Fanfic Teen Titans: The Sinners – Capítulo 05. Admiradores Secretos

23 de diciembre del 2016

Teen Titans: The Sinners - Capítulo 05. Admiradores Secretos


TEEN TITANS

THE
SINNERS

Por
Wingzemon X

CAPITULO 05
“Admiradores Secretos”

¿Qué significa que a una persona le guste otra? O más específico: ¿qué significa que a una chica le guste un chico? Uno puede decir con total naturalidad que le gusta el chocolate, o le gustan los Waffles, o la pizza, y su significado tendría sentido. Uno podía decir que le gustaban las novelas de misterio, o romance, o las películas de acción, o de aventuras; eso aún tendría sentido. Podías afirmar que te gustaba el calor o el frío, la playa, los bosques, las montañas o la ciudad; todo eso podía llegar a comprenderlo. ¿Pero qué significaba realmente que una persona te guste? Y yendo más lejos aún, ¿qué significaba estar enamorada de alguien? ¿O qué alguien estuviera enamorado de ti? Nunca antes se había hecho esas preguntas con tanta profundidad como esa tarde.

Ya estaba casi atardeciendo, y un escaso vistazo de luz anaranjada penetraba por su ventanal, mientras ella por su lado se encontraba recostada boca arriba en su cama, mirando fijamente al techo de su habitación como si ahí se encontrara las respuestas a todos esos problemas. En una de las pocas pláticas que había tenido con su madre sin que estuviera relacionada con Azarath, Trigon, o la magia que estaba aprendiendo, ésta le había contado algunas cosas sobre enamorarse. Arella, como se llama su madre, le había dicho que en la Tierra jamás tuvo la dicha de sentir lo que era enamorarse profundamente de alguien, y que éste le correspondiera. Ella siempre fue rechazada, excluida por como vestía, por como actuaba, por sus gustos y preferencias. Tal vez fue por eso que fue tan fácilmente seducida por el misterio y poder que aquella secta que adoraba a Trigon le ofreció. Pero sí le habían llegado a gustar algunos chicos, como a cualquier adolescente normal, pero nunca profundizó mucho más en el tema. Tampoco era que podía hablar de eso abiertamente con los Monjes o demás personas de su hogar; todos tenían una actitud muy rara sobre eso. Además, por su entrenamiento, Raven tenía prohibido experimentar ese tipo de emociones, ya que no podía permitirse que éstas controlaran sus poderes, y era una vía fácil a que la maldad de Trigon la poseyera. Por lo tanto, nunca había recibido una guía muy extensa sobre lo que era el amor o las relaciones. Pero Trigon ya no existía, y ya no era una amenaza para ella, y tal vez era por eso que comenzaba por primera vez a pensar tan abiertamente en ello.

Estuvo más en contacto con todo el asunto de los chicos, las chicas, gustarse, enamorarse, casarse y demás, una vez que vino a la Tierra. Claro que tampoco era una gran guía la que encontró ahí, pues tampoco podía ir y preguntarle a alguien “¿Qué es el amor?”; incluso en ese momento la sola idea le parecía tonta. Tampoco era que lo estuviera buscando realmente, pues ese no había sido el propósito por el cual había ido a ese planeta, además que tenía que seguir controlando sus emociones pese a ya no estar en Azarath. Lo que pasaba realmente, es que era difícil voltear y no ver emoción tras emoción de un lado a otro; toda la Tierra era una masa gigante de emociones. Por un lado había películas, novelas, series, incluso caricaturas, poemas, hasta la novela más gótica tenía algo de romance de ella. Parejas en la calle, en la televisión, incluso en su propia casa… Para una persona como ella eso era demasiado. Y ahora, la cereza de su pastel: estaba comenzando a pensar que alguien le gustaba. Y de hecho no estaba comenzando, pues era una idea que había estado rondando en su cabeza durante mucho tiempo atrás. Y no era un alguien cualquiera, sino alguien que había estado a su lado durante mucho tiempo.

Pero, ¿realmente le gustaba esa persona? Tal vez era sólo un gran cariño, o profunda admiración como ella había pensado en un principio, o tal vez sólo es ese cariño de “casi hermanos”; él de vez en cuando había dicho que sentía que era como la hermana que nunca tuvo, ¿pero qué sentía ella? Y en el remoto caso de que sí le gustara, ¿qué tanto? ¿Eso se podía medir en cantidad?, ¿se podía decir cuanto alguien te gustaba en una escala del 1 al 10? ¿Y en qué número estaba ella en ese momento? ¿Y sólo le gustaba o tal vez algo más? ¿Cómo se diferencia el gustar del “algo más”? ¡¿Qué era el algo más?!

Sentía que la cabeza estaba a punto de explotarle. Por más que le daba vueltas al asunto, era obvio que no llegaría a nada. Incluso intentó meditar, toda la tarde lo estuvo haciendo, pero no podía aclarar su mente lo suficiente para lograrlo. Raven, la hechicera centrada, la que tenía que meditar todos los días para mantenerse serena y firme, ¿no era capaz de aclarar sus pensamientos? ¿Qué era lo que le pasaba? Pero más importante aún, ¿qué podía hacer para solucionarlo? Su auto encierro no había dado resultados hasta entonces, así que optó por una medida diferente: salir y caminar un poco. No era algo que acostumbraba hacer, pero en esos momentos haría lo que fuera con tal de poder calmarse.

Salió de la cama de un salto y se dirigió rápidamente a la puerta de su cuarto. Se cubrió la cabeza con su capucha azul, intentando ocultar su rostro y comenzó a caminar discretamente por el pasillo, mirando a todos lados para cuidar que nadie la viera. ¿Por qué hacía eso? ¿Se estaba escondiendo acaso? No era que se estuviera escondiendo, simplemente en ese estado no tenía ánimos de verlo… a él. No sabía cómo reaccionaría si lo viera en esos momentos, pero posiblemente algunas ventanas podrían resultar rotas. Por suerte, desde que volvieron a casa luego de enfrentarse a Red X, pese a ver fallado en su captura, todos se habían ido a hacer cosas por su cuenta. Si lo conocía tan bien como creía, podía adivinar que se encontraba en su cuarto, viendo una y otra vez los recortes de periódico pegados en su pared sobre Red X, repasando una y otra vez cada punto del caso, intentando encontrar algo que se le hubiera pasado, algo que lo ayudara a descubrir quién era, o más importante, cómo atraparlo. Muchos dirían que era un obsesivo; para Raven, era metódico y detallista, igual que ella…

Al caminar por el pasillo en dirección a las escaleras, pasó por mera casualidad frente a una habitación que tenía la puerta abierta. Pasó de largo sin ponerle importancia al principio, pero un segundo después se detuvo en seco y se giró de nuevo de reversa. ¿Por qué estaba abierta esa habitación? Se suponía que hacía mucho que nadie entraba a ese lugar. Se paró con cuidado en el marco de la puerta, y dio un paso al frente. Ese cuarto no había cambiado en nada desde que su ocupante lo dejó hace ya mucho tiempo. Seguía igual, con ese gran ventanal con vista a la bahía y esas paredes que simulaban un cielo estrellado. ¿Por qué seguían teniendo esa habitación intacta? ¿Tenían aún la esperanza de que su ocupante la volviera a usar algún día?

A simple vista no había seña de ser humano adentro, a excepción de una cabellera verdosa que se asomaba un poco por encima el respaldo del sillón.

– ¿Chico Bestia? – Preguntó un poco sorprendida al reconocer su cabello y comenzó a caminar hacia él.

Eso explicaba mejor las cosas. Chico Bestia durante algún tiempo acostumbró pasar horas en ese cuarto, en el cuarto que algún tiempo fue de aquella persona: Terra. Pero ya hacía mucho que no se paraba ahí. Al pararse al lado del sillón, miró claramente al Titán de piel verde, sentado de una forma nada cómoda, con lo que parecía ser una caja de joyas en forma de corazón sobre sus piernas. Raven ya había escuchado de ese objeto: era un regalo que Chico Bestia le había dado a Terra, mismo que había dejado atrás al irse.

El chico pareció no sólo no escucharla al pronunciar su nombre, sino tampoco la notó de pie a su lado hasta un rato después, en el que volteó a verla con una mirada cansada y totalmente ausente.

– Ah, hola Raven. – Saludó algo desganado y entonces se viró de nuevo a la caja en sus piernas. Era obvio, incluso para Raven, que algo le pasaba.

– ¿Qué haces aquí? – Le preguntó ella con cuidado.

– Nada. Sólo… pienso.

– ¿Enserio? No te vayas a lastimar.

El comentario sarcástico de la hechicera no pareció tener la menor reacción en su compañero; al parecer ni siquiera la había escuchado. Dejó caer su cuerpo poco a poco a su derecha, hasta quedar recostado sobre el sillón, mirando hacia las enormes ventanas por las cuales se veía que el sol se estaba metiendo, mas no parecía que Chico Bestia disfrutara del atardecer.

– ¿Estás bien?

– Sí… No te preocupes.

Raras veces había visto a su compañero en ese estado. Normalmente Chico Bestia era siempre el animado, el feliz, el sonriente, y quien intentaba animar a los que estaban decaídos. Pero ahora él se encontraba en el otro lado. ¿Quién anima al animador en esos casos? ¿Ella? No era la mejor candidata para eso, y menos en el estado en el que se encontraba. Además, el verlo en esa habitación la hacía recordar la única vez además de esa que lo había visto así de decaído, y estaba segura de que ambas ocasiones tenían el mismo motivo: Terra. Nunca había estado preparada para dar consejos amorosos, y menos en esos momentos, así que sin decir más se disponía a caminar a la puerta e irse.

Pero, algo la detuvo. ¿Qué fue? ¿Conciencia quizás? ¿No quería irse y quedarse pensando en que dejó a su amigo sintiéndose mal sin hacer nada al respecto? Pero ella era una fiel militante del “Necesito estar un tiempo a solas” para recuperarse de cualquier cosa, aunque en esos momento a ella no le estaba resultando del todo. ¿Qué hacer? Una idea un poco egoísta le surgió de pronto al pensar que tal vez el concentrarse en los problemas de otro, la ayudaría a olvidar los propios, aunque eso no le entusiasmaba del todo. En conclusión, Raven era un manojo de ideas, dudas, preguntas y dolor de cabeza en ese punto, y realmente no le gustaba serlo.

–  Sé que de seguro me voy a arrepentir de esto pero… – Murmuró en voz baja mientras se giraba de nuevo al sillón. – ¿Quieres hablar de algo?

No hubo ninguna respuesta por un rato, hasta que vio como Chico Bestia asomaba su cabeza por encima del respaldo del sillón y volteaba a verla. Parecía que realmente lo necesitaba, y no era el único, aunque en ese momento Raven no lo sabía.

Seguir hablando en el cuarto de Terra no parecía la mejor idea para solucionar lo que fuera que molestaba al Titán, por lo que decidieron salir y tomar aire fresco. No se alejaron mucho de la casa, simplemente fueron afuera, a la orilla del agua, a la pequeña playa de la isla en la que se encontraba su Torre. Era un buen sitio para hablar y pensar, al tiempo que admirabas el atardecer. Tuvieron algunos problemas al principio para comenzar, pero luego Chico Bestia explicó exactamente lo que lo tenía así, empezando por contarle porque estaba en esa escuela cuando lo recogieron en el Carro T esa tarde.

– Ya veo. – Murmuró Raven estando sentada en una roca un poco elevada, mientras él estaba de pie en la arena. – Esa es la escuela en donde estudia la chica que crees que es Terra.

– No creo, estoy seguro que es ella. – Exclamó él rápidamente, viendo fijamente al frente con seriedad.

– ¿Por qué estás tan seguro como para afirmarlo de esa forma?

Chico Bestia guardó silencio, dudando de decirle o no ese dato que había omitido la primera vez que les contó que creyó haber visto a Terra, y de hecho no se los dijo nunca después de eso, ni siquiera cuando recibiendo la visita de Geo-Force. No estaba muy seguro de porqué lo había ocultado, pero parecía tiempo de decirlo.

– No se los dije antes porque no sabía cómo lo tomarían. – Explicó como preámbulo antes de decir lo que quería. – Pero Terra desapareció de la cueva de Slade, ya no está ahí.

– ¿Qué? – Exclamó sorprendida, poniéndose de pie. – ¿A qué te refieres con que desapareció?

Chico Bestia no era tan tonto como algunos pensaban. En cuanto vio a la chica que le pareció idéntica a Terra, lo primero que pensó fue que podría habérselo imaginado, por lo que de inmediato fue a revisar el sitio en donde Terra se encontraba. El lugar era una cueva a las afueras, en donde Slade tenía su guarida, y dónde luego de haber detenido un terremoto para salvar la ciudad, la joven había quedado petrificada en piedra, como una estatua.

– Aquel día cuando la vi en la calle, fui a revisar la cueva, y ya no estaba. Su estatua desapareció de su altar, y no hay rastro de ella ahí

– ¡¿Cómo?! – Raven pareció sorprenderse demasiado, y rápidamente bajó de la roca de un salto, parándose a su lado. – ¿Por qué no nos dijiste eso?, eso cambia todo.

Raven intentó calmarse y no dejarse llevar por las primeras impresiones. Si bien, lo primero que cualquiera podría llegar a pensar al ver que ya no estaba en la cueva, y ver a una chica tan parecida a ella, era que se trataba de la misma Terra, no era la única explicación a todo ese asunto. Aunque tenía que admitir que todo eso era extrañamente conveniente.

– No debemos de sacar conclusiones apresuradas. Aunque lo que digas sea cierto, eso no significa que esa chica sea Terra. Si en verdad se liberó, ella podría estar en otra parte, tal vez ya ni siquiera se encuentre en esta ciudad. Pero también puede ser que alguien se la haya llevado.

– ¡Dices eso porque no la has visto! – Exclamó con fuerza, girándose rápidamente hacia su compañera de equipo. – Ella es idéntica a Terra, el propio Geo-Force la reconoció al verla.

– Geo-Force no había visto a Terra en hace mucho tiempo. Si a ti te parece que es idéntica a ella, fácilmente a él también.

La intención de Raven no era desilusionar a Chico Bestia, ni tampoco de ponerle los pies en la tierra. La verdad tampoco tenía la intención de afirmar que lo que él pensaba era falso. Los hechos apuntaban a que la teoría de Chico Bestia era plausible. Terra había desaparecido de su altar, una chica aparentemente idéntica a ella aparece en las calles de la ciudad, y su hermano mayor viene y parece afirmar que es ella al verla. Es lo suficiente como para pensar que se trata de ella, pero no eran pruebas definitivas. De seguro él lo sabía, pero seguía aferrándose a esa posibilidad, la posibilidad de que realmente fuera Terra, que realmente estuviera viva. Terquedad, ceguera, obstinación. ¿Todo eso era parte de estar enamorado?

– Bueno… Suponiendo que se tratase de Terra realmente, ¿no has considerado la posibilidad de que haya perdido la memoria? No sabemos qué efectos pudo haber tenido el estado de petrificación en que se sumió, o el traje de control nervioso que  Slade le puso.

– Eso también lo pensé en un principio. – Le contestó con algo de pesar. – Pero hay algo raro, porque cuando hablo con ella, yo siento que realmente sabe de lo que le estoy hablando, ¿me comprendes? Dice no recordar nada, pero yo percibo que se siente como avergonzada, o incomoda… No sé, es difícil de explicar.

– ¿Cómo si quisiera olvidar lo que le estás diciendo? – Murmuró de pronto la hechicera de azul.

– Tal vez. Sea como sea, no quiera ni verme, ni saber nada de mí. Y eso me pone realmente… triste.

Ambos guardaron silencio luego de eso. Raven no estaba segura de qué decirle. En efecto toda esa plática la había hecho dejar de pensar en sus propios asuntos, al menos en un inicio. Luego, comenzó a preguntarse si realmente esa chica que Chico Bestia decía podía ser Terra, y concentró gran parte de sus pensamientos en descifrar las distintas posibilidades. Primero la más sencilla: Terra se liberó de alguna forma, y es la chica que Chico Bestia afirmaba. Ésta a su vez se desprendía en dos opciones más. La primera, era que guardaba las memorias de su vida pasada, y la segunda que no. Si aún mantenía sus memorias, las razones por las cuales tomaba esa actitud podía ser variadas, pero algunas se contraponían entre sí. Lo más viable sería que realmente hubiera perdido la memoria. Ahora, también cabía la posibilidad de que se hubiera liberado, y no fuera esa chica, y al mismo que ni siquiera se hubiera liberado y alguien se la hubiera llevado de la cueva; Slade sería el sospechoso número uno en ese caso. Así que no había una forma sencilla de descifrar ese asunto, al menos no en ese momento o en ese lugar.

Para cuando Raven salió de todos esos pensamientos, notó como Chico Bestia se agachaba y tomaba una de las piedras a sus pies, se levantaba jalaba su brazo para atrás y entonces arrojaba la piedra al frente, haciendo que ésta diera tres saltos sobre el agua, y luego se sumergiera. Una sonrisa ligera surgió en sus labios al hacerlo.

– La primera noche que ella pasó aquí en la Torre, vinimos a este lugar, y me enseñó a hacer que las piedras saltaran en el agua.

Dicho esto, bajó para tomar otra piedra e intentarlo de nuevo. Parecía que ese recuerdo le traía buenos sentimientos al chico verde, los suficientes como para hacerlo sonreír pese a estar tan triste en el fondo. Raven lo quiso intentar también. Se agachó a tomar una piedra y la arrojó al agua como Chico Bestia, pero ésta se hundió de golpe, chapoteando.

– No, así, mira. – Le dijo su compañero, mientras volvía a tirar otra piedra y ésta una vez más se iba saltando.

No entendía como lo hacía; ante sus ojos lo había hecho exactamente igual. Lo intentó una vez más, pero de nuevo la piedra se hundió sin remedio; esto pareció no hacerle mucha gracia, a diferencia de Chico Bestia que comenzó a reírse ligeramente a ver esto, lo que ocasionó que la hechicera le plantara una mirada fulminante que casi lo dejaba helado. Decidida a no quedarse en ridículo, tomó otra piedra, pero en esta ocasión la cubrió con su energía oscura, y salió disparada al frente, mientras moviéndola con su magia rebotaba una y otra vez, alrededor de unas quince o veinte veces al frene, hasta casi llegar a la otra orilla. Raven sonrió triunfante.

– Oye, eso es trampa. – Murmuró Chico Bestia.

– ¿No se te ocurrió que tal vez Terra también lo hacía?

El chico verde estaba por contestarle eso, pero entonces pensó que no era tan imposible. Antes de ese momento había pasado por alto que Terra podía mover piedras en aquel momento.

– ¿Qué ocurrió realmente entre ustedes? – Preguntó de pronto la hechicera sin quitar sus ojos del mar. La pregunta lo extrañó un poco. – Quiero decir, es obvio para mí que te gustaba, y creo que tú a ella. ¿O me equivoco?

¿Por qué le hacía esa pregunta? Raven no entendió su propio acto, hasta darse cuenta de que de nuevo estaba pensando en él, en ese chico que la había tenido sin descanso toda la tarde, en esa situación que la había tenido aturdida por meses. ¿Qué la había hecho recordar de nuevo ese asunto? Posiblemente el escuchar como Chico Bestia le contaba ese momento feliz con la persona que quería; ella también deseaba recordar momentos felices con quien quería. De nuevo, todas las dudas volvieron de golpe, una tras otra.

– Yo, creo que sí. – Contestó un poco dudoso el chico de orejas puntiagudas. Un nuevo recuerdo feliz le venía a la mente, sobre su salida con Terra la noche justo en que se entero… de la verdad sobre ella. Pero antes de ese momento, esa estaba siendo la noche más feliz de su vida. – Luego de lo ocurrido con Slade, yo… Ya no sé qué es lo que realmente Terra sentía por mí, pero yo creo que sí. ¡Ah! – Un pequeño gritó surgió de sus labios mientras se agarraba su cabeza. – ¡Soy el chico con la peor suerte del mundo! La primera vez que me enamoró realmente de una chica, y la primera vez que ésta me hace caso… Y…

Raven pareció casi asustarse por esa reacción tan repentina, y en especial al ver como el chico apretaba con fuerza sus ojos al igual que sus puños. Le pareció ver claramente como unos pequeños rastros de lagrimas se asomaban por entre sus parpados… ¿Eran lágrimas de tristeza?, ¿rabia?, ¿frustración tal vez? Las lágrimas eran un acto que ella no comprendía, pues nunca había llorado en su vida, aunque esto era más un decir que una afirmación, pues de seguro si había llorado, pero en alguna ocasión que ella recordara vívidamente.

– Aún me sigo preguntando a veces porqué Terra nos traicionó. – Murmuraba mientras seguía con los ojos cerrados. – ¿Qué le dio Slade que nosotros no? Que yo no… Las cosas podrían haber sido tan diferentes.

La predicción de Raven con respecto a que se iba a arrepentir de eso, se estaba cumpliendo, más que nada porque ahora se encontraba en una situación ligeramente incomoda, en la que sabía que tenía que decir algo para hacerlo sentir bien, pero no tenía ni la más remota idea de qué era. En ocasiones lamentaba el no poder entender bien las emociones humanas, en otras lo agradecía; no estaba muy segura en cuál de los dos casos se encontraba en esos momentos.

– Ah… Anímate Chico Bestia. – Comentó un poco dudosa, colocando su mano en su hombro. – Las cosas… No son tan malas.

El chico rió un poco; ¿acaso era algún tipo de broma?

– No me imagino cómo podrían estar peores.

De nuevo el silencio. Tal vez no habría como compararse, pues eran situaciones muy diferentes, de hecho demasiado diferentes. ¿Cómo se podría decir cuál de las dos estaba peor? ¿La de ella o la de él? Dio unos pasos al frente, hasta casi dejar que el agua tocara sus pies descalzos. Alzó su mirada un poco hacia el horizonte, admirando el hermoso atardecer, como el cielo parecía cubrirse de llamas, y el agua se tornaba anaranjada con el reflejo de éste. Esa vista, de alguna forma la ayudaba a pensar.

– Suena raro viniendo de mí, pero creo que debes de mantenerte optimista al respecto. – Comentó de pronto dándole la espalda; Chico Bestia simplemente la volteó a ver confundido, escuchándola atentamente en silencio. – Si realmente es Terra, y realmente está viva, aún hay esperanzas de que tú y ella puedan reencontrarse, y hacer las paces, y que todo vuelva a la normalidad. Tal vez ni yo ni los otros podamos volver a verla con los mismos ojos que siempre, pero tú eres diferente. Tú aún sientes algo por ella, aunque sabes que no debes, aunque sabes que eso te hará daño, simplemente no puedes hacerlo a un lado. Te quieres aferrar a esa pequeña esperanza de que todo será como tú deseas, y esa pequeña esperanza se vuelve en todo tu mundo. Y mientras tengas esa pequeña esperanza, no debes de perder la fe…



Chico Bestia se quedó atónito, parpadeando confundido al escuchar esas palabras surgir de los labios de Raven. Quitando el hecho de que tal vez era el mayor número de palabras que la había escuchado decir seguidas, realmente era sorprendente lo que decía.

– Sí que eres buena interpretando los sentimientos, Raven. – Comentó confundido, rascándose su mejilla. – Casi podría decir que sabes exactamente lo que siento… ¡¿Me estás leyendo la mente?!

– No, no es eso. – Contestó con tranquilidad, sin quitar sus ojos del atardecer. – Y no sé exactamente qué es lo que sientes realmente. Sólo supongo que debe de ser, un poco… Un poco  parecido a si a ti te gustara una chica, a la que has visto siempre como algo inalcanzable, y no sabes bien qué opinión tiene de ti, pero además de todo siempre has sabido que a ella le gusta otro chico, que encima de todo podrías considerarlo tu mejor amigo, y eso hace que lo veas totalmente imposible, pero aún así no puedes olvidarla, por más que te lastime, porque inconscientemente te aferras a una pequeña esperanza… sólo una pequeña esperanza de que todo sea como quieres… Creo que debe de ser un poco parecido…

Y de nuevo, el silencio se sumió entre ellos. Raven miraba al frente, viendo fijamente como el sol se estaba metiendo, poco a poco, como las estrellas aparecían sobre ella y… Un momento, ¡¿Qué era lo que acababa de decir?!

Los ojos de Raven se abrieron por completo cómo platos, y la piel de su rostro, que siempre había permanecido pálida ante los ojos de sus amigos, se comenzó a poner roja como sangre, y todo el cuerpo se le tensó de golpe. Rápidamente se giró incrédula hacia su oyente, que estaba de pie detrás de ella, mirándola con atención aparentemente estupefacto. Él la miró, ella lo miró, y ambos se quedaron así por casi un minuto, antes de que Chico Bestia rompiera el silencio.

– Bien… Ah, si por mí te refieres a ti, por chica te refieres a chico, y por mejor amigo te refieres a mejor amiga… Entones el chico sería…

Ahora eran los ojos de Chico Bestia los que se abrían de par en par ante la epifanía que acababa de cruzar por su cabeza.

– ¡No me digas que a ti te gusta…! – Gritó casi a todo pulmón, a lo que Raven reaccionó con gran agilidad, lanzándosele encima y tapándole la boca con ambas manos.

– ¡Cállate!, no lo digas en voz alta, ¡tonto! – Le gritó con una mirada molesta, aunque su rostro continuaba rojo. – Olvida lo que dije, no es cierto, ¡lo inventé!, ¡Era un escenario hipotético! ¡¡No es real!! ¡¿Entiendes?!

Chico Bestia asintió con su cabeza, aunque era obvio que no le creía ni una palabra. Raven dudó unos segundos, pero luego optó por apartar sus manos y alejarse de él.

– No se lo digas a nadie, nunca, jamás, ¡O si no te sacaré los ojos! – La última amenaza la exclamó con mucha fuerza, al tiempo que sus ojos brillaban con fuerza y sus dientes prácticamente se convertían en colmillos.

– Está bien, te lo prometo, Raven; no se lo diré a nadie, lo juro. – Le contestó él, alzando sus manos al frente para intentar tranquilizarla. – Pero no lo entiendo, ¿desde cuándo?

– No quiero hablar de eso. – Le contestó de manera cortante, al tiempo que se cubría la cabeza de nuevo con su capucha y se disponía a volver a la Torre, pero la mano de Chico Bestia en su hombro la hizo detenerse.

– Oye, tú me trajiste hasta aquí porque te preocupaba lo que me pasaba, ¿o no? Ahora yo te hago la misma pregunta: ¿Quieres hablar de algo? O más bien, ¿necesitas hablar de algo?

Raven se quedó de pie sin hacer el menor movimiento, ni siquiera otorgándole una mirada a su compañero. ¿Quería hablar de algo? Definitivamente no. ¿Necesitaba hablar de algo? Tal vez, pero no era fácil. ¿Cómo contarle e Chico Bestia lo que tanto le atormentaba? Sería imposible que él la entendiera… ¿o sí? ¿Le ayudaría de algo el hablarlo con alguien? No estaba segura, pero era algo que jamás había intentado. Pero aún así, ¿qué podría contarle? Ni siquiera ella tenía claro todo el asunto…

– No estoy segura desde cuándo. – Pronunció de pronto sin voltear a verlo. – Desde que lo conocí la primera vez, sentí por él una profunda admiración, por su fortaleza, su valentía, como era capaz de hacer que todos lo siguieran, y de inspirar incluso a mí, y todo eso sin tener ningún tipo de poder especial; paradójicamente creo que eso lo hacía ser más único. Pero siempre pensé que era sólo eso, una fuerte admiración, como un modelo a seguir, y nunca tuve planes de que fuera más que eso.

– ¿Por qué no?

– Porque desde que era niña me enseñaron a controlar y suprimir mis emociones. Si no lo hacía, mis poderes podían salirse de control, y causar mucho daño. Además, estaba también el marcado destino que me unía a Trigon. Si me dejaba consumir por este tipo de sentimientos, mi lado “malvado” podría consumirme.

– Pero tu padre ya fue derrotado, Raven. – Comentó Chico Bestia, riendo un poco. – Ya no tienes que preocuparte por él.

– Tal vez. – Susurró en voz baja, pero con algo de pesar. Entonces, se volteó un poco de perfil hacia el chico, aunque seguía teniendo sus ojos en el suelo, al tiempo que alzaba su mano derecha y la colocaba sobre su pecho con cuidado. – Pero una parte de él siempre estará aquí, y eso nunca podré evitarlo. Sin embargo… Aún así, desde el último combate que tuve con él, y una vez que logré derrotar a mi destino, inconscientemente me he estado permitiendo “sentir” algunas cosas. No es que yo lo quisiera, simplemente ha pasado.

– ¿Y te enamoraste de Robin entonces?

Esa fue la primera vez en toda la conversación que dijeron directamente su nombre, o más bien su nombre de héroe: Robin, la persona que la tenía sumida en todas esas dudas y preguntas, la persona que la hacía sentir por primera vez todos esos sentimientos. El escuchar su nombre en ese momento la hizo sentir que se le erizaba la piel; ¿esa era buena o mala señala?

¿Enamorarse? ¿Había dicho enamorarse? Qué fácil lo decía. ¿Cómo saberlo de antemano? ¿Cómo saber si era admiración, cariño, o era realmente amor? ¿Cómo se diferenciaban todos esos sentimientos?

– No sé si enamorarme sea la forma de decirlo. – Contestó en voz baja; de nuevo un ligero sonrojo surgió en sus mejillas. – El problema real es que ésta es la primera vez que me he permitido sentir algo como esto. Me preocupa estar confundiendo mis sentimientos al ser la primera vez que los experimento, y lo que creo no es eso lo que realmente siento por él, y al mismo tiempo no saber cómo lidiar con ellos y perderme a mí misma y el control de mis poderes. Y por más que medito, no logró aclarar mi cabeza. Es la primera vez que me ocurre, ¡y no me gusta!

Al voltear a ver de reojo a su compañero, se sorprendió mucho al ver la cara que tenía. Chico Bestia la miraba fijamente con una mirada divertida, con los brazos cruzados, y una amplia sonrisa en los labios. A simple vista la hechicera interpretaba esa expresión como un indirecto “Ay Raven, te falta mucho por aprender”.

– Eso en lenguaje común significa que estás confundida. – Comentó de pronto el chico verde. – Y es algo muy normal cuando lidias con estas cosas. Esto no es porque tengas suprimidas tus emociones ni nada de eso; el enamorarse es así, nadie lo comprende la primera vez.

– ¿De verdad? – Preguntó algo asombrada, y a la vez curiosa de sus palabras; tal vez era la primera vez que algo que decía Chico Bestia llamaba tanto su atención.

– ¡Sí! Recuerdo la primera vez que me gusto alguien claramente. Tenía como siete años en realidad, y ella era una niña de una tribu de África que conocí cuando viajaba con mis padres. No hablaba su idioma, creo que no le caía bien, y me arrojaba al lodo cada que podía. – El chico rió nervioso, rascándose su mejilla. – En aquel entonces me sentía un poco como tú, sin saber bien qué pasaba, sólo sabía que me hacía sentir mariposas en el estomago el estar cerca de ella.

– ¿Mariposas?

Raven se tocó su vientre con duda; no parecía comprender la metáfora. Chico Bestia rió un poco al ver esto. Raven parecía muy inocente en ese tema.

– Bueno, tampoco soy un experto. Sólo sé que el enamorarse nadie te dice cómo es, qué se siente o si lo estás o no; es algo que simplemente lo sabes. – La mirada del chico se volvió ligeramente triste. – Eso me pasó con Terra…

– ¿Y aún te gusta?

– Creo que más que la primera vez. Y por eso me duele esta situación. El tenerla tan cerca y a la vez tan lejos…

Rápidamente agitó su cabeza para desvanecer todos esos pensamientos; en esos momentos hablaban de Raven, y el ponerse triste a hablar de eso de nuevo, seguro no le sería de mucha ayuda a su amiga.

– ¡Hey!, pero el tuyo no es mi caso. – Le dijo con una sonrisa casi forzada. – Tú tienes a Robin aquí mismo, puedes luchar por él.

– ¿Luchar? ¿Crees que esa sea la forma correcta de decirlo? Se dice fácil, pero no lo es tanto cuando tu enemiga es tu mejor amiga, ¿o sí?

Chico Bestia enmudeció en ese momento. ¿Cómo lo había olvidado tan fácil? Con toda la emoción, la plática sentimental, el corazón abierto y demás, se había olvidado por completo de ese otro asunto, un asunto que complicaba por completo todo: Robin y Starfire. Él no había dicho “luchar” con esa intención; se refería más bien a conquistarlo, enamorarlo, o como se dijera, pero era obvio que Raven lo había tomado como que debía de pelearse con Starfire por él. Eso era realmente complicado. Raven y Starfire eran sus amigas, a las dos les tenía un gran cariño, ¿cómo podría decirle a Raven que peleara por Robin si eso significara tal vez lastimar a su otra amiga? Si eso causaba lío en la cabeza de él, de seguro en la de Raven debían de ser el triple.

– Todos siempre hemos sabido que hay algo entre Robin y Starfire aunque ninguno se atreva a aceptarlo. – Escuchó como Raven pronunciaba en ese momento con algo de pesar. – Y como te dije, mis sentimientos en estos momentos no son claros, así que no tiene caso entrometerme entre ellos. Después de todo, ambos son mis mejores amigos.

– ¿Entonces piensas sacrificarte?

– No puedo sacrificar lo que nunca tuve realmente. No sé, tal vez esto se me pasé el día de mañana. Eso sería lo mejor… Así todo volverá a la normalidad.

De nuevo se sumieron en el silencio. Chico Bestia se había quedado sin palabras. Comenzó a pensar que, pese a que su situación con Terra estaba horrible en esos momentos, la de Raven posiblemente se encontraba ligeramente peor. ¿Qué podía hacer él? Le encantaría decirle que la apoyaba, que él estaba de su lado, que se esforzara y que lograría lo que quería. Pero, ¿Y Starfire? No podía lastimar a ninguna, no podía tomar partido por ninguna. Por lo tanto, lo más sensato que podía hacer era simplemente no meterse… Pero la sola idea no lo dejaría dormir esa noche.

Entonces, al pensar en Starfire, se le ocurrió algo. No era una gran solución, ni siquiera se acercaba a serlo, pero tal vez ayudaría a que Raven se sintiera mejor.

– Oye, dentro de unas semanas es San Valentine, ¿por qué no le das algo a Robin? – Le comentó con energía.

– ¿No oíste lo que acabo de decir? – Le contestó ligeramente molesta.

– Sí, sí, lo sé. Tus sentimientos reprimidos, tus poderes, tu padre, Starfire, y todo eso. Pero, ¿no te gustaría darle algo? Hacerle un regalo con tus propias manos y dárselo. No tiene que saber que se lo diste tú. Para eso existen las “Admiradoras Secretas”.

Raven parpadeó confundida al escucharlo, en especial la parte de “Admiradoras Secretas”, que la había pronunciado moviendo sus cejas hacia arriba y abajo con cierta complicidad en sus palabras.

– Tú hazle o cómprale algo que quieras darle, dáselo o envíaselo con una tarjeta firmada por “Tu admiradora secreta” y listo.

– ¿Y qué ganó yo con eso? ¿Cuál es el propósito?

– No tiene ningún propósito. Simplemente le das algo como muestra de tu cariño, y ves como él disfruta lo que le regalaste con una sonrisa en los labios. Eso te hará sentir mejor.

– No lo entiendo. ¿Cómo darle un regalo de San Valentine sin que sepa que es de mi parte me hará sentir mejor? Eso no aclarara mis sentimientos, ni hará que la situación mejore. Tal vez todo lo contrario…

– No debes de pensar tanto las cosas, las mejores cosas de la vida se dan cuando no las piensas.

Raven pensó en esos momentos que definitivamente Chico Bestia era un experto en el tema de hacer las cosas sin pensar. No tenía sentido, y seguía repitiéndose así misma que era una idea tonta. ¿Cómo hacer algo como eso la ayudaría? No tenía la menor lógica… Pero tal vez, los sentimientos no se manejen bajo una lógica en realidad. Por alguna razón que ella no comprendía, la idea de darle un regalo a Robin le parecía llamativa. Había visto en algunas de las tantas novelas o películas que Starfire le había hecho ver que a los chicos les gustaba recibir regalos de la chica que le gustaba. Y además, las palabras de Robin al decir que no le molestaría recibir chocolates, rebotaban en su cabeza una y otra vez. ¿Sería posible que estuviera considerando hacer algo que Chico Bestia le había sugerido? Si no fue con la invasión de Trigon, ahora pensaba que el verdadero Fin del Mundo sí se acercaba.

– Admiradora secreta. – Repitió en voz baja, mirando hacia otro lado. – Tal vez lo considere…

– No hay de qué. – Pronunció divertido el chico verde, aunque Raven no le había dado las gracias; tal vez pensó que estaban implícitas. – Cuando quieras compañera de amores.

¿Compañera de amores? Definitivamente no le gustaba el nombre, pero entendía porque lo decía. Se suponía que estaban ahí para hablar de él, pero terminó acaparando la conversación.

– Esa chica… – Comentó de voz baja, mirándolo fijamente con seriedad. –  ¿En verdad estás seguro de que es Terra?

Chico Bestia se sorprendió por la pregunta tan repentina, pero la contestó sin duda asintiendo con su cabeza. Realmente sentía que era ella, estaba casi seguro. Raven sonrió ligeramente.

– Entonces, ¿por qué no le das algo para San Valentine?

– Ah, creo que si le diera algo lo tiraría o no lo aceptaría.

– No tiene que saber que tú se lo diste. – Comentó divertida y entonces intentó mover las cejas hacia arriba y hacia abajo justo como él lo había hecho hace un momento, aunque no le salía del todo bien. – Para eso existen los “Admiradores secretos”.

Chico Bestia la miró fijamente un poco desconcertado por sus palabras, pero un segundo después volvió a sonreír con alegría ante la idea.

El atardecer casi se acababa, y la noche llegaba a Jump City. Sin más que decir, ambos Titanes se dirigieron de regreso a la Torre. Cada uno por su parte tendría mucho que pensar esa noche, y planear si tomarían o no el papel de “Admiradores Secretos”.

FIN DEL CAPITULO 05

NOTAS DEL AUTOR:

– Al principio de este capítulo se hace mención a Arella, madre de Raven, y se hace alusión un poco a su pasado. Pese a que Arella hizo su aparición fugaz en la serie, nunca se comentó abiertamente su pasado. Lo que se menciona en este capítulo se basa de cierta forma en la historia de dicho personaje en los cómics originales de Teen Titans.

– Se hace mención también a Azarath, la tierra en dónde Raven nació y creció. En la serie, Azarath también tiene su fugaz aparición, y se muestra que ésta fue destruida por Trigon. Sin embargo, en el Cómic Número 44 de Teen Titans Go!, se muestra que Azarath fue reconstruida, posiblemente restaurada por la magia de Raven al igual que lo fue la Tierra luego de la pelea con Trigon. Para efectos futuros, en esta historia se tomara como que Azarath fue en efecto reconstruido como lo indican estos cómics, pese a que ese número en especial no se consideró como parte de la historia. Si alguien tiene dudas sobre este punto, con gusto se lo explico con más detalle.

– Se hace también una mención al pasado de Chico Bestia y sus padres. Esta información está basada en parte en la historia propia del personaje original, aunque está directamente basada en el Número 45 de Teen Titans Go! Que narra cómo Chico Bestia obtuvo sus poderes.

– Mucho tiempo después de escribir este capítulo, tuve la oportunidad de ver el episodio 65 de la serie, “Las Cosas Cambian”. En un inicio no lo noté, pero en efecto, contrario a lo que se dice en este capítulo, Chico Bestia si les menciona a sus amigos que la estatua de Terra desapareció de la cueva. Como defensa, diré que el comentario prácticamente fue ignorado por los demás y por eso de seguro se me pasó por alto. Para efectos futuros de la historia, se tomará como un hecho que no fue así.

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Teen Titans: The Sinners. Han pasado unos cuantos meses desde que los Jóvenes Titanes derrotaron a la Hermandad del Mal, y volvieron a Jump City. Todo ha sido muy tranquilo desde entonces, pero las cosas están comenzando a cambiar. ¿Qué es esto que Raven ha empezado a sentir por su líder, Robin?, ¿Y quién es ese misterioso chico que afirma ser su hermano? Aunque siempre había logrado mantener en absoluto control sus sentimientos y pensamientos, estos cada vez parecen comenzar a dominarla. Y si no es capaz de aclarar su mente a tiempo, podría caer víctima de aquello que siempre temió, y arrastrar a todos sus amigos con ella…

+ «Teen Titans, la Serie Animada» © Glen Murakami, DC Comics, Warner Bros. Animation.

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Un pensamiento en “Teen Titans: The Sinners – Capítulo 05. Admiradores Secretos

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