Fanfic Resplandor entre Tinieblas – Capítulo 27. Sin Pesadillas

28 de octubre del 2018

Resplandor entre Tinieblas - Capítulo 27. Sin Pesadillas


Resplandor entre Tinieblas

Por
WingzemonX

Capítulo 27.
Sin Pesadillas

La noche anterior a su pequeña aventura por Oregón, Cody Hobson se encontraba en la casa de Lisa Mathews. Tuvieron una cena ligera cocinada por ella, tomaron sólo media copa de vino pues al día siguiente tenían que trabajar, y poco después pasaron a la habitación e hicieron el amor de forma lenta y delicada, sin ninguna presión o apuro. Como amante, Cody se consideraba a sí mismo como promedio; esperaba que su falta de iniciativa o conducta aguerrida se compensara con su dedicación y cuidado a los detalles. La mayor parte del tiempo le era difícil estar seguro de esto, pues Lisa tendía a ser algo callada durante el acto. Sin embargo, cuando sentía sus delgadas piernas rodeando con fuerza su cadera, y sus dedos tomando sus cabellos violentamente, entonces podía estar seguro de que estaba haciendo un buen trabajo, y eso le daba mucha más confianza y libertad; esa noche Lisa hizo justo eso, un par de minutos antes de que alcanzaran juntos un silencioso y agradable clímax.

Se habían conocido hace poco menos de un año, en una cena en honor a un veterano profesor de Ciencias Biológicas que impartía catedra en la Universidad de Washington, y con quien Cody había comenzado a construir una amistad casi desde que llegó por primera vez a Seattle. Lisa era bioquímica y trabajaba en el laboratorio de investigación de una compañía farmacéutica, al tiempo que estudiaba el Doctorado, en dónde tomaba una clase con dicho profesor y por ello fue invitada a la misma cena. El profesor, de apellido Carman, los había presentado, sin ningún motivo en especial salvo que “tuve el presentimiento de que ustedes dos se llevarían muy bien”. Tiempo después, y viendo en retrospectiva como habían terminado las cosas tras ese momento, Cody llegaría a preguntarse si algo de Resplandor había tenido que ver con ese “presentimiento”, pero al final concluyó que simplemente había sido buena suerte.

O al menos, en un inicio era sin lugar a duda buena suerte.

Lisa era de apariencia modesta, de cuerpo delgado, cabello negro y rizado, y coquetas pecas en su rostro. Cualquiera diría que no era precisamente muy hermosa, y que de hecho fácilmente podría pasar por la clásica chica que pasó sus años de Universidad clavada únicamente en sus estudios, con sus lentes de armazón grueso, su cicatrices del acné adolescente, o su actitud un tanto retraída, al menos durante un primer acercamiento. Pero para Cody, casi de inmediato se convirtió en el ejemplo mismo de lo hermosa, atractiva y sensual que podía ser una mujer, por dentro y por fuera.

En un inicio todo fue perfecto. Las cenas ligeras, las películas de comedia y romance, las charlas sobre biología, bioquímica o cualquier otro tema al azar que tuviera poco o nada que ver con sus trabajos; y el sexo, definitivamente el sexo era algo especial, a pesar de esos momentos en los que el joven maestro de secundaria se presionaba a sí mismo en dar un buen papel.

Cody nunca había considerado conscientemente la posibilidad de estar enamorado; de hecho, nunca habían usado las palabras “novio” y “novia”, al menos no entre ellos. Aun así, estaba seguro de que entre ambos había algo especial, y sabía que para Lisa era igual. Pero igualmente sabía que eso no duraría para siempre, y tarde o temprano surgiría algo que terminaría causando problemas. Ese algo comenzó a surgir desde hace un mes atrás. Desde entonces, esos pequeños momentos que anteriormente eran tan reconfortantes y agradables para él, terminaron por volverse casi como una ruleta rusa, en la cual podía o no surgir dicho tema a la superficie. Y Lisa aún no había reaccionado de manera explosiva a ello; normalmente era más un silencio frío.

En aquel momento, Cody se encontraba sentado en la orilla de la cama, abotonándose de nuevo su camisa. Lisa mientras tanto reposaba, recostada y envuelta en su cobertor con su cabeza recostada en su abultada almohada.

—¿Ya te vas? —Le había preguntado en cuanto se puso de pie, poniéndolo algo en alerta.

—Mañana tengo clases —le respondió con normalidad, aunque quizás más cortante de lo que realmente quería.

Luego de eso, Lisa se quedó en un reflexivo silencio. Y por un momento pensó que podría salir bien librado por esa ocasión. Se terminaría de vestir, tomaría su billetera y celular, le daría un dulce beso en la frente y la dejaría descansar tranquilamente hasta el día siguiente.

Pero no fue así.

—¿Por qué no te quedas esta noche? —le preguntó Lisa despacio, separando su cabeza de la almohada lo suficiente para poder ver su espalda. Cody se quedó helado—. La escuela está más cerca de aquí que de tu casa a las afueras.

Cody permaneció callado, con sus dedos paralizados en la posición previa para abotonar sus últimos botones. Respiró despacio, y lentamente intentó proseguir con su labor.

—Sería bastante extraño que llegara con la misma ropa que llevé hoy —comentó con un tono que intentaba ser divertido, pero estaba seguro de que no había sonado del todo así.

—Los niños no se fijan en qué ropa usan sus maestros —respondió Lisa, sentándose por completo, dejando al descubierto su delgado torso, y sus pechos pequeños y rosados—. Y aunque fuera así, no es como si fueras algún adultero engañando a su esposa.

—Supongo que no. Pero no tengo mi cepillo de dientes aquí, y me tengo que levantar más temprano que tú; odiaría que perdieras ese par de horas de sueño por mi culpa.

—Qué considerado —masculló con un tono sarcástico, casi agresivo, justo antes de volver a recostar su cabeza en la almohada.

Cody enmudeció por unos instantes al percibir ese sentimiento de rechazo brotar de sus palabras por primera vez. Quizás era en efecto la primera vez que lo oía, pero estaba seguro que no había surgido espontáneamente en ese instante. Desde hace ya un tiempo atrás había podido sentirlo germinar y crecer poco a poco, con cada momento similar a ese que se había suscitado.

Podía, como en ocasiones pasadas, retirarse y dejar las cosas así, esperando que para el día siguiente todo se hubiera olvidado, y normalmente así ocurría. Pero tarde o temprano eso ya no sería así; negarlo sería simple terquedad de su parte.

El profesor suspiró pesadamente, y se puso de pie de la cama. Su camisa estaba abotonada aunque desfajada, y aún le faltaban sus calcetines y zapatos que reposaban en la alfombra a un costado.

—Oye… escucha —comenzó decirle con tono bastante inseguro—, no es lo que crees.

—¿Qué es lo que creo? —murmuró Lisa con tajante frialdad, virando como pudo su cabeza recostada para mirarlo—. ¿Qué me tratas como si fuera tu prostituta?

—No es así…

—La primera vez que te lo pedí pensé que tal vez había cruzado una línea muy pronto. Pero ya casi llevamos un año juntos, y no tienes reparo en que hagamos el amor, pero pareciera que te apuntara con arma cada vez que te pido que te quedes a dormir aquí, o yo en tu casa. Incluso te inventaste no sé qué tantas excusas para no acompañarme en Navidad.

—Lisa…

—Si no hubiera estado ya en tu casa, pensaría que eres casado.

—No soy casado.

—Lo sé. No importa.

Volvió a acomodar su cabeza en la almohada de forma aparentemente cómoda, y cerró los ojos como si quisiera indicarle que deseaba conciliar el sueño. No era como tal lo que deseaba, eso estaba seguro. Era más una forma de darle un punto y aparte a su discurso de enojo, por si éste no había quedado claro.

Ver esta situación desde afuera debía de parecer incluso algo cómico. De todos los problemas diferentes que una pareja podía tener, ¿el no dormir juntos era realmente uno tan grave? Quizás a corto plazo a nadie le parecería así. Pero llegado un punto, llegado un momento en el que uno de ellos deseaba dar un paso más adelante, llegar más profundo en lo que la intimidad con el otro podía ofrecer, poco a poco podía crear una pequeña fricción que quizás terminaría por crear una grieta importante.

Cody no sabía si dicha grieta ya se había formado, o sólo eran los primeros indicios de su llegada.

Dio un paso hacia ella, pero realmente no fue capaz de avanzar más. ¿Qué podía decirle para justificarse? Los motivos secretos que lo orillaban a tener esa actitud eran tan difíciles de explicar, y aún más de entender. ¿Cómo podría someterla a algo así cuando él mismo en ocasiones envidiaba su ignorancia?

Oportuno o no considerando el momento, su teléfono, colocando sobre el buró a un lado de la cama, comenzó a sonar incesantemente acompañado del sonido de vibración contra la superficie plana de madera. Miró un instante a Lisa, cuya única acción fue voltearse hacia su otro costado para darle la espalda al celular, y quizás por consiguiente a él mismo. Se acercó entonces lentamente al teléfono y revisó su pantalla. Era un número desconocido, aunque no realmente. Lo era ya que no lo tenía aún guardado en sus contactos, pero no ya que había recibido algunas llamadas de ese mismo número varios días antes, aunque no había atendido ninguna en su momento.

Contestó de inmediato y acercó el teléfono a su oído derecho.

—¿Hola? —murmuró despacio, casi como si en verdad temiera despertar a Lisa si alzaba de más la voz.

—Cody, hola —escuchó sonar al otro lado de la línea la voz de Matilda Honey, confirmando su sospecha inicial al ver el teléfono en pantalla—. Lamento llamarte tan repentinamente, ¿estás ocupado?

—¿Matilda? No, sólo estaba… —Se detuvo unos momentos y miró hacia Lisa. No se había movido ni un centímetro; seguía recostada, con la mitad de su espalda desnuda asomándose por debajo del cobertor. No creía ni un poco que realmente estuviera dormida, pero igual se apresuró a salir silencioso del cuarto—. ¿Qué ocurre? Te oyes alterada.

Pudo escuchar a la psiquiatra respirar hondo, quizás intentando calmar unos nervios que la agobiaban.

—Escucha, sé que esto es muy repentino y sin aviso, pero necesito pedirte un favor. ¿Podrías acompañarme a Portland mañana temprano?

—¿A Portland? —exclamó Cody, un poco confundido. Ya se encontraba en esos momentos de pie en la sala estar, a unos metros de la puerta del cuarto—. Creí que la niña que estabas tratando se encontraba cerca de Salem.

—Se trata de algo más —declaró con tono serio—. Es largo de explicar, te lo contaré mejor cuando nos veamos. Pero hay otra niña que estaba siendo tratada por un colega mío, y éste está ahora muerto. Él pensaba que la niña podía tener un Trastorno de Personalidad Antisocial.

—¿Ósea que es una niña psicópata?

—Algo así… Pero creo que puede ser algo más.

Cody meditó un poco sobre esa última aclaración. Si lo llamaba con ese apuro para pedirle ayuda, no se tenía que especular mucho para hacer una teoría acertada de a qué se refería.

—¿Algo más como de nuestra especialidad? —Murmuró despacio, casi como si fuera el cómplice de alguna travesura que le provocaba culpa por dentro.

—Exacto. Quizás no sea nada, pero si es algo y no sé exactamente qué, me vendría bien algo de apoyo. Sé que es demasiado pedir, y que tendrías que faltar a tus clases. Si no puedes…

—No, no, descuida —se adelantó a responder de inmediato, sin la menor duda en ello—. Ahí estaré. ¿Dónde nos encontramos?

Matilda suspiró aliviada.

—Gracias, Cody.

Luego de buscar un rato en Google Maps, Matilda sugirió verse en un Starbucks cerca del edificio en el que se encontraban las oficinas de Asuntos Familiares. Una vez que colgaron, justo al darse la vuelta Cody se encontró con la delgada figura de Lisa envolviéndose en una bata de noche rosada, de pie en la entrada del dormitorio. Lo miró inexpresiva, casi como si realmente no fuera consciente de que estuviera ahí de pie todavía.

—¿Quién es Matilda? —Inquirió con voz sobria.

—Es una vieja amiga de hace muchos años.

—¿De Alabama? —Su voz sonó algo incrédula—. ¿Qué hace en Portland?

—Es psicóloga… digo, psiquiatra. Está atendiendo un caso en Salem, y al parecer le surgió otro en Portland y quiere mi ayuda.

Lisa achicó sus ojos un poco, como si lo estuviera acusando en silencio de alguna fechoría.

—¿Ayuda con qué? Eres un profesor de biología, no psiquiatra.

Cody abrió unos centímetros su boca, pero no surgió palabra alguna de ella. Se quedó así unos instantes, antes de volver a cerrar sus labios. Su mirada había tomado un sentimiento culpable y cohibido.

Lisa alzó sus manos hacia él en señal de “alto”.

—Basta, no quiero que me inventes más excusas —declaró tan tajante que para Cody fue casi como una bofetada, y quizás hubiera preferido una en su lugar—. Mejor déjalo así. Tomaré un baño. Cierra al salir, ¿quieres?

Si es que Cody tenía intención de ahora sí decir algo, igual no tuvo oportunidad de ello. Lisa se metió de nuevo a la habitación, luego fue directo al cuarto de baño y se encerró en él. Cody pensó fugazmente en que no había azotado la puerta detrás de ella simplemente porque su personalidad no se lo permitía. Por su parte, se quedó quizás varios minutos de pie en la sala, sintiéndose como la peor basura del universo por hacer sentir tan mal a una persona tan buena y pura como Lisa Mathews. Sólo el sonido lejano de la regadera abriéndose lo hizo reaccionar al fin.

Entró al cuarto de nuevo, tomó sus posesiones restantes, se terminó de vestir rápido en la sala y entonces se retiró antes de que Lisa saliera de la regadera. Estando a medio camino de su casa, le caería como roca la idea de que quizás ella esperaba que él siguiera aún ahí cuando terminara de bañarse y pudieran hablar del tema ya más tranquilos. Se sintió realmente estúpido de no haber hecho eso, pero ya era muy tarde para simplemente dar marcha atrás.

Y, aunque se hubiera quedado, igualmente no tendría nada que decirle cuando saliera de ese cuarto de baño, así que bien podría haber dado lo mismo.

No sabía qué pasaría exactamente con Lisa a partir de ese momento tan embarazoso, ni tampoco sabía siquiera qué ocurriría en Portland con ese misterioso caso. De momento era mejor que intentara enfocarse en eso último, e intentar dormir lo mejor posible… sin pesadillas.

— — — —

Pasó una noche de sueño tranquila, pese a toda la situación. El día siguiente, sin embargo, resultaría ser todo menos tranquilo. Se reunió con Matilda en el Starbucks acordado, y ahí ésta le mostraría el pequeño expediente que había armado sobre la niña que irían a ver: Lily Sullivan. Comprendió en ese momento porque su ayuda era tan requerida, pues había posibilidades de que fuera una ilusionista, una telépata, y además también un poco de rastreadora, al menos en cortas distancias. Habían conocido a personas que tenían esas habilidades, e incluso ambas al mismo tiempo. Sin embargo, si los papeles que Matilda encontró eran ciertos, podría ser que fuera algo incluso más complejo que eso.

Al final, sin embargo, ni siquiera conocerían a la niña en persona. Había ocurrido un accidente de auto muy temprano en la mañana, y Lily Sullivan había sido llevada al Providence Medical Center. Luego de una accidentada plática para intentar convencer de que los dejaran verla, Matilda y Cody terminarían atrapados en medio de un secuestro y un tiroteo, y casi como sospechosos de ser cómplices de éste, de alguna forma. La víctima de todo eso, dependiendo desde qué perspectiva lo vieran, sería Lily Sullivan, quien desaparecería bajo las narices de la policía, y también las suyas.

Lo más preocupante para Cody, sin embargo, era que Matilda había sido atacada de alguna forma. Cuando la encontró en la Sala de Emergencias vacía, se veía realmente mal, y poco después la policía llegó y los separó, evitando que pudiera siquiera preguntarle directamente qué le había ocurrido. Luego de ello lo guiaron a una pequeña sala de espera, en dónde lo obligaron a tomar asiento y aguardar, bajo el estricto ojo vigilante de un oficial postrado en la puerta como el guardia de un palacio.

Durante ese rato nadie fue a tomarle su declaración o a decirle si acaso se suponía que estaba bajo arresto. Lo tuvieron casi aislado, pero no por completo ya que aún tenía su teléfono consigo. Consideró en llamarle a Matilda para preguntarle dónde estaba, o quizás a Eleven directamente para comunicarle la situación. Sin embargo, la forma en la que ese oficial lo miraba de vez en cuando lo tuvo demasiado en alerta; no estaba seguro de qué le diría, o qué haría, si lo veía siquiera con la intención de sacar el teléfono de su bolsillo. El hospital poco a poco se fue llenando de policías, y todos se veían bastante nerviosos y molestos por la muerte de uno de sus compañeros, así que prefirió no hacer nada para empeorar la situación.

Matilda apareció tras un rato en la puerta de la sala, escoltada por otro oficial. Cody se sintió aliviado de verla, aunque esto se diluyó un poco al verla cojear ligeramente.

—Tome asiento —le indicó el oficial que la escoltaba. Matilda lo miró de reojo con dureza, y luego se dirigió hacia donde él se encontraba sentado; conforme más caminaba, más parecía acostumbrarse al dolor de su tobillo y comenzar a caminar normal.

La castaña se sentó justo en el asiento a su lado y se cruzó de brazos. Miró de reojo hacia el oficial en la puerta, y éste la miró a ella de regreso con la misma actitud malhumorada que había tenido en todo ese rato que Cody llevaba ahí.

—¿Estamos bajo arresto, acaso? —Le murmuró Matilda a su compañero, sarcástica.

—Eso quisieran, de seguro —le respondió Cody tranquilo, pero no por ello muy animado—. ¿Cuánto tiempo más nos van a tener aquí sin siquiera interrogarnos?

Matilda se quedó callada un rato luego de ello, como si estuviera cavilando en algo, o quizás en muchas cosas. Cody se encontraba decidiendo si sería oportuno o no preguntarle sobre lo ocurrido, cuando el sonido típico de un mensaje recibido se hizo notar bastante claro en el silencio de la sala. Notó que Matilda se había sobresaltado un poco por ello, casi como si la hubiera despertado de un pequeño sueño. Cody sabía que había sido su teléfono, pues además lo había sentido vibrar en su pierna. Introdujo su mano en su bolsillo y los sacó lentamente sin quitarle los ojos al oficial de la puerta, esperando que no malinterpretara su movimiento.

Sacó por completo el dispositivo de su bolsillo, lo desbloqueó, y en sus notificaciones pudo ver claramente un solo mensaje recibido, con el nombre de su remitente y una sola frase acompañándolo:

Lisa: Necesitamos hablar

Cody se quedó congelado tras leer tales palabras escritas en su pantalla. Había muy pocos casos en los que esa frase venía acompañada de una connotación positiva o feliz, casi siempre venía seguida de problemas.

Se quedó mirando la pantalla unos momentos, no analizando con detenimiento el mensaje recibido sino más bien aguardando si acaso recibía alguno más. Lisa no parecía tener la intención de hacer tal cosa, al menos no en ese momento. Si se permitía adivinar, era probable que ese primer mensaje le hubiera costado bastante de escribir y mandar, y no tenía fuerzas para repetir la hazaña al menos que Cody le abriera la puerta.

Él no quería abrir esa puerta; al menos no en ese momento y lugar.

Su dedo se aproximó por sí solo al botón de encendido, y apagó de nuevo la pantalla, para justo después volverlo a introducir en su bolsillo, ya sin tanto cuidado en comparación a cómo lo había sacado.

—¿Qué ocurre? —Escuchó que Matilda preguntaba a su lado, haciendo que la volteara a ver por mero reflejo; ella lo miraba curiosa.

—No, nada… —murmuró despacio y apagado—. Es sólo un pequeño asunto que dejé pendiente en Seattle.

—Creí que habías perdido permiso.

Cody negó.

—No es de trabajo, es… —se quedó callado unos momentos, divagando un poco en qué decir—. No importa, no tengo cabeza para eso en estos momentos.

Y no era mentira. Todo lo que había ocurrido esa mañana, y mucho de ello aún desconocido para él, ya era suficientemente denso como para que se distrajera en una insignificante pelea de pareja… o, al menos eso era lo que Cody se decía a sí mismo para convencerse de no atender ese asunto en esos momentos, para convencerse de no concentrar su mente en intentar adivinar qué había detrás de ese simple “Necesitamos hablar”.

— — — —

El resto del día no fue para nada más tranquilo. El Detective Vázquez de la policía los acusó dentro de su paranoia de todo lo ocurrido, Cole Sear de la Fundación, al que ni Matilda ni él conocían, llegó para ayudarlos, se abrieron paso a escondidas a la escena de un asesinato, estando aún las manchas de sangre frescas en el suelo y pared… y aparentemente su nuevo amigo Cole podía hablar con fantasmas. Eso último lo sabrían hasta poco después, pero aparentemente gracias a ello pudo averiguar la identidad de la secuestradora de Lily Sullivan, y asesina del oficial de policía, y que no resultó ser para nada una historia fácil de contar (aunque él no tuvo mucho problema en contárselo a Vázquez de todas formas).

Como fuera, Cole logró sacarlos de ese hospital en una pieza, así que no podían quejarse. Resultó ser una persona realmente interesante, incluso para los estándares de las personas que ya conocían de la Fundación. Era una persona agradable, o al menos a Cody le había agradado bastante. Sin embargo, Matilda tenía una opinión muy diferente.

Aún después de salvarse de que los arrestaran, no tuvieron una tarde calmada. Cody y Cole acompañaron a Matilda a resolver un problema que había ocurrida con la niña que trataba en Eola, lo que los llevó a conocer de primera mano de lo que ésta podía ser capaz.

Cody se quedó realmente impactado y muy confundido tras este primer encuentro con Samara Mogan, y la explicación que Cole les dio luego de eso tampoco ayudó mucho a calmar las cosas. Tampoco ayudó ver a Matilda perder el control y arrojar a Cole contra una mesa justo delante de él, o recibir unos cuantos regaños por parte de Eleven vía telefónica. Sin embargo, escuchar la voz de su antigua mentora, así como sus indicaciones de cómo proceder, sí le causó algo de tranquilidad. Era un poco patético que un hombre adulto se siguiera sintiendo tranquilo de que alguien más le dijera qué hacer, y que todo estaría bien si lo hacía, pero aparentemente ese había sido su caso. Matilda también se vio más tranquila luego de hablar con Eleven, pero no estaba seguro de qué tanto o si era por los mismos motivos.

Tras toda esa pequeña aventura, sólo quedaba volver a casa y descansar. Cole se quedaría a dormir en el mismo hotel que Matilda, pero ésta pasaría la noche en el Psiquiátrico de Eola para monitorear a Samara, por lo que Cody y él compartieron un coche que dejaría al detective primero en Salem, y luego seguiría todo el trayecto hacia Seattle. Por suerte no era tan tarde todavía, pero la distancia era lo suficiente como para merecer una significativa propina para el conductor; ¿la Fundación se lo reembolsaría si lo solicitaba?

Su coche llegaría en unos minutos, por lo que ambos se dirigieron a las puertas principales del hospital a esperarlo. Cody vigilaba en la aplicación la ubicación actual del vehículo que había solicitado, y Cole mientras tanto aprovechaba para fumar un cigarrillo con mucha más tranquilidad. Cody no era fanático del tabaco en lo absoluto, pero tampoco le molestaba que la gente fumara a su lado.

—Vaya que es una persona especial, ¿no? —Murmuró Cole mientras miraba al cielo, justo después de soltar una densa bocanada de humo. Cody lo volteó a ver algo confundido.

—¿Disculpa?

—Matilda… Bueno, la Dra. Honey, quiero decir. —Rio con tono burlón, un poco forzado—. Parece difícil de tratar.

Cody pensó un poco en esa observación. ¿Matilda era difícil de tratar? No en realidad. De hecho, era la primera vez que la veía comportarse de esa forma con alguien; normalmente se llevaba bien con todo mundo, hasta donde sabía. Las circunstancias bajo las que había conocido a Cole Sear, sin embargo, parecían no haber sido las óptimas.

—Ya se le pasará —señaló con neutralidad—. Creo que ya empezaste a agradarle.

—¿Enserio?, creo que de eso no me di cuenta —Señaló Cole con ironía. Dio otra probada más de su cigarrillo; el vehículo ya estaba a punto llegar según la aplicación—. ¿Tú y ella son muy cercanos?

Cody arqueó una ceja, extrañado por la pregunta.

—¿Cercanos? Bueno, nos hicimos muy amigos hace años, pero hacía tiempo que no estábamos en contacto.

—Ah, ¿entonces ustedes dos no…? —No terminó su frase, y en su lugar sencillamente lo miró con una expresión que no supo bien cómo interpretar—. Ya sabes, ¿no son nada más?

Cody parpadeó, intrigado.

—¿Matilda y yo? No, para nada. De hecho, yo… —Su voz se contuvo en ese instante, cuando la idea que había intentado ignorar desde que recibió aquel mensaje, se metió abruptamente en su cabeza—. Yo… salgo con alguien… o al menos salía.

Los ojos de Cole se abrieron con sorpresa.

—Oh, suena serio —comentó despacio, como si temiera decir algo indebido.

—Digamos que hay cosas de mí que no le puedo contar, como bien sabes tú. Y eso nos ha traído algunos problemas últimamente.

—Entiendo —respondió simplemente el detective, pues en ese momento su vehículo se acercó hacia ellos por el aparcamiento, hasta colocarse justo delante.

Subieron el equipaje de Cole en la cajuela, y ambos hombres se subieron a la parte trasera. Su chofer era un hombre bajo de piel blanca, cabello rojo muy corto y ojos verdes. No hablaba mucho, y de hecho eso de momento era bueno, aunque a Cody le esperaba un largo viaje a solas con él hasta Seattle así que eso podía tornarse un poco aburrido si seguía así.

Una vez que el auto se puso en marcha ya tomando el camino hacia Salem, Cole volvió a hablar.

—Eso se solucionaría si eres totalmente honesto, ¿sabes? —Dijo de pronto, tomando a Cody mal parado—. Me refiero a los problemas con tu chica… Ah, lo siento, ¿sí es una chica?

Cody giró un poco los ojos; no era el primero en hacerle esa pregunta, o similar. Pero entendió que no había mala intención en su pregunta, sino más bien un deseo de no suponer las cosas por adelantado.

—Sí, es una chica. Y eso de ser totalmente honesto… lo dices muy fácil.

—Porque lo es. No puedes aspirar a tener una relación duradera y estable si no eres totalmente honesto con la otra persona.

Además de policía y cazador de demonios, ¿también era consejero amoroso? Qué estuche de monerías resultaba ser Cole Sear.

—¿Tú siempre has sido honesto con…? —Calló un instante al darse cuenta de lo que estaba por decir. Miró de reojo al conductor, que parecía bastante concentrado en el camino y, aparentemente, no estaba poniendo atención a su plática. De igual forma decidió bajar la voz y cuidar sus palabras—. ¿Siempre eres honesto con lo que puedes hacer, con todas las mujeres con las que sales?

—Claro que no —bufó Cole con tono divertido—. Pero tampoco es que salga a muchas citas, en realidad. Lo que la Doctora dijo hace un rato no es muy alejado de la realidad. No me siento realmente cómodo con muchas personas.

—¿Enserio? Parecías bastante cómodo todo este día.

—Una máscara, creo que ella lo llamó.

A Cody no le sorprendió tanto lo que decía, sino como lo hacía con una gran sonrisa despreocupada en el rostro.

—Pero yo no soy el ejemplo más práctico —prosiguió el detective—. Mira a Eleven y a su esposo, por ejemplo. Una linda familia, una linda casa, y todo porque no hay secretos.

Cody miró por la ventana, pensativo.

“Me resultaría difícil creer que Eleven no le guarda ningún secreto a su familia”, fue el pensamiento que le cruzó por la cabeza, pero no fue capaz de decirlo en voz alta.

Le encantaría poder ser honesto con Lisa, le encantaría poder adaptar su vida a la de ella y hacer que ambas congeniaran de manera total. Pero no podía, debido al Resplandor, debido a esa habilidad que le permitía materializar sus pensamientos, incluidos sus sueños, de forma vivida en el mundo real más que cualquier otro ilusionista, pero más inestable. Lisa se preguntaba porque nunca quería quedarse a dormir con ella, pero no sabía si podría ser capaz de comprenderlo. Podrían pasar días, semanas, o incluso meses sin que no ocurriera nada, o al menos nada malo. Pero sólo faltaría una mala noche, un sueño intranquilo, una figura oscura que se escurriera desde su subconsciente para emerger, y entonces eso sería el fin de todo.

Ya había pasado antes, y varias veces. Cuando sus pesadillas se apoderaban de él y cambiaban todo su entorno para mal. Por eso vivía solo, en una casa a las afueras, sin vecinos muy cercanos. Por eso tenía siempre consigo en el bolsillo un frasco con unas pequeñas pastillas blancas, una droga especial que en un momento de emergencia podía ayudarlo a dormir, sin ningún tipo de sueño de por medio. Tenía estragos horribles en él, haciendo que se despertara más cansado que cuando se había ido a dormir, lo ponía irritable y paranoico, hasta que lograba volver a dormir con normalidad por sí solo. Por ello había optado mejor por el casi asilamiento, y por siempre cuidar los lugares en los que pasaba la noche.

¿Cómo podría Lisa digerir algo como eso? ¿Cómo podría entender que su pareja no quería dormir a su lado por miedo… a matarla sin querer?

—Conmigo es diferente —comentó reflexivo—. Yo… en verdad no puedo tener una relación convencional como otros. Cuando duermo, las cosas se pueden volver peligrosas. No podría perdonarme si Lisa saliera lastimada, o algo peor, por mi culpa. No podría perdonarme perder a otra persona querida por… esto que puedo hacer.

Cole lo miró en silencio, al parecer algo sorprendido por sus palabras. A lo largo de ese día sólo había podido contarle ligeramente la naturaleza de sus habilidades, y sobre todo lo que éstas podían hacer. Esperaba, sin embargo, que fuera suficiente para darse una idea sin necesidad de tener que decirlo en presencia de su conductor.

—Entonces, ¿terminarás con ella? —Cuestionó Cole, escéptico.

Cody titubeó.

—No lo sé… No lo he decidido, pero quizás es lo mejor. —Se cruzó de brazos, y se recargó por completo contra su asiento—. No debería de estar pensando en mi desastrosa vida amorosa tras todo lo que pasó hoy.

—Nunca es mal momento para pensar en eso —añadió Cole, más serio de lo esperado.

El tramo faltante hacia el Grand Hotel de Salem luego de ello fue relativamente corto. El vehículo se estacionó justo frente al edificio. Cole abrió la puerta de su lado, pero antes de bajar se giró hacia su compañero.

—Bueno, aquí me bajo —comentó con tono animado, y le extendió su mano derecha a forma de saludo—. Un placer, Cody.

—Igualmente, Cole —le respondió el profesor, no compartiendo del todo su entusiasmo, pero igual le apretó su mano con firmeza.

—Nos veremos el sábado si todo sale bien.

—Sí.

Cole sacó sus pies por la puerta y se paró erguido en la banqueta frente al hotel. El chofer se había bajado para abrir la cajuela y bajar su maleta, y Cody aprovechó ese pequeño lapso para hacer una última pregunta.

—Oye, espera —murmuró un poco fuerte, inclinándose un poco hacia afuera por la puerta aún abierta de Cole—. ¿Por qué me preguntabas lo de Matilda? ¿Acaso te gustó?

Cole se estremeció un poco, pero de inmediato se forzó a sonreír de nuevo de forma despreocupada y tranquila, con sus manos en su cintura y su pecho afuera. Por primera vez en ese día, a Cody le pareció ver un poco de esa “máscara” que Matilda había mencionado.

—¿A mí? No, ni siquiera la conozco —respondió con ironía—. Pero… no sería tan loco, ¿o sí?

A pesar de su actitud despreocupada, a Cody le pareció que realmente deseaba saber su respuesta. No era algo fácil de responder para él, pues en realidad no conocía tanto a Matilda como podría parecer.

—Hasta dónde sé no sale con nadie —le comentó con neutralidad—, y no estoy seguro si lo ha hecho alguna vez. Al menos creo que le diste una fuerte primera impresión.

—Es lo que mejor sé hacer —señaló Cole burlón. El chofer colocó la maleta justo a su lado, y él la tomó de la manija de inmediato—. Descansa.

—Igual.

Cole jaló su maleta hacia el hotel, y se perdió de la vista Cody detrás de las puertas automáticas. El chofer volvió poco después a su lugar, y sin decir media palabra emprendió de nuevo la marcha, ahora sí hacia Seattle.

Cody aprovechó ese tiempo de viaje y silencio para reflexionar. Inevitablemente su atención terminó por centrarse de nuevo en ese mensaje que había recibido en la tarde. Le echó un ojo otra vez; todo se veía igual:

Lisa: Necesitamos hablar

Sólo esas palabras, y nada más. Lisa no había escrito nada más, y él tampoco. Consideró unos momentos si era oportuno responderle siendo tan tarde, pero no había ni un centímetro de él al que le apetecía dicha idea. Sólo quería descansar y olvidarse de ese largo día.  Olvidarse no sólo de su problema con Lisa, sino de Lily Sullivan, Samara Morgan, Leena Klammer, y quien fuera el misterioso atacante de Matilda. Intentar tener otra noche sin pesadillas.

Ya habría mucho tiempo para preocuparse por ello después…

FIN DEL CAPÍTULO 27

Notas del Autor:

Lisa Mathews es un personaje original de mi creación que no se basa directa o indirectamente en algún otro personaje conocido de novela, película o serie.

—Este fue un capítulo principalmente para contar este pedazo de historia de trasfondo para Cody que quería meter desde hace algunos capítulos atrás, pero que decidí dejar para después ya que no le encontraba mucha cabida en otros capítulos. Sin embargo, pensé que era mejor ponerlo aquí antes de pasar ya a otro tema.

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Resplandor entre Tinieblas La Dra. Matilda Honey ha dedicado toda su vida a ayudar a los niños, especialmente a aquellos con el “Resplandor”, niños con habilidades especiales como ella misma lo fue. Desde hace muchos años, ha ayudado activamente en la Fundación Eleven, una organización dedicada a apoyar a este tipo de niños. Siguiendo esta misión, es llamada al Hospital Psiquiátrico de Eola, para entrevistar a una niña de doce años llamada Samara Morgan, quien presenta enormes habilidades psíquicas, que parecen salirse de los patrones normales que hubieran visto antes. Todos los que tienen algún contacto con ella, dicen que hay algo extraño detrás de sus habilidades, algo que sólo pueden describir como “maligno”.

Pero Matilda no cree en el mal, y está decida a ayudar a Samara, así como alguien la ayudó a ella en su juventud. Pero se dará cuenta más temprano que tarde que el mal es de hecho bastante real, y que se ha metido en algo que está más allá de lo que puede entender…

+ “Matilda” © Jersey Films, Danny DeVito, Roald Dahl.

+ “The Ring” © DreamWorks Pictures, Gore Verbinski, Koji Suzuki.

+ “The Shining” © Warner Bros., Stanley Kubrick, Stephen King.

+ “Stranger Things” © Netflix, Matt Duffer y Ross Duffer.

+ “Before I Wake” © Intrepid Pictures, Mike Flanagan y Jeff Howard.

+ “Orphan” © Dark Castle Entertainment, Jaume Collet-Serra, David Leslie Johnson.

+ “The Omen” © 20th Century Fox, Richard Donner, David Seltzer.

+ “The Sixth Sense” © Hollywood Pictures, Buena Vista Pictures Distribution, M. Night Shyamalan.

+ “Case 39” © Paramount Vantage, Paramount Pictures, Christian Alvart.

Si te ha gustado mi trabajo y deseas ver más de él, puedes apoyarme invitándome un café. Será enormemente apreciado.

2 pensamientos en “Resplandor entre Tinieblas – Capítulo 27. Sin Pesadillas

  1. ignacio rodriguez piceda

    El capítulo fue tranquilo como mencionaste pero fue interesante que enfocarlas en Cody y su vida privada.
    Preguntas:
    Sera posible que sus pesadillas serán más peligrosas que la tuvo cuando era mas chico?
    Cómo le afectará Samara a conocer mas personas como ella?

    Responder
    1. WingzemonX Autor

      Hola Nacho. En efecto fue tranquilo, pero era para darle algo más de trasfondo a Cody y que se vea más claro en qué situación se encuentra ahora. Aún creo que se debe explicar algunas cosas, sobre todo para aquellos que no han visto la película original. Sobre sus sueños, en efecto es probable que sus pesadillas se hayan vuelto más peligrosas porque sus poderes se han vuelto más poderosos, pero ha aprendido a usarlos mejor (incluso cuando no está dormido, como se muestra que puede ocurrir al final de la película). Pero en efecto luego de lo ocurrido con su padre adoptivo y las demás personas, teme que eso pueda ocurrir otra vez y por ello procura evitar cualquier situación que lo ponga en peligro. Y dentro de como conocerá a Samara directamente, y creo que ese encuentro será muy importante para ambos.

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