Fanfic Teen Titans: The Sinners – Capítulo 11. Algo no está bien

9 de enero del 2017

NOTAS PREVIAS: Hola, ¿cómo están? ¿Les ha estado gustando la historia hasta ahora?, espero que sí. Quise hacer estos comentarios previos antes del capítulo porque lo consideré oportuno debido al rumbo que va a tomar la historia de aquí en adelante. Muchos podrán haber notado, e incluso llegaron a señalármelo en sus comentarios, que el comportamiento de Raven ha estado algo errático en estos últimos capitulo, tanto que algunos comentaron que la sentían un poco OOC. Sólo quiero que sepan un par de cosas sobre este tema.

La primera es que estos cambios de humor o de reacciones que ha tenido hasta ahora, no han sido meros accidentes y de hecho son parte de la trama. Algunos posiblemente ya habrán supuesto o adivinado a qué se debe todo esto, en especial si ya conocían a Jared y co. en los comics. Los que no, no se preocupen, en capítulos posteriores todo eso se explicará más. Y lo otro que quería informales es que esos cambio y reacciones “extrañas”, van a ir en aumento, desde este capítulo, en adelante, así que desde ahora les aviso para que no se sorprendan de ver o leer algo que los dejé confundidos.

Eso es todo lo que quería decir por el momento. Sin más les dejo con este nuevo capítulo, que espero sea de su agrado.

Atte.
WingzemonX


Teen Titans: The Sinners - Capítulo 11. Algo no está bien


 

TEEN TITANS

THE
SINNERS

Por
Wingzemon X

CAPITULO 11
“Algo no está bien”

– En otras palabras… No obtuviste nada. – Comentó Cyborg con desgano una vez que su compañero de equipo terminó de contarles cómo le había ido en su misión.

– Al menos hice que aceptara el comunicador. – Se explicó el chico de piel verde, colocando una mano atrás de su cabeza.

– ¿Y eso de qué nos servirá? Si es Terra y está cazando a Slade, ¿crees que te llamará para decírtelo?

Luego de la infructuosa búsqueda por la ciudad de alguna pista de Terra o Slade, Robin, Starfire y Cyborg volvieron a la Torre con la esperanza de que a su amigo le hubiera ido mejor, pero al parece no era el caso. Los cuatro estaban reunidos en la sala de estar, y Chico Bestia les acababa de relatar con lujo de detalles, mímicas y expresiones graciosas, su conversación con Tammy Hawk, la chica que él afirmaba tan fieramente que era Terra, teoría que al parecer sus amigos estaban comenzando a creer debido a los últimos acontecimientos.

No había mucho que decir, pues no pudo verificar si se trataba de Terra o no; de hecho, ella siguió renuente en el no. Sin embargo, sí les había proporcionado un dato importante: Slade había ido a buscarla a su propia casa, amenazándola. Eso les revelaba dos cosas; la primera, que Slade efectivamente estaba buscando a Terra con planes de venganza, y en segunda, que también estaba convencido de que esa chica era Terra, tanto como lo estaba Chico Bestia. Eso encajaba con lo que ellos pensaban que había ocurrido en la plataforma petrolera, pero aún no tenían ninguna pista de lo ocurrido con exactitud.

Tammy Hawk era el mayor misterio en todo eso. ¿Era Terra en realidad?,  ¿o sólo una chica con un parecido extraordinario? Era difícil creer que la respuesta fuera la segunda opción. Además, si Slade también estaba convencido de que era Terra, ¿lo estaba también sólo por su parecido o él sabía algo más que ellos no?

– ¿No habrá alguna forma de comprobar si se trata de Terra? – Comentó Starfire luego de un rato en que todos se habían quedado callados, posiblemente haciéndose la misma pregunta al respecto.

– Una prueba de ADN podría aclarar esto. – Señaló Cyborg.

– Eso no funcionará, porque no tenemos una muestra de Terra para compararla. – Contestó el líder del grupo de seriedad.

– ¿Qué tal si Raven usa su magia y entra en su mente como lo hizo con Geo-Force y contigo? – Sugirió la Tamaraniana de cabellos rojos con optimismo.

– A ella no le gusta hacer ese tipo de cosas. Además, no sé bien como funciona, pero creo sería difícil sin estar cerca de ella y sin su cooperación.

Así que estaban como antes; no se encontraban más cerca de resolver ese misterio de lo que estaban esa mañana.

Ahora que la habían mencionado, ¿dónde estaba Raven? Robin sólo les había dicho que estaba atendiendo un asunto personal, pero ya estaba anocheciendo y no había vuelto desde entonces, y aún seguían preguntándose qué tipo de asunto personal podría ser, en especial para apartarla tanto tiempo en medio de una situación como esa. Sin quitar el hecho, claro, de que Raven era la persona menos personal que conocían.

Robin se cruzó de brazos pensativo, y comenzó a caminar hacia un lado del cuarto, dándole la espalda a sus compañeros. Intentó analizar toda la información segura que tenían: hubo un incendio en la plataforma petrolera del Demente Mod, se encontraron varias pistas que señalan hacia Slade, éste ha estado escondido por muchos meses sin hacer ningún movimiento, había una chica de cabellos rubios en ese lugar, y al parece Slade amenazó a esta otra chica llamada Tammy afirmando que era Terra. Ahora pasó a pensar en las teorías que tenían: Que la Plataforma Petrolera era la nueva guarida de Slade, que él estaba en ese sitio cuando ocurrió el incendio, que la chica de cabellos rubios que estaba en el lugar era Terra, y que Tammy Hawk también lo es. Sin embargo, no tenían como probar alguna de estas suposiciones; de cierta forma todo eso era un callejón sin salida.

– Tal vez las cosas no son lo que parecen. – Comentó de pronto el chico de antifaz, y entonces se giró hacia sus compañeros. – Hasta ahora no tenemos seguridad de que Slade haya estado realmente en la plataforma, o que la chica que Raven vio fuera Terra. Ni siquiera que la chica que Chico Bestia conoce lo sea también.

– Pero ella me dijo que Slade fue a amenazarla a su casa. – Comentó el chico de cabellos verdes. – Eso significa que Slade realmente está buscando a Terra, y si es verdad lo que me dijo, no lo está haciendo con buenas intenciones.

– Y es mucha coincidencia que Raven creyera ver a Terra en la plataforma donde creemos que Slade estuvo. – Señaló Starfire inmediatamente después.

Bien, eso ya se había vuelto un revoltijo; tenían que aterrizar de alguna forma antes de que se perdieran más. Lo que decían era cierto: todo eso estaba lleno de muchas coincidencias. Una chica idéntica a Terra que asiste a una escuela en Jump City, la estatua de Terra en la cueva desapareció, una amenaza de Slade contra ella, el incendio de la plataforma, que Raven afirmara ver a una chica muy parecida a Terra. Todo parecía encajar, pero al mismo tiempo eran meras especulaciones. Además, encima de todo, había algo que a Robin no le parecía bien; algo no encajaba tan bien como parecía, pero no estaba seguro de qué era. Simplemente no podía sacarse una idea de la cabeza desde el día anterior; una última coincidencia a la lista y que sus amigos aún desconocían: el extraño encuentro de Raven, justo en el muelle. ¿Pero qué podría tener que ver ese asunto con este otro? De alguna forma sentía que la verdad de todo eso se le escapaba de las manos, y no deseaba compartirles esa duda hasta que tuviera más información al respecto.

– El caso es que no tenemos nada concreto en realidad. – Agregó con firmeza. – Tal vez estamos sacando conclusiones apresuradas. Tal vez Slade ni siquiera estaba en ese sitio en el momento de la explosión, y la culpable sea la chica que Raven se encontró, quien a su vez podía no ser Terra.

– ¿Entonces qué hacemos ahora? – Cuestionó confuso el chico mitad androide. La verdad no había mucho que hacer por el momento.

– Creo que sólo nos queda esperar a que Slade o Terra hagan algún movimiento, si es que hacen alguno.

Ninguno pareció muy contento con la propuesta, pero tampoco tenían alguna mejor que ofrecer. En efecto, sólo quedaba esperar y a actuar según la situación. Sin embargo, la sola idea no dejaba tranquilo a Chico Bestia. Fuera Tammy Hawk Terra o no, Slade estaba tras ella, y si pensaba que ella había quemado su guarida, de seguro tomaría represarías. Estaba por decirle a Robin que se ofrecía a mantenerla vigilada desde lejos para cuidar que Slade no se le acercara, cuando la puerta de la sala se abrió, y los cuatro titanes voltearon al mismo tiempo en esa dirección.

Como era de esperarse, la persona del otro lado era la única Titán ausente: Raven, que se había desaparecido todo el día, y ahora llegaba con una ligera sonrisa alegre en el rostro, y cargando consigo algunas bolsas de… ¿ropa? Y encima de todo traía un extraño sombrero acho de color azul adornándole la cabeza. ¿Sonrisa?, ¿bolsas de compras?, ¿sombrero? Sus cuatro compañeros simplemente se quedaron helados al verla entrar, pero ella no pareció notarlo, al menos no de inmediato.

– Ya volví. – Pronunció la recién llegada, dejando las bolsas en el suelo y el sombrero sobre una de las sillas de la barra para desayunar.

– ¿Raven? – Murmuró Starfire, mientras parpadeaba confundida.

– ¿Dónde te habías metido todo el día? – Preguntó Chico Bestia casi como un regaño. – Tenemos una situación aquí, ¿qué no lo… sabías? ¿Eh?

Las palabras del Titán fueron cortadas al ver como alguien entraba al cuarto detrás de Raven y se paraba a su lado, aunque un par de pasos detrás de ella. Chico Bestia no fue el único en notarlo; sus demás amigos también fijaron su atención de inmediato en ese extraño, en ese chico de piel gris, cabellos rojizos y ropas negras y rojas, que también cargaba un par de bolsas consigo. Éste, a su vez, los veía a ellos con cierto desconcierto.

Los chicos se miraron entre ellos un poco confundidos, y luego se viraron hacia Raven. Antes de que cualquiera le preguntara quién era, Raven se les adelantó a explicarse.

– Quiero presentarles a Jared. – Les dijo con un muy extraño entusiasmo inherente en su tono, y entonces se giró hacia el chico, sonriéndole levemente. – Mi hermano…

Toda la sala se sumió en un completo silencio, mientras Starfire y los otros miraban incrédulos a Raven, y luego a Jared y viceversa. Ninguno pareció digerir de inmediato esas palabras, pues tardaron varios segundos antes de reaccionar, abrir sus ojos de par en par como dos platos gigantes y poder procesar sus respuestas, las cuales eran algo predecibles.

– ¡¿Qué?! – Exclamó atónito Chico Bestia, retrocediendo rápidamente.

– ¡¿Hermano?! – Agregó Starfire del mismo modo.

– ¡¿Pero cómo?! – Cuestionó como último Cyborg.

Jared, por su parte, parpadeó en silencio, escuchando las reacciones de los Titanes y analizando sus rostros.

– Ah, ¿mucho gusto? – Preguntó con duda, rascándose un poco su mejilla.

¿Hermano? ¿Qué significaba eso? ¿Era su hermano en el sentido tradicional de la palabra o acaso se estaba refiriendo a otra tipo de hermano? Aunque era casi obvio que la respuesta era la primera opción, la segunda parecía la más creíble. ¿Raven tenía un hermano? ¿Desde cuándo?, ¿cómo? ¿Ese era el asunto personal que había estado atendiendo todo ese tiempo? Sí, realmente era un asunto muy personal…

Robin no había exclamado su sorpresa del mismo modo que ellos; el momento de asombro más grande había sido el día anterior cuando Raven se lo contó en la azotea. Sin embargo, sí había cierta confusión en el Chico Maravilla. Pese a que ya sabía de antemano sobre el tema, más que cualquiera de sus compañeros, si le impresionaban dos cosas: ver de frente a Jared, y notar cómo era tan parecido a Raven físicamente, tal vez demasiado, y a su vez ver la expresión que su compañera tenía en el rostro. Estaba… ¿feliz? Se veía contenta, animada, casi como una niña pequeña que traía a un nuevo amigo a presentarlo en casa y se encontraba emocionada por ello. Quitando el hecho de que eso siempre era algo poco común en Raven, lo era con más razón considerando la actitud que había tenido justo el día anterior.

La última vez que hablaron ella estaba renuente a esa idea, incluso parecía temer el ir a ver a ese chico, y parecía casi estar en negación. ¿Y ahora se presentaba en la Torre con esa enorme sonrisa y presentándolo de la nada como “su hermano”? Robin se caracterizaba por ser desconfiado hasta cierto grado, pero esa situación en verdad no le olía bien para nada. Como fuera, considerando que sus amigos se habían quedado congelados de la impresión, era en parte su responsabilidad como líder darle la bienvenida al invitado.

Aún un poco dudoso, dio un par de pasos hacia el frente, colocándose de pie frente a Raven y Jared, aunque su atención se encontraba especialmente puesta en éste último. Estando más cerca, le dio un vistazo rápido de arriba abajo. A excepción de su piel gris igual a la de Raven, y sus ojos en un extraño tono rojizo, parecía un chico totalmente ordinario.

– Bienvenido a la Torre Titán, Jared. – Pronunció Robin intentando ser lo más amable posible.

– Gracias. – Le respondió él a su vez, aunque ahora él parecía ser el sorprendido.

El chico de cabellos rojos miró al Titán de arriba abajo con cierta curiosidad, sobre todo admirando el uniforme tan distintivo que portaba.

– ¡Cielos! Tú eres Robin de Ciudad Gótica, ¿cierto? – Preguntó de pronto, mientras una amplia sonrisa adornaba su rostro. – El ayudante de Batman.

Robin se sobresaltó un poco al escuchar tan directamente el nombre de su antiguo mentor. Era extraño, en el tiempo que llevaba en Jump City, a pesar de haber hablado de él en varias ocasiones, pocas veces le había tocado escuchar que alguien más lo nombrara por su nombre; producía una sensación principalmente extraña oyéndolo de ese chico. La visita de Súper Chica unos días atrás había provocado que pensara en él y en otras personas más que nunca, pero ese no era el momento de concentrarse en eso.

– Ex ayudante. – Contestó con algo de seriedad. – Pero sí, soy yo.

– Esto es increíble, nunca había conocido a un héroe de verdad. – Murmuró Jared emocionado. – No sé si estrechar tu mano o pedirte un autógrafo.

– Un apretón de manos suena bien por ahora.

Robin le extendió su mano y Jared la tomó sin dudarlo; realmente parecía emocionado de estrechar la mano de alguien con cierta “fama” como él, aunque al chico de antifaz le parecía exagerado.

Por ninguna razón consciente, Raven sonrió levemente al ver tal escena: Jared y Robin tomándose la mano. Sabía que podía contar con Robin, él la ayudaría a sobrellevar eso, como lo había hecho en la terraza la otra noche. Cada día se impresionaba más de la maravillosa persona que era.

– Esperen, ¡¿cómo está este asunto?! – Exclamó con fuerza Chico Bestia, apareciendo de la nada entre ambos. Luego se giró con apuro hacia la hechicera de azul. – ¿Tienes un hermano? ¿Por qué nunca nos lo dijiste?

– No lo sabía hasta ayer en la tarde. – Se explicó con cierta naturalidad.

Más que aclarar, esa información pareció confundir más a sus amigos. Chico Bestia se plantó frente a los dos supuestos hermanos, mirando a uno y al otro consecutivamente, intentando apreciar por completo sus rostros. Sus ojos, su nariz, sus labios, incluso sus orejas. La expresión del chico verde se puso seria y pensativa.

– Sí, ahora que lo dices, detectó un parecido maternal entre ustedes dos.

¿Parecido maternal? ¿Podría saber por sus caras que se parecían por su madre?, o tal vez sólo andaba de hablador. De todas formas, estaba equivocado. Jared y Raven se vieron de reojo el uno al otro en silencio; se notaba cierta seriedad en sus rostros. Raven sabía que tenía que explicarles la verdad, que sería inútil ocultarlo; Robin ya la sabía de todas formas, pero no era algo fácil de decir. Luego de soltar un largo suspiro, lo dijo sin más.

– Jared es hijo de Trigon, no de mi madre. – Murmuró en voz baja, mirando hacia otro lado, casi como si le diera cierta pena decirlo, pero más que nada era para no ver la reacción que su comentario desencadenaría en sus amigos… de nuevo.

– ¡¿Qué?! – Exclamó Chico Bestia Atónito, retrocediendo rápidamente hacia Cyborg y Starfire, los cuales al igual que él miraban con incredulidad a su visitante.

– Eso quiere decir que eres… ¡¿Un demonio?! – Preguntó Cyborg sorprendido, e inconscientemente lo señaló con su dedo índice al hacerlo.

Jared se sobresaltó un poco ante esa acción y luego viró su mirada hacia el suelo con cierta vergüenza. Raven se dio cuenta de inmediato de esto, y lo sintió tan personal como si se lo hubieran dicho a ella misma. Su mirada se endureció y rápidamente se acercó a su hermano, colocando un brazo delante de él de manera protectora y viendo a sus amigos con ligero enojo.

– Mitad demonio, igual que yo, ¡y es mi hermano! – Les dijo de manera cortante.

– Ah, yo sólo… lo siento. – Se disculpó Cyborg un poco avergonzado por su reacción.

No podía culparlos; la información había sido demasiado abrupta. Que su amiga fuera hija de Trigon, ese malvado demonio que prácticamente destruyó al mundo era una cosa, ¿pero que hubiera más hijos de él por ahí? Eso era algo que nadie se esperaba. Y eso, sumado al hecho de su repentina aparición, hacía que todo eso pareciera muy sospechoso. Pero también era obvio que a Raven no le agradaba que esas ideas cruzaran siquiera por sus cabezas.

– Está bien, Raven. – Escuchó como Jared le decía, colocando una mano sobre su hombro. – Estoy acostumbrado a este tipo de reacciones.

– No debes de sentirte nervioso. – Le contestó ella rápidamente, girándose hacia él y colocando su mano derecha sobre su hombro; este último acto pareció extrañar a Robin. – Todos aquí son mis amigos, aunque algunos sean más imprudentes que otros.

Raven no miró ni se refirió a alguno en especial con ese comentario, pero tanto Cyborg como Chico Bestia se miraron el uno al otro, preguntándose con las miradas a cuál de los dos se refería.

– ¿Hay novedades sobre el incendio en la plataforma? – Preguntó girándose de nuevo hacia sus compañeros, y al parecer más calmada.

– Averiguamos algunas cosas. – Le contestó Robin. – Pero…

Casi sin proponérselo, el chico de antifaz volteó a ver a Jared de reojo, y éste lo notó muy bien. No tenía que decirlo para que él, y de hecho todos los presentes, entendieran que no deseaba hablar de eso frente al “invitado”. No le constaba si él tenía que ver o no con ese incidente, pero su instinto le decía que no era seguro tratar el tema frente a él. Momentos como ese le hacían darse cuenta de que realmente había aprendido muchas cosas de su mentor, y para bien o para mal la desconfianza era una de ellas.

– Entiendo la indirecta. – Comentó divertido el pelirrojo, riendo ligeramente y girándose hacia la puerta. – Si quieren los dejo solos un momento…

– ¡No!, espera. – Exclamó Raven rápidamente, tomándolo de su brazo y deteniéndolo. – Eso puede esperar, te enseñaré mi habitación primero.

– Pero dijiste nadie debía entrar en tu habitación. – Comentó en voz alta Chico Bestia, apenas unos segundo antes de que ambos salieran con rapidez de la sala.

La hechicera prácticamente jalaba a su invitado por el pasillo, como una niña apresurada por enseñar algo. ¿Raven feliz?, ¿un hermano que nunca había conocido?, ¿hijo de Trigon?, ¿dejando una misión para después?, ¿emocionada de enseñarle su cuarto a alguien? ¿Qué de todo eso no tendría que darles mala espina?

– Raven se ve realmente emocionada y feliz. – Comentó Starfire con ligera duda, sin apartar sus ojos de la puerta por la que ambos habían salido.

– Sí, pero el problema de hecho es que acabas de utilizar a “Raven”, “emocionada” y “feliz” en la misma oración. – Comentó Cyborg con cierta seriedad, cruzándose de brazos.

– No hay nada de malo en que Raven esté feliz de encontrar a su hermano. – Salió Robin a la defensa de su amiga, más que nada por solidaridad hacia ella, pues de cierta forma compartía la misma desconfianza que los otros. – Ella siempre se ha sentido muy sola. Supongo que al fin cree encontrar a alguien que la entiende.

– Yo no tengo problemas con eso, pero no puedo evitar preocuparme.

– ¿Preocuparte por qué, Cyborg? – Preguntó con curiosidad la Tamaraniana.

– Porque, si lo que Raven acaba de decir hace un momento es cierto, entonces uno, es hijo de Trigon, uno de los malos más malos que hemos conocido. Dos, muy seguramente no tiene el mismo entrenamiento místico que Raven para controlar su maldad interna. Tres, aparece así como así de la nada, al mismo tiempo que ocurre el incendio de la plataforma. Y cuatro, recuerda lo que ocurrió la última vez cuando creíste que tu hermano regresaba.



Starfire se sobresaltó un poco al oírlo decir eso, pero su atención se concentró más que nada en el cuarto y último punto. ¿Cómo olvidar algo así? Había creído que su hermano menor, Wildfire, al fin había reaparecido luego de tantos años de estar perdido. Estaba tan feliz y emocionada aquel día, mucho más de lo que Raven estaba en esos momentos. Pero al final todo fue una mentira, una mentira hecha de Madame Rouge, con la ayuda de su propia hermana. Recodaba también cómo había estado los días siguientes a ello: muy mal, triste, deprimida.

Entendía bien lo que Cyborg quería decir. Esto de Jared era demasiado sospechoso, y fácilmente podría tratarse de un engaño igual, o tal vez peor.

– Creo que Cyborg tiene cuatro buenos puntos. – Añadió la pelirroja, mirando hacia su líder.

– Pero hay algo que no entiendo. – Comentó Chico Bestia inmediatamente después. – ¿Cómo es que Trigon tuvo otro hijo…?

Todos callaron, pues ninguno sabía la respuesta. No conocían en sí la historia de cómo Raven había sido creada o concebida, por lo tanto tampoco podían decir cómo era que Jared existía, si es que era cierto que era hijo de Trigon.

Pero a su vez, todo lo que decían y preguntaban, Robin ya lo había llegado a pensar. ¿Pero qué podía hacer? En parte fue él quien convenció a Raven de ir a ver a ese chico pese a que no quería, y en esos momentos se veía realmente feliz, cómo nunca la había visto. Sin embargo, esa actitud por parte de ella también resultaba extraña por donde se viera. Para todos era evidente que la presencia de Jared no era del todo confiable, ¿por qué para ella no? ¿Qué hizo o dijo ese chico para que ella confiara tanto en él de pronto cuando la noche anterior estaba renuente siquiera a verlo? En verdad, algo no estaba bien.

– Hablaré con ella después. – Explicó el petirrojo. – Por lo pronto, será buena idea mantenerlo vigilado.

– ¡Cuenta con eso! – Pronunció con fuerza Chico Bestia y entonces se transformó en una serpiente verde, comenzando a arrastrarse por el suelo hacia la puerta, pero Robin lo tomó, deteniéndolo antes de que se fuera.

– Pero no me refiero a espiar conversaciones ajenas. – Le dijo con cierta reprimiendo en sus voz, por lo que Chico Bestia tuvo que volver resignado a su forma normal. – Sólo estén pendientes. Por ahora, Slade y Terra son nuestra prioridad.

Una regla de oro en la Torre Titán era nunca, jamás, por ningún motivo entrar al cuarto de Raven sin su permiso; las consecuencias a violentar esa ley podían ser mortales. Evidentemente la hechicera era una persona que disfrutaba mucho de su privacidad, y de que nadie tocara o desordenara sus cosas. Sin embargo, ahora parecía feliz de podérselo enseñar a Jared. Entrar a su cuarto era como enseñarle una parte de ella, así como él le había mostrado gran parte de él ese día.

– Un cuarto muy oscuro. – Comentó divertido el pelirrojo caminando por la habitación mientras miraba la cama, el librero, el escritorio, el armario, y el enorme ventanal donde se podía ver en primera fila el atardecer. – Va contigo.

– Gracias. – Contestó la joven, mirándolo desde lejos con cierta curiosidad.

La mayoría de la gente entraría y vería ese sitio como algo raro, se le vería el miedo en el rostro al ver sus cosas, y con esa escasa luz. Pero Jared era diferente; él caminaba y miraba todo con emoción, con expectativa, con mucho cuidado, como si caminara por un museo de arte; a Raven esto parecía ponerla contenta… O al menos lo hacía al principio.

Mientras Jared admiraba la vista que se apreciaba por la enorme ventana, la Titán pudo divisar que algo se asomaba discretamente desde debajo de su cama. ¿Eso era lo que pensaba que era? Sus ojos se abrieron de par en par al notar de qué se trataba: eran los moldes, el chocolate y el dulce, asomándose así como así para que cualquiera lo viera. Los había olvidado por completo. Jared parecía que no los había visto aún, y mejor así. ¿Cómo podría explicarle que hacía con esas cosas? Aunque, ¿tendría que explicarle algo? Como fuera, no era tiempo para hacerse esas preguntas.

Jared se movió del ventanal hacia su librero, y casi al mismo tiempo ella se puso justo frente a la cama, cubriendo con su cuerpo y su capa su “oscuro” secreto.

– Esa es mi colección de libros. – Comentó un poco nerviosa, mientras con su pie intentaba introducir los moldes y el chocolate debajo de su cama. – La mayoría son de hechizos, conjuros, algunas historias…

– Veo que te gusta mucho leer. – Comentó él a su vez, pasando su dedo por los lomos de los libros, leyendo sus títulos y autores.

– Algo…

Aprovechó ese momento de distracción de su parte para voltearse y poder meter por completo las cosas debajo de la cama. Estaba salvada. Soltó un largo suspiro de alivio mientras se ponía de pie de nuevo.

– Este libro resalta un poco del resto. – Escuchó de pronto como Jared decía a sus espaldas un segundo después.

¿Libro? ¿Qué libro…? Raven se quedó paralizada; no podía haber sido tan descuidado y tonta como para poner “ese libro” en el librero a la vista de cualquiera, ¿o sí? Rápidamente se dio la media vuelta, sólo para ver cómo Jared hojeaba lo que tanto había temido: el recetario de chocolates.

– ¡No!, ¡Espera! – Exclamó casi asustada, mientras se abalanzaba hacia él con la intención de arrebatárselo.

Jared le sacó la vuelta esquivándola, y luego se alejó de ella dando varios pasos hacia atrás, mientras seguía curioseando el recetario.

– ¿Así que además de libros de hechizos te gusta la repostería, hermanita? – Le preguntó con cierta malicia en su tono.

– ¡No es lo que crees!

– ¿Enserio? ¿Y qué es lo que tú crees que yo creo? ¿Qué estás intentando hacerle un chocolate a alguien? ¿Al chico que te gusta, tal vez?

El rostro de Raven se puso tan rojo por la pena que casi le pareció sentir que la piel le quemaba.

– ¡Claro que no! – Le contestó casi gritando. – Es sólo… ¡por diversión!

– Sólo por diversión, claro.

Era tan obvio para Raven que no le estaba creyendo ni una palabra, como lo fue con Chico Bestia al intentar decirle que el ejemplo que le había dado era sólo una situación “hipotética”; al parecer era mala mintiendo. Intentó considerar sus posibilidades lo más rápido que pudo. En efecto sentía que podía confiar en él; era su hermano después de todo, y de cierta forma le había demostrado que sus intensiones eran buenas, así que no tenía por qué no decirle sobre Robin. Pero Chico Bestia ya sabía, y mientras más gente lo supiera más difícil sería mantenerlo en secreto, Y encima de todo, no se sentía para nada a gusto hablando de ese tema, y eso incluía a quien fuera, sin importar si fuera su hermano o su propia madre; de hecho, tal vez con su madre sería incluso más difícil.

– Es curioso, porque me pareció que sonreías mucho hace un momento en la sala. – Comentó divertido el pelirrojo, sentándose sobre la cama. – ¿A ti te gusta ese chico?

– ¡¿Qué?! – Exclamó atónita la hechicera de azul.

– Me refiero a Robin. Lo mirabas y le sonreías mucho, ¿crees que no me di cuenta? Anda, puedes, decírmelo. Somos hermanos, ¿o no?

Qué fácil lo decía; hasta esa mañana no estaba del todo convencida de eso. Raven no contestó, pues en verdad no sabía qué decir para poder zafarse de esa situación; se sentía en un aprieto. Jared pareció notarlo y entonces tomó un semblante más serio. Se paró y caminó hacia ella, colocando una mano en su hombro para tranquilizarla; la joven lo volteó a ver de reojo con un poco de duda.

– Está bien, no tienes que decirme si no lo crees apropiado. – Le dijo con un tono gentil. – Pero quiero que sepas que si en algún momento un chico te gusta, como tú hermano, no permitiré que nadie te lastime. Si ese tipo se aprovecha de ti, dime y le rompo la cara, y no me importa que sea Robin.

¿Cuál era la reacción normal a ese tipo de comentario? No estaba segura, pero independiente de cual fuera, la de Raven fue sonreír y luego soltar una ligera risita divertida. No estaba muy segura de qué le daba risa, el que él se tomara tan enserio su papel de hermano mayor como para decir eso, o que pensara que podía “romperle la cara” a Robin tan fácilmente.

– Gracias, Jared. – Le comentó luego de dejar de reír, y aparentemente más relajada. En vista de que era inútil ocultarlo, lo mejor era abrirse de una vez. – La verdad, no estoy segura… no estoy acostumbrada a esto de… sentir…

– Pero aún así le quieres hacer un chocolate, ¿no? – Le preguntó con curiosidad, enseñándole el recetario; por alguna razón contestar esa pregunta le siguió dando más pena que decir lo que sentía por Robin.

– Algo así. Pero no soy lo que digamos… buena en eso.

Raven desvió su mirada con pena hacia otro lado al recordar el incidente de la cocina, en la cual casi terminó quemando toda la Torre… Bueno, eso tal vez era exagerado, pero sí había salido muy mal.

– Hey, no digas más. Yo te daré una mano.

– ¿Tú?

– Oye, así como me ves, no soy nada malo en la cocina. – Agregó el pelirrojo con elocuencia, señalándose con su pulgar. – Te daré unos consejos, y te ayudaré a hacerle su chocolate al Chico Maravilla.

– No tienes que hacerlo…

– Insisto. – Interrumpió rápidamente, colocando de nuevo una mano sobre su hombro. Ese acto, ¿por qué era tan significativo para ella? Tenía el mismo efecto que cuando Robin lo hacía: se sentía tranquila y en confianza.

Un poco de ayuda no le vendría mal, y no tenía deseos de pedírsela a Chico Bestia, pero si a su… Hermano; incluso decirlo en su cabeza le causaba una sensación agradable. Le sonrió ligeramente y colocó con gentileza una mano sobre la que él tenía en su hombro.

– Gracias, Jared. – Murmuró en voz baja.

– ¿Por qué no me llamas hermanito mayor? – Le preguntó con un tono burlón, que en esta ocasión a Raven no le pareció del todo gracioso. – Es más, si me ayuda te es de utilidad, quiero que como recompensa me digas “muchas gracias Jared, ¡eres el mejor hermanito mayor del mundo!”

La expresión que se dibujó en el rostro de Titán fue suficiente para reflejar su descontento con la idea.

– Un paso a la vez…

Ambos se rieron al mismo tiempo luego de eso, como leyendo la mente del otro. Jared miró hacia el ventanal, notando que el sol ya se había metido por completo en el horizonte, y el cielo se cubrió de estrella.

– Creo que es mejor que me vaya, antes de que se haga más noche.

– ¿Tan pronto? – Murmuró Raven con algo de pesar, y también volteó hacia la ventana.

– Hey, no me extrañes, tontita. – Le contestó con un tono juguetón, dándole un golpecito en su brazo. – Mañana ve a mi departamento, trae  tu recetario y demás, y hacemos algunos intentos.

– ¿Mañana?

Raven calló. Todo ese día se la había pasado con Jared mientras sus amigos seguían investigando el incendio de la plataforma. No sería correcto ausentarse un día más, y en especial por algo como eso. Pero San Valentine ya estaba tan cerca, y si no se apuraba… No, ¿en qué estaba pensando? ¿Cómo podría darle más prioridad a unos chocolates que…? ¿Qué exactamente? ¿Había alguna situación de alto riesgo que requería de su presencia? No estaba segura, no había dejado que sus amigos le dijeran lo que habían averiguado después de todo.

Fue en ese momento en el que a Raven le pareció darse cuenta de que algo extraño estaba pasando en su cabeza, y de hecho cosas parecidas le habían estado pasado en todo el día. Era una sensación extraña, como si dos personas totalmente contrarias se pelearan dentro de ella: una le decía que debía quedarse y ayudar a sus amigos, y la otra le insistía que podían arreglárselas solos, que fuera con su hermano, que apenas lo encontraba y se merecía pasar tiempo con él, y ésta última parecía la misma vivida. Casi le parecía sentir que alguien le susurraba al oído exactamente esas palabras, intentando convencerla; la metáfora del ángel y el demonio sobre sus hombros que usaban en las caricaturas se le vino a la mente en esos momentos, ¿pero cuál era cuál?

¿No te dijo Robin que no te preocuparas? ¿Qué te encargaras de ese asunto y que le dejarás el otro asunto a ellos? ¿Por qué te preocupa tanto eso? Tal vez sólo fue un incendio accidental.

Eso había sonado más real que una voz en su cabeza. ¿Quién había dicho eso? ¿Fue Jared? No, esa no era su voz. Miró discretamente hacía los lados, como si realmente esperara ver a alguien más ahí, pero no había nadie. ¿Realmente había sido su propia mente? Pero podría jurar haber escuchado esas palabras claramente como si alguien las hubiera pronunciado.

– ¿Te ocurre algo, Raven? – Le preguntó Jared, mirándola con ligera confusión.

– No, nada. – Contestó rápidamente la chica de azul, volteándolo a ver con una sonrisa disimulada. – Yo… te aviso mañana si podré ir o no.

– Bien, entonces esperaré tu llama, hermanita. – Le dijo por último, dándole unas palmaditas en su hombro.

La Titán lo encaminó hacia la puerta de salida, pero ya no estaba tan contenta como antes. Todo el camino se quedó seria, sin decir nada. No podía pensar con claridad, y no sabía por qué. ¿Qué le estaba pasando? Al llegar a la puerta pareció calmarse y volver un poco a la normalidad. Llevó a Jared hasta el muelle y ahí se despidieron. Raven se quedó un rato más viendo como se alejaba, preguntándose si debía acompañarlo para asegurarse de que no le pasara nada, pero luego pensó con humor que el hermano mayor era él, y que además sabía cuidarse bien solo; después de todo, lo había estado por mucho tiempo.

Raven volvió a la Torre, y en cuanto entró en ella pareció volverle de golpe el mismo estado de hace unos momentos. ¿Qué eran esos pensamientos tan extraños que le llegaban de pronto? Le había pasado lo mismo esa misma tarde, al verse al espejo y pensar sólo por un escaso segundo que “se veía más bonita que Starfire”, algo que normalmente no pensaría.

De pronto, una respuesta le vino a la mente y ésta pareció asustarle un poco. Lo que tanto temía podría estarse volviendo realidad: estaba perdiendo el control de sus emociones. Había sido demasiado descuidada. Todo el asunto de Robin, los chocolates, su hermano, habían hecho que se descuidara, comenzando a sentir en sólo unos días lo que no había sentido en años, y encima de todo hacia ya algún tiempo que no meditaba. ¿Cuándo había sido la última vez? Cuando Red X reapareció tal vez, pero ni siquiera en aquel entonces había logrado concentrarse lo suficiente. Claro, eso debía ser. Necesitaba tranquilizarse, aclarar sus ideas, y lo más importante, meditar por un rato.

Se encaminó apresurada hacia su habitación, como si fuera de vida o muerte llegar a ella, pero a medio camino se cruzó con alguien, a quién no estaba segura si quería ver o no en esos momentos: Robin.

– Raven. – Le llamó el chico de antifaz, estando más adelante en el pasillo, haciendo que se detuviera. – ¿Ya se fue?

– ¿Jared? Sí… Ya se fue. – Se  le veía algo ansiosa, y su presencia no le ayudaba. – “No ahora, necesito ir a mi cuarto…”

– ¿Te encuentras bien? Te ves agitada, ¿qué ocurre?

– No he meditado en un tiempo, y han sido… muchas emociones… Muchas. – Le contestó con un tono que radiaba cierto cansancio.

– Pero tú nunca has dejado de meditar, ni un sólo día.

– Lo sé, lo sé, por eso necesito ir a mi cuarto.

Le sacó la vuelta rápidamente y se dirigió con pasos apresurados hacia la puerta de su habitación.

– Espera, Raven. – Pronunció Robin, queriendo detenerla. – Necesitamos hablar de varias cosas.

– Mañana. – Fue la única respuesta que surgió de sus labios antes de entrar rápidamente en su cuarto y prácticamente azotar la puerta detrás de ella.

Robin simplemente se quedó de pie, mirando confundido la puerta cerrada. ¿Qué era lo que le ocurría?

Por su lado, Raven parecía sentirse un poco más a salvo en el interior de su habitación, oscura y sola. Pegó su espalda contra la puerta y se dejó caer deslizándose por ella hasta quedar sentada en el suelo. Un fuerte cansancio la inundo de golpe, obligándola a cerrar momentáneamente los ojos. Demasiadas emociones, demasiadas realmente.

Intentó olvidarse por un momento de todo. De los chocolates, de Terra, de la plataforma, de Jared, incluso de Robin, aunque fuera por un sólo segundo…

– El amor te ha hecho realmente descuidada, Raven. – Escuchó como una voz profunda pronunciaba de pronto, tomándola por sorpresa.

La joven de piel gris abrió sus ojos de golpe, casi paralizada por el asombro. Estaba totalmente segura que esa voz no había venido de su cabeza, ni siquiera de afuera, sino de ahí de su propio cuarto. Y no era una voz que le era del todo desconocida… Pero no podía ser. Lentamente viró su atención hacia el baúl que se encontraba justo frente a su cama, del que radiaba una ligera luz blanca por la ranura de la tapa. No podía ser cierto.

Antes de que pensara siquiera en acercarse, al baúl se abrió de golpe como si alguien lo azotara, y una esfera de luz comenzó elevarse poco a poco, rodeando un objeto rectangular que Raven reconoció de inmediato: un libro, antiguo, de pasta oscura y gastada. La luz se fue disipando poco a poco, y entonces el libro se abrió de par en par, aún suspendido en el aire, quedándose casi a la mitad, en una página que parecía ser el retrato de una persona, pero la hoja parecía haber sido rasgada y sólo se veían sus ojos. Raven miró atónita todo eso.

– ¿Malchior? – Murmuró sorprendida poniéndose lentamente de pie.

– Cuanto tiempo sin vernos, vieja amiga de penas. – Se oyó como una voz pronunciaba, al parecer originada desde el propio libro.

FIN DEL CAPITULO 11

NOTAS DEL AUTOR:

– Al final de este capítulo hace su aparición Malchior, personaje de la serie que aparece en el Capitulo 32. Malchior aparece aún sellado en el libro, como ocurre al final de dicho capitulo, pese a que tal vez algunos recuerden que Malchior reaparece de alguna forma en la Quinta Temporada como miembro de la Hermandad del Mal. Siendo honesto, a mí me parece que esa aparición fue de lo más incoherente, pues él debería de estar atrapado en el libro, mismo que está en posesión y cuidado de Raven, así que no hay ninguna forma o explicación de que haya aparecido así como así (y de hecho nunca lo explican o mencionan siquiera), así que por motivos de la historia he decidido omitir la aparición de Malchior en la Quinta Temporada y dar por hecho que todo este tiempo ha seguido atrapado en el libro. Si alguien tiene dudas con esto, no dude en preguntarme.

  Capítulo Anterior Capítulo Siguiente  

Teen Titans: The Sinners. Han pasado unos cuantos meses desde que los Jóvenes Titanes derrotaron a la Hermandad del Mal, y volvieron a Jump City. Todo ha sido muy tranquilo desde entonces, pero las cosas están comenzando a cambiar. ¿Qué es esto que Raven ha empezado a sentir por su líder, Robin?, ¿Y quién es ese misterioso chico que afirma ser su hermano? Aunque siempre había logrado mantener en absoluto control sus sentimientos y pensamientos, estos cada vez parecen comenzar a dominarla. Y si no es capaz de aclarar su mente a tiempo, podría caer víctima de aquello que siempre temió, y arrastrar a todos sus amigos con ella…

+ «Teen Titans, la Serie Animada» © Glen Murakami, DC Comics, Warner Bros. Animation.

Si te ha gustado mi trabajo y deseas ver más de él, puedes apoyarme invitándome un café. Será enormemente apreciado.

Un pensamiento en “Teen Titans: The Sinners – Capítulo 11. Algo no está bien

  1. Pingback: Teen Titans: The Sinners – Capítulo 12. No me Conoces – WingzemonX.net

Deja un comentario