Fanfic Harmonía I: Solsticio de Verano – Capítulo 04. Situación Bajo Control

22 de diciembre del 2016

Harmonía I: Solsticio de Verano - Capítulo 04. Situación Bajo Control


HARMONÍA I:
Solsticio de Verano

Por
WingzemonX

Capítulo 04
Situación Bajo Control

Shining Armor, uno de los Tres Capitanes de la Orden de los Caballeros Divinos de Equestria, había salido una semana atrás a una expedición por los territorios del oeste, y ahora él y sus hombres volvían sanos y salvos a Canterlot. El Capitán venía acompañado de alrededor de veinte hombres y mujeres, todos miembros de la Orden. Todos ellos usaban armaduras no muy ostentosas, de colores dorados y azules, y capas blancas; tanto las armaduras como las capas se veían algo gastadas y sucias tras estar una semana fuera. De hecho, todos se veían algo agotados, pero ni así agachaban sus cabezas mientras avanzaban del portón hacia el área de las caballerizas.

Shining Armor Sparkle marchaba al frente. Era un hombre alto, de hombros anchos. Tenía la piel totalmente blanca, ojos serenos color celeste, y el cabello azul algo largo hasta sus hombros. Tenía un rostro de perfil elegante, y un porte singular, incluso en su forma de montar su caballo. Su armadura era un poco distinta a la de los demás; era morada y dorada, pero portaba la misma capa blanca que el resto. Atada a la silla de su caballo, de su lado izquierdo, llevaba una espada de empuñadura dorada y funda azul, también con decoraciones doradas. De todos, parecía el más pensativo mientras avanzaban.

Al llegar a los establos, Shining Armor fue el primero en bajar de su caballo. Cuando sus pies tocaron el suelo, se permitió soltar un pequeño suspiro. Estaba exhausto, pero no era momento de demostrarlo. Desató su espada de la silla del caballo, y se la colocó a su costado. Viró hacia el resto de los Caballeros que venían con él, buscando a uno en especial.

– Flash Sentry. – Pronunció con algo de fuerza para que lo oyera.

Un joven caballero que estaba retirándole su silla a su caballo, se viró rápidamente sobre su hombro al oír su nombre. Sin espera, y reconociendo la voz de su capitán, se dirigió de inmediato hacia él. Era un joven alto, de complexión normal, piel de color amarillo claro, cabello azul corto, peinado hacia arriba, y ojos de un tono muy similar al de su cabello.

– Señor. – Saludó con respeto, parándose frente a Shining Armor con firmeza y colocando su puño derecho sobre el peto de su armadura.

Shining Armor miró al joven unos momentos, y luego le sonrió.

– Lo hiciste bien en tu primera expedición, Flash Sentry; te felicito.

– Muchas gracias, Señor.

– Tus movimientos con la Espada Mágica son impresionantes. Antes de que sea el Festival, quisiera probar de nuevo esas técnicas contigo, si te parece bien.

– ¡Por supuesto! – Exclamó de golpe sin poder ocultar su emoción, aunque luego tuvo que contenerse. – Es decir… Cuando usted lo desee… Señor.

– Hazme un favor. Lleva mi caballo a su lugar, y luego puedes ir a descansar. Necesito ir a hablar a Lady Celestia.

– Enseguida.

Flash Sentry tomó las riendas del caballo del Capitán, y comenzó a guiarlo hacia los establos para desensillarlo y colocarlo en su cajón. A su vez, Shining Armor se disponía a entrar al castillo, pero los gritos de una voz más que reconocible para él lo hicieron detenerse unos momentos.

– ¡Hermano!, ¡Shining Armor! – Oyó que decía con insistencia.

Al girarse levemente hacia su derecha, divisó la inconfundible figura de su hermana menor, Twilight Saparkle, que se abría paso entre los caballos para acercársele.

– Hola Twilight, ¿qué haces aquí? – Le preguntó con un tono neutro.

– ¿Cómo que qué? – Exclamó con un pequeño puchero al llegar ante él. – Viene a saludarte, ¿qué más? Qué bueno que volviste con bien. ¿Cómo estuvo tu misión?

– Normal, supongo…

Twilight no tardó mucho en darse cuenta de que algo raro pasaba. Las respuestas de su hermano no parecían como de costumbre. Se veía un poco cansado, quizás era eso. Pero parecía ser algo más… Como si algo le preocupara.

Cuando estaba a punto de preguntarle al respecto, Spike se les acercó corriendo lo más rápido que le era posible.

– Al fin… Te… alcancé… – Resopló agotado, antes de dejarse caer como roca a los pies de Twilight. – Hola Shining Armor… Bienvenido de regreso…

– Hola Spike, ¿cómo va todo? – Le preguntó el Capitán con una leve sonrisa.

– He tenido días… Mejores…

– Shining Armor. – Intervino Twilight para llamar su atención de nuevo. – ¿Está todo bien?

– Claro, ¿por qué lo preguntas?

– Es que te noto un poco…

– Escucha, Twilight. – La interrumpió abruptamente sin dejarla terminar. – Hablamos después, ¿está bien? Tengo que ir a ver a Lady Celestia y darle el reporte de la misión.

– Está bien…

– Nos vemos más tarde, ¿de cuerdo?

Sin más, Shining Armor siguió con su plan original y comenzó a caminar hacia el interior del castillo, mientras una confundida y algo atónita Twilight Sparkle lo miraba alejarse.

– ¿Qué le pasa a Shining Armor? – Murmuró en voz baja.

– No lo sé. Parecía de mal humor, ¿no? – Respondió Spike aún en el suelo, aunque la pregunta la había hecho más para sí misma. – Tal vez tiene mucho papeleo que hacer, mucho que reportarle a la Reina Celestia.

Entre todas las cualidades que Twilight tenía en su repertorio, una muy importante era tener olfato para las cosas que estaban fuera de lo normal, que rompían con la costumbre o con lo que debía o no debía de hacerse. Y definitivamente, Shining Armor comportándose frío y cortante con ella, era una de esas cosas fuera de lo común. Algo estaba pasando, o más bien era posible que algo hubiera pasado.

– Tenemos que investigar, vamos Spike.

– Espera… Más lento, por favor…

Twilight preguntó a uno de los caballeros si sabía dónde estaba Flash Sentry, y éste mismo le indicó que estaba guardando su caballo y el de Shining Armor en las caballerizas, por lo que se dirigió al interior de éstas de inmediato.

Cuando recién entró a la Academia, a cada nuevo alumno se le asignaba un estudiante de los grados superiores para que sirviera de su guía y guardián durante sus primeras semanas. Flash Sentry en aquel entonces era alumno del penúltimo año, y resultó ser la persona a la que le habían encargado ser su guía. Desde el inicio le pareció un chico muy amable y atento, además de apuesto, por lo que su ayuda y compañía le fue relativamente grata. Él tardó mucho tiempo en enterarse de que era la hermana menor de Shining Armor Sparkle, lo que provocó una gran impresión en él. Al igual que su hermano, Flash Sentry era un Hechicero Espadachín, qué en términos simples significaba que se había enfocado en el manejo de la Magia y la Espada para el combate, y sentía cierta admiración por su hermano.

El año pasado se había graduado de la Academia, y debido a sus habilidades había sido reclutado de inmediato para la Orden. Luego de algunos meses de entrenamiento y adiestramiento básico, había salido en su primera misión de campo, que era justamente de dónde volvían.

Cuando Twilight entró al establo, Flash Sentry acababa de colocar el caballo de su hermano en su puesto, y le había colocado comida. Ahora estaba desensillando su propio caballo, un hermoso corcel de pelaje y crin dorados de nombre Gold Flash.

– Flash Sentry. – Pronunció para llamar su atención. El joven volteó a verla en la puerta del establo, y el sólo verla pareció ser suficiente para que su rostro se iluminara.

– Hola, Twilight. – La saludó con un tono jovial, mientras seguía con su trabajo de quitarle su silla a su caballo. – ¿Qué tal te está yendo?

– Mejor no te digo. – Respondió la hechicera de mala gana.

– También estoy aquí. – Comentó Spike agitando una mano.

– Oh, lo siento… Hola Spike.

– Hola Spike. – Pronunció de pronto Gold Flash con un tono un tanto soberbio, seguido de un relincho. – Veo que no has crecido ni un poco.

– Ja, ja, muy gracioso, Gold Flash. Veo que no te ha crecido el buen sentido del humor tampoco.

Aparte de ser el caballo de Flash Sentry, Gold Flash era también su Familiar, lo que lo volvía muy conveniente en esos momentos, aunque no lo era tanto cuando tenía que acompañarlo dentro de la escuela.

Twilight no se anduvo con rodeos. Se aproximó al Caballero, y sin más le preguntó lo que quería.

– ¿Sabes por qué mi hermano está de mal humor? ¿Pasó algo malo en su expedición?

La pregunta pareció tomar por sorpresa al joven. Miró hacia otro lado con algo de nervios, intentando evitar la mirada de Twilight.

– Yo… – Comenzó a decir, pero de inmediato calló. – Lo siento, no puedo hablar al respecto.

Más que tranquilizarla, tal respuesta no hizo más que preocupar aún más a Twilight Sparkle.

– Si me dices eso, quiere decir que sí pasó algo malo. ¿Mi hermano está bien?, ¿le ocurrió algo?, ¿lo hirieron?

– No, no, tranquila, Twilight. El Capitán Sparkle está bien, no te preocupes.

– Entonces dime qué es. ¿Qué es lo que pasó?

La joven de piel morada se le quedó viendo fijamente con esos grandes y brillantes ojos, que fácilmente hacían que el joven Caballero se sintiera nervioso. Flash Sentry intentó resistirlo, pero en el fondo sabía que era inútil. Tragó saliva con nervios y volteó a ver a la puerta de las caballerizas para asegurarse de que no hubiera nadie más cerca.

– Está bien, te lo voy a decir. – Le susurró muy despacio, con la clara intención de que sólo ella lo escuchara, claro además de Spike y Gold Flash. – Pero guarda el secreto, por favor; tu hermano no quiere que nadie más sepa de esto, no antes de hablarlo con Lady Celestia… Pero la verdad es que nos enfrentamos a Cinco Criaturas de las Sombras durante esta semana que estuvimos fuera.

Twilight se sobresaltó sorprendida al escucharlo. Criatura de las Sombras, pocas veces había escuchado ese término en su tiempo en la Academia, y nunca era de buena manera. Entre todo el catálogo de criaturas, monstruos, y espectros que existían en los libros, las Criaturas de las Sombras eran los más misteriosos de todos. Eran seres de apariencia deforme y oscura, cuerpos blandos como lodo, y una actitud agresiva que los hacía atacar todo lo que se moviera. No se sabía mucho de ellos, ni siquiera qué eran exactamente. Parecían simplemente originarse de la nada, como si brotaran de la tierra. Su naturaleza exacta era todo un misterio.

Entre los muchos trabajos que desempeñaban los Caballeros de la Orden, se encontraba de encargarse de exterminar a estos seres cuando llegaban a aparecer. Por suerte, eran principalmente débiles a la magia, y eran muy, muy extraños de encontrar y poco abundantes. Sus apariciones eran muy esporádicas y esparcidas, prácticamente al azar. Según Twilight tenía entendido, normalmente se mencionaba la aparición de uno o dos, máximo tres, al mes. Que apareciera cinco en una sola semana, era ciertamente… Inusual.

– Al parecer ésta ha sido la mayor cantidad hasta ahora. – Prosiguió Flash Sentry. – Pero según me dijeron los otros Caballeros, han ido en aumento progresivo durante los últimos tres meses, y el Capitán no tiene idea de por qué. Temé que algo extraño esté pasando.

– ¿Algo extraño? ¿Cómo qué?

– No lo sé. Pero sea lo que sea, tu hermano no cree sea bueno.

Twilight pareció preocupada. No sabía mucho de ese tema, a excepción de lo poco que se había mencionado en clases o había visto en los libros. Pero no necesitaba saber mucho para suponer que si criaturas como esas comenzaban a aparecer más y más, no podía significar nada bueno para nadie.

Flash Sentry detectó de inmediato la preocupación en el rostro de Twilight, por lo que se adelantó para intentar tranquilizarla.

– Oye, pero no te alarmes. – Comentó de inmediato, más despreocupado, incluso sonriendo. – Aunque el Capitán no sepa qué pasa, estoy seguro de que Lady Celestia sí. De seguro en cuanto se entere de ello, ideará algún plan de acción. Sabes que siempre va un paso adelante ante cualquier emergencia.

Eso era cierto. Había olvidado por un momento que tenían la protección de Celestia Ultimecia, la Hechicera más poderosa del mundo entero. Si acaso las cosas terminaran poniéndose graves, unas cuantas Criaturas de las Sombras no serían impedimento para ella y el resto de los Caballeros. Aún así… El recordar eso, por alguna razón, no la hacía sentirse más tranquila.

– Gracias por la información, Flash Sentry. – Agradeció la alumna con un tono serio, y entonces se dispuso a retirarse.

– Oye, Twilight… – Escuchó que Flash la llamaba, lo que la hizo detenerse y voltearse de nuevo haca él. El joven estaba un poco sonrojado, y miraba hacia otro lado con pena. – ¿Sabes? Parece que descansaré durante el dos Días del Solsticio de Verano.

– Oh, eso es excelente, Flash. – Le respondió la joven con alegría.

– Sí, ¿verdad? ¿De casualidad tú… Irás al… Festival?

Twilight suspiró con agotamiento ante la pregunta. ¿Qué si iba a ir? No sabía si soltarse riendo o llorando con tal pregunta.

– No tienes ni idea… – Murmuró muy despacio, casi entre dientes.

– ¿Cómo dices?

– No, nada. Sí, lamentablemente me veré forzada a asistir a las celebraciones, o algo así.

– ¿Lamentablemente? – Flash parecía confundido ante el extraño comportamiento de la joven.

– Es una larga historia. ¿Pero por qué lo preguntas?

Flash se veía aún más nervioso de lo que ya estaba anteriormente. Colocó una mano atrás de su cabeza y bajó su mirada hacia sus botas.

– Bueno, Yo… Me preguntaba… Si acaso tú… Quisieras, tal vez… Si podríamos…

Las campanas de la torre del reloj del castillo volvieron a sonar, tres veces sostenidas y una corta; significaba que eran las tres y media. Ese pequeño recordatorio del tiempo, le hizo recordar a Twilight que se suponía debía estar haciendo otra cosa en ese momento.

– ¡Ay no! Lo siento, Flash. Necesito investigar algo que me pidió Lady Celestia, y necesito tenerlo antes del anochecer.

Luego de disculparse, se dio de nuevo media vuelta y comenzó a correr a la salida del establo, aunque se detuvo unos últimos segundos.

– Gracias por decirme lo de las Criaturas de las Sombras. Te prometo que no le diré a nadie lo que me dijiste. ¡Nos vemos después!

– ¡Espérame, Twilight! – Le gritó Spike, y entonces ambos se alejaron, dejando a Flash Sentry mirando en su dirección, en absoluto silencio…

– Ah sí… Adiós…

El caballero suspiró con resignación, y continuó con lo que estaba haciendo originalmente antes de que lo interrumpieran.

– Casi lo lograbas. – Relinchó Gold Flash mientras le retiraba la silla.

– ¿Qué cosa?

– Pedirle que saliera contigo, obvio.

Flash Sentry se sobresaltó nervioso ante tal comentario.

– ¡¿Qué?! No, nada de eso. Twilight y yo sólo somos amigos.

– Yo creo que ella no te ve como un amigo.

Ese comentario llamó de inmediato su atención. Rápidamente se paró frente a su caballo, ya con la silla de montar en sus manos, y lo miró fijamente con curiosidad.

– ¿Por qué lo dices? ¿Notaste algo? ¿Crees que me ve como más que un amigo?

– No. – Respondió con un tono jovial. – Creo que te ve como menos.

Acto seguido, comenzó a relinchar de una forma que claramente podría interpretarse como risas. A Flash Sentry por otro lado, no le había parecido tan divertido su chiste.

– Muy gracioso. Sólo por eso comerás heno en lugar de la alfalfa que te había prometido.

– No me arrepiento de nada.

Caminó molesto al lugar en el que guardaban las sillas de montar, para después volverle con el heno para Gold Flash.

No era un secreto para casi nadie que Flash Sentry se llevaba bien con la hermana del Capitán Sparkle. Lo que posiblemente no era sabido por todos, pero quizás sí por muchos, era que a él de hecho le gustaba un poco la joven de cabellos azules. De cierta forma, ¿cómo no le gustaría? Era bonita, inteligente, y tenía una forma de ser realmente peculiar, y en ocasiones divertida. Pero las cosas no eran tan sencillas como parecían. Era tres años menor que él, y la hermana de su capitán; eso ya de por sí lo complicaba. Pero lo realmente problemático era que Twilight Sparkle siempre parecía muy solitaria, y lo peor del caso, apropósito. Siempre parecía querer alejarse de todos lo más posible, lo que le había impedido poder acercarse lo suficiente para conocerla mejor. Así que, de cierta forma, lo que Gold Flash había dicho posiblemente podría interpretarse como algo más que una broma pesada.

Flash Sentry suspiró con algo de resignación. Al parecer su suerte no estaba precisamente en el amor. La chica que en esos momentos le gustaba era algo complicada; y la chica anterior a ella, la que había sido su novia durante tres años… Bueno, eso no había terminado del todo bien. Tal vez aún no era el momento adecuado para él, pero quizás más adelante; quizás…

– – – –

La llegada repentina de Shining Armor y su escuadrón, frustraron de cierta forma los planes de Celestia para retirarse a descansar, al menos hasta que fuera tiempo de su reunión con Twilight. En cuanto llegó, el Capitán pidió audiencia con la Diosa y con los otros dos Capitanes. Si Shining Armor sentía que necesitaba una audiencia con ella justo cuando acababa de volver de su misión, debía de ser por algo de peso, por lo que no se rehusó. Sin embargo, en el fondo ya previa de qué quería hablar.

La sala del Trono del Castillo de Canterlot, era una habitación muy amplia de techos altos, que servía en muchas ocasiones como salón de fiestas. Tenía paredes de piedra pulida, y suelo brillante y limpio que reflejaba como espejo. En las paredes había además diferentes vidríales de colores, que representaban algunos hechos de la historia de Equestria de los últimos mil años. Había también estandartes y tapices azules y dorados, perfectamente bordados, con el emblema del sol saliente con alas blancas a los lados en ellos. Había sólo una puerta para entrar a la sala, y de ella se extendía un largo camino, marcado con una alfombra roja, que se alargaba hasta unas escaleras que luego llevaban al hermoso trono dorado, con un tapiz en su cabeza que simbolizaba el cielo estrellado en la parte de abajo, y el sol saliente en la parte superior. Ese era el trono en el que se sentaba la regente de Equestria, y el lugar desde el que presidiría la reunión que el recién llegado Capitán había pedido.

Celestia ya estaba sentada en su trono, y una vez que los tres Capitanes entraron a la sala, las puertas se cerraron detrás de ellos. Todos los demás guardias se retiraron, dejando a los cuatro totalmente solos. Esa acción no era del todo extraña; Celestia tenía la costumbre de hablar a solas con sus Capitanes, que de paso consideraba amigos muy cercanos a ella.

Los tres se pararon con firmeza al pie de las escaleras del trono. Hicieron una reverencia en sincronía, y justo después y sin espera, Shining Armor, que estaba parado en medio, comenzó a hablar. Empezó a relatar de manera general su misión, a donde habían ido, y las cosas que habían hecho y visto. Pero era más que obvio que deseaba dar mayor énfasis a un sólo dato: las Criaturas de las Sombras. Relató a detalle cada una de ellas, donde las habían encontrado, cómo eran, cómo fueron sus combates, etc. Relataba una, y luego pasaba a la otra. Celestia y los otros dos, simplemente escuchaban en silencio.

– En esta ocasión fueron cinco, cinco en una sola semana, Su Excelencia. – Relataba Shining Armor con seriedad. – Jamás habíamos enfrentado a tantos en tan corto tiempo. Y por si eso fuera poco, el último de ellos, el cual enfrentamos hace apenas dos días atrás, resultó ser un oponente mucho más feroz y resistente que los otros cuatro. Me temó que esto ya no sea algo normal, y que no sólo sus avistamientos sean más frecuentes, sino que también se estén volviendo más fuertes. Considero oportuno que la Orden haga una investigación más exhaustiva sobre a qué puede deberse estos cambios en el comportamiento de estas criaturas.

 Celestia oía con atención todo lo que su capitán le decía. Cuando entraron a la sala, su expresión era tranquila y serena, y se mantuvo igual, inmutable, durante todo el relato de Shining Armor. Tenía sus piernas cruzada, la derecha sobre la izquierda, su codo izquierdo apoyado sobre el descansabrazos del trono, y su rostro apoyado contra su mano. Cuando el hombre de cabellos azules al fin pareció terminar lo que deseaba decir, Celestia se acomodó derecha en su trono, y comenzó a hablar.

– Muchas gracias por tu reporte tan completo, Shining Armor. Sin embargo, si te soy sincera, no creo que esta situación que me describes sea digna de preocuparse demasiado.

Esas palabras tomaron por sorpresa al capitán, quien se le quedó viendo con incredulidad. ¿No es digna de preocuparse demasiado?

– Entiendo que por el tiempo que les ha tocado vivir, cinco Criaturas de las Sombras en una semana, pudiera parecer motivo de alarma. – Prosiguió la Diosa. – Sin embargo, mil años atrás enfrentábamos ataques de decenas de ellos al día, si teníamos suerte. Estos casos aislados y dispersos se han mantenido al margen de nuestros pueblos y ciudades, y los Caballeros de la Orden han sabido controlarlos muy bien. Me parece, desde mi punto de vista, que la situación está bajo control.

Palabras más, palabras menos, pero a Shining Armor le pareció que era una forma un tanto amable y sutil de decirle que estaba exagerando. En efecto, había oído historias de tiempos antiguos, en los que criaturas como esas, e incluso peores, atacaban en masas y a diario los pueblos y ciudades. En comparación con ello, la situación que él describía podría parecer insignificante. Pero lo que a Shining Armor le preocupaba precisamente, era que de hecho esos “casos aislados y dispersos”, fueran sólo el comienzo, y que las cosas volvieran a ser como en aquel entonces tarde o temprano.

– Entiendo que ahora la situación no parezca tan grave, Lady Celestia. – Comenzó a excusarse. – Pero la verdad es que incluso para los Caballeros de la Orden, la naturaleza exacta de estos seres no es desconocida, y por lo tanto también lo es el porqué de este incremento en su número. Si no sabemos más al respecto, seremos incapaces de predecir que tanto más esta situación se mantenga así de controlada.

Antes de que Celestia o Shining Armor pudieran decir algo más, se escuchó un resoplido burlesco, en la sala.

– Ya oíste lo que Lady Celestia dijo, Sparkle. – Escuchó Shining Armor que decía la persona a su izquierda, sonriendo ampliamente con superioridad. – Si ella piensa que toda la situación está bajo control, ¿quiénes somos nosotros para contradecirla?

Se trataba de Blueblood, el tercero de los Capitanes de la Orden. Era un hombre alto, de complexión ligeramente fornida y hombros anchos. Tenía cabello rubio muy brillante y cuidado, largo hasta por debajo de sus hombros. Sus ojos eran azul celeste, y su piel blanca. Usaba una elegante túnica blanca con azul, y botas. Era un hombre realmente apuesto y refinado, con su cabello, rostro e incluso sus uñas muy bien cuidadas; pero su porte ciertamente se sentía pesado, y cada movimiento que hacía y palabra que pronunciaba, parecían algo sobreactuados.

– No es mi intención contradecir a Lady Celestia. Simplemente es que todo esto me tiene intranquilo. Es como un mal presentimiento.

– Por favor, ¿Y desde cuando tus malos presentimientos son suficientes para molestar a Lady Celestia con ellos?

Shining Armor intentaba mantener la calma ante las obvias provocaciones de su compañero capitán. La relación entre ellos dos siempre había sido algo difícil, incluso desde el tiempo en que eran estudiantes. Blueblood podía ser encantador, refinado, y educado… Al menos la primera vez que lo veías; pero bastaba pasar menos de una hora en su compañía para darse cuenta de que su personalidad distaba mucho de ser encantadora, refinada y educada.

Cadance, parada a la diestra de Shining Armor, había estado observando y escuchando todo en silencio, sin aparentes deseos de intervenir. Sin embargo, cuando las cosas parecían irse dirigiendo a convertirse en una discusión entre sus dos compañeros, se vio obligada a dar un paso al frente y prevenirlo.

– Si me permite, su Excelencia. – Exclamó con fuerza hacia Celestia, haciendo que los otros dos la voltearan a ver igual. – Salvo por lo que se ha dicho en esta sala justo ahora, no conozco más detalles sobre la situación descrita por Shining Armor. Pero si debo basarme en lo escuchado, quisiera señalar que entiendo y comparto su preocupación.

– Qué sorpresa. – Vociferó Blueblood con marcado sarcasmo.

Cadance sólo lo volteó a ver de reojo uno instantes, y luego continuó hablándole a Lady Celestia sin ponerle importancia a su comentario.

– Y también, pese a que su Majestad pueda tener razón en que de momento la situación no amerite una acción drástica por parte de la Orden, estoy de acuerdo en su opinión de que sería sensato investigar más a fondo este asunto; aunque sea sólo para estar seguros de que no hay nada más detrás de esto.

Celestia pareció tranquila al escuchar a Cadance, pero se veía notablemente menos tranquila que en un inicio. Descruzó sus piernas, y luego las volvió a cruzar, ahora la izquierda sobre la derecha. Alzó entonces su mirada al techo, como meditando toda la información que le acababan de dar. Luego de un rato de silencio, volvió a verlos a los tres, aunque centró su atención principalmente en Blueblood.

– ¿Qué opinas tú, Blueblood? – Le preguntó de pronto.

– Yo estaré de acuerdo con lo que Su Excelencia decida. – Respondió con total despreocupación. – Ya sea que considere todo esto como algo necesario, o una pérdida de tiempo y recursos.

Al dar su último comentario, volteó de ver de manera nada discreta a sus dos compañeros, y ninguno de los dos pareció muy contento de oírlo.

– Si eso los tranquilizará a todos, me parece bien. – Señaló Celestia. – Shining Armor, Cadance. Pueden investigar más a fondo estos incidentes de la manera que mejor les parezca, pero hasta después del Festival de Solsticio. Estos días son de celebración y fiesta para toda Equestria, y no quisiera que las personas comenzaran a preguntarse porque sus amados Capitanes no se divierten como los demás. Después de pasado el Festival, podrán proceder como lo deseen. Hasta entonces, háganme un favor personal y procuren no comentar esto con alguien ajeno a mí o a la Orden. No quisiera que las personas se preocuparan si no estamos seguros de que hay algo de qué preocuparse.

– Como usted ordene, Su Excelencia. – Respondió Shining Armor, haciendo una profunda reverencia al frente; Cadance y Blueblood lo siguieron casi en el acto.

Terminado el tema, Celestia se paró de su trono, y comenzó a bajar los escalones.

– Si no hay otro tema que quieran discutir, les pido me disculpen. – Les indicó mientras avanzaba. Los tres se hicieron a un lado para abrirle paso, manteniendo sus cabezas agachadas. – Te sugiero te tomes el resto de la tarde y la noche libre, querido Shining Armor. Acabas de volver de una larga misión, y te ves exhausto. Estoy segura que Cadance estará de acuerdo conmigo.

– Majestad. – Exclamó sorprendida la joven de piel rosada ante el comentario, ligeramente fuera del lugar.

Las puertas de la sala del trono se abrieron de par en par ante la sola cercanía de Celestia, por lo que ella siguió de largo por la alfombra roja hasta salir. Una vez solos, los tres capitanes pudieron alzar sus miradas, y aparentemente relajarse un poco. Aunque, para ser honestos, Shining Armor se veía incluso menos relajado de lo que se veía cuando había llegado.

– La manera tan tranquila en que Lady Celestia está tomando este tema, no me parece normal. – Señaló directamente, y su comentario pareció casi espantar a Blueblood.

– ¿Te atreves a cuestionar el juicio de nuestra amada Reina, Shining Armor? – Pronunció con molestia.

– No se trata de eso, Blueblood.

– Menos mal, porque en otras épocas hacer insinuaciones como esas te hubiera costado la cabeza, mi querido amigo.

– Y en otras épocas hablar de más sin pensar como lo haces tú te hubiera costado un ojo morado. Aguarda, aún estamos en esas épocas.

– ¿Me estás amenazando?

– ¿Tú qué crees?

– ¡Compórtense ustedes dos!

Cadance de inmediato se colocó entre ambos, y alejó uno del otro con sus manos. Se veía algo molesta por sus arrebatos, pero intentó que eso no la consumiera. Cerró los ojos unos momentos, respiró con fuerza, pegando su mano a su pecho, para luego separarla al tiempo que exhalaba; el mismo truco que le había recordado a Twilight esa misma mañana.

Algo más tranquila, se giró hacia Shining Armor, parándose delante él, y colocando su mano derecha con dulzura sobre su brazo izquierdo.

– Tranquilízate, Shining Armor. – Comenzó a decirle con un tono suave. – Ya oíste lo que Lady Celestia dijo. Ella sabe más de Las Criaturas de las Sombras que nosotros, por lo que si pensara que hay algún peligro inminente estoy segura que nos lo diría.

– Correcto, hazle caso a Mi Amore, ella sabe lo que dice. – Comentó Blueblood, aparentemente feliz de que para variar Cadance estuviera de su parte.

– Pero que no sea un peligro en estos momentos, no quiere decir que no lo pueda ser después si no tomamos precauciones. – Comentó con un tono más serio, volteándolo a ver sobre su hombro; eso ya no alegró tanto a Blueblood como lo primero. – Creo que Lady Celestia desea darle prioridad en estos momentos al Festival del Solsticio de Verano y no preocupar a las personas. Esperemos sólo estos seis días, y luego investigáremos con más calma. ¿Está bien?

Como por arte de magia, las palabras de Cadance parecieron aliviar el mal humor de Shining Armor. Incluso, el joven Capitán volvió a sonreír.

– Está bien, tienes razón. – Le respondió, y entonces tomó gentilmente la mano que tenía sobre su brazo. – Tal vez me estoy preocupando de más antes de tiempo.

Cadance también le sonrió, y ambos se tomaron dulcemente de la mano, mientras se veían a los ojos. Era muy difícil de esconder el afecto que reflejaba sus miradas, o incluso más que eso…

– Es lo que siempre digo. – Escucharon a Blueblood decir que elocuencia, rompiendo el momento para bien o para mal. – Siempre te la pasas preocupándote por todo. Aprende de mí, nada me preocupa.

– Excepto cuando se acaba tu acondicionador. – Señaló Shining Armor en tono de broma, pero en realidad pareció ser suficiente para escandalizar al Capitán rubio.

– ¡Ni siquiera bromees con eso! – Exclamó alarmado, tomándose su cabello. – Oh no, ¿qué es esto? ¡Creo que se me está engrasando!

Shining Armor y Cadance suspiraron con cansancio, y entonces comenzaron a caminar juntos hacia la puerta, tomados aún de la mano.

FIN DEL CAPÍTULO 04

Notas del Autor.

Hola a todos. Sé que hasta ahora la historia ya ido un poco lento. Lo que más me ha tomado tiempo ha sido presentar a los personajes y presentar este nuevo mundo alterno, que como podrán haber visto no es tan diferente al que ya conocen, pero si tiene algunos agregados personales o diferencias. Siento que hasta ahora todo ha ido bien en ese sentido, y me parece que de aquí en adelante las cosas de podrán ir un poco más rápidas. Nos vemos en el siguiente capítulo, que no tardará mucho en salir.

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Harmonía I: Solsticio de Verano. Twilight Sparkle es una Aprendiz de Hechicería, Protegida de Lady Celestia, la Diosa Guardiana y Regente de Equestria. Desde pequeña, siempre ha sabido cómo hacer todo por su cuenta, dependiendo sólo de su inteligencia y su magia, lo que ha hecho nunca necesitar de amigos. ¿Pero qué pasará cuando se encuentre con una Fuerza Oscura de hace mil años, a la que no puede hacer frente ella sola?, ¿podrá confiar en estas cinco extrañas chicas que acaba de conocer para salvar a su mentora, y quizás a toda Equestria? ¿Y qué pasará cuando descubra el secreto que Lady Celestia ha escondido durante estos mil años…?

+ «My Little Pony: Friendship is Magic» © Lauren Faust, Hasbro Inc., Hasbro Studios.

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