Fanfic Harmonia: Creí que no te Volvería a Ver – PARTE 6

29 de diciembre del 2016

Harmonia: Creí que no te Volvería a Ver - PARTE 6


WingzemonX

HARMONÍA

Creí que no te volvería a ver

PARTE 6

– ¿Que no puedes? – Preguntó Rainbow Dash, casi alarmada. – ¿Por qué dices que no puedes?

– Porque no puedo, no por el momento al menos. – Fue la respuesta directa de Applejack.

Luego de haber realizado todo ese largo y cansado viaje, y de haber ideado un plan con marcadas subidas y bajadas en su ejecución, al fin pensaron que todo estaba resuelto y que su labor había terminado. Sin embargo, para su sorpresa, y también confusión, Applejack les soltaba esta nueva sorpresa, afirmando que pese a todo lo dicho, no podía volver con ellas a Ponyville. Pero, ¿por qué?

– Pero Applejack, ya te dijimos que a nadie le importará lo que pasó. – Mencionó Twilight Sparkle, dando un paso al frente.

– La Alcaldesa tal vez esté un poco decepcionada y llore, pero ya se le pasará. – Agregó Pinkie Pie.

– Y creo que tu abuela dijo que te daría unos coscorrones, pero de seguro sólo estaba jugando. – Comentó ahora Rarity, aunque inmediatamente después pareció dudarlo. – ¿O tal vez no?

– No es nada de eso.

Applejack tomó las riendas de Apple Storm con su mano izquierda, mientras con la derecha empezaba a acariciarle su cabeza. Luego de unos momentos concentrada en ello, comenzó a caminar, jalando las riendas de su caballo, y haciendo que la siguiera; sus amigas también lo hicieron, andando a su lado.

– No puedo irme de Dodge Junction todavía. – Comenzó a explicarles mientras avanzaban. – Yo acepté el trabajo de capataz de Cherry Hill Ranch por mi propia decisión, y no puedo solamente irme así como así; menos cuando es plena temporada de recolección y hay tanto trabajo que hacer. Todos han sido muy buenos y amables conmigo aquí, en especial Miss Cherry Jubilee. Lo menos que puedo hacer es quedarme hasta que encuentren a un nuevo capataz. Además, ustedes mismas vieron lo grande y próspero  que es este lugar. Miss Cherry lo dijo, uno de cada siete frascos de jalea de cereza que se comen en toda Equestria, proviene de Cherry Hill Ranch. Siento que hay mucho que puedo aprender aquí para hacer crecer y mejorar Sweet Apple Acres. Por todo eso no puedo irme con ustedes.

Las cinco guardaron silencio, escuchando atentamente todo lo que su amiga les decía; e incluso cuando calló, nadie pudo decir mucho de inmediato. ¿Qué podrían decir? Applejack siempre había sido muy responsable, y si había aceptado ese trabajo no se iría de la noche a la mañana dejándolo varado. Y en efecto, la plantación les había parecido un lugar fascinante y lleno de movimiento; y Miss Cherry se veía como una persona muy amable y agradable. Aunque cada una por separado intentaba pensar en algo que responderle, algo para decirle que la convenciera de que se fuera con ellas, todas sabían que Applejack era así, y que no se iría tan fácil si tenía algo pendiente que hacer.

– Creo que eso lo podemos entender. – Comentó Twilight con una sonrisa melancólica. – Pero eso significa que sí volverás tarde o temprano, ¿verdad?

– Claro que sí. – Respondió la vaquera, intentando usar un tono más animado. – Ponyville es mi hogar, siempre lo es y siempre lo será; sólo necesitaba que ustedes me lo recordaran.

– Te extrañaremos, Applejack. – Murmuró Fluttershy, sonriendo de la misma forma que Twilight. – Pero nos conformaremos con saber que volverás cuando te sea oportuno.

Rarity y Pinkie Pie asintieron y parecieron compartir la misma opinión que Twilight Sparkle y Fluttershy habían exteriorizado. Por su lado, como ya todas esperaban considerando lo que había ocurrido ese último par de días, Rainbow Dash no se veía del todo de acuerdo. Ella no sonreía, ni tampoco asentía. Caminaba cruzada de brazos, mirando hacia otro lado con ligero desagrado.

– Rainbow Dash. – Escuchó que Rarity le hablaba. – ¿Tú no tienes nada que decir? Vamos, no seas una niña berrinchuda.

– ¡No soy nada de eso!

– Hey, Rainbow. – Fue ahora Applejack la que le hablaba, y el oírla hizo que Rainbow se estremeciera un poco. Al voltear a verla sobre su hombro, pudo verla sonriéndole ampliamente. – Lamento haberte hecho enojar tanto con mi egoísmo. Pero anda, tienes mi promesa de que éste no será un adiós, y que volveré. ¿A quién conoces más honesta que yo?, ¿eh?

Las mejillas de Rainbow Dash se tornaron ligeramente sonrosadas. Miró hacia el suelo unos momentos, mientras con una mano se frotaba su brazo. Luego, sin voltear a verla, alzó su puño izquierdo hacia ella y lo mantuvo así.

– Está bien… Pero más te vale que vuelvas, ¿oíste? Si no lo haces, volveré aquí y te arrastraré conmigo de vuelta.

– No será necesario llegar a eso; tienes mi palabra… – Le respondió, y a su vez alzó su propio puño para chocarlo contra el de la chica de piel azul, justo como lo habían hecho una semana atrás en la estación de tren de Ponyville.

– – – –

Decidieron aceptar la invitación que Miss Cherry Jubilee les había hecho el día anterior, y quedarse a dormir en la plantación esa noche. A la hora de la cena, fueron igualmente bienvenidas en el comedor, sentándose en la misma mesa que la dueña del rancho y Applejack. Ésta aún no le diría a su nueva jefa que tenía pensado volver a casa en algún momento, pero pensaba hacerlo pronto.

– ¿Así que mañana ya vuelven a casa, chicas?, ¿tan pronto? – Mencionó la mujer de cabello rojo, estando ya todas sentadas, con sus platos servidos. Todas comían y hablaban, excepto Pinkie Pie, que sólo comía.

– Si, me temo que hay trabajo que hacer en Ponyville que no podemos retrasar. – Contestó Twilight Sparkle. – Pero decidimos quedarnos una noche más, para estar un poco más con Applejack.

– Pues qué remedio. Ya saben, son bienvenidas en mi rancho cuando así lo deseen. Siempre y cuando no estrellen mis caballos contra el tren.

Pinkie Pie alzó su cabeza, con su boca aún llena de comida, al escuchar tal comentario.

– ¿Lo dice por mí? – Murmuró a como la comida le permitió, pero apenas y logró ser comprensible.

Todas rieron  al unísono, y un poco después Pinkie Pie se les unió.

– Jelly. – Llamó Miss Cherry con fuerza a una jovencita de piel verde claro, con un delantal. – Por favor, trae siete vasos de sidra de cereza, para mí, para Applejack y para sus amigas. ¿De acuerdo, cariño?

– Enseguida, Miss Cherry. – Respondió la joven y de inmediato caminó con rapidez hacia la cocina.

– ¿Sidra de Cereza? – Cuestionó Twilight con curiosidad. – ¿Es como algún tipo de jugo?

– Algo así. – Mencionó Applejack, algo insegura. – Es un jugo de Cereza Fermentado. Tiene un sabor muy fuerte, no sé si les guste.

– Oh, vamos querida. – Señaló Miss Cherry, divertida. – Debemos de celebrar la visita y ahora partida de tus amigas, y la mejor forma de celebrarlo es con un brindis de sidra.

Luego de un par de minutos, dos meseras trajeron siete vasos de un líquido rojizo oscuro, y colocaron cada uno frente a ellas. Fluttershy acercó su rostro con cuidado a su vaso, y percibió un poco el aroma que surgía del líquido; en efecto olía un poco fuerte.

Miss Cherry tomó su vaso y lo alzó al frente, hacia todas las demás.

– Salud por que tengan un feliz viaje de regreso a casa, y para que volvamos a vernos.

Todas tomaron sus respectivos vasos, alzándolos también de la misma forma que ella.

– ¡Salud!

Las siete bajaron sus vasos y se los empinaron al mismo tiempo, dando un profundo sorbo del misterioso jugo. Twilight Sparkle, Fluttershy, y Rarity, hicieron sus cabezas hacia un lado, y comenzaron a toser un poco, como si algo les hubiera raspado la garganta. Rainbow Dash no tosió, pero si carraspeó un poco de manera disimulada. Applejack y Miss Cherry, por su lado, parecieron beberlo con completa normalidad. Por su lado, Pinkie Pie fue la única que se empinó todo su vaso de un sólo trago, e incluso después se lamió los labios.

– ¡Esto está delicioso! – Exclamó con entusiasmo.

– ¿Te lo pareció? – Comentó Rarity, un tanto confundida; aún intentaba asimilar el sabor.

– De hecho… – Rainbow Dash miró con curiosidad su vaso, y luego volvió a dar un sorbo de él; el segundo trago le pareció mucho más agradable, y entonces se lo empinó todo el resto de golpe. – No está tan mal. ¿Puedo servirme un poco más?

– Todo lo que quieras, cariño. – Le respondió Miss Cherry con ánimo.

Twilight, Fluttershy y Rarity, sólo se terminaron su primer vaso; Miss Cherry y Applejack, tomaron dos en total. Pero Rainbow Dash y Pinkie Pie se dieron el lujo de servirse uno tras otro, hasta que perdieron la cuenta luego del cuarto. A Pinkie Pie le había fascinado la nueva bebida, y a Rainbow Dash también, aunque en menor medida que su amiga; al final todo el asunto se había vuelto más que nada en una especie de competencia, para no quedar registrado que había bebido menos vasos que Pinkie Pie, de lo cual la verdad no había quedado del todo segura.

Una vez terminada su cena, y de haber estado charlando por más de una hora, Miss Cherry tuvo que retirarse, por lo que las chicas hicieron también lo mismo y se dispusieron a ir  a las habitaciones que les habían preparados. Pese a que Rainbow Dash y Pinkie Pie habían bebido mucho por igual, ésta última se veía normal, animada y enérgica como siempre. Rainbow Dash, por su lado… Estaba un poco extraña. Caminaba algo tambaleante, reía mucho, y parecía renuente a no querer dormir.

– ¡¿Quién quiere dormir?! – Pronunciaba con fuerza, mientras Applejack la ayudaba a caminar hacia afuera del comedor. – La noche es joven… Vayamos a caminar… ¿Qué tal si hacemos una de nuestras legendarias carreras Applejack aquí y ahora?

– En ese estado no podrás ni correr dos pasos sin caerte, amiga.

– ¿Quién dice que no?

Applejack les dijo a las demás que se adelantaran hacia los dormitorios y que ella llevaría a Rainbow Dash a caminar a un poco para que se despejara; Twilight y las otras hicieron exactamente eso. Applejack empezó a caminar entre los árboles de cerezas, acompañada de Rainbow Dash, que caminaba a su lado, con su brazo derecho alrededor de sus hombros para evitar que cayera.

– ¿Querías andar conmigo a solas acaso? – Cuestionó Rainbow Dash riendo.

– Sólo quería evitar que siguieras haciendo el ridículo. – Le respondió Applejack con tono burlón.

Luego de caminar con el apoyo de Applejack por un rato, Rainbow Dash comenzó a andar por su cuenta, al parecer un poco más estable, pero de vez en cuando daba algún paso en falso. La chica de cabellos arcoíris caminaba al frente con sus brazos extendidos a los lados, y Applejack la seguía con sus manos en los bolsillos de su pantalón. Mientras seguían andando entre los árboles de cerezas, conversaban de cualquier cosa que se le cruzaba por la cabeza a Rainbow Dash, aunque ninguno era un tema realmente importante.

– Ese jugo de Cereza Fermentado ha sido la bebida más deliciosa que he probado, después del Jugo de Manzana de la Familia Apple, claro. – Comentó Rainbow Dash con un tono juguetón.

– Ya lo creo, pero parece que se te subió demasiado a la cabeza. Si no te conociera, diría que eres una citadina debilucha.

– ¿A quién le dices debilucha? – Rainbow se detuvo, y se dio media vuelta con rapidez hacia ella. – ¿Quieres volver a probar qué tan debiluchos son mis puños?

Y en ese momento lanzó un puñetazo de manera torpe, y prácticamente al azar, al aire, lo que provocó que su cuerpo diera un giro de ciento ochenta grados, y luego se tambaleara hacia un lado, amenazando con caerse. Applejack se alarmó al ver esto.

– ¡Cuidado!

Rápidamente se le lanzó, pegándosele por detrás y tomándola de los brazos para sostenerla. Rainbow pegó inconscientemente su espalda contra ella, y en ese momento dejó de reír. Pese a su estado, sentía como sus manos la tomaban con firmeza, y su torso se pegaba por completo contra su espalda; no se había dado cuenta del frío que tenía esa noche, hasta que sintió el ligero calor proveniente del cuerpo de su amiga contra el suyo.

– Ten más cuidado. – Le comentó Applejack, sin poder evitar reír un poco por lo ligeramente divertida que era la situación. Hizo entonces que volvieran a avanzar y se colocaran debajo de uno de los árboles. – No querrás viajar en camilla con un tobillo roto de regreso a Ponyville, ¿o sí?

Ambas chicas se sentaron bajo el árbol a descansar, con sus espaldas pegadas contras el tronco de éste. Applejack quería esperar un poco a que Rainbow se recuperara, por lo que se quedaron quietas, mirando el hermoso cielo estrellado sobre ellas. El aire olía delicioso, y todo estaba realmente tranquilo y callado; no se escuchaba ni un sólo sonido en los alrededor, y nada se movía. No había voces, ni ruidos. Todo estaba tan, tan quieto…

“Cómo si fuéramos las únicas dos personas en el mundo.” – Pensó Rainbow Dash, y el pensamiento hizo que surgiera una sonrisa en sus labios.

– Oye, Rainbow. – Escuchó que Applejack le hablaba, por lo que volteó a verla de inmediato sin dudarlo. Ella miraba atentamente al cielo, y por un momento le pareció ver las estrellas reflejadas en sus ojos, brillando con intensidad. – Eso que me dijiste esta mañana…

No supo bien a qué se refería al principio, posiblemente por su estado no muy consciente; pero no tardó mucho en rocrdarlo, en avergonzarse de ello. Desvió de nuevo su mirada hacia otro lado con pena. Luego de escuchar el motivo por el que no había vuelto a Ponyville, había reaccionado de una forma un tanto singular, algo más… emotiva, más de lo que cualquiera de sus amigas la hubiera visto antes. Ni siquiera se había dado cuenta de lo que hacía; sólo reaccionó sin pensar.

– No me malinterpretes. – Señaló la chica rubia de inmediato al sentir la incomodidad de su amiga. – No te voy a reprochar ni nada. De hecho… Me agradó mucho oírte decir lo que dijiste, no sabía que pensabas todo eso de mí.

– ¿Que no sabías? Ah, bueno. – Rió de forma un tanto forzada. – Qué extraño fue todo eso, ¿verdad?

– Si te soy honesta, sí. Yo al menos no estoy acostumbrada a oírte decir ese tipo de cosas. Y ni qué se diga de verte llorar…

– ¡Ya te dije que eran lágrimas de rabia!

– Sí, claro.

La felicidad de Rainbow Dash ocasionada por la sidra, parecía haberse diluido. En su lugar, la situación parecía causarle algo de incomodidad. Pensaba incluso en esos momentos si estaría bien pararse y salir corriendo, o sería demasiado descortés.

– El asunto es que me tomaste por sorpresa. – Prosiguió Applejack. – No sabía que tú podías reaccionar de esa forma. Normalmente tiendes a molestar y golpear a los que lo hacen.

– Hey, eso no es cierto. – Señaló de inmediato con firmeza. – Ta… Tal vez no lo demuestre tan seguido con palabras… o acciones… o cualquier otra cosa. Pero ustedes cinco son mis amigas, y son muy… muy… muy importantes para mí…

Guardó silencio unos momentos, jugando un poco con sus dedos. Tragó saliva con algo de nervios. Tenía algo atorado en la garganta, algo que empujaba y empujaba, deseando salir, aunque ella hacía un gran esfuerzo, tanto consciente como inconsciente, para detenerlo. Y posiblemente así lo hubiera dejado, sino se le hubiera ocurrido voltear a verla en ese mismo momento.

Applejack la miraba con atención, con una pequeña sonrisa en sus labios. Tenía su rodilla derecha alzada, y sus manos con sus dedos cruzados apoyados sobre ésta. Un pequeño mechón rubio caía sobre su rostro de manera delicada como seda. Sus ojos verdes brillaban, al igual que sus pecas, que se veían como pequeños destellos en su piel naranja. Hermosa, se veía simplemente hermosa.

– En especial tú, Applejack…

Applejack se sobresaltó un poco, parpadeando un par de veces, visiblemente confundida.

– ¿En especial yo? – Comentó seguida de una pequeña risilla. – ¿Y por qué yo en especial? ¿Por qué me conoces de más tiempo? ¿O porqué soy la única del grupo que puede vencerte en vencidas?

– No me hagas decirlo. – Le respondió la joven azul, volteándose a otro lado. – Hey, nunca me has vencido en vencidas, no alucines. Yo mejor ya me voy a dormir…

Y entonces hizo el intento de pararse rápidamente, pero quizás demasiado rápido, ya que su intento quedó sólo como eso. Apenas se había alzado un poco, cuando el mareo provocado por la sidra le volvió abruptamente. Sintió como si la empujaran con fuerza hacia atrás, y terminó cayendo de sentón de nuevo al suelo. Luego su cuerpo casi se dejaba caer solo hacia un lado, sino fuera porque Applejack reaccionó y la tomó rápidamente en sus brazos.

– Cuidado, loca. – Comentó divertida la vaquera mientras la sostenía. – Será mejor que te quedes quieta unos momentos más.

– Está bien…

Applejack se quedó sujetándola, incluso unos segundos después de que ya había pasado el peligro de la caída; ahora más bien parecía que la abrazaba, rodeando su cuerpo con sus brazos, y haciendo, posiblemente sin fijarse, que ella, apoyara su frente contra su busto. Applejack estaba impregnada de olor a cerezas luego de todo un día de trabajo, pero no era un olor desagradable; de hecho era dulce, casi embriagador.

Luego de un rato, Rainbow Dash volvió a alzar su mirada; sin proponérselo, su rostro se situó con ese movimiento a unos quince centímetros frente al de Applejack. Ésta le sonrió gentilmente, haciendo que sus mejillas se estirarán y sus pecas cambiaran de posición. Rainbow se sintió casi hipnotizada por esa imagen, tanto que se había quedado cerca de un minuto en silencio, simplemente mirándola, lo cual al final terminó incomodando un poco a Applejack.

– ¿Qué pasa? ¿Qué tanto me miras? ¿Tengo algo extraño en la cara?

Raimbow negó levemente con su cabeza, pero sin despegar sus ojos de ella. ¿Qué tanto le miraba? Para Rainbow sería más sencillo decir lo que no miraba. Admiraba atentamente su nariz, sus mejillas, sus pecas, sus hermosos ojos verdes, lo que se alcanzaba a ver de su cabello dorado asomándose debajo de su sombrero. Y sus labios… esos delgados labios, cuyo tono rosado apenas se distinguía entre el naranja de su piel. Sus labios… Los labios de Applejack…

¿En qué momento su cerebro meditó, reflexionó y llegó a la conclusión de que hacer lo que hizo a continuación era buena idea? O aún mejor, ¿cómo es que ninguna parte del resto de su cuerpo replicó al respecto? Era como si toda ella se hubiera confabulado a sus espaldas.

Justo un instante antes de que Applejack volviera a abrir la boca, posiblemente para hacerle otra pregunta, tal vez para saber si estaba bien, Rainbow se inclinó de golpe hacia ella sin el menor aviso. Al principio Applejack creyó que se estaba desmayando o algo parecido, tanto que incluso alzó sus manos para sostenerla… Pero estás se quedaron suspendidas en el aire, pues el cuerpo de Rainbow Dash pasó de largo, rompiendo en un instante la ya de por sí corta distancia que había entre ellas, pegando sus torsos… y sus labios.

Los ojos de Applejack se abrieron por completo de golpe, y fueron incapaces de parpadear por un buen rato. Rainbow, por otro lado, había cerrado los suyos a mitad del camino, y sólo dejó que su rostro se guiara sólo, hasta que sus labios se unieron piel con piel con los de Applejack, permaneciendo en esa misma posición, totalmente inmóvil. La rubia estaba petrificada, hecha una estatua sin poder siquiera entender o terminar de procesar lo que estaba ocurriendo. ¿Era eso lo que parecía que era? ¿Estaba pasando lo que creía que estaba pasando?, ¡¿estaba Rainbow Dash haciendo lo que sentía que estaba haciendo?! ¿Estaba la chica de cabello arcoíris… dándole un beso directo y sin el menor aviso en los labios…?

Eso no podía ser cierto. Debía haber algún tipo de malentendido, o de error… ¿o no? Sentía que su corazón se había acelerado exponencialmente en un segundo; podía sentirlo golpear su pecho una y otra vez, incluso sentía los latidos ahogándole la garganta.

No estuvo segura de cuánto tiempo pasó, para el caso podría haber sido demasiado, o muy poco. Pero aun cuando Rainbow al fin se hizo hacia atrás, sus brazos y sus ojos seguían en la misma posición. No era capaz de pensar en nada en esos momentos, salvo la curiosa sensación fría que había percibido cuando los labios de Rainbow dejaron de tocar los suyos, y estos fueron expuestos a la brisa nocturna. Su mirada estaba perdida en la lejanía. Miraba las figuras de los árboles, apenas visibles al ser tocados por la luz de los faroles; deseaba mirar cualquier cosa, excepto el rostro de su amiga en esos momentos. Se quedó callada, esperando escuchar un “lo siento” o “no fue mi intención” o alguna explicación similar. Pero en su lugar, escuchó…

– Creo que ya se me pasó el efecto de la sidra. – Murmuró muy despacio, y entonces se puso lentamente de pie; Applejack no hizo siquiera el intento de detenerla. – Creo que… Me tengo que ir a dormir…

– Sí, yo igual…

– Sí… ¿Hasta mañana?

Applejack no respondió, y continuó viendo fijamente en otra dirección. De haber volteado a ver a Rainbow Dash aunque fuera uno instante, hubiera notado que su rostro azulado se encontraba totalmente rojo como tomate, que su boca y piernas temblaban, y varias gotas de sudor recorrían su frente. Se empezó a alejar con pasos apresurados en dirección a los dormitorios, procurando crear la mayor distancia entre ambas en el tiempo más corto. Sentía tantos, pero tantos nervios, tanta ansiedad, e incluso nauseas, que estaba convencido de que si ella le decía que se detuviera, o si acaso le dirigía cualquier palabra en esos momentos, sólo ocurriría una de tres cosas: se desmayaría, vomitaría, o saldría corriendo como búfalo en estampida, y ninguna de las tres le agradaba. Para su suerte, Applejack no hizo tal cosa. En su lugar, la dejó irse en paz, quedándose ella sentada bajo el árbol esperando que su cuerpo, y sobre todo sus piernas, reaccionaran para también irse a dormir. Pero no pasaría pronto…

– – – –

Mis Cherry Jubilee les había preparado dos habitaciones vacías para dormir en los dormitorios, además de la habitación que ocupaba Applejack desde hace dos días. Sin discutirlo mucho, habían decidido que se repartirían en parejas, dos en un cuarto, dos en otro, y la quinta dormiría con Applejack, que estaba más que dispuesta en compartir su cuarto con alguna de sus amigas. Lo que si se volvió una discusión un tanto más extensa, aunque algo más disimulada y discreta, era quien dormiría con Pinkie Pie. Todas querían enormemente a su amiga rosada y fiestera, pero de lo que habían aprendido en las diferentes fiestas de pijamas y lunadas que habían tenido, era que cuando tenía un tema en la cabeza que le obsesionaba, tendía a quedarse despierta hasta muy tarde, hablando… y hablando… y hablando de ello. Y ese día en especial seguía obsesionada con el tema de las Cerezangas, Chimirezas, o Chimicerezanga, así que nadie tenía muchos deseos de ser partícipe de ello toda la noche.

Hubo algo de diálogo, e incluso una competencia de sacar pajillas para decidirlo, a escondidas de Pinkie Pie claro. Al final, las parejas habían quedado: Fluttershy y Twilight Sparkle, Rarity y Pinkie Pie, y Applejack y Rainbow Dash. Todas estaban de acuerdo con el acomodo, menos Rarity aunque no le quedaba de otra. Pero luego de lo que acababa de ocurrir, lo que Rainbow Dash menos deseaba en esos momentos era dormir en el cuarto de Applejack. ¿Podría haber algo más incómodo en el universo que eso? No podía encararla, no en esos momentos, mucho menos dormir en su misma habitación.

Sabía que si iba con Rarity y le proponía cambiar de lugares, ella lo aceptaría sin la menor duda… Pero eso implicaría dormir con Pinkie Pie, lo cual en su estado actual podría ser muy poco recomendable; más que nada por el hecho de que tenía los nervios tan destrozados, que un ataque de ira mal encaminado, podría terminar con ella arrojando a su Pinkie por la ventana, y eso era algo que definitivamente no deseaba que ocurriera. Así que lo lógico era optar por la segunda alternativa.

Arrastrando un poco los pies, y con la cabeza baja, fue hasta la habitación de Fluttershy y Twilight Sparkle, y llamó a ella con sus nudillos. Luego de un rato de silencio, la perilla giró, y la puerta se abrió un poco, dejando el espacio suficiente para que los ojos verdes de Fluttershy se asomaran hacia afuera para ver quién era.

– Oh, hola Rainbow Dash, buenas noches. – Saludó la joven de cabello rosado, abriendo por completo la puerta. – ¿Pasa algo?



Flutteshy usaba una bata de dormir color rosado claro, y tenía en esos momentos su cabello sujeto con una cola de caballo. La verdad era que ninguna había llevado realmente ropa para dormir consigo al dejar Ponyville; Fluttershy, Twilgiht y Pinkie Pie usaban prestadas una de las tantas prendas que Rarity había traído consigo en su equipaje; Rainbow Dash era menos problemática en ese sentido, ella podía bien dormir con la misma ropa que traía puesta de ser necesario.

– Hola Fluttershy. ¿Podría pasar?

– Por supuesto, pasa.

Fluttershy se hizo a un lado para dejarle el camino libre. En el cuarto había dos camas individuales, un closet, un escritorio, y una ventana; no tenía un baño propio como la de Applejack, pero igual se veía muy cómodo. Twilight se encontraba sentada en una de las camas, vistiendo un pijama color morado y blanco de dos piezas, también prestada por Rarity. Traía sus anteojos cuadrados para leer de arnés negro, y tenía en sus manos un grueso libro de pasta marrón. No había traído ropa con ella, pero sí un par de libros, típico de Twilight.

– ¿Está todo bien, Rainbow Dash? – Cuestionó la hechicera un poco desconcertada. De inmediato cerró su libro, y colocó éste y sus anteojos sobre el buró a su lado.

– Sí, claro, de maravilla. Totalmente, ya se me pasó el efecto de ese jugo raro de cereza… Sólo… Me preguntaba si a alguna de ustedes le gustaría… Cambiar de habitación conmigo.

– ¿Cambiar? – Repitió Fluttershy sin entender. – ¿No quieres dormir en la habitación de Applejack?

– ¡¿Quién dijo algo sobre Applejack?! – Reaccionó Rainbow de golpe, casi asustada. – ¡¿Quién la mencionó?! ¡¿Quién dijo que esto tiene algo que ver con Applejack?!

– Ah… Nadie, pero tú ibas a dormir en su cuarto, ¿recuerdas?

Rainbow se sintió un poco apenada por su forma de reaccionar. Respiró hondo, e intentó por todos los medios mantener la calma.

– Sólo quisiera dormir aquí esta noche, sin motivo aparente, ¿de acuerdo? Vamos, el cuarto de Applejack es más grande, y tiene baño propio…

– Y una sola cama.  – Señaló Twilight.

– ¡Iban a poner una cama plegable para mí! Bueno, ¿alguna quiere o no?

Twilight y Fluttershy se miraron la una a la otra, confusas. Era obvio para cualquiera de las dos que algo había pasado, y posiblemente algo grave, para que Rainbow quisiera cambiar de habitación de manera tan repentina, y sin dar explicación alguna.

– Está bien, Rainbow; yo dormiré con Applejack si lo deseas. – Respondió Fluttershy.

– ¿Estás segura? – Le preguntó Twilight.

– Sí, no hay problema.

Rápidamente tomó sus pocas pertenencias para guardarlas en su bolso, y se colocó una bata más gruesa sobre el cuerpo.

– Lo del baño propio suena agradable. Además, casi no he tenido oportunidad de hablar con Applejack, y mañana nos vamos, así que será una buena ocasión para ello. – Se dirigió entonces a la puerta con algo de apuro en sus pasos. – Qué pasen buenas noches.

– Hasta mañana, Fluttershy. – Se despidió Twilight, mirando atentamente como salía del cuarto.

Twilight presintió de inmediato cuál era la intención de Fluttershy al irse de esa manera tan apresurada; de seguro deseaba que hiciera el intento de hablar con Rainbow Dash y averiguar qué era lo que la molestaba tanto. En el tren de camino a Dodge Junction, lo había intentado, pero no había tenido precisamente muy buenos resultados. Luego de que se aclaró todo el asunto de Applejack, pensaba que el misterioso humor de su amiga se había calmado, pero al parecer no era del todo así.

Rainbow se dejó caer boca arriba en la otra cama, y se quedó en esa misma posición, mirando al techo.

– ¿Sucedió algo entre Applejack y tú? – Le preguntó directamente la hechicera de piel morada, haciendo que se estremeciera y se sentara rápidamente.

– ¡¿Sucedió?!, ¡¿qué sucedió de qué?! ¡¿Qué escuchaste?!

– Nada, por eso te pregunto. ¿Está todo bien? ¿Deseas hablar de algo que te moleste?

– Por supuesto que no. Nada me molesta, así que no hay nada de hablar; tan simple como eso…

Y entonces se giró para recostarse sobre su costado derecho, y darle la espalda a su compañera de habitación por esa noche. Twilight giró sus ojos como señal de frustración. Pese a los deseos de Fluttershy, aunque realmente estuviera ocurriendo algo, era obvio que no estaba dispuesta a hablar al respecto, por más que le insistiera; igual cómo había ocurrido en el tren.

– Está bien. – Pronunció con resignación, tomando de nuevo sus gafas y su libro con la intención de continuar con su lectura. Pero apenas y logró abrirlo en la página en la que se había quedado, cuando fue obligada a detenerse de nuevo.

– ¡De acuerdo!, ¡de acuerdo! – Gimoteó Rainbow Dash, sacudiéndose y luego volviéndose a sentar. – Qué insistente eres, pero está bien. Si te interesa tanto saberlo, sí hay algo de lo que quiero hablar… No, más bien de lo que necesito hablar, ¡o me volveré loca!

Twilight parpadeó un par de veces, al parecer atónita; no esperaba esa reacción tan explosiva, ni siquiera viniendo de Rainbow Dash. Moviéndose con mucho cuidado, como si temiera que un movimiento brusco la asustara, se retiró de nuevo sus anteojos.

– Muy bien, soy toda oídos; puedes contarme lo que sea. ¿Es acaso sobre por qué te has comportado tan irascible durante todo este viaje?

– ¿Irascible yo? ¡No estoy irascible! – Respondió la chica de piel azul, parándose de la cama con una actitud amenazante, misma de la que se volvió consciente casi de inmediato, e intentó remediar. – Bueno, tal vez un poco… Y sí, tal vez es de alguna manera relacionado sobre lo que quiero hablar…

Se dejó caer de sentón en la cama, y Twilight se acomodó también, de tal forma que ambas quedarán sentadas la una frente a la otra. Rainbow la miró de reojo un instante, y luego se volteó hacia otro lado, ligeramente apenada, y al parecer incomoda.

– Pero primero, debes de prometer no decírselo a nadie. Y hablo enserio, no es uno de esos secretos que debes de contar porque crees que es lo mejor. Éste definitivamente no puedes decírselo a nadie, ¡A nadie! ¿De acuerdo? Si lo haces, aunque me caigas tan bien como me caes, ¡te romperé la cara a puñetazos!, ¿entendido?

– Está bien, está bien. – Respondió apresurada alzando sus manos al frente. – Entendí, no se lo diré a nadie. ¿Pero qué es?, ¿qué te ha estado molestando tanto?

Rainbow Dash soltó un agudo y sonoro suspiro. Apoyo sus codos en sus rodillas, y sostuvo su rostro con ambas manos. Su atención estaba puesta en la alfombra del cuarto, y en los pies descalzos de Twilight que colgaban de la cama. Respiró lentamente tres veces para recobrar serenidad, y entonces empezó a hablar.

– No sé ni por dónde empezar. Bueno… Antes de que llegaras a Ponyville, las demás y yo nos conocíamos, pero difícilmente podría afirmar que era tan buena amiga de ellas como lo soy ahora… Excepto por Applejack. Ella y yo nos conocemos de hace muchísimo tiempo, desde que éramos muy pequeñas. Y desde entonces, siempre fuimos muy parecidas, en habilidades y gustos, y muy diferentes en otras cosas. Por eso creo que siempre he congeniado con ella, mejor que con el resto. Digo, todas me agradan mucho, y daría la vida por cualquiera… Pero con Applejack, siempre fue un poco distinto. De hecho, quizás lo correcto sería “muy” distinto…

– Sí, sé de antemano que ustedes dos son muy unidas. – Expresó Twilght, sonriendo ampliamente. – Escuché lo que le dijiste esta mañana, y en realidad me sorprendió saber todo el cariño que le tienes a Applejack.

– Sí… Tal vez de hecho no es exactamente cómo te lo estás imaginando.

La hechicera parpadeó un par de veces; no entendía a qué se refería.

– Ni siquiera sé bien cómo o cuándo fue que pasó. Bueno, de vez en cuando, esporádicamente tras alguna conversación que teníamos, en algún momento en especial, o en alguna aventura o competición en la que participábamos, ese extraño pensamiento me cruzaba por la cabeza, un pensamiento qué sólo me duraba unos segundos y luego descartaba por completo como una tontería. Porque eso era: sólo una tontería. Pero cuando llegó esa postal, cuando leíste en ese granero que Applejack no pensaba regresar a Ponyville, cuando la idea de que no la volvería a ver nunca más me llegó de pronto… – Se detuvo unos instantes para digerir los que diría a continuación. – No sólo me sentí furiosa o preocupada… Yo tuve miedo, tuve un miedo horrible como nunca he tenido en mi vida. Y tal vez no sea mucho, considerando que yo no le tengo miedo a nada, pero fue realmente desgarrador, una sensación espantosa. Y fue entonces que me di cuenta de que esos pensamientos esporádicos que tenía de vez en cuando, podrían ser mucho más que sólo eso, y tal vez no eran tonterías como pensé todo el tiempo. La verdad es que yo…

Rainbow alzó su rostro hacia Twilight, mirándola fijamente a los ojos por primera vez en esa conversación. La joven de piel morada, pudo notar en ese momento cierta expresión singular en su amiga. ¿Preocupación quizás?, ¿incomodidad?, ¿quizás miedo?

– Yo… Creo que estoy enamorada de Applejack… – Le soltó de golpe sin más espera.

Twilight no tuvo una reacción inmediata, al menos no una visible. Por casi un minuto, se quedó totalmente callada, simplemente viéndola fijamente sin siquiera pestañar; esto comenzó a poner nerviosa a Raimbow Dash. Estaba por decirle algo, pero entonces notó como sus ojos purpura se abrían de par, sus labios se separaban, su espalda se enderezaba y hacia el cuerpo un poco hacia atrás.

– ¡¿Qué dijiste?! – Exclamó con fuerza, casi gritando. – ¡¿Tú?!, ¡¿Enamorada?!, ¡¿De Applejack?!… ¡¿Enamorada?!

Rainbow se volvió a poner totalmente roja de ver la reacción que su amiga había tenido, y todo lo que había prácticamente gritado.

– ¡De acuerdo!, tal vez fue una palabra demasiado fuerte. – Se intentó excusar. – Tal vez, más bien… ¿Me gusta mucho?

– ¡¿Hablas enserio?!

– No, estoy bromeando. – Respondió con marcado sarcasmo, aunque también con cierto enojo. – ¡Claro que hablo enserio! ¿Qué es tan difícil de creer?

– ¿Enserio necesito decirlo?

Twilight intentó respirar lentamente, calmarse, e intentar empezar a reaccionar de una forma más sensata, aunque ciertamente no era algo para nada sencillo de intentar siquiera. ¿Cómo se suponía que debía de reaccionar ante algo así?, en especial si se lo decían tan repentinamente… Aunque no lo había hecho tan repentinamente; prácticamente le contó toda una anécdota previa, como queriendo prepararla para dicha revelación… ¡Pero no había servido de nada ya que nunca se hubiera imaginado que eso era lo que quería decir!

¿Rainbow Dash?, ¿enamorada? Y aún más, ¿de Applejack? ¿Cuándo fue que eso pasó?, ¿y cómo? El día anterior prácticamente se habían agarrado a golpes.

– Lo siento, pero es que en verdad me tomaste por sorpresa, Rainbow Dash. Yo nunca pensé que tú…

– ¿Qué yo qué? – Murmuró la joven azul en tono defensivo.

– Nada, nada. ¿Pero es por eso estabas tan furiosa entonces?

– No estaba furiosa. Sólo, algo confundida… Y aún me siento así.

“Dímelo a mí.” – Pensó Twilight para sí misma; si se trataba de confusiones, la suya no se quedaba atrás. – Y entonces… ¿Qué piensas hacer?, ¿se lo vas a decir a Applejack o algo así?

¿Decírselo? Rainbow no pudo evitar soltar una risilla nerviosa ante la ingenua pregunta.

– Tal vez ya es un poco tarde para eso. Verás, cuando nos dejaron solas, ella y yo salimos a caminar, y puede que… Más o menos la haya besado.

De nuevo, la reacción de Twilight Sparkle fue lenta. De hecho, fue casi una copia exacta de su reacción anterior: se quedó totalmente callada viéndola fijamente, y luego abrió sus ojos de par en par, sólo que ahora de tanta impresión se paró de la cama de golpe, casi saltando.

– ¡¿Qué hiciste qué?! – Exclamó con ímpetu. – ¡¿Cómo que más o menos la besaste?! ¡¿La besaste o no?!

– ¡Bien!, ¡sí lo hice! La besé, me le acerqué y le di un beso en los labios. Eso hice, ¡¿de acuerdo?!

– ¡Rainbow Dash!

– ¡¿Puedes dejar de reaccionar de esa forma con todo lo que digo?! – Expresó la joven azul, poniéndose de pie también. – ¡Vine contigo porque normalmente eres la voz de la razón! ¡Necesito un consejo!, ¡no gritos de asombro que no ayudan en nada!

– Ah, sí, consejo, voz de la razón, yo, claro…

Definitivamente no se sentía nada cercano a una voz de la razón en esos momentos. Todo eso había sido demasiado para Twilight Sparkle. Con algo de ansiedad en sus pasos, empezó caminar por el cuarto de un lado a otro, mientras Rainbow Dash la seguía con la vista.

– Recapitulando: siempre supiste o creíste sentir algo especial por Applejack, pero nunca te diste cuenta de que podría ser algo mucho más hasta ahora. Hace unos momentos salieron a caminar, y la más o menos besaste… O más bien besaste, y punto. ¿Y luego qué pasó?

– Vine directo para acá. Obviamente no iba a dormir en su habitación luego de… eso.

– ¿Pero acaso no hablaron de lo sucedido?

– ¿Qué había que decir?

– ¡Muchas cosas! ¿Entonces sólo la besaste, te paraste y te fuiste?

– ¡No fue tan así! Yo… Me paré, le dije que me iría a dormir y “Hasta Mañana”. Y entonces me fui.

– No puedes estar hablando enserio. – Susurró la Hechicera muy despacio, más como un pensamiento en voz alta. – Pero ella, Applejack, ¿Cómo reaccionó?

¿Cómo reaccionó?, ¿cuál sería la forma correcta de describirlo? Rainbow Dash alzó su mirada al techo, e intentó recordar exactamente cuál había sido su reacción, más el sólo recordar lo sucedido le provocaba cierta ansiedad, por no decir que la ponía incomoda. Applejack no se veía ni molesta, ni feliz; se veía más bien como si ni siquiera acabara de entender lo que había ocurrido. Estaba hecha una estatua, a tal grado que no le sorprendería volver a ese árbol y verla aún en la misma posición, incapaz de reaccionar.

– Pues… No lo sé. Parecía sorprendida, supongo.

– Me lo imagino; sorprendida debe ser poco. Bueno, no puedo hablar por completo por Applejack, pero si algo así me pasara, y alguien me besara de pronto… – Twilight guardó silencio unos momentos. Al imaginarse tal situación, sus mejillas se ruborizaron. – En el caso hipotético, claro. Si algo así me pasara, estaría realmente confundida al inicio, pero cuando ese asombro se me pasara, querría que esa persona me diera algún tipo de respuesta; empezando por el porqué. ¿Ya sabes que le dirás si eso ocurre?

Rainbow guardó absoluto silencio. No tuvo mucho problema en interpretar que eso significaba un “no” rotundo. Y era que en verdad, aún ni siquiera entendía bien el por qué lo había hecho, y era difícil entenderlo si no conocía bajó qué circunstancias se había dado el acontecimiento. Podría seguir interrogándola al respecto, pero conociéndola, y en especial bajó el estado que se encontraba, si la presionaba aunque fuera un poco más para que hablara, podría ser más perjudicial que benigno para la causa. Lo mejor que podía hacer en esos momentos, era hacer justo lo que ella quería: darle un consejo. Pero… ¿Qué tipo de consejo podría darle en una situación que ni siquiera entendía? De todos los libros que había leído en su vida, ¿cómo nunca había leído algo que dijera sobre ese tema en especial?

– Creo que la Reina Celestia te diría que debes ser honesta con tus sentimientos, y decirle la verdad.

– ¿Verdad?, ¿cuál verdad?

– Pues lo que me acabas de decir. Que estás enamorada de ella… O que te gusta mucho.

El escucharlo de boca de otra persona la hacía estremecerse y sentir su estómago dar vueltas. Soltó un alarido doloroso, y luego se recostó boca abajo, hundiendo su rostro en su almohada.

– ¿Por qué no mejor la evito hasta que nos vayamos a Ponyville? Tal vez se le olvidé.

– ¿Y quieres que lo olvidé acaso?

– ¡No sé qué quiero!, ¿de acuerdo? – Murmuró entre dientes, sin apartar su rostro de la almohada. – No… No es como si quisiera o esperara que yo le guste… Y sea mi novia o algo así.

– ¿No?

– ¡No! Claro que no. Y si me lo pregunta, eso es lo que le diré.

Twilight soltó un suspiro cansado.

– Si es lo que realmente sientes al respecto, supongo que estará bien. Pero si no, sostengo lo que te dije. Sé honesta con Applejack. Es tu amiga, no pensará nada malo de ti. Estoy segura de eso.

Rainbow no volvió a dirigirle la palabra; de hecho ni siquiera separó su rostro de la almohada hasta que se quedó dormida. Twilight sentía que la conversación no estaba terminada, pero no sabía qué más decir, y Rainbow no parecía tener deseos de escuchar. Apagó la luz del cuarto, y encendió una vela que la alumbrara sobre el buró. Volvió a sentarse en la cama, se colocó sus anteojos, tomó su libro y reanudó lo lectura. Tardó dos páginas en darse cuenta de que no estaba poniendo prácticamente ninguna atención, y que de hecho su mente seguía divagando una y otra vez en lo que su amiga le acababa de decir. Y por más que intentaba, no lograba concentrar su mente en otra cosa.

Al final se rindió, cerró su libro, apagó la vela y se acostó, intentando dormir. Tampoco le fue fácil lograr ello.

CONTINUARÁ

Sé lo que están pensando, la sidra no te puede embriagar tanto, pero tomen en cuenta que estos personajes vienen de un mundo en el que el Jugo de Manzana es la bebida máxima. Ah sí, y también ya al fin tenemos algo de AppleDash explícito y no sólo guiños como los anteriores. ¿Cómo terminará esto? Sigan leyendo.

En otro tema, estoy pensando ya en hacer otras historias, algunas ya que involucren o se enfoquen en más personajes y parejas. Por eso me preguntaba, dejando a un lado a ApplejackxRainbow Dash, ¿qué otras parejas les agradan o les gustaría ver en una historia mía? Las que a mí me gustan en lo personal (y de las que me gustaría escribir) son:

Twilight SparklexFluttershy

CelestiaxDiscord

CadancexShining Armor

ChrysalisxRey Sombra

Y Quizás…

Sunset ShimmerxTwilight Sparkle

Twilight SparklexFlash Sentry

Flash SentryxSunset Shimmer

Pero espero leer cuáles son sus opiniones; estoy abierto a sugerencias y propuestas.

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Harmonía: Creí que no te Volvería a Ver. Tras haber ido a una competencia de Rodeo a Canterlot, Applejack envía una Postal a Ponyville en la que afirma que no volverá, lo que desconcierta a todos, en especial a Rainbow Dash, quién saldrá sin espera a su búsqueda junto con sus demás amigas, decidida a no volver sin ella.

+ «My Little Pony: Friendship is Magic» © Lauren Faust, Hasbro Inc., Hasbro Studios.

Si te ha gustado mi trabajo y deseas ver más de él, puedes apoyarme invitándome un café. Será enormemente apreciado.

2 pensamientos en “Harmonia: Creí que no te Volvería a Ver – PARTE 6

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