Fanfic Harmonia: Creí que no te Volvería a Ver – PARTE 8

5 de enero del 2017

Harmonia: Creí que no te Volvería a Ver - PARTE 8


WingzemonX

HARMONÍA

Creí que no te volvería a ver

PARTE 8

¿Cómo es que todo había llegado a ese punto? ¿Era algo que irremediablemente tenía que pasar?, ¿podría haber hecho algo diferente para cambiarlo?, ¿habría tenido algún sentido intentarlo siquiera? Su amiga… O más bien, la persona que tal vez sería más digna del título de su “mejor amiga”, un día la besa de improviso, y al siguiente cuando le pide… o más bien le exige una explicación, le grita que le gusta; no sólo que le gusta, sino que le “gusta mucho”. ¿Qué decir en un momento como ese?, ¿qué hacer en un momento como ese? Applejack no tenía nada cercano a una verdadera respuesta en su cabeza cuando dicha situación se presentó ante ella; cuando Rainbow Dash, estando sobre ella y mientras le sujetaba con fuerza su camisa, le había gritado esas palabras tan fuerte y claro, que no había dejado lugar alguno para un malentendido.

Y ahí estaban ahora, en el único lugar al que se le ocurrió que podían ir a conversar, o al menos intentar hacerlo, luego de tal escena: una cafetería. Ambas chicas de Ponyville entraron al establecimiento, totalmente mojadas tras caerse en la fuente, además de llenas de tierra y lodo tras revolcarse en el suelo, y con sus cabellos desaliñados tras todo lo anterior. Intentaron ignorar las miradas curiosas de aquellos que notaban su resaltante apariencia, y de aquellos que habían presenciado el penoso espectáculo que acababan de dar en media plaza. Fueron directo a una mesa cerca de la ventana, y se sentaron una frente a la otra. Ninguna pronunció palabra alguna.

La mesera se les acercó, actuando con la mayor normalidad que la situación le permitía, y les tomó su orden; cada una prácticamente pidió lo primero que se le vino a la mente. Cuando la mesera se fue volvieron a quedarse solas, de nuevo permanecieron en absoluto silencio. Pasaron tal vez diez minutos antes de que la mesera volviera con su pedido.

– Aquí tiene, Capataz Apple. – Pronunció la mesera con una amplia sonrisa, colocando frente a cada chica lo que había ordenado. – Una malteada de manzana, con crema para usted, y un pie de cereza para su amiga. Qué lo disfruten.

– Gracias. – Agradeció Applejack de manera seca.

Rainbow Dash miró de reojo a la mesera mientras se iba. Cuando al fin estuvieron de nuevo solas, se volteó hacia Applejack, y le sonrió de forma un poco tímida.

– Capataz Apple, ¿eh? – Mencionó, repitiendo la forma en que la mesera se había referido a ella. – Se ve que ya eres reconocida en este lugar.

– Miss Cherry Jubilee es la reconocida, a mí sólo me conocen por ser su empleada. – Comentó sin alzar su mirada, al tiempo que jugaba un poco con la pajilla de su malteada. – Bueno, y creo que el rescate de Pinkie Pie y tuyo de ayer también ayudó un poco a que supieran quién soy.

– Ah, Sí. – Rainbow se apenó un poco al recordar lo de ayer, cuando el caballo de Pinkie Pie se había vuelto loco, y se la había llevado a ella arrastrando en el proceso. – Gracias por eso de nuevo, por cierto…

Applejack no respondió a su gratitud. Unió sus labios a su pajilla, y comenzó a sorber lentamente su malteada. Rainbow, algo incómoda por la situación, empezó a comer de mala gana su pie.

No estaba segura de qué tanto estaba pensando su amiga en esos momentos. ¿Estaba enojada?, ciertamente lo parecía, ¿pero era sólo eso? ¿Estaba triste quizás?, ¿confundida? ¿Aún podría decirle que todo fue una broma o tal vez ya era demasiado tarde para ello? Aunque sonara extraño, una parte de ella se sintió realmente aliviada de al fin poder decirlo. De no haberlo hecho, ¿qué hubiera pasado?, ¿se hubiera ido a Ponyville tranquila dejando ese asunto sin terminar? Lo más seguro es que no. Por supuesto, hubiera sido mucho mejor hacerlo si una pelea de llaves por la plaza del pueblo de por medio, pero así lo había querido ella; siempre prefiriendo el modo difícil. Y claro, igualmente hubiera sido mejor si la reacción de Applejack hubiera sido distinta, y no esa situación tan embarazosa en la que se habían metido.

– Bien, ¿y entonces? – Escuchó que Applejack decía al fin luego de un largo silencio.

– ¿Y entonces qué?

Applejack volteó a verla con expresión de molestia ante su pregunta. Rainbow Dash se asustó un poco al ver sus ojos verdes formando ese gesto, casi intimidante. Había visto a su amiga molesta antes, pero eso era diferente.

– Dime la verdad. – Le dijo con firmeza. – Lo que dijiste hace un rato, ¿era enserio?

¿Qué era eso?, ¿le estaba dando la oportunidad de decir que no había sido enserio? ¿Creía que tal vez era otra de las tantas excusas que le había dado antes de esa? ¿O tal vez era eso lo que le gustaría creer?, ¿esperaba realmente que le dijera que todo había sido una broma? Rainbow se debatió profundamente sobre qué responderle. Bajó su mirada un poco unos segundos, respiró con profundidad, volvió a mirarla, y entonces, ya más calmada, le respondió.

– ¿Querías saber la verdad o no? – Le susurró en voz baja. – Pues… Esa es la verdad… Puedo bromear y ser sarcástica con muchas cosas, pero no con eso, ¿de acuerdo? Tomé tanta de esa Sidra de Cereza, que en cuanto te vi en ese momento delante de mí… Algo me obligó a hacerlo… No voy a decir que no quería hacerlo, ya que en realidad todo parece indicar que una parte de mí sí lo quería… Y vaya que lo quería. Y eso es porque… Bueno por eso que ya dije…

Se volteó hacia otro lado con vergüenza; sentía las mejillas arder, y su voz le había temblado un par de veces mientras hablaba. No le agradaba en lo más mínimo sentirse así. Ella era Rainbow Dash, la chica más segura de sí misma, la que siempre tenía la última palabra, la que siempre era fuerte, la que nada le asustaba, la que se mantenía serena e indiferente. Pero ahora ahí estaba, sintiéndose indefensa, débil, avergonzada y sumisa. ¿Así se sentía enamorarse? Pues la gente que decía que era la cosa más maravillosa del mundo, le parecía ahora un grupo de mentirosos en esos momentos: enamorarse en realidad apestaba, y en grande. Hubiera dado lo que fuera para no sentirse de esa forma tan nueva, y nada agradable.

Miró de reojo a Applejack. Para su sorpresa, sus palabras parecieron tener un efecto en ella, ya que su expresión de enojo se había casi desvanecido, y en su lugar la miraba sorprendida, y su rostro se había sonrojado.

“Qué hermosa se ve sonrojada…” Se vio a sí misma pensando de pronto, y de inmediato intentó apartar esos pensamientos de su cabeza. No era para nada el momento de distraerse con eso. ¿En qué momento Applejack había empezado a tener ese efecto tan profundo en ella?

– Jamás hubiera imaginado que… – Pronunció Applejack, aunque calló sin terminar su frase. – ¿Desde cuándo sientes eso?

– Desde ayer cuando me salvaste, obvio. – Le respondió con un tono ligeramente burlón, pero a Applejack no le pareció nada gracioso. – Tranquila, sólo intentó aligerar un poco el ambiente. – Guardó silencio unos segundos, mientras se rascaba su mejilla. – Creo que desde siempre…

– ¡¿Desde siempre?!

Applejack casi saltó de su asiento, haciendo que Rainbow se hiciera hacia atrás.

– Bueno, eso creo. No estoy segura, ¿de acuerdo? Siempre me has caído… Un poco mejor que las demás… Bueno, tal vez mucho mejor que las demás… Pero apenas me di cuenta con más claridad de esto luego de que mandaste esa postal en la que decías que no volverías….

– ¿La postal? – Interrumpió Applejack de manera abrupta. – ¿Qué tiene que ver la postal con todo esto?

– ¿Me dejas terminar? – Le respondió Rainbow. – No lo sé… Es que, cuando creí que ya no volverías a Ponyville o que algo malo te había pasado, no podía dejar de pensar en ti. Sentí mucho miedo de cualquiera de las dos opciones… Y cuando te volví a ver me sentí tan feliz y aliviada que…

– ¿Fuiste directo hacia mí para golpearme?

– ¡Eso te lo merecías! – Exclamó con severidad, cruzándose de brazos. – ¡Nosotras estábamos todas preocupadas por ti y tú estabas aquí muy tranquila como si nada!

– Sí, cómo no. ¡¿Qué clase de persona va y golpea a la persona que supuestamente le gusta en cuanto la ve?!

– Se ve que no sabes cómo se enamoraron mis padres.

– No dices más que puras tonterías.

Un ligero enojo comenzaba a inundar a Rainbow Dash. La actitud de Applejack a todo esto comenzaba a parecerle insoportable.

– ¡¿Cuál es tu problema?! – Le cuestionó alzando la voz con fuerza. – ¡¿Por qué estás tan a la defensiva conmigo?! ¡Me estás interrogando como si hubiera hecho algo malo!

– ¿Disculpa? – Exclamó la Vaquera en su mismo tono. Ninguna se daba cuenta de que estaban hablando demasiado alto. – ¡¿Y cómo llamas robarle su primer beso a tu mejor amiga sin ninguna consideración previa de las consecuencias?!

– ¡Yo no robé na…! – Rainbow calló de tajo al caer en cuenta de lo que había dicho. – Espera, ¿ese fue tu primer beso?

– ¡Claro que sí! ¡¿Que creías?!

¿Su primer beso? Por alguna razón, Rainbow siempre había tenido una impresión diferente. Claro, había sido igual su primer beso. Nunca había tenido ninguna pareja, de ningún tipo, antes como para que no lo fuera. Pero siempre había pensado que Applejack sí había tenido algo parecido, no uno que conociera, pero tal vez uno secreto o algo así. Siempre había tenido algunos admiradores, claro, no tantos como Rarity o Fluttershy, pero en definitivamente más que ella sí… Bueno, admiradores amorosos, porque en el caso de admiradores que admiraran sus increíbles habilidades, ella… Eso no viene al caso.

– Tengo todo el derecho de estar enojada e interrogarte. – Pronunció Applejack de pronto, sacándola de sus pensamientos. – Puedes echarle la culpa a la sidra o lo que quieras… ¡Pero nada te daba el derecho de hacer algo como eso!

– ¿Quieres calmarte de una vez? – Le respondió, intentando quitarle importancia. – De todas formas, ¡esto también fue tu culpa!

Applejack se sobresaltó atónita.

– ¡¿Mi culpa?! – Le respondió casi gritando, chocando sus manos contra la mesa, y poniéndose de pie. – ¡Ja!, Eso sí que es gracioso. ¿Cómo algo de todo esto es mi culpa?

– Por favor, capataz Apple. – Le murmuró despacio la mesera que les había atendido, acercándoseles con pasos lentos. – Están llamando demasiado la atención…

Y en efecto, lo estaban haciendo. Casi todos los clientes de la cafetería las volteaban a ver, algunos más disimulados que otros. No había sido suficiente con lo de hace unos momentos en la plaza, encima de todo estaban haciendo otra escena ahí mismo en la cafetería. Y lo peor era que a ninguna le importaba, o ninguna se daba cuenta. A pesar de que la mesera estaba a su lado hablándoles, parecían no escucharla.

– ¡Claro que lo es! – Le respondió Rainbow con fuerza, alzándose casi de un salto de su asiento también. Cada una se inclinó un poco hacia delante, encarando frente a frente a la otra. – ¡Tú no me detuviste, hiciste a un lado o me apartaste siquiera luego de eso! Te quedaste quieta y recibiste el beso sin dar queja alguna, ¡eso es un mensaje bastante confuso!

Applejack parecía casi horrorizada por lo que había escuchada. Horrorizada, pero también sonrojada, avergonzada y furiosa…

– ¡¡No puedes estar hablando en serio!! – Le gritó con ímpetu. – ¡¿Que me quedé quieta y recibí el beso sin más?! ¡Eres una sin vergüenza! ¡Es obvio que eso fue sólo porque me tomaste por sorpresa! ¡Estaba en shock y no podía ni moverme! ¡Estaba preparada para cualquier cosa, incluso golpes, menos eso!

– ¡¿Entonces dices que sólo te comportaste así porque te tomé por sorpresa?!

– ¡Por supuesto que sí!

– ¡¿Entonces si lo hiciera de nuevo justo ahora ya podrías reaccionar de manera normal?!

– ¡Por supuesto que…! Espera, ¿qué?

Antes de que Applejack pudiera reaccionar, y como si fuera una repetición de lo sucedido la noche anterior, Rainbow Dash rápidamente se inclinó por completo hacia el frente, uniendo de nuevo sus labios contra los de ella. E igualmente similar a la noche anterior, Applejack se quedó impactada en un inicio por el cambio tan drástico. No podía ser cierto, ¿de verdad lo estaba haciendo… otra vez? Tardó unos segundos en salir de su impresión inicial, de dejar de preguntarse a sí misma si en verdad estaba pasando eso de nuevo. Pero tal y como había afirmado hace apenas unos segundos atrás, su reacción inmediata luego de ello no fue precisamente la misma que la noche anterior.

Pasados apenas un par de segundos, Applejack colocó ambas manos con firmezas sobre los hombros de Rainbow Dash, y posteriormente la empujó con todas sus fuerzas hacia atrás, haciendo que se separaran. Rainbow fue prácticamente lanzada contra el respaldo de su asiento, y la propia Applejack también terminó contra el suyo del impulso que había tomado con su empujón. La Vaquera se quedó quieta en su silla, respirando agitadamente y mirando fijamente la mesa. Durante el ajetreo, al parecer había golpeado la mesa, y su malteada se había vertido sobre ésta. Cuando al fin logró reaccionar, se volteó de nuevo hacia Applejack, y si antes parecía ya de por sí furiosa, no se comparaba en nada al rostro acalorado y mirada en llamas que tenía ahora.

– ¡¿Has perdido totalmente la razón?! – Le gritó furiosa, parándose de nuevo de su asiento. – ¡¿Qué crees que estás haciendo?!

Por extraño que pareciera, Rainbow Dash se veía también confundida, realmente confundida. Miraba a Applejack con incredulidad, como si ella misma se hiciera esa pregunta también. ¿La había besado de nuevo? ¿Realmente lo había hecho? Recordaba haberlo hecho, pero no recordaba en qué momento había pensado en hacerlo; era casi como si su cuerpo hubiera reaccionado por mero instinto de un segundo a otro.

– No… No lo sé. – Balbuceó dudosa. – Creo que pensé que me estabas retando o algo así. ¡Sabes cómo me pongo cuando me imponen un reto!

– ¡Yo no te estaba retando a nada! – Totalmente fuera de sí, Applejack le sacó la vuelta a la mesa y comenzó a caminar apresurada hacia la puerta. – ¡Estás loca!, ¡completamente loca!

– ¡Espera!

Applejack no le hizo caso. Siguió caminando hacia la puerta de la cafetería, la abrió con fuerza haciendo resonar la campanilla, y luego la azotó detrás de ella tan fuerte, que el cristal de la misma tembló un poco como si estuviera a punto de romperse.

Rainbow permaneció sentada, dudosa si seguirla o mejor dejarla sola. Las opciones, sin embargo, se le redujeron cuando al fin se dio cuenta de que la misma mesera que las había atendido, estaba a menos de un metro de su mesa, viendo en su dirección con asombro… Al igual que prácticamente todo el resto de las personas en la cafetería. Eso hizo que Rainbow Dash se sintiera inmensamente apenada.

– ¡¿Y… ustedes qué miran?! – Les gritó molesta. Rápidamente buscó su billetera en su pantalón, sacando de ésta algunos billetes para ponerlos sobre la mesa. – ¡Métanse en sus propios asuntos! ¡¿Qué nunca han visto a dos personas discutir?!

Tiró los billetes sobre la mesa y entonces se puso de pie y salió. No sabía si había puesto de más, o de menos, pero no le importó.

Applejack caminaba sin un rumbo fijo, únicamente deseando apartarse lo más posible de la cafetería. Al salir, Rainbow la divisó a lo lejos, por lo que se apresuró rápidamente a alcanzarla.

– ¡Applejack! Espera.

– ¡Aléjate de mí! – Le gritó con molestia sin detener su avance. – ¿Por qué creí que sería buena idea hablar contigo de esto?, ¿cómo es que se me ocurrió que podías sentarte cinco minutos a hablar como un adulto civilizado conmigo? No, todo tiene que tener una pelea de por medio contigo, o alguna locura como ésta.

– Oye, creo que me estás insultando…

– ¡No es un insulto cuando es la verdad!

– Bien, ¡¿sabes qué…?!

Rápidamente aceleró para colocarse delante de ella y cortarle el paso. Applejack intentó sacarle la vuelta, pero Rainbow rápidamente se lo impidió.

– Sí, tal vez sí estoy loca, tal vez toda esta situación ya me volvió loca de remate. – Le decía con insistencia mientras evitaba que se fuera. – ¡¿Pero crees que acaso esto me gusta?! ¡¿Qué crees que me agrada toda esta confusión, miedo, duda e ira que siento a veces y sin el menor control?! ¡Me siento como una montaña rusa! En un momento estoy contenta y quiero abrazarte, y al siguiente estoy furiosa y quiero golpearte…

– ¿Se supone que eso debería de ser algo bueno para mí?

– ¡Lo que digo es que no sé cómo actuar! Por eso siempre termino haciendo este tipo de cosas rudas y asertivas que me son más… Naturales. Cómo golpearte, o besarte de repente, o desafiarte…

– ¿Qué tienes seis años?

– ¡Intento decirte algo!, ¡maldición escúchame!

– ¡Te escucho pero no dices más que incoherencias!

– ¡Lo que trato de decirte es que…! – De pronto, la tomó rápidamente de los brazos y la sujeto con fuera, para poder verla a los ojos de frente. Se veía realmente segura de sí misma, al menos en un inicio, pero dicha seguridad se fue menguando en un par de segundos. – Yo… Yo… – Desvió su mirada hacia un lado con pena. – Lo siento…

Applejack parpadeó confundida. No hacía el menor intentó de librarse de sus manos.

– ¿Qué dijiste?

– Dije… Lo… Siento…

– Creo que no te escuché bien.

– ¡Lo siento!, ¡lo siento!, ¡¿está bien?!

La soltó abruptamente, y luego se dio media vuelta. De nuevo se sentía extremadamente avergonzada e indefensa por la sola mirada de la chica rubia sobre ella.

– No debí de haber hecho lo que hice anoche… Ni hace unos minutos. Me dejé llevar, siempre lo hago y normalmente está bien así. Pero en esta ocasión desearía no haberlo hecho, no así al menos. Lamento si te hice enojar o te hice sentir mal. Así que…

De pronto, Applejack notó como Rainbow, aun dándole la espalda, se abrazaba a sí misma, aferrando sus dedos a sus brazos. Notó también como sus hombros comenzaban a temblar un poco.

– Por favor, no me odies por lo que hice… O por lo que te dije… ¿De acuerdo?

En menos de veinticuatro horas, Applejack había visto cosas más extrañas en su amiga Rainbow de las que había en toda su vida en Pinkie Pie… Bueno, tal vez no tanto. Pero en definitiva hasta hace unos días jamás hubiera adivinado ver este lado de su amiga azul. Primero esas palabras emotivas que le había dicho luego del rescate del caballo, y cómo había llorado. Luego el beso, luego que le confesara que le gustaba, el segundo beso… Y ahora lo más impresionante de todo: Rainbow Dash, la única e irrepetible, disculpándose y aceptando que había hecho algo malo. Y como cereza del pastel, suplicándole que no la odié…

¿Era realmente esta su amiga?, ¿aquella con la que había crecido?, ¿aquella que la retaba a cuanta prueba de valor, fuerza, o destreza se le ocurriera con tal de probar que era mejor?, ¿la que siempre hacía todo bien y nunca se equivocaba? Era increíble lo que veían sus ojos. Y se estaba comportando de esa forma… ¿sólo por ella? ¿Era justamente ella quien causaba ese comportamiento tan único? Applejack no sabía cómo sentirse con esto…

– Yo… Jamás podría odiarte, Rainbow Dash. – Pronunció de pronto en voz baja. – Eres mi mejor amiga después de todo… Si no te he odiado antes por golpearme, creo que sería tonto odiarte… Por besarme…

– ¿Enserio?



Rainbow se volteó un poco, lo suficiente para poder verla, y Applejack pudiera notar lo brillante y acuoso de sus ojos.

– ¿Estás llorando?

– ¡Claro que no! – Le respondió apresurada, y se empezó a tallarse los ojos con ambas manos.

Applejack sonrió, quizás por primera vez en todo ese rato, pero no duró mucho. Un largo suspiro de cansancio se escapó de sus labios, al tiempo que se dejaba caer de sentón a la mitad de la una banca cercana.

– ¿Qué quieres de mí exactamente Rainbow Dash?

– ¿A qué te refieres?

– ¿Qué esperas que te diga o haga con todo esto? – Alzó su mirada lentamente hacia ella. Ya no se veía molesta, más bien… preocupada. – ¿Debo entender entonces que… te me estás declarando de alguna forma?

– ¡¿Qué?! ¡No! – Respondió la chica de cabellos arcoíris, alzando sus manos hacia ella de forma alarmada. – O… tal vez… ¡No lo sé! Yo no tenía pensado decirte nada de esto… T… Tú me obligaste…

Sí, de cierta forma lo había hecho. Había presionado y presionado, hasta que la obligó a decirle la verdad.

Rainbow prosiguió.

– Yo no quiero ni espero nada… Sólo que todo este embarazoso incidente no arruine nuestra amistad ni lo que tengo contigo, o con las otras.

– Yo tampoco quiero nada parecido a eso. Pero… – Applejack balbuceó un poco dudosa. – ¿Estás segura que estás bien con eso? Normalmente si alguien te gusta, esperas que esa otra persona… Bueno, te corresponda, y ambos se vuelvan…

Applejack no fue capaz de terminar sus palabras, pero no fue necesario. Rainbow Dash parecía tan sobresaltada por lo que estaba diciendo, que parecía evidente que había entendido lo que quería decir.

– E… Escucha Applejack. – Comenzó a decirle, al inicio algo dudosa y con tartamudeos, pero conforme progresaba su tomaba más estabilidad. – Yo no quiero nada de eso. – Rio un poco de manera despreocupada, encogiéndose de hombros. – No soy esa clase de chica. Tú me conoces… No soy del tipo romántico, ni cursi, de las que tienen novio… o novia… ¡Ni nada parecido! En especial… Yo… sé que no sientes lo mismo por mí… ¡Y estoy perfecta con eso!, ¡de verdad! No me debes nada ni tienes que decirme nada especial. Sólo dime eso mismo que ya te dije, que quieres que sigamos siendo amigas y sólo eso, y qué podemos ignorar y olvidar que todo esto pasó, y volver a cómo estábamos antes de ese beso. Así podremos dejar este tema por la paz, yo podré irme a Ponyville tranquila, tú podrás seguir con tu trabajo aquí, y todo olvidado. ¿Te parece?

– ¿Sólo eso? ¿Si te digo eso lo aceptarás, olvidarás este tema y no volverás a insistir con él otra vez?

– ¡SÍ!, prometido. – Asintió con rapidez con su cabeza, y después alzó su mano derecha en señal de juramento. – Tienes mi palabra de Caballero.

Las palabras de Rainbow sonaban sinceras. No parecía realmente querer insistir más con eso, ni querer que eso evolucionara a algo más. Eso hacía sentir más tranquila a Applejack. Lo que le pedía era más que sencillo, y era justamente lo que ella también quería. Debían dejar ese tema por la paz, y seguir como si nada hubiera pasado. Era lo mejor para ambas, y lo mejor para el grupo.

La Vaquera se volvió a parar, le sonrió con gentileza a Rainbow Dash, separó sus labios un poco para hablar… Pero nada surgió de sus labios.

Se quedó cerca de diez segundos quieta, mirando fijamente a su compañera, con su boca al parecer deseando decir algo, pero nada. Ni una palabra, siquiera un sonido, surgió de ella. Luego de pasado ese tiempo, sus labios volvieron a unirse, y su sonrisa se había desvanecido. Rainbow la miraba confundida, sin entender en lo más mínimo qué era lo que ocurría. ¿En qué estaba pensando?, ¿Por qué no decía nada?

– Oye, ¿estás bien? – Le preguntó dudosa. – ¿Por qué me miras así? ¿Qué te pasa?

Applejack no reaccionaba. Parecía totalmente sumida en otra cosa. Sus ojos se desviaron ligeramente a la izquierda, y luego se cerraron. Con una mano se acomodó su desalineado y sucio sombrero, y comenzó a caminar, sacándole la vuelta.

– Dame un poco de tiempo. – Le susurró en voz baja al estar a su lado, y luego siguió de largo.

– ¿Eh? – Exclamó Rainbow confundida, siguiéndola con la mirada. – ¿Qué quieres decir con eso?

– Lo que dije, dame tiempo.

– ¿Pero tiempo para qué? ¡Espera!

Applejack no se detenía. De nuevo caminaba sin rumbo, con su mirada puesta fija al frente. Ni siquiera parecía reaccionar ante las palabras insistentes de su amiga, que caminaba detrás de ella.

– ¿Qué quieres decir con qué te dé tiempo? ¿Y de cuánto tiempo estás? ¿Un minuto? ¿Una hora? ¡¿Un mes?! Recuerda que volveré a Ponyville en un par de horas y quien sabe cuándo vuelva a verte.

– ¿Te morirás si acaso no te digo nada justo ahora?

– No, pero casi. ¡No puedes hacerme esto! – Rainbow comenzó a molestarse por la extraña actitud que Applejack acababa de tomar de pronto. – Yo soy la que quería ignorar todo esto en un inicio y dejarlo pasar, ¿recuerdas? Tú fuiste la que quisiste hablar y me obligaste a hacer todo este ridículo. Ahora no puedes huir de esto.

– No estoy huyendo.

– ¿Entonces para qué quieres que te dé tiempo?

– Para… – Applejack se detuvo de golpe, y Rainbow casi chocó contra su espalda. La Vaquera permaneció estática en su lugar, mirando fijamente a la punta de sus botas. – Para poder decidir… Qué decirte…

– ¿Qué decirme? ¿De qué hablas? Si te acabo de decir hace un minuto qué me digas.

 – Sí, pero… – Applejack volteó a verla lentamente en ese momento, y pudo notar el fuerte sonrojo que había en sus mejillas. – No… No estoy segura de que eso… Sea lo que te quiero decir…

Rainbow enmudeció, y Applejack lo hizo igual. En silencio, una miraba a la otra fijamente. Rainbow intentaba adivinar qué era lo que le cruzaba por la cabeza en esos momentos, y qué significaban realmente esas palabras que acababa de pronunciar. ¿No estaba segura de que quisiera decirle eso?, ¿qué cosa exactamente? ¿Lo de querer seguir siendo amigas? ¿O acaso…?

– ¡Uh!, ¡Applejack! – Escucharon ambas de pronto que gritaba la reconocible y armoniosa voz de Pinkie Pie con fuerza.

Ambas se vieron obligadas a apartar su mirada de la otra, y voltear a ver en la dirección que había venido el grito. Pinkie y Twilight se acercaban caminando desde la tienda de Palomitas, cada una cargando al menos tres canastas de palomitas de diferentes colores: amarillas, rosas, azules e incluso verdes.

– Tienes que probar estas palomitas. – Indicó Pinkie Pie, extendiéndoles las palomitas rosadas. – Su sabor es tan artesanal.

– Oh, por Celestia. – Exclamó Twilight Sparkle alarmada, al ver la apariencia de sus dos amigas. – ¿Qué les pasó?

– Bueno…

Applejack estaba por explicar su desaliñado look, aunque no tenía del todo claro que explicación iba a dar. Mas en ese momento, las voces de Rarity y Fluttershy se hicieron presentes también.

– Normalmente me gusta la moda rústica, pero esto es más rústico de lo que me esperaba. – Comentaba Rarity pensativa. En su mano derecha sostenía un vestido largo, de color beige, con cuello en “v” pronunciado, sin ningún tipo de estampado y de encaje en las mangas. Un diseño bastante sencillo. En su otra mano cargaba otras dos bolsas, y Fluttershy detrás cargaba unas tres más.

– ¿Y porque lo compraste, Rarity? – Le preguntó Fluttershy, confundida.

– Inspiración, querida. Mis instintos me dicen que se viene una nueva tendencia temporal por los diseños sencillos para el otoño. Y uno como éste tiene potencial, sólo necesita un toque Rarity.

Rarity guardó el vestido en una de las bolsas, y fue hasta entonces que volteó a ver a Applejack y Rainbow Dash, notando de igual forma cómo se encontraban.

– ¿Y ustedes dos qué rayos hicieron mientras no estuvimos? – Cuestionó mientras las escudriñaba con la mirada de arriba abajo. – ¿Las arrastró un caballo o algo así? Bueno, en tu caso Rainbow Dash, ¿de nuevo?

– Ja, ja, muy graciosa. – Respondió Rainbow de mal humor.

– No hicimos nada en especial, sólo… – Applejack miró a Rainbow de reojo unos momentos, antes de proseguir con su respuesta. – Conversamos un poco…

– ¿Conversaron girando el piso? – Preguntó Pinkie Pie curiosa. – Porque hasta hace un momento hubiera dicho que es una locura, pero ahora que lo digo en voz alta, ¡suena divertido! Incluso la manera convencional de conversar ahora me parece aburrida.

– No, Pinkie Pie, claro que no. – Una pequeña risilla divertida surgió de los labios de Applejack. Rainbow se sorprendió ante esto, pues de un momento a otro parecía haber recuperado por completo su buen humor, o al menos olvidado el malo que tenía hasta entonces. – En verdad las voy a extrañar mucho, chicas. Estos meses que hemos pasado juntas, como las Portadores de los Elementos de la Harmonía, como amigas a tiempo completo y todo eso… Han sido realmente divertidos.

– Oh, no lo digas como si esto fuera una despedida, Applejack. – Mencionó Rarity de inmediato. – Es sólo un hasta luego, ¿lo olvidas?

– ¡Sí! ¡Eso mismo! – Agregó Pinkie Pie con entusiasmo, saltando delante de la vaquera, y tirando algunas palomitas en el proceso. – Debes asegurarte de no tardarte mucho en volver, ¿está bien? Debemos hacer…

– ¿Una fiesta de bienvenida de regreso? – Interrumpió Applejack, adivinando justamente lo que estaba por decir.

– ¡¿Cómo supiste?!

Todas rieron en unisón, excepto Rainbow Dash que no rio, pero no pudo evitar sonreír un poco. Twilight y Fluttershy compartieron una pequeña mirada discreta entre ellas. No podían asegurarlo por completo, pero todo parecía indicar que todo estaba mejor entre sus amigas.

El resto del día fue mucho más tranquilo en comparación. Se sentaron, comieron de las palomitas artesanales, y charlaron. Recorrieron el pueblo, saludaron a algunas personas, y compraron un par de recuerdos. Comieron en un restaurante cuando fue hora de la comida, un delicioso corte de carne y verduras. El tiempo se fue volando en un abrir y cerrar de ojos, y cuando menos se dieron cuenta el gran reloj de la plaza principal marcó las cuatro y media de la tarde.

Tres se dirigieron a la estación del tren a comprar los pasajes, mientras otras tres se dirigieron de regreso al Rancho para traer su equipaje. Necesitaron que varios trabajadores de la plantación les ayudaran a cargar todas las maletas de Rarity, pero al final la proeza fue lograda. Incluso Rarity pareció tener el suficiente tiempo para cambiarse de atuendo, pues cuando volvió a la estación ya traía otro traje totalmente distinto con el que se había ido; nadie le cuestionó al respecto.

Cuando ya eran las cinco con quince minutos, pasaron entonces al andén una última vez a conversar y despedirse, mientras el tren se preparaba para partir.

– Salúdenme a todos en Ponyville de mi parte. – Les decía Applejack, mientras abrazaba a cada una por separado como despedida. – Díganle a mi abuela y a mis hermanos que vengan a visitarme si les es posible.

– Cuenta con eso. – Le respondió Twilight luego de darse su abrazo.

Cuando era el turno de abrazar a Rainbow, por mero reflejo parecía que lo haría sin más, pero de inmediato cayó en cuenta de ello y, no sólo se detuvo, sino que se hizo hacia atrás, mirando a su amiga en silencio.

– Ah… Qué tengas un buen viaje, Rainbow Dash. – Murmuró apenada, y en lugar de un abrazo le extendió su mano derecha.

– Sí, igualmente. – Mencionó Rainbow en un estado muy similar. – Digo, tú no vas a viajar… Pero me entiendes…

– Sí, eso creo.

Ambas comenzaron a reír en voz baja en conjunto sin ninguna razón aparente. Se dieron la mano, dándose un amistoso apretón. Y al parecer todo quedaría ahí, hasta que Pinkie Pie se les aproximó y las abrazó a las dos con fuerza al mismo tiempo.

– ¡Abrazo grupal! – Exclamó con fuerza la joven rosada. Las otras tres no tardaron mucho en unirse a su propuesta.

Por culpa de dicho abrazo grupal, Applejack y Rainbow terminaron mucho más pegadas de lo que deseaban; de hecho estaban mejilla contra mejilla, lo que resultaba en una situación más que incomoda.

El momento de partir al fin llegó, y las cinco chicas de Ponyville subieron a su tren. Cuando éste comenzó a avanzar, las cinco se asomaron por las ventanillas, para despedirse una última vez de su amiga.

– ¡Adiós, Applejack! – Exclamó Pinkie Pie con entusiasmo.

– ¡Nos vemos muy pronto! – Agregó Fluttershy.

– ¡Arréglate ese cabello, por favor! – Comentó Rarity por último, más como una broma que otra cosa.

– ¡Cuídate mucho y no olvides escribir! – Se despidió Twilight.

Rainbow no dijo nada. Sólo miraba a como la imagen de su amiga se alejaba cada vez más y más.

– ¡Qué tengan buen viaje! – Les gritó Applejack con energía. – ¡No se metan en problemas sin mí!

Cuando el tren ya se estaba alejando, las miradas de Applejack y Rainbow Dash se cruzaron una última vez. Ambas hicieron el ademán de querer decir algo, pero ninguna lo hizo, y aunque lo hubieran intentado, a la distancia a la que estaban la otra ya no lo hubiera escuchado. El tren se fue, y se fue, avanzando por las vías, y luego perdiéndose en el horizonte del desierto.

Applejack se encontraba en la posición contraria a la de hace una semana. Ella había sido la que abordó el tren, y sus amigas las que la habían despedido. Justo como Rainbow había hecho aquel día, ella se quedó unos segundos más en el andén, mirando en la dirección en la que se habían ido. No podría quedarse ahí por siempre. Tenía que volver al rancho, y encargarse de sus deberes, al menos en lo que quedaba de la tarde.

Pasarían tres meses antes de que Applejack dejara Dodge Junction y volviera a Ponyville. En todo ese tiempo, cada vez que tenía un tiempo libre, cada vez que no estaba trabajando, cada noche que intentaba conciliar el sueño, un sólo pensamiento inundó su mente. ¿Qué haría exactamente cuando ese día que tanto temía llegara? ¿Qué era lo que le respondería al final…?

CONTINUARÁ

Notas del Autor:

Cuando recién concebí esta historia en mi cabeza la primera vez, tenía pensado que terminara justo en este punto. ¿Qué malvado de mi parte, cierto? La idea era concluirlo en otra historia como “secuela” de ésta, pero qué más da. Decidí mejor escribir dos capítulos más para no dejar así de inconcluso ni al aire cómo es que todo termina. Así que esperen un poco más para ver el verdadero final.

En otras noticias, al fin comencé a publicar a dichoso otro proyecto del que tanto he estado hablando, que serán varias historias comenzando con una: Harmonía I: Solsticio de Verano, que se ubicará en el mismo mundo que ésta historia que han estado leyendo hasta ahora, donde los personajes son humanos, y contará la historia de cómo en este mundo Twilight y las otras se conocieron y se volvieron las portadoras de los Elementos de la Harmonía. Espero se puedan dar una vuelta por ella y dejarme sus comentarios.

Un saludo, y nos leemos a la siguiente.

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Harmonía: Creí que no te Volvería a Ver. Tras haber ido a una competencia de Rodeo a Canterlot, Applejack envía una Postal a Ponyville en la que afirma que no volverá, lo que desconcierta a todos, en especial a Rainbow Dash, quién saldrá sin espera a su búsqueda junto con sus demás amigas, decidida a no volver sin ella.

+ «My Little Pony: Friendship is Magic» © Lauren Faust, Hasbro Inc., Hasbro Studios.

Si te ha gustado mi trabajo y deseas ver más de él, puedes apoyarme invitándome un café. Será enormemente apreciado.

2 pensamientos en “Harmonia: Creí que no te Volvería a Ver – PARTE 8

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