Fanfic Teen Titans: The Sinners – Capítulo 30. La Verdadera Raven

28 de abril del 2018

Teen Titans: The Sinners - Portada de "La Verdadera Raven"


TEEN TITANS

THE
SINNERS

Por
Wingzemon X

CAPITULO 30
“La Verdadera Raven”

La mano de Robin soltó el gancho, y su cuerpo entero se desplomó de golpe de regreso al suelo sin oponer resistencia alguna. El chico azotó de espaldas al piso; no había tomado demasiada altura, pero igual el golpe sonó bastante fuerte. Luego de caer, se quedó ahí tirado, totalmente inmóvil; ni siquiera parecía que estuviera respirando.

—¡Robin! —Soltó Chico Bestia, pasmado al verlo caer de esa forma. Tomó de nuevo la forma de un águila, liberando a Jared, pero permitiéndose ir hasta donde su compañero había quedado. Terra también logró ponerse de pie y comenzó a acercarse hacia ellos, mientras cojeaba un poco y se sostenía su costado con ambas manos.

Chico Bestia recuperó su forma al estar ya con su amigo, y lo revisó como pudo de pies a cabeza. Sus ojos estaban totalmente en blanco, y todo su cuerpo se encontraba flojo y sin la menor señal de energía en él. Era difícil decir si estaba desmayado, dormido, o… algo peor. Revisó de inmediato el pulso en su cuello; aún latía, pero débil.

—¿Qué fue lo que le pasó? —Inquirió preocupado—. Robin, ¿me escuchas? Amigo, respóndeme…

Lo sacudió un poco y dio un par de plamadas en su mejilla, pero no hubo reacción alguna en él.

—Descuida, todo está bien —escuchó a Terra murmurar, al estar ya de pie a su lado. Se sentó en el suelo en ese momento, casi dejándose caer, al serle imposible mantenerse de pie por más tiempo—. Fue justo como nos dijo… ella lo debió de haberlo dejado entrar…

Terra alzó su mirada hacia la chica colgando sobre sus cabezas, intentando dejar más claro su afirmación.

“No lo haremos, la única que puede hacerlo, es la propia Raven”, les había respondido en el tejado del hospital cuando Supergirl le cuestionó como iban a detener esto. Y luego añadió un igualmente ambiguo: “Es complicado. Se los explicaré después.” Por suerte, ese “después” fue más temprano que tarde, durante su viaje hacia ahí en el avión de los Titanes. Sólo les había explicado lo principal, y aun así no les había quedado del todo claro; era probable, de hecho, que ni él mismo lo entendiera del todo. Pero si todo salía bien y las cosas eran como él pensaba, lo único que tenía que lograr era llegar hasta Raven, y del resto… el resto era el gran misterio.

Garfield esperaba que las palabras de Terra fueran correctas, y en efecto hubiera funcionado como él esperaba.

—¿Qué fue lo que hizo? —Escucharon que Jared espetaba con dureza en su voz. El mitad demonio se había ya incorporado, y se dirigía hacia ellos; ahora cuatro ojos rojizos y brillantes adornaban su rostro, lo que era una imagen poco alentadora—. ¡Hablen!, ¡¿qué es lo que están tramando?! ¡¿Qué le pasó a la avecilla cobarde?!

Ambos guardaron silencio.

—Él no sabe lo que pasó —le susurró Chico Bestia despacio a su compañera.

—Al parecer no comprende del todo la magia involucrada en esto —señaló Terra del mismo modo—. Eso puede sernos una ventaja, pero sea como sea tenemos que proteger a Robin hasta que logre cumplir su misión.

—Tú quédate con él y cuídalo. Yo me encargaré de entretenerlo.

—¿Estás seguro? Yo podría…

—No, estás demasiado débil y lastimada. Ahorra tus energías por si es necesario…

Terra dudó, pero realmente no tenían muchas más alternativas. Asintió con su cabeza, y él le respondió de la misma forma, ofreciéndole además una sonrisa confiada. Volvió de golpe a convertirse en águila, a emprender el vuelo y a dirigirse hacia Jared directo al ataque.

—¡Este juego ya no es divertido! —Le gritó el pelirrojo, comenzando a arrojarle llamaradas mientras volaba sobre él, pero el ave verde logró esquivarlo y abrirse paso hasta lograr arañarle la cara con las garras de sus patas.

Mientras Chico Bestia se las arreglaba para alejarlo lo más posible de ellos, Terra pensó rápidamente en qué hacer para mantenerlos seguros. Pero antes, echó un vistazo hacia Raven, o más bien hacia la cadena que la sostenía. Podría ser mágica, pero seguía siendo una cadena de acero. Extendió su mano hacia ella y se concentró para arrancarla del techo y entonces comenzar a hacer que bajara, y Raven con ella. La chica, totalmente inconsciente, terminó recostada en el suelo a un lado de Robin. Terra le liberó también sus muñecas de su aprisionamiento, y luego quiso moverla para acomodarla, pero temió que le fuera a pasar lo mismo de Robin, o algo peor, si la tocaba. Su último acto fue crear un domo protector de roca alrededor de ambos para resguardarlos, aunque fuera un poco.

Ella se quedó afuera, vigilante para cualquier situación. Apoyó su espalda contra la pared externa del domo, y se limitó a observar a Chico Bestia enfrentándose a Jared a como sus heridas se lo permitían.

“Sea lo que sea que estés haciendo, hazlo rápido”, pensó la rubia; ese pensamiento, iba dirigido precisamente al chico oculto en el interior de su domo. El interior de dicha estructura de roca era iluminado de rojo, como si el cuerpo de Raven fuera algún tipo de linterna. Ambos yacían uno a lado del otro, pero ambos totalmente ausentes de lo que ocurría fuera de ese domo, o incluso de sus propias cabezas.

— — — —

Luego de que todo a su alrededor se volvió completa oscuridad, Robin perdió el sentido del tiempo. No sabía que tanto había pasado, pero se sentía como flotando en un mar totalmente negro, en el que se hundía poco a poco. Sus brazos y piernas no le respondían, y se llegó a cuestionar si siquiera seguían en dónde deberían de estar pues ni siquiera las sentía, ni las podía ver por la total ausencia de luz.

¿Qué había ocurrido? ¿Cómo había llegado ahí? ¿Qué se suponía que debía hacer? Su mente estaba divagando entre ideas, sin llegar a aterrizar ninguna. Sabía que había ido ahí a cumplir una misión, algo muy importante, pero… ¿qué era con exactitud? Si no lo recordaba, no tenía por qué ser algo importante, ¿no?

Su espalda al fin tocó sólido, y esa sensación de inexistencia se fue difuminando poco a poco. Cuando fue consciente de sí mismo, se encontraba recostado  sobre una superficie lisa y dura; quizás era algún tipo de suelo. Sus ojos se abrieron con pesar, y se encontraron con un brillante cielo dorado. ¿Un atardecer?; no parecían los colores usuales, y además se suponía que ya era de noche… ¿en dónde estaba exactamente?

Se sentó con cuidado, y echó un vistazo lento a su alrededor. El escenario no le pareció para nada familiar. Parecía algún tipo de ciudad, pero los edificios tenían formas inusuales. Era una extraña combinación entre algo sacado de alguna vieja pintura renacentista sobre cómo se vería el Olimpo de los Dioses Griegos, combinado con la visión de algún escritor de ciencia ficción sobre cómo se vería una ciudad en otro planeta. En su mayoría, todo tenía una apariencia hermosa, pacífica, cálida… pero había edificios que no compartían ese sentimiento, y parecían no encajar con toda esa visión pues se veían dañados, desquebrajados, o como mínimo el color se les había escapado.

Se alzó y comenzó a avanzar cauteloso por la que creía era la calle principal. Todo estaba tan desolado y silencioso, que podía escuchar con facilidad sus propios pasos resonando en el empedrado de la calle. Un viento ligero soplaba entre los edificios, creando un sonido bastante intenso que casi parecía intentar imitar algún tipo de música. Definitivamente eso no era Gótica, no era Jump City, y posiblemente ni siquiera era la Tierra. Mientras avanzaba, escuchó un fuerte crujido que lo puso en alerta. Buscó a tientas su báculo o sus bumerangs, pero se sorprendió al notar que estaba desarmado. El crujido venía de muy lejos. Se acercó al barandal que rodeaba la calle, y al asomarse hacia donde su visión alcanzaba, logró ver un edificio desplomarse, y sus escombros perderse en la oscuridad yaciente justo debajo de toda esa ciudad.

Contempló unos segundos el enorme abismo, y luego siguió avanzando. Por un largo rato, que no pudo identificar con claridad su longitud, sólo siguió caminando por esa infinita calle sin cruzarse con nada ni nadie. Eso cambió, sin embargo, cuando al frente de él notó una silueta azul a algunos metros de dónde él estaba. Parecía ser alguien que estaba de rodillas en el suelo, dándole la espalda; y todo su cuerpo era cubierto por… una capa y capucha azul, un azul que él identificó de inmediato.

—¿Raven? —exclamó despacio, y sin planteárselo dos veces comenzó a avanzar en su dirección. Aquella misteriosa silueta permaneció quieta, totalmente ajena a su presencia. En el suelo debajo de ella, había un amplio círculo marcado con negro, y dentro de éste había varios símbolos de apariencia extraña—. Raven, ¿eres tú…?

Mientras más cerca estaba, más se convencía de que esa era la capa de su compañera, y por ello sus pasos se fueron volviendo más seguros. La punta de su pie derecho estaba por tocar el círculo que la rodeaba, cuando una voz a sus espaldas lo detuvo.

—No te acerques a ella —exclamó con firmeza esa voz… la voz de Raven.

Robin retrocedió y se giró rápidamente. Entre las sombras que proyectaba un edificio sobre la calle, distinguió la figura de alguien de pie, mirando en su dirección. En cuanto se volteó a ver, dicha persona comenzó a avanzar hasta que esa misteriosa luz dorada que envolvía todo, fue revelando que se encontraba totalmente cubierta con una larga capa roja, y una capucha unida a ésta. Se detuvo a unos cuantos metros de él, quedando ambos frente a frente.

—No es quién piensas que es —señaló aquella persona, y entonces extendió sus manos de piel gris hacia su capucha y la jaló hacia atrás. De debajo de ésta, se asomó una cabellera morada corta, un rostro delgado grisáceo, y dos ojos grandes y rojizos, además de una pequeña sonrisa tranquila—. Yo soy a quien buscas, Robin…

—Tú… —exclamó el Chico Maravilla, y por mero instinto retrocedió y su cuerpo adoptó una postura defensiva y alerta.

—Soy yo, Robin —comentó la chica de rojo, colocando una de sus delgadas manos sobre su pecho—. Soy Raven… la verdadera Raven…

—¿La verdadera? —respondió el Titán, incapaz de ocultar su escepticismo.



¿La verdadera Raven? Dejando de lado la forma tan curiosa en que había dicho tal afirmación, hablaba como Raven y se veía como Raven, a excepción de una cosa: sus ojos, no tenían ese color purpura tan distintivo y característico de su amiga, sino que estos lucían un profundo y brillante color rojizo, más similares a los ojos de Jared y sus supuestos hermanos. Y claro, estaba la capa roja, la cual ya había visto con anterioridad.

No, ella no era Raven… o al menos, no la Raven que él conocía.

Otro estruendo a la distancia, hizo que ambos giraran su rostro hacia la misma dirección, sólo para contemplar como otro edificio se desmoronaba, igual que aquel que Robin había visto un rato atrás.

—No tenías que haber venido —comentó la chica de piel gris, mientras seguía mirando al punto en el que un segundo antes se encontraba el ahora inexistente edificio—. Lamento que tú y los otros hayan terminado envueltos en esto, pero casi terminó. —La sonrisa en su rostro se acrecentó un poco más—. Y luego, todo será mejor…

—Eres la Raven Roja —escuchó que Robin espetaba abruptamente, llamando de nuevo su mirada hacia él; el Titán la miraba fijamente con una seriedad y dureza tan profunda, que casi dolía—. La parte malvada de Raven; tú eres quién provocó todo esto.

—¿La parte “malvada”? —ironizó la Raven Roja, como si se tratara de algún tipo de chiste. Comenzó entonces a avanzar, y Robin de inmediato se puso aún más la defensiva. Sin embargo, ella le siguió de largo, parándose justo en los límites del círculo, y contemplando a la persona de capucha azul en el centro de éste—.  Esperaba algo más de visión de tu parte, Robin. Yo no soy malvada, sólo soy yo, la verdadera yo. Sé que te has acostumbrado todo este tiempo a verme… como ella… —soltó de pronto con hastió en su voz—. Débil, perdida, sombría, sin emociones ni reacciones… como un cadáver viviente incapaz de sentir absolutamente nada. Pero esa que ves ahí… esa no soy yo. Ella es una simple máscara, una invención creada por Azar y el resto de los monjes de Azarath para reprimirme y apresar mi verdadero ser.

—¿Azarath? —Murmuró Robin, algo sorprendido, y entonces echó un vistazo más al escenario que lo rodeaba, a toda esa ciudad brillante y dorada—. ¿Esto es Azarath?

La Raven Roja soltó una pequeña carcajada, y luego se giró de nuevo hacia él con naturalidad.

—O al menos una proyección mental en la cual la falsa Raven parece sentirse más segura. Vino a refugiarse a este sitio, pero no le servirá de nada… —Mientras hablaba, la parte superior de otro edificio a sus espaldas se venía abajo, dejando la estructura prácticamente decapitada—. Poco a poco se desmorona a su alrededor, y terminará siendo su propia su tumba. Sólo retrasa lo inevitable; yo ya gané.

Todo tuvo un poco más de sentido para Robin en esos momentos. Eso era el interior de la mente de Raven; una proyección de sus recuerdos de Azarath, pero seguía existiendo sólo en su cabeza. Fue como Slade le dijo: si lograba llegar a Raven, ella le abriría paso a este escenario, en donde las dos facetas de ella se encontraban en conflicto. Sólo ahí podía detener lo que sucedía antes de que fuera tarde. Y ahí estaba precisamente, frente aquello a lo que Raven siempre le había temido convertirse. Esperaba ver algo más parecido a lo que se materializó esa tarde en la Secundaria Murakami, pero extrañamente se veía muy tranquila… demasiado tranquila. ¿Sería eso señal de que poco a poco ese lado de ella estaba tomando el control?

—Debes de detener esto —intentó exponer con la mayor calma posible—. Deja ir a Raven. Nada de esto le hará bien, y por lo tanto tampoco a ti.

La Raven Roja bajó su mirada, y volvió a reír, aunque de una forma mucho más suave.

—¿No lo has entendido? ¡Yo soy, Raven! —Gritó con fuerza, con algo de enojo impregnado en su voz, y en sus ojos que además brillaron ligeramente de rojizo—. La real, la que puede expresar libremente lo que siente y piensa. La que puede reír, llorar, enojarse, como cualquier otra persona. No soy ese tempano frío y sin emociones, ¡nunca lo he sido! Eso es lo que Azar quería que fuera, no lo que yo deseaba ser —comenzó entonces a caminar hacia un lado, teniendo su cabeza agachada y su mirada puesta en sus propios pies—. Debes comportarte, debes controlar tus emociones, nunca debes dejar que tus miedos te controlen… bla… bla… ¡bla!, ¡pura basura!

Al lanzar ese último grito, se giró contra la Raven de capa azul en el centro del círculo, y el suelo debajo de sus pies pareció temblar un poco al ritmo de su voz. La Raven de Azul se estremeció y gimió, y llevó sus manos a su cabeza, sujetándosela con fuerza. Esto dejó helado a Robin, pero la Raven Roja igual prosiguió, sin apartar sus amenazantes ojos de la otra.

—Y mientras esa sucia impostora se apoderaba de mi vida, yo tuve que estar todos estos años atrapada en la oscuridad eterna, simplemente viendo a través de sus ojos todo lo que yo deseaba vivir y tener… todo lo que debía de pertenecerme a mí por derecho…

Su voz se quebró de golpe, sus ojos se cerraron, y su cuerpo se dejó cae al frente, quedando de rodillas en el piso. Llevó entonces sus manos a su rostro, y se lo cubrió por completo con ellas.

—No es justo… No es justo… No es justo… —Murmuró repetidas veces entre pequeños sollozos.

Robin se quedó paralizado unos segundos en su lugar, sin saber cómo reaccionar a eso. No sabía si era sólo una actuación, y viniendo de ella, era probable. Pero… seguía siendo Raven, de alguna forma, ¿o no? Y quizás todo ese asunto de “Raven Buena” y “Raven Malvada” era mucho más complejo de lo que parecía a simple vista. Esa chica era una parte de Raven, una que expresaba más abiertamente lo que pensaba y sentía. Si se sentía así… ¿era porque Raven así se sentía? Era bastante difícil para él entender todas las implicaciones de ese asunto, pero debía hacer un esfuerzo; quizás había una forma sencilla de terminar con todo ese asunto.

—Oye… escucha… —murmuró dudoso mientras se le aproximaba y se agachaba a su lado; ella continuó cubriéndose el rostro con sus manos—. No voy a fingir que entiendo lo que dices, pero las cosas no son así. Raven a quien intentaba reprimir es a Trigon. Tuvo que aprender a controlar sus emociones para que éstas no fueran un motor para que Trigon la controlara. Sé que todo este tiempo has sentido que eso era algo inevitable, pero…

Antes de que terminara de decir todo lo que quería, la Raven Roja se giró abruptamente hacia él, colocando su rostro y sus manos contra él de una forma poco sutil. El rostro del chico de antifaz se tornó ligeramente rojo ante ese repentino acercamiento.

—Oh, Robin… —suspiró la chica de rojo—. Siempre viniendo a mi rescate, como mi adorado príncipe de negro.

—Oye, espera…

Raven alzó sus brazos, y rodeó su cuello con ellos. Levantó igualmente su mirada, para que sus ojos se encontraran con los suyos. La expresión en su rostro no era ninguna que hubiera visto antes en su amiga. Sus mejillas sonrojadas, sus ojos brillosos y llenos de añoranza, sus labios dibujando una suave sonrisa… Robin lo pensó de nuevo, y recordó que sí había visto una expresión parecida en ella antes: esa misma mañana… en la enfermería de la Torre.

—¿No lo ves? —Murmuró la Raven Roja con voz baja y tranquila—. ¿Crees que ese tempano de hielo es capaz de sentir algo por ti? No, ella no puede hacerlo, pero yo sí. Todos esos sentimientos, me pertenecían a mí. —Pegó entonces su cuerpo contra el suyo sin ningún miramiento—. Todo este deseo desenfrenado que me quema por dentro y que quiero dejar salir…es mío y sólo mío…

—¡No!, ¡esto no…! —Instintivamente, Robin intentó apartarla de él, pero ella no se lo permitió. Su cuerpo fue empujado un poco hacia atrás, pero él se sostuvo con sus codos para evitar caer por completo al suelo. Ella, sin embargo, ni siquiera así lo soltó o apartó sus llamativos ojos de él.

—No huyas, sé que sientes lo mismo por mí —añadió—. De otra forma, Jacob no podría haberte afectado, ¿no? Estás confundido por tus sentimientos hacia Starfire y Batgirl, lo entiendo. Pero eso se arreglará… —sus ojos comenzaron a brillar de pronto con un intenso y amenazante fulgor rojo—. Cuando sólo quede yo…

—¡No! —Exclamó Robin con mayor decisión, logrando entonces apartarla de él, tomándola con firmeza de las muñecas; ella, en esta ocasión, no parecía intentar oponer resistencia. De hecho, se le veía sonriente, tranquila, incluso divertida—. Debes detenerte, ¡ahora mismo!

—No, no lo haré —le respondió con un tono juguetón—. Esto es lo mejor. Al fin seré libre de las máscaras y las mentiras, y podré expresar abiertamente todo lo que siento. Al fin seré por completo… una humana… y una demonio… en vez de no ser ninguna de las dos.

El sonido de otro edificio derrumbándose a la distancia, hizo que Robin volteara hacia atrás por encima de su hombro. La Raven Roja se soltó en ese momento de agarre, y se puso de pie, virándose de nuevo en dirección a la Raven de Azul en el centro del círculo.

—Y para que eso suceda, ella tiene que desaparecer —declaró con absoluta normalidad—. A la larga, verás que fue lo mejor.

—¡No lo permitiré! —Espetó Robin con ahínco, y de inmediato se puso de pie y corrió hacia el círculo, directo hacia donde se encontraba la otra Raven—. ¡Raven!

Apenas su pie tocó parte del círculo, sintió como si chocara contra la pared invisible, seguido de un ligero choque similar a electricidad, pero diferente, que lo arrojó hacia atrás varios metros hasta caer de espaldas al duro piso.

Aturdido y confundido, intentó alzarse lo más rápido posible. Escuchó levemente a la Raven de Azul soltar otros sollozos y lamentos.

—Pierdes tu tiempo, ella no quiere verte —comentó la Raven Roja, de pie aún en su mismo sitio—. Creo que se avergüenza de sí misma ahora que se ha vuelto consciente de que no es nada más que una pantomima sin propósito alguno.

Se dio la media vuelta y caminó hacia dónde había caído. Se puso de cuclillas frente a él, y le extendió gentilmente su mano para ayudarlo a levantare.

—Quien te dejó entrar fui yo, no ella. Y sólo porque no aguantaba las ganas de verte al fin —le sonrió de manera gentil, pero igualmente con cierto rastro de amenaza en dicho gesto—. Ven conmigo, y disfrutemos juntos del desplome de esta falsa realidad…



Robin miró su mano, y luego pasó su atención en su rostro. Mientras más tiempo la veía, más le era difícil convencerse a sí mismo de que no era la Raven que él conocía, y más tentadora le resultaba la idea de sencillamente tomar su mano y dejarse guiar por ella. Sin embargo, aún tenía suficiente dosis de consciencia para resistirse aunque fuera poco. Ignoró por completo su mano y su petición, y se puso de pie por su cuenta. Le sacó posteriormente la vuelta y volvió a dirigirse hacia el círculo. La Raven Roja sólo resopló con fastidio.

—¡Raven!, ¡escúchame! —Exclamó Robin justo antes de que sus manos tocarán de nuevo ese muro invisible, y de nuevo lo empujara hacia atrás; esa vez, sin embargo, logró mantenerse de pie y evitar salir disparado una larga distancia—. Sé que toda tu vida te dijeron que debías suprimir quién eras, y que debías ocultar todo lo que sentías porque de otra forma afectarías al mundo entero. —Pegó sus manos contra la energía invisible que lo repelía, y comenzó a empujar con todas sus fuerzas hacia el frente para poder avanzar. Sentía como si cientos de agujas le pincharan la piel, y mientras más avanzaba una intensa presión en su pecho le provocaba un profundo dolor. Aun así, seguía ejerciendo fuerza, cada vez más, con tal de poder avanzar aunque fuera un centímetro más hacia ella y que pudiera escucharlo—. Te enseñaron que tenías que sacrificarte siempre por otros sin pensar en ti misma. ¡Pero las cosas no tienen que ser así! ¡Tú ya has derrotado tu destino repetidas veces! Tú tienes el poder de decidir qué quieres ser y cómo serlo. Lo has demostrado ya muchas veces… —Su pie se resbaló y su cuerpo se arrastró hacia atrás medio metro, pero se sostuvo para no retroceder más, y continuar justo después—. ¡Debes volver! ¡Debes volver al mundo real conmigo!, ¡Raven! ¡Todos te están esperando! ¡Reacciona!

La silueta de la chica sentada en el centro del círculo pareció reanimarse. Su cabeza de alzó poco a poco como si intentara mirar al horizonte. La capucha que cubría su cabeza se deslizó hacia atrás, revelando su cabellera morada. Ligeras lágrimas le recorrían sus mejillas, brotando de sus ojos llenos de asombro y confusión.

—¿Robin…? —Susurró despacio y lentamente se giró hacia él. En cuanto sus ojos púrpura divisaron su figura, la fuerza que lo empujaba hacia atrás dejó de ejercer presión sobre él, y al contrario su cuerpo se lanzó hacia el frente por el mismo impulso que llevaba.

Raven se apresuró al ver esto para atraparlo en sus brazos antes de que cayera al suelo. Lo logró, pero igual ambos quedaron de rodillas uno frente al otro, y él rodeado por los delgados brazos de la hechicera. La Raven Roja, por su parte, miraba todo esto desde afuera del círculo, sorprendida.

—Robin… —Susurró despacio la Titán—. ¿Eres real?

—Eso creo… —Murmuró el Chico Maravilla con algo de pesar debido al dolor que su última faena había dejado en su cuerpo.

Ambos se separaron con cuidado, y se miraron el uno al otro unos segundos. Robin se sintió mucho más tranquilo y consciente una vez que pudo verla de frente. Ese rostro sí era el verdadero rostro de su compañera, el rostro de la persona en quien más confiaba. Sin embargo, le hubiera gustado poder verlo en otras circunstancias, pues en esos momentos confianza era lo que menos radiaba su expresión.

—Sabía que vendrías por mí —murmuró la hechicera, pero casi de inmediato bajó su mirada con pesar—. Pero es inútil…

Un fuerte terremoto los sacudió, y aunque no los vio directamente, Robin pudo escuchar y sentir como un par más de edificios se venía abajo.

—No puedo contenerla más, es demasiado fuerte —señaló Raven con desesperación en su voz.

—No digas eso, yo sé que puedes —recalcó Robin, tomándola de los hombros con firmeza.

—No, no es así —intervino de pronto la Raven Roja desde afuera del círculo—. Robin, aléjate de ella. Ven conmigo, ahora; sólo conmigo estarás a salvo.

Robin la ignoró, y siguió teniendo su atención totalmente puesta en su compañera.

—Lo has hecho antes muchas veces. Si alguien puede detenerla a ella, a Trigon, a Jared o a los otros, eres tú.

Raven, a pesar de sus palabras, negó lentamente con su cabeza como respuesta a ellas.

—Esta vez es diferente. Jared y los otros se encargaron de derrumbar por completo mis defensas, tan lentamente que ni siquiera fui capaz de darme cuenta a tiempo. Apenas y pude crear este pequeño espacio y refugiarme cuando comenzaron su ritual. Pero no durará mucho más…

El suelo tembló, y aquel edificio decapitado de hace un rato terminó de desmoronarse a lo lejos. Cuando toda esa imagen mental de Azarath se derrumbara por completo, la Raven Roja tomaría por completo el control tal y como Jared deseaba; Robin no necesitaba ser un experto en magia para entenderlo.

—Tienes que salir de aquí y acabar con esto antes de que ella salga —declaró Raven fervientemente, confundiendo al Chico Maravilla.

—¿Qué dices?

Raven guardó silencio unos instantes, antes de lentamente volver a alzar su mirada y centrarla en los ojos del muchacho ante ella.

—Vuelve al mundo real, despierta y… mátame… —sentenció firmemente, dejando a Robin estupefacto—. Mátame mientras aún estoy inconsciente.

—¡¿Qué?! No, no haría tal cosa, ¡de ninguna manera!

—Es la única forma. Si no lo haces, ella saldrá, y no habrá nada ni nadie que pueda detenerla… Sólo tú puedes…

—¡No la escuches! —interrumpió abruptamente la voz de la Raven Roja—. Es otro más de sus engaños, ¡no puedes confiar en esa impostora…!

Pareció querer decir más, pero se contuvo. Aún desde afuera del círculo y alejados de ellos, parecía poder escuchar a la perfección su plática, pero eso a Robin no le sorprendió; estaba, después de todo, en el interior de la mente de la propia Raven.

La chica de rojo respiró lentamente un segundo, intentando calmarse. Luego de eso, sorprendentemente su voz se tornó mucho más suave y tranquila.

—Entiende que esto es lo mejor, Robin —prosiguió—. Piensa en todas las increíbles cosas que podría hacer cuando obtenga todo mi potencial y todo mi poder. Sólo imagina como podría acabar con todos los villanos de este mundo con tan sólo chasquear mis dedos; crear un mundo en el que los Titanes y la Liga de la Justicia ya no sean necesarios. Incluso… podría traer de regreso a tus padres… y a Jason.

A pesar de que Robin intentaba mantenerse indiferente ante sus palabras y centrado sólo en la Raven ante él… No pudo evitar que esa última propuesta llamara singularmente su atención; tan fue así, que su rostro por mero reflejo se giró lo suficiente hacia ella para verla por el rabillo del ojo, de pie a unos metros de él, sonriente y confiada.

—Con acceso total a los poderes de mi padre, no habría límite a lo que podría hacer. Tú mismo viste de lo que era capaz, ¿recuerdas? Logró incluso devolverle la vida a Slade, y cuando aún ni siquiera estaba totalmente liberado. Y lo mejor es que en ese nuevo mundo podremos estar juntos los dos… por siempre… por toda la eternidad…

Robin permaneció serio e inexpresivo, pero era más que evidente que sus palabras estaban teniendo algún efecto en él. En circunstancias normales eso nunca le ocurriría, no a él. Pero estando ahí, encerrado en ese espacio tan irreal, y con su mente cada vez teniendo que hacer un esfuerzo mayor para procesar que esa chica no era Raven…

—No, Robin —intervino rápidamente la Raven de Azul, tomando a du compañero de los hombros para jalarlo hacia ella. Luego giró su rostro en su dirección, intentando que sólo la mirara a ella—. Robin… Dick, no la escuches; nada de lo que dice es cierto. Nada de lo que dice puede ser real, sólo intenta engañarte…

—¡Cállate, farsante! —Gritó de nuevo la Raven Roja, y de nuevo radiando ira en cada palabra—.  Robin es bastante inteligente para saber a quién escuchar, y no es a una mentirosa como tú que todo este tiempo les ha estado mintiendo en sus caras, fingiendo ser alguien y algo que no eres. Y encima lo único que has hecho desde que te cruzaste en su camino es causarles problema. Ven, Robin… acabemos con esto, juntos…

Le extendió su mano, invitándolo de esta forma a que saliera del círculo y lo acompañara. Él se quedó quieto en su lugar por un largo rato, pero luego se puso de pie lentamente, liberándose de las manos de Raven; ésta lo miraba desde abajo, atónita.

—No, Dick, no puedes…

Extendió su mano tímidamente hacia él, intentando tocarlo, intentando que quizás el contacto directo entre ellos pudiera darle claridad a su pensamiento. Sin embargo, la realidad es que Robin no ocupaba más claridad de la que ya tenía. Él mismo se permitió tomar su mano entre sus dedos con gentileza. Raven se sobresaltó un poco al sentir esto, y notó entonces como Robin le sonreía tenue, pero hermosamente.

—La llamas una farsante, y dices que tú eres la verdadera Raven —espetó el Titán, girándose hacia la Raven Roja sin soltar la mano de la otra—. Pero estás totalmente equivocada… —La confianza que radiaba la Raven Roja hasta ese momento, se desvaneció—. La verdadera Raven no es un tempano sin emociones, ni alguien totalmente sumido en su propia autocomplacencia como tú. ¡La verdadera Raven es mucho más cálida y desinteresada que cualquiera de nosotros! Toda su vida la ha dedicado a sacrificarse por otros, a velar por sus amigos y por toda la humanidad, aún a expensas de su propia integridad y felicidad.

De inmediato se volvió de nuevo hacia la Raven de Azul, agachándose delante de ella y colocando sus manos en sus hombros. Los ojos morados de la Titán, lo miraban atenta y expectantemente.

—Pero no tienes que seguir haciendo eso —le susurró despacio y algo más calmado, con la intención de que fuera sólo ella quien lo escuchara—. Tú te mereces ser feliz, mereces poder ser quién quiera que quieras ser, sin ocultarte, sin máscaras, y sin convertirte en ella. Tú siempre has tenido el poder sobre tu destino, Raven. No importa lo que la gente de Azarath, Trigon o Jared te hayan dicho. Tú tienes el poder de elegir, como todos nosotros: como Satarfire, Cyborg, Chico Bestia o yo. Eres una Titán, eres una heroína, eres un ser humano… —sus palabras hicieron una pequeña pausa en la cual pudo sentir por ese instante claramente los latidos de su corazón, al igual que los de ella—. Y eres alguien realmente importante para mí… la más importante…

Los ojos de Raven se abrieron por completo, y un ligero sonrojo se asomó por sus mejillas, dotando a su rostro de un hermoso toque de inocencia juvenil.



—Si regreso al mundo real, será contigo. Y si te tienes que quedar para siempre aquí, yo lo haré también. A dónde tú vayas y lo que decidas hacer, yo estaré ahí para caminar a tu lado y ayudarte sea lo que sea. Pero siempre y cuando sea lo que tú decidas, y no lo que otros siguen decidiendo por ti…

—Robin… yo… —La voz de Raven se quebraba un poco; se le dificultaba por completo poder traducir en palabras todo lo que estaba sintiendo en esos momentos.

—No, no, ¡no! —Gritó acalorada la Raven Roja de golpe, y todo el mundo tembló con más violencia que antes. Ambos Titanes voltearon a verla al mismo tiempo; su cuerpo estaba cubierto de un fuerte fulgor rojo, que se concentraba principalmente en sus ojos. Cualquier rastro de amabilidad que hubiera habido antes en ella, ya se había ido muy, muy lejos—. ¡No le digas esas cosas a ella! ¡Se supone que debías de decirme todo eso a mí! —Alzó sus puños y los dejó caer con ímpetu contra la barrera invisible, y ésta se agitó y desquebrajó—. ¡Yo soy quien te quiere!, ¡yo soy quien te ama! ¡¡Tú debes ser mío!!

El último golpe de sus puños, fue con mucha más energía, la suficiente para hacer que toda esa barrera que los rodeaba se hiciera pedazos, el círculo debajo de ellos se borrara y el cuerpo de ambos fuera lanzado hacia atrás como empujados por un fuerte ventarrón. Ambos rodaron un par de metros, antes de quedar en tirados en el suelo bocarriba.

Aturdidos, intentaron levantarse lo más pronto posible. La Raven Roja, sin embargo, se movió más rápido hacia ellos sin que sus pies tocaran el suelo. Se dirigió directo hacia Robin, a quien tomó de su traje con una mano y lo alzó como si nada para poder encararlo de frente. Cuando el chico de antifaz logró verla, se sorprendió al ver que sus ojos habituales habían desparecido, y se habrían remplazado por esos cuatro ojos brillantes totalmente rojos que había visto en Jared y sus demás hermanos, y en varias ocasiones anteriores en la propia Raven.

—Intenté ser comprensible, ofrecerte mi corazón y mi lealtad… pero prefieres a la impostora, ¡prefieres a la copia en lugar de a la verdadera! —Extendió la mano con la que no lo sostenía a un lado, y ésta se cubrió de una intensa y amenazante energía roja—. Entonces tu mente se quedará vagando aquí en la eterna oscuridad junto con ella si así lo deseas…

—¡No! —Exclamó de golpe la otra Raven, alzándose del suelo abruptamente, hasta que incluso sus pies levitaron. Sus ojos brillaron con intensidad con una luz blanca, y extendió entonces ambas manos hacia ella—. ¡Aléjate de él!

La mano de la Raven Roja que sostenía a Robin se abrió de golpe, casi por sí sola, liberando al joven héroe. Luego, su cuerpo fue empujado hacia atrás abruptamente, siendo lanzada la magia de Raven hasta casi chocar contra uno de los edificios cercanos, pero logró detenerse a medio camino con su levitación. Sus ojos enrojecidos y furiosos se centraron en su otro yo; su respiración se encontraba agitada, y de su boca surgían ligeros sonidos similares a gruñidos. Ahora sí se veía más parecida a la Raven que habían visto esa tarde en la escuela, y en las ocasiones anteriores.

—Eres una estúpida —masculló entre dientes, y de su cuerpo surgió una enorme cantidad de energía oscura, que se alzó sobre ella hasta tomar la forma de un enorme cuervo—. ¿Qué puedes hacer tú contra mí? ¡Nada! Yo soy la verdadera, yo soy la poderosa, ¡yo soy Raven, Hija de Trigon! ¡Y tú no eres nadie!

La energía oscura comenzó a extenderse hacia Raven con intenciones agresivas. Ésta comenzó a moverse en el aire de un lado a otro para esquivarle, e intentando alejar su atención de Robin. ¿Qué se suponía que haría? Cualquier cosa que pudiera hacer en ese sitio, ella podría hacerlo, y quizás hasta mejor. ¿Realmente había algo que pudiera sacarlos a ambos de esa situación? ¿Realmente había alguna forma de contenerla de nuevo? El mundo a su alrededor comenzó a desmoronarse un poco más rápido ahora que había perdido su completa atención; sería imposible mantenerlo y al mismo tiempo combatirla a ella.

—¡Rata escurridiza!, ¡alimaña!, ¡insecto!, ¡basura! ¡¿Cómo osas meterte conmigo?! ¡¿Cómo osas considerarlo siquiera?!

Ante los sorprendidos ojos de Raven y Robin, el cuerpo de la Raven Roja comenzó a crecer y crecer, hasta, ser tan alto como uno de los edificios que los rodeaba. Tener esa imagen enorme, roja y amenazante ante ella, trajo muy malos recuerdos a Raven, de su encuentro final con su padre. La Raven Roja extendió entonces su enorme mano hacia ella para atraparla entre sus dedos, pero ella creó un campo de energía a su alrededor para protegerse. La Raven Roja, sin embargo, la tomó de todas formas, y comenzó a apretar con fuerza el escudo a su alrededor para romperlo con sus propio mano.

—No eres más que un insecto insignificante en mi palma, temeroso y cobarde. —Sus dedos apretaban con fuerza, haciendo que su protección cediera cada vez más—. Deberías agradecerme el que vaya a dejarte oculta en tu madriguera y no tengas que dar la cara por todo lo que has hecho. La seguridad y la paz que da el esconder la cabeza es más de lo que mereces, pero es la única forma de desaparecerte de una vez por toda de mi vida, farsante, mentira ambulante, ¡embustera mentirosa!

—Si así es como soy cuando hablo —masculló despacio la Raven entre sus dedos—, ahora entiendo porque prefiero estar siempre callada…

Cerró sus ojos, enfocó por completo su mente y su alma en su conjuro, y una vez que tuvo ambos en armonía, lo dejó explotar con todas sus fuerzas.

—¡Azarath!, ¡Metrion! ¡¡Zinthos!!

La esfera que la rodeaba explotó, pero radiando su energía mágica en todas direcciones. El impacto fue tan intenso que no sólo la obligó a abrir su mano, sino que incluso logró empujar su enorme cuerpo hacia atrás y hacerla tambalear. Raven aprovechó ese momento para alzarse, cerrar sus ojos y recitar otro conjuro más en voz baja. Su cuerpo se cubrió de una energía muy blanca, pura y cálida, que fue aumentando, hasta también formar sobre ella un enorme cuervo. Desde el suelo, Robin admiró esto, e igualmente trajo a él algunos recuerdos, del momento final de la pelea con Trigon. ¿Intentaría hacer lo mismo?

Una vez que reunió toda la magia blanca que pudo, la conjuntó en su mano derecha, creando una enorme esfera de luz, que de inmediato lanzó en contra de su oponente. El ataque mágico golpeó de frente a la Raven Roja, cubriendo su enorme cuerpo de rayos blancos que la recorrieron de arriba abajo, mientras gemía de dolor. Raven siguió enfocándose, haciendo que la magia siguiera fluyendo sin espera de sus manos hacia la otra Raven, intentando envolverla con ella y aprisionarla, como lo había hecho varias veces antes, cada vez que lograba salirse aunque fuera un poco de control. Y por un instante, sentía que lo lograría, que una vez más estaba tomando el control. Sin embargo, abruptamente una sonrisa maliciosa y confiada se dibujó en los labios de la Raven Roja, y los gemidos de dolor cesaron por completo.

—¿Te lo creíste? —Soltó abruptamente con un tono burlón, y antes de que Raven pudiera reacción, alzó su mano derecha y luego la dejó caer de golpe contra ella, golpeándola con toda su enorme palma y haciendo que se precipitara contra el suelo con fuerza. El cuerpo de la Titán se estrelló contra la superficie dura, quedando estampada contra ésta.

—¡No!, ¡Raven! —Exclamó Robin, y de inmediato se apresuró a correr hacia dónde había caído. La Raven Roja, por su parte, permaneció imponente en su lugar, riendo aguda y triunfantemente.

—Eso no te funcionará más —exclamó con una voz que resonó con el eco de varias otras—. Con el poder que me han dado mis hermanos, me encuentro por encima de tus viejos trucos. Además, ya tengo casi por completo el control de todo esto. ¡No hay nada que puedas hacer para encerrarme de nuevo! ¡Ni en este mundo ni en el exterior!

Alzó en ese momento su enorme pie derecho, y luego lo dejó caer hacia ella con la intención de aplastarla con su planta. Robin, por suerte, logró alcanzarla antes de ello, tomarla en sus brazos, y alejarse de un salto del alcance de su pie, que aplastó el suelo a unos cuantos metros de ellos, hasta incluso atravesarlo; los escombros de éste descendieron hasta perderse en las sombras que reinaban debajo de ellos.

Robin no se quedó quieto, y con la hechicera en sus brazos comenzó a correr por el camino de piedra, intentando alejarse de la imponente figura que los atacaba.

—¡¿Y a dónde crees que irás, Robin?! —Escuchó que inquiría de forma irónica a sus espaldas, con su voz resonando como un trueno—. ¡¿Olvidas en dónde estás?! ¡No hay dónde esconderse!

¿Era eso verdad? Tenía sentido, pues no estaban en el mundo real sino en su cabeza. Pero si entendía bien, ese era algún tipo de espacio creado directamente por Raven para protegerse; esperaba que eso significara que la otra no tendría control absoluto sobre ese terreno. Si no, entonces incluso huir sería totalmente inútil.

Evidentemente lograron perderla unos minutos después. Robin se refugió con Raven en un callejón entre dos edificios y aguardaron. Raven no estaba inconsciente, pero parecía estar divagando entre la consciencia y la inconsciencia. Robin la colocó en el suelo con cuidado, sin soltarla del todo de sus brazos para que permaneciera sentada.

—Raven, despierta, debes de reaccionar —le murmuraba el Titán, al tiempo que le daba pequeños toques en su mequilla con sus dedos—. Te necesito, sólo tú puedes detener todo esto. Sé que es mucho pedir el poner todo en tus manos otra vez, pero debes intentarlo, una última vez al menos.

—No, no puedo… —soltó la hechicera de golpe, entreabriendo ligeramente los ojos—. Lo intenté, pero no puedo derrotarla. Se ha vuelto demasiado poderosa… jamás podré volver a sellarla.



—Quizás no debes de intentar sellarla —señaló Robin de pronto, haciendo que Raven casi reaccionara por completo, o al menos lo suficiente para alzar su mirada hacia él con intriga—. Ese es el origen de todo esto, ¿no es así? Ella es la manifestación de todas las emociones y pensamientos que has reprimido todos estos años. Eso más que debilitarla, sólo ha hecho que poco a poco se vaya haciendo más grande. Cada opinión que no diste, cada comentario que pronunciaste, cada pesar que no compartiste todos estos años, se ha ido guardando en ti. Eso yo lo entiendo muy bien, sé lo que es guardárselo todo, esperando que desaparezca por sí solo, pero nunca ocurre —Raven entendió sin problema a qué se refería con esas palabras—. Nos guste o no, eso es parte de nosotros, y siempre lo será. Lo único que podemos hacer es aceptarlo como tal y lidiar con ello.

—¿Aceptarla? —Masculló Raven, casi atónita—. ¿Hablas… dejarla salir? ¿Dejar de reprimirla? No, no puedo hacer eso; si lo hago, terminará consumiéndome. —Negó frenéticamente con su cabeza—. No hay forma de que pueda controlarla, no puedo hacer tal cosa. Esto ocurrió precisamente porque pensé que podría hacerlo, pero Azar tenía razón. Debí de haber sepultado por completo mis sentimientos desde el inicio, nunca debí de haber creído que podría tener una vida normal, con o sin mi padre aquí…

—¡No!, las cosas no tienen que ser de esa forma. Para eso es para lo que vine, es lo que vine a decirte.

La tomó de nuevo en los hombros, y ella tímidamente lo volteó a ver, algo insegura y confundida.

—Batman siempre ha ocultado sus emociones, y dejado que la ira y la venganza guíen sus pasos. Yo siempre pensé que él quería que fuera como él, y mientras más tiempo pasaba a su lado, más sentía que eso ocurría, y por eso me fui. Pero ahora entiendo que él nunca quiso eso para mí. Él siempre intentó que yo tomará un camino distinto, que no dejara que mis sentimientos negativos nublaran mi juicio y definieran mi camino. A ti te han convencido toda tu vida con la idea de que eres un demonio, y tal vez lo seas. Pero eres también humana, y todos los humanos somos masas llenas de emociones que no entendemos y controlamos, pero tenemos la capacidad de decidir si éstas nos controlan a nosotros o no. Hay muchas emociones y sentimientos negativos, pero también los hay positivos y hermosos. Y si sólo te enfocas en tu miedo por los primeros, te perderás todo lo que te pueden aportar los segundos. Todo eso no lo aprendí aquí en Gótica, lo aprendí con ustedes, siendo parte de este equipo y compartiendo todos esos momentos con cada uno. Si un cabeza hueca como yo pudo aprenderlo, ¡con más razón tú puedes hacerlo! Eres más fuerte e inteligente de lo que yo jamás seré, y tengo mi total confianza puesta en ti.

Raven se quedó callada todo ese rato, e incluso un poco más después. En su cabeza había una pequeña batalla entre todas las ideas que habían regido su existencia desde siempre, y todo lo que Robin le había dicho en todo ese lapso de tiempo. Ambas se contradecían, y ambas intentaban ganar por completo el terreno. Pero sólo una idea podía prevalecer, y ambas tenían su riesgo… uno muy grande.

Pudo sentir de pronto a aquella enorme amenaza cerniéndose cada vez más cerca de ellos; no tardaría mucho en dar con su localización, así que tenía que tomar una decisión rápida mientras aún tenía la capacidad de hacerlo.

Lentamente se apartó un poco de Robin y se puso de pie por su propia cuenta. Tomó su capucha azul con ambas manos, y se la colocó sobre su cabeza, ocultando casi por completo su rostro.

—Para hacerlo, necesito que te vayas —le informó de manera seria, desviando su mirada hacia otro lado—. Si no lo haces podrías quedarte atrapado para siempre en mi cabeza, y eso sería desastroso.

—Está bien, lo haré —señaló Robin con firmeza, parándose también.

Raven lo miró de reojo unos segundos, y luego viró de nuevo su cabeza hacia otro lado, como si temiera el verlo directamente, pese a que hace unos minutos lo hacía sin ningún problema mientras le hablaba.

—Si no lo logró y quien despierta es ella… prométeme que tú harás lo correcto; sólo tú podrías…

—Lo lograrás —declaró Robin sin la menor duda—. Creo que ti, todos lo hacemos.

Raven sonrió ligeramente aunque intentó que su capucha lo ocultara. Sin mirarlo, extendió su mano en su dirección, hasta pegar la yema de sus dedos contra su frente. Sus labios le movieron ligeramente, pero parecieron no emitir sonido alguno. Aun así, un pequeño brillo blanco surgió de sus dedos, y luego cubrió por completo el cuerpo de Robin.

—También eres la persona más importante para mí —pronunció Raven despacio, lo suficiente para que de seguro Robin no la hubiera escuchado, aunque tampoco lo volteó a ver para verificarlo.

El cuerpo de Robin se volvió traslucido y luego despareció por completo, como si nunca hubiera estado ahí en primer lugar. Una vez sola, Raven suspiró con fuerza y permaneció unos segundos en el interior del callejón, antes de decidirse a salir por su propia cuenta. La enorme Raven Roja, no tardó mucho tiempo en vislumbrarla, y rápidamente se abrió pasó entre los edificios como una sombra escurridiza, hasta posarse ante ella con poderío. El cielo se escureció sobre su cabeza, como si se cubriera con inminentes nubes de tormenta.

—Ahí estás, farsante —murmuró burlona; su rostro se veía completamente oscuro, y sólo se alcanzaban a ver esos cuatro ojos rojos y brillantes como fuego mismo—. ¿Dónde está Robin? ¿Lo mandaste de regreso al mundo real? No importa, ya basta de juegos; esto se termina ahora.

La Raven Roja alzó su mano derecha hasta lo más alto, y de éstas surgieron cinco largas garras rojizas, amenazando con caer sobre ella en cualquier momento como una lluvia de agujas. Sin embargo, Raven permaneció de pie en su sitio, demasiado calmada…

—Es verdad —masculló con seriedad la Titán—. Hay que terminar con esto de una vez por todas…

Raven cerró sus ojos, dio una larga inhalación por su nariz y luego dejó salir todo el aire por su boca. Y entonces, recitó…

—Azarath, Metrion… —Tomó una pequeña pausa, de sólo unas cuantas fracciones de segundo, antes de concluir—. Zinthos…

De pronto, ante los ojos incrédulos de la Raven Roja, todo el escenario que las rodeaba comenzó a desmoronarse. Pero ya no era parte de un edificio o un edificio a la vez, sino que todos comenzaron a desbaratarse y caer en pedazos al mismo tiempo. Poco a poco, ese escenario mental de Azarath, se iba a reduciendo a simples escombros.

—¿Qué estás haciendo? —Inquirió la Raven Roja, confundida—. ¿Estás deshaciendo tú misma tus últimas protecciones? ¿Sabes lo que ocurrirá cuando lo hagas?, ¿o es que acaso ésta es tu rendición? —Raven siguió en su sitio, con los ojos cerrados y sin responder—. Ya no importa… ¡Ya no hay nada que puedas hacer de todas formas!

Dejó caer entonces de golpe su garra contra ella, y Raven no hizo el intento alguno de esquivarla, terminando completamente aplastada por ella. El choque su mano contra el piso resonó con fuerza, y todo lo que estaba cerca de ese punto comenzó a desmoronarse mucho más rápido. El cuerpo de la Raven Roja se volvió completamente oscuro, como si fuera humo, y comenzó a concentrarse rápidamente en el punto en el que se mano había aplastado a Raven. Giró entornó a ese punto como un pequeño torbellino, y luego se agrupó ahí hasta tomar la forma de Raven una vez más. Todo el humo ingresó el interior del cuerpo de Raven, hasta sólo dejar en su lugar su silueta, cubierta con la capa y capucha azul, como se encontraba un instante antes de ser aplastada por esa enorme mano.

Cayó de rodillas al suelo, y se sujetó su cabeza con ambas manos. Comenzó a gemir con dolor, o más bien como si estuviera aplicando un gran esfuerzo. El mundo a su alrededor se venía en pedazos, pero ella parecía tener su atención en otras cosas.

Sus ojos se abrieron de golpe, pero estos… eran los ojos de la Raven Roja, los cuatro ojos rojos.

—¿Qué estás tratando de hacer exactamente? —Exclamó con el mismo tono exacto de la Raven Roja, aunque dichas palabras brotaban de su propia boca—. ¿Volver a encerrarme? No seas ridícula, ¿cuánta meditación crees que necesitarías para hacerlo de nuevo? Años de tranquilidad mental fueron destruidos en un par de días, ¿lo olvidas?

De nuevo cerró los ojos, y de nuevo los gruñidos y gemidos de dolor la acompañaron.

—¡No! —Gritó con fuerza, y abruptamente cayó contra su costado derecho. Se abrazaba ahora a sí misma, como si sufriera algún tipo de dolor—. ¡No quiero… encerrarte más!

—¿Qué dices? —murmuró justo después la Raven Roja, usando de nuevo sus labios para hablar.

Raven se apoyó lentamente en sus manos y rodillas. Respiraba agitadamente, pero intentaba seguir lo más despierta y cuerda posible; desmoronar años de meditación y protección, era agotador por dónde lo viera.

—Ya no huiré más de ti —sentenció con firmeza—. Te he tenido miedo toda mi vida… lo único que he hecho desde que tengo memoria es pelear contra ti, temerte y ocultarme. Pero no lo haré más. —Se alzó entonces quedándose de rodillas y con su rostro apuntando al cielo—. Tú y yo somos una misma, siempre lo hemos sido. ¡Y es momento de que lo acepte!

Todos los edificios que quedaban de pie colapsaron al mismo tiempo como si hubieran sido víctimas de una gran explosión. El suelo a su alrededor igualmente comenzó a desmoronarse, hasta sólo quedó el pequeño pedazo en el que se encontraba de rodillas, mas éste no tardó mucho en desaparecer también.

—¡¡Aaaaaaah!! —Soltó con todas fuerzas, como un grito de desesperación y sufrimiento que se perdió en toda la oscuridad que la había abrazado por completo. Ese fue un grito, sin embargo, que absolutamente nadie más escuchó.

FIN DEL CAPITULO 30

Notas del Autor:

No sé ni qué podría decir sobe este capítulo, salvo que a pesar de no ser el último, fácilmente podríamos decir que fue el esperado clímax de esta historia, y el capítulo más importante de estos últimos cinco. Pero aún hay un par de asuntos más antes de terminar, así que estén pendientes a los últimos dos capítulos.

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Teen Titans: The Sinners. Han pasado unos cuantos meses desde que los Jóvenes Titanes derrotaron a la Hermandad del Mal, y volvieron a Jump City. Todo ha sido muy tranquilo desde entonces, pero las cosas están comenzando a cambiar. ¿Qué es esto que Raven ha empezado a sentir por su líder, Robin?, ¿Y quién es ese misterioso chico que afirma ser su hermano? Aunque siempre había logrado mantener en absoluto control sus sentimientos y pensamientos, estos cada vez parecen comenzar a dominarla. Y si no es capaz de aclarar su mente a tiempo, podría caer víctima de aquello que siempre temió, y arrastrar a todos sus amigos con ella…

+ “Teen Titans, la Serie Animada” © Glen Murakami, DC Comics, Warner Bros. Animation.

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