Fanfic Harmonía I: Solsticio de Verano – Capítulo 02. La Protegida de Celestia

14 de diciembre del 2016


HARMONÍA I:
Solsticio de Verano

Por
WingzemonX

Capítulo 02
La Protegida de Celestia

Pese a que la Capitana Cadence tenía reputación de ser una persona muy amable y accesible, eso de ninguna forma hacía a un lado el que pudiera ser estricta cuando se trataba de ser la examinadora de un grupo, en especial si se trataba de un examen. La parte teórica del Examen de Transmutación Avanzada que aplicó esa mañana, resultó ser más complicado de lo que la mayoría esperaba. Sin embargo, resultó ser un reto mediano para Twilight Sparkle, quien había estado repasando cada teorema una y otra vez durante la última semana, y especialmente la noche anterior. De la hora y veinte minutos que tenían en total para resolverlo, a Twilight le tomó exactamente cuarenta y dos minutos, pero se tomó diez minutos adicionales para revisar todo con sumo cuidado y estar segura de que había respondido lo que deseaba.

Una vez que entregó su examen, Spike y ella salieron y se dirigieron a una terraza no muy lejos del salón, una parte más privada y tranquila, para poder practicar por última vez su hechizo de transmutación sobre una de las naranjas que había llevado consigo. De nuevo, justo como había pasado un par de hora atrás, la naranja se convirtió en una perfecta esfera de metal.

– ¿Lo ves? – Comentó Spike confiado. – Ésta ya es la ciento cuarenta y tres. Lo tienes todo perfectamente dominado y bajo control.

– Eso parece. – Murmuró Twilight algo pensativa, sosteniendo la esfera de metal sobre su mano derecha. Por alguna razón, no se veía más segura.

Pasó el tiempo límite para realizar el examen teórico, y luego los diez minutos de descanso. Luego de ello, todos tuvieron que volver al salón y tomar una vez más sus asientos. Cuando Twilight y Spike volvieron, Cadance estaba sentada en uno de los escritorios. Al parecer había invertido los diez minutos del descanso para darle un vistazo rápido a alguno de los exámenes entregados. Cuando todos estuvieron ya de nuevo, la Capitana alzó su mano derecha hacia la puerta del salón, y un brillo rosado como polvos en el aire, se dirigieron hacia ella y al tocarla ésta se cerró con delicadeza.

– No he terminado de revisar todos los exámenes, pero parece que la mayoría lo hizo muy bien; así que estén tranquilos – Comentó con entusiasmo al pararse de su escritorio. Tomó la lista de alumnos que había traído consigo y se paró al frente de todos – Ahora, para la parte práctica del examen, cada quien pasará al frente cuando diga su nombre, y realizará el conjuro de Transmutación sobre el objeto que hayan elegido. Recuerden que se les calificará en relación a la complejidad de la transmutación que realicen. ¿Alguna duda?

– Señorita Cadance. – Comentó de pronto un chico en el extremo del salón, alzando su mano derecha. – ¿Qué pasa si olvidé traer un objeto conmigo para transmutar?

– Te recomiendo intentar usar tu lápiz o tu zapato, porque de lo contrario reprobarás. – Fue la respuesta tranquila, aunque un poco amenazante, de Cadance. El resto del salón se soltó riendo un poco, avergonzando al chico que había hecho la pregunta. – Si no hay más dudas, empecemos.

Alzó la hoja de papel frente a ella y leyó el primer nombre de ésta.

– Moon Dancer.

Al oír su nombre, una chica de cabellos rojos y mechas rosadas, de piel blanca, se paró de su lugar en la primera fila y se dirigió al frente del salón.

Conforme Cadance los llamaba, cada uno pasaba para realizar el conjuro elegido. La mayoría realizaba el más sencillo para estos casos, que era convertir un mineral común en otro, como cuarzo en carbón, amatista en sal, o sal en grafito en polvo. Entre los más complejos que habían hecho, se encontraba convertir madera en agua y una hoja de papel en una piedra. Pero ninguno había intentado algo parecido a lo que Twilight tenía pensado hacer. ¿Había elegido algo más complicado de lo necesario acaso? ¿Era esa su intención desde un inicio?

– Por favor, no me digas que sigues nerviosa. – Escuchó de pronto que Spike le decía mientras ella miraba el desempeño de los demás.

– Claro que no.

– ¿Y porque te comes la goma de tu lápiz?

Al escuchar tal pregunta, Twilight se volvió consciente de que en efecto, había estado mordiendo la goma de su lápiz desde hace unos minutos, y está ya se encontraba algo gastada. Comenzó a toser con fuerza, aunque despacio para no llamar la atención, intentando expulsar cualquier pedazo que hubiera quedado en su boca.

– Ya te lo dije mil veces; lo harás bien, descuida.

– Eso no lo sabes.

– Twilight Sparkle. – Se escuchó que alguien pronunciaba a lo lejos, pero ninguno de los dos pareció captarlo.

– Tal vez debí elegir algo más sencillo. ¿Será tarde para cambiar de objeto? Tal vez pueda convertir un mechón de mi cabello en oro.

– ¿Puedes hacer eso?

– ¿Twilight Sparkle? – Repitió de nuevo la misma voz, con el mismo resultado.

– Bueno, quizás no en oro. Pero sí en pirita.

– Ya practicaste más de cien veces lo de la naranja. Para ser alguien a quien apodan “Perfección”, me sorprende como vives con un constante miedo al fracaso.

– Eso no fue nada gracioso, ¿lo sabes?

– Twilight Sparkle. – Sonó ahora con un tono marcadamente más alto que las veces anteriores.

– Te toca, sabelotodo. – Agregó de manera despectiva un chico sentado a dos lugares a su izquierda.

Fue hasta entonces que Twilight se dio cuenta al fin de que la estaban llamado, y de que de hecho, la persona que lo hacía era justamente la Señorita Cadance al frente del salón.

 – ¡Ah!, ¡presente! – Exclamó apresurada al ponerse de pie. – Digo… Esa soy yo, yo soy Twilight Sparkle…

– Eso ya lo sabemos. – Se escuchó que alguien decía en voz alta en tono burlón, y todos los demás lo acompañaron con risas.

Twilight se sintió irremediablemente apenada, sintiendo todas las miradas sobre ella, al igual que las risas.

– Silencio todos. – Exclamó Cadance con fuerza, y poco a poco todos fueron callando. – Pasa al frente Twilight, por favor.

Se apresuró a tomar su mochila en la que llevaba las naranjas, y luego bajó a paso veloz los escalones del anfiteatro. Spike tenía razón, ya había practicado bastante su conjuro, y parecía ya haberlo dominado. No tenía nada de qué preocuparse.

– ¡Rómpete una pierna! – Le gritó Spike con fuerza.

– ¡Eso sólo se dice en el teatro…! – Le respondió virándose sobre su hombro, pero a medio camino sus palabras fueron interrumpidas, pues algo aparentemente se había interpuesto en el camino de sus pies, haciendo que se tropezara. – ¡Aaaaah!

El cuerpo de Twilight fue lanzado hacia el frente, y dio una maroma hasta caer de espaldas contra el suelo, justo a los pies de Cadance. Twilight se quedó tirada y aturdida, con el techo sobre ella dándole vueltas. Escuchaba de manera lejana las risas sonoras de todas las personas en el salón, pero de hecho no estaban tan lejanas como le parecían. Cadance se alarmó al verla en el suelo, y rápidamente se le acercó para ayudarla a levantarse.

– ¿Estás bien, Twilight? – Le preguntó con un tono suave, tomándola de la cabeza con un mano, y de un brazo con la otra, para ayudarla a sentarse.

– Sí, sí, no me dolió nada…

Mientras se recuperaba, claramente escuchó una risilla muy distintiva que resaltaba de todas las demás. Lentamente se giró sobre su hombro, y lo primero que sus ojos vieron con claridad, fue a Trixie, sentada justo al lado de los escalones por los que estaba bajando, y por coincidencia más o menos a la altura a la que se había tropezado. La miraba desde su asiento con una sonrisa prepotente de oreja de oreja; la pequeña serpiente en su muñeca parecía mirarla y sonreírle de la misma forma.

La expresión de Twilight se endureció. No necesitó pensarlo dos veces para saber que su tropiezo no había sido ningún accidente; lo más seguro es que le había metido el pie a propósito.

– Basta todos, no es divertido. – Los regaño Cadance con dureza, y entonces centró su atención en la joven de piel azul y cabellos blancos. – Trixie Lulamoon.

– ¿Qué? Yo no hice nada. – Respondió con una marcada y falsa inocencia. – No es mi culpa que no se fije por donde pisa.

– Quiero hablar contigo antes de que te vayas.

Trixie farfulló con fastidio, y se giró hacia otro lado cruzada de brazos. Si había hecho lo que Twilight pensaba, no parecía nada arrepentida. Dejando su penosa caída a un lado, se puso de pie con ayuda de Cadance, se limpió su falda y se dirigió al frente del salón parándose detrás de uno de los escritorios.

Teniendo todos su atención puesta en la hechicera que estaba por presentar su examen práctico, ninguno notó que una de las puertas en la parte alta del anfiteatro, se había abierto lentamente para no hacer ruido, y una persona había ingresado. Esta persona no hizo nada para que se notara su presencia, sólo se quedó de pie frente a la puerta, observando.

Twilight respiró hondo una última vez para tomar fuerzas, y entonces abrió su mochila.

– Para el examen transmutaré una naranja… – Comenzó a pronunciar con fuerza, pero se calló tan rápido como había comenzado.

Tenía su mano en el interior de su mochila, y sus ojos morados puestos en el contenido de ésta. Había traído un total de cinco naranjas consigo al salir de su cuarto. Una la había usado para practicar, y otra la había comido para recuperar energías; por lo que aún quedaban tres. Pero sólo necesitaba una… ¿o no? Volvió a ver de reojo a Trixie, que seguía con su cara de molestia tras el regaño de Cadance. Ella acababa de pasar un poco antes que ella, y había transformado una llave de cobre en una llave de hielo. Impresionante, pero no tanto como lo que ella estaba por hacer. Aunque… Podía ser mejor…

Ni siquiera pensó mucho al respecto, ni siquiera se detuvo a considerar en que tan buena o mala idea era. Sólo pensaba en la cara que pondría Trixie Lulamoon. De la nada, tomó las tres naranjas y las colocó juntas sobre el escritorio.

– Transmutaré tres naranjas… En un cubo de metal. – Pronunció con energía y con una sonrisa astuta en los labios.

Casi todos soltaron una exclamación de sorpresa ante lo que acababan de escuchar; incluso Trixie pareció sorprendida. Pero el más sorprendido de todos, pareció ser Spike.

– ¡¿Qué cosa?! – Se le escapó de pronto, y luego tuvo que taparse a sí mismo la boca para no decir más.

Era una locura, había practicado como loca el conjuro de una naranja a esfera de metal, y hasta hace unos minutos parecía preocupada de no poder lograrlo. ¿Y ahora salía con ese cambio? ¿Acaso se había golpeado la cabeza al caerse o algo así?

– ¿Estás segura, Twilight? – Le cuestionó Cadance, parándose a su diestra. – Crear un objeto a partir de tres, y de una forma tan diferente a la original, es muy complicado. Con transformar una naranja en una esfera de metal, será suficiente para pasar este examen.

Convertir un objeto homogéneo, además de orgánico, como una naranja en un material tan duro y complicado como el metal, ya era de por sí más complicado que la media de lo que habían hecho los demás, o de lo necesario para el nivel de ese examen. Pero lo que había expresado que haría superaba por mucho lo anterior. Era tomar tres objetos como base, y a partir de ellos transmutar, no sólo en efecto un objeto de metal, sino un objeto de metal con una forma tan específica como un cubo. Era algo bastante complejo, todos lo sabían, Twilight lo sabía. Pero como si intentara demostrarse algo a sí misma, o a Trixie, o a todos los demás, estaba más que decidida en hacerlo.

– No hay problema, eso es lo que haré. – Dejó muy en claro sin apartar su mirada de las naranjas en el escritorio.

– Si insistes, adelante.

Ya no había vuelta atrás. Luego de haberlo dicho con tanta seguridad, quedaría en ridículo si no era capaz de lograrlo. Cerró sus ojos unos momentos, junto sus manos frente a su rostro mientras respiraba lentamente y entonces volvió a abrirlos. Comenzó a ver con suma atención las tres naranjas. No eran del mismo tamaño, ni siquiera de la misma forma; una era más esférica, otra un poco más ovalada. Su color también era distinto, una era más verde que naranja. Tenía que visualizarlo todo, incluso las imperfecciones en sus pieles.

La persona que había entrado en silencio al salón, se encontraba ahora recargada contra uno de los pilares, con sus manos cruzadas al frente. Miraba con curiosidad a la joven al frente del salón, aguardando a ver lo que haría.

Pasaron unos cuantos segundos, tal vez más de un minuto, y nada ocurría. Twilight seguía quieta como una estatua, con su atención puesta en las naranjas. Sus ojos se entrecerraban un poco, y su frente se arrugaba como si estuviera haciendo esfuerzo. Pero todo seguía igual.

– ¿Por qué no pasa nada? – Murmuró uno de los alumnos en tono burlón.

– Me estoy haciendo viejo. – Le secundó uno más.

– Tal vez se convirtió a sí misma en una estatua de metal. – Escuchó una tercera voz, que hubiera jurado era la de Trixie, pero como intentaba no desconcentrarse, no le había puesto suficiente atención.

Pero la verdad era que sí estaba tomando más de lo debido. Si hubiera sido una naranja en esfera de metal, ya hubiera terminado hace un rato atrás. Comenzaba a decirse a sí misma la pésima idea que había sido hacer ese cambio. ¿En qué estaba pensando? ¿Tres naranjas?, ¿y en un cubo de metal? Aparentemente convertir una naranja ya le había parecido demasiado sencillo y quería asegurarse el fracaso, de otra forma hubiera sido bastante aburrido, ¿no?

– Puedes hacerlo. – Escuchó que Cadance le susurraba despacio cerca de su oído derecho, y entonces colocó una mano sobre su hombro. – No dejes que la ansiedad te dominé… Recuerda…

Por el rabillo del ojo, vio como Cadance respiraba con profundidad al tiempo que pegaba su mano a su pecho, y luego exhalaba con lentitud extendiendo su brazo lejos de ella. Era un viejo truco que le había compartido cuando era apenas una niña. Cadance le había dicho que el miedo, la ansiedad, la vergüenza, la preocupación, todo eso eran malas energías que se acumulaban en el pecho, y uno podía simplemente tomarlas y expulsarlas de su cuerpo por medio de la respiración, y alejarlos. No había ningún principio mágico teórico que respaldara tal afirmación, pero aun así siempre le funcionaba.

– Sí…

Twilight cerró sus ojos, inhaló una fuerte cantidad de aire por la nariz hasta inflar sus pulmones, y pegó su mano contra su pecho. Sostuvo la respiración por dos segundos, y luego comenzó a soltar el aire lentamente por su nariz, al mismo tiempo que su mano se alejaba de ella, hasta extenderla lo más posible. De alguna forma que no entendía, eso siempre funcionaba, y esa ocasión no había sido la excepción. De un momento a otro, todo se volvió mucho más ligero. Ya no tenía en su cabeza al salón, a los demás estudiantes, ni nada más. Se sintió de nuevo en su cuarto, sentada frente a su escritorio.

Las tres naranjas se volvieron mucho más claras, su imagen se volvió tan vivida en su cabeza, que se sentía capaz de dibujarlas de memoria. Ahora, era el momento… Extendió sus dos manos al frente, colocándolas a centímetros de sus objetivos. Sus dedos se flexionaron un poco, y los músculos de su rostro se tensaron. Sus dedos comenzaron a brillar con chispas rosadas y moradas, que volaban de sus manos y comenzaban a rodear las naranjas, como si quisieras crear un pequeño remolino en torno a ellas. Las tres naranjas se pegaron la una a la otra, más y más, hasta que pareciera que sus pieles comenzaban a fusionarse entre sí. De un abrir y cerrar de ojos, las tres ya no eran visibles de forma individual, sino que se habían fundido en una extraña masa naranja que se agitaba como una gelatina.

El esfuerzo en el rostro de Twilight se volvió mucho más tangible. Movió sus manos hacia un lado y hacia el otro, y con sus movimientos la masa naranja se movía igual. Intentaba darle una forma cubica, lo cual no era nada sencillo. Sin embargo, poco a poco la masa anaranjada se fue comprimiendo, hacia un gran ovalo, y luego se fue compactando más y más hasta formar un cubo. La piel anaranjada del cubo se fue oscureciendo en diferentes puntos, y luego se extendió por todo él, hasta que, ante los ojos de todos, se convirtió en un verdadero cubo de metal, de cinco centímetros, por cinco centímetros por… cinco punto cuatro centímetros; casi perfecto.

Twilight dejó bajar sus brazos cansados hacia los lados, y de su boca surgió un fuerte suspiro de cansancio. Comenzó a respirar con mucha agitación. Estaba cansada, muy cansada y sentía el cuerpo pesado. Sin embargo… Lo había logrado.

– Lo hice… ¡Lo hice! – Exclamó con fuerza y entusiasmo.

– ¡Bien hecho, Twilight! – Exclamó Spike lleno de alegría, comenzando a aplaudir con fuerza. Sin embargo, a los pocos segundos no sólo se dio cuenta de que nadie aplaudía con él, sino que algunos lo volteaban a ver con fastidio, por lo que poco a poco fue apagando sus aplausos.

– Presumida. – Se escuchó que alguien decía.

– Qué sorpresa, Twilight “Perfección” Sparkle de nuevo haciéndolo todo bien.

– Tenías que hacernos quedar mal, ¿verdad?

– No le bastaba con aprobar, tenía que dejarnos ver como tontos.

Twilight alzó con debilidad su mirada hacia los otros. Más que impresionados por su acción, parecían molestos, realmente disgustados. Bajó su mirada con molestia, y apretó sus puños sobre el escritorio. ¿Por qué le sorprendía?, ¿enserio esperaba que reaccionaran de otra forma? Pero no le importaba. Lo había logrado, una proeza mucho mayor a la que se había propuesto esa mañana. Eso era lo que importaba…

De pronto, otros aplausos, comenzaron a resonar en la habitación, pero no eran los de Spike. Eran mucho más discretos, pero no por eso con poco sentimiento. Todos comenzaron a ver a su alrededor, intentando descubrir quién era la persona que aplaudía. Pero no era ninguno de los sentados en las butacas. El sonido venía de más arriba…

Casi como si se hubieran querido coordinar, todos se voltearon al mismo tiempo en dirección a la parte superior del anfiteatro. Ahí, parada frente a una de sus columnas, se encontraba la persona que había entrado a escondidas mientras Twilight comenzaba su conjuro; y era justamente esa persona quien estaba aplaudiendo. Los ojos de todos se abrieron por completo ante la sorpresiva figura.

– ¡Reina Celestia! – Exclamaron la mayoría en unísono.

Se trataba de una mujer alta, muy hermosa, de rostro de perfil delicado, piel totalmente blanca como nieve, ojos grandes de color morado, muy brillantes como estrellas. Sus labios delgados estaban pintadas con un hermoso tono morado. Su cabello era tal vez lo más resaltante. Era ondulado, y se movía como si danzara, como si estuviera vivo. Era de diferentes tonos de colores rosados, verdes y azules, y parecía tener brillos impregnados en él. Usaba un largo vestido blanco puro con dorado, que marcaba a la perfección su delicada y hermosa figura; tenía los hombros descubiertos, y se encontraba abierto del lado de su pierna izquierda. Usaba una corona dorada, de tamaño modesto de tres picos, con una gema morada al frente; usaba además una gargantilla dorada, también adornada con una gema del mismo color que la de la corona. Era una imagen hermosa, atrayente, realmente resplandeciente… Literalmente. Parecía estar rodeada por una extraña aura, que brillaba tenuemente.

Todos sabían quién era esa persona; era imposible que alguien en toda Equestria no lo supiera. Era Lady Celestia Ultimecia de Enquestria, la Diosa Protectora y Regente de Equestria, la última de los Antiguos, una legendaria raza de Dioses que según se dice habían habitado ese mundo mucho antes que cualquier otro ser vivo conocido. Era la Reina y la Diosa de cada ciudadano de Equestria, además de ser la maestra y dirigente de la Academia de Hechicería Divina de Canterlot y la Orden de los Caballeros Divinos.

Cuando todos se dieron cuenta de su presencia, pausó abruptamente sus aplausos, y volvió a bajar sus manos, cruzadas al frente. Casi todos rápidamente habían intentado levantarse para inclinarse, pero ella los detuvo.

– Por favor, no se levanten. – Exclamó con un tono suave, dulce, casi armonioso. – Lamento la interrupción. Sólo quería ver cómo les iba en su examen.

– Ya estábamos por terminar, su Excelencia. – Comentó Cadance con calma. Ella había sido la única que notó su presencia desde el principio, pero no la había hecho notar.

Celestia asintió con su cabeza ante la información proporcionada por Cadance.

– Espero que todos hayan dado lo mejor de cada uno.

Todo en su porte parecía cargado de elegancia. Cada palabra, cada movimiento, parecía planificado al detalle. Pasó su vista por cada uno de los alumnos, hasta posar su atención justo en Twilight Sparkle, sonriéndole con gentileza.

– Twilight Sparkle. – Pronunció de pronto, haciendo que la nombrada hechicera se sobresaltara casi asustada. – Cuando termines aquí, quisiera verte en la Biblioteca Pentagonal, si te es posible.

– ¡¿A mí?! – Exclamó con fuerza, aunque luego intentó calmarse. – Digo, sí… Claro.

Celestia le sonrió una última vez con amabilidad, y entonces se dio la media vuelta y comenzó a caminar a paso lento hacia la misma puerta por la que había entrado.

– Sigan adelante.

Las puertas parecieron abrirse por sí solas ante ella, y luego se cerraron detrás cuando ya había salido. Fue muy difícil para todos calmarse luego de la visita tan inesperada, pero Cadance se les arregló para ello.

– Vamos a continuar. Twilight, buen trabajo. Vuelve a tu asiento, por favor.

– Sí, enseguida…

Siguiendo la instrucción de Cadance, Twilight comenzó a caminar de regreso a su lugar, algo pensativa por lo que acababa de ocurrir. Al caminar a lado de Trixie, ambas intercambiaron una mirada furtiva, nada amigable, y luego siguió su camino. El resto de los estudiantes que faltaban de presentar su examen pasaron, pero Twilight no les puso atención.

Luego de que todos terminaran, Cadance les indicó que podían retirarse, y así lo hicieron. Todos comenzaron a salir por las diferentes salidas del Anfiteatro, excepto Trixie, que tal y como Cadance le había dicho, tendría que quedarse un poco más a hablar con ella. Cuando Spike y Twilight estaban en el marco de la puerta, Cadance ya estaba de pie a lado del asiento de Trixie, y comenzaba a reprenderla.

– Espera, Twilight. – Le murmuró Spike antes de salir. – ¿No quieres quedarte a ver como Cadance regaña a Trixie?

– No hay tiempo para eso. – Le respondió Twilight sin detenerse. – Debemos de ir a ver a Lady Celestia, ¿recuerdas?

– Sí, está bien…

Resignado, Spike siguió a su ama por los pasillos en dirección a la Biblioteca Pentagonal.

La Biblioteca Pentagonal era llamada así, obviamente, porque tenía cinco paredes en lugar de cuatro; es decir, tenía forma de pentágono. Era una de las tres bibliotecas del área de la Academia, y la más grande de ellas. Se encontraba en la torre más al oeste, y para llegar ahí desde el salón del examen, había que recorrer un largo trayecto por un par de pasillos. En todo ese largo camino, Twilight no dejaba de pensar, y pensar, y pensar…

– ¿Qué querrá decirme? – Murmuraba en voz baja. – Tal vez vio cómo me caí, o tal vez piensa que fue demasiado pretencioso lo del cubo de metal y me quiere reprender. Ay no, ¿Qué hago?, ¿qué hago?

Spike suspiró con un poco de fastidio al escuchar los pensamientos en voz alta de su amiga. Era increíble cómo podía pasar de una crisis innecesaria, a otra crisis innecesaria, y tan rápido.

– Relájate Twilight.

– ¡Deja de decirme que me relaje!

– Lo que trato de decir es que no hay motivo para preocuparse. Después de todo, eres la Protegida de la Reina Celestia. No es raro que te cite de esta forma.

La Protegida de la Reina Celestia. Obviamente no era como tal un título oficial, pero de cierta forma encajaba. Lady Celestia era quien dirigía la Academia, y también servía de maestra de algunas lecciones para el alumnado. Pero era obvio que sus obligaciones como regente de Equestria y líder de la Orden, no le permitían ser maestra a tiempo completo de todos. Y de hecho, nadie lo esperaría; estamos hablando de Celestia Ultimecia de Equestria, después de todo. Sin embargo, al parecer, a lo largo de los años Lady Celestia había tomado en ocasiones a algunos alumnos para convertirse en su tutora directa… Sí, en efecto, aunque sonara difícil de creer, en varias ocasiones Lady Celestia, la Diosa, la Reina, elegía a ciertos alumnos de su Academia para darles varias lecciones ella misma. No eran sólo lecciones, sino que incluso convivía con estos alumnos fuera de clases, y les daba consejos, tanto en el ámbito de la magia, como de la vida. Y eran estos alumnos a los que los demás llamaban “Los Protegidos de la Reina Celestia”.

No era claro cómo era que elegía a quienes tendrían ese enorme y ambicionado honor, pero era bien conocido por todos que Blue Blood, Shinning Armor Sparkle, y Cadance, los actuales Capitanes de la Orden, habían sido tres de ellos, por lo que se rumoraba que elegía a los que veía con mayor potencial para volverse parte de la Orden. Fuera cierto o no, para bien o para mal, Twilight Sparkle resultó ser también una de ellos.

Todo había comenzado el mismo día en que realizó su conjuro de invocación para su Familiar, el día en que conoció por primera vez a Spike. Lady Celestia había hecho llamar a Twilight para conocerla, al parecer intrigada por el Familiar tan peculiar que había invocado. De ahí en adelante, como una o dos veces a la semana, ella la invitaba a tomar el té, o repasar con ella sus últimas lecciones. Al principio pensó que sólo quería ser amble con ella por ser hermana de Shinning Armor. Luego un día, comenzó a darle algunos consejos, e incluso a enseñarle conjuros y sugerirle libros. Cuando menos lo pensó, y sin que alguien se lo avisará con anterioridad, se había convertido ya en la actual Protegida de Celestia.

Eso no le molestaba, de hecho, se sentía muy feliz por ello. La Reina Celestia no sólo era la Reina de Equestria y su Diosa, era de seguro la Hechicera más poderosa del mundo entero, además de ser la persona más inteligente, amable y cándida que había conocido. El estar sólo en la misma habitación que ella, era ya todo un honor. El hecho de que ella la volteara a ver, que quisiera hablar con ella, que le confiara tantas cosas… Era demasiado, tanto que en ocasiones le era difícil de creer. Siempre pensaba que terminaría por hacer o decir algo incorrecto, ella se enojaría y dejaría de tratarla, o aún peor, la expulsaría de la Academia, o la encerraría, o la desterraría, o la ejecutaría… O algo así.

¿Pero cómo no sentirse así? ¿Quién no se sentiría así de nervioso al estar en su presencia?, ¿quién no estaría temeroso de hacer algo que la hiciera enojar? A pesar de los tres años que había pasado ya en su compañía, aún no se había acostumbrado a ello; de hecho, mientras más la conocía, más le impresionaba, y más le intimidaba a su vez.

Tan sumida estaba en pensar todo ello, que cuando menos lo pensó ya estaban frente a la puerta de la Biblioteca Pentagonal. Eran dos puertas de madera, de tres metros de alto, cada una con un sol grande tallado en ella, y con pomos dorados.

  – Sí, sí… Tienes razón. – Exclamó Twilight nerviosa, admirando las puertas ante ella. – Esto es normal, totalmente normal. Sí, sólo entraremos y… ¡No puedo hacerlo!

Alimentada por el pánico, Twilight se dio media vuelta y se dispuso a salir corriendo.

– ¡Espera!, ¡Twilight! – Gritó Spike, y rápidamente la tomó de su pierna intentando detenerla.

– ¡Déjame ir!

– ¡No lo haré!

Spike ejercía resistencia, pero aun así Twilight insistía en seguir avanzando. De pronto, las dos grandes y pesadas puertas de madera se abrieron de par en par, y al escuchar eso tanto Spike como Twilight rápidamente se pararon derechos y se giraron haca la puerta como si nada hubiera pasado. Como esperaban, del otro lado, surgió la figura inconfundible de la Reina Celestia, con la misma elegancia y brillo que tenía hace unos minutos en el salón de clases.

– Creí escuchar tu voz, querida Twilight. – Saludó la Diosa, sonriendo levemente con mucha gentileza.

– Ah, hola, su Excelencia. – Regresó el saludo la hechicera de piel morada, haciendo una reverencia profunda al frente. – No estaba huyendo… Ni nada parecido…

– Claro que no. Pasa, por favor.

Celestia se dio media vuelta y volvió a entrar a la biblioteca, esperando que Twilight y Spike la siguieran. Sin opción a negarse o hacer algo más, Twilight y su Familiar entraron, y las puertas se cerraron detrás de ellos justo después.

FIN DEL CAPITULO 02

Notas del Autor:

– Sólo para aclarar, el nombre Celestia Ultimecia de Equestria es inventado por mí (al menos la parte de Ultimecia), no me basé en nada en especial para ponerlo, sólo me gustó como sonaba.

– También quería comentar que a lo largo de esta historia, se referirá a Celestia de diferentes formas, pero no como “Princesa”. Esto porque la verdad no me agrada esa tendencia a glorificar tanto el término de Princesa, en especial cuando Celestia en la serie es incluso algo más que sólo una Reina. Así que no se extrañen que se mencione frecuentemente su papel de Diosa y Reina, mas no se refieran a ella como Princesa.

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Harmonía I: Solsticio de Verano. Twilight Sparkle es una Aprendiz de Hechicería, Protegida de Lady Celestia, la Diosa Guardiana y Regente de Equestria. Desde pequeña, siempre ha sabido cómo hacer todo por su cuenta, dependiendo sólo de su inteligencia y su magia, lo que ha hecho nunca necesitar de amigos. ¿Pero qué pasará cuando se encuentre con una Fuerza Oscura de hace mil años, a la que no puede hacer frente ella sola?, ¿podrá confiar en estas cinco extrañas chicas que acaba de conocer para salvar a su mentora, y quizás a toda Equestria? ¿Y qué pasará cuando descubra el secreto que Lady Celestia ha escondido durante estos mil años…?

+ «My Little Pony: Friendship is Magic» © Lauren Faust, Hasbro Inc., Hasbro Studios.

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2 pensamientos en “Harmonía I: Solsticio de Verano – Capítulo 02. La Protegida de Celestia

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