Fanfic Teen Titans: The Sinners – Capítulo 31. Se acabó

23 de mayo del 2018

Teen Titans: The Sinners - Portada de "Se Acabó"


TEEN TITANS

THE
SINNERS

Por
Wingzemon X

CAPITULO 31
“Se acabó”

Pelear contra un demonio loco pirómano por sí solo ya era suficientemente difícil, como para encima tener que hacerlo con una pierna lastimada. La cantidad de formas que Chico Bestia podía tomar bajo ese estado eran bastante limitadas; principalmente optaba por aves, o animales de gran tamaño que pudieran atacar a su oponente a distancia. Pero Jared era mucho más habilidoso de lo que imaginó. No sólo era su fuego, que parecía que en cada segundo que pasaba se volvía más intenso y caliente, sino que encima parecía bastante ágil en lo que correspondía a pelear de frente, usando un estilo sucio, violento y sin miedo. Sabía cómo moverse, como golpear, y el dolor de sus heridas no lo detenía. Chico Bestia no era un experto, pero sospechaba que no todo ello era producto de su cuerpo mitad demonio.

Terra miraba el enfrentamiento estando sentada en el suelo frente al domo de roca que había construido alrededor de Raven y Robin. Notaba que Chico Bestia estaba teniendo dificultades, y realmente quería pararse, ir hasta ahí y ayudarlo; sabía que entre los dos podrían derrotarlo sin duda alguna… si acaso su estado físico fuera mejor. Pero en estos momentos se sentía tan débil y tan adolorida, que sospechaba que de intentarlo terminaría siendo más un estorbo para el Titán que una ayuda, y de seguro tendría que arriesgarse para salvarle el pellejo. Lo único que podía hacer era quedarse ahí frente al domo, haciendo guardia e intentando cuidar que nadie se les acercara. Pero, ¿realmente era lo único?

Luego de tomar la forma de un enorme pterodáctilo verde e intentar atrapar a Jared entre sus garras, éste lo esquivó elevándose en el aire tras crear dos explosiones con sus manos en el suelo. Una vez elevado y a la altura de su cabeza alargada de dinosaurio, el pelirrojo extendió sus manos al frene, las juntó y creó otra fuerte explosión justo en su cara. El impulso de la explosión empujó a ambos en direcciones contrarias. Jared estaba preparado y logró dar una maroma en el aire y caer de pie en el suelo. Chico Bestia, por otro lado, fue tomado por sorpresa y la explosión no sólo lo empujó hacia atrás, llegó a lastimarlo tan fuerte que perdió su forma y volvió a su apariencia real antes de caer de espaldas al suelo.

Su pierna lastimada se golpeó al caer, causándole un agudo dolor que lo inmovilizó y lo dejó en el suelo. Jared no perdió el tiempo, y de inmediato se lanzó hacia él, impulsado de nuevo por su fuego. Cayó justo delante del Titán, pero presionó su pie derecho con fuerza contra su tobillo de manera intencional, aplastándolo.

—¡¡Aaaaah!! —Aulló el chico de piel verde, como un gemido de absoluto dolor que resonó en el eco de la capilla. Terra miró esto desde su posición, horrorizada.

—¿Quién les causó todo este daño? —Cuestionó Jared, mientras retorcía su pie contra el tobillo lastimado de Chico Bestia—. ¿Jessie?, ¿John? No, creo que fue Jacqueline, ¿cierto? Se ve que los dejó mal, y aun así se atreven a venir así hasta acá.

Garfield siguió gritando, incapaz de poder decir algo o incluso pensar. Pequeños rastros de lágrimas se asomaron por sus ojos.

—Eres valiente, y tuviste que ser hábil para sobrepasar a Jacqueline. Pero llegaste aquí demasiado tarde. Ni siquiera eres capaz de retrasar esto…

Terra no pudo esperar más; los gritos de Chico Bestia simplemente la desgarraban por dentro. Usando todo el poco empuje que le quedaba se puso de pie apoyándose en el domo de roca. Respiró hondo, intentó concentrarse y entonces alzó sus manos al frente y éstas se iluminaron de fulgor dorado. El suelo debajo de Jared y Chico Bestia tembló, y eso distrajo al demonio de su pequeña tortura. Pedazos de roca comenzaron a desprenderse del suelo, comenzando a flotar delante de Terra unos segundos y luego se lanzaron contra Jared como proyectiles. El chico notó esto, y rápidamente saltó hacia un lado para esquivar los primeros, luego se agachó para esquivar los siguientes, y para los últimos prefirió crear una llamarada tan intensa a su alrededor que las piedras se derritieron en el aire, y cayeron al suelo como masas fundidas.

Esto último dejó perpleja a Terra.

—No te hagas la sorprendida —murmuró Jared sonriente; sus ojos brillaban con un ligero brillo rojizo, bastante intimidante—. Tú misma sabes qué es lo que alimenta mi fuego, ¿o no? —Extendió de pronto sus manos a los lados, y dos llamaradas más fuertes y brillantes que antes se formaron en sus palmas—. Dime, Terra… ¿estás enojada?

Chico Bestia alzó su mirada al oír esto. Lo que Terra les había dicho al entrar a la cueva resonó en su mente: “no sólo controla el fuego. Su fuego de hecho se alimenta de su propia ira y de sus enemigos, o incluso la de sus propios hermanos”… Claro, ese era su secreto, Terra se los había dicho. Por eso su fuego se hacía cada vez más fuerte; conforme más progresaba su pelea, él comenzaba a sentirse más frustrado, preocupado y molesto… y eso sólo le daba más poder. Y Terra al verlo en ese estado y viendo como lo dañaba de esa forma, ella de seguro…

—¡No!, ¡Terra! —Gritó el Titán, intentando alzarse, pero era tarde.

Jared arrojó las dos bolas de fuego, una detrás de la otra, contra Terra. La rubia a duras penas pudo lanzarse hacia un lado y tirarse al suelo para esquivarlas. Sin embargo, las dos llamas chocaron contra el domo de piedra, dejando dos marcas rojizas e incandescentes en donde lo golpearon, y estando en esos puntos al parecer a punto de fundirse como sus proyectiles.

El pelirrojo comenzó a arrojar pequeñas llamas contra Terra mientras se la cercaba, pero ni siquiera parecía con la intención de darle apropósito. Las llamas golpearon el suelo a su lado, luego más adelante hacia donde ella se arrastraba intentando evitarlo. Comenzaba a tenerla acorralada en el suelo, indefensa, asustada… y enojada.

—Así es, arrástrate pequeña traidora. Raven te dio justo lo que querías, y aun así te atreviste a darnos la espalda y renunciar tú misma a tu felicidad —Se aproximó hasta estar justo delante de ella; en ese punto, Terra estaba encogida en sí misma, sintiendo el intenso calor que la rodeaba. Jared de pronto la tomó del cuello y la alzó de un jalón, obligándola a ponerse de rodillas. La sostenía con fuerza del cuello para evitar que cayera de nuevo, lastimándola. Por más que ella golpeaba su mano desesperada por apartarla, no tenía la fuerza suficiente para hacerlo—. Te mereces todo lo que te pasa, princesita… te mereces ser quemada por las llamas del propio infierno que tú ayudaste a construir…

Los dedos de Jared comenzaron a tornarse lentamente brillantes, como carbón encendido. La temperatura de sus dedos igualmente fue subiendo, hasta poco a poco provocar una sensación de ardor que se fue tornando en una dolorosa quemazón. Terra gritó con fuerza de dolor, mientras intentaba apartar su mano de ella, inútilmente.

Ahora era Chico Bestia el que no podía soportar más todo eso, ver como ese sujeto tomaba a Terra de esa forma y la hacía sufrir hasta el punto de hacerla soltar esos alaridos de dolor… Fue como si su cuerpo recibiera una inyección extrema de adrenalina. Su ritmo cardiaco se aceleró, y cualquier rastro de cansancio o dolor en él simplemente desapareció por completo. Se puso de pie de inmediato, corrió hacia él sin importarle en lo más mínimo su pierna lastimada, y a mitad del camino su cuerpo se convirtió de golpe en una criatura enorme, de abundante pelaje verde oscuro, ojos blancos e inhumanos, garras grandes y poderosas, y largos y afilados colmillos: una verdadera bestia.

Jared se sobresaltó al escuchar el estruendo de su rugido a sus espaldas, pero no fue capaz de voltearse lo suficientemente rápido antes de que lo tomara con fuerza con su garra derecha y lo apartara de Terra de un fuerte jalón. Sin el menor miramiento, tomó al chico y lo azotó contra el suelo con fuerza dos veces, y luego lo arrojó como si fuera una simple pelota contra la pared, haciendo que su cuerpo casi se estampara contra éste de la potencia con la que lo había hecho. Un segundo después, comenzó a caer pero la Bestia no se lo permitió y lo tomó antes de tocar el suelo, sólo para azotarlo de nuevo él contra éste. El pelirrojo quedó tirado boca arriba, casi inconsciente, y visiblemente magullado por los repetidos golpes.

Terra apenas y pudo entender la increíble escena ante sus ojos. Estando sentada en el suelo luego de que Jared la soltara, sólo pudo ser testigo de cómo esa enorme bestia, a la cual no podía relacionar con algún animal en específico, azotaba de esa forma al mitad demonio como si fuera un simple juguete. La Betia se volteó entonces hacia ella una vez que terminó, y por un instante la rubia se sintió intimidada. Sin embargo, su mirada al posarse sobre ella se suavizó considerablemente. Comenzó a andar lentamente hacia ella, y poco a poco su cuerpo fue cambiando de forma, reduciéndose hasta convertirse de nuevo en el Chico Bestia original. No fue capaz de llegar por completo hasta dónde ella se encontraba, y terminó cayendo al suelo,  agotado y con su manos aferradas a su pierna, que si no se encontraba rota antes posiblemente ahora ya estaba cerca de estarlo.

—Chico Bestia —musitó Terra, y lentamente gateó hacia donde él estaba, sentándose a su lado. Al parecer parecía consciente, pero débil—. ¿Estás bien? ¿Desde cuándo puedes hacer esa transformación?

—Viene y se va —señaló el chico verde con un tono ligeramente burlón que ayudó mucho a aliviar el aire. Lentamente se sentó, y la volteó a ver, aprensivo—. ¿Tú estás bien?



Terra llevó sus manos a su cuello, que aún tenía las marcas rojas de los dedos de Jared en él, pero que a simple vista no eran quemaduras graves. Ella asintió lentamente como respuesta a su pregunta.

Por un segundo ambos se tomaron el tiempo para respirar aliviados, hasta que notaron por el rabillo del ojo que Jared empezaba a levantarse, tomando a ambos por sorpresa.

—No puede ser —masculló Chico Bestia—. ¿Aún sigue de pie?

Jared se logró parar, pero casi de inmediato cayó al frente, sosteniéndose de sus manos para no caer por completo. Respiraba algo agitado, y se veía confundido y mareado. El peso de los combates, incluido el que había tenido con Robin, ya comenzaban a caerle encima. Pero no podía detenerse, no todavía. Aún debía…

—Oye, rojito —escuchó que una voz pronunciaba de pronto sobre él—. Creo que esto te pertenece.

Jared alzó su mirada al frente. En la puerta, de pie delante del arco, se encontraban Starfire y Cyborg; la primera con sus ojos encendidos, al igual que sus manos, y el segundo apuntándolo de frente con el cañón de su mano. Sobre ellos estaba la persona que le había hablado: Supergirl, flotando unos metros encima, cargando con una mano… a cinco personas rodeadas por vigas de acero como si fueran cuerdas. Antes de que pudiera verlos con claridad, Supergirl los dejó caer justo delante de él. Jared se alzó para verlos con cuidado. No había duda: eran Jacob, Jessie, Jack, Jacqueline, y había una caja pequeña de paredes rojizas transparentes dentro de la cual había una esfera gris con ojos rojizos, que de seguro tenía que ser John. John parecía consciente pero incapaz de moverse, y los otros cuatro estaban totalmente inconscientes y rodeados por la viga de acero. Todos se veían lastimados y golpeados.

Jared casi se horrorizó al ver esto.

—¿Jacqueline? ¿Jessie? —masculló despacio, pero nadie le respondió. Los cinco habían sido completamente derrotados… igual que él.

—Estás solo, amigo —le advirtió Cyborg, sin dejar de apuntarlo con su arma—. Será mejor que te rindas de una buena vez.

Y entonces se volvió más consciente de su propia situación. Cyborg se había posicionado a su izquierda, Starfire a su derecha, y Supergirl levitaba sobre sus hermanos y él. Chico Bestia y Terra, aunque heridos, igual se encontraban a sus espaldas listos para actuar al primer movimiento que hiciera. Estaba rodeado, cansado, herido… y solo.

—Qué alegría verlos, chicos —murmuró Terra con debilidad, pero con una extensa sonrisa de alivio.

—¿Están bien? —Cuestionó Cyborg, viéndolos de reojo—. Los dos se ven fatales.

Ambos sonrieron al unísono y extendieron sus pulgares en gesto afirmativo.

Jared guardaba silencio. Debía pensar en algo rápido, pero la situación no se lo permitía. La frustración se fue acumulando en su interior, frustración que rápidamente se convertía en ira… pero no la suficiente como para darle el poder que necesitaba para derrotar a todos esos individuos a la vez.

De pronto, algo se escuchó detrás de él, y volteó sobre su hombro. La atención de Chico Bestia y Terra se había centrado también en el mismo punto: en el domo de piedra en el que se encontraban refugiados Robin y Raven. Rayos de luz roja se filtraron por las aberturas de la piedra, y de un segundo a otro el domo explotó en pedazos, arrojando estos por todos lados. Ante los ojos incrédulos de todos, la silueta de Raven se elevó lentamente en el aire en el centro del cuarto, brillando con gran intensidad como una lámpara de luz rojiza.

—¿Raven? —susurró Chico Bestia, atónito… y algo asustado.

Mientras los Titanes veían esto con aprensión, el rostro de Jared se iluminó, y una amplia sonrisa de satisfacción surgió de golpe.

—No, aún no he terminado —soltó de golpe con energía, seguido de una aguda risa—. Llegaron tarde, Titanes: nosotros hemos ganado —extendió entonces sus brazos hacia la imagen de su hermana, casi con adoración—. Vamos, Raven, ¡ven y muéstrales quién eres en realidad! ¡Muéstrales a la verdadera tú!

¿Enserio habían llegado tarde? ¿Lo que les habían advertido que podría ocurrir se estaba materializando ante ellos? ¿Habían fracasado en su misión…? Los Titanes se miraron entre ellos, en busca de alguna repuesta.

De pronto, Chico Bestia y Terra, quienes eran los más cercanos al sitio, vieron como Robin se sentaba entre los escombros del domo protector, tomándose su cabeza con una mano. Parecía aún algo aturdido y confundido por el despertar tan repentino.

—Robin, ¿qué ocurrió? —Masculló Chico Bestia, acercándosele lo más que su cuerpo malherido le permitió—. ¿Acaso tú no…?

Robin reaccionó por completo al escuchar que le hablaba, y lo volteó a ver. No entendió en un inicio el motivo de su cuestionamiento, hasta que percibió le brillante luz rojiza que yacía sobre él. Al alzar su mirada, notó a Raven levitando sobre ellos, y por un instante el mismo sentimiento de preocupación que inundaba al resto de sus amigos, igualmente le llegó. ¿Había fracasado? ¿Raven no había sido capaz de hacerlo? ¿Ella tenía razón…? No, no podía ser.

—Esperen, no teman —declaró con firmeza, poniéndose de pie rápidamente—. Confíen en Raven…

Los Titanes tomaron sus palabras con reserva, pero las aceptaron. La espera por una respuesta no fue tan larga, pues en ese instante poco a poco el brillo rojizo que envolvía a Raven se fue opacando, hasta desaparecer por completo. La hechicera aún tenía sus ojos cerrados cuando su cuerpo comenzó a descender lentamente. Sus botines azules tocaron la superficie plana del suelo, y agachó su cabeza. Su flequillo cayó sobre su rostro, casi ocultándolo. Se quedó en esa posición, en silencio y completamente quieta…

Todos se quedaron en su sitio a la espera. Jared miraba todo con bastante confianza, mientras los otros dudaban de cómo reaccionar. El único que se atrevió a acercársele con pasos precavidos fue el propio Robin. El Titán se aproximó hasta pararse a sus espaldas a menos de un metro.

—¿Raven? —cuestionó despacio—. ¿Eres tú?

De nuevo unos segundos de silencio y espera, antes de que al fin su voz se escuchó…

—Sí… —susurró de pronto, y lentamente alzó su mirada por encima de su hombro, viendo a Robin directamente con sus ojos, sus habituales ojos morados y no los ojos amenazantes y peligrosos de la Raven Roja—. Soy yo… por completo… yo…

Robin sonrió satisfecho al ver esto; era ella, la Raven real, la que para ellos al menos era la Raven real. El sentimiento de tranquilidad se esparció rápidamente en el resto de sus compañeros.

—Raven, lo lograste —Exclamó Robin con alegría… pero esto no duró mucho.

Al dar otro paso hacia ella, el Titán puso mayor atención en la imagen ante él. Eran los ojos de Raven, el rostro de Raven; era Raven sin duda… pero había algo que no se veía bien. Su mirada, la expresión que habían tomado los músculos de su rostro, el ángulo de sus labios, su propia postura, todo ella no radiaba felicidad o tranquilidad como él: radiaba absoluto… enojo… un enojo tan grande y tangible que en cuanto Robin fue consciente de él, se paralizó por completo.

—¿Raven? —Murmuró con suavidad, pero ella no le respondió nada. Sólo se giró de nuevo al frente, y clavó estos ojos llenos de rabia en una sola persona: Jared.

La sonrisa confiada del chico pelirrojo se había esfumado por completo, y ahora se veía más que nada confundido. Al ver de frente a Raven, notó lo mismo que Robin había notado: que era la misma Raven de siempre, no la que él esperaba ver.

—No… no puede ser —murmuró, con su voz casi temblando—. ¿Cómo es que…? ¡¿Dónde está Raven?! ¡¿Dónde está mi verdadera hermana?!

Jared alzó la voz con fuerza, pero Raven ni siquiera se mutó. Alzó su mano de pronto hacia él, y en un parpadeo el cuerpo de Jared fue empujado con violencia hacia atrás, estrellándose contra la pared, y luego quedando en el suelo, adolorido. Este acto puso en alerta de nuevo al resto de los Titanes, que igualmente detectaban esta actitud de su amiga como bastante inusual.

Raven comenzó avanzar hacia Jared con pasos cautelosos. A medio camino hizo su mano hacia un lado, y los otros cinco hermanos atrapados se hicieron abruptamente a otro lado para quitarlos de su camino; como si fueran una simple cosa delante de ella y no personas.

Jared miró este acto desde el suelo totalmente sorprendido.

—No, no esto no puede estar pasando… —murmuró lleno de frustración.

¿Cómo había fallado?, ¿qué había hecho mal? Hizo todo lo que la Raven Roja, la verdadera Raven, le había dicho que hiciera; cada paso había sido planeado por ella y ejecutado por él de manera perfecta. Esto no tenía por qué haber pasado, esto no era lo que le habían prometido…

Raven se paró justo delante de él y lo miró hacia abajo con sus ojos resplandeciendo de blanco. Desde esa posición, con las sombras ocultando su rostro y esos amenazantes ojos mirándolo con prepotencia y poderío… Jared sintió miedo por primera vez en mucho tiempo.

—Se acabó, Jared —le murmuró la chica ante él con la voz resonando como un rayo—. Ríndete…

¿Rendirse? ¿Eso era lo que le quedaba?, ¿arrastrarse y pedir misericordia? No, nunca había hecho eso en todo su vida, y no empezaría a hacerlo en ese momento… de ninguna manera lo haría.



Aún había algo que podía hacer. Pudo sentir entonces el sentimiento de rabia que surgía de Raven, de cada poro de su ser. Al respirarlo, éste entraba por su nariz e inundaba todo su cuerpo, creando un intenso calor en su interior. Esta ira era diferente a las que había sentido antes; era mucho más deliciosa, mucho más poderosa… Era similar a la que sus hermanos le brindaban. Quizás no era suficiente para derrotarlos a todos ellos, pero al menos sí para no quedarse ahí como un absoluto perdedor.

—No… —Murmuró despacio—. ¡No lo haré! ¡Nunca lo haré!

Extendió su mano y la movió delante de él, creando una fuerte llamarada que se extendió a todos lados, obligando a que incluso Raven tuviera que retroceder y protegerse para evitar ser alcanzara por ella. El caso fue lo mismo para los otros. Mientras ese fuego los distraía lo suficiente, Jared juntó sus dos manos contra el suelo, creando una fuerte explosión que lo elevó por los aires. Luego creó una más contra el techo, creando un agujero en éste por el que se escabulló. Para cuando todos lograron reaccionar, sólo pudieron ver el agujero en el techo, y escuchar varias explosiones seguidas que venían de él y rastros de tierra y cemento que caían.

—¡Está escapando! —señaló Starfire con alerta.

—No irá a ningún lado… —declaró Supergirl, y de inmediato se dispuso a lanzarse tras de él por el mismo agujero.

—¡No! —Se escuchó de pronto que gritó la voz de Raven, y Supergirl se detuvo en seco. Todos voltearon a ver al mismo tiempo a su compañera, que miraba al agujero llena de enojo—. Debo terminar con esto yo misma…

El cuerpo entero de Raven se cubrió de energía oscura, y fue hundiéndose en ella, como si penetrara el suelo, hasta desaparecer por completo de sus vistas. Se había ido, y muy posiblemente iba detrás de Jared.

—¿Están seguros de que está bien? —Cuestionó Chico Bestia, perplejo.

—No se ve bien —señaló Starfire—. Algo aún le está afectando…

—No otra vez —masculló Supergirl con frustración.

La atención de todos se enfocó en su líder.

—¿Qué hacemos ahora? —Cuestionó Cyborg de forma directa.

Robin miraba fijamente el punto en el suelo en el que Raven había desaparecido. Sería terco de su parte fingir que Raven se encontraba totalmente bien. No había sido dominada por la Raven Roja… pero igualmente algo estaba ocurriéndole. ¿Qué era? No había forma de saberlo con claridad, pero Robin tenía un par de ideas. Giró su atención hacia el resto de los hermanos; seguían inconscientes y aprisionados, por suerte.

—Ustedes salgan de aquí, y llévense a ellos con ustedes —ordenó y de inmediato se dirigió a los restos del domo, en donde yacía su gancho retráctil que había caído después de su último uso para alcanzar a Raven.

—¿Tú qué harás, Robin? —Preguntó Chico Bestia, inseguro.

Robin armó de nuevo su gancho, y lo apuntó hacia el agujero por el que Jared se había ido.

—Iré tras ellos —respondió con firmeza.

—Robin —intervino Cyborg—, si vuelve a perder el control como esta tarde…

—No lo hará —le interrumpió el chico de antifaz—. Yo confío en ella. Salgan, vamos.

Disparó el gancho antes de que cualquiera pudiera cuestionarle algo más, y se elevó en el aire con rapidez hasta entrar por el agujero y perderse de su vista. No les quedaba más remedio que seguir sus instrucciones y salir de ahí cuánto antes.

— — — —

A una cuadra detrás de la iglesia abandonada por la cual los chicos habían ingresado al Templo de Trigon, se suscitó una fuerte explosión que abrió un agujero en el centro de la calle. Esa parte de la ciudad se encontraba más concurrida, y un auto estuvo a punto de caer en el boquete. Alrededor de cinco personas cercanas, incluido el conductor del auto, se quedaron viendo fijamente el agujero, pero no tardó mucho en surgir de él el causante. El chico pelirrojo y de chaqueta negra, algo lastimado y sucio, saltó desde el agujero y posó sus pies sobre el pavimento, tambaleándose un poco. Se sujetó con fuerza su brazo izquierdo y dio un par de pasos al frente, antes de caer de rodillas.

Se sentía débil, desorientado, y algo confundido. No sabía ni en qué punto de la ciudad se encontraba, ni hacia dónde ir. Sólo sabía que una vez estaba solo… solo como siempre lo había estado, y cómo había aprendido a vivir. Sin nadie que le tendiera una mano o le ayudara a levantarse. Jaqueline, Jessie, Jacob, John, Jack… y Raven; incluso Terra, ninguno estaba ahí para él. Había pasado de tenerlo todo, de ser el ganador absoluto, a eso… a estar huyendo como rata escurridiza por su propia debilidad e ineptitud.

Si tan sólo hubiera matado al tal Robin cuando tenía la oportunidad no hubiera hecho lo que fuera que hizo para detener el surgimiento de la verdadera Raven. O quizás debió de haberse encargado de Terra cuando rompieron su hechizo, y así no los hubiera guiado hasta su templo. Si hubiera puesto más empeño en acabar con Slade y no confiar sólo en Terra, no le hubiera dicho a Robin lo que sea le haya dicho. Todo era su culpa… él había fallado. Y eso lo hacía enfurecer; enfurecer como nunca lo había estado antes.

Alzó su mirada y vio a la gente a su alrededor que lo miraban confundidos y algo atemorizados.

—¿Qué pasa?, ¡¿les doy miedo?! —Les gritó con fuerza de golpe, y casi todos retrocedieron un paso—. ¡Pues deberían! ¡Deben temerme! ¡Deben odiarme!, ¡deben darme su ira!

Creó dos intensas llamas de sus manos y luego las extendió a los lados, creando un anillo de fuego que se dirigió hacia todos los testigos. Dos de ellos quisieron huir, pero el resto se quedaron paralizados ante esa imagen, pero fuera como fuera el fuego igualmente los tocaría a todos. Para su suerte, no ocurrió, pues un escudo de energía oscura los protegió a todos, y el fuego no los alcanzó.

Jared vio esto con asombro al inicio, pero de inmediato lo entendió. Detrás de él se formó un círculo totalmente negro, y la silueta oscura de Raven se materializó poco a poco.

—Te estaba esperando —murmuró Jared, sin voltear a verla—. Veo que no quieres dejar esto por las buenas…

Al girarse hacia ella, vio a Raven mirándolo con los mismos ojos blancos y brillantes, pero llenos de ese mismo enojo de hace unos momentos, ese mismo delicioso enojo.

Jared rio con intensidad.

—¡Sí!, ¡eso es, hermanita! —Sus manos se cubrieron de fuego abruptamente—. ¡Ódiame!, ¡enójate! ¡Mientras más ira tengas más fuerte me harás!

Se lanzó encima rápidamente, comenzando a arrojarse esferas de fuego consecutivas. Raven se movió hacia los lados, levitando un poco por encima del suelo, para esquivar sus ataques. Al mismo tiempo que esquivaba, se le acercaba, hasta estar justo delante de él, lo suficientemente cerca como para golpearlo en la cara de frente. Jared se tambaleó hacia atrás, y apenas se recuperaba cuando Raven le dio una patada más en la cara y lo terminó tirando al suelo.

Robin surgió del agujero unos segundos después. Una vez afuera, volteó a todos lados para analizar la situación, y de inmediato notó a Raven y Jared, no muy lejos de dónde él estaba.

—Miren, ¿no es Robin? —Escuchó a alguien mencionar a su diestra. Al mirar en esa dirección, notó a un par de personas, viéndolo fijamente con sorpresa.

—Sí, es Robin —señaló otro—. Está de vuelta en Gótica.

Habían pasado por tanto en ese corto lapso de tiempo, que se le había olvidado por un instante en dónde estaban. Pero no tenía tiempo para eso.

—¡Aléjense de aquí! —Les gritó con ímpetu, agitando un brazo—. Es muy peligroso, ¡huyan!

La gente de Gótica había aprendido a obedecer cuando Batman o sus ayudantes les daban una orden, así que de inmediato todos comenzaron a alejarse del sitio. Eso les daría más espacio… si en verdad las preocupaciones de Cyborg y los otros se hacían realidad.

Jared se alzó de nuevo tras el último ataque de Raven y se mantuvo a la defensiva, con sus manos cubiertas de fuego, y sus ojos se habían tornado rojizos y brillantes. Raven no decía nada; sólo estaba callada, de pie ante su supuesto hermano, con sus puños apretados, su quijada tensa y sus ojos resplandecientes. Estaba furiosa, como Robin nunca antes la había visto. Era quizás diferente y con menos intensidad que cuando perdió el control esa tarde, pero aun así… el sentimiento que radiaba era igual o más dañino.

—Raven, recuerda lo que Terra nos dijo —intentó expresarle Robin, aproximándosele—. La ira de sus oponentes le da más poderes. Debes tranquilizarte….

—¡No intervengas! —Exclamó la hechicera con fuerza, y el cuerpo de Robin fue empujado hacia atrás casi como un golpe. Estuvo a punto de caer de nuevo el agujero, pero logró detenerse antes de que eso pasara—. ¡Esto termina aquí, Jared!

—¡Lo mismo digo! —Le respondió el pelirrojo y se le lanzó encima igual que antes.

Ambos chocaron en el centro de la calle, y comenzaron a atacarse mutuamente con fuego y magia, además de golpes limpios. Jared estaba herido, pero la ira de Raven parecía darle suficiente poder para seguir moviéndose y atacar. Robin sólo podía ver todo desde lejos como un simple espectador. No estaba seguro de que haría si eso se salía de control…

“Vuelve al mundo real, despierta y… mátame…”

“Es la única forma. Si no lo haces, ella saldrá, y no habrá nada ni nadie que pueda detenerla… Sólo tú puedes…”

“Si no lo logró y quien despierta es ella… prométeme que tú harás lo correcto; sólo tú podrías…”

Eso era lo que Raven le había dicho. ¿Era eso lo que tenía que hacer? ¿Era esa la única alternativa que quedaría si…? No, no podía rendirse tan pronto. Tenía que confiar, tenía que confiar en Raven. Ella podría sobreponerse a todo eso; sólo debía darle la oportunidad de hacerlo.



El calor de su llamas se volvía más intenso, y varias veces hacía que Raven retrocediera. Jared aprovechaba estos momentos para recuperar terreno y atacarla con aún más intensidad. En un movimiento logró crear una explosión justo frente a Raven, y está fue empujada hacia atrás por la onda expansiva, chocando contra un póster de luz. Jared comenzó a arrojarle varias esferas de fuego consecutivas, una tras otra. Raven se protegió con un escudo a su alrededor, y el fuego sólo chocaba contra éste sin tocarla. Una vez que el ataque de Jared cesó, Raven quitó su escudo y con su magia arrancó el póster del concreto y lo arrojó contra él. Jared extendió su mano encendida al frente, y derritió el poster, abriéndose paso por él, y siguiendo de largo hacia Raven.

Raven recibió de frente esa última llamarada, la cual alcanzó su capa. La agitó intentando apagarla, pero al final se la tuvo que quitar y lanzar al suelo pues el calor era insoportable. La capa se hizo cenizas en unos segundos. Raven quedó sólo con su leotardo negro y sus botines azules. Jared no perdió el tiempo, y mientras estaba distraída la tomo por detrás, sujetándolo con un brazo por el abdomen y con su otra mano la tomó del cuello.

—Aún no es tarde, Raven —le susurró despacio, mientras sus manos se calentaban, lastimándola intencionalmente en su cuello y en su abdomen; la Titán gimió levemente, adolorida—. Aún seguimos compartiendo la misma sangre. Aún puedes unirte a nosotros por tu voluntad, y obtener el sitio que te corresponde.

—¡Yo sé cuál es el sitio que me corresponde! —Gritó Raven con fuerza, y en ese momento todo su cuerpo se cubrió de un resplandor blanco. Gritó con todas sus fuerzas, y una onda de energía se extendió en todas direcciones, empujando a Jared por los aires lejos de ella, y también rompiendo las ventanas de los edificios y vehículos cercanos.

Jared cayó varios metros lejos de ella, pero no duró mucho en el suelo antes de que fuera alzado por obra de la propia magia de Raven. Fue elevado por los aires, azotado contra el suelo, luego lanzado hacia un lado contra la fachada de un edificio, y luego contra el costado de un vehículo. Su cuerpo magullado terminó volando por el aire y cayendo en medio de la calle con fuerza, revotando en éste, y luego quedando boca abajo sobre el asfalto oscuro.

Jared se quedó totalmente quieto en su lugar, y por un segundo Robin creyó que lo había matado, hasta que lo vio moverse un poco. Recordaba a Raven haber dicho más temprano: “sabes que no puedes derrotarme. Soy mucho más poderosa que tú, que cualquiera de ustedes”; era evidente que eso era cierto, y Jared lo sabía. Y aun así siguió, siguió presionando, siguió intentándolo… ¿por qué? ¿Creía que la ira de Raven le sería suficiente fuente energía para vencerla? ¿Creyó que aún podía convencerla de unirse a él? O… ¿quizás esperaba que todo terminara justo y como estaba terminando…?

El resplandor en torno a Raven se opacó, hasta que sólo quedó ella de nuevo. Bajó su mirada y notó que su leotardo había quedado chamuscado en donde Jared había puesto su mano, e igualmente sentía ardor en su cuello. Sin embargo, ambas cosas le fueron indiferentes. Se giró de lleno hacia donde Jared había caído, y se le aproximó rápidamente; esto le dio muy mala espina a Robin, por lo que igualmente la siguió por detrás, cuidadoso.

 Jared logró girar sobre sí mismo en el suelo, y luego sentarse; ambos movimientos parecieron resultar retadores para él, además de dolorosos. Pasó el dorso de su brazo para limpiarse rastros de sangre de sus labios con su manga. En su cara tenía algunos rapones y cortadas. Raven se paró justo delante de él, y la miró desde abajo. De nuevo lo veía con poderío, pero con un gran sentimiento de odio recorriéndole el cuerpo y que él podía percibir sin problema. Sí, era bastante… pero ya no importaba. Ni toda la ira de toda esa ciudad le daría lo que necesitaba; eso lo sabía desde un inicio.

Jared se quedó sentado, y le sonrió ampliamente de forma despreocupada.

—Eso es todo, ¿no? —masculló, burlón—. Vamos, dame tu mejor golpe, hermanita… ¡Acabemos con esto!

Casi como si fuera una respuesta inmediata a sus palabras, Raven alzó su mano derecha a un costado de su cabeza, y extendió su palma. Toda su mano se cubrió de su energía escura alzándose hasta casi tomar la forma de una larga cuchilla. Jared miró esto aún con una sonrisa, como si nada de ello le importara.

Al final moriría solo, como siempre había vivido…

—Raven, no —susurró Robin a espaldas de la hechicera de pronto—. Date cuenta de lo que estás haciendo. Lo entiendo, estás enojada, y tienes derecho de estarlo, pero no puedes dejar que este sentimiento te domine… Tú eres mucho más fuerte que eso…

Raven no dio señal alguna de escucharlo siquiera. Siguió con su mano alzada, con su magia acumulada en ese punto, y con sus ojos brillantes de blanco y totalmente puestos en Jared y en nada más. Jaló entonces su mano hacia atrás, con la posición justa para lanzar su ataque con todas sus fuerzas al aire. Robin se sobresaltó, y Jared sonrió más ampliamente, satisfecho. Robin sacó en ese momento uno de sus bumerangs, y se disponía a lanzárselo a Raven sin la menor duda antes de que fuera demasiado tarde… pero no fue necesario.

La mano de Raven no lazó el ataque, y en su lugar se quedó quieta en su sitio. Sus dedos temblaron ligeramente, y de un segundo a otro toda la magia que ahí tenía acumulada se disipó. Bajó su brazo rápido como si éste le pesara una tonelada y bajó también su mirada cerrando unos momentos ojos. La extrema dureza de su rostro también se fue calmando, y cuando abrió de nuevos sus ojos estos ya habían vuelto a la normalidad.

—No… No lo haré… —Susurró despacio, más como si fuera un pensamiento en voz alta para sí misma que para alguno de ellos dos.

Robin suspiró aliviado, e igualmente bajó su brazo. Jared, de nuevo, se veía confundido.

—¿Qué pasa?, ¿acaso no estás furiosa? —Exclamó el pelirrojo, alzándose un poco—. No me digas que no, porque puedo sentir claramente que es así. ¡¿Acaso no tienes deseos de matarme?! ¡¿Te reprimes de nuevo como siempre?!

Raven se volteó de nuevo hacia él con dureza. De nuevo su mirada se veía molesta… pero ya no al mismo nivel que antes.

—¡Sí!, ¡estoy furiosa! —Espetó con fuerza—. Furiosa contigo por todo lo que hiciste y todas las mentiras que fabricaste; molesta por todo el daño que me hiciste, triste porque aun siendo hermanos somos seres tan diferentes, decepcionada porque en verdad creí que había encontrado a una persona que pudiera comprenderme por completo, tal y como soy, y frustrada conmigo misma por haber permitido que todo esto llegará hasta esto, arrastrando de nuevo a mis amigos y poniéndolos en peligro…

Apretó sus ojos y sus puños con fuerza y sus hombros comenzaron a temblar ligeramente. Esto duró sólo apenas unos segundos, pues luego de ello sus puños se abrieron y sus dedos se relajaron, al igual que su rostro.

—Pero… aun así, te sigo queriendo, Jared… —soltó de pronto, tomando totalmente desprevenido al chico ante ella. Raven lo miró, y en su rostro ya no había odio, sólo tristeza—. Te quiero tanto como cuando estábamos en aquella cafetería, o en todas esas tardes que pasamos en tu cocina. —Una pequeña sonrisa se asomó entonces entre toda esa tristeza—. Estoy feliz por todos esos momentos que vivimos juntos y me aferro a la idea de que no todos eran falsos.

Miró entonces al cielo, como si se sintiera apenada.

—Tengo sentimientos muy fuertes por Robin que no puedo controlar, siento muchos celos de Starfire, y un gran resentimiento hacia Terra por todo lo que hizo. Siento todo eso y mucho más; soy una masa de emociones sin rumbo ni forma con riesgo de explotar en cualquier momento. Pero Robin tenía razón… no le temo más a esa masa de emociones, porque soy un ser humano, y sentir todo esto es parte de serlo. Tengo la capacidad de elegir el ser buena o mala, de entender que mis actos lastiman a otros, y elegir lo mejor. Los humanos han aprendido por generaciones a lidiar con su masa de emociones, canalizarla, y no dejarse llevar por ella, y vivir en armonía con aquellos que quieren. Eso los vuelve más fuertes, no los poderes mágicos.

—Raven —murmuró Robin, sorprendido, aunque realmente contento de escucharla decir todo eso; lo había logrado, realmente lo había logrado.

—¿Sigues aferrándote a que eres humana? —Murmuró Jared con molestia, y entonces comenzó a pararse a duras penas—. Tú no eres humana, ¡tú eres algo más!

—No soy nada más, y tú tampoco —sentenció Raven con firmeza—. Tú también eres como yo, tú también puedes elegir lo que desees, tú también tienes una opción. —Se aproximó entonces hacia él, aunque Jared instintivamente retrocedió un paso, intentando mantenerse lejos de ella—. Jared, yo te sentí, estuve contigo, conviví contigo; te escuché y tú me escuchaste. Sé que no todo lo que vivimos fue mentira, sé que lo que sentimos en estos días no fue un invento. Tú eres mi hermano, y yo soy tu hermana. ¿No te es suficiente eso?

Jared bufó irónico. Tenía su mano aferrada a su brazo izquierdo, y parecía tener que esforzarse bastante para mantenerse de pie.



—Es fácil para ti decirlo —murmuró el chico pelirrojo con algo de dolor en su voz—. Tú eres la elegida, tú eres la joya, el portal. Naciste y fuiste creada con un propósito. ¿Y yo qué? ¿Somos iguales? ¡¿Entonces yo qué soy?! —Alzó de golpe la voz, casi amenazante—. ¡¿Cuál es mi propósito?! ¡¿Cuál es mi destino?! ¡¿Qué soy yo además de un maldito error?! Porque eso somos nosotros, ¿no? Simples errores, intentos fallidos de crearte… a ti… errores a los que podían desechar y olvidar así de fácil… como lo hizo mi propia madre.

Raven se estremeció al escuchar esas palabras. Sin los demás hermanos interponiéndose, ya no había nada que bloqueara sus habilidades empáticas. Podía sentir todo lo que emanaba de él, y podía ver que aún detrás de toda esa furia, había un tangible rastro de dolor y sufrimiento; uno genuino, no inventado o imaginario.

Raven recuperó la compostura y prosiguió.

—Si quieres un propósito, no esperes que Trigon o yo te lo demos. Sólo tú mismo puedes elegirlo; tú y nadie más.

—¿Elegir? —Ironizó Jared, casi riendo—. ¡¿Elegir qué?! Para elegir se necesitan opciones, y no hay ninguna para mí en este mundo.

—No es cierto, hay mucho más que aún podemos compartir. Hay un lugar para ti aquí, conmigo.

—¿Siendo qué? ¿Un superhéroe? —Tomó una pequeña pausa, antes de terminar—. ¿Siendo uno… de los Jóvenes Titanes acaso?

—Puedes serlo —le respondió Raven de inmediato—, si así lo eliges, así como yo lo elegí. Sólo ven conmigo…

Raven dio un paso más hacia él y le extendió su mano gentil. La posó justo frente a él, visible y a su disposición para ser tomada. Jared miró esa mano fijamente por largo rato, totalmente en silencio. No había forma de percibir por su expresión qué le cruzaba por la cabeza. ¿Intentaba comparar ese momento con todos aquellos anteriores en los que alguien igualmente le extendió la mano para traicionarlo? ¿Estaba considerando seriamente sus opciones y posibilidades? Raven no lo sabía. Sólo sabía que su ofrecimiento era sincero, y realmente deseaba que lo aceptara; pocas veces había deseado algo con tantas fuerzas.

Jared bajó su mirada, reflexivo.

—Tienes razón, Raven —masculló tras unos instantes—. Yo tengo el poder de elegir. Y mi elección me dice que en este mundo, donde gente como nosotros sólo pueden ser Superhéroes o Súper Villanos… sólo hay un camino para mí…

La mano de Jared se incendió de nuevo en llamas, y de la nada se lanzó hacia Raven, extendiendo su mano hacia su rostro.

—¡Rave!, ¡cuidado! —Exclamó Robin al cerciorarse de esto y una vez más jaló su bumerang hacia atrás con la intención de lanzarlo. Pero de nuevo, no fue necesario.

La mano de Jared se detuvo a unos centímetros del inexpresivo rostro de Raven. Pero no sólo su mano, todo su cuerpo se había paralizado justo en su lugar, y no era capaz de mover ni un dedo. Raven lo miraba fijamente con dureza, pero también con decepción en su mirada.

—Así es… —susurró despacio como respuesta a sus palabras—. Supongo que es verdad…

La mano que tenía extendida hacia él se aproximó ahora a su frente. En cuanto la yema de sus dedos hizo contacto con su piel, Jared sintió una oleada de electricidad que le recorrió todo el cuerpo.

—No, ¿qué haces? —Murmuró confundido, y entonces toda su mente se puso totalmente en blanco—. ¡¡Aaaaaaah!!

Jared gritó con desesperación de forma instintiva. Era la segunda vez que intentaba esto con Jared, pero esa vez sería más agresiva e invasiva la vez que pasada. Sin intervenciones, ya fueran internas o externas, logró ver todo lo que había visto la primera vez, y mucho más. Vio al pequeño Jared, a su madre cuyo rostro aún era incapaz de ver con claridad, pero sí su amplia y hermosa sonrisa. Pudo ver como sus poderes despertaron, y terminó quemando muebles, juguetes, y dañado personas, incluida su propia madre. Pudo percibir como de un día para otro su madre se fue y lo dejó totalmente solo, y tuvo que cuidarse por su cuenta, viviendo en las calles, robando o involucrándose en cualquier trabajo que lo ayudara a subsistir, por más incorrecto e ilegal que fuera… incluso asesinado a otros con sus llamas.

Pudo ver a través de los ojo Jared como Terra, o más bien la otra mitad de Terra que se había creado con todo lo que ésta deseaba desechar, se presentó ante él un día justo cuando había tocado fondo. Como le habló de su padre, y de quien la había enviado. Pudo ver como tuvo su primer contacto entre sueños con la Raven Roja, y como ésta le indicó qué hacer y a dónde ir. Todas las promesas que esa otra representación de ella le había hecho sin remordimiento alguno, venían a su mente, complementando todo lo que ya había visto. Entre Terra y él buscaron a los otros, y uno a uno los fueron reuniendo para su causa, hasta llegar a Jump City.

Luego de eso, todo era los momentos que ella conocía, complementando algunos agujeros o espacios en blancos que ella en ese entonces no sabía siquiera que existían. El plan para matar a Slade antes de que revelara lo que sabía, usar sus sentimientos por sus amigos para sacarla de su centro y hacer que su otro yo poco a poco tomara el control. Todo estaba ahí… Pero mucho de eso, ya lo sabía. Al permitir unirse con la Raven Roja, había podido ver y sentir todo lo que había sellado y encerrado en ella. Todas las mentiras, toda la manipulación a la que desconocía era capaz de llegar. Jared, Terra, y también los otros… todos ellos no eran más que puras víctimas de ella, y no al revés. Ella había causado todo eso… se lo había causado a él.

Una vez que terminó, retiró sus dedos, y el cuerpo de Jared se dejó caer de rodillas al suelo, y luego directo al frente. Raven usó sus poderes para evitar que cayera con fuerza al asfalto y en lugar de eso lo depósito suavemente sobre éste. Jared estaba totalmente inconsciente, inmóvil y en silencio. Ya no sería más una amenaza, por lo menos no por el resto de ese largo San Valentine, que al fin parecía estar cerca de terminar.

Ella misma se dejó caer de rodillas al suelo, totalmente agotada. Miró a Jared ante ella con mirada ausente, sobre todo sus largos y desarreglados cabellos rojizos y su rostro que ya dormido se veía apacible y tranquilo.

—¿Raven? —Escuchó a Robin murmurar detrás de ella. Lentamente se giró sobre su hombro, y ahí lo vio. Estaba de pie justo a sus espaldas, y la miraba con seriedad.

—Se acabó… —Murmuró Raven despacio—. Ya todo acabó…

Su expresión y su tono eran estoicos y tranquilos. Sin embargo, Robin se dio cuenta de que eso no era todo. Se agachó hasta estar a su misma altura y poder verla directo a los ojos.

—Está bien, puedes sacarlo —murmuró despacio, colocando una mano reconfortante en su hombro—. No tienes que contenerte más…

Los ojos de Raven mostraban pequeños rastros de lágrimas contenidas que brillaban con la luz de los faroles, y que no pasaron desapercibidas para el Chico Maravilla. Una vez que le dijo esas palabras, Raven poco a poco hizo exactamente lo que le dijo: sacarlo, dejarlo salir.

El rostro gris de Raven se puso sonrosado, y sus ojos se llenaron de lágrimas abruptamente, que comenzaron a recorrerle sus mejillas a cantaros. Se le pegó al Titán, colocando su rostro contra su pecho, y rodeándolo con sus brazos. Fuertes y agudos sollozos comenzaron a surgir de su boca sin el menor filtro, y la tela del traje de Robin se empapó de sus lágrimas. Él, por su parte, la rodeó también con sus brazos, y sólo permaneció en silencio, dándole su tiempo.

Había sido un día largo y difícil para todos, pero lo había sido más para Raven Roth. Ahora todo el peso de lo ocurrido caía sobre sus hombros, y la hacía desmoronarse. Nunca en toda su vida se había permitido llorar de esa forma, pero ahora podía hacerlo; podía llorar, reír, gritar y muchas otras más. Ahora, por primera vez en su vida, se sentía completa… se sentía real…

FIN DEL CAPITULO 31

Notas del Autor:

A lo largo de esta historia, Raven fue presentada con muchos cambios de personalidad y humor, hasta el punto de que muchos me llegaron a comentar que la sentían un poco OoC (Out of Character o Fuera del Personaje). Esto se debió como ya debieron haber supuesto a la intervención de Jared y sus hermanos, usando sus poderes para manipularla desde las sombras, pero no fue todo por ello. Un tema que fue bastante recurrente en toda la trama, y que creo que tuvo su cúspide en estos últimos dos capítulos, fue el preguntarse “¿Cómo es realmente Raven?” Siendo alguien que toda su vida tuvo que reprimir sus emociones por miedo a lo que estas pudieran ocasionar, ¿podemos realmente decir que hemos conocido a la verdadera Raven?, ¿o sólo conocimos a la Raven que necesitaba ser o la que le enseñaron a ser? ¿Cómo sería Raven si tuviera la libertad absoluta de expresar sus sentimientos como cualquier otro humano? Todo lo ocurrido en esta historia ha llevado a Raven por un viaje de transformación que la hará aceptar su verdadero ser, y todo lo que siempre quiso ser.

En fin, luego de esta reflexión, sólo queda decir que este largo San Valentine ha terminado. Espero que estos enfrentamientos finales ocurridos en estos cuatro capítulos les hayan gustado. Quizás no fueron las peleas más emocionantes o espectaculares, pero creo que fueron significativas. Todo lo ocurrido dejará secuelas, tanto buenas como malas, en nuestros queridos héroes, no sólo en Raven.

Pero esto aún no termina. Queda un capítulo más, un capítulo que espero poder publicar pronto. Así que estén atentos para la conclusión definitiva de esta historia. ¡Nos leemos pronto!

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Teen Titans: The Sinners. Han pasado unos cuantos meses desde que los Jóvenes Titanes derrotaron a la Hermandad del Mal, y volvieron a Jump City. Todo ha sido muy tranquilo desde entonces, pero las cosas están comenzando a cambiar. ¿Qué es esto que Raven ha empezado a sentir por su líder, Robin?, ¿Y quién es ese misterioso chico que afirma ser su hermano? Aunque siempre había logrado mantener en absoluto control sus sentimientos y pensamientos, estos cada vez parecen comenzar a dominarla. Y si no es capaz de aclarar su mente a tiempo, podría caer víctima de aquello que siempre temió, y arrastrar a todos sus amigos con ella…

+ “Teen Titans, la Serie Animada” © Glen Murakami, DC Comics, Warner Bros. Animation.

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