Fanfic Resplandor entre Tinieblas – Capítulo 28. Abra

13 de noviembre del 2018

Resplandor entre Tinieblas - Capítulo 28. Abra


Resplandor entre Tinieblas

Por
WingzemonX

Capítulo 28.
Abra

Esa noche, poco después de hablar con Matilda, Cole y Cody, Eleven se comunicó con Mónica, quien era de manera oficial la Jefa de Informática de una empresa de consultoría bastante respetable en Des Moines, y extra oficial una ciberactivista que no temía cruzar las líneas de lo legal de vez en cuando por una buena causa; además de ser también una de las Rastreadoras de la Fundación con más años y experiencia en dicha labor. De hecho, muchas la consideraban como la líder no nombrada de ese pequeño grupo de colaboradores, ya que más de una vez le había tocado tener que coordinarlos; eso era algo que se le daba muy bien, cabe mencionar. Pero Mónica no sólo resplandecía y era capaz de ver y escuchar a alguien a kilómetros de distancia como si lo tuviera sentado a un lado, sino que complementaba muy bien dichas habilidades extrasensoriales con sus habilidades algo más mundanas y tecnológicas, para así obtener cualquier tipo de información cuando así lo requería. Esa combinación de habilidades en manos equivocadas serían de seguro armas bastantes peligrosas; por suerte, las de Mónica eran bastante correctas.

Sin embargo, la petición que Eleven le hizo esa noche fue bastante inusual, pues dentro de ésta venía incluida la indicación de evitar dentro de lo posible precisamente usar su clarividencia por el riesgo inminente que esto podía representar para ese caso. Esperaba, por consiguiente, que se valiera más de sus contactos y formas más convencionales de obtener información (si hackear, meterse a bases de datos no del todo públicas, cuentas de correos y redes sociales ajenas, podía considerarse como “convencionales”). Quizás no sería un gran problema, si no fuera porque sólo le había dado una palabra como pista para poder trabajar: Abra.

Tras haber dejado a Mónica con ese pequeño problema por resolver, se fue al fin a descansar. Aunque técnicamente no se había movido de su casa en todo el día (al menos para el ojo común), ese había sido también un día agotador para ella. Aun así, no pudo dormir mucho realmente. Lo que había ocurrido le preocupaba mucho más de lo que se permitía aceptar, incluso más de lo que le había transmitido a Cole, o a Mike cuando hicieron un repaso de todo lo ocurrido antes de apagar las luces.

Hacía mucho tiempo que no se sentía así de temerosa e indefensa, sintiendo que en cualquier momento, entre la oscuridad de su propia habitación, algo se materializaría, algo saldría de las esquinas y se abalanzaría directo a su cama, devorándola antes de permitirle siquiera gritar. Esto le hizo darse cuenta de lo cómoda, y quizás condescendiente, que se había vuelto con los años. Sin darse cuenta, se había puesto a sí misma, a su familia, a sus amigos y a sus colaboradores en un status quo en donde se sentían siempre seguros, siempre a salvo, y siempre intocables de cualquier fuerza maligna que quisiera ponerles un dedo encima. Y eso en realidad no era algo malo; era algo que se habían ganado tras todo lo vivido y perdido en el camino. Pero el problema venía cuando precisamente ocurría algo así, y llegaba de la nada a reventar su burbuja y demostrarle que en realidad no estaban tan seguros y a salvo como pensaba, ni mucho menos eran invencibles o intocables. Siempre habían estado expuestos y con la puerta trasera abierta, a la merced de cualquier lobo salvaje que rondara por el patio… y dicho lobo al fin se había aparecido.

A la mañana siguiente, luego de desayunar con su esposo y su hija, se dirigió a su despacho y se encerró a solas para hablar con Mónica. No esperaba que ya le tuviera alguna novedad tangible, pues prácticamente sólo había pasado unas cuantas horas, y no esperaba que se hubiera desvelado por ella.

—Me estás atando de manos, Eleven —murmuró con seriedad la voz de Mónica, sonando a través del altavoz del teléfono de su escritorio. Eleven se encontraba sentada en su silla, cruzada de piernas y envuelta en su bata de noche color azul.

—No esperaba ese tipo de quejas de tu parte, Mónica. No de parte de la mejor Rastreadora de la Fundación.

—Creí que esa eras tú.

—No empieces. —Eleven se recargó por completo contra su silla y apoyó sus codos en los respaldos para los brazos, entrecruzando además sus dedos sobe sus piernas—. Sé que es una tarea difícil, pero enserio es muy importante que me consigas lo más que puedas de esta persona, lo antes posible.

—Lo haría con gusto, si tan sólo me dieras algo con qué trabajar —exclamó Mónica a modo de reclamo—. Sólo me diste un nombre, que no sé si es nombre de pila, apellido, sobrenombre, diminutivo, nombre de mujer o de hombre… Me estás pidiendo que busque una aguja en un pajar, sin decirme siquiera en qué pajar es en el que debo buscar. Ni siquiera sabes si esta persona existe siquiera. Con quien te encontraste, tal vez sólo quería confundirte.

—No, realmente esperaba a esa otra persona —señaló Eleven con absoluta convicción—. Se oía… incluso emocionado por la idea. Es una persona real, no tengo duda de ello. Y es nuestra única pista de momento, o al menos la única que podemos seguir.

—En eso discrepo. Esto sería mucho más sencillo si nos dejaras usar nuestra percepción con Lily Sullivan o Leena Klammer, y así quizás…

—Ya dije que no —interrumpió Jane de golpe de forma tajante, casi violenta. Se inclinó inconscientemente hacia el frente, colocándose casi sobre el teléfono—. Nadie debe usar sus habilidades para rastrear a ninguna de esas niñas… o mujeres, o lo que sean, ni tampoco al otro individuo.

Eleven era consciente de lo casi incoherente que resultaba su petición, y de seguro sería imposible para Mónica entender su postura por más que se lo explicara. Pero ahora que sabía que eran vulnerables, que tenían la puerta trasera abierta para que el lobo entrara, no podían exponerse de más. Si ese individuo observaba a alguna de esas chicas, y alguno de ellos intentaba rastrearlas, sería como salir desnuda al patio cubierta de sangre, e invitar al lobo a entrar para devorarlos. ¿Exagerado?, quizás… pero no podía permitir que sus voluntarios se expusieran de esa forma a eso…

—Es muy arriesgado —concluyó Eleven sin miramiento—. Abra, quien quiera que sea, es nuestra única pista y necesito que la encuentren a la vieja escuela.

Mónica suspiró, cansada y resignada a la vez.

—A la vieja escuela también se requiere más información inicial —murmuró de mala gana.

Eleven se sentó más derecha, entrelazó sus dedos frente a su rostro y miró pensativa hacia las puertas corredizas de vidrio que daban a su amplio patio, y al bosque se extendía más allá de éste. Lo malo de resplandecer era que nunca podías estar del todo segura si una idea que se implantaba en su cabeza era sólo una idea, o la usual intuición que todas las personas poseían por naturaleza, o quizás algo más. Eso le ocurría en esos momentos con ese nombre que aquel extraño había mencionado.

“¿Eres tú, Abra?”

No tenía idea de quién era Abra, pero tenía por algún motivo la sensación de que debía de descubrirlo, de que debía encontrar a dicha persona a como diera lugar… Pero, ¿cómo hacerlo sólo con un nombre, que ni siquiera sabían si realmente lo era como tal?

Cerró sus ojos unos momentos. Si ese presentimiento realmente era algo más, entonces esperaba que pudiera darle un poco más de rumbo si se concentraba lo suficiente. Las primeras ideas que se le vendrían a la mente, eso era lo que tomaría; no era para nada el camino más científico o coherente, pero era el único que tenía.

“Me pareció que era un chico, joven, de diecisiete o dieciocho, de ojos azules y cabello negro. Era apuesto, pero… abrumadoramente aterrador”

—¿Eleven?, ¿sigues ahí? —pronunció de pronto la voz de Mónica, haciendo que reaccionara y abriera de nuevo sus ojos. No estaba segura de cuánto había pasado, pero el suficiente para para que Mónica se preocupara por su silencio.

—De acuerdo, reduce el rango de búsqueda —pronunció abruptamente, sin darse el tiempo de explicarse primero—. Creo que esperaba a una chica, quizás de su misma edad; Matilda dijo que no parecía mayor de dieciocho. Esperaba que fuera ella quien lo hubiera jalado a ese espacio, así que debe ser alguien que resplandece, y quizás con fuerza para que fuera la primera persona en la que pensara. Busca a chicas con ese perfil, por su nombre de pila, y que estén relacionadas directa o indirectamente con un caso inexplicable que pudiera deberse a la presencia del Resplandor.

—Bien, eso es algo —masculló Mónica, aún no del todo feliz—. Me acabas de reducir de mil pajares a cien.

—Es bastante si lo pones así —comentó Eleven, un poco burlona—. Dame una lista de posibles en cuanto la tengas por favor.

—No será pronto.

Mónica terminó colgando en ese mismo momento, sin siquiera despedirse. Eleven pensó en un par de cosas que le hubiera gustado decirle, pero tendría que guardárselas. Igualmente debía de ponerse un poco en su lugar y entender que no era una tarea sencilla la que le estaba solicitando.

Cortó la línea una vez que el sonido indicando el final de la llamada la exaspero. Permaneció sentada en su silla un rato, sin mirar ni pensar en nada específico. Sólo contemplaba la hoja en blanco de una de sus libretas para apuntes, abierta sobre el escritorio. La hoja no tenía nada escrito, o al menos no para cualquier persona que se hubiera parado a su lado a ver lo mismo que ella. Para Eleven, era como si cuatro letras se materializaran por sí solas, abriéndose paso por el material blanco del papel como un animal que se desenterraba de la arena, y entonces danzaban de un lado a otro, rebotando sin parar. Las cuatro letras eran, obviamente, A, B, R, y otra A.

Tomó un bolígrafo, y ella misma escribió en grande dicho nombre de forma diagonal por la hoja, esperando que el sólo acto de escribirlo le ayudara a sacar ese pensamiento intrusivo de su cabeza; no lo logró. Ahora el ver el gran ABRA en tinta negra, le causaba aún más fascinación.

—¿Quién eres? —Susurró despacio—. ¿Qué relación tienes con este sujeto?

Calló justo después de eso como si esperara que el papel le respondiera de alguna forma, más no fue así; guardó absoluto silencio también.

Miró una vez más hacia el patio y meditó unos segundos. Dijo que no quería exponer a nadie más a ser atacado por este nuevo… ¿sería apropiado usar ya la palabra “enemigo” al pensar en él? Como fuera, dijo que no quería exponer a nadie a él, pero no había decidido si eso se incluía a sí misma. Debía ser así, de otra forma podría haber intentado rastrear a Lily Sullivan y o a Leena Klammer, como Cody había propuesto la noche anterior, y Mónica justo hace unos momentos. O podría intentar buscar a Abra… Pero aunque quisiera, ¿cómo lo haría? No tenía ni una foto, ni un dato de quién era o cómo era. Antes había logrado rastrear a personas de esa forma, pero al menos tenía una idea de la persona y el lugar, aquí no tenía nada de eso. Sólo un nombre, y un presentimiento, nada más.

Pero igual se trataba de un presentimiento bastante fuerte, bastante atrayente y que la hacía tener todo su enfoque en él, algo que ni Mónica ni ningún otro Rastreador hubiera compartido. Pero, ¿sería suficiente? Y aún más importante: ¿valía la pena el riesgo?

Su parte consciente y objetiva le decía que no.

Su parte más profunda, más emocional y por algún motivo más fuerte, le decía que sí.

¿Qué era lo peor que podía esperar? ¿Qué su esposo e hija la encontraran con la cabeza recostada contra el escritorio, y un tercio de su cerebro escurriéndosele por la oreja y manchando los papeles sobre éste? Por qué ante la ignorancia que toda esa situación le causaba, realmente cualquier cosa era posible.

Se paró y caminó hacia las puertas del patio, les puso seguro y luego corrió las cortinas por completo hasta cubrir cualquier rastro de vista del exterior. Se dirigió después a la puerta del estudio e igualmente le puso llave. Luego extendió su mano al interruptor de las luces del cuarto y las apagó. Al hacer esto, el cuarto quedó casi por completo en oscuridad. Usando las memorias que tenía en su mente de la distribución de la habitación, se dirigió sin problema hacia su escritorio, y se sentó en su silla. Acercó su mano hacia un cajón, y sacó un objeto que no era capaz de ver pero sintió a la perfección entre sus dedos: audífonos, pero unos muy especiales, para mantener aislado casi por completo cualquier rastro de sonido. Se los colocó, y en cuánto lo hizo un silencio casi absoluto la envolvió. Cerró además sus ojos, y comenzó a respirar lentamente.

Ese estudio no era precisamente un tanque de privación sensorial, pero funcionaba en la mayoría de los casos. Privarse de la luz y del sonido no era algo que hiciera muy habitualmente, pero en ocasiones era lo único que lograba que esa otra parte de ella, ese otro sentido que sólo ella podía desarrollar, se intensificara y sólo se concentrara en una cosa. No tenía idea si eso iba a funcionar de alguna forma, y lo más probable era que no. Pero igual, debía hacer el intento, aunque fuera una vez.

—Abra… —susurró muy despacio, o quizás sólo lo pensó. Sus dedos se apoyaron sobre el pedazo de papel en el que había escrito ABRA con tinta.

Y ahí se quedó, envuelta en sombras y en ausencia total de sonido. Sin nada ni nadie más, sólo ella y sus pensamientos. Y así siguieron las cosas por un largo, largo tiempo…

— — — —

Damien Thorn era un tanto ignorante de todo el impacto, confusión y miedo que había causado en las nuevas personas que acababa de conocer el día anterior. Desconocía que toda una organización, pequeña pero de relevante peso, estaba patas arriba buscando formas de dar con su identidad, al mismo tiempo que temblaban asustados ante la idea de que los descubriera. Bien, en realidad “ignorante” no era la palabra correcta para describirle. Era consciente del impacto tan devastador que podía tener su presencia en las personas, pero realmente no le importaba del todo, al menos no en esos momentos y en ese caso tan particular. Si bien tenía curiosidad de saber más sobre aquella mujer que había detenido a Esther en su huida, y sobre todo de la otra que había intervenido para salvarla, en realidad no eran su prioridad número uno. Suponía que si estaba en su destino cruzarse de nuevo con algunas de las dos en el proceso de esa pequeña operación que había puesto en marcha, sucedería aunque él no lo buscara. Si no era así y en realidad nunca más las volvía a ver (por decirlo de alguna forma), bien, en realidad eso no le quitaría el sueño.

Esa mañana, una más en Los Ángeles, el apuesto joven de diecisiete años se había levantado temprano y arreglado; nada muy especial, sólo camisa roja, unos pantalones azules bastante casuales, y zapatos deportivos. Pidió que le prepararan sólo un café, con un poco de crema y azúcar, y se llevó su taza al estudio del Pent-house. Pasó la siguiente hora frente a su laptop, revisando algunos temas varios, más de índole personal, mientras esperaba a que el verdadero tema que lo había hecho levantarse a esa hora llegara.

Cerca de las diez, la puerta del estudio se abrió. Damien alzó su mirada apenas un poco, de la pantalla de su computadora hacia la mujer que se acercaba desde la puerta, arrastrando detrás de sí una amplia maleta negra de viaje, y con una mirada dura en el rostro.

Ann Thorn avanzó silenciosa hacia el escritorio, hasta pararse justo delante de éste.

—Buenos días, querido —expresó la mujer con tono elocuente—. Veo que te despertaste temprano.

Damien la observó un rato con desinterés, antes de voltear su atención de nuevo a su computadora y de inmediato seguir tecleando.

—Tengo una cita con alguien —le informó con tono neutral—, que llegara en cualquier momento. Quise recibirlo presentable.

La ceja derecha de Ann se arqueó, intrigante.

—¿Una cita? ¿Aquí?

—No de ese tipo, es más una cita de negocios. Y era aquí o en las oficinas locales de Thorn Enterprises, pero decidí que aquí se sentiría más cómodo.

Ann respiró lentamente, parándose derecha y firme.

—¿Acaso son esas…? —No terminó dicha pregunta, pero igual Damien supo exactamente lo que intentaba preguntarle.

—No, no todavía.

 —Entiendo.

La mujer miró unos segundos la maleta a su lado. Sus dedos se movían inquietos sobre la manija de ésta.

—Sólo quería avisarte que necesito…

—Irte, lo sé —interrumpió Damien—. Y lo entiendo; eres una mujer ocupada, después de todo. Ve con Dios… —Una pequeña risilla irónica se le escapó en ese momento, al darse cuenta de su curiosa elección de palabras—. Bueno, sabes a lo que me refiero.

—En realidad, esperaba convencerte de que vinieras conmigo —comentó Ann, con un tono que no sonaba precisamente a una petición.

—¿No oíste la parte en que mencioné que tengo una cita?

—Y apuesto a que debe de ser una muy importante. Pero ya has descuidado demasiado tus clases, ¿no lo crees?

—En lo absoluto —respondió el chico de inmediato con plena seguridad—. No me subestimes, Ann, ya me adelanté a eso. Me inscribí a un torneo de tenis que será la próxima semana, y así justificaré mi estadía en Los Ángeles por más tiempo. Hablé con mis profesores, y tomaré un par de exámenes que tenía pendientes en línea, y entregaré unos reportes entre uno y el otro; nada complicado u ostentoso, ya estoy trabajando en ello justo ahora mientras espero.

Ann tuvo el impulso de inclinarse un poco al frente, e intentar echar un vistazo a la pantalla de la computadora y ver qué estaba escribiendo con exactitud. Sin embargo, un pequeño ademán de movimiento por parte del chico la puso en alerta, y rápidamente se enderezó de nuevo como si nada hubiera pasado. Damien, sin embargo, sólo había extendido su mano hacia su taza de café, pero se dio cuenta en ese momento de que la taza se encontraba ya vacía. Se dispuso entonces a accionar uno de los botones del intercomunicador montado sobre el escritorio.

—¿Sí, señor Thorn? —Se escuchó la voz de uno de sus hombres de seguridad a través de la bocina integrada.

—Que me traigan otro café —informó el muchacho—, igual al primero, por favor.

Soltó el botón antes de recibir alguna respuesta de confirmación, y prosiguió con lo que hacía en su laptop.

—Con eso tendré todo calmado por un rato —concluyó como punto final.

Ann volvió a respirar lentamente, sin perder ni un poco la compostura.

—Entiendo por eso que tienes pensado entonces permanecer aquí por un tiempo prolongado… Aunque yo no esté.

Una risilla irónica surgió de los labios del chico, y al fin le regaló de nuevo el privilegio de ser su centro de atención, dejando de escribir y además alzando sus ojos hacia ella otra vez.

—¿Y por qué piensas que te necesito para estar aquí, o no? —Le soltó de golpe, casi como un golpe directo a la cara, o al menos Ann así lo sintió—. Será sólo por unas semanas, en lo que llegan las otras personas que espero.

—¿Las tres niñas? —Soltó, o más bien casi escupió, abruptamente la mujer de cabellos negros, siendo esto lo mismo que de hecho hubiera completado esa pregunta que había dejado cortada unos segundos atrás.

Damien sonrió divertido por su reacción.

—Sí, las tres niñas… aunque una de ellas no es precisamente una niña. —Se giró entonces de nuevo a la computadora, echando un vistazo a la hora en la esquina inferior derecha de la pantalla—. Deberías irte ya para alcanzar tu vuelo, ¿no?

Se sentía casi derrotada, rebasada por la naturaleza propia de la conversación. Tomó la maleta de su mango, la inclinó un poco para que se balancea sobre sus ruedas traseras, y la hizo girar en dirección a la puerta.

—Me encargaré de unos asuntos, y luego volveré —avisó con premura mientras comenzaba a avanzar hacia la puerta.

—No hace falta, pero has lo que quieras —Lo escuchó decir con un tono bastante condescendiente, pero no le dio la satisfacción de voltearlo a ver. Siguió su camino directo a la puerta, hasta que apenas a un par de metros de ésta, el muchacho soltó algo más—. Saluda a Lyons de mi parte.

Ann no pudo evitar detenerse en seco al escuchar tal comentario, que sonaba más a una amenaza. Se hubiera quedado así por quizás varios minutos, si no se hubiera forzado a sí misma a continuar. No dijo nada, ni lo volteó a verlo nuevamente. Sólo cortó la distancia que faltaba, abrió la puerta y salió, dejando de nuevo solo al joven.

Damien siguió tecleando unos segundo más tras la partida de Ann, pero luego se detuvo abruptamente, recargándose contra su silla con sus manos detrás de su cabeza. Torneo de tenis, exámenes en línea, reportes… todo eso era pan comido para él. Podría faltar a clases todo el semestre, y aun así se las arreglaría para terminarlo con promedio perfecto. Así había nacido Damien Thorn, con todo a su favor: apariencia, condición física, carisma, inteligencia; no había nada que no pudiera hacer, ni nadie a quien no pudiera dominar… excepto a estos individuos, a estas personas que habían estado ahí frente a sus narices todo ese tiempo, y que él nunca había sido capaz de ver.

Todas las personas de ese aburrido mundo (incluida Ann, Lyons y toda su querida Hermandad) no eran más que insípidos pedazos de carne ambulantes sin nada remotamente interesante en ellos. Pero estas otras, éstas que tenían ese brillo especial, ese “resplandor”, lo tenían fascinado, quizás más de lo que debía. No era algo que pudiera controlar, ni siquiera algo que hubiera buscado. Sencillamente había llegado a él de golpe y de forma inesperada, hace unos meses atrás, en aquella Convención de Economía en New Hampshire.

****

El evento duró tres días, pero los Thorn hicieron acto de presencia hasta el último, en el cuál Ann Thorn daría una conferencia junto con otras tres directoras de alto de nivel como ella, acerca del papel actual de las mujeres empresarias en Negocios Internacionales. El evento era de un tamaño considerable, al menos del suficiente para que Ann decidiera al fin aceptar la iterada invitación. En una entrevista corta y rápida semanas antes, comentó que había aceptado principalmente por la idea de impulsar y motivar a las jóvenes estudiantes a aspirar a lo más alto en sus carreras, y que no se dejaran doblegar ni humillar por nadie en el camino. Un lindo mensaje, aunque desde la perspectiva de algunos perdía peso si se tomaba en cuenta que prácticamente había heredado su posición actual tras la muerte de su esposo Richard y de su hijastro Mark, pasando todas las acciones que estaban a nombre de ambos automáticamente a ella. Y además, sin ningún otro familiar sanguíneo convida, se volvió también la tutora legal de Damien Thorn, quien también tenía a su nombre varias acciones a su nombre tras la muerte de sus padres, y por consiguiente éstas también pasaron a supervisión y administración de Ann hasta que éste fuera mayor de edad.

Así que todo ello le daba el control de más de la mitad de un imperio multinacional que generaba varios miles de millones de dólares al año, incluso más de los que la gente creía, así que el ser la Directora de todo ello no estaba a discusión alguna. Pero igual había sabido ganarse su lugar en los últimos años, arreglando las cosas desde el escenario principal, y también tras bambalinas, para que todo quedara listo en el momento en que Damien reclamara su legítima posición al frente de este imperio, que era de hecho sólo un paso más hacia un destino mucho más grande. Ese era su papel, y Ann lo sabía y lo cumplía con gusto, aunque eso ameritaba de vez en cuando hacer esas molestas presentaciones públicas y sonreír a los corderos como si le importara un comino.

Llegaron al amplio y elegante centro de convenciones en Manchester pasado el mediodía, y entraron por las puertas principales captando las atención de todos como verdaderas estrellas de cine. Ann de hecho fácilmente podría pasar por una, pues su belleza natural sencillamente se acrecentaba con el brillante labial rojo, su pelo rizado y perfectamente arreglado, y ese traje ejecutivo color morado con falda de tubo que entornaba perfectamente su figura. Era fácil para cualquiera ver porque Richard Thorn se había casado con ella no mucho después de enviudar de su primera esposa; era un verdadero monumento de mujer cuando se conocieron, y lo seguía siendo en esos momentos.

La comitiva de Ann se componía en primera instancia por su sobrino Damien, que iba elegantemente vestido con un traje de pantalón y saco negro, camisa azul y corbata de rayas al juego con ésta, además de un chaleco negro; un atuendo bastante maduro, considerando que lo llevaba un chico de diecisiete. Su accesorio más llamativo, sin embargo, no era el elegante reloj de muñeca, o sus mocasines bien lustrados, o el prendedor de diamante que usaba en su corbata, sino la cámara profesional que le colgaba del cuello, y que él sujetaba con una mano, como un oficial ingresando a la escena del crimen con su arma desenfundada y lista para disparar. Iba, como siempre, impecablemente peinado y arreglado, sin ninguna arroga, mota de polvo o imperfección en su ropa o en su apariencia general. De inmediato también captó la atención de todos al ingresar, algo de lo que era plenamente consciente.

Además de los cuatro miembros de su seguridad, todos altos, vestidos de negros y mal encarados, que caminaban a su alrededor creando un muro entre ellos y la multitud, los acompañaba también Verónica, la joven becaria que Ann había tomado como su protegida y asistente personal. Era una chica larguirucha, de cabellos rubios, rostro sencillo de nariz un poco prominente, pero unos bonitos ojos azules. No hablaba mucho, o al menos Damien no recordaba haberla oído hablar mucho en su presencia. Casi siempre permanecía a espaldas de Ann a una distancia prudente, con la cabeza agachada y esperando a que su jefa le dirigiera la palabra antes de dignarse a hacer cualquier cosa. Usaba un traje sencillo de pantalón y saco color celeste, y una blusa blanca debajo, y nada de maquillaje salvo un poco de rubor en las mejillas para ocultar un poco la palidez casi enfermiza de su rostro.

Damien había llegado a pensar que en realidad era algo así como la mascota personal de Ann, o su esclava sexual secreta, o quizás la había secuestrado y dormía en el sótano de alguna de sus casas, encadenada a alguna tubería… o, simplemente era una universitaria cualquiera y aburrida, insegura y apantallada por el nombre y posición de la amable mujer que se había dignado a poner sus ojos en ella. Sentía un poco de lástima por ella a veces, pero ello no venía de la mano con el interés. Como cualquier otro empleado de la Thorn Enterprises, o cualquier otro miembro de la Hermandad que tanto lo protegía desde muy niño, Verónica le era totalmente indiferente y muchas veces ni siquiera recordaba que estaba ahí; de hecho, meses después tardaría un par de días en darse cuenta de que no iba con ellos al viaje a Los Ángeles, y tampoco se dignó en preguntar el motivo.

En cuanto entraron al centro de convenciones, Damien intentó buscar con la vista algo que fuera digno de su atención para ser fotografiado. No fue una tarea muy fructífera; después de todo, ¿qué podría haber de interesante para fotografiar en un aburrido Congreso de Economía? Sólo personas viejas en trajes, saludándose e intercambiando tarjetas, o jóvenes estudiantes de preparatoria o Universidad, que de seguro fueron obligados a asistir por deber escolar o como una simple excusa para pasar el fin de semana en Manchester lejos de sus padres y salir de fiesta durante las noches. Podía sentir mucho de este último pensamiento, flotando en el aire, casi sofocante.

Mientras avanzaban hacia el área especial para invitados, en donde los atenderían en teoría como era debido dada su categoría, a medio camino el joven se detuvo un segundo y fijo su atención en un grupo de tres personas, dos hombres y una mujer, los tres mayores y vestidos con trajes muy finos; uno de los hombres tenía ya el cabello totalmente blanco, y el otro posiblemente lo tenía recién pintado para ocultar sus canas, pero igual se las había arreglado para que se viera muy natural. La mujer era apenas un par de años más joven que ellos, y tenía un cabello rojo tan intenso como su labial. Era la esposa del hombre de cabello canoso, lo presintió de inmediato; ambos lucían con orgulloso son respectivas argollas de compromiso.

Los tres charlaban y reían como viejos amigos, y de hecho lo eran. El hombre de canas y el hombre de cabello pintado habían sido compañeros de Universidad, y no se habían visto desde hace más medio año; por el contrario, su esposa acababa de ver a este viejo amigo hace dos semanas atrás, en una suite de lujo de un hotel en Concord, en dónde ya no le importó en lo más mínimo lucir su argolla, ni ninguna otra prenda o accesorio sobre su cuerpo.

Y tenían ya un plan para repetir la experiencia.

El hombre de cabello canoso entraría a una de las conferencias dentro de veinte minutos, pero su esposa casualmente se comenzaría a sentir mal, y su buen amigo se ofrecería a llevarla a su hotel. Eso les daría alrededor de dos horas para proseguir con lo que habían comenzado en Concord, y de nuevo dejar de lado la argolla por ese tiempo. Sus pensamientos y deseos eran tan evidentes y claros para el joven, que le resultaba casi ofensivo… pero un poco interesante. Personas infieles había por montones en ese mundo, pero el descaro y naturalidad con la que muchos decidían comportarse a pesar de los sucios pensamientos que inundaban sus cabezas en esos momentos, siempre era fascinante; no demasiado, pero lo suficiente para motivarlo a levantar su cámara, enfocar a la mujer y a su amante en un perfecto recuadro, y tomar cinco fotografías seguidas. Al revisarlas, la tercera había quedado perfecta: ella lo volteaba a ver él, y los ojos de ambos desbordaban lujuria y gula por igual a borbotones. Si los juzgara sólo por esa sola imagen, parecería que estuvieran a punto de arrancarse las ropas en ese mismo sitio sin el menor pudor, y sin importarles que el hombre de canas tuviera un asiento en primera fila para la profanación absoluta de su esposa. Pero al instante siguiente siguieron con total naturalidad, aun riendo, aun charlando, con el mismo descaro, como si ese pequeño momento no hubiera ocurrido.

Escuchó entonces la voz de Ann llamándole, y fue consciente en ese momento de que toda la comitiva Thorn se había detenido unos pasos delante de dónde él lo había hecho.

—Cuando te sugerí que me acompañaras, esperaba que aprovecharas el momento para ilustrarte un poco, o quizás hacer algunas relaciones. —Su tono era afable y tranquilo, pero tenía un poco de regaño oculto en él—. No tomar fotos a la gente a escondidas como un simple paparazzi.

Damien sonrió, un tanto impasible por su comentario. Siguió revisando sus últimas fotos, pero realmente sólo la tercera valía aunque fuera un poco de su interés; las otras las borró sin pensarlo mucho más.

—Tú dices que lo sugeriste, pero a mí no me sonó como tal —comentó con un tono burlón—. Sólo vine a hacer acto de presencia y poner mi mejor cara, como siempre. Además, tampoco es que haya algo muy interesante que fotografiar por aquí.

Ann rio divertida.

—En un par de horas será mi conferencia, eso quizás te parezca más entretenido. —Damien no respondió nada con palabras, pero su pequeña mueca fue suficiente para dar a entender que la idea no le emocionaba mucho más. Ann se le aproximó, ella sola, parándose a su lado para poder hablar más despacio—. Igual tienes que estar ahí, querido sobrino; para hacer acto de presencia, como bien has dicho. La gente poco a poco tiene que reconocer tu cara y tu nombre. —Pasó en ese momento sus dedos por el cabello negro y sedoso del muchacho, acomodándolo un poco para que quedara perfectamente peinado—. Y te ves tan guapo en estos momentos, que de seguro opacarás a cualquiera en ese auditorio, incluida yo.

—Lo veo un poco difícil —respondió con simpleza, y justo después comenzó a alejarse de ella con paso tranquilo, pero no hacia la dirección en la que se suponía iban antes de detenerse—. Caminaré un rato por ahí por mi cuenta, si estás de acuerdo.

—¿Enserio lo crees prudente? —Comentó Ann, insegura.

—Hey, la gente tiene que ver mi cara, ¿no? —Se detuvo entonces a unos metros de distancia y se giró hacia ella, apuntándola directo con el lente de su cámara para encuadrarla de la mitad del pecho hacia arriba—. Anda, sonríe para mí.

Un poco de mala gana, Ann permitió que sus labios rojos se curvearan en una sonrisa pequeña pero estable. Damien accionó el disparador, capturando ese pequeño instante. Echó poco después un vistazo más cuidadoso a la pantalla digital de la cámara para revisar la foto.

—No es tu mejor sonrisa —señaló con tono burlón—. Será mejor que practiques un poco antes de tu conferencia.

Sin esperar respuesta, Damien giró sobre sus pies y siguió andando para alejarse del grupo, mientras Ann lo miraba el silencio. Sí, en aquel entonces era algo impertinente, pero no más de lo que un adolescente normal lo era. Aún entre sus comentarios sarcásticos e insolencia, se notaba de fondo el respeto que sentía por ella, o incluso podría haber algo de cariño. Ann no era precisamente feliz con dicha conducta, pero llegaba a tolerarlo. Meses después, añoraría que la volviera a tratar al menos como en ese entonces.

Se acomodó su saco y se dispuso a volver con sus hombres de seguridad que ya se veían bastante nerviosos por lo expuesta que se había puesto, aunque fuera por unos instantes. Verónica, por su lado, observó todo desde lejos, con sus ojos abierto como los de un perrito asustado.

—¿Lo dejarás ir solo? —le cuestionó despacio la chica rubia, algo sorprendida.

Ann se encogió de hombros.

—Déjenlo divertirse un poco, para variar —respondió con notoria naturalidad, ignorante de lo mucho que se arrepentiría después de esa decisión.

— — — —

En realidad Damien no buscaba nada especial en todo ese aburrido evento. Sólo había ido precisamente por lo que Ann había mencionado: relaciones públicas. Desde los doce años lo habían tenido de arriba a abajo en eventos de ese tipo, en los que pudiera lucir su apariencia, su inteligencia, su carisma, o quizás las tres al mismo tiempo si era posible. No era algo que le pareciera divertido en lo más mínimo, pero entendía el propósito; así como Ann entendía su papel en todo eso, Damien lo hacía igual. Lo entendía pues prácticamente se lo habían estado repitiendo cada día durante los últimos cinco años, con bastante insistencia. Pero… que lo entendiera, no significaba que lo aceptara del todo, o incluso que lo creyera.

Damien ya sabía cómo funcionaban las sectas, y sabía que la Hermandad era una sin duda, y una que esperaba bastante de él. Pero a diferencia de otros, y a pesar de prácticamente ser centro de todo ese asunto, había una parte de él que se resistía a aceptar todo aquello así como así y entregarse a la idea. Quizás era por la misma impertinencia adolescente inherente en él, y quizás en un año o dos se le quitaría. Quizás era lo agobiante que se había vuelto el tener siempre a toda esa gente rodeándolo y observando todo el tiempo todo lo que hacía y decía, esperando que fuera perfecto e impecable en cada aspecto posible. O quizás era el rostro lleno de sufrimiento y dolor de su primo Mark, que de vez en cuando se le venía a la mente cuando cerraba los ojos, y llegaba a ponerlo nervioso… muy nervioso; esto último poco a poco comenzaba a ocurrir menos, y esperaba que al final sencillamente se esfumara del todo.

Siendo lógico y pragmático, como siempre solía ser, no había motivo alguno para que aquello siguiera tan vivido en su memoria. Mark estaba muerto, ¿y eso qué? Todos a su alrededor morían de alguna u otra forma. Sabía que incluso a Ann le llegaría el turno, aunque desconocía cuál en específico sería su horripilante y vomitivo final… o cuál sería el suyo propio.

Como fuera, en esos momentos no quería pensar mucho en eso. Deseaba sólo despejar un poco la mente, tomar alguna fotografía si es que encontraba algo que resultara más interesante que una pareja de viejos adúlteros, y quizás comer algo de comida chatarra aburrida y normal; su versión de una tarde recreativa.

Comenzó a tomar varias fotos mientras avanzaba por los puestos más pequeños de diferentes empresas, y abriéndose paso entre la multitud, que en realidad no era tanta; pensó que de seguro ese sitio se llenaba más cuando ocurría alguna convención de cómics. Todas las fotos que revisaba en la pantalla de su cámara parecían fotos genéricas tomadas por cualquiera de los reportes que rondaban por ahí haciendo lo mismo. Nada llamativo, ningún pecado, dolor o preocupación oculta que se desbordara por las delgadas facciones de la gente, o al menos no uno que le resultara resaltante.

Se paró entonces recargado contra una pared con sus manos en sus bolsillos y su cámara colgando, y se limitó a observar en silencio a las personas andando delante de él. Al inicio lo hizo una a una, intentando ver o percibir en ellos algo entretenido, y sí lograba percibir bastante, pero nada ni cercano a ello. Luego de un rato, todos los rostros y pensamientos comenzaron a entremezclarse como si fueran uno solo, y lo único que era capaz de percibir era ruido de estática, un ensordecedor ruido de estática.

Y de pronto, una risa, una sonora y armoniosa risa, que opacó todo el demás sonido; de hecho, por unos instantes, le pareció que realmente todo a su alrededor se había quedado en silencio, a excepción de esa risa, alegre y juguetona.

Damien se estremeció y miró discretamente a su alrededor. Esa risa… hubo algo extraño en ella. No le parecía haberla escuchado directamente con sus oídos, pero tampoco era parecido a cuando un pensamiento ajeno le llegaba a la cabeza. Eso había sido mucho más fuerte y claro. Pero, ¿de dónde había salido?, o más bien, ¿de quién?

Recorrió sus ojos, intentando encontrar la fuente entre todo ese tumulto de rostros iguales. Por un rato más, todo fue otra vez estática, murmullos sobreponiéndose unos con otros. Y de nuevo resonó la misma risa, pero ahora incluso más fuerte que antes. Su cabeza se giró de lleno hacia donde estaba seguro que había venido. A unos metros de él, entre toda la gente, distinguió un grupo de cinco chicas, todas jóvenes, posiblemente de su edad; un poco menores o quizás un poco mayores. Tres de ellas cargaban mochilas al hombro, dos tenían en sus manos libretas pequeñas para anotar, y las otras tres ocupaban sus manos mejor en su ver sus celulares.

Las cinco charlaban amenamente, con voces altas, pero en realidad no lo suficiente para que Damien pudiera escuchar siquiera un poco lo que decían desde esa distancia. Sin embargo, mientras más se enfocaba en ese grupo, mientras más concentraba sus sentidos en ese punto específico, el ruido a su alrededor se iba a apagando poco a poco como a una radio que le van bajando el volumen. Luego de unos segundos, incluso el sonido de las voces de las misteriosas chicas igualmente se fue esfumando… excepto la de una.

“No, claro que no. Eres una habladora, Emma; ni siquiera estuviste ahí…”

Era una voz suave y delicada, que flotaba hacia él como señal de radio perdida, y era capaz de oírla con tanta claridad como si se hubiera parado justo delante de él a unos cuantos centímetros.

Poco a poco, sin que fuera del todo consciente del cambio, las personas a su alrededor se fueron esfumando. Pero no eran sólo las personas, sino realmente todo el espacio en el que se encontraba se difuminó hasta sólo dejar una amplia e infinita área negra, en el que sólo resaltaba un punto brillante al frente. Cuatro de las chicas se habían también desaparecido, pero la quinta ahí se quedó, dándole la espalda, moviéndose y girándose a los lados y al frente, como si su grupo de amigas aún siguiera ahí con ella, y quizás de hecho así era.

Era de ella de quien surgía esa voz.

Era una chica alta, de cabellos rubios rizados, sujeto con una cola que le caía sobre la espalda hasta la pitad de ésta. Usaba un suéter rosado que le cubría todo el torso y los brazos, unos vaqueros azules y zapatos converse blancos con rojo; de su hombro derecho colgaba una mochila rojo con blanco, que hacía casi juego con sus zapatos.

“Jennifer tampoco estuvo ahí. ¿A quién le van a creer?”

Hubo una pausa, en la que pareció esperar a que alguna de sus amigas, que se había vuelto invisible para Damien, le respondiera.

“¡Exacto! ¿Ves?, esa es una respuesta sensata.”

Y le siguió una pequeña carcajada burlona, que de seguro en el mundo real fue correspondida por el resto del grupo. ¿De qué estaban hablando? No sabía, y realmente tampoco estaba poniendo mucha atención a las palabras que pronunciaba, sino a ella en sí… a esa extraña chica que le provocaba una extraña sensación, que la había arrastrado de alguna forma a ese trance del que no estaba seguro si quería o no salir; a esos rizos rubios, a esa figura delgada, pero atlética, a ese lindo trasero que ajustaba sus pantalones, seguido por sus largas piernas.

“¿Quién eres?”, pensó Damien, con tanta intensidad que por un momento pensó que quizás no lo había pensado, sino que lo había gritado con fuerza. Y esta sensación se vio alentada porque en ese momento la chica misteriosa pareció estremecerse un poco, como si alguien le hubiera tocado la espalda para llamar su atención, tomándola por sorpresa.

Lentamente se giró confundida hacia su derecha y se quedó en esa posición por unos instantes antes de hacer lo mismo al girarse a la izquierda. Por último, se viró sobre su hombro, y sus ojos azules pequeños pero profundos se clavaron justo en él. Y ese momento realmente la percibió como si en verdad estuviera a una corta distancia de él, y pudiera captar todas las características de su rostro; no sólo sus ojos azules, sino sus mejillas rosadas, su nariz pequeña, sus labios delgados, sus cejas rubias naturales pero bonitas, sus orejas también pequeñas… en general, su rostro tenía un curioso aire de inocencia infantil, a pesar de ser claramente una chica ya grande, pero era en realidad muy linda; no era ni cerca la chica más linda que hubiera visto, y él sabía muy bien que le había tocado conocer a chicas despampanantes en más de uno de esos eventos sociales, pero igual era de un muy buen ver. Y olía dulce y agradable… no se detuvo a pensar cómo era posible que supiera cómo olía, pues en realidad no estaba cerca para oírla, menos para olerla.

La chica entrecerró sus ojos unos momentos, mirándolo a él, o quizás algo a sus espalas, inquisitivamente. Incluso bajó y subió su mirada como examinándolo con curiosidad; no sabía porque, pero eso lo ponía algo nervioso. Una leve sonrisa divertida se dibujó en sus labios rosados, y casi inmediatamente después se giró de nuevo al frente, quizás de nuevo hacia su grupo de amigas que él no veía.

“¿Qué clase de chico de esta edad usa un traje como ese en un evento así?”

Damien arqueó una ceja, intrigante. ¿Eso lo había dicho o pensado? No importaba en realidad, pues igual le confirmaba que a quien estaba observando era en efecto a él. Y, aparentemente, no le gustaba su traje Dormeuil de tres piezas, ajustado a su medida.

Era linda, pero no tenía buen gusto.

“Sólo uno que sabe de estilo, muñeca” pensó, y de nuevo con bastante intensidad.

Justo en ese momento, la misteriosa chica rubia se volvió a estremecer, pero con más fuerza que antes, y de inmediato se viró de nuevo hacia él con rapidez, pero ahora lo miraba fijamente con un gran asombro e incredulidad reflejado en los ojos. Y, de nuevo, se comenzó a sentir nervioso por ser observado de esa manera… y también muy confundido.

¿Acaso… lo había escuchado?

No, eso no podía ser. Lo había sólo pensado, en esa ocasión estaba seguro de haberlo hecho. No había forma de que ella lo escuchara como para reaccionar abruptamente de esa forma… al menos que…

Y en ese momento todo su entorno volvió a la normalidad, pero no gradualmente sino de golpe. El sonido, la gente, el espacio, los colores, todos volvieron tan abruptamente que lo sintió como un golpe directo en la cara; de hecho, se tambaleó un poco hacia atrás de la impresión y de mero reflejo se agarró de su cámara como si eso lo fuera a sostener. Al mirar de nuevo al frente, las personas pasando de un lado a otro ocultaban un poco al grupo de chicas, pero logró notar como comenzaban a moverse todas juntas.

Tomó su cámara y usando la funcionalidad de acercamiento intentó ver hacia el grupo antes de perderlo de vista, intentando principalmente enfocar a la chica de suéter rosa. Logró verla, al menos su perfil, logró enfocarla, pero en cuanto accionó el disparador un hombre en un barato traje café se atravesó, cubriéndola por completo. Y un instante después, sencillamente la perdió entre el tumulto de gente.

Damien soltó una maldición silenciosa.

¿Qué había sido todo eso?

— — — —

Pasó media hora, quizás un poco más, en la que el joven Thorn estuvo deambulando por el evento sin rumbo fijo; incluso se había metido por un par de minutos a algunas de las conferencias, y luego salido. Se decía a sí mismo que sólo estaba recorriendo el sitio buscando algo interesante que fotografiar, pero en el fondo sabía que eso no era cierto. En todo ese tiempo no sacó ni una sola fotografía más, ni siquiera se había dignado a alzar su cámara. Ya fuera consciente o inconscientemente, estaba buscando a esa chica. Esperaba ver en cualquier momento su rostro entre la multitud, o escuchar de nuevo su risa resonando directo en su cabeza, o de nuevo siendo atrapado en ese extraño espacio en el que sólo existían ellos dos. Pero no tuvo suerte; para variar, algo no le salía bien a Damien Thorn.

¿Cuál era su interés en esa extraña? Como bien se dijo, no era precisamente la chica más guapa con la que se hubiera cruzado, y definitivamente en ese sitio podría encontrar dos o tres mucho mejores si es que le apetecía pasar un buen rato en algún rincón solitario de ese centro de convenciones. Pero aquello que había ocurrido, aquel extraño suceso totalmente nuevo para él… ¿ella lo había causado de alguna forma?, ¿era acaso consciente de lo que había ocurrido? ¿Por qué lo había volteado a ver no sólo una sino dos veces? Se sentía intrigado, como no se había sentido… quizás nunca.

Tenía que hablar con ella, saber quién era, aunque al final resultara que todo era un malentendido, una jugarreta que le había jugado su cabeza; si era eso, al menos se sacaría la duda de encima.

Pero llegó ya ese momento, faltaba poco para que la conferencia de Ann comenzara, y como bien había dicho tenía que hacer acto de presencia. De seguro su tía estaba a nada de marcarle a su teléfono para pedirle amablemente que se diera prisa, o que mandara a la gente de su seguridad a buscarlo; le sorprendía que aún no lo hubiera hecho.

Antes de dirigirse a la sala especial en donde atendían a los invitados más importantes, y dónde Ann de seguro lo esperaba, se detuvo unos momentos frente a una mesa de café para tomar algo y poder calmarse. Tomó uno de los pequeños vasos desechables color blanco, le sirvió el café humeante directo de la gran cafetera de oficina, le colocó dos sobres enteros de stevia, y lo revolvió con un pequeño palillo de plástico. No se veía nada apetecible, pero era lo que tenía. Lo acercó a sus labios para dar un pequeño sorbo y…

—Hola, chico con estilo —escuchó de pronto que la voz de alguien pronunciaba con entusiasmo a su lado, una voz que le resultó familiar…

Damien se sobresaltó, y pequeñas gotas del café saltaron del vaso, pero ninguna tocó su caro traje o su cámara. Se giró con cuidado hacia su izquierda y… ahí estaba ella, con sus rizos rubios, su rostro aniñado, sus ojos azules, su suéter rosa y su mochila a juego con sus zapatos. Se había aparecido de la nada, materializado a su lado sin que él sintiera su cercanía siquiera. Estaba tomando en ese momento otro de los vaso desechables, e igual que él se estaba sirviendo un café. Era alta, prácticamente de su misma estatura; unos cuantos centímetros más baja, pero con los tacones correctos quizás quedarían iguales.

El chico se quedó unos segundos perplejo, forzándose a sí mismo a reaccionar. Esto no era usual en él; se suponía que él era siempre quien causaba estas reacciones en las personas, no al revés. Respiró hondo por la nariz, se paró derecho y confiado, y respondió:

—¿Me hablas a mí? —Murmuró indiferente, quizás demasiado.

La chica lo volteó a ver de reojo, y le sonrió pícaramente.

—¿A quién más? —Le respondió divertida.

Volvió entonces a lo suyo, como si la presencia del chico igualmente le diera igual. Sirvió el café, y lo tomó entre sus dedos, soplándole un poco antes de dar el primer trago, el cuál no pareció agradarle para nada.

Damien se cuestionaba a sí mismo qué hacer ahora. Había ido directo a él y le había dicho “chico con estilo”. Eso era lo que había pensado en aquel momento; ¿era una coincidencia o una indirecta?

“¿Me pasas la crema?”

Lo escuchó de pronto fuerte y claro en su cabeza, haciendo que de nuevo al muchacho se estremeciera. La miró de nuevo. Ella seguía sosteniendo el café frente a su cara, y le seguía soplando. Lo miró de reojo cuando sintió que la estaba viendo, y le volvió a sonreír de la misma forma.

“Descuida, nadie se va a dar cuenta. Puedes escucharme, ¿cierto?”

Escucharla no era la palabra que Damien hubiera usado para describir eso, pero sí… lo estaba haciendo.

Su mano derecha se movió prácticamente sola, tomando el bote de crema y colocándoselo al frente. La chica lo tomó con animosidad y se sirvió una generosa cantidad de ésta en su café. Damien la miraba atentamente. ¿Estaba acaso manando sus pensamientos directamente a él de manera consciente? Nunca antes nadie lo había hecho, y nunca había percibido tampoco los pensamientos de una persona de manera tan clara como si fueran palabras de una conversación. Pero, entonces, ¿ella también podía oír los suyos?, ¿por eso había reaccionado así en aquel momento anterior?

Le parecía inverosímil, nadie en ese mundo podía hacer tal cosa, sólo él y nadie más… o eso creía, hasta ese momento.

Quiso hacer una prueba. Se concentró, como lo hizo antes, en igualmente pensar con la intensidad suficiente como antes.

“¿Cómo es que haces esto? ¿Quién eres?”

La chica de rizos se estremeció, encorvándose un poco en ella misma, y colocando los dedos de su mano derecha contra su sien, como si le doliera.

“Oye, más despacio, amigo. No tan intenso, ¿quieres?”

Bebió un sorbo de su café, con bastante crema, y eso la calmó un poco.

“No te asustes”

—¿Acaso es la primera vez que haces esto? —Dijo justo después, ya con su propia voz.

—¿Hacer qué?

—Pues esto, hablar con otra persona de esta forma. ¿Nunca habías conocido a alguien más que pudiera hacerlo?

Damien se quedó mudo, tanto en su mente como en sus palabras. La chica bebió de nuevo de su café, pero sin dejar de mirarlo.

“Supongo que eso es un no. Si sirve de algo, es la primera vez que conozco a alguien de mi misma edad con el Resplandor”

Damien arrugó un poco su entrecejo, intrigado.

—¿Resplandor?

La fila para la mesa de café detrás de ellos se estaba alargando, por lo que la chica gentilmente lo empujó del brazo para indicarle que avanzara. Damien la obedeció, casi sin pensarlo, y se pararon un poco apartados de la mesa.

—Así es como mi tío Dan lo llama —le explicó entre un sorbo de café y otro—. A esto, lo que hacemos; nuestro pequeño don. ¿Desde cuándo lo haces?

Damien la tomó abruptamente de su brazo, haciendo que casi se derramara su café encima. No la sujetó muy fuerte en realidad, pero sólo lo suficiente para poder encararla de frente.

—¿Quién demonios eres? —Le cuestionó algo alterado. La chica, sin embargo, no pareció intimidarse en lo más mínimo.

—Tranquilo, amigo —le respondió con tono duro, incluso algo agresivo, y se retiró de inmediato su mano de encima—. Bájale un poco a tu humor, que no te hace ver más atractivo. Me llamo Abra Stone, soy de Anniston. ¿Y tú?

Damien había reaccionado casi por mero instinto al tomarla de esa forma. ¿Por qué? Él siempre se mantenía tranquilo y frío ante todo, pero esa situación en la que no tenía en lo absoluto el control, simplemente lo desbalanceaba demasiado. Respiró de nuevo hondo por la nariz e intentó recuperar lo más posible la serenidad.

—Damien Thorn —le respondió con calma. Los ojos de la chica se abrieron por completo con asombro.

—¿Thorn? —Exclamó despacio—. ¿Cómo Ann Thorn de… Thorn Enterprises?

—Sí, ella es mi tía.

La joven, auto presentada como Abra Stone, soltó un pequeño alarido, como si le hubieran sacado el aire de un golpe.

—Vaya, vaya, alto ahí —murmuró alzando su mano libre al frente—. ¿Quieres decir que eres un Thorn?

“¿De las familias más ricas y poderosas del país?”

“Sólo estamos en el Top 5 nacional”

Eso último Damien lo había pensado como una respuesta, casi sin notarlo, ahora con mucha más naturalidad, así como lo hacía ella.

Abra rio, sarcástica.

“Oh, disculpe usted, error mío. Sólo eres de los cinco más ricos”

Damien sonrió divertido por su actitud, sin proponérselo realmente.

“¿En verdad puedes hacer esto?”

“No, es un truco de magia, Abracadabra…”

Incluso aunque sólo fueran pensamientos, podía sentir por completo su derroche de sarcasmo.

“Por supuesto que sí. Enserio, no habrás creído que eras el único en el mundo que podía hacerlo, ¿o sí?”

Damien no respondió, por ninguna de las dos vías disponibles, pero la respuesta correcta sería de hecho un “sí”.

 “Hay varios, aunque yo no conozco a muchos. Sólo a mi tío y… a un grupo de sujetos bastantes despreciables, pero que ya no andan por aquí. Y ahora tú, Damien Thorn”

—Pero descuida, será nuestro secreto —añadió ahora con su propia voz, y justo después le guiñó el ojo derecho con complicidad—. Buen, tengo que irme, la conferencia de tu tía está por comenzar. ¿Vienes?

Damien supuso que en efecto debía, pero ahora menos que antes le apetecía la idea.

—Ya la he oído antes —le respondió con simpleza, y Abra sencillamente se encogió de hombros.

—Como quieras.

Se giró entonces en dirección a donde sus amigas la esperaban a lo lejos, con su café entre sus manos. Hubiera sido muy fácil dejarla irse, dejar que se alejara y olvidarse de ella como si eso jamás hubiera ocurrido… pero, ¿cómo podría ser posible que hiciera algo así luego de todo lo que acababa de ocurrir?

—¡Oye! —Exclamó un poco fuerte para llamar su atención, al tiempo que rápidamente la alcanzó. Abra se detuvo y se giró hacia él, un poco confundida. Damien se paró delante de ella, aparentemente un poco dudoso de qué decir.

“¿Quieres ir a platicar por ahí? Tengo… varias preguntas”

Abra lo miró insegura. Echó un vistazo sobre su hombro a sus amigas, que desde lejos la miraban asombrada, pero de seguro no la miraban a ella sino al chico apuesto de traje con el que estaba hablando.

—Se supone que tengo que hacer un reporte de las conferencia… —comenzó a decir insegura, pero calló abruptamente. Sonrió más confiada, y se giró de nuevo hacia él.

“Bueno, ¿qué más da?”

FIN DEL CAPÍTULO 28

Notas del Autor:

Abra Stone se basa íntegramente en el respectivo personaje de la novela Doctor Sueño escrita por Stephen King y publicada en el 2013. Originalmente Abra tiene 12 años durante gran parte de la novela, y 15 al final de ésta. Esta historia se ubica alrededor de dos años después del final de dicha novela, por lo que tendría entre 16  y 17 años, teniendo una apariencia física acorde a dicha edad.

Verónica está basado en el personaje de Verónica Selvaggio de la serie de A&E Damien del 2016 en lo que respecta a su papel y apariencia (aunque aquí es una joven de dieciocho años), pero es posible que se tomen algunas libertades con su personalidad y trasfondo. Más adelante se darán más detalles sobre ella.

Mónica es un personaje original de mi creación que no se basa directa o indirectamente en algún otro personaje conocido de novela, película o serie.

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Resplandor entre Tinieblas La Dra. Matilda Honey ha dedicado toda su vida a ayudar a los niños, especialmente a aquellos con el “Resplandor”, niños con habilidades especiales como ella misma lo fue. Desde hace muchos años, ha ayudado activamente en la Fundación Eleven, una organización dedicada a apoyar a este tipo de niños. Siguiendo esta misión, es llamada al Hospital Psiquiátrico de Eola, para entrevistar a una niña de doce años llamada Samara Morgan, quien presenta enormes habilidades psíquicas, que parecen salirse de los patrones normales que hubieran visto antes. Todos los que tienen algún contacto con ella, dicen que hay algo extraño detrás de sus habilidades, algo que sólo pueden describir como “maligno”.

Pero Matilda no cree en el mal, y está decida a ayudar a Samara, así como alguien la ayudó a ella en su juventud. Pero se dará cuenta más temprano que tarde que el mal es de hecho bastante real, y que se ha metido en algo que está más allá de lo que puede entender…

+ “Matilda” © Jersey Films, Danny DeVito, Roald Dahl.

+ “The Ring” © DreamWorks Pictures, Gore Verbinski, Koji Suzuki.

+ “The Shining” © Warner Bros., Stanley Kubrick, Stephen King.

+ “Stranger Things” © Netflix, Matt Duffer y Ross Duffer.

+ “Before I Wake” © Intrepid Pictures, Mike Flanagan y Jeff Howard.

+ “Orphan” © Dark Castle Entertainment, Jaume Collet-Serra, David Leslie Johnson.

+ “The Omen” © 20th Century Fox, Richard Donner, David Seltzer.

+ “The Sixth Sense” © Hollywood Pictures, Buena Vista Pictures Distribution, M. Night Shyamalan.

+ “Case 39” © Paramount Vantage, Paramount Pictures, Christian Alvart.

+ “Doctor Sleep” © Stephen Kng.

Si te ha gustado mi trabajo y deseas ver más de él, puedes apoyarme invitándome un café. Será enormemente apreciado.

2 pensamientos en “Resplandor entre Tinieblas – Capítulo 28. Abra

  1. Nacho Rodriguez Piceda

    Wing como estas?gracias por la actualización. El capítulo superó mis perspectivas de ser interesante positivamente y me gusto la idea en que Eleven y Demian sean protagonistas. Ellos dos líderes y representantes del bien y mal que sus caminos no se cruzaron hasta ahora. Jane de adulta es diferente y madura a la joven tímida y callada, sin duda Hopper tuvo algo que ver con su cambio de personalidad. Por otro lado el encontro de Abra y Damien no me lo esperaba de esa manera y que ella lo tratarse de una forma burlona. Creo que Damián también se empezó a darse cuenta que existen gente que hace cosas terriblemente malas sin vender su alma al diablo.
    Me gusta la personalidad que escribiste sobre Damian en este capítulo, esa personalidad menos humana pero solitaria, sin duda todavía le afecta la muerte de su primo. La hermandad se ve reflejada en algunos de sus miembros que solo les importa sus ambiciones egoístas y lujuriosas como en las demás religiones, lo vi tambien eso con el anticristo de la serie tv American Horror Story.
    Sobre el spin off te prometo que te pasare una parte del segundo capítulo que estoy escribiendo en la semana que viene, si se puede?

    Preguntas:
    Comienza un nuevo arco argumental en tu fanfic?
    Veronica de la serie Damián, era la hija de Ann?
    Abra todavía no descubre la verdadera naturaleza de Damian?
    La trama sucede después de los acontecimientos de Dr. Sueño?
    Eleven se acuerda de frase que los amigos no mienten?
    Se acerca el cumpleaños 18 de Damian?
    Abra puede ver también fantasmas como su tío?
    Los amigos de la infancia de Mike y Jane están separados?
    Perjudican los planes de la hermandad si Damián se empieza a interesarse con los resplandecientes?
    La familia Wheeler tienen mascotas por ejemplo un gato y un perro san bernardo?
    Se mencionara o aparecerá Rose la Chistera, Papa Cuervo y su macabro grupo?
    El perro negro de Damián se sipatisara con Abra?
    Lo que está pasando es deacuerdo al gran plan del verdadero padre de Damián o se mantendrá en silencio?
    Saludos de
    Nacho!

    Responder
    1. WingzemonX Autor

      Hola Nacho, disculpa la tardanza, como te comenté en FB estuvimos de convención todo el fin de semana, y apenas ahora ya estamos tranquilos y de vuelta en casa. Me alegra que el capítulo te haya parecido interesante, pues como puedes intuir va a ser muy importante a futuro (tanto para Damien e Eleven, como para la propia Abra, pero eso se verá más adelante).

      “Por otro lado el encontro de Abra y Damien no me lo esperaba de esa manera y que ella lo tratarse de una forma burlona.”

      Bueno, Abra durante todo el libro tuvo cierta actitud fuerte y confiada, y para el final del libro la muestra aún más, así que es como presiento que se comportaría. Por otro lado, la influencia que Damien tiene sobre la gente, puede también tener que ver en ello…

      “Creo que Damián también se empezó a darse cuenta que existen gente que hace cosas terriblemente malas sin vender su alma al diablo. Me gusta la personalidad que escribiste sobre Damian en este capítulo, esa personalidad menos humana pero solitaria, sin duda todavía le afecta la muerte de su primo. La hermandad se ve reflejada en algunos de sus miembros que solo les importa sus ambiciones egoístas y lujuriosas como en las demás religiones, lo vi tambien eso con el anticristo de la serie tv American Horror Story.”

      Realmente intentó jugar un poco con cómo muestran a Damien en la segunda película (en la que se ve que de niño desconoce su verdadero legado, y de hecho cuando lo descubre hasta le asusta) y en la serie de Damien (donde también desconoce su naturaleza, y lidia con ello). Aquí vemos a un Damien que desde los sucesos de la película 2 ha sido criado dentro de la hermandad, como parte de su grupo, y ha abrazado dichas enseñanzas, pero hay cuestiones que aún lo hacen dudar, como por ejemplo lo ocurrido con Mark. Y esta encuentro con Abra traerá más cosas, que se verán en los siguientes capítulos.

      “Sobre el spin off te prometo que te pasare una parte del segundo capítulo que estoy escribiendo en la semana que viene, si se puede?”

      Correcto, no te preocupes. Tú escribe a tu ritmo e inspiración 🙂

      “Comienza un nuevo arco argumental en tu fanfic?”

      Pues… más o menos. Digo, realmente seguiremos con los mismos temas de Samara y Damien, así como seguiremos viendo a Esther y Lily. Pero de momento pasaremos a algunos temas un poco independientes, que luego se volverán a juntar en uno (como ocurrió en el incidente de Portland y Lily Sullivan).

      “Veronica de la serie Damián, era la hija de Ann?”

      Así es, en la serie era hija de Ann, aunque no se aclaro mucho quién era su padre, o qué tipo de relación había entre ella y Damien, o incluso entre ella y su propia madre. Aquí veremos un tanto más de ello, aunque me tomaré mis libertades.

      “Abra todavía no descubre la verdadera naturaleza de Damian?”

      Eso lo veremos en los siguientes capítulos.

      “La trama sucede después de los acontecimientos de Dr. Sueño?”

      Así es, aproximadamente dos años después del epílogo (por así llamarlo), que serían quizás unos cinco después del incidente con el Nudo Verdadero.

      “Eleven se acuerda de frase que los amigos no mienten?”

      Claro que sí, aunque la vida adulta la ha llevado a veces a tomar decisiones y caminos que van en contra de ello, y no es algo que le haga feliz… De hecho es un tema que será recurrente con su personaje. Sé que de momento se ha mantenido algo aislada de lo que está ocurriendo, intervinendo sólo de vez en cuando, pero poco a poco eso irá cambiando. Mucho ha influenciado también la espera de ver qué ocurre en la Temporada 3.

      “Se acerca el cumpleaños 18 de Damian?”

      Casi, pero aún falta un poco más para ello.

      “Abra puede ver también fantasmas como su tío?”

      En el libro de Doctor Sueño muestran que en efecto es capaz de verlos, ve a los fantamas paseando en un tren para niños, y ve también a los fantamas que Dan libera en el Overlook (bueno, en donde estaba). Sin embargo, también te mencionan que conforme va creciendo, sus habilidades van cambiando. Pero en los siguientes capítulos se aclarará mejor qué puede hacer y qué no.

      “Los amigos de la infancia de Mike y Jane están separados?”

      ¿Separados de ellos, dices? No precisamente, pero es normal cuando se crece que varios tomen sus propios caminos, y entonces terminen siendo quizás no tan cercanos como antes. Sin embargo, lo que vivieron de niños fue tan intenso que es dificil que esa conexión entre ellos se rompa fácil. Cuando sea necesario, tendrán que volver a unirse. Pero como dije más arriba, mucho dependerá de qué ocurra en las siguientes temporadas.

      “Perjudican los planes de la hermandad si Damián se empieza a interesarse con los resplandecientes?”

      Igualmente se verá en los siguientes capítulo qué es lo que este hecho provocará en Damien, e igualmente en el resto de los miembros de la Hermandad (sobre todo las cabezas).

      “La familia Wheeler tienen mascotas por ejemplo un gato y un perro san bernardo?”

      Un perro de hecho, aunque no había pensado específicamente en la raza. ¿Algún motivo por el que fuera san bernardo que me perdiera? :O

      “Se mencionara o aparecerá Rose la Chistera, Papa Cuervo y su macabro grupo?”

      Como mencioné, esto ocurre después de los hechos de Doctor Sueño, pero esto no significa que no veremos o escucharemos nada del Nudo Verdadero. De hecho, dentro de poco, y tras esta presentación de Abra, dicha presencia se hará más clara.

      “El perro negro de Damián se sipatisara con Abra?”

      Quizás, pero quizás no sea un encuentro muy agradable…

      “Lo que está pasando es deacuerdo al gran plan del verdadero padre de Damián o se mantendrá en silencio?”

      Ese va a ser un tema recurrente, del que aún no puedo profundizar mucho, pero ya veremos qué pasa.

      Gracias de nuevo, ¡nos vemos!

      Responder

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