Fanfic Teen Titans: The Sinners – Capítulo 09. Dos Terras

5 de enero del 2017

Teen Titans: The Sinners - Capítulo 09. Dos Terras


TEEN TITANS

THE
SINNERS

Por
Wingzemon X

CAPITULO 09
“Dos Terras”

Una vez que Raven regresó al puerto sola, Robin bajó a la sala para revisar si alguna de las cámaras externas de la Torre había alcanzado a capturar lo sucedido en el Plataforma; no tuvo mucho éxito. La neblina no había ayudado mucho, y lo único que podía percibir en la enorme pantalla era la silueta de la construcción, y como de la nada comenzaba a brillar por el fuego, pero nada más. Con la información que esas imágenes le proporcionaban, no tenía nada para suponer que se tratara de algún tipo de ataque externo, desde el agua o el mar. Lo más probable era que el incendio empezará desde adentro, y había señales que le hacían pensar que habían ocurrido algunas explosiones, así que los culpables muy probablemente serían explosivos. Tendría que esperar a que Cyborg y los otros volvieran y le dieran su opinión de primera mano, pero estaba casi convencido de su teoría. Ahora las preguntas siguientes serían: ¿Por qué había en una construcción abandonada como esa tal cantidad de explosivos? ¿Se incendiaron por accidente o fue premeditado? Y si la fuera la segunda, ¿por qué motivo alguien quisiera hacer explotar ese lugar?

A todo eso habría que sumarle dos extraños datos más. El primero era la persona que Raven había visto y seguido, a quien identificó como Terra. ¿Quién era? ¿Era Terra realmente? ¿Qué hacía en ese lugar? ¿Tenía algo que ver con el incendio?; era difícil suponer que no fuera así. En las grabaciones tampoco podía ver a tal persona; al parecer Raven y ella se encontraron en la parte posterior de la plataforma, donde las cámaras no enfocaban. El segundo dato era la persona que Raven se había encontrado en el puerto, y se había identificado ante ella como “su hermano”, o medio hermano sería más exacto. Por sí sólo el asunto era bastante sospechoso, con más razón si se le agregaba el momento y lugar en el que sucedió. ¿Quién era él? ¿Era realmente quién afirmaba ser? ¿Qué tipo de intenciones tiene? ¿Tendría algo que ver con el suceso de la Plataforma?

Al igual que Raven, Robin no creía en las coincidencias, y había trabajado lo suficiente con su antiguo mentor como para no darse cuenta cuando algo no estaba bien. Lo que más le preocupaba de ese asunto era Raven en sí. Esa situación parecía haberla afectado mucho, y no era para menos. Robin sabía muy bien que su compañera era una persona inteligente, sensata y lógica, pero en aquellos temas que involucraban sentimientos, era prácticamente inocente e inexperta. No era su culpa; después de todo la entrenaron desde pequeña para reprimir sus emociones, era obvio que no supiera cómo lidiar bien con éstas. Eso a su vez la hacía muy vulnerable. Raven tenía mente y cuerpo de acero, pero un corazón muy delicado, y una decepción de esa índole podría destruirla. Pero, si realmente esa era su opinión, ¿por qué la convenció de ir a hablar con ese extraño? Quién sabe. Tal vez él tampoco sabía muy bien cómo lidiar con temas que involucraran los sentimientos; su antiguo mentor no había sido un buen maestro en ese sentido.

Un pensamiento curioso cruzó por su cabeza en ese momento. Era extraño, no se había dado cuenta hasta entonces de lo mucho que conocía, o creía conocer a su compañera de equipo. ¿Cuándo aprendió todo eso de Raven? Posiblemente con todo el asunto de Trigon llegó a conocer más a fondo la manera ser y de pensar de su amiga. Desde entonces ellos también parecían haberse hecho más cercanos, al menos más que antes, cuando Raven no acostumbraba acercarse a nadie del grupo. No, de hecho incluso desde entonces le parecía recordar que Raven era más cerca a él que al resto. ¿Por qué sería? ¿Y por qué pensaba en algo como eso en un momento como así?

Sus pensamientos fueron interrumpidos al escuchar la puerta del cuarto abrirse. Su primer pensamiento fue que se trataba de Raven, pero era demasiado pronto para que fuera ella. En su lugar, al girarse hacia la entrada, se encontró con Cyborg, Chico Bestia y Starfire que volvían de su exploración por la plataforma.

– Ya volvimos. – Anunció el joven mitad robot. Él y Chico Bestia caminaban hacia donde se encontraba el chico de antifaz, mientras Starfire se les había adelantado, volando por la habitación hasta pararse a su lado.

– ¿Dónde está Raven? – Preguntó con curiosidad la pelirroja, mirando a su alrededor.

– Fue a atender un asunto personal.

– ¿Asunto personal?

Starfire parpadeó confundida por la explicación. ¿Raven tenía un asunto personal? Eso era raro en ella. La extraterrestre pareció querer saber más al respecto, pero eso no le correspondía a Robin. Prefirió concentrarse en el otro tema de interés general antes de que le hicieran más preguntas.

– ¿Encontraron algo? – Les preguntó a sus compañeros, al tiempo que se para de su silla.

– Ninguna señal de presencia humana. – Explicó Cyborg de inmediato. – Pero encontramos algo que de seguro te interesará.

Robin alzó una ceja y se vio curioso ante ese comentario, casi igual a como Starfire se veía aún sobre el “asunto personal” de Raven. Sin necesidad de que le preguntaran, Cyborg continuó con su explicación.

– Entre todos los escombros encontramos restos de una súper computadora, y cámaras de seguridad en la parte de afuera. – Ese dato sorprendió mucho al líder del grupo. Su instinto le dijo de inmediato que esas cámaras de de seguro apuntaban hacia la Torre. – Pero no sólo eso. Encontramos algunos de estos por ahí.

Cyborg le extendió en ese momento un objeto redondo, negro por el humo y ceniza. Robin lo tomó con cuidado, y le retiró con los dedos la ceniza negra para intentar ver qué era. No necesitó mucho para identificarlo; era un escudo color bronce, con una “S” de una forma muy distintiva. Los ojos de Robin se achicaron, y su rostro se endureció poco a poco. Sabía muy bien a quién le pertenecía ese objeto.

– Slade. – Murmuró en voz baja al reconocer el distintivo escudo de su antiguo enemigo.

– No lo hemos vuelto a ver desde la batalla con Trigon. – Señaló Cyborg compartiendo el mismo semblante serio de Robin.

– Yo lo volví a ver cuando regresamos a la ciudad luego de vencer a la Hermandad del Mal. – Comentó Chico Bestia a su vez. – Bueno, más bien era uno de sus robots copias. Pero ahora que lo mencionan, ha estado muy escondido estos meses.

– Yo pensé que tal vez se había decidido por ya no hacer más maldades. – Comentó Starfire, inclinando su cabeza hacia un lado.

– No. Slade siempre será Slade, vivo o muerto. – Comentó Robin en voz baja, notándose una profunda reserva en sus palabras.

Slade era uno de los peores villanos que los Jóvenes Titanes habían enfrentado. Astuto, manipulador, calculador, siempre con una carta bajo la manga. Sus verdaderos motivos e inspiraciones siempre habían sido un secreto para ellos, pero no necesitaban saberlos para saber que era un sociópata demasiado peligroso, sin en el pudor de incluso aliarse con un monstruo como Trigon con tal de obtener lo que quisiera. Como acababan de decir, no lo habían vuelto a ver activo desde el combate con Trigon, en donde muy a fuerzas tuvo que unirse a ellos para derrotar al padre de Raven. Luego de eso, simplemente se esfumó sin dejar rastro, al menos hasta ese momento en el que al parecer volvía a hacer acto de presencia de alguna forma. La pregunta clave ahora era, ¿qué tenía que ver Slade con ese incendio? Algunos ya tenían sus propias teorías.

– Bueno, ¿entonces Slade se mudó a la antigua casa de Demente Mod y luego le prendió fuego? – Preguntó Chico Bestia confuso, rascándose su cabeza.

Bien, al menos una parte de su comentario tenía sentido, pero no la de prenderle fuego; eso no iba con el estilo de Slade. Había algo más detrás de eso.

– Raven dijo que vio a alguien más en el fuego. – Comentó Starfire, recordando la última transmisión de su compañera. Robin asintió con su cabeza como respuesta.

– Raven dijo que le pareció ver a… – En ese momento, volteó a ver su compañero de piel verde, sabiendo que él sería el primero en reaccionar por lo que estaba a punto de deci. – Terra…

– ¡¿Qué?! – Exclamó Chico Bestia pasmado, abriendo sus ojos de par en par, y a él le siguieron sus otros dos compañeros, aunque estos no expresaron con palabras su primera reacción.

¿Terra? ¿Su ex compañera de equipo Terra? ¿La que los había traicionado para unirse a Slade como su aprendiz?  ¿La que se había convertido en estatua de piedra luego de salvar la ciudad? ¿Esa Terra? ¿Cómo era posible?

Tal como Robin había predicho, el más sorprendido por la noticia fue Chico Bestia, aunque él pensaba en cosas distintas a las de sus amigos. Para ellos, Terra se había convertido en piedra hace mucho y jamás volvió. Para él, Terra ahora estudiaba como una chica normal en una escuela de la ciudad, bajó otro nombre, bajó otra personalidad, no recordando nada de su vida pasada o al menos fingiendo que no lo recordaba.

– ¿Está segura de eso? – Comentó Cyborg aún algo sorprendido por el comentario.

– Al parecer casi. – Fue la respuesta no muy segura de Robin.

– ¡Pero eso es imposible!, ¡No pudo haber sido ella! – Interrumpió Chico Bestia abruptamente, agitando sus brazos. – ¿Acaso están insinuando que ella le prendió fuego a la plataforma?

– No me parece difícil creer si esa era la nueva guarida de Slade. – Indicó Starfire, alzando su dedo índice derecho de manera explicativa. – Luego de lo que pasó entre ellos, Terra tiene muchos motivos para querer vengarse de él.

– Y viceversa. – Agregó Cyborg.

Bien, poniendo las cosas de esa forma se podría especular una teoría con algo de sentido. La súper computadora, cámaras y explosivos, indicaban que muy seguramente la Plataforma Petrolera era la nueva guarida de Slade. ¿Desde cuándo? Quién sabe, tal vez desde hace mucho. Podría haberse instalado ahí cuando ellos estaban fuera de la ciudad combatiendo a la Hermandad del Mal, y estarlos monitoreando desde entonces y ni siquiera lo notaron; la idea era ligeramente aterradora. Luego tenían a Terra. Si era verdad que estaba de regreso, no era secreto para nadie que entre Slade y ella las cosas no eran del todo amistosas. Slade literalmente murió por su culpa, y no era el tipo de persona que dejaría una deuda como esa sin cobrar. A su vez, Terra no le dejaría las cosas fácil, y de seguro tampoco estaría feliz luego de cómo Slade la había usado y manipulado.

La teoría inicial indicaba que Terra encontró el nuevo escondite de Slade, y el incendio había sucedido como resultado de una pelea entre ambos. Muy seguramente Slade había detonado los explosivos, pero como Raven había verificado, eso no había acabado con su oponente. Era creíble, pero seguía siendo sólo una teoría.

– Jump City no está preparada para resistir una guerra privada entre Terra y Slade. – Señaló Robin con fuerza, chocando su puño derecho contra su palma izquierda. – Debemos de comprobar si esta teoría es cierta. Lo primero será interrogar a la joven que Chico Bestia vio hace tiempo e identificó como Terra.

– ¡¿Qué?! – Exclamó sorprendido el chico verde, sobresaltándose. – ¡¿Por qué?!

– Puede que hayas tenido razón en aquel entonces y en verdad se trate de ella. Tenemos que confirmarlo, es la única pista que tenemos en estos momentos.

– Esperen, esperen, ¡no!

Rápidamente se pusp frente a ellos, prácticamente colocándose entre sus amigos y la puerta.

– No pueden ir a interrogarla de esa forma, ella no quiere saber nada de nosotros, ¡y estoy seguro que no fue ella!

– ¿Entonces ya no piensas que esa chica sea Terra? – Preguntó la Tamaraniana, acercándosele flotando.

– No, sigo creyéndolo, y por eso mismo sé que no fue ella.

– ¿Entonces dices que hay dos Terras? – Preguntó ahora Cyborg, alzando dos dedos.

Chico Bestia estaba por contestar algo, pero luego calló al darse cuenta de que no sabía qué responder a eso.

– Ah… Bueno… – Balbuceó, colocando una mano atrás de su cabeza. – No sería lo más raro que haya pasado en esta ciudad.

Robin, Starfire y Cyborg voltearon a verse entre sí, y luego pasaron a sacarle la vuelta a su compañero; Robin por la derecha, Cyborg por la izquierda y Starfire por arriba, los tres dirigiéndose a la salida. Chico Bestia reaccionó rápidamente, corriendo hacia la puerta y obstruyéndola con su cuerpo.

– ¡Está bien! Yo iré a hablar con ella mañana, lo prometo. Pero déjenme ir yo solo… Por favor…

Chico Bestia parecía casi suplicar. Cada uno de los Titanes tenía un tema que lo hacía reaccionar de maneras impredecibles. Para Raven era Trigon, y para Chico Bestia era Terra. Era evidente que algo que la involucrara causaría una reacción inmediata en él, para bien o para mal. Cyborg y Starfire simplemente guardarn silencio, volteando a ver a Robin, esperando su respuesta.

– Está bien. – Contestó el Titán, cruzándose de brazos. – Por lo pronto, tenemos que intentar rastrear a Slade y descubrir si realmente estaba en ese sitio.

Los Titanes asintieron con su cabeza. Por ese día lo único que harían sería patrullar para ver si había alguna señal de Terra o Slade en las calles. Ya estaba anocheciendo, por lo que no había mucho por hacer además de eso. Si no encontraban nada, mañana continuarían la búsqueda con mayor profundidad.

La mañana siguiente fue todo lo contrario a lo que fue el día anterior. Las nubes y la neblina se habían ido, el sol brillaba con intensidad, y de la lluvia sólo quedaba algo de humedad, y charcos de agua estancada en algunas calles. Raven apenas y pudo conciliar el sueño. Su cerebro, su corazón, todo su cuerpo era un mar embravecido de  dudas, preguntas, y contradicciones. El tema de Jared fue el que más la desconcertó mientras estuvo en su cama. Por más que le daba vuelta, no salía de los mismos cuestionamientos: “¿Lo que me dijo será cierto? ¿Será realmente hijo de Trigon? Si es hijo de Trigon, ¿es entonces mi hermano? ¿Puedo llamarlo mi hermano bajo esas circunstancias? ¿Cuáles serán sus intenciones? ¿Querrá realmente sólo conocerme? ¿Qué tan parecido será a mí? ¿Qué tan diferente será a mí? ¿Habrá sabido Trigon de su existencia? ¿Qué hubiera sido de mí si él hubiera sido la joya y yo no? ¿Puedo darme la oportunidad de tener un hermano?”

Posiblemente fue todo eso lo que la obligó a aceptar de alguna forma la invitación del extraño chico, y esa mañana volver al mismo sitio en donde se habían conocido.

Cómo Jared le había prometido, ahí se encontraba él, de pie en el puerto, esperándola. Había ya algo más de personas, y un par de barcos aparcados, y el sol brillaba, pero fuera de eso era la misma imagen que la noche anterior, incluso Jared traía puesta la misma ropa. Claro, que de cierta forma ella también, aunque no era literalmente la “misma ropa”, ya que esa se había mojado por toda la lluvia, pero sí portaba el mismo estilo. Los que siempre eran los mismos eran sus talismanes: el del pecho, los de las manos y los de la cintura.

Raven descendió lentamente desde lo alto, parándose justo frente al chico, el cual le sonreía ampliamente, aparentemente contento de verla. Ella se descubrió su cabeza, haciendo su capucha hacia atrás, revelando su inexpresivo y frío rostro, prueba de que no compartía su mismo entusiasmo.

– Viniste. – Exclamó con alegría el chico pelirrojo.

– Esto no significa que te crea. – Recalcó de inmediato la hechicera. – Sólo necesito saber más de este asunto, y ésta es la única forma de hacerlo.

Jared se rió un poco, aunque intentó disimularlo; esto no le agradó de todo, aunque provocó que un ligero sonrojó surgiera en sus mejillas.

– Por supuesto, lo que digas. – Dijo él rápidamente. – Entonces, ¿a dónde quieres ir?

– ¿Ir de qué?

– Pues para platicar, ¿no quieres que hablemos de esto aquí o sí? Llegué a la ciudad hace sólo un par de semanas, y no he tenido mucho tiempo de conocerla. ¿Qué tal si me la muestras?

Raven frunció el ceño ligeramente como señal de molestia por su comentario, al tiempo que alzaba su ceja izquierda un poco. Normalmente cualquier persona sólo necesitaría ver esa cara para entender el “No” implícito, pero éste chico parecía ser del estilo de Chico Bestia que no entiende ese tipo de lenguajes.

– ¿Me ves cara de guía de turistas?

– Anda, ¡vamos! – Le contestó rápidamente, tomándola de su muñeca sin que ésta pudiera reaccionar a tiempo.

– ¡¿Qué haces?!

– ¡Relájate!, ahora estás con tu hermano mayor, ¡ven!

Sin dar mayor explicación, comenzó a caminar con rapidez, jalándola detrás de él. Raven intentó forcejear, pero cuando menos se dio cuenta el chico ya la estaba guiando a dónde él quería.

Por su lado, el resto de los Titanes que no tenían un “asunto personal” que atender, como Robin había mencionado, se habían unido a la búsqueda de Slade y Terra, o mejor dicho de cualquier pista sobre su paradero. Robin, Starfire y Cyborg, se habían separado para investigar algunos puntos importantes de la ciudad, mientras Chico Bestia tenía la misión de ir a la Preparatoria Murukami e interrogar a la chica que pensaba que era Terra; esa era por ahora su única pista sólida, pero tampoco era del todo segura.

El líder del equipo se había dirigido a las afueras de la ciudad en su motocicleta, hacia un parque de diversiones abandonado, justo dónde Chico Bestia le había indicado. Según la información que recibió de su compañero, ese era un lugar que Terra frecuentaba mucho, y que había nombrado como “lo más cercano a un hogar que había tenido”. Ese también había sido el sitio en donde Chico Bestia tuvo el último acercamiento conocido con Slade: un enfrentamiento con uno de sus robots copias. Luego de dos peleas con el villano, el parque ya se encontraba algo demacrado, pero esperaba al menos encontrar una pista sobre alguna de las dos personas que buscaba.

Recorrió el sitio de un lado a otro, juego por juego, atracción por atracción, pero no tuvo suerte. No había señas de que alguien hubiera estado ahí en los últimos meses. De nuevo se encontraba con un callejón sin salida.

‘Starfire a Robin’. – Escuchó que la voz de su compañera le habla desde su intercomunicador.

– ¿Qué encontraste, Starfire? – Le preguntó, acercando el aparato a su rostro.

También a las afueras de la ciudad, pero al otro lado de ésta, Starfire se encontraba en el interior de una oscura y enorme cueva, con una apariencia que a cualquier persona normal le causaría escalofríos. Hacía mucho tiempo que la Tamaraniana no iba a ese sitio, meses de hecho, pero todo seguía exactamente igual a la última vez que estuvo ahí, a excepción de una cosa. La estatua de Terra, de pie sobre aquella base en donde habían colocado la placa con las palabras “Terra, una Joven Titán, una Verdadera Amiga”, había desaparecido, sin dejar el menor rastro, tal y como Chico Bestia había dicho.

Starfire se sorprendió mucho en cuanto se dio cuenta de eso. Tuvo que tocar varias veces el aire sobre la plataforma, incluso ésta misma, mirar detrás, adelante, entre las rocas cercanas para verificar que no se había caído en algún sitio, pero nada; se había esfumado.

– Chico Bestia tenía razón. – Murmuró en voz baja en su comunicador, mientras miraba hincada la placa conmemorativa. – Terra ya no está en esta cueva, y parece que desde hace mucho tiempo.

Robin guardó silencio, meditando un poco. ¿Por qué no había ido a verificar si Terra seguía en la cueva o no luego de que Chico Bestia les habló de esa chica? ¿Por qué no hizo una confirmación tan sencilla y rápida? ¿Cómo se le pudo pasar por alto algo como eso? Bien, no había porqué lamentarse en esos momentos. Que no esté ahora, no significaba que no lo estuviera meses atrás. Tampoco significaba que Terra hubiera vuelto a la normalidad, pues alguien podría habérsela llevado. Y aunque fuera así, tampoco significaba que fuera la estudiante que Chico Bestia había visto, ni tampoco que fuera a quien Raven reconoció en la Plataforma. Lo único seguro de todo ese asunto era que algo sospechoso estaba pasando, y Terra era parte crucial de ello.

– Cyborg, ¿qué encontraste en la fabrica? – Le preguntó ahora a su otro compañero, también a través de su dispositivo.

Cyborg había ido a la fabrica abandona, más que abandonada en ruinas, en donde había estado la primera base de Slade. Luego de la pelea final que tuvieron con él en ese sitio, el villano abandonó su guarida y al parecer se cambió a otra. Ellos volvieron una vez más luego de eso, cuando Robin comenzó a alucinar, por así decirlo, con que Slade lo atacaba. Luego de una exploración rápida entre los escombros, Cyborg no encontró nada fuera de lo común, o más bien nada fuera de lo que esperaba encontrar.

– Nada. – Fue la respuesta rápida del Titán, estando sobre una columna, mirando a su alrededor. – Todo sigue igual que la última vez que estuvimos aquí. No parece que Slade haya vuelto por acá.

Robin ya lo había previsto. Era casi obvio que Slade no volvería a su antigua base, en especial si se estaba escondiendo de Terra, pero igual debía de descartar la posibilidad. Slade siempre sabía cómo borrar su rastro, ocultarse, moverse sigilosamente y luego saltarte por la espalda justo cuando acabas de bajar tu guardia. Estaba contento de al menos en esa ocasión no ser su presa, aunque considerando lo ocurrido el día anterior era difícil de decir quién era la presa real: Terra o Slade.

‘¿No hay noticias de Chico Bestia?’ – Cuestionó Cyborg por el comunicador.

– No aún.

‘¿Y cuando se desocupara Raven de su asunto personal?’ – Agregó a su vez Starfire por el mismo medio; seguía aún con deseos de saber de qué se trataba.

– Démosle un poco de espacio. Veámonos en el punto de reunión y esperemos a ver que obtiene Chico Bestia.

Ambos afirmaron con un simple “Sí”, y cada uno por su cuenta se dirigieron al punto acordado. A su vez, Robin se subió de regreso a su motocicleta, y se dirigió de regreso a la ciudad. Ahora todo dependía de su única pista inicial.

Al mismo tiempo, en la Preparatoria Murukami, la campana que marcaba el final de la segunda hora sonó con fuerza. Normalmente el sonido de la campana sería un alivio y alegría para todos los alumnos, pero ese no era un día normal: era día de examen. Por lo mismo, aquellos que todavía para ese entonces seguían luchando con el segundo problema de algebra, intentando al menos descifrar que era lo que quería decir, el escuchar la campana sonar era como despertar de una horrible pesadilla para caer en otra peor. Más de la mitad del salón de Tammy se encontraba en esa situación. Resignados, los chicos comenzaron a levantarse de sus butacas, caminar al escritorio del profesor, y dejar con pesar el examen sobre éste.

– ¿Cómo te fue, Tammy? – Escuchó que la voz de su amiga Mary le decía a sus espaldas, justo cuando dejaba el examen con el resto.

– No estoy segura. – Comentó con cierta inseguridad en su voz, volteándose hacia sus compañeras. – Creo que adiviné en la mitad del examen.

Mary y Sarah rieron divertidas ante el comentario. Ellas también estuvieron en la misma situación, pero eran de la idea de que era mejor reírse de la desgracia que llorar. Después de todo, tendrían una feliz semana antes de tener que enfrentar la triste realidad de su calificación. Las tres chicas se dirigieron de regreso a sus pupitres, comenzando a guardar sus cosas para irse a su siguiente salón. Tenían un receso de veinte minutos antes de que comenzará la siguiente clase, donde también habría un examen, y lo sensato sería repasar un poco, aunque fuera el último intento desesperado.



– El de mañana será más sencillo. – Comentó Sarah mientras las tres se dirigirían a la puerta. – ¿Qué te parece si vamos a estudiar juntas a mi casa?

– Tú sólo quieres que te ayudemos con tu chocolate porque de seguro aún no lo tienes listo. – Contestó Mary casi como regaño, achicando los ojos. Sarah rió nerviosa ante el comentario.

– ¿Cómo puedes pensar eso? – Respondió entre dientes. – ¿Qué dices Tammy?

– Pues…

Tammy se detuvo en seco en cuanto puso un pie fuera del salón. Sus ojos azules estaban quietos y puestos al frente, en una persona que estaba parada en el pasillo, solamente a unos cuantos metros de la puerta. Esta persona resaltaba del resto, no sólo por el hecho de no traer el uniforme de la escuela, sino por su piel y cabello verde, mismos que Tammy reconoció de inmediato, muy a su pesar. Se veía algo sorprendida al verlo, aunque más que sorprendida se podría decir que estaba desconcertada. Ambos se miraron el uno al otro en silencio por un rato, justo como había pasado la primera vez que se vieron.

Chico Bestia había estado de pie, esperándola por un largo tiempo mientras terminaba su examen. Su expresión se notaba seria, algo ausente; muy diferente a como normalmente se presentaba cuando iba a verla. Este cambio no sólo se debía a lo que Tammy le había gritado la última vez, sino también debido a la misión que ahí lo llevaba en esa ocasión.

– Oh no, es ese chico verde de nuevo. – Comentó Mary con molestia, y Sarah pareció compartir su sentimiento.

El Titán las ignoró y se dirigió directo a Tammy, parándose frente a ella con firmeza.

– Necesito hablar contigo.

– ¿De qué manera te digo que no tengo nada que hablar contigo? – Le contestó la rubia con seriedad volteando hacia otro lado.

– Será mejor que te vayas o le llamaremos al prefecto. – Amenazó Sarah, señalándolo con su dedo, aunque de nuevo éste la ignoró.

– Es muy importante que hablé contigo, ahora. – Indicó recalcando el “ahora”. – Se trata de Slade.

Tammy se sobresaltó un poco al escucharlo, y entonces se volvió de nuevo a él, mirando el semblante serio que adornaba el rostro de Chico Bestia. Era evidente para cualquiera que no bromeaba, y que se trataba de algo realmente grave.

– ¿Slade? – Preguntó Mary confundida, volteando a ver a Tammy.

– ¿Quién es Slade? – Agregó Sarah del mismo modo.

Tammy volteó a ver a Sarah, luego a  Mary, y por último se viró de nuevo a Chico Bestia. No respondió a las dudas de sus amigas, pero en su lugar pasó a hacerle caso a la insistencia de su visitante.

– Adelántense. – Les indicó a su amigas, y entonces comenzó a caminar por el pasillo, en dirección contraria a donde se encontraba su aula. – Las alcanzo en el salón en un momento.

Volteó a ver de reojo a Chico Bestia, y le hizo la indicación con la cabeza de que lo siguiera. Éste parpadeó un poco confundido, pero le hizo caso, mientras Sarah y Mary los miraban alejarse. Casi siempre Tammy se mantenía renuente y se negaba a ver a ese chico, pero en otras ocasiones parecía totalmente abierta a hacerlo. ¿Qué había realmente entre Tammy y él?

La joven llevó a Chico Bestia hasta el patio, hacia atrás del edificio para ser exactos. Ese lugar estaba solo, por lo que Chico Bestia intuyó que quería que hablaran a solas.

 – Aceptaste hablar conmigo porque sabes quién es Slade, ¿verdad? – Le preguntó con un ligero rastro de alegría, ya que eso podría significar que recordaba cosas que sólo Terra podría recordar.

– No tengo idea de quién sea esa persona de quien hablas. – Le respondió ésta a su vez de manera cortante, dándole la espalda. – Pero hace unas noches atrás, un tipo extraño entró a mi cuarto, y me amenazó a mí y a mi familia. Usaba un traje de acero y una máscara, mitad negra y mitad bronce…

Chico Bestia se sobresaltó sorprendido al escuchar esa descripción, y supo de inmediato en quién encajaba a la perfección.

– ¡Slade!

Tammy se volteó un poco hacia él, aunque no por completo, mirándolo de reojo. En su rostro se le notaba algo de preocupación al recordar ese encuentro tan desagradable.

– Supuse que tal vez podrías estarte refiriendo a ese individuo. Él insistía también en que era esa Terra de quien tú hablas tanto, y me dijo que le pagaría las que le debo. ¿De qué estaba hablando?

Todo lo que ella describía encajaba perfectamente en la teoría de Robin y los otros, e incluso anexaba un agregado más a ella. Slade no sólo quería venganza contra Terra, también ya había dado con Tammy, e igual estaba convencido de que era realmente Terra.

– Entonces es verdad, Slade anda detrás de ti. – Murmuró en voz baja como respuesta a toda la información que acababa de procesar.

– ¿Por qué? – Exclamó ella a su vez con notoria consternación. – ¿Qué no pueden entender que no soy esa persona que buscan?

– Ya no interesa si eres Terra o no. Si Slade piensa que lo eres se vengará de ti por lo que Terra le hizo. Escúchame, él es un hombre muy peligroso; puede lastimarte a ti, a tus amigas, o quien sea que esté cerca de ti, de eso no lo dudes.

Los ojos de Tammy se cubrieron de cierto miedo al escucharlo. Su encuentro le dejó muy claro que ese hombre de máscara no estaba bromeando con sus amenazas, pero las palabras de Chico Bestia se las confirmaba por completo.

– Yo puedo protegerte, pero necesito que confíes en mí. – Agregó el Titán, acercándosele con cuidado, tomándola de las manos y mirándola fijamente a los ojos.

– ¿Qué… puedo hacer?

– Primero necesito que me digas la verdad, toda la verdad. ¿Eres Terra? ¿Estuviste anoche en la Plataforma Petrolera cerca de la Torre? ¿Te encontraste con Slade en ese lugar?

No hubo ninguna respuesta inmediata. Tammy desvió su mirada hacia otro lado, como pensando, meditando en las preguntas, meditando en las respuestas. ¿En qué pensaba? ¿Dudaba acaso entre decir la verdad o una mentira? ¿Dudaba acaso entre decir lo que Chico Bestia quería oír y lo que ella quería decir? ¿Qué era realmente lo que pasaba por la cabeza de Tammy Hawk?

Se soltó rápidamente del agarre de Chico Bestia y su mirada se endureció un poco, tal vez debido a un ligero enojo.

– Yo… no… soy… ¡Terra! – Le contestó con algo de fuerza. – Me llamó Tammy, Tammy Hawk, esa es quién soy, acéptalo de una vez. Y no sé de qué estás hablando, estuve en mi casa todo el día de ayer estudiado, y no he vuelto a ver a ese individuo desde aquella ocasión.

– ¿Estás segura de eso?

– ¿Cómo no voy a estar segura de algo como eso?

Chico Bestia no estaba muy seguro de creerle o no, pero mínimo la parte de haber estado todo el día en su casa estudiando era fácil de comprobar, así que al menos eso no le parecía una mentira. De ser así, no pudo haber sido la chica que Raven vio en la Plataforma. ¿Entonces qué ocurría? Era evidente que Slade estaba buscándola, tanto así que había tenido un encuentro con ella hace poco. ¿Qué ocurre con el incendio? ¿Podría haberse tratado de otra persona? Pero era demasiada coincidencia que Raven la hubiera confundido con Terra. Entonces, ¿podría ser posible que realmente Slade y él hubieran estado equivocados y Tammy no fuera realmente Terra? Entonces, ¿dónde estaba Terra? ¿Y quién era Tammy Hawk?

Todo se volvía demasiado confuso, y en esencia lo único que hacían era maquilar teorías en la cabeza sin ninguna base sólida.

– Sé que no aceptarías irte a la Torre para que te proteja, ¿cierto?

– Claro que no. Tengo una casa, a mis abuelos, tengo exámenes para los cuales estudiar.

– ¿Todo eso más importante que tu propia vida?

– Lo es para mí… – Murmuró el voz baja con un poco de pesar. No era la primera vez que la oía hablar de esa forma.

– Entonces al menos ahora sí acepta esto.

El Titán le extendió en ese momento su propio comunicador de forma redonda, color amarillo con una T en ella; el comunicador de los Titanes. Cada uno de los Titanes, incluyendo a los honorarios, tenía uno. La primera vez que se vieron, Chico Bestia se lo había ofrecido, pero Tammy lo rechazó. Ahora, se lo ofrecía una vez más.

– Si Slade se te vuelve a acercar, podrás llamarme con él.

Tammy miró el comunicador con duda, pero en esta ocasión si lo tomó. Lo acercó un poco a su rostro, admirándolo fijamente en silencio, como si viera algo realmente extraño, o algo que hacía mucho no veía.

– Debo irme, tengo un examen. – Murmuró en voz baja, y entonces comenzó a caminar de regreso al interior del edificio.

– Ten cuidado, por favor. – Le dijo Chico Bestia rápidamente, siguiéndola con la vista. – ¡Si ocurre cualquier cosa no dudes en llamarme!

Tammy no dijo nada más, ni siquiera lo volteó a ver de nuevo. Simplemente se alejó caminando, sin mirar atrás. Chico Bestia ya no sabía cómo interpretar lo que acababa de pasar. ¿Era Terra o no era Terra? Ya no estaba seguro, pero tampoco era importante en ese momento. Fuera quien fuera, debía de protegerla de Slade pasara lo que pasara.

Se convirtió en ese momento en una paloma, y se alejó volando hacia los aires para reunirse con sus amigos. No tendría mucho que decirles, excepto la confirmación de que Slade buscaba a Terra, pero ninguna pista de cómo dar con él.

Tammy se asomó un poco para ver como la paloma de color verde se alejaba volando. Un fuerte suspiro de alivio se soltó de sus labios y entonces pegó su espalda a la pared, dejándose resbalar por ella hasta quedar sentada en el suelo. Tal vez no existía ser humano, o algo más, en este mundo que pudiera entender lo que pasaba por la cabeza de ésta chica en esos momentos. Tantas confusiones, tantos miedos, tantos pensamientos y recuerdos incomprensibles. Su mente no podría considerarse una mente humana, sino más bien la mente de un fantasma… De un muerto viviente.

Miró de nuevo el dispositivo en su mano. Su forma, su color, su peso, la sensación del material contra su piel. ¿Por qué? ¿Por qué le causaba tanta incomodidad, tanta pesadez? Era la misma sensación que había sentido al tener de cerca a aquel intruso en su cuarto, al escuchar la voz de Slade murmurándole esas palabras. Todo su cuerpo temblaba, y ni siquiera tenía frío. Ella no sabía por qué le pasaba todo eso, pero a la vez lo tenía muy claro. Era imposible poner con palabras como su mente divagaba entre el sí y el no, como tambaleándose sobre la cuerda floja. Sentía que se caería en cualquier momento, ¿pero a dónde? ¿A cuál de los dos vacíos sin fin terminaría cayendo sin remedio? Sus ojos comenzaron a llenarse de lágrimas, y entonces empezó a llorar, pegando el comunicador contra su pecho. Se sentía mal, se sentía realmente mal…

La silueta de alguien se paró justo frente a ella de pronto. No era Chico Bestia, ni tampoco alguien que usara el uniforme de Murukami. Tampoco se trataba de algún maestro, o de algún otro trabajador de la escuela. Sin embargo, Tammy sabía muy bien quién era.

Sus ojos primero divisaron sus botas altas y negras. Luego, fue subiendo su vista por sus pantalones color café oscuro, hasta su torso cubierto con una camiseta negra mangas largas, para terminar en su rostro blanco y pálido, sólo al descubierto sus labios y barbilla, pues el resto de su rostro estaba cubierto con una máscara negra alrededor de su cabeza, de la que se veía surgir sus largos cabellos rubios y largos, exactamente iguales a los de ella, ondeando ligeramente por el viento. Era ella, la misma chica que Raven había visto en la plataforma, la misma que había atacado a Slade presentándose como su ex aprendiz: Terra, de pie frente a ella con sus manos en la cintura y una amplia sonrisa astuta en los labios.

– Muy bien hecho, Tammy. – Comentó la aparecida con un tono divertido.

Tammy la miró fijamente sin reflejar la menor emoción en su rostro. Bajó su mirada con pesar, aún con sus mejillas húmedas por sus lágrimas, volviendo a ver el comunicador.

– ¿A qué se refería sobre anoche y una Plataforma Petrolera? – Murmuró en voz baja sin alzar su vista. – ¿Qué hiciste?

– Nada que tú no desearas, Tammy. Fui a encargarme de Slade para que ya no te molestara a ti y a tu familia.

Tammy se sorprendió al escuchar esa respuesta, misma que provocó que levantara de nuevo su cabeza, volteándola a ver un poco pasmada.

– ¿Acaso lo…?

– No, pero pronto lo estará. – Interrumpió Terra antes de que Tammy terminara su pregunta. – Y los Jóvenes Titanes serán los siguientes…

– ¡¿Qué?!, no, espera…

Tammy se puso de pie rápidamente como le fue posible, mirando en todo momento a la persona frente a ella con cierta inquietud en su semblante.

– ¿Por qué ellos? Nunca me dijiste que ellos…

– Ese es otro tema que no tiene que ver contigo. – Interrumpió de nuevo con un notorio tono de burla. Entonces, alzó su mano derecha hacia ella, pasando sus dedos un poco por su largo cabello rubio, casi como jugando con él. – ¿Pero a ti qué te preocupa? Eso debería de hacerte feliz. Tú no quieres que nadie se meta en tu vida, ¿o no? Y Chico Bestia se está metiendo de más.

Tammy apartó rápidamente su mano de ella, y dio unos pasos hacia atrás, pegándose contra pared inconscientemente.

– Intenté de mil formas alejarlo de mí, pero simplemente regresa. – Pretendió explicarse. – ¡No sé que más hacer! Por favor, no… No lo lastimes, es una buena persona… Y se ve que eres una persona muy importante para…

Terra rió divertida con fuerza por su comentario, en especial por la parte de “es una buena persona”, pero su risa no era feliz: más bien reflejaba puro cinismo.

– Eso lo veremos en su momento, no te preocupes ahora. Tú continúa con tu vida normal, y yo me encargaré de Slade y los Jóvenes Titanes. Así tendrás todo lo que deseas, y por lo tanto yo también. Pero si rompes tu parte, sabes bien lo que pasara.

Tammy se sentía intimidada por la presencia de esa persona. No era capaz siquiera de mantenerle la mirada, aunque ella usara una máscara. Se abrazó así misma temblando un poco, mirando hacia el suelo con miedo.

– Sí… lo haré… – Balbuceó en voz baja, casi inaudible.

No escuchó ningún tipo de respuesta luego de eso, y al subir de nuevo su mirada… Terra se había ido, como si nunca hubiera estado ahí. Un segundo después la campana sonó de nuevo, pero ahora marcando el inicio de la nueva hora, y por lo tanto de su nuevo examen. Sin embargo, en esos momentos había perdido por completo el interés en eso. Aún así, comenzó a avanzar, casi arrastrando sus pies de regreso al interior.

Tammy Hawk tenía una vida perfecta, pero la verdad era que ésta no era tan perfecta como todos creían. Su vida perfecta, de hecho, no era más que una vil mentira…

FIN DEL CAPITULO 09

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Teen Titans: The Sinners. Han pasado unos cuantos meses desde que los Jóvenes Titanes derrotaron a la Hermandad del Mal, y volvieron a Jump City. Todo ha sido muy tranquilo desde entonces, pero las cosas están comenzando a cambiar. ¿Qué es esto que Raven ha empezado a sentir por su líder, Robin?, ¿Y quién es ese misterioso chico que afirma ser su hermano? Aunque siempre había logrado mantener en absoluto control sus sentimientos y pensamientos, estos cada vez parecen comenzar a dominarla. Y si no es capaz de aclarar su mente a tiempo, podría caer víctima de aquello que siempre temió, y arrastrar a todos sus amigos con ella…

+ «Teen Titans, la Serie Animada» © Glen Murakami, DC Comics, Warner Bros. Animation.

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2 pensamientos en “Teen Titans: The Sinners – Capítulo 09. Dos Terras

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