueltas. Se sentía mareada, con nauseas. Sentía que se iba a desmayar, pero debía mantenerse fuerte, debía mantenerse centrada. No, no podía ser cierto, no podía ser que eso estuviera pasando. No ahora, no así, no precisamente en ese momento.

– No, ¡no lo acepto! ¡No!

Rápidamente la recostó en el suelo, y comenzó a abrirlee su saco; unos botones le resultaron más difíciles de desabrochar que otros. Una vez que tenía su torso sólo cubierto con la camiseta blanca que tenía debajo del saco, colocó sus dos manos, ya sin su Elemento de la Armonía activado, justo sobre su pecho, y comenzó a presionarlo, siguiendo un ritmo específico.

– Vamos, Rainbow Dash. – Decía con insistencia sin detenerse. Presionó unas cinco veces, y luego inclinó su rostro hacia el suyo. Hizo la cabeza de Rainbow Dash hacia atrás y abrió su boca, pegando la suya, y exhalando aire en ella. Luego de un rato se separó, y volvió a aplicar el masaje sobre su pecho. – No te rindas. Vamos. Vamos, ¡vamos despierta de una maldita vez!

Siguió haciendo lo mismo, aplicando las presiones en el pecho, dándole respiración de boca a boca, y continuando con las presiones. Sin embargo, aún no había ninguna reacción; nada cambiaba.

– ¡¿Vas a dejar que una estúpida tormenta te venza?! – Le decía con intensidad, sin dejar de realizar su maniobra de rescate. – ¡Tú nunca pierdes, contra nadie ni contra nada! ¡Tú eres la mejor!, ¡¿lo olvidas?! ¡Despierta que aún hay muchas cosas que quiero decirte!, ¡Rainbow Dash! ¡Despierta!

En su voz se notaba gran desesperación. Intensas lágrimas comenzaron a brotar de sus ojos y a recorrerle su cara, mezclándose con el agua de lluvia. No sabía cuánto tiempo llevaba haciéndolo, pero no tenía intención alguna de detenerse. Así tuviera que hacerlo por el resto de su vida, no se detendría. Por qué Rainbow Dash, porque ella era…

De pronto, mientras le estaba dando respiración de boca a boca, al fin algo pasó. El cuerpo de la Jefa de Guardia se convulsionó, y escupió una fuerte cantidad de agua en el rostro de Applejack. Se giró sobre su costado derecho, y comenzó a toser con mucha intensidad, escupiendo más agua. Poco a poco se fue calmando, y logró abrir ligeramente los ojos. Como le fue posible alzó su mirada, y lo primero que vio fue el rostro de Applejack, para ese entonces completamente rojo, con sus ojos verdes totalmente acuosos, y su fleco mojado totalmente pegado a su rostro.

– ¿Apple… Jack…? – Susurró en voz baja con apenas un hilo de voz. – ¿Qué pasó…?

Antes de que pudiera decir más, Applejack se le lanzó encima sin pensarlo, aferrándose con fuerza a sus ropas. Ese sólo acto pareció bastar para despejar por completo la mente de Rainbow Dash, quien ahora parecía perpleja.

– Estúpida… Eres una estúpida… – Escuchó que Applejack le comenzaba a decir, aunque ella no entendía nada en lo más mínimo.

Ambas se quedaron así por un largo rato. Applejack no decía nada, sólo lloraba sobre su pecho con fuerza. Los demás miembros de la caravana no tardaron mucho en estar ahí para socorrerlas. En ese mismo momento, la lluvia dejó de caer…

– – – –

Así, tan pronta y abruptamente como había llegado, para el día siguiente no había ni rastro alguno de la dichosa tormenta, como si nunca hubiera estado ahí. Lo único que quedaba eran los charcos lodosos, los tejados dañados de algunas casas, y algunos árboles derrumbados. Fuera de ello, todo parecía haber salido bien, sin ninguna perdida que lamentar, material o personal. La gente de Ponyville empezó muy temprano esa mañana a limpiar sus casas y las calles del pueblo. Como siempre, todos los ciudadanos se ayudaban entre sí, para que su pueblo volviera a brillar como siempre.

Applejack también comenzó su día muy temprano ayudando en la granja. Salvo por unos cuantos árboles caídos y animales inquietos que causaron algunos daños en el establo, todo había sido un saldo completamente blanco en más de una forma. La Vaquera ayudó a sus hermanos a limpiar el establo y sacar a los animales a los corrales para que se despejaran luego de su largo encierro. Antes de que prosiguieran con la replantación de los árboles, pidió un par de horas antes para poder ir al pueblo a hacer una visita…

De camino a su destino, se cruzó por la plaza principal, y más específicamente con la florería de Roseluck. Cuando alguien iba a visitar a un paciente al hospital, lo habitual era llevarle flores, como un gesto de “que te mejores”, ¿no? Eso funcionaba con los pacientes comunes, pero el paciente que iba a visitar era todo menos “común”. Igual decidió arriesgarse. Sin embargo, el reto pareció ser aún mayor de lo que esperaba. Estuvo cerca de diez minutos viendo cada una de las flores que se exhibían afuera de la florería, viendo sus colores, sus formas, pero al parecer sin llegar a ninguna decisión.

– ¿Ya decidiste que flores vas a querer, Applejack? – Escuchó de pronto que Roseluck le preguntaba, de cabellos color frambuesa, piel amarillo claro y ojos verdes; quizás queriendo meter un poco de presión.

– Es difícil decirlo. – Suspiró con algo de frustración. – La persona a la que van dirigidas no es precisamente fanática de las flores.

– Viniendo de ti, estoy segura que le gustara cualquier cosa.

Applejack detectó cierta doble intención en su comentario, y podía adivinar con facilidad a qué se debía. No le dio importancia sin embargo, y volvió a ver las rosas. Volvió analiza sus colores, su forma… un momento, ¿sus colores? Chasqueó los dedos en ese momento como señal de que tenía una idea.

– Ya sé, dame una rosa roja, otra naranja, una amarilla, azul, verde y por último una morada.

– Ah, claro.

Roseluck pareció entender de inmediato su intención. Hizo justo lo que le pidió, y armó un ramo con cada uno de los colores que le solicitó. Las seis rosas juntas, asemejaban bastante el cabello de Rainbow Dash, que muy seguramente era la intención original ya que era justamente a ella a quien iba a visitar.

– Todas tuyas.  – Le indicó al pasarle ya el ramo armado y decorado con un listón azul cielo.

– Gracias.

Applejack pagó las rosas y siguió su camino hacia el Hospital de Ponyville.

Luego de sacarla del agua y haberle aplicado la resucitación, Rainbow Dash seguía algo débil. Fue difícil convencerla, pero al final logró evitar que se levantara. La subieron a una de las carretas de la caravana que aún quedaban en pie, y se dirigieron todos juntos hacia el pueblo, lo cual fue mucho más sencillo sin lluvia cayendo, aunque aún hacía algo de viento. Llevaron a la Jefa de la Guardia directo al hospital, en donde había estado en observación toda la noche. No había recibido ninguna noticia de su estado, pero daba por hecho de que si hubiera alguna mala noticia, ya le hubiera llegado. Además, Rainbow era demasiado testaruda como para que algo tan insignificante como casi morir ahogada la detuviera.

Cuando ya se encontraba al fin en el interior del hospital, comenzó a sentir algo de nervios. ¿Pero nervios por qué? Sólo era una visita casual, de una amiga a otra que se encontraba en el hospital. Nada grave, nada fuera de lo normal… O eso le hubiera gustado poder decir. Pero ella sabía muy bien en el fondo, que el motivo de esa visita era todo menos casual o normal. ¿Qué pensaba hacer una vez que la viera? Había pasado tres meses pensando en ello anteriormente, y esa última noche jamás se detuvo a reparar en ello otra vez.

Cuando menos lo pensó, ya estaba parada frente a su habitación, sujetando el ramo de rosas entre sus manos. Miró fijamente la puerta en absoluto silencio, y totalmente inmóvil. ¿Tenía pensado quedarse ahí parada toda la tarde acaso? Suspiró un poco, respiró hondo para tomar un poco de aire, y luego se dispuso a tocar.

– Por favor, Jefa Dash; vuelva a recostarse. – Escuchó que una voz femenina pronunciaba en el interior.

– ¡No me digas lo que tengo que hacer! – Le respondió una segunda voz femenina, pero ésta era claramente reconocible para ella. – Ya estoy bien, y me voy de aquí.

– Pero el doctor aún no lo ha dado de alta, por favor.

– ¡Al demonio con el doctor! ¡¿Te parece que tengo tiempo para seguir otro día aquí?! Este pueblo no se va a limpiar y reconstruir solo.

Applejack volvió a suspirar, pero ahora con un sentimiento un tanto distinto. Ni siquiera llamó a la puerta, sino que la abrió de inmediato y se introdujo al cuarto. Rainbow estaba de pie a un lado de la cama, con su saco de Guardia a medio colocar. Una enfermera la tomaba de los brazos, aparentemente intentando evitar que se levantara.

– ¿Que sucede aquí? – Cuestionó con un tono severo. Rainbow Dash se sobresaltó casi asustada al escucharla, y volteó a ver hacia la puerta, sorprendida de verla.

– Applejack…

– ¿De nuevo te quieres ir antes de que los doctores lo permitan? – Siguió preguntando mientras caminaba hacia la cama. Rainbow parecía algo nerviosa por su repentina presencia.

– O… Oye, no es para tanto. Estoy bien, sólo trague un poco de agua, eso es todo. Y ya me quiero ir, y no pueden detenerme…

– ¡¿Ah no?! – Dejó el ramo de rosas sobe la cama, y de la nada se le aproximó con velocidad; la enfermera tuvo que hacerse a un lado para quitarse de su camino. – ¡No seas testaruda y vuelve a la cama!

Tomó en ese momento a Rainbow Dash de los hombros, y de un sólo movimiento rápido la obligó a recostarse de nuevo en la cama con suma facilidad. La Jefa de Guardia se quedó atónita, sin moverse ni decir nada. Applejack la siguió tomando de los hombros por un rato, con su cuerpo algo inclinado sorbe el suyo. Una sonrisa de satisfacción se dibujó en los labios de la vaquera de pronto, y entonces al fin la soltó.

– ¿Ves? Si estuvieras bien, eso no habría sido tan sencillo, ¿o sí?

Rainnbow pareció avergonzarse por el comentario, y de inmediato volteó hacia otro lado, con sus mejillas sonrosadas.

– Yo me encargo de que no intente nada raro. – Le indicó la chica de cabellos rubios a la enfermera, quien parecía algo alterada por la forma no tan poco ortodoxa que había usado para recostarla.

– Sí, gracias. Con su permiso.

Sin oponer mucha queja a su petición, la enfermera caminó apresurada a la puerta y salió, cerrando la puerta detrás de ella; Applejack y Rainbow Dash se quedaron al fin solas en el cuarto, ya que incluso las otras dos camas se encontraban vacías. Applejack volvió a tomar el ramo de rosas que traía consigo, y pasó a colocarlo en un jarrón que estaba sobre el buró a lado de la camilla.

– Te traje unas rosas, pero no creo que te las merezcas por ser tan terca.

– Ni qué las quisiera. – Masculló la chica cabello arcoíris, intentando exteriorizar indiferencia. – Esto es exagerado. Estoy bien, no me duele nada.

Applejack la volteó a ver sobre su hombro con notoria seriedad.

– Dejaste de respirar por unos momentos. – Murmuró despacio. – Eso no es algo que se deba tomar a la ligera… Pudiste haber muerto.

– Pero no fue así, tú me salvaste. – Respondió Rainbow, encogiéndose de hombros con indiferencia.

La actitud de Rainbow Dash pareció molestar bastante a Applejack, quien de inmediato se giró hacia ella, incluso tirando el florero del buró en el proceso.

– ¡¿Y si no hubiera estado yo ahí?! – Le gritó con fuerza, y su voz resonó en el eco el cuarto casi vacío. – ¡¿Qué hubiera pasado entonces?!

Rainbow se hizo un poco hacia atrás por mero reflejo, cuando Applejack se viró hacia ella de esa forma y le gritó. Su rostro estaba lleno de ira, pero pudo notar que sus ojos se humedecían un poco.

– No lo sé. – Respondió, algo dudosa. – De seguro me hubiera salvado de alguna otra forma…

– ¡Eso no lo sabes!

– Tranquilízate, ¿quieres? ¿Por qué te tomas esto tan enserio? No es la primera vez que me pasa algo así.

Parecía que la Vaquera le respondería algo con el mismo tono y sentimiento, pero antes de que algo más saliera de su boca, apreció arrepentirse, y guardar silencio unos momentos. Suspiró ligeramente, y pareció calmarse un poco. Bajó la mirada, y luego se dejó caer de sentón en la silla que estaba colocada justo al lado de la camilla.

– Lo sé, lo sé… – Susurró despacio, mientras miraba al suelo. – Pero ésta vez… Yo en verdad… Tuve miedo… Creí que te perdería… – Calló de nuevo unos segundos, y entonces volteó a verla de nuevo. – Creí que no te volvería a ver…

Rainbow se sorprendió enormemente al escucharla decir eso, y en especial el tono que había usado. Ya no le hablaba de una forma agresiva y a modo de regañó, sino reflejando absoluta y clara preocupación, incluso arrepentimiento o culpa. Pero, ¿por qué?

– ¿Qué… me perderías? – Repitió Rainbow, insegura. – Eso… es un poco drástico, ¿no?

– Tal vez, no lo sé. Pero cuando eso paso… La sola idea de que eso pudiera pasar, se me hizo imposible de aceptar… Ahora entiendo lo que me dijiste que sentiste cuando dije que no volvería a Ponyville… Y me pude dar cuenta de lo que realmente siento por ti…

La Jefe de Guardia se sobresaltó en su cama, asombrada por lo que acababa de escuchar. Su rostro se sonrojó, y sus ojos se abrieron por completo. ¿Qué era lo que le estaba diciendo?, ¿qué era lo que significaba todo eso? Su corazón comenzó a latir al mil por hora; podía sentir sus propios latidos en la garganta. Intentó decir algo, pero sólo era capaz de crear muchos balbuceos, la mayoría sin sentido.

– ¿Q… Qué…? ¿Qué quieres…? ¿Qué quieres decir…?

– ¡No me preguntes qué quiero decir! – Comentó la Vaquera muy apenada, desviando su rostro, con sus mejillas pecosas sonrojadas, hacia otro lado. – Lo que quiero decir es que tú eres más que una amiga para mí, Rainbow Dash… Siempre lo has sido, pero yo no me había podido dar cuenta de ello hasta ahora… Creo que tú… – Apretó sus puños con fuerza sobre sus piernas, tanto que sus nudillos se pusieron un poco blancos. – Creo que tú me gustas, Rainbow Dash… ¡Me gustas mucho! No sé cómo o cuándo pasó, si fue hace mucho o fue hasta hace poco… Sólo sé que me resistía a aceptarlo… Pero ya no puedo hacerlo más… Tú me gustas…

Si lo de antes había sido sorpresa, lo que llenó a Rainbow en esos momentos era algo totalmente indescriptible. Se quedó con la boca abierta, y totalmente paralizada en su cama. Su rostro quizás no podía haberse puesto más rojo, ni sus ojos más abiertos. ¿Era enserio lo acababa de escuchar? ¿Era algún tipo de broma quizás? No, Applejack jamás bromearía con algo así… ¿o sí? ¿En verdad se lo estaba diciendo? ¿En verdad le estaba diciendo lo que pensaba que le estaba diciendo?

– ¿Porque no me dices nada? – Escuchó que le preguntaba de pronto, sin voltear a verla aún. – Esa es mi respuesta, la que te debía desde hace tres meses. ¿No vas a decirme algo?

– Y… Yo… – Rainbow volvió a sólo balbucear; pronunciar la palabra más simple, parecía representar un gran reto para ella en esos momentos. – La verdad es que… No sé qué decir… Esperaba ansiosa oírte decir eso, pero ahora que lo he oído… No… Sé qué decir… Mi mente está en blanco…

Y no era para nada una exageración; realmente sentía que su mente estaba en blanco. Deberían de estarle cruzando mil cosas por la cabeza en esos momentos, pero al parecer esas mil cosas se habían quedado atoradas en el tráfico o algo, ya que ninguna lograba recorrer de manera efectiva el camino completo, y volverse una idea coherente y clara en su cabeza.

Applejack la volteó a ver de reojo, y a Rainbow le pareció detectar algo de enojo en su mirada. Pensaba que tal vez se había ofendido por sus palabras, o tal vez más por su silencio.

– ¡Entonces no me digas nada! – Le dijo con fuerza, justo antes de pararse de la silla.

Lo primero que le cruzó por la cabeza a Rainbow era que se iría del cuarto molesta, y estaba dispuesta a pararse y detenerla si era necesario. Sin embargo, para su sorpresa, su siguiente movimiento fue algo totalmente distinto. En lugar de girarse hacia la puerta, se inclinó sobre ella, la tomó de los hombros de nuevo… y acercó su rostro abruptamente al suyo, uniendo sus labios…

Rainbow se quedó inmóvil como estatua, sintiendo, por tercera vez, los labios de Applejack contra los suyos. Pero esa ocasión era totalmente distinta a las otras dos, y no sólo porque ahora era ella la sorprendida por el repentino acercamiento. La sensación, la calidez, el sentimiento que la inundaba, era algo nuevo, diferente… Un beso real, cómo si fuera la primera vez.  Sin proponérselo, cerró sus ojos y se dejó llevar por las cosquillas que comenzaba a sentir. Tan, tan agradables…

– Oh… Por… Celestia… – Escucharon de pronto que una tercera voz en el cuarto pronunciaba. Ambas reaccionaron, separándose al mismo tiempo y volteando en la dirección en la que esa voz había venido: la puerta del cuarto.

Paradas en la puerta, se encontraban ni más ni menos que sus cuatro amigas: Twilight, Fluttershy, Rarity y Pinkie Pie. Twilight traía consigo un par de libros, Fluttershy traía también unas flores, Pinkie Pie cinco globos de colores, y Rarity una tarjeta en sus dedos. Las cuatro las miraban fijamente con extrema sorpresa en sus miradas. Por su parte, Applejack y Rainbow, comenzaron a sentir una fuerte, enorme y agobiante vergüenza que comenzó a subir desde la punta de sus pies, hasta sus cabezas.

– ¡¿Cuánto llevan ahí paradas?! – Exclamó Applejack, apartando rápidamente sus manos de los hombros de Rainbow.

– A… Acabamos de llegar… – Tartamudeó Fluttershy nerviosa, aunque incapaz de quitarles los ojos de encima. – No queríamos… Interrumpir…

– Pero igual lo hicimos, al parecer. – Señaló Rarity, en el mismo estado exacto que el resto de sus amigas.

– Pero… Entonces… – Siguió el turno para Twilight. – Esto quiere decir que ustedes… ¿Ya hablaron de… eso…?

– Se… Podría decir… Que sí… – Respondió Rainbow, con la mirada agachada, más que nada porque no quería que vieran su rostro directamente.

Todas se quedaron en silencio por un largo rato, antes de alguna pudiera reaccionar. Y quien lo hizo, fue ni más ni menos que Pinkie Pie, quien soltó los globos de su mano, dejándolos flotar libres pro el cuarto. Su eterna sonrisa se hizo aún más grande que de costumbre, y su cuerpo comenzó a temblar.

– Esto… Es… ¡Grandioso!

Sin ningún otro aviso además de ese estruendoso grito, Pinkie Pie comenzó a correr con rapidez hacia la camilla, saltó con fuerza y se les lanzó encima a ambas.

– ¡Espera, Pinkie! – Exclamaron las dos al mismo tiempo, un instante antes de que cayera sobre ellas; Twilight, Rarity y Fluttershy, cerraron los ojos y desviaron la mirada en el mometo justo del impacto. Applejack terminó estampada contra Rainbow Dash, y Pinkie Pie sobre ambas, abrazándolas con fuerza.

– ¡Estoy tan feliz por ustedes! ¡Ésta es la mejor noticia que he recibido últimamente! Aunque la noticia anterior a esta fue que Rainbow Dash estaba en el hospital, así que la comparación no es muy buena.

– Sí, y precisamente aún sigo en el hospital, ¿recuerdas? – Comentó Rainbow adolorida. – Y no me estás ayudando a salir pronto.

Pinkie se retiró de encima, y entonces se sentó en la cama justo frente a ellas.

– ¡Lo siento!, ¡es que estoy tan emocionada! ¡Esto se merece una…!

– ¿Fiesta? – Completaron las dos al mismo tiempo, sin habérselo propuesto.

– ¡¿Cómo lo supieron?!

Todas empezaron a reír al mismo tiempo. El asombro inicial, acompañado de algo de incomodidad, parecía haberse apaciguado gracias a la espontanea demostración de Pinkie Pie, la cual parecía ser su principal especialidad.

– Yo también estoy muy feliz por ustedes. – Comentó Fluttershy con una amplia sonrisa.

– Supongo que yo igual. – Le secundó Twilight, quien no quería sonar despectiva, sino más bien aún no salía de su asombro.

– Y yo quiero aclarar que lo estuve desde antes. – Añadió Rarity con elocuencia.

– Ya, ya, basta todas ustedes. – Comentó Applejack, quien al parecer era incapaz de dejar de sonreír, y tuvo que cubrirse el rostro con su sombrero. – Me están apenando…

– Lo sentimos, Applejack. – Se disculpó Twilight. – Creo que esto debería de haber sido algo más privado, ¿verdad? Pero si no es muy inoportuno que lo pregunte, ¿qué pasará de ahora en adelante? ¿Qué piensan hacer?

Applejack y Rainbow se voltearon a ver la una a la otra, ambas con duda en sus miradas. ¿Qué pensaban hacer de ahora en adelante? Era una buena pregunta.

– Creo que por lo pronto, esperar a que esta niña problemática se cure. – Comentó Applejack, algo más calmada.

– Oye.

– Y luego de eso, ya veremos qué hacer, supongo. Por lo pronto, guárdenos el secreto, ¿está bien?

Apenas cualquiera de las cuatro estaba a punto de responder de manera afirmativa a su petición sin dudarlo, cuando Rainbow saltó de pronto de manera abrupta.

– Oye, ¿qué estoy pintada o qué? – Comentó molesta. – No decidas todo por tu cuenta.

– Yo no decidí nada por mi cuenta, no exageres.

– ¿Crees que porque ahora eres mi novia puedes decidir y hablar por mí?

Applejack se inquietó ante tal comentario.

– Hey, un momento. Aún no he mencionado en ningún momento la palabra… “novia”

– ¿Te vas a echar para atrás? Acabas de robarme un beso, ¡debes tomar responsabilidad!

– ¡¿Qué?! ¡Mira quién lo dice! ¡Tú me robaste dos!

Ambas acercaron sus rostros la una a la otra, mirándose fijamente con severidad, mientras comenzaban a discutir. Twilight y las otras miraban a una y a la otra consecutivamente mientras hablaban, incapaces de decir algo.

– Mejor las dejamos solas para que hablen. – Comentó Twilight, y entonces comenzó a guiar a las otras a la puerta.

– Pero esto se está poniendo bueno. – Señaló Pinkie, aunque Twilight y Rairity la empujaban a la puerta a la fuerza.

Las cuatro salieron, cerrando la puerta detrás de ellas.

– ¿Enserio creen que hagan una buena pareja? – Susurró Twilight dudosa, mirando a la puerta sobre su hombro.

– La mejor de todas, querida. – Le respondió Rarity, totalmente confiada de su respuesta. – Pero bueno, eso está por verse.

Las tres comenzaron a avanzar por el pasillo, alejándose. Twilight se tomó un momento, quedándose afuera de la puerta un rato más.

– Bien, pues estoy dispuesta a tomar a responsabilidad si eso te molesta.

– ¡Ese no es el punto!

– ¡¿Entonces para qué te quejas?!

– ¡Yo no me estaba quejando!, ¡tú empezaste!

– ¡Yo no empecé nada!

Twilight no pudo evitar sonreír un poco. Sí, eran muy parecidas, con carácter fuerte y competitivo. Pero, realmente no podía ignorar que eran la una para la otra, de alguna u otra forma. Siguió al resto de sus amigas por el pasillo, preguntándose cómo terminaría esa historia…

F I N

Notas del Autor:

Y aquí termina mi primer fanfic basado en la serie de My Little Pony: Friendship is Magic, y en mi pareja favorita de dicha serie. Cómo les mencioné en un inicio, esta historia además de todo, empezó como un experimento, un piloto para ver cómo me salía utilizar a estos personajes, presentarles situaciones y colocar sus reacciones sobre dichas situaciones, especialmente colocándolos en un mundo que no fuera precisamente como el de la serie. Debo decir que hay cosas que quizás se pudieron haber hecho mejor, temas adicionales que me hubiera gustado abordar, pero en general estoy muy conforme con el resultado, y espero que a ustedes también les haya gustado.

Y bueno, la pregunta obvia siguiente sería, ¿y ahora qué? Pues muchos ya deben de estar enterados, pero ya he empezado otra serie de historias, ubicadas en el mismo mundo y línea de esta historia en particular, siendo la primera Harmonía I: Solsticio de Verano. Si quieren ver más sobre este mundo y lo que les pasa a estos personajes en él, los invito a leer el resto de las historias que iré publicando.

Y bueno, ¿que será del AppleDash? Claro que habrá AppleDash. Sin embargo, al menos las primeras dos historias de Harmonía estarán antes de ésta, por lo que además de algunos guiños e insinuaciones, ese tema podría tardar un poco en tocarse.

¿Habrá alguna continuación directa de esta historia? Pues, algo así… La tercera parte de Harmonía, si todo sale como lo tengo en mi mente, estaría ubicada después de esta historia. Pero si la pregunta es si haría otra hisoria enfocada al 100% en es Applejack y Rainbow Dash (o con adición de alguna otra pareja), y que continúe los hechos de esta historia, la respuesta es… Tal vez. Sólo puedo decir que no lo tengo en la mente en estos momentos, pero no descarto que pueda surgir en un futuro. Por lo pronto sería enfocarme en Harmonía, y ver si en el camino me surge algo más de corte romántico que quiera escribir. Mientras tanto, los vuelvo a invitar a leer las demás historias y queden al pendiente.

Nos vemos, y gracias por todo su apoyo.

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Harmonía: Creí que no te Volvería a Ver. Tras haber ido a una competencia de Rodeo a Canterlot, Applejack envía una Postal a Ponyville en la que afirma que no volverá, lo que desconcierta a todos, en especial a Rainbow Dash, quién saldrá sin espera a su búsqueda junto con sus demás amigas, decidida a no volver sin ella.

+ «My Little Pony: Friendship is Magic» © Lauren Faust, Hasbro Inc., Hasbro Studios.

Si te ha gustado mi trabajo y deseas ver más de él, puedes apoyarme invitándome un café. Será enormemente apreciado.

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