Fanfic Harmonia: Creí que no te Volvería a Ver – PARTE 5

25 de diciembre del 2016


WingzemonX

HARMONÍA

Creí que no te volvería a ver

PARTE 5

Ignorantes de que Applejack ya se dirigía a ese sitio a toda velocidad, Rainbow, Twilight y Rarity, seguían con su búsqueda de alguna “pista”. Habían revisado el armario de la habitación, en donde se encontraba colgada la ropa de Applejack, y las maletas con las que había partido de Ponyville. Revisaron cada maleta con detenimiento, así como cada bolsillo de la ropa en el armario; lo más interesante había sido la mitad del boleto de tren que había tomado hace dos días de Canterlot a Dodge Junction, y un panfleto del Gran Rodeo de Equestria en una de sus maletas, pero nada más. En los cajones tampoco había nada fuera de lo común, sólo ropa interior y camisetas. No mucha, sólo la que se había llevado consigo a Canterlot, ya lavada. En el baño y el librero el resultado fue el mismo; nada fuera de lo común en botiquín, cajones, o entre los libros.

Parecía que su búsqueda terminaría por ser por más inútil. Pero luego, Twilight revisó la cama, los tendidos, debajo de las almohadas, y luego debajo de la misma cama; fue ahí donde las cosas fueron un poco distintas.

– Creo que encontré algo. – Informó a sus otras dos amigas, que de inmediato le pusieron atención. Estiró su mano lo más que pudo, para sacar el objeto que había encontrado. Se trataba de un bolso de tamaño mediano, color verde claro, con una manzana roja al frente.

– Es el bolso de viaje de Applejack. – Señaló Rarity al reconocerlo.

– ¿Porque lo tendrá oculto debajo de la cama?

– Porque obviamente tiene algo que ocultar en él. – Agregó Rainbow Dash a continuación, tomándose la libertad de tomar el bolso de las manos de Twilight. Lo sostuvo unos momentos, subiendo y bajando sus manos. Se sentía ligero, como si no tuviera nada nada adentro. – Veamos qué es…

Justo en el momento en el que estaba dispuesta a abrirlo, escucharon el fuerte sonido de la puerta del cuarto azotándose. Las tres se olvidaron por un instante del bolso, y por mero reflejo voltearon hacia la puerta.

– ¡¡No!! – Exclamó con fuerza la persona en el umbral.

Antes de que pudieran percibir con total claridad su imagen, ésta se lanzó contra Rainbow Dash, empujándola al suelo y arrebatándole el bolso de las manos. Luego se puso de pie, y se apartó de ellas, pegando su espalda contra la ventana. Aunque ya lo habían predicho desde que oyeron su grito, fue hasta que la vieron parada en ese sitio, con el bolso pegado contra su cuerpo y respirando con agitación luego de al parecer haber corrido, que pudieron comprobar de quién se trataba.

– ¡Applejack! – Exclamó Twilight casi aterrada al verse descubierta.

¿Cómo había descubierto que estaban ahí?, ¿cómo llegó ahí tan rápido? Poco importaba en esos momentos realmente. La expresión de Applejack estaba llena de furia, notándosele un tremendo coraje. Sus dedos estaban aferrados con tanta fuerza a su bolso que casi se ponían blancos.

– ¡¿Qué les sucede a todas ustedes?! ¡¿Qué les da derecho a entrar aquí y esculcar mis cosas?!

– Escucha, Applejack, no es lo que parece…

Twilight intentó explicarse, pero entonces Rainbow se puso de pie en ese momento y se colocó delante de ellas de manera desafiante.

– ¡Sí es lo que parece! – Le gritó con fuerza, mirando fijamente a la Vaquera de cabellos rubios. – Tú nos orillaste a esto, al no decirnos por qué decidiste venir hasta acá. ¿Qué esperabas que hiciéramos?

– Oh, no lo sé. Tal vez… ¡Cualquier cosa excepto esculcar mi habitación como si fueran un trío de ladronas!

El aire del cuarto se tensó en un abrir y cerrar de ojos. La manera en la que Rainbow y Applejack se miraban la una a la otra, hacían sentir a Rarity y Twilight que en cualquier momento se volverían a lanzar la una a la otra en ese mismo lugar, algo de lo que no se podían dar el lujo.

– Calmémonos todas, ¿sí? – Intervino Rarity, colocándose entre ambas. – Escucha querida, sólo estamos preocupadas por ti. Queremos estar seguras de que en verdad estás bien.

– ¡Estoy perfecta! ¡¿Es tan difícil de entender?!

– Te has estado comportando muy extraña, Applejack. – Añadió ahora Twilight, dando también un paso al frente. – Nos evitas, nos alejas… Y ahora te aferras a ese bolso como si tu mayor temor en la vida fuera que te lo quitáramos.

La sola mención del bolso hizo que Applejack se sobresaltara, y su rostro se pusiera un poco pálido. Tomó el bolso y lo colocó detrás de su espalda, como queriendo esconderlo.

– Si ocurre algo, sólo dínoslo. – Continuó Rarity. – ¿Qué hay en ese bolso que no quieres que veamos?

Applejack volteó a ver al suelo con nervios; incluso una pequeña gota de sudor le recorrió el rostro, desde su frente, bajando por su costado izquierdo, y luego por su mejilla.

– ¿Por qué siguen con lo mismo? – Exclamó de pronto sin levantar la mirada. – ¿Por qué no pueden simplemente dejar todo esto por la paz? ¡¿Por qué no pueden dejarme sola?!

La última pregunta la gritó con tanta fuerza al aire, que el eco de ésta retumbo en los oídos de sus amigas por unas cuantas fracciones de segundo. Y luego, todo se volvió silencio. Por un minuto, que bien se sintió mucho más largo, nadie dijo nada o se movió. Applejack continuó parada contra la ventana, con su bolso oculto por detrás, mientras sus tres amigas mantenían su distancia. De pronto, con un tono mucho más calmado, la voz de Twilight se volvió a escuchar.

– Applejack… No podemos hacer tal cosa; de ninguna manera eso podría ser posible. – Murmuró despacio, pero lo suficiente para que ella la escuchara. La chica de piel naranja viró sus ojos de nuevo hacia ellas, y vio como Twilight la miraba fijamente con una amplia sonrisa. – Si pensamos aunque sea por un instante que estás en problemas y necesitas nuestra ayuda, nosotras haremos todo lo que esté a nuestro alcance para asegurarnos de dártela. Eso incluye ayudarte con tu cosecha de manzanas aunque digas que tú puedes hacerlo sola, ayudarte a ganar una competencia de hacer jugo porque nos consideramos parte de tu familia, subirnos a un tren de inmediato y recorrer toda Equestria para buscarte pese a que hayas mandado una postal para que no lo hiciéramos. Aunque tú nos digas que no nos quieres aquí, aunque nos quieras hacer a un lado o nos repitas que no es de nuestra incumbencia… Nosotras estaremos contigo. Porque eso es lo que hacen las verdaderas amigas, eso es lo que todas ustedes me han enseñado, lo que han hecho todo este tiempo por mí y por las demás, y por ti.

Applejack se veía muy impresionada por las palabras de Twilight; Rarity y Rainbow Dash no se veían muy diferente. Palabras menos, palabras más, pero eso era justamente lo que todas sentían, lo que las hizo viajar hasta ese pueblo desconocido, lo que las hizo quedarse aunque la persona por la que habían ido parecía no quererlas ahí.

– Por favor, Applejack. – Continuó la Hechicera. – Sólo dinos qué está pasando. ¿Qué hay en ese bolso?

Applejack se viró hacia otro lado; le era difícil mirarlas a los ojos. Parecía dudar, dudar de qué debía de hacer, de qué debía de decir. ¿Las palabras de Twilight la habían convencido?, ¿estaba dispuesta a rendirse de una vez por todas con ese asunto?

No, no aún…

Mientras ellas no prestaban atención, y aprovechando que tenía sus manos hacia atrás por intentar ocultar el bolso, quitó el seguro de la ventana, y luego la abrió con rapidez.

– Lo siento, chicas… ¡Pero no puedo hacerlo!

Sin dar mayor explicación, se dio media vuelta y saltó por la ventana como si nada, llevándose el bolso consigo. Las tres alarmadas se dirigieron al mismo tiempo a la ventana, prácticamente chocando entre sí al encontrarse justo frente a ella. Luego de un par de empujones, lograron asomarse hacia afuera; Applejack al parecer había caído justo en la silla de montar de Apple Storm, al que había dejado de pie frente a la fachada del edificio, y ahora se alejaba cabalgando a toda velocidad.

– Eso no lo vi venir. – Comentó Rarity, impresionada.

– Esa obstinada cabeza hueca. – Murmuró Rainbow Dash con molestia.

La joven de cabello arcoíris se metió de nuevo al cuarto, y de inmediato se agachó para acercar sus manos a sus tenis y pasar sus dedos por los costados. Estos brillaron, y cambiaron de forma hasta convertirse en un par de patines con alas. Para cuando Twilight y Rarity se viraron hacia ella, su figura desapareció en un destello de colores, y en unos cuantos segundos, la misma estela se alejaba del edificio en la dirección a la que Applejack se había ido.

– Nosotras también debemos ir. – Indicó Twilight Sparkle, y ella y Rarity también corrieron afuera de la habitación, y luego afuera de los dormitorios.

– – – –

Varios trabajadores habían visto a la nueva capataz galopando a paso veloz hacia los dormitorios; ahora la veían pasar en dirección contraria con la misma, o más prisa que antes. Luego dio un giro drástico para tomar la senda hacia la “oficina”, o más bien hacia el portón principal. ¿A dónde tenía pensado ir exactamente? No lo sabía, no sabía nada en esos momentos. No podía pensar con claridad, ni tomar decisiones coherentes. Lo único que sabía era que quería alejarse lo más posible de sus amigas, alejarse y que no vieran lo que ocultaba en ese bolso verde que traía en su regazo mientras sus manos se aferraban a sus riendas; eso era lo único que le importaba.

– ¡No importa que tan rápido huyas no podrás correr más rápido que yo! – Escuchó la sonora voz de Rainbow Dash, justo a su izquierda. Alarmada, volteó a ver en dicha dirección de reojo. Rainbow se deslizaba en sus patines justo a su lado, moviéndose a la misma velocidad que Apple Storm.

– ¡No deberías estar usando tu Elemento de la Armonía en algo como esto!

– Tú no deberías de estar aquí huyendo como niña cobarde. ¡Dame ese bolso!

– ¡Jamás!

La intención de lanzársele encima fue más que evidente para Applejack, por lo que de inmediato hizo que su caballo girara para poder esquivarla; Rainbow cayó del otro lado del camino tras su salto. Applejack empezó a correr ahora en otra dirección, pero su insistente amiga la siguió sin perder impulso.

– ¡¿Qué es tan importante como para que te comportes así?!

– ¡No puedo decírtelo!

– ¡Somos amigas, tonta! ¡Eso debería significar que puedes decirme lo que sea!

– ¡Esto no!

– ¡Estoy cansada de esto! ¡Dame la maldita bolsa!

Applejack miraba sobre su hombro como Rainbow corría detrás y se preparaba para volver a saltar contra ella. Su atención estaba totalmente puesta en que movimiento hacer a continuación para esquivarla… Pero entonces un grito frente a ella la hizo olvidarse por un instante de su perseguidora.

– ¡¡Aaaaaaaaaaaaaaah!! – Gritó alguien con fuerza, al parecer presa del pánico.

Frente a ellas, un segundo caballo se dirigía desbocado en su dirección contraria. Y la jinete sobre éste, no era otra que…

– ¿Pinkie Pie? – Susurró en voz baja un poco extrañada por la escena. Pero no tuvo mucho tiempo para meditar al respecto, pues se dirigía directo hacia ella en ruta de colisión.

– ¡¡Auxilio!! ¡No puedo detenerlo! – Gritaba con insistencia; lagrimas brotaban a chorros de sus ojos, y todo su cabello rosado era agitado con violencia por el viento.

Applejack reaccionó y le sacó la vuelta como le fue posible en el último segundo. Fue una movida rápida y precisa que evitó que se estrellaran. Sin embargo, no lo fue tanto para Raimbow Dash, quien ya había dado el rápido salto hacia el frente para atraparla, pero en su lugar se encontró de frente con Pinkie Pie.

– ¡¿Pinkie Pie?! ¡Esperaaaaa!

Como pudo, se giró en el aire en un intento por esquivarla, pero igual terminó cayendo en el lomo del caballo justo detrás de Pinkie Pie, golpeándose con fuerza. Luego se deslizó por el costado izquierdo, y cuando menos lo pensó su cara se dirigía de lleno a tierra. Interpuso sus manos al frente para protegerse y cerró los ojos; pero el golpe nunca llegó. Cuando volvió a mirar, su rostro se encontraba a unos escasos centímetros suspendido sobre el suelo; el polvo levantado por el trote del caballo le llenaba la nariz, y la hacía toser con fuerza. Dobló su cuerpo como pudo para mirar hacia arriba; su pierna se había quedado enganchada de la silla del caballo, y ahora estaba colgada de cabeza por un costado mientras el animal continuaba corriendo despavorido.

– ¡Maldición! – Intentó extender sus manos a su pie para liberarse, pero sintió como su cabeza golpeaba con el tronco de uno de los árboles al pasar muy cerca de éste. – ¡Auh! Pinkie Pie… ¡Auh! ¡Mi pie se atoró en la silla! ¡Detente!

– ¡¿Que parte “Auxilio, no puedo detenerlo” no entendiste?! – Le respondió, totalmente presa del pánico.

– ¡Al menos ayúdame! ¡Libera mi pierna!

– ¡No puedo! ¡Si suelto las riendas moriré!

– ¡No digas tonterías!

Y se alejaron por el camino hacia la entrada principal de la granja, sin que nadie las detuviera. Applejack se había detenido a un lado del camino, mirando con detenimiento como ambas se alejaban. Por un lado había sido un golpe de suerte que Pinkie Pie apareciera; de no haber sido por ello, con lo obstinada que era Rainbow Dash, tarde o temprano hubiera podido quitarle el bolso. Ahora bien podría darse media vuelta, salir de ese sitio, y ocultar el bolso en otro lugar donde nunca lo encontrarían; sería sencillo. Pero…

Applejack miró con detenimiento el bolso en sus manos, y luego miró en la dirección en la que Pinkie Pie y Rainbow Dash se habían ido. Sus amigas estaban en problemas, eso no lo podía ignorar. Si continuaban así, podrían hacerse mucho daño, a ellas y a otras personas. ¿Valía la pena arriesgarse a que ocurriese eso por ocultar lo que ese bolso contenía? ¿Sería capaz de hacer algo como eso?

La respuesta era tan obvia que ni siquiera debió pensarlo mucho: por supuesto que no, no lo haría. Ató el bolso a la silla de Apple Storm, y de inmediato tomó sus riendas y lo giró hacia la salida.

– ¡Andando Apple Storm! ¡Hyah!

Al grito de su dueña, el veloz potro comenzó a correr con todas sus fuerzas detrás del otro caballo.

– – – –

Pinkie y Rainbow habían llegado hasta el pueblo, y se movían sin control por la plaza principal, corriendo alrededor de la torre de reloj, y entre los callejones. La gente se hacia un lado asustados para no ser arrolladas.

– ¡¿A dónde rayos intenta ir este caballo?! – Gritaba Rainbow, intentando cuidar que su cabeza no golpeara con nada más, a la vez que buscaba la forma de zafar su pierna

– ¡Tal vez sólo quiere salir a pasear!

– Oh, ¡eso suena grandioso! Esto no podría ser peor.

De pronto, el silbato del tren matutino acercándose resonó con fuerza no muy lejos de ellas. Ambas notaron que el caballo se dirigía de hecho en dirección a las vías de tren, en donde se venía acercando la enorme locomotora en su dirección contraria.



– Ay no…

– ¡¡¡Aaaaaaaaaah!!!! – Las dos gritaron con fuerza y terror al darse cuenta de lo que estaba por ocurrir.

– ¡Detenlo, Pinkie Pie!

– ¡No puedo!

– ¡Jala esas riendas como si tu vida dependiera de ello! ¡Y es así!

Pinkie pie intentó jalar las riendas, pero el caballo no respondía; seguía en dirección recta hacia las vías y hacia el tren.

– ¡¿De todos tenías que elegir al único caballo en este sitio con deseos suicidas?!

– ¡Me gusto por sus lunares blancos ovalados tiene en su costado! ¡Parecen tres globos! ¡Me gustan los globos…!

– ¡No es momento para eso…!

– ¡¡Hyah!! – Se escuchó que alguien pronunciaba con fuerza.

Apple Storm, con Applejack en su lomo guiándolo, apareció de pronto, y poco a poco se iba colocando a su costado.

– ¡Applejack! – Pronunciaron Rainbow y Pinkie, ambas realmente felices de verla.

– ¡Acércate un poco más, amigo! – Le indicaba Applejack a su caballo. Avanzaron hasta colocarse justo a su lado, y luego hizo que se acercara lo más posible. – Muy bien…

Applejack soltó las riendas y Apple Storm siguió andando por su cuenta. Se apoyó en la silla para poder subir sus pies y pararse sobre ella, derecha. Cada movimiento se veía muy preciso; se veía la gran experiencia y facilidad que tenía para ese tipo de cosas. De la nada, dio un salto desde Apple Storm hacia el otro caballo, cayendo sentada en la silla justo detrás de Pinkie Pie, y con su bota casi contra la cara de Rainbow Dash; Apple Storm se había ido deteniendo poco a poco cuando Applejack dejó su silla, quedándose atrás.

El Tren seguía acercándose con rapidez hacia la estación. El maquinista pareció ver a lo lejos lo que ocurría, pues el tren estaba empezando a frenar de manera violenta, pero era obvio que no lograría desacelerar a tiempo.

La Vaquera de piel naranja tomó las manos de Pinkie Pie, quien aún era incapaz de soltar las riendas. Usando las suyas como si fueran de ella, comenzó a jalar las riendas con fuerza hacia un lado.

– ¡Ooooh! ¡Tranquilo amigo! – Exclamaba Applejack con fuerza. – ¡Dije Tranquilo!

El caballo empezó a obedecer, y dio un giro abrupto hacia la izquierda, esquivando el inminente choque contra el tren por apenas una fracción de segundo. Rainbow prácticamente vio pasar frente a sus nariz las ruedas de éste, y hasta le pareció sentir algunas de las chispas que soltaban por la fricción contra los rieles al frenar; esa sensación fue suficiente para dejarla paralizada y pálida del miedo.

Una vez a salvo del impacto, Applejack lo dirigió de nuevo a la plaza principal, y entonces empezó a tirar con fuerza de las riendas, acompañada de su voz autoritaria. El caballo al fin pareció reaccionar a esto, y empezó a detenerse poco a poco hasta quedarse completamente quieto. Fue entonces cuando al fin las tres pudieron suspirar aliviadas.

Luego de un par de segundos de silencio, se empezaron a escuchar aplausos y gritos provenientes de la gente a su alrededor.

– ¡Bien hecho!

– ¡Increíble!

Todos los que habían visto la gran proeza de Applejack, ahora la celebraba con entusiasmo. Esto la apenó un poco, pero en esos momentos estaba más concentrada en sus dos amigas.

– Applejack. – Escuchó que pronunciaba una atónita, y aún de cabeza Rainbow Dash. – Nos salvaste…

– ¿Qué puedo decir? – Pronunció con tranquilidad, bajándose de la silla con cuidado. Luego, empezó a desatar la pierna la Rainbow. – Cómo diría Twilight, las verdaderas amigas no dejan que sus amigas mueran arrolladas por un tren. Aunque te golpeen, te insulten y esculquen tus cosas a escondidas.

Cuando el pie de la joven de azul al fin fue liberado, cayó irremediablemente a tierra, golpeándose un poco; al menos todo era mejor que ser golpeada por un tren.

Pinkie Pie bajó de un salto del caballo, prácticamente lazándosele encima a Applejack para darle un fuerte y desesperado abrazo.

– ¡Gracias!, ¡Gracias! – Repetía con entusiasmo. – Nunca había tenido tanto miedo en mi vida….

– Está bien, Pinkie Pie, tranquila. – Le respondió mientras le acariciaba su espalda. – ¿Qué no dijiste que cuando tenías miedo debías reír?

– ¡¿Quién puede reír cuando vas sobre un animal que corre a mil kilómetros por hora?! Aunque visto desde otra perspectiva podría haberle parecido muy gracioso a alguien…

Habían pasado un fuerte susto, pero parecían estar mejor poco a poco. Entre toda la conmoción, prácticamente a las tres se les había olvidado lo que había ocurrido antes de todo ello.

– Applejack. – Escucharon la voz cercana de Twilight Sparkle. Rarity, Fluterrshy y ella, se dirigían caminando en su dirección; Fluttershy tiraba de las riendas de Apple Storm, guiándolo para que las siguiera. – Dejaste esto en la silla de Apple Storm.

En sus manos, la hechicera sostenía el bolso verde, el mismo que habían encontrado en su habitación, el mismo que Applejack intentaba con todas sus fuerzas de esconderles. Al verlo, el rostro de Applejack se tensó y sintió que todo el aire se le escapaba de los pulmones. Sintió el tremendo impulso de lanzársele encima y arrebatárselo. Pero antes de que hiciera cualquier cosa similar a eso, Twilight empezó a caminar hacia ella con paso tranquilo. Se paró a menos de un metro de distancia, y le extendió el bolso.

– Tómalo. – Le indicó con calma, tomándola por sorpresa.

– ¿Qué estás haciendo?

– Tranquila, no hemos visto aun lo que contiene.

Applejack, algo dudosa, tomó el bolso con ambas manos. En efecto, no parecía haber nada que indicara que hubiera sido abierto; estaba tal y como lo había dejado.

– Lamentamos mucho nuestro comportamiento, Applejack. Tal vez no fue la manera adecuada de reaccionar, pero escucha. Sea lo que sea que te pase o lo que te moleste, nosotras te ayudaremos y apoyaremos; sin importar qué sea lo que ocultas en ese bolso.

Eso la sorprendió, la sorprendió enserio. Incrédula, miró de nuevo el bolso. Aunque lo pareciera a simple vista, no había forma de estar totalmente segura de que en efecto no habían visto lo que contenía. Pero conocía a Twilight Sparkle. Era bastante honesta, en especial cuando se trataba de ese tipo de cosas. En su experiencia, nunca le había tocado que le mintiera de alguna forma. Volteó entonces a ver a las demás. Fluttershy, Rarity, Pinkie Pie, e incluso la propia Rainbow Dash, todas la miraban, aceptando las palabras que Twilight acababa de pronunciar.

Applejack suspiró con profundidad; una notoria incomodidad la inundó de pronto.

– Yo soy la que debe de disculparse por su comportamiento. Por intentar que nadie se enterara de este asunto, las hice preocuparse, tomarse la molestia de averiguar dónde estaba, y venir hasta aquí. Encima de todo, puse el riesgo la vida de Pinkie Pie y Rainbow Dash; si algo les hubiera ocurrido, jamás me lo perdonaría… Lo siento…

Antes de que alguna pensara siquiera en qué responderle, Applejack le regresó el bolso a Twilight, tomando desprevenidas a todas.

– Pueden mirar lo que contiene. Pero por favor, no me juzguen…

La Vaquera les dio la espalda, y se alejó algunos pasos de ellas; parecía que no deseaba ver sus rostros en esos momentos.

Twilight y las otras se vieron entre sí, confusas y dudosas de si lo decía enserio, y de si en verdad estaba bien que abrieran el bolso. ¿Enserio podían hacerlo? En el cuarto, Applejack parecía muy decidida a que no lo hicieran. Al final, se decidieron a hacerlo. Rainbow Dash, Pinkie Pie, Fluttershy y Rarity, se posicionaron alrededor de Twilight para poder ver mejor cuando ella abrió el bolso con suma delicadeza.

Todas se asomaron para ver el interior. Lo que vieron, confundió a todas por igual.

– Estos son… – Exclamó Twilight en voz baja, y entonces introdujo su mano en el bolso, sacando un par de…

– ¿Listones? – Completó Rarity un instante después.

Eran listones de competición, listones de premios, de colores rojos, verdes, dorados y blancos. Había tal vez unos diez en total.

– Son todos los listones que gané en el Gran Rodeo de Equestria. – Se explicó Applejack, mientras aún les daba la espalda.

– Cielos, son muchos. – Comentó Fluttershy fascinada.

– Tal y como la gente en la Arena y Miss Cherry Jubilee nos dijeron. – Agregó Twilight al comentario de Fluttershy.

Entendían la parte de que eran sus listones de premiación del Rodeo. Pero lo que aún ninguna lograba entender, era porque los estaba ocultando tan fieramente…

– Miren con más cuidado. – Oyeron que Applejack volvía a hablar, con un notorio pesar en su voz. – Son listones de todos los colores posibles… Excepto azul. Competí en cada una de las pruebas del Rodeo, y di todo mi esfuerzo en ellas… Pero no fue suficiente. Quedé en quinto lugar, cuarto, tercero, incluso en segundo, pero no gané en ninguna. Y encima de todo, el premio económico sólo se le entregó a los mejores tres de la competencia… Y yo no fui una de ellos.

Echaron un segundo vistazo a todos los listones. Era verdad, no había ni un sólo listón de primer lugar entre ellos. Intentaron recordar entonces lo que habían oído, lo que la gente les había dicho. Sí, todos recordaban a Applejack, todos decían lo bien que lo había hecho, como les había impresionado por ser su primer año… Pero nadie decía nada sobre que hubiera ganado; simplemente les parecía que lo había hecho bien para ser su primera vez compitiendo.

Y luego pasaron a recordar todo lo que había pasado y habían dicho una semana atrás, durante sus ceremonias y fiestas de despedida, e incluso durante esa última mañana en la estación del tren. Como le habían dicho que volviera con muchos listones, como todo repetían que estaban seguros que ganaría todas las competencias, y la Alcaldesa repitiendo lo mucho que necesitaban el dinero del premio.

Ante el silencio de sus amigas, Applejack continuó.

– Lo siento chicas. Les fallé a ustedes, a la Alcaldesa y a Ponyville. Todas confiaron en mí, me dieron su apoyo y sus esperanzas. Me hicieron una gran despedida y fiesta… Pero la verdad es que fui soberbia. Pensé que por ser la mejor en Ponyville podría batirme con los mejores. Pero la verdad es que no estaba lista. No podía volver a casa derrotada. Pensé que al menos debía de juntar el dinero para la reconstrucción de la alcaldía. Y por eso acepté este trabajo… Y por eso no podía decirles la verdad; me avergonzaba demasiado que lo supieran.

– Pero Applejack… – Twilight, y todas las demás, intentaban decir algo, pero no sabían con claridad qué debían de decir en una situación así ante lo que acababan de oír. Después de todo, ellas mismas habían sido parte de quienes le habían dicho todo eso…

De pronto, todas vieron como Rainbow Dash se alejaba del grupo, y se dirigía hacia Applejack con rapidez.

– ¿Rainbow Dash?

La chica de cabello arcoíris no dijo nada. Sólo se paró justo detrás de Applejack, la tomó de un hombro con fuerza y de un sólo jalón la hizo voltearse de nuevo hacia ella por la fuerza. Confundida, Applejack se encontró de frente con el rostro acalorado e irascible de Rainbow Dash, que la miraba fijamente.

– Eres… Una… ¡Idiota!

Con sólo esa advertencia lanzada, Rainbow alzó su puño derecho hacia atrás y luego hacia el frente, con la clara intención de golpearla. Applejack reaccionó rápidamente, tomándola de la muñeca y deteniendo su puño apenas a unos centímetros de su cara. Rainbow no se quedó sólo en ello, y a continuación alzó su puño izquierdo para hacer el segundo intento, que también fue detenido por la Vaquera de la misma manera. Comenzaron entonces a forcejear, Applejack sujetándola con fuerza para que no se liberara e intentarla atacarla, y ella jalando y empujando con furia.

La escena alarmó de inmediato a las otras. No podían creer que Rainbow de nuevo lo estuviera haciendo; eso ya era demasiado.

– ¡Rainbow Dash! ¡No!

De inmediato las cuatro se aproximaron para separarlas, pero se detuvieron prácticamente a medio camino al escuchar a Rainbow…

– ¡Eres una… idiota! ¡Idiota…! Idiota…  – Repetió varias veces, con un pequeño y casi inaudible hilo de voz agobiante, y de la nada se dejó caer de rodillas al suelo, mientras Applejack la seguía sujetando de las muñecas; parecía tan impresionada que sus manos no habían reaccionado para soltarla.

Pero Applejack no era la única. Todas se extrañaron enormemente. Ese tono, no era común escucharlo en Rainbow… No, de hecho era menos que común; era prácticamente desconocido. Se oía como… Pero no, no podía ser. ¿Sería posible que estuviera… llorando?

Twilight, Rarity, Pinkie Pie y Fluttershy no podían estar seguras, pero Applejack sí. La joven de piel anaranjada veía incrédula el rostro de su amiga. Sus ojos estaban cerrados, y abundantes lágrimas surgían de entre sus parpados, y se deslizaban por las mejillas; al mismo tiempo, pequeños jadeos surgían de su garganta.

– ¿Rainbow Dash? – Preguntó confusa, y sólo entonces soltó sus muñecas, haciendo que sus brazos cayeran sin la menor interrupción hacia sus lados. Applejack se agachó frente a ella, mirándola con preocupación. ¿Por qué lloraba?

– ¿A quién le importa la alcaldía, los estúpidos listones o el estúpido dinero? – Escucharon que Rainbow empezaba a pronunciar entre jadeos sin alzar su rostro. – ¿Cómo pudiste pensar siquiera en no volver a casa por algo como eso? ¿Qué no sabes lo que sentí cuando creí que no te volvería a ver? ¿No sabes el miedo que tuve de qué te hubiera pasado algo? Eres una idiota… Una campesina idiota… – Sin previo aviso, se abrazó con fuerza de ella, ocultando su rostro contra su pecho. – Cuando dije que me avergonzaría de ti si perdías, no era enserio… Así hubieras quedado en el lugar cincuenta… Para mí siempre serías la número uno…

– Rainbow Dash…

Applejack no sabía ni qué pensar ante lo que ocurría ante ella. ¿Qué era lo más extraño? Era difícil decidir. ¿Rainbow Dash llorando abiertamente enfrente de todas?, ¿abrazándola? ¿O las cosas que le estaba diciendo? ¿En verdad sentía eso? ¿Lo que decía… era enserio? Podía sentir como humedecía un poco su camisa con sus lágrimas y su cuerpo temblaba ligeramente. Era como si se hubiera estado guardando todo eso demasiado tiempo, y al final todo había salido disparado como un geiser.

Por el rabillo del ojo vio como las otras se acercaban, parándose detrás de Rainbow Dash. Las cuatro la miraban fijamente, cada una con una amplia sonrisa en los labios.

– Ella tiene razón, Applejack. – Pronunció Fluttershy primero. – Habrá muchas otras competencias y formas de reparar la Alcaldía, pero no otras Applejack que tomen tu lugar si te marchas de Ponyville para siempre.

– Y no tienes nada de qué avergonzarte. – Agregó Twilight a continuación.  – Todos con los que hemos hablado, sólo han hablado maravillas de tu espléndido desempeño. Tal vez ahora no estabas lista, pero de seguro el año que viene arrasarás con todos los premios.

– Y claro, ocuparás un nuevo look. – Mencionó Rarity con elegancia. – Te confeccionaré un guardarropa completo, mucho mejor esta vez; algo que en cuanto los jueces te ven digan “¡Esa es la vaquera más deslumbrante que hemos visto!”

– ¡Y haremos una fiesta mucho mejor el año que viene! – Exclamó Pinkie Pie con entusiasmo, agitando sus brazos. – Con más globos y pasteles. Oh, incluso podría ayudarte a practicar, como viste, ya tengo experiencia cabalgando.

Todas rieron divertida al escuchar a Pinkie Pie.

Cada una tomaba turno para agregar algo más a conversación; palabras sinceras de ánimo, de apoyo y de solidaridad con su amiga. A ninguna de ellas le importaba lo que había ocurrido. A ninguna le importaba que hubiera perdido, que no hubiera ganado el dinero, ni siquiera que se hubiera ido a esconder en ese sitio. No les importaba nada de eso, y ninguna estaba decepcionada o enojada; sólo querían decirle abiertamente lo mucho que la apreciaban, lo mucho que la querían.

No pudo soportarlo por mucho más tiempo. Sus labios comenzaron a temblar, y sus ojos se humedecieron de un segundo a otro, soltándose a llorar al igual que Rainbow Dash; incluso también alzó sus brazos, abrazándose de su amiga de cabellos arcoíris.

– No las merezco chicas… En verdad no las merezco… – Fue lo único claro que pudo surgir de su boca.

Todas las demás parecieron contagiarse de sentimiento, y también sintieron ganas de llorar, ganas que no mantuvieron retraídas por mucho. Las cuatro se agacharon también, y se abrazaron como pudieron de Applejack y Rainbow Dash, estando ahora las seis juntas, dejándose llevar por la tremenda emoción que las inundaba.

Se quedaron así por un par de minutos, antes de empezar a calmarse; incluso Rainbow Dash había al fin recuperado la compostura. Las seis se pusieron de pie, se arreglaron sus ropas, su cabello y se limpiaron sus mejillas y ojos.

– Entonces, ¿qué dices? – Cuestionó Twilight. – ¿Volverás a Ponyville con nosotras?

Applejack pasaba sus dedos y sus mangas por su rostro para secárselo. Volteó a ver a cada una con una sonrisa gentil y feliz en los labios. Miró a Twilight, luego a Fluttershy, Pinkie Pie, Rarity, y por último a Rainbow Dash; todas la miraban fijamente, excepto Rainbow, que estaba volteando hacia otro lado, al parecer algo apenada por lo que acababa de ocurrir.

– Me encantaría chicas, enserio que sí. – Les respondió con gentileza. – Pero no puedo hacerlo…

Las sonrisas de todas se fueron desvaneciendo poco a poco, e incluso Rainbow olvidó su pena, y se volteó en su dirección de nuevo. ¿Había dicho… que no?

CONTINUARÁ

Y de aquí surgió el “Creí que no te volería a ver” del título. ¿Y dónde está el “AppleDash”? Un poco diluido por ahí, pero eso está por cambiar… En fin este capítulo me gustó. Mi único problema es que haya tardado demasiado en llegar a él. Yo había calculado que éste iba a ser el capítulo 3, ¿pero qué puedo decir? Las escenas y la interacción entre los personajes se volvieron más largas de lo que esperaba; suele pasar. Pero bueno, no se pierdan el próximo capítulo, que creo (o espero) que les va a agradar más.

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Harmonía: Creí que no te Volvería a Ver. Tras haber ido a una competencia de Rodeo a Canterlot, Applejack envía una Postal a Ponyville en la que afirma que no volverá, lo que desconcierta a todos, en especial a Rainbow Dash, quién saldrá sin espera a su búsqueda junto con sus demás amigas, decidida a no volver sin ella.

+ «My Little Pony: Friendship is Magic» © Lauren Faust, Hasbro Inc., Hasbro Studios.

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