Fanfic Harmonía I: Solsticio de Verano – Capítulo 09. ¿Qué se oculta en el Bosque Everfree? Parte 1

8 de enero del 2017

Harmonía I: Solsticio de Verano - Capítulo 09. ¿Qué se oculta en el Bosque Everfree? Parte 1


HARMONÍA I:
Solsticio de Verano

Por
WingzemonX

Capítulo 09
¿Qué se oculta en el Bosque Everfree? Parte 1

– Espero no tener que atravesar de nuevo otra pista de baile, con puros miembros de la familia Apple. – Masculló Rainbow con ligera molestia, pero sin intención de que su comentario pasara desapercibido para Applejack.

– No seas una bebé. – Comentó la joven de cabellos rubios que caminaba más adelante; Twilight y Spike las seguían por detrás, en silencio.

Luego de lo que Twilight llamaría una tortuosa experiencia de la que sorprendentemente había salido convida, lograron pasar la pista de baile y salir por el otro lado. Aún aturdida y desorientada, Applejack comenzó a guiarlos por una pequeña vereda hacia la casa principal de la granja. Desde lejos, era fácil distinguir el estilo pintoresco de la edificación. Era una casa de colores dorados con una fachada sencilla, con una planta baja, una planta alta, y un tercer nivel que quizás era un ático. Tenía al frente un amplio porche techado. Frente a la casa, habían colocado una larga, pero realmente muy larga, mesa rectangular, con decenas de sillas a cada lado. Twilight supuso de inmediato que todas las personas en la pista se sentarían ahí a comer.

Subieron los escalones de la casa hasta el porche, y entraron por la puerta principal, hacia una modesta sala de estar. El interior de la casa representaba por completo la descripción de lo que muchos llamarían un estilo campirano; rústico pero con un encanto curioso, y con olor a comida el aire.

– La gente dice que el sazón de los Apple es único. – Escucharon que Applejack comentaba con orgullo, mientras avanzaba hacia lo que parecía ser la cocina. – Pero ningún sazón es tan único como el de la Abuela Smith.

La cocina tenía el mismo estilo rústico que la sala y el comedor. Sin embargo, no era el estilo de la cocina lo que más llamaba su atención en esos momentos, si no la señora que estaba ahí dentro, sentada plácidamente en una mecedora, con su cabeza agachada, sus ojos cerrados, y roncando con suma fuerza. Era una mujer mayor, de cuerpo delgado, y piel verde con marcadas arrugas. Tenía el cabello totalmente blanco, y un poco desalineado. Usaba un vestido rosado, y un mandil blanco sobre éste.

Applejack parpadeó un par de veces, sorprendida por lo que veía; definitivamente no era la presentación que esperaba hacer.

– ¡Abuela Smith! – Pronunció con algo de fuerza al acercársele, pero la mujer no reaccionó. – ¡Abuela! ¡Despiértate!

Applejack sacudió un poco a la mujer, y eso al fin pareció hacerla reaccionar. Abrió sus ojos y agitó su cabeza confundida, mirando a todos lados.

– ¿Qué?, ¿qué? ¿Qué dijeron? – Pronunció con un tono bajo y desorientado.

– Despierta abuela, tenemos invitados.

La Vaquera de cabellos rubios se giró hacia las Twilight y Spike que esperaban en la puerta, y a Rainbow Dash que permanecía unos pasos detrás. La mujer de piel verdosa achicó sus ojos, centrando su atención en la joven de cabellos azules y piel morada, quien pareció incomodarse por su mirada tan concentrada.

– ¡Ah!, pero claro. – Exclamó con alegría la Abuela Smith, parándose de un salto de su silla. – Podría reconocerte hasta con los ojos cerrados, querida Filly Sugar.

– ¿Qué? – Pronunciaron los cuatro al mismo tiempo.

La señora mayor comenzó a avanzar a pasos lentos hacia Twilight, parándose justo frente a ella. Twilight dio un paso hacia atrás, pero la mujer seguía mirándola fijamente de arriba abajo.

– ¿Pero por qué estás tan delgada, Filly? – Comentó de pronto casi como un regaño y entonces se tomó la libertad de extender su mano hacia su costado y darle un fuerte pellizco.

– ¡Auh!, ¡oiga! – Exclamó la hechicera, dando un salto por el dolor.

– ¿Estuviste encarcelada o en ayuno acaso? Estás en tus huesos. ¿Cómo le haces para sacar las papas de la tierra con esas manos tan flacuchas?

– ¿Flacuchas? – Casi por mero reflejo, Twilight alzó sus manos para echarles un ojo. – Mis manos no son flacuchas…

– Abuela, te volviste a confundir de persona. – Recalcó Applejack de pronto. – Ella no es la prima Filly, ella llega mañana.

– ¿Ah sí? – La mujer miró hacia el techo, como si intentará recordar algo.

– Sí, así es. – Añadió Twilight, recuperando la compostura. – Escuche, me llamó Twilight Sparkle. Vine a supervisar el festival en nombre de la Reina Celestia.

– Ah, la Reina Celestia; haberlo dicho antes. – La Abuela Smith sonrió ampliamente con añoranza. – ¿Alguna vez te conté, Applejack, de cuando conocí a la Reina Celestia de niña?

Applejack pareció ponerse nerviosa ante la pregunta.

– Sí, abuela, sí lo has hecho. Y éste no es el…

– Hace mucho cuando yo era una pequeña huerquilla, todo era muy diferente por estas tierras. – Comenzó a narrar la mujer de piel verde, ignorando por completo las palabras de su nieta. – No había nada en todo este sitio, sólo bosques y praderas hasta donde alcanzaba tu vista. Desde que tenía memoria, yo y mi familia viajábamos de un rincón al otro de Equestria como peregrinos, buscando las semillas más especiales y únicas que existieran y comercializando con ellas.

– Eso es… Interesante, pero… – Intentó decir Twilight en un intento de detener su relato, pero no sirvió de nada pues de inmediato ella prosiguió.

– Y nuestra vida fue por mucho tiempo así, hasta que un día nuestro camino nos llevó a la más grandiosa, hermosa, imponente y majestuoso ciudad de Canterlot. Y ahí fue en donde, siendo apenas una pequeña mocosa de trenzas alocadas, vi por primera vez a la más grandiosa, hermosa, imponente y majestuosa persona que alguna ocasión tuve la oportunidad de conocer. A la Reina…

– ¡Abuela! – Gritó Applejack con ahínco, interrumpiendo abruptamente de una forma mucho menos educada que la de Twilight. –  Sabes que adoró casi siempre escuchar tus historias, pero en estos momentos la señorita Sparkle viene a que le expliquemos lo que cocinaremos para el Festival.

– ¿El festival? – Murmuró la abuela, confusa. – ¿Cuál festival?

Todos suspiraron con algo de frustración al mismo tiempo sin proponérselo.

– ¡El Festival del Solsticio de Verano, Abuela!

– ¡No me grites jovencita, que no estoy sorda!

Twilight no sabía si todo lo que veía era enserio o algún tipo de broma. ¿Acaso todos en ese pueblo actuaban igual de raro?

– Y obviamente prepararemos la comida más deliciosa que los Apples sabemos hacer. – Señaló la Abuela Smith con decisión. – Cualquier cosa sería poco para complacer a nuestra amada Reina. Serán dedos de queso con salsa de manzana, ensalada de frutas con manzana, filete cocido bañado con jugo de manzana, ensalada de lechuga con aderezo de manzana, caldo de queso con manzana, estofado de cerdo bañado también con jugo de manzana, pay de manzana, empanadas de manzana, helado de manzana, y por supuesto nuestra súper reconocida y popular sidra de manzana, ¡hyah!

Culminó la lista de platillos dando un fuerte golpe con su pie derecho contra el suelo, el cuál pareció dolerle más de lo esperado, pues de inmediato se agachó a sobarse la pierna.

Twilight, por su parte, parecía algo aturdida por dicha lista.

– ¿Acaso todo tendrá… Manzanas? – Preguntó un poco dudosa de su propia pregunta.

– Por supuesto que sí. – Se adelantó Applejack a responder. – Es nuestro toque personal, lo que hace a un platillo ser un platillo de Apple.

– Ja, qué buen chiste. – Rio Spike, divertido por el comentario, aunque Applejack no parecía entender el porqué.

– ¿Cuál chiste? – Le preguntó con seriedad, lo que puso nervioso al dragón.

– Ah… Es que… Creí que era un juego de palabras… Ya sabes… Un platillo de Apple… Y todos tienen… Manzanas… Olvídalo…

Twilight no se encontraba muy diferente a su familiar, ya que tampoco lograba detectar qué de todo eso era broma, y qué era enserio. Así que no sólo se llamaban Apple, vivían en una Granja llamada Sweet Apple Acres, y se dedicaban a cultivar manzanas. Además de todo eso, parecían tener una extraña, quizás un poco aterradora, fascinación con las manzanas. Pero al final de cuentas daba igual. Comida era comida, después de todo; que la hicieran con lo que les diera la gana, a ella eso le daba igual a esas alturas.

– Y déjame adivinar, todo debe empezar a prepararse al menos un día antes del festival, ¿no? – Cuestionó  con un tono irónico.

– Obviamente. – Le respondió Applejack con naturalidad. Twilight simplemente suspiró resignada y no quiso insistir más en el tema.

– ¿Sabes? – Le susurró despacio a Spike a su lado, para que sólo él la escuchara. – Empiezo a preguntarme porque vine tan temprano si todo se va a hacer un día antes del evento.

– Porque querías investigar el ya sabes qué.

– Era una pregunta retórica, Spike… O algo así.

– Pero tenemos algunos platillos preparados para la cena de hoy. – Comentó Applejack de pronto, llamando de nuevo la atención de la Hechicera. – Por si quieres juzgar tu misma nuestras habilidades, citadina, puedes quedarte a comer.

– No, gracias…

Apenas y había abierto la boca cuando por coincidencia del destino su estómago gruñó tan fuertemente que de seguro todos lo escucharon. Dirigió sus manos a su abdomen, apenada. Recordó que ya llevaban algunas horas ahí en Ponyville, y aún no habían almorzado nada.

– Bueno, tal vez un poco.

– ¡Excelente!, pues vengan a la mesa.

Applejack comenzó a caminar en dirección a la puerta de entrada con rapidez, por lo que de inmediato comenzaron a seguirla. Afuera en el pórtico de la casa, había una gran campana de color dorado, la cual Applejack comenzó a tocar con fuerza. El sonido resonó y se escuchó por todo el terreno, opacando la música que aún se oía en la pista de baile, la cual no tardó mucho en detenerse.

– ¡Familia! ¡Es hora de comer! ¡Vengan todos!

Se escucharon varios gritos de emoción provenientes de las personas en y entorno a la pista, y poco a poco todo el tumulto de personas comenzó a acercarse a la larga mesa frente a la casa.

– Mejor toma un asiento, princesita. – Escuchó que Rainbow mencionaba divertida a sus espaldas. – O tendrás que comer de pie.

Twilight no le respondió nada a su hiriente comentario y en su lugar ella y Spike simplemente bajaron los escalones del pórtico y se acercaron igualmente a la mesa.

– ¿Qué hay de ti, Rainbow? – Le preguntó Applejack, parándose a lado de la Jefa de Guardia. – ¿También comerás con nosotros?

– Nunca puedo negarme a sentarme en la mesa de los Apple. – Respondió con normalidad, encogiéndose de hombros. – Además, tengo que seguir cuidando a la chica importante por un rato más.

– Hablando de eso, ¿porque la trajiste tú? ¿Acaso ahora te rebajaron a guía de turistas?

– Para nada. La Alcaldesa me lo pidió, con un bono extra de por medio.

– Eso no me sorprende.

– Está atorada en la alcaldía intentando convencer a Rarity de hacer unos cambios de último momento, y ella está algo renuente.

– Eso me sorprende menos.

Volteó a ver en ese momento a Twilight, quien intentaba tomar un asiento, pero cada vez que se acercaba a una silla, alguien más la tomaba primero.

– ¿Y qué opinas de ella? – Preguntó curiosa, cruzándose de brazos. – Me parece que se siente un pico fuera del lugar, ¿no?

– No lo sé. Me parece un poco estirada, como toda chica de sociedad de Canterlot. – Alzó en ese momento su meñique derecho en señal de broma. – Pero parece buena gente, y es divertido ver todas sus reacciones. Además, tiene contactos importantes que me podrían ser de ayuda.

– ¿Contactos? – Repitió Applejack, un poco confundida por el comentario. – ¿Qué tipos de contactos?

– Luego te cuento, no seas curiosa. Vayamos a comer.

Sin más, la Jefa de Guardia bajó los dos escalones del porche de un sólo salto y se dirigió a la mesa. A Applejack le había parecido muy extraño lo que había dicho, pero decidió no darle más importancia.

Luego de muchos intentos fallidos, Twilight al fin logró obtener una silla casi a la mitad de la mesa. Una vez sentada, se tomó unos segundos para respirar lentamente, relajarse, e intentar calmarse un poco. Había sido un día extenuante, debía al menos tomarse unos minutos para despejarse.

– Esto no está mal, Twilight. – Mencionó Spike, parándose en la silla a su lado, ya que sentado no alcanzaba a ver sobre la mesa. – Podremos comer comida deliciosa, acompañados de personas muy amables.

– Sí, cómo sea. Al menos comeremos algo.

Lo de personas muy amables no le constaba, ni tampoco le importaba mucho.

Algo comenzó a incomodarla de pronto. Justo en cuánto tomó su lugar, comenzó a sentir una extraña sensación, algo similar a una comezón en el costado derecho de su cabeza. Era una sensación como cuando… ¿Sientes que alguien te observa?

Lentamente, se viró hacia su derecha. Sentada justo en la silla a su lado, se encontraba una niña de tal vez diez años, máximo doce, de piel amarillo claro, y cabello rojo manzana sujeto con una cola de caballo, con un moño rosado. La estaba mirando fijamente de forma nada disimulada, con sus grandes y brillantes ojos color miel, y una amplia sonrisa de oreja a oreja. Twilight no tardó en sentirse profundamente incómoda, más de lo que ya estaba.

– Ah… ¿Hola…? – Susurró la hechicera, dudosa.

Las palabras de Twilight parecieron ser interpretadas como una invitación por la pequeña, pues de inmediato se levantó un poco de su silla, inclinando su cuerpo hacia ella.

– ¡Hola! ¡Soy Apple Bloom Apple! – Exclamó con notoria emoción. – ¿Es cierto que conoces a Lady Celestia? ¿Qué la conoces en persona?

– Seguro. – Le respondió la hechicera, sin entender del todo el porqué de la pregunta. – Es mi maestra, de hecho. Y ella me encomendó directamente esta misión… No negociable…

La emoción, o más bien exaltación de la pequeña, se hizo aún más grande, tanto que casi parecía que fuera a explotar. Rápidamente se paró sobre su silla, y alzó sus brazos al cielo.

– ¡Es verdad familia! – Gritó con fuerza, haciendo que todos los demás voltearan a verla. – ¡Ella es amiga cercana de Lady Celestia!

La emoción pareció contagiarse de inmediato al resto de las personas de la mesa. De la nada, todos comenzaron a ponerse de pie y a congregarse en torno a la joven hechicera. De un segundo al otro, Twilight se encontraba rodeada de decenas de Apples

– ¿Qué le gusta comer? – Preguntó apresurada una chica entre la multitud.

– ¿Come lo mismo que nosotros? – Añadió otro chico parado a su lado.

– ¿Su cabello es tan brillante y hermoso como dicen?

– ¿Es cierto que su voz suena como un trueno?

– ¿Le gusta montar a caballo?

– ¿Cuál es su platillo de manzana favorito?

Twilight miraba de un lado a otro, pérdida por toda la cantidad de preguntas que le soltaban una tras otra. Si en situaciones normales de por sí siempre la agobiaba la presencia de las personas, en esos momentos agobiar se quedaba muy corto.

– ¡Basta todos ustedes! – Se escuchó de pronto que exclamaba con fuerza la voz de Applejack, haciendo que todos la voltearán a ver. – ¿Porque hostigan a esta chica con preguntas sobre Lady Celestia?

– Gracias. – Murmuró Twilight, aliviada de que alguien saliera en su defensa.

– ¡Sobre todo cuando podrán hostigar con preguntas a Lady Celestia directamente en sólo cinco días!

– ¡Sí! – Gritaron todos con emoción ante sus palabras, aunque Twilight más bien pareció horrorizarse.

– ¡¿Qué?! Esperen, ¡no pueden hacer eso!

Nadie puso mucha atención a su queja, y uno a uno comenzaron a tomar asiento de nuevo. Ella, por su parte, comenzó a sudar de los nervios. Se había preocupado mucho por si el festival cumpliría o no las expectativas de Lady Celestia, pero no se había detenido a considerar como la gente de ese pueblo reaccionaria frente a ella. ¿Sabrían cómo comportarse ante la reina en persona? La mayoría ni siquiera parecía saber cómo comportarse ante ella. Y su majestad había decidido presidir el festival desde ahí mismo por lo que ella le dijo, haciéndola confiar en que era un pueblo bello y con gente decente, cuando ella jamás había puesto un pie ahí antes. ¿Qué pensaría Lady Celestia de ella si esa gente…?

– Aquí tienes. – Escuchó que alguien le decía a su lado, y colocaba un plato de comida frente a ella, mas no le puso mucha atención.

– – – –

El resto del día fue algo más calmado, por así decirlo. Luego de comer, se fueron de Sweet Apple Acres de regreso al pueblo. Pasaron a la escuela, en donde los alumnos ensayaban una canción de coro que iba a interpretar; y que al parecer, les faltaba aún mucho que ensayar. Luego dieron una vuelta por la plaza principal, viendo cómo habían planificado el acomodo de los puestos de comida y ventas, la ubicación de los ayudantes y expositores, entre varias otras cosas más.

A Twilight le hubiera gustado decir que el día se fue rápido, pero no fue así; de hecho, desde su perspectiva, se había ido abrumadoramente lento. Pero ya estaba atardeciendo, y ciertamente se encontraba exhausta. Estaba sentada con Spike en una banca de la plaza principal, descasando un poco. Su cabeza le dolía, al igual que sus pies. Había traído zapatos más cómodos para caminar, pero ni tiempo había tenido de cambiárselos.

– Bien, fue un largo día, pero al fin terminó. – Comentó Rainbow Dash con normalidad. Estaba de pie delante de ellas, estirándose un poco. Ella había recorrido lo mismo que ellos, pero se veía tan fresca como esa mañana.

– Dímelo a mí… Fueron demasiadas cosas para el primer día… Y aun así no siento que hayamos progresado en casi nada…

– No te preocupes, de seguro habrá mucho más que hacer mañana, y muy poco para progresar.

Twilight la miró de reojo con algo de molestia. ¿Lo decía en plan para molestarla o era enserio?

– En fin, es hora de retomar mi verdadero trabajo y ponerme al corriente con mis propios pendientes. Espero que Derpy no haya quemado nada mientras no la supervisaba. Nos vemos mañana, Princesita…

Rainbow comenzó a avanzar con la clara intención de alejarse caminando. Al inicio Twilight no le puso mucha importancia a ello, y hasta iba a dejar que se fuera sin más. Sin embargo, un rápido pensamiento le cruzó por la cabeza en ese instante, y la obligó a reaccionar. El pensamiento había surgido en su cabeza desde que ella mencionó lo referente a su “verdadero trabajo”. Había perdido casi todo el día revisando lo del festival, pero ese no había sido el verdadero motivo por el que había ido a ese sitio. Ahora era el momento de tomarse el tiempo para ello.



– ¡Oye!, ¡espera un momento! – Exclamó con fuerza, parándose la banca. Rainbow se detuvo, y la volteó a ver sobre su hombro. – Antes de que te vayas, ya que estoy por aquí, y terminé mi trabajo de hoy, hay un sitio de este pueblo del que he oído y me gustaría visitar. ¿Sabes cómo puedo llegar al Bosque Everfree?

La reacción inmediata de la Jefa de Guardia, fue de profundo y abrumador asombro. No, era más que eso: era casi como si la acabaran de espantar.

– ¡¿Al Bosque Everfree?! – Exclamó con fuerza, girándose por completo hacia ella. – ¿Escuché bien? ¿Dijiste Bosque Everfree? ¿Estás bromeando?, ¿por qué querrías ir ahí? ¿Qué no sabes que es un lugar sumamente peligroso?

– ¿Pe… Peligroso? – Balbuceó Spike, al parecer asustado por la forma en la que había reaccionado, y por sus palabras.

– ¡Sí! No hay nada digno de ser visitado en el Bosque Everfree. Los árboles son tan grandes y frondosos que no entra ni un sólo rayo de sol, incluso en pleno medio día. Por dentro es casi como un laberinto; mientras más entras, más difícil es salir. Y por si eso fuera poco, ¡es habitado por las más terribles, hambrientas, mortíferas y asquerosas criaturas que podrías haberte imaginado!

– ¡Ah! – Exclamó Spike con miedo, ocultándose detrás de Twilight por mero reflejo.

– Es tan temible que todos aquí lo apodamos, ¡el Bosque Everfear! Ya saben, por Fear, miedo…

– Sí, entendí. – Comentó Twilight, que no se veía para nada asustada como su familiar; de hecho, parecía bastante tranquila, incluso algo curiosa por lo que escuchaba. – ¿Entonces me estás diciendo que nadie entra jamás a ese bosque?

– ¿Que no oíste lo que dije? Por supuesto que nadie entra jamás ahí.

La hechicera llevó una mano a su barbilla, y desvió su mirada hacia otro lado, pensativa.

– Claro, tiene sentido…

– ¿Qué dices?

– No, nada. Gracias por la advertencia, pero nos arriesgaremos de todas formas. Vamos, Spike.

Ahora fue ella quien se dio media vuelta, dispuesta a alejarse caminando, aunque su acompañante Dragón no parecía del todo convencido.

– ¡¿Lo haremos?! – Exclamó Spike, nervioso.

– ¡¿Estás bromeando?! – Agregó Rainbow, incrédula. – ¡¿Por qué harías una cosa como esa?! ¡No digas tonterías, o te arrestaré!

– No me puedes arrestar por eso.

– ¡¿Ah no?! Bueno, no… – Rainbow se adelantó apresurada en ese momento hasta poder colocarse justo frente a Twilight para cerrarle el paso. – Bien, bien, escucha. Si tanto insistes en hacer esto, sólo hay una persona que quizás te pueda ayudar un poco. Se llama Fluttershy Nait. Vive en una cabaña a las afueras, justo afuera de la entrada del Bosque para ser precisa.

– ¿Fluttershy Nait? – Repitió la joven de cabellos azules como un murmullo. – ¿Dices que vive justo afuera del Bosque Everfree? Pero si el bosque es tan peligroso, ¿por qué ella vive tan cerca de él?

– ¿Porque no se lo preguntas tú misma? Es la única de por aquí que ha entrado y salido de ese bosque convida.

– ¿Que no nadie jamás entraba?

– Nadie excepto ella; es la única lo suficientemente loca y terca para hacerlo. Creo que se llevarían bien. – Se giró en ese momento hacia su derecha, señalando a una calle en específica que seguía y se perdía hasta lo lejos. – Sólo sigue por este empedrado hacia el este, todo derecho. Darás con su cabaña más pronto que tarde, no hay pierde.

Twilight miró fijamente en la dirección en la que señalaba. Más allá de los edificios visibles del pueblo, se lograba alcanzar a ver las copas de varios árboles grandes, de hojas oscuras. El sol se ocultaba del lado contrario, por lo que en esa dirección poco a poco comenzaba a ceñirse la oscuridad. Ese debía ser el Bosque Everfree. Aunque la persona de la que le hablaba no la ayudara, igual al parecer tendría que ir en esa dirección, aunque fuera a hacer una investigación preliminar.

– Muchas gracias. – Murmuró de pronto con un tono neutro, y sin más comenzó a caminar hacia ese camino. – Vamos, Spike.

El Dragón dudó por unos segundos si seguirla, o mejor quedarse tranquilamente en su lugar. Sin embargo, al final su deber pudo más que su miedo, por lo que rápidamente comenzó a avanzar para alcanzarla. Ambos se alejaron por el camino que les habían señalado, dejando a la Jefa de Guardia detrás.

– ¿Enserio iremos? – Le susurró Spike con nervios, una vez que ya estuvieron algo alejados de Rainbow Dash. – ¿Pero no oíste la parte de que es un sitio muy peligroso?

– Tal vez para la gente de este pueblo lo sea. Pero olvidas que soy la Alumna Protegida de Lady Celestia, y tú mi dragón familiar. De seguro nos arregláremos contra cualquier cosa que esté ahí dentro.

– Yo no estoy tan seguro de eso…

– Además, es justamente por lo que nos dijo que estoy más convencida de que debemos de ir.

 – ¿Cómo? – Masculló Spike, confundido.

– Piénsalo. Estamos buscando una ciudad antigua, de la que nadie sabe nada, de la que no existe registro alguno, y que posiblemente jamás alguien se la haya cruzado en mil años. ¿Qué mejor sitio para buscar que un bosque en el que absolutamente ninguna persona entra? Quizás de alguna forma todos esos rumores son sólo para ahuyentar a los curiosos.

– ¿Ahuyentarlos? ¿Pero quién querría… ahuyentarlos?

Era una buena pregunta. Por supuesto, era sólo un rumor. Pero de ser cierto, la primera persona en la que podía pensar en que pudiera tener interés en hacer algo como eso, era la misma persona mencionada en el libro: Luna Ultimecia, o más bien Nightmare Moon; claro, si dicha persona era siquiera real. Pero si lo que decía el libro era cierto, debía de haber sido sellada hace mucho tiempo, y sólo apenas recientemente habría podido liberarse. ¿Entonces quién?

– ¿La Reina Celestia quizás? – Susurró de pronto, exteriorizando su segunda opción. – No, no es posible que su majestad inventara cuentos como esos para asustar a la gente. Al menos de que en verdad deseara ocultar la existencia de Luna Ultimecia y lo ocurrido hace mil años, y en ese sitio hubiera en verdad una pista que lo confirmara.

– Pero, ¿y si es verdad y la Reina Celestia es la que quiere que nadie entre ahí? ¿No estaríamos yendo contra sus deseos?

Sí, si lo estarían haciendo. Pero igual no estaba del todo convencida de que en verdad la Reina Celestia estuviera detrás de ello. Y si en verdad lo estaba, no haría más que meter aún más misterio en todo ese asunto. ¿Por qué querría con tanto empeño mantener oculto lo ocurrido hace mil años? ¿Y qué habría en esa ciudad y en ese castillo que tendría que mantener alejadas a las personas de él? Fuera lo que fuera de algo estaba segura: algo se ocultaba en el Bosque Everfree, y debía averiguar qué era.

– Aunque me preocupa un poco la parte que mencionó de que era un sitio confuso y muy fácil de perderse. – Comentó Twilight de pronto, más como un pensamiento en voz alta. – Quizás no sea mala idea contar con un guía. Esperemos que la persona de la que nos habló nos pueda ayudar con esto.

– – – –

Siguieron por un rato por la calle que Rainbow Dash les había señalado. Luego de unos minutos de caminata, los edificios parecían acabarse, pero el camino aún seguía un poco más. El empedrado se había convertido en una senda de pura tierra, y mientras avanzaban, los enormes y oscuros árboles se hacían más y más claros. Comenzaron a escuchar el sonido de agua corriendo luego de un tiempo, y Twilight no tardó en reconocer que se trataba de un pequeño río.

– Mira, Twilight. – Escuchó que su Dragón le indicaba, señalando hacia uno de los árboles por los que pasaban.

Twilight alzó su mirada y se dio cuenta de lo que Spike señalaba. Eran dos pajareras, hechas de madera, que colgaban de las ramas de los árboles. Una tenía el techo azul y la otra rojo. Se veía gran cuidado en su tallado y su forma. Unos cuantos pajarillos se acercaban y se alejaban de ellas, parándose y comiendo un poco del alimento ahí colocado, para luego seguir su camino. Twilight notó entonces que no era el único árbol; prácticamente uno de cada dos en ese camino, tenían al menos una pajarera en sus ramas.

– ¿Quién habrá puesto todas estas pajareras?

Siguieron avanzando. El pequeño río que habían escuchado, no tardó mucho en colocarse justo paralelo al camino que seguían. No muy adelante, parecía haber un pequeño puente de madera que lo cruzaba. Cuando ya estaban a unos cuantos metros de dicho puente, los árboles a un lado del camino le permitieran ver lo que había al otro lado de él…

La Hechicera se detuvo unos momentos, y miró fijamente la edificación que se ceñía a lo lejos. Se talló un poco los ojos, esperando que la imagen cambiara un poco, pero no fue así; seguía igual. Pensó que viéndolo de cerca, podría encontrarle mejor forma, y en efecto así fue, pero no como lo esperaba. Definitivamente era una cabaña; tenía su puerta principal y sus ventanas, pero… Sus techos parecían cubiertos por completo de hojas, casi como si la propia casa fuera un árbol y ese fuera su follaje. Era extraño, pero no tanto como la pastelería que literalmente parecía un pastel.

Fuera de las hojas, el resto del exterior de la casa se veía bien cuidado, y parecía ser una cabaña muy espaciosa. Había más pajareras por el exterior de la casa, y un par de balcones. El paisaje de hecho era especialmente hermoso, si ignorabas el lúgubre y oscuro bosque que se ceñía a varios metros más adelante en el camino. El río desembocaba en un pequeño estanque; de hecho la cabaña estaba construida sobre una pequeña colina a la orilla de dicho estanque. Había gran cantidad de pájaros de colores volando, y algunos peces saltaban ocasionalmente del agua. Incluso le tocó ver un par de ardillas corriendo por el camino y subiendo a un árbol cercano, una detrás de la otra.

– ¿Será aquí? – Cuestionó Twilight, algo dudosa. – Me pregunto si la tal Fluttershy Nait será una vieja ermitaña o algo así.

– Sólo hay una forma de saberlo. – Señaló Spike con audacia.

Antes de cruzar el puente y acercarse a la puerta de la cabaña, Twilight echó un vistazo a la dirección en la que el camino se perdía entre los árboles del bosque. Entendía porque la gente le tenía miedo. El sol aún no se metía por completo, pero por alguna razón en ese sitio pareciera que ya era completamente de noche. Se veía oscuro, muy oscuro. Sus árboles eran muy altos; nunca había visto tantos árboles tan altos juntos uno a lado del otro. Sus hojas eran opacas al igual que sus troncos. Una ligera neblina se movía lentamente entre los árboles, como un animal rastrero.

El Bosque Everfree, o el Bosque Everfear como lo había llamado Rainbow Dash. Fuera quien fuera la tal Fluttershy Nait, al menos era cierto que vivía muy cerca de la entrada del bosque; ¿sería cierta también la parte en la que era la única que entraba y salía libremente de él? Tendría que averiguarlo.

Cruzaron el puente y se dirigieron a la puerta de la cabaña. Antes de que Twilight llamara a la puerta, un suave sonido proveniente del interior llamó su atención y la detuvo. Era un canto, un canto realmente hermoso. No era una canción con letra, sólo entonaciones hechas con la voz, como un tarareo pero mucho más claro y fuerte.

– Qué hermosa voz… – Comentó la joven de piel morada, prácticamente sin pensarlo

Spike no pudo hacer otra cosa que secundar su comentario, pues en efecto, era una voz muy hermosa.

– Sí, es casi como el canto de un…

– ¡¡Aaaah!! – Escucharon de pronto que la voz se callaba, y lo que siguió fue un fuerte y estridente grito, seguido de un fuerte y pesado golpe.

El cambio tan repentino fue tan fuerte, que ambos dieron inconscientemente un paso hacia atrás, asustados. Luego del golpe, todo volvió a sumirse en absoluto silencio.

– ¡¿Qué fue eso?! – Cuestionó Spike.

– ¿Yo que sé?

– ¡Entremos!

Sin pensarlo mucho, Spike se dirigió a la puerta para intentar abrirla.

– Espera, Spike. Puede ser peligroso.

Al Dragón no le importó la advertencia de su ama, y de inmediato tomó el picaporte y lo giró. La puerta aparentemente no tenía llave, pues se abrió de par en par ante ellos.

Apenas se asomaron un poco al interior de la cabaña, cuando el origen del horrible grito y golpe que habían escuchado se hizo evidente. Un gran mueble de madera, aparentemente un librero, se encontraba tirado en el suelo a unos cuantos metros de la puerta. Había varios papeles y diferentes objetos regados por el suelo, pero lo más significativo era una cabellera rosada que sobresalía de debajo del mueble.

– ¡¿Qué pasó?!, ¿estás bien? – Exclamó Twilight con apuro, y rápidamente se dirigió hacia el mueble caído.

– Ah… Eso creo… – Susurró una leve y apenas audible voz.

– ¡Déjanos ayudarte! – Comentó Spike con fuerza.

De inmediato el pequeño dragón morado tomó el librero con ambas manos e intentó alzarlo con todas sus fuerzas. Sin embargo, era obvio que estaba demasiado pesado para su pequeño cuerpo. Siguió intentándolo e intentándolo, pero no era capaz de moverlo ni un centímetro. Estuvo así por unos segundos, hasta que de pronto sintió como el librero empezaba a alzarse. Al inicio pensó que lo estaba logrando, hasta que el librero siguió su camino, separándose de sus manos. Al voltear a ver el mueble, éste estaba cubierto con un resplandor rosado, y poco a poco se colocaba de nuevo en su sitio.

Era obvio lo que había pasado, pero sólo hasta que se giró sobre su hombro y vio a Twilight con su mano alzada en dirección al librero, y cubierta con el mismo resplandor, que fue confirmado.

– Ah, claro, podemos usar la magia. – Comentó Spike, un tanto frustrado y avergonzado.

Una vez que el mueble se le quitó de encima, la persona que estaba debajo comenzó a moverse con la intención de ponerse de pie.

– Hey, ¿segura que estás bien? – Preguntó la hechicera, colocándose de cuclillas a su lado. – ¿Qué pasó?

– Sí, lo siento. Creo que…

Alzó en ese momento como pudo su mirada hacia ella y fue capaz de echarle un vistazo a su rostro. Twilight se sintió sorprendida y a la vez un poco intimidada cuando al fin pudo verla de frente. Superada quizás sólo por Lady Celestia en persona, o por Cadance, esa chica era una de las chicas más bonitas y hermosas que había visto en su vida. Tenía el cabello rosado, hermoso y brillante, lacio con un largo fleco cayendo hacia el frente. Tenía la piel en un tono amarillo claro, y se veía muy bien cuidada. Tenía ojos grandes y verdes, muy llamativos. Tenía un rostro muy delicado y fino, casi como el de una pequeña muñeca. Usaba lo que parecía ser un suéter sin mangas, un poco afelpado y de color amarillo, además de una falda larga color verde olivo.

Definitivamente no era nada cercano a una vieja ermitaña.

La chica parecía un poco confundida y desorientada. Se le quedó viendo fijamente a la hechicera por unos segundos sin reaccionar, pero cuando lo hizo, sus ojos se abrieron de par en par con un gran asombro en ellos. Se hizo un poco hacia atrás en el suelo, antes de ponerse abruptamente de pie y comenzar a arreglarse sus ropas y su cabello torpemente con sus manos.

– ¿Te pasa algo? – Le cuestionó, algo confundida por su reacción. – ¿No te golpeaste ni te rompiste nada?

– ¿Qué? No… No… – Murmuró despacio, mientras jugaban nerviosamente con uno de sus mechones de cabello. Bajó su mirada al suelo, apenada, moviendo sus pies inquietos contra los tablones del suelo. – Lo siento. Yo… Estaba intentando… Alcanzar… Uno vendajes…

– Disculpa, ¿qué? – Interrumpió Twilight abruptamente, pues no había podido escuchar con claridad absolutamente nada de lo que había dicho, pues lo había susurrado demasiado despacio.

La chica de cabellos rosados tragó un poco de saliva y, sin alzar su mirada, volvió a intentarlo.

– Dije que… Intentaba alcanzar… Unos vendajes…

– Perdón pero, ¿puedes hablar más alto? – Volvió a interrumpirle pues el resultado había sido el mismo.

Twilight dio un par de pasos hacia ella con la intención de acercarse y poder escuchar mejor, pero para su sorpresa ella reaccionó a su acercamiento alejándose la misma cantidad de pasos que había dado. La joven apretó un poco sus ojos y sus puños. Tomó una fuerte bocanada de aire inflando su pecho, y entonces se inclinó hacia el frente con la clara intención de gritar con todas sus fuerzas.

– ¡Intentaba alcanzar unos vendajes que estaban sobre el librero para curar a mi amigo oso! – Salió de pronto de su boca… Pero no con la fuerza que Twilight esperaba; de hecho, apenas y era un poco más audible que las primeras dos veces. Aun así, pareció alarmarse enormemente, y rápidamente su rostro se puso totalmente rojo. – Lo… Lo siento, no quería gritarte…

– Ah… Descuida… – Comentó Twilight, algo dudosa. – Pero oye… ¿Qué dijiste de un oso?

Viró en ese momento su mirada hacia un lado, echando un vistazo rápido al resto de la casa. Sin embargo, de inmediato lo que más llamó su atención fue la gran cabeza de un oso, con pelaje café, que se asomaba por encima de un sillón en la sala. Al principio creyó que era falso, o algún tipo de decoración… Hasta que la cabeza se alzó aún más para poder ver sobre el borde del sillón, parpadeó e incluso abrió y cerró la boca; era un oso muy, muy real.

– ¡Es un oso! – Exclamó Twilight atónita, retrocediendo rápidamente hasta pegar su espalda contra la pared.

El oso se sobresaltó ante el abrupto grito de la joven, y rápidamente volvió a esconder su cabeza detrás del sillón.

– ¡No!, no te asustes, por favor. – Exclamó la joven de cabellos rosas, ahora con tono mucho más claro, parándose justo entre Twilight y el sillón tras el que se ocultaba el gran animal. – Es inofensivo, descuida. Sólo se alimenta de plantas y frutas, nunca atacaría a ninguna persona.

– ¡Pero es un oso! ¡¿Qué hace un oso aquí?!

– Le estaba curando su garra.

– ¿Su… garra?

En ese momento se giró hacia donde estaba el oso y se aproximó con pasos apresurados hacia él. Twilight pudo notar como se ponía de cuclillas a su lado y extendía su mano, al parecer para acariciarlo.

– Lo siento, amiguito. – Comenzó a decirle con un tono dulce. – Debiste asustarte mucho cuando cayó el librero, ¿verdad? Ya, ya, todo está bien. Déjame vendar tu garra, ¿de acuerdo?

El oso sacó en ese momento su cabeza de detrás del sillón, y le extendió hacia ella para darle una pequeña lamida en su mejilla, a la que ella simplemente reaccionó con una pequeña risilla.

– Wow, ese oso parece un cachorrito a su lado. – Comentó Spike, impresionado.

Twilight también parecía sorprendida. Había escuchado de personas que eran buenas con los animales, pero eso era algo distinto a lo que había visto o escuchado.

La joven se separó del oso y se aproximó a los vendajes que habían caído al suelo tras la caída del libero, y luego se dirigió de nuevo hacia el animal. Una vez que estuvo segura de que todo estaba bien, Twilight se atrevió a separarse de la pared y acercársele con precaución.

– ¿Tú eres Fluttershy Nait?

– Ah, sí… Creo que sí… – Le respondió al tiempo que comenzaba a rodear la pata derecha del oso con los vendajes. – Soy la única que conozco por aquí, al menos… Denme un minuto, casi termino. Pueden tomar asiento si gustan.

No es que tuvieran muchas otras opciones, al parecer. Hicieron lo que les indicó, y ambos se sentaron en otro sillón, esperando a que terminara lo que hacía.

FIN DEL CAPITULO 09

NOTAS DEL AUTOR:

Bueno, por los próximos dos o tres capítulos, seguiremos todavía un rato más en esta mecánica de Twilight conociendo al resto de las protagonistas, y organizando el Festival. Espero esto no les resulté un poco aburrido, pero tengan paciencia, todo se irá mucho más rápido cuando menos lo esperen. ¡Nos vemos!

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Harmonía I: Solsticio de Verano. Twilight Sparkle es una Aprendiz de Hechicería, Protegida de Lady Celestia, la Diosa Guardiana y Regente de Equestria. Desde pequeña, siempre ha sabido cómo hacer todo por su cuenta, dependiendo sólo de su inteligencia y su magia, lo que ha hecho nunca necesitar de amigos. ¿Pero qué pasará cuando se encuentre con una Fuerza Oscura de hace mil años, a la que no puede hacer frente ella sola?, ¿podrá confiar en estas cinco extrañas chicas que acaba de conocer para salvar a su mentora, y quizás a toda Equestria? ¿Y qué pasará cuando descubra el secreto que Lady Celestia ha escondido durante estos mil años…?

+ «My Little Pony: Friendship is Magic» © Lauren Faust, Hasbro Inc., Hasbro Studios.

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