Fanfic Harmonía I: Solsticio de Verano – Capítulo 08. Preparar un Festival, o morir en el intento

5 de enero del 2017

Harmonía I: Solsticio de Verano - Capítulo 08. Preparar un Festival, o morir en el intento


HARMONÍA I:
Solsticio de Verano

Por
WingzemonX

Capítulo 08
Preparar un Festival, o morir en el intento

Rarity Diamonds guió, o más bien jaló, a Twilight Sparkle hasta la parte trasera del escenario, seguidos por detrás por la Alcaldesa y Spike que intentaban seguirles el paso, y la Jefa de la Guardia Rainbow Dash que iba un poco más atrás con cierto desinterés en su avance. En ese sitio había apiladas varias cajas de madera de considerable tamaño, todas marcadas con un logotipo de tres caballos en un carrusel en su cubierta. Twilight miró con curiosidad dicha imagen por un rato; le pareció conocida de inmediato.

– Ese logo lo vi hace unos momentos en el pueblo. En una tienda…

– Oh, ese es el logo de mi Empresa, Boutique, Marca Registrada y Sello Personal, Carrusel. – Comentó con alegría la joven de cabello morado, mientras retiraba la tapa de una de las cajas. – Vestidos, trajes, decoraciones, accesorios, diseño de interiores, zapatos… Todo lo que involucre colores y belleza, nosotros somos los indicados. – Metió en ese momento la mitad de su cuerpo en la caja, aparentemente intentando sacar algo de ella. – Y con nosotros me refiero a mí… Ya casi lo tengo…

– ¿Necesitas ayuda? – Se ofreció Spike de inmediato, parándose a lado de la caja.

– Descuida, querido. Ya casi… ¡Aquí está!

Salió de la caja de un salto, teniendo en sus manos lo que parecía ser una figura similar a un Sol, de aluminio o de algún otro metal, pero de color casi dorado y brillante. Se veía pulido, y la figura muy detallada, con un pequeño relieve sobre ella.

– Estas linduras irían colocadas afuera de este edificio, y por toda la plaza principal. Parecen muy sencillas, ¿o no? Error. Cuando los primeros rayos del Sol de Verano las toquen, se iluminarán una por una de una forma hermosa, alumbrando toda la plaza principal. Es un material especial que refleja la luz natural y la amplifica.

– ¿Enserio? – Comentó Twilight, algo sorprendida por su descripción. – Eso es fascinante…

– Y no has visto nada, querida.

Guardó de nuevo el sol en la caja y se dirigió a otra. De ésta sacó una larga tela, que al principio no estaba segura si era una alfombra o algo similar, pero al final se dio cuenta de que era un estandarte, de colores cálidos con el emblema de Sol Alado repetido cinco veces de manera vertical.

– Estos estandartes fueron diseñados y confeccionados por su servidora, usando la tela más fina y suave… Que el presupuesto me permitió, claro. – Al hacer ese último comentario miró de reojo a Alcaldesa, quien no pareció tomar muy bien el comentario. – Tócalo, con confianza…

Antes de que Twilight respondiera algo, ella la tomó de la mano y la acercó al estandarte, obligándola a que lo acariciara.

– Oh, es muy… suave…

– ¿Verdad que sí? Y no es sólo eso, mira el bordado. Exquisito, ¿no te parece? Estos irían colgados por todo el pueblo. Hice cinco diseños diferentes. – Buscó de nuevo en la misma caja, pero ahora sacó lo que pareció ser un pequeño encuadernado que abrió enfrente de Twilight para que ésta pudiera ver los demás diseños. – Éste de los cinco soles, este otro que simboliza el final de la primavera, uno conmemorativo con la imagen de Lady Celestia, que cabe mencionar lo hice antes de saber que ella vendría, éste con un patrón de colores cálidos que produce alegría y excitación, y éste último con el escudo de Ponyville. – Dio una última vuelta al librillo, mostrando lo que parecía ser un mapa del pueblo, dibujado en dos páginas contiguas, y varios puntos señalados en diferentes colores sobre éste. Estos son los sitios en los que se colocará cada estandarte, en un patrón específico para evitar que se repitan. Además uno de cada uno estará colgado aquí, en el salón de la Alcaldía.

Antes de que Twilight terminara de ver todo el mapa, Rarity cerró abruptamente el libro y lo volvió a poner en la caja.

– Por acá tengo los faroles, que alumbraran todo el pueblo durante la madrugada. Son hermosos, e irán cambiando de colores amarillo, naranja, rojo y rosa cada cinco minutos. – Se dirigió entonces a otra de las cajas mientras hablaba.

– ¿Esto tomará mucho? – Cuestionó Twilight.

– Sólo unas diez cajas más.

Twilight, acompañada en unísono por Rainbow Dash y la Alcaldesa Mare, soltó un fuerte suspiro de cansancio, y también de resignación. Spike, por otro lado, parecía más que feliz de seguir ahí en tiempo que fuera necesario, mientras pudiera seguirá admirando y escuchando a la diseñadora.

Los próximos minutos fueron más o menos iguales. Rarity abría una de las cajas, sacaba de ahí el decorado, daba una rápida descripción de él, lo que se tenía pensado hacer, lo halagaba ampliamente, y luego pasaba al siguiente. Le terminó mostrando a la joven de Canterlot gran cantidad de faroles, listones, guirnaldas, dibujos de arreglos florales, los trajes que usarían la gente del staff y que atendería a los invitados, y varias otras cosas más.

Pese a todo, Twilight debía reconocerle que todo se veía realmente bien hecho, cuidado y, sobre todo, hermoso. La combinación de colores era perfecta, y nada se veía hecho con materiales de poca calidad o descuidados. Nada de lo que veía tenía algo que envidiarle a la decoración que usaban en el propio Castillo de Canterlot durante ese festival. Cuando la escuchó en un inicio, creyó que sólo alardeaba, pero luego de ver su trabajo, debía reconocer que no estaba nada mal.

– ¿Y bien? – Exclamó la joven de piel blanca con entusiasmo, una vez que había mostrado el contenido de la última caja. – ¿Qué te parece, querida?

Twilight dudó unos momentos de qué responder. En efecto, todo le había parecido muy bonito… ¿Pero exactamente quién era ella para juzgar eso? Ellos daban por hecho que Lady Celestia la había mandado porque era una experta en ese tipo de cosas, pero lo cierto es que apenas el día de ayer estaba investigando como rayos se organizaba un festival. ¿Serían esas decoraciones suficientes para Lady Celestia? Pues debían de serlo sí o sí;  no podía darse el lujo de que cambiaran todo a esas alturas; tenía que concentrarse en cosas mucho más importantes, y ya había perdido demasiado tiempo ahí.

– A mí me parece todo… muy… bien.

Rarity sonrió ampliamente y saltó victoriosa.

– ¡Ya la escucharon! Todo está muy bien.

La Alcaldesa, por su lado, no compartía en lo más mínimo su entusiasmo.

– Es de Lady Celestia en persona de quien estamos hablando, señorita Diamonds. No podemos quedarnos con un simple “muy bien”.

– Tonterías. – Exclamó la Diseñadora con firmeza, cruzándose de brazos. – No puede comparar un “muy bien” de Rarity Diamonds con el “muy bien” de cualquiera.

– Rarity…

– Fin de la discusión.

Se dio entonces media vuelta sin esperar alguna replica de su parte, y entonces pasó a guardar todo lo que había sacado para ponerlo de regreso en sus cajas.

– ¿Y cuándo vamos a comenzar a poner la decoración? – Preguntó Twilight curiosa, esperando que la respuesta fuera que inmediatamente y que así que zafaría de una vez de ese pendiente. Sin embargo, Rarity sólo rio divertida con la ingenua pregunta.

– No seas tontita. Faltan cinco días para el festival. Obviamente la decoración se comenzará a poner la mañana misma del festival, un día antes a lo poco. No podemos ponerla ahora, se podría maltratar o la pueden robar.

– Sí, claro, ¿en qué estaba pensando? – Respondió la hechicera, algo apenada por poner en evidencia su ignorancia, o quizás más bien su apuro.

Una vez que evidentemente habían terminado de guardar todo en la bodega, todos volvieron de nuevo al cuarto principal.

– Rainbow. – Mencionó la Alcaldesa en cuanto volvieron al salón. Introdujo su mano en el interior de su saco, para extraer de éste una hoja de papel rectangular, doblada dos veces. – Me temo que voy a tener que seguir encargándome de este asunto aquí.

– No hay nada más de qué encargarse, porque ya está decidido. – Señaló Rarity con fuerza para que la escuchara fuerte y claro.

– ¡En un momento hablamos de eso! – Señaló apresurada, y algo molesta la Alcaldesa, y luego se volvió de nuevo hacia Rainbow, extendiéndole la hoja de papel. – Me temo que no podré guiar a la Señorita Sparkle a revisar el resto de los preparativos como tenía planeado. ¿Te molestaría encargarte de ello?

– ¿Yo? Cielos, no lo sé. – Comentó la Guardia, mirando hacia el techo. – Guiar a invitados foráneos por el pueblo va más allá de los deberes de mi puesto…

– Te pagaré un bono extra, ¿de acuerdo?

– ¡Trato hecho!

Tomó de inmediato la hoja de papel de la alcaldesa, casi arrebatándosela, y entonces se giró apresurada a la salida.

– Andando, Princesita, que hay mucho que revisar.

– ¿Mucho? – Cuestionó Twilight alarmada. – ¿Qué tanto es mucho?

– Ya sabes, menos que “demasiado”, más que “algo”. Sólo ven conmigo.

Twilight y Spike siguieron a Rainbow Dash hacia afuera, mientras la Alcaldesa y Rairity reavivaban la discusión a sus espaldas.

– – – –

Una vez afuera, Spike se ofreció a llevar y revisar la lista; tenía experiencia en ese tipo de cosas, ayudando a Twilight como su ayudante. Rainbow no opuso objeción, y le pasó la hoja de papel de inmediato.

– Según la lista de la Alcaldesa, el primer punto es el decorado. Eso parece ir bien.

– ¿Esa es tu definición de bien? – Respondió Twilight, evidentemente nada contenta.

Escuchó en ese momento que la guardia de cabello arcoíris reía divertida y despreocupada.

– Rarity puede ser algo agobiante, ¿verdad? Pero es una gran chica, y es la mejor en ese tipo de cosas.

– ¿Enserio piensas eso? – Preguntó la hechicera, confundida. – Hace un momento parecía que se agarrarían a golpes ahí adentro.

– ¿Rarity y yo? Para nada. Si ella es una de mis mejores amigas, después de todo. Además de que es una debilucha; la hubiera derribado con dedo.

Twilight arqueó una ceja con incredulidad ante lo que acababa de oír.

– ¿Ustedes dos son amigas? ¿De verdad?

La forma en que la se hablaron ahí adentro, no parecía ser la forma en la que dos “amigas” se hablarían. Pero claro, si había algo que Twilight no era, además de experta en festivales, era experta en amistad.

– Y no te preocupes, ella y la Alcaldesa de seguro llegarán a un acuerdo sobre lo decoración pronto.

– Bueno, me agrada eso de pronto

– Sí, no les tomará más de dos o tres días.

Twilight suspiró con cansancio; ese no era para nada su concepto de “pronto”. Al menos esperaba que pudieran arreglarse ellas dos a solas y no tuviera que seguir participando de intermediaria.

– ¿Qué es lo siguiente de la lista, Spike?

El dragón volvió su atención a la lista en sus manos, revisando el siguiente punto inmediato a la decoración.

– Aquí dice que revisar la preparación de los postres.

– No se diga más, por aquí. – Les indicó Rainbow reanudando el trote, y de nuevo los dos forasteros se vieron obligados a seguirle su paso apresurado.

Luego de unos pocos minutos de estar siguiendo a su guía, Twilight y Spike se encontraron de frente ante uno edifico que les resultó ligeramente conocido, ya que había sido uno de los que había llamado principalmente su atención en cuanto se acercaron a la plaza principal. Era justamente el edificio que tenía fachada que semejaba a un pastel chocolate con glaseado blanco, y hasta tres chimeneas en la parte más alta que parecían velas.

– ¿Es aquí? – Cuestionó Twilight, aunque la respuesta se sentía más que obvia.

– Así es. – Respondió Rainbow, mientras se dirigía a la puerta principal. – Aquí es Sugar Cube Corner, la pastelería y cafetería del Señor y la Señora Cake.

– Supongo que tus opciones de a qué dedicarte se reducen cuando tu apellido es «Cake».

Una pequeña campanita colgada frente a la puerta resonó en cuanto entraron, anunciando su presencia. El interior del curioso edifico no era muy espacioso, pero sí lo suficiente. Las paredes estaban pintadas de colores cálidos: naranja, amarillo y rosado. Había cinco mesas blancas de forma redonda, cada una con cuatro sillas. Al fondo había un mostrador largo, con una vitrina en la que se exhibían varios postres. Igualmente había estantes en las paredes de los lados en los que había más pasteles para escoger. No había nadie en las mesas, pero detrás del mostrador se encontraba una persona atendiendo, la cual pareció sonreír de oreja a oreja en cuanto los vio en la puerta.

– Bienvenidos a Sugar Cube Corner. – Pronunció con fuerza, con una voz ligeramente chillona. – ¿En qué puedo servirles?

La persona al otro lado del mostrador era una mujer joven, alta, de cabello rosado, muy esponjado y largo hasta su cintura. Su piel era también rosa, pero de un tono mucho más claro que su cabello, y sus ojos eran azules y muy brillantes. Su rostro era redondo, y su enorme sonrisa natural abarcaba casi todo éste. Usaba una cofia blanca con naranja en la cabeza, así como un uniforme azul, mandil blanco y una corbata de moño rojo con blanco. Miró primero a Rainbow Dash en cuanto entraron, y pareció emocionarse al reconocerla. Pero luego vio a Twilight, y su expresión cambió.

– Hola, Pinkie Pie. – Saludó la Jefa de Guardia, entrando por delante de sus dos visitantes. – ¿Donde…?

– ¡Oh, por Celestia! – Exclamó la chica de cabello rosado con tanta fuerza que casi sintieron que el sitio temblaba.

Twilight y Spike se sobresaltaron asustados ante ese exabrupto. La sonrisa en el rostro de la chica en el mostrador se acrecentó aún más, y sus ojos se abrieron por completo y comenzaron a brillar como cientos de estrellas.

– ¡Oh, por Celestia! – Volvió a repetir varias veces, al tiempo que le sacaba la vuelta al mostrador y caminaba apresurada hacia ellos, pasando de largo a Rainbow Dash y parándose justo frente a Twilight, quien al parecer era el origen de toda su emoción. – ¡Oh, por Celestia! ¡Oh, por Celestia!

Se le había cercado tanto, que Twilight tuvo que hacerse un poco hacia atrás en un intento de crear la mayor distancia posible. Pero ella se le siguió acercando más y más, hasta que la espalda de la hechicera se pegó contra la puerta. Esa chica la miraba fijamente totalmente excitada y emocionada, como si estuviera viendo a un viejo amigo que no había visto hace años. Sin embargo, lo cierto era que a Twilight, esa persona no era nada familiar.

– ¿Qué? ¿Qué pasa…? – Preguntó la joven de piel morada con duda. – ¿Acaso nos conocemos…?

– ¡No! – Respondió de inmediato, alzando considerablemente la voz. – ¡Jamás te había visto en toda mi vida! ¡No tengo ni la más remota idea de quién eres tú! ¡Esto es grandioso!

Y sin previo aviso, extendió sus brazos hacia Twilight y la rodeó con ellos, apretándola en un fuerte, demasiado fuerte, abrazo del que la hechicera no tuvo oportunidad alguna de poder zafarse.

– Estoy confundido. – Murmuró Spike a sus pies, rascando su mejilla derecha con su garra.

– Dímelo a mí. – Respondió Twilight apenas audible como un pequeño hilo de voz, pues el fuerte abrazo le dificultaba la respiración.

– Ya, ya suéltala Pinkie, la estás asustando. – Intervino Rainbow Dash en ese momento, colocando una mano en el hombro de cada una, separándolas haciendo alarde de una notoria fuerza.

La joven rosada dio varios pasos hacia atrás tras el empujón de la guardia, para terminar sentada en una de las sillas blancas. Twilight al fin fue capaz de respirar de nuevo, pero eso no evitaba que se preguntara qué rayos era lo que acababa de pasar.

– Lo siento, es que estoy tan emocionada. – Comentó alegre la chica rosada, parándose de nuevo de un salto. – Mi nombre es Pinkie Pie, y normalmente conozco a todas las personas en Ponyville. Conozco sus caras, sus nombres, sus cumpleaños, lo que les gusta, lo que no les gusta. Pero toda esta mañana, el pueblo se ha ido llenando poco a poco de caras nuevas que no conozco.

– ¿Y eso es bueno? – Cuestionó Twilight, intentando recuperar el aliento tras el asfixiante abrazo.

– ¡Por supuesto que sí! ¡¿A quién no le gusta conocer nuevos amigos?!

– Yo conozco a alguien. – Comentó Spike con un tono ligeramente burlón. Al sentirse obviamente referenciada, Twilight no pudo evitar picarle su cabeza con su codo, de una manera poco disimulara.

– Nivela tu ímpetu, Pinkie. – Comentó Rainbow Dash con severidad. – Ella no es cualquier extraño nuevo en el pueblo. Ella es Twilight Sparkle; ya sabes, la chica enviada de Canterlot en representación de Lady Celestia para organizar el Festival del Solsticio.

– Ah, claro… – Murmuró Pinkie Pie en un tono bajo y cortado.

Rainbow se le quedó viendo fijamente con seriedad por unos segundos.

– No sabes de quién hablo, ¿verdad?

– No. ¡Pero suena súper dúper genial!

Ya de por sí la Jefa de Guardía Rainbow Dash, y la Diseñadora de Modas Rarity Diamonds que acababa de conocer, le habían parecido personas extrañas; pero ninguna de las dos le llegaba ni siquiera a los talones a esta supuesta… Pastelera quizás, de nombre Pinkie Pie. ¿Qué era lo que le pasaba? Actuaba como si hubiera tomado demasiada azúcar esa mañana. Hablaba apresurada, se movía apresurada, y reaccionaba y actuaba sin ningún patrón. ¿Era acaso que todos en ese pueblo eran así de excéntricos?

– Cómo sea. – Comentó Rainbow con algo de fastidio. – En resumen, ella está a cargo de todo, es la jefa de este circo.

– Yo no diría jefa… – Intentó explicarle Twilight, pero ella no la escuchó.

– Sólo vinimos a que le expliquen todo lo referente a los postres para el festival. ¿Dónde están los Señores Cake?

– Salieron de compras. La Señora Cake quería conseguir un nuevo vestido para el festival, ahora que se enteró que la Reina iba a estar en él, y obligó a que el Señor Cake también se comprara un traje nuevo también. Así que yo estoy a cargo.

– Bien, ¿entonces tú podrías ayudarnos con los postres? – Intervino la hechicera de Canterlot, dando un paso al frente.

– Claro que sí, Twilight. – Respondió Pinkie con normalidad; Twilight sintió un poco extraño que le llamara por su nombre tan repentinamente, en especial si apenas se acababan de conocer. – Vengan conmigo.

– Aguarden, aguarden. – Oyeron que decía la Jefa de Guardia, antes de que cualquiera diera un paso. – No es que dudé de ti, Pinkie… Pero será mejor regresemos cuando los Cakes estén aquí…

– ¡No es necesario! ¡Yo puedo hacerlo! He estado ayudando a los Señores Cake con la planeación de los postres del festival todo el mes. Tengo todo fríamente calculado en mi cabecita rosada…

Rainbow no parecía muy convencida de hacer lo que ella le decía. Pinkie Pie comenzó a verla fijamente con sus grandes ojos azules totalmente abiertos, y con expresión suplicante. Esto pareció ponerla ligeramente incomoda.

– Buen, tú eres la jefa. – Comentó volteándose hacia Twilight, en parte para evitar los ojos de Pinkie. – Tú decide, ¿qué hacemos?

Ciertamente esa chica no le parecía del todo normal, y no estaba tan segura si podría ayudarlos con lo que se supone que debían hacer ahí. Pero la alternativa era esperar, y esa no era una opción para ella, pues su prioridad era terminar todo eso lo más rápido posible.

– No veo por qué no.

Pinkie saltó de alegría al escucharla.

– ¡Estupendo! ¡Vamos a la cocina, Twilight! ¡Sígueme!

Y entonces comenzó a andar en dirección a lo que parecía ser la puerta de la cocina, dando saltos de alegría a cada paso que daba.

– ¿Siempre camina así? – Le preguntó curiosa a Rainbow Dash.

– La mayoría del tiempo, más o menos.

La cocina estaba particularmente ordenada y limpia, cualidades que a Twilight Sparkle le agradaban enormemente. Pinkie Pie se dirigió hacia lo que parecía ser un librero en los estantes superiores, en los que se encontraban varios libros.

– Para el Festival, la Señora Cake tiene tres proyectos en mente. – Les comentaba Pinkie Pie, mientras buscaba entre los libros. – Magdalenas de naranja, Éclairs de chocolate, y el gran Pastel de fresas y crema como el plato principal.

– ¡Todo eso suena delicioso! – Exclamó Spike, casi con saliva escurriendo su boca.

– ¡Y lo es! ¡Sólo espera a probarlos!

– ¿Es decir que ya lo tienen preparado? – Cuestionó Twilight, casi ilusionada por la noticia.

– Claro que no. – Comentó Pinkie Pie con normalidad, destruyendo el poco entusiasmo que había causado en su visitante. – Pero te prepararé una muestra de cada una para que los pruebes.



– ¿Preparar una muestra? Si eso va a tomar mucho, en verdad no será necesario…

– No digas tonterías, Twilight. – Pinkie tomó al fin uno de los libros, y lo hojeó con rapidez, hasta dar con la receta deseada. – Además, será muy divertido y más rápido si todos me ayudan.

– ¿Ayudarte? En realidad no soy muy buena en la coci…

Antes de que terminara de hablar, Pinkie Pie le pasó un saco de harina para que lo sostuviera.

– Toma, sirve unas tres tazas de harina en ese recipiente redondo, ¿está bien?

– Pero…

– Y rompe cuatro huevos y colócalos en ese otro recipiente, pero sin las cascaras, obviamente.

– Está bien, pero…

– ¿Alguno sabe dónde dejé el azúcar?

– ¿Cómo vamos a saberlo? Acabamos de llegar…

Pinkie Pie no escuchaba ninguna de las objeciones de Twilight. En su lugar iba a de un lado a otro de la cocina, recolectando ingredientes y utensilios. La hechicera suspiró resignada, y colocó la harina sobre la mesa, dispuesta a cumplir la orden, o algo parecido, que le habían hecho.

– Yo me encargaré de los huevos si quieres, Twilight. – Se ofreció Spike, andando a sus pies.

– Y yo… me iré a sentar allá afuera… y tal vez tomé una siesta. – Agregó Rainbow Dash, y acto seguido soltó un fuerte bostezo y salió de la cocina para volver al área de mesas.

Un poco a regañadientes, tuvieron que pasar la próxima hora preparando y horneando una magdalena de naranja, un Éclair de chocolate, y un pequeño pedazo de pastel de fresa con crema. Resultó no ser tanto trabajo como Twilight esperaba… sino mucho más… Todo el procedimiento tenía su forma y momento. Le sorprendía como esa chica llamada Pinkie Pie tenía la capacidad de tener su atención puesta en los tres postres al mismo tiempo, y saltar de uno al otro. Claro, que visto desde otra perspectiva, podría ser señal de una déficit de atención para poder concentrarse en una sola tarea por largo tiempo, y por ello tenía que hacer tres simultaneas; eso, o un cerebro capaz de procesar mucha información al mismo tiempo. Cualquiera que fuera la causa, le impresionó.

Terminaron cubiertos de harina, con masa manchando su ropa, e incluso había sido imposible quitarse el olor a huevo de los dedos. Pero al final ahí los tenían en la mesa frente a ellos: las tres muestras de postre, terminados y servidos cada uno en un pequeño plato redondo.

– Debo decir que éstas son las mejores muestras de postres que he hecho el día de hoy. – Comentó Pinkie Pie con entusiasmo, colocando sus manos en su cintura. – Ahora sólo queda probarlas y darles el visto bueno.

– ¡Yo!, ¡yo puedo hacerlo! – Exclamó Spike con emoción, alzando su mano y dando pequeños saltos. – ¿Puedo hacerlo, Twilight?

– Adelante. Lo que menos quiero en estos momentos es dulces.

Una vez que tuvo luz verde, el Dragón Familia se paró sobre una silla para poder alcanzar los postres en la mesa. Primero tomó la magdalena, y se la comió toda de un sólo bocado, con todo y el papel que la envolvía.

– ¡Delicioso! ¡Y sabe a naranja!, ¡sin ningún rastro de metal!

– ¿Ah? – Exclamó Pinkie Pie, inclinando su cabeza hacia un lado.

Spike siguió entonces con el Éclair de chocolate, comiendo la mitad de una mordida, e inmediatamente después la otra mitad.

– Cremoso y calientito. La textura se derrite en mi lengua.

El tercer y último postre, el pedazo de pastel de fresas y crema, recibió el mismo trato que las muestras anteriores.

– Creía que sería imposible, ¡pero éste fue el mejor! Es dulce pero no mucho, y el sabor del pan y la crema se funden de forma exquisita.

– ¿Entonces todos están bien? – Cuestionó Twilight en ese momento.

– ¡Bromeas! Están más que bien, Pinkie Pie es una genio repostera.

– ¡Gracias querido y pequeño amigo morado! – Contestó la joven rosada, abrazando la cabeza redonda de Spike contra ella. – La Señora Cake tenía estimado hacer unas cien unidades de Magdalenas y cien de los Éclairs, y el Pastel debía de ser de tres pisos con un radio de cincuenta centímetros. Pero eso fue antes de saber que la Reina Celestia vendría, y que muy posiblemente los asistentes al festival se duplicarían o triplicaría. Así que ella dijo que la cantidad de postres deberá de aumentar en esa misma proporción, si es que a Alcaldesa quiere pagarlo. Trescientas magdalenas, trescientos Éclairs, y un pastel de seis pisos y de setenta centímetros de radio, o quizás cinco pisos de cien centímetros de radio, o algo parecido. De otra forma alguien podría quedarse sin su ración de postre, y eso sería tan, tan, pero tan triste…

– ¡Ya entendí!, ¡ya entendí! – Soltó la hechicera de golpe, casi tapándole su boca con sus manos para evitar que siguiera hablando. – Hablaré con la Alcaldesa de eso, ¿está bien?

– ¡Grandioso! Gracias, Twilight Sparkle. Eres la mejor organizadora de Festivales del Solsticio de Verano enviada de Canterlot que he conocido.

– ¿Y cuántas de esas conoces exactamente?

– Unas dos o tres, pero no más de cuatro.

Twilight arqueó una ceja, sin duda confundida por esa respuesta. Mientras Pinkie recolectaba todo lo que habían usado para volverlo a guardar, la joven de Canterlot no podía evitar preguntarse qué pasaba exactamente por su cabeza, y si así era realmente su personalidad, o si sólo estaba fingiendo, o quizás era por nervios, o algo más.

– Y entonces… Suponiendo que consiguiera el apoyo de la Alcaldesa para los postres extras… ¿Cuándo crees que estarían listos todos?

– En la mañana.

– ¡Genial!

– Del primer día del festival.

Y de nuevo, el poco ánimo que le había entrado se esfumó abruptamente como humo.

– ¿Hasta entonces? ¿No podríamos… adelantar algo?

– Qué graciosa eres, Twilight. – Comentó Pinkie entre risillas al tiempo que colocaba de nuevo el recetario en su lugar. – Los postres deben de ser probados y disfrutados recién horneados, con el pan aún caliente, con el betún recién colocado, con las fresas recién cortadas, con el merengue…

– Basta Pinkie, que me haces agua la boca. – Escucharon que la reconocible voz de Rainbow Dash pronunciaba desde la puerta de la cocina.

La Jefa de Guardia tenía toda la apariencia de acabarse de levantar. Bostezó con fuerza, estirando sus brazos al aire, y luego echó un vistazo al interior de la cocina.

– A mí me parece que todo está bien aquí, ¿o no? Vayamos al siguiente sitio antes de que se haga más tarde.

– Sí, igual ya no hay nada más que hacer aquí. – Refunfuñó Twilight, comenzando a caminar de mala gana a la salida.

Ahora no sólo tenía que hacer que la Alcaldesa y Rarity Diamonds llegaran a un acuerdo con la decoración, sino que tenía también que convencer a la Alcaldesa de ampliar el presupuesto de postres. Sí, ciertamente eso no iba tan bien cómo había planeado.

– ¡Fue un gusto conocerte, Twilight Sparkle! – Oyó que Pinkie le gritaba desde la cocina cuando se iban. – ¡Debemos hacerte una fiesta de bienvenida!

– Sí, cómo sea…

Y sin más, los cuatro dejaron Sugar Cube Corner.

El siguiente punto de la lista de la Alcaldesa Mare, era el Banquete, que se serviría en la Alcaldía justo después de la Ceremonia principal, en la que se recibirían los primeros rayos del sol de verano.

– El banquete de seguro será responsabilidad de la familia Apple. – Señaló Rainbow en cuanto Spike leyó el respectivo punto. – Vamos, por aquí.

Rainbow comenzó a guiarlos entonces en una larga caminata hacia el sur, por las afueras del pueblo. Anduvieron por un camino de terracería por un rato, antes de que en un abrir y cerrar de ojos, todo lo que veían a su alrededor eran sólo manzanos, cientos y cientos de manzanos, altos y frondosos hasta donde alcanzaba la vista.

– Cuántos manzanos, Twilight. – Comentó Spike, curioso de la vista.

– ¿Falta mucho? – Preguntó Twilight con algo de fastidio.

– Ya casi; no seas quejumbrosa, Princesita.

– ¿Sabes?, enserio no me gusta eso de “Princesita”. ¿Puedes dejarlo de una vez?

– Claro, cuanto dejes de portarte como una Princesita.

Twilight tuvo deseos de refutarle algo, pero ciertamente cualquier cosa que se lo ocurría le pareció inútil.

Unos minutos después, comenzaron a escuchar algo de música lejana, el sonido de violines, tambores, y muchas voces gritando y riendo. Conforme avanzaban, esos sonidos se hacían más y más claros.

– Oye, ¿a dónde dices que nos dirigimos exactamente? – Cuestionó Twilight con algo de duda.

– A Sweet Apple Acres, la Granja de Manzanas más grande de por aquí… O de hecho la única Granja de Manzanas de por aquí.

Twilight arqueó una ceja, confusa.

– A ver si entendí bien. ¿Me estás diciendo que la familia encargada del Banquete, se llama Apple, vive en una granja llamada Sweet Apple Acres y se dedica a… cultivar manzanas? ¿Qué nadie les ha enseñado sobre la sutileza por aquí?

– Por comentarios como ese, seguirás siendo Princesita por un largo rato.

De nuevo a Twilight no le hizo nada de gracia la mención.

Un rato después, la música y los gritos eran más que claros para los tres, así como la imagen de la granja de manzanas a la que se dirigían. La propiedad era rodeada por una pequeña cerca blanca. La entrada principal era adornada por un arco, con enredaderas y manzanas, y del que colgaba un cartel de madera con el nombre del lugar, que era justamente el que Rainbow les había dicho: Sweet Apple Acres. El edificio más grande visible desde el camino principal, era un gran granero rojo intenso, muy hermoso y de apariencia cuidada. Y era justamente frente a este granero de dónde provenía la música que desde hace rato habían venido oyendo.

Había alrededor de unas veinte, o tal vez treinta personas, reunidas en la amplia explanada frente al granero, la mayoría bailando o tocando algún instrumento. Todos parecían realmente animados, como si se tratara de algún tipo de fiesta… O más bien, ciertamente se veía a leguas que de eso se trataba. Los tres se pararon en la entrada, mirando el tumulto de gente.

– ¿Qué es todo este escándalo? – Comentó Twilight, confundida.

– La verdad… No lo sé… – Respondió Rainbow, encogiéndose de hombros. – Aguarden aquí.

Twilight y Spike se quedaron en la entrada, mientras la guardia avanzaba hacia la gente, intentando llamar la atención de alguno de los que estaban bailando.

– Hey, oigan. – Exclamaba con fuerza, pero todos parecían muy concentrados en lo suyo. – ¿Saben dónde está Applejack? Applejack, ¡¿alguien ha visto a Applejack?! ¡Hey tú!, ¡estoy buscando a Applejack! ¡Applejack! ¡¿Qué nadie respeta la autoridad aquí?!

Sus intentos no estaban rindiendo nada de frutos.

Fue entonces que se escuchó el claro sonido de un violín, justo frente al granero.

– ¡Muy bien, Familia! – Se escuchó que pronunciaba con ahínco una voz ligeramente grave, con acento campirano. – Ahora bailemos algo mucho más movido, ¿de acuerdo?

El violín comenzó a sonar con intensidad, creando una melodía rápida, que rápidamente fue acompañada por el sonido de acordeones, guitarras y banjos. Rainbow pareció, no sólo reconocer la voz, sino también el violín.

En ese momento se agachó hasta que sus manos tocaron sus tenis, presionando los costados para activar su modalidad para Lightball. Se suspendió ligeramente en el aire, y entones comenzó a moverse con rapidez por entre las personas para abrirse paso, asustando y empujando a varias de ellas en el proceso.

– Podría simplemente haber rodeado la pista. – Comentó Twilight, viendo todo lo que su guía hacia desde la distancia.

De alguna u otra forma, Rainbow se las arregló para abrirse paso entre la gente, hasta casi el final de la pista. Y fue entonces que logró divisar su objetivo. Estaba sobre una pequeña, y aparentemente improvisada, tarima colocada frente el granero. Era una joven alta, de piel anaranjada y cabello rubio largo hasta su cintura. Tenía el rostro algo pecoso, y ojos grandes color verde. Traía una camisa amarilla a cuadros, jeans azules, botas y sombrero vaquero. Sobre su hombro izquierdo tenía un violón algo rustico, que tocaba con energía, al mismo tiempo que sus pies se movían contra la tarima al mismo ritmo.

– ¡Applejack! – Gritó con fuerza para llamar su atención, pero la joven de cabellos rubios no la escuchaba. – ¡Maldición!

Siguió avanzando el tramo que le faltaba, ya no tomándose el tiempo suficiente para esquivar, y mejor haciendo a un lado a la gente de una vez. Al último momento, incluso se subió encima de un hombre, apoyándose en su cabeza para impulsarse hacia la tarima. Sin embargo, la chica de amarillo, quien aún al parecer ni siquiera la había visto, se bajó de la tarima de un salto en el ese mismo instante, integrándose con las personas de la pista, bailando con ellas sin dejar de tocar.

– ¡Muevan esos pies, Apples! – Exclamaba con energía.

Tras su salto, Rainbow cayó sobre la tarima, frenando en seco para no caer del otro lado.

– ¡Maldita sea! ¡Applejack!

Rainbow volvió a bajar, y de nuevo se abrió paso entre la gente para alcanzar a la persona que buscaba. Sin embargo, ella parecía mucho más hábil para moverse entre la gente bailando que ella, y cada vez que creía que la alcanzaría, daba un giro inesperado hacia otro dirección mientras Rainbow era jalada por la marea de gente.

Estuvieron así por aproximadamente cinco minutos. Rainbow ya incluso había perdido de vista su objetivo. Una mujer bailando dio un firme paso hacia atrás, empujando a la Guardia con su espalda, y haciéndola tambalear hacia un lado. Luego fue empujada por otra persona más y luego otra, siendo llevada de un lado a otro como una pelota. Al final la gente la empujó con fuerza hacia afuera de la pista, y parecía que caería de narices al suelo. Sin embargo, un brazo se interpuso en su camino, rodeando su cuerpo con él y deteniéndola antes de que tocara el suelo. Luego, en el mismo movimiento, hizo que el cuerpo de Rainbow se volteara, fuera lanzado hacia otro lado, y fuera atrapado por su otro brazo, quedado casi boca arriba, y de frente al rostro de la persona que la sostenía.

– ¿Rainbow Dash? – Cuestionó la joven de piel anaranjada y pecas, mirándola fijamente con confusión. – ¿Qué haces aquí?

Rainbow no reaccionó de inmediato. Parecía aún algo afectada por lo que acababa de pasar, por los repentinos empujones y por estar tan de repente en brazos de la chica. Sin embargo, intentó recobrar la serenidad lo antes posible, y recobrar su expresión confiada.

– ¿Qué hago aquí?, ¿no es obvio? – Murmuró con sarcasmo. – Estaba bailando. ¿No se nota? Te estaba buscando, atolondrada. ¿Puedes por favor hacerme el favor de soltarme?

– Cómo quieras.

Haciendo caso de su petición, Applejack la soltó, haciendo que cayera de espaldas al piso.

– ¡Auh!

Applejack, la joven de piel naranja y cabellos rubios, miró divertida Rainbow en el piso. Traía aún su violín y su arco en sus manos, pero obviamente había dejado de tocar al ver la distintiva cabellera arcoíris de la Jefa de Guardia entre la multitud.

Notó por el rabillo del ojo en ese momento que alguien se le acercaba por un lado: la joven de piel morada y cabello azul con un mechón rosado, que se había quedado esperando en la entrada.

– Hola dulzura, ¿y tú eres? – Comentó Applejack con amabilidad, bajando un poco su sombrero como pequeña reverencia.

Antes de que pudiera responderle algo, Rainbow se puso de pie y se adelantó.

– Ella es la famosa Twilight Sparkle que estábamos esperando.

Applejack volteó a ver la guardia sobre su hombro, y pareció dudar un poco.

– ¿Sparkle? – Murmuró en voz baja, y ese sólo acto le refrescó la memoria. – ¡Claro!, la del comunicado de Lady Celestia. Encantada de conocerte, citadina.

– Genial, primero fui Princesita y ahora Citadina. – Comentó Twilight entre dientes.

– Applejack, ¿qué hace toda tu familia aquí? – Preguntó Rainbow con cierto disgusto. – ¿Qué no tu reunión familiar es siempre en otoño?

– Normalmente sí. Pero en cuanto todo el mundo se enteró de que Lady Celestia estaría aquí en persona durante el Festival del Solsticio de Verano, todos comenzaron a peregrinar hacia acá.

Ese dato pareció extrañar un poco a la hechicera de Canterlot.

– Espera, pero si el comunicado lo acaban de enviar anoche… ¿o no?

La joven rubia soltó en ese momento una fuerte carcajada.

– Jamás subestimes la rapidez de acción de un Apple cuando se amerita. ¿Pero dónde están mis modales? – Pasó su arco a su mano izquierda, donde también sostenía el violín, y entonces extendió su mano derecha hacia ella. – Mi nombre es Applejack Apple, puedes llamarme sólo Applejack. Bienvenida a Sweet Apple Acres, la Granja de Manzanas más grande de por aquí.

– O de hecho la única de por aquí. – Comentó Rainbow en voz baja detrás de ella.

– Ja, ja.

Twilight aceptó la mano de la joven a manera de saludo, y se encontró con que su apretón de manos era mucho más fuerte de lo esperado. Y encima de todo, sacudió su mano y brazo tan rápido y fuerte que pensó que se le zafaría.

– ¿Y qué los trae por aquí?

– ¿No lo adivinas? – Comentó Rainbow Dash algo seca. – La Princesita viene a ver lo del banquete para el Festival. ¿Puedes ayudarnos con eso?

– ¿Ahora? – Applejack se quedó pensando unos momentos, y luego se encogió de hombros. – Supongo que sí. Síganme.

Y entonces, tomó a Rainbow Dash de su mano, y la jaló de regreso a la pista.

– ¡¿Qué estás haciendo?!

– ¡Tendremos que movernos por la pista bailando! ¡Sólo déjate llevar!

– ¡Yo no me dejo llevar por nadie!

Y ambas chicas se perdieron entre la multitud de gente.

– ¿Y por qué no sólo rodeamos la pista? – Señaló Twilight con ímpetu, pero ya era muy tarde para que alguna de la dos la escuchara. Se disponía a hacer justamente eso, pero apenas de acababa de dar la vuelta, cuando dos brazos salieron de entre la multitud y la jalaron con fuerza hacia al pista. – ¡Ah! ¡Esperen! ¡En realidad no me gusta bailaaaar!

Spike se quedó de pie en su lugar, viendo fijamente como Twilight era jalada y desaparecía.

– Bueno, creo que yo sí la rodearé. – Se encogió de hombros, y comenzó a caminar tranquilamente alrededor de la pista.

FIN DEL CAPITULO 08

NOTAS DEL AUTOR:

Este capítulo lo sentí algo pesado al momento de escribirlo. Supongo que se debió a que fue la introducción de un par de personajes, y tenía que poner demasiadas cosas, y en varias de ellas tuve que resumir mucho algunas acciones. Pero supongo que fue lo mejor, para que esto se vaya un poco más rápido. ¿Qué opinan de las personalidades de Rarity, Pinkie Pie y Applejack?, ¿creen que quedan bien? Esperemos a ver qué tal queda el siguiente capítulo, donde seguiremos viendo un poco más del Ponyville de este mundo. Nos leemos.

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Harmonía I: Solsticio de Verano. Twilight Sparkle es una Aprendiz de Hechicería, Protegida de Lady Celestia, la Diosa Guardiana y Regente de Equestria. Desde pequeña, siempre ha sabido cómo hacer todo por su cuenta, dependiendo sólo de su inteligencia y su magia, lo que ha hecho nunca necesitar de amigos. ¿Pero qué pasará cuando se encuentre con una Fuerza Oscura de hace mil años, a la que no puede hacer frente ella sola?, ¿podrá confiar en estas cinco extrañas chicas que acaba de conocer para salvar a su mentora, y quizás a toda Equestria? ¿Y qué pasará cuando descubra el secreto que Lady Celestia ha escondido durante estos mil años…?

+ «My Little Pony: Friendship is Magic» © Lauren Faust, Hasbro Inc., Hasbro Studios.

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Un pensamiento en “Harmonía I: Solsticio de Verano – Capítulo 08. Preparar un Festival, o morir en el intento

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