Fanfic Harmonia: Creí que no te Volvería a Ver – PARTE 4

23 de diciembre del 2016

Harmonia: Creí que no te Volvería a Ver - PARTE 4


WingzemonX

HARMONÍA

Creí que no te volvería a ver

PARTE 4

El comedor de Cherry Hill Ranch era de gran tamaño, compuesto de tres largas mesas rectangulares, cada una con alrededor de veinte sillas por cada lado, es decir, cuarenta lugares por mesa. Para cuando Miss Cherry Jubilee, Applejack y sus amigas llegaron, estaba casi lleno de gente, ya comiendo, o sirviéndose la comida de las mesas con manteles blancos que habían sido puestas con los diferentes aperitivos, a modo de buffet. Entre ellos había ensalada, carne, salchichas, pollo, puré de papa, frijoles, fruta, e incluso algunos postres. Miss Cherry les indicó que podían servirse lo que quisieran. Pese a que todas seguían aún muy impresionadas por lo que les acababan de decir en el establo, decidieron pasar, tomar un plato, y servirse algo de comida, pues no habían tenido tiempo de comer nada en todo el día, más que bocadillos en el tren; ni siquiera habían probado la comida que se había preparado para fiesta de bienvenida de Applejack, a la cual la festejada nunca llegó. La que más se veía emocionada de al fin poder probar bocado, era sin duda Pinkie Pie, quien intentó servirse de todo un poco.

Una vez que tuvieron sus platos servidos, se dirigieron a la cabecera  de la mesa de en medio, en donde la dueña de la granja las esperaba; Applejack estaba sentada a su diestra, ya comiendo. Ellas se les unieron en silencio, aunque ninguna podía evitar mirar de reojo a Applejack, quien a su vez intentaba por todos los medios de no mirarlas a ellas. Miss Cherry empezó a hablarles de una forma realmente cordial y amistosa. Se veía que era una persona muy educada, y con gran facilidad para hablar.

– Nunca he estado en Ponyville, pero he oído maravillas de su Jalea de Zapamanzanas. – Les contaba al tiempo que cortaba pedazos pequeños de su corte de carne, para luego disgustarlos a consciencia en su boca. – Siempre me he sentido tentada a ir y probarla por mí misma, pero nunca he tenido mi agenda libre durante su corta temporada. Mucho trabajo, gracias a Celestia. Por ello me sorprendí mucho al enterarme que esta linda señorita que competía en el Gran Rodeo, no sólo era de Ponyville, sino que era justamente su familia quien preparaba esa famosa jalea. De ahí comenzamos a platicar entre evento y evento, de nuestras experiencias en el campo mayormente.

Eso parecía concordar con lo que habían oído en Canterlot. Poco a poco las piezas empezaban a quedar en su lugar.

– Yo también soy de familia de generaciones de cultivadores. Cuando mi bisabuelo llegó a estas tierras, se encontró con estos árboles de cerezas, creciendo a la mitad del desierto, casi como por arte de magia. Pensó que era algún tipo de señal. Ya saben, Cherry, árboles de Cereza. – Dejó escapar en ese momento una ligera risilla. – Decidió establecerse aquí con toda la familia y el resto es historia.

– Que interesante, Miss Cherry Jubilee. – Comentó Twilight con sincera impresión.

– Puedes omitir el Miss, querida.

– De acuerdo… Pero díganos, ¿Cómo fue que contrató a Applejack?

Las miradas de las cinco… O más bien de las cuatro, pues Pinkie Pie estaba muy concentrada en su cena, se centraron en Applejack justo después de que Twilight hiciera su pregunta. Ésta no ocupó voltear a verlas para saber que la estaban mirando. Miss Cherry parecía no percibir la tensión latente entre ellas.

– Esa no es una historia tan interesante. Llevaba un par semanas buscando un nuevo capataz, y tenía la esperanza de que en el Gran Rodeo encontraría a un vaquero hábil que llenara las botas. Entonces, justo luego de verla desempeñándose en la competencia de lazar al novillo, me le acerque para presentarme. Y cuando me dijo que era de familia de cultivadores de manzanas, supe que era justo a quien estaba buscando. Le ofrecí el trabajo, y al inicio lo rechazó. Pero cuando le dije el sueldo que ofrecía, me dijo que lo pensaría.

– ¿Que lo… Pensaría? – Repitió con voz baja Rarity, impresionada, al igual que todas.

Rainbow se alzó de su silla, inclinándose un poco hacia Cherry Jubilee, notándosele cierta amenaza en su acercamiento.

– Y de seguro le estuvo insistiendo, e insistiendo, e insistiendo hasta que a ella no le quedó otra más que aceptar, ¿verdad? – Le reclamó de pronto.

– Rainbow Dash. – Escucharon como Applejack murmuraba nerviosa como un regaño.

Por su lado, la mujer de hermosos cabellos rojos, no pareció mutarse.

– Por supuesto que no, querida. – Le respondió con una sonrisa discreta. – Sólo soy así obstinada cuando se trata de negocios. En este caso, decidí darle tiempo y dejar que se concentrara en la competencia. Y funcionó, pues justo luego de la ceremonia de premiación y clausura, ella misma se me acercó y me dijo que se subía a mi diligencia. Y ahora estamos aquí.

Los ojos de Rainbow Dash se abrieron por completo al oírla. Tal y como les habían dicho en Canterlot, las habían visto platicar justo después de la ceremonia de clausura. Volteó hacia Applejack, esperando que dijera algo para negarlo, pero no fue así. Siguió en silencio, comiendo de su plato con cierta indiferencia a la plática que ocurría, aunque fuera ella de hecho el tema principal de ésta.

– ¿Así nomás aceptó? – Cuestionó Twilight Sparkle incrédula.

– Así es, qué suerte la mía. Me dijo que buscaba un cambio de escenario, y mi plantación parecía ser ese escenario idóneo que buscaba, ¿verdad querida?

Cuando Cherry Jubilee se dirigió hacia ella, no le quedó más remedio que alzar su mirada y decir algo, más allá de sólo reprender a Rainbow Dash por su tono.

– Ah… Sí, Miss Cherry Jubilee… – Fue lo único que logró decir, con una sonrisa nerviosa en los labios.

Nada de eso tenía sentido, ni para Rainbow Dash, ni para Twilight Sparkle, ni para ninguna. ¿Cambiar de escenario?, ¿aceptar un trabajo en un pueblo desconocido lejos de casa? ¿Y todo eso sin avisarle en lo más mínimo como se debe ni a su familia ni a sus amigos? Algo no encajaba en todo eso. Estaban por cuestionar un poco más a Miss Cherry Jubilee, pero en ese momento uno de los trabajadores entró caminando con rapidez por la puerta del comedor, y se dirigió directo a la dueña de la granja.

– Señora, le acaba de llegar este telegrama de Manehattan. – Le informó con un murmuro cerca de su oído, pero que ellas pudieron escuchar a la perfección.

– Gracias, chico. – Agradeció la mujer pelirroja, tomando el pedazo de papel amarillento que el hombre traía en sus manos. Lo sostuvo cerca de su rostro para darle una leída rápida. Se limpió los labios y barbilla con su servilleta, y entonces se puso de pie. – Si me disculpan, tengo que atender esto de inmediato, chicas. ¿Se quedarán a dormir? Ordenaré que les preparen habitaciones en los dormitorios.

– No se moleste, ya tenemos pagada una noche en la posada del pueblo. – Le informó Twilight con amabilidad.

– De acuerdo, pero si se quedan más tiempo son más que bienvenidas. De hecho vuelvan mañana y les daremos un recorrido por la plantación.

Sin más, caminó hacia la puerta acompañada del trabajador. Ambos empezaron a hablar de algo mientras se marchaban, pero eso ya ninguna lo escuchó, y no les importaba escuchar. Lo único que les importaba estaba sentada delante de ellas, con su sombrero cubriéndole el rostro, pero ni así era capaz de evitar la agobiante sensación que le provocaba tener todos esos ojos acusadores y molestos sobre ella. De sólo dos bocados rápidos, terminó todo lo que quedaba en su plato, y se puso de pie tan rápido que casi tiró su silla.

– Bueno, chicas… Creo que me iré a dormir ya. Mañana debo levantarme temprano.

Se dio media vuelta para retirarse, pero en el fondo sabía que eso no se quedaría simplemente así.

– ¡No tan rápido, Applejack! – Pronunció Rainbow Dash con fuerza, y usando sus grandes habilidades atléticas, saltó por encima de la mesa, cayendo del otro lado, y prácticamente bloqueándole todo el camino con su cuerpo.

– No puedes irte así como así sin darnos una explicación. – Dijo ahora Rarity a sus espaldas.

– ¿Qué explicación…?

– ¡¿Qué te parece empezar por decir porqué dijiste que no volverías a Ponyville?! – Le reclamó Rainbow Dash con ahínco, encarándola de nuevo frente a frente.

– Sí, ¿y por qué estás aquí en Dodge Junction? – Agregó Rarity al cuestionamiento.

– ¿Porque aceptaste este trabajo? – Se atrevió a comentar Fluttershy.

– ¡¿Por qué esta carne bañada en jugo de Cereza es tan deliciosa?! – Exclamó Pinkie Pie con fuerza, quien el parecer había seguido muy concentrada en su comida.

– Pinkie Pie, ¿estuviste al menos escuchando algo de lo que estuvimos hablando? – Le preguntó Rarity como reprimenda.

– ¿Qué? Ah, claro que puse atención. – Respondió con tranquilidad, justo antes de meterse un pedazo grande carne, y continuar ahora hablando con la boca llena. – ¿Qué significa todo eso de deseabas un cambio de escenario, Applejack? ¿No te gustaba más el escenario de Ponyville?

En un abrir y cerrar de ojos, Applejack se sintió totalmente rodeada por sus amigas. Todas paradas entorno a ella, todas mirándola como si la estuvieran acusando de un crimen. Primero pareció ponerse muy nerviosa, sentimiento que poco a poco fue convirtiéndose en cierta rabia, pero que después, luego de tomarse un par de segundos para tranquilizarse, pudo canalizar de la forma correcta. Se paró derecha, y con la cabeza arriba.

– No es para tanto, ¿de acuerdo? – Les respondió con toda la normalidad que le era posible. – Quizás me cansé de cultivar manzanas, y pensé que las cerezas serían un buen cambio. La paga que me ofrecieron era buena, así que acepté y ahora estoy aquí. Eso es todo.

– ¿Es todo? – Repitió Twilight, arqueando una ceja.

– Eso no me suena para nada a todo. – Agregó Pinkie Pie, rascándose la cabeza con un dedo.

– Pues es lo único que tengo que decir al respecto.

En ese momento se abrió paso entre ellas para dirigirse a la salida.

– Nada de eso. – Escuchaba que Rainbow decía a sus espaldas, caminando detrás de ella. – No vine hasta aquí sólo para recibir de tu parte un puñetazo en la cara. Me debes… Digo, nos debes una mejor explicación que esa.

Applejack, ya estando de pie en la puerta, se giró hacia Rainbow, viéndola fijamente, prácticamente de la misma forma en la que ambas se miraron el establo, un instante antes de golpearse la una a la otra; las marcas rojas de ambos golpes, aún seguían visibles en sus mejillas.

– Yo no les debo nada. Nadie les pidió que vinieran a buscarme. Y lo del puñetazo, te lo ganaste a pulso. Y si no me dejas en paz de una buena vez

– ¿Qué? ¿Me darás otro?

Se formó un silencio realmente denso entre ambas. Sus ojos parecían sacar chispas; casi pareciera que esperaran que sus solas miradas fueran un golpe certero contra la otra. Se podía percibir como los ánimos y las emociones seguían volátiles tras lo ocurrido en el establo, y capaces de estallar en cualquier momento, incluso en ese lugar, una vez más. Pero al final no ocurrió. Applejack se dio de nuevo media vuelta y salió caminando rápidamente del comedor.

– Espera, Applejack. – Escuchó que Twilight le decía. De inmediato, ella y todas las demás salieron detrás de ella, siguiéndola a un par de pasos de distancia. – ¿Acaso hicimos algo que te molestara para que decidieras hacer esto?

– ¿Qué? Claro que no. – Les contestó sin detenerse, y sin voltear a verlas.

– ¿Estás segura? No fue por el libro que te di sobre Cómo Organizar Establos, ¿o sí? Porque no fue mi intención decir que tu establo estaba desorganizado.

– No, no fue eso.

– Fue por esa vez que cambiaste de peinado y yo no lo sabía y cuando te vi dije «¡Oh por Celestia! ¿Te caíste del caballo en el lodo?” – Preguntó Rarity a continuación.

– No, pero gracias, ya lo había olvidado.

– ¿Fue porque no te hice una post fiesta de cumpleaños el año pasado porque pensé que tu «no quiero una post fiesta de cumpleaños» realmente significaba que no la querías? – Siguió el turno de Pinkie de Pie para preguntar.

– No Pinkie, te aseguro que no. Y en verdad no quería una post fiesta de cumpleaños.

– ¿Fue por el comentario que hice con respecto al uso de animales en trabajos pesados y circos de entretenimiento? – Continuó la vocecilla de Fluttershy. – No era una crítica hacia tu granja ni nada parecido. Siempre he usado de ejemplo Sweet Apple Acres para el buen trato de animales, ¡de verdad!

– No, Fluttershy, no me molesto el comentario, enserio.

Rainbow apareció de pronto justo delante de ella en un parpadeo, haciéndola detenerse en seco; sus rostros quedaron tan pegados que sus narices casi se rozaban la una con la otra.

– ¡¿Fue acaso por mí?! – Le gritó con ímpetu de golpe.

– ¿Qué? – Fue la respuesta de Applejack ante tal pregunta tan confusa. Pero era no era la única que parecía no entender; todas miraron a Rainbow Dash, un tanto confundidas, e ignorantes de a qué se refería con ello.

– Por… Mi… – Comenzó a balbucear con nervios, dando un paso en reversa para apartarse un poco de la Vaquera. – Por mi… increíble genialidad que de seguro te hace sentir amenazada… Sí…

Ninguna quedó muy convencida de que eso era lo que deseaba decir, pero prefirieron no cuestionar más al respecto.

– Ah… Definitivamente no. – Recalcó la joven de piel anaranjada.

La caminata las había llevado justo frente al edificio de los dormitorios, un edificio de tres pisos, color ocre.

– Esto no tiene nada que ver con ustedes, chicas. Es algo que decidí, y ya, por mi propia cuenta, y mis motivos sólo me incumben a mí. – Applejack subió los primeros dos escalones frente a la puerta principal, y se giró de nuevo hacia sus amigas, mirándolas desde una posición más elevada. – Agradezco que me hayan venido a visitar, y lamento las molestias que les causé. Pero por favor, dejen de hostigarme con preguntas. Vuelvan a Ponyville y díganles a todos que estoy bien.

– Pero Applejack. – Fluttershy dio un paso al frente, juntando sus manos frente a su pecho. – ¿Qué pasará con tu familia? ¿Con Applebloom, Bic Mac, la Abuela Smith?

– ¿Que pasara con Sweet Apple Acres? – Añadió Rarity justo después. – No puedes simplemente abandonar tu granja.

– ¿Y los Elementos de la Armonía? – Remató Twilight por último. – ¿Cómo usaremos su poder completo si nos falta el tuyo?

Applejack suspiró con algo de cansancio. El viaje hasta allá, el día entero trabajado, y ahora ese interrogatorio; era más que suficiente para consumirle todas sus energías de reserva.

– Escuchen, cuando era niña y decidí ir a conocer la Gran Ciudad y una vida más sofisticada, mi familia también tardó en hacerse a la idea, pero al final aceptaron mi decisión. Ahora que soy una adulta, deberán hacerlo de nuevo. Sé que será duro para ellos, pero así debe ser. Y sobre lo otro, no hemos necesitado usar los Elementos para nada productivo desde hace mucho tiempo. Sé que es una responsabilidad muy importante, pero no puedo basar el resto de mi vida en lo que puedo o no puedo hacer por ser la portadora de uno. Si la situación se presenta, ya lo veremos. Por ahora tengo que dormir, mañana tengo que trabajar. Así que buenas noches.

– Pero…

Applejack abrió la puerta del dormitorio, se metió y la cerró de inmediato detrás de sí, antes de que cualquiera se atreviera siquiera a decirle algo más. El desconcierto era más que evidente en todas. Las cinco se quedaron en silencio, simplemente viendo la puerta cerrada por unos minutos, antes de comenzar a reaccionar. Caminaron cabizbajas hacia la entrada del rancho, para dirigirse a su posada; evidentemente, no había nada más que hacer.

Fluttershy suspiró con profundo desganó.

– No puedo creer que hayamos encontrado a Applejack, pero tengamos que volver a casa sin ella. Y sin ninguna explicación para darle a su familia de por qué no volverá.

– Es un día triste para Ponyville. – Agregó Pinkie Pie, melancólica.

– De todas las cosas malas que podrían haber pasado, ésta es la peor… cosa… ¡posible…! – Exclamó Rarity con fuerza, cubriéndose su rostro con ambas manos. Aunque la sobreactuación de Rarity ante algunos acontecimientos era más que conocida por sus amigas, estaban de acuerdo en que en efecto, todo ese asunto había sido bastante malo.

De pronto, cuando ya estaban a medio camino hacia el portón principal, Rainbow Dash se detuvo. Sus amigas dieron alrededor de cinco pasos más, antes de que Fluttershy, y después el resto, se dieran cuenta de que ya no las seguía. La joven de piel azul estaba parada, mirando sus propios zapatos y la tierra debajo de estos.

– No lo acepto. – Murmuró en voz baja. – No me importa lo que haya dicho. Todo este asunto es muy extraño. Ella no decidiría de la nada simplemente renunciar a su granja, y venir acá a cultivar cerezas; y menos por simple dinero. ¡Applejack no es así!

– Todas pensamos lo mismo, Rainbow Dash. – Respondió Fluttershy. – Pero eso fue lo que dijo…

– No, Rainbow tiene razón. – Señaló Twilight. – Aquí hay gato encerrado. Estoy segura de que Applejack oculta algo. Lo que la trajo a este lugar es algo diferente a los que nos está diciendo, algo que no quiere que sepamos

– ¿Pero qué puede ser? – Cuestionó Rarity, no del todo convencida aún.

– Sea lo que sea, ya dejó muy claro que no nos lo dirá por las buenas. – Escucharon todas como Rainbow decía, y justo después se giró hacia el edificio de los dormitorios. – Y si no lo quiere decir, lo obtendremos de alguna otra forma.

Ninguna entendió bien a qué se refería, pero ya lo entenderían en su momento.

– – – –

Al día siguiente, Applejack se despertó con el cantar del gallo. Seguía aún algo pensativa con respecto a lo ocurrido con sus amigas. Ella las conocía muy bien; debió haber previsto que no dejarían las cosas así como así, y terminarían por intentar rastrearla a como diera lugar; aunque le sorprendió la rapidez con la que habían encontrado su ubicación. Intentó no pensar mucho en ello, pues tenía que empezar lo antes posible su día de trabajo. Los primero fue un baño frío para lograr despertarse, seguido de un balanceado desayuno para darle energía. Luego pasó al establo para ensillar a Apple Storm, y comenzar a su jornada.

Cómo capataz, su trabajo consistía en supervisar y cooperar en cada una de las facetas de producción. El primer paso era el cuidado y riego los árboles. Al ser una región desértica, no había mucha agua, pero por debajo del suelo sobre el que estaba construido Cherry Hill Ranch, pasaba un río subterráneo que servía de fuente de agua, no sólo para la plantación sino también para prácticamente todo el pueblo. Para mejorar el flujo de agua, el padre de Mis Cherry Jubilee había instalado un sistema de mangueras para extraer el agua del subsuelo, y poder regar el terreno y mantener los árboles sanos. Había un grupo especial dedicado especialmente al cuidado de los árboles.

Lo siguiente obviamente era la recolección de cerezas. Los grupos de recolectores estaban desde temprano sobre escaleras colocadas a lado de los árboles de cereza, recolectando aquellas que ya estuvieran maduras, o deshaciéndose de aquellas que estuvieran perdidas. Tomaban las cerezas, y las colocaban en grandes canastas, que luego eran llevadas al área de clasificación, que era básicamente una larga banda transportadora, en la que otro grupo se encargaba de dos cosas: la primera separar toda aquella cereza en mal estado que se le hubiera pasado al grupo de recolectores, y en segunda, separar las cerezas buenas en rojas y amarillas.

De ahí el camino de las cerezas variaba. Algunas, aquellas que se venderían tal cual, iban directo a que se les colocará en sacos, que posteriormente serían enviados en trenes a sus destinos. Otras entraban al proceso de producción, para convertirlas en jalea, jugo, incluso pasteles, o cualquier otro producto imaginado. Por último, estaban aquellas que eran almacenadas, para su futuro uso o venta. Todo eso se hacía cada día, al menos durante la temporada. Cuando ésta pasaba, el trabajo era menos, pero igual había otras actividades de las cuales ocuparse. Por ejemplo, también había venta de leche, huevos, y ganado.

Aunque Applejack había pasado toda su vida en una granja, en cuestión de tamaño, rendimiento, y producción, Sweet Apple Acres estaba muy, pero muy lejos de Cherry Hill Ranch.

Ese día lo empezó supervisando la recolección. Avanzó, montada en Apple Storm, por entre las hileras de árboles, viendo que todo estuviera bien, y ninguno de los trabajadores necesitara nada. De vez en cuando revisaba algunas de las canastas, y se tomaba la libertad de señalarle alguna cereza recolectada a la que le faltaba madurar, o alguna en mal estado que se les había pasado, y les decía cuál era la mejor forma de elegirlas. Su experiencia cultivando manzanas le era de mucha ayuda, sobre todo los métodos que su abuela le había enseñado para elegir las mejores manzanas, que también le ayudaban con las cerezas.

– En verdad las cerezas son como manzanas pequeñas. – Le decía a una de las recolectoras. – Lo primero es el color; igual que con las manzanas, debes de buscar ese tono perfecto. Luego es como se sienten, no temas presionarlas un poco con tus dedos, pero no mucho. Y por último el olor. – Acercó un racimo de cerezas a su nariz, y respiró con profundidad sobre ellas. – Si las hueles y no te dan ganas de darles una mordida, es que no son las buenas.

– Buenos días, Applejack. – Escuchó la muy animosa y reconocible voz de Pinkie Pie a sus espaldas.

Applejack se volteó hacia atrás sobre su hombro. Para su sorpresa, a unos cuantos metros de ella, se encontraban Pinkie Pie y Fluttershy, ambas montadas sobre un caballo café y uno blanco con negro respectivamente.

– Buenos días. – Agregó Fluttershy una vez que ella las volteó a ver.

– Buenos días… ¿Aún siguen aquí?

– Como Miss Cherry Jubilee nos invitó a conocer su granja, decidimos aceptar y ver un poco más de tu nuevo trabajo, y así poder decirles a todos en Ponyville sobre el maravilloso lugar en el que estás ahora.

Applejack arqueó una ceja, como seña de confusión por lo que oía.

– ¿Enserio? ¿Quiere decir que ya no intentarán preguntarme insistentemente porqué estoy aquí o intentarán convencerme de volver con ustedes?

– No, claro que no.

– ¿Ah no? – Preguntó confundida Pinkie Pie. Fluttershy se quitó el sombrero de paja que tenía sobre su cabeza, y sin quitar sus ojos de Applejack, le dio un pequeño golpe con él a Pinkie Pie en la cabeza. – Digo, no, claro que no. Eso mismo.

– Ajá. ¿Y dónde están las demás?

– Deben estar viendo otras cosas.

– Sí, otras cosas. Hay muchas cosas que ver en este lugar. Es un lugar lleno de cosas.

Fluttershy volteó a ver a Pinkie Pie con dureza, intentando indicarle de alguna forma que se calmar. Applejack las miraba con cierta sospecha. Su actitud era algo extraña, y sobre todo le preocupaba un poco el hecho de que las demás no estuvieran presentes.

– ¿Podríamos acompañarte y ver como trabajas, Applejack?

– Supongo que no hay problema. Sólo no me hagan más preguntas, ¿de acuerdo?

– Prometido. – Respondió Fluttershy con una amplia sonrisa.

– Cero preguntas, ni una. – Agregó Pinkie Pie, y luego hizo el ademán con sus dedos de ponerle llave a sus labios.

La vaquera intentó no ponerle mayor atención, y seguir con su labor, andando entre los árboles, con sus dos amigas siguiéndola de cerca. Por algunos minutos todo estuvo tranquilo, las tres avanzando a trote pausado, de vez en cuando deteniéndose para que Applejack revisara o ayudara a alguno de los recolectores.

– Creo que tienes llena esa canasta. – Comentó la joven rubia, tomando la canasta de uno de ellos, que ya estaba hasta el tope, y atándola a la silla de Apple Storm. – Llevaré ésta por ti al área de clasificación. Tomate unos cinco minutos de descanso y ve por otra al granero, ¿de acuerdo?

– Gracias, capataz.

– Puedes llamarme Applejack, ese es mi nombre después de todo.

Miró por el rabillo del ojo como Pinkie Pie estacionaba su caballo a su costado. Tenía su cuerpo un poco inclinado hacia el frente para poder ver las cerezas que había en la canasta que acababa de recoger.

– Qué cerezas tan pequeñas, redondas y brillantes. – Señaló de pronto con algo de inocencia en su voz.

Applejack rio divertida, y entonces hizo que Apple Storm reanudara la marcha.

– Así son todas las cerezas por lo general, Pinkie Pie. Pero en efecto, las de esta plantación tienen notoriamente mejor aspecto, ¿o no?

– ¡Sí!, ¡se ven tan deliciosas que podría comérmelas todas yo sola! Pero hablando de cerezas y de comer, ¿Has probado una Cerezanga?

– Pinkie Pie. – Intervino Fluttershy alarmada. – Applejack dijo que no quería preguntas.

– Está bien, Fluttershy. Ese tipo de preguntas están bien. Y no Pinkie, nunca he probado una Cerezanga.

– Pues no me sorprende, pues la acabo de inventar justo anoche.

– ¿Inventaste?

– ¡Sí! Luego de ver todos estos árboles y platillos con cerezas en el comedor, comencé a pensar, “¿Qué comida no se ha hecho con cerezas?” Y de repente se me ocurrió moler unas cuantas cerezas rojas, y colocarlas en una tortilla frita.

– ¿Cómo una Chimichanga de Cereza?

– ¡Exacto! ¡Una Cerezanga! Aún no lo he intentado, pero suena apetitoso, ¿no?

– Bueno, un poco…

– Aunque tal vez Cerezanga no sea el nombre apropiado. ¿Qué te parece Chimireza? También suena bien. ¿Pero cuál suena mejor? Cerezanga o Chimireza, Cerezanga o Chimireza, Cerezanga o Chimireza…

Y de la nada empezó a repetir lo mismo una y otra vez, con pequeñas pausas para seguir hablando del platillo en cuestión, y posibles acompañamientos. Fluttershy las seguía por detrás, un tanto nerviosa por lo que Pinkie Pie hacía, en especial porque desde su posición podía ver como Applejack, dándole la espalda, intentaba seguir en lo suyo, e ignorarla, pero le era realmente difícil.

“Es sólo Pinkie Pie siendo Pinkie Pie, no pierdan la calma.” Se repetía a sí misma, mientras la voz de la joven rosada continuaba y continuaba.

– – – –

Como todos estaban ya en sus respectivos puestos de trabajo, el edificio de los dormitorios estaba prácticamente solo. Fue gracias a eso que Rainbow Dash, Twilight Sparkle, y Rarity, no tuvieron mucho problema para entrar por la puerta de servicio, y escabullirse hacia el segundo piso, en donde se encontraba la habitación de Applejack, de acuerdo a lo que le había dicho a Rarity el mismo hombre que las había atendido la noche anterior; de nuevo, pareció más que dispuesto en ayudar cuando la diseñadora de modas se lo pidió amablemente.

– Mientras Fluttershy y Pinkie Pie distraen a Applejack, revisaremos su cuarto en busca de pistas. – Mencionó Rainbow Dash, mientras las tres caminaban casi de puntitas por el pasillo del segundo piso.

– ¿Enserio crees que encontraremos algo? – Le preguntó Rarity susurrando. Tanta secrecía en sus actos era algo exagerada, considerando que debía de haber casi nadie, o incluso nadie, cerca en esos momentos.

– Tal vez sí, tal vez no. Sólo hay una forma de averiguarlo.

Según la información obtenida, la habitación de Applejack era la segunda de izquierda a derecha en el pasillo del segundo piso.

– Bien, Twilight, ahora usa tu magia para abrir la puerta. – Le indicó Rainbow Dash una vez que ya estuvieron frente a la puerta correcta.

– ¿Qué? No puedo hacer algo como eso. – Dijo la hechicera de inmediato, alarmada por la sola insinuación. – No puedo usar la magia para actos ilegales como ese…

– Nadie te arrestará por hacer algo como eso. Soy Jefa de Guardia, ¿recuerdas? Sé de lo que hablo. Applejack tendría que denunciarte, y no meterá a la cárcel a sus amigas.

– No estaría tan segura. – Señaló Rarity. – Está tan cambiada…

– Pero no es sólo por ser arrestada o no. Hay principios morales, y éticos que determinan en que momentos está bien usar la magia, y cuáles no. Y éste en definitiva…

– ¡Abre la maldita puerta o yo la tumbo a patadas! – Le gritó Rainbow con impaciencia. Rápidamente tanto Twilight como Rarity le taparon la boca con una mano.

Miraron hacia un lado y hacia el otro, para verificar que nadie hubiera escuchado el grito. Para su suerte, el pasillo permaneció igual de despejado.

– Sólo hazlo ya, Twilight. – Comentó Rarity. – Antes de que alguien venga. Estamos en una misión importante, todas debemos de poner de nuestra parte.

– Está bien, está bien.

Twilight suspiró resignada. Se colocó de cuclillas frente a la chapa, mientras Rarity y Rainbow vigilaban que nadie viniera. Juntó sus manos frente a su pecho, y luego acercó sus dedos a la perilla. Sus manos brillaron con un intensa luz morada, que se transfirió de la punta de sus dedos, a la perilla, la cual empezó a moverse hacia un lado y hacia el otro, repetidas veces.

– Si la Reina Celestia me viera hacer algo como esto. – Murmuró en voz baja quejándose.

Luego de un poco más de un minuto, la perilla giró por completo, y la puerta se abrió.

– Listo.

De inmediato las tres se metieron y cerraron la puerta detrás de ellas. El cuarto era sencillo, compuesto por una ventana que daba a la fachada del edificio con cortinas rosadas. Había una cama individual con un buró a su lado, un closet para ropa, y un mueble con cuatro cajones, al parecer para ropa interior. Había también un librero pequeño, con apenas unos cinco libros. Había una puerta a la derecha semiabierta, que al parecer daba a un cuarto de baño. Todo estaba arreglado, la cama tendida, y nada fuera de sus cajones.

– ¿Y ahora qué? – Preguntó Rarity.

– Eso es obvio. Busquen cualquier cosa sospechosa, lo que sea.

Sin perder ni un segundo más, cada quien empezó a revisar con cuidado el cuarto.

– – – –

– Cerezanga o Chimireza… Cerezanga o Chimireza… Cerezanga o Chimireza… – Continuaba repitiendo Pinkie Pie con insistencia, pese a que Fluttershy en un par de ocasiones había intentado decirle que parara.

Se estaban dirigiendo al edificio de clasificación para entregar la canasta que Applejack había recogido. En todo el camino, Fluttershy notaba como las manos de Applejack se apretaban con fuerza contra sus riendas, y sus hombros parecían temblar un poco. No le podía ver el rostro, pero por las reacciones de casi horror que tenían algunos que la miraban mientras avanzaban, podía intuir que no tenía una expresión muy amigable en esos momentos.

– Cerezanga o Chimireza… ¿Y qué tal si las combino? Chimicerezanga… Ja, Suena chistoso, ¿verdad? Adoro las palabras chistosas. ¿Saben que palabra me parece muy chistosa? Quinoto. Parecería que es una palabra inventada, pero no, es real; lo investigué, son pequeños arbolitos que dan pequeñas frutas parecidas a naranjas. ¿No sería genial que en lugar de que trabajaras en una plantación de cerezas, hubieras conseguido trabajo en un huerto de Quinotos? Así tal vez se me hubiera ocurrido algo como Cerenoto, o Quinochanga. Je, Quinochanga… ¿Y sabes que otra palabra me produce más gracia? ¡Pepinillos! ¿Cómo sabrán los Quinotos con pepinillos? No tengo idea, pero suenan extraño si los dicen juntos varias veces. Escuchen: Pepinillos, Quinotos, Pepinillos, Quinotos, Pepinillos, Quinotos, Pepinillos, Quinotos, Pepinillos, Quinotos, Pepinillos, Quinotos…

– ¡¡YA BASTA!! – Gritó Applejack de pronto con fuerza al aire, y su grito resonó en todo el huerto, provocando que muchos de los trabajadores se alarmaran. Algo brusca en sus movimientos, jaló las riendas de Apple Storm para girarse hacia ellas. Sus rostro estaba acalorado, y sus ojos llenos de furia. – ¡Cerezanga suena mejor!, Chimicerezanga no es graciosa, es sólo difícil de pronunciar. Sé que es un Quinoto, y no sabría bien como chimichanga. ¡Y pepinillos tampoco es gracioso!

Applejack se tomó su cabeza con ambas manos; casi parecía que se terminaría encajando sus uñas.

– ¿Estás segura? Porque pepinillos me suena bastante gracioso. Sólo escúchala: peeeepiiiiniiiilloooos….

– ¿Cuál es el propósito de que me estés diciendo todo esto? ¿Acaso me quieres volver loca…? – En ese momento Applejack se sobresaltó sorprendida. – Oh, ya lo entendí, ¡ya entendí lo que están haciendo ustedes dos!

– ¿Enserio? – Pronunciaron ambas al mismo tiempo con asombro.

– ¡Claro que sí! Pinkie Pie está hablando y hablando una y otra vez para desesperarme hasta los límites de mi paciencia, y entonces me doblegue y acepte decirles la verdadera razón por la que acepté este trabajo a cambio de que ella deje de hablar, ¿verdad?

– Ah… – Fluttershy se quedó unos segundos algo pensativa sobre la acusación que acababa de escuchar. – Ah… Sí… Por supuesto… ¿Qué sí?

– No, claro que no. – Negó Pinkie Pie con total tranquilidad. – Sólo te estamos ocupando y distrayendo mientras Rainbow Dash y las otras revisan tu…

– ¡Pinkie Pie! – Fluttershy intentó estirarse hacia ella para taparle la boca antes de que prosiguiera, pero lo único que logró fue caer de su caballo de narices a tierra.

– Ups… – Exclamó apenada la joven de cabellos rosados esponjados, y se tapó ella misma su boca con sus manos. – No dije nada.

– ¿Mientras las otras revisan mi…? – Applejack miró de manera acusadora a Pinkie Pie, casi intimidante. – ¿Mientras revisan mi qué? Mi… Mi… – Applejack empezó a meditar. ¿Qué podría ser “su” y que pudieran estar revisando? En realidad no había muchas opciones. – ¡¿Mi habitación?! ¡¿Rainbow Dash y las otras están revisando mi habitación mientras ustedes me están entreteniendo?!

– ¡No! – Exclamaron Pinkie Pie y Fluttershy al mismo tiempo, la primera aún sobre su caballo y Fluttershy empezando a levantarse, con su vestido y cabello llenos de tierra.

– ¡¡Esa Rainbow Dash!! – Jaló con fuerza las riendas de su caballo y entonces las agitó con fuerza. – ¡Andando Apple Storm!

El caballo relinchó con fuerza, y entonces comenzó a correr a toda velocidad en la dirección contraria a la que iban, dejando una estela de polvo a sus espaldas.

– ¡Espera Applejack! – Le gritó Pinkie Pie con ahínco. – ¡No vayas!, ¡aún no terminó de contarte sobre las palabras chistosas…! Creo que lo arruiné…

– No te preocupes por eso, Pinkie. ¡Debemos de detenerla antes de que llegué a dónde están las demás!

– ¡Tienes razón, Fluttershy! ¡Andando Rocinante! – Y en se momento agitó las riendas del caballo con fuerza, y encajó sus talones contra sus costados.

El caballo alzó sus patadas delanteras al aire, y se agitó con violencia. Fue en ese mismo instante en el que Pinkie Pie recordó por primera vez que de hecho… No sabía montar a caballo muy bien que digamos.

– ¡¡Aaaaaaaaaaaaaaaah!! – Gritó con todas sus fuerzas presa del pánico cuando su caballo salió disparado al frente. Como le fue posible, se aferró a las riendas como si su vida dependiera de ello… Y tal vez no estaba muy errada.

– ¡Pinkie Pie! – Exclamó Fluttershy atónita, viendo impotente como su amiga se alejaba a toda velocidad.

CONTINUARÁ

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Harmonía: Creí que no te Volvería a Ver. Tras haber ido a una competencia de Rodeo a Canterlot, Applejack envía una Postal a Ponyville en la que afirma que no volverá, lo que desconcierta a todos, en especial a Rainbow Dash, quién saldrá sin espera a su búsqueda junto con sus demás amigas, decidida a no volver sin ella.

+ «My Little Pony: Friendship is Magic» © Lauren Faust, Hasbro Inc., Hasbro Studios.

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