Fanfic Harmonía I: Solsticio de Verano – Capítulo 07. Bienvenida a Ponyville, Princesita

3 de enero del 2017

Harmonía I: Solsticio de Verano - Capítulo 07. Bienvenida a Ponyville, Princesita


HARMONÍA I:
Solsticio de Verano

Por
WingzemonX

Capítulo 07
Bienvenida a Ponyville, Princesita

Ponyville no se encontraba en realidad muy lejos de Canterlot. Para su sorpresa, el viaje en tren tomaba sólo dos horas, por lo que estarían allá antes de las once de la mañana. Pero estando tan cerca, ¿cómo era que nunca había oído hablar de ese lugar hasta entonces? Era un pueblo pequeño, pero al parecer no tan pequeño como para no tener su propia estación de tren en la vía que iba al sur, y esperaba que tampoco como para no poder albergar a toda la gente que seguramente terminaría por peregrinar hacia allá, al enterarse de que Lady Celestia presidiría el Festival ella misma desde ahí. Luego de salir de la biblioteca la noche anterior, Twilight tenía la intención de volver luego de su reunión con Celestia, y realizar una pequeña investigación sobre Ponyville, sobre todo su historia, y así saber más de a dónde se dirigía. Sin embargo, la reunión con la Reina terminó siendo demasiado para su frágil mente, y prácticamente se le había borrado por completo de la cabeza. Así que, salvo por el nombre y su ubicación, se dirigía a un sitio del que no sabía absolutamente nada, y el no saber absolutamente nada de algo siempre le había causado cierta incomodidad. Aunque claro, en esa situación tan desafortunada en la que se había terminado metiendo ella misma, cosas que le causarán incomodidad no le hacían falta.

Mientras avanzaban, Twilight miraba por la ventanilla de su privado, por la cual sólo se veía extensos prados verdes, y unas cuantas montañas a lo lejos. Pero su mente divagaba en otras cosas muy diferentes al paisaje.

«¿Qué tan malo sería saltar antes de llegar, perderme y nunca jamás volver a Canterlot?» – Pensaba con cierta ingenuidad. Aunque absurda, la posibilidad le parecía un poco más agradable que las alternativas.

– Mira el lado bueno, Twilight. – Oyó como Spike, quien estaba sentado frente a ella, le decía. – Éstas son casi como unas vacaciones. Ten en cuenta que llevó muy poco de existir en este mudo, y casi no conozco sitios fuera de Canterlot. Podremos conocer un lugar nuevo, gente nueva. Será divertido.

– No estamos para diversión, Spike; ¿lo olvidas acaso? – Le respondió ella con fastidio, y entonces echó un vistazo de reojo a su bolso de viaje en el asiento a su lado.

– ¿Sigues pensando en ese libro?

– No puedo evitarlo. – Extendió en ese momento su mano hacia su bolso, para sacar el libro sobre la Historia de las Dos Reinas. Lo colocó sobre sus piernas, y lo abrió justo en la página en donde se encontraba el dibujo de las que aparentemente eran Celestia y Luna Ultimecia. – Lo que dice realmente es perturbador…

– Ni siquiera sabes si algo de eso es verdad.

– ¿Pero y si lo es? ¿Y si es verdad…?

Volvió a cerrar el libro con fuerza, para luego abrazarlo contra su pecho. Se volvió una vez hacia la ventanilla; el paisaje de afuera no había cambiado ni un poco, casi como si se estuviera repitiendo una y otra vez.

– Equestria ha vivido siglos enteros de paz, y todo eso ha sido únicamente gracias a la protección perpetua de Lady Celestia a este reino; al enorme respeto que sus aliados le tienen, y al miedo que infunde a sus enemigo. Al ser ella la última de los Antiguos, y la Hechicera más poderosa y grandiosa del mundo, a quien nadie puede superar ni vencer, ni siquiera un ejército entero. – Se detuvo unos instantes a meditar en lo que había dicho antes de continuar. – ¿Pero qué pasa si realmente sí existe un enemigo tan poderoso como ella? Alguien que Lady Celestia no pudo derrotar ella misma y tuvo que recurrir a este Elemento de la Harmonía que se menciona aquí. ¿Y qué pasa si ese enemigo está por volver a este mundo? O aún peor… ¿Qué tal si ya ha vuelto y estas Criaturas de las Sombras son sólo el comienzo? ¿Podrían ella y los Caballeros de la Orden detenerla? ¿Y qué pasaría si las demás personas se enterarán de esto…?

Twilight hablaba con una seriedad tan profunda, que Spike no pudo evitar sentirse un tanto incómodo. Posiblemente debido a su joven edad y cierto desconocimiento del mundo, el Dragón Familiar no siempre podía visualizar ese tipo de cosas tan claramente, hasta que Twilight le señalaba las implicaciones graves de ello.

– Me estás asustando un poco, Twilight. – Murmuró nervioso. – No creo que algo como eso puede ser verdad… ¿O sí? Lady Celestia es la persona más poderosa del mundo… Es imposible que exista alguien que pueda vencerla, ¿no?

– Me gustaría decirte que así es, pero lo cierto es que no lo sé. – De nuevo esa sensación incomoda que le causaba el no saber. – Por eso mismo debemos de encontrar la forma de verificarlo. No me importa cómo, pero debemos de ir a ese bosque.

Spike por unos momentos había pensado que tras la no tan agradable sorpresa que le había dado Lady Celestia la noche anterior, había desistido de ese plan de ir a ese bosque para buscar pistas, pero por sus palabras entendía que aún deseaba hacerlo.

– ¿Y qué pasará con el Festival? Recuerda que tiene que ser el mejor en la historia del pueblo.

– Faltan cinco días para el Solsticio. Apuesto a que la Alcaldía y el resto de los lugareños de Ponyville ya tienen casi todo preparado. Solo debo de darle el visto bueno a cada cosa, revisar que todo se haga bien… Será rápido, ¿qué tan difícil puede ser? De alguna forma me encontraré un hueco para escabullirme e investigar.

– ¿Y cuándo harás amistades?

La sola mención la hizo comprimirse un poco en sí misma, como si le hubiera pegado un dolor punzante en el estómago. No negaba la efectividad de haberle dicho a Lady Celestia que tenía amigos para que le permitiría ir, pero las consecuencias inesperadas de dicho acto terminarían por caerle encima más temprano que tarde… Al menos que pudiera hacer algo al respecto antes.

– Eso no importa. Si el peligro descrito en este libro es real, y puedo probarlo, lo que menos le preocupará a Lady Celestia y a mi hermano es si mentí o no sobre ese tema de tener amigos ahí.

– ¿Y si no es real?

– Si es el caso, entonces ya pensaré en algo. – Desvío su mirada hacia otro lado. – ¿Qué tan difícil puede ser conseguir un par de personas que al menos finjan ser mis amigos? Si es necesario, claro…

Ninguno sabía con seguridad qué era lo que les esperaba en ese pueblo; pero ya no estaban tan lejos de poder averiguarlo…

– – – –

No mucho después, uno de los conductores comenzó a andar por los pasillos, anunciando que estaban por llegar a Ponvyille. Esa fue la señal para Twilight y Spike de comenzar a prepararse para su inminente descenso. Una vez que el tren se detuvo por completo, y antes de salir de su privado, Twilight pudo asomarse unos instantes por la ventanilla para echarle un vistazo al andén. Como lo esperaba, la estación de tren de Ponyville era muy, muy pequeña, compuesta sólo de un andén de suelo de madera y un edificio colorido de un sólo piso. Desde su perspectiva, alcanzaba a ver a sólo tres personas, pero tal vez habría un poco más en donde no lograba ver.

Se tomó unos segundos para respirar con profundidad, golpearse un poco sus mejillas con las palmas de sus manos y entonces agarrar valor para salir.

«Al mal paso, darle prisa…»

Además de Twilight y Spike, al parecer sólo cinco personas más se bajaron del tren en esa estación, mientras que otros tres  estaban acompañados de su equipaje, preparándose para abordar. Los demás que no traían nada de equipaje consigo, al parecer unos siete en total, estaban muy seguramente ahí para despedir a alguno de los que se iban, o para recibir a alguno de los que llegaban. De estos últimos, una figura en particular llamó la atención de Twilight y Spike, justo cuando pusieron su primer pie fuera del tren.

Era una persona parada en el centro del andén, que usaba lo que a Twilight le pareció a simple vista un uniforme de guardia, aunque muy sencillo en comparación con otros que había visto. Se componía básicamente de un saco azul marino, de cuello alto y botones dorados al frente, y pantalones de vestir del mismo tono que el saco. Sobre los hombros, traía unas pequeñas hombreras de metal, y a los costados de sus caderas, caían dos largas láminas de armadura que protegían hasta la altura de las rodillas. Atada a la cintura traía una espada de hoja recta en su funda negra. Pero no fue en sí su vestimenta la que llamó su atención, sino dos cosas: la primera, su cabello, que era de diferentes colores: morado, azul, verde, amarillo, naranja y rojo, como el arcoíris. Pero era algo raro. No se veía como si tuviera sólo rayos o mechones de algunos colores en particular así como el suyo rosado y morado, sino que casi parecía que le hubiera caído una cubeta de diferentes colores encima, y tenía mechones que eran verdes, azules y amarillos al mismo tiempo, y otros que eran naranjas y rojos. Ciertamente era un look llamativo. Pero lo segundo, y más importante, era que sostenía en sus manos un letrero blanco y cuadrado con dos palabras escritas en ella: «Twilight Spekles»

¿Cuáles eran las posibilidades de que una chica llamada Twilight Spekles viajara en su mismo tren y fuera a Ponyville, en contraposición contra que aparentemente alguien hubiera escrito mal su nombre? No tardó mucho en inclinarse más por la segunda alternativa. Suspiró con resignación, y entonces comenzó a avanzar hacia dicha persona.

– Disculpa… – Comenzó a hablar en cuanto estuvo más cerca, pero antes de decir nada el guardia la interrumpió.

– Hey, tú eres Twilight Spekles, ¿verdad? – Pronunció con energía, con un tono de voz agudo. – Tienes cara de Twilight Spekles.

– ¿Qué? – Twilight comenzó a intentar adivinar exactamente qué significaba tener cara de Twilight Spekles, pero prefirió no mover mucho más ese asunto. – No, es Sparkle, soy Twiligt Sparkle. Vengo de parte de…

– Sí, lo sé, de Lady Celestia, ¿no? – Le interrumpió de nuevo de la misma euforia de hace unos momentos.

Una vez que estuvo más cerca, y tras escuchar su voz, pudo percatarse de que se trataba de hecho de una chica, de complexión atlética, sólo unos pocos centímetros más alta que ella. Se sintió avergonzada por unos momentos, pues de lejos había creído con seguridad que se trataba de un hombre. Pero no podía culparse, su apariencia despistaba un poco si no se ponía atención. Además de eso, pudo notar algunos detalles adicionales sobre su aspecto. Tenía la piel de un tono azul celeste y ojos morado oscuro. En el brazo izquierdo usaba una banda dorada, pero ignoraba si significaba algo en especial o sólo era parte del uniforme. Sus pantalones estaban algo manchados de lodo de la parte inferior, y usaba además… ¿Tenis? Eso le sorprendió un poco. A pesar de estar usando un uniforme de guardia, no usaba botas, ni siquiera zapatos, sino unos tenis blancos con estampados coloridos y agujetas azules, que también se veían algo manchados. ¿Le permitían hacer tal cosa? Además de todo, no usaba casco como todos los guardias debían de hacer.

– Qué bueno que al fin llegaste. – Prosiguió la Guardia. – Bienvenida a Ponyville, Princesita.

– ¿Prin… cesita…?

– Vaya sorpresa. – Comentó divertida, echando una mirada rápida completa a la hechicera. – Creí que serías alguna mujer vieja de pelo gris, quejumbrosa por todo, y que sólo trae libros en su equipaje.

– Le falló sólo en el cabello. – Susurró Spike en voz baja con un tono juguetón.

– Spike. – Exclamó Twilight entre dientes, algo molesta por su broma. – Éste es Spike, mi Dragón Familiar, por cierto.

– Mucho gusto, Spike a tus órdenes. – Al decir eso, alzó su garra derecha hacia ella en forma de saludo.

La guardia miró a Spike con algo de curiosidad, y cierto asombro. Twilight apostaba con casi toda seguridad que era la primera vez que veía un dragón como Spike, o incluso la primera vez que veía un dragón en sí.

– ¿Dragón Familiar dices? – Repitió rascándose un poco su mejilla con un dedo. – No sé qué sea eso, ¡pero mucho gusto, pequeñín! – Tomó su mano, agitándola con rapidez a modo de saludo. Resultó tener mucha más fuerza de la que Spike pensó. – Yo soy Rainbow Dash, Jefa de la Guardia de Ponyville.

Esa presentación dejó casi atónita a Twilight.

– Espera, ¿dijiste Jefa de la Guardia? ¿Enserio?

En su tono se lograba distinguir un marcado escepticismo, que al parecer la recién presentada como Rainbow Dash no notó en lo absoluto.

– Me encargaron que te recogiera y te llevara a la Alcaldía. La Alcaldesa Mare te está esperando con ansías, así que sígueme.

Sin más, arrojó el letrero con el nombre mal escrito hacia un lado, y éste terminó por golpear la cabeza de alguien. Luego se dio media vuelta y comenzó a caminar hacia el interior de la estación. Sin mucha opción a negarse, Twilight la siguió, arrastrando su maleta detrás de sí.

– – – –

Al salir por las puertas principales de la estación de tren, se encontraron de frente con la avenida principal del pueblo. Ponyville resultó ser algo más grande y concurrido de lo que se había imaginado. Había una gran cantidad de personas andando de un lado a otro por la calle, platicando, comprando, algunos con más prisa que otros. Se escuchaba un gran barullo en todos lados. Twilight se preguntó cuántas de esas personas vivían en ese pueblo regularmente, y cuántos habrían llegado sólo para el inminente Festival de Verano, en especial al enterarse de que Lady Celestia en persona estaría presente. Aunque apenas habían dado el mensaje esa misma mañana, por lo que no creía que realmente una gran cantidad de gente hubiera llegado aún por ese motivo.

Había muchos edificios para donde mirara, todos de colores muy llamativos y brillantes. La mayoría parecían ser casas de uno o dos pisos, y se veían muy pocas de tres. Por la avenida principal había una gran cantidad de tiendas, sobre todo restaurantes. Había una panadería, una florería, una tienda de regalos, y una juguetería. Luego de caminar por unos segundos, pasaron frente un edificio en particular que resaltaba de los demás, de hermosos colores pasteles, azul, rosa y morado. La planta alta al parecer era un poco más angosta que la plata baja, y lo más llamativo eran unos adornos en la parte de arriba, que asemejaban a tres caballos andando uno detrás del otro, como un carrusel.

Algo más adelante se encontraron lo que parecía ser una pastelería, y no lo adivinaba por el letrero o el nombre del local, sino por el llamativo decorado de éste. Era un edificio amplio, cuya fachada y techo parecían haber sido arregladas para asemejar a un pastel de chocolate con crema y fresas. De lejos realmente parecía un pastel de gran tamaño, pero ya acercándose podías notar que se trataba de sólo decorado sobre la madera y las tejas.

– Qué arquitectura tan singular acostumbran por aquí. – Murmuró en voz baja, más como un comentario al aire que otra cosa.

– Parece un lugar agradable, Twilight. – Señaló Spike, quien caminaba a su lado. – Definitivamente es muy diferente a Canterlot.

Sí, en verdad lo era. Aunque resultó ser algo más grande de lo esperado, seguía teniendo esa agradable atmosfera campirana de los pueblos así; un estilo simple, por decirlo de alguna forma, no tan movido y complicado como Canterlot. Era sorprendente saber que en esa época, aún quedaban sitios como ese en Equestria.

Twilight echó un vistazo rápido a la chica que los guiaba por delante. Caminaba con un paso muy relajado y despreocupado, con sus manos atrás de su cabeza y sus ojos cerrados. No podía evitar preguntarse si lo que había dicho hace unos momentos en la estación era cierto. ¿En verdad era la jefa de la Guardia? ¿Con su uniforme sucio y usando tenis? Y ni siquiera usaba su casco; dudaba incluso de que fuera en verdad una guardia. Además de todo, se veía realmente joven para un puesto como ese.

– ¿En verdad eres la Jefa de la Guardia? – Soltó de golpe y sin rodeos. Rainbow Dash se volteó hacia ella sobre su hombro izquierdo. – Es que… Te ves algo joven, incluso diría que somos casi de la misma edad.

El tema de la edad le pareció el menos agresivo de mencionar, así que optó por centrarse en ese.

– ¿Tú crees? – Respondió Rainbow, divertida por el comentario. – Pues sí, en efecto lo soy. No le dan esta banda dorada a cualquiera. – Dicho eso, señaló la banda que usaba en su brazo izquierdo, lo que resolvía el misterio de qué significaba exactamente esa banda; al parecer era un símbolo del estatus como jefa de la guardia. – Pero si te soy sincera, Jefa de la Guardia suena más importante de lo que realmente es, ya que de hecho sólo somos dos guardias.

– ¡¿Qué?! ¿Sólo dos?

– Bueno, en realidad más bien seríamos como una y media, ya que la otra guardia rompe más cosas de las que protege.

– Aguarda, aguarda, tiempo fuera. – Twilight se detuvo abruptamente, obligando a que los otros dos la imitaran. – Sé que es un pueblo pequeño, ¿pero me estás diciendo que en todo Ponyville sólo hay dos guardias para su protección y para mantener el orden?

– Claro. – Le contestó encogiéndose de hombros. – Nunca se ha ocupado más. Ponyville no es como la gran ciudad, aquí todas las personas son muy amables y atentas entre ellas…

Las palabras de Rainbow Dash fueron cortadas abruptamente cuando se viró una vez más al frente, y sus ojos se posaron en lo que parecía ser una fuente circular en el centro de la plaza principal, con dos estatuas de caballos volteados hacia lados opuestos y arrojando agua por sus bocas. Pero no era en sí la fuente o sus dos estatuas lo que llamaron su atención, sino dos niños, de máximo diez años, cada uno parado en un extremo de la pequeña barda de la fuente, y se estaban lanzando mutuamente un balón, pateándolo por encima de la fuente, y obligando al otro a intentar atraparlo con sus pies.

El rosto de Rainbow Dash se llenó de cólera en esos momentos, y comenzó a dar fuertes zancadas hacia ellos.

– ¡Oigan ustedes, mocosos! – Les gritó con fuerza. Los dos niños se quedaron paralizados ante su grito, y el balón que pateaban terminó por caer al suelo, rebotando un poco y luego rodando hacia la guardia.

– ¡Es Rainbow Dash! – Exclamaron los dos niños con alarma.

– ¡¿Que les dije de jugar en la fuente?! ¡¿No deberían estar en la escuela ensayando la canción?!

Antes de que se acercara más, ambos brincaron de la fuente y comenzaron a correr a toda velocidad, alejándose.

– ¡Corre!, ¡corre!

– ¡Eso es!, ¡corran! – Les gritaba Rainbow, agitando su puño derecho en el aire. –  Si los vuelvo a ver perdiendo el tiempo por aquí, ¡les patearé el trasero! ¡¿Me escucharon?!

Los niños se alejaron a toda velocidad, hasta perderse entre la multitud de gente.

Durante toda esa incomoda escena, Twilight se había quedado a unos pasos de distancia, al parecer un poco afectada por el tan repentino cambio de actitud que acababa de presenciar.

– Estos niños…

De pronto, dirigió su pie derecho al balón que había quedad cerca de ella, y lo alzó al aire en línea recta. Cuando volvió a descender, lo recibió con su muslo derecho, y luego con el izquierdo, comenzando a maniobrar con él. Era un balón azul con algunos estampados de rombos dorados en él. Por su tamaño y sus estampados, así como por la forma en la que los niños lo estaban usando, era obvio que se trataba de un balón de Lightball.

– ¿Qué estaba diciendo? – Se preguntó sin dejar de manejar el balón. – Ah sí, como te decía, todos aquí en Ponyville son muy amables y tranquilos…

Sin más, comenzó a andar de nuevo, pero ahora pasando el balón de una pierna a otra, casi como si nada de lo de hace unos momentos hubiera pasado.

– ¡Cielos! – Exclamó Spike, asombrado. – Esta chica es increíble. Y me encanta su cabello.

– No creo que sea natural… – Señaló Twilight en voz baja.

– Así que eres de Canterlot, ¿no? – Escucharon de pronto que Rainbow comentaba, sin perder ni un instante la concentración. – ¿Has ido al Gran Estadio de los Wonderbolts alguna vez?

– ¿De los Wonderbolts? – Twilight en un inicio pareció no entender bien la pregunta, o al menos no el cómo encajaba en ese momento. – Sí, algunas veces.

– ¡Qué envidia! Sólo he estado ahí dos veces, una de niña para conocerlo, y otra hace como tres años para la Gran Final del Campeonato de Equestria en el que los Wonderbolts ganaron 4 a 2 contra los Speed Lancers. ¡Fue un partido grandioso!

¿Por qué empezaba a hablar de los Wonderbolts tan de repente? Los Wonderbolts eran uno de los mejores equipos de Lightball de Equestria, sino es que el mejor, y tenían su Estadio y centros de entrenamiento en Canterlot. Desde pequeña, recordaba que su padre y su hermano eran fans de los Wonderbolts, su padre principalmente. Ella por su parte, nunca había compartido del todo su interés por el Lightball. De vez en cuando la habían llevado a ver algunos partidos, y aunque no eran enteramente aburridos, no eran precisamente lo primero en su lista para pasar el rato. Le interesaba más la teoría detrás del juego, las reglamentaciones y las estadísticas, más que el juego en sí, lo que posiblemente para todos era lo más aburrido.

– ¿Te puedo decir un secreto? – Comentó Rainbow luego de un rato.

– No. – Respondió la hechicera de forma cortante, pero de nuevo la Guardia hizo caso omiso de sus palabras.

– En realidad no es tan secreto. La verdad es que este trabajo de Jefa de la Guardia es sólo un trabajo temporal. Mi verdadero sueño es jugar Lightball de manera profesional.

– ¡Oh!, ¿tú juegas Lightball? – Exclamó Spike con sorpresa. Twilight sólo podía preguntarse qué le sorprendía tanto, luego de verla todo ese rato jugar con el balón.

– ¿Bromeas? Soy la mejor de todo este pueblo, y quizás de toda la zona. ¡Miren esto!

Sin dar más explicación, pateó el balón con una fuerza tal que éste se elevó por los aires a varios metros por encima de sus cabezas y de los tejados, hasta incluso perderse entre las nubes. Tanto Spike como Twilight, miraron atónitos tal acto, pero lo cierto era que Rainbow apenas comenzaba. Mientras el balón continuaba en el aire, la guardia se agachó un poco hasta que sus manos alcanzaran sus tenis, y así poder activar el pequeño cristal que tenían a cada lado. Dicho cristal comenzó a brillar con intensidad de colores azules y verdes, y luego ese brillo se extendió hasta todo el zapato, para luego concentrarse en las suelas. Los pies de Rainbow se suspendieron del suelo unos centímetros, pero ella no pareció tener problema en mantenerse estable.

– ¡Son Tenis de Lightball! – Señaló Spike al darse cuenta.

En el Lightball, los jugadores usaban zapatos especiales con un tipo especial de magia incorporada en ellos, que les permitía separarse del suelo, y desplazarse con mucha más fluidez y velocidad por el campo de juego. ¿Enserio esa chica estaba usando Tenis de Lightball con su uniforme de guardia?

El balón comenzó a descender de nuevo, en línea directo hacia la persona que lo había arrojado al aire en un inicio. En cuanto lo vio, Rainbow sonrió ampliamente con confianza. Se elevó de un salto un par de metros en el aire, giró su cuerpo con rapidez en una maroma completa, e hizo que su talón se encontrara justo contra el balón a medio vuelo, y éste saliera disparado como una bala de cañón hacia el suelo. Al chocar contra tierra, el balón rebotó hacia el lado derecho sin perder aceleración, dirigiéndose directo a un puesto de frutas cercano. El dueño, al ver el proyectil directo hacia él, se tiró al suelo para esquivarlo, pero sabiendo de antemano que no podría salvar sus frutas. Sin embargo, en el último instante, Rainbow apareció de la nada justo frente al puesto, interceptando el balón con su espinilla derecha, maniobrándolo, y volviéndolo a lanzar al aire.

Así estuvo por un largo rato, andando de arriba abajo, de un lado a otro, arrojando el balón, y moviéndose a una gran velocidad para interceptarlo y recuperarlo, para luego volver a repetir. En ningún momento estuvo ni cerca de perderlo, y ni siquiera se veía que eso estuviera resultando una tarea demasiado extenuante para ella.

Al final, luego de una última lanzada, el balón chocó contra el piso, justo a menos de un metro de Twilight y Spike, pero ya no rebotó, sino que se quedó girando en su mismo lugar con rapidez. Rainbow dio una maroma sobre la fuente, cayendo directo hacia el balón. Plantó su pie derecho contra éste, haciéndolo detenerse en seco. La guardia respiraba con agitación, pero apenas un par de gotas de sudor le recorrían la frente.

– Impresionante, ¿no? – Comentó divertida, volteando a ver a los dos visitantes a su cargo.

– ¡Claro que sí! – Respondió Spike, aplaudiendo con entusiasmo.

– Más o menos. – Añadió Twilight, aparentemente ni cerca de tener la misma emoción que Spike. Sin embargo, en realidad sólo estaba disimulando, ya que sí que había sido impresionante. Sus movimientos ágiles y precisos eran semejantes a los de un Caballeros de la Orden. Si así era de buena con el balón, se preguntaba cómo sería en el combate, pese a no tener magia propia.

Rainbow se incorporó de nuevo, y con movimiento de su pie hizo saltar el balón, para atraparlos en sus manos.

– Lamentablemente mis intentos de formar el equipo de Lightball de Ponyville nunca ha dado buenos frutos. Pero algún día, sin lugar a duda, me uniré a los Wonderbolts como su delantera estrella.

– ¿Enserio? He oído que es realmente difícil ingresar al equipo de los Wonderbolts, sólo aceptan a lo mejor de lo mejor.

– ¡Y esas palabras exactas me describen!

– Qué modesta…

– Oye, Twilight. – Intervino Spike en ese momento, jalando un poco la manga de su camisa para llamar su atención. – Tú podrías pedirle a tu hermano que le presente a sus amigos de los Wonderbolts, ¿no?

Antes de que Twilight pudiera responder, Rainbow pareció sobresaltarse al escuchar dichas palabras, y rápidamente se giró hacia ellos, con sus ojos totalmente abiertos.



– ¡¿Qué dices?! ¡¿Tu hermano conoce a miembros del equipo de los Wonderbolts?! ¡¿Los conoce en persona?!

– Pues…

– ¿Bromeas? – Interrumpió Spike. – Su hermano es ni más ni menos que Shinning Armor Sparkle, Uno de los Capitanes de La Orden de los Caballeros Divinos.

– ¡¿Shinning Armor Sparkle?! – Rainbow soltó el balón, y de inmediato se dirigió hacia ella, tomándola de los hombros. Twilight hizo su cuerpo un poco hacia atrás, intentando mantener distancia de ella. – ¡¿Eres hermana de Shinning Armor Sparkle?!

– Sí, es mi hermano mayor. – Le respondió algo dudosa.

– ¡Pero creí que tu apellido era Spekles!

– No, te dije que…

– ¡Eso no importa! ¡¿Tu hermano conoce a los Wonderbolts?!

– Sí, eso creo. Algunos viejos amigos suyos son miembros actuales del equipo…

– Oh por Celestia, ¡Oh por Celestia! ¡Tienes que presentármelo! – Comenzó  a sacudirla con algo de fuerza, posiblemente por mero reflejo. – ¡Si lo haces seré tu mejor amiga por siempre y para siempre de aquí al infinito!

– ¡Basta!

Twilight logró quitarse sus manos de encima, y rápidamente retrocedió, hasta incluso ponerse detrás de Spike, como si el pequeño cuerpo del dragón la pudiera cubrir. Estaba algo mareada por la sacudida, pero intentó recuperarse lo más pronto posible.

– ¡¿Podríamos primero llegar a la Alcaldía, por favor?! Tengo algo de prisa, y hemos estado perdiendo mucho tiempo aquí.

– Cierto, sí. Por aquí… ¡Pero tenemos que retomar este tema después!

– Sí, sí…

Y una vez más, al fin, se pusieron en camino a la Alcaldía, que parecía ser el edificio más alto a la vista, de forma circular, y con una larga torre con un reloj en la punta que señalaba casi las once.

– ¿Ves, Twilight? – Escuchó que Spike le decía con emoción. – Y tú que pensabas que sería difícil hacer amigos.

Twilight no le respondió nada. Sólo siguió caminando con fastidio en su cara y en sus pasos. Definitivamente esa chica no era ni cerca la idea que tenía de una amiga para ella. Si tenía que adivinar como sería su estadía en Ponyville, basándose en esos primeros minutos que llevaba ahí, todo pareciera indicar que las cosas no serían tan sencillas como había pensado. Pero fuera de cómo eran las personas ahí, contaba con que los preparativos del Festival ya estuvieran casi terminado, y eso no le quitara casi nada de tiempo, y eso era lo que realmente importaba… ¿o no?

– – – –

El interior de la Alcaldía de Ponyville, resultó ser mucho más amplio de lo que Twilight Sparkle hubiera supuesto. Una vez que cruzaron por la puerta que daba a la plaza principal, se encontraron con un gran salón circular, que de seguro era el sitio usado para las reuniones del pueblo y eventos importantes. El salón tenía cierto encanto entre sencillez y distinción. Tenía elegantes y bien cuidados relieves de madera en las paredes y las columnas. El suelo parecía ser de linóleo, y en estos momentos se encontraba reluciente y brillante como un espejo; pareciera que se le acabara de limpiar y pulir; casi dudaba si podía pisarlo. Al frente había un pequeño escenario, donde de seguro la Alcaldesa se colocaba para hablar a las personas. Había tres balcones de gran tamaño a cada lado del salón, suficientes como para que veinte personas estuvieran en él al mismo tiempo. Sobre el escenario había otro balcón más, mucho más pequeño como para dos, máximo tres personas, pero por su posición se veía que era el de mayor importancia. En la parte superior, más allá de los balcones, había grandes ventanales que permitían el libre paso del sol, lo que hacía que en todo el interior estuviera realmente bien iluminado con pura luz natural.

– Esto no está nada mal, ¿no crees, Twilight? – Comentó Spike, quien miraba con curiosidad todo el sitio.

– Eso creo. ¿Aquí se llevará acabo la Ceremonia de los Primeros Rayos del Sol de Verano?

– No lo sé, tal vez. – Respondió Rainbow encogiéndose de hombros.

– ¿Eres la Jefa de la Guardia y no conoces la logística que seguirá el festival?

– Tranquila, Princesita. Aún faltan cinco días para el festival, aún no estoy muy enterada de qué tengan planeado exactamente. Y de todas formas, según tengo entendido, al final del día la decisión de todo eso será tuya, ¿o no?

Lamentablemente, eso era cierto. Aunque ya tuvieran todo de antemano planeado, lo más seguro era que su presencia y la de Lady Celestia, terminaría por voltearlo casi todo. Tendría que intentar lo más posible minimizar los daños y hacer que todo eso saliera lo más pronto. Lo bueno es que esa decisión se veía bastante sencilla. Si Lady Celestia presidía la ceremonia desde el balcón central sobre el escenario, estaría viendo justo al este para la salida del sol. Por los ventanales de la parte superior, podrían entrar sin problema los primeros rayos de luz, y alumbrarían poco a poco el interior. Eso podría funcionar.

– No, no, ¡no! – Escuchó de pronto que alguien pronunciaba con fuerza, resonando en el eco del lugar.

Twilight volteó hacia todos lados, intentando descubrir quién había sido, pues desde su perspectiva ellos eran los únicos tres en salón. Se dio cuenta entonces que detrás del escenario había una cortina a medio cerrar de color rojo, que posiblemente daba hacia la parte trasera. Ésta se corrió por completo hacia un lado con rapidez, revelando a una cuarta y quinta persona.

– ¡De ninguna manera aceptaré un atropello como éste! – Pronunció la persona que había abierto la cortina. Su voz era algo chillante, y con mucha intensidad, que además de todo era aumentada por el eco.

Era una mujer de apariencia joven, de cabello morado largo hasta la cintura, con hermosos y perfectos rizos definidos, y adornado con una diadema azul con gemas en ella. Su rostro era blanco, redondo, con facciones muy refinadas. Tenía los ojos grandes, azules y brillantes, adornados con sombras celestes, y largas pestañas. Usaba una blusa ligera de tela muy delgada color blanco, con olanes en la parte frontal como adornos; pantalones morados y botas negras de tacón alto que resonaban con fuerza contra el linóleo al caminar. A simple vista se veía molesta, tanto en su tono, como en su expresión y los movimientos que hacía al caminar.

– ¡Wow! – Exclamó Spike sorprendido. – ¿Quién es ella…? Es… Bellísima…

El Dragón Familiar se quedó prácticamente paralizado, sólo moviendo sus ojos verdes lo suficiente para que la recién llegada no se apartara de su vista. Ciertamente era una persona muy bien parecida. Su cabello su ropa, su maquillaje… Todo parecía muy cuidado, hasta el último detalle.

– Tardé un mes entero en diseñar y preparar toda esta hermosa decoración, ¡¿y ahora quiere que la cambié en cinco días?! – Continuó diciendo la chica de cabellos morados, girándose hacia la persona que venía detrás de ella.

– Señorita Diamonds, sea razonable, por favor. – Se escuchó como la segunda persona le decía, con un tono mucho más calmado, pero no por eso menos severo.

Era una mujer adulta, alta, de piel color café claro, ojos azul oscuro, y cabello gris corto, con un prominente copete hacia el frente. Usaba un traje estilo ejecutivo, de saco y falda negra, y anteojos de medio ovalo con marco dorado.

– Usted sea razonable, Alcaldesa. Ya todo está diseñado, confeccionado, preparado, empacado, y listo para colocarse en un chasquido de dedos. – Como queriendo ejemplificar lo que decía, chasqueo en ese momento los dedos frente a su rostro. – Salvo por las flores, que obviamente se cortaran un día antes para que estén lo más frescas posibles. ¡Pero por lo demás ya está todo listo! ¡Me rehúso rotundamente a echar todo este trabajo a la basura!

Se veía que les estaba tocando presenciar una parte de una conversación que ya llevaba largo rato. La mujer de traje negro respiraba con profundidad, en un intento aparente por mantener la calma. Ambas parecían tan sumidas en su discusión, que no se percataron de la presencia de ellos tres hasta Rainbow carraspeó para llamar su atención y obligarlas a voltearse.

– Buenos días, Alcaldesa. Le traigo a su chica.

Dicho eso, se hizo a un lado, dejando camino libre para que pudieran ver a Twilight y a Spike. La Alcaldesa pareció dudar unos momentos, pero al final su mente se logró desconectar del tema anterior.

– ¡Ah!, ¡Tú debes de ser Twilight Sparkle! – Saludó la Alcaldesa con entusiasmo, caminando apresurada hacia ella.

– Es Spekles, Alcaldesa. – Le corrigió Rainbow con mucha confianza.

– No, sí es Sparkle. – Le corrigió, ahora Twilight.

– ¿Enserio? ¿Y porque no me lo dijiste antes?

– ¡Sí lo hice!

– Da igual, da igual. – La alcaldesa agitó sus manos en el aire, como si intentara ahuyentar moscas sobre las cabezas de ambas. Luego tomó la mano de Twilight y le dio un fuerte apretón. – ¡Bienvenida a Ponyville, querida! Espero que nuestro hermoso pueblo sea por completo de tu agrado.

– Gracias. – Respondió la hechicera, mientras agitaba un poco su mano pues el apretón le había dejado un poco adolorida.

– Todos estamos muy emocionados desde que recibimos la noticia anoche de que Lady Celestia vendría a nuestro amado Ponyville a celebrar el Solsticio de Verano. Era media noche, y tuve que despertar al pueblo entero  para decirles la gran noticia. Esto es todo un honor para todos.

– Sería un honor más grande si nos lo hubiera dicho hace un mes. – Comentó la chica de cabello morado, girándose hacia otro lado de brazos cruzados. Ese comentario pareció alarmar mucho a la alcaldesa.

– ¡Señorita Diamonds!, no frente a la emisaria de su majestad, ¡por favor! – Se aclaró un poco las garganta, e intento recuperar de nuevo la compostura. – Déjeme presentarle a la señorita Rarity Diamonds. Ella es la encargada de toda la decoración del festival.

– Ah, entiendo. – Twilight ya había supuesto con anterioridad que se trataba de eso, basándose en lo poco que llegó a escuchar de lo que hablaban. – Y sobre eso, supongo que para este entonces ya han de tener toda la decoración terminada, ¿verdad?

– La tenía. – Intervino Rarity de inmediato. –  Al menos hasta esta mañana cuando la Alcaldesa decidió que no era lo suficientemente buena y quiere cambiarla sin motivo alguno.

– Señorita Diamonds… – Murmuró entre dientes la Alcaldesa, pero a la mujer de piel blanca no le importó.

– Tuvimos cinco reuniones de todo el día revisando los diseños. Hice todos los cambios negociados, presioné a mis proveedores para que me tuvieran todo cinco días antes; fue un mes entero de trabajo sin parar. – Centró en ese momento su atención en Twilight. – ¡¿No te parece una broma de mal gusto que quieran cambiarlo todo cinco días antes del evento?!

– Pues… – Twilight no estaba muy segura de qué iba a responder, pero por suerte, por decirlo de algún modo, Rarity tampoco espero a escucharlo.

– Además, todo este movimiento es completamente innecesario, ¡innecesario he dicho! Mi decoración esta perfecta tal y como está. Me niego a cambiar siquiera un listón.

– Estamos hablando de Lady Celestia en persona, aquí en Ponyville, presidiendo el festival más importante del año por primera vez en nuestra historia. Todo debe ser perfecto, espectacular, inolvidable.

– ¿Insinúa acaso que mi decoración no es digna de la presencia de Lady Celestia? – Parecía imposible, pero su tono se volvió incluso más grave, y más molesto, tras ese comentario. – Para su información, estos diseños no los hice nomas porque sí. Puse todo mi esfuerzo y creatividad en ellos. Son de mis mejores trabajos.

– Su decoración es adorable, señorita Diamonds. Solo quisiera que fuera un poco… Más…

Rarity alzó su ceja derecha como señal de confusión.

– ¿Un poco más qué?

La Alcaldesa pareció intentar pensar lo más rápido posible en una respuesta, pero era evidente que no daba con una, o al menos no una que pudiera mejorar esa situación. Antes de que pudiera pronunciar ni media palabra, alguien más se le adelantó.

– Más genial, obvio. – Comentó Rainbow Dash de pronto, despreocupada. – Cómo un veinte por ciento más genial.

– ¡¿Qué?! – Exclamó Rarity molesta, y también confundida. – ¿Veinte…? ¿De dónde sacaste ese número exactamente? Y además, ¿a ti quien te preguntó, Rainbow Dash? Si por ti fuera, decoraríamos todo con lodo y palos en las paredes.

La Jefa de Guardia se sorprendió al escuchar tal comentario, aunque su sorpresa rápidamente se convirtió en notorio enojo.

– Oye, tengo el presentimiento de que me estás tratando de insultar.

– Si te insulta la verdad…

Por un instante parecía que Rainbow se le lanzaría encima, pero de inmediato la Alcaldesa Mare se colocó entre ambas.

– Cálmense las dos, por favor. Nos están haciendo quedar mal frente a la emisaria de Lady Celestia.

Esa sola mención hizo que Rarity recordara de nuevo la presencia de la chica de cabellos azules, qué prácticamente se había mantenido algo al margen de toda la discusión.

– ¿Saben qué?, no tengo porque escuchar sus críticas. – Comenzó a decirles al tiempo que se acercaba hacia Twilight. – ¿Piensan que mi decoración no es suficiente para Lady Celestia y sus invitados? Pues bien, ella misma mandó a alguien en su representación que estoy segura tendrá el gusto correcto para tomar este tipo decisiones, y decir si es digna o no.

– ¿Yo? – Exclamó Twilight con asombro, señalándose con un dedo. –  O… Oigan, en realidad no sé tanto de estas cosas como creen. Lo que hayan decidido antes está bien…

– Nada de eso. Ven acá, cariño.

Sin darle tiempo a replicar algo más, Rarity la tomó del brazo izquierdo y comenzó a jalarla con rapidez hacia atrás del escenario

– Oye, espera…

FIN DEL CAPITULO 07

Notas del Autor:

Y al fin llegamos a Ponyville y comenzamos a ver al resto de los personajes que tanto amamos. De aclaraciones, sólo decir que el juego mencionado, Lightball, es inventado por mí, similar al Soccer pero más “mágico”. E igualmente el apellido de Rarity, Diamonds, es también agregado mío. Como les había mencionado con anterioridad, si algún personaje no tiene un apellido oficial (o encuentre alguno popular), le inventaré uno. Nos leemos a la próxima.

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Harmonía I: Solsticio de Verano. Twilight Sparkle es una Aprendiz de Hechicería, Protegida de Lady Celestia, la Diosa Guardiana y Regente de Equestria. Desde pequeña, siempre ha sabido cómo hacer todo por su cuenta, dependiendo sólo de su inteligencia y su magia, lo que ha hecho nunca necesitar de amigos. ¿Pero qué pasará cuando se encuentre con una Fuerza Oscura de hace mil años, a la que no puede hacer frente ella sola?, ¿podrá confiar en estas cinco extrañas chicas que acaba de conocer para salvar a su mentora, y quizás a toda Equestria? ¿Y qué pasará cuando descubra el secreto que Lady Celestia ha escondido durante estos mil años…?

+ «My Little Pony: Friendship is Magic» © Lauren Faust, Hasbro Inc., Hasbro Studios.

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Un pensamiento en “Harmonía I: Solsticio de Verano – Capítulo 07. Bienvenida a Ponyville, Princesita

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