Fanfic Teen Titans: The Sinners – Capítulo 04. Una Semana Después

20 de diciembre del 2016

Teen Titans: The Sinners - Capítulo 04. Una Semana Después


TEEN TITANS

THE
SINNERS

Por
Wingzemon X

CAPITULO 04
“Una Semana Después”

Una semana después de la visita de Súper Chica, todo estaba normal en Jump City. Esa tarde, los trabajadores salían ansiosos a su hora de comer, para recobrar energías y luego volver al trabajo una vez más. Los niños salían rápidamente de sus escuelas, emocionados por jugar un poco antes de ir a casa, comer y tener que hacer la tarea. Los autos se movían con tranquilidad por las calles, junto con los autobuses y motocicletas, al mismo ritmo que los peatones en la acera. Las luces de los semáforos cambiaban en su eterno ciclo de verde, amarillo y rojo, una brisa ligera soplaba, las nubes se movían lentamente en el cielo, y una fuerte explosión se suscitaba en el Banco Principal de Jump City, cubriendo todo el interior con una densa neblina verdosa, que de inmediato comenzó a hacer que todos los clientes, cajeros, y guardias comenzaran a toser, se acercaran poco a poco al suelo, hasta que uno a uno cayó inconscientes por causa del gas somnífero que se encontraba en la bomba de gas que había explotado. En efecto, todo estaba normal en Jump City.

El causante de dicho alboroto caminó tranquilo desde la puerta hasta las cajas, esquivando con la mayor indiferencia a las personas tiradas tras su bomba de humo. Su silueta oscura avanzó por la neblina con despreocupación, mientras aquellos que quedaban aún algo conscientes intentaban seguirlo con la vista.

– Disculpen el escándalo damas y caballeros, sólo vengo a hacer un retiro rápido. – Comentó con sarcasmo el asaltante, pasando de un sólo salto las cajas y cayendo del otro lado como si nada.

Era un hombre, aparentemente joven, delgado, con un peculiar disfraz totalmente negro que le cubría todo el cuerpo, incluyendo su cabeza, y en su rostro llevaba una máscara que simulaba a una calavera, con una “X” roja en la frente. Usaba capa, también negra, larga y un poco maltratada. Usaba guantes de apariencia metálica, y un cinturón del mismo estilo en la cintura.

Uno de los cajeros pareció intentar levantarse y presionar el botón de alarme debajo de su lugar, pero rápidamente el extraño de negro lo tomó de la muñeca, deteniéndolo.

– No se levanten, me atiendo solo, gracias. – Comentó seguido de una risa burlona. El gas terminó de surtir su efecto y el cajero se desmayó.

Sin más espera, caminó directo a su objetivo: la bóveda principal. Se paró frente a ella, inspeccionando la enorme puerta de acero de arriba abajo hasta posar sus ojos en el panel de la derecha, compuesto por un teclado de números, una ranura para las llaves electrónicas, y una pequeña pantalla de leds.

– Que dilema, creo que olvide mi clave. – Dicho eso, se acercó al panel, y sacó de su cinturón lo que parecía ser un pequeño dispositivo con una luz roja que tintineaba: una bomba. – Por suerte, siempre vengo preparado.

Una vez colocado el dispositivo en el panel, se dio media vuelta, se alejó varios pasos de la bóveda, justo antes de que la bomba explotara, haciendo pedazos el panel de seguridad, y haciendo que la compuerta se abriera de par en par. Sin espera, se abalanzó de un salto al interior de la bóveda, mirando todo el dinero ahí guardado en bolsas, y éstas en estantes a la vez.

– Oh sí, vengan con papá.

Tomó dos de las bolsas y las amarró a su espalda, para luego tomar otras dos más con sus manos. De seguro no podría cargar más, pero con eso era más que suficiente, por lo que se dispuso a dejar el lugar antes de que la policía llegara o el efecto del gas se esfumara. Pero apenas y había puesto un pie fuera de la bóveda, cuando notó como un objeto se dirigía a toda velocidad directo hacia él. Con los agudos reflejos que lo caracterizaban, se hizo a un lado, sólo para ver como el objeto se clavaba justo en la pared a su lado, lo que le facilitó el poder verlo mejor: una especie de búmeran, rojo y amarillo.

– Creo que no tienes suficientes fondos, Red X. – Escuchó como una voz desagradablemente familiar le decía justo desde la puerta del banco.

El villano al que acababan de llamar “Red X”, volteó por simple inercia hacia dónde provenían dichas palabras. Claro, no tenía necesidad de voltear para reconocer de quién, o más bien quienes se trataba: los Jóvenes Titanes, con su líder Robin al frente, Cyborg a su derecha, Chico Bestia a su izquierda, Starfire y Raven suspendidas sobre ellos.

– Oigan, como que me está empezando a dar un poco de… sueño… – Comentó de pronto Chico Bestia, seguido de un largo bostezo y poco a poco se fue recostando en el suelo, hasta aparentemente quedarse dormido; a diferencia de sus otros cuatro amigos, era el único que había olvidado ponerse su máscara antigás.

– De nuevo olvidó su máscara. – Comentó molesta la hechicera de la capucha azul, mirando de reojo a su compañero “caído”. Esperaba que el efecto se pasara rápido.

– Pero si son mis viejos amigos, los Jóvenes Titanes. – Comentó divertido el asaltante. – ¿Cómo es que pasó tanto tiempo de no vernos? Deberíamos de juntarnos a ver unos videos uno de estos días, ¿no creen?

– No es esta vida. – Contestó cortante el líder del grupo, y rápidamente sacó su vara, la giró varias veces y luego la tomó con fuerza, señalándolo con ella. – La renta de ese traje ya expiró, es hora de que me lo regreses.

– ¿Puedo renovarla? Después de todo en estos momentos, dinero… ¡es lo que me sobra!

Red X arrojó de pronto una de las bolsas con dinero hacia el frente, directo a dónde Robin estaba parado. El petirrojo reaccionó haciendo la bolsa a un lado con su vara, sólo para inmediatamente después encontrarse con la silueta oscura del villano, con su pie unos cuantos centímetros de su rostro. Esto tomó por sorpresa al chico de antifaz, que aún ni siquiera se recuperaba del primer ataque, por lo que no pudo evitar la patada directa en su cara, empujándolo hacia atrás.

Cyborg se giró rápidamente hacia Red X con la intención de atraparlo, pero éste se esfumó como por arte de magia, reapareciendo justo donde la bolsa de dinero que había arrojado se encontraba. En realidad no era magia, sino un truco guardado del traje que usaba, más específicamente de su cinturón que trabaja a base de Xenothium, o al menos así era originalmente cuando el propio Robin lo diseñó. La primera vez que este nuevo Red X apareció, Robin le había quitado el cinturón, pero cuando lo volvió a ver, tenía un remplazo. ¿Era una copia acaso? ¿Trabajaba igual que el hecho por Robin? Quién sabe. Lo importante era que tenía las mismas habilidades escurridizas de antes, lo que lo volvía realmente peligroso.

– Tomaré esto, si no les molestia. – Comentó al estar a punto de tomar la bolsa, cuando ésta se cubrió de la característica energía oscura de Raven, y fue jalada hacia la hechicera. – Oye, eso es mío.

– No lo creo. – Comentó con seriedad la hechicera, sosteniendo la bolsa de dinero entre sus manos.

Aparentemente molesto, el ladrón volvió a desaparecer usando la habilidad de su cinturón, apareciendo de nuevo prácticamente entre ellos, suspendido en el aire. Rápidamente lanzó una patada hacia Cyborg, otra hacia Robin, y dio un salto hacia afuera del banco, aunque obviamente los titanes fueron tras él, o al menos los que no estaban dormidos.

Una vez afuera, se quitaron sus máscaras de gas para poder ver mejor. Starfire comenzó a atacarlo desde al aire con varias esferas de energía, mismas que Red X esquivaba con facilidad, moviéndose hacia un lado y hacia el otro por la calle; cargar tres bolsas de dinero no parecía un impedimento para él. Robin corrió con todas sus fuerzas para alcanzarlo, y entonces atacarlo con su báculo. El ladrón reaccionó, bloqueando su ataque con una de cuchillas de su brazo izquierdo que tenía libre. Sin que alguno se detuviera, comenzaron a atacarse mutuamente, cada uno bloqueando y contra atacando.

– ¿Por qué regresaste? – Le preguntó el chico de capa negra y amarilla sin quitarle los ojos de encima ni detener sus ataques.

– Es una bonita ciudad, con gente agradable. – Le contestó el tipo de máscara, y entonces lo empujó un poco hacia atrás, e inmediatamente después dio un largo salto en el aire, dando una maroma, hasta caer con tranquilidad sobre un poste de luz.

Sin embargo, al hacer esto, sólo logró colocarse de frente directo a donde Starfire se encontraba suspendida. La pelirroja la miraba fijamente con seriedad, y apretando sus puños estos se cubrieron de energía verdosa; era obvio que estaba lista para atacar en cuanto su adversario hiciera un movimiento.

– Hola muñeca. – Comentó divertido él a su vez, estando de cuclillas sobre el póster. – ¿Todavía sigues con estos perdedores?

Starfire se extrañó un poco por la palabra “muñeca”, pero recuperó la compostura rápido.

– Sí, y estos perdedores te patearán el trasero. – Fue la respuesta directa y ligeramente agresiva de la Tamaraniana. Entonces sus ojos brillaron y comenzó arrojar varias esferas de energía hacia él.

Red X no esperó, y de inmediato volvió a saltar. Las esferas de Starfire terminaron destruyendo el poste en el que estaba parado, pero él había quedado ileso.

– Qué carácter. – Pronunció divertido mientras descendía de nuevo hacia la acera. – Lo bueno es que me gustan las chicas rudas.

– Entonces a mí me amaras. – Escuchó como la voz femenina de la otra chica del grupo pronunciaba sobre él.

Los ojos de Raven brillaron con fuerza y sus manos se cubrieron de su energía oscura.

– Azarath Metrion… ¡Zinthos! – Exclamó con fuerza, alzando sus manos hacia abajo, y alrededor de quince rayos negros se dirigieron en su contra como agujas.

De nuevo, el villano de negro hizo alarde de su agilidad y agudos reflejos, esquivando cada uno de ellos saltando hacia adelante, hacia atrás, a la derecha y a la izquierda. Luego, se volvió a tele transportar, quedando sobre Raven, y tomándola por sorpresa con un golpe en su espalda que la empujó con fuerza al suelo.

El combate continuó igual por un rato más en plena calle. Cada Titán usando sus propias armas, pero ninguno logrando tocarlo, ni siquiera quitarle las bolsas de dinero. Al contrario, él era capaz de esquivarlos, y contraatacarlos, sin que estos pudieran defenderse; ese traje era realmente un dolor de cabeza.

Luego de correr directo hacia Cyborg y esquivar todos los rayos que le arrojaba, se elevó de un largo asalto, y apoyándose en uno de los hombros del titán, logró subir hasta la cornisa de uno de los edificios cercanos.

– Esto fue divertido amigos, pero tengo que irme. – Comentó con sarcasmo, despidiéndose con su mano y luego comenzando a alejarse por los tejados.

– ¡Está escapando! – Exclamó furioso Robin.

– ¡Nosotras vamos por él! – Escuchó como Starfire decía, al tiempo que ella y Raven se adelantaban volando para seguirlo.

Robin y Cyborg no se quedaron a esperar, y de inmediato se dirigieron a pie en dirección a donde su adversario iba, rodeando el edificio.

– Oye, Raven. – Murmuró Starfire mientras volaban detrás de Red X. – ¿Qué significa que alguien te diga “muñeca”?

– ¡Luego hablamos! – Fue la respuesta cortante de la hechicera, y entonces comenzó a bajar.

Raven comenzó a descender rápidamente hacia Red X, listo para atacarlo en cuanto lo tuviera en la mira. Sin embargo, justo cuando pensó que lo tenía, el villano desapareció del tejado, tomándola por sorpresa y reapareciendo otra vez sobre ella. En esta ocasión pegó sus pies contra su espalda y empujándola con fuerza hacia abajo, haciéndola bajar y chocar contra el techo del edificio.

– Lo siento, tú te lo buscaste. – Comentó él a su vez, cayendo de pie sobre la cornisa.

Alzó su mirada, notando como ahora era Starfire la que se le acercaba desde los aires. Por debajo de su máscara, Red X sonreía. Acercó su mano a su cinturón, y justo cuando la pelirroja estaba lo suficientemente cerca, sacó una cuerda con un gancho, arrojándolo hacia ella y rodeándola, amarrándola.

– ¡Esto no es nada personal, muñeca! – Exclamó con fuerza mientras se hacia atrás, comenzando a caer y jalándola al mismo tiempo.

Mientras caía, Red X jaló con fuerza la cuerda, girándola e impulsando a Starfire hacia un lado, prácticamente arrojándola contra otro edificio cruzando la calle.

– ¡¡Aaaaaaaaah!! – Gritó con fuerza la Tamaraniana, mientras era arrojada con fuerza hacia la puerta de vidrio de una tienda. Intentó frenarse en el aire como pudo, pero no pudo evitar estrellarse contra la puerta, atravesarla, caer adentro de la tienda, rodar por el piso hasta chocar con uno de los estantes, y quedar cubierta con los productos de éste. – Auh…

Starfire comenzó a levantarse poco a poco como pudo, quitándose de encima todos esos… ¿chocolates? Sorprendida, vio que había entrado volando justo en una dulcería, una gran dulcería con varios estantes, y en la mayoría podía ver chocolates, dulces, pasteles, caramelos, de todas formas y colores. Toda la tienda estaba decorada con papel rojo, luces y formas de corazón de un lado a otro. Todo era extrañamente hermoso, y a la vez delicioso, tanto que olvidó por un segundo como había entrado.

– Bienvenido o bienvenida a la dulcería de la Señorita Doll. – Escuchó como alguien decía desde el mostrador; era un chico joven, delgado, de piel pálida, ojos adormilados, sin la menor expresión; se le veía algo aburrido, o cansado. Ni siquiera la volteaba a ver, sino que estaba hojeando una revista con pereza; vestía un traje rosa, con un corazón gigante como gorro. Parecía no importarle para nada la puerta y el estante roto. – ¿Quiere probar uno de nuestros exóticos chocolates de San Valentine?

– ¿Chocolates de San Valentine? – Preguntó con inocencia, acercándose al mostrador; no podía quitar los ojos del curioso gorro en forma de corazón en su cabeza.

– Por favor, permítame invitarla a tomar uno de nuestros folletos informativos sobre la fecha en cuestión, con nuestras recomendaciones personales, o lo que sea.

El chico señaló hacia un porta folletos sobre el recibidor, que estaba a su diestra. Más que folletos, parecían pequeños libros de color rosa, con varios corazones en su portada.

– Es usted muy amable. – Agradeció la joven, tomando uno, aparentemente ignorando la falta de emoción en la voz del chico. – Que folleto tan bonito.

Mientras todo eso pasaba adentro de la dulcería, afuera Red X caía con normalidad de regreso al suelo. Raven, desde el techo del edificio, lo miraba con enojo. Usando sus poderes y alzando sus manos hacia abajo, comenzó a mover sin el menor pudor cuanto objeto tenía al alcance, arrojándoselo a Red X uno tras otro. Autos, botes de basura, incluso pedazos de vidrio que habían quedado de la puerta que Starfire rompió. Su objetivo, sin embargo, se las arregló para esquivar todo con su aguda agilidad, aumentando un poco la frustración de la chica, y a su vez hacía que sus actos no fueran tan precisos.

– Tendrás que pegarme más duro que eso. – Comentó divertido Red X, dando un largo salto para esquivar uno de los autos que le arrojaba y cayendo de nuevo al suelo.

Sacó en ese momento varios de sus Shuriken en forma de “X”, listo para arrojárselos como un contraataque. Sin embargo, en ese momento escuchó un sonido extraño, que se hacía más y más fuerte, y no lograba identificar de dónde venía. Parecían pisadas, o de algo que golpeaba con fuerza el pavimento.

– ¿Qué es ese soni…? – Murmuró el villano al tiempo que miraba en todas direcciones, pero al voltear a su izquierda sus palabras fueron interrumpidas al ser tacleado de frente por lo que le pareció que era un toro verde abalanzándosele encima a toda velocidad, golpeándolo con fuerza y mandándolo a volar por los aires como un muñeco de trapo, tirando las bolsas de dinero que traía consigo en el proceso.

Evidentemente el toro verde en cuestión no era otro que Chico Bestia, que había aparecido justo en el momento adecuado. Una vez realizada su tarea, se detuvo, y volvió a su forma normal, sonriendo ampliamente al darse cuenta de que lo que había logrado.

– ¡Bien!, Chico Bestia al rescate. – Exclamó triunfante, alzando un puño con fuerza.

Raven desde lo alto miró todo eso algo sorprendida, pero luego sonrió satisfecha y comenzó a descender hacia la calle.

– Ya era hora que despertaras. – Comentó la hechicera mientras bajaba. – No la pasamos muy bien mientras tú dormías.

En cierta forma Raven lo felicitaba por su éxito, aunque claro, no hubiera podido golpearlo si ella no lo hubiera distraído. Justo cuando sus pies tocaron la calle, Starfire salió de la tienda, caminando hacia ellos mientras seguía leyendo el folleto que había tomado.

– ¿Estás bien? – Le pregunto la joven de capucha azul.

– Raven, ¿sabías que en Japón las chicas les regalaran a los chicos que les gustan chocolates en el Día de San Valentine y luego ellos tienen que regresarles el presente con algún otro regalo que no sea chocolate?

Raven y Chico Bestia parpadearon confundidos al oír esa respuesta, o más bien pregunta,  y se voltearon a ver el uno al otro, como preguntándose mutuamente de qué estaba hablando.

– No… – Contestó con algo de duda. Starfire continuó, leyendo aún el folleto.

– ¿Y que el chocolate favorito de los chicos japoneses es el chocolate amargo, que tenemos en una gran variedad de formas y precios?

Lo primero que Raven pensó era que muy seguramente se había golpeado fuerte la cabeza en su caída, aunque luego se dio cuenta de que sólo era Starfire siendo Starfire.

En efecto, dentro de un par de semanas sería 14 de febrero, Día de San Valentine, el día del amor y la amistad, el día de los corazones y los chocolates. Casi se les había pasado por alto. Para Raven era casi normal que ni siquiera se acordara, pero Chico Bestia pareció tomar más enserio el asunto. No era que el San Valentine fuera una fecha importante para él, pero lo hacía pensar… en alguien. De hecho, no se encontraba muy lejos de aquel lugar; ¿sería buena idea ir a dar un vistazo?

– ¡Está escapando de nuevo! – Gritó con fuerza Raven, al darse cuenta de que Red X se ponía de pie comenzando a huir corriendo.

Rápidamente Raven y Starfire reaccionaron, elevándose y volando hacia él. Red X corría por la calle a toda velocidad, pero Robin y Cyborg aparecieron justo en su camino, obligándolo a detenerse. Robin sostenía su vara, listo para el ataque, mientras Cyborg lo apuntaba con su arma láser.

– No tan rápido, chico. – Murmuró el joven mitad máquina, sin dejar de apuntarlo.

– Cielos, este juego ya no es divertido, amigos. – Comentó molesto, dándose media vuelta, pero Starfire y Raven ya estaban detrás de él; se encontraba rodeado.

– Entrégate y dame de regreso ese traje. – Comentó con fuerza el líder del grupo.

– ¿Lo quieres de vuelta? Creí que no lo querías. Además, creo que me queda mejor a mí.

– Es demasiado peligroso para estar en las manos equivocadas.

– ¿Eso crees? – Murmuró divertido, mientras discretamente acercaba su mano a su cinturón. – ¡Creo que las mías son muy adecuadas!

Red X arrojó de pronto otra bomba de gas al suelo, aunque ésta no era de somnífero, sino sólo una cortina de humo para cubrirlo. Los Titanes lo perdieron de vista por un momento, y el humo no los dejaba ver o respirar bien. Robin se lanzó igual a ciegas hacia el humo, intentando atacarlo, pero el villano prácticamente se esfumó. Para cuando el humo se fue, Red X había desaparecido.

– ¡Escapó otra vez! – Exclamó frustrado el petirrojo, golpeando el suelo con su puño como señal de enojo.

– Al menos evitamos que se llevara el dinero. – Señaló Cyborg mientras volvía su brazo a la normalidad, aunque su comentario no pareció aliviar el enojo de su líder.

– Ya habrá otra oportunidad de atraparlo. – Escuchó como Starfire pronunciaba, acercándosele a su lado.

La joven descendió hasta ponerse de pie a la izquierda de Robin, volteándolo a ver con una amplia sonrisa; el chico simplemente miraba al suelo con enojo. En ese momento, Starfire notó algo en él que casi la asustó.

– ¡Robin!, ¡tu mejilla! – Exclamó sorprendida, logrando de esa forma llamar la atención del chico.

Robin volteó a verla confundido, y luego dirigió sus dedos a su mejilla, para luego inspeccionarlos; la tela vede de su guante se encontraban manchada de sangre, su sangre. De seguro había sido uno de los Shuriken o cuchillas de Red X que le había herido en el combate.

– Ni siquiera me había dado cuenta. – Comentó el petirrojo, restándole importancia al asunto.

Sin embargo, Starfire no perdió tiempo y de inmediato sacó uno de sus pañuelos, y se le acercó al chico, comenzando a limpiarle su mejilla con delicadeza. Éste acto lo sorprendió mucho, e hizo que en su rostro surgiera un delicado sonrojo.

– ¿Pero qué haces, Starfire? – Preguntó con algo de timidez.

– Déjame limpiarte. – Le contestó la pelirroja a su vez.

Mientras ella hacía eso, no se dio cuenta de que era vista a lo lejos por Raven. La expresión seria en los ojos de la hechicera podía parecer igual que siempre, pero había algo distinto, algo que nadie hubiera sido capaz de percibir a simple vista. Había algo en esa escena, el ver como Starfire limpiaba de esa forma la herida de Robin, la hizo sentir… ¿Sentir qué exactamente? No sabía siquiera qué sentía, simplemente lo sentía. Era como una presión en el pecho, algo que le quitaba el aire, algo que la hacía querer dejar de ver eso, pero al mismo tiempo era incapaz de quitarles los ojos de encima. En conclusión, una sensación bastante desagradable. Rápidamente se cubrió su cabeza con su capucha azul y se dirigió con pasos desganados a ellos.

– ¿Nos vamos? – Preguntó en voz baja.

– Luego de que entreguemos el dinero. – Señaló Cyborg, recogiendo las bolsas que traía Red X. En ese momento, volteando a ver a ambos lados, se dio cuenta de que el grupo no estaba completo. – Oigan, ¿y Chico Bestia? No me digan que sigue dormido en el banco.

– No, él estaba aquí hace un momento. – Comentó Starfire, intentando buscarlo con las vista pero en efecto, no lo vio en ningún lado.

¿A dónde había ido?

No muy lejos de dónde había sido la pelea con Red X, se encontraba la preparatoria Murakami. No era una escuela fuera de lo normal, ni muy rica ni muy pobre, simplemente una escuela promedio se podría decir. Los uniformes de sus alumnos eran sencillos: las mujeres usaban falda azul, los hombres pantalones azules, y ambos usaban camisas blancas y corbatas negras. En esos momentos el frío del invierno los obligaba a usar además de todo, un saco negro.

Ya debería de ser en esos momentos la hora de salida muy seguramente, pues ya todos los alumnos salían apresurados de las áreas de la escuela, ansiosos de llegar a sus casas, tanto que ninguno parecía ponerle mucha atención al chico verde pegado en la reja, mirando con insistencia a la puerta del edificio, luego hacia el estacionamiento, hacia un lado, hacia el otro, como esperando encontrar algo. Hacía ya algunas semanas que no se paraba por ahí, no porque no quisiera, simplemente porque no había tenido la excusa adecuada para ir a esa parte de la ciudad; Red X se la había dado. ¿A qué iba? A nada realmente, solamente a estar ahí, a observarla, a verla, intentando que ella no lo viera, sólo queriendo cerciorarse de que se encontrara bien. Al estar unos minutos ahí parado sin señal de quien buscaba, comenzó a preguntarse si la había pasado de algo, o si se había enfermado, o algo peor. No podía evitar sentirse así, después de todo estábamos hablando de…

Estando tan concentrado en su búsqueda, no se dio cuenta de que una joven de ojos grandes y azules, cabello rubio y largo hasta la espalda y complexión delgada, se paraba a su lado izquierdo, a un par de metros de él. La joven usaba el uniforme femenino de Murakami, y tenía una mirada de notorio enojo, mientras veía lo que ese chico hacía.

– ¡¿Qué haces aquí?! – Pronunció con fuerza de golpe, asustando al chico verde.

– ¡Ah! – Exclamó éste asustado, dando un salto y luego varios pasos lejos de la chica rubia; ella era justamente a quien esperaba ver. – Terra, digo, yo, Ah… Sólo estaba, paseando por aquí.

Chico Bestia rió nervioso, sintiendo su penetrante mirada sobre él. La chica de ojos azules se veía molesta, con los brazos cruzados, y el ceño fruncido; cualquiera diría que estaba viendo a la persona más despreciable del planeta y no aún superhéroe, y eso ponía muy nervioso al Joven Titán.

– ¿Y acostumbras mucho pasear enfrente de mi escuela acaso? – Preguntó ella sin cambiar su expresión.

– ¡No!, claro que no. Bueno, a veces… Pero…

– ¡¿Cuántas veces tengo que decirte que me dejes en paz?! – Le gritó con fuerza la rubia, dando un paso hacia él y jalando sus brazos hacia los lados. – Me meterás en problemas. Ya no me molestes más, ¡¿qué no lo entiendes?!

Chico Bestia sintió como si se hiciera pequeño ante los gritos furiosos de la chica.

– Pero… Yo sólo quería ver si estabas bien, si no te había pasado nada, si estás con buena salud.

– Estoy bien, gracias por tu preocupación, ¡Pero no la necesito!

– Sí, lo sé, sé que puedes cuidarte sola y eso, lo siento. Bueno, ya que estamos hablando, también quería preguntarte si no te gustaría salir de nuevo a pasear, comer, como la vez anterior. Comer pizza, visitar la Torre Titán, conocer a mis amigos…

– Tengo mucha tarea. – Interrumpió cortante y entonces comenzó a caminar hacia el estacionamiento dónde tenía aparcada su bicicleta, aunque el chico la seguía. – Los exámenes son la semana que viene; no tengo tiempo.

– Pero sólo será un minuto, Terra.

La rubia se detuvo de golpe al oírlo decir ese nombre, y rápidamente se dio media vuelta hacia él, más enojada que antes si es que eso era posible.

– ¡No me llames Terra! – Le volvió a gritar. – ¿De cuantas formas tengo que decírtelo? No soy a quien buscas. Así que vete.

– Pero…

– ¡Vete! – La joven corrió apresurada a su bicicleta de color azul, y rápidamente se montó a ella. – No quiero ser grosera, pero si te vuelvo a ver por aquí, le diré al director.

Y con esa última amenaza, emprendió camino, pedaleando a toda velocidad, pasando incluso frente a él en su camino, y por último alejándose por la calle hasta perderse de su vista. Era obvio que tenía prisa, de llegar a casa, o simplemente de alejarse de él. Chico Bestia no pudo hacer más que quedarse ahí, mirando al horizonte en dirección a dónde se había ido, solo…

Se quedó de pie en ese lugar por un rato más, pensativo, perdido en sus propios pensamientos. Terra, o quien él pensaba que era Terra, se veía realmente molesta, mucho más que antes. ¿Sería posible que al fin la haya hartado? ¿Sería posible que realmente ya no quisiera verlo para nada? ¿Por qué? ¿Por qué era así con él? ¿Por qué era así con una persona que lo único que había intentando hacer desde que la conoció era ser su amigo y hacerla sentir bien? ¿Por qué se comportaba así con alguien… que se había enamorado de ella incondicionalmente? ¿No veía lo mucho que lo estaba lastimando?

Aunque ya había repasado eso en su mente un millón de veces, una vez más quiso considerar la posibilidad de que no se tratara de Terra. Pero eso era imposible, era idéntica. Sus ojos, su cabello, sus facciones, su complexión, su voz, todo concordaba. Además, el propio Geo-Force, su hermano mayor, la había reconocido. Y si aún después de todo eso, en verdad no era ella, entonces, ¿dónde estaba Terra? Su estatua, que en realidad era ella misma petrificada, había desaparecido de su altar. ¿Dónde estaba? ¿Alguien se la había llevado? ¿Quién y con qué propósito? ¿Slade tal vez? Pero era demasiada coincidencia que al mismo tiempo una chica idéntica a ella apareciera en la ciudad.

¿Cuál era la verdad detrás de Terra y de esa chica? No la sabía, ni tampoco cómo resolverla. Lo único que le importaba en esos momentos era que, fuera Terra o no, esa chica lo acababa de lastimar con sus palabras, realmente lo había lastimado. La expresión siempre relajada y contenta que lo caracterizaba, se esfumó en un abrir y cerrar de ojo, cambiando a una cara de seriedad, de desgano, de tristeza. Sin tener nada más que hacer ahí, se dio media vuelta en dirección a la salida, prácticamente arrastrando los pies.

Justo cuando salió por el portón principal, pudo notar como el Carro T se estacionaba frente a  él, y se baja la ventana del conductor, el cual obviamente era Cyborg.

– Hey, Chico Bestia, ¿dónde te metiste? – Comentó divertido éste. – ¿Subes o qué?

– Ya voy. – Le contestó casi ausente.

Chico Bestia se subió a la parte de atrás y el auto se puso en camino a casa, esperando no tener que volver a salir por lo menos por lo que restaba del día.

Dentro del auto, Cyborg conducía y Robin iba en el asiento del copiloto. Éste último estaba serio, simplemente mirando al frente, aunque sin mirar algo  en especial, sólo mirando la nada; posiblemente seguía pensando en Red X. Atrás, Starfire iba en medio, continuando revisando el curioso folleto que le habían dado durante la pelea con notoria emoción, en contraste con Raven a su derecha y Chico Bestia a su izquierda, ambos en silencio, y ambos con la mirada melancólica en sus respectivas ventanillas.

– Oye esto, Raven. – Comentó de pronto la Tamaraniana, ignorante el estado de ánimo de su amiga. – Aquí dice que se le dice Día de San Valentine al Día de San Valentine, por un Obispo romano de nombre Valentine que casaba parejas enamoradas a escondidas de la ley.

– Y fue ejecutado por eso. – Contestó la hechicera sin mucho ánimo. – ¿Cuál es el escándalo Starfire? No es tu primer día de San Valentine en la Tierra.

– Lo sé, pero antes no sabía realmente qué era.

– ¿Y qué se supone que creías que era? – Comentó Robin un poco curioso, volteándola a ver hacia atrás.

– No estoy segura. – Contestó con inocencia y volvió a su folleto. – Pensé que era algún tipo de festival de apareamiento terrícola.

Todos los demás guardaron silencio ante ese comentario, y prefirieron no hurgar más en el tema. ¿Qué le había hecho pensar eso? Era mejor no preguntar.

– No te emociones tanto, Starfire. – Comentó Cyborg sonriente. – Todos saben que el día de San Valentine es sólo una fiesta inventada para vender más chocolates y objetos en forma de corazón.

– ¿Enserio? – Parpadeó confundida la pelirroja. – Pero aquí dice que el Día de San Valentine es para demostrarle tu amor a las personas que amas, con diferentes detalles, en su mayoría de índole dulce.

Lo único Cyborg pudo pensar luego de escuchare eso, era si realmente decía eso, aunque lo más seguro era que se trataba de la interpretación que ella había dado. Sin embargo, el comentario de Starfire sí había logrado llamar la atención de una de las personas en ese vehículo, y de quien menos lo esperarían: Raven. La hechicera pareció ligeramente interesada al oír la parte de “demostrarle tu amor a las personas que amas”, y por ello la había volteado a ver ligeramente. No había nada fuera de lo común en lo que dijo, nada que ningún anuncio publicitario no dijera mejor. Pero aún así, por alguna razón, Starfire se había ganado su atención, en especial con lo siguiente que hizo.

– ¿Tú qué piensas, Robin? – Preguntó, haciendo su cabeza un poco hacia el frente.

Raven se sobresaltó ligeramente al escuchar cómo le preguntaba eso, y su atención se acrecentó. De inmediato, miró hacia el asiento de Robin, aunque al estar sentada justo detrás de él no podía siquiera verlo. Aún así, deseaba escuchar su respuesta. “¿Tú qué piensas Robin?”

El chico maravilla volteó a ver a Starfire con tranquilidad, y no pareció pensar mucho en su respuesta.

– La verdad no pienso que se trate de un día fuera de lo normal, Starfire. – Contestó. – Cyborg tiene algo de razón en lo que dice.

Su respuesta pareció desalentar a Starfire, pero a la vez también a Raven. ¿Qué le pasaba? ¿Esperaba que diera otro tipo de respuesta? ¿Y qué si lo hacía? ¿Por qué sería eso tan importante?

– Aunque… – Escucharon como Robin agregaba, y ambas alzaron de nuevo sus miradas con expectación. – Supongo que a nadie le molesta recibir chocolates de regalo. Claro, al menos que no te guste el chocolate.

Esa respuesta que para cualquiera resultaría muy burda, viniendo de Robin era decir demasiado. ¿Qué significaba esa respuesta? ¿Acaso era una manera de no ser tan pesimista con Starfire y no desalentarla en algo que evidentemente la emocionaba mucho? ¿O realmente pensaba lo que decía?

– Entonces, ¿si alguien…? – Starfire estaba por decir algo, pero pareció detenerse como si acabara de olvidar lo que iba a decir. Tomó el folleto de nuevo y releyó una de sus partes en voz alta. – Si alguien querido te demuestra su cariño con un detalle que guste a tu paladar, de nuestra surtida variedad de chocolates, ¿lo recordaras por siempre?

Era evidente que acababa de leer íntegramente la frase publicitaria de la dulcería, pero era claro el punto de la pregunta.

– Bueno, no sé si por siempre, pero supongo que no me molestaría. – Contestó un poco dudoso.

Esa fue suficiente respuesta para Starfire, y a la vez también para Raven. Evidentemente Robin no tenía ninguna opinión especial por el Día de San Valentine, pero tampoco le desagradaba la idea de recibir chocolates. Starfire volvió a sentarse con normalidad en su asiento, y fue en ese momento en el que pudo notar que su compañera de equipo no estaba del todo ausente en la conversación, y eso provocó que una amplia sonrisa surgiera en sus labios.

– ¿Y qué hay de ti, Raven? – Preguntó entusiasmada la extraterrestre.

Raven se sobresaltó al escuchar su pregunta, y rápidamente se volteó hacia otro lado, al tiempo que se cubría su cabeza con su capucha. Sin embargo, lo que realmente quería cubrir era el notorio sonrojo que había surgido en sus mejillas, y que ella podía sentir vívidamente. ¿Qué le tenía que contestar? ¿Cuál era su opinión real del Día de San Valentine? Era una pregunta tan tonta que jamás se la había hecho hasta ese momento, y eso era porque pensaba que tenía muy clara su opinión; nada más alejado de la realidad al parecer.

– Yo… – Balbuceó dudosa la hechicera, intentando encontrar las palabras adecuadas para expresar una idea que aún ni tenía.

De pronto, su meditación fue interrumpida por una aguda y fuerte risa, proveniente directamente de la boca de Cyborg.

– ¿Le preguntas a Raven que piensa del día de San Valentine? – Preguntó divertido el conductor. – Raven es demasiado madura y sensata como para que le guste una fiesta llena de corazones y chocolates, ¿cierto, Raven?

¿Demasiado madura y sensata? ¿Qué significaba eso? ¿Era una forma “linda” de decir “amargada e indiferente”? ¿Eso era lo que él pensaba de ella? ¿Lo que todos sus amigos pensaban de ella? No podía culparlos, esa es la imagen que ella misma se había esforzado en proyectarles a ellos, incluso a sí misma. Cerró sus ojos con cierto pesar y volteó a ver de nuevo a la ventanilla como antes.

– Sí, eso mismo. – Contestó en voz baja la joven de piel gris.

Starfire no estaba del todo convencida que decía la verdad, pero igual se sintió un poco mal de que su compañera, la única mujer además de ella, no la apoyara. Pero aún quedaba una persona, y ésta la llenaba de optimismo. Rápidamente se giró emocionada hacia el Chico Bestia, con sus ojos casi brillando.

– Bueno, de seguro un romántico como Chico Bestia me entenderá, ¿verdad?

El chico verde no contestó de inmediato; seguía pensativo, viendo como el vehículo avanzaba poco a poco por la calle, viendo los postes de luz pasar, los edificios y casas. ¿Un romántico había dicho? Un romántico al que la única chica que le había hecho caso en su vida ahora lo manaba al diablo. Lo único bueno, o tal vez lo peor del asunto al mismo tiempo, es que era la chica más grandiosa que había conocido. ¿Qué clase de opinión podría tener en esos momentos?

– Tal vez… Tal vez ellos tienen razón, Starfire. – Comentó de pronto, rompiendo las ilusiones que Starfire había puesto en él. – Tal vez es una fiesta tonta.

La sonrisa desapareció poco a poco de sus labios, y con cierta decepción se fue sentando en su asiento con la mirada baja. Siguió revisando el folleto de igual forma, viendo todo lo que decía, y las fotos de los chocolates, aunque ya no parecía tan emocionada como antes. Ninguno dijo palabra alguna en el resto del camino hasta la torre.

FIN DEL CAPITULO 04

NOTAS DEL AUTOR:

En este capítulo se menciona a Geo-Force, hermano mayor de Terra. Este personaje nunca apareció en la serie animada, pero el hecho que se menciona en este capítulo ocurrió en el cómic Número 51 de Teen Titans Go! En donde Geo-Force llega a Jump City a buscar a su hermana.

  Capítulo Anterior Capítulo Siguiente  

Teen Titans: The Sinners. Han pasado unos cuantos meses desde que los Jóvenes Titanes derrotaron a la Hermandad del Mal, y volvieron a Jump City. Todo ha sido muy tranquilo desde entonces, pero las cosas están comenzando a cambiar. ¿Qué es esto que Raven ha empezado a sentir por su líder, Robin?, ¿Y quién es ese misterioso chico que afirma ser su hermano? Aunque siempre había logrado mantener en absoluto control sus sentimientos y pensamientos, estos cada vez parecen comenzar a dominarla. Y si no es capaz de aclarar su mente a tiempo, podría caer víctima de aquello que siempre temió, y arrastrar a todos sus amigos con ella…

+ «Teen Titans, la Serie Animada» © Glen Murakami, DC Comics, Warner Bros. Animation.

Si te ha gustado mi trabajo y deseas ver más de él, puedes apoyarme invitándome un café. Será enormemente apreciado.

2 pensamientos en “Teen Titans: The Sinners – Capítulo 04. Una Semana Después

  1. Pingback: Teen Titans: The Sinners – Capítulo 05. Admiradores Secretos – WingzemonX.net

  2. Pingback: Teen Titans: The Sinners – Capítulo 03. Supergirl Go!, Parte 3 – WingzemonX.net

Deja un comentario