Fanfic Teen Titans: The Sinners – Capítulo 10. Nunca más

8 de enero del 2017

Teen Titans: The Sinners - Capítulo 10. Nunca más


TEEN TITANS

THE
SINNERS

Por
Wingzemon X

CAPITULO 10
“Nunca más”

Lo único que Raven quería al aceptar tal “invitación”, era aclarar el sin número de preguntas y dudas que tenía en su cabeza con respecto a su supuesto hermano, y una vez aclarado eso poder concentrarse en sus otros traumas emocionales en turno, que incluían sus confusos sentimientos hacia Robin, sus celos hacia Starfire, y sus fallidos cuervos de chocolate; era difícil determinar cuál de ellos era el peor. Además, también tenía que ayudar a sus compañeros en la búsqueda de Slade, y descubrir si Terra realmente había vuelto a la vida. En otras palabras, estaba demasiado ocupada en esos momentos, y lo que deseaba era terminar con eso rápido. Sin embargo, al parecer había sido demasiado ingenua al pensar que sería así.

De todos los pensamientos que pasaron por su cabeza mientras Jared prácticamente la arrastraba por la ciudad, el que menos se le ocurrió fue que la estuviera llevando al Centro Comercial Jump, uno de sus sitios menos favoritos. ¿Cómo había permitido que eso pasara? El puerto se encontraba demasiado lejos del Centro Comercial, ¿cómo era posible que la hubiera llevado hasta ese sitio sin oponerse lo suficiente para evitarlo? No tenía el más mínimo sentido  realmente; ella tenía vagos recuerdos de haber opuesto resistencia, haberle dicho que se detuviera, e incluso de haberle gritado, pero ahí estaba, de pie en la entrada de esa plaza, rodeada de todas esas personas que pasaban a su lado, entrando y saliendo consecutivamente de una tienda a otra, mareándola con tanto movimiento y ruido.

– ¿Qué hacemos aquí? – Preguntó con molestia la hechicera, volteando a ver al chico de ojos rojos de manera fulminante. Por su lado, éste la miraba con un semblante totalmente entusiasta y contento.

– En el Centro Comercial hay de todo. – Le explicó. – Aquí tenemos tiendas de ropa, cafés, restaurantes, librerías; es el lugar perfecto para pasar el día juntos.

– ¿El día? ¿Estás pensando que nos quedemos aquí todo el día? – Raven pareció molestarse más de lo que ya estaba. – No tengo tiempo para esto, ¡y no soy una persona que le guste ir a los Centros Comerciales!

– Es bueno que me digas eso. ¿Lo ves?, ya nos estamos conociendo.

Raven se quedó confundida ante la actitud del muchacho. ¿Cómo podía seguir sonriendo con ese optimismo y hablarle de esa forma tan amistosa luego de que ella le respondía con todo lo contrario? ¿Qué era lo que le pasaba? ¿A qué quería llegar con todo eso? Estaba por decirle que se dejara de tonterías y llegaran al grano de ese asunto, cuando Jared se le adelantó.

– ¿Cuál es tu color favorito? – Le preguntó de inmediato, dando un paso hacia ella, lo que provocó que reaccionara, retrocediendo un poco levitando. – El mío es el rojo, y el negro también un poco.

– Ah… – La hechicera vaciló, aunque luego llegó a pensar que contestar esa pregunta no tendría porque causar algún dañó. – El azul… creo…

– Bien, entonces  deja que tu hermano mayor te compré algo de ropa azul.

– ¡¿Qué?! – Fue lo único que pudo decir, y antes de que pudiera reaccionar, él la volvió a tomar de su muñeca, y la jaló hacia la tienda de ropa más cercana sin dar mayor explicación. Al parecer, responder esa pregunta no había sido buena idea…

Jared no bromeaba, realmente tenía pensado comprarle ropa azul. Sin darle tiempo siquiera de pronunciar un “pero” como queja, comenzó a pasarle prenda tras prenda de su color favorito, llevándola de un lado a otro como muñeca de trapo. ¿Qué demonios se creía? Ni siquiera Starfire cuando la obligaba a ir de compras con ella la traía de esa forma. ¿Era algún tipo de truco para ganarse su confianza? ¿Comprarle ropa? Si esa era su intención había elegido la estrategia errónea.

– ¡Esto no va para nada conmigo! – Exclamó la hechicera oscura con enojo, casi gritando al salir del probador levitando rápidamente hacia él.

Las miradas de casi todos los presentes se fijaron en ella, al salir luciendo ese hermoso vestido ligero que le llegaba por debajo de las rodillas, de un color azul claro magnífico, con los hombros descubiertos, sin mangas, sujeto al cuello con un lazo, dejando la mitad de la espalda descubierta. La forma del vestido se ajustada a la perfección con su figura, y por extraño que pareciera, el color combinaba bien con su singular tono de piel. Raven se veía realmente hermosa, pero se hubiera visto mucho mejor de no haber tenido esa mirada fulminante y llena de molestia en el rostro.

– ¿Y por qué te lo probaste entonces? – Comentó Jared un poco indiferente, mientras miraba algunos sombreros colocados en un aparador, intentando elegir uno.

– ¡Por qué tú me obligaste!

– Oye, yo no te apunté con un arma ni nada, ¿o sí?

Raven se desesperó y estaba por gritarle, cuando de nuevo calló al darse cuenta de que no sabía que gritarle exactamente. No, de hecho no la había forzado a ponérselo, ni amenazado, ni nada por el estilo. Sólo había elegido el vestido, dicho que se lo probara y de alguna forma la guió al probador, pero ella no tenía por qué haberle hecho caso. ¿Por qué se puso ese vestido entonces? Bien, en realidad no era feo, era ligero y fresco, ideal para el verano. Pero ella no usaba ese tipo de cosas, no era su estilo, y no importaba que fuera azul.

– Ahora, esto. – Escuchó como el muchacho mencionaba, justo antes de colocarle sobre su cabeza un sombrero de paja, color blanco, con una flor azul como adorno.

Luego, la tomó de los hombros por detrás y la guió hasta que se pusiera de pie frente a un espejo de cuerpo entero. Ahí se estaba viendo, su propio reflejo, su cuerpo cubierto con la tela azul de ese vestido, el sombrero adornando su cabeza, sus hombros y brazos descubiertos… Lo que veía en el espejo era algo que nunca había visto. No era sólo la ropa, toda ella se veía diferente. Sus ojos parecían diferentes, las facciones de su rostro se veían diferentes, incluso el tono de su piel parecía cambiar. La forma de su cuerpo, de su cabello, todo era totalmente desconocido para ella. Era como ver a una completa extraña de pie frente a ella, pero no era así. Esa era ella, era Raven… No lo podía creer, ¿cómo un simple vestido y un sombrero podían causar ese efecto tan significativo? El rostro de la Titán no podía salir de su asombro.

– Mírate. – Escuchó como la voz de Jared murmuraba cerca de su oído, estando detrás de ella. – Te ves hermosa. Oh sí, esa es mi hermana Raven, la Titán rompe corazones. Debes de tener a un sequito de fans detrás de ti, ¿no? O al menos una docena de pretendientes.

¿Sería cierto lo que decía? ¿Realmente se veía hermosa? ¿Esa imagen ante ella era lo que los chicos consideraban hermoso?, ¿lo que Robin consideraba atractivo? Pero era tan distinto a cómo era normalmente. ¿Podía ella ser así de bonita? ¿Podía ella no ser la chica oscura, fría, introvertida, y dura, y en su lugar ser una chica linda como en ese espejo? ¿Podría ella ser esa clase de chica que les gustaba a los chicos…?

De pronto, por un leve momento, un pensamiento un poco extraño surgió en su cabeza. ¿De dónde había venido? Tal vez de pensar en Robin, no estaba del todo segura. Simplemente surgió de la nada en su cabeza, casi como si alguien se lo hubiera implantado de golpe: “me veo más bonita que Starfire…”

El pensar eso pareció asustarla un poco, rápidamente despejó de su mente todo eso. ¿Por qué había pensado eso? Algo no estaba bien. Tomó el sombrero y se lo quitó de la cabeza, apartándose del espejo y de Jared.

– Esa no soy yo… – Murmuró en voz baja con cierta duda.

– Eres quien quieras ser, hermanita, no más, no menos.

– ¡Deja de llamarme hermanita! – Pronunció con fuerza, girándose hacia él; la expresión de enojo había vuelto. – Yo no soy tu hermana.

– Es más corto que media hermana, e igual se aplica, no te estreses. – Murmuró divertido, sonriéndole ampliamente.

De nuevo hacía lo mismo: seguir con la misma actitud sin importar como ella reaccionara. ¿Qué era lo que quería ganar con eso? ¿Qué era lo que buscaba realmente?

– Sonríe un poco, anda. – Se le acercó de golpe, colocando sus dedos índice a cada extremo de su boca, y moviendo ésta para que simular una sonrisa, cosa que a ella no le agradó en lo más mínimo. – Tienes un lindo rostro cuando sonríes.

Raven lo tomó de las muñecas de pronto, casi con la intención de cortárselas de la fuerza que aplicó, y apartó sus manos sin espera de ella.

– No vuelvas a hace eso, nunca, jamás. – Le indicó con cierta amenaza en su voz, antes de soltarlo.

– De acuerdo, entendí el mensaje. – Le contestó él a su vez con algo de sarcasmo, aunque parecía que se seguía divirtiendo con la situación.

Que diferente se veía este chico a como se encontraba el día anterior. Anoche se veía nervioso, dudoso de qué decir o qué hacer, desesperado porque Raven le creyera. Ahora estaba animado, enérgico, totalmente feliz y confiado. ¿Qué había causado ese cambio? La única conclusión a la que Raven llegaba, era que… Estaba lidiando con un verdadero loco.

Jared se dirigió de nuevo a los vestidos, eligiendo otro de color azul, pero este era corto, muy corto, totalmente pegado al cuerpo, escotado y sin mangas.

– Bien, ¿qué tal éste ahora? – Le preguntó mientras se lo ensañaba. Raven simplemente se le quedó viendo con un ligero tic en el ojo izquierdo.

– No estás hablando enserio…

– Oye, ¿sabes cuantas chicas querrían que sus hermanos mayores las llevarán de compras?

– ¡Tú no eres mi hermano!

– Luego discutimos ese tema. – Rápidamente le entregó el vestido y la guió de regreso al probador. – ¡Andando!

Prácticamente la empujó hacia adentro de éste, cerrando la cortina detrás de ella.

Todo el día fue casi igual a eso. Yendo de una tienda de ropa a otra, eligiendo vestidos, blusas, pantalones para mujer, todo en un estilo que Raven nunca en su vida se le hubiera ocurrido usar si no fuera por Jared la arrastró de esa forma por toda la plaza. Luego siguieron los zapatos. ¿Tacones? ¿Cómo podían las chicas usar tacones? Eran las cosas más incómodas e inútiles del mundo, ¿para qué se suponía que servían los tacones? Nunca pensó que ese día llegaría, pero prefería mil veces salir con Starfire, al menos con ella su “no” sí era tomado como un “no”, y fin de se la historia.

– Llevamos una hora aquí y sólo me has llevado a comprar ropa. – Se quejaba Raven, caminando con disgusto detrás de Jared, quien cargaba varias bolsas con todo lo que habían comprado.

– Y zapatos, no olvides los zapatos. – Agregó el chico sin voltear a verla. – Y creó que llevamos más de una hora. Cómo vuela el tiempo, ¿no crees?

– ¿Cuál es el plan en todo esto?, ¡¿Qué es lo qué quieres conseguir?!

– No hay ningún plan, sólo diviértete.

– ¿Te parece que me estoy divirtiendo?

Cómo él bien había dicho, muchas chicas estarían contentas de que sus hermanos las llevarán de compras y les compraron lo que quisieran, pero al parecer Raven era la excepción en todos los sentidos.

– Mira, ropa gótica. – Le dijo con entusiasmo, señalando ahora a una tienda de apariencia más oscura y reservada. – Es más tu estilo, ¿no? Vamos a ver.

– ¡Qué ya no quiero!

Y una vez más la arrastró hacia el interior de esa tienda, así como lo había hecho en todas las anteriores. De igual forma la hizo probarse varios atuendos, y terminó comprándole algunos de ellos. No podía tener dinero ilimitado, en algún momento se le tenía que acabar… Bien, ese no era un gran plan.

– ¿Quieres un helado? – Le preguntó mientras salían de la tienda gótica y ahora la jalaba hacia un puesto de helados ubicado justo al frente.

– ¡No!

– Lo tomaré como un sí.

Un minuto después la imagen continuó igual, el chico pelirrojo cargando bolsas, arrastrando a la Titán por la plaza, ésta intentando resistirse de mala gana, pero ahora cada uno tenía un cono de helado de chocolate en una mano, aunque Raven no parecía disfrutar del suyo. Una vez que terminaron la ropa y los zapatos, el próximo objetivo de Jared parecía ser una tienda de discos.

– ¿Qué tipo de música te gusta?

– ¡Ninguna!

– ¿Enserio?, ¡a mí también me gusta esa!

Y la próxima media hora de Raven fue escuchar canciones de un género de música que ni siquiera sabía que existía. ¿Ahora qué seguía?

– Ahora vayamos a ver una película. – Propuso el chico, señalándose hacia el cine del Centro Comercial.

 – ¡No quiero ver una película! – Le contestó Raven furiosa; para ese entonces ya estaba más que harta de todo eso.

– Claro que quieres, miremos la cartelera.

– ¡No quiero!

Jared caminó hacia los posters de la parte de afuera, en dónde se encontraban las películas que estaban pasando en esos momentos. Raven, mientras tanto, se frotaba sus sienes con sus dedos en círculos, intentando tranquilizarse. Había dos opciones: o sólo quería ser amable y hacer que se divirtiera, y no tenía ninguna mala intención, o realmente quería volverla loca y poner a prueba su paciencia. Respiró varias veces intentando tranquilizarse, repitiendo “Azarath Metrion Zinthos” en voz baja varias veces hasta que logró tranquilizarse por completo.

No tenía por qué perder el control; lo que pasó ya pasó. Había perdido unas cuantas horas en tonterías, pero ya todo había pasado. Tal vez si lo complacía dejaría de comportarse como loco y podría obtener lo que quería. Sólo una película y todo terminaría al fin; ¿qué tan malo podía ser?

– ¿Te gustan las de terror? – Escuchó de pronto que le preguntaba, llamando su atención y haciendo que volteara a verlo.

Jared se encontraba señalando hacia una película en la cartelera: “Wicked Scary 2”. El sólo leer ese título y ver la imagen del horrible monstruo en el poster, provocó que el rostro de Raven palideciera más de lo normal, y sus ojos se abrieran por completo. Era la segunda parte de aquella película que había visto hace mucho tiempo con sus amigos, con horribles y espeluznantes resultados. El eslogan principal del poster publicitario era: “Dos veces más aterradora que la anterior”.

– Por tu rostro veo que te mueres por verla. – Comentó Jared y entonces la tomó del brazo, jalándola hacia la taquilla.

– ¡Espera!, ¡no puedo ver esa película! – Intentó decirle, o más bien advertirle, pero Jared no hizo caso.

El cartel mentía; la película no era dos veces más aterradora que la primera, era de hecho tres veces más aterradora. Aproximadamente una hora después, una estampida de personas asustadas salió corriendo del cine, gritando a todo pulmón, pero no por causa de la cinta, sino por el hecho de que uno de los monstruos más aterradores de la película literalmente se materializó en la sala. Al principio todos creyeron que era algún efecto especial, pero no, era un efecto de los poderes de Raven saliéndose de control por un exabrupto que le había dado por una de las escenas. Logró tranquilizarse con mucho esfuerzo y recobrar el control de sus poderes, pero era obvio que tendrían que dejar la película a medias.

Unos minutos después de que toda la multitud saliera, Jared y Raven les siguieron. Ésta última caminaba con la mirada baja, totalmente apenada por lo que acababa de ocurrir, mientras su acompañante reía divertido y alegre, cargando las bolsas de compras con una mano y con la otra sujetando su vaso de soda, bebiendo de éste con una pajilla.

– Eso fue grandioso, Raven. – Comentó entre risas, caminando delante de ella. – No sabía que tenías ese lado bromista, ¿los viste correr?

– No fue una broma, ¡tonto! – Le contestó entre dientes sin alzar su mirada. – Eso pasa cuando pierdo el control de mis poderes, ¡te dije que no podía ver esa película!

– Bueno, no te preocupes, igual era muy mala. ¿Quién podría creerse algo como eso?

Raven comenzó a pensar que lo había hecho apropósito. Tal vez todo lo que había hecho ese día lo había hecho apropósito, con la sola intención de hacerla enojar, o quedar el ridículo, o las dos. ¿Llevarla al Centro Comercial? ¿Obligarla a comprar ropa? ¿Llevarla a ver la segunda parte de la película de terror que más le había dado miedo? ¿Qué clase de broma de mal gusto era esa? Aunque, ¿no sé suponía que se acababan de conocer? ¿Cómo sabría esas cosas de ella?

– Éste ha sido un día de lo más divertido, ¿no crees? – Comentó el pelirrojo, volteándose de nuevo hacia ella con una amplia sonrisa. – ¿Qué quieres hacer ahora?

Raven alzó su mirada, y la cara que tenía en esos momentos sólo hubiera sido más aterradora de haber tenido sus cuatro ojos expuestos, brillando de color rojo sangre, y con colmillos afilados asomándose de su boca. Incluso Jared le pareció ligeramente amenazante la expresión de su supuesta hermana, quien comenzó a avanzar hacia él con pasos lentos y fuertes, que casi desquebrajaban el suelo con cada pisada. Él, a su vez, retrocedía a la par que ella avanzaba.

– Me has llevado de arriba abajo por todo este maldito lugar durante todo el día, comprando ropa, helado, música, películas, ¡¿Qué piensas que quiero hacer ahora?! – Le gritó con fuerza sin importarle que eso llamara la atención de todas las personas a su alrededor.

Jared parpadeó, mirándola fijamente; se le veía algo aturdido por las palabras que le acababa de gritar. Miró de reojo hacia su izquierda, notando a las personas asustadas a su alrededor, y luego volvió hacia su acompañante.

– ¿Comer algo? – Preguntó en voz baja con algo de simplicidad, que no hizo más que acrecentar el enojo de Raven.

– ¡¡No quiero hacer nada!!, ¡¡¡Nada de nada!!! – Exclamó furiosa, gritándole a todo pulmón de tal forma que todos los que estaban cerca salieron corriendo a resguardarse adentro de alguna tienda.

La Titán se dio media vuelta, respirando con agitación, con sus hombros subiendo y bajando de manera rítmica. Su “Azarath Metrion Zinthos” no parecía tener resultado alguno en esa ocasión. Todo ese día había sido una completa pérdida de tiempo, en un lugar que no le gustaba, haciendo cosas que no le interesaban, con una persona que ni siquiera conocía, para obtener absolutamente nada. Un tipo como ese no podía ser hijo de Trigon; eso tenía que ser un absurdo error. Debería de estar ayudando a sus amigos a buscar a Slade, a Terra, o estar intentando descifrar como derretir el chocolate y hacer los cuervos para Robin. Cualquier cosa que no fuera estar perdiendo tiempo, energías, y autocontrol en ese sitio. Sólo quería irse de una buena vez, pero algo la detuvo de hacerlo…

– Lo siento. – Escuchó de pronto que la voz Jared le decía a sus espaldas, pero ya no en el mismo tono alegre y optimista que había tenido todo el día, sino uno totalmente diferente.

Raven se volteó un poco para verlo. Jared miraba al suelo de manera pensativa. Sus ojos, todo su rostro, mostraban una notoria melancolía, dolor, tristeza… Raven parpadeó confundida al ver ese cambio tan drástico en él.



– Creo que simplemente me emocioné de más. – Susurró en voz baja sin alzar su cabeza, sonriendo levemente con algo de pesar. – Creo que… Siempre fantasee tanto con lo que sería tener una hermana, salir a pasear con ella, comprarle cosas, platicar y reír, simplemente estar juntos, ahuyentar a los chicos que voltearan a verla… esas cosas. – Cerró sus ojos y alzó sus manos a los lados en ese momento, como si fuera a dar un gran abrazo. – Y que al final del día que me sonriera y me dijera “gracias por este hermoso día, Jared. Eres el mejor hermano del mundo”.

El chico rió un poco y entonces se volteó lentamente, ahora siendo él quien le daba la espalda a la hechicera o no al revés.

– Bueno, eso último lo acabo de improvisar. Pero el caso es que… creo que me dejé llevar de más por la emoción. Lo siento. Entenderé si quieres irte.

La voz de Jared se encontraba cargada de una fuerte tristeza y arrepentimiento. Parecía estarse diciendo así mismo “lo arruiné”, más que estárselo diciendo a ella. Raven comenzó en ese momento a sentirse realmente mal. “Culpa” era la palabra adecuada para describir lo que sentía.

Tal vez había exagerado un poco con su reacción y sus gritos. Jared no había hecho nada malo realmente. Le había comprado varios regalos, un helado, le pagó su boleto de cine, y hasta le compró unas palomitas, que habían salido volando en cuando le ocurrió aquel exabrupto, pero ese no era el punto. Había sido muy lindo y educado con ella todo el día, y en verdad parecía que realmente quería que se divirtiera. Ahora que lo pensaba, su actitud tal vez fue en verdad muy tonta; no tenía ningún motivo para ponerse así con él.

Raven suspiró con fuerza, volteando a ver la espalda de Jared con algo de pena.

– Descuida, enserio. – Comenzó a decir sin estar segura de qué decir exactamente; Jared la volteó a ver con curiosidad por encima de su hombro. – Yo exageré con lo que dije… y eso. No fue un día… tan desagradable. De hecho… Me divertí un poco… creo.

– ¿De verdad? – Le preguntó con una pequeña sonrisa, volteándose por completo hacia ella.

– Sí, bueno… – Balbuceó la Titán, mirando hacia un lado al otro, al techo, al suelo, intentando encontrar alguna pista de que debía decir. – El vestido azul no está… mal… Y la ropa gótica es más mi estilo. El helado no… sabía mal, y los discos tal vez… los oiga. Y bueno, fue divertido cuando todos salieron corriendo de la sala, sólo un poco…

Jared volvió a sonreír contento ante sus palabras, aunque ahora se veía más tranquilo que antes. Eso alivió un poco los hombros de Raven.

– Gracias. – Le murmuró el chico de cabellos rojos. – Entonces, ¿qué quieres hacer ahora realmente?

Era una buena pregunta. Tenía deseos de irse, esa era la verdad, pero tampoco quería dejar ese tema inconcluso un día más, y volver a pasar por todo eso de nuevo. Lo mejor sería aclarar todo de una vez, que cada quien se fuera por su lado, y seguir con sus respectivas vidas. Pero, ¿cómo se suponía que harían eso? Bien, lo único que se le ocurría era sentarse tranquilamente y platicar un poco.

– Te aceptaré tomar un café. – Le contestó mientras miraba en dirección a una cafetería no muy lejos de donde estaban parados. – Pero sólo si podemos sentarnos… y hablar tranquilamente.

– Me parece bien. – Le respondió él de inmediato, asintiendo con su cabeza.

Y así lo hicieron. Ambos entraron al Cat’s Eye Cafe, se sentaron en una mesa pegada a una ventana que daba al estacionamiento, uno frente al otro y todas las bolsas de compras a su lado. Jared pidió un Moka Frío, y Raven un Cappuccino con cacao, acompañado cada uno de un muffin natural de chocolate. El ambiente era agradable, contemporáneo y elegante, muy al estilo de los cafés estilo inglés que se estaban volviendo muy populares en los Estados Unidos. Había unas cuantas personas, la mayoría jóvenes, y un par de hombres de negocios. Estaba silencioso, y calmado; definitivamente era un lugar en donde Raven podía sentirse más cómoda.

– ¿Y bien? – Preguntó Jared, mientras sorbía un poco su moka frío con una pajilla.

– ¿Y bien… qué? – Fue la respuesta de Raven, mirándolo de reojo mientras daba un sorbo de su cappuccino.

– ¿Qué quieres saber de mí? Debes de tener cientos de preguntas, ¿o no? Puedes preguntarme lo que sea.

¿Cientos de preguntas? Bien, en efecto las tenía, aunque no eran específicamente sobre él, sino más bien sobre el asunto que supuestamente los relacionaba. A su vez, no estaba muy segura de qué preguntar sobre ese tema que le pudiera aclarar aunque fuera un poco las dudas que tenía. Así que en realidad, tenía cientos de preguntas, pero no se le venía ninguna a la mente en esos momentos.

– En realidad no sé qué preguntar. – Confesó un poco avergonzada, clavado sus ojos en la espuma del cappuccino.

– Oh, bueno, supongo que es comprensible. ¿Qué tal si yo te hago preguntas a ti?

– ¿Cómo cuál?

Ahora era Jared el que se ponía a pensar en qué preguntar, y al parecer tampoco lo tenía del todo claro. Grandiosa conversación, los dos con dudas pero ninguno preguntando nada.

– Bueno, eres una súper heroína, ¿no? – Comentó luego de un rato, a lo que Raven simplemente asintió. – Eso es genial, peleas contra villanos, salvas el mundo y todo eso.

– Algo así.

– ¿Y por qué eres una Súper Heroína?

Raven parpadeó confundida por la pregunta tan repentina. ¿Por qué era una súper heroína? ¿Cómo que por qué? Le parecía una pregunta un poco rara.

– ¿A qué te refieres?

– Bueno, mejor cambio mi pregunta. – Una extraña expresión surgió en el rostro de Jared, mientras colocaba sus codos sobre la mesa, entrelazaba sus dedos frente a su rostro, y la volteaba a ver fijamente de una forma que hizo sentir ligeramente incómoda a la chica de piel gris. – ¿Por qué quisiste ser una Súper Heroína?

Raven se quedó congelada unos segundos, mirando atentamente los ojos rojizos y profundos de su acompañante. Tal vez había sido algún tipo de truco de luz, pero le había parecido verlos brillar un poco. Se frotó sus ojos para aclarar su vista, y la alzar su mirada de nuevo hacia él, el rostro de Jared había vuelto a la normalidad, a cómo lo había visto todo ese día, pero eso no quitó la extraña sensación que le había causado. Tal vez estaba cansada.

– Yo… Creo que simplemente quería hacer un poco de bien… – Comenzó a explicarle, intentando dejar de pensar en el extraño espejismo. – De alguna manera compensar el mal que estaba destinada a provocar. En un inicio fue así, pero luego creo encontré una gran satisfacción en lo que hago.

El último comentario fue acompañado de una ligera sonrisa en los labios de la hechicera, el primer rastro visible de felicidad que surgía que en su rostro en todo ese día. Tal y como lo decía, en un inicio simplemente deseaba de alguna forma equilibrarla balanza, salvar la mayor cantidad de vidas posibles, y hacer todo el bien que tuviera a su alcance, antes de llegar al inevitable fin que tenía destinado por ser hija de Trigon. Pero realmente le había gustado ser una Súper Heroína, una Titán, pelear contra los malos junto con sus compañeros, salvar el día y comer pizza. Tanto así que ni siquiera le pasó por la cabeza dejar de serlo luego de que terminara el asunto de Trigon.

– Disculpa… – Comentó el muchacho pelirrojo, aparentemente algo confundido. – ¿A qué te refieres con el mal que estabas destinada a provocar?

Raven se le quedó viendo extrañada por la pregunta. ¿Por qué preguntaba eso? ¿Acaso no sabía nada sobre el asunto del “Fin del Mundo” que Trigon iba a provocar? Él mismo había descrito que sabía que el culto, al que supuestamente afirmaba que había pertenecido su madre, buscaba a una mujer que tuviera un hijo de él. Tal vez era posible que no supiera toda la historia; debía confirmar eso antes de decir cualquier otra cosa.

– ¿Qué tanto sabes de Trigon? – Le preguntó con seriedad. – Del demonio que dices que es tu padre.

– No mucho, ni siquiera sabía su nombre antes de que tú me lo dijeras. Sé que era un demonio muy poderoso al que el culto al que mi madre pertenecía le era fiel, y que pensaban que algún día vendría a la Tierra y provocaría el Fin del Mundo, y necesitaban que tuviera un hijo para hacerlo. Básicamente eso investigué.

Sabía más de lo que pensaba, pero posiblemente no entendía realmente lo que eso significaba, o lo consideraba sólo una leyenda. Aunque, si fuera esto último, ¿cómo era que parecía seguro de ser el hijo de un demonio? Tanto así que no dudaba que él y ella fueran hermanos por lado de su padre.

– ¿Por qué piensas que esa leyenda es cierta? Quiero decir… Pareces aceptar muy rápido que eres hijo de un demonio, cuando cualquiera que lo escuchara de inmediato pensaría que es una tontería.

Jared se sorprendió un poco al escucharla preguntarle eso, pero luego se quedó callado de golpe, y cerró sus ojos unos momentos. Pareció ponerse significativamente serio de pronto ¿Había hecho una pregunta indebida?

– Lo sé porque como te dije ayer, mi madre nunca me oculto quién era mi padre. – Le comenzó a decir sin abrir sus ojos. – Y, además de mi piel y mis ojos… Siempre he tenido otras cosas que me diferencian de los demás.

En ese momento, abrió sus ojos lentamente, al tiempo que alzaba su mano derecha, colocándola frente a su rostro con la palma extendida de manera vertical. De la nada, casi como magia, surgió en su mano una llama brillante y caliente, que danzaba ligeramente hacia los lados. Raven se sobresaltó al ver esto.

– ¿Piroquinesis? – Preguntó atónita mientras veía la llama moverse con rapidez. Jared asintió y entonces cerró su mano, haciendo que la llama se extinguiera.

Si había nacido con ese poder, y en verdad su madre era una humana común, entonces era muy probable que su padre fuera un ser sobrenatural, lo que aumentaba las posibilidades de que en efecto fuera Hijo de Trigon. La idea pareció tener un efecto importante en Raven. La historia del culto, una madre humana, su apariencia, su poder… Todo encajaba, o al menos casi; aún una parte de ella seguía resistiéndose a aceptar lo que se presentaba ante ella.

– Y eso no es todo. – Escuchó como Jared agregaba, llamando de nuevo su atención. Su semblante continuaba reservado, e incluso algo frío. Desvió su mirada hacia la ventana, mirando a algunas personas pasar frente a ella. – Siempre me he sentido… Diferente a la gente. Y ellos inmediatamente lo sienten también cuando me ven. Desde que era niño siempre me han marcado de raro, extraño, fenómeno. Nunca hubo alguien que me entendiera realmente. Creo que por eso me emocioné mucho al saber que podría tener una hermana… Pensé que si era así, sería tal vez alguien que me comprendiera, que supiera cómo es que me siento, ya que habría pasado por lo mismo que yo. – En ese momento, se volteó de golpe hacia ella de nuevo. – ¿Sabes lo que digo?

Raven escuchó cada palabra con notorio interés. Lo que describía, y a la vez cómo lo hacía, con ese sentimiento brotando de sus labios. Era tan extraño de describir, pero era casi como si se estuviera escuchando a sí misma. La rara, la extraña, la fenómeno… ¿Cuántas veces se había sentido así? La verdad era que siempre se había dado cuenta de que no era como los demás. Era diferente, diferente a la gente de Azarath, diferente a la gente de la Tierra, y ellos también lo percibían al verla. Acababa de decir que le emocionaba tener una hermana, porque pensaba que ésta podría haber pasado por lo mismo que él. Si era verdad que eran hermanos, tal vez había estado en lo correcto…

– Sí… Sé de lo que hablas… – Le contestó en voz baja, desviando su mirada hacia otro lado.

– Bueno, ¿qué era eso sobre la maldad que ibas a provocar?

Raven pasó a explicarle con más detalle que era lo que exactamente significaba hacer que Trigon tuviera un hijo. Mientras tomaban de sus bebidas y comían sus panecillos, le contó como ese hijo se convertiría en la Joya, y serviría de portal para que Trigon llegara a este mundo para conquistarlo. Le relató especialmente como esto no sólo se había quedado en una leyenda, sino que realmente había ocurrido, que realmente ella era fue el portal, que Trigon llegó a ese mundo, lo cubrió de sombras y fuego, y estuvo a punto de salirse con la suya, pero también como ella, con el inquebrantable apoyo de sus amigos, logró detenerlo y acabar con esa amenaza de una vez por todas. Jared escuchó todo atentamente con una cara de asombro con cada palabra que pronunciaba; parecía no poder creer del todo tal historia, y era lógico, ¿quién lo haría la primera vez?

– Wow. – Exclamó sin poder salir de su asombro. – Suena a película de terror.

– La peor de todas las películas de terror. – Le respondió con pesar, comiendo su muffin a pequeñas mordidas. – Pensé que no había forma de escapar de eso, pensé que mi destino era irrompible, y por eso me entregué a él sin oponerme. Pero por lo mismo, quería hacer el mayor bien posible antes de que pasara.

El pensar en Trigon y en lo ocurrido le causaba mucha angustia y desconsuelo, pero extrañamente, de pronto, una ligera sonrisa se asomó en el rostro de Raven. Eso era como resultado de pensar ahora no en su padre, sino en lo que pasó luego del combate, cuando prácticamente toda su vida cambió.

– Sin embargo, todo salió bien al final. – Continuó. – Pude derrotar mi destino, pude sobrevivir y continuar. Y ahora… Por primera vez en mi vida…

– ¿Eres feliz? – Interrumpió, intentando adivinar lo que diría, y de hecho lo había logrado.

– Sí… de cierta forma así es.

Era la primera vez que lo decía abiertamente de alguna forma: era feliz. Se sentía tan raro decirlo, pero era la verdad. Antes de derrotar a Trigon, ella nunca pensó en ser feliz, nunca pensó en un futuro, en que podría ser de su vida, pues según ella terminaría desapareciendo para siempre una vez que Trigon llegara a este mundo, así que no tenía sentido pensar en todo eso. Pero ahora todo era diferente. Ahora ya era libre, libre de poder ser feliz, de hacer lo que quisiera, de hacer planes, de llevarlos a acabo, de arriesgarse, de pensar que será de su vida en un año, en dos, en diez. Todo eso era tan nuevo para ella; realmente su vida había cambiado en aquel momento.

– Mi madre dijo en una ocasión que ser feliz es lo que uno siempre debe de buscar. – Comentó Jared con una amplia sonrisa, y luego comenzó a beber de su moka. – Dinero, poder, fama, todo eso es irrelevante si no te hace feliz. Así que si has obtenido la felicidad, eres la persona más afortunada del mundo.

– ¿Eso no es un cliché?

– Tal vez, pero se puede aplicar bien, ¿no?

Ambos se miraron, sonrieron ampliamente y entonces comenzaron a reír con fuerza al mismo tiempo, lo que provocó que algunas de las personas alrededor voltearan a verlos, pero no les importaba. Una media hora atrás Raven estaba llena de furia y enojo, y ahora reía libremente junto con ese chico. Tal vez eso era lo que necesitaban, sentarse y hablar tranquilamente del tema; ahora todo estaba mejor

Jared continuó riendo incluso un rato después, aunque luego intentó tranquilizarse, acabándose su moka frío de un solo sorbo.

– ¿Y cómo es tu madre? – Preguntó Raven de golpe y sin aviso; Jared se sobresaltó un poco al escucharla. – ¿Qué tipo de persona es?

La curiosidad de saber más sobre Jared le nació de pronto, aunque el comentario de su madre le hizo más bien tener curiosidad sobre ella. Sin embargo, en contra de lo que había predicho, la reacción de Jared no fue de alegría… De hecho, la enorme sonrisa y humor que tenía, se esfumó poco a poco, hasta convertir su rostro en una piedra dura y fría. ¿Estaba molesto? ¿Estaba triste?, eso era imposible de adivinar con tan sólo ver su rostro. Parecía que de nuevo había tocado un tema delicado.

– No soy el adecuado para contestar eso. – Susurró en voz baja, centrando sus ojos en la mesa. – Hace muchos años que no sé nada de ella…

Raven se sorprendió mucho de escucharlo. ¿A qué se refería con eso? ¿Acaso…? Antes de que pudiera terminar de formar la idea en su cabeza, Jared se adelantó a explicarle, y tristemente era justo lo que Raven había comenzado a pensar.

– La verdad es que… mi madre me abonó cuando aún era pequeño, y desde entonces estoy solo. – Dijo el chico casi como un susurró, notándose más sentimiento en esas palabras que todo lo que había dicho desde que se conocieron. Raven no pudo pronunciar palabra alguna; se había quedado atónita. – No la culpo, la verdad creo que puedo entenderla un poco. Supongo que no pudo lidiar con la idea de tener al hijo de un demonio, concebido bajo ese tipo de circunstancias, y con ese fin que me dices. No la odio, pero… es extraño… Todos los recuerdos que aún tengo de ella son de momentos felices que tuvimos, y como siempre intentaba hacerla reír, y como ella me sonreía y me decía cosas como lo que te dije hace poco… Por eso, una parte de mí no entiende entonces porque ella…

Y entonces calló sin poder continuar con lo que decía. El tema realmente parecía afectarlo, tanto que a Raven creía que en cualquier momento las lagrimas se asomarían en sus ojos, mas no fue así; parecía estar intentando evitarlo de manera consciente. La hechicera simplemente no pudo evitar sentirse conmovida por lo que le acababa de decir…

La historia de Raven y su madre había sido un poco fuera de lo común, y no sólo por el hecho de que vivían en Azarath, que ella era la hija de un demonio interdimensional que destruiría el mundo, y que frecuentemente se vio forzada a entrenar para controlar sus sentimientos y poderes, sino por el hecho de que nunca fueron del todo unidas como madre e hija. Arella, su madre, siempre había estado ahí, y la trataba bien. Nunca sintió que la odiara o algo así, pero… Tampoco recordaba alguna ocasión en que le hubiera demostrado abiertamente su cariño o amor de madre, ni siquiera que le dijera un “te quiero, hija” de manera directa. La mayoría de las veces se refería a ella y Azarath, más que así misma. “Siempre tendrás un hogar en Azarath”, “siempre tendrás el cariño de tu gente”, “Aquí en Azarath todos te queremos”, pero nunca se refería a ella misma.

Tal vez se debía a que era algo seria por naturaleza, y ella no era mucho mejor en ese sentido, o tal vez en el fondo también existía un poco de resentimiento de su parte, por la historia de su concepción, por quien era, tal y como Jared acababa de decir. Tal vez por eso quería saber cómo era la madre de Jared, pero no pensó que tendría ese resultado.

– Lo siento, creo que empecé a divagar. – Intentó disculparse el pelirrojo, al parecer un poco apenado por su reacción.

– No te preocupes. – Le contestó ella casi del mismo modo. – Lamentó haber preguntado eso. Debió haber sido… muy duro para ti.

– Sí. Las personas pueden ser algo duras. Pero tú debes de comprenderme mejor que nadie, ¿o no?

De nuevo tenía razón. Y no sólo se trataba de su madre.

– Yo no crecí en la Tierra. – Comenzó a relatarle. – Nací y crecí en Azarath, mi madre me llevó ahí para protegerme de Trigon. Era un lugar agradable, pacífico y bello. Pero la gente de ahí también me miraba con malos ojos. Todos sabían que era la hija de Trigon, y que algún día causaría la destrucción de todo. Por eso siempre me miraban con temor y desconfianza. Incluso cuando llegue aquí, las cosas no cambiaron, hasta que conocí a mis amigos…

– ¿Tus amigos? – Interrumpió de pronto el muchacho sin querer.

– Los otros Jóvenes Titanes. – Raven volvió a sonreír al recordar a sus amigos, las personas más importantes de su vida. – Ellos me aceptaron como era, y me hicieron sentir en casa. Gracias a ellos… ya no estoy sola…

Raven lo volteó a ver, observando fijamente el rostro del chico que la acompañaba, mirando sus ojos, su cabello, la expresión de ligera confusión. Se veía casi como un perrito inocente, pero ahora, luego de tener esa conversación corta pero significativa, le parecía con más razón que eran parecidos… Casi idénticos.

Se sintió realmente cómoda de pronto con su presencia, incluso igual a como había llegado a estar con sus amigos… Incluso un poco más. La sensación que le había dado la primera impresión que le dio el día anterior, había evolucionado por completo a algo más. ¿Había aceptado que era su hermano? Quién sabe, pero si estaba segura de algo: le había tomado gusto muy rápido a su compañía.

Sin pensarlo siquiera, extendió su mano derecha sobre la mesa, hasta llegar a tomar la de Jared con cuidado. El chico de extrañó un poco ante ese acto, y la volteó a ver confundido. Raven seguía mirándolo fijamente, sin dejar de sonreírle.

– Y tú tampoco lo estás, nunca más. – Le dijo con un tono ligeramente gentil.

Jared parpadeó confundido, pero luego le devolvió la sonrisa. Tomó también su mano con cuidado, y entonces el lazo entre ambos se hizo visible. ¿Eran hermanos? Quién sabe, pero como Raven había dicho, a partir de entonces ninguno estaría solo… nunca más.

FIN DEL CAPITULO 10

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Teen Titans: The Sinners. Han pasado unos cuantos meses desde que los Jóvenes Titanes derrotaron a la Hermandad del Mal, y volvieron a Jump City. Todo ha sido muy tranquilo desde entonces, pero las cosas están comenzando a cambiar. ¿Qué es esto que Raven ha empezado a sentir por su líder, Robin?, ¿Y quién es ese misterioso chico que afirma ser su hermano? Aunque siempre había logrado mantener en absoluto control sus sentimientos y pensamientos, estos cada vez parecen comenzar a dominarla. Y si no es capaz de aclarar su mente a tiempo, podría caer víctima de aquello que siempre temió, y arrastrar a todos sus amigos con ella…

+ «Teen Titans, la Serie Animada» © Glen Murakami, DC Comics, Warner Bros. Animation.

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Un pensamiento en “Teen Titans: The Sinners – Capítulo 10. Nunca más

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