Fanfic Harmonia: Creí que no te Volvería a Ver – PARTE 10

9 de enero del 2017

Notas del Autor:

Pues bueno, en el capítulo anterior dije que éste sería el último, pero… La verdad es que todo se me alargó mucho más de lo que hubiera predicho, y ya no podrá ser sólo un capítulo más. Se me hace que van a tener que ser dos (espero que no tres). Espero no les causé molestia tener que esperar un poco más para la conclusión. Pero mientras tanto, aquí tenemos la parte diez. Qué la disfruten.


Harmonia: Creí que no te Volvería a Ver - PARTE 10


WingzemonX

HARMONÍA

Creí que no te volvería a ver

PARTE 10

Applejack no estaba segura de que le sorprendía más: ver la Alcaldía ya reconstruida y renovada, o que la tan esperada fiesta de bienvenida organizada por Pinkie Pie, fuera precisamente ahí en el salón central de ésta. Su familia y amigos estaban todos ahí reunidos, incluidos algunos primos, y muchas personas del pueblo, todos con el único fin de ver y saludar a la recién llegada; era como una remembranza de su ceremonia de despedida el día antes de partir a Canterlot para el Gran Rodeo; el sentimiento de emoción era el mismo, aunque el motivo era otro totalmente distinto. El lugar estaba decorado de esquina a esquina, por así decirlo ya que la forma del edificio era redonda. Lo más destacable de la decoración, era la pancarta colgada frete al escenario principal con las palabras:

BIENVENIDA A CASA APPLEJACK, NUESTRA CAMPEONA DE RODEO

Exactamente la misma pancarta que habían hecho tres meses atrás para su primera fiesta de bienvenida a la que jamás llegó, y que al parecer habían guardado todo ese tiempo para volverla a utilizar. A Applejack le incomodó un poco el texto, más que nada la parte de “Campeona de Rodeo”, lo cual era una gran mentira desde su perspectiva, ya que no había ganado nada. Aun así, sus amigas y familia insistieron en que pese a todo, ella siempre sería su campeona.

– Cielos, Alcaldesa, no tenía que tomarse todas estas molestias sólo por mí. – Comentó la vaquera, quien tomaba un vaso de ponche en compañía de la propia Alcaldesa Mare, su abuela, sus hermanos y la maestra Cheerilee.

– Tonterías, pequeña Applejack. – Comentó la mujer de cabello gris con normalidad. – En parte siento que fue mi culpa que hayas tenido que irte tanto tiempo de Ponyville, debido a toda la presión que puse en ti por eso del premio económico; y me disculpo por ello. Pero la verdad es que estoy muy contenta, al igual que todos, de que estés de vuelta.

– Yo también estoy contenta de estar aquí. Y es grandioso ver la Alcaldía de nuevo reconstruida y en todo su esplendor. – Echó en ese momento un vistazo rápido a su alrededor; en verdad todo se veía como nuevo. – ¿Pero cómo lo lograron?

– Todos pusimos un poco de trabajo y esfuerzo de por medio. – Respondió Cheerilee con entusiasmo, y la Alcaldesa la secundó.

– Ya sabes lo que dicen, cuando la gente de Ponyville se une en una sola causa, siempre logran lo que sea.

Al parecer lo que Twilight y las otras le habían dicho en aquel momento resultó ser cierto, sobre que siempre habría alguna otra forma de reconstruir la Alcaldía, sin tener que sacrificarse ella misma. Ojala hubiera pensado así antes.

– Ya lo creo que sí. Pues, caracoles. – En ese momento tomó su bolsa de viaje que seguía en su espalda, y la abrió, revelando que en su interior traía una considerable cantidad de dinero. Al ver esto, la Alcaldesa casi escupió su ponche de la impresión. – Yo estos tres meses estuve ahorrando parte de mi sueldo, y de otros trabajos extras que estuve haciendo. No es mucho, pero pensaba dárselo para ayudar en la reconstrucción como le había prometido. Pero ya que pudieron hacerlo por su cuenta, creo que usaré esté dinero para reparar algunas cosas en la granja.

Dicho eso, volvió a cerrar el bolso y a ponérselo en la espalda. Este acto alarmó a la Alcaldesa, que por un momento se había sentido tentada a tomar el bolso, pero se había contenido de ello.

– Ah… Bueno, oye, el dinero extra nunca cae…

– Alcaldesa. – Comentó Cheerilee con severidad.

Cuando la alcaldesa volteó a verla, notó como ella, y el resto de los Apple, la miraban fijamente de forma acusadora. Incomoda y de cierta forma acorralada, la mujer de traje se aclaró su garganta e intentó recobrar la compostura.

– No te preocupes, Applejack. Lo que importa es que hayas vuelto, ¿no?

Todos ahogaron una pequeña risilla, ante la nada disimulada decepción de la Alcaldesa.

– ¡Applejack! – Escucharon de pronto que alguien pronunciaba con fuerza, y antes de que alguno pudiera reaccionar, Pinkie Pie apareció justo en el centro de ellos, delante de Applejack. Todos parecieron asustarse, y dieron un paso hacia atrás por reflejo. – ¿Cómo estás? ¿Disfrutas tu fiesta? Espero que sí.

– Ah…. Sí, bastante, Pinkie. – Respondió la vaquera, aún algo aturdida por la repentina sorpresa. – Y creo que tengo que agradecértelo también a ti, ¿no?

– No me lo agradezcas, es mi trabajo después de todo.

– En realidad, nop. – Comentó Big Mac en voz baja.

– ¡Casi lo olvido!

De la nada, salió corriendo a toda velocidad hasta el lado contrario del salón. Para cuando quisieron voltear y ver exactamente a dónde se había ido, fueron incapaces de encontrarla con la vista. Eso, hasta que de pronto volvió a aparecer justo detrás de ellos.

– ¡Te tengo una sorpresa especial, que tienes que probar!

Todos dieron un salto de sorpresa por el repentino grito, y se giraron al mismo tiempo hacia ella. Pinkie Pie sostenía algo entre sus manos, que cubría por completo con una servilleta blanca.

– ¿Sorpresa? – Cuestionó Applejack, insegura. – No es algo que me explotará en la cara, ¿o sí?

– Claro que no, tontita. ¿Estás lista? – Colocó en ese momento una mano en la servilleta y la retiró rápidamente de un tirón. – ¡Tadá!

Lo que ocultaba debajo era un plato redondo, con algo curioso en él. Parecía una tortilla envuelta, frita, como si fuera una… ¿Chimichanga? Del interior de la tortillas se asomaba una sustancia rojo intenso, y tenía tres cerezas como adorno sobre ella.

– ¿Eso es lo que creo que es?

– ¡Sí!, ¡es una Cerezanga! – Pronunció con orgullo, alzando el plato sobre su cabeza. Applejack no sabía si reír, o estar impresionado.

– ¿En verdad las hiciste?

– Yo tenía mis dudas al principio. – Escuchó que Apple Bloom comentaba detrás de ella. – Pero comenzaron a venderlas en la Sugar Cube Corner, y la verdad es que son realmente exquisitas.

– ¿Enserio?

– ¡Tienes que probarla! – Pinkie Pie le extendió el plato, colocándolo frente a su rostro.

– Está bien, está bien.

Applejack no estaba muy segura, ya que la combinación no sonaba en realidad muy deliciosa. Pero Pinkie parecía tan emocionada, que hubiera sido bastante descortés no hacerlo. Tomó la Cerezanga con una mano y la acercó a su rostro. Olía dulce. Abrió su boca y le dio una pequeña mordida en un extremo.

– De hecho… no está nada mal… – Comentó y acto seguido le dio otra mordida.

– ¡¿Verdad que sí?!

Había subestimado a Pinkie Pie, pero en realidad su idea no había sido tan mala. La siguió degustando poco a poco hasta acabársela.

Casi al otro lado del salón, la Jefa de Guardia Rainbow Dash los veía de lejos, parada sola contra una de las columnas de madera. Su atención sin embargo, estaba específicamente centrada en Applejack, en su larga cabellera rubia y sombrero, pues le estaba dando la espalda. Era difícil descifrar lo que significaba la expresión que tenía en su rostro en esos momentos. Parecía una extraña combinación entre preocupación y molestia. Estaba cruzada de brazos, los dedos de su mano derecha se movían ansioso sobre su brazo izquierdo, al igual que su pie derecho contra el suelo.

– Hola, Rainbow Dash. – Escuchó que alguien pronunciaba justo a su lado, haciéndola casi saltar de la sorpresa.

Se colocó de inmediato en posición de pelea, pero de inmediato se tranquilizó, pues se trataba únicamente de Fluttershy, sosteniendo entre sus manos un vaso de ponche.

– Hola, Fluttershy. Me asustaste.

– Yo… Lo siento. No quería hacerlo…

– Sí, sí, lo sé; tranquila. ¿Se te ofrecía algo?

– Sólo quería decirte… Bueno… – Fluttershy dio un pequeño sorbo de su vaso de ponche, y miró hacia otro lado, dudosa de decir lo que quería, algo que era más que común viniendo de ella. – He notado que no te has acercado a hablar con Applejack en toda el día…

Rainbow entrecerró un poco los ojos, mirando fijamente a su amiga de forma acusadora, lo cual no tardó en ponerla aún más nerviosa de lo que ya estaba.

– ¿Y tú cómo notaste eso? ¿Acaso me has estado viendo todo el día?

– Ah… No… – Respondió no del todo convencida, volteando a ver de reojo a otro lado. – ¿Por qué haría eso?

A Rainbow Dash se le ocurría una muy buena razón para que despertara a tal medida su interés.

– No finjas conmigo, Fluttershy. Sé que sabes.

La joven de cabello rosa se viró hacia ella, aparentemente algo sorprendida.

– ¿Qué sé qué?

– Tú sabes; lo que sabes.

– ¿Lo sé?

– ¡Sí!, ¡lo sabes!

Rainbow estaba segura de que Fluttershy ya estaba enterada de lo que había ocurrido entre Applejack y ella en Dodge Junction; de hecho, estaba convencida de que lo sabía desde hace tres meses. Por obvias razones, en todo ese tiempo jamás había hablado de eso con ninguna de sus amigas. No era algo de lo que quisiera o estuviera dispuesta a hablar, ni siquiera con ellas. Era un tema bastante delicado, y difícil de digerir, en especial porque había quedado prácticamente inconcluso, y eso era lo que más incomodidad le daba.

– Oh, bueno… Si tú lo dices. – Exclamó Fluttersy con resignación. – Pero… si supiera eso, que se supone que sé… ¿Estaría bien si pregunto… cuándo vas a hablar con Applejack… de eso que sé…?

Rainbow Dash suspiró con fastidio ante la pregunta, que ya veía venir desde el inicio.

– ¿Yo qué sé? Luego de la fiesta, supongo. Ya esperé tres meses, un par de horas no me matará.

– ¿Y porque tu pie se mueve así?

Fluttershy entonces señaló hacia abajo, específicamente al pie que Rainbow movía con impaciencia contra el suelo. Al sentirse observada, fue consciente de dicho movimiento, por lo que lo detuvo de inmediato.

– ¿Qué eres?, ¿policía? Quiero estar sola, ¿de acuerdo? – Dicho eso, comenzó a caminar con la intención de alejarse.

– Ah, está bien. – Exclamó Fluttershy. – Sólo quiero que sepas que si necesitas hablar con una amiga, yo estaré aquí… O en otro lado; pero en dónde esté, puedes ir a buscarme.

– Lo tomaré en cuenta, gracias.

Rainbow se alejó caminando con algo de rapidez sin voltear a verla. La oferta de Fluttershy era muy amable, pero lo que menos deseaba en esos momentos era hablar… Al menos no con alguien que no fuera Applejack…

La festejada en cuestión, había pasado toda la tarde recibiendo palabras de bienvenida y buenos deseos de cuanta persona se le cruzaba; en algunos casos, incluso hasta tres veces por la misma persona. Al final pudo tomarse un momento para ir a la mesa de bocadillos, sola y en paz. No era que no estuviera feliz de que la gente estuviera feliz de verla; sino que simplemente no le agradaba tanto ser el centro de atención, y por tiempo tan prologado. Mientras se servía en un platito alguno de los bocadillos dulces que la Señora Cake había traído, notó por el rabillo de su ojo derecho que Twilight se le acercaba, con su plato vacío excepto por lagunas escasas migajas.

– Hola, Applejack, ¿te diviertes en tu fiesta de bienvenida? – Le saludó la hechicera, sonriéndole ampliamente, y comenzando también a tomar bocadillos de la mesa.

– Sí, es agradable ver a todos de nuevo. Aunque si te soy sincera, me empieza a incomodar que todo el mundo me siga diciendo lo felices que están de que haya vuelto.

– Bueno, eso es natural. Todos te extrañamos mucho. Yo, Fluttershy, Pinkie Pie, Rarity… Y…

Twilight en ese momento se quedó unos segundos sosteniendo la “y”, para después hacer una pequeña pausa y quedársele viendo fijamente en silencio. Applejack también la miró con expresión de confusión. Ambas se quedaron así por un rato, hasta que la vaquera, resignada, rompió ese silencio y terminó la frase.

– ¿Rainbow Dash…?

– ¡Sí! – Exclamó con fuerza de golpe. – Y ahora que la mencionas, ¿ya hablaste con ella?

Applejack resopló con un algo de fastidio, quitándose un mechón de cabello de la cara.

– ¿De qué tengo que hablar con ella exactamente?

– Pues, de nada en especial. Sólo para conversar, ponerse al día, ver qué ha hecho la otra estos tres meses…

– Sé lo que quieres saber realmente, Twilight. – Le interrumpió abruptamente, y con tono cortante.

– ¿Ah sí?

– Por supuesto que sí. – Suspiró despacio, y entonces terminó de llenar su plato. – Aquí entre nosotras… ¿Cómo ha estado ella estos meses?

– ¿Rainbow Dash? Pues…

Twilight se tomó unos momentos para pensar antes de responder. Parecía algo sencillo de decir, pero en realidad no lo era tanto; ¿cómo había estado Rainbow Dash realmente esos últimos tres meses?

– Normal, supongo… Tan normal como Rainbow Dash puede ser. Aunque sí la notamos muy ansiosa varias veces.

– Ansiosa, ¿eh?

– Creo que contaba los días para qué regresaras. Pero es sólo mi opinión.

Applejack volteó a ver al techo, pensativa. Ya de por sí la última vez que hablaron en Dodge Junction antes de irse, parecía realmente inquieta y ansiosa porque le dijera algo. Aun así había tenido la muy pequeña, y prácticamente imposible, esperanza de que, cómo bien había dicho en su momento, se le hubiera olvidado un poco el asunto; era obvio que no había sido así. ¿Cómo reaccionaría cuando le diera su respuesta? En el tren había decidido hacer justo lo que Rainbow Dash le había dicho en aquel entonces, decirle que deseaba que sólo fueran amigas, y seguir como si nada hubiera pasado, enfocarse en cosas más importantes y hacer borrón y cuenta nueva. Eso es lo que Rainbow quería y esperaba que le dijera, ¿no? Así que no tendría por qué haber problema con ello… O eso creía ella.

Aunque se lo había dicho muy segura a Winona y Apple Storm, lo cierto era que aún tenía sus dudas de si hacerlo o no. ¿Por qué?, la lista de motivos era inmensa, sería difícil elegir sólo uno.

– ¿Te puedo hacer una pregunta y prometes no decirle a nadie que te la hice? – Murmuró de pronto despacio, pero lo suficientemente alto como para que Twilight la escuchara.

El oír esa pregunta, fue casi como si le hubieran arrojado un balde de agua fría encima a la joven de cabello azul. Se vio como endureció la cara, y dio un paso hacia atrás, casi temerosa.

– ¿Sabes? – Comenzó a decir con un tono nervioso. – Me estoy replanteando esto de guardarle secretos a la gente. En verdad creo que no es mío… Creo que…

– ¡Sólo di que sí! – Le interrumpió la Vaquera alzando la voz de forma amenazante.

– De acuerdo, sí… Dime.

Applejack dio un rápido vistazo alrededor, intentando verificar que su exabrupto no había alarmado o llamado la atención de alguien; al parecer no era así. Cerró sus ojos unos momentos, y respiró lentamente para tomar valor.

– Dime la verdad… ¿Crees que Rainbow y yo…? ¿Si yo…? Bueno, ¿si ambas…? – Balbuceó sin mucho sentido por un rato, incapaz de completar ninguna frase. – Bueno, lo que trato de decir… es que… ¿Crees que si yo le dijera…? ¿O si ella…? ¿O que ella y yo quizás…? Pues… Eso, ¡tú me entiendes!

– De hecho, creo que sí entiendo lo que me quieres preguntar.

La chica rubia se sorprendió mucho al escuchar esa respuesta, pues tenía la sensación de realmente no haber dicho nada. Twilight desvió la mirada hacia otro lado, mientras sus dedos se aferraban un poco a su plato.

– Y la verdad… Es que no lo sé. – Susurró en voz baja, notándosele algo de duda en el tono. –No tengo en verdad una opinión concreta sobre eso… Sólo sé que ambas son dos de mis amigas más importantes. Y sin importar lo que tú decidas, yo lo apoyaré, y haré lo posible, mientras esté en mis manos, para que ambas estén bien y felices. Así que… Sólo has lo que tu corazón te diga, y no te preocupes por los demás.

Aunque se suponía que efectivamente esperaba que Twilight le diera su opinión del asunto, en realidad sí que se sorprendió de escuchar su respuesta. No estaba segura de qué esperaba exactamente, pero en definitiva no esperaba que le dijera palabras como esas. Se podía ver una gran diferencia en la pequeña Twilight, desde el tiempo en que llegó a Ponyville por primera vez, hasta ese momento en el que la tenía frente a ella; casi era imposible reconocerla.

– ¿Cuándo te volviste tan experta en estas cosas? – Le preguntó, con una sonrisa divertida en los labios.

– Bueno, al parecer me he convertido  en algo así como la “voz de la razón” del grupo, y yo no tenía ni idea. – Respondió, encogiéndose de hombros. – La verdad no estoy muy segura si lo que te digo sea válido, pero espero que te ayude de algo.

– Me ayuda bastante, Twilight. Gracias.

Dicho eso, Applejack se volvió y comenzó a caminar de regreso con su familia. Twilight hizo lo mismo, pero se dirigió a la mesa en la que estaban sentadas Rarity y Spike, y al parecer Fluttershy quien se acababa de sentar unos momentos después de que ella se paró.

– Aquí tienes, Spike. – Pronunció la hechicera, colocando el plato de pastelillos frente a su Dragón.

– ¡Mucha gracias! Los pastelillos de la Señora Cake están deliciosos, no puedo dejar de probarlos.

Spike comenzó a devorar apresurados los pastelillos del plato, uno detrás del otro.

– ¡Qué bueno que te gustaron! – Se escuchó que pronunciaba la reconocible voz de Pinkie Pie, quien había casi aparecido de la nada justo detrás de ellos. – ¿Y cómo están todas? ¿Todo Pinkie Fantástico por aquí?

– Todo está perfecto, Pinkie Pie. – Le contestó Rarity con un tono jovial. – Una fiesta entretenida y agradable; como siempre, querida.

– ¡Gracias! – Agradeció, tomando asiento rápidamente entre Rarity y Fluttershy. – Siempre quise organizar una fiesta en la Alcaldía, y el regreso de Applejack al fin lo hizo posible.

– Y hablando de Applejack. – Rarity en ese momento dio un vistazo rápido alrededor hasta poder ver el sombrero vaquero de Applejack a lo lejos. – Me parece que aún no se ha sentado a conversar con Rainbow Dash a solas, ¿cierto?

El bocadillo que Twilight estaba comiendo en esos momentos, casi se le atora en la garganta al escuchar a Rarity pronunciar esas palabras. Se dio unos fuertes golpes en el pecho para que pasara, y entonces poder hablar.

– ¿Conversar a solas? – Comentó con un tono nervioso. – ¿De qué tendría que sentarse a conversar a solar con Rainbow Dash?

– Oh, de casi nada. – Respondió Rarity con sarcasmo. – Solamente, quizás, del beso que se dieron hace tres meses y de la confesión de Rainbow.

Spike escupió de golpe todo lo que tenía en la boca en esos momentos, y por accidente todos esos residuos terminaron en la cara de Fluttershy.

– ¡¿Qué?! – Exclamó el dragón morado sorprendido, pero no más sorprendido que la hechicera sentada a su lado, que casi se había caído de su silla al oírla.

– ¡¿Qué dices?!, ¡¿Cómo sabes de todo eso?! – Se le escapó de golpe, y casi de inmediato llevó sus dos manos a su boca, tapándola aunque ya era demasiado tarde. – Digo… ¿Beso?, ¿confesión? ¿De qué hablas? No… tengo… idea de qué estás hablando…

Se viró entonces a otro lado, empinándose todo su vaso de ponche de golpe. Fluttershy, quien se limpiaba la cara con una servilleta, también parecía algo sorprendida por la repentina mención, aunque su sentimiento era mucho más discreto.

– Ay, por favor. – Exclamó Rarity con cierta superioridad en su tono. – ¿Enserio crees que soy tan boba? Por supuesto que ya sé lo Applejack y Rainbow Dash.

– ¿Qué cosa? – Preguntó Spike, aún sin sobreponerse de la impresión inicial.

– Yo también ya lo sabía. – Señaló Pinkie Pie, alzando su mano.

– ¿Ya sabías qué?

– ¡¿Pero cómo es que lo saben?! – Volvió a preguntar Twilight.

– ¿Saben qué?

– A Rainbow Dash le gusta Applejack, se lo confesó hace tres meses cuando estuvimos en Dodge Junction, y ella aún no le da una respuesta. – Le explicó al fin Rarity, pero dicha explicación, en lugar de menguar el asombro del Dragón, no hizo más que acrecentarlo.

– ¡¿Están hablando enserio?! ¡¿Por qué nadie me lo dijo?! – Se volteó hacia Twilight en ese momento. – ¡Esto no pasaría si me llevaras a todas tus misiones!

– Ya te expliqué mil veces que salimos muy rápido, Spike; no tuve tiempo de avisarte, y además no fue una misión per se. – Se excusó la joven de piel morada rápidamente. – Pero lo más importante ahora es, ¿cómo es que ustedes dos lo saben?

Twilight, Spike y Fluttershy centraron su atención en Rarity y Pinkie, esperando oír cuál era su explicación. Rarity sonrió confiada, cruzándose de brazos y piernas, y meneando la cabeza hacia un lado para acomodarse su elegante fleco.

– Desde nuestro último día en Dodge Junction, tuve mis sospechas de que pasaba algo entre ellas dos… y que ustedes lo sabían.

Tras esas últimas palabras, echó una rápidamente mirada a Fluttershy y a Twilight respectivamente. La joven de piel amarilla tragó saliva, nerviosa.

– ¿Fuimos tan obvias…?

– Tú no tanto, Fluttershy, querida. – Le respondió la diseñadora, negando con su cabeza. – Pero Twilight… Ella es otra historia…

La hechicera por mero reflejo chocó su palma contra su frente. Justamente acababa de decirle a Applejack que eso de guardar secretos definitivamente no era lo suyo.

Rarity continuó.



– Mis sospechas fueron confirmadas cuando nos hicieron separarnos de ellas y dejarlas solas en aquella ocasión. Y luego de ver cómo Rainbow ha estado casi como león enjaulado todos estos meses, esperando a que Applejack regresara… Bueno, sume dos más dos, y me dio cuatro.

Bien, hasta ahí todo tenía más o menos sentido. Pero aún no lo explicaba todo.

– Pero espera, eso no explica cómo supiste específicamente del beso y de la confesión. – Señaló Twilight con sospecha.

Rarity estaba por responder, pero Pinkie Pie intervino primero.

– ¡Oh!, ¡oh!, ¡¿eso puedo explicarlo yo?!

– Bien, si tú quieres…

Pinkie se paró de su silla, tomó una profunda bocanada de aire, y entonces comenzó a hablar con rapidez.

– Lo del beso lo gritaste en el comedor aquella mañana. Cuando dije lo de haber ganado algo de peso, tú dijiste, y te citó: “¡¿Beso?!, ¡¿Cuál beso?! ¡¿Quién dijo algo sobre un beso?! ¡Yo no dije nada sobre un beso!” Y yo dije: “Yo tampoco. Dije peso, no beso”. Y tú dijiste: “A, claro, sí, correcto. Peso, a eso me refería”. Pero era obvio que no te referías a eso. Luego cuando volvimos a ver a Applejack y Rainbow luego de haberlas dejado solas largo tiempo, las dos estabas sucias y desalineadas, lo cual era muy extraño. Pero después en el tren de regreso aquí, Rarity y yo oímos a dos mujeres hablando en otro vagón de un segundo beso que sucedió en la cafetería entre, y citó: “La Capataz de Cherry Hill Ranch y una extraña forastera de cabellos arcoíris”, que obviamente eran Applejack y Rainbow Dash. Mencionaron también una pelea que habían tenido lugar en la plaza del pueblo, lo que explicaba porque ambas tenían esa apariencia, y que culminó con un, y parafraseó: “¡Me gustas mucho Applejack!”. Y lo más importante de todo…

Pinkie hizo de pronto una profunda pausa dramática. Todos los sentados en la mesa se inclinaron hacia ella, mirándola fijamente en espera de qué diría. Ella los vio a todos con una expresión dura y serena, y entonces… sonrió y se volvió a sentar en su lugar.

– Mi Pinkie Sentido me lo dijo.

Twilight parpadeó un par de veces como señal de confusión.

– ¿De verdad?

– Más o menos.

– ¿Así que ambas lo supieron todo este tiempo? – Señaló la hechicera como conclusión. – ¿Y por qué nunca nos dijeron nada?

– Yo lo había olvidado hasta hoy. – Fue la respuesta simple de Pinkie Pie, encogiéndose de hombros.

– Y no era nuestro asunto. – Añadió Rarity a continuación. – Rarity Diamonds no es la clase de chica que se pone a hablar de las cosas de otras personas a sus espaldas.

– Pero… ¿No lo  estás haciendo justo ahora? – Comentó Fluttershy en voz baja.

– Esto… ¡Esto es diferente!

Palabras más, palabras menos, pero el punto final de todo eso era que ambas ya sabían, al menos de oído, lo que había ocurrido entre Applejack y Rainbow Dash hace tres meses. Y ahora que Spike aparentemente también lo sabía, todo el grupo completo oficialmente estaba enterado, para bien o para mal. Twilight no sabía cómo sentirse al respecto. ¿Cómo reaccionaría Rainbow Dash si se enterara?

– ¿Y entonces… qué es lo que las dos opinan de todo esto?

Rarity tomó su vaso de ponche, dándole un pequeño sorbo que apenas y parecía haber logrado recolectar algo de líquido en el proceso. Luego se sentó derecha y sonrió con orgullo.

– Si te soy sincera, a mí me gustaba esta pareja desde antes de que se hiciera popular.

– ¿Ah sí? – Exclamó Spike, sorprendido.

– Claro. Son básicamente la una para la otra, sin lugar a duda. Seamos honestas, Rainbow Dash es una persona difícil, pero es totalmente compatible con Applejack. Ella es la única que puede seguirle el ritmo, y tenerle la suficiente paciencia.

– ¡Eso es muy cierto, Rarity! – Señaló el Dragón morado con emoción. – Se ve que sabes mucho de estas cosas.

– Claro que lo sé, querido. Recuerda con quien estás hablando.

– Entonces… – Escucharon como Fluttershy intervenía de pronto, con algo de peculiar emoción en su tono. – ¿No te molestaría que dos de nuestras amigas fueran más que amigas, ni te preocuparía que eso pudiera arruinar la unidad del grupo o nuestra amistad…?

Rarity arqueó una ceja por la peculiar pregunta. Y no era la única confundida, ya que Twilight también parecía compartir su sentimiento.

– Pues… Claro que no. – Respondió Rarity con algo de duda, no precisamente porque dudara de la respuesta, sino más bien de la pegunta. – ¿Por qué lo preguntas? ¿Acaso a ti sí?

Flutteryshy se sobresaltó, casi asustada por esa contra pregunta. Nerviosa, tomó su vaso de ponche entre sus dedos, y lo colocó frente a su rostro, como si eso la fuera a proteger o esconder.

– No, no… Para nada. Yo no…

Miró en ese momento de reojo a Twilight Sparkle por unos segundos; ella la miraba igual, aún algo confundida. El rostro de Fluttershy se puso totalmente rojo de pronto, y tuvo que virarse a otro lado, a beber lentamente de su vaso.

– Bueno… Yo no lo sé, la verdad. – Comentó Twilight de pronto, dejando por la paz ese último momento incómodo. – Lo que pasa es que Applejack me hizo esa pregunta hace unos minutos, y no supe decirle con claridad qué era lo yo pensaba. Es sólo que…. ambas tienen personalidades tan fuertes, y son… un poco conflictivas entre ellas. No sé cómo resultaría eso.

– Tonterías. – Señaló Rarity con firmeza. – Yo creo que serían excelentes como pareja.

– ¡E imaginen lo adorables que serían sus bebés! – Añadió de pronto Pinkie Pie de la nada, a lo que todos los sentados en la mesa sólo pudieron reaccionar con un rotundo…

– ¿Eh?

Todos se miraron entre sí, al inicio un poco dudosos de haber oído bien, y luego de haber entendido bien. Sin embargo, en realidad no había tanto lugar para malentendidos.

– Ah… Pinkie… – Comentó Twilight, algo insegura. – Sí sabes cómo nacen los bebés, ¿cierto?

– Claro que sí. Ellos…

Antes de que Pinkie Pie respondiera, lo que fuera que estaba a punto de responder, Rarity intervino para evitar que la conversación se desviara mucho del tema principal.

– Eso no es lo importante ahora; lo hablaremos luego, ¿sí? Lo que hay que discutir ahora es, ¿cómo hacemos que ellas dos hablen de una vez por todas y terminen con este tema?

– ¿Intentamos de nuevo hacer que se queden solas? – Sugirió Fluttershy, pero Twilight se mostró de inmediato en desacuerdo.

– Eso ya lo hicimos una vez, y no sé si decir que salió muy bien. Cuando hablé con Applejack hace unos momentos, me pareció que ella estaba dispuesta en aclarar este tema con Rainbow Dash pronto. Creo que lo mejor será no intervenir, y dejar que las cosas sigan su curso por sí solas, y que ellas dos lo arreglen.

Fluttershy y Pinkie Pie asintieron con su cabeza, mostrando estar de acuerdo con lo que Twilight acababa de decir. Spike no sabía bien qué opinar de todo ello, así que se le hizo sencillo estar de acuerdo con Twilight; después de todo, era su familiar. Rarity era la única no del todo convencida. Se cruzó de brazos, mirando a otro lado pensativa.

– Bueno, espero que así sea. Pero ya esperaron tres meses para esto. ¿Qué tanto más tienen pensado esperar?

– – – –

Pasaron un par de horas, y para ese entonces dos cosas ya estaban a punto de terminarse: la comida, y la paciencia de Applejack para seguir escuchando a la gente decirle lo felices que estaban de verla. Si tenía que adivinar, lo más seguro era que las chicas sólo habían compartido con su familia y la Alcaldesa Mare el motivo real porque había decidido no volver a Ponyville en un inicio. Sin embargo, en un pueblo tan pequeño como ese, era casi seguro que tarde o temprano esa información llegaría a oídos de… bueno, todo el mundo. Y al saberlo, era probable que todos se sintieran en la necesidad de hacer algo para que Applejack se sintiera bienvenida de vuelta en casa. Agradecía enormemente el gesto… Pero ya estaba necesitada de un pequeño descanso para estar a solas y aclarar su cabeza; sobre todo después de haber hablado con Twilight.

Se disculpó entonces unos momentos, y discretamente se dirigió hacia las escaleras que llevaban a los balcones de la parte superior del salón. Su plan era sentarse en uno de ellos sola y en silencio, sólo unos minutos, para digerirlo todo: el estar de vuelta en casa, los planes que tenía para Sweet Apple Acres, ponerse al día con su familia y sus amigas, y, sobre todo, decidir qué haría con ese asunto que tanto le quitaba el sueño… Sabía que unos cuantos minutos no serían suficientes para todos los temas, así que decidió que se enfocaría en el más importante.

Sin embargo, la mano del destino parecía tener otros planes para ella…

Había seis balcones en ese lugar; siete si contaba también el que estaba sobre el escenario principal del salón. Y de todos ellos, tuvo que elegir justamente el único que no estaba desocupado. Y no sólo no estaba desocupado, estaba ocupado por la persona que menos esperaba…

Al correr la cortina del balcón que había escogido, del otro lado se encontró de frente con la reconocible cabellera arcoíris de ni más ni menos que Rainbow Dash, sujeta con una cola de caballo. Estaba sentada en una de las sillas del balcón, con sus tenis arriba del barandal de madera, un plato grande lleno de bocadillos de todos los tipos apoyado en sus piernas, y una botella a la mitad de ponche en el suelo a lado de la silla.

Applejack se quedó casi en shock ante esto. Se quedó unos momentos totalmente inmóvil en la puerta del balcón, sin estar muy segura de qué hacer o qué decir.

– ¿Rainbow… Dash…? – Se le escapó de los labios de pronto, prácticamente sin proponérselo, como si su boca hubiera decidido decirlo por sí sola.

La Jefa de Guardia se sobresaltó un poco en su silla, y volteó a verla como le fue posible sobre su hombro.

– ¡¿Applejack?!, ¡¿Pero qué haces a…?! ¡Ah!

En un movimiento algo brusco para pararse, debido a la posición de la silla, terminó cayendo hacia atrás con todo y su plato de bocadillos, los cuáles terminaron volando por los aires, y casi estrellándose con la cara de Applejack si ésta no se hubiera agachado para esquivarlos. Por su parte, Rainbow Dash terminó de espaldas en el piso y sus piernas hacia arriba.

– ¿Estás bien? – Preguntó la Vaquera, inclinándose un poco sobre ella.

– ¡Sí!, ¡Sí!

Rainbow se levantó apresurada, limpiándose su uniforme con sus manos, para luego acomodarse su cabello como le fue posible al no tener ningún espejo.

– ¿Qué haces aquí arriba, Rainbow? La fiesta es ahí abajo.

– S… Sí, lo sé. – Murmuró la Jefa de Guardia nerviosa, mirando hacia otro lado. – Sólo quería estar sola unos momentos, y pensar un poco… Supongo.

– Sí, sé lo que es eso…

Ambas se quedaron en un incómodo silencio por un rato, sin mirarse la una a la otra.

– Y… ¿Cómo has estado? – Dijo Applejack de pronto, intentando romper el silencio. – Digo, estos últimos meses… ¿Cómo ha estado todo por aquí?

– Bien, tranquilo… Salvo por hace un mes… Pero eso luego te lo cuento.

De nuevo silencio; y esta vez, fue un poco más largo.

– Bueno, de seguro viniste aquí a estar sola también, ¿verdad? – Señaló la chica de cabellos arcoíris, y entonces comenzó a acercarse lentamente a la entrada del balcón. – Así que, mejor yo bajaré… ¿Sí?

Applejack no dijo nada inmediatamente. Se sentía a tentada a dejarla irse así como así, y gran parte de su cuerpo y su cerebro parecía quererlo igual. Sin embargo, al último momento algo en su interior reaccionó antes de que se fuera, y la tomó del brazo para detenerla justo cuando pasaba a su lado.

– Rainbow Dash, espera… – Susurró muy despacio, casi como si temiera que alguien aparte de ella la escuchara, aunque eran las únicas dos en ese balcón.

La Jefa de Guardia se paralizó en su lugar al sentir como la tomaba de esa forma, no muy fuerte pero sí firme, al igual que al escuchar el tono de su susurro. Su rostro se tornó ligeramente rojizo, y centró su mirada por completo al frente, como si tuviera miedo de voltear a verla.

– Escucha… – Prosiguió la Vaquera sin soltarla. – Sobre lo que pasó hace tres meses…

– ¿Lo que pasó hace tres meses? – Interrumpió Rainbow, acompañada de una ligera risilla nerviosa. – ¿Qué cosa? Creo que ya olvidé de lo que estás hablando…

Applejack la volteó a ver con ligera molestia por su comentario; en verdad no estaba de humor para esos juegos. Soltó su brazo y entonces se giró por completo hacia ella. Rainbow, casi por mero reflejo, hizo lo mismo, y una vez más estaban la una frente a frente.

Applejack estaba parada con firmeza, y con sus ojos verdes totalmente puestos en la que había considerado por mucho tiempo su mejor amiga. Ella por su lado, la miraba con sus ojos totalmente abiertos, y sus hombros notoriamente tensos. Parecía incapaz de ocultar la ansiedad que inundaba su cuerpo. Applejack también sentía ansiedad, pero lograba disimularla un poco mejor. Así era siempre, siempre mostrando fortaleza y serenidad ante cualquier situación, incluso en una como esa…

– Lo siento. Lamento haberte dejado estos tres meses sin decirte nada. Estaba muy sorprendida y confundida por lo que pasó, y en verdad no quería darte una respuesta sin pensar antes bien las cosas…

– No… No te preocupes. Digo, ¿quién querría decir algo como eso sin pensarlo primero? Yo no, eso es seguro… Pero… Entonces, ¿significa que… ya lo pensaste…?

– Yo… Creo que sí… – Applejack sintió que sus mejillas se calentaban, y el corazón le latía con fuerza. Respiró lentamente intentando calmarse. – Escucha, yo… yo… En verdad…

Las palabras de Applejack fueron silenciadas de forma cortante, pues un sonido instridente comenzó a escucharse en ese mismo momento. No provenía del interior del salón, sino de afuera, de la plaza principal; pero era tan fuerte que hacía que todos los presentes pudieran oírlo sin ningún problema. Y no sólo eso, sino que también lo reconocían.

– La campana de alerta. – Señaló Rainbow Dash.

En efecto, ese sonido sólo podía ser el de la campana de alerta en la plaza principal. Si sonaba, sólo podía significar una cosa: algo malo estaba pasando, o estaba por pasar.

Sin embargo, Rainbow pareció hacer caso omiso de ello, y de inmediato centró de nuevo toda su atención en la chica que estaba parada frente a ella.

– Y bueno, ¿qué me decías? – Le preguntó, sonriendo ampliamente, más como una señal de impaciencia que de felicidad.

Applejack, un poco dudosa, balbuceó un par de veces, y luego volteó a ver hacia abajo. Varias personas comenzaban a salir por la puerta principal, de seguro inspirados por el sonar de la campana.

– ¿No deberías de ir? – Señaló la Vaquera. – Eres la Jefa de Guardia, después de todo.

La sonrisa en el rostro de Rainbow se esfumó por completo, y fue remplazada con la expresión de entera frustración.

– ¡Ay!, ¡Está bien…! – Masculló, golpeando el suelo con su pie.

Molesta, caminó apresurada hacia la puerta del balcón, y comenzó a bajar las escaleras. Applejack dudó un poco entre seguirla o no. Pero si la campana de alerta sonaba con esa intensidad, sólo podía ser porque algo grave había ocurrido, así que para bien o para mal debía bajar también.

– – – –

Todos comenzaron a salir uno a uno del salón. Afuera, ya un grupo de personas se había comenzado a congregar entorno a la torre de vigía que había en la plaza principal justo al lado de la Alcaldía, en la que el hombre de turno tocaba la enorme campana con todas sus fuerzas. Un fuerte viento húmedo comenzaba a soplar, arrastrando polvo y hojas de árboles por el aire, y agitando las ventanas de las casas.

– ¡Tormenta! – Gritaba el hombre con todas sus fuerzas. – ¡Se avecina una gran tormenta!, ¡tormenta!

A como el viento se los permitió, las personas voltearon a ver a la lejanía, a más allá de las montañas del sur, en donde se veía una gran acumulación de nubes negras que avanzaban lentamente en su dirección. En efecto, era una tormenta…

– Es la tormenta que vi cuando estaba en el tren. – Comentó Applejack en voz baja.

Cuando venía de regreso al Ponyville, vio esa misma acumulación de nubes a lo lejos en las montañas. En su momento no estaba segura si llegaría hasta el pueblo, pero al parecer la respuesta era sí.

– Y es una grande. – Agregó la Abuela Smith, quien miraba también con preocupación las nubes acercándose.

Se empezaron a oír varios murmullos entre la gente, al igual que palabras de preocupación.

– Bien, todos guarden la calma. – Pronunció la Alcaldesa Mare con fuerza, intentando llamar la atención de todos los presentes. – No es la primera gran tormenta que golpea nuestro pueblo.

– Pero casi siempre estamos preparados con anticipación para ellas. – Comentó alarmado un hombre entre la multitud.

– De acuerdo, es cierto. Pero por eso mismo debemos movernos rápido. Diríjanse a sus casas y aseguren sus ventanas y puertas. Aquellos que lo deseen, podrán quedarse en el refugio bajo la Alcaldía. Vamos, movámonos todos.

No tuvo que decírselos dos veces. El tumulto comenzó a disiparse poco a poco, y cada quien se fue dirigiendo a su casa, o a la casa de sus familiares o amigos para ayudarlos. Aún tenían tal vez unas tres horas antes de que la parte más fuerte de la tormenta llegara, y tenían que aprovecharlas lo mejor posible.

– Vamos, chicos. – Indicó la Abuela Smith. – Hay que asegurar la casa y a los animales.

– Sí, vamos Applejack. – Agregó Apple Bloom, tomando a su hermana mayor del brazo. – Hay que llevar a Apple Storm y Winona a casa.

– Sí, ya voy.

Toda la familia Apple se disponía a encaminarse juntos a Sweet Apple Acres, pero antes de que Applejack pudiera dar aunque fuera un paso, la voz de Rainbow Dash a sus espaldas la detuvo.

– Oye, espera un minuto, Applejack. – Le llamó la Jefa de Guardia, obligándola a voltear a verla sobre su hombro. La joven de piel azul se veía claramente ansiosa. – Antes de que te vayas, tenemos que terminar de…

– ¡Rainbow Dash! – Escuchó que alguien gritaba con fuerza detrás de ella, lo que provocó una explosiva reacción de enojo.

– ¡¿Ahora qué demonios quieres?! – Pronunció casi gritando, dándose media vuelta con rapidez.

Al girarse, pudo percatarse sin lugar a duda de que la persona que le llamaba, era ni más ni menos que la propia Alcaldesa Mare, que parecía algo sorprendida por el tono con el que le había hablado.

– ¡¿Disculpa?! – Respondió la Alcaldesa mostrándose algo ofendida.

– Ah… No, no era a usted, Alcaldesa. – Balbuceó algo nerviosa. – Bueno, sí lo era, pero…

– Olvídate de eso, ¿quieres? – Le interrumpió antes de que terminara, y luego se le acercó con pasos apresurados. – Me acaban de informar de una caravana de mercantes que venía hacia acá de Appleloosa, por la carretera del sur.

– Pero entonces la tormenta los tomará en pleno terreno abierto. – Señaló Applejack, quien no pudo evitar escuchar la conversación.

– Así es. Por eso, Rainbow Dash, necesito que vayas en su búsqueda para asegurarnos de que lleguen a salvo.

– ¿Ahora mismo? – Cuestionó la Jefa de Guardia, incrédula.

– Sí, ahora mismo. Sé que es peligroso, pero…

– No es por el peligro.

Rainbow refunfuño un poco, y entonces se viró unos instantes hacia Applejack, quien al sentir su mirada, se sintió un poco apenada y tuvo que voltearse a otro lado. Todo parecía indicar que su dichosa conversación pendiente, seguiría así por un buen rato. Rainbow suspiró resignada, pero inmediatamente después recuperó la serenidad.

– No sé preocupe, Alcaldesa. Usando mi Elemento de la Armonía podré llegar hasta ellos antes de que la tormenta los alcance. ¡Derpy Hooves!

La otra guardia de Ponyville se sobresaltó al escuchar que gritaban su nombre. Miró a todos lados intentando identificar de donde había venido, pero no tenía suerte con ello.

– ¡Acá atrás!

Derpy entonces giró sobre sí misma, y luego dio varios pasos apresurados hacia ella.

– Me voy por un par de horas. Quedas a cargo de que las personas estén seguras en mi ausencia, ¿de acuerdo?

– Cuenta conmigo, Rainbow Dash. – Y en ese mismo momento alzó su mano para hacer el saludo militar, pero terminó picándose su ojo izquierdo con su pulgar. – ¡Auh!

Derpy retrocedió rápidamente con pasos torpes tras lastimarse a sí misma, tropezando con un par de personas, y cayendo al suelo junto con ellas. Rainbow sólo miró toda la escena en absoluto silencio.

– ¿Puedes pedirle a Twilight que le eché una mano con la gente? – Le preguntó a Applejack en voz baja, volteándola a ver de reojo.

– ¿No quieres que te acompañe? Mi Elemento de la Armonía podría serte de utilidad si las cosas se ponen difíciles.

Por mero reflejo, Rainbow estaba a punto de decirle que sí, e incluso ya había abierto su boca para hacerlo. Pero las palabras se quedaron a medio camino en su garganta.

– N… no, está bien. – Le respondió, agachándose rápidamente para poder tocar sus tenis, los cuales comenzaron a brillar con colores intensos hasta tomar la forma de su Elemento. – Tú debes cuidar que todo esté bien en Sweet Apple Acres. No te preocupes… Volveré pronto…

– Está bien…

Y sin más, Rainbow emprendió camino, y se alejó a toda velocidad en una estela de colores zigzagueante. Applejack se quedó parada en su lugar, simplemente viendo como la estela desaparecía, y con ella el último rastro de la Jefa de Guardia. Sintió por unos momentos un extraño nudo en el estómago. ¿Qué era eso?, ¿algún tipo de mal presentimiento? Ella no era muy creyente de esas cosas, pero no podía negar que algo en su interior se sentía realmente raro en ese momento…

CONTINUARÁ…

Notas del Autor:

Ya, ya, cómo le hago de emoción, ¿no? Aún hay cosas que aclarar entre nuestras dos protagonistas. No les prometeré que el siguiente será el último para no volverles a mentir, pero espero que así sea. ¡Nos leemos pronto!

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Harmonía: Creí que no te Volvería a Ver. Tras haber ido a una competencia de Rodeo a Canterlot, Applejack envía una Postal a Ponyville en la que afirma que no volverá, lo que desconcierta a todos, en especial a Rainbow Dash, quién saldrá sin espera a su búsqueda junto con sus demás amigas, decidida a no volver sin ella.

+ «My Little Pony: Friendship is Magic» © Lauren Faust, Hasbro Inc., Hasbro Studios.

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